Cundo? Ahora! Cundo carajo! Ahora carajo!

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EL ESCENARIO PUBLICO:

compañeras; ¿qué queremos? ¡trabajo¡

¿cuándo? ¡Ahora¡ ¿cuándo carajo?

¡ahora carajo¡, gritan las putas en Oruro y les hacen eco los mineros en Potosí,

mientras las ambulantes aprovechan el grito para vender un refresco de cáscara hervida que evoca el sabor de la fruta

Estos gritos chillones, estridentes e ininterrumpidos de minúsculas, pequeñas, medianas o gigantes marchas callejeras son el arrullo con el que aprendemos lentamente a comprender la vida.

Es un grito repetitivo, rutinario y envolvente que te sumerge en esperanzas que circulan viciosamen‐ te por las calles sin solución, dando como única y rotunda lección la comprensión lúcida de que nues‐ tro tiempo es el ahora¡¡¡.

Somos parte de las marchas que no buscamos las revoluciones del mañana, porque hemos compren‐ dido que nuestro tiempo es el ahora, por eso es ‐al ahora‐, ‐al ahora carajo‐, al que vamos enamorando y prometiendo fidelidad y felicidad.

No buscamos la inmolación, ni la redención heroica, ni la muerte, no saboteamos la vida con rumo‐ res de salvaciones y revoluciones “nicaragüenses”, “salvadoreñas”, “peruanas”, ni “bolivianas”.

Nos aferramos a la comprensión lúcida del ahora que nos propone una cadena de sueños concretos entrelazados unos con otros. Sueños atados a los zapatos viejos y a los pies sudorosos, sueños despren‐ didos de bocas donde faltan muchos dientes, sueños atados por manos toscas y rasposas que acarician palas, escobas y mugres durante decenas incuantificables de horas a la semana, al mes, al año.

Pueblos enteros del sur convertidos en activistas de la sobreexplotación, en insolventes y deudoras eternas que ya sin un patrón visible y sin necesidad de un intermediario esclavista traficante, volunta‐ riamente se ofrecen para sobrevivir. Gentes que renuncian al domingo porque lo han hundido en sus corazones para llevarlo ahí adentro. Pueblos enteros que celebran el nacimiento y la muerte con la misma pompa festiva, porque mientras de un lado está la vida, del otro lado está el descanso.

Desafío desquiciante de miradas que desdibujan la diferencia entre emergencia y utopía, para con‐ vertirlas en un mismo sentido que sea concreto y que sea ahora.

Que sea ahora; antes que el día termine, antes de que estalle una nueva guerra, antes de que muera una amiga, antes de que la helada arruine la cosecha, antes de que se me acaben las energías, antes de que se desangre mi tierra.

ARTE(S) - FEMINISMO(S)

¿CUÁNDO?

¡AHORA!

¡CUÁNDO CARAJO!

¡AHORA CARAJO!

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EL ESCENARIO PRIVADO:

Adentro, donde hierve el agua del café mientras una niña dobla la ropa para mañana, circula una otra calle. La calle luminosa, ruidosa, rutinaria y colorinche de la televisión. Calle que atraviesa e invade todas las casas, casitas, casuchas y cuartuchos con su luz fría e hipnotizante. Calle de 24 horas al día. Calle donde un chef prepara en un hotel de lujo de Mónaco o Biarriz exquisitos manjares para gentes que están a dieta, calle donde no son las bocas morenas sin dientes las que sonríen, sino las de las “estre‐ llas” de turno. Calle de animadores groseramente alegres y chicas entrenadas para la estupidéz profun‐ da. Calle de las grandes ofertas y de las rifas fraudulentas de un pasaje a Miami.

Calle que recorta con prepotencia al tamañito de una “pantalla chica” el desierto, el océano, el cielo, la selva y la montaña. Calle que reduce nuestra historia a 30 segundos de un flash informativo. Calle que impone velocidad de autopista al beso, al amor, al placer, obligando a nuestros ojos a no parpadear fren‐ te al estímulo domesticador de nuestras conciencias y de nuestros cuerpos.

Calle donde nos anestesian cotidianamente al dolor, a la muerte y a la guerra. Calle donde se opera una “cirugía estética” mutilante y plastificadora de los cuerpos y las caras de lo humano. Anestesia pro‐ funda, pasividad absoluta que nos induce a consentirlo todo; todas las censuras, todas las desinforma‐ ciones, todas las contaminaciones, todos los racismos, todos los colonialismos. Consentir todas las vio‐ lencias simplemente sentadas frente a la televisión.

Televisión que aniquila en un mismo instante y con la misma efectividad la noción de utopía y la noción de emergencia; en una especie de circuito cerrado, que atora tu control remoto en el mismo mensaje; canal por canal y hora por hora a lo largo y ancho del mundo y en todos los idiomas; “nada está en tus manos, nada puedes hacer, nada significas”. Aniquilamiento que no hace otra cosa que dejarnos quietos y quietas sentadas en la misma silla horas, meses, años inmóviles frente a nuestras vidas y ajenos y ajenas a nuestros propios deseos.

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NOSOTRAS,

CALLEJERAS DE LA HISTORIA Y CALLEJERAS DE LA TELEVISION

Sumergidas y empapadas de una y otra calle, ambulantes en una y en otra, las Mujeres Creando nos hemos convertido en agitadoras callejeras de uno y otro escenario; del escenario público y del escenario privado; dentro de la pantalla chica y dentro de la casa y fuera de la casa y fuera de la cámara también. La relación con el espacio de la televisión fue una relación de ocupación.

Con mucho miedo frente a tanto poder aniquilador , intimidadas por los ojos de la cámara, como quien se mete dentro de un tanque de guerra en marcha, nos metimos dentro de la televisión con nues‐ tros saberes exclusivamente callejeros y panfletarios de marchas y más marchas.

Nos metimos convencidas que esa es una calle más que ocupar, convencidas que desde esa calle se amplifica la voz y el grito, se recupera el cuerpo y el color de la piel y se entra en la casa de la vecina para sentarse a su lado y beberse un momento de encuentro imprescindible.

La primera imagen que lanzamos al aire fuimos nosotras mismas haciendo estallar un pequeño apa‐ rato de televisión contra el piso. Fue apenas un gesto, pero fue un gesto original, creativo, simple, direc‐ to, propio y subversivo. Un gesto que articulaba ambas calles en un mismo sentido, un sentido agitador, movilizador, intranquilizante, desestabilizador, convocante y rebelde.

A los cientos de graffittis escritos por nosotras en las calles, a las cientos de veces que pintamos “des‐ obediencia por tu culpa voy a ser feliz”, le sumamos entonces imágenes televisivas directas de la acción misma de pintar y de la acción misma de vivir:

“mujer ni sumisa, ni devota, libre, linda y loca”,

“ten cuidado con el presente que construyes, debe parecerse al futuro que sueñas” , “no tenemos línea, somos puro curvas”.

Los ojos de la cámara tuvieron el poder de convertir la palabra en acción transformadora, filmada, tele‐ visada y entregada a domicilio caliente, oportuna y apetitosa. Filmación que simplifica el gesto creati‐ vo porque lo pone al alcance de la mano. Porque lo desmitifica, lo des‐sacraliza y lo reduce y a su máxi‐ ma elementalidad. Elementalidad potente porque es bien común, elementalidad potente porque está en nuestras manos, elementalidad desde donde increíblemente se puede reinventar el mundo que ha que‐ dado atrapado en la pantalla chica.

En ese contexto auto‐televisarnos es un esfuerzo urgente y una estrategia de lucha que nos permite ten‐ der un puente entre público y privado, entre la calle y la casa, entre la persona muda, sola y aislada y las gentes que la convocan a decir su palabra directa, a bailar en las calles, a dormir un sueño vengativo profundo y sin deudas, a vivir amores sin marido, a vivir y a moverse y desperezarse de su adormeci‐ miento.

Haber tendido este puente convierte nuestra agitación en un círculo que le suma a la palabra la ima‐ gen y a la imagen la acción concreta y a la acción concreta nuevamente la palabra.

Haber consumado esta composición de creatividades nos ha hecho efectivas, nos ha hecho peligro‐ sas, nos ha hecho masivas y ha convertido nuestra habilidad para desordenar las relaciones sociales del adentro y del afuera, del arriba y del abajo, del norte y del sur en habilidad presente en la coti‐ dianeidad de nuestra sociedad. Estamos aquí, en el presente y en el ahora desordenando las jerar‐ quías sociales, estamos en el presente y en el ahora y al alcance de la mano como realidad concreta, no como promesa lírica del mañana.

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LA CREATIVIDAD ES UN INSTRUMENTO DE LUCHA Y EL CAMBIO SOCIAL ES UN HECHO CREATIVO

Este espacio social abierto manualmente, espacio social del que no somos ni beneficiarias, ni inquili‐ nas,

espacio social que no es “cuota de equidad”,

espacio social que no es concesión antidiscriminatoria, ni discriminación positiva,

espacio social político que no es bocado de patriarcas ,ni partidos.

Este espacio social del que somos soberanas, actoras y constructoras cotidianas contiene una compren‐ sión básica y elemental:

la creatividad es un instrumento de lucha, el cambio social es un hecho creativo y la acción creativa es una acción política.

Comprensión que coloca nuestra creatividad en el terreno de la subversión permanente, comprensión que coloca nuestra creatividad al centro de las relaciones sociales como fuerza rebelde. Comprensión que coloca nuestra creatividad como identidad inventada, creada y recreada y por eso imperfecta, incompleta y convocante.

Identidad compuesta de alianzas insólitas y prohibidas: indias, putas y lesbianas juntas, revueltas y hermanadas, desobedeciendo sus límites para juntar sueños y fatigas entre quienes está prohibido hacerlo.

(5)

Identidad radicada en la rebeldía y no en la autoafirmación egocéntrica.

Identidad compleja que no es suma de variedades, sino composición de fragmentos donde todas las identidades que la componen se saben fragmentos de identidad. Se saben pedazos llamados a integrar‐ se con otros pedazos, complementando saberes, sentires, intuiciones y visiones.

Pedazos fragmentarios constructores de una identidad circular sin vanguardias.

Espacio de heterogeneidad, espacio de celebración de la diferencia y de celebración de la unidad compleja de diferentes al mismo tiempo. Celebración de la unidad indigesta e inexplicable.

Celebración de historias personales y elecciones existenciales; augurio de cambio y augurio de utopía. Espacio político de indias, putas y lesbianas juntas, revueltas y hermanadas:

Juntas desobedeciendo mandatos culturales. Juntas desobedeciendo privilegios y jerarquías. Juntas desobedeciendo mandatos familiares,

juntas reescribiendo nuestros amores para ser hermana, amiga y amante de quien yo quiero ser. Juntas desobedeciendo mandatos religiosos, patrióticos y militares.

Juntas en asamblea de voces directas que no admiten traducción, intermediación, interpretación, ni representación.

juntas para reinventarnos y también para sobrevivir.

juntas como augurio de utopía y tarea urgente al mismo tiempo.

ESCRITO DESDE UN SITIO LLAMADO BOLIVIA UN SITIO DONDE TODO PARECE IMPOSIBLE PARA COMUNICARSE CON NOSOTRAS: mujerescreando@alamo.entelnet.bo www.mujerescreando.org www.radiodeseo.com tel. 00591‐2‐2413764

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