UNIVERSIDAD DE LOS ANDES
FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES
DEPARTAMENTO DE ANTROPOLOGÍA
¿DESDE DÓNDE JUZGAR EL TRABAJO INFANTIL MINERO?: ANÁLISIS ANTROPOLÓGICO DE LAS NARRITVAS DE LOS NIÑOS MINEROS Y SUS
PADRES EN LA ZONA CARBONÍFERA DE MORCA, BOYACÁ.
Monografía de Grado presentada para optar al título de Antropólogo
Por: Alejandra Fierro Castro
201011580
Director de la Monografía:
Roberto Suarez
INDIDE DE CONTENIDO
1. Introducción
1.1. ¿Por qué hablar de prácticas culturales en la minería tradicional?
1.2. Pregunta de investigación
1.3. Organización del texto
2. Metodología
2.1. Instrumentos de investigación
2.2. El reto ético de trabajar con niños
2.3. Población de estudio
2.4. Trabajo de campo
3. Estado del arte
4. Presentación de resultados
4.1. De independiente y costoso a dependiente y productivo:
Imaginarios sociales de la infancia
4.2. Trabajo como camino al éxito: Educación y crecimiento
4.3. Pequeños adultos: Fronteras y grupos etarios
5. Conclusiones 6. Bibliografía 7. Anexos
7.1. Sobre la identidad campesina
7.2 Guía de entrevistas
7.3. Consentimiento informado
INTRODUCCIÓN
El trabajo infantil1 es un fenómeno social, económico y político que se presenta en múltiples contextos –tanto en países desarrollados como subdesarrollados–, y que
cuenta con diversas interpretaciones políticas e ideológicas. La Organización
Internacional del Trabajo (OIT) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia
(UNICEF) son las principales organizaciones que se encargan de regular y
controlar el trabajo infantil alrededor del mundo, y sostienen que el trabajo infantil
no solo desencadena diversos problemas sociales y psicológicos en la población
infantil sino también en el desarrollo social y económico de los Estados. Su
argumento se basa en una cadena de efectos que inician con la premisa que el
trabajo infantil no permite a los niños y niñas estudiar, lo que a largo plazo genera
pobreza; al no fomentar la educación y el bienestar psicológico para crear seres
económicamente productivos se hace más difícil llegar al desarrollo, por lo que
terminan catalogando al trabajo infantil como un problema y peligro social al ser un
símbolo de subdesarrollo y obstáculo al progreso social y económico.
En 1999 la OIT y la UNICEF crean una nueva forma de categorizar el trabajo infantil: el trabajo peligroso. Por lo que crean el Convenio 182, titulado “Convenio
sobre la prohibición de las peores formas del trabajo infantil y la acción inmediata para su eliminación”, en el cual resaltan formas de trabajo consideradas peligrosas
que deben ser erradicadas con la mayor rapidez posible al ser una medida
prioritaria. Es en este Convenio donde se establece el trabajo infantil minero como
una de las peores formas de trabajo infantil, el cual fue ratificado por Colombia el
21 de noviembre del 2001 (Código de la Infancia y la Adolescencia, 2013: 249). En
el Convenio se sostiene que trabajar en minas y canteras es peligroso, nocivo y vulnera los derechos de la infancia porque “por su naturaleza o por la condiciones
1 En el desarrollo del trabajo tomaré la definición de “trabajo infantil” dada por Donald
Mackinnon, quien lo define como “aquel empleo remunerado dentro o fuera del hogar, o la participación en el mantenimiento del hogar no remunerada mínimo 10 horas semanales” (Mackinnon, 2003: 177).
en que se lleve a cabo, es probable que dañe la salud, la seguridad o la moralidad de los niños” (Código de la Infancia y la Adolescencia, 2013: 251). Por lo que se
han empeñado en adoptar y realizar campañas, convenios internacionales y crear
programas como el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo
Infantil (IPEC por sus siglas en inglés) con el fin de crear conciencia sobre la
necesidad de crear políticas y acciones efectivas para prevenir y erradicar el
trabajo infantil minero con la mayor rapidez posible.
Sin embargo, la posición de estas organizaciones se ha construido con base en
estudios centrados en datos cuantitativos, creando un sesgo metodológico que
deja por fuera aspectos mucho más interesantes de análisis y relevantes para
entender en profundidad el trabajo infantil minero, como es el punto de vista de los
mineros y su contexto social y cultural. Por un lado, su enfoque no resalta la
concepción y significado que tienen los padres de niños mineros sobre el trabajo
realizado por sus hijos, y por otro lado, son estudios de carácter adulto-céntrico al
no considerar la opinión de los niños trabajadores en la agenda política que marca
y guía sus propias vidas; sostienen que es malo que un menor de edad trabaje en
la mina sin escuchar al actor principal detrás de la problemática: el niño minero.
Por otro lado, si bien sostienen que el trabajo en la minería tradicional (pequeña y
mediana escala) se influencia y motiva por razones sociales y culturales, su deseo
es transformarlas y a largo plazo eliminarlas por aquellas creencias y valores que
consideren correctas, evidenciando una posición de interpretación sesgada del
trabajo infantil que solo toma en cuenta una mirada desde la cultura occidental
moderna, es decir, es etnocéntrica al formular normas tan severas sin tener en
cuenta otras visiones y conceptos de la infancia. Entendiendo como “cultura occidental moderna” aquellas sociedades que están inmersas dentro del proceso
histórico, social, político y económico que surge después de la Edad Media en
Europa y se expandió tras el proceso de colonización e imperialismo, las cuales se
en términos económicos y en la acumulación de capital, convirtiendo el desarrollo
en una medida frente a la cual todas las sociedades y Estados deben llegar para
lograr un futuro bienestar, pues conciben sus creencias y valores como las únicas
válidas y verdaderas. Ahora bien, se debe tener en cuenta que existen distintas
sociedades que si bien vivieron y viven el mismo proceso histórico, social, político
y económico no cuentan con el mismo sistema de creencias y valores promovidas
por la cultura occidental moderna, por lo que se podría hablar de múltiples
modernidades. A pesar del carácter tradicional de las sociedades campesinas
donde se realiza minería a pequeña y mediana escala, no están estáticas en el
tiempo, sino que también viven un proceso inmerso en el mundo moderno pero
que no comparten sus mismas creencias y valores. En este sentido, la OIT y la
UNICEF representan las premisas promovidas por la sociedad occidental
moderna, en donde el trabajo infantil impide un desarrollo económico exigido por
Occidente, por lo que se proponen erradicarlo totalmente sin importar que en
contextos locales el trabajo infantil este sujeto a diversas motivaciones y
justificaciones de carácter social y cultural.
De hecho, uno de los puntos clave en el proyecto de eliminación de las peores formas de trabajar infantil del IPEC, es la “Sensibilización y transformación de los patrones culturales que legitiman el trabajo infantil”, con la cual se pretende “Investigar los patrones culturales que legitiman el trabajo infantil y diseñar mecanismos tendientes a su transformación” (OIT, 2004: 19). La OIT afirma que:
“Las encuestas nacionales confirman que hay variables culturales en el
origen de la problemática del trabajo infantil. En el caso de la pequeña
minería, tanto los niños y niñas trabajadores como los adultos, justifican la
presencia de menores de edad en las minas ya sea porque el trabajo "los
aleja de los vicios", "los forma" o simplemente porque "los niños y niñas
tienen buena suerte para descubrir vetas". Estos patrones culturales deben
reconocerse para poder intervenir sobre ellos. Es necesario hacer visible el
niños y las niñas trabajen en esas condiciones tan arriesgadas y que una
vez se entienda el problema, las entidades que tienen competencia se
comprometan con acciones dirigidas a garantizarles los derechos que se les vulneran” (OIT, 2001: 96).
En esta cita, y sobre todo en frases como “reconocerse para poder intervenir” o “que las personas entiendan”, se evidencia un discurso colonialista con una misión
civilizadora y de modernización, en donde se muestra el sistema de valores y
creencias de la cultura occidental moderna como la única valida y verdadera,
considerando otros sistemas culturales como malos y erróneos, los cuales se
deben intervenir para transformar e inculcar lo que se considera correcto para
mejorar la sociedad y llegar al desarrollo. El trabajo infantil en la minería entonces,
se considera como una práctica incorrecta que no permite llegar al desarrollo, por
lo que es necesario intervenir en las comunidades donde se práctica y
transformarlas, lo que de alguna manera, se convierte en una forma de eliminar
prácticas culturales y sociales en contextos locales.
¿Por qué hablar de prácticas culturales en la minería tradicional?2
Hugh Cunningham (2003) y Borja Herrero (2012) afirman que el trabajo en la
minería del carbón se caracteriza por ser de producción familiar y de carácter
generacional, porque de una sola mina puede ser extraído carbón por varios años.
De hecho, Cunningham sostiene que en el caso de Inglaterra, los niños de la zona
rural trabajaban en minas de carbón con toda la unidad familiar por largos
periodos de tiempo. Esta situación cambiaría con la llegada de la Revolución
Industrial, cuando los niños empiezan a trabajar en fábricas, alejándose cada vez
más de la zona de trabajo que era su hogar y acercándose al mundo urbano e
industrializado, lo que generaría una nueva concepción del trabajo infantil, pues
paso de ser aceptado socialmente a ser totalmente incorrecto por las nuevas
2 Para conocer con mayor profundidad la identidad campesina y sus prácticas
condiciones en que empezaron a trabajar los niños y niñas (Cunningham, 2003:
120). Teniendo en cuenta que existen grandes zonas rurales en la
contemporaneidad, se puede hablar del concepto de trabajo infantil previo a la
Revolución Industrial. Varios informes realizados por la OIT (2001, 2004, 206)
sostienen que el 85% de los niños aprenden a trabajar en minería por su familia,
siendo esta una actividad de tradición familiar que pasa de generación en generación; además el 65.3% de los niños se sienten “bien” trabajando y les gusta
hacerlo. Así mismo, Donald Mackinnon (2003) sostiene que la relación entre
producción y tradición familiar, y trabajo infantil no es algo del pasado, sino que en
distintas sociedades, sobre todo del sur, la dinámica familiar cuenta con gran
incidencia en el fenómeno del trabajo infantil, afirma que “la mayoría de niños
trabajadores son del sur y hacen trabajos ligados a la familia, como trabajo doméstico, agricultura o minería en áreas rurales” (Mackinnon, 2003: 149).
Por otro lado, varias etnografías sobre el trabajo infantil en minas y agricultura
realizadas en zonas rurales concluyen que el principal motivo de inserción del
menor al mundo laboral es porque sus padres les dicen que trabajen, con la razón
de que trabajar los forma y los hace honrados, lo cual evidencia una concepción
del trabajo como elemento de educación y socialización (James et. al, 2000), por
ejemplo Jo Boyden realizó una investigación etnográfica en Bangalore, India y
encontró que muchos padres pensaban que el trabajo a temprana edad era la
mejor forma de dotar a sus hijos para la supervivencia futura (Citado en James et.
al, 2000), así mismo, Enid Schildkrout (1980) demostró que en el norte islámico de
Nigeria, el trabajo infantil es crucial para la reproducción social y cultural de esta
zona del país.
Por consiguiente, existen prácticas culturales y de tradición familiar en la minería
tradicional que evidencian una percepción distinta del concepto de trabajo infantil
que manejan la OIT y la UNICEF, pues a diferencia de estas organizaciones que
adultos y niños resaltan su carácter positivo y su importancia para su comunidad.
Por lo tanto, al tener una concepción distinta sobre el trabajo realizado por los
niños mineros se dificulta la tarea de juzgar esta labor como totalmente negativa.
Pregunta de investigación
Por consiguiente, el punto de vista del minero tanto adulto como niño genera
dudas y problematiza las políticas dirigidas directamente a eliminarlo. Por lo que
se hace necesario conocer y entender los significados e interpretaciones de sus
propios actores, porque no sería posible llevar a cabo un proyecto de intervención
que intenta eliminar una práctica cultural arraigada por generaciones, sin antes
entender el significado del trabajo dentro de la propia cultura de los mineros, y el
sentido que tiene para los niños su labor, siendo ellos los principales actores
afectados por las iniciativas de las organizaciones internacionales y el Estado
colombiano.
Así pues, el presente trabajo de investigación intenta problematizar desde un
análisis antropológico la erradicación del trabajo infantil minero en contextos
donde el valor del trabajo está inmerso y justificado por patrones culturales y
sociales, exponiendo una perspectiva del trabajo infantil que difiere con lo
expuesto por el país, la OIT y la UNICEF. Así pues, se busca responder a la
siguiente pregunta de investigación teniendo en cuenta la percepción del trabajo
desde los niños mineros y sus padres, ¿cómo se percibe el trabajo infantil minero
en un contexto social en el que el trabajo gira en torno a dinámicas familiares y
culturales particulares? Alrededor de esta pregunta, también se intentan responder
las siguientes preguntas subsidiarias: ¿están de acuerdo los padres y niños
mineros con la erradicación?, ¿por qué sigue sucediendo a pesar de ser un crimen
penal?, ¿por qué los niños mineros no participan activamente en el debate político
sobre su trabajo?, ¿las categorías usadas por la OIT sí logran abarcar la
limitadas y homogenizan todos los niños dentro de un mismo actor social?, ¿el
trabajo interfiere con el colegio y el desarrollo psicológico de una forma negativa o
también afecta positivamente a los niños?, ¿cómo las políticas de erradicación han
cambiado la subjetividad y la cotidianidad de los niños mineros?
¿Por qué estudiar la infancia trabajadora?
Es importante reflexionar sobre la niñez desde una mirada antropológica porque permite explorar la diversidad de la experiencia humana en sus múltiples etapas y contextos, permitiendo conocer “distintas representaciones del mundo que han creado los humanos” (Colágeno, 2002: 2). De hecho, el antropólogo Lawrence
Hirschfeld (2002) afirma que estudiar la cultura del niño permite entender más ambientes culturales, por lo que es necesario conceptualizar la infancia como una subcultura semiautónoma que debe ser estudiada para ampliar el marco teórico cultural dentro de la disciplina.
Por otro lado, son tres razones por las cuales se definió trabajar sobre el trabajo infantil en la minería colombiana. Primero, porque el trabajo infantil en el sector
minero es un fenómeno actualmente relevante en la coyuntura política, social y económica nacional, la cual hace parte de múltiples proyectos del Estado que se han esforzado por eliminarlo, por lo que resulta ser una investigación práctica. Segundo, porque la investigación es teóricamente relevante. Después de revisar la producción académica en el tema, se puede evidenciar que trabajos que analicen las percepciones de los actores en la minería colombiana es relativamente poca. Si bien analizan el fenómeno minero y la infancia, su preocupación principal es describirlo o analizarlo desde perspectivas económicas, políticas, psicológicas, médicas o periodísticas. Por lo tanto, un estudio que analice el trabajo infantil minero desde un enfoque antropológico y cualitativo, puede otorgarle valor y agencia a la infancia trabajadora. Por último, porque estudiar las experiencias y narrativas de los niños mineros y sus padres teniendo en cuenta sus opiniones e
interpretaciones del trabajo minero, no sólo aporta al conocimiento del fenómeno en sí, sino que lo complejiza al conocer nuevas perspectivas que pueden problematizarlo al darle otra perspectiva social y cultural.
Organización del texto
El texto está organizado en tres capítulos. En el primero, titulado De independiente
y costoso a dependiente y productivo: imaginarios sociales de la infancia, analizo
los imaginarios sociales de la niñez haciendo una comparación entre los
imaginarios teóricos y la conceptualización de infancia en contextos locales;
enfocándome en torno a los imaginarios construidos de los niños y niñas en la
dinámica familiar, argumentando que el imaginario idealizado de ser niño
promovido institucionalmente no es la única forma de conceptualizar e imaginar la
infancia, lo cual nos lleva a reflexionar en cómo el Estado impulsa y expande una
forma de entender la niñez a partir de la política pública que no es nacionalmente
compartida. En el siguiente capítulo, llamado Trabajo como camino al éxito:
educación y crecimiento expongo cómo la educación y el crecimiento de los niños
y niñas ha llegado a ocupar importantes espacios de inversión estratégica dentro
del plan de desarrollo de los Estados modernos, y cómo esta educación se asocia
exclusivamente a espacios definidos por la escolarización, olvidando otros
ambientes de aprendizaje no formales como el trabajo, en donde los niños
aprenden normales y valores fundamentales para su futuro adulto y para la
reproducción social de su comunidad. En el tercer capítulo titulado Pequeños
adultos: fronteras y límites etarios reflexiono en torno a las fronteras y límites
etarios que son establecidos por la jurisprudencia nacional y cómo estos límites
imponen determinadas actividades permitidas y prohibidas, las cuales difieren en
contextos locales, en donde un niño ingresa al mundo adulto mucho antes de los
18 años, por lo que es correcto que un niño ingrese al mundo laboral a los 14 o 15
METODOLOGÍA
La investigación se abordó desde una metodología cualitativa con corte
etnográfico y fenomenológico, utilizando instrumentos metodológicos de las
Ciencias Sociales, y con un sesgo en Antropología Social y Cultural. Si el interés principal es analizar la política de erradicación del trabajo infantil minero teniendo en cuenta las percepciones de los niños trabajadores y su padres en este sector, fue necesario desarrollar la investigación desde un enfoque cualitativo para comprender los fenómenos sociales desde la propia perspectiva y experiencia de
los actores y sus efectos en su subjetividad y cotidianidad, siendo los niños mineros el actor principal de la investigación, porque “las mejores personas para dar información sobre la perspectiva del niño y sus actitudes son los propios niños”
(Scott, 2000: 99).
Instrumentos de investigación
Para lograr los objetivos establecidos se utilizaron instrumentos de investigación
específicos, relacionados en el siguiente cuadro:
Instrumento Objetivos
Entrevistas
semiestructuradas
y etnografía
Reconocer motivos de inserción o deserción en el trabajo de
los menores de edad que laboran en el sector minero.
Identificar las relaciones sociales creadas o fortalecidas en el
contexto laboral minero de la población infantil.
Conocer las experiencias que viven los niños que trabajan en
minería artesanal y de pequeña escala colombiana.
Identificar las narrativas de los niños que trabajan en minería
artesanal y de pequeña escala colombiana cuando se refieren
Conocer la opinión de los niños que laboran en minería
artesanal sobre la idea de erradicar el trabajo infantil peligroso
para menores de edad.
Establecer los aspectos positivos y negativos del trabajo
infantil minero.
Analizar los cambios en la subjetividad y cotidianidad de los
niños mineros generada por las políticas de erradicación del
trabajo en la mina para menores de edad.
Analizar el significado del trabajo infantil para los padres de
niños mineros.
Análisis de
contenido
Identificar los Derechos Humanos en torno a la niñez y los
derechos de la población infantil.
Reconocer la jurisprudencia que regula el trabajo infantil tanto
doméstica como internacionalmente.
Rastrear la política pública colombiana que regula el trabajo
infantil.
Identificar la posición política y social de Colombia frente a las
premisas de organizaciones internaciones como la OIT y la
UNICEF.
Caracterizar los niños que trabajan en minería artesanal y de
pequeña escala colombiana.
Entrevistas semiestructuradas: se realizaron porque permiten acercarse al
sujeto de estudio, conociendo qué piensan, cómo lo dicen y qué sienten los
distintos actores del sector minero sobre su labor. Las entrevistas se
realizaron a niños mineros3 entre 14 y 16 años "para dar voz a sus propios pensamientos, en lugar de depender de la interpretación adulta de su vida"
(Eder y Fingerson, 2002: 181). Se entrevistaron 8 niños al encontrar el
3 Es importante aclarar que solo se entrevistaron a niños porque las niñas realizan trabajo
punto de saturación necesario. Por otro lado, se entrevistaron a sus padres;
conocer su percepción sobre el trabajo de sus hijos fue de gran importancia
para profundizar y entender más a fondo los motivos de inserción y la
importancia del trabajo dentro de la vida familiar del menor. Por
dificultadores en el trabajo de campo, no se logró entrevistar a los padres
de todos los niños, sin embargo se entrevistaron a 4 de ellos. Para esto se
realizaron guías de entrevistas enfocadas en seis temas: experiencia
laboral, dinámica familiar, trabajo infantil, educación, erradicación del
trabajo infantil, y concepción de la infancia y niñez (Ver tabla 2).
Trabajo etnográfico: se realizó observación participante en una mina carbonera de carácter informal, con el fin de contrastar lo relatado en las
entrevistas y evidenciar lo que la gente verdaderamente hace en sus
prácticas y experiencias alrededor del trabajo minero, lo que permitió
explorar en totalidad las complejidades estructurales vividas en la mina.
Teniendo en cuenta que las minas donde trabajan los niños son de difícil
acceso por su ilegalidad y por razones de transporte y seguridad, no se
realizó etnografía en las minas donde trabajan, sin embargo, se llevó a
cabo en una mina a 15 minutos del castro urbano. Si bien no observe
menores trabajando, con la etnografía en esta minas conocí más a fondo el
trabajo minero; tener contacto con sus trabajadores y observar sus
relaciones y comportamientos en su vida laboral, me permitió crear una
idea de lo que un niño experimentaría en su trabajo.
Análisis de contenido: se revisaron archivos bibliográficos, estadísticos e indicadores sociales sobre la infancia trabajadora. Se analizaron
documentos e informes de las organizaciones internacionales que buscan
la erradicación y prevención del trabajo infantil, y la jurisprudencia nacional
e internacional que lo regulan, con el fin de contrastar lo dicho por los
actores mineros, y las políticas ejecutadas por instituciones y el Estado
El reto ético de trabajar con niños
Teniendo en cuenta que el trabajo de campo exige contacto con menores de edad,
se establecieron las consideraciones éticas necesarias para tener consentimiento
informado sobre el proyecto de investigación tanto de sus padres como de ellos
mismos, con el fin de crear una relación ética entre la investigadora y los sujetos
de estudio. Para esto, primero contacté a los padres para solicitar su permiso para
realizar las entrevistas a sus hijos; se les comentó sobre el objetivo del proyecto,
el propósito, la metodología, el proceso de investigación y su contexto de
realización. Una vez hallados los padres que accedieron a participar en el proyecto
voluntariamente, se definieron los paramentos éticos adecuados por medio del
consentimiento informado (Ver tabla 3), en donde se prometió el respeto a su
dignidad, seguridad y privacidad, y la prevención de riesgo y daño, por lo que se
les consultó sí su información personal y la de sus hijos puede ser expuesta en el
documento escrito, y si es posible grabar y tomar notas durante las entrevistas y el
trabajo etnográfico. La publicación de los resultados también está determinada por
los principios éticos adecuados, pues se procuró que los resultados de la
investigación fueran apropiados para un público antropológico, de otras disciplinas
y para las personas de Morca que colaboraron en el proyecto.
Población de estudio
Se eligió como foco de estudio el municipio de Sogamoso ubicado al nororiente
del departamento de Boyacá (Ver figura 4), porque además de ser la minería del
carbón su principal actividad económica, en los distintos informes de la OIT lo
catalogan como uno de los municipios con más trabajo infantil minero. Según el
último informe de la OIT realizado en el departamento de Boyacá, Sogamoso
cuenta con aproximadamente 603 niños y niñas de 8 a 17 años que trabajan en la
minería de carbón, representando el 13% de la población infantil trabajadora en la
Sogamoso además de considerarse de pequeña escala y artesanal, la OIT
también sostiene que en Sogamoso existen patrones culturales y sociales que
promueven la vinculación de todo el grupo familiar al trabajo minero (OIT, 2001).
Específicamente se trabajó en la vereda de Morca, ubicada a 15 minutos de
Sogamoso (Ver figura 5), en donde la mayoría de sus habitantes se decidan a la
extracción del carbón y a la agricultura (OIT, 2001).
Fue por medio del colegio de Morca, Instituto Educativo de Nuestra Señora de
Morca, que se logró localizar a los niños trabajadores en las minas. Debido a que
muchos de ellos viven lejos del colegio y del casco urbano de Morca, fue imposible
contactar a algunos de sus padres por razones de transporte y disponibilidad. Con
los padres que se estableció contacto, se realizaron las entrevistas los domingos
(único día de descanso); a los otros se les mando el consentimiento informado con
sus hijos. Las entrevistas a los niños fueron realizadas en su mayoría en los
horarios escolares, sobre todo en los recreos y la hora del almuerzo. Al finalizar el
horario escolar a la 1 de la tarde, me dirigía a la mina donde me fue permitido
realizar la etnografía hasta aproximadamente las 4 pm. En el siguiente cuadro se
describe la población con la que se trabajó:
Nombre Edad Tiempo trabajando Padre/Madre
Federico 15 años 3 años Lucrecia
Nelson 16 años 2 años
Andrés 16 años 3 años Luis
Enrique 15 años 5 años José
Jonathan 16 años 4 años
Darío 16 años 3 años Vicente
Gabriel 14 años 5 años
Trabajo de campo
Las entrevistas semisestructuradas y el trabajo etnográfico se realizaron entre
enero y marzo del 2014. Durante este tiempo se me presentaron varios obstáculos
que complicaron el desarrollo de la investigación. Haré una breve descripción de
estas limitaciones:
Género: la minería es un sector en donde la mayoría de sus trabajadores son hombres; las mujeres generalmente realizan trabajo doméstico y
agricultura en su mismo hogar. Por lo que ser mujer y acercarme a un
grupo de aproximadamente 8 a 10 hombres los cuales resaltan su
masculinidad y machismo al ser mineros y campesinos, me generó
inseguridad al acercarme a muchos de ellos, impidiendo conocer muchas
minas y limitándome a solo una de ellas.
Ser de ciudad: ser de Bogotá y presentarme como estudiante de una
universidad privada de la capital, genera que me cataloguen como una
persona educada y con dinero, lo cual crea un gran distanciamiento con las
personas del lugar.
Transporte y seguridad: las minas de Morca quedan por fuera del casco urbano, algunas a solo 15 minutos pero otras a más de 40 minutos
caminando. Para llegar a ellas no existe transporte público y algunas veces
no hay senderos marcados, lo que me limitaba conocerlas por razones de
seguridad y de transporte.
La ilegalidad del trabajo infantil: al ser el trabajo infantil en la minería ilegal
genera que sea un tema oculto para los foráneos, sobre todo quienes llegan
al lugar específicamente para conocer más sobre el tema. Las visitas
sorpresa del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y del Ministerio de
Trabajo genera desconfianza en los niños, en sus padres y en los dueños
de las minas. Por lo tanto, generó limitaciones al ser muy complicada la
ESTADO DEL ARTE
La disciplina antropológica ha dejado de lado y ha marginalizado la infancia en sus
distintos estudios. Si bien el estudio de la infancia fue útil en el desarrollo de varias
etnografías, nunca estuvo en el centro de análisis (Colángelo 2002; Hirshfeld,
2002; Pachón, 2009). Por lo tanto, el niño como sujeto de estudio es nuevo dentro
de las ciencias sociales y la antropología, siendo la medicina y la psicología las
primeras disciplinas que iniciaron un estudio sistemático de la infancia por su
preocupación e interés en el desarrollo y crecimiento infantil.
Fue con el surgimiento de la escuela de Cultura y Personalidad, que se creó un
interés en el estudio del niño a mediados de 1940 y 1950, consolidando las
primeras bases de una antropología de la infancia (James, s.f). Representantes de
esta escuela como Margaret Mead y Ruth Benedict, se preocuparon por entender
cómo la cultura moldeaba a los individuos desde el nacimiento formando seres
culturales, y cuál era el impacto de las primeras experiencias de la infancia en la
personalidad adulta y a la cultura que permanecían; por lo tanto, categorías como
socialización, crianza, y aculturación primaron en estudios como Growing Up in
New Guinea (Mead, 1930), Coming of Age in Samoa (Mead, 1928), Blackberry
Winter: My Earlier Years (Mead, 1972). Sin embargo, estos estudios no se
interesaron por analizar el rol activo del niño dentro de estos procesos de
socialización.
Solo hasta mediados de la década de 1970 en Inglaterra, se inició una
preocupación por analizar la infancia desde la perspectiva de los niños y niñas,
reconociendo su capacidad de agencia y decisión (James, s.f). Por ejemplo, la
antropóloga británica Mery Ellen Goodman (1972) se preocupó por entender el
punto de vista de los niños sobre su realidad social, considerándolos como “informantes” calificados. Pocos años después, en 1989, la Asamblea General de
se estipula en el Artículo 12 el derecho de los niños a ser escuchados y expresar
sus opiniones en las decisiones que los afecten. Por lo tanto, se empieza a
evidenciar una reflexión sobre las interpretaciones y opiniones de los niños y niñas
de su mundo social en el discurso político, jurídico y académico.
Actualmente, este nuevo enfoque dentro de la producción académica de la
infancia se construye con trabajados realizados en Estados Unidos e Inglaterra
principalmente. Los cuales se basan en la premisa que el niño es un actor social,
por lo que su preocupación principal es conocer y entender la perspectiva del
mundo desde la mirada de los niños y niñas y su participación en el. Por ejemplo,
autoras como Nancy Scheper-Hughes y Carolyn Sargent (1999) en Small Wars
analizan desde la concepción de los mismos niños cómo finalizando el siglo XX, la
niñez se ve afectada por las estructuras político-económicas globales
contemporáneas. Así mismo, Jim Goddard, Sally McNamee, Adrian James y
Allison James (2013) en Politics of Childhood: International Perspectives,
Contemporary Developments recogen una serie de ensayos para analizar y criticar
el desarrollo de la política de los Estados sin tener en cuenta la opinión de los
menores de edad. Si bien se reconoce en estos trabajos que el niño no ocupa el
rol central dentro de nuestras sociedades, sostienen que es importante conocer y
entender en qué pueden tener una contribución activa, sobre todo en el ámbito
familiar y escolar.
Este enfoque antropológico de la niñez también reconoce que los niños
experimentan diferentes tipos de infancia en distintas sociedades y contextos. Por
lo que se han empeñado en entender la variabilidad y la diversidad en el mundo
infantil alrededor del mundo. Janet Maybin y Martin Woodhead (2003) en
Childhoods in Context analizan fenómenos como la socialización, el trabajo, la
escolarización y la familia en diferentes países del mundo para resaltar distitntas
formas de vivir y actuar sobre la infancia. En el trabajo de Allison James, Chris
preocupación por teorizar la infancia teniendo en cuenta que ser niño se vive de
múltiples maneras dependiendo las variables culturales y sociales.
Dentro de la producción académica en relación a la infancia, es importante resaltar
el libro titulado Centuries of Childhood: Social History of Family Life de Philippe Ariès (1962), quien desde la Historia teorizó sobre “el descubrimiento de la infancia”, y configuró una nueva forma de entender la infancia como una
construcción histórica y social. Por medio del arte y la literatura desde el siglo XII
hasta el Renacimiento, Ariès demuestra que el niño se ha imaginado distinto a
través de los siglos. Solo es hasta el siglo XVII cuando el niño se empieza a
visibilizar, antes de esto la niñez no tenía el mismo significado que en la
actualidad. Por lo que su estudio configura una nueva forma de pensar la infancia
como una representación social que no solo se configura por una cuestión natural
de crecimiento físico.
Por otro lado, el trabajo infantil ha sido un área estudiada por varias disciplinas,
como la antropología, economía, medicina, psicología y la ciencia política. En el
campo antropológico, se han realizado etnografías enfocadas en los niños y niñas
que trabajan en la calle, en minas y realizando trabajo doméstico alrededor del
mundo, analizando el fenómeno en países desarrollados y subdesarrollados
(Begoña, 2005; Mackinnon, 2003; Taft, et. al, 2013; James et. al, 2010), y existen
otros estudios que discuten el fenómeno dentro de la disciplina (Maureira Estrada,
2002). La economía ha estudiado las causas y efectos del trabajo infantil teniendo
en cuenta los modelos neoliberales de los países que lo viven y su aporte en la
economía del hogar (Rausky, 2009), sobre todo países en vía de desarrollo, como
los latinoamericanos (Galli, 2001; Goddard, McNamee, James y James, 2013;
Acevedo, Quejada y Yánez, 2011; Khoudour-Castéras, 2009). La medicina se ha
concentrado en cómo determinados trabajos considerados peligrosos y riesgos
afectan la salud de los niños y niñas, tratando temas de nutrición, enfermedades
Lachica, 2010; Nove Melle, 2008; Urrusuno Carvajal y Rodríguez Fernández,
2009); mientras que la psicología analiza los efectos del trabajo en el desarrollo
social y cognitivo de los niños y niñas, por medio de categorías como educación,
escolaridad y crianza (Del Rio y Cumsille, 2008; Ureña Abadía, Tovar Cuevas y
Castillo Caiceso, 2009; Remorini, 2010). Por último, la ciencia política ha
cuestionado el papel de los organizaciones gubernamentales y no
gubernamentales en el fomento o erradicación del trabajo infantil (Rausky, 2009;
Mesa et. al, 2010).
Dentro de la discusión política y académica en torno al trabajo infantil, existen dos
enfoques teóricos diferentes. El primero es el enfoque abolicionista, posición que
considera el trabajo infantil como una práctica negativa, por lo que se propone
como objetivo último su erradicación. Es representado por las organizaciones
internacionales, como la OIT, UNICEF, el programa del IPEC y Human Rights
Watch (HRW), quienes han estudiado y analizado el trabajo infantil en la minería; y
producen constantemente informes, reportes, boletines, videos y artículos. La
mayoría de sus trabajos, tratan específicamente de formas de prevención y
erradicación del trabajo minero por medio de política pública y convenios
internacionales (Álvarez Miño y Vega, 2004). Así mismo, estudian el trabajo infantil
para caracterizar y describir las condiciones laborales en las cuales trabajan los
niños y niñas. (OIT, 2004; OIT, 2001; IPEC, 2006).
Dentro de esta discusión teórica y académica ha surgido una categoría
denominada Red Tip, por sus siglas en español, la Red sobre Trabajo Infantil
Peligroso (Varillas, 2003). Trabajos de la economía informal relacionados con
agricultura, manufacturas, ladrilleras y minería son considerados como labores
peligrosas, y por lo tanto, las peores formas de trabajo infantil. Por que conciben el
trabajo infantil como un problema social, al afirmar que obstaculiza el desarrollo social tanto de los niños, como de los países que viven éste “problema”.
El segundo enfoque es el proteccionista, el cual reivindica el trabajo infantil y niega
su eliminación considerándolo como un derecho humano. Es asumido por las
organizaciones internacionales y no gubernamentales que están agrupadas bajo el
Movimientos de Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores (NATs). La Molacnats,
es quien coordina la NATs en Latinoamérica, y la ONATS (Organización de Niños,
Niñas y Adolescentes Trabajadores de Colombia) quien la ejecuta en Colombia.
Estas organizaciones guidadas por el enfoque proteccionista, argumentan que el
trabajo infantil tiene aspectos positivos al considerarla una experiencia laboral que
forma parte integral del proceso de socialización y de crecimiento. Su producción
académica se basa en la publicación de artículos en las revistas de las
organizaciones, sobre todo en la Revista Internacional desde los Niño/as y
Adolescentes Trabajadores, y libros bajo la editorial llamada IFEJANT. En estos
trabajos se destaca la necesidad de buscar participación y protagonismo infantil en
las decisiones que conciernen su trabajo, y problematizar no tanto el trabajo en sí,
sino las condiciones laborales (Cussiánovich, 2010a; 2010b; Sanz, 2010;
Schibotto, 2010; Liebel y Saadi, 2010).
Se puede evidenciar que cada uno de estos enfoques teóricos sobre el trabajo infantil, “está cargado de valores y conflictos ideológicos en torno a lo que se considera apropiado y bueno para la niñez” (Ruasky, 2009b: 685), es decir, el eje
central de la discusión está en qué concepción se asume sobre la infancia y cómo
se cree que es mejor vivirla dignamente. Ahora bien, el presente trabajo de
investigación se ubicaría en el enfoque proteccionista, porque intenta darle una
perspectiva del trabajo infantil minero teniendo en cuenta la perspectiva de sus
propios actores y su contexto cultural, resaltando que más allá de considerarlo un “problema social” existen otras miradas sobre este fenómeno.
Por último, en la producción académica del trabajo infantil minero resaltan trabajos con enfoque multidisciplinario realizados en Latinoamérica y en países africanos. Dentro del ámbito latinoamericano, se analiza el fenómeno minero desde el
análisis político (Mesa, Alfonso y Costa, 2010), de salud pública (Ospina Díaz,
Manrique y Guio Garzón, 2010), y con un lente antropológico (Godoy, 2013;
Ballard y Bancks, 2003). Por ejemplo, varios estudios analizan el impacto en la
salud de los trabajadores mineros, teniendo en cuenta que se reconoce como un
trabajo peligroso y riesgoso, sobre todo por el efecto del mercurio en los
trabajadores de las minas de oro (Base-O´Reilly, McCarty, Stecking y Lettmeier,
2010; Veiga, Maxson y Hylander, 2006). En el contexto africano, países como
Tanzania, Ghana y el Congo han sido foco de estudio. Hilson (2009) y Campbell
(2009) han estudiado la relación entre la minería de pequeña escala con el
desarrollo económico y la pobreza en Ghana. Así mismo, Draschb, Beinhoffc,
Draschb y Bose-O (2010) y Martina Savio (2010), analizan la situación minera en
Tanzania desde dos perspectivas, en relación con la situación de salud en los
trabajadores, y el rol del Estado en la regulación minera. Por último, Mwaipopo,
Mutagwaba, y Nyange (2004), analizan la relación positiva entre la producción
minera, enfocándose en el trabajo infantil y la reducción de pobreza en el Congo.
Adicionalmente, como parte de la producción académica fuera de Latinoamérica y
África, el libro de Robert G. McIntosh (2010), titulado Boys in the Pits: Child Labour
in Coal Mines, analiza la situación del trabajo infantil minero durante el periodo de
industrialización en Canadá.
En el caso colombiano, el periodismo ha tenido un interés en conocer en
profundidad el trabajo infantil minero por lo que se han realizado varias crónicas y
documentales, siendo Cecilia Muñoz y Martha Palacios quienes inician la iniciativa
y publican en 1980 el libro El niño trabajador: testimonios. Después la periodista
María Teresa Herrán publica una crónica escrita por los mismos niños mineros en
Tópaga, Boyacá, en el libro Otros Niños: testimonios de la infancia colombiana en
el año de 1993. Adicionalmente, el trabajo de Céspedes Sastre y Zamara Meyer
(2000), titulado Living and Working Conditions: Child Labour in the Coal Mines of
Colombia, describe el trabajo infantil en el Cerrejón, teniendo en cuenta los
el diagnostico publicado por Minercol, la OIT e IPEC, llamado “Las Niñas y los
Niños que Trabajan en la Minera Artesanal Colombiana: diagnostico sociocultural económico y legislativo” (OIT, 2011). Así mismo, es importante mencionar que en
los últimos años la minería ha llegado tener un fuerte impacto dentro de la academia y los medios, por su importancia internacional y doméstica, y su efecto
en la población civil la cual lo realiza. Al ser un tema de coyuntura política,
económica y social, los principales medios nacionales han llevado registro de lo
que ha sucedido, sin embargo, por la misma naturaleza de sus intereses, solo
visibiliza e informa sobre los hechos.
Por consiguiente, se puede evidenciar que dentro de la producción académica
existen pocos trabajos que reflexionen en torno a la percepción y las experiencias
creadas en el campo laboral; categorías como narrativas, cotidianidad, vivencias,
relaciones sociales e imaginarios, están presentes pero no son foco de atención
en las investigaciones realizadas. Generalmente, los estudios están enfocados en
análisis cuantitativos y descriptivos, que buscan dar cuenta del fenómeno desde
los hechos y no desde los imaginarios y las experiencias de los actores. También
se evidencia que la producción académica sobre el trabajo infantil minero está
basado en ideas adultocéntricas, porque son los adultos que hablan de la infancia,
que la describen, interpretan y crean una imagen de los niños desde su propia
perspectiva, en el sentido que no se toma el punto de vista del menor y su
capacidad de agencia y decisión. Por lo tanto, se hace evidente un vacío teórico y
de producción académica que trate la percepción e interpretación de los actores,
sobre todo de niños que trabajan en zonas mineras sobre su labor y su
cotidianidad dentro de las minas. Así pues, surge la necesidad de analizar cómo
los niños y niñas que trabajan en la minería artesanal colombiana experimentan y
DE INDEPENDIENTE Y COSTOSO A DEPENDIENTE Y PRODUCTIVO: IMAGINARIOS SOCIALES DE LA INFANCIA
Varios autores han demostrado por medio de análisis antropológicos, sociológicos
e históricos que el concepto de niñez es un fenómeno social y cultural; pues
argumentan que a través de la historia hemos construido distintas formas de entender y concebir a quienes llamamos “niños” (Ariès, 1962; Cunningham, 1991;
James et. al, 2010). El historiador Phillipe Ariès (1962) sostiene que el concepto
de infancia como se entiende en la modernidad occidental, cargado de ideas y
concepciones fuertemente marcadas por la educación, la protección, la
vulnerabilidad, el entretenimiento y la independencia, es relativamente nuevo.
Ariès afirma que antes del siglo XVII no se hablada de infancia como lo hacemos
ahora, pues la infancia era un periodo con otras funciones sociales y con una
valoración cultural diferente; por ejemplo, los niños se consideraban
independientes en el momento en que no tuvieran que solicitar cuidados, los
vestuarios y juegos de niños y adultos eran iguales, a edades tempranas (4 o 5
años) se les consideraba fuertes y carentes de protección, de hecho, los niños se convertían en adultos a los 7 años, pues “si el individuo superaba la mortalidad y
era inmune a la insalubridad de la época se consideraba ya un sujeto activo de la sociedad” (Bácares, 2012: 41). Por consiguiente, la idea de la infancia que
tenemos en la actualidad permeada por un inmenso protagonismo y protección en
el discurso familiar, social, político, legal y económico de los Estados modernos no
tiene más de 4 siglos.
En el trabajo más influente de Phillipe Ariès titulado Centuries of Childhood: Social
History of Family Life, se argumenta y ejemplifica cómo el concepto de infancia y
el imaginar ser niño ha cambiado a través de los siglos. El autor argumenta que en
la Edad Media la idea moderna de niñez no existía, es decir, el lenguaje no daba a la palabra “infancia” el mismo significado proteccionista y restringido como hoy
cuando apareció un nuevo concepto de infancia que continúa vigente hasta hoy.
Ariès sostiene que fue con el decaimiento de las anarquías absolutas –periodo conocido como Antiguo Régimen– y el ascenso de la sociedad burguesa cuando
sucedieron dos fenómenos importantes gracias a la reformar moral, religiosa y
pedagógica de la época. Primero, se descubrió el niño como un individuo
específico, y segundo, se estableció un destino exclusivo para él. Lo cual dio lugar
a nueva actitud contradictoria hacia el niño expresada en cariño y en inocencia, y
en severidad y educación. Por lo que se evidencia que el mundo infantil y el adulto
no eran distantes como lo son ahora, generando otra forma de percibir la infancia, pues “la infancia como la sociedad misma se transforma” (Bácares, 2012: 41).
Esta noción cultural detrás de la niñez y su transformación en el transcurso de los
siglos, ha creado y fortalecido determinados imaginarios sociales de la infancia.
En el mundo occidental actual existen imaginarios fuertemente marcados de lo
que se entiende como infancia, los cuales son el resultado de la forma en que
conceptualizamos el ser niño, es decir, el conceptualizar la infancia de una manera
determinada crea ideas específicas de lo que significa y debería ser un niño. Así
pues, el Estado colombiano y las organizaciones internacionales como la OIT y
UNICEF defienden un concepto de infancia en donde ideas como protección,
vulnerabilidad, educación y felicidad priman en su discurso –ideas que
generalmente son compartidas por la mayoría de las sociedades occidentales
modernas (James et.al, 2010). Sin embargo al ser la infancia un fenómeno social e
históricamente construido, se pueden identificar diferentes maneras en cómo se
conceptualiza y se percibe la idea de ser niño o niña y cómo actuar sobre ellos; la
infancia entonces, tiene múltiples significados según su contexto temporal y
cultural. Por lo tanto se crea una discrepancia entre los imaginarios occidentales
que buscan cumplir el Estado colombiano y las organizaciones internacionales, y
los imaginarios detrás de la niñez en contextos locales como los que se evidencian
en la vereda de Morca en Boyacá. Así pues, en este primer capítulo evidenciaré
niñez defendidos por Colombia (evidenciado en la jurisprudencia nacional) y la
OIT, y el concepto de niñez de la sociedad campesina de Morca, para argumentar
que el Estado colombiano, la OIT y la UNICEF tienen unos imaginarios de infancia
que buscan cabalmente cumplir por medio de política pública, convenios y
programas, pero la realidad vivida en otros lugares del país es otra,
problematizando la idea de concebir estos imaginarios como universalmente
compartidos. Para esto reflexionaré en torno a los imaginarios sobre el rol del niño
dentro de la dinámica familiar y la vida privada enfocándome es dos ideas
principales; por un lado en la idea de concebir al niño como un ser dependiente
emocional y económicamente, y por otro lado, de percibir al menor como gasto en
comparación con la idea de niño percibido como un agente autónomo y con
producción económica propia.
“Para andar pidiendo a los padres no… No va conmigo”
Al analizar los distintos informes de la OIT y el Código de la Infancia y la
Adolescencia se percibe un discurso proteccionista marcado por ideas que
resaltan el carácter dependiente del niño, tanto emocional como económico; en
otras palabras, sus ideas defienden un concepto de la infancia en donde el niño
debe ser protegido y cuidado de la mejor manera por el adulto, de hecho el
artículo 20 del Código habla sobre los derechos de protección del menor. Estos
imaginarios generan dependencia del niño hacia al mayor y más vulnerabilidad y
privilegio dentro del ámbito familiar. La relación directa y positiva que encontramos
entre dependencia y niño ha sido cada vez más fuerte, porque históricamente se
ha prolongado el periodo de la infancia y cada vez es mayor la atención dedicada
al niño (Cunningham, 2003). De hecho, Phillipe Ariès (1962) afirma que antes del
siglo XVII no se concebía la infancia como un periodo fundamental en nuestra vida, porque era una etapa sin importancia que pasaba rápidamente, –noción que
en la actualidad es totalmente opuesta. Así mismo el antropólogo Hugh
vez más largo, como resultado de prolongar el tiempo dedicado a la educación
básica y universitaria. Por lo tanto, el ser niño se ha convertido en sinónimo de
dependencia emocional y económica. Ahora bien, en los niños mineros de Morca
se evidencia que el imaginario teórico de niño como dependiente no es una
representación de la infancia que prime en la mayoría de la vereda, la búsqueda
de los niños por lograr independencia familiar y económica a corta edad es un
ejemplo de ello, como también lo es el hecho de que los padres dejen de
responder económicamente de ellos, sobre todo en el ámbito escolar, a los 14 o
15 años aproximadamente.
Los motivos de inserción de los niños al mundo minero evidencian que la razón
principal por la que empiezan a trabajar es porque quieren ser independientes,
siendo niños de 12 a 14 años. Si bien la educación y la diversión son importantes,
desean ser parte del mundo adulto al demostrar que pueden conseguir lo que
necesitan y lo que quieren sin la necesidad de depender de alguien más. Por
ejemplo, al preguntarles por qué habían empezado a ser mineros, Federico afirmó
que empezó a trabajar por “necesidad, a veces uno necesita sus cosas: ropa,
cuadernos, cuando se sale con sus amigos son cosas de uno, y para andar pidiendo a los padres no… no va conmigo”; así mismo Nelson me comentó que: “pues quería ganar lo mío propio, para tener cosas mías”, y Jonathan respondió:
"consigue uno lo que quiere, ¿no? Se necesita plata para comprar sus gustos". En
estas respuestas se evidencia un discurso individualista y de independencia en
posesivos como uno, mío y mías. Por lo tanto, el trabajo está ligado a un deseo de
tener consumo y entretenimiento independiente y personal. Además sus
respuestas también están ligadas a la idea de necesidad. Ellos definen esta necesidad en gastos escolares (libros, onces, útiles, uniforme), “gustos” (ropa,
celulares, maletas) y entretenimiento (salir con amigos a tomar cerveza).
Para ellos una vez lograda una independencia económica y ser capaces de costear sus “necesidades” personales, también logran una independencia
emocional y familiar. Adquieren independencia emocional al demostrarse a ellos
mismos y a los demás que se pueden cuidar por sí solos, generando un fuerte
sentimiento de satisfacción y gratificación personal. Como en el caso de Darío,
quien ingreso al mundo laboral porque su padre le decía constantemente que era muy consentido, él dice: “pues yo también quería mostrarle que yo también podía conseguir lo mío solo... y pues se lo demostré”, lo cual evidencia la importancia
que tiene para los niños mineros el comprobar y demostrar su capacidad de
agencia e independencia, sobre todo al estar sumergidos en una cultura
boyacense campesina donde demostrar dependencia es importante para un niño
para formar familia y tener un buen futuro, pues desde pequeño está demostrándose a sí mismo y a su comunidad que “no se va a varar en la vida”,
como lo mencionó Lucrecia, madre de niño minero. Se podría afirmar también que,
con esta actitud el niño está construyendo su identidad campesina y está
reproduciendo los valores culturales promovidos y aceptados por su comunidad.
Por lo tanto, trabajando se construye un imaginario poblacional sobre un niño que
es independiente desde pequeño y esto genera confianza hacia un posible éxito
en la vida adulta del menor. A diferencia del imaginario promulgado por el Estado,
en el cual un niño no puede trabajar porque afectaría su desarrollo psicológico,
moral y físico, estropeando fuertemente su futuro adulto. Por consiguiente, se
evidencia un imaginario en Morca donde el trabajo es importante para la vida
adulta del menor, en contraste con una representación de la infancia defendida por
Colombia en donde el trabajo va a afectar negativamente la vida del niño.
Así mismo, por medio del trabajo en la mina, los niños construyen un rol específico
dentro del hogar que no se caracteriza por la protección y la vulnerabilidad, sino
por una autonomía personal y económica. Para los niños mineros de Morca el
trabajar significa algo más allá de adquirir dinero, pues saben que si trabajan van a
poder responder por ellos mismos y no van a tener que solicitar autorización de
sus padres para salir con sus amigos o ir a las minas para trabajar. Por lo tanto, la
la responsabilidad de cumplir con sus gastos, construyendo la idea de que los
padres pierden autoridad y responsabilidades hacía sus hijos porque ellos mismos
asumen el valor de sus gastos y sus actividades, por lo que los padres no tendrían
razones para negarles un permiso; por ejemplo Federico me decía que para él es muy importante trabajar porque “no dependo casi de nadie... nadie me va decir nada qué haga y qué no”. Nelson también me comentó que a su mamá no le gusta que trabaje: “ella no le gusta mucho, ¿pero qué? Igual yo trabajo”, lo cual
evidencia una contradicción con el hecho que aunque su mamá no le guste que su
hijo trabaje, no puede impedirle que lo haga, pues en la vida familiar de Morca se
respetan las decisiones autónomas tomadas por los niños; generando que el
imaginario de percibir al niño sujeto a las decisiones de los padres otorgándole
menor autonomía social y personal no se presente en la concepción de niño de
esta vereda.
Esta concepción de la infancia construida en Morca difiere de la concepción de
infancia que plantea el Estado colombiano y la OIT, pues para estas instituciones,
prima una imagen del niño como dependiente y con poca autonomía, por lo que
los padres deben asumir la responsabilidad total de las decisiones tomadas en la
vida familiar en relación a sus hijos, es decir, los niños no deciden por sí mismos
sino que sus padres deben estar directamente involucrados en las decisiones en
las que el menor puede ser afectado, de hecho la OIT llega a culpar a los padres de los niños mineros por la “terrible decisión de dejarlos trabajar”, así mismo el
Estado penaliza a los padres de los niños involucrados en tareas mineras.
También se les confiere determinados deberes que cumplir en relación a sus hijos,
donde la idea de cuidado y protección están fuertemente marcadas, tanto así, que
en el Código de la Infancia y la Adolescencia se establecen los derechos de los padres hacia sus hijos en el Título XII, titulado “De los derechos y obligaciones entre los padres y los hijos legítimos”.
“A los papas toca colaborarles en algún aspecto”
También existe un imaginado fuertemente consolidado que consiste en definir al
menor de edad como un ser económicamente costoso, pues es el eje central de la
inversión económica del hogar, posicionándolo en un lugar privilegiado dentro del
ámbito privado y familiar. Esta inversión económica se basa principalmente en el
imaginario de construir por medio de la educación, seres razonables, productivos y
buenos ciudadanos en su futura vida adulta. El fuerte deseo de individualismo e
independencia de los niños mineros de Morca rompe con la concepción de que el
niño es sinónimo de gasto, pues al ser económicamente independientes son vistos
como niños productivos y no como costosos.
Según Allison James, Chris Jenks y Alan Prout (2010) la infancia se entiende
como costosa por el valor que la educación ha adquirido en las sociedades
modernas, pues al concentrarse plenamente en la escuela para formar adultos
activos dentro de la sociedad, se prioriza la producción económica en el futuro del
niño más no en su presente, por lo que no puede producir ingresos económicos
sino que se convierte en el gasto principal dentro de la familia. Por otro lado, Hugh
Cunningham afirma que la concepción de que los adultos no deben ver a los niños
en términos de su utilidad sino que deben dar todo para hacer de la niñez la mejor
experiencia posible, se construyó a finales del siglo XIX y comienzos del XX
(Cunningham, 2003: 11), por lo tanto, concebir al niño en términos de gasto es una
idea de la modernidad. Según Cunningham (2003) esta idea le dio poder al niño
dentro de las familias: los padres no podían asumir que podían pedirles cosas a
sus hijos, sino todo lo contrario, los hijos tenían el derecho de pedirle todo a sus
padres; sin embargo este empoderamiento dentro de la familia resultó en perdida
de independencia. En el caso de Morca existe un concepto de infancia diferente,
en donde se percibe al niño en relación a su utilidad, generando una imagen del
Lucrecia, madre de Federico, afirmó que para ella es importante que su hijo
trabaje porque además de la experiencia que puede ganar en la mina ayuda con la
economía familiar. Si bien Federico maneja su propio sueldo y no le da a sus
padres dinero en efectivo, coopera económicamente en el hogar porque al trabajar se convierte en un niño productivo. Así mismo, Jonathan me comentó que “cuando uno empieza a estudiar a uno lo ayudan, ya después ya no”; a él lo dejaron de
ayudar a los 14 años cuando entró a noveno grado en el colegio. Con esto se
evidencia que existe un punto en la vida del niño de Morca en el cual los padres saben que ellos se pueden mantener solos, por lo que los dejan de “ayudar”
económicamente para sus gastos escolares y personales. Por consiguiente, el
imaginario occidental de que los padres deben asumir todos los gastos
económicos hasta que el niño termine su proceso de formación no ocurre en el
caso de Morca, en donde culturalmente se puede esperar de un niño de 14 años
asuma sus propios gastos económicos.
Detrás del conceptualizar la niñez como productiva económicamente tanto en su
futuro como en su presente, está la idea de ayuda y cooperación familiar. Autoras
como Rossana Galli (2001) y María Eugenia Rausky (2009b) han demostrado la
importancia que tiene el trabajo infantil en el sostenimiento de la familia, no solo en
el aspecto económico sino también en la calidad de vida de sus integrantes. Rossana Galli afirma que: “la contribución del niño en los ingresos económicos es
relativamente alto, y representa entre el 20% y 30% de los ingresos familiares de la mayoría de las familias suramericanas” (Galli, 2001). Varios estudios también
evidencian que la gran ayuda del trabajo infantil en la economía del hogar es un
fenómeno mundial; en la zona urbana de Bolivia, los niños trabajadores apoyan
con un 21% a los ingresos familiares, sucede casi lo mismo en India en donde contribuyen un 20%, “por lo que se podría afirmar que en estas situaciones la riqueza y la supervivencia de la familia dependen del trabajo infantil” (Dessy y
Pallage, 2005). Adicionalmente, el trabajo infantil, por incrementar el ingreso
incluso podría llegar a mejorar las relaciones familiares y disminuir la violencia
intrafamiliar (Taft et.al, 2013).
En Morca la contribución del menor a la economía del hogar también es
fundamental. Por ejemplo Enrique afirmó que: "uno necesita comprar sus cosas y
entonces los papás no tienen el dinero suficiente para ayudarlo a uno, entonces
uno lo hace solo para que él no tenga que pagar tanto en mi", así mismo Andrés dijo en la entrevista: “yo a veces le doy a mis papas, para el mercado y así, para lo que ellos necesiten”, como también Jonathan afirmó: “a los papas toca colaborarles en algún aspecto… también por eso a ellos les gusta que uno trabaje”. Estas citas evidencian que detrás de buscar independencia propia,
también es fundamental tener en cuenta la imagen construida en Morca de un niño
que a corta edad puede colaborar para incrementar la riqueza del hogar,
demostrando la fuerte concepción de niño como productivo económicamente para
el hogar y para su vida personal, pues saben perfectamente que representan un
gasto económico para sus familias y quieren asumirlo para no ser una carga para
nadie, reforzando la idea de independencia e individualismo al demostrar su
utilidad social y económica para sus familias.
No obstante, a pesar de la importancia del trabajo del menor para el sostenimiento
del hogar, la OIT y la UNICEF no perciben las actividades del niño como
generadoras de valor económico, es más, prima un fuerte imaginario que busca
alejar a los niños del mundo del dinero, pues este se considera propio de los
adultos, por ejemplo, la campaña en contra del trabajo infantil del ICBF sostiene que: “lo normal de tu niñez es formarte y crecer como niño, niña o adolescente y no trabajar como si fueras adulto, pues no lo eres”, con lo cual se evidencia una
brecha fuertemente marcada entre mundo infantil y adulto –siendo el trabajo solo del mundo adulto–, y por esto las categorías de trabajo e infancia generalmente se
relacionan de forma negativa. Sin embargo es importante aceptar que los niños