Aisthesis
Ny25-26,
1992-93
Facultad
de Filosofía
Instituto
de
Estética
Pontificia Universidad Católica de Chile
Santiago
-Chile
EXPERIENCIA
ESTÉTICA
Y
CONCIENCIA
ECOLÓGICA
1. Introducción
Este
artículono pretende ser unanálisis científico
de la
crisisdel
medioambiente,
cuya complejidady
proyecciones no sonfáciles de
dimensionar.
Solamente deseamos
subrayar un aspecto que no
ha
sido realzadoconvenientemente,
como ocurre conla
incidencia
del factor
estético en eldesarrollo
de
una con cienciaatenta ala
armoníade
nuestro
entorno.A
manerade
introducción,
de
marco
preparatorio,
consideremoslo
que ocurre endos
grandesámbitos:
la
ciudady
la
naturaleza.En
relaciónala
ciudad,
verificamosun
fenómeno
que,
comosantia-guinos, todos
estamossufriendo,
y
que ofrece una pautade
lo
que está por ocurrirenotros centrosurbanosde
nuestro país: merefiero al crecimiento
desordenado
de
nuestra capital,
que está saturandolos
espa cioshabitables,
hasta
tal
punto que se pierdela
privacidadfamiliar.
Cuántas
veceshemos
escuchadoy
leído
las
quejasde los
habitantes
de
departamentos,
cuyohabitat
notie
ne apertura alhorizonte,
rodeadoRadoslav Ivelic K.
por otros edificios que encajonan el
espacio,
quesólo se abren al espaciode
los departamentos
vecinos,
oquemiran
desde
lo
altoala
pobrecasade
un pisoode dos
pisos,
consujardín
que,
de
pronto,
quedódespojada
de
suintimidad.
Hay
otradensidad
poblacional,
que sehace
sentir,
con otrorostro,
en elcordónde barrios
que rodean ala
ciudad,
donde
la
pobreza obligaaunhacinamiento
eincluso
a unapromiscuidad
degradante.
Este
crecimientodesorbitado
trae,
comoconsecuencia,
saturacióndel
tránsito,
ruidoambiental,
polución
del
aire,
desechos
orgánicos eindustriales
que contaminanlas
aguas,
desechos
sólidos que se constituyen en enormesbasurales,
desechos
nodegradables
quela
naturaleza
esincapaz
de
asimilar.Agreguemos
aestecuadro,
la dismi
nución cada vez mayor
de
espaciosde
recreación: menor cantidadde
plazas,
menor cantidadde
parquesy
retro cesode
la
naturalezaautóctona,
enla
misma medida en que avanza elentorno artificial
fabricado
por elhombre.
En
síntesis, nuestra capitalha
ingresado
al nada envidiable grupode las
megápolis cosmopolitasy
des
personalizadas que abundan en nuestro planeta.
En
cuanto aldeterioro
de la
naturaleza,
éste
sehace
presente,
entre otrascausas,
através
de
la
quemade
especies vegetales—recordemos
los
cientosde
kilómetros
erosionados,
alo largo de la
carreteraaustral.Agre
guemos a esto
la
tala
indiscriminada
de
bosques
nativosy
el exterminio oel peligro
de
extinciónde
muchos ejemplaresde
nuestrafauna,
como es el casodel
zorro,
del
puma,
del
cóndor,
la
vicuña,
elavestruz,
especies
de
chinchillas, guanacos,
flamen
cos,
loros;
y
entreotros,
paratermi
nar estalista,
elhuemul,
animalque,
irónicamente,
figura
en nuestroescudo nacional.
En
lo
que respecta albosque
nativo,
mencionemos eltriste
ejem plode
las
araucarias,
las
cuales,
después de
un paciente procesode
crecimiento que
demora
siglos,
sonderribadas
por elhombre
sin ningúnmiramiento.
Hace
pocosdías,
tuvimos
noticiasde
otro patrimoniode
nuestro
bosque
autóctono,
en peligrode
extinción: el
alerce,
elárbol
másaltode
nuestropaís,
que puedellegar
alos
sesenta metrosde
alturay
cuyaedad
alcanza,
enocasiones,
hasta los
tres
mil años.La
noticia a que nosreferimosrelataba
la
evidenciade la
reciente
tala
de
alerces enunaregióndel
sur, y
señalaba, además,
quela
multa prevista en nuestra
legislación
nosuperaunospocos milesde
pesos.Otros deterioros de la
naturaleza se manifiestan a
través
del
sobrecultivo,
del
sobrepastoreode
las
tierras
fértiles
y
del
usode
pesticidasque
dañan
no sólo alos
vegetales sinotambién
ala
fauna
y
alhombre,
comolo han demostrado
las
noticias queeneste
último
tiempo
han
aparecido enlos
mediosde
comunicación socialde
nuestropaís.Por
otraparte,
cabemencionarcomo otra
fuente
de
dete
rioro
el monocultivode
especies noautóctonas,
que producendesgaste
enterrenos
que poseen una constitución
inadecuada
paratales
usos.Así,
poco apoco,
la
tierra
entraen proceso
de desertificación.
Cuan
tas
veces seha
dicho
que eldesierto
avanza rápidamentedesde
el nortehacia
elsury
queyaestá alas
puertasde
Santiago. Los
bosque detamarugo
quecubrían vastasregiones
del
norte ahorasonsimplementezonasdesér
ticas.
Agreguemos
a estasomera enumeración,
el excesivodesgaste de las
fuentes
energéticasnaturales,
debi
do
alas
necesidadesde
nuestracivilización
tecnológica:
carbón, gas,
electricidad,
petróleo,
energía solary
nuclearno sólo
han
alterado o amenazanalterarelpaisaje
natural,
sino quehan
producidodesastres huma
nosy
ambientales agran'
escala.
Por
último,
una mención al exterminio
de
muchas especiesde
nuestraflora
y
fauna
marinas.Re
cordemos,
a modode
muestra,
las
constantes noticias
de
extracciónilegal
del
loco,
pese atodo
el controlque se está ejerciendo.
Agreguemos,
finalmente,
la
contaminaciónde los
marespor elpetróleoy
porlas
milesde
toneladas
de
basura
que sevandepositando
en elfondo de
los
océanos,
exterminandola flora
y
la
fau
na.
En
cualquiercaso,
eldebate
sode
quehay,
en nuestropaís,
una concienciaambiental másdespierta,
más alerta a prevenirlas
posibles consecuencias negativasde
una ac ciónde
esaíndole.
Esta
conciencia está presentetambién
enlos
orga nismosquesehan
creado,
enla
seriede
medidasque se estánadoptando,
y
enla
ley
de Bases del Medio
Am
biente.
Entre
las
iniciativas adoptadas,
nuestropaís
ha
propiciadola
educa ción ambientaltanto
en elámbito
escolar como extrae scolar.Es
curioso,
pordecir lo
menos,
que enlos
textos
dedicados
ala
educación ambiental,
raravez se mencionala
im
portanciade la
educaciónestéticaen eldespertar
y
en eldesarrollo de
una conciencia ecológica.Y
si sehace
mención adicha
educación,
sólo esfragmentariamente,
sin que constituya
un pensamiento orgánicofrente
ala
problemática que estamosabordando.
Nuestra
posiciónes queeldesa
rrollode la
experiencia estética en generaly
de lo
bello
en especial es unode
los
aspectosde
relevancia enlas
políticas quebuscan
crear una conciencia ecológica.Consideramos
esteúltimo término
en su sentido etimológico(oikos
=casa,
lugar habi
table).
Desde
estaperspectiva,
cada miembrode
la
sociedadtiene
unde
ber
"ecológico",
parahacer dignamen
te
habitable
nuestroplaneta,
nuestro
terruño,
nuestrobarrio,
nuestrohogar.
2.
Estética
y
naturalezaAntes
de
analizarla
experienciaestética
y
su relación conla
concienciaecológica,
convienetener
presentela
profundaincidencia
queposee,
enelhombre,
la
percepcióndel
espacio,
percepciónindisolublemente
ligada
alproblema que estamos
analizando,
como es obvio.El espacio,
concebidodesde
la
Geometría,
no es otra cosa sinouna noción abstracta:unreceptáculova cíoy
homogéneo
que contienetodos
los
cuerpos.Pero
paraelhombre,
en cuanto ser que vive realidades concretas,
el espacio eslugar,
entorno,ámbito,
recinto;
esdecir,
el espacio natural esinseparable de
supropiapersona,
en susdimensiones
indivi
duales
y
sociales.Este hecho
suponela
necesidadde
intervenir
la
natu raleza para poderhabitarla,
dentro
de las
condiciones propiasdel
serhumano,
que no sólotiene
necesidades
materiales,
sino quees un serde
naturalezaespiritual,
porlo
queto
das
sus accionesllevan
impresas
este selloindeleble
quelo distingue de
los
demás habitantes de
nuestraTierra
En
el casode los
animales,
los
distintos
lugares
quehabita
no sonsinounaprolongaciónnatural
de
sucuerpo,
absolutamente especializado,
queles
permite satisfacer ciega mente sus necesidades vitales.En
cambio,
el serhumano
entabla undiálogo
profundo con suentorno,
lo
que nos permitehablar de
unespacio antropológico quebusca
satisfacer sus necesidades espirituales: setra
ta
de
unespaciohabitable
cuyapri mera expresión se palpa en el senomaterno,
quedivide
el mundo en unadentro
y
en unafuera;
un adentro cálidoy nutricio,
frente
aun afueradesconocido,
peroque,
poco apoco,
sehace
—o
debiera hacerse
—más ex
tenso y,
ala
vez,
más conocidoy
entrañable:hogar, barrio,
ciudad,
realida-des
queseobjetivan,
insistimos,
comoespacios
humanos.
Sin
estadimensión
antropológica,
donde
elfactor
estéticotiene
unapresenciamedular,el espaciosevuelveprocliveaser considerado sólo
desde
una actitudpragmática,
enque el entorno no se vivencia como
parte
del
yo,
sino como un espacio puramentefísico,
al que se puede explotarhasta
sutotal
agotamiento.La
concepcióndel
espacioha
te
nido
y tiene
proyecciones profundas en el psiquismohumano.
En
prácticamente
todas
las
civilizaciones existeellugar
quehace de
centrodel
mundo:el
lugar
paradisíaco,
ellugar
de
expiacióny purificación,
ellugar
sagrado.
Centro
del
mundo que seha
desacralizadoy
que actualmente está substituidopormitosdegradados:
ellugar
de
vacaciones,
elcine,
la
tele
visión,
elbar,
elrestaurante,
la
boite,
los
espectáculos masivospseudoar-tísticos,
entre otrostantos ejemplos,
que ejercen sobre
la
personahuma
naunaatracciónpuramente superficial,
no pocas veces alienadoray
de
gradante.En
contrasteconestecomportamiento,
la
naturaleza actúa guiada por una sabiduría que armonizala
maravillosa variedad
de
vida queexiste en su seno
y
que noshace
reaccionarde
manera análoga ala
creación artística.
En
estesentido,
creemos que elconcepto
de
ecosistema,
acuñado porla
ecología,
es unode los
puentes quepermite
trazar
relaciones entrela
naturalezay
lo
estético.Un
ecosistema es unhabitat
enque
la
existenciade
seres vivientesde
una o varias especies esauto-rregulada por ellas mismas.
A
suvez,
dichos
seres vivientes —micro
organismos,
plantas,
insectos,
animales
—seequilibranentre
sí,
junto
con producir cambiosy
regulaciones en elmedioambientefísico,
no orgánico—
clima,
composiciónde la
tierra,
oxigenación,
etc.Igual
que en una obrade
arte,
cada elemento
del
ecosistema es valioso:
no se puede eliminar nialterar,
porque amenazaría el equilibrio
de
la
totalidad,
del
mismo modo como seestropearía el efecto
de
un cuadro ode
unpoema,
si sele
resta ocambiaun color o una palabra.
En
estaautorregulación,
en esteequilibrio,
en esta armoníahay
implícita
unaestética,
que elhombrepuederomper,
si no actúa prudentemente.Observemos de
qué maneratan
profunda
Juan
Guzmán
Cruchaga
noshace
sentir,
en unsoneto,
esta estéticade la
naturalezay
la
presen ciade
unOrdenador,
de
unSer Su
premo que el poeta metaforiza enel
canto
de
unpáj aro,
queel serhumano
nopuedeverdirectamente,
pero quesí puede entrever en su acción:
CANTO
Apenas
entreveo suplumaje,
pero abre su cantar
la
flor del día.
Si
no cantara no amanecería.Su
canto esrey,
la luz del
sol su paje.Busca lo
más sombríodel
ramajeparaevitar
inútil
compañíay
desde
allí su vozde
hechicería
va entreabriendo
las flores del
paraje.
Misterioso
cantor quete
haces dueño
de
todo
lo
que abarcas contu
sueño,¿quiénembruja
la
magiade
tu
Y
¿quiéneres,
cantorde
los
cantores,
que al oírtecantarcrecen
las
flores?
No
sé quiéneres,
perosé tucanto.Detengámonos,
ahora,
a considerar
qué significala
palabra"esté
tico".
3.
Experiencia
estéticay
conciencia ecológica
Lo
estético es un valordel
espíritu
humano,
cuyo verdadero sentidoha
sidodistorsionado
por nuestrasociedad:
lo
estético,
en el recto sentido
del
término,
notiene
nada quever con
la
cosmética,
con el adornosuperfluo,
conla
publicidaddistor
sionante,
conelsentimentalismo,
conlo
sensualocontipos
de disfrute
quese
identifican
conla
pornografíaola
aberración moral.Lo
estéticohace de
una cosafísi
ca
"algo
más que unacosa"
(Hart
mann,
1977:
40),
otorgándole alo
sensibleunadignidad
especial.Lo
estético,
que alcanza su culminación en
la
experienciade lo be
llo,
supone una purificaciónde
nuestrossentidos,
unairradiación
de
lo
espiritual enlo
sensible,
quepermite el acceso a realidades
que,
de
otromodo,
nopodríamos alcanzar:una obra
musical,
una realizaciónfílmica,
un espectáculode
ballet,
la
obraliteraria,
la
pinturay la
escultura,
unaexpresiónarquitectónica;
o una puestade
sol,
las
olasdel
mar,
unárbol
florido
pueden,
de
pronto,
transportarnos,
elevarnos,
casimágicamente,
a otroespacio,
que surgedel
interior
mismode la
experiencia
estética: cuando contemplamos
de
esta manerala
naturaleza,sentimos que
la
cordillera,
la
puestade
sol,
unaflor
ounahoja
tienen
unaapariencia
nueva,
yanosonlas
mis mas cosas quevemostodos
los
días,
sino quesentimos,
frente
aellas,
que se nos ocultaunmisterioy,
al mismotiempo,
que algode
ese misterio se nos revela.La
experiencia estéticaimplica
percibir unobjeto,
liberada
de
sufuncionalidad
y
constituyéndolo
en un actode
contemplacióndesin
teresada.
Este
gocedesinteresado
queproduce
la
contemplación estéticaha
sidoduramente
atacadoporsuinuti
lidad,
sin considerar que setrata
de
una"inutilidad"
enriquecedora: un
instante
en quelas
cosas sonpercibidas en un estado
de
unidadde
nuestrasfacultades,
restituyendola
armoníaperdida,
el anhelado equilibrio
que,
enestosmomentos, tanta
fáltale hace
alhombre. La
percepciónestética
libera
nuestra sensibilidady
nuestroentendimiento,
en unjuego
reparador que posee unariquísima
gamade
posibilidades: puedeirdesde aquelloquellamamos formas bonitas
y
graciosas,
hasta
los
altos recintos en que se manifiestalo bello
y
lo
sublime, experiencias,
estasúltimas,
que otorgan unahonda
trascenden
cia a nuestrossentidos,
espiritualizándolos,
del
mismo modocomo,
ala
vez,
lo
espiritual se noshace
visible,
tangible.
Cuando
elhombre
experimentala
presenciade lo
estético,
sesuspende
el pasodel
tiempo,
se vuelvein
tenso
y duradero
elinstante,
y
surge,
de
espaciosconocidos,
un espacionuevo,
transfigurado,
donde
cadadetalle
perceptiblenosdeleita
con elsutil velo espiritual que
lo
envuelve(cfr.
Kupareo,
R. El
Valor
del
Arte,
La
conciencia estética noslibe
ra,
en consecuencia,del desarraigo
afectivofrente
al entornoartificial,
tan
propiode
nuestras ciudades.Tierra,
agua,
aire,
fuego
setornan,
entonces,
inseparables
del
medio ambiente que construye elhombre,
conservandotoda
la
rica
trama
simbólica
que envuelve a cada unode
estos elementos primordiales.
Para
ilustrar
estas expresionesrecurramos a un escrito
de Vittorio
di
Girolamo,
quiennoshace
repararen
la
sabiatradición
de
unade las
culturas autóctonasde
nuestraAmérica:
la
cultura náhuatldel
Mé
xico
precolombino,
cuyos pueblosfundaban
ciudades cantandoy to
cando
instrumentos
musicales."Los
náhuatlscantaban para expresarsualegría,
ya quehabían
llegado
porfin
allugar donde debían
morar.Un
lugar
hermoso,
preparado por susdioses. No habían
trazado
aúnlas
calles
y
los
contornosde
sufutura
ciudad;
nohabían levantado
ningúnmuro
aún; y
sin embargo estabandichosos
porque yatenían
(sin
haberlo
edificado) su verdaderoho
gar: el
lugar
cósmico que acogería alas futuras
construcciones.Ellos
creían que el
sol,
las
estrellas,
la
lluvia,
ellago
y
elrío,
elbosque
y
la
montaña,
los
animales,
ya eranla
cosa,
ya eranla
ciudad.El
medio ambientenaturalconstituíasurique
za.Su
enormetesoro"
(Di
Girolamo,
1982: 329).
La
madurez estéticade
una sociedadse
hace
presente,
por unlado,
en su admiracióny
respeto ala
naturaleza,
y
porotra,
por el entorno artificial quecrea,
donde las distin
tas
artes confluyenarmoniosamentepara
transfigurar
estéticamente elespacio.
Las
artesproducen,
en ar monía con el cosmosnatural,
un cosmos urbanodonde
el agua se convierte enfuentes
y
piletas,
enjuegos
acuáticos que recrean nuestravista;
donde
la
tierra
setransmuta
enplazasy
jardines,
adobey
ladrillo,
enmadera,
aceroy cemento,
para albergardignamente
alhombre.
Así,
enla
experiencia estética sentimos que nuestro mundo adquiere otra
presencia; que,
comodecía
mos
antes,
su espacionoes el mismo que percibimoshabitualmente:
cuando
la
naturalezay
la
ciudadhan
sidorespetados,
esdecir,
cuando seentrelazan
armoniosamente,
enton ces se concreta una aparienciao,
mejordicho,
unaparecer(Hartmann,
1977)
queincita
ala
contemplacióny
a
la
admiración.Los
coloresy
las
líneas,
las luces
y
las
sombras,
las
formas
y
las texturas, lo
próximoy
lo
lejano
seconstituyen,
al relacionarse,
en undevelamiento
quehace
rejuvenecer
las
cosas,
como si nuncalas
hubiésemos
visto,
a pesarde
quepueden
haber
estado siempre ante nuestros ojos.4. La
actitudestética comofactor de
una concienciaecológica
integral.
Debido
ala
naturalezadel fenó
meno
estético,
es posible equilibrarla
tendencia
propiade la
actitud eminentemente práctica
de
nuestracivilización.
La finalidad
de
la
actitudpráctica es considerar
las
cosas sólo comoinstrumentos,
como medios paralograr
unfin,
lo
cual puede conducir a que elhombre
rebajela
dignidad
quele
corresponde a suentorno o
incluso
—como
lo hemos
recalcado—mis-mo.
La
actitud estética, encambio,
asegura elrespeto alas
cosas,
favo
rece su admiracióny,
enla
medida quelo
hace,
las
preservade
serdes
truidas.
Según
señalaL.
Porcher,
en sulibro
La Educación
Estética,
¿LujooNecesidad?,
"si la
opinión públicatuviese
su sensibilidad mejor educada,
jamás
aceptaríala
destrucción
del
espaciourbano,
la
devastación de
paisajes
naturales,
la
polución,
el martilleoincesante
de la
publicidad,
el urbanismode
menor costo—que es el
de
mayorganancia"
(Porcher,
1975:
24).
A la
profundainterrelación
quedebe
existirentrela
actitud prácticay
la
actitudestética,
frente
alproble maambiental,
debemos
agregarla
actitudteórica, de la
cual surgen el pensamiento científicoy
las
tecnolo
gías que utiliza elhombre
para materializar
su entorno contemporáneoLa
madurezestéticadebe
estar presenteen
la
actitudteórica,
y
proyectarse
ala
tecnología,
porquedebe
ser elhombre
comotal,
en suintegra-lidad,
el queteoriza y
luego
actúaenla
praxistécnica,
sin romper con su ser-en-elmundo,
sin romper con susensibilidad,
sin caer en un racio nalismofrío
y
deshumanizado
que,
en
definitiva,
está convirtiendo al serhumano
en víctimade
supropia productividad
técnica.
Con
todas
estasreflexiones,
nose
intenta
atacar el progresode la
civilización,
sino enjuiciar susdes
viaciones peligrosas paraelhombre
mismo.La
civilización contemporá nea pretendehacer
de las
modernasmegápolis,
con susnuevosídolos
—los
objetostecnológicos
—, un entor
no autosuficiente
y
liberador.
Pero,
en
los
hechos,
ha
caídoenuna escla vituddonde,
como señalaJ.
Molt-mann,
"en la
medidaenque es supri midala
ontologíade la
naturaleza,
surgentecnocracias y
burocracias
que,
con similar poder anónimoy
velado,
hacen
dependientes
eimpo
tentes
alos hombres
(...). Es
elfan
tasma
de la
sociedad mecanizadaperfecta,
dominada
por el apremiode
una produccióny
consumo radicales,
regidaporcomputadoras,
forma
da
porhombres
que sehan
convertido
en engranajeslubricados
de
esamegamáquina,
bien
alimentados,
entretenidos sin
pausa, totalmente
prendidos,
pero—comparados conlo
que
hasta
ahorafueron los
ideales
de
la humanidad
—pasivos,
inertes
y
fríos"(Moltmann,
1980).
La
problemáticadel
medio ambiente
involucra,
en armonía conlo
estéticoy
lo
científico,
una actitudfilosófica
que vele porla
integridad
del
ser,
por su misterioy
por suriqueza
ontológica.La
Filosofía
y
la
Estética
han
estadoindisolublemente
relacionadasa
lo largo de la historia.
La
experienciaestética engeneral, y
las
manifestaciones artísticas enparticular,
incitan
alfilósofo
a unahonda
reflexiónsobreelmisteriodel
hombre
y
del
ente;
misterios que sepalpan en
la
capacidadde la
experien ciaestéticade
crearlazos
entretodos
los
seres,
permitiendo vislumbrarla
diversidad
y
ala
vezla
unidadde
origen
de
la Creación.
Por
desgracia,
las filosofías
positivistasy
pragmáticasdescorren
el velode
misterio que rodea alser,
rebajando alhombre
y
ala
naturaleza,
através
de
explicaciones sim plistasy
reductoras.De
estemodo,
sentimien-tos estéticos,
unavisión"cosificada"
de la
naturalezay
del
hombre
mismo,
lo
que abrelas
puertas auna civilización
tecnocrática y
materialista.Como
lo
señalaS.S.
Juan Pablo
H
ensuencíclicaCentesimusAnnus,
"esta
actituddemuestra,
sobretodo,
mezquindad o estrechez
de
mirasdel
hombre,
animado por eldeseo
de
poseer
las
cosas en vezde
relacionarlas con
la
verdad, y
desprovisto
de
aquella actituddesinteresada,
gratuita,
estética,
que nacedel
asombro por el sery
porla belleza
que permiteleer
enlas
cosasvisibleselmensaje
de Dios
invisible
quelas
ha
creado.A
esterespecto,
la huma
nidad
de
hoy
debe
ser conscientede
sus
deberes
y
de
su cometido paracon
las
generacionesfuturas"(# 37).
En
suma,
estamosinmersos
enunasociedad
cosiftcadora,
en vezde
en-noblecedora
de
las
cosas.Una
sociedad
queha
perdido su armonía moral
y
suarmonía estética.Una
sociedad
queha
perdido el sentido profundo del
cosmos —palabragriega quesignifica,
justamente,
orden— , paraintroducir
eldesorden,
la desarmo
nía,
eldesequilibrio,
el caos.Por
esto,
un verdadero sentidoecológico
debe
considerarla
doble
dimensión
de
suproblemática,
segúnlo
manifiestaS. S.
Juan Pablo II
enla
encíclica antes citada:
la
problemática
de
una ecología naturaly
la
problemáticade
unaecologíahuma
na: el
hombre
no sólodestruye
suentorno
natural,
sinotambién
alhombre
mismo."No
sólola
tierra
ha
sido
dada
porDios
alhombre
—expresa
S.S.
elPapa
—(...)
incluso
elhombre
es para sí undon de Dios
y,
por
tanto,
debe
respetarla
estructuranatural
y
moralde la
queha
sidodotado"
(#38).
Esta
problemáticade
una ecología
humana
tiende
a serolvidadaporalgunosgruposecologistas.
Una
actitud
integral
ante el entorno nopuede prescindir
de
ese ser queparanosotros es
lo
esencial,
esdecir,
elhombre
mismo. ¿No resulta un contrasentido
defender la
preservaciónde
unaespecie vegetal oanimal,
olvidando
que elhombre
también
tiene
derecho
acrecer,
acrecerenunlugar
adecuado,
a ser alimentado convenientemente,
adesarrollarse
inte
gralmente,
aserapoyado enla
vejez?Creemos,
porlo
tanto,
que,
sinla
iluminación
de
unaconcienciamoral,
sin una conciencia religiosa se
hace
difícil,
oimposible,
enfrentarinte
gralmente el problema
de la
crisisambiental.
¿Cómono recordar
la
sentenciade
Kant,
cuando señala quedebemos
observar
"el
cielo estrellado sobrenuestras cabezas
y
la
ley
moral ennuestro
interior"?,
entretejiendo,
de
estemodo,
la
conciencia estética conla
concienciaética y
el sentimientoreligioso: el cielo
estrellado,
que en suarmonía,
inmensidad
y
belleza,
esun símbolo
de lo
trascendente y
ala
vez
de la
participaciónde la
personahumana
de
dicha
trascendencia.
Cuando
seda
esta conjunciónarmónica entre conciencia
ecológica,
sentimiento religiosoy
experienciade
lo
bello,
el serhumano
siente queseproyectaen
la
naturaleza un resplandor,
unaluminosidad
que es"el
anuncioy
manifestaciónde
unaprofundidad
y
plenitud que ensíesinaprehensible
einvisible"(von Balt
hasar,
1985:
110,
tomo
lg).
La
naturaleza es experimentada por
la
concomo elropaje con que
Dios
se viste paraaparecersesensiblemente alos
hombres;
la belleza
natural esplendeentonces,
comola
sombrade Dios
enla
transparencia
del
agua,
enelful
gor
del
fuego,
en elespíritu vivificantedel
aire,
enla fecundidad
de la
tierra.
A
una crisis religiosay moral,
auna
filosofía
positivista,
materialista,
a una cienciay tecnología
quetienden
a consumirse enlo
práctico,
en
la búsqueda de
la
comodidadcomofin
de la
existencia,
o enla
invención
de
instrumentos
bebeos de
altopoderdestructivo,
le
correspondetambién
una sociedad que no sólo no posee
sensibilidad para ver
lo
bello,
sinoque,
peoraún,
una sociedadincapa
citada para sentir
la
fealdad,
lo
que es una muestrade la
pobreza espiritual
de
nuestrostiempos.
5.
Conclusiones
Todas
estas reflexiones noslle
van a una conclusión:
la
crisisdel
medioambienteno sepuedesolucio nar con visionesparcializadoras;
noes sólo un problema
práctico,
nicientífico,
nieconómico,
nipolítico,
ni
de
saludde la
población.Es,
obviamente, todo
esto;
pero es algomás,
que reclama una presenciaineludi
ble:
es un problemade
educaciónambiental,
quedesarrolle
una conducta
integral
enlos
miembrosde
nuestra sociedad, en relación a
la
naturaleza
y
almedio artificial creado
por elhombre. Pero
este objetivosupone
la
madurezreligiosa,
moraly
cognitivadel
educando, y
también,
de
acuerdo atodo
lo
expuesto,
la
madurez
estética,
quedebiera
ser una coordenadade la
educación,
entodos
susniveles,
puesto que actúasobre cada una
de las
actitudeshu
manas quehemos
analizado,
confiriéndoles
un nuevo sello.Madurez
estética que colaboraen
la formación del hombre
integral.
Al
hombre
integral
capazde
respetary
admirartoda
manifestaciónde
vidaen el cosmos:
desde la
misteriosa energíadel
átomo,
hasta
elinconmen
surable espectáculo
del
espaciosideral;
desde la
tenue
red vitalquediscurre
porlos
pétalosde
unaflor,
hasta
su vigorosa concreción enlos
robustos
árboles;
desde
suleve
pal pitación enlas
alas multicoloresde
la
mariposa,
hasta
su multifacéticaexpresión en elvariadociclovital
de
los
mamíferos;
desde
la
maravillosaconcreción
de la
niñez,
en él senomaterno,
hasta
el sabioy
reposadofluir de la
ancianidad.De
este respetoy
admiración ala
vida—
a
la
cualcontribuyela
madu rez estética—depende
un accionar
humano
que conservey
desarrolle
armónicamente el medio
ambiente,
en vezde buscar
sudevastadora
explotación
y
la
destrucción
del
hom
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
DI
GIROLAMO,
V. La Conservación de la Ciudad. En "Educación
Ambiental.
Hacia
unDesarrollo
de
unaConducta Ecológica
enChile''.
José A.
Martínez,
editor.