Hasta que venga la luz. Nancy Lago

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Hasta que venga la luz Nancy Lago

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Personajes:

Mabel: mujer de aproximadamente 60 años. Anabel: mujer de aproximadamente 25 años.

Interior. Un micrófono y un par de sillas.

En off: Este año, el premio provincial a la mejor orquídea es para… ¡Mabel Santarelli! Se oyen aplausos.

Entra Mabel con el trofeo. Se para frente al micrófono. Sonríe. Oscuridad.

Pausa.

Se oye el ruido de una llave térmica. Se enciende la luz. Mabel está sentada en una de las sillas, con el trofeo en la mano. Observa el trofeo. Entra Anabel. Lustra el piso con un escobillón andén y aserrín. Mabel levanta la mirada y observa a Anabel.

MABEL: Hace cuánto que no veía uno de esos escobillones gigantes… Y ese olor a kerosene… me hace acordar a la escuela primaria.

Anabel se lleva las manos al pecho. Tira el escobillón. MABEL: Perdón, te asusté, no quise hacerlo.

ANABEL: ¿Cómo no me va a asustar? Usted no debería estar acá.

MABEL: Me pareció tan lindo todo. Un reconocimiento, después de tanto trabajo. El trofeo es de plástico, qué se yo, podría ser de más calidad. Pero no, no me quejo… Es mi primer premio. ANABEL: Disculpe, tal vez no me entendió: usted no puede estar acá. Usted se fue.

MABEL: Nunca me fui. ANABEL: Yo vi que se fue. MABEL: No puede ser.

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ANABEL: Sí, se fue. En una ambulancia MABEL: ¿Una ambulancia?

ANABEL: Y adentro de una bolsa negra. Tuvo un ataque después del discurso. Cuando se bajó de las escaleras, ¡puf!

MABEL: ¿Puf?

ANABEL: Sí, se desplomó en el piso. MABEL: No me acuerdo nada de eso. ANABEL: ¿Qué es lo último que recuerda? MABEL: Di mi discurso, bajé las escaleras y… ANABEL: ¿Y?

MABEL: Y, bueno, después me quedé un poco acá.

ANABEL: ¿No se fue a festejar con su familia? ¿Con ese esposo tan maravilloso que dijo que tenía en el discurso?

MABEL: No.

ANABEL: ¿Y no le parece extraño?

MABEL: ¿Vos lo que querés decir es que me morí? ANABEL: No lo quiero decir, lo digo.

MABEL: Ah…

ANABEL: Perdón, a veces, soy muy directa. ¿Está mal por la noticia?

MABEL: No, en realidad, lo estaba sospechando. Será cuestión de hacerse a la idea, de a poco. ANABEL: Será.

MABEL: En lo mejor de mi vida. Había empezado el gimnasio... Dejé pago todo el año. ¡Qué forma de tirar plata!

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ANABEL: ¿No está triste ni nada?

MABEL: No estoy ni triste ni contenta. Estoy como… neutra. ¿Querés que me corra, así podés pasar bien el escobillón?

ANABEL: ¿Se va a quedar acá?

MABEL: Supongo, a casa no voy ni loca. Si te asusté a vos, ni me imagino qué pasaría si ellos me vieran. ¿Cómo te llamás?

ANABEL: Anabel.

MABEL: Yo me llamo Mabel. ANABEL: Aba.

MABEL: ¿Cómo?

ANABEL: Se llamaba. Igual, mucho gusto.

MABEL: Mucho gusto. ¿Y qué estaré haciendo acá? ANABEL: ¿Estaba recordando o pensando en algo? MABEL: No, miraba el trofeo. ¿Me pasarán a buscar? Mira su reloj.

MABEL: Las seis y cuarto.

ANABEL: Son las once. A las seis y cuarto fue más o menos cuando murió. Mabel sacude el reloj.

MABEL: Ahí se quedó. Seis y cuarto. Como mi abuela Hilda. La imita.

“Yo me voy a morir un domingo a las seis y cuarto”. Y se murió un domingo a las seis y cuarto, como lo predijo. Mientras merendábamos. Terminó con la cara aplastada en su porción de pasta frola… ¿Vos sabés algo de estas cosas?

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ANABEL: Lo que dicen es que hay una luz a la que hay que ir. O tal vez es una luz que te atrae…

MABEL: Yo no vi ninguna luz todavía. Bueno, vi la que encendiste vos, pero esa no debe servir. ¿Habrá alguna conexión con la hora?

Grita

¡Abuela Hilda! ¡Abu Hilda!

Las dos miran hacia los costados y hacia arriba.

¿Sabés, Anabel? Yo pensaba que no había nada después de la vida. Que se apagaba todo y chau. ANABEL: Yo pensaba lo mismo. Antes.

MABEL: ¿Antes de qué? ANABEL: De ahora.

MABEL: Espero que no sea todo así, que me tenga que quedar en este salón. Si no, va a ser muy aburrida la vida eterna.

ANABEL: No, seguro que no es todo así. MABEL: ¿Cómo sabés?

ANABEL: Bueno, debería haber más muer… gente como usted acá. MABEL: ¿Ya se había muerto antes alguien en el salón?

ANABEL: No creo, pero seguro que alguien se murió en este pedazo de tierra desde que hay un mundo.

MABEL: ¿Te puedo pedir un favor? ANABEL: Supongo que sí.

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ANABEL: Sí, no hay problema. Los dueños del salón me dieron plata para que me pague un remís, después de medianoche no pasan colectivos por mi casa. Puedo quedarme todo el tiempo que necesite.

MABEL: Acá enfrente hay una agencia de remises que trabaja las veinticuatro horas. ANABEL: Sí, la conozco.

MABEL: ¿Vivís sola?

ANABEL: No, con mi mamá.

MABEL: Avisale que vas a llegar tarde, se va a preocupar. ANABEL: Ya sabe que hoy estoy demorada.

MABEL: Perdón por complicarte.

ANABEL: No, por favor, ¿qué voy a hacer? ¿enojarme con usted? Encima que se murió… Anabel se sienta en una de las sillas.

¿Quiere hablar de algo, mientras tanto? MABEL: No sé de qué hablar.

ANABEL: Ah… ¡Felicitaciones por el premio! MABEL: Sí, gracias.

ANABEL: ¿Tenía un vivero?

MABEL: Sí, hermoso. Y no sabés lo que es el invernadero, lo remodelamos hace poco. ¿Te gustan las plantas?

ANABEL: Sí, sobre todo las que tienen flores. Y esa flor con la que ganó era muy hermosa. MABEL: Una orquídea. ¿Sabías que la vainilla es una orquídea?

Anabel asiente.

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ANABEL: Yo tampoco lo sabía, pero me acordé que tengo que comprar esencia de vainilla. ¿Le gusta el olor de la vainilla?

MABEL: ¡Ay, no! Me parece algo repugnante, no sé, es como que me da náuseas… ANABEL: Es la primera persona que conozco a la que le da asco la vainilla.

Pausa.

MABEL: ¿Y para qué tenés que comprar la esencia de vainilla?

ANABEL: Ah, es que es el cumpleaños de mi prima y mi mamá, que es la madrina de ella, siempre le hace la torta. Se quedó sin esencia de vainilla para el bizcochuelo… La mamá de mi prima, mi tía… va a sonar raro…

MABEL: Nada me puede sonar raro.

ANABEL: Mi tía es un poco bruja, tal vez le pueda dar unos tips para pasar al otro lado. ¿Le molesta que la llame?

MABEL: No, llamala, por favor.

Anabel toma su celular y toca la pantalla. MABEL: ¿Y vos?

ANABEL: ¿Yo qué?

MABEL: ¿No sos un poco bruja?

ANABEL: No, yo nada que ver con lo sobrenatural... Al celular. ¿Tía? No, no te asustes… No murió nadie…

Mabel se señala a sí misma.

Bueno, en realidad sí se murió alguien… No, ningún familiar. Una persona equis… Una mujer que se ganó un premio… No, famosa no, tía. Un premio de plantas. Está acá al lado mío… Estoy hablando con ella… Sí, con la muerta. Por eso es que te llamo. Como vos tirás las cartas y hacés esas cosas con velas, pensé que tal vez podías ayudarla… Está acá como atascada y no se puede terminar de ir…

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MABEL: Preguntale si sabe cuánto puede tardar en aparecer la luz, si me tiene que pasar a buscar alguien o algo…

ANABEL: A ver si puede hablar con vos Pone el celular cerca de Mabel. A Mabel Hable, a ver si la escucha.

MABEL: Hola, ¿hola?

ANABEL Al celular: ¿Escuchaste lo que dijo? Te dijo hola. A Mabel.

No, nada. Al celular.

Después le digo a mamá. Pero sabés que siempre quiere llevar la torta... Bueno, sin frutillas. Beso.

Termina la llamada.

Que ella, mi tía, con tema muertos no se mete. Hace más amarres y trabajos de magia blanca. Que lo que puede ser es que le haya quedado algo pendiente. Por eso es que no pasa al otro plano.

MABEL: Pendiente…

ANABEL: ¿No tiene que pedirle disculpas o agradecerle a alguien? Piensa.

MABEL: No que me acuerde ahora… Despedirme, tal vez. ANABEL: Ajá.

MABEL: De alguien que hoy no estaba acá. Tal vez, no se haya enterado todavía de lo que me pasó. No, no creo que lo sepa.

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MABEL: No. Alguien especial. Mabel sonríe.

ANABEL: ¡Esa cara de pícara! ¿Qué andaba haciendo? Mabel se tapa la cara y se ríe.

¡Un hombre! ¡Otro hombre! Mabel asiente.

Y acá haciéndose la buenita con su marido, que gracias, que sin vos no podría haber llegado hasta acá, que sos lo mejor… La verdad, yo la miro y ni podría pensar que le haría algo así al pobre…

MABEL: Esteban

ANABEL: Esteban… ¿No hay forma de que alguien le haya avisado? MABEL: No lo conoce nadie de mi entorno.

ANABEL: Claro, está bien que no se mezclen las cosas. ¿Lo llamo? MABEL: ¿Podrás?

ANABEL: Sí, ¿se acuerda el número?

MABEL: Me acuerdo, me acuerdo. Tres, cuatro, cuatro, cuatro, uno, uno, ocho. Anabel marca un número en su celular.

Se llama Francisco.

ANABEL: Hola ¿Hablo con Francisco? ¿Qué tal? Disculpe la hora. Soy una amiga de Mabel, quería avisarle que ella falleció hoy. Ella me pidió que… Digo, ella me había pasado su número por cualquier cosa. Ahora está en paz… No, ni idea dónde la velan, ¿cómo voy a saber?

MABEL: ¡Que ni se le ocurra ir! ANABEL: ¡No vaya!

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ANABEL: ¿Qué va a ir a hacer al velatorio? ¿Qué le va a decir a la familia? Soy una amiga muy querida de ella, por eso le pido que respete este momento… Sí, ganó el premio. Estaba muy contenta… hasta que se murió.

Le hace una seña a Mabel de que Francisco está llorando.

ANABEL: No tiene que preocuparse por ella. Ella está bien… Lo sé porque lo sé. Buenas noches.

Termina la llamada.

ANABEL: Se le nota que es buena gente. ¿Se siente mejor ahora?

MABEL: Un poco preocupada, mirá si averigua dónde me velan y se aparece ahí. Toda una escena. Pausa. ¡Ah! Fue como que me entró la preocupación y salió volando. ¡Qué maravilloso! ¿Por qué no se puede vivir así? Sería mucho más fácil.

Cierra los ojos. Levanta las manos. Se queda así unos segundos. Nada.

ANABEL: Debe ser otra cosa MABEL: Debe ser.

ANABEL: Algo que se quedó sin hacer, tal vez.

MABEL: Tirarme en paracaídas, pero eso no creo que sea lo que me retenga acá. ANABEL: ¿Algo a lo que estaba destinada y no pudo hacer?

MABEL: ¿Cómo lo voy a saber?

ANABEL: ¿Nadie le habló del otro lado?

MABEL: Nadie… ¿Me querrán allá? Tal vez nadie quiere venir con la luz, tal vez estén de fiesta o disfrutando de estar en el cielo y les parece muy aburrido bajar a buscarme.

ANABEL: No, no, no se ponga triste.

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ANABEL: Será otro tipo de señal.

MABEL: O tal vez, desaparezca y listo…

ANABEL: Mabel, Mabel, ¿se fue? ¿dónde está? Mabel mira hacia los costados, se mira las manos. Ja, ja, ja, ¡Cayó! Todavía sigue acá.

MABEL: ¡Ah! Te hacés la graciosa con la muertita… ¿Por qué no me contás algo de vos? ANABEL: No tengo muchas cosas interesantes que contar.

MABEL: ¿Te gusta limpiar?

ANABEL: No es lo que más me gusta en el mundo, pero me deja tiempo para estudiar. MABEL: ¡Qué lindo! ¿Qué estás estudiando?

ANABEL: Psicología.

MABEL: Supongo que cuando un paciente te diga que ve muertos, no vas a pensar que está loco, ¿no?

Anabel se ríe.

ANABEL: No, no…

MABEL: Yo siempre pensé que los que estudiaban psicología era porque tenían que arreglarse ellos mismos cosas de la cabeza. Mirate a vos: vas a ser psicóloga y ves cosas que los demás no ven. Yo si sé que mi psicóloga ve fantasmas, la denuncio al colegio profesional.

ANABEL: Lo dice la muerta que habla. MABEL: Es un chiste, no te enojes. ANABEL: ¿Hacía algún tipo de terapia?

MABEL: No, ¿para qué? Bueno, en realidad, había empezado hacía unos meses… ANABEL: ¿Y?

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MABEL: Y, bueno, acá me ves, me di de alta. Pausa.

ANABEL: ¿Y usted estudió algo? MABEL: Jardinería.

Mabel se ríe.

Pero cuando era chica, hice un curso de detective por correspondencia. Esos que venían con las Patoruzú. “Gane prestigio, honores y dinero con la profesión del futuro”.

ANABEL: ¿Y resolvió algún caso? MABEL: Ni uno.

Anabel se entusiasma.

ANABEL: ¿Y si es eso? ¿Que no se va a presentar la luz hasta que pueda resolver algún caso? MABEL: ¿Y qué voy a hacer? ¿Salir a investigar quién se robó la pintura de la casa del

embajador?

ANABEL: ¿Qué embajador?

MABEL: Es un decir. Pausa. Sabés qué? No creo que la luz venga pronto. ANABEL: Tal vez, sea cuestión de esperar un poco más.

MABEL: ¿Por qué no vas a tu casa? No quiero seguir molestándote. ANABEL: No es molestia, Mabel, en serio…

MABEL: Llamate al remís. Yo me voy a caminar por el resto del salón. Voy a estirar un poco las piernas.

ANABEL: ¿Las siente molestas?

MABEL: No las siento, a decir verdad… Bueno, un gusto, Anabel. Cuidado cuando salgas. ANABEL: Un gusto. Usted también cuídese, Mabel.

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MABEL: ¿De qué?

ANABEL: Perdón, es la costumbre. MABEL: Que salga rica la torta.

ANABEL: Espero que la luz venga pronto. MABEL: Gracias.

Mabel sale. Pausa.

Anabel se para, toma el celular y toca la pantalla.

ANABEL: Hola. Sí, sí, por hoy ya terminé. Se fue a dar la vuelta que hace todas las noches. Es un caso difícil, pero creo que vamos avanzando... No, tampoco me reconoció esta vez, siempre es como la primera vez... Y funciona mejor cuando me hago pasar por otra persona, no puedo decirle quién soy porque, si no, se pone muy violenta… Sigue percibiendo olores. A partir del olor del kerosene, que había mencionado ayer, empezó a contar más cosas. Habrá que ver qué pasa con la vainilla, siento que con eso vamos a trabajar cosas más oscuras... Ya voy de salida. Anabel sale.

Pausa.

Entra Mabel. Suspira. Levanta el escobillón del suelo. Lleva el montículo de aserrín hacia una de las paredes. Apoya el escobillón contra una pared.

MABEL: Todas las noches lo mismo, ¿qué le cuesta apagar la luz cuando se va? Mabel sale por el extremo opuesto al que entró. Se oye el ruido de una llave térmica. Oscuridad.

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