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Ovarios poliquísticos en hembra canina : reporte de un caso

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Academic year: 2020

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Facultad de Ciencias Veterinarias

-UNCPBA-

Ovarios poliquísticos en hembra canina: Reporte

de un caso.

Picardo, Francisco; Farias, Pablo; Fernández, Héctor.

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II

Ovarios poliquísticos en hembra canina: Reporte de un caso.

Tesina de la Orientación de Sanidad Animal presentada como parte de los requisitos para optar al grado de Veterinario del estudiante: Picardo, Francisco.

Tutor: Médico Veterinario Farias, Pablo

Director:Médico Veterinario Fernández, Héctor

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III

Resumen

Los quistes en ovarios son una entidad patológica en la que las diversas estructuras ováricas persisten de manera anormal, ya sea un folículo que fue incapaz de ovular o un cuerpo lúteo que no regresiona, entre otras. Si bien la mayoría de los casos son asintomáticos, cuando presentan signología, la misma está relacionada con alteraciones del ciclo estral tales como estros persistentes o intervalo interestro acortado, entre otros. Por sí mismos no representan una alteración grave a la salud del paciente, pero se los ha relacionado con patologías que pueden llevar a una complicación mayor en la vida del animal como son el complejo hiperplasia endometrial quística/piómetra, y diversos tumores ováricos. El objetivo de este trabajo es realizar una breve descripción de los cambios hormonales y citológicos que ocurren durante las diferentes fases del ciclo estral de la perra y reportar un caso de ovarios poliquísticos sintomático, resaltando los métodos complementarios para su diagnóstico y la importancia de su tratamiento quirúrgico.

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IV

Índice

Contenido Página

1. Introducción 1

2. Fisiología reproductiva de la hembra canina 1

2.a. Características generales 1

2.b. Fases del ciclo estral 4

3. Quistes ováricos 9

3.a. Quistes foliculares 10

3.b. Quistes luteales 11

3.c. Otros quistes ováricos 11

3.d. Diagnóstico 12

3.e. Tratamiento 13

4. Descripción del caso clínico 15

5. Discusión 18

6. Conclusión 19

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1

1. Introducción

El ciclo estral de las hembras caninas, comprende las fases de proestro, estro,

diestro y anestro. El proestro se define como el periodo que transcurre desde

que una perra atrae sexualmente a los machos y los rechaza, hasta la primera

aceptación. Se suele usar la aparición de una secreción vaginal

serohemorrágica y tumefacción vulvar como señales del primer día de proestro;

el estro (periodo durante el cual aceptan al macho), es la fase en la cual la

vulva pierde la edematización; la secreción suele persistir, aunque

generalmente disminuye. El diestro comienza cuando la perra ya no acepta al

macho, y se considera que finaliza cuando la concentración plasmática de

progesterona disminuye a un valor inferior o igual a 3nmol/l. Por último, entra

en la etapa de anestro cuya duración es variable (Schaefers-Okkens, 2007).

Cuando aparecen irregularidades o alteraciones en el ciclo estral, se puede

sospechar de la presencia de alguna patología del tracto reproductivo de las

hembras caninas. Dichas patologías son motivo frecuente de consulta, y la

determinación de un diagnóstico certero, implica un desafío para el clínico

veterinario (Albarracín Navas y col., 2012). La presencia de quistes ováricos

constituye una de ellas, y por lo general la mayoría no son funcionales y son

de hallazgo accidental. Cuando los quistes hallados son funcionales, estos son

causantes de infertilidad (Sorribas, 2000a).

Los signos clínicos de ovarios quísticos foliculares en caninos se caracterizan

por irregularidades del ciclo estral e irregularidades interestro o prolongados

estros y proestros (Albarracín Navas y col, 2012).

El objetivo de este trabajo es realizar una breve descripción de los cambios hormonales y citológicos que ocurren durante las diferentes fases del ciclo estral de la perra y reportar un caso de ovarios poliquísticos sintomático, resaltando los métodos complementarios para su diagnóstico y la importancia de su tratamiento quirúrgico.

2. Fisiología reproductiva de la hembra canina

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2 La fisiología reproductiva de la perra es intrigante; el patrón reproductivo es no

estacional monoéstrico con anestro obligatorio probablemente reflejando las

consecuencias de la domesticación de una especie con una alta organización

social y una estructura reproductiva, la cual inicialmente fue alineada con

reproducción estacional (England, 2011).

La edad promedio de la pubertad es entre los 9 y 10 meses, con un rango que va desde los 6 a los 24 meses. Su ciclo estral se divide en cuatro fases: proestro, estro, diestro y anestro. El proestro y el estro representan la fase folicular del ciclo reproductivo y es al final de la misma cuando se produce la ovulación de ovocitos inmaduros los que tienen una larga viabilidad en el interior del aparato reproductor femenino. La fase luteínica o diestro se caracteriza por la presencia de un cuerpo lúteo cuya vida media es independiente de la existencia o no de gestación.

El intervalo interestral es muy variable, presenta en promedio, una duración de 7 meses y no está influenciado por la gestación o el fotoperiodo (Johnson, 2010).

Hormonalmente, la actividad gonadal está bajo control del hipotálamo y de la

adenohipófisis. El hipotálamo secreta de manera pulsátil la hormona liberadora

de gonadotropina (GnRH) que mediante un sistema porta de circulación se

dirige hacia la adenohipófisis induciendo la producción pulsátil de las hormonas

foliculoestimulante (FSH) y luteinizante (LH), las que actúan de forma sinérgica

en el desarrollo y ovulación de los folículos ováricos. La primera tiene un papel

más importante durante el crecimiento folicular, mientras que la LH predomina

en los estadios finales, desde la maduración hasta la ovulación.

El folículo es una estructura compuesta por el ovocito rodeado por la zona

pelúcida, secretada por células de la granulosa que lo separan del antro

folicular. Además de las células granulosas, el folículo se completa por las

tecas (interna y externa), diferenciadas a partir del estroma ovárico y separadas

de las células granulosas por una membrana basal.

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3 la granulosa prolifera en respuesta a su propio producto de secreción (estrógenos).

Uno de los efectos de los estrógenos es la formación de receptores adicionales para la FSH a medida que prosigue el desarrollo folicular. En esta situación, el folículo antral se hace progresivamente más sensible a la FSH según se va desarrollando y puede crecer bajo un nivel relativamente estable de secreción de dicha hormona.

En los momentos finales del desarrollo folicular, la FSH y los estrógenos estimulan la formación de receptores para LH en la granulosa, mientras que aquellos para FSH comienzan a disminuir. La secreción creciente de estrógenos por parte del folículo antral lleva finalmente al inicio del llamado pico preovulatorio de gonadotropinas. Por tanto, en las últimas fases del desarrollo, el folículo pasa a estar bajo el control de la LH de manera progresiva a medida que atraviesa su última fase de crecimiento hasta alcanzar el punto de la ovulación.

El hipotálamo y la adenohipófisis son capaces de responder a un aumento sostenido de la secreción de estrógenos incrementando la de gonadotropinas. El aumento súbito y constante de las concentraciones de estrógenos, que ocurre durante uno o varios días en la fase final del desarrollo del folículo antral, provoca un incremento de la secreción de gonadotropinas mediante el aumento de la frecuencia de liberación pulsátil de GnRH; fundamentalmente, dicha frecuencia supera el índice de eliminación metabólico. El objetivo del aumento súbito de gonadotropinas es producir cambios dentro del folículo que conduzcan a su rotura (ovulación), y su duración es relativamente corta, posiblemente porque la concentración del factor principal conductor de la respuesta, el estrógeno, disminuye a medida que los folículos responden a este pico preovulatorio de gonadotropinas. Este particular mecanismo fisiológico que marca el comienzo de la ovulación es eficaz al permitir al folículo comunicar su estado de madurez al hipotálamo y a la adenohipófisis mediante un producto (estrógeno) que se produce en cantidades que aumentan al progresar la maduración folicular.

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4 tisulares que protruyen hacia dicha cavidad contienen células tecales y de la granulosa y, fundamentalmente, el sistema vascular que servirá de soporte al crecimiento y diferenciación celular. Aunque las células de la granulosa son predominantes en el cuerpo lúteo, las de la teca también contribuyen de manera significativa a la composición de su estructura. El proceso que siguen las células de la granulosa durante el cambio de secreción de estrógenos a progesterona se denomina luteinización que comienza con el pico preovulatorio de LH y se acelera con la ovulación. Su principal función es la secreción de progesterona, que prepara al útero para el inicio y mantenimiento de la gestación. Las perras no presentan un sistema de reiniciación rápida del ciclo, por el contrario, la fase luteínica dura alrededor de 70 días (Davidson y Stabenfeldt, 2014).

2. b. Fases del ciclo estral: cambios hormonales y citología vaginal

Proestro

La duración media de esta fase es de 9 días con un rango que va desde los 3 a los 17 días. Clínicamente comienza cuando se observa inflamación de la vulva y sangrado, y finaliza cuando la hembra permite la cópula. La atracción de los machos y la receptividad aumentan gradualmente a lo largo de este periodo. Se desconocen él o los factores que determinan la finalización del anestro y dan comienzo a una nueva fase folicular en la perra (Johnson, 2010).

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5 Durante este periodo se produce la liberación de feromonas de atracción sexual, que se mezclan con la orina permitiendo diseminar de esta manera los olores que atraen al macho, a pesar de que la hembra aun no es receptiva a la cópula. Se observa edema e hipertrofia de vagina y vulva, aumento del tamaño del útero, edematización del endometrio y desarrollo de las glándulas endometriales, engrosamiento del epitelio de vagina y cérvix y comienzo de su cornificación (Sorribas, 2000b).

El examen microscópico del epitelio vaginal exfoliado y debidamente teñido, es un método simple para monitorear el estado del ciclo estral, especialmente si se realizan en forma seriada. El incremento del estrógeno plasmático durante esta fase causa engrosamiento de la pared vaginal mediante un incremento de las capas celulares como mecanismo para proteger su delicada mucosa durante el apareamiento; de este modo, durante el proestro las células de la superficie epitelial van cambiando su morfología (von Heimendahl y England, 2011).

Las células basales inmaduras del epitelio vaginal originan a todas las células que se observan en un frotis vaginal y rara vez aparecen en el mismo; normalmente, son las células parabasales más pequeñas las que se observan. Otras células epiteliales más maduras son las intermedias, las superficiales nucleadas y las superficiales anucleadas o escamosas.

Al iniciarse el proestro, las células se hacen más diferenciadas y los tipos de células epiteliales que aparecen son superficiales, intermedias y parabasales. También hay eritrocitos y durante los primeros días pueden verse neutrófilos. Hacia la mitad del proestro, los neutrófilos desaparecen, al igual que lo harán las células parabasales y las intermedias. Al final del proestro solo aparecerán células superficiales, aunque todavía pueden verse glóbulos rojos (Post, 2002).

Estro

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6 obstante las perras sin alteraciones patológicas exhiben, a menudo, secreciones similares durante el proestro y el estro (Johnson, 2010).

Durante esta etapa, el engrosamiento y la cornificación del epitelio escamoso estratificado son más pronunciados que en el proestro. Existe hipertrofia e hiperplasia del endometrio con numerosas figuras mitóticas en sus células. El tamaño del miometrio también está aumentado.

La secreción de feromonas es abundante en la primera mitad de este periodo y decrece sobre el final. La hembra es receptiva a la cópula cuando el macho se acerca e intenta la monta, se inmoviliza, presenta el tren posterior al semental, levanta la cola y eleva rítmicamente la vulva, facilitando de esta manera el coito (Sorribas, 2000b).

La declinación de la concentración sérica de estrógeno y el incremento de la concentración de progesterona en suero en el proestro avanzado, serían responsables del inicio del cambio conductual asociado con el comienzo del estro y de inducir la secreción preovulatoria de FSH y LH. La onda de LH a su vez, inicia la ovulación y posterior formación de los cuerpos lúteos.

Aunque el comienzo del comportamiento estral por lo regular ocurre dentro de las 24-48hs de producida la onda de LH, puede presentarse desde 4 días antes o 6 días después de dicha onda.

En la mayoría de las perras, la ovulación se produce dentro de las 48 hs desde que sucede la onda de LH pero varía de 0 a 96 hs. Los ovocitos primarios son ovulados y transcurren otros 2-3 días para madurar antes que pueda suceder la fertilización. Los ovocitos maduros tienen una vida fértil de 2-4 días, quizás más. Se ha denominado periodo fértil al tiempo durante el cual los ovocitos maduros están disponibles para ser fertilizados. Los espermatozoides de eyaculación reciente conservan la capacidad fertilizante durante 3-4 días y en ocasiones hasta 6 días (Johnson, 2010).

En cuanto a las características de la citología vaginal, la mitad del estro se caracteriza por la presencia de células superficiales, la mayoría de las cuales son anucleadas y además el fondo del frotis es limpio y claro. Durante el estro puede haber o no presencia de eritrocitos (Post, 2002).

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7 El inicio del diestro es difícil de definir en la perra, ya que esta puede seguir sexualmente receptiva durante los primeros días de esta fase. El tamaño de la vulva disminuye, pero no alcanza su tamaño y consistencia normales hasta el diestro medio o tardío. La descarga vaginal adopta una naturaleza mucosa, pudiendo incluso presentar una apariencia mucopurulenta y va disminuyendo su cantidad a medida que se va reduciendo el tamaño de la vulva (Post, 2002). El diestro representa la fase lútea del ciclo, caracterizada por la secreción lútea de progesterona dependiente de LH y prolactina hipofisiaria. La concentración sérica de progesterona incrementa con rapidez durante las primeras 2 semanas después de la onda de LH y ovulación, se mantiene elevada, y declina de manera gradual durante los siguientes 2 meses independiente de la existencia o no de gestación. En las perras gestantes hay una rápida caída preparto de la concentración de progesterona. Esto sucede más o menos a los 64 días después de la onda de LH y casi 24 horas antes del comienzo del parto. La declinación de la concentración de progesterona puede ser más gradual en las perras no gestantes y puede no alcanzar los niveles basales hasta los días 75 a 90. El endometrio produce prostaglandinas tanto si existe o no gestación, pero estas no generan una regresión precoz del cuerpo lúteo (CL) en perras no preñadas. Aunque la LH y la prolactina son luteotrópicas en perras, la regresión de los CL parece producirse después de una vida media predeterminada independientemente de que siga existiendo LH viable. El parto y los síntomas de pseudogestación constituyen el único indicio clínico del final del diestro (Johnson, 2010).

Las funciones de la progesterona son cerrar el cuello uterino, espesar las secreciones cervicales, desensibilizar el miometrio a la acción de la oxitocina colocando al útero en virtual estado de reposo para permitir la nidación de los embriones y estimular la secreción de histiotrofo o leche uterina necesaria para la alimentación de los embriones hasta que ellos se fijen a la pared uterina y comience el intercambio nutritivo materno-fetal.

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8 de preñez estimula la producción de leche necesaria para la alimentación de los cachorros.

La acción que la progesterona ejerce sobre el útero, sumada a la disminución de la irrigación del aparato genital por acción de ésta y la disminución de sus defensas, indican a este periodo como el óptimo para la instauración de las patologías uterinas (Sorribas, 2000b).

Las citologías vaginales se caracterizan por una reducción drástica en el número de células superficiales y la reaparición de células intermedias, neutrófilos y detritos. Durante el primer día del diestro las células parabasales y las intermedias superan en número a las superficiales y escamosas anucleadas. También se observan grupos de células intermedias, y aparecen de nuevo grandes cantidades de neutrófilos. Los hematíes y las bacterias desaparecen. El cambio brusco se sigue de forma gradual hasta llegar a las características citológicas del anestro (Johnson, 2010).

Anestro

Sigue al diestro y finaliza con el comienzo del proestro del siguiente ciclo. El intervalo desde el final del diestro, definido por las concentraciones séricas de progesterona basal, hasta el comienzo del proestro es bastante variable pero promedia los 4,5 meses. No existen manifestaciones externas asociadas con el anestro. El eje hipotálamo-hipófisis-ovario y el útero están activos durante el anestro. A lo largo de este periodo existe una secreción pulsátil de LH y FSH por parte de la hipófisis (Johnson, 2010).

Si en el ciclo previo hubo preñez, la etapa temprana del anestro engloba la lactación. La longitud del anestro supera el periodo de lactación tal que las perras no están en proestro ni en estro mientras lactan (England, 2011).

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9 Aunque se han observado algunos incrementos esporádicos, las concentraciones plasmáticas de estradiol suelen ser bajas y no comienzan a aumentar hasta el anestro tardío (Schaefers-Okkens, 2007).

Durante el anestro el endometrio se renueva, el tamaño y la actividad de las glándulas endometriales se reducen, así como el grosor del miometrio y del endometrio, aunque no hasta los niveles observados en perras prepúberes. El endometrio se repara continuamente durante aproximadamente 120 días después de un ciclo en el cual no ha existido gestación y durante un poco más de tiempo (150 días) si la hubo (Johnson, 2010).

En la citología exfoliativa vaginal suelen verse muy pocas células. Las que existen suelen ser intermedias y parabasales pudiendo observarse la presencia de neutrófilos (Post, 2002).

3. Quistes ováricos

Los quistes ováricos son sacos de contenido líquido o semisólido, muy comunes en la perra y en la gata y que generalmente no producen sintomatología y pasan desapercibidos. Su tamaño oscila desde menos de 1cm de diámetro hasta más de 20 cm (Fig. 1).

Se pueden clasificar como no funcionales y funcionales; dentro de los no funcionales se encuentran los quistes epiteliales o los de la red ovárica (rete ovari). Estos no son productores de hormonas, aunque pueden causar infertilidad si ejercen un efecto masa sobre el ovario sano. Por otra parte, dentro de los quistes funcionales se encuentran dos tipos: los foliculares y los luteínicos o luteales (Ortega Camacho, 2014).

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10 Debido a que la mayoría de los quistes en ovarios permanecen sin diagnosticar, hace difícil la estimación de la incidencia y la prevalencia (Payan-Carreira y Pires, 2016). Un estudio antiguo refiere que los quistes no neoplásicos en ovarios representan el 78% de todas las enfermedades ováricas caninas (Dow, 1960).

La incidencia reportada de los quistes ováricos oscila entre 8% y 52%, observándose además gran variación en dichos valores según diferentes autores (Tabla 1).

Tabla 1. Prevalencia de quistes ováricos caninos segun diferentes autores Quistes ováricos

Quistes

Paraováricos Referencias Foliculares Rete ovarii Estructuras sub

epiteliales

19% multiples

36% solitarios 8% 17,4% (Dow, 1960)

10% 48% 48% 22% (Marino y col.,

2010)

24% 11% 52% (Akihara y col.,

2007) (Tabla modificada de Payan-Carreira y Pires, 2016).

3. a. Quistes foliculares

Los quistes foliculares pueden ser únicos o múltiples; son unilaterales en la mayoría de los casos y pueden medir hasta más de 20 cm de diámetro. Son a menudo descubiertos después de que una piómetra haya ocurrido. Los signos clínicos se manifiestan más temprano en casos con un solo quiste grande que en aquellos con múltiples quistes. La heredabilidad de esta condición en la perra es desconocida (Fontbonne, 2011).

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11 Los quistes ováricos foliculares anovulatorios tienden a ser solitarios, revestidos por células de la granulosa y son de mayor tamaño que los folículos preovulatorios normales. La presencia de quistes foliculares bilaterales puede indicar un problema del eje hipotálamo-hipófisis-ovárico (Davidson y Feldman, 2007).

Los signos clínicos de ovarios quísticos foliculares se caracterizan por el incremento de los estrógenos en suero con irregularidad del ciclo estral e irregularidades interestro o prolongados estros y proestros, alopecia simétrica e hiperqueratosis. Un estro no se considera anormalmente largo hasta que no alcanza los 35 a 40 días (Johnson, 2010; Fontbonne, 2011).

Se reportan enfermedades asociadas con los quistes ováricos foliculares como la hiperplasia endometrial quística, endometritis, piómetra y los fibroleiomiomas del tracto genital (Fontbonne, 2011; Albarracín Navas y col., 2012).

3. b. Quistes luteales

Son folículos anovulatorios luteinizados. Representan menos del 10% de los quistes ováricos en las perras. Secretan progesterona, induciendo largos periodos de anestro. En algunos casos pueden secretar estrógenos, resultando en signos clínicos que incluyen la alopecia bilateral (Fontbonne, 2011).

Se puede producir un diestro prolongado secundario a la presencia de un quiste ovárico luteinizado (secretor de progesterona). Los quistes luteinizados pueden ser solitarios o múltiples y afectar a uno o ambos ovarios (Davidson y Feldman, 2007).

3. c. Otros quistes ováricos

● Quistes de cuerpo lúteo: raramente ocurren en la perra y son

asintomáticos.

● Quiste de estructuras subepiteliales: son pliegues microscópicos del

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12 ● Quiste de la rete ovarii: son poco comunes. Son túbulos quísticos

agrandados, derivados de túbulos mesonéfricos alrededor del ovario. Pueden reemplazar el tejido ovárico normal que lo rodea, sin resultar en alguna enfermedad manifiesta.

● Quistes paraováricos: se desarrollan de estructuras mesonéfricas y

paramesonéfricas remanentes rodeando el ovario. No perjudican la función ovárica. No siempre es fácil diferenciarlos de quistes foliculares con ultrasonografía (Fontbonne, 2011).

3. d. Diagnóstico

Son diversas las estrategias diagnósticas disponibles en la actualidad para definir el carácter etiológico, así como para identificar y caracterizar la presencia de masas asociadas con el tracto genital de la hembra para lo cual se incluyen no solo las herramientas de laboratorio como los cuadros hemáticos, sino también el uso de imágenes como radiología, ecografía y, cada vez más frecuentemente, la tomografía. Adicionalmente, se ha reportado la utilización de técnicas histopatológicas junto con marcadores inmunohistoquímicos (Albarracín Navas y col., 2012).

La citología vaginal es un camino rápido y fácil indicativo de la presencia de estrógenos. La ultrasonografía usualmente confirmara el diagnóstico de quistes apareciendo como estructuras redondeadas hipoecoicas o anecoicas con una delgada pared (Fontbonne, 2011; Fig. 2).

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13 Los folículos preovulatorios normales miden de 4 a 9 mm de diámetro, menos que los quistes foliculares y que la mayoría de las neoplasias funcionales. El estudio de los valores de estrógenos y progesterona en el líquido procedente de las estructuras quísticas anómalas de los ovarios, obtenidas bajo guía ecográfica, y el análisis histológico de los tejidos obtenidos quirúrgicamente pueden confirmar el diagnóstico.

La evolución de un quiste folicular a un folículo atrésico o un cuerpo lúteo se puede vigilar mediante ecografía, citologías vaginales y determinaciones de las concentraciones séricas de estrógenos y progesterona (Davidson y Feldman, 2007).

3. e. Tratamiento

Existen opciones farmacológicas y quirúrgicas para el tratamiento de los quistes foliculares patológicos persistentes. Los tratamientos farmacológicos no deben arriesgar la salud reproductora de la perra. El tratamiento con progesterona de las hembras con quistes foliculares funcionales aumenta el riesgo de desarrollar hiperplasia quística endometrial/piometra y no es aconsejable. Se recomienda la administración de GnRH (50 ug IM cada 24-48 horas hasta 3 dosis) o gonadotropina coriónica humana (hCG; 22 UI/kg, IM, cada 24-48 horas) por su eficacia para inducir la regresión o luteinización de los quistes. La GnRH no resulta antigénica en la perra y puede, por lo tanto, ser el tratamiento de elección. La inducción eficaz de la regresión o luteinización de los quistes se traduce en una disminución de la secreción vaginal, cambios en la citología vaginal que reflejan una disminución de los efectos de los estrógenos, disminución de la atracción de los machos y normalización del comportamiento. Las concentraciones séricas de estrógenos descienden y aumentan las de progesterona si se produce luteinización. La monitorización ecográfica de la estructura ovárica muestra la regresión de las estructuras hipoecoicas.

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14 El mejor resultado resulta de la remoción quirúrgica del quiste mediante ovariectomía u ovariohisterectomía (Fontbonne, 2011; Fig. 3, gentileza Med. Vet. Sappia, D.).

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4. Descripción del caso clínico

Reseña

● Especie: Canino ● Raza: Ovejero Alemán ● Sexo: Hembra

● Edad: 7 años

● Talla y/o peso: Mediana ● Color del manto: Negro ● Estado reproductivo: Entera

Anamnesis

Los dueños relatan que cada vez que la hembra es servida durante un ciclo estral, presenta un aborto y vuelve a ciclar. Al ser consultados comentan que ya hace varios ciclos que sucede lo mismo.

Inspección general

No se observa ninguna alteración a la inspección.

Inspección particular

Mucosas: rosadas. Temperatura: normal.

Palpación/percusión: abdomen normal a las maniobras de palpación.

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16 Ecografía abdominal

Se procedió a realizar la ecografía abdominal con especial atención en los órganos reproductivos. Al observar la imagen compatible con ambos ovarios, se distinguen estructuras anecoicas que se pueden correlacionar con quistes ováricos (Fig. 4 a y b).

Citología vaginal

La citología vaginal dio como resultado más de un 80% de células escamosas, sugestivo de una elevada secreción de estrógeno por parte de los quistes ováricos.

Figura 4 a. Imagen ecográfica de ovario izquierdo de hembra canina Ovejero Alemán con sintomatología presuntiva de ovarios poliquísticos

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17 Tratamiento

El tratamiento fue quirúrgico, realizándose una ovariohisterectomia por línea media.

Protocolo anestésico:

Preanestesia: Acepromacina (0,05 mg/kg) IM Atropina (0,02-0,04 mg/kg) IM Anestesia: Inducción: Xilacina (0,5-1 mg/kg) IV Ketamina (5 mg/kg) IV

Mantenimiento: Isofluorano 1,5% inhalatoria

Ketamina (a efecto, utilizando ¼ de la dosis de inducción) IV

Recuperación: Tramadol (2mg/kg) IM

Descripción de la técnica quirúrgica

Se realizó la diéresis casi en caudal del ombligo a través del tegumento y tejidos subcutáneos; luego se incidió la línea alba para ingresar a la cavidad abdominal. Una vez en la cavidad se deslizó el gancho de ovariectomía contra la pared abdominal para atrapar un cuerno uterino. Se identificó el ligamento suspensorio mediante palpación para luego debridarlo cerca del riñón, sin desgarrar los vasos ováricos, para facilitar la exteriorización del ovario. Se colocaron dos ligaduras en el pedículo ovárico y se efectuó la transección del mismo para después realizar lo mismo con el ovario opuesto.

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5. Discusión

Los reportes de ovarios poliquísticos son escasos, no existe mucha información acerca de la patogenia de la enfermedad y la incidencia reportada es muy variable, si bien los quistes pueden ser asintomáticos y significar un hallazgo accidental al momento de hacer una castración, también pueden presentar signos relacionados con el hiperestrogenismo e hiperprogesteronismo principalmente alterando el ciclo estral, entre otros signos provocando problemas reproductivos y productivos, y potencialmente patologías más graves debido a la asociación que hacen algunos autores con diversos tumores ováricos, el complejo hiperplasia endometrial quística/piómetra que pueden llevar a peligrar la vida de la paciente (Johnson, 2010; Fontbonne, 2011; Albarracín Navas y col., 2012; Ortega Camacho, 2014).

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6.

Conclusión

Los quistes en ovarios son poco documentados en la bibliografía, sin embargo, arribar a su diagnóstico en un paciente sintomático no conlleva demasiadas complicaciones siguiendo correctamente los pasos diagnósticos. El tratamiento debe ser la extracción quirúrgica para poder analizar los órganos afectados y evaluar si existe afección uterina concurrente, para evitar una complicación mayor para la vida de las pacientes afectadas.

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7. Referencias bibliográficas

❖ Akihara, Y., Shimoyama, Y., Kawasako, K., Komine, M., Hirayama, K.,

Kagawa, Y., y col. (2007). Immunohistochemical evaluation of canine ovarian cysts. En : Journal of Veterinary Medical Science, vol 69. Pp : 1033-1037.

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❖ Davidson, A., Feldman, E. (2007). Capítulo 247: Anomalías ováricas y del ciclo de estro. En: Tratado de Medicina Interna Veterinaria, sexta edición, volumen 2 (Stephen Ettinger y Edward Feldman). Elsevier. Pp: 1649-1655.

❖ Davidson, A., Stabenfeldt, G. (2014). Sección VI: Reproducción y lactancia. En: Cunningham Fisiología Veterinaria, quinta edición (Bradley Klein). Elsevier. Pp: 408-449.

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Referencias

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