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Hist ia glo al y transnaci nal: el mundo desde Col m ia

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1 Memorias. XVIII Congreso Colombiano de Historia

Hist��ia glo�al y

transnaci�nal:

el mundo desde

Col�m�ia

Mesa 15

Coordinadores María Carolina Escobar Vargas Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín, Colombia Joshua John Henry Larg Universidad Eafit, Colombia

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2 Memorias. XVIII Congreso Colombiano de Historia

C�ntenido

Diana Marcela Rojas

David Alejandro Ramírez Palacios

16 / Dimensiones internacionales de la construcción estatal en América Latina: elementos para un marco conceptual 3 / Santiago Pérez Triana (1858-1916): Paladín de la unidad del Hemisferio

30 / El general colombiano Rafael Reyes en México: su participación en la segunda conferencia panamericana, su proyecto de interconexión continental fluvial-ferroviaria, su concepto de

“pan-ibero-americanismo” y la influencia del porfirismo en su posterior

administración

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Santiago Pérez

Triana (

1858-1916

):

Paladín de la unidad

del Hemisferio

Departamento de Historia Universidad de Massachusetts Amherst Estados Unidos

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4 Memorias. XVIII Congreso Colombiano de Historia

Santiago Pérez Triana

(1858-1916): Paladín de la

unidad del Hemisferio

Jane Rausch

Departamento de Historia Universidad de Massachusetts Amherst Estados

Unidos [email protected]

Resumen

El trabajo de los historiadores en los últimos años concentró en la labor dispendiosa que lle-varon a cabo al comienzo del Siglo XX Alejandro Álvarez, Luis María Drago y Baltasar Brum, (todos ellos diplomáticos del Cono Sur) en un intento por dar un tinte de panamericanismo a la Doctrina Monroe, buscando con ello fomentar la cooperación continental. En ese es-fuerzo se pasó por alto la extraordinaria actividad que llevó a cabo Santiago Pérez Triana, autor, periodista y diplomático colombiano. Al hacer referencia al respaldo que Pérez Triana dio a la Doctrina Drago en su intervención ante la Convención de La Haya en 1907 y a sus absorbentes discursos ante el Congreso Financiero Panamericano, en 2015, esa elocuencia expresaba las actitudes de sus colegas suramericanos. En la ponencia que hoy presento me refiero a la manera cómo Pérez Triana se ganó el respeto de los diplomáticos de América y Europa, para luego surgir como un adalid prestigioso e influyente de la unidad hemisférica.

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El énfasis del trabajo de los investigadores en los últimos años se concentra en los intentos de diplomáticos del Cono Sur -como Alejandro Álvarez, Luis María Drago y Baltasar Brum – a comienzos del siglo XX, encaminados a dar un tinte de panamericanismo a la Doctrina Mon-roe y a fomentar la cooperación continental11. En esa campaña se pasó por alto la extraordi-naria actividad que llevó a cabo Santiago Pérez Triana

(1858–1916), autor, periodista y diplomático colombiano, quien respaldó esa iniciativa en sus intervenciones ante la Conferencia de La Haya, en 1907, el Congreso Financiero Paname-ricano, en 1915, y a través de sus actividades como editor de Hispania, el influyente periódico en la lengua castellana (1912-1916). Después de hacer un breve esbozo de la vida de Pérez Triana anterior a 1907, en la ponencia que hoy presento indagaré a la manera cómo Pérez Triana llegaría a convertirse en defensor destacado de la unidad atmosférica y cómo se haría merecedor del respeto de los diplomáticos de Estados Unidos y de Europa al expresar las opi-niones de sus contemporáneos latinoamericanos sobre la necesidad de adecuar la Doctrina Monroe a la realidad panamericana.

Los primeros años de Pérez Triana

La carrera de Pérez Trina se trazó a lo largo de una trayectoria única cuando la comparamos con aquella de otros miembros de la así llamada “Generación Clásica” quienes decidieron el rumbo de la historia de Colombia entre 1980 y 190522. Hijo mayor del presidente Liberal Radical, Santiago Pérez Manosalba (1874–76), pasó la mayor parte de suvida fuera de Co-lombia, primero en los Estados Unidos y posteriormente en Alemania donde cursó estudios en la Universidad de Leipzig entre 1877 y 1881. Los intentos de Pérez Triana por lograr el éxito en actividades comerciales, primero en los Estados Unidos y más tarde en Colombia, no solamente fracasaron, sino que también dieron origen a graves escándalos que lo obligaron a abandonar estos dos países. En diciembre de 1893, en un intento por eludir que lo detuvie-ran las autoridades colombianas, se escabulló de Bogotá y, con ayuda de amigos, remontó

1 Juan Pablo Scarfi, “In the Name of the Americas: The Pan-American Redefinition of the Monroe Doctrine and the Emerging Language of American

International Law in the Western Hemisphere, 1898-1933,” Diplomatic History 40:2 (abril 2016), 189-218.

2 En su Generaciones colombianas (Bogotá: El Dorado, 1976), Abel Naranjo Villegas proponía un sistema

para comprender la evolución de la historia de Colombia, dividiendo cronológicamente en siete generaciones diferentes a las élites gobernantes durante los Siglos XIX y XX.

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6 Memorias. XVIII Congreso Colombiano de Historia

la cordillera de Los Andes siguiente una ruta poco conocida. Avanzó a lo largo de su ardua travesía navegando los ríos Meta, Vichada y Orinoco, hasta llegar a Trinidad, en abril de 1894, cuando culminó una aventura de noventa y un días que inmortalizaría posteriormente en un libro publicado en inglés con el título Down the Orinoco in a Canoe (Nueva York: Thomas Y. Crowell, 1902) y en español como De Bogotá al Atlántico por la vía de los ríos Meta, Vichada

y Orinoco (Madrid: Rev. De Archivos, 1905).

Pérez Triana se estableció en Europa entre los años 1894 y 1906, donde vivió por épocas en Inglaterra, Francia y España. En 1896 en París se casó con Gertrude O´Day, hija de Daniel O’Day, acaudalado gerente norteamericano de Standard Oil Company en Francia. La pareja vi-vió un matrimonio feliz, siendo un oasis para Pérez Triana en el cual encontró la tranquilidad, la comprensión y el amor abrumador que anhelaba. La pareja tuvo un niño, Santiago Pérez Triana, Jr., conocido como Santiaguito y también como Sonny, quien nació en 1898.

Pérez Triana poseía un talento para los idiomas: hablaba con fluidez español, inglés, alemán, francés e italiano. Escritor prolífico, se ganaba la vida como editor de periódicos y revistas y escritor de artículos, ensayos y poesía. Durante ese periodo de su vida, además del libro De Bogotá al Atlántico, publicó otros dos libros: Reminiscencias tudescas (Madrid: Libr. de Fernando Fé, 1902), en el cual plasmó sus recuerdos de la vida universitaria en Alemania, y Tales to Sonny (Londres: Anthony Theherne & Company, 1906), el cual contenía seis historias cortas para niños y estaba dedicado a su hijo.

Sin embargo, a raíz de la muerte de su suegro, en 1906, Pérez Triana, con Gertrude y Sonny, establecieron su residencia permanente en Londres, donde su preciosa casa se con-vertiría en el lugar de reunión favorito de los intelectuales de Europa y América Latina. El aspecto físico de Pérez Triana estaba lejos de ser imponente, ya que como bien lo escribió su buen amigo Eduardo Nieto Caballero, era “un individuo bajito, barrigón, con cara de sapo, que miraba a través de unos lentes muy gruesos”3. El empeoramiento progresivo de la vista que padecía lo dejó casi ciego para cuando falleció; además sufría de ansiedad, insomnio y diabetes. No obstante, ninguno de sus padecimientos alejó a sus amigos, ya que como bien lo expresara otro amigo, Robert Bontine Cunninghame Graham:

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Su alma parecía especialmente modelada para la amistad: Nadie podía per-manecer impasible ante su ingenio, humorismo, su jovialidad o ante la magia de su conversación que acaso constituía el factor fundamental del magnetismo ejercido por su persona sobre todo el mundo4.

Participación en la política colombiana

Mientras Pérez Triana construía una vida gratificante para sí mismo y su familia, siempre se mantuvo en contacto estrecho con lo que sucedía en Colombia. Observador a la distancia de la terrible Guerra de los Mil Días (1899-1902), lo enfureció la participación de los Estados Unidos en la secesión de Panamá en 1903 – acto que calificaba como “piratería internacio-nal”. No obstante que muchos colombianos demostraron su indignación frente a éste hecho, las opiniones de Pérez Triana, expresadas desde Europa, tuvieron gran incidencia. Durante los años subsiguientes, atacó en repetidas ocasiones al Presidente Teodoro Roosevelt, quien afirmaba, “Me apoderé de Panamá”, con reproches, ironías cáusticas, y amargo sarcasmo.

Asimismo, Pérez fue crítico mordaz del General Rafael Reyes, quien gobernó a Colombia como dictador virtual entre 1904 y 1909 –periodo que se conoce como el Quinquenio. En el libro de Pérez, Desde Lejos (Asuntos Colombianos) publicado en 1907 en Londres, Pérez critica-ba a Reyes por gobernar sin los pesos y contrapesos acostumbrados de la Constitución Política de Colombia, y por las políticas de su gobierno de financiar los proyectos de infraestructura negociando créditos externos5. De igual manera denunció los intentos de Reyes de reconocer la independencia de Panamá a través de un proyecto de tratado que negociaron Enrique Cortés, en nombre de Colombia, Carlos Arosemena, en nombre de Panamá y Elihu Root, en nombre de los Estados Unidos. El 1º de mayo de 1909 Pérez envió una carta al Presidente de Estados Unidos, William Howard Taft, instándole a oponerse al tratado, argumentando, entre otras con-sideraciones, que la dictadura de Reyes era ilegal en esencia, y si los Estados Unidos aceptaban el tratado, se convertirían en cómplice de un gobierno fraudulento6. La carta, que se publicó simultáneamente en español e inglés, recibió amplia difusión a ambos lados del Atlántico.

En ella, quedó plenamente establecido que Pérez se había convertido en el defensor efectivo de los derechos de los ciudadanos de América Latina con respecto a las políticas de los Estados

4 Hispania #V:V No. 54 (Junio 27, 1916), 1617-1618

5 Santiago Pérez Triana, Desde Lejos ( Asuntos Colombianos) (Londres: Wertheimer, 1907) XIX.

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8 Memorias. XVIII Congreso Colombiano de Historia

Unidos. De igual manera, ese documento pudo haber cumplido una funciónimportante en las repentinas decisiones de Reyes, a comienzos de junio de 1909, de permitir elecciones en el Congreso que llevaron a que la Unión Republicana, partido de reciente creación, obtuviera las mayorías, y de partir de Colombia de manera intempestiva en búsqueda del exilio en Europa.

Pérez Triana y la Doctrina Drago

Además de sus escritos sobre los asuntos colombianos, las publicaciones de Pérez Triana entre 1899 y 1907 también abordaron otros aspectos de importancia hemisférica. Posterior a 1902 y además de denunciar las actividades de Estados Unidos en Panamá, Pérez Triana se convirtió en partidario entusiasta de la Doctrina Drago y, en su carácter de delegado ante la Segunda Convención de La Haya, en 1907, tuvo acceso al escenario ideal desde el cual defender su propuesta.

Luis María Drago, era un jurista argentino prominente, y ocupaba el cargo de ministro de rela-ciones exteriores en 1902, cuando tres estados europeos (Gran Bretaña, Alemania e Italia) impu-sieron un bloqueo naval sobre Venezuela en un intento por hacer valer pretensiones financieras resultantes del incumplimiento en el pago de bonos por parte de dicho país. El 29 de diciembre de 1902, Drago envió una nota oficial a los jefes de gobierno de los países de América estipulan-do que “la deuda pública no puede dar lugar a la intervención armada, ni menos a la ocupación material del suelo de las naciones americanas por una Potencia europea”7. Posteriormente, Drago se dedicó a reafirmar su posición (conocida como la Doctrina Drago) en dos libros: La República

Argentina y el Caso de Venezuela (1903) y Cobro coercitivo de deudas públicas (1906).8

Esa doctrina fue innovadora en el sentido que rechazaba el derecho de la intervención militar o de la ocupación de un país con el propósito de cobrar deudas en un momento de la historia en el que los gobiernos de países de Europa, así como los Estados Unidos conforma-ban imperios en todo el mundo. Si bien el principio contaba con el apoyo abrumador de los gobernantes de América Latina, las naciones europeas se mostraron poco dispuestas a acep-tar cualquier restricción a sus derechos a recuperar los dineros invertidos en el extranjero. En

7 W.T. Stead, “Introducción,” La Doctrina Drago: Colección de Documentos con una Advertencia Preliminar de S. Pérez Triana y una introducción de

W. T. Stead (Londres: Wertheimer, Lea & Cia, 1908), lxvi. (en adelante citado como La Doctrina Drago).

8 Juan Manuel Pérez, “Drago Doctrine,” Encyclopedia of Latin American History and Culture, ed. Barbara A. Tennenbaum, 5 tomos. (Nueva York:

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diciembre de 1904, Teodoro Roosevelt, en una desviación drástica de la propuesta de Drago anunció que, en consonancia con la Doctrina Monroe, los Estados Unidos intervendrían direc-tamente en conflictos entre países europeos con el fin de hacer valer los reclamos legítimos del país en América Latina antes de permitir que los europeos se valieran de la vía militar para presionar por sus demandas. Durante las tres décadas siguientes, el gobierno de Estados Unidos usaría esa excusa, conocida como el “Corolario de Roosevelt” a la Doctrina Monroe, con el objeto de justificar la intervención de éste país a lo largo y ancho del hemisferio. Por tanto, no deja de ser sorprendente que los países de América Latina, en un intento por defen-der su soberanía de la agresión de Europa y de los Estados Unidos, intentaran que la doctrina Drago fuese aceptada como ley internacional en la Segunda Convención de La Haya, en 1907.

Cuando, el 15 de junio de 1907, se celebró la Segunda Convención de La Haya, los delega-dos que asistieron a la reunión representaban a 44 países, cifra en la que se incluían diez y nueve naciones de América Latina. La delegación colombiana la componían el General Jorge Holguín, el General Marceliano Vargas y Santiago Pérez Triana. Considerando la oposición reco-nocida de éste último al Quinquenio, resultó sorprendente que se le eligiera para ser parte de la delegación. No obstante, el historiador Sergio Ortiz plantea que el nombramiento de Pérez Triana fue el reconocimiento del prestigio del que gozaba en razón de sus escritos en medios de prensa internacionales y su fluidez en los distintos idiomas que se hablarían en las reuniones9.

A lo largo de las reuniones, los delegados aprobaron diversas normas relacionadas con los derechos y deberes de los poderes y de las personas neutrales en situación en guerra en tierra y mar, la siembra de minas submarinas automáticas de contacto; el estatus de bu-ques mercantes enemigos; el bombardeo por parte de fuerzas navales en tiempo de guerra, y la creación de un tribunal internacional de recompensas. Sin embargo, para los países de América Latina, el aspecto más importante objeto de debate se relacionaba con el uso de la fuerza para recuperar deudas contraídas. El 18 de julio, el doctor Drago, miembro de la dele-gación argentina, planteó de nuevo el principio por el que propugnaba en el sentido que nin-gún gobierno extranjero, incluyendo a los Estados Unidos, podría recurrir al uso de la fuerza contra otro país para cobrar deudas. Este planteamiento recibió el rechazo inmediato de los representantes de los Estados Unidos, quienes, como alternativa, propusieron la Convención

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10 Memorias. XVIII Congreso Colombiano de Historia

Porter, la cual estipulaba que cuando un país incumpliera en el pago de una deuda, debería someterse al dictamen de un tribunal de arbitraje con el fin de lograr una solución sobre el monto de dinero que debía y la forma como ese país pagaría esa deuda. Si el estado deudor se rehusaba a acatar la decisión del tribunal, el estado acreedor podría recurrir a la acción militar para obligar al pago de la deuda10.

Con firmeza, los representantes de América Latina rechazaron dicha alternativa y, el 23 de julio, Pérez Triana tomó la palabra para expresar las objeciones de los representantes. Entre otros argumentos, declaró:

Proclamamos la inviolabilidad de la soberanía de los Estados, de acuerdo con la Doctrina Drago. . . Es de temerse que en los casos más serios de arbitraje para impedir guerra, nada se logre …El establecimiento del cobro forzoso crea un nuevo peligro para la paz del mundo…Rechazamos el empleo de la fuerza. Si se pregunta qué ha de hacerse, yo contestaría: Si no podéis resolver el problema satisfactoriamente y en justicia, dejad que las cosas tomen su curso. Es preciso recordar que las deudas nacionales no prescriben, y que lo que una generación no paga lo pagará la siguiente…Sería no un milagro, sino un grave error, poner en manos de los financistas, entre quienes hay algunos que no son ángeles, los medios de facilitar guerras imperialistas, más o menos veladas en sus tenden-cias, contra Naciones débiles. De esas chispas pueden brotar conflagraciones de alcance incalculable11.

La intervención de Pérez Triana, expresada en un francés puro y elocuente, demostró ser una “revelación auténtica” para los demás delegados quienes estaban acostumbrados a es-cuchar pronunciamientos en un francés que a duras penas se entendía –siendo el francés el idioma de la reunión. Su discurso provocó la admiración de los delegados y atrajo un gran aplauso. Reconociendo las habilidades oratorias de Pérez Triana, W. T. Stead declaró: “Con ese orador formidable, un nuevo continente ha surgido”12

. En consecuencia, cuando Pérez regresó a Londres, se había convertido en una figura de talla mundial y, si bien la reunión fra-casó en el intento de adoptar la Doctrina Drago como ley internacional, Pérez Triana continuó abogando por ella hasta su muerte en 1916.

10 “Declaración del General Porter,” La Doctrina Drago, 160-162. 11 Pérez Triana, “Discurso,” in La Doctrina Drago, 113-118.

12 Ortiz, Santiago Pérez Triana, 99. W.T. Stead, fue periodista inglés, con un interés particular en la política reformista y quien en 1890 fundó un

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Pérez Triana y la Doctrina Monroe

En contraste con sus opiniones acerca del Quinquenio, Pérez Triana albergaba plena confian-za en los dirigentes políticos elegidos que sucedieron a Reyes en el cargo.

Miembros del recién conformado Partido de Unión Republicana controlaron el gobierno co-lombiano entre 1910 y 1914, y en 1910 Pérez aceptó el nombramiento que le hizo el Presidente Carlos E. Restrepo para fungir como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Co-lombia ante Gran Bretaña. Frustrado después de ejercer el cargo durante un año, Pérez Triana renunció para dedicar todas sus energías a la fundación de un nuevo periódico: Hispania.

Pérez Triana creó a Hispania como medio de expresión para las opiniones, propósitos y de-fensa de los hispanoparlantes. Publicada en Londres, la edición inaugural del periódico salió a la luz el 1º. de enero de 1912, y las entregas mensuales continuaron apareciendo hasta junio de 1916. Se publicaron 54 ediciones divididas en cinco volúmenes. Con la colaboración de otros colombianos, españoles e ingleses que vivían en Londres, Pérez Triana logró que cada edición del periódico incluyera artículos con contenidos sobre economía, sociología y / o los derechos de las naciones que entonces se debatían en los parlamentos, los círculos políticos y en otras publicaciones. Los editoriales personales e informes de la autoría de Pérez Triana lograron el objetivo de crear una nueva conciencia de los problemas de las relaciones internacionales. “Él se apersona”, escribía un comentarista, “de la defensa de los débiles y se presenta ante la comunidad de naciones como el adalid de la paz y la justicia”13.

Pérez Triana publicó, en marzo de 2012, dos ensayos: “Memorandum sent to the

Latin-Ame-rican Governments” y “A Manifest to the Peoples of America: Wanted a Revised and Extended Monroe Doctrine”14. En ambos ensayos, Pérez presentaba un argumento sólido a favor de la pana-mericanización de la Doctrina Monroe, como una manera de asegurar la paz del hemisferio frente a la división de Europa en dos grupos de poderes en pugna: Inglaterra, Francia y Rusia contra Ale-mania, Austria e Italia. Los hechos pronto corroboraron la preocupación de Pérez Triana acerca de la militarización continua de Europa. El 18 de junio de 1914, el asesinato del heredero al trono de Austria-Hungría, Franz Ferdinand y de Sofía, su esposa, sería el detonante de una guerra de cuatro años en la que se sumergió el mundo y se conocería como “La Gran Guerra”.

13 Ortiz, Santiago Pérez Triana, 110.

14 El “Memorandum” se publicó en Hispania el 1o. de marzo de 1912, y el “Manifest” se publicó en la edición del 12 de marzo del mismo años en The

Review of Reviews. Ambos se publicaron en inglés en Pérez Triana, The Pan-American Financial Conference of 1915 (Londres: William Heinemann,

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12 Memorias. XVIII Congreso Colombiano de Historia

Profundamente preocupado por el conflicto, Pérez Triana envió una carta a José Vicente Concha, recién elegido presidente de Colombia, la cual se publicó en la edición de Hispania del 1º de noviembre de 1914 y un mes después en el New York Times, bajo el encabezado “El renombrado diplomático suramericano sobre la Doctrina Monroe del Futuro: Santiago Pérez Triana, en una carta al Presidente de Colombia, declara que las naciones de éste continente deben unirse para resistir no solamente a la agresión europea son a la de cualquier otro ti-po”15. Pérez instaba a Concha a que en el próximo congreso panamericano presionara a favor de la expansión de la Doctrina Monroe, de manera que ese congreso proclamara que ninguna nación en el Hemisferio Occidental, ni ninguna nación de otros continentes podría violar la soberanía de las naciones de América Latina16.

Pérez Triana tuvo la oportunidad de referirse en mayor profundidad a sus opiniones como de-legado colombiano ante el primer Congreso Financiero Panamericano. Representantes de las naciones de América Latina, así como de los Estados Unidos se hicieron presentes en el Con-greso, reunido en Washington, D.C., del 24 al 29 de mayo de 1915, para, entre otros asuntos, debatir: finanzas públicas, el sistema bancario, financiación de mejoras públicas, y la amplia-ción de los mercados interamericanos. Sin embargo, lo que más preocupaba a Pérez Triana era la seguridad del hemisferio. El 25 de mayo hizo su primera intervención ante la Sesión General, argumentando que “nosotros, los americanos, debemos estar preparados para fortalecer la inviolabilidad de nuestro continente cada día”. Refiriéndose a monarcas europeos rapaces que consideraban el imperialismo como sistema de gobierno, proclamó: “Al continente americano pueden llegar por miles todos sus ciudadanos, pero los acogeremos como multitudes pacíficas no como clanes conquistadores. No tenemos espacio para sus banderas”17.

Fue de tal magnitud el aplauso que siguió a su intervención, que los demás delegados de América Latina escogieron a Pérez Triana como su representante ante el banquete de clausura del congreso, que se celebró el 29 de mayo en horas de la noche. En su discurso, Pérez proclamó:

Nuestras naciones son libres, y vivirán unidas a la libertad en tanto permanez-can fieles y leales a los principios de la democracia; sin embargo, las Américas confrontaron dos fuentes fundamentales de peligros: el exceso de poder que lleva a un imperialismo depredador y al abuso de la soberanía. El imperialismo

15 Hispania III: 3 (noviembre 1, 1914), 1237; New York Times, diciembre 13, 1914. 16 Ibid.

17 Pérez Triana, The Pan-American Financial Conference, 47-56; Proceedings of the First Pan American Financial Conference (Washington D.C.:

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crece a la par con la conciencia del poder, y la soberanía implica obligaciones morales. El manto de la libertad, que debería cobijar a todo el continente y ga-rantizar a toda soberanía, jamás podría ser el manto de la inmunidad para la miseria y el delito.18

No hay duda que Pérez Triana tuvo una participación sobresaliente ante el Congreso Financiero Panamericano, ya que continuó fungiendo como el vocero de los delegados de América Latina durante un periplo posterior al Congreso que organizó el congreso de Estados Unidos. El viaje incluyó la visita a ciudades importantes, como Filadelfia, San Luis, Detroit y Boston, donde dig-natarios locales homenajearon a los delegados. En cada escala, Pérez dio un discurso centrado en la cooperación entre Estados Unidos y América Latina. En Boston, en su intervención en el Club Algonquin, hizo un fuerte llamado por la expansión de la Doctrina Monroe, declarando que “en todas las naciones del continente se debe aplicar y pactar que el territorio de las naciones americanas no es más sujeto de conquista, bien sea desde dentro del continente mismo o des-de fuera des-del mismo”19. En resumen, el discurso de Pérez resultó ser una propuesta en el sentido que la Doctrina Monroe se debería convertir en una unión del hemisferio la que, eventualmente, se convertiría en la Organización de los Estados Americanos (OEA).

A su regreso a Londres, Pérez Triana continuó fomentando sus ideas en Hispania y, en el libro ya citado, The Pan-American Financial Conference. En un ensayo, “Pan- Americanism”, escribía que “El Panamericanismo –el real, el genuino- se basa principalmente en la Doctrina Monroe”. Haciendo énfasis en la necesidad de fortalecer a la Doctrina Monroe de manera que desapareciera toda amenaza de conquista territorial en el hemisferio occidental, llega-ba a la conclusión “en ese esfuerzo, ahora y de ahora en adelante las naciones americanas estarán unidas. Estados Unidos ha abierto el camino: nunca jamás en el futuro adquiriremos una pulgada de territorio por medio de la conquista”20.

Pese a su delicado estado de salud, Pérez también volcó sus energías a apoyar la causa de los Aliados en la Gran Guerra. Siguiendo el ejemplo de Estados Unidos y al igual que la mayoría de gobiernos de América Latina, el de Colombia se declaró neutral en el conflicto. No obstante, desde su lugar de residencia en Inglaterra, Pérez estaba en libertad de expresar sus bien arraigadas convicciones. En julio de 1915 publicó una colección de trece ensayos en

18 Proceedings, 474.

19 Pérez Triana, The Pan American Financial Conference, 99-113. El New York Times reprodujo aspectos clave del discurso de Pérez Triana en un

artículo, “Urges a Covenant to Guard Americas,” publicado en junio 13, 1915.

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14 Memorias. XVIII Congreso Colombiano de Historia

inglés en un libro, Some Aspectos of the War (Londres: T. Fisher Unwin, 1915) (ensayos que el autor publicara originalmente en español en Hispania) en los que, con firmeza criticaba la participación de Alemania en la guerra. El libro fue objeto de grandes elogios tanto en la pren-sa de Estados Unidos como de Inglaterra. Como lo exprepren-saba la crítica del Saturday Review, el libro contenía muchas secciones que valía la pena leer, en particular, porque “el señor Triana es uno de los hombres mejor informados sobre algunos temas y es una personalidad cuya fuerza y encanto lo sienten y reconocen todos sus amigos”21.

Resumen y conclusiones

No obstante la fragilidad de su salud, durante los siete meses siguientes Pérez continuó co-rrigiendo y escribiendo ensayos para Hispania. En marzo de 1916, se mudó con su familia a su casa de campo, en Riverdale Cowley Middlesex. En ese momento, ya casi completamente ciego y enfermo del corazón y de diabetes, era consciente de que le quedaba poco tiempo de vida y el 23 de mayo de 1915 falleció a la edad de 58 años.

Considerando su celebridad internacional, el deceso de Pérez provocó obituarios profusos en los medios de prensa de Colombia, Norte América y Europa. Representativa de su cele-bridad, fue la nota que publicó el New York Times, el 26 de mayo de 1916, bajo el encabeza-do, “Santiago P. Triana ha muerto: abogó por que el Hemisferio Occidental permaneciera en poder de los americanos”22. Como lo expresaban esos obituarios, Pérez publicó importantes libros, poemas y ensayos durante su permanencia en el extranjero, además de desempeñar una función importante en la política colombiana. Sin embargo, desde una perspectiva inter-nacional, el aporte más importante que hizo fue el apoyo que brindó a la Doctrina Drago ante la Conferencia de La Haya en 1907, y los discursos influyentes que pronunció convocando a la adaptación de la Doctrina Monroe al pensamiento latinoamericano, ante el Congreso Financiero Panamericano, en 1915 – discursos que en verdad contribuyeron a mejorar las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, y fomentaron la expansión de la Unión Pa-namericana hasta llegar a convertirse en la Organización de Estados Americanos.

21 Citado en Book Review Digest, 12:662. 22 New York Times, mayo 26, 1916

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Bibliografía

Fuentes Primarias

Proceedings of the First Pan American Financial Conference. Washington D. C.: Oficina de

Imprenta Oficial, 1915.

Escritos de Santiago Pérez Triana, incluyendo libros, panfletos y cartas.

Carta al Presidente Taft: en pro de la honradez internacional. Londres: Wertheimer, Lea & Co, 1909.

De Bogotá al Atlántico por la vía de los ríos Meta, Vichada y Orinoco. París: Imp.

Sudameri-cana, 1897.

Desde Lejos (Asuntos colombianos). Londres: Wertheimer, 1907.

La Doctrina Drago: colección de documentos. Londres: Wertheimer, Lea & co., 1908.

Reminiscencias tudescas. Madrid: Libr. de Fernando Fé, 1902. Some Aspects of the War.

Londres: T. Fisher Unwin, 1915.

Tales to Sonny. Londres: AnthonyTheherne & Company, 1906.

The Pan-American Financial Conference of 1915. Londres: William Heinemann, 1915.

Publicaciones periódicas Book Review Digest

Hispania: política, comercio, literatura, artes y ciencias. Londres: Wetheimer, Lea &Co, 1912-1916.

New York Times

Fuentes Secundarias

Naranjo Villegas, Abel. Generaciones colombianas. Bogotá: El Dorado, 1976. Nieto Caballero, Eduardo. “Santiago Pérez Triana,” Hombres de pasado. Bogotá:

Ediciones Terra Firma Litografía, 1944. pp. 13-36.

Ortiz, Sergio Elías. Santiago Pérez Triana. Bogotá: Editorial Kelly, 1971.

Pérez, Juan Manuel. “Drago Doctrine,” Encyclopedia of Latin American History and Culture, ed. Barbara A. Tenenbaum, 5 vols. New York: Charles Scribner’s Sons, 1966. II: 405. Scarfi, Juan Pablo. “In the Name of the Americas: The Pan-American Redefinition of the

Mon-roe Doctrine and the Emerging Language of American International Law in the Western Hemisphere,” Diplomatic History 40:2 (abril 2016), 189-218.

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Dimensiones

internacionales de la

construcción estatal

en América Latina:

elementos para un

marco conceptual

Profesora Asociada Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales IEPRI Universidad Nacional de Colombia [email protected]

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Dimensiones internacionales

de la construcción estatal en

América Latina: elementos

para un marco conceptual

Diana Marcela Rojas

Profesora Asociada Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales IEPRI Universidad Nacional de Colombia [email protected]

Resumen

El surgimiento del sistema de estados europeo y la consecuente expansión imperial que se da partir del siglo XVI contribuyen a la generalización de la forma del estado-nación y dan lugar a la estandarización y difusión hacia el resto del mundo de las formas políticas desa-rrolladas inicialmente en Europa. Esta evolución tendrá un papel decisivo en los procesos de formación del Estado en América Latina en los siglos posteriores.

En este trabajo se presenta un marco conceptual general para el estudio de los procesos de construcción estatal en América Latina a partir un enfoque global; este marco se sustenta en la idea de que para la región se dio un proceso fundamentalmente “exógeno”, es decir,

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18 Memorias. XVIII Congreso Colombiano de Historia

más de afuera hacia adentro, en contraste con la dinámica más “endógena”, de adentro hacia afuera, que caracterizó la formación de los estados europeos. A diferencia del plan-teamiento de Charles Tilly acerca del papel de la guerra como motor del inicial desarrollo institucional europeo, se plantea aquí que el impulso principal que dio lugar a los estados en América Latina provino de la introducción de la lógica y las formas de una economía capita-lista en vías de expansión por parte de los países centrales. Para el análisis de la génesis del estado en la región se propone una periodización que abarca tres etapas. Dado que se trata de un trabajo de carácter teórico las fuentes son de carácter secundario e interdisciplinario.

Palabras clave: Construcción estatal, América Latina, capitalismo, desarrollo institucional, marco conceptual, enfoque global.

En el estudio del proceso de desarrollo institucional ha predominado el enfoque del naciona-lismo metodológico. A pesar de una extensa producción académica que analiza en detalle las dimensiones internacionales de este proceso, generada principalmente desde la disciplina his-tórica, y en menor medida desde la sociología y la economía, el análisis de la construcción esta-tal en América Latina sigue siendo estudiada a partir de la radical dicotomía interno/externo. Es el caso de los programas de formación y de investigación de la ciencia política en nuestro país.

El presente trabajo tiene como propósito plantear algunos elementos para la ampliación del marco conceptual a través del cual se ha estudiado el proceso histórico de construcción estatal en América Latina en la disciplina de la ciencia política; la adopción de un enfoque global como el que aquí se propone busca contribuir tanto en la definición de nuevas agendas de investigación como en la formación de los futuros politólogos.

Un enfoque global

El nacionalismo metodológico hace referencia al predominio de una perspectiva en la que se asume el estado-nación como unidad fundamental de la vida social y política. Este enfoque dio forma y dirección a un relato que ha prevalecido en el conjunto de las ciencias sociales acerca de la manera como se dio el desarrollo institucional en las sociedades modernas.

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En el caso del proceso de construcción del estado-nación en América Latina se asume una especie de teleología en la que el estado ya habría existido en embrión incluso durante el periodo de la colonización española; seguidamente habría hecho eclosión con los procesos de independencia y se habría desarrollado en una particular y determinada senda a lo largo del siglo XIX, hasta consolidarse como estado moderno propiamente dicho ya alcanzado el siglo XX. Hay así una tentativa de comprender cómo se constituyó el estado partiendo de una visión ex ante del estado mismo.

Uno de los puntos de referencia de la definición del estado moderno ha sido la distinción entre un ámbito nacional separado y diferenciado de un ámbito internacional, que asume como presupuesto la existencia de entidades auto-contenidas que, a la manera de átomos, constituyen una estructura mecánica denominada sistema interestatal.

En esta narrativa lo que se identifica como escenario internacional aparece como un con-texto que acompaña, enmarca y, en el mejor de los casos, influencia la construcción estatal comprendida fundamentalmente como un proceso endógeno. Ello explica por qué en el análi-sis de la formación de los estados suele prestarse más atención a las variables “domésticas” que a las dinámicas “externas”. En esta visión, se toma como punto de partida la idea del estado territorial en el que las actividades políticas, sociales, económicas y sociales confluyen todas en un mismo espacio delimitado. En la visión del nacionalismo metodológico, el estado es pensado desde las categorías que ha establecido el propio estado, en un contexto autorre-ferencial que no permite pensarlo por fuera de sí mismo.

Una perspectiva global apunta a un cambio de óptica en la comprensión de los fenómenos sociales que abandona el nacionalismo metodológico al problematizar el estado nacional como la premisa epistemológica que subyace a la comprensión estandarizada de los fenó-menos políticos modernos. La globalización, entendida como intensificación de las relacio-nes sociales a escala planetaria (Giddens, 1999, págs. 15,19), ha hecho patente el carácter construido y, por tanto histórico, de la forma estado y de su marco nacional justamente en el momento en que se ve desbordado, transgredido, cuestionado, por el incesante flujo de bie-nes, ideas, valores, personas que se entrecruzan a lo largo y ancho del planeta. Este carácter reflexivo de la modernidad tardía hace urgente la necesidad de pensar otros marcos referen-ciales no sólo para reflexionar sobre el presente y el futuro del estado sino para repensar el proceso que dio lugar a su formación.

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Estaríamos hablando entonces de una comprensión del estado moderno que toma distan-cia de los referentes de lo que Beck denomina la “primera modernidad”. (Beck, 2004). Exami-nar el proceso de formación del estado moderno implica salirse de las categorías de análisis de la propia modernidad, pensarlo desde fuera, a partir de otros referentes; esto es pensar la modernidad antes de que se instituyera como tal. Es a este desafío al que apunta Bourdieu cuando señala que de cierta manera estamos atrapados en el pensamiento de la forma es-tado para poder pensar el eses-tado, y que la vía para superar este obstáculo es hacerlo desde su génesis. (Bourdieu, 1996), (Elias, 1994). Estudiar el proceso de formación del estado con-siste fundamentalmente en “des-sustanciarlo” y “des-naturalizarlo”. Des-sustanciar al estado significa dejar de concebirlo como un algo dado, como una unidad coherente, perfectamente sincronizada; des-naturalizarlo implica verlo no como algo estático sino más bien dinámico, resultado de procesos entrecruzados que se desarrollan en el tiempo sin seguir una dirección predeterminada ni obedeciendo a un impulso teleológico que lo habría llevado de una forma incipiente, primigenia su una forma acabada, definitiva.

Con la superación del marco referencial de la primera modernidad identificado con el nacionalis-mo metodológico, a partir de la “segunda nacionalis-modernidad” que sería aquella que emerge de la experien-cia de la globalización, es posible ubicarse en perspectiva y repensar el estado en su sociogénesis. Un enfoque global nos permite superar la idea prevalente de que la construcción de los estados latinoamericanos corresponde tan solo a la trasplantación de una forma acabada de institucionalidad, la del moderno estado europeo, que simplemente se replica o al menos se intenta aclimatar en las tierras americanas.

Como veremos, cambiamos este presupuesto por la idea de que no hay un modelo de estado nación propiamente dicho que se defina y se desarrolle previamente en Europa y que luego se implante en las nuevas repúblicas. Más bien lo que tenemos es una interacción permanente entre los imperios europeos y las colonias americanas que se irá intensificando con el tiempo en el que primero se construyendo los estados imperiales del atlántico, y luego con los procesos de independencia se darán experimentos institucionales en Europa y en América hasta llegar a fijar de manera diferencial los contornos de lo que será el estado-nación moderno en América Latina. En este mismo sentido resulta útil la idea de modernidades múltiples de S. N. Eisenstadt. Esta noción se opone a la perspectiva de las teorías “clásicas” de la modernización que asu-men que “el programa cultural de la modernidad que se desarrolló en la Europa moderna,

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y las nociones institucionales básicas que ahí surgieron, dominarían en última instancia en todas las sociedades modernas y en vías de modernización; con la expansión de la moderni-dad, prevalecerían en todo el mundo.” (Eisenstadt S. N., 2013, pág. 129) El autor reconoce que si bien en las sociedades latinoamericanas el punto de referencia crucial (y a menudo ambivalente) fue el proyecto occidental europeo original, hay una tendencia general hacia la diferenciación estructural en la mayor parte de estas sociedades que, a través del tiempo, dio lugar a múltiples patrones institucionales e ideológicos.

Así, en lugar de una historia lineal y teleológica de la modernidad, la noción de moderni-dades múltiples, plantea una historia “de constitución y reconstitución continua de múltiples patrones institucionales e ideológicos promovidos por actores sociales específicos en busca de diferentes programas de modernidad que sostienen puntos de vista muy distintos sobre qué hace modernas a las sociedades”. (Eisenstadt S. N., 2013, pág. 130).

Partiendo de estas ideas se plantea una periodización tentativa para la reconstitución de la génesis del estado latinoamericano: una primera etapa que correspondería a la construc-ción el estado imperial y del orden colonial en Hispanoamérica; una segunda etapa centrada en la disputa entre el orden imperial y una variedad de configuraciones institucionales que se abren con las independencias y que se extienden hasta mediados del siglo XIX; una última etapa caracterizada por la confluencia de factores políticos, económicos, sociales e interna-cionales que darán lugar a la instauración de un estado moderno propiamente dicho. Este período abarcaría la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX.

Primer periodo: La construcción del estado imperial

Estudiar la construcción del estado en América Latina implica analizar en primera instancia cómo los imperios estatales europeos se constituyeron y ejercieron su poder en los territorios coloniales. Hay una “dependencia mutua” en los imperios transatlánticos.

El desafío de este período radica en ir más allá de la idea de una “europeización” de las Américas en los procesos de conquista y colonización y enfatizar que las formaciones coloniales fueron parte y tomaron parte en la cristalización de la configuración cultural económica y política de Europa. Los dos procesos, la formación de los estados europeos y la colonización de América son parte de un proceso común más amplio, el de la constitución de la modernidad (o modernidades) Atlántica.

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El ejercicio del poder imperial crea una entidad política nueva, una forma de organización y de ejercicio del poder político que no se limita a las formas del estado nacional europeo. Es una arquitectura institucional que integra en relaciones de mutua dependencia las metrópolis con las colonias. Entre los dos continentes se dio un intercambio de recursos, de bienes pero también de formas institucionales, de ideas y valores. Se trata entonces de estudiar la formación del estado en un marco intercontinental, más que en uno exclusivamente europeo. (Smith, 2006).

Los Estados occidentales intentaron replicar y extender las instituciones europeas en las formas estatales que fueron exportadas al mundo no europeo. Pero ello estuvo condicionado por las circunstancias regionales, políticas, económicas y culturales.

Smith señala tres dimensiones para el estudio de la formación del estado en la conver-gencia entre Europa y las Américas: la primera concierne a la dinámica de la construcción institucional, a la puesta en marcha del engranaje de los estados imperiales atlánticos. La segunda hace referencia al papel de los estados imperiales en el desarrollo del capitalismo temprano, y la tercera se refiere al alcance de la civilización occidental.

De este modo, uno de los principales desafíos para el desarrollo institucional durante este período lo constituye el “gobierno a distancia”. El gobierno de un imperio colonial implica un cambio de escala en el ejercicio del poder político. Ese cambio tiene que ver con las varia-ciones de los elementos constitutivos del estado: el tamaño del territorio, las distancias y las condiciones para las comunicaciones, los recursos que se requieren para la administración, las formas de ejercicio de la coerción, el reconocimiento de la población hacia el monarca, la identidad de las poblaciones. Es decir, los parámetros de referencia que se establecen con el modelo de estado nacional en Europa se ven confrontados, cuestionados, adaptados, modi-ficados en la experiencia del gobierno imperial.

Este cambio de escala implicó no sólo un cambio cuantitativo sino y sobretodo cualitativo en la forma de ejercicio del poder que irá desarrollando una institucionalidad caracterizada por una creciente brecha entre el poder formal, fuertemente legalista y centralizado, y las prácticas in situ en las que las formas de regulación se acomodan, reinterpretan o franca-mente se ignoran de acuerdo con el balance de fuerzas y los intereses locales. El resultado fue un gobierno en constante tensión cuyo ejercicio soberano estaba limitado por una brecha permanente entre la autoridad legal y formal y el poder de facto.

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trasatlánticos y de su capacidad de ejercer una soberanía tanto interna como externa en sus dominios. (Smith, 2006, pág. 39)

El orden colonial estuvo atrapado en un nudo de intereses en competencia entre las autori-dades europeas (y la civilización que ellas representaban) y el carácter de sus dominios ameri-canos. Debido a ello, este orden colonial puede ser descrito en términos tanto positivos como negativos: de modo negativo, debido a la falta de gobierno imperial efectivo. De modo positivo, debido a las autonomías institucionales que ese orden colonial crea o captura para sí mismo.

Otro aspecto central lo constituye el papel que jugaron los estados imperiales en el desarrollo del capitalismo temprano a partir de lo cual se analiza la relación entre el estado y la economía. Dos aspectos se destacan en este período: de un lado, el desarrollo del mercantilismo como un sistema de políticas instrumentales a través de las cuales los estados imperiales trataron de crear condiciones óptimas para el avance del intercambio y el comercio; y de otro lado, el comercio trasatlántico de esclavos y su impacto en la expansión de las redes comerciales y la adopción de prácticas capitalistas más intensas y sofisticadas. (Smith, 2006, pág. 141).

El lugar de las colonias hispanoamericanas en la civilización occidental es otro de los elemen-tos a considerar en el estudio de la génesis del estado. Como lo señalara Carmagnani, el subcon-tinente se constituye en términos civilizatorios como una “alteridad” de la modernidad occidental en la que las áreas latinoamericanas y europeas se vieron sometidas a un influjo recíproco: “la occidentalización del mundo americano no se verifica linealmente a partir de un momento de-terminado de la historia en la que se destruye a las civilizaciones precedentes. Se examina más bien un proceso histórico que avanza a tentativas, impulsando la interacción entre protagonistas, vectores y dimensiones americanas y no americanas.” (Carmagnani, 2004, pág. 12).

La afirmación de la pertenencia a la civilización occidental, aun teniendo en cuenta las variantes y especificidades de América Latina, se explicaría, según algunos autores, por la relativa debilidad de los criterios primordiales en la definición de sus identidades colectivas. En el contexto latinoamericano, por encima de criterios como la lengua, la etnia, el origen o la religión, la territorialidad definida en términos administrativos prevaleció como punto de refe-rencia para establecer la pertenencia a una misma comunidad. (Roniger & Waisman, 2002). Para Eisenstadt “las orientaciones hacia la Madre Patria, hacia los centros de la cultura occidental, más tarde hacia los centros culturales europeos, constituyeron modelos y puntos de referencia continuos, a un nivel quizá sin precedentes en cualquiera otra sociedad. Para

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los colonos en las Américas, la confrontación con la modernidad, con “el Occidente”, no im-plicaba una confrontación con una cultura ajena que se les imponía desde afuera, sino un ejercicio reflexivo para reconciliarse con sus propios orígenes. Dichos encuentros a menudo se fusionaban con una búsqueda por encontrar su propio y claro lugar dentro del marco más amplio de la civilización europea, u occidental.” (Eisenstadt S. N., 2013, pág. 136)

Este “otro Occidente” habría de enfrentar a los problemas de la disolución de los vínculos coloniales que surgen con el proceso de independencia.

Segundo período: La ruptura con el orden colonial

El segundo período a considerar se inicia con una reconfiguración del estado imperial a raíz de la intensificación de la rivalidad entre los imperios europeos y su impacto en los territorios de ultramar. La guerra de sucesión española y la guerra de los siete años redefinen el balance de poder ambos lados del Atlántico, dando lugar al cambio de dinastía en España y con él, a un reno-vado impulso por establecer un dominio más racional y centralizado sobre sus colonias. El ascenso de los Borbones trae consigo la recomposición de los arreglos institucionales del im-perio. Se desarrolla una estrategia de modernización que incluyen elementos del fisiocratis-mo, la liberalización del comercio y la agresión mercantilista en la explotación de los recursos.

Con las reformas borbónicas se reorganiza el aparato administrativo, la armada y el co-mercio imperial. Se buscaba con ello reducir la amplitud de las responsabilidades del imperio español, aliviándolo de cargas militares y financieras.

Se intentó incrementar el control metropolitano sobre las esferas de regulación de la admi-nistración colonial, las comunicaciones, el transporte, la producción y la distribución. La estrate-gia de los borbones consistía en reconsolidar el imperio atlántico a través de una forma particu-lar de centralismo construido alrededor de la expansión de la burocracia monárquica en el que se alteraba la composición del personal del gobierno colonial. Antes, la designación de criollo e incluso de indígenas en cargos públicos era común. A partir de 1760 la designación de peninsu-lares para los cargos coloniales desplazó a algunos criollos y nativos civiles. Se produce así una exclusión parcial de los criollos que provoca una mayor rivalidad étnica con los peninsulares.

Esto dio lugar a un aumento de las tensiones entre los órdenes imperiales y coloniales; de un lado se ponían en duda las lealtades existentes y se magnificaban las subjetividades

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americanas; y de otro lado, se apuntalaba el sentido de la autoridad legítima por parte de la burocracia imperial. (Smith, 2006, pág. 248).

Fuente de conflicto fueron también la liberalización del comercio y la apertura de los puer-tos al comercio intra-colonial a las que se opusieron los comerciantes en la Américas que se habían beneficiado del monopolio del comercio y aprovechado del contrabando.

Si bien la conflictividad entre los órdenes coloniales y la jurisdicción imperial iba a en au-mento desde finales del S. XVIII, ella por sí misma no explica la eclosión de los movimientos independentistas. La invasión napoleónica a la península y la destitución de Fernando VII da-rán lugar a un vacío de poder que hará visibles las profundas divisiones que existían al interior de las sociedades coloniales en prácticamente todas las dimensiones.

De allí la pertinencia de retomar en el análisis de este segundo período el debate sobre las interpretaciones de la desintegración imperial en referencia primariamente al auge del naciona-lismo como una fuerza orientadora de la independencia. Esta visión proviene del influjo de las historias nacionales del siglo XIX. (Appleby, 1992, págs. 22-23). Por su parte, Eisenstadt señala que bajo el gobierno de elites metropolitanas distantes, los americanos proyectaron lealtades di-ferentes y en competencia no fácilmente subsumibles bajo la noción de nacionalismo. (Eisenstadt S. N., 1998). De este modo, en el contexto americano, las políticas de independencia se habrían desarrollado en un terreno de mezcla entre identidades y lealtades imperiales y coloniales.

Asimismo se ponen en cuestión las interpretaciones que otorgan un papel decisivo al influ-jo de las ideas republicanas. Si bien en las revueltas de las colonias españolas el pensamien-to de la ilustración estuvo presente, la cultura política generada en el origen del conflicpensamien-to no era en sí misma republicana. Las revueltas no estuvieron acompañadas de una serie de ideas y de prácticas asimiladas e interiorizadas por el conjunto de la sociedad colonial que sirvieran de base para poner en cuestión el gobierno imperial en nombre de principios distintos y con-siderados superiores al asentado sustento ideológico del imperio.

Durante este periodo el cambio político es visto a la vez con entusiasmo y recelo. Dada la deriva de la revolución francesa, los excesos de la revuelta negra en Haití y el consabido te-mor de las elites criollas frente a los levantamientos populares, se consideraba que el cambio político debía ser limitado, progresivo y controlado.

Una vez adquirida la independencia la vida estatal se organiza sobre la base de un orden constitucional escrito, lo que representa la discontinuidad principal entre el viejo orden

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colo-26 Memorias. XVIII Congreso Colombiano de Historia

nial y la nueva vida independiente: “A partir de esta base constitucional, los estados latinoa-mericanos se dieron a la tarea de conquistar la unidad interna necesaria para garantizar la soberanía nacional combatiendo las potentes tendencias disgregantes al interior mismo de sus países.” (Carmagnani, 2004, pág. 145).

Como se señaló al inicio, la formación estatal es un proceso de creación institucional y no solamente de la consolidación de arreglos existentes ni tampoco de seguir un exhaustivo patrón determinado. Así, las variaciones entre las formaciones estatales latinoamericanas que se configuraran en el periodo siguiente estarán basadas en las trayectorias específicas y diferenciadas seguidas por las rebeliones contra la administración imperial. (López-Alves, 2000, págs. 4-6). Igualmente, las transformaciones institucionales se irán ajustando a las condiciones planteadas por un entorno internacional cambiante.

Tercer período: La configuración de estados modernos

Pasada la agitada etapa de inestabilidad y recomposición de las jóvenes repúblicas, carac-terizada por continuas guerras civiles, cambios de régimen y ensayos constitucionales, en el tercer período se irán paulatinamente abriendo paso arreglos institucionales más permanen-tes que darán forma a los estados modernos ya entrado el siglo XX.

Durante este periodo el elemento dinamizador de la construcción estatal será la consolidación del modo de producción capitalista que se despliega ya a nivel planetario. La revolución industrial con sus innovaciones tecnológicas en los ámbitos del transporte y las comunicaciones disminuye las distancias geográficas y acelera el flujo de bienes, ideas, personas y prácticas sociales. La pro-ducción industrial intensifica los intercambios impulsando el comercio internacional y con ello las políticas librecambistas. La oferta latinoamericana se alinea con la demanda internacional gene-rando un crecimiento de las exportaciones de la región, fundamentalmente de materias primas, así como de las importaciones de bienes manufacturados; estas últimas ya no solo dirigidas al consumo directo pues se comienzan a importar también bienes intermedios y de capital dirigidos a una desarrollar una incipiente producción nacional. (Bertola & Ocampo, 2012).

En su doble condición de agente y agenciado, el estado tendrá un papel central en la ge-neralización de las condiciones económicas de tipo capitalista al mismo tiempo que seguirá siendo moldeado por las fuerzas del mercado. El estado latinoamericano será fundamental

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en la creación de una economía nacional tanto en lo concerniente a la dinamización del sec-tor exportador como en el establecimiento de formas de regulación del trabajo asalariado, la movilidad de la mano de obra y el desarrollo de infraestructura que conecte los mercados regionales así como las zonas de producción con los puertos. (Saylor, 2014, págs. 32-34)

La modernización de la gestión estatal de la economía será un requisito indispensable para la integración en los circuitos internacionales. Ello implicará una racionalización de los presu-puestos estatales, la implementación de nuevos sistemas fiscales y la recomposición del gasto público, particularmente en relación con el manejo de la deuda externa. La puesta en marcha de una economía financiera también requerirá de la acción estatal que implica la creación o la reglamentación de instituciones como los institutos de crédito, los bancos comerciales, las bol-sas de comercio y posteriormente los bancos centrales. Abarca también la regulación de nuevos servicios financieros, la adopción del patrón oro y el fomento a la inversión extranjera.

Estas transformaciones van acompañadas del gradual afianzamiento un orden político liberal basado en el constitucionalismo, con el reconocimiento de la igualdad jurídica y la ga-rantía de libertades fundamentales, la instauración de sistemas de representación política, la consolidación de una esfera pública y el establecimiento de una administración pública moderna. (Garavaglia & Ruiz, 2013).

De otra parte, a partir de la segunda mitad del siglo XIX los estados latinoamericanos serán reconocidos como miembros plenos del sistema internacional en la medida en que pueden exhibir las formas propias de un ejercicio soberano del poder.

En este sentido la adopción de la forma del estado moderno occidental se convierte en un requisito para formar parte del sistema internacional y por tanto en un condicionante en el proceso de construcción estatal. Al mismo tiempo, la aceptación del derecho internacional, la implementación de dispositivos diplomáticos y el fomento de la capacidad militar les permite a los estados de la región afirmar su soberanía frente a las múltiples tentativas intervención extranjera, la amenaza del nuevo colonialismo europeo que se cierne sobre África y Asia, y el expansionismo estadounidense. (Carmagnani, 2004, págs. 206-208).

Para concluir, en los tres periodos considerados en el análisis de la construcción estatal en América Latina es posible identificar una fuerte interacción entre los factores “internos” y “externos” que nos permiten afirmar que la génesis del estado en la región tendría una ca-rácter más “extravertido”, en el sentido de una construcción de afuera hacia adentro que uno

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28 Memorias. XVIII Congreso Colombiano de Historia

“introvertido” de adentro hacia afuera” como habría sido el caso de las formación de los es-tados europeos. (Tilly, 1992). En este proceso, el desarrollo de una economía capitalista y la inserción de los países latinoamericanos en los circuitos comerciales internacionales será el motor de su construcción estatal. Inicialmente dentro del marco de la economía mercantilista de los imperios atlánticos, y a partir del siglo XIX, con el impacto de la revolución industrial y el auge del comercio internacional. Será esta dinámica capitalista y la necesidad de adaptarse a su lógica y sus prácticas la que le dará un carácter específico al desarrollo institucional de la región. Desde la perspectiva global aquí propuesta se hace necesario revisar tanto el enfoque del nacionalismo metodológico como varias de las categorías con las cuales se han estudiado hasta ahora tales procesos.

Bibliografía

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Smith, J. (2006). Europe and the Americas. State formations, civilizations and capitalism in

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El general colombiano

Rafael Reyes en México:

su participación en la

segunda conferencia

panamericana, su

proyecto de interconexión

continental

fluvial-ferroviaria, su concepto de

“pan-ibero-americanismo”

y la influencia del

porfirismo en su posterior

administración

Investigador Pos-doctoral — Instituto de Geografía-UNAM [email protected]

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El general colombiano Rafael Reyes

en México: su participación en la

segunda conferencia panamericana, su

proyecto de interconexión continental

fluvial-ferroviaria, su concepto

de “pan-ibero-americanismo”

y la influencia del porfirismo en

su posterior administración

David Alejandro Ramírez Palacios

Investigador Pos-doctoral — Instituto de Geografía-UNAM [email protected]

Resumen

Antes de ser presidente de Colombia, Rafael Reyes residió entre octubre de 1901 y marzo de 1903 en la capital de México, primero como delegado a la II Conferencia Panamericana y, pos-teriormente, como representante diplomático en este país. Como registrado abundantemente en la prensa local, Reyes fue uno de los principales protagonistas del evento, primero, debido a un brindis dedicado a España que generó una polémica internacional y lo obligó a dar explica-ciones; y, en segundo lugar, debido al entusiasmo producido por el relato de sus exploraciones

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32 Memorias. XVIII Congreso Colombiano de Historia

en las regiones amazónicas (ocurridas de 1874 a 1884), así como por su proyecto —acompa-ñado de mapa— de interconexión continental fluvial-ferroviaria. En la Ciudad de México, Reyes mantiene una vida pública muy activa. Cultiva relaciones con el gabinete y profesa elogios ha-cia el gobierno de Porfirio Díaz. ¿En qué consistió la controversia derivada del brindis de Rafael Reyes? ¿Cuál fue la reacción de la Conferencia a sus relatos amazónicos? ¿En qué consiste su concepto de “Pan-Ibero-Americanismo” y su proyecto de interconexión continental? ¿Qué in-fluencia ejerció el modelo porfirista en su pensamiento y posterior administración de Colombia? Para desarrollar estos temas examinaremos, principalmente, la prensa mexicana de la época.

Palabras clave: Rafael Reyes (1850-1921), Segunda Conferencia Internacional Americana, Pan-Ibero-Americanismo, ferrocarril transcontinental, Porfirio Díaz (1830-1915), Colombia, México

Introducción

Al llegar a la Ciudad de México, en octubre de 1901, con el objeto de representar a Colombia en la Segunda Conferencia Internacional Americana, el General Rafael Reyes (1850-1921) poseía ya una reconocida y notable trayectoria.

Había tenido éxito en la exportación de quina e importación de mercancías europeas, pri-mero por la ruta del ferrocarril de Panamá y Tumaco hasta Popayán; y, luego, abriendo la ruta del río Putumayo desde Pasto hasta el Pará por el Amazonas brasilero, manteniendo este comercio por una década hasta 1884.1

Sin proponérselo, ingresó a la guerra civil que comenzaba ese año, en la que acabó jugan-do un papel destacajugan-do.2

Por este camino entró a la política, como diputado constituyente y en los ministerios de Fomento y Gobierno.

Del retiro, es llevado de nuevo a las guerras civiles en 1895, siendo su actuación, una vez más, decisiva para la derrota de la revolución.3

1 Sobre la fase amazónica de Reyes puede consultarse: David Ramírez Palacios, “Rafael Reyes e o rio Putumayo ou Içá”, Terra Brasilis (Nova Série).

Revista da Rede Brasileira de História da Geografia e Geografia Histórica, núm. 5 (el 30 de diciembre de 2015), doi:10.4000/terrabrasilis.1744.

2 Incluyendo una acción importante en el istmo de Panamá, la aventura del Pontón, relatada en la única biografía de Reyes disponible hasta hoy, la

clásica de Lemaitre de 1953: Eduardo Lemaitre, Rafael Reyes: biografía de un gran colombiano, 4a ed. (Bogotá: Banco de la República, 1981).

3 Mario Aguilera Peña, “Cien años de la guerra civil de 1895: con arcos de triunfo celebró Rafael Reyes la victoria de la Regeneración”, Credencial

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Su elevado prestigio decide al gobierno a enviarlo —alejarlo— a Europa como representante de Colombia en París, a pesar de lo cual alcanza la tercera votación en las elecciones presi-denciales de 1898. Dos años antes, debido a su peso militar, ya había sido “Designado” por el Congreso para “ejercer el Poder Ejecutivo” en caso de falta del Presidente y del Vicepresi-dente —en este caso Sanclemente y Marroquín, respectivamente.4

En 1899 estalla una nueva guerra civil, durante la cual Marroquín derroca a Sanclemente, lo que explica que al llegar a México Reyes sea presentado no sólo como “Designado” sino también como “vicepresidente”.5

Reyes se había mantenido hasta ahora alejado del conflicto, sin embargo los periódicos mexicanos desde el comienzo lo dan como próximo presidente y pacificador del país.

(De hecho —y esto parece no ser conocido por la historiografía del país—, en cierto momen-to se irán a acumular en esta ciudad tres comisiones distintas, inclusive con representantes rebeldes, con la misión de ofrecerle a Reyes la presidencia de la República.)

Reyes viene desde Washington, en el tren especial dispuesto por el presidente Roosevelt para conducir a las delegaciones de los diferentes países residentes en esa ciudad hasta la capital mexicana.6 Antes de partir, Reyes es recibido en audiencia por el presidente norteamericano.

En Panamá se mantenía la resistencia rebelde, por lo cual navíos de guerra norteamerica-nos custodiaban ambos extremos de la ferrovía transoceánica.

Estados Unidos acababa de independizar Puerto Rico, Cuba y Filipinas del dominio de España —de hecho, a Cuba no le fue permitido participar en la Conferencia. Simultáneamente, concretaba la compra de las Antillas Danesas. “Next in order”, se encontraba la cuestión del canal “ístmico”, por Panamá o por Guatemala, bajo “absoluto control” norteamericano.7 Inglaterra se desgastaba combatiendo a los bóeres, y dejaba libre a Estados Unidos para decidir en esta cuestión.8

Venezuela enfrentaba también convulsiones internas y los gobiernos de ambos países (conserva-dor en Colombia y liberal en Venezuela) apoyaban descaradamente al bando rebelde del país vecino.

4 Lemaitre, Rafael Reyes: biografía de un gran colombiano, 172.

5 El presente trabajo se basa principalmente en la prensa mexicana de la época, principalmente en los periódicos El Tiempo, El Correo Español,

The Mexican Herald y El Imparcial, entre otros, accesibles a través de la Hemeroteca Nacional Digital de la Universidad Nacional Autónoma de

Méxi-co <http://www.hndm.unam.mx/>. AgradezMéxi-co al investigador de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, Chet van Duzer, por su ayuda en la localización de algunas reacciones de la prensa de ese país al brindis ofrecido por Reyes a la “Madre Patria” y otros documentos.

6 El único libro sobre la Segunda Conferencia Pan-Americana es contemporáneo a ella: John Vavasour Noel, History of the Second Pan-American

Con-gress, with Notes on the Republic of Mexico (Baltimore, Md., Gugenheimer, Weil & Co., 1902), http://archive.org/details/historyofsecondp00noel_0.

7 “Hay tells of the hopes of America”, The Mexican Herald, el 20 de noviembre de 1901, 1, Hemeroteca Nacional Digital de México, http://www.

hndm.unam.mx/.

Referencias

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