El bien común universal en la Pacem in terris. Relectura de la propuesta de Juan XXIII desde el pensamiento político católico y la Doctrina Social de la Iglesia como principio constructor de vida social para nuestro tiempo

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Texto completo

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ACULTAD DE TEOLOGÍA

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EPARTAMENTO DE TEOLOGÍA MORA

Y PRAXIS DE LA VIDA CRISTIANA

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L BIEN COMÚN UNIVERSAL

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Relectura de la propuesta de Juan XXIII desde el

pensamiento político católico y la Doctrina Social de la

Iglesia como principio constructor de vida social para

nuestro tiempo

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Madrid Diciembre 2016

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El valor de lo uno en el todo y el peso del todo en el uno

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ACULTAD DE TEOLOGÍA

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EPARTAMENTO DE TEOLOGÍA MORA

Y PRAXIS DE LA VIDA CRISTIANA

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L BIEN COMÚN UNIVERSAL

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ACEM IN TERRIS

Relectura de la propuesta de Juan XXIII desde el

pensamiento político católico y la Doctrina Social de la

Iglesia como principio constructor de vida social para

nuestro tiempo

Tesis para la obtención del grado de doctor

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PARICIO

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Madrid Diciembre 2016

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ÍNDICE. ... PÁG. 7

INTRODUCCIÓN. ... PÁG. 11

CAPÍTULO 1.

URGENCIA Y NECESIDAD DE UN PARADIGMA CONSTRUCTIVO

DE LA VIDA EN SOCIEDAD. ... PÁG. 23

I.EL FENÓMENO DE LA GLOBALIZACIÓN. ... PÁG. 26 1. Definición descriptiva-comprehensiva de la globalización. ... PÁG. 27 1.1. La contemplación del fenómeno como problema. ... PÁG. 28 1.2. Ensayo de una definición comprehensiva del fenómeno. ... PÁG. 30 2. Hacia una arqueología de la globalización. ... PÁG. 32 2.1. Raíces y precedentes históricos. ... PÁG. 33 2.2. Patrones históricos desencadenantes. ... PÁG. 37 3. Los perfiles de la globalización. ... PÁG. 41

3.1. Dimensión económica. ... PÁG. 41 3.2. Dimensión cultural. ... PÁG. 43 3.3. Dimensión política. ... PÁG. 44 3.4. Dimensión tecnológica. ... PÁG. 46

II.LA CONVIVENCIALIDAD HERIDA:

EL OTRO LADO DE LA GLOBALIZACIÓN. ... PÁG. 47 1. La situación a las puertas del tercer milenio. ... PÁG. 49

1.1. Finalismo. ... PÁG. 49 1.2. Fracaso de la metáfora de la ‘mano invisible’. ... PÁG. 52 1.3. Sobrepasamiento. ... PÁG. 53 2. La extensión planetaria del capitalismo y sus consecuencias. ... PÁG. 55

2.1. El crecimiento de la pobreza y el precio de la desigualdad. ... PÁG. 58 2.2. Los problemas medioambientales se agravan. ... PÁG. 60 2.3. La mundialización del terrorismo y la violencia. ... PÁG. 62 2.4. El Estado de Bienestar en crisis. ... PÁG. 64 2.5. La democracia cuestionada. ... PÁG. 66 2.6. Cuatro crisis distintas y una sola crisis verdadera. ... PÁG. 69 3. Los desafíos del presente y para el futuro. ... PÁG. 71

Balance del fenómeno de la globalización y el déficit de convivencia. ... PÁG. 74

PRIMERA PARTE.

ARQUITECTURA DEL CONCEPTO BIEN COMÚN

EN LA REFLEXIÓN FILOSÓFICA SOBRE LO SOCIAL ... PÁG.79

CAPÍTULO 2.

ELABORACIÓN DEL CONCEPTO BIEN COMÚN

COMO CATEGORÍA CONSTRUCTORA DE LA VIDA SOCIAL ... PÁG.81

I.ANTECEDENTES HISTÓRICO-FILOSÓFICOS DEL CONCEPTO BIEN COMÚN. ... PÁG. 85 1. El bien común: un concepto presente desde los albores del pensamiento. ... PÁG. 86 2. La idea de bien común en los grandes pensadores griegos. ... PÁG. 93 2.1. Platón: el bien común vinculado a la búsqueda del sumo bien. ... PÁG. 94 2.2. Aristóteles: el bien común en sentido político. ... PÁG. 97 3. La apertura del bien común de la tradición griega a la universitas clásica. ... PÁG. 101

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II.CONSTRUCCIÓN DEL BIEN COMÚN EN LA FILOSOFÍA SOCIAL CATÓLICA. ... PÁG. 106 1. La elaboración del bien común desde las primeras reflexiones de la filosofía católica. .. PÁG. 107 1.1. Las aportaciones patrísticas al bien común. ... PÁG. 108 1.2. Agustín de Hipona: primacía de lo común sobre lo propio. ... PÁG. 110 1.3. Tomás de Aquino: la sistematización del principio bien común. ... PÁG. 113 2. Los umbrales de la modernidad: la atomización de la ética y la política. ... PÁG. 123 3. Recuperación teológica de los postulados tomistas en el Renacimiento español. ... PÁG. 128

3.1. Francisco de Vitoria:

el bien común de la comunidad natural de todos lo pueblos. ... PÁG. 131 3.2. Francisco Suárez:

el ius Gentium regulador del bien común del género humano. ... PÁG. 133 3.3. Rastros de la herencia de los juristas españoles. ... PÁG. 139 4. El debate tomista sobre el bien común en torno al binomio persona-sociedad. ... PÁG. 142 Balance de la elaboración del concepto ‘bien común’. ... PÁG. 150

CAPÍTULO 3.

VISIÓN DEL BIEN COMÚN EN LA FILOSOFÍA SOCIAL

DESDE LA MODERNIDAD A NUESTROS DÍAS. ... PÁG. 153

I. LA BRECHA DE LA MODERNIDAD EN EL CONCEPTO BIEN COMÚN. ... PÁG. 157 1. La búsqueda del bien y lo común en la reflexión moderna. ... PÁG. 158 2. La concepción de bien común en el Idealismo Alemán. ... PÁG. 164 2.1. Kant. ... PÁG. 166 2.2. Hegel. ... PÁG. 175

II.EL DEBATE CONTEMPORÁNEO EN TORNO AL BIEN COMÚN. ... PÁG. 182 1. El bien común pensado desde la lógica individualista. ... PÁG. 185 1.1. John Rawls. ... PÁG. 188 1.2. Robert Nozick. ... PÁG. 192 2. El bien común pensado desde la lógica comunitarista. ... PÁG. 195 2.1. Alasdair MacIntyre. ... PÁG. 197 2.2. Michael Walzer. ... PÁG. 200 Balance de la filosofía social contemporánea sobre el ‘bien común’. ... PÁG. 204

SEGUNDA PARTE.

LA PROPUESTA DEL BIEN COMÚN UNIVERSAL

EN LA ENCÍCLICA PACEM IN TERRIS. ... PÁG. 207

CAPÍTULO 4.

LAS PRIMERAS PROPUESTAS DEL PENSAMIENTO PONTIFICIO

SOBRE EL CONCEPTO BIEN COMÚN. ... PÁG. 209

I.SOBRE LAS COSAS NUEVAS Y EL PASO DE LA HUMANIDAD POR EL VALLE DE LÁGRIMAS. .... PÁG. 213 1. Cuando Europa cambió el rumbo de la humanidad. ... PÁG. 214 2. El capitalismo y la ideología liberal sustentadora. ... PÁG. 217 3. El socialismo: una revolución entre revoluciones. ... PÁG. 224 Balance de la era de la revolución. ... PÁG. 235

II.LA RECONSTRUCCIÓN DEL CONCEPTO BIEN COMÚN

EN EL PENSAMIENTO PONTIFICIO ANTERIOR A JUAN XXIII ... PÁG. 237 1. León XIII: cuando lo urgente no distrae de lo importante. ... PÁG. 244 1.1. La decisión de hacer política. ... PÁG. 246 1.2. La cuestión política afrontada desde el bien común. ... PÁG. 249 1.3. La cuestión social afrontada desde el bien común. ... PÁG. 253

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2. Pío XI: nuevos tiempos, respuestas nuevas. ... PÁG. 257 3. Pío XII: Eadem sed aliter. ... PÁG. 269 Balance de la recuperación del ‘bien común’ en el pensamiento pontificio. ... PÁG. 281

CAPÍTULO 5.

LA ENSEÑANZA SOCIAL DE JUAN XXIII. ... PÁG. 285

I.LUCES Y SOMBRAS EN LA CONVIVENCIA MUNDIAL. ... PÁG. 288 1. El mundo dividido en dos. ... PÁG. 291 2. Más allá de las amenazas. ... PÁG. 294 3. La insostenible colonización del Sur. ... PÁG. 298

II.RESTAURAR LA CONVIVENCIA MUNDIAL. ... PÁG. 305 1. La Iglesia: faro de esperanza. ... PÁG. 306 1.1. El Papa, santo impulsor de la renovación. ... PÁG. 306 1.2. El Concilio ecuménico: el nombre del cambio. ... PÁG. 308 1.3. Cooperación y unidad mundial: el tercer propósito. ... PÁG. 311 2. La nueva cuestión social: la convivencia internacional. ... PÁG. 312

2.1. Mater et magistra. Frente a las desigualdades sociales: justicia ... PÁG. 315 2.2. Pacem in terris. Frente a la desorganización social: el orden y la paz. ... PÁG. 321 2.2.1. La paz posible: estructura de la encíclica. ... PÁG. 322 2.2.2. Renovada mirada sobre lo social. ... PÁG. 328 2.2.3. Nuevo impulso a los valores y principios que rigen la vida social. ... PÁG. 332 2.2.4. Los signos de los tiempos: una emergente categoría social. ... PÁG. 339 2.2.5. Valoración de la enseñanza social de Juan XXIII. ………... PÁG. 342 Balance de la enseñanza social de Juan XXIII. ... PÁG. 344

CAPÍTULO 6.

EL BIEN COMÚN UNIVERSAL COMO CONSTRUCTOR

DE LA VIDA SOCIAL INTERNACIONAL. ... PÁG. 347

I.ANÁLISIS DE LA REALIDAD:

LAS CONSECUENCIAS DE LA CRECIENTE INTERDEPENDENCIA. ... PÁG. 351 1. Las desigualdades entre los pueblos. ... PÁG. 351 2. La carrera de armamentos y el desarme. ... PÁG. 355 3. Las minorías étnicas. ... PÁG. 358 4. Los exiliados políticos. ... PÁG. 362

II.EL BIEN COMÚN UNIVERSAL: UN PRINCIPIO PARA LA CONVIVENCIALIDAD. ... PÁG. 364 1. Consideraciones en torno a la definición de Bien Común. ... PÁG. 367 2. El bien común: principio rector de las relaciones civiles. ... PÁG. 371 3. El bien común: ordenador de las relaciones políticas. ... PÁG. 376

3.1. Autoridad y bien común. ... PÁG. 376 3.2. El espíritu del bien común. ... PÁG. 377 3.3. El diseño de las estructuras políticas desde el bien común. ... PÁG. 379 4. El bien común universal: ordenador de las relaciones planetarias. ... PÁG. 381

III.LA AUTORIDAD MUNDIAL: UN PROYECTO PARA LA CONVIVENCIA. ... PÁG. 385 1. Descripción de la propuesta en la Pacem in terris. ... PÁG. 387 1.1. La creciente interdependencia. ... PÁG. 388 1.2. La insuficiencia de las estructuras internacionales. ... PÁG. 389 1.3. La necesidad y urgencia de una Autoridad Mundial. ... PÁG. 390 1.4. Los elementos configuradores de una autoridad Mundial. ... PÁG. 392 2. Las fuentes de la propuesta. ... PÁG. 395

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2.1. La tensión universalista. ... PÁG. 396 2.2. Las aportaciones de los teólogos. ... PÁG. 397 2.3. Alcanzar un mundo políticamente uno. ... PÁG. 399 3. Un sano realismo utópico. ... PÁG. 402 3.1. Una propuesta realista. ... PÁG. 402 3.2. La autoridad mundial, ¿es un proyecto realizable? ... PÁG. 405 Balance del bien común universal en Pacem in terris. ... PÁG. 408

CAPÍTULO 7.

CONSOLIDACIÓN DEL BIEN COMÚN UNIVERSAL COMO PRINCIPIO FUNDAMENTAL

DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA. ... PÁG. 411

I.EL BIEN COMÚN: ARQUETIPO DE LA CONSTRUCCIÓN DE SOCIEDADES. ... PÁG. 417 1. Gaudium et spes: El bien común como objetivo de la comunidad política. ... PÁG. 419 2. Pablo VI: el bien común como tarea de todos. ... PÁG. 432 Balance del bien común como arquetipo de construcción de sociedades. ... PÁG. 438

II.LA PROPUESTA DE UN BIEN COMÚN ANTROPOLÓGICO Y ÉTICO

PARA UN MUNDO GLOBALIZADO. ... PÁG. 439 1. Juan Pablo II: la apuesta por un humanismo integral favorecedor del bien común. ... PÁG. 440 2. Los cambios exigen cambios: bien común universal para la era de la globalización. .... PÁG. 450 3. Benedicto XVI: el bien común inspirado por la caridad en la verdad. ... PÁG. 457 Balance del bien común antropológico y ético en Juan Pablo II y Benedicto XVI. ... PÁG. 470

III.FRANCISCO: EL BIEN COMÚN UNIVERSAL

COMO ALTERNATIVA A LA LÓGICA TECNOCRÁTICA. ... PÁG. 472 1. El pensamiento teológico y político del Papa Francisco. ... PÁG. 473 2. Ascenso de la lógica tecnocrática a los mecanismos del poder. ... PÁG. 476 3. Evangelli gaudium: la dimensión social de la evangelización. ... PÁG. 477 4. Laudato si’: Lo socio-ambiental como única y compleja cuestión social. ... PÁG. 483 5. La dimensión social del bien común. ... PÁG. 490 Balance del bien común en Francisco. ... PÁG. 498

CONCLUSIÓN. ... PÁG. 501

BIBLIOGRAFÍA. ... PÁG. 515

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Sembrad justicia y cosecharéis misericordia (Oseas 10, 12)

INTRODUCCIÓN.

Cuenta Fernando Savater, con cierta perspicacia, en su obra Ética para Amador, que Robinson Crusoe dejó de sentir el peso de la soledad cuando encontró en la isla las huellas de Viernes, pero que desde ese preciso momento comenzaron sus problemas éticos. Este apunte nos hace reparar en el valor que tiene la capacidad de relación, con toda su carga de complejidad, para los humanos.

Preámbulo

La vida humana organizada ha sido, en todos los tiempos, un valor y un problema, pero nunca ha dejado de ser proyectada desde el eje individuo-grupo. No podía ser de otra manera: la sociabilidad innata de la persona le ha llevado a diseñar esferas de relación que han ido creciendo conforme a sus necesidades de organización: individuo-familia, etnia-tribu, ciudadano-región, nación-Estado. Precisamente en nuestro momento histórico la esfera de la relación se ha amplificado, como ha evidenciado el fenómeno de la globalización, hasta adquirir dimensiones planetarias y, con ello, ha crecido la conciencia de pertenecer a una comunidad humana mayor que la mera asociación producto de la necesidad de cumplir y cubrir unos objetivos de pleno desarrollo. Las personas, hoy más que nunca, nos sentimos enlazadas por un fondo común y un destino único.

La dignidad humana y su inherente sociabilidad son cualidades innegociables, difícilmente discutibles en lo esencial, a la hora de proponer modelos sociales; por eso estamos asistiendo a un auge en la preocupación por crear instituciones y organismos internacionales, cada vez más eficaces, para hacer valer esas cualidades de las que es portador todo hombre. Sin embargo, aunque son admirables los avances en el terreno del Derecho Internacional, no se termina de alcanzar una organización del entramado relacional del ser humano en el ámbito mundial que aúne voluntades y acciones donde poder ejercer la autoridad cuando los Estados propongan modelos de organización que no respeten la dignidad de cada persona, sus derechos y deberes o se desentiendan de la búsqueda conjunta del bien común mundial, porque hoy es ya una conciencia adquirida que, sin la contribución de todos, ningún país, nación o pueblo va a poder alcanzar su total desarrollo.

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Motivación subjetiva

La realidad social hiriente de nuestro presente histórico, alarmantemente visible en la falta de convivencialidad1 tanto en el ámbito local como en el mundial, hace tiempo

que me alcanzó. Este mundo donde el orden y la paz parecen no encontrar lugar, percibido desde el prisma de mi condición de vicenciano ‘mordido por lo social’, me engancha al mundo de la pobreza con predilección, sobre todo ‘en calidad de preocupado’, conduciéndome no sólo para saber detectarla y socorrerla desde la ayuda material inmediata y la evangelización, sino también para profundizar en sus causas, conocer sus consecuencias e inventar, mediante el amor, formas de erradicarla. Aquí arrancó una motivación subjetiva para comenzar una investigación que diera respuestas desde la Moral Social a dicha preocupación. En la línea de este último factor, el de la acción, tuve la oportunidad, hace unos años de investigar, con motivo de la defensa de la tesina para la obtención de la Licenciatura en Teología Moral, la propuesta de una autoridad mundial en la Pacem in terris. El estudio me aportó un conocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia en el que seguí ahondando a título personal por el interés de buscar soluciones al grave problema de la organización mundial.

La primera intuición me llevó a indagar en la tensión universalista de la tradición católica como fundamentación capaz de hacer operativo para nuestro tiempo la propuesta de un liderazgo mundial constituido y sostenido desde una ética civil planetaria. Con el pensamiento actual se podía entrar en diálogo desde la expresión moderna (en sentido de nueva) de la universalidad que se concreta, primero, en el retorno al hombre como sujeto ético-trascendental capaz de actuar según principios universales, independientemente de su situación existencial e histórico-cultural específica (la doctrina del comportamiento racional de Kant); segundo, en la reformulación del concepto de naturaleza humana desde la idea de bien común o interés común; tercero, en el valor dado y la capacidad de consenso ético de los principios revolucionarios de la libertad, la igualdad y la fraternidad. No obstante, este camino tropieza y, por ende, termina, cuando se intenta materializar en la construcción moral de la sociedad, en una exaltación del individualismo que hace imposible la reconciliación entre libertad e

1 La palabra convivencialidad no está en el diccionario de la RAE. En el texto aparece numerosas veces. La razón

que nos mueve a emplearla es supresencia en numerosos documentos científicos del ámbito hispanoamericano, además del rico contenido que se deduce de los contexto en los que se suele utilizada. Según lo dicho vendría a ser la convivencia entendida no solo como una concreción de la sociabilidad innata en reglas, normas o leyes procedimentales acordadas, sino también como gusto, alegría, felicidad y goce de la convivencia. Por ejemplo, tampoco encontramos comensalidad en la RAE, pero se emplea para decir que el acto de comer con otros es más que un mero acto de la necesaria nutrición, pues para el hombre es ya un acto social y en el disfrute de comer juntos, se acrecientan los lazos de amistad. Puede que el padre de este vocablo sea Brillat Savarin en su Physiologie du gout: Med tat ons sur la gastronomie trascendentale, al usar el término alemán mitmenschlichkeit: cf. I.ILLICH, La convivencialidad, Ocotepec, Morelos (México) 1978.

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igualdad, que no deja espacio a la diferencia y que olvida la fraternidad, en cualquier caso.

Tal concepción bipolar, para la construcción social, se podría resolver si se dejara paso a la pluralidad, es decir, que no se concretase en ninguna expresión cultural única. Todo lo contrario, sin embargo, es lo que está llevando a cabo el fenómeno de la globalización pues, al apoyarse solo en la libertad, camina hacia una concepción culturalmente unipolar, pero obviando la igualdad está recorriendo un camino peligroso, porque una vez la hemos introducido en nuestro mundo ya no podemos simplemente obviarla. Igualmente, otra opción para superar estas dos concepciones sería admitir que tenemos que construir un nuevo paradigma para el tríptico moderno de principios y concebirlo como circular poniendo una fuerza centrífuga que los mantuviese unidos para salvar la diferencia y una fuerza centrípeta que los hiciese tender hacia la pluralidad. Así las cosas, el abanico inmenso de caminos que se podrían seguir para la cohesión de esos tres valores me condujo a intentar focalizarlos en uno, el que considero fundamental, más operativo y con mayor capacidad para el diálogo con el pensamiento interdisciplinar en la actualidad: la atención al bien común universal desde lo alcanzado en la propuesta global de Juan XXIII en la encíclica que da título a esta tesis.

Esta última decisión se fue afianzando al reparar, conforme iba ampliando la lectura de obras generales que trataban el tema de la vida social y política, en la importancia vital del principio del bien común y se acrecentó con el estudio de manuales de Historia de la Filosofía, de la Teología y de la Iglesia. El gran número de autores que han escrito sobre él me condujo a profundizar, tras una selección, en los que contribuyeron específica y nítidamente con su pensamiento a la elaboración del concepto y a los que influyeron, en sus respectivos contextos sociopolíticos, para que se produjera en él un cambio, significativo y relevante. El siguiente paso fue indagar en su pensamiento: primero, acercándome a ellos a través de sus principales investigadores y comentaristas; segundo, examinando sus aportaciones al concepto de bien común directamente en sus obras. El primer hallazgo que encontré fue el predominio del bien común en la Teología católica y en el discurso social de la Iglesia, que se traducía en una mayor elaboración y uso del mismo.

Motivación objetiva

Con estos precedentes aporto también una motivación objetiva para indagar en el bien común que comenzó al hilo del descubrimiento de que las propuestas de modelos de

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convivencia, especialmente en los pensadores que han dado cuenta de lo social desde una fundamentación metafísica, han resaltado la gran importancia del constructo bien común como principio ético indispensable para articular la tensión individuo-colectividad (dignidad esencial/sociabilidad innata) por su capacidad tanto para cuidar las condiciones de la vida en sociedad como para favorecer la realización de la persona y de los grupos en los que se asocia. Además, la presencia casi ininterrumpida de este principio en la arquitectura social, aun permaneciendo invariable en lo esencial, ha ido, cada vez que ha sido pensado, engrosando su contenido, perfilando su definición y perfeccionando su operatividad como categoría ética y política forjadora de la vida en común.

En este sentido, la filosofía social cristiana supo ver muy pronto el valor y el peso de este principio como constructor de sociedades: primero, los teólogos del Medievo lo rescataron de la tradición filosófica y política clásica; segundo, el discurso social de la Iglesia lo rehabilitó a tiempo cuando agudizó su mirada social a finales del siglo XIX y descubrió la situación lacerante de tantas personas sufriendo las consecuencias de la acumulación de las riquezas en manos de unos pocos. La secular tensión universalista y la vocación misionera de la Iglesia se hacen más visibles cuando se coloca del lado de los pobres y pone en juego sus profundas convicciones respecto del hombre: la igual dignidad, la innata sociabilidad, la unidad de género y el destino común de los seres humanos. La Iglesia institución, desde este ideal de universalidad de la que es portadora, puede presentarse ante el mundo como una comunidad que, sin quedar asociada a ninguna concreción histórica, propone criterios para una mejor orientación de las relaciones humanas en general según el mensaje de Cristo y a la luz de la verdad.

Cuando a mediados del siglo XX la interdependencia de las naciones apenas apuntaba la realidad de una mutación en la manera de concebir el sistema de las relaciones humanas y certificaba la insostenibilidad de la paz mundial con la amenaza continua de la guerra, el genio profético de Juan XXIII, haciendo una lectura atenta de los signos de los tiempos, vio la necesidad de ordenar desde un recto orden moral junto al bien común como principio fundamental de la vida social y el ejercicio de una autoridad competente, la tensión individuo-colectividad en cada ámbito relacional de la persona, tanto en las inmediatas entre los individuos hasta en el de las mundiales. Estás últimas las concibe como un grado superior de organización más allá de las meras relaciones internacionales: la fractura en la convivencia planetaria estaba exigiendo el respeto a la dignidad humana, solo alcanzable mediante el reconocimiento de los derechos y deberes fundamentales de la persona, el bien común universal y una autoridad mundial.

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El principio del bien común encuentra un objeto nuevo, al ser adjetivado como universal, con el que dar respuesta a los problemas de la articulación del binomio individuo-colectividad en los contextos históricos que se han ido sucediendo hasta nuestro presente. Así, con mayor o menor acierto, en medio también del diálogo con el pensamiento contemporáneo, la Doctrina Social de la Iglesia ha emprendido la búsqueda de propuestas más concretas, realistas y en consonancia con la pluralidad de cosmovisiones que tratan de organizar la vida social con el principio del bien común en el contexto actual presidido por el fenómeno de la globalización y sus consecuencias.

Objetivo de la tesis

La redacción de la tesis que presento queda enmarcada en estas directrices, teniendo como objetivo principal profundizar en el principio del bien común universal propuesto en la Pacem in terris y su relación con la autoridad pública mundial, leído desde el pensamiento político católico y la Doctrina Social de la Iglesia para el tiempo presente y marcadamente condicionado por la globalización y la crisis financiera de ámbito planetario. Igualmente, hemos tenido presentes tres objetivos secundarios derivados del principal: (1) redimensionar el nuevo contexto socio-político globalizado desde sus múltiples manifestaciones (la tecnológica, la cultural, la comercial, la financiera, la productiva, la laboral, la axiológica-jurídica, y la política) descubriendo desde la filosofía y el pensamiento el bien común como un principio para la vida social que puede dar respuesta al déficit de convivencialidad de nuestro presente; (2) descubrir y estudiar en profundidad los principios fundamentales y los valores de la moral social en su dimensión constructora de vida en común, desde la filosofía católica y la Doctrina Social de la Iglesia, haciendo hincapié en el valor predominante del bien común universal y el paradigma de circularidad al que responden desde la perspectiva de su operatividad; (4) impulsar e inventar modelos sociales que conduzcan a la comunidad humana hacia una organización más acorde con la realidad de la conciencia del destino común del hombre, arrancando desde las propuestas con vocación universalista conquistadas por la Doctrina Social de la Iglesia, para proponer vías de edificación de la vida social, política y económica desde una lógica de comunión, en respuesta al estado actual de relaciones a través de las posibilidades generadoras de convivencialidad del bien común universal en nuestro presente y para el futuro.

Igualmente, según estos objetivos, indagaré tanto en sus posibilidades de horizonte utópico (paradigmático y plausible) como en su viabilidad operativa para articular, en las principales disciplinas del saber que tienen por objeto lo social en nuestro tiempo, su

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legítima autonomía y su necesaria confluencia en la edificación de una auténtica sociedad mundial como obligado paso para solucionar las altas cuotas de déficit de entendimiento del presente y prevenir las del futuro, porque actualmente o nos salvarnos todos o no se salva nadie.

Metodología

Hemos realizado esta investigación desde una metodología que tiene el diálogo interdisciplinar como herramienta base. Para poder alcanzar los objetivos necesité del encuentro, en el espacio común de lo social, con el pensamiento y las herramientas de disciplinas como la Historia, la Sociología, la Economía, la Política, la Filosofía, la Antropología y la Teología.

Al tener el concepto de bien común, desde los comienzos mismos del pensamiento, una presencia secular e ininterrumpida en la propuesta de la organización de la sociedad, hemos tenido muy presente el carácter preciso y acumulativo del conocimiento. Con algunos autores (Wolin) revindico para el saber filosófico y político dicho carácter (perspectiva histórica) que algunos solo admiten para la ciencia. Así, todas las conquistas en Filosofía Política están presentes en la actualidad y sin ellas hubiese sido imposible el estadio actual de reflexión y el alcance al que se ha llegado. Asimismo, defiendo que la construcción del concepto de bien común es un claro ejemplo de este saber acumulativo de lo político en clave moral y que éste se da en la Doctrina Social de la Iglesia que, desde León XIII y en continuidad pensada respecto al bien común -con la recepción de Tomás de Aquino por parte de los teólogos y del Magisterio eclesiástico, a la par que en las aportaciones al concepto que ellos mismos van a ir añadiendo- se puede afirmar y certificar dicho conocimiento acumulativo respecto al bien común tanto en el pensamiento teológico cristiano como en el Magisterio eclesial y que, en cierto sentido, revela su marchamo de historicidad.

La tesis que presento arranca de la preocupación por el mundo de las relaciones humanas, especialmente ahora que vivimos una crisis de convivencia a nivel planetario, para exponer las respuestas desde la Filosofía, la Política, la Economía, la Ética y la Doctrina Social Cristiana, a fin de proponer las líneas fundamentales para la construcción de modelos sociales que den respuesta a la realidad del presente. Por eso el desarrollo de la tesis tomará, en sentido amplio, elementos del método ver-juzgar-actuar.

En cuanto a la estructura o armazón que se convertirá en exposición escrita, tomaré dos opciones metodológicas respecto a los pensadores que reflexionan sobre el bien común: (1) la preferencia, siempre que sea posible, por la presentación sincrónica de los autores

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por encima de la diacrónica, para percibir mejor que el concepto de bien común se ha ido construyendo más que evolucionando; (2) el uso de un esquema común en el desarrollo del pensamiento de los autores: contextualizar su tiempo histórico y enmarcar su aportación al bien común en su reflexiones globales, particularmente en sus propuestas éticas y de organización social y política, incluso económica.

Igualmente es opción metodológica usar el espacio del aparato crítico como lugar donde ampliar y explicar temas relacionados con el hilo descriptivo del discurso explicativo del texto. Lo hago por claridad investigativa y para que la redacción no quede interrumpida, pretendiendo un diseño para la lectura continua de cada punto, el cual se amplía cuando se vuelve sobre las notas para descubrir todas las implicaciones del tema tratado.

También es procedimental el configurar la redacción de la tesis con una estructura narrativa cuando se usa el método histórico en los contextos. Siguiendo la intuición del historiador y periodista británico Peter Watson, los avances del pensamientos se puede estudiar mejor si en cada época son concebidos como el descubrimiento de la narración aún mayor que conforman de hecho2. Así, la narrativa histórica, presente en casi todos

los capítulos, la mayor de las veces avanzará en el tiempo de forma longitudinal (vertical), pero habrá momentos en que tomará la forma latitudinal (horizontal), con lo que consigo situar en un mejor contexto comprensivo las ideas de los pensadores como, por ejemplo, no tratar en el capítulo 2 y 3 la concepción del bien común socialista y marxista, para presentarlas en el capítulo 4 dentro de los albores del pensamiento católico respecto a la cuestión social, en cuanto que son respuesta primera e inmediata a dicha cuestión, amén de punto referente dentro de los documentos magisteriales del discurso social de la Iglesia desde sus comienzos.

En lo que respecta a la bibliografía empleada anotar que hay un cuerpo fundamental que lo constituyen las fuentes utilizadas del Magisterio de la Iglesia, especialmente de los papas, desde León XIII hasta Francisco en sus discursos sociales y políticos. Igualmente, consideramos fuentes las obras donde los pensadores clásicos, modernos y contemporáneos, que hemos estudiado, vierten sus ideas sobre el bien común y que nos sirven para explicar la evolución del constructo hasta y después de las aportaciones del Magisterio. Precisamente, el criterio de elección de los mismos ha sido su peso significativo al presentarlo como principio constructor (a veces deconstructor) de sociedades y su valor reconocido en la historia del pensamiento. Alguien puede que

2 P. WATSON, Historia Intelectual del siglo XX, Crítica, Barcelona 2002; ID, Ideas: Historia intelectual de la

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eche en falta a algunos, pues no están todos, unas veces por el criterio eliminador anunciado y otras por cuestiones de representatividad que justificaremos cuando llegue el momento. Junto a las fuentes están los estudios y comentarios, otras obras de carácter general sobre el bien común, que ocuparán un apartado propio en la bibliografía general, y todas las obras de múltiples disciplinas a las que acudí para realizar los contextos o explicar aspectos importantes sobre el tema de la tesis.

Estructura de la presentación de los contenidos

La organización expositiva de esta tesis contempla dos partes centrales que están precedidas por un capítulo que puede ser adjetivado de introductorio, pues contextualiza la situación mundial sobre la convivencia social, y por un capítulo final, recapitulador y conclusivo en cuanto que las aportaciones del Magisterio posterior a Juan XXIII están leídas desde lo alcanzado respecto al bien común universal de la Pacem in terris. El cuerpo de la redacción se cierra con las conclusiones generales y la bibliografía empleada. Además, después de cada capítulo o sección haremos un balance comparativo de las circunstancias, de la situación concreta histórica y de los factores que intervienen en el proceso constructivo del concepto bien común a modo de síntesis y valoración.

El primer capítulo es de corte antropo-sociológico. En él, haciendo uso del método histórico y las aportaciones de la Sociología, se constatará el déficit de convivencialidad que oprime la paz y el auténtico desarrollo de la igual dignidad y la sociabilidad innata del hombre. Está divido en dos secciones: en la primera describo la globalización como fenómeno de lo humano que da respuesta en el presente a la tendencia universalista inscrita en el hombre, pero el objetivo no es tanto descubrir la globalización como un paradigma explicativo de la sociabilidad sino reparar en la interdependencia de las naciones y los pueblos apuntada a mediados del siglo XX y los desafíos del presente para una convivencia sostenible en el futuro que ya es indudablemente planetario, barajando la hipótesis de que, haya sido o no su intención, está involucrado hasta la raíz en las dificultades para alcanzar una estable articulación del binomio individuo-sociedad en la construcción de una vida social armónica. En la segunda sección despejo la hipótesis: este fenómeno global está llevando a la humanidad por el camino de una crisis planetaria de la convivencia.

La primera parte partirá de las conclusiones del primer capítulo: la situación actual exige pensar en la gobernabilidad del fenómeno de la globalización caminando hacia un liderazgo mundial, y éste pasa por la necesidad de configurar el principio del bien

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común para las sociedades pluralistas con múltiples visiones sobre el bien y lo común. Pero antes de repensar el concepto y su valor constructor es necesario descubrir su arquitectura como constructo filosófico, ético y teológico para la vida social. Así, en los dos capítulos que la componen, trazo el recorrido histórico-filosófico del concepto desde las primeras reflexiones del pensamiento clásico hasta el debate contemporáneo, pasando por la brecha que introdujo la Modernidad. La finalidad: concretar su definición, su contenido y su operativa en los distintos contextos donde se ha utilizado como organizador y constructor de lo social.

Así, en el segundo capítulo expongo cómo se ha ido gestando el concepto de bien común como categoría constructora de la vida social. El contenido lo distribuyo en dos secciones que dan cuenta, la primera, de la búsqueda del nacimiento del bien común como ejercicio arqueológico y, la segunda, de la construcción del mismo por parte de la filosofía católica. Sin embargo, la exposición, aun siendo cronológica, no es del todo lineal. Es cronológica a pesar de que, después de sistematizar el concepto de bien común en Tomás de Aquino, continúo el rastro de su pensamiento justo hasta antes de la irrupción de Juan XXIII y su aportación respecto al bien común universal, centro de la investigación de mi tesis; y es lineal en cuanto que todos los pensadores, menos los prisioneros de la duda en los umbrales de la Modernidad, mantienen una concepción del mismo de fundamentación metafísica.

El tercer capítulo se centra en la visión del bien común en la filosofía social desde la Modernidad a nuestros días. Igualmente, dividido en dos secciones, en la primera reparado en la búsqueda del bien y lo común en la reflexión moderna, para terminar centrándome en el idealismo alemán y su concepción del bien común. La razón de esta opción es que ellos, Kant y Hegel, mantuvieron un debate sobre el binomio individuo-comunidad. El primero insistió en la individualidad, el segundo en lo comunitario. El pensamiento contemporáneo es heredero de esta tensión de valores e importancias. Por eso, en la segunda sección, explico los sistemas filosóficos que se aferraron a ellos, dos reflexiones que, partiendo de lógicas diferentes, continuaron el debate sobre el bien común que desarrollaron, bastante mediado ya el siglo XX, tanto la lógica individualista sustentadora del liberalismo que se apoya en Kant como la lógica comunitarista opuesta a la concepción del bien común propuesta por los liberales, que ahonda en la idea de comunidad, rescatando a Hegel para fundamentar sus sistemas.

La segunda parte, compuesta de tres capítulos y núcleo de la tesis, enlaza con la anterior porque el bien común es acogido y reconstruido por el discurso social de la Iglesia desde

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la dimensión moral y descubierto con capacidad para poder entrar en diálogo con las áreas del saber que se preocupan de lo social. En esta sección desarrollaré la propuesta del bien común universal de la Pacem in terris en cuanto que en ella se desvelan y fijan, en un mundo donde todos están ligados con todos en un destino común, las bases fundamentales para dar respuesta a la necesidad de un grado superior de organización que pase por la creación de una autoridad mundial y la concreción del contenido del bien común de la humanidad.

El Magisterio de la Iglesia no duda en recuperar el concepto de bien común cuando vuelve su mirada hacia los pobres y descubre la realidad lacerante de un mundo que comienza a organizarse, a finales del siglo XIX, en torno a la riqueza de unos pocos y la situación de miseria de muchos seres humanos. Sin embargo, en el capítulo cuarto comenzaré por situar contextualmente la realidad social cuando Europa cambió el rumbo de la humanidad, dando cuenta de las revoluciones que llevaron a los más frágiles a vivir su existencia como paso obligado ‘por un valle de lágrimas’. También reparo en la acción del capitalismo y su ideología sustentadora como responsable de generar la cuestión social y las primeras respuestas del socialismo y los socialismos a dicha cuestión. Cuando la situación era insostenible surgieron respuestas de los laicos, obispos y consagrados, hasta que León XIII vio en la recuperación institucional de los postulados tomistas la oportunidad, por parte del Magisterio Social incipiente, de reconstruir el principio del bien común con miras a una mejor organización de las sociedades. Desde él, los papas que vinieron hicieron esfuerzos, cada vez más amplios, cada vez mejores, en la respuesta a lo social desde el bien común como Pío XI y sus antecesores, inmersos en tiempos nuevos de guerra y conflicto que necesitaron respuestas nuevas; hasta Pío XII que, a pesar de tener un magisterio disperso en diversos tipos de documentos, centró el bien común con una definición y comenzó a hablar del bien de toda la familia humana junto con los cambios sociales y políticos que se tendrían que asumir para hacer posible la convivencia.

El capítulo quinto tiene su origen en el descubrimiento de la mirada nueva de Juan XXIII hacia lo social y en él desplegaré la propuesta general de la Pacem in terris porque en ella subyacen cambios significativos en el discurso social de los papas. Junto con la percepción de un mundo marcado por la interdependencia fundada en el terror, el papa invita a la humanidad a saber descubrir en los acontecimientos signos de los tiempos que llaman a la esperanza necesaria para construir la paz. El nuevo tratamiento que hace de lo social comienza por la redimensión semántica de los principios básicos de la Moral Social conquistados por los teólogos y por sus antecesores donde el bien común

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adquiere, junto con el orden moral, una relevancia capital. Además, la encíclica suma claridad al ordenar, sistematizar y ampliar en sus contenidos los valores fundamentales que dan solidez a la edificación de la vida social y juzgan tanto las acciones como las instituciones que se mueven en el ámbito de las relaciones humanas.

La preponderancia del bien común para la vida política se acentúa cuando se descubre la relación imprescindible de dicho principio con la autoridad pública y adquiere una dimensión nueva cuando se amplía la mirada a las relaciones entre las naciones. En el capítulo sexto analizo en profundidad lo que añade el adjetivo universal al principio del bien común propuesto en la Pacem in terris como paradigma constructivo de la vida social mundial. De la realidad de la interdependencia surge la obligación de extender el bien común a toda la familia humana y de la insuficiencia de las estructuras internacionales la creación de un nivel superior de organización que se concreta en la propuesta de una autoridad mundial. El siguiente paso que doy es analizar, desde el mayor número posible de perspectivas, el principio del bien común universal tal como es concebido y diseñado por Juan XXIII, con el fin de valorar su viabilidad constructora de vida societaria, no sólo para su contexto histórico sino también para nuestro presente.

En el capítulo séptimo se constata la consolidación del bien común como principio fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia para la construcción social, además de rastrear la relectura que realizan los sucesores de Juan XXIII del bien común universal. En este sentido, resultará de vital importancia dicha relectura en el reciente magisterio social de la Iglesia por la presencia del fenómeno de la globalización. Tanto en la Gaudium et spes como en Pablo VI se afianza la confianza alcanzada en la capacidad del principio como acervo común desde el que proponer modelos sociales que contribuyan a la paz mundial y al desarrollo integral de las personas y de los pueblos. Sin embargo, la riqueza de la propuesta de Juan XXIII, fácil de extrapolar a nuestro presente por ser la globalización una amplificación de la interdependencia, aun siendo reconocida por los últimos pontífices, no ha sido desarrollada en toda su amplitud ni conceptual ni operativamente.

Valoración general

En conjunto, la tesis recorre más de veintiocho siglos de la humanidad pensando en cómo organizar la convivencia que brota de su sociabilidad innata sin que en ello salga perdiendo el individuo en su dignidad, y 120 años durante los cuales el discurso social de la Iglesia no ha cejado en proponer la necesidad de un mejor ordenamiento y

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organización de las relaciones mundiales haciendo un llamado a la constitución de una autoridad competente que garantice el bien común de todos los hombres y de todo hombre. En este largo camino, el reto planteado por Juan XXIII no ha cambiado en su contenido fundamental, pero ha hecho crecer a su alrededor factores vitales para el ser humano, como la claridad que ha ido adquiriendo la enseñanza social de la Iglesia respecto de los principios morales básicos para la construcción de la vida social. Más aún, la Iglesia se ha ganado un puesto como voz autorizada y a tener en cuenta cuando se intenta pensar, juzgar o construir el tejido social.

La Iglesia, ‘maestra en humanidad’, sigue abanderando horizontes utópicos que apuntan al universalismo con una gramática nueva, la que no negocia con la dignidad de la persona, la que promueve los derechos humanos, la que mira, en definitiva, a los más vulnerables del planeta como referencia obligada para construir una sociedad cada vez más próxima al reino de Dios. Más aún, como las demás doctrinas o sistemas, tiene una lógica propia, que la fundamenta y le da coherencia desde que empezó su discurso hasta ahora, una lógica que está por adjetivar: personalista, de lo público, de comunión, del don, del pueblo y de otras que puedan llegar a porponerse, porque todas ellas, aunque vienen a coincidir en lo fundamental, han ido sustentando los discursos de los papas.

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C

APÍTULO

1

U

RGENCIA Y NECESIDAD DE UN PARADIGMA

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El siglo XX terminó con una victoria y despertamos al XXI con una derrota. Nos acostamos convencidos del poder sin límite del carácter de supervivencia del género humano, capaz de superar toda adversidad, aunque sea pagando, aparentemente, unos costes mínimos de recursos materiales, naturales y humanos; pero nos levantamos sobrecogidos por la vulnerable fragilidad de la que estamos hechos.

Los mecanismos de protección diseñados por y para la parte de la humanidad más desarrollada, esos construidos con el poder científico-técnico, la razón, las instituciones, las estructuras, la democracia y los pactos, fueron desmantelados por un pequeño grupo de hombres que, armados con cuchillos, secuestraron cuatro aviones con los que produjeron un caos que acabó con miles de vidas, sembrando un pánico que alimentó el miedo y nos recordó, como dijo Borges, que estamos hechos de tiempo.

Aparentemente salvados de la barbarie de las dos guerras mundiales que provocaron más de cincuenta millones de muertes, no fuimos capaces de leer la vulnerabilidad de la que somos portadores. Las conquistas posteriores a estos conflictos, las que a todas luces tenían el marchamo del éxito por el desarrollo alcanzado, nos impidieron ver las dificultades para mantener la convivencia, rota una y otra vez, aquí y allá, en mil puntos de nuestro planeta, en los continuos frentes de conflicto que se habían ido abriendo, minando la zona de seguridad y confort de los más favorecidos por los resultados logrados.

Satisfechos por tales beneficios, que condujeron al derrumbe de la presunta última barrera que separaba a la humanidad de la barbarie, alejando, así, el terror que amordazaba al mundo con el miedo a la confrontación global y salvados, aparentemente, por el triunfo de la libertad frente a la amenaza del totalitarismo, parecía que, al menos para una parte de la humanidad, los modelos sociales basados en el sistema liberal (en sus extensiones política-económica-cultural-axiológica) nos iban a llevar de la mano hacia la convivencia pacífica y la paz perpetua, a través del triunfo de las libertades individuales y la conquista de los derechos.

Sin embargo, nos despertó del sueño el problema aún no resuelto por el sistema ganador de la batalla: el desigual desarrollo de los individuos, los pueblos y las naciones, la dualización de la humanidad, donde los pobres siguen siendo pobres y sostén de la tranquilidad de los privilegiados que habitan el norte rico, asentados en la tranquilidad de su riqueza y seguridad. La crisis económica y financiera de 2008 fue la punta del iceberg, la manifestación de que el problema de la convivencia entre los seres humanos seguía sin resolverse.

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En este capítulo daremos cuenta del déficit de convivencialidad que estrangula la paz y el auténtico desarrollo de la igual dignidad y la sociabilidad innata del género humano. Divido el capítulo en dos partes.

En la primera parte nos acercaremos al proceso de globalización como fenómeno de lo humano e inacabado por su imparable carácter totalizador, con la hipótesis de que está involucrado hasta la raíz en las dificultades para alcanzar una estable articulación del binomio individuo-sociedad en la construcción de una vida social armónica. Después de ensayar una definición comprensiva de la globalización, busco una reconstrucción arqueológica de la misma desde dos ángulos, uno sincrónico y otro diacrónico, para determinar patrones que permitan conocer el alcance del mismo en el presente histórico. Antes de finalizar la sección recogemos lo expuesto para hacer hincapié en la realidad multidimensional de la globalización y descubrirla en las distintas dimensiones en las que opera: económica, cultural, política y tecnológica.

En la segunda parte desplegamos la comprobación de la hipótesis de trabajo: el proceso de la globalización está llevando a la humanidad por el camino de una crisis planetaria de convivencia. A las puertas del tercer milenio había suficientes indicios que evidenciaban, antes de que terminase el siglo XX, que las dimensiones del fenómeno expuestas en la primera parte iban a devenir en escenarios conflictivos configuradores de la oleada actual de la globalización; si ésta arranca con las premoniciones de finalismo – política-, de fracaso de la mano invisible –economía- y de sobrepasamiento –ecología-, en su fase de ascenso se desvela como la expansión planetaria del capitalismo y el triunfo de la tradición liberal como constructora de sociedades. Así, después de patentizar dicho éxito, pasaremos a descubrir sus consecuencias: la pobreza crece imparablemente, los problemas ecológicos se agravan, el terrorismo y la violencia se mundializan, el Estado de Bienestar logrado entra en crisis, la democracia es cuestionada y el sistema-mundo quiebra quedando secuestrado en una crisis sin precedentes, en cuanto que está afectando a la sociedad occidental haciéndole perder el sentido, es decir, demostrando la incapacidad de la asimetría del poder reinante para proponer una convivencia humana pacífica y estable. Concluimos la sección con un pre-juicio de la globalización y la delineación de los desafíos para el presente y el futuro.

I. EL FENÓMENO DE LA GLOBALIZACIÓN.

En las últimas décadas del siglo XX se ha producido un conjunto de transformaciones económicas, sociales y culturales cuya vertiginosidad y complejidad no admite

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precedente. Comienzan a caer rápidamente todo tipo de muros y barreras entre las naciones, el mundo se ve invadido por nuevas formas de producción y consumo, aparece la preocupación por el deterioro incontenible de los recursos naturales y se globaliza la riqueza y la pobreza bajo un mismo índice exponencial.

Se comienza a hablar de un nuevo fenómeno que ha llegado a convertirse en un paradigma, pero solo para los países en desarrollo. Nos referimos a la globalización que, en su dimensión más aparente, abarca el proceso creciente de internacionalización del capital financiero, industrial y comercial, la emergencia de nuevas relaciones políticas internacionales, la expansión y uso intensivo, sin precedentes, de la tecnología y el surgimiento de nuevos procesos productivos, distributivos y de consumo deslocalizados geográficamente1.

La globalización es un fenómeno de lo humano que en lo conceptual es polisémico, en su concreción, pluridimensional y en su interpretación, por ende, es obligado el uso interdisciplinar. Partiendo de estos presupuestos vamos a hacer una aproximación al concepto sorteando el aislamiento de las diferentes disciplinas que tienen por objeto este tema, para lograr una influencia mutua que arribe en una respuesta conjunta en cuanto a una definición plausible, así como para conocer sus fuentes y desarrollo histórico y apreciándolo en sus diversas dimensiones para, por último, valorar sus consecuencias.

1. Definición descriptiva-comprehensiva de la globalización.

El uso de la palabra globalización se generalizó a las puertas del fin del milenio. En la génesis de su acuñación está el economista Theodore Levitt, quien lo usó en 1983 para dar cuenta de las transformaciones que venía sufriendo la economía en el ámbito

1 La globalización, como proceso histórico totalizador, no solo trata de explicar, sino también de justificar esta

creciente y compleja realidad actual de nuestros modelos de organización social. En este sentido, la reflexión académica y la discusión política que ha generado y sigue produciendo es amplia y abundante; así, determinar analíticamente lo que se puede considerar como global, acotarlo, gestionarlo y valorarlo son los objetivos finales de los estudios que se publican. En un primer momento, la reflexión giró en torno a determinar si es un fenómeno original de la historia reciente o tiene antecedentes en el pasado; en segundo lugar surgió la discusión respecto a si se puede hablar de una única globalización o de múltiples, si se tiene en cuenta la regionalización de la nueva configuración geopolítica del planeta; a ésta le siguió, desde las perspectiva de las ideas, el debate sobre la ideología sustentadora del fenómeno; por último y más recientemente, las aportaciones se centran en las distintas dimensiones en las que se manifiesta y las consecuencias o costes sociales que está produciendo. Como muestra de la proliferación bibliográfica es de reseñar la compilación de L. A. GONZÁLEZ; K. B. HOMO, Globalización-mundialización: una bibliografía seleccionada de fuentes en español: Compiled for the Center for the Study of Global Change; under the Dirección of R. U. GOEHLERT, Globalization: a selected bibliography of sources in Spanish, Indiana University, Bloomington 2005, 133 págs. Para estar al día en la bibliografía es útil consultar la potente herramienta del catálogo electrónico del Sistema de Bibliotecas de Indiana University, tanto el WorldCat (https://iublibraries.worldcat.org) como el IUCAT en: http://www.iucat.iu.edu.

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internacional desde mediados de 19602; pero quien lo popularizó fue el intelectual y

consultor empresarial japonés Kinichi Ohmae con sus trabajos sobre las estrategias planetarias de las empresas multinacionales (1988)3. A partir de estos antecedentes,

comenzó una espectacular aceptación de esta expresión en cuanto que daba cuenta de un paso más en el camino de la interdependencia de las naciones que estaba superando lo meramente económico o comercial. Unos años más tarde, en 1991, el Diccionario de Oxford recogía el vocablo global porque consideraba que esta nueva palabra contenía un elevado potencial de utilización4.

1.1. La contemplación del fenómeno como problema.

En la actualidad se está produciendo una inflación de la palabra globalización. Con ella se busca articular discursos sobre la realidad y escenarios sociales en los que no siempre se acierta a discriminar los matices y connotaciones que se derivan de su contenido. Quizás la novedad del término y la rápida proliferación de su uso hayan influido bastante para que se le haya dotado de cierto carácter polisémico que obliga a clarificar su significado y evitar, así, las ambigüedades con las que se presenta en algunos escritos y ensayos. Por ello, con el propósito de clarificar, hago notar que se aprecian dos tiempos en su utilización como concepto: (1) comenzó siendo usado como un paradigma5

interpretativo de la realidad económica, política-social y cultural del presente histórico; (2) en el proceso de elaboración de este gran ver6 como momento analítico se perciben

etapas que, paradójicamente, no siguen la secuencia lógica del método en el descubrimiento de la realidad: los hechos, las consecuencias y las causas.

Así, las primeras reflexiones del fenómeno se centran en las consecuencias: por ejemplo, no hay distancias; el mundo se convierte en un mercado y la participación en los beneficios es desigual haciendo que estos lleguen a muy pocos. La segunda etapa indaga en sus causas y descubre matices: las nuevas tecnologías de la información están modelando la cultura y los valores humanos, sin aclarar quién o qué está detrás de ello.

2 Cf. T. LEVITT, The globalization of markets: Harvard Business Review, vol. 61, n. 3, (1983) 92-102, en:

http://hbr.org/1983/05/the-globalization-of-markets/ar/1 (acceso 28/05/2016)

3 Cf. G. DE LA DEHESA, Comprender la globalización, Alianza, Madrid 2000, 18-19.

4 En el diccionario se sostiene que la utilización del término global proviene del concepto de aldea global

elaborado por Marshall McLuhan en su célebre Explorations in communication de 1960: cf. R. ROBERTSON, Globalization: social theory and global culture, Sage, London 1992, 8.; sin embargo, Robertson mantiene ciertas dudas respecto a tal procedencia.

5 Usamos el concepto de paradigma como un modelo de análisis, una matriz que disciplina a los científicos

(sociales y naturales) para que trabajen de determinada manera. Esto supone: (1) Un conjunto de problemas y respuestas exitosas para esos problemas; (2) Un cuerpo de teorías, metodologías y técnicas con el que abordan y resuelven tales problemas; (3) La necesidad de contar con la adhesión de la comunidad en general y la científica en particular: cf. T.S.KUHN, La estructura de las revoluciones científicas, Fondo de Cultura Económica, Madrid 199014, 13ss.

6 En los estudios y ensayos sobre la globalización se aprecia el abandono del análisis del fenómeno desde la

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En la última etapa se alcanza a dar con el hecho, con el dato puro, de dónde emerge una descripción más completa del mismo, a saber, que no podemos desligarlo de su condición de fenómeno de lo humano7.

El acontecer de la historia muestra que la vida humana, en su faceta sociable, ha sido proyectada, sin apenas discontinuidad, desde el eje individuo-grupo. No podía ser de otra manera; la sociabilidad innata de la persona ha llevado a la humanidad a diseñar esferas de relación que han ido creciendo conforme a sus necesidades de organización: individuo-familia, etnia-tribu, ciudadano-región, nación-estado; y ahora, en el presente inmediato, en la etapa actual de nuestra historia, la esfera se ha ampliado al mundo entero8: ha crecido la conciencia de pertenecer a una comunidad humana mayor que la

mera asociación, producto de la necesidad de cumplir y cubrir unos objetivos de pleno desarrollo; los seres humanos se sienten enlazados por un fondo común y un destino único9.

Por eso, en una primera aproximación descriptiva, el fenómeno de la globalización se descubre como un hecho unificador y, aunque en la historia encontramos intentos globalizantes, ninguno llegó a cobrar la magnitud y profundidad que está alcanzando el presente10. Entre las razones hay una diferencia esencial: los proyectos pasados

(helenismo, civilización romana, encuentro con América, etc.) buscaban una especie de uniformidad impuesta y no nacida de la conciencia de los individuos, sino de las aspiraciones del poder de unos pocos11; mientras que hoy, aunque la tentación

7 La planetarizzazione dell'esistenza umana non è un fatto bruto, di carattere esclusivamente tecnico, ma una

variazione umana. La forma di vivere rimane condizionata nella sua stessa struttura: M. VIDAL, La morale in prospettiva planetaria: Rivista di Teologia Morale 25 (1993) 13.

8 Cf.M.VIDAL, L'etica teologica nell'era della globalizzazione: Rivista di Teologia Morale 166 (2010) 182.

9 La existencia humana ha alcanzado una etapa avanzada del proceso de crecimiento del que es portador el

hombre y se está verificando, tanto cuantitativamente como cualitativamente, en esta etapa de la historia como un segno epocale: M. VIDAL, La morale in prospettiva planetaria, a. c., 14. El mismo autor repara en las aportaciones, desde la filosofía de la historia, realizadas por Ortega y Gasset al respecto sobre el camino recorrido por el género humano hacia una inexorable necesidad de encontrarse y entrelazarse; más aún, como mostraré en los capítulos siguientes, en la historia de las ideas encontramos filósofos y pensadores que han anunciado tanto la tensión hacia la unidad (Estoicos, Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, etc.) como horizonte utópico fruto de la igual dignidad y sociabilidad de los hombres, como el espíritu de la humanidad que camina hacia su mejoramiento moral (Kant, Hegel…); y por muy mal que le vayan las cosas a la humanidad, aunque la presencia del egoísmo o de las guerras parezca una realidad insalvable, la Providencia (para Kant) o el Espíritu (para Hegel) o la Naturaleza (para Teilhard) se las arregla para que el ser humano progrese; más aún, está puesto en marcha un proceso de humanización que culminará con el surgimiento de una sola conciencia que comienza a verificarse con la, ya evidente y cada vez mayor, unidad del mundo. Para el desarrollo de esta última idea cf. P.TEILHARD DE CHARDIN, Le phénomène humain, Éditions du Seuil, Paris 1955.

10 Cf. M.KAPLAN, Los estados antiguos y la globalización: Boletín Mexicano de Derecho Comparado, año XXXIII,

n. 98 (2000) 637-693.

11 Para el caso de la civilización romana: cf. M.J.HIDALGO DE LA VEGA, Algunas reflexiones sobre los límites del

"oikoumene" en el Imperio Romano: Gerión, vol. 23, n. 1 (2005) 276. Para los proyectos europeos hasta la colonización de América: cf. E.DUSSEL, Hacia una filosofía política crítica, Desclée de Brouwer, Bilbao 2001, 363-369.

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imperialista persista12, el ser humano se siente ligado por múltiples causas al que tiene

más cerca, pero también al que tiene más lejos, constituyéndose una tensión mundialista sin precedentes13.

Efectivamente, en la actualidad, las economías, las culturas y las políticas están entreveradas de tal forma que hay pocas opciones para que un individuo, un grupo o un país pueda realizar su existencia sin contar con los otros. De tal manera es así, que la globalidad ha entrado a formar parte como una característica inherente de la condición de la vida humana presente14.

1.2. Ensayo de una definición comprehensiva del fenómeno.

Teniendo presente la complejidad descrita, para ensayar una definición comprehensiva y amplia del concepto globalización hay que arrancar contemplándolo como un fenómeno de la sociedad internacional contemporánea integrado por un conjunto de procesos interrelacionados marcados por: (1) la tendencia a extenderse al ámbito planetario, porque hay áreas y regiones marginales a las que aún no ha llegado; (2) la estabilidad temporal, en cuanto que no está experimentando retrocesos en su expansión; 3) el carácter predominantemente económico, aunque no exclusivo, ya que está repercutiendo en los múltiples ámbitos de las relaciones sociales; (4) el perfil integrador y totalizador del que es portador, tanto por ser el resultado de procesos múltiples interdependientes, que ni separados ni sumados provocarían la globalización, como por la lógica homogeneizadora que pretende; (5) el protagonismo creciente de los actores transnacionales en detrimento de los actores estatales, que ven limitadas sus capacidades decisorias y reguladoras; (6) el hecho de ser un fenómeno en curso, activamente inacabado; (7) las reacciones contradictorias que genera, como la de ciertos actores locales fragmentados que desafían la lógica hegemónica; (8) la percepción que tenemos del tiempo y las distancias 15 ha cambiado a causa de la presencia constante en

12 La imposición tanto del modelo angloamericano en lo económico y lo político, como la homogeneidad cultural

de las sociedades europeas: R.SCARTEZZINI, Las razones de la universalidad y las de la diferencia, en: S.GINER -R.

SACARTEZZINI (eds.), Universalidad y diferencia, Alianza Editorial, Madrid 1996, 27-28.

13 La globalización emerge en nuestro tiempo como último, pero provisional, capítulo de las globalizaciones

inherentes al proceso de civilización, fuertemente caracterizado en la actualidad por la mencionada tensión mundialista. Para una visión de las diversas perspectivas de los filósofos frente al proceso de globalización, desde la óptica dialéctica individualización-unificación: cf. G. MARRAMAO, Pasaje a Occidente: filosofía y globalización, Katz, Buenos Aires 2006, 11-86.

14 Cf. U.BECK, ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización, Paidós, Barcelona

1998, 26-30. El autor distingue, entre globalidad y globalismo, sin entrar en cuál de los dos conceptos fue el primero; así, entiende el hecho de la globalidad como un proceso creador de vínculos que recrea espacios sociales nuevos y transnacionales; mientras que adjetiva como globalismo la gestión economicista de este fenómeno humano, que cercena la multidimensionalidad de la globalización para negociar exclusivamente con la ideología neoliberal y sus pretensiones de dominio sobre el mercado mundial.

15 Cf. G.GARCÍA I SEGURA, La globalización en la sociedad internacional contemporánea: dimensiones y problemas

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nuestras vidas de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

Incluso atendiendo a estos procesos interconectados, para definir la globalización hay que tener presente una doble perspectiva16: desde una mirada objetiva, se comprende

como el conjunto de fenómenos socio-económicos relacionados entre sí que han acarreado una interdependencia funcional entre sociedades distintas y alejadas,17 que a

su vez ha trastocado la relevancia de las distancias físicas y temporales, de modo que todo ocurre al mismo tiempo y aparentemente cerca porque los avances científico-técnicos y los TIC han reducido el planeta a un escala adaptada a los parámetros de cualquier individuo18; así, si se añade a esta perspectiva la presencia del mundo entero

en nuestras vidas19, en la medida que toda persona tome conciencia de ello, introduce

una mirada subjetiva que interpreta al mundo como un todo. Es decir, no se puede obviar que la conciencia humana amplificada a escala planetaria20 forma parte del

proceso de globalización pero, desde la complicidad con lo subjetivo, la intensificación de la conciencia global es aplicable tanto a los individuos como a los colectivos, a lo local (localización) como a lo mundial (globalización)21. En otras palabras, hay un

aumento de autoconciencia a nivel de civilización, de sociedad, de etnia, de región y también, por supuesto, de individualidad22.

A lo dicho hay que añadir, con pretensión aclaratoria, que, junto al término de

Internacionales de Vitoria-Gasteiz (1998), Universidad del País Vasco Vitoria; Tecnos, Madrid 1999, 322-325. La autora, además de ampliar las características descritas, ofrece un amplio catálogo de definiciones del fenómeno haciendo patente la complejidad de la que es portador.

16 Cf. R. ROBERTSON, o. c., 9. Él es de los primeros en destacar la dimensión objetiva y la subjetiva de la

globalización; su tesis: el fenómeno se intuye tanto como dato de la realidad -un mundo cada vez más pequeño e interrelacionado- como conciencia del mundo como un todo -la percepción de la realidad por parte del sujeto-: cf. A. MARTÍNEZ GONZÁLEZ-TABLAS, Economía política de la globalización, Ariel, Barcelona 2000, 31-48.

17 L. DE SEBASTIÁN, Un mundo por hacer. Claves para comprender la globalización, Trotta, Madrid 2002, 15. 18 Hoy experimentamos que la misma noticia llega simultáneamente a medio mundo; el correo electrónico permite

una comunicación instantánea casi con todas partes; ciudadanos de un país viven y trabajan en otro, y se vuela a Japón o Sudamérica para una reunión de fin de semana. Otras expresiones del mismo fenómeno serían el turismo masivo y, en otro orden, las migraciones de masas en busca de una salida económica: Cf. T.HOWLAND SANKS, Globalization and the Church’s Social Mission: Theological Studies 60 (1999) 631ss.

19 I.CAMACHO, El proceso de globalización, en: B. FERNÁNDEZ F.PRADO (eds.), Pobres en un mundo global,

Publicaciones Claretianas, Madrid 2004, 17. La frase la toma del Document de la Commission Justice et Paix-France: La mondialisation est d'abord la présence du monde entier dans nos vies: SECRÉTARIAT DE LA COMMISSION

JUSTICE ET PAIX-FRANCE, Maîtriser la mondialisation, Centurion, Paris 1999 332.

20 J.GARCÍA ROCA, El siglo que convirtió el mundo en una aldea global: Sal Terrae 87 (1999) 911.

21 Desde la disciplina sociológica hay voces que llaman la atención sobre el peligro de no tener en cuenta la

dimensión subjetiva de la globalidad y del valor dialéctico del eje global-local. Hay fenómenos que suceden en el ámbito de lo local, que aún generados por la globalización (localización), necesitan ser estudiados desde el respeto a lo heterogéneo, porque si se hace desde la mirada de lo global pueden acarrear homogeneidad, es decir, pérdida identitaria de los sujetos concretos y las culturas: cf. R. ROBERTSON, Globalización: tiempo-espacio y homogeneidad-heterogeneidad: Zona abierta 92-93 (2000) 213-242.

22 Nos sentimos parte de la humanidad como un todo, para lo bueno y lo malo; por ejemplo, hasta hace bien

poco los colapsos de la civilización han sido de alcance regional. Ahora, por primera vez, la amenaza se cierne a escala planetaria: P. GÓMEZ GARCÍA, Antropología y técnica, de la hominización a la mundialización: Diálogo filosófico 54 (2002) 512.

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