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Páginas interiores La via Sanadora

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Academic year: 2021

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Autor

© José Luis Padilla Corral Diseño y diagramación

Fundación Neijing Primera edición, 2008

ISBN: 978-958-8405-38-4 Impresión

EDITORIAL UNIvERSIDAD NACIONAL DE COLOmBIA [email protected]

Bogotá, D.C. , Colombia

Autor

© José Luis Padilla Corral Diseño y diagramación

Fundación Neijing Primera edición, 2008

ISBN: 978-958-8405-38-4 Impresión

EDITORIAL UNIvERSIDAD NACIONAL DE COLOmBIA [email protected]

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Estas páginas son fruto de la recopilación de las enseñanzas impartidas por el Doctor José Luís Padilla Corral –Ba Hang Shen-, durante cinco días, en Tian –Centro de Estudios, Investigación y Desarrollo de la Medicina Tradicional, de la

Escuela Neijing-, que giraron en torno a la acción sanadora de las manos.

Las transcriptoras hemos mantenido, básicamente, el lenguaje surgido de la transmisión oral, porque consideramos que es el más adecuado para que el lector pueda recrear las vivencias, el sentir, la intención sanadora y el humor enamorado que, con infinita ternura, derrama el Maestro en su verbo, en cada instante.

Gracias, Maestro

Estas páginas son fruto de la recopilación de las enseñanzas impartidas por el Doctor José Luís Padilla Corral –Ba Hang Shen-, durante cinco días, en Tian –Centro de Estudios, Investigación y Desarrollo de la Medicina Tradicional, de la

Escuela Neijing-, que giraron en torno a la acción sanadora de las manos.

Las transcriptoras hemos mantenido, básicamente, el lenguaje surgido de la transmisión oral, porque consideramos que es el más adecuado para que el lector pueda recrear las vivencias, el sentir, la intención sanadora y el humor enamorado que, con infinita ternura, derrama el Maestro en su verbo, en cada instante.

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ienvenidos a este encuentro mágico con Las Vías Sanadoras de las Manos. Nos acompaña una mú-sica muy especial, con todos los versos del Tao Te King, recitados en chi-no. El chino es bello cuando se sabe cantar bien y cuando tiene una or-questa adecuada. El primer poema nos recuerda que el hombre tiene que ser como el agua, y adaptarse a todas las cosas.

El hecho de que nos acompañe la música del Tao Te King en esta circunstancia, es porque vamos a hablar de algo especialmente mágico: el

arte de sanar a través de las manos.

¿Qué extraños, misteriosos y mágicos avatares se encuentran en las manos, para que, cuando se aproximan a los cuerpos dolidos, resentidos, enfermizos, o a punto de enfermar, puedan calmar sus pesares, sus queja-res y sus daños?

Tenemos, indudablemente, que motivar a nuestras manos. Pero pa-ra ello tenemos que pensar clapa-ramente, sentir muy… muy intensamente, y decidirnos de manera inteligente, a mover nuestras manos y nuestros de-dos para tocar en el sitio preciso –ni más arriba ni más abajo-; para tocar en el lado adecuado; para golpetear, si es necesario; para suavizar, si es

ienvenidos a este encuentro mágico con Las Vías Sanadoras de las Manos. Nos acompaña una mú-sica muy especial, con todos los versos del Tao Te King, recitados en chi-no. El chino es bello cuando se sabe cantar bien y cuando tiene una or-questa adecuada. El primer poema nos recuerda que el hombre tiene que ser como el agua, y adaptarse a todas las cosas.

El hecho de que nos acompañe la música del Tao Te King en esta circunstancia, es porque vamos a hablar de algo especialmente mágico: el

arte de sanar a través de las manos.

¿Qué extraños, misteriosos y mágicos avatares se encuentran en las manos, para que, cuando se aproximan a los cuerpos dolidos, resentidos, enfermizos, o a punto de enfermar, puedan calmar sus pesares, sus queja-res y sus daños?

Tenemos, indudablemente, que motivar a nuestras manos. Pero pa-ra ello tenemos que pensar clapa-ramente, sentir muy… muy intensamente, y decidirnos de manera inteligente, a mover nuestras manos y nuestros de-dos para tocar en el sitio preciso –ni más arriba ni más abajo-; para tocar en el lado adecuado; para golpetear, si es necesario; para suavizar, si es

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Se ha perdido la habilidad de tocar los resonadores, los canales de energía, etc. Ni siquiera en la propia China se siguen practicando los ma-sajes de los canales. No; van a la masa, al sitio donde duele...

En cualquier caso, es necesario reseñar que, en la actualidad, el ma-saje ha quedado relegado a un arte inferior, un arte menor, de: “Tócame aquí, que me duele”, “tócame allá, que me voy”, “tócame aquí, que me quedo”...

El masaje ha pasado, a lo largo de la historia, como algo que final-mente es “frotar y tocar donde duele”, sin más. Así, ha perdido toda la ritualidad mágica y todo el criterio grandioso que supone ese encuentro del cuerpo con la mano.

Una de las pocas cosas que el hombre sabía y recordaba de sus do-lores, sus penares y sus quejares, era que podía recurrir a sus manos para aliviar los síntomas que encontraba en sus semejantes. Sabía que, con las manos, se podía hacer algo más que dar palmas.

Hay que recordar que el Nei Jing lo considera como una terapia im-portante. Es decir: cualquier acupuntor necesita conocer muy bien “El Ar-te Creativo de las Manos”. Si sólo se es experto en la aplicación de la agu-ja o de la moxa, no es suficiente. El saber actuar a través de las manos es muy importante.

L

A C A S A D E

M

E L Q U I S E D E C

Cuando nos aproximamos al masaje, es como si nos acercáramos a la casa de Melquisedec.

Melquisedec fue un mago, un personaje mítico que aparece en el Antiguo Testamento –la Toráh-, que recibía a una serie de personas... y hacía unas magias extrañas...

La acción sanadora a través de las manos tiene tal importancia,

que debe ser considerada como un ARTE: un arte, sin duda, mágico; un

arte conocido por la sabiduría de nuestros antepasados –como el caso del

Se ha perdido la habilidad de tocar los resonadores, los canales de energía, etc. Ni siquiera en la propia China se siguen practicando los ma-sajes de los canales. No; van a la masa, al sitio donde duele...

En cualquier caso, es necesario reseñar que, en la actualidad, el ma-saje ha quedado relegado a un arte inferior, un arte menor, de: “Tócame aquí, que me duele”, “tócame allá, que me voy”, “tócame aquí, que me quedo”...

El masaje ha pasado, a lo largo de la historia, como algo que final-mente es “frotar y tocar donde duele”, sin más. Así, ha perdido toda la ritualidad mágica y todo el criterio grandioso que supone ese encuentro del cuerpo con la mano.

Una de las pocas cosas que el hombre sabía y recordaba de sus do-lores, sus penares y sus quejares, era que podía recurrir a sus manos para aliviar los síntomas que encontraba en sus semejantes. Sabía que, con las manos, se podía hacer algo más que dar palmas.

Hay que recordar que el Nei Jing lo considera como una terapia im-portante. Es decir: cualquier acupuntor necesita conocer muy bien “El Ar-te Creativo de las Manos”. Si sólo se es experto en la aplicación de la agu-ja o de la moxa, no es suficiente. El saber actuar a través de las manos es muy importante.

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A C A S A D E

M

E L Q U I S E D E C

Cuando nos aproximamos al masaje, es como si nos acercáramos a la casa de Melquisedec.

Melquisedec fue un mago, un personaje mítico que aparece en el Antiguo Testamento –la Toráh-, que recibía a una serie de personas... y hacía unas magias extrañas...

La acción sanadora a través de las manos tiene tal importancia,

que debe ser considerada como un ARTE: un arte, sin duda, mágico; un

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“UN ARTE SUPERIOR”. El masaje no es un arte menor. Al revés:

“EL MASAJE ES UN ARTE MAYOR”.

Lo que conocemos como “masaje”, nosotros preferimos llamarlo “Las Vías Sanadoras de las Manos”.

No pretendemos sustituir una palabra por otra, puesto que esta-mos ante dos actividades distintas.

Creemos que la palabra “masaje”, cuando se tiene el sustrato de la estructura energética del ser –como es el que nos proporciona la Medicina Tradicional Oriental-, se queda corta. Se queda como un amasijo de mús-culos y tendones. Y creemos que el moverse en torno al Soplo Vital del hombre, es algo más sutil.

Por eso pensamos que “las vías sanadoras de las manos” es la ex-presión más correcta, en cuanto a que brinda muchas más posibilidades a la hora de aliviar al ser.

En el camino que les vamos a ir proponiendo, veremos una serie de acciones que posibilitan regular el cuerpo energético del ser, y nos permi-ten ser elementos intermediaros útiles y válidos para mitigar el dolor, el sufrimiento y el malestar del hombre de esta cultura.

Cuando empezamos a aproximarnos a este hombre perturbado, conturbado, dolido, tenemos que seguir una pequeña sistemática, que no es rígida, pero sí nos queremos permitir la licencia de expresarles cómo podría ser. Luego, ustedes harán las variables que crean convenientes.

En ese sentido, es muy importante que, cuando acuda a nosotros ese hombre, ese ser humano afligido que pide nuestra ayuda, tengamos la curiosidad –al menos- de preguntarle: “¿Qué le ocurre?... ¿Por qué cree que le ocurre?”. Hacer una pequeña historia acerca de sus padecimientos.

“UN ARTE SUPERIOR”. El masaje no es un arte menor. Al revés:

“EL MASAJE ES UN ARTE MAYOR”.

Lo que conocemos como “masaje”, nosotros preferimos llamarlo “Las Vías Sanadoras de las Manos”.

No pretendemos sustituir una palabra por otra, puesto que esta-mos ante dos actividades distintas.

Creemos que la palabra “masaje”, cuando se tiene el sustrato de la estructura energética del ser –como es el que nos proporciona la Medicina Tradicional Oriental-, se queda corta. Se queda como un amasijo de mús-culos y tendones. Y creemos que el moverse en torno al Soplo Vital del hombre, es algo más sutil.

Por eso pensamos que “las vías sanadoras de las manos” es la ex-presión más correcta, en cuanto a que brinda muchas más posibilidades a la hora de aliviar al ser.

En el camino que les vamos a ir proponiendo, veremos una serie de acciones que posibilitan regular el cuerpo energético del ser, y nos permi-ten ser elementos intermediaros útiles y válidos para mitigar el dolor, el sufrimiento y el malestar del hombre de esta cultura.

Cuando empezamos a aproximarnos a este hombre perturbado, conturbado, dolido, tenemos que seguir una pequeña sistemática, que no es rígida, pero sí nos queremos permitir la licencia de expresarles cómo podría ser. Luego, ustedes harán las variables que crean convenientes.

En ese sentido, es muy importante que, cuando acuda a nosotros ese hombre, ese ser humano afligido que pide nuestra ayuda, tengamos la curiosidad –al menos- de preguntarle: “¿Qué le ocurre?... ¿Por qué cree que le ocurre?”. Hacer una pequeña historia acerca de sus padecimientos.

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Quizás ésa sea la vía de salud que el alma tiene hacia el alma, y, así, poder sentir:

“¡Escucharte... doliente! ¡Escucharte... sufriente! ¡Escucharte... quejumbroso! Y, en la medida en que te escucho,

¡mi corazón está en tu pecho!

Y, en esa medida, puedo entender tu sufrimiento. Y así, puedo discernir con más facilidad cuáles son las vías en las que debo actuar

para que tu ser quede satisfecho. ¡Sí, te hablo a ti!

A ti, sanador... y a ti, enfermo... para que sepas que, a través de las manos, el ser ha descubierto que tiene la capacidad de situar

ese dolor, esa pena,

en un espacio justo para disfrutar de la existencia. ¡Para ser testimonios vivos de la Creación!”

Después de hacer –al menos- una breve historia, hay que acercarse con cuidado, con prudencia, con respeto, a aquella parte que duele –si se tratara de un dolor- o a aquella parte del cuerpo que fuera su equivalente energético, para calmar esa pena, ese sufrimiento afectivo tan propio de nuestra era, y que difícil solución encuentra en la Medicina Moderna. A veces, una pequeña escucha o una pequeña acción es suficiente para

Quizás ésa sea la vía de salud que el alma tiene hacia el alma, y, así, poder sentir:

“¡Escucharte... doliente! ¡Escucharte... sufriente! ¡Escucharte... quejumbroso! Y, en la medida en que te escucho,

¡mi corazón está en tu pecho!

Y, en esa medida, puedo entender tu sufrimiento. Y así, puedo discernir con más facilidad cuáles son las vías en las que debo actuar

para que tu ser quede satisfecho. ¡Sí, te hablo a ti!

A ti, sanador... y a ti, enfermo... para que sepas que, a través de las manos, el ser ha descubierto que tiene la capacidad de situar

ese dolor, esa pena,

en un espacio justo para disfrutar de la existencia. ¡Para ser testimonios vivos de la Creación!”

Después de hacer –al menos- una breve historia, hay que acercarse con cuidado, con prudencia, con respeto, a aquella parte que duele –si se tratara de un dolor- o a aquella parte del cuerpo que fuera su equivalente energético, para calmar esa pena, ese sufrimiento afectivo tan propio de nuestra era, y que difícil solución encuentra en la Medicina Moderna. A veces, una pequeña escucha o una pequeña acción es suficiente para

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I

N I C I A N D O L A A C C I Ó N

Tenemos que reconocer la zona que vamos a tocar; hacernos con ella. Es como el que toca una tierra, y trata de ver en qué medida es pe-dregosa, rugosa, suave, dura... Hacernos con ella, para después decidir cómo vamos a actuar con nuestras manos.

Es importante que no haya apuro. Tiene que haber un mínimo de buena relación, y que la persona esté tranquila. Entonces, se pide un poco de silencio.

El tratamiento puede ser en una camilla o en el suelo –pero con un aislante-.

Una vez que tenemos ese proceso preparado, tenemos que procurar, siempre, que el cuerpo que vamos a tocar esté caliente. El calor es la ex-presión característica de un cuerpo vivo.

Tenemos que conservar ese calor, ese Yang, esa expresión de movi-miento. Para ello, la sala, el lugar donde se va a realizar la acción sanado-ra, tiene que estar cálido. Pero eso no es suficiente, porque la estancia puede estar caliente, pero el cuerpo se queda frío. Hay reacciones de ín-dole desconocida que, a veces, enfrían el cuerpo; o se enfría, simplemente, por el hecho de estar acostado. Y, si bien es cierto que la ropa estorba, no siempre es fácil para el paciente quitarse la ropa –por razones morales o por razones convivenciales-. Tenemos que procurar tapar ese cuerpo, para que conserve esa unidad de vida que es el calor. Una manta o algún otro elemento que nos sirva de cobertor, nos pueden ser suficientes.

Quizás el paciente nos diga que tiene mucho calor. No importa. Más vale que sude. El caso es que no pierda energía. Aunque la persona diga: “No; si estoy muy bien, Doctor”. Está muy bien, pero vamos a mover energía; y claro, al mover energía, puede haber una descompensación de calor. Y el cuerpo debe estar caliente. El del sanador, también. Al decir

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N I C I A N D O L A A C C I Ó N

Tenemos que reconocer la zona que vamos a tocar; hacernos con ella. Es como el que toca una tierra, y trata de ver en qué medida es pe-dregosa, rugosa, suave, dura... Hacernos con ella, para después decidir cómo vamos a actuar con nuestras manos.

Es importante que no haya apuro. Tiene que haber un mínimo de buena relación, y que la persona esté tranquila. Entonces, se pide un poco de silencio.

El tratamiento puede ser en una camilla o en el suelo –pero con un aislante-.

Una vez que tenemos ese proceso preparado, tenemos que procurar, siempre, que el cuerpo que vamos a tocar esté caliente. El calor es la ex-presión característica de un cuerpo vivo.

Tenemos que conservar ese calor, ese Yang, esa expresión de movi-miento. Para ello, la sala, el lugar donde se va a realizar la acción sanado-ra, tiene que estar cálido. Pero eso no es suficiente, porque la estancia puede estar caliente, pero el cuerpo se queda frío. Hay reacciones de ín-dole desconocida que, a veces, enfrían el cuerpo; o se enfría, simplemente, por el hecho de estar acostado. Y, si bien es cierto que la ropa estorba, no siempre es fácil para el paciente quitarse la ropa –por razones morales o por razones convivenciales-. Tenemos que procurar tapar ese cuerpo, para que conserve esa unidad de vida que es el calor. Una manta o algún otro elemento que nos sirva de cobertor, nos pueden ser suficientes.

Quizás el paciente nos diga que tiene mucho calor. No importa. Más vale que sude. El caso es que no pierda energía. Aunque la persona diga: “No; si estoy muy bien, Doctor”. Está muy bien, pero vamos a mover energía; y claro, al mover energía, puede haber una descompensación de calor. Y el cuerpo debe estar caliente. El del sanador, también. Al decir

(12)

Otra característica que debemos tener en cuenta –y que no es cos-tosa- es el detalle de disponer de una estancia amplia, ventilada, sin mu-chos estímulos, para que, precisamente, los sentidos estén relajados y la persona no tenga más preocupación que el motivo que le ha hecho con-sultar.

Una buena música y una iluminación adecuada pueden ser suficien-tes. O, a veces, si es posible, el mismo silencio –cuando lo haya, ¡porque cada vez es más difícil!-.

A partir de estos elementos básicos podemos empezar a pensar en que tenemos una opción de calmar, mejorar, aliviar, curar o sanar, el mo-tivo por el cual nos consulta.

Debemos ser respetuosos, en el sentido de que no somos sustitutos de ninguna terapia. No somos tampoco ninguna alternativa. ¡No! Somos un servicio; unos servidores útiles.

En consecuencia, debemos evitar cualquier planteamiento del tipo de “si debe seguir tomando un determinado medicamento, o si debe se-guir acudiendo a su ginecólogo o a su urólogo”. Está claro que la persona necesita de muchos elementos para sintonizarse en esta sociedad. No es nuestra función servirles de conciencia a los pacientes, acerca de lo que tienen o no tienen que hacer. Nosotros prestamos nuestros servicios, y, en esa medida, la persona tiene la libertad de hacer lo que crea más conve-niente.

Por supuesto, tenemos nuestra opinión; y, si nos la piden, la dare-mos. Pero sin que esa opinión implique: "¡Ah, no! Usted no puede seguir tomando esto. ¡Ah, no! Si usted hace esto o aquello...”. ¡No! No pode-mos ni debepode-mos competir. Ni sopode-mos ningún sustituto, ni sopode-mos ninguna alternativa.

SOMOS SERVIDORES DE ELETERNO... …HACIA EL HOMBRE.

Otra característica que debemos tener en cuenta –y que no es cos-tosa- es el detalle de disponer de una estancia amplia, ventilada, sin mu-chos estímulos, para que, precisamente, los sentidos estén relajados y la persona no tenga más preocupación que el motivo que le ha hecho con-sultar.

Una buena música y una iluminación adecuada pueden ser suficien-tes. O, a veces, si es posible, el mismo silencio –cuando lo haya, ¡porque cada vez es más difícil!-.

A partir de estos elementos básicos podemos empezar a pensar en que tenemos una opción de calmar, mejorar, aliviar, curar o sanar, el mo-tivo por el cual nos consulta.

Debemos ser respetuosos, en el sentido de que no somos sustitutos de ninguna terapia. No somos tampoco ninguna alternativa. ¡No! Somos un servicio; unos servidores útiles.

En consecuencia, debemos evitar cualquier planteamiento del tipo de “si debe seguir tomando un determinado medicamento, o si debe se-guir acudiendo a su ginecólogo o a su urólogo”. Está claro que la persona necesita de muchos elementos para sintonizarse en esta sociedad. No es nuestra función servirles de conciencia a los pacientes, acerca de lo que tienen o no tienen que hacer. Nosotros prestamos nuestros servicios, y, en esa medida, la persona tiene la libertad de hacer lo que crea más conve-niente.

Por supuesto, tenemos nuestra opinión; y, si nos la piden, la dare-mos. Pero sin que esa opinión implique: "¡Ah, no! Usted no puede seguir tomando esto. ¡Ah, no! Si usted hace esto o aquello...”. ¡No! No pode-mos ni debepode-mos competir. Ni sopode-mos ningún sustituto, ni sopode-mos ninguna alternativa.

SOMOS SERVIDORES DE ELETERNO... …HACIA EL HOMBRE.

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Y, bajo esa premisa, estamos en condiciones de respetar cualquier actitud terapéutica que asuma o que adopte nuestro paciente. Eso sí, conviene que ustedes –sanadores, terapeutas... o como quieran llamarse-, estén bien preparados, para que sepan en cada momento en qué medida es compatible, esa vía sanadora de las manos, con la afección que se les presenta; y que sepan, además, qué tipo de efecto producen los trata-mientos modernos, sobre la estructura del ser. Así podrán determinar si hay que fortalecer, drenar, mover, cambiar o mutar, el Soplo de ese órga-no o de esa entraña. No es tarea fácil, sin duda. Pero si ustedes tienen en cuenta –además de una preparación continuada permanente- una actitud de intermediario útil, servidor, paciente y comprensivo, estarán en la vía

de ser colaboradores eficaces enla recuperación del ARTE DE VIVIR, en

es-te hombre que busca, desesperadamenes-te, sentirse vivo.

Estamos seguros de que sabrán incorporar a este tratamiento las va-riables que ustedes consideren oportunas. Estos no son capítulos cerrados; son capítulos abiertos. Son sugerencias creativas para ayudar al hombre. Bienvenidas sean cualquier tipo de variaciones que quieran incorporar. Eso sí: fundaméntenlas. Nosotros les daremos un fundamento; les dare-mos una directriz, una referencia... A partir de ella, introduzcan variables, o incluso introduzcan nuevas referencias. Pero no actúen carentes de in-tención, de motivación o de certeza -“certeza”, en cuanto a saber por qué toman una determinada decisión-.

Bienvenidos a todos a lo que se ha dado en llamar “masaje”, y que

para nosotros es: LAS VÍAS SANADORAS DE LAS MANOS.

Siempre a la disposición de ustedes, con el permiso previo del Cielo.

Y, bajo esa premisa, estamos en condiciones de respetar cualquier actitud terapéutica que asuma o que adopte nuestro paciente. Eso sí, conviene que ustedes –sanadores, terapeutas... o como quieran llamarse-, estén bien preparados, para que sepan en cada momento en qué medida es compatible, esa vía sanadora de las manos, con la afección que se les presenta; y que sepan, además, qué tipo de efecto producen los trata-mientos modernos, sobre la estructura del ser. Así podrán determinar si hay que fortalecer, drenar, mover, cambiar o mutar, el Soplo de ese órga-no o de esa entraña. No es tarea fácil, sin duda. Pero si ustedes tienen en cuenta –además de una preparación continuada permanente- una actitud de intermediario útil, servidor, paciente y comprensivo, estarán en la vía

de ser colaboradores eficaces enla recuperación del ARTE DE VIVIR, en

es-te hombre que busca, desesperadamenes-te, sentirse vivo.

Estamos seguros de que sabrán incorporar a este tratamiento las va-riables que ustedes consideren oportunas. Estos no son capítulos cerrados; son capítulos abiertos. Son sugerencias creativas para ayudar al hombre. Bienvenidas sean cualquier tipo de variaciones que quieran incorporar. Eso sí: fundaméntenlas. Nosotros les daremos un fundamento; les dare-mos una directriz, una referencia... A partir de ella, introduzcan variables, o incluso introduzcan nuevas referencias. Pero no actúen carentes de in-tención, de motivación o de certeza -“certeza”, en cuanto a saber por qué toman una determinada decisión-.

Bienvenidos a todos a lo que se ha dado en llamar “masaje”, y que

para nosotros es: LAS VÍAS SANADORAS DE LAS MANOS.

Siempre a la disposición de ustedes, con el permiso previo del Cielo.

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L

A

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ERAPIA

DEL

C

ENTRO

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ERAPIA

DEL

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ENTRO

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(17)

ay que saber que en el Nei Jing-So Wen, cuando el médico de la corte, Qi Bo, describe las terapias al Em-perador Amarillo, especifica que hay diferentes formas de abordar una enfermedad.

En “el país del CENTRO”, lo más propio para abordar la enfermedad

es el masaje.

En “los países del SUR”, la acupuntura.

En “los países del NORTE”, la moxibustión.

En “los países del ESTE”, las técnicas de Qi Gong.

Y en “los países del OESTE”, las plantas medicinales.

Según el Nei Jing-So Wen, el arte de sanar a través de las manos se corresponde con la terapia del Centro. Por ello se considera un “arte superior” o un “arte mayor”, ya que de la terapia del Centro es de donde derivan el resto de las terapias.

En cada acción contemplamos la forma, la no-forma, la intención, etc., sintonizando al enfermo con todas sus realidades.

Y, lo que es más importante, “China”, en chino, se dice “ZHONG

ay que saber que en el Nei Jing-So Wen, cuando el médico de la corte, Qi Bo, describe las terapias al Em-perador Amarillo, especifica que hay diferentes formas de abordar una enfermedad.

En “el país del CENTRO”, lo más propio para abordar la enfermedad

es el masaje.

En “los países del SUR”, la acupuntura.

En “los países del NORTE”, la moxibustión.

En “los países del ESTE”, las técnicas de Qi Gong.

Y en “los países del OESTE”, las plantas medicinales.

Según el Nei Jing-So Wen, el arte de sanar a través de las manos se corresponde con la terapia del Centro. Por ello se considera un “arte superior” o un “arte mayor”, ya que de la terapia del Centro es de donde derivan el resto de las terapias.

En cada acción contemplamos la forma, la no-forma, la intención, etc., sintonizando al enfermo con todas sus realidades.

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1

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3 4

El Centro tiene una función preponderante en cualquier tipo de terapia. Por tanto, si tuviéramos que elegir una terapia que recoja al resto de las terapias, elegiríamos el arte de sanar a través de las manos.

Es muy importante quitarse los prejuicios de que punturar o moxar es mejor. No. Si voy a hacer un masaje, es lo mejor. Tengo que saber hacerlo bien y confiar plenamente; porque, bien hecho, su efecto será el que tenga que producirse. Puede ser que, dependiendo de la afección, haya que trabajar con más frecuencia que si se hace acupuntura o moxi-bustión. Puede ser que sí, o puede ser que no. Depende.

Eso sí, lleva más trabajo físico, y una actitud más comprometida a través de las manos –más que otras terapias-; porque en la acupuntura, apenas tocas con el dedo el punto, y pones la aguja.

Como terapia del Centro –Zhong-, va a posibilitar recoger todo el significado del ideograma ZHONG. Y representa:

“La encarnación de la animosidad

de la materia”. Está formado por cuatro trazos

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El Centro tiene una función preponderante en cualquier tipo de terapia. Por tanto, si tuviéramos que elegir una terapia que recoja al resto de las terapias, elegiríamos el arte de sanar a través de las manos.

Es muy importante quitarse los prejuicios de que punturar o moxar es mejor. No. Si voy a hacer un masaje, es lo mejor. Tengo que saber hacerlo bien y confiar plenamente; porque, bien hecho, su efecto será el que tenga que producirse. Puede ser que, dependiendo de la afección, haya que trabajar con más frecuencia que si se hace acupuntura o moxi-bustión. Puede ser que sí, o puede ser que no. Depende.

Eso sí, lleva más trabajo físico, y una actitud más comprometida a través de las manos –más que otras terapias-; porque en la acupuntura, apenas tocas con el dedo el punto, y pones la aguja.

Como terapia del Centro –Zhong-, va a posibilitar recoger todo el significado del ideograma ZHONG. Y representa:

“La encarnación de la animosidad

de la materia”. Está formado por cuatro trazos

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“La materia” es el cuadrado, que significa “BOCA”–constituido por los tres primeros trazos-. Y el trazo que lo atraviesa es el Soplo que le da la vida.

En ese sentido, el Centro vuelve a ser un lugar muy especial. Y de hecho, hay resonadores “Centro” que constituyen una terapia en sí mis-mos.

En definitiva, las vías sanadoras de las manos están especialmente indicadas para centrar a la persona. Es la acción que mejor recoge y cen-traliza todo.

Si después, alguien sabe punturar y quiere poner el punto ZUL

i

NQ

i

o cualquier otro punto indicado para el paciente en concreto-, me

pare-ce muy bien, si sabe manejarlo. Pero las manos están más a nuestro al-cance –en cuanto a que todos las pueden utilizar- y comprometen más. La aguja, quiérase o no, es “introducir” algo. En realidad, lo que hacemos con la aguja es simplemente capturar el Qi, pero en definitiva, “profana-mos” –entre comillas- un poco la estructura. Con las manos, tocamos. Ése es otro elemento importante: hay un contacto, más o menos intenso, del sanador con la persona.

L

O S

M

I C R O S I S T E M A S

Vamos a trabajar con los pies, que tienen cinco dedos “normalmen-te” –a veces tienen menos o a veces tienen más-.

LA BOCA

“La materia” es el cuadrado, que significa “BOCA”–constituido por

los tres primeros trazos-. Y el trazo que lo atraviesa es el Soplo que le da la vida.

En ese sentido, el Centro vuelve a ser un lugar muy especial. Y de hecho, hay resonadores “Centro” que constituyen una terapia en sí mis-mos.

En definitiva, las vías sanadoras de las manos están especialmente indicadas para centrar a la persona. Es la acción que mejor recoge y cen-traliza todo.

Si después, alguien sabe punturar y quiere poner el punto ZUL

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NQ

i

o cualquier otro punto indicado para el paciente en concreto-, me

pare-ce muy bien, si sabe manejarlo. Pero las manos están más a nuestro al-cance –en cuanto a que todos las pueden utilizar- y comprometen más. La aguja, quiérase o no, es “introducir” algo. En realidad, lo que hacemos con la aguja es simplemente capturar el Qi, pero en definitiva, “profana-mos” –entre comillas- un poco la estructura. Con las manos, tocamos. Ése es otro elemento importante: hay un contacto, más o menos intenso, del sanador con la persona.

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I C R O S I S T E M A S

Vamos a trabajar con los pies, que tienen cinco dedos “normalmen-te” –a veces tienen menos o a veces tienen más-.

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Es decir, que en ellos está contenido todo el cuerpo. Todo el cuerpo está en la oreja, todo el cuerpo está en el ojo, todo el cuerpo está en la nariz…

Todos los Canales están en la nariz, y todos están en los labios. Se puede trabajar en ellos también.

Todo el cuerpo está en la mano y todo el cuerpo está en el pie. Y, por supuesto, todo el cuerpo está en la espalda: en todas las vías de la Vejiga y en toda la columna vertebral. La espalda, en general, es re-presentante de un microsistema especial donde podemos acceder a regu-lar, por ejemplo, el psiquismo.

No estamos hablando de “reflexoterapia”; simplemente, de proyec-ción energética.

E

L

P

I E

Ahora estamos en el pie. ¿Por qué en el pie?

El pie es el que va a contar nuestras historias, nuestras andanzas. Tus pies nos dirán cuáles son tus fracasos, cuáles son tus éxitos, cómo dormiste ayer, cómo te irá la vida mañana... Porque en los pies llevamos la huella de lo que vamos haciendo en la vida. Entonces, claro, cuando llegamos a un pie –sea cual sea-, primero, lo vemos: “¡Ah, hola!... ¡Un pie!”

V

I S U A L I Z A C I Ó N

Vemos si hay cicatrices, cómo son los dedos, si hay deformidades de un dedo que trastornen al resto, si los pies están descompensados... Ob-servamos si hay inicios de artrosis, si hay dolores… ¡Todos los detalles son importantes!

Debemos poner atención en si se corresponde, el estado en el que están los pies, con la edad del paciente. Pueden estar muy maltratados

Es decir, que en ellos está contenido todo el cuerpo. Todo el cuerpo está en la oreja, todo el cuerpo está en el ojo, todo el cuerpo está en la nariz…

Todos los Canales están en la nariz, y todos están en los labios. Se puede trabajar en ellos también.

Todo el cuerpo está en la mano y todo el cuerpo está en el pie. Y, por supuesto, todo el cuerpo está en la espalda: en todas las vías de la Vejiga y en toda la columna vertebral. La espalda, en general, es re-presentante de un microsistema especial donde podemos acceder a regu-lar, por ejemplo, el psiquismo.

No estamos hablando de “reflexoterapia”; simplemente, de proyec-ción energética.

E

L

P

I E

Ahora estamos en el pie. ¿Por qué en el pie?

El pie es el que va a contar nuestras historias, nuestras andanzas. Tus pies nos dirán cuáles son tus fracasos, cuáles son tus éxitos, cómo dormiste ayer, cómo te irá la vida mañana... Porque en los pies llevamos la huella de lo que vamos haciendo en la vida. Entonces, claro, cuando llegamos a un pie –sea cual sea-, primero, lo vemos: “¡Ah, hola!... ¡Un pie!”

V

I S U A L I Z A C I Ó N

Vemos si hay cicatrices, cómo son los dedos, si hay deformidades de un dedo que trastornen al resto, si los pies están descompensados... Ob-servamos si hay inicios de artrosis, si hay dolores… ¡Todos los detalles son importantes!

Debemos poner atención en si se corresponde, el estado en el que están los pies, con la edad del paciente. Pueden estar muy maltratados

(21)

Observamos si hay una concavidad buena en la zona del puente. Vemos si hay hinchazón o no. Si podemos ver el tendón de Aquiles, los maléolos, los huesos, no hay hinchazón.

La visualización nos dice “cómo pisa” el paciente. Por tanto, lo pri-mero, visualización; y luego, empezamos a tocar.

Si tiene callos o durezas es porque pisa mal. Determinadas zonas del pie se vuelven duras, porque el punto de apoyo es muy dispar –y todo debería ser como un acolchamiento uniforme-. Claro, de vez en cuando dolerán los pies. Quizás ahora no tenga problemas articulares, pero si no se REPARAN, sí los va a padecer. Si hay callosidades, por mucho que se li-men y se quiten, mientras no se arregle el posible problema en los dedos –por ejemplo-, seguirán formándose. Las durezas tienen que producirse para defenderse de la mala pisada. Si un pie está descompensado, el otro no puede estar bien. Si un pie está descompensado, el otro tiende a des-compensarse de una forma muy parecida.

Cada dedo debe tener su sitio de apoyo. Los unos no deben invadir a los otros. Si es así, se producen callosidades. Luego, ya preguntaremos: “Oye, ¿esto es algo congénito? ¿Tu papá o tu mamá lo han tenido?”. O: “¿Te has caído? ¿Has tenido alguna caída?”. Pero, lo primero, es ver el es-tado de conservación general de los pies y la disposición de sus dedos. Cualquier alteración en los pies puede causar angustia, sordera... ¡De to-do! Y dices: “¡Ah! Por tus pies ya te conozco. Conozco por dónde vas”.

Primero: VISUALIZACIÓN.

Segundo: una vez hecha la inspección, hay que acostumbrarse a ver qué tipo de pie tenemos. Tengo que identificarlo; codificar el pie en mis manos.

I

D E N T I F I C A C I Ó N

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T O C A R

Observamos si hay una concavidad buena en la zona del puente. Vemos si hay hinchazón o no. Si podemos ver el tendón de Aquiles, los maléolos, los huesos, no hay hinchazón.

La visualización nos dice “cómo pisa” el paciente. Por tanto, lo pri-mero, visualización; y luego, empezamos a tocar.

Si tiene callos o durezas es porque pisa mal. Determinadas zonas del pie se vuelven duras, porque el punto de apoyo es muy dispar –y todo debería ser como un acolchamiento uniforme-. Claro, de vez en cuando dolerán los pies. Quizás ahora no tenga problemas articulares, pero si no se REPARAN, sí los va a padecer. Si hay callosidades, por mucho que se li-men y se quiten, mientras no se arregle el posible problema en los dedos –por ejemplo-, seguirán formándose. Las durezas tienen que producirse para defenderse de la mala pisada. Si un pie está descompensado, el otro no puede estar bien. Si un pie está descompensado, el otro tiende a des-compensarse de una forma muy parecida.

Cada dedo debe tener su sitio de apoyo. Los unos no deben invadir a los otros. Si es así, se producen callosidades. Luego, ya preguntaremos: “Oye, ¿esto es algo congénito? ¿Tu papá o tu mamá lo han tenido?”. O: “¿Te has caído? ¿Has tenido alguna caída?”. Pero, lo primero, es ver el es-tado de conservación general de los pies y la disposición de sus dedos. Cualquier alteración en los pies puede causar angustia, sordera... ¡De to-do! Y dices: “¡Ah! Por tus pies ya te conozco. Conozco por dónde vas”.

Primero: VISUALIZACIÓN.

Segundo: una vez hecha la inspección, hay que acostumbrarse a ver qué tipo de pie tenemos. Tengo que identificarlo; codificar el pie en mis manos.

(22)

Primero tocar para ver con qué pie estoy: si es grande, si es pequeño, si tiene asperezas, si tiene futuros reumatismos, si hay edemas o no hay edemas –es decir, si hay líquido acumulado o no-. Así, también nos da-mos cuenta de qué tipo de cuidado tiene la persona con su cuerpo.

Habitualmente, en occidente, se descuidan mucho los pies –se llevan con durezas, porque es una parte oculta-. En China, en cambio, se le daba y se le da mucha importancia a los pies. Aunque sea una parte del cuerpo, oculta, tiene que ir cuidada. Las uñas, aparte del objeto ecológicamente decorativo, tienen que estar limpias.

Tomamos el pie del paciente. Lo vamos tocando. Tocamos... Nos familiarizamos con la forma. Y, enseguida, vemos lo siguiente que nos llama la atención: el pie es, desde el punto de vista articular, muy compli-cado, muy complejo.

L

A S

A

R T I C U L A C I O N E S

En el pie se dan cita articulaciones de diversos tipos y tamaños. Te-nemos el tobillo –una articulación muy compleja-, el tarso, el metatarso, y las falanges. Necesita estar muy bien articulado para poder, no solamente pisar bien, sino llevarnos hasta donde tengamos que ir.

Las articulaciones son los lugares donde se representa la unión del hombre con la Creación. En definitiva, la articulación es la forma que tiene, el cuerpo, de representar cómo estamos unidos al Universo. Eso es una articulación: una forma de mostrarnos que estamos per-manentemente “articulados” con la Creación. Pero no de forma directa; estamos en contacto a través de intermediarios: músculos, tendones, si-novias, cápsulas, etc. Así nos articulamos. Y, gracias a ellos, nos podemos mover con una cierta facilidad.

La articulación representa la unión del hombre con la Creación, y su relación con ella. CADA ARTICULACIÓN ES, EN SÍ MISMA, UN LUGAR DE ENCUENTRO CON DIOS. Eso es una articulación: el lugar donde me

encuen-tro “con”...

Primero tocar para ver con qué pie estoy: si es grande, si es pequeño, si tiene asperezas, si tiene futuros reumatismos, si hay edemas o no hay edemas –es decir, si hay líquido acumulado o no-. Así, también nos da-mos cuenta de qué tipo de cuidado tiene la persona con su cuerpo.

Habitualmente, en occidente, se descuidan mucho los pies –se llevan con durezas, porque es una parte oculta-. En China, en cambio, se le daba y se le da mucha importancia a los pies. Aunque sea una parte del cuerpo, oculta, tiene que ir cuidada. Las uñas, aparte del objeto ecológicamente decorativo, tienen que estar limpias.

Tomamos el pie del paciente. Lo vamos tocando. Tocamos... Nos familiarizamos con la forma. Y, enseguida, vemos lo siguiente que nos llama la atención: el pie es, desde el punto de vista articular, muy compli-cado, muy complejo.

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A S

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R T I C U L A C I O N E S

En el pie se dan cita articulaciones de diversos tipos y tamaños. Te-nemos el tobillo –una articulación muy compleja-, el tarso, el metatarso, y las falanges. Necesita estar muy bien articulado para poder, no solamente pisar bien, sino llevarnos hasta donde tengamos que ir.

Las articulaciones son los lugares donde se representa la unión del hombre con la Creación. En definitiva, la articulación es la forma que tiene, el cuerpo, de representar cómo estamos unidos al Universo. Eso es una articulación: una forma de mostrarnos que estamos per-manentemente “articulados” con la Creación. Pero no de forma directa; estamos en contacto a través de intermediarios: músculos, tendones, si-novias, cápsulas, etc. Así nos articulamos. Y, gracias a ellos, nos podemos mover con una cierta facilidad.

La articulación representa la unión del hombre con la Creación, y su relación con ella. CADA ARTICULACIÓN ES, EN SÍ MISMA, UN LUGAR DE ENCUENTRO CON DIOS. Eso es una articulación: el lugar donde me

(23)

Cuando ese encuentro no es bueno por alguna razón, es señal de que, probablemente, no haya una conexión adecuada. Esto no es algo bueno o malo en sí mismo, sólo quiere decir que ahí está ocurriendo algo. Una articulación es una estructura delicadísima; ¡pero que muy delicada! Cualquier pequeña variación que haya –de líquido, de presión, de tempe-ratura, de dilatación-, enseguida, ¡PUM!, da un síntoma. Y ya: “¡Ay! Me duele el dedito”... “¡Ay! Tengo no sé qué”... Una pequeña fisura que apenas se ve, ya te amarga la vida. Y dices: “¡Pero bueno! Parece una co-sa...”. Pero, a la vez, como tiene tanta flexibilidad, tanto pleomorfismo, resiste una cantidad de variables, enorme.

Una articulación es muy fuerte, pero a la vez es muy frágil. Es curio-so. Es como el diamante: es muy fuerte –lo usamos para cortar cualquier cosa- pero es muy frágil. “¡TAN!”… Le das, y te cargaste el diamante. “¡No puede ser! ¡Te has cargado un diamante de catorce quilates!”. Bue-no, a la articulación le pasa un poco lo mismo, pero tiene tanta capacidad de movimiento, que se adapta.

Por tanto, las articulaciones son lugares que nos permiten el movimiento. Sin ellas no podríamos movernos. Significan esa forma de articular, de comunicar, de comunicarme con la Creación. Me comunico con ella de una forma o de otra, y eso me permite moverme.

Si se fijan, los huesos, en las articulaciones, nunca se juntan. Los huesos están separados entre sí, pero se mantienen unidos –por así decir-lo- por las fascias, las aponeurosis, los músculos, los tendones… Pero no se juntan. Cuando se juntan y se tocan –como sucede en las artrosis-, pueden doler y producir una serie de problemas.

Lo importante es que todo ser articulado está desarrollando una capacidad de comunicación con “algo”. Y, de hecho, si un hueso se ar-ticula con otro es para comunicar una capacidad de movimiento.

Igual que pasa en el carpo –ese montón de huesecillos de la mano-,

Cuando ese encuentro no es bueno por alguna razón, es señal de que, probablemente, no haya una conexión adecuada. Esto no es algo bueno o malo en sí mismo, sólo quiere decir que ahí está ocurriendo algo. Una articulación es una estructura delicadísima; ¡pero que muy delicada! Cualquier pequeña variación que haya –de líquido, de presión, de tempe-ratura, de dilatación-, enseguida, ¡PUM!, da un síntoma. Y ya: “¡Ay! Me duele el dedito”... “¡Ay! Tengo no sé qué”... Una pequeña fisura que apenas se ve, ya te amarga la vida. Y dices: “¡Pero bueno! Parece una co-sa...”. Pero, a la vez, como tiene tanta flexibilidad, tanto pleomorfismo, resiste una cantidad de variables, enorme.

Una articulación es muy fuerte, pero a la vez es muy frágil. Es curio-so. Es como el diamante: es muy fuerte –lo usamos para cortar cualquier cosa- pero es muy frágil. “¡TAN!”… Le das, y te cargaste el diamante. “¡No puede ser! ¡Te has cargado un diamante de catorce quilates!”. Bue-no, a la articulación le pasa un poco lo mismo, pero tiene tanta capacidad de movimiento, que se adapta.

Por tanto, las articulaciones son lugares que nos permiten el movimiento. Sin ellas no podríamos movernos. Significan esa forma de articular, de comunicar, de comunicarme con la Creación. Me comunico con ella de una forma o de otra, y eso me permite moverme.

Si se fijan, los huesos, en las articulaciones, nunca se juntan. Los huesos están separados entre sí, pero se mantienen unidos –por así decir-lo- por las fascias, las aponeurosis, los músculos, los tendones… Pero no se juntan. Cuando se juntan y se tocan –como sucede en las artrosis-, pueden doler y producir una serie de problemas.

Lo importante es que todo ser articulado está desarrollando una capacidad de comunicación con “algo”. Y, de hecho, si un hueso se ar-ticula con otro es para comunicar una capacidad de movimiento.

(24)

Es decir, si sólo tuviéramos rodilla y cadera, no podríamos andar, porque arrastraríamos toda la pierna y, finalmente, acabaríamos con el pie. Pero, gracias a que tenemos esta articulación, podemos caminar.

Ahora vamos a ver cómo está la articulación. En principio, salvo que el paciente nos lo diga, suponemos que no tiene problemas articulares.

Lo primero que vamos a hacer, siempre que estemos en una zona de “masaje articular”, es mover o desbloquear las articulaciones que haya. Entonces, los movimientos naturales que hace la articulación, los hacemos nosotros para desbloquear. El pie del paciente debe estar relajado.

Primero, tomamos el pie y lo estiramos (tomando los pies por los tobillos, estiramos suave pero intensamente hacia nosotros; los dos pies al mismo tiempo). ¿Por

qué lo estiramos? Muy fácil: porque eso nos permite, a la vez que traba-jamos en el pie –en su articulación-, estirar la articulación de la rodilla y estirar la articulación de la cadera. Eso es gratificante para cualquier per-sona, porque la estiramos. Y como siempre vamos un poco contraídos, hay que buscar una relajación.

Luego, vamos a los maléolos: articulación de tibia y peroné con el pie. Forzamos un poquito la articulación, y exploramos de paso cómo es-tán las otras articulaciones. Obviamente, hacemos la fuerza que podamos hacer con cada persona. Siempre hay que forzar un poquitín, pero con cuidado. Hacemos hiperflexión e hiperextensión del tobillo; luego, movi-mientos hacia los lados; y finalmente, giros.

A continuación, pasamos a la articulación de los dedos con el metatarso. Estiramos los dedos. Casi siempre suenan, porque uno va an-dando y, sin querer, los dedos se van engarrotando; están bloqueados. Estiramos y descontracturamos cada dedo. El pie se queda suave y, en-tonces, la energía circula.

Esos sonidos –el crujir de huesos- son contracciones y retracciones

Es decir, si sólo tuviéramos rodilla y cadera, no podríamos andar, porque arrastraríamos toda la pierna y, finalmente, acabaríamos con el pie. Pero, gracias a que tenemos esta articulación, podemos caminar.

Ahora vamos a ver cómo está la articulación. En principio, salvo que el paciente nos lo diga, suponemos que no tiene problemas articulares.

Lo primero que vamos a hacer, siempre que estemos en una zona de “masaje articular”, es mover o desbloquear las articulaciones que haya. Entonces, los movimientos naturales que hace la articulación, los hacemos nosotros para desbloquear. El pie del paciente debe estar relajado.

Primero, tomamos el pie y lo estiramos (tomando los pies por los tobillos, estiramos suave pero intensamente hacia nosotros; los dos pies al mismo tiempo). ¿Por

qué lo estiramos? Muy fácil: porque eso nos permite, a la vez que traba-jamos en el pie –en su articulación-, estirar la articulación de la rodilla y estirar la articulación de la cadera. Eso es gratificante para cualquier per-sona, porque la estiramos. Y como siempre vamos un poco contraídos, hay que buscar una relajación.

Luego, vamos a los maléolos: articulación de tibia y peroné con el pie. Forzamos un poquito la articulación, y exploramos de paso cómo es-tán las otras articulaciones. Obviamente, hacemos la fuerza que podamos hacer con cada persona. Siempre hay que forzar un poquitín, pero con cuidado. Hacemos hiperflexión e hiperextensión del tobillo; luego, movi-mientos hacia los lados; y finalmente, giros.

A continuación, pasamos a la articulación de los dedos con el metatarso. Estiramos los dedos. Casi siempre suenan, porque uno va an-dando y, sin querer, los dedos se van engarrotando; están bloqueados. Estiramos y descontracturamos cada dedo. El pie se queda suave y, en-tonces, la energía circula.

(25)

A lo largo del día vamos pisando, vamos pisando… y, en la medida en que no estamos suficientemente relajados, se van creando nudos de energía en los lugares donde a ésta le cuesta más trabajo circular. Se ge-neran pequeños estancamientos, ya que cualquier estímulo –externo o in-terno- nos hace adoptar una actitud articular: contraes el pie, o la mano, o la espalda –por ejemplo, que es lo más frecuente-.

Al masajear la columna, suena todo aquello como “las campanas de Bell”. ¿Por qué? Porque se han ido acumulando ahí posiciones caractero-lógicas, posiciones ante el estímulo externo..., y se han ido acomodando en distintos lugares. A veces, son pequeñas y no duelen; otras veces son grandes y duelen; y otras, son pequeñas y no duelen espontáneamente, pero duelen al tocar.

Es importante ver que, en definitiva, la energía tiene unos caminos establecidos, pero en las articulaciones es donde se suele bloquear y es-tancar. Por eso, para facilitar el movimiento de la energía, es necesaria esa maniobra de descontracturación.

A

R T R O S I S

,

U N E S T I L O D E V I D A

Si nos fijamos, la artrosis –el gran problema articular de nuestra

cul-tura- se da específicamente en los países desarrollados. Son los que –teóricamente- más y mejor comen, los que mejor beben, los que mejor duermen. Pero, claro, son los que más estrés tienen.

¿Qué pasa? Se producen numerosas contracturas interarticulares, que reducen cada vez más los espacios ínteróseos y aproximan las carillas óseas, y entonces, los huesos rozan.

En cambio, en los países –o civilizaciones o culturas- que no tienen este desarrollo, la incidencia de artrosis desciende enormemente. Esto in-dica que, en la generación de la artrosis, tiene mucho que ver el estilo de

A lo largo del día vamos pisando, vamos pisando… y, en la medida en que no estamos suficientemente relajados, se van creando nudos de energía en los lugares donde a ésta le cuesta más trabajo circular. Se ge-neran pequeños estancamientos, ya que cualquier estímulo –externo o in-terno- nos hace adoptar una actitud articular: contraes el pie, o la mano, o la espalda –por ejemplo, que es lo más frecuente-.

Al masajear la columna, suena todo aquello como “las campanas de Bell”. ¿Por qué? Porque se han ido acumulando ahí posiciones caractero-lógicas, posiciones ante el estímulo externo..., y se han ido acomodando en distintos lugares. A veces, son pequeñas y no duelen; otras veces son grandes y duelen; y otras, son pequeñas y no duelen espontáneamente, pero duelen al tocar.

Es importante ver que, en definitiva, la energía tiene unos caminos establecidos, pero en las articulaciones es donde se suele bloquear y es-tancar. Por eso, para facilitar el movimiento de la energía, es necesaria esa maniobra de descontracturación.

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Si nos fijamos, la artrosis –el gran problema articular de nuestra

cul-tura- se da específicamente en los países desarrollados. Son los que –teóricamente- más y mejor comen, los que mejor beben, los que mejor duermen. Pero, claro, son los que más estrés tienen.

¿Qué pasa? Se producen numerosas contracturas interarticulares, que reducen cada vez más los espacios ínteróseos y aproximan las carillas óseas, y entonces, los huesos rozan.

En cambio, en los países –o civilizaciones o culturas- que no tienen este desarrollo, la incidencia de artrosis desciende enormemente. Esto in-dica que, en la generación de la artrosis, tiene mucho que ver el estilo de

(26)

Todavía hoy, encontramos muchas personas mayores que no tienen artrosis. En cambio, entre las personas de cuarenta y tantos años, cin-cuenta, sesenta incluso –el grueso de una consulta-, predominan las ar-tropatías. Entre los de más edad, no. Hoy, los mayores enferman de Alz-heimer. Curiosamente, hoy, en ese grupo de edad, ha aumentado la inci-dencia de las perturbaciones mentales en proporción a la inciinci-dencia de ar-tropatías.

Se puede ver claramente cómo, personas relativamente longevas, conservan las articulaciones en buen estado. Y cuando vemos las radio-grafías, no podemos explicarnos cómo están tan bien. En cambio, a lo mejor vemos una placa de un joven de treinta años, y encontramos unos picos de loro… una ligera osteoporosis... Claro, influye –por supuesto- también, la alimentación. Antes se comía poco –más bien escaso-, y lo que hubiese.

Por tanto: “Coma menos, por lo que pueda ocurrir”.

L

A M E M O R I A C E R E B R A L D E L

P

I E

¡Lo que tiene que soportar el pie en una persona que viva ochenta años! ¡Lo que ha tenido que andar en su vida! ¡Qué horror! ¡La cantidad de gravedad que han tenido que soportar esos pies! ¡La cantidad de ca-breos que llevan esos pies!

¡Si hablaran los pies!... –¡qué las piedras!, ¡los pies!-. ¡A lo que han sido sometidos!... ¡A lo que han sido relegados!... ¡Lo poco que se les ha capacitado a los deditos, que se les ha considerado torpes!... ¡Con lo mu-cho que saben!

En los pies está toda la experiencia de muchos vinos, de muchas tascas, de muchos aperitivos... Porque a los sitios se suele ir andando. En-tonces, le preguntamos: “Pie querido, dime, ¿cómo te han tratado?”...

Y dice: “¡Fatal!”...

Los pies tienen toda una memoria histórica que, desgraciadamente,

Todavía hoy, encontramos muchas personas mayores que no tienen artrosis. En cambio, entre las personas de cuarenta y tantos años, cin-cuenta, sesenta incluso –el grueso de una consulta-, predominan las ar-tropatías. Entre los de más edad, no. Hoy, los mayores enferman de Alz-heimer. Curiosamente, hoy, en ese grupo de edad, ha aumentado la inci-dencia de las perturbaciones mentales en proporción a la inciinci-dencia de ar-tropatías.

Se puede ver claramente cómo, personas relativamente longevas, conservan las articulaciones en buen estado. Y cuando vemos las radio-grafías, no podemos explicarnos cómo están tan bien. En cambio, a lo mejor vemos una placa de un joven de treinta años, y encontramos unos picos de loro… una ligera osteoporosis... Claro, influye –por supuesto- también, la alimentación. Antes se comía poco –más bien escaso-, y lo que hubiese.

Por tanto: “Coma menos, por lo que pueda ocurrir”.

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A M E M O R I A C E R E B R A L D E L

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¡Lo que tiene que soportar el pie en una persona que viva ochenta años! ¡Lo que ha tenido que andar en su vida! ¡Qué horror! ¡La cantidad de gravedad que han tenido que soportar esos pies! ¡La cantidad de ca-breos que llevan esos pies!

¡Si hablaran los pies!... –¡qué las piedras!, ¡los pies!-. ¡A lo que han sido sometidos!... ¡A lo que han sido relegados!... ¡Lo poco que se les ha capacitado a los deditos, que se les ha considerado torpes!... ¡Con lo mu-cho que saben!

En los pies está toda la experiencia de muchos vinos, de muchas tascas, de muchos aperitivos... Porque a los sitios se suele ir andando. En-tonces, le preguntamos: “Pie querido, dime, ¿cómo te han tratado?”...

Y dice: “¡Fatal!”...

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En los pies aflora la energía que sustenta la actividad del cerebro,

que se corresponde con EL REINO MUTANTE DEL AGUA. Por eso, el masaje de

los pies nos permite despertar la actividad cerebral.

¿Ustedes creían que el cerebro sólo estaba en la cabeza?...

“El movimiento de energía remueve las aguas tranquilas y pesadas de la siniestralidad del sueño, y... al moverlas... ‘¡Uy! ¿Qué ha pasado? ¡Qué despierto estoy!’”

En el pie tiene que haber alguna memoria de por dónde y cómo ha transcurrido tu vida: si ha sido dura o no… ajetreada o no… fácil o difí-cil… Cuando vas tocando las durezas, dices: “¡Mira! Una dureza, otra du-reza, otra dureza... ¿Y esto? ¿Y esto por qué?”. Y tú vas viendo cómo hay toda una historia en el pie.

En los pies hay un cerebro. Los pies son un cerebro: “el cerebro an-dante”.

El pie es una cosa enrollada, que se desenrolla para cumplir la bipe-destación. Cuando el hombre se pone recto, ya tiene que andar. Y ahí empiezan los problemas. Es decir que, todo lo que vaya a ocurrir allá aba-jo, es como un cerebro que da información al cerebro de arriba. El cere-bro de arriba almacena la información, y envía descargas de estímulos pa-ra andar de una determinada forma.

Si modificamos el caminar, también modificamos la información que llega a nuestro cerebro. Si modificamos la forma de abajo, “el cere-bro de abajo”, puesto que ahí está la “Fuente Emergente del Agua” de donde va a desarrollarse el cerebro, vamos a mandar informaciones o mi-croinformaciones muy precisas al “cerebro de arriba”, para que se modifi-que “el estar” de allí abajo.

En los pies aflora la energía que sustenta la actividad del cerebro,

que se corresponde con EL REINO MUTANTE DEL AGUA. Por eso, el masaje de

los pies nos permite despertar la actividad cerebral.

¿Ustedes creían que el cerebro sólo estaba en la cabeza?...

“El movimiento de energía remueve las aguas tranquilas y pesadas de la siniestralidad del sueño, y... al moverlas... ‘¡Uy! ¿Qué ha pasado? ¡Qué despierto estoy!’”

En el pie tiene que haber alguna memoria de por dónde y cómo ha transcurrido tu vida: si ha sido dura o no… ajetreada o no… fácil o difí-cil… Cuando vas tocando las durezas, dices: “¡Mira! Una dureza, otra du-reza, otra dureza... ¿Y esto? ¿Y esto por qué?”. Y tú vas viendo cómo hay toda una historia en el pie.

En los pies hay un cerebro. Los pies son un cerebro: “el cerebro an-dante”.

El pie es una cosa enrollada, que se desenrolla para cumplir la bipe-destación. Cuando el hombre se pone recto, ya tiene que andar. Y ahí empiezan los problemas. Es decir que, todo lo que vaya a ocurrir allá aba-jo, es como un cerebro que da información al cerebro de arriba. El cere-bro de arriba almacena la información, y envía descargas de estímulos pa-ra andar de una determinada forma.

Si modificamos el caminar, también modificamos la información que llega a nuestro cerebro. Si modificamos la forma de abajo, “el cere-bro de abajo”, puesto que ahí está la “Fuente Emergente del Agua” de donde va a desarrollarse el cerebro, vamos a mandar informaciones o mi-croinformaciones muy precisas al “cerebro de arriba”, para que se modifi-que “el estar” de allí abajo.

(28)

S

I N G U L A R I D A D D E C A D A

P

I E

No hay que confiar nunca en que un pie sea igual que el otro. No. Cada pie es diferente. Es decir, que puedo tener la sensación de cómo es-tá un pie, pero, al observar el otro, descubro que es distinto.

En este caso está peor (se refiere al alumno sobre el que se está realizando la práctica): tiene más asperezas… más durezas… se ve que se inclina mucho

hacia la izquierda, porque pisa más con ese lado... Es decir, notas que el pie izquierdo está mucho más cargado. Es otro pie completamente distin-to al anterior, aunque pertenece a la misma persona. Es un pie como más grande, ha sufrido más, tiene más responsabilidad... Se carga mucho más hacia el lado izquierdo. Eso nos indicaría, si fuera una mujer, que es lábil: “lábil vegetativa-emocional”.

En principio, lo que vas descubriendo te lo callas. Luego, ya en la in-timidad, le puedes decir:

-Tú, ¿qué pasa? Que te afectan mucho las cosas, ¿verdad? -¡Ah!, sí, sí...

-Pues bueno... Tienes que procurar cargarte un poquito más hacia la derecha, a la hora de andar... Hay que rectificar las andaduras... Tienes que cuidarte más.

Entonces, cuando acuda a la siguiente sesión, vamos a trabajar mu-cho más ese pie que el otro. Si, por el contrario, se cargara más en el lado derecho, diríamos:

-Mucho carácter, ¿eh? Mandando mucho, ¿eh? En casa manda us-ted, ¿verdad?

-¡De toda la vida!, Doctor.

Los pies nos dicen muchas cosas de la persona.

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I N G U L A R I D A D D E C A D A

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No hay que confiar nunca en que un pie sea igual que el otro. No. Cada pie es diferente. Es decir, que puedo tener la sensación de cómo es-tá un pie, pero, al observar el otro, descubro que es distinto.

En este caso está peor (se refiere al alumno sobre el que se está realizando la práctica): tiene más asperezas… más durezas… se ve que se inclina mucho

hacia la izquierda, porque pisa más con ese lado... Es decir, notas que el pie izquierdo está mucho más cargado. Es otro pie completamente distin-to al anterior, aunque pertenece a la misma persona. Es un pie como más grande, ha sufrido más, tiene más responsabilidad... Se carga mucho más hacia el lado izquierdo. Eso nos indicaría, si fuera una mujer, que es lábil: “lábil vegetativa-emocional”.

En principio, lo que vas descubriendo te lo callas. Luego, ya en la in-timidad, le puedes decir:

-Tú, ¿qué pasa? Que te afectan mucho las cosas, ¿verdad? -¡Ah!, sí, sí...

-Pues bueno... Tienes que procurar cargarte un poquito más hacia la derecha, a la hora de andar... Hay que rectificar las andaduras... Tienes que cuidarte más.

Entonces, cuando acuda a la siguiente sesión, vamos a trabajar mu-cho más ese pie que el otro. Si, por el contrario, se cargara más en el lado derecho, diríamos:

-Mucho carácter, ¿eh? Mandando mucho, ¿eh? En casa manda us-ted, ¿verdad?

-¡De toda la vida!, Doctor.

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¿ B

Á L S A M O S

?

¿

A C E I T E S

?

Si ustedes están convencidos de lo que están haciendo, no necesitan ningún bálsamo entre las manos y la piel. En realidad, no hacen falta. Ahora bien, a veces ocurre que el paciente dice: “Me resultan ásperas las manos del doctor. Me resultan duras”. O a veces se deslizan mal. Enton-ces, el terapeuta va preparado: saca su pomadita, echa su cosita, su “pol-vo mágico”...

Las cremas y los aceites están bien, pero ustedes tienen que pensar que, la propia secreción de las manos del sanador, y la propia secreción de la piel de la persona, son suficientes para un deslizamiento adecuado.

A veces, si la piel está muy seca, sí pueden usarse algunas cremas o aceites para masaje.

¿ B

Á L S A M O S

?

¿

A C E I T E S

?

Si ustedes están convencidos de lo que están haciendo, no necesitan ningún bálsamo entre las manos y la piel. En realidad, no hacen falta. Ahora bien, a veces ocurre que el paciente dice: “Me resultan ásperas las manos del doctor. Me resultan duras”. O a veces se deslizan mal. Enton-ces, el terapeuta va preparado: saca su pomadita, echa su cosita, su “pol-vo mágico”...

Las cremas y los aceites están bien, pero ustedes tienen que pensar que, la propia secreción de las manos del sanador, y la propia secreción de la piel de la persona, son suficientes para un deslizamiento adecuado.

A veces, si la piel está muy seca, sí pueden usarse algunas cremas o aceites para masaje.

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eparar. La primera acción

sa-nadora es REPARAR. Y lo hacemos a través de GONG SUN: “La Ofrenda

Universal”, 4 B .

El cuerpo desarreglado se puede arreglar.

¿Dónde? En GONG SUN. Haciendo del hombre... una “Ofrenda

Uni-versal”.

¿Cómo? Convirtiendo el gusano retorcido –del que sólo se saca se-da-, en un gusano capaz de transformarse en crisálida.

Porque su ideografía habla de gusanos. ¡De gusanos!

eparar. La primera acción

sa-nadora es REPARAR. Y lo hacemos a través de GONG SUN: “La Ofrenda

Universal”, 4 B .

El cuerpo desarreglado se puede arreglar.

¿Dónde? En GONG SUN. Haciendo del hombre... una “Ofrenda

Uni-versal”.

¿Cómo? Convirtiendo el gusano retorcido –del que sólo se saca se-da-, en un gusano capaz de transformarse en crisálida.

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GONG SUN

Porque su ideograma habla de gusanos. ¡De gusanos!

El hombre, en realidad, tiene dos posibilidades: ser un gusano que transita por la tierra, y mantenerse como un gusano –“Gusano eres y en gusano te has de convertir”-..., o bien, vivir primero como gusano, y llegar a darse cuenta de que puede ser una crisálida.

Antes de que te saquen el jugo y te conviertan en un hilo de seda para sustentar cualquier jersey, más vale convertirte en crisálida e irte a Saturno, o a Júpiter, o a Venus, o a Neptuno, o a Urano, o a Plutón, o a Transplutón.

Ésa es la vida del ser: eres un gusano. ¡Un perro asqueroso gusano! ¡Pero!... ¡pero!, puedes hacer tu ovillo. Que no significa comprarse un apartamento en Nueva York, no. No significa eso.

“Hacerte tu ovillo” es hacer, de ti, un instrumento de Creación, y desarrollar una capacitación suficiente para tener un ideal muy claro. Mientras tanto, ¡te quedas quieto!... y meditas y meditas y meditas... y te conviertes en “todo un proyecto”: LA ETAPA DE CRISÁLIDA.

¿Y después...? ¡Ay, después! Después, te proteges bien con el halo azul de lo inmaterial, para que no lleguen y te metan en agua hirviendo, y de ahí saquen el hilo de seda.

¡Porque así sale la seda de los gusanos! Es decir, hay que sacrificar-los en época de crisálida. Y siempre puede llegar alguien que te sacrifique. ¿Cómo que no? ¡Hombre!... El bienestar, el placer, la venta, la compra, el confort, el consumo, ¿qué son, en definitiva? Hay tantas formas de ven-derse y convertirse en hilo de seda, que finalmente la crisálida desaparece.

GONG SUN

Porque su ideograma habla de gusanos. ¡De gusanos!

El hombre, en realidad, tiene dos posibilidades: ser un gusano que transita por la tierra, y mantenerse como un gusano –“Gusano eres y en gusano te has de convertir”-..., o bien, vivir primero como gusano, y llegar a darse cuenta de que puede ser una crisálida.

Antes de que te saquen el jugo y te conviertan en un hilo de seda para sustentar cualquier jersey, más vale convertirte en crisálida e irte a Saturno, o a Júpiter, o a Venus, o a Neptuno, o a Urano, o a Plutón, o a Transplutón.

Ésa es la vida del ser: eres un gusano. ¡Un perro asqueroso gusano! ¡Pero!... ¡pero!, puedes hacer tu ovillo. Que no significa comprarse un apartamento en Nueva York, no. No significa eso.

“Hacerte tu ovillo” es hacer, de ti, un instrumento de Creación, y desarrollar una capacitación suficiente para tener un ideal muy claro. Mientras tanto, ¡te quedas quieto!... y meditas y meditas y meditas... y te conviertes en “todo un proyecto”: LA ETAPA DE CRISÁLIDA.

¿Y después...? ¡Ay, después! Después, te proteges bien con el halo azul de lo inmaterial, para que no lleguen y te metan en agua hirviendo, y de ahí saquen el hilo de seda.

¡Porque así sale la seda de los gusanos! Es decir, hay que sacrificar-los en época de crisálida. Y siempre puede llegar alguien que te sacrifique. ¿Cómo que no? ¡Hombre!... El bienestar, el placer, la venta, la compra, el confort, el consumo, ¿qué son, en definitiva? Hay tantas formas de ven-derse y convertirse en hilo de seda, que finalmente la crisálida desaparece.

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