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Género y transmisión de la violencia física

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Academic year: 2020

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(1)Género y Transmisión de la Violencia Física 1. Universidad de los Andes Facultad de Ciencias Sociales Departamento de Psicología. GÉNERO Y TRANSM ISIÓN DE LA VIOLENCIA FÍSICA. Trabajo de grado para optar al título de PSICÓLOGA. Vanesa Blanquer Gelez. Bajo la dirección de Jacqueline Benavides Delgado. Bogotá, D.C., Enero 2006.

(2) Género y Transmisión de la Violencia Física 2. Las abajo firmantes Directora y Lectora aprueban la tesis presentada por:. Vanesa Blanquer Gelez. DIRECTORA. LECTORA. COORDINADOR DE TRABAJO DE GRADO.

(3) Género y Transmisión de la Violencia Física 3. Tabla de Contenido 1. Resumen………………………………………………………………………………….7 2. Género y transmisión de la violencia física…………………………...….…..…………..8 Diferentes Teorías………………………………………………….………………..9 Violencia……………………………………………………………….………......12 Género y Tipos de Violencia……………………………………………………....16 Factores de riesgo relacionados con la aparición de la violencia………………….18 Transmisión de la violencia………………………………………………………..28 Transmisión y Género……………………………………………………………..29 Objetivo e Hipótesis…………………………………………………………… …32 3. M étodo…………………………………………………………………………………..33 Participantes………………………………………………………………………..33 Instrumentos……………………………………………………………………….33 Procedimiento……………………………………………………………………...35 4. Resultados………………………………………………………………………………36 5. Discusión………………………………………………………………………………..43 6. Anexos…………………………………………………………………………………..49 7. Referencias……………………………………………………………………………...61.

(4) Género y Transmisión de la Violencia Física 4. Lista de Tablas Tabla 1. Estadísticos descriptivos para agresores…………………………………………37 Tabla 2. . Estadísticos descriptivos para víctimas…………………………………………39 Tabla 3. Anova de un factor para agresores……………………………………………….40 Tabal 4. Anova de un factor para víctimas………………………………………………..41 Tabla 5. Estadísticos de Contraste de Kruskal-Wallis ……………………...…………….42.

(5) Género y Transmisión de la Violencia Física 5. Lista de Figuras Figura 1. Tipos de Violencia……………………………………………………………..13.

(6) Género y Transmisión de la Violencia Física 6. Anexos Anexo 1. CHQ M adre……………………………………………………………...49 Anexo 2. CHQ Padre………………………………………………………………51 Anexo 3. CADRI Traducido……………………………………………………….53 Anexo 4. CADRI Original…………………………………………………………55 Anexo 5. Consentimiento informado para menores de edad………………………56 Anexo 6. Consentimiento informado para mayores de edad………………………58 Anexo 3. CHQ Original……………………………………………………………59.

(7) Género y Transmisión de la Violencia Física 7. Resumen El objetivo central de esta investigación fue determinar si la historia de maltrato físico en jóvenes de sexo masculino, donde el agresor fue el padre, genera patrones de violencia o de victimización en la relación de noviaz go. Se aplicaron dos cuestionarios a una muestra masculina de adolescentes de un colegio de Bogotá D. C. El primero estos recoge información acerca de la historia de maltrato en la infancia, llamado Childhood History Questionnaire (CHQ) y el segundo es un cuestionario que evalúa la agresión y la violencia y contiene escalas que miden diferentes comportamientos de contenido agresivo y/o violento que se manifiestan en las relaciones entre adolescentes, llamado Conflict in Adolescent Dating Relationships Inventory (CADRI). La muestra estuvo compuesta por 31 sujetos masculinos, con una edad promedio de 16,61 años, estudiantes de un colegio de Bogotá D.C. Los resultados determinaron que se produce una transmisión de la violencia de los adolescentes maltratados por su madre hacia sus parejas, concretamente se comportan como agresores en lo que respecta al abuso verbal y emocional y al abuso sexual, aunque también son víctimas de abuso verbal y emocional por parte de su pareja. Esta información se observa en las diferencias significativas que aparecen en los subgrupos de la variable maltrato respecto a las variables evaluadas del cuestionario CADRI. En esta investigación no se cumple la hipótesis planteada, ya que no es el padre maltratante si no la madre, la que ejerce más influencia en la conducta agresiva del hijo varón en su relación de pareja adolescente..

(8) Género y Transmisión de la Violencia Física 8. Género y transmisión de la violencia física En los últimos 50 años, la violencia doméstica ha sido motivo de reflexión y estudio en parte porque el número de denuncias de violencia intrafamiliar se ha ido incrementado. Este incremento en las denuncias puede reflejar una mayor conciencia del problema de dicha violencia en Colombia, ya que a la vez que se proporciona el índice de violencia, implica que existe el conocimiento de poder denunciar para acatarlo. Datos recientes obtenidos en un estudio realizado por Rubiano, Hernández, M olina, y Gutiérrez, (2003) en la Universidad Externado de Colombia, determinan que “de un total de 1.220 personas entrevistadas, el 87% reportaron algún tipo de violencia, de los cuales, el 25.18% se refería a violencia psicológica y el 61.1% a violencia física, con o sin eventos psicoemocionales” (pp.56.) Según datos estadísticos del Instituto Nacional de M edicina Legal y Ciencias Forenses de 2004 (Sierra, Cortés, y Hernández, 2004), en Colombia se reportaron 59.770 dictámenes por Violencia Intrafamiliar. De este total, 9.847 fueron datos de maltrato hacia el menor, 36.901 casos de maltrato en la pareja y por último, 13.022 fueron reportes de lesiones ocasionadas entre familiares. Ahora bien, hasta el momento se ha hablado de la violencia que se genera en el ambiente familiar y de cifras que indican la gravedad del problema de la violencia en Colombia, pero es importante tener en cuenta que la violencia no sólo se manifiesta en hogares conformados, sino que también existe violencia en las parejas de adolescentes. Ellos no conviven, ni tienen obligaciones económicas, ni hijos en común, por lo que en general, tienen menos factores estresantes que otras parejas que conviven, pero no por eso, dejan de sufrir violencia física en sus relaciones..

(9) Género y Transmisión de la Violencia Física 9. Todos estos temas se quieren estudiar desde una perspectiva de género, indagando más profundamente sobre la influencia que tiene el hecho de ser víctima de cualquier tipo de maltrato en la infancia por parte de los padres y cómo se ve reflejado esto, en la relación de pareja del adolescente, teniendo en cuenta, como se menciona, el género del agresor. El objetivo central de esta investigación fue determinar si la historia de maltrato físico en jóvenes de sexo masculino, donde el agresor fue el padre, genera patrones de violencia o de victimización en la relación de noviaz go. ¿Es cierta la creencia popular sobre la transmisión de la violencia física? ¿Influye el género del maltratador en el comportamiento futuro de la víctima? Diferentes teorías Existen diferentes teorías que han intentado explicar el funcionamiento de la transmisión intergeneracional de la violencia, aunque no todas las teorías son aceptadas por todos los autores. Una de las perspectivas teóricas es la teoría del aprendizaje vicario de Bandura (Bevan y Higgins, 2002), la cual afirma que el aprendizaje de conductas específicas podría presentarse simplemente por la observación de las conductas de un modelo (por imitación). “Se debe tener en cuenta que no todas las conductas se imitan y no todos los modelos son dignos de ser imitados”. Los modelos reales son mejor asimilados que los modelos no reales, de hecho así lo confirma un estudio realizado por Bandura y Walters en 1963 (Benavides, 2003. pp.12), donde compararon los efectos de los modelos reales con modelos fílmicos en un grupos de niños, donde aquellos niños que habían visto modelos reales obtuvieron un despliegue mayor de conductas agresivas en un situación de frustración. Si trasladamos esta situación de modelos reales a la violencia entre los padres (conducta real), los resultados serán, en base a este último estudio, niños con elevados niveles de conducta agresiva (Benavides, 2003)..

(10) Género y Transmisión de la Violencia Física 10. Bevan y Higgins, (2002) no apoyan la teoría del aprendizaje vicario de Bandura (1973, citado por Bevan y Higgins, 2002) ya que consideran que no explica los resultados de su estudio, donde afirman que los factores que influyen en la transmisión de la violencia física son diversos, y que dicha transmisión no se da únicamente por imitación de conductas, sino por la influencia de otros factores, como el reforzamiento de conductas, y la influencia del ambiente. Estos autores abogan por el modelo ecológico, que incorpora la contribución de varios factores en la transmisión de la violencia y evalúa las asociaciones específicas y compartidas con la violencia. (Bevan y Higgins, 2002). Corsi (1994), en su modelo ecológico, explica los factores de riesgo (perspectiva epidemiológica) que están relacionados con la ocurrencia de eventos violentos en la familia y la influencia de diversos ámbitos ajenos al núcleo familiar que pueden afectar la ocurrencia de dicha violencia. Este modelo ecológico sigue una línea multicausal y sistémica para analizar el problema de la violencia o maltrato en la familia. Corsi (1999) divide este modelo en tres esferas: el macrosistema es el contexto más amplio. que. contempla las formas de organización social, la cultura y sus creencias. El segundo nivel es denominado exosistema e incluye las instancias comunitarias e institucionales como la escuela, el trabajo, los vecinos etc. El microsistema se relaciona con el nivel de la familia, las relaciones con los hijos y con la pareja. Este último nivel incluye cuatro dimensiones psicológicas interdependientes que intervienen a nivel individual: cognitiva, conductual, psicodinámica e interaccional. Por otro lado, Bowlby, en su teoría del apego (Simons, Lin, y Gordon, 1998), afirma que el tipo de apego (seguro, inseguro o ambivalente) que se genere con las figuras significativas, desde el punto de vista afectivo, permanece a lo largo de la vida, determinando el estilo de relación con los otros, incluyendo miembros de la familia.

(11) Género y Transmisión de la Violencia Física 11. (hermanos, padre, madre e hijos). Desde esta teoría se ha visto que los patrones de apego inseguro tienden a permanecer y por lo tanto a reproducirse. Esta última afirmación nos indica que la transmisión de la violencia no se hará desde la repetición de modelos de apego, sino desde la repetición de la representación de sí mismo y de las relaciones con otros (Benavides, 2003). Asimismo, también encontramos las teorías del procesamiento de la información, donde se generan formas de interpretar las señales sociales, lo que aumenta el ries go de repetición de patrones, pudiendo medir desde esta teoría, en el caso del maltrato, el daño temprano y la posterior agresión. En este caso la transmisión se da desde el punto de vista de la interpretación, es decir, de cómo se interpreten las señales que provienen del contexto en que se mueve el individuo a través de procesos de codificación, comparación, localización y almacenamiento de información (Rojas, 1997). Otra de las líneas de razonamiento sobre la transmisión de la violencia la plantea Gelles (1972, citado por Bevan y Higgins, 2002) desde el concepto del refuerzo positivo. Gelles sugiere que la violencia puede ser aprendida como una conducta necesaria para obtener un beneficio en un momento concreto. Así, “los hijos de padres violentos, aunque no estén expuestos directamente a la violencia, pueden aprender a utilizarla para su propio beneficio, concluyendo que la violencia a veces es necesaria para obtener cambios en la dinámica familiar o en la relación de pareja”.(Bevan y Higgins, 2002. pp 225). Después de plantear las teorías más comunes en las que se basan los estudios sobre la transmisión de la violencia, es necesario especificar el tipo de violencia en que este estudio se va a enfocar. En el siguiente apartado se van a definir conceptos que están relacionados con la violencia y su tipología..

(12) Género y Transmisión de la Violencia Física 12. Violencia Es importante, definir el concepto de violencia contemplando diferentes definiciones y tipologías. Se han escogido las definiciones de Corsi (1999) y del estudio elaborado por Rubiano et. al. (2003) de la Universidad del Externado de Colombia porque ambos des glosan el concepto de violencia teniendo en cuenta factores asociados y desde dos enfoques distintos. Corsi (1999), en su libro titulado Violencia Familiar, elabora definiciones de violencia y de los conceptos que van asociados a este término como son: conflicto, agresividad y agresión. Corsi (1999, p.17) entiende por conflicto: “…expresión de la diferencia de intereses, deseos y valores” en el proceso de interacción social. Por otro lado, el concepto de agresividad es entendido por Corsi (1999, p.18) como un concepto descriptivo que forma parte de la experiencia humana y tiene una dimensión interpersonal donde intervienen vertientes fisiológicas, conductuales y vivenciales. Por último, el concepto de agresividad es la “conducta mediante la cual la potencialidad agresiva se pone en acto” (Corsi, 1999, p. 19). Finalmente Corsi (1999) propone la siguiente definición para el concepto de violencia: “Implica siempre el uso de la fuerza para producir daño y para que una conducta violenta sea posible tiene que darse una condición: desequilibrio de poder” entre las partes involucradas.” (Corsi, 1999, p.23). También elabora un cuadro donde se resume los diferentes tipos de violencia (pp.25), reflejado en la Figura 1 del texto..

(13) Género y Transmisión de la Violencia Física 13. Tipo de abuso Físico Emocional o Psicológico Sexual Financiero Social y ambiental. Poder o fuerza Físico Psicológico Físico/Psicológico Económico Psicológico/Físico. Tipo de daño Físico/Emocional Emocional Emocional/Físico Económico/Emocional Emocional/Social/Económico. Figura 1. Tipos de Violencia según el tipo de abuso, la fuerza o poder que se emplea y el tipo de daño que ocasiona.. Existen también diferentes tipos de agresión dentro de la familia: las agresiones físicas leves, menores y severas, las agresiones verbales y emocionales, las agresiones sexuales y la negligencia (Violencia Intrafamiliar, s.f., http://w3.nuevosrumbos.org). Las agresiones físicas leves o menores se refieren a: empujar, romper objetos contra el piso o las paredes, patear objetos, golpear al otro con la palma de la mano, bloquear con el cuerpo la salida del cuarto para impedir la salida de la otra persona o conducir agresivamente para intimidar a la pareja. Las agresiones físicas moderadas se refieren a los casos en los que el agresor deja marcas temporales, dolor o molestia emocional por un periodo de 48 horas o más, pero no se requiere de tratamiento profesional. Esto incluye los intentos o acciones como: patadas, mordidas, puños y tirar objetos contra el otro. Las agresiones físicas severas se definen como perturbaciones a largo término de las capacidades físicas que necesitan de intervención o tratamiento médico. Esto incluye las golpizas, el intento o el uso de objetos cortopunzantes o de armas de fuego, las heridas abiertas y huesos rotos. La agresión sexual entre cónyuges o con los niños se refiere a la imposición o el intento de tener relaciones sexuales o cualquier acto sexual contra la voluntad del otro e incluye: los actos o prácticas sexuales contra la voluntad, cuando la posible víctima no está en sus cinco sentidos o cuando tiene miedo de negarse; lastimar físicamente a la pareja.

(14) Género y Transmisión de la Violencia Física 14. durante el acto sexual o forzarla a tener relaciones sexuales sin protección contra embarazo y/o enfermedades de transmisión sexual; acusar falsamente a la pareja de actividades sexuales con otras personas; obligar a la pareja o a los niños a ver películas o revistas pornográficas; forzar a la pareja o los niños a observar al agresor mientras éste tiene relaciones sexuales”. Las agresiones verbales y emocionales incluyen insultar a la pareja o a los niños, poner apodos, gritar, humillar. El maltrato emocional refiere a aislar físicamente a la persona o impedirle que se comunique con otros, quemar, esconder o destruir su ropa o sus objetos personales, amenazar con daño, ridiculizar y criticar continuamente, prohibir a la pareja que trabaje, controlar su dinero, tomar todas las decisiones sin contar con el otro, castigar a los hijos para manipular a la pareja, amenazarla con quitarle a los niños o secuestrarlos si hay separación, abusar, torturar o matar a las mascotas de la casa para castigar a la pareja o a los niños, manipular con mentiras y contradicciones, asustar con miradas, gestos o acciones (intimidación), hacer sentir a la pareja que tiene problemas mentales (locura) y minimizar, negar o culpar del abuso a la pareja. La negligencia se refiere a la no atención o a la omisión por parte de la persona responsable del desarrollo del niño en todas las esferas, salud, educación, desarrollo emocional, nutrición, alojamiento y condiciones seguras de vida, en un contexto de recursos razonablemente disponibles para la familia o los responsables, que causa o tiene altas probabilidades de causar daño físico, mental, espiritual, moral o de desarrollo social al niño. Esto incluye las fallas de una apropiada supervisión y protección del niño en la medida. en. que. es. http://w3.nuevosrumbos.org).. posible. hacerlo. (Violencia. Intrafamiliar,. s.f.,.

(15) Género y Transmisión de la Violencia Física 15. Por otro lado, el estudio realizado por Rubiano et al. en la Universidad del Externado de Colombia (2003) define violencia haciendo alusión a la idea de violencia intrafamiliar que la define como una “respuesta inadecuada a tensiones y conflictos que desbordan la capacidad de respuesta de los individuos y el grupo…”. “…Es la manifestación extrema de las limitaciones a las que están sometidos los individuos y sus familias.” (Rubiano et. al., 2003, pp.32). La violencia intrafamiliar se manifiesta entre los diferentes individuos que conforman el núcleo familiar bien sean entre el matrimonio (violencia conyugal), bien de los padres hacia los hijos (violencia parental), bien entre hermanos (violencia fraternal), bien de los hijos a los padres o, por último, violencia hacia los adultos mayores. (Browne y Herbert, 1999). Respecto a la aparición de la violencia, comienza a surgir en las relaciones de pareja de forma gradual, a medida que aumenta el compromiso entre los miembros de la pareja (González y Santana, 2001). El tipo de violencia depende también del estilo de pareja a la que se haga referencia, pues no se dan los mismos patrones de violencia entre parejas de jóvenes adolescentes y entre parejas de adultos. Cambian tanto las características de la pareja como las de la violencia. Por ejemplo, Wekerle y Wolfe (1999) diferencian una relación de otra en términos del tipo de violencia. Así como en las relaciones adultas, la violencia se da, casi exclusivamente hacia la mujer (siendo el hombre el agresor habitual), en las parejas de adolescentes, la violencia se manifiesta por igual tanto en hombres como en mujeres, sugiriendo que todavía no se ha constituido como patrón de conducta (M artin, 1990. Citado por Wekerle y Wolfe, 1999) característico de un género en especial..

(16) Género y Transmisión de la Violencia Física 16. Por último, la idea de la aparición de la violencia se centra en la perspectiva multicausal o ecológica, ya que a través de la literatura se ha descubierto que el apoyo conceptual sobre una teoría que se centre en un único aspecto no proporciona una información completa del problema de la violencia, ya que la perspectiva multicausal tiene en cuenta diferentes dimensiones de la vida y de sus contextos que ayudan a explicar mejor el concepto de violencia intrafamiliar. Una vez aclarados los diferentes tipos de violencia y la orientación teórica en la que se va a basar este trabajo, se analizará la relación que existe entre el género del agresor/a y el tipo de violencia que ejercen o sufren en las relaciones de noviazgo. Género y Tipos de Violencia Como se veía en el apartado anterior, existen distintos tipos de violencia y hay una diferencia entre el tipo de violencia ejercida y el género de quien la ejerce. Las mujeres adolescentes manifiestan violencia física leve y violencia psicológica hacia su pareja en mayor frecuencia que los hombres (Gagne y Lavoie, 1993; Corsi, 1999), es decir, que según esta afirmación el género influye en el tipo de violencia ejercida en la relación de pareja. Se entiende por violencia leve tirarle un objeto a otro, empujar o agarrar, y abofetear al otro (Grandin y Lupri, 1997, citado por Gagne y Lavoie, 1993). Por otro lado, los hombres adolescentes son los que manifiestan violencia física severa y violencia sexual. Se entiende por violencia física severa, golpear o pegar con un objeto, pegar al otro, amenazar con un cuchillo o pistola y por último, utilizar el cuchillo o la pistola con el otro. Hamberger, (1997), hace una pequeña introducción del problema de la violencia en las mujeres, dando dos razones principales por las que una mujer puede llegar a ejercer la misma violencia que un hombre. La primera razón que da es que ambos sexos tiene la.

(17) Género y Transmisión de la Violencia Física 17. misma capacidad. para causar. dolor,. miedo. y. terror. hacia sus compañeros,. independientemente de las herramientas que utilicen. La segunda razón que se expone es el tipo de sociedad en la que vivimos, que según este autor, “es una fábrica sexista y patriarcal donde se refuerzan conductas y prácticas que permiten la violencia como estrategia para dominar a la mujer” (p.118). Otra de las razones de la violencia física femenina contra sus parejas es la autodefensa, o bien, por venganza de una agresión previa (Geffner, Soreson, Lundberg, 1997; Wekerle y Wolfe, 1999). Por otro lado, el único tipo de violencia donde no interviene el género como discriminador es en la violencia de tipo verbal (insultos e injurias), donde tanto el hombre como la mujer actúan de la misma forma (Gagne y Lavoie, 1993). Según afirman Wekerle y Wolfe (1999), hay una progresión desde la violencia ejercida en la relaciones de noviaz go hasta la violencia que se da en las relaciones de pareja adulta. Por último, ya que se ha determinado que existen diferencias de género y que existen diferentes tipos de violencia en las relaciones entre adolescentes, se considera necesario conocer los factores de ries go que están relacionados con la aparición de la violencia para conocer si existe un vínculo entre la violencia que manifiestan los hombres adolescentes y el hecho de que su padre haya sido agresor. Factores de riesgo relacionados con la aparición de la violencia en las relaciones de pareja. El comportamiento de los hombres y de las mujeres es distinto en las relaciones de pareja, tanto entre adolescentes como entre adultos, pues cada uno asume una serie de roles y posiciones que son claves para el funcionamiento de dicha relación. Dependiendo de este.

(18) Género y Transmisión de la Violencia Física 18. comportamiento con la pareja y las características de cada individuo, la pareja construirá la relación, y de eso depende que entren en situación patológica o normativa (Rojas, 1997). Las características de la mujer maltratada no aparecen de forma súbita, sino que unas forman parte de su personalidad y otras son las que va adquiriendo durante la situación de maltrato. Normalmente, en las estadísticas públicas (Rubiano et al.,2003) se encuentran datos que afirman que la gran mayoría de casos de violencia en las relaciones de pareja, donde se ha establecido el patrón de maltrato (adolescentes como adultos) se dan en niveles socioeconómicos bajos porque existen mayor número de estresores. Esto lo podemos observar en el estudio realizado por Rubiano et al.(2003) en la Universidad del Externado de Colombia, que realizó un Diagnóstico de la Violencia familiar en Bogotá D.C. en el año 2003, con una serie de localidades pero sólo comprendían estratos 1, 2 y 3. La muestra de este estudio estaba conformada por 525 familias. Echeburúa y Corral (1998) afirman que estadísticamente la mujer maltratada constituye un grupo de población caracterizado por un nivel cultural bajo, la falta de tareas extra domésticas o la existencia de trabajos poco cualificados – ser ama de casa, o hacer pequeños trabajos temporales y no muy bien remunerados -, la dependencia económica del hombre, un apoyo social escaso y la frecuente presencia de hijos menores y de hogares hacinados (características demográficas de las víctimas en el Servicio de Violencias Familiar de Bilbao, España). Actualmente se sabe que la violencia intrafamiliar afecta también a la población de un alto nivel económico, aunque las estadísticas muestran que no es así. Los estratos más altos no suelen ir a denunciar sus casos a las comisarías de las respectivas localidades sino que acuden a abogados y consultas médicas privadas y estos datos no aparecen en las estadísticas públicas y por lo tanto no constan para poder acceder a ellas. Es más asequible.

(19) Género y Transmisión de la Violencia Física 19. trabajar con este tipo de información, aunque se debe tener en cuenta que estos datos realmente están sesgados porque no muestran la realidad de una sociedad, sino parte de la realidad de un porcentaje de la sociedad. Conscientes de los sesgos que tenemos en este tipo de estudios y ya sabiendo que “la mujer golpeada se encuentra en todos los estratos sociales y económicos y puede tener cualquier edad y nivel de escolaridad” (Ferreira, 1996, pp.39), se van a analizar los factores de ries go que más influyen en la aparición de violencia en las relaciones entre adolescentes, según las conclusiones obtenidas por las autoras Gagne y Lavoie (1993). Los factores de riesgo más importantes para que se produzca violencia en las relaciones de pareja entre adolescentes son (Gagne y Lavoie, 1993): -. Rol de género. -. Creencias (actitudes hacia la violencia, estereotipos sociales). -. Antecedentes de malos tratos. -. Personalidad (autoestima, asertividad, capacidad de iniciativa,. evitación…). Si generalizamos las características de la mujer nos encontramos con que la población femenina posee una serie de ras gos debidos a la educación y formación recibida con el objeto de diferenciar su rol genérico (Ferreira, 1996). El rol de género es un factor de ries go intrapersonal relacionado con la violencia en la pareja. Parece ser que las mujeres jóvenes que tienen características femeninas, particularmente excitabilidad emocional y relaciones de dependencia, están en riesgo de padecer abuso (Rosen y Bezold, 1996)..

(20) Género y Transmisión de la Violencia Física 20. Las características de sumisión que tiene la mujer educada en una sociedad machista como la nuestra, obediencia y fidelidad, influyen en el rol femenino de la mujer, evitando así su capacidad de defensión frente a los malos tratos. Estas características implican un comportamiento de suma obediencia a las exigencias del esposo, siendo éstas la máxima prioridad y quedando así las necesidades de la mujer en un segundo plano. Todo se hace según diga el esposo o pareja masculina, así como la toma de decisiones y la mujer asiente porque la educación le ha enseñado a que así debe ser, lo que conlleva con el tiempo a unas variables psicológicas que Echeburúa y Corral (1998) especifican como son: minimización de problema como resultado de una cierta habituación a la situación de tensión, el miedo, la indefensión generada, la resistencia a reconocer el fracaso de la relación, el temor al futuro en soledad…(Echeburúa y Corral, 1998, pp.11). Igualmente, Corsi (1999) habla de las características que la sociedad machista espera de una esposa: “ellas fueron criadas para dar amor, para ser buenas esposas, buenas madres, buenas amas de casa”. (Corsi, 1999. pp.67). Corsi (1999) hace también. referencia a la estructura. vertical de la familia, o cultura patriarcal, donde el poder de decisión lo tiene el hombre y todo gira en torno a él. Hay un alto nivel de las jerarquías donde el hombre está siempre por encima de la mujer, donde el concepto de mujer es de debilidad y obediencia. En el caso del hombre, en el concepto de rol se incluye la idea que tenga el varón de lo que ser hombre significa, es decir, las conductas que van asociadas en la cultura del machismo, como pensar que el hombre es superior a la mujer, que la mujer no debe trabajar porque debe cuidar a sus hijos, que la mujer sabe menos que el hombre, que el hombre es el que trae el dinero a casa…Aunque en este punto sólo se están teniendo en cuenta, las características que va asociadas a la cultura del machismo. El hombre no necesariamente adopta el rol de agresor, también puede convertirse en víctima..

(21) Género y Transmisión de la Violencia Física 21. Según estos conceptos culturales, al igual que en el caso de la mujer, el hombre adolescente puede adquirir tácticas para inflingir violencia, aunque como se ha visto, los jóvenes se encuentran en una etapa donde se está formando la personalidad y buscan la forma de tener su propio criterio, basándose en sus experiencias personales y en el bagaje emocional y cognoscitivo que trae de la educación dada en el hogar familiar. Por esta misma razón, el adolescente es también un espejo de lo que se vive en su casa. “La calidad de las relaciones padres-hijos tiene una asociación importante con las características de las relaciones románticas adolescentes y con las expectativas de los adolescentes con respecto a la vinculación y el apoyo de la autonomía en ellas.” (Roisman, M adsen & col. Citado por Vargas y Barrera, 2003. pp.16). El adolescente es una persona educada bajo unas condiciones concretas del ámbito familiar donde se ven reflejadas todas las áreas del crecimiento del individuo. Rojas (1997) también hacer referencia a la influencia de la familia en el comportamiento del adolescente pues “la familia es la primera fuente cultural, ya que en ella, además de en la escuela, es donde se alimenta el niño y más tarde el adolescente. El papel de la familia es esencial en el desarrollo de la personalidad y en la configuración de la psicología, porque es el núcleo donde se asienta la realidad del hombre” (Rojas, 1997.pp.95). El siguiente factor de riesgo a tener en cuenta son las creencias de las mujeres respecto a los estereotipos sociales y las actitudes hacia la violencia. Las creencias y conceptos también son un factor en los hombres, pues como se ha comentado líneas más arriba, la educación y conceptos de lo que es ser hombre influye en el futuro comportamiento del adolescente frente a su pareja. El concepto de amor está ligado al de romanticismo y un romanticismo desmedido puede convertirse en un serio peligro para las parejas (González y Santana, 2001). La.

(22) Género y Transmisión de la Violencia Física 22. creencia de que el amor lo puede todo, lleva a algunos adolescentes a considerar que sus esfuerzos conseguirán allanar cualquier inconveniente que surja en la relación. El rechazo, e incluso las agresiones entre ambos, pueden ser interpretados como un obstáculo para vencer (González y Santana, 2001). Asimismo, Rojas (1997), afirma que nuestra manera de ser está constituida por diversos factores: la información que hemos ido recibiendo desde pequeños, la educación sentimental – si la hubo – los referentes familiares, las circunstancias personales, el estilo de vida, así como las ideas y creencias que se han ido hospedando en nuestro interior. (Rojas, 1997, pp.101-102). Rojas (1997) también nos presenta un pequeño listado de los errores más frecuentes en los procesos de idealización de las relaciones de pareja: -. Divinizar el amor. -. Hacer de la otra persona un absoluto. -. Pensar que es suficiente con estar enamorado. -. Creer que la vida conyugal no necesita ser aprendida. -. Ignorar que existen crisis de pareja. -. No conocerse a uno mismo antes que a la pareja. (Rojas,. 1997. pp.102). Un estudio que confirma parte de esta información es el realizado por Rosen y Bezold (1996) que confirmó que un 30% de aquellos adolescentes que sufren violencia en su relación de pareja consideran que es un indicador de amor y un 36% creen que mejora la relación. En otro estudio realizado por los mismos autores, un 70% de la población de un colegio femenino creen que bajo ciertas condiciones la fuerza física es aceptable en una relación. Todo esto conlleva a una aceptación social de las conductas de maltrato.

(23) Género y Transmisión de la Violencia Física 23. (Echeburúa y Corral, 1998) y a todas las consecuencias de dicha aceptación, como el no denunciar, el aislamiento social y la indefensión aprendida. En los resultados del estudio realizado por Rosen y Stith (1993) encontraron que muchas de las relaciones estaban basadas en fantasías románticas (ilusiones sobre la perfección del funcionamiento de una relación), donde algunas veces los participantes poseían: tácticas de supervivencia en la relación de maltrato (estrategias de control utilizadas para lidiar con el abuso y mantener así la relación), o bien unos procesos para mantener la relación a pesar del maltrato existente como: ilusión de control (la mujer cree que puede controlar cuándo ocurre la violencia, insistiendo en que debe intentarlo con más ahínco), seesaw coupling (oscilaciones cíclicas de poder, extremos emocionales, y sentimientos de cercanía y lejanía) y una confabulación de la familia o pares (los pares y/o la familia minimizan o niegan el abuso) (Rosen y Stith, 1993). Otro factor de ries go importante lo constituyen los factores de personalidad. El factor más destacado es el de autoestima, seguido por la asertividad. La autoestima se entiende, según Vargas y Barrera (2003), como “la actitud que tiene una persona hacia sí misma y su totalidad, que incluye tanto componentes cognoscitivos como afectivos. Varía tanto en dirección (positiva o negativa) como en intensidad (alta o baja)”(pp.13). La autoestima ha sido identificada como uno de los factores de riesgo más importante en las relaciones de pareja con malos tratos. Las mujeres que sufren malos tratos tienen una autoestima más baja que aquellas que no sufren abusos y esta característica está relacionada con la aceptación de la violencia por parte de la mujer y su necesidad de mantener esa relación (Rosen y Bezold, 1996). El siguiente factor importante que tiene que ver con la personalidad es la asertividad, que hace referencia a la capacidad de entender un mensaje como receptor y.

(24) Género y Transmisión de la Violencia Física 24. saber contestar como emisor, teniendo en cuenta la carga emocional del mensaje. 1 Rojas (1997), define la asertividad como “dimensión psicológica referida a las habilidades para la comunicación social. (…) Una conducta es asertiva cuando hace y dice lo que es más adecuado en cada situación, sin inhibiciones ni agresiones (Rojas, 1997. pp.55). Si una persona no ha sido enseñada a manejar la información o no ha tenido un ejemplo digno a imitar, no podrá haber nunca un entendimiento en los mensajes que se emitan mutuamente. La comunicación es el vehículo a través del cual operan la cohesión 2 y la adaptabilidad 3 y es un elemento facilitador y crítico para el curso de la relación (Rubiano et. al., 2003, pp.138-140). Las habilidades como la empatía, la escucha reflexiva y la expresión de ideas y sentimientos permiten nutrir la cohesión y la adaptabilidad. Por el contrario, los dobles mensajes, las críticas, los monólogos, la descalificación y el rechazo a las ideas o sentimientos del otro, restringen la movilidad de la cohesión y de la adaptabilidad” (Rubiano et.al., 2003, pp.142). Los hombres que se comportan como agresores en sus relaciones de pareja, poseen ciertas características de personalidad que tienen relación con el comportamiento que adopte frente a su pareja. Corsi (1999), cuando se detiene a explicar el nivel individual de los componentes de la pareja, da ciertas características del hombre maltratante: percepción rígida y estructurada de la realidad (ideas cerradas con pocas probabilidades de ser revisadas y menos corregidas), modalidades conductuales disociadas (comportamiento distinto dentro y fuera de casa), y una represión de la esfera emocional. Para poder. 1. Esta definición no ha sido consultada en ningún manual sino que ha sido extraída de la experiencia y conocimiento propios. 2 Vínculo emocional que una a los miembros de una familia. Se expresa a través del grado de apego afectivo que experimentan, de la manera como se expresa el afecto, del tiempo y de las actividades que comparten y del sentido de lealtad hacia la familia. 3 Habilidad de la familia o de la pareja para cambiar su estructura de poder, las relaciones entre roles y las reglas de las relaciones en respuesta a los cambios del entorno y los que se asocian con su propia evolución..

(25) Género y Transmisión de la Violencia Física 25. controlar esos dos procesos el hombre debe ejercer un autocontrol permanente que regula la exteriorización de sentimientos tales como dolor, placer, temor, tristeza… (Corsi, 1999). Se debe tener en cuenta que Corsi (1999) asume que el hombre se comporta siempre como agresor y la mujer como víctima, y que la información proporcionada se basa en parejas adultas que conviven, aunque esto nos significa que los adolescentes maltratantes no hayan adoptado ciertas conductas típicas del hombre agresor. Otras características dadas por Corsi y Ferreira (1998, citado por González y Santana, 2001), son los intentos por parte del hombre de control y aislamiento, la agresividad, el desprecio y la humillación, la manipulación, y la negación de los errores. Prince y Arias (1994, citado por González y Santana, 2001), detectaron que los hombres agresores tenían una elevada valoración de sí mismos, que utilizaban la violencia para recuperar la ilusión de control cuando sienten que han perdido el dominio sobre sus vidas. Tiene también una alta autoestima, elevada e inestable, una imagen inflada de sí mismos que sufre cada vez que sus logros no se corresponden con sus expectativas o cuando el estatus relativo de su pareja mejora. (González y Santana, 2001). Otras características de personalidad, como una capacidad escasa de iniciativa y la adopción de conductas de sumisión adoptadas por la víctima, y reforzadas por la evitación de consecuencias desagradables, cronifican el problema y alargan el momento de enfrentar y buscar solución (Echeburúa y Corral, 1998), es decir, que cuanto más tiempo pasa en una relación de pareja donde se dan los malos tratos, más indefensa se encuentra la víctima y más caóticas se vuelven las consecuencias de la permanencia en la relación. Estas características se dan tanto en parejas jóvenes como en matrimonios, pues las primeras señales de malos tratos se dan en las relaciones de noviazgo ya estables y si la relación perdura, se hacen cada vez más frecuentes e intensos, hasta el punto de traer.

(26) Género y Transmisión de la Violencia Física 26. graves consecuencias físicas y psicológicas a las víctimas. Hay que tener en cuenta, que cuando en la pareja hay hijos, éstos también se ven afectados por las consecuencias de la violencia doméstica y pueden llegar a convertirse en agresores y/o víctimas en sus relaciones amorosas adultas. El último factor y el más importante para el desarrollo de este trabajo, es el hecho de haber sido víctima o testigo de malos tratos en la infancia. El padecer malos tratos durante el crecimiento, “…sea como víctimas o como testigos del abuso, mantiene sus conductas defensivas…pensando en la familia como norma abstracta, más que en poder asegurar su persona…sin tener en cuenta sus derechos ni darse el lugar prioritario venciendo la pasividad y la parálisis frente a la agresión.” (Ferreira, 1996, pp 44). En un artículo escrito por Wekerle y Wolfe (1999) afirman que los jóvenes que han experimentado inestabilidad en su familia de origen, maltrato o desventajas sociales, muestran una tendencia hacia las relaciones prematuras, transfiriendo prioridad de apego a sus pares y no a sus padres. Esto puede llevarlos a relaciones negativas. De hecho, estos autores corroboran la información con un estudio realizado con una muestra de 76 jóvenes de 14 a 16 años, donde el 90% de la muestra ya tenía pareja y aproximadamente la mitad de las mujeres ya había experimentado violencia física y sexual de su pareja. Bevan y Higgins (2002) afirman que la coexistencia de diferentes formas de violencia en la infancia, aumentan el nivel de disfuncionalidad en el futuro de la víctima. De ahí obtienen la conclusión que tanto un ambiente familiar negativo y el maltrato en la infancia, están asociados con elevados niveles de sintomatología traumática y auto desprecio. Un estudio realizado en Suecia en el año 2002, por Lang, Klinteberg y Alm, se encontró que los sujetos que han sido expuestos a un alto nivel de victimización (violencia.

(27) Género y Transmisión de la Violencia Física 27. física), muestran significativamente más niveles de violencia en sus relaciones interpersonales. Todos estos datos, confirman que el haber sido víctima de algún tipo de maltrato durante la infancia, aumentan los ries go de comportarse de manera violenta en etapas posteriores. Por otro lado, el hecho de ser testigo de violencia intrafamiliar también aumenta el riesgo de convertirse en maltratador en años posteriores. Esta afirmación la corroboran diversos estudios que afirman que ser testigo de violencia doméstica tiene un impacto significativamente negativo sobre el bienestar emocional y psicológico de los niños a corto y a largo plazo. Ser testigo de violencia física interparental aumenta las probabilidades de ser violento en las relaciones de noviazgo y en las relaciones maritales (Jankowsky, Leitemberg, Henning y Coffey, 1999; M arshall y Rose, 1988; Simons, Lin y Gordon, 1998; Bevan y Higgins, 2002; Wekerle y Wolfe, 1999; González y Santana, 2001). Como se ha visto hasta el momento, hay una relación entre ser víctima y testigo de violencia doméstica y convertirse en agresor/a o víctima en relaciones futuras, bien sea en la adolescencia como en la edad adulta. También existen unos factores de riesgo que pueden favorecer que esa transmisión de la violencia se de. En el apartado siguiente se va tratar el tema de la transmisión de la violencia física para conocer cual es la teoría que más se apoya en cuanto a la transmisión. Transmisión de la violencia En términos generales la transmisión de la violencia se acepta por la gran mayoría de autores, pues “cuanto mayor es la frecuencia de los malos tratos en un niño, mayor es la posibilidad de que crezca siendo una persona violenta” (M arshall y Rose, 1988, pp.414)..

(28) Género y Transmisión de la Violencia Física 28. Un estudio realizado por Jankowski, Leitemberg, Henning, Coffey (1999) afirma que aquellos niños que presenciaron al padre del mismo sexo como agresor, reportaron con una mayor frecuencia el haber perpetrado violencia física contra su pareja (esto es igualmente válido para mujeres y para hombres, aunque es en menor frecuencia que la mujer usa la violencia física grave). Otros estudios que han trabajado sobre la transmisión intergeneracional de la violencia, declaran que a pesar de haber violencia en el hogar, los niños generan un vínculo de apego con su agresor, creando defensas para sobrevivir al maltrato y manteniendo la relación de apego necesaria para el desarrollo. La teoría más aprobada por diversos autores, es que más adelante este niño creará un modelo parental basado en el maltrato y se convertirá en una adulto maltratante. (Blizard y Bluhm, 1994). Estos autores escribieron un artículo basado en casos reales ilustrados y llegaron a esta conclusión. Yanes y González (2000) afirman que existe una relación compleja entre el nivel de violencia interparental al que se está expuesto, sus creencias acerca del papel de la mujer, y sus juicios respecto a distintos conflictos de pareja. De aquí se puede deducir que estos autores están de acuerdo con la idea que si se está expuesto a la violencia intrafamiliar se tiene más posibilidades de comportarse de manera violenta en la edad adulta. Otro estudio que está de acuerdo con la transmisión de la violencia es el realizado por Neugebauer (2000) donde se apoya que la violencia física y sexual produce efectos devastadores a largo plazo en el desarrollo emocional y en el funcionamiento social de la víctima. El autor cita un estudio realizado por Clarke y col. (1999) con una muestra de pacientes que estaban recibiendo tratamiento por abuso de drogas intravenosas, donde se encontró que los individuos con historia de maltrato infantil, eran cuatro veces más propensos a asaltar a.

(29) Género y Transmisión de la Violencia Física 29. miembros de su familia o a sus parejas sexuales, de lo que eran los individuos sin dicha historia previa. En un trabajo realizado por Lang, Klinteberg, y Alm (2002) replicando unos estudios realizados por Weiler y Widom en 1996, obtuvieron que los resultados de este estudio afirman que hay una relación entre la victimización infantil y el subsiguiente comportamiento violento, con una clara conexión entre psicopatías y violencia. Otra de las hipótesis que fueron confirmadas en este estudio fue que los niños que habían sido más victimizados, muestran más violencia física que aquellos que no lo fueron tanto. Algo que se ha empezado a vislumbrar en algunos de los estudios relacionados con la transmisión de la violencia es que haber sido víctima o testigo de malos tratos en la infancia no actúa como causa de violencia, sino como factor de riesgo. Es necesario recordar que no es lo mismo considerar una acción como causa directa que como factor de riesgo ya que los factores de ries go dejan espacio para que esa conducta esperada cambie. Ya para finalizar, es necesario mencionar que existen estudios que confirman que esa transmisión de la violencia de padres a hijos puede pararse si existe un buen grupo de apoyo o una persona que se convierta en un soporte para el niño maltratado (Egeland, Jacobvitz y Sroufe, 1988). Así se rompería el ciclo de abuso y se terminaría con el etiquetado social de padres abusadores- hijos abusadores (Gómez y Santana, 2001). Transmisión y género Una de las preguntas planteadas para este trabajo es cómo influye el género en la violencia física transmitida de padre a hijo. La duda planteada hace referencia a por qué el hombre es comúnmente el agresor en lo que refiere a violencia considerada grave (física fuerte y sexual) y cómo transmite esa violencia a su hijo, concretamente varón..

(30) Género y Transmisión de la Violencia Física 30. Bevan y Higgins (2002) realizaron un estudio a 36 hombres que habían cometido violencia conyugal y que estaban asistiendo a terapia y a través de un estudio correlacional concluyeron que el abuso físico a la esposa y la sintomatología traumática, eran significativamente predecidas por cinco tipos de maltrato, como son: recuerdo de maltrato físico en la infancia, abuso de alcohol, divorcio parental e ingresos familiares bajos, es decir, que el hecho de ser hombre y haber sido víctima de maltrato físico, se relaciona con el hecho de convertirse en agresor, añadiendo la influencia de los factores de ries go. Otro estudio realizado por Wekerle y Wolfe (1999) afirma que el hecho de ser testigo del padre golpeando a la madre, predice violencia en las relaciones de pareja para los hombres (Wekerle y Wolfe, 1999; O’Keefe, 1998) pero no para las mujeres, lo que significa que el hecho de ser hombre e hijo de un padre violento, aumenta las posibilidades de que en el futuro, ese hijo varón se convierta en un adulto maltratante. Este último trabajo también añade que la violencia paterna parece influir más en los varones que en las mujeres (Wekerle y Wolfe, 1999, pp.442). Otra de las características que influyen más en los hombres que en las mujeres es el hecho de tener un tipo de apego inseguro hacia los padres, particularmente hacia aquellos que han sufrido malos tratos en la infancia (Wekerle y Wolfe, 1999). O’Keefe (1998) en un estudio realizado con una muestra de 1.012 estudiantes, demuestra que hay unos factores de vulnerabilidad (bajo nivel socioeconómico, experiencia de abuso infantil, aceptación de la violencia en las relaciones de noviazgo, abuso de alcohol y drogas y exposición a la violencia en la comunidad escolar) y unos factores de protección que favorecen o impiden respectivamente la transmisión de la violencia física en generaciones siguientes. Asimismo, estos factores de vulnerabilidad causan mayor efecto en la población masculina, siendo los niños varones más receptivos a.

(31) Género y Transmisión de la Violencia Física 31. estos factores que las niñas, generando un efecto acumulativo; como dice O’Keefe (1998) “el género ha sido encontrado como factor de vulnerabilidad, donde los niños exhiben mayor vulnerabilidad a las situaciones estresantes que la niñas” (p.41). En este estudio se hace referencia también al trabajo de otros autores que confirman que existe una asociación entre la violencia en el noviazgo y la exposición a modelos de violencia interparental en hombres (Breslin et al, 1990; De M aris, 1987; citado por O’Keefe, 1998). Pero estas hipótesis se ven más claramente reflejadas en los resultados que se obtuvieron en este estudio, pues de 232 adolescentes que reportaron exposición a altos niveles de violencia interparental, el 49% reportaron haber inflingido violencia contra su pareja al menos una vez. De otro estudio relacionado con el recuerdo de haber sido víctima de maltrato, Gómez y De Paúl (2003) concluyen afirmando que el 14.3% de los padres (hombres) con recuerdos de maltrato infantil tienen hijos que declaran haber recibido malos tratos en su infancia. Los autores afirman que los datos puede que no sean del todo confiables ya que sólo midieron un tipo de violencia, la física, existiendo más tipos de la misma (Gómez y De Paúl, 2003). Finalmente Colman y Spatz (2004) en un reciente estudio afirman que los niños varones maltratados son más agresivos que los no maltratados y que a menudo, estos niños maltratados, evitan o se retiran de las interacciones sociales. Además, también afirman que tanto los adolescentes hombres como los adultos hombres que han sufrido tanto violencia física como sexual son más propensos que los no abusados a cometer violencia hacia compañeras íntimas o miembros de la familia. Esto lo confirman con estudios previos donde muestran que una proporción significativa de adultos varones que fueron.

(32) Género y Transmisión de la Violencia Física 32. maltratados en su infancia, tienden a repetir ese abuso (Widom Y M orris, 1997, citado por Colman y Spatz, 2004) El hecho de haber crecido en una familia que vivencia malos tratos, no significa necesariamente que los hijos se vayan a convertir en abusadores, sino que al estar expuestos a ciertas circunstancias personales, familiares y ambientales (modelo ecológico) se tiene más probabilidades de convertirse en maltratador/a o víctima. De hecho hay estudios que identificaron a individuos que estaban siendo agresivos con sus esposas y que no provenían de familias violentas (Straus et al, 1980; citado por O’keefe, 1998). Estamos hablando de que la transmisión de la violencia de una generación a otra es probabilística, pues la violencia en la familia de origen influye en la violencia posterior en las relaciones íntimas pero no la explica. (O’Keefe, 1998). Objetivo e Hipótesis El objetivo concreto de este trabajo es analizar si el género del agresor (padre) en víctimas masculinas (hijos varones) determina el rol de víctima o agresor en la relación de pareja de noviaz go de los adolescentes. Hasta el momento, se puede aprobar parcialmente la teoría que afirma que hay una transmisión de la violencia de padre a hijos y que además, el hecho de ser hijo varón de un padre maltratante, aumenta las posibilidades de convertirse en un adulto violento. La hipótesis que se quiere comprobar considera que en la mayoría de los casos, aunque no en todos, se produce una transmisión de la violencia física de padre a hijo (ambos varones) y que el género tanto del agresor como de la víctima influye en dicha transmisión. La información obtenida corrobora parcialmente la hipótesis popular donde se cree que la transmisión de la violencia se transmite de padres a hijos (ambos varones). Esta transmisión se da con la suma de ciertos factores de ries go mencionados anteriormente. Por.

(33) Género y Transmisión de la Violencia Física 33. otro lado, sí existe una relación entre la transmisión de la violencia del padre (hombre) en la conducta futura de su hijo (varón), bien sea actuando como víctima o como agresor en su relación de pareja adolescente. Se espera que los resultados del trabajo apoyen la idea que el hecho de ser padre agresor influye más en el hijo varón para que repita esas conductas agresivas en sus relaciones de pareja. M étodo Participantes La muestra estuvo compuesta por 31 estudiantes de un colegio masculino de Bogotá de nivel socioeconómico medio-alto, de los cuales 11 tenían historia de maltrato físico cuyo agresor fue el padre, 9 tenían historia de maltrato físico por parte de la madre y 11 jóvenes no tenían historia de maltrato. El rango mínimo de edad fue de 15 años y el rango máximo de 18 años y debían haber tenido al menos una relación de noviazgo durante el último año. La edad promedio de la muestra fue de 16.61 años, con una desviación típica de 0.667 y la moda de la población fue de 17 años. La muestra se encontraba cursando bachillerato, concretamente en los niveles 10º y 11º. Instrumentos Se aplicarán dos instrumentos: el CHQ (Childhood History Questionnaire) (De Paúl, M ilner, y M úgica, 1995) y el CADRI (Conflict in Adolescent Dating Relationships Inventory), elaborado por David Wolfe, Scott, Reitzel-Jaffe, Wekerle, Grasley y Straatman, en el año 2001. El CHQ es un cuestionario que recoge información acerca de la historia de maltrato en la infancia. Contiene una serie de preguntas relacionadas con la presencia y frecuencia.

(34) Género y Transmisión de la Violencia Física 34. de conductas de maltrato físico y de abuso sexual. El tipo de escala de respuesta es de tipo Likert (nunca, rara vez, ocasionalmente, a menudo, muy a menudo), valoradas de 0 a 4, siendo nunca = 0 y muy a menudo = 4. Se proporciona un espacio para que el sujeto señale la identidad del agresor (padre o madre) y también se le solicita al sujeto información sobre tales conductas y las secuelas de éstas antes y después de los 13 años de edad. En este caso, únicamente se contó con la información dada después de los 13 años de edad porque la muestra utilizada fueron adolescentes y se consideraron datos más relevantes al encontrarse más recientes en el tiempo. De esta forma el CHQ proporciona información sobre su relación actual con sus padres, aplicando un cuestionario haciendo relación a la conducta de la madre (ver Anexo 1), y otro haciendo referencia a la conducta del padre (ver Anexo 2) para luego, con el CADRI (ver Anexo 3), compararla con los comportamientos del adolescente respecto a su pareja actual o del último año. La versión del cuestionario CHQ utilizada en este trabajo fue traducida por Joaquín de Paúl en el año 1995, y sobre esta traducción se añadieron conductas positivas (abrazos, felicitaciones, fiesta de cumpleaños, etc.) para contrastar las conductas negativas que se evalúan en el CHQ, que son con las que finalmente se trabajó. Por otro lado, el CADRI es un cuestionario que evalúa la agresión y la violencia y posee un criterio de validez aceptable donde la validez de test-retest arrojó unos valores 0.68 a 0.75 y una consistencia interna de 0.54 a 0.81. Consta de 14 preguntas formuladas de dos maneras diferentes (ver Anexo 4): como si uno fuera el agresor y la otra como si fuera la víctima. Para esta investigación, se numeraron las preguntas de 1 a 28 y se alteró el orden para que resultara más ameno a la hora de responder. El tipo de respuesta, como el cuestionario anterior, es de tipo Likert (nunca, casi nunca, a veces, a menudo), valoradas de 0 a 3, donde nunca = 0 y a menudo = 3..

(35) Género y Transmisión de la Violencia Física 35. El cuestionario CADRI contiene escalas que miden: abuso físico, comportamiento amenazante, abuso verbal/emocional, abuso sexual y agresión en las relaciones. Este cuestionario está dirigido a la población adolescente de entre 13 y 19 años que se encuentran terminando colegio o en los primeros semestres de universidad. Estos instrumentos se han escogido con el objetivo de detectar a aquellos adolescentes que sufrieron violencia física en la infancia y cuántos de ellos están ejerciendo violencia en sus relaciones actuales, teniendo en cuenta el género del agresor (padre o madre) y el tipo de violencia que están ejerciendo. Procedimiento Se realizaron contactos con un colegio masculino privado de la ciudad de Bogotá, solicitando los permisos pertinentes para poder realizar la aplicación de los cuestionarios a sus alumnos. Una vez el Colegio autorizó la aplicación de los cuestionarios, asignó dos salones de dos cursos diferentes, como fueron 10º y 11º y se entregaron los consentimientos informados a los jóvenes menores de edad cuyos padres deben autorizar dicha aplicación y se les recordó que la participación en la investigación era de carácter voluntario Los cuestionarios se aplicaron en grupo y solamente se entregaron cuestionarios a los jóvenes que trajeron firmado por sus padres el consentimiento informado (menores de 18 años) y a aquellos que se autorizaron por ser mayores de edad. (Ver Anexos 5 y 6). Previo a la entrega de los cuestionarios se les explicó a los estudiantes los objetivos de la investigación, la confidencialidad de los datos, la forma en que debían responder, así como la importancia de contestar con sinceridad cada pregunta de los cuestionarios. Antes que empezaran se les informó que podían preguntar cualquier duda que se les presentara..

(36) Género y Transmisión de la Violencia Física 36. La aplicación se realizó en un ambiente tranquilo, de manera grupal y cada joven dispuso del tiempo que necesitó para completar los cuestionarios. Se les entregó los tres cuestionarios (CHQ de la madre, CHQ del padre, CADRI) a un total de 45 alumnos (que entregaron los consentimientos informados firmados) y se tabularon las respuestas, teniendo en cuenta la edad de cada participante y los valores obtenidos en los cuestionarios de CHQ. Se seleccionó la muestra teniendo en cuenta aquellos sujetos que tenían un sumatorio en las respuestas del CHQ equivalente 3 o superior como sujetos víctimas de maltrato y se obtuvo un total de 31 sujetos. Los sujetos que se seleccionaron para el grupo denominado no maltrato, fueron aquellos sujetos que obtuvieron un sumatorio entre 0 y 2 en las respuestas del CHQ. A dichos sujetos se los agrupó posteriormente en tres grupos según maltrato y género del maltratador como: no maltrato, maltrato por parte de padre y maltrato por parte de madre. Resultados Los resultados que se analizaron para esta investigación no comprobaron la hipótesis planteada al inicio del trabajo. Para llegar a esta conclusión se utilizaron dos pruebas diferentes: Anova de un factor y una prueba no paramétrica para tres muestras independientes (Kruskal-Wallis). Primero se realizó una prueba Anova y se analizaron los resultados, dado que son pruebas más robustas que las no paramétricas, y posteriormente, se realizó la prueba no paramétrica (Kruskal-Wallis), ya que la muestra no cumplía los requisitos para utilizar únicamente las pruebas paramétricas porque el número de sujetos de cada subgrupo de la variable maltrato era inferior a 15: no maltrato (n=11), maltrato por parte del padre (n=11) y maltrato por parte de la madre (n=9). Se controlaron las variables edad y sexo del participante. Se midió tipo de violencia en la relación de pareja actual o del último año a través de diez variables dadas por el.

(37) Género y Transmisión de la Violencia Física 37. cuestionario CADRI, donde cada una de ellas hacía referencia a dos conductas diferentes: cuando se actuaba como agresor y cuando se actuaba como víctima en la relación de pareja. Estas variables fueron: abuso físico como agresor (abfisagr), abuso físico como víctima. (abfisvic),. comportamiento. amenazante. como. agresor. (comamagr),. comportamiento amenazante como víctima (comamavic), abuso sexual como agresor (absexagr), abuso sexual como víctima (absexvic), agresión relacional como agresor (agrelagr), agresión relacional como víctima (agrelvic), abuso verbal y emocional como agresor (abverema), y abuso verbal y emocional como víctima (abveremv). Todas las variables mencionadas terminan en “agr” o en “a” haciendo referencia a cuando se comportan como agresores, o finalizan en “vic” o con la letra “v”, para indicar que se estaban comportando como víctimas. Los puntajes obtenidos en las variables a evaluar del CADRI oscilan entre 0 (como puntaje mínimo) y 3 (como puntaje máximo), siendo la escala de valoración continua, en escala tipo Likert medidas de 0 a 3. Para el análisis de resultados se dividieron las variables según los sujetos actuaron como agresores o como víctimas. En la Tabla 1 se agruparon las variables que hacían referencia a cuando el adolescente actuaba como agresor en la relación de pareja, y en la Tabla 2 se agruparon las variables que hacían referencia a cuando el adolescente actuaba como víctima en la relación de pareja. Tabla 1 Estadísticos descriptivos para agresores N. ABFISAGR. Media. Desviación típica. Error típico. Intervalo de confianza para la media al 95%. No Maltrato. 11. ,0000. ,00000. ,00000. Límite inferior ,0000. Maltrato P adre Maltrato Madre. 11 9. ,4545 ,2222. ,82020 ,66667. ,24730 ,22222. -,0965 -,2902. Mínimo. Máximo. Límite superior ,0000. ,00. ,00. 1,0056 ,7347. ,00 ,00. 2,00 2,00.

(38) Género y Transmisión de la Violencia Física 38. COMAMAGR. ABSEXAGR. AGRELAGR. ABVEREMA. Total. 31. ,2258. ,61696. ,11081. -,0005. ,4521. ,00. 2,00. No Maltrato Maltrato P adre. 11 11. ,0909 ,5455. ,30151 ,82020. ,09091 ,24730. -,1116 -,0056. ,2935 1,0965. ,00 ,00. 1,00 2,00. Maltrato Madre Total. 9 31. ,4444 ,3548. ,72648 ,66073. ,24216 ,11867. -,1140 ,1125. 1,0029 ,5972. ,00 ,00. 2,00 2,00. No Maltrato. 11. ,0000. ,00000. ,00000. ,0000. ,0000. ,00. ,00. Maltrato P adre Maltrato Madre. 11 9. ,1364 ,5556. ,45227 ,72648. ,13636 ,24216. -,1675 -,0029. ,4402 1,1140. ,00 ,00. 1,50 1,50. Total. 31. ,2097. ,51274. ,09209. ,0216. ,3978. ,00. 1,50. No Maltrato Maltrato P adre. 11 11. ,4545 ,2727. ,68755 ,64667. ,20730 ,19498. -,0074 -,1617. ,9164 ,7072. ,00 ,00. 2,00 2,00. Maltrato Madre. 9. ,7778. 1,30171. ,43390. -,2228. 1,7784. ,00. 3,00. Total No Maltrato. 31 11. ,4839 ,7273. ,88961 ,45352. ,15978 ,13674. ,1576 ,4226. ,8102 1,0320. ,00 ,00. 3,00 1,25. Maltrato P adre. 11. ,9545. ,72300. ,21799. ,4688. 1,4403. ,00. 2,25. Maltrato Madre Total. 9 31. 1,5556 1,0484. ,85493 ,74560. ,28498 ,13391. ,8984 ,7749. 2,2127 1,3219. ,50 ,00. 3,00 3,00. Se considera importante recalcar que estos valores representaron bajos niveles de violencia ejercidos por el adolescente hacia su pareja ya que los valores de las medias oscilaron entre 0 y 1, siendo la variable denominada abuso verbal y emocional la única que superó estos valores, tanto en la Tabla 1 como en la Tabla 2. Respecto a la definición de cada variable según los ítems del cuestionario CADRI, en la variable de abuso físico como agresor se hace referencia a lanzarse algo durante una discusión; en la variable llamada comportamiento amenazante, se hace referencia al hecho de destrozar algo que la pareja valoraba; la variable abuso sexual hace referencia a caricias sexuales realizadas sin el consentimiento de la pareja; la variable agresión relacional hace referencia al hecho de intentar poner a los amigos de la pareja en su propia contra y por último, el abuso verbal y emocional hace referencia a hechos como darle celos, o recordarle algo malo que la pareja hizo en el pasado, o poner intencionadamente de mal humor a la pareja, hablarle en tono hostil..

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