HAHNEMANNS
90 Medicamentos Homeopáticos
Introducción
El auge creciente que va tomando la Homeopatía en España tiene algunos antecedentes históricos. Este libro es; en ese sentido, algo más que un símbolo: la recopilación de las "propiedades características de los medicamentos", que investigó y empleó en terapéutica el padre de la medicina homeopática; es entre otras cosas una pequeña joya de valor científico-médico.
La Homeopatía, terapéutica eminentemente experimental, nace de la mano de un investigador nato, valorable aun hoy y de enorme mérito considerando la época. hace dos siglos, rodeado de una medicina empírica y agresiva, avasallante y prepotente, Samuel Hahnemann (Meissen, Alemania, 1755 - París, 1843) consciente de que la misión fundamental de un médico es "aquello que se llama curar", renuncia a continuar, se recluye, deja de recibir enfermos. Era médico, químico y toxicólogo; terminando el siglo XVIII decide que ser médico es otra cosa. Se había doctorado a los veintidós años, era de origen humilde. Se dice que su erudición era reconocida y había llegado a alcanzar notoriedad y fama en el ejercicio de la profesión médica. Insólitamente, piensa que ser médico no significa desempeñar un rol si los medios y los procedimientos no lo satisfacen.
Opta por la pobreza. Mantiene escasamente a su familia con traducciones, y pocos años más tarde, a los treinta y siete años de edad, traduciendo una materia médica (libro de farmacología de la época) concentró su atención sobre la acción de la quinina en el tratamiento de las fiebres palustres. Interesado en la intoxicación que provocaba dicha sustancia, la ingirió durante algunos días y observó que le provocaba síntomas que el juzgó sorprendentes: la intoxicación de la quinina era muy parecida a la sintomatología del paludismo. Repitió la experiencia varias
veces y obtuvo resultados similares. Fué el primer paso para formular la ley de la similitud.
Luego, ensaya los medicamentos en diluciones, francamente repugnado
como estaba de la violenta medicina de la época.
La Homeopatía tenía sus dos pilares iniciales. Pero faltaba uno, el más importante quizá, desde el punto de vista del rigor científico: la experimentación. Pensó que antes de usar los medicamentos en los enfermos, había que administrarlos a los sanos para que las observaciones fueran válidas.
A lo largo de su vida experimentó noventa remedios en personas sanas con protocolos previos, apuntando cuidadosamente sus resultados. Eran las primeras patogenesias, o sea el conjunto de síntomas provocados experimentalmente. En 1810 publica la 1ª. edición del Organon del arte de curar, donde establece las condiciones en que deben realizarse las patogenesias: la experimentación debía hacerse en hombres (y no en animales) sanos, de ambos sexos, de diferentes edades, de distintas razas y tipos; los medicamentos debían ser estandarizados en su procedencia y preparación y debían conservar su actividad. El sujeto debería ser voluntario y probarse varias dosis en otros tantos sujetos.
Además de sentar las bases de un verdadero método experimental propuso que se apuntaran los síntomas psíquicos y los físicos y valoró en el enfermo la causa mental como probable origen de disturbios somáticos. Entre los años 1811 y 1816 publicó su Materia Médica Pura. Diez años después de su muerte a los ochenta y ocho años, en 1857, el doctor Lud de Parseval recopila y clasifica aquellas patogenesias de la Materia Médica Pura y publica en marsella aquellas "Observaciones Prácticas de Samuel Hahnemann". En 1862, el médico D. José Pérez Valls lo traduce al castellano y se publica en Madrid con una tirada de ¡veinticinco mil
ejemplares!
Esta materia médica, seguramente la primera y por ello en algún sentido la más pura, intentó prologar con emoción (entre lo lúdico y lo solemne) y sobre todo, con mucho cariño.
Echémosle un vistazo y veremos detrás de una apariencia arcaica y algo almidonada una descripción fresca de los remedios, vigente en buena parte. Interesante es prestar atención a los síntomas mentales con el título de moral y de paso constatar que Hahnemann no los exageró ni los sobrevaloró excesivamente, como pretenden muchos hahnemannianos.
Un interés adicional es que el lúcido maestro de Meissen escribe en primera persona, en lenguaje directo, casi coloquial.
También es notable que las referencias doctrinales, escasas por otra parte, sólo van dirigidas hacia la terapéutica.
La descripción precisa de los síntomas, gráfica ("sensación de vacuidad en el estómago", en Sepia; "tristeza tranquila, dulzura y resignación", en pulsatilla) habla de un Hahnemann erudito y certero.
Las patogenesias son el elemento revitalizante de la homeopatía. Fueron recogidas y escritas en lenguaje sencillo y duradero. Hoy, que es necesario recomponerlas, podemos y debemos tomar la referencia de la metodología hahnemanniana para poder adoptar el mejor camino adecuado a nuestro tiempo.
Un motivo más para celebrar esta publicación es que comenzamos esta colección de Homeopatía con un libro histórico pero fresco, no de doctrina, a menudo anquilosante. Una aclaración final: La Homeopatía, medicina del similar, se basa como es sabido en la identificación del remedio, el más parecido que sea posible, al enfermo a tratar. Pero ¿dónde debe buscarse esa identidad? Las materias médicas actuales presentan diferentes datos clasificables por su procedencia; cada remedio tiene de este modo síntomas
que provienen de la toxicología (síntomas tóxicos), síntomas que surgen de la
experimentación (los llamados síntomas patogenéticos), rasgos
constitucionales e indicaciones terapéuticas.
Si tuviéramos que elegir uno de estos grupos, sin dudar, optaríamos por los patogenéticos. Son ellos, efectivamente, los que le dan a la homeopatía esa singularidad irrepetible en otra terapéutica; son los que permiten la individualización más exquisita y son en definitiva los que proceden de una investigación que en su tiempo fué revolucionaria. Sólo las patogenesias permiten una terapéutica de similar y sólo ellas nos dan autorización para valorar la modalidad del síntoma.
Si leemos atentamente estas páginas comprobaremos con satisfacción que la inmensa mayoría de síntomas que aparecen son patogenéticos.
RICARDO A. ANCAROLA. Madrid, diciembre de 1985.
MATERIA MEDICA
Aconitum Napellus
Los síntomas producidos por el acónito en el hombre sano proporcionan a la sagacidad del homeópata los medios de juzgar hasta qué punto puede ser útil este medicamento en ciertos estados morbosos contra los cuales la medicina vulgar ha empleado hasta el presente, frecuentemente en vano y casi siempre con tristes resultados, sus peligrosos remedios, tales como las emisiones sanguíneas copiosas y el aparato de lo que ella llama tratamiento antiflogístico.
Quiero hablar de las fiebres inflamatorias puras, en las que la más pequeña dósis de acónito, obrando de una manera antipática, procura la curación con prontitud y sin dejar ninguna afección consecutiva. En el sarampión, en la púrpura miliar, en las fiebres inflamatorias con pleuresía, etc., la eficacia de esta planta es casi milagrosa, con tal que el enfermo, observando un régimen atemperante y absteniéndose de toda otra droga medicinal y también de los ácidos vegetales, la tome sola y a la dosis de un milésimo de gota de la dilución al decillonésimo. Es raro que sea necesaria una segunda dosis semejante al cabo de treinta y seis o cuarenta y ocho horas.
Algunas veces es indispensable en estas enfermedades agudas (las grandes fiebres inflamatorias agudas) recurrir a algún otro remedio homeopático para extinguir los síntomas morbosos que quedan todavía después de doce o diez y seis horas de acción del acónito; pero es muy raro que haya necesidad de administrar después una nueva dosis de este último. Aunque, en razón de la corta duración de su acción (que, a dosis débiles, no se prolonga más allá de cuarenta y ocho horas), parece que el acónito no puede ser útil sino en los casos agudos, no por esto deja de ser un remedio
indispensable en las afecciones crónicas más pertinaces, en las que el estado del cuerpo reclama una disminución de lo que se llama rigidez de la fibra, materia sobre la cual no puedo aquí desarrollar mis ideas. La eficacia que despliega en tal caso depende de la exposición de los síntomas provocados por él en el hombre sano.
El acónito es igualmente el primero y el más poderoso de todos los medios curativos en el crup, en varias especies de anginas, como también en las inflamaciones locales de otras partes del cuerpo, y en aquellas sobre todo, donde con la sed y un pulso frecuente, se encuentra una impaciencia inquieta, una agitación que nada puede calmar y una gesticulación semejante a la que acompaña al acónito.
Engendra todos los estados morbosos que se manifiestan en las personas cuya moral ha sido alterada por el miedo unido a la indignación, y es el más seguro medio de curarlos rápidamente.
Cada vez que se elige el acónito a titulo de remedio homeopático, es menester sobre todo tener en cuenta los síntomas morales y procurar que se parezcan a los que aquél produce.
El acónito es indispensable en las mujeres que han experimentado algún sobresalto o contrariedades durante sus reglas; porque, sin este precioso calmante, sucede con frecuencia que el flujo menstrual se detiene, a veces súbitamente, bajo la influencia de tal sacudida moral. En semejante caso, basta hacer respirar una sola vez y durante un instante un frasco que contenga un glóbulo del volumen de un grano de mostaza, que haya sido empapado en una dilución al decillonésimo, el cual conserva su virtud algunos años, con tal que se tenga cuidado de tapar el frasco cada vez que se use.
Los ácidos vegetales y el vino destruyen los efectos del acónito. El miedo que se remedia con el opio cuando uno es llamado en el acto,
exige el acónito en una época más lejana, o cuando el miedo va acompañado de tristeza.
Un enfriamiento considerable, cuyo resultado es la fiebre y el calor, reclama el acónito .
El síntoma 84 (aversión a la luz) probablemente alterna con el 84 (avidez por la luz, deseo de mirar los sitios muy iluminados), de suerte que los dos son efectos primitivos (4).
El acónito contiene la observación siguiente: "Cada vez que se elige el acónito a título de remedio homeopático, es indispensable tener en cuenta sobre todo los síntomas morales y cuidar de que se parezcan a los que él produce".
Hahnemann hace observar en su Organon que "el aconit rara vez produce, quizá jamás, una curación rápida y duradera cuando el carácter del enfermo es igual y apacible."
Agaricus muscarius
Apelt ha encontrado este medicamento útil contra los dolores osteócopos de la mandíbula superior y de las muelas, los dolores profundos de los huesos de los miembros inferiores, las erupciones pruritosas, miliares y
confluentes, y el desfallecimiento a consecuencia del cóito.
Whisthing ha curado con su auxilio convulsiones y temblores, y J.C. Bernhardt algunas especies de epilepsia.
El alcanfor es el principal antídoto, aún cuando la enfermedad producida por el agaricus muscarius haya tomado el carácter crónico.
Alumina
La alúmina es un antipsórico importante. En los casos que se ha usado homeopáticamente, se ha mostrado útil sobre todo cuando existía uno o varios de los estados siguientes:
Moral
Morosidad. Timidez. Inquietud (poltronería). Aversión al trabajo. Irresolución. Dificultad de pensar.
Cabeza
Vértigos. Dolor de cabeza como cuando se arrancan los cabellos, con náuseas. Presión en la frente con aflujo de sangre hacia los ojos y la nariz, y epistaxis.
Ojos
Sensación de frío en los ojos como cuando se camina contra un viento fuerte. Dolor por la tarde como si hubiera arena en el ojo. Lagrimeo. Oídos
Zumbido de oídos. Nariz, cara
Rubicundez de la nariz. Prurito en la frente. Pesadez en la cara. Tumores nudosos en la cara. Dolor dislacerante y con prurito en los huesos de las mejillas.
Aparato digestivo
Sequedad de la boca. Apetito desarreglado, tan pronto demasiado vivo, tan pronto nulo. Eructos. Propensión desde muchos años a los eructos. Eructos ácidos. Náuseas frecuentes. Dolores en el epigastrio e hipocondrios al bajarse. Dolores de vientre por la mañana. Inacción del recto. Prurito en el
ano.
Aparato génito-urinario
Deseo de orinar por la noche. Salida del licor prostático al hacer una cámara dura. Exageración del apetito venéreo. Reglas escasas. Dolores durante los ménstruos. Flores blancas. Prurito en las mamas.
Coriza, laringe, pecho
Propensión muy antigua a romadizos, coriza y tos; tos, cosquilleo en la laringe; dolor en el cartílago, tiroides al tacto; catarro de la garganta y del pecho, dificultad de respirar; asma, palpitaciones de corazón.
Tronco
Dolor de riñones durante el reposo. Miembros superiores
Pesadez en los brazos, que están como paralizados; dolores en los brazos cuando se los deja caer o se tienen extendidos en la cama; punzadas en la muñeca, al trabajar; grietas en las manos; panadizo.
Miembros inferiores
Rigidez y entorpecimiento de las piernas durante la noche; dolor de cansancio en las articulaciones de la pierna, estando sentado; frío en los pies; sensación de ardor debajo de los dedos.
Sueño
Pandiculaciones frecuentes, estando sentado; dificultad de dormirse; sueño demasiado ligero; pesadillas; sueño que no repara las fuerzas.
Fiebre
Calosfríos por la tarde; fiebre intermitente, con invasión del frío inmediatamente después de haber tomado una sopa caliente al comer. Síntomas generales
Convulsiones y temblor en los miembros; falta de calor vital; efectos nocivos causados por contrariedades.
Según Bute, la brionia es el antídoto de los efectos febrífugos demasiado intensos de la alúmina. Otros indican la camomila, la ipecacuna. La brionia es el antídoto de la fiebre que provoca la alúmina.
El efecto siguiente de la alúmina: "frío, eructos contínuos, amargor de boca, aflujo de saliva, gran postración, dolor de cabeza horroroso, sobre todo en el vértice, con vértigo", se alivia con una dosis de ipecacuana.
Ammonium carbonicum
La acción de uno, dos o tres glóbulos, humedecidos en el líquido que se haya elevado al decillonésimo grado de dinamización, se prolonga más allá de treinta y seis días cuando la elección es perfectamente homeopática. Bajo esta forma, el carbonato de amoníaco es muy apropiado al tratamiento de las enfermedades crónicas, sobre todo cuando los síntomas siguientes existen o predominan.
Moral
Poltronería; desobediencia, indocilidad; disgusto de la vida; agitación por la tarde; inquietud; ansiedad con debilidad; disminución de la facultad de pensar.
Cabeza
Vértigo estando sentado y leyendo; dolor de cabeza habitual; dolor de cabeza en el cual parece que la frente va a abrirse; dolor de cabeza que llega hasta producir náuseas; martilleo en la cabeza; caída de los cabellos. Ojos
Pus desecado en el borde de los párpados; sensación de ardor y de frío en los ojos; oscurecimiento vacilante de la vista; moscas volantes; catarata; miopia.
Oídos
Dureza de oído, con supuración y comezón en el oído; zumbido y tintineo de oídos.
Nariz
Prurito en la nariz; granos que supuran en la nariz; epistaxis por la mañana al lavarse.
Cara
Grietas en el labio superior y en la mejilla, hasta la oreja; chasquido en la articulación de la mandíbula al comer; efélides.
Muelas
Movimiento antiguo de las muelas. Boca y garganta
Hinchazón del interior de la boca; cosquilleo en la garganta y dolor como si estuviera escoriada.
Apetito, gusto, estómago
Sed; falta de apetito por la mañana; gusto desenfrenado por las cosas dulces; gusto amargo en la boca, sobre todo después de haber comido; ardor que sube a la garganta después de haber comido; dolor de cabeza después de comer; aturdimiento vertiginoso comiendo; náuseas después de comer; eructos que dejan el gusto de los alimentos y de las bebidas; eructos ácidos; eructos y vómitos; pirosis, dolor de estómago; dolor constrictivo en el epigastrio al extenderse.
Vientre
Ardor con dolor en el hígado; punzadas terebrantes en el hígado, por la tarde, estando sentado; sensación de incomodidad en el bajo vientre; dolor de conmoción en el empeine al levantarse.
Cámaras
mezcladas con sangre; flujo hemorroidal; prurito en el ano; hemorroides. Orinas y partes viriles
Emisión de orina durante la noche; poluciones; ausencia de deseos venéreos.
Reglas
Ménstruos escasos; ménstruos de poca duración o escasos; esterilidad con escasez de las reglas; reglas anticipadas; mientras las reglas, presión sobre las partes genitales, retortijones en el vientre, tirantez en el dorso y en las partes genitales y necesidad de acostarse; flujo seroso por la matriz; flores blancas derrame leucorréico copioso, acre, que escoria.
Coriza y tos
Sequedad habitual de la nariz; coriza habitual; romadizo; tos; tos con ronquera, estando el cuerpo caliente; tos causada por un cosquilleo en la garganta, con espectoración; tos durante el día; tos durante la noche. Pecho
Punzadas en el sacro al toser; ardor en el pecho; dolor dislacerante desde lo alto del lado izquierdo del pecho hasta la articulación del brazo; respiración
corta; asma.
Tronco, articulaciones, piel
Dolor en la nuca; punzadas en la musculatura del pecho, papera; hinchazón de las glándulas del cuello, con erupción pruritosa en la cara y en el cuerpo; tirantez y tensión en el sacro, en el dorso y en las articulaciones; verrugas. Miembros superiores
Adormecimiento de los brazos y de los dedos, por la noche, por la mañana y cuando se coge alguna cosa; dolor en una muñeca lastimada mucho tiempo antes; hinchazón de los dedos, cuando se tiene el brazo colgando. Miembros inferiores
Gran laxitud en las piernas; dolores de tirantez en las piernas, estando sentado; sudor de pies; hinchazón de los pies; calambre en la planta de los pies; punzadas en el talón; dolor de luxación en el dedo pulgar, por la noche, en la cama; ardor en las manos y en los pies; dolores quemantes, lancinantes y de dislaceración en los callos.
Sueño
Somnolencia durante el día; pesadilla al dormirse, insomnio por la noche. Fiebre
Calor febril en la cabeza, con frío en los pies; calosfríos por la tarde, sudor. Síntomas generales
Sensación de debilidad en los miembros, andando al aire libre; repugnancia a pasear; desviación de los huesos.
Puede repetirse con ventaja este medicamento, después de haber administrado otros en el intervalo.
Respirando una disolución de alcanfor se disminuye la acción de este medicamento, cuando es demasiado fuerte.
Ammonium muriaticum
Este medicamento es un antipsórico poderoso, a la simple dosis de uno o dos glóbulos empapados en la trigésima dinamización, y disueltos en más o menos agua, según que se quiere que obre con más o menos fuerza; se puede también hacer oler uno de estos glóbulos. Sería muy del caso que se estudiasen sus efectos puros a altas dosis.
Se ha encontrado este medicamento eficaz sobre todo en los casos que presentaban uno o varios de los síntoma siguientes:
Moral
Humor llorón, dispuesto a irritarse, indiferente. Ojos, oídos
Manchas pasajeras y puntos que revolotean delante de los ojos, tanto con luz natural como artificial; dureza de oído; tintineo y zumbido de oídos. Cara
Ulceración en el ángulo de la boca; dolores tensivos en la articulación de la mandíbula, al masticar y al abrir la boca.
Aparato digestivo
Eructos; dolor lancinante en el hipocondrio izquierdo, por la mañana al despertar, con dificultad de respirar que obliga a incorporarse; tendencia a la constipación; salida de sangre con las cámaras, dolor con escozor en el recto después de las cámaras, cuando uno se sienta.
Reglas
Diarrea y vómitos durante las reglas; dolor presivo constrictivo en el vientre y en la espalda, durante las reglas; dolor de riñones mientras las reglas; dolores reumáticos en las piernas durante las reglas.
Coriza, tos, pecho
Punzadas penetrantes en la nuca, hasta las axilas, al estornudar; fuerte tos; opresión de pecho al trabajar; punzadas en el omóplato derecho al respirar. Tronco
Ingles dolorosas al contacto y como hinchadas; rigidez en el sacro; dolor penetrante, lancinante en la cadera izquierda.
Pies
Frío en los pies. Sueño
Soñolencia durante el día, con pereza y disgusto para trabajar. Síntomas generales
Debilidad en los miembros, con entorpecimiento; sudor durante la noche.
Anacardium orientale
Cuando los síntomas propios del anacardium se acomoden perfectamente a los que produce la enfermedad, es tanto más segura la bondad de su elección cuando el enfermo presenta alguno de los síntomas siguientes:
Moral
Carácter hipocondríaco, moroso; desaliento; misantropía; ansiedad; temor de una muerte próxima; carencia de sentimiento moral (inhumanidad, dureza de corazón); estado como si el enfermo tuviera dos voluntades opuestas; estado como si el alma no estuviera en relación con el cuerpo. Cabeza
La cabeza parece que está hueca; cefalalgia con presión en las sienes hacia los ojos; dolores en el ocipucio causados por un paso dado en vago o por un gran ruido.
Ojos, oídos, nariz
Debilidad y confusión de la vista; redecillas y manchas oscuras delante de los ojos; hinchazón dolorosa de la oreja; zumbido de oídos; flujo de oídos; prurito en los oídos; dureza de oído; epistaxis.
Aparato digestivo
Fetidez de la boca, que no advierte el paciente; aflujo de saliva a la boca; sabor desagradable en la boca; fuerte sed; inapetencia; náuseas por la mañana; debilidad de estómago; digestión difícil; presión en el epigastrio, por la mañana al despertarse; presión en el hígado; dureza del bajo vientre;
cámaras teñidas de sangre; hemorroides con sin dolor; prurito en el ano; exudación por el recto.
Aparato génito-urinario
Ardor en el glande al orinar y después; erecciones involuntarias entre día; falta de placer en el acto venéreo; flores blancas con prurito y escoriación. Coriza y laringe
Sensación de sequedad en la nariz y obstrucción de la misma; coriza crónico y flujo mucoso por la nariz; tos con espectoración; estertor en la tráquea-arteria, estando acostado de lado.
Miembros
Punzadas y pesadez en el antebrazo; dolor tensivo y debilidad en el brazo; temblor de la mano derecha; ardor en la planta de los pies; dolores en los miembros, sobre todo en las rodillas.
Piel
La piel no puede ser estimulada por sustancia alguna resinosa sin que sobrevenga comezón y exudación.
Sueño
El sujeto se duerme tarde; ensueños inquietos. Síntomas generales
Debilidad que causa temblor; sensibilidad al frío y a las corrientes de aire;
facilidad de resfriarse; horripilación; sudor estando sentado.
El alcanfor y el espíritu de nitro etéreo parece que obran poco como antídotos; respirar el café crudo es, por el contrario, un medio poderoso contra la cólera y la violencia que excita el anacardium.
Antimonium crudum
En los casos en que esta sustancia está indicada, conviene tanto más si se encuentran los síntomas siguientes:
Cabeza
Aflujo de sangre a la cabeza; prurito incómodo en la cabeza con caída de los cabellos.
Ojos, nariz, cara
Rubicundez e inflamación de los párpados; dolor en la nariz; calor y prurito en las mejillas.
Muelas y dientes
Dolor en las muelas cariadas. Aparato digestivo
Inapetencia de larga fecha; eructos que tienen el gusto de los alimentos; repugnancia, náuseas y ganas de vomitar; retortijones con inapetencia; cámaras duras y orina encendida en los niños; punzadas en el vientre, con sensación como de diarrea; alternativas de diarrea y de constipación; deposiciones duras, laboriosas; secreción contínua de mucosidades de un blanco amarillento por el ano.
Aparato urinario
Emisión frecuente de orina, acompañada de muchas mucosidades, con ardor en la uretra y dolor de riñones; dolor incisivo en la uretra al orinar. Coriza
Obstrucción de la nariz. Miembros
Inflamación dolorosa de los tendones del codo, con fuerte rubicundez y flexión del brazo; entorpecimiento de las piernas, estando sentado tranquilamente; dolores violentos en los miembros inferiores; callo en la planta del pie; puntos extensos cubiertos de una capa córnea en la planta del
pie, cerca de los dedos; ecrecencia córnea debajo de la uña del dedo gordo del pie.
Piel
Alteraciones o deformidades de la piel. Sueño
Soñolencia.
Síntomas generales
Sensibilidad al frío; un niño no soporta que se le tenga o que se le observe. El hígado de azufre calcáreo y el mercurio son, según Hartland, los antídotos del antimon. crud.
Se combate con antimon. curd. a altas dinamizaciones, una lesión del estómago que se anuncia por eructos después de comer, y sobre todo por náuseas y ganas de vomitar.
Argentum metallicum
Los pocos síntomas que han sido observados con este polvo (obtenido por la trituración de la plata durante una hora, con cien partes de azúcar de leche), prueban ya suficientemente que, así tratada la plata metálica, proporciona al médico homeópata un recurso eficaz en gran número de estados morbosos, que ningún otro medicamento podría curar. Sin embargo, con el tiempo he conocido, que una segunda dilución del mismo grado, es decir tal como un grano de polvo que contuviese 1, 000 de plata, es todavía demasiado fuerte para los usos de la homeopatía. La plata parece que está indicada homeopáticamente contra algunas especies de diabetes, es decir, que tiene el poder de curarla de un modo
durable, si los otros síntomas de la enfermedad coinciden también con los demás efectos primitivos que determina.
Arnica montana
La medicina ordinaria jamás ha llegado a descubrir la virtud específica de esta planta, o a encontrar un remedio seguro contra la afección universal, frecuentemente tan peligrosa, que resulta de una caída grave, de golpes, de una contusión, de una torcedura o de una desgarradura de las partes sólidas de nuestro cuerpo.
El pueblo se tomó este cuidado, y después de numerosos e inútiles ensayos, encontró al fin lo que buscaba en el árnica.
Las afecciones que dependen de fuertes contusiones y de desgarraduras de fibras se presentan casi todas con los mismos síntomas. Ahora bien, los fenómenos que ordinariamente se observan con el árnica, cuando se experimenta en el hombre sano, tienen una semejanza sorprendente con los síntomas que aquéllas presentan.
También este mismo cuadro de los efectos puros del árnica descubre varios estados morbosos del hombre, en los cuales la planta ofrece un remedio homeopático cierto. Es un medicamento aplicable a una multitud de casos, y aún cuando su acción, si se da a altas dosis, no pasa de seis días, sin embargo he conocido que se le debía considerar como un remedio subsidiario e intercurrente, hasta en las enfermedades más crónicas. Es menester guardarse de emplear el árnica en las enfermedades agudas puramente inflamatorias, con calor general, en gran parte exterior, no menos que en las diarreas, donde siempre se le encontrará muy nociva, como se verá en la exposición de sus efectos particulares.
Pero posee una eficacia enteramente especial contra ciertas pleuresías falsas, cuyos síntomas tienen la mayor semejanza con los suyos propios. El alcanfor es el antídoto del árnica administrada a grandes dosis y en circunstancias en que no era homeopática, pero el vino agrava sus efectos nocivos.
He reconocido que una pequeña parte de una gota de la billonésima dilución (siendo considerada cada gota de la tintura precitada como la mitad de un grano de virtud de árnica), bastaba siempre en los casos en que debía obrar a título de remedio homeopático.
Esa especie de granos, tan dolorosos al acto, con una aureola rubicunda e inflamada, que el árnica produce de una manera específica, tiene la mayor analogía con los forúnculos o clavos. Así es que estos últimos son curados homeopáticamente por el árnica y evitados por este medicamento en las personas que los padecen, según me lo ha enseñado la experiencia. El síntoma 61 del arnica, "serenidad, locuacidad," es un efecto curativo y un efecto consecutivo en una persona de carácter opuesto. El síntoma siguiente, "espíritu tranquilo y sereno," es un efecto consecutivo.
Arsenicum album
Las enfermedades crónicas que combate el arsénico son aquéllas que
presentan uno o muchos de los síntomas siguientes:
Moral, cabeza
Ataques de ansiedad por la noche, que obligan a salir de la cama; temor a la muerte; mal humor; pesadez en la frente; dolor de cabeza al levantarse de la mesa; costras en el cuero cabelludo.
Ojos, nariz, cara
Inflamación de los ojos y de los párpados; hinchazón de la nariz; tracciones y punzadas aquí y allá en la cara; tumor semejante a una verruga en la mejilla; erupción en los labios.
Dientes
Desangramiento de las encías. Aparato digestivo
Mal olor de la boca; vómitos de materias oscuras, con cólicos violentos; vómito después de cada comida; pesadez de estómago; dolor urente en el estómago y en el epigastrio; induración del hígado; ardor en las vísceras; ascitis; cámaras que escuecen, con violentos cólicos; cámaras diarréicas, verdes; constipación.
Aparato génito-urinario
Parálisis de la vejiga; dificultad de orinar; estranguria; hinchazón de las partes genitales; reglas muy abundantes; síntomas de diversas especies; flujo acre por la vagina; escoriaciones a consecuencia de la acritud del flujo leucorréico.
Coriza, pecho
Obstrucción de la nariz; esputo de sangre; accesos de sofocación por la noche, después de haber entrado en la cama; opresión de pecho al subir escaleras, cuestas, etc.; angina de pecho; punzadas en el esternón. Tronco
Hinchazón dolorosa de las glándulas inguinales. Miembros superiores
Dolores de estirón y penetrantes, por la noche, desde el codo hasta la axila; úlceras que causan escozor en la punta de los dedos.
Dislaceración y estirones en la cadera, en el muslo y en la ingle; dolor dislacerante en la tibia; dolor contusivo en la articulación de la rodilla; laxitud en las piernas que causan ardor y punzadas; úlceras en la planta del pie; úlceras corrosivas en la planta de los pies y en sus dedos; dolor con escozor en los dedos al andar; hinchazones con dolor como de desolladura en la parte carnosa de los dedos.
Piel
Varices; ardor en la piel; dolor quemante en las úlceras. Sueño
Soñolencia al anochecer; dificultad de dormirse por la noche, después de haberse despertado.
Fiebre
Fiebre efímera e intermitente; calosfríos por la tarde, con ansiedad y pandiculaciones.
Si la elección del arsénico ha sido mal hecha, el antídoto será, según las circunstancias, la ipecacuana, el hígado de azufre calcáreo o la nuez vómica en olfación una o dos veces.
Se combate el enfriamiento del estómago por las frutas, haciendo oler el arsénico.
Las quemaduras reclaman las fomentaciones con el agua mezclada con una disolución de arsénico muy dinamizado, o la aplicación prolongada, durante algunas horas y contínua, de alcohol calentado por su inmersión en agua muy caliente. Muy raros son los casos en que sea necesario administrar más de un decillonésimo de grano de arsénico... Un glóbulo (de arsénico elevado al decillonésimo grado de desarrollo de su potencia) basta para una dosis en cada entidad morbosa en que convenga el arsénico; en caso de necesidad, puede repetirse esta dosis a intervalos convenientes; su acción dura muchos días.
Es propio de los verdaderos dolores del arsénico el calmarse bajo la influencia del calor exterior (véanse los síntomas 203, 686, 687, 37). El efecto alternante del arsénico, en el cual los síntomas se presentan o se reproducen por el movimiento es mucho más raro que aquél en que los accidentes aparecen y se exasperan durante el reposo (estando sentado o acostado), o disminuyen sea estando de pie, o al andar.
Este último efecto es por lo tanto más homeopático en la acción medicatriz del arsénico. (Véanse los síntomas 677, 526, 671, 674, 675, 707, 776, 777, 779, 780, 821.
Entre los síntomas del arsénico, hay muchos de ellos que no se manifiestan más que por la noche, cuando el individuo se acuesta; algunos sobrevienen pocas horas después de media noche, otros por la mañana al dejar la cama y un número bastante considerable después de comer. Es una propiedad del arsénico muy notable y característica, que síntomas poco graves y de escasa importancia en otras circunstancias, llevan consigo un desfallecimiento súbito y total de las fuerzas.
Así: síntoma 288, náuseas que obligan a acostarse, antes de medio día, con tirantez alrededor de los maleolos y en la garganta del pie. Síntoma 302, un cuarto de hora después del desayuno y después de la comida, presión durante tres horas en el estómago con eructos, de lo que resulta un estado general de languidez que produce náuseas. Síntoma 605, dolor tractivo entre los omóplatos que obliga a acostarse. Síntoma 991, el sudor debilita hasta producir el síncope, estando en la cama.
Síntoma 823, gran laxitud después de comer.
Síntoma 861, por poco que se ande, se experimenta en seguida un cansancio extremo en las rodillas.
El ardor es uno de los principales dolores causados por el arsénico. (Véanse los síntomas 449, 163, 362, 450, 471, 769, 777, 793, 794, 816, 819, 814, 789, 790).
El síntoma siguiente: "El calosfrío cesa después de comer," es un efecto (raro) que alterna con aquéllos, mucho más comunes, en que los accidentes sobrevienen después de comer .
La falta de sed es un efecto raro del arsénico que alterna con aquél, mucho más frecuente, que da lugar a un deseo contínuo de bebidas, de las que se bebe frecuentemente, pero poco de cada vez. (Véanse los síntomas 211, 361, 927).
Entre los síntomas que ofrece el arsénico, los siguientes son característicos:
"Calor, por la noche, sin sed ni sudor."
"Al principio del sueño, sudor solamente en las manos y en los muslos, que cesa durante el sueño subsiguiente, y del cual no queda vestigio alguno al despertar (al cabo de seis horas)".
"Por la noche después de haberse acostado, y sobre las tres de la mañana (ya despierto), ansiedad.
El síntoma siguiente no pertenece más que al arsénico:
"Cada vez que la fiebre termina, el sudor sobreviene, pero únicamente después".
Casi ningún otro medicamento ofrece el síntoma siguiente en un grado tan marcado como el arsénico:
"No puede encontrar reposo en ninguna parte, cambia sin cesar la postura en la cama, quiere ir de una cama a otra, y pide echarse tan pronto de un lado como de otro".
Es propio del arsénico sobre todo hacer que se presenten otros síntomas mientras los accesos de dolor. (Véanse los síntomas 177, 970).
Así como, según este modo característico de acción del arsénico, se observa además algún otro síntoma durante los accesos de dolor, como se ve en el síntoma 177 y en el 970 en particular, del frío y del calosfrío, de la misma manera también al calosfrío febril arsenical se asocian los dolores, como se lee en los números 9, 60 y 995.
Las convulsiones, durmiendo, se observan frecuentemente por la acción del arsénico. (Véanse los síntomas 189, 708, 889, 890, 891, 899). El arsénico indica "un enorme coriza, con ronquera e insomnio." Casi no se encuentra un solo medicamento heróico que no produzca algunas veces esta especie de crisis (un violento coriza, como también, en otras ocasiones, vómitos, diarrea, sudores, salivación, flujo de orina, etc.), en los sujetos sanos, o en los casos de enfermedades en que no convienen. La naturaleza trata por este medio de desembarazarse de lo que daña al cuerpo, y por tales emunctorios reduce a la nada, de una manera súbita, una gran parte, frecuentemente la mayor, de la fuerza medicinal del remedio. A pesar de estas reacciones, que aniquilan el resto de la enfermedad medicinal, son al mismo tiempo síntomas medicinales característicos, y el coriza del arsénico, en muchas circunstancias esenciales, que todavía están lejos de ser bien conocidas, difiere mucho del que provocan el imán, la belladona, la nuez vómica, etc.
El arsénico indica entre sus efectos el siguiente: "Vértigo que obliga a apoyarse, el cerrar los ojos, todas las tardes." Este vértigo vuelve a la manera de una fiebre intermitente. Entre los síntomas del arsénico, se encuentran varios (265, 376, 868, 918) que se reproducen del mismo modo que la fiebre. La mayor parte de las convulsiones considerables del arsénico no son otra cosa más que un efecto consecutivo y un paso a la muerte. Añadiré aquí la historia del envenenamiento de un caballo por el arsénico. En medio de terribles accidentes, la nariz arrojaba torrentes de líquido verde,
los ojos salían de sus órbitas y estaban violentamente inflamados, las pupilas redondas y dilatadas; las narices anchamente abiertas y en movimiento contínuo, a causa de la respiración rápida, corta, penosa y ansiosa; las encías, el paladar y la lengua, secos y de un azul rojo; el pulso en extremo pequeño y tembloroso; la agitación indescriptible; el vientre tenso en toda su extensión; todo el cuerpo cubierto de sudor frío.
Si poseyéramos muchas observaciones semejantes y todavía más perfectas sobre los efectos de varios medicamentos simples en este útil animal doméstico, también tendríamos una materia médica pura para él, y podríamos tratarle homeopáticamente, en vez de prodigarle, como ha hecho hasta el día el charlatanismo, una multitud de mezclas inconvenientes. El síntoma 266 (después de comer, gusto amargo en la boca) es un síntoma que alterna con los síntomas 269, 270 (amargor de boca, en ayunas, los alimentos tienen un gusto salado).
Aurum metallicum
He tratado con buen éxito melancolías llevadas hasta el suicidio, que no han exigido sino de tres a nueve céntimos de un grano de oro, y he curado igualmente otras varias enfermedades graves, cuyos síntomas tenían analogía con los que este metal produce en las personas de buena salud. Algún tiempo después de haber redactado la nota que precede, tuve ocasión de convencerme que la atenuación 1/100, 000 no era menos eficaz, sobre todo en la caries de los huesos del paladar y de la nariz provocada por el abuso de los mercuriales; observación que ya hizo A. Chalmet. (Enchiridion chirug., p. 402).
Diluyendo o dinamizando todavía más el oro, no se hace mas que aumentar o desarrollar sus virtudes, y por esta razón no uso hoy más que una pequeña parte de la trigésima dilución, es decir, un decillonésimo de grano.
La duración de acción de este medicamento es por lo menos de veintiún días.
El antídoto, cuando sus efectos son demasiado intensos, consiste en hacer respirar café crudo y sobre todo alcanfor.
Los casos en que el oro se ha mostrado hasta el día más eficaz han sido aquéllos en que existen uno o varios de los síntomas siguientes: Moral, cabeza
Hipocondría (52); melancolía; disgusto de la vida; propensión al suicidio; aflujo de sangre hacia la cabeza.
Ojos, nariz
Manchas negras que revolotean delante de los ojos; caries de los huesos de la nariz y del paladar.
Dientes
Dolor de muelas o dientes causado por el aflujo de sangre hacia la cabeza, con calor interior.
Aparato genital
Induración antigua del testículo; prolapso e induración de la matriz. Pecho
Aflujo de sangre hacia el pecho; accesos de sofocación con gran opresión de pecho.
Tronco, piel
Hernia inguinal; tofos artríticos. Síntomas generales
Caída sin conocimiento, con palidez de la cara; efectos perniciosos del abuso del mercurio; dolores osteócopos nocturnos.
El oro produce entre sus efectos el siguiente: "Chispas de fuego que aparecen súbitamente delante de los ojos." Las chispas de fuego delante del ojo son el preliminar ordinario de una parálisis parcial del nervio óptico; el oscurecimiento de la vista por manchas negras que pasan continuamente delante de los ojos está en el mismo caso; también le he curado una vez con el oro.
El efecto siguiente del oro: "Exaltación del pensamiento y memoria mucho más fiel", es un efecto curativo.
Los síntomas siguientes del oro son efectos secundarios:
181. Todo el día de buen humor; está dispuesto a hablar y contento de sí mismo (Langhammer).
182. Serenidad; desea siempre hablar, y se encuentra muy satisfecho de su posición.
183. Hilaridad bastante pronunciada y sentimiento agradable de bienestar (al cabo de dos horas). (Gros).
Baryta carbonica
Se empapan en el líquido medicamentoso (al decillonésimo grado de dinamización) dos pequeños glóbulos de azúcar, que, mezclados con un poco de azúcar de leche en polvo, componen una dosis cuya acción saludable dura más de cuarenta a cuarenta y ocho días, cuando la sustancia ha sido elegida perfectamente homeopática para el caso en que se administra.
La barita es de gran utilidad en una multitud de circunstancias, y sobre todo cuando las enfermedades crónicas que se tratan de curar con ella ofrecen por síntomas predominantes los siguientes:
Moral, cabeza
Disposición a llorar; ansiedad respecto a los negocios domésticos; dolor de cabeza inmediatamente por encima de los ojos; disposición de la cabeza a resfriarse; erupción en la cabeza; calvicie.
Ojos
Presión en los ojos; inflamación de los oídos y de los ojos con fotofobia; supuración de los párpados; telas de araña y manchas negras delante de los ojos; confusión de la vista, que no permite leer; ceguera causada por la luz. Oídos
Erupción en las orejas y en la región mastoidea; granos detrás de las orejas; erupción en el lóbulo de la oreja; zumbido y tintineo de oídos. Cara
Erupción en la cara; costra debajo de la nariz. Dientes
Sacudidas aisladas en los dientes; punzadas urentes en una muela cariada, cuando a toca un cuerpo caliente.
Aparato digestivo
Sequedad de la boca; sed continua; eructos después de comer; eructos ácidos; aflujo de agua a la boca; náuseas habituales; pesadez de estómago, aún después de comer; dolor de estómago en ayunas y después de tomar alimento; dolor de estómago cuando se toca el epigastrio; cámara difícil, dividida; cámara dura e insuficiente.
Aparato génito-urinario
Gana de orinar y emisión frecuente de orina; debilidad de las facultades genitales; flores blancas inmediatamente después de las reglas.
Coriza, tos, pecho
Coriza; sequedad penosa de la nariz; tos durante la noche; plenitud mucosa de pecho, con tos, durante la noche; palpitaciones de corazón.
Tronco
Dolor en el sacro; rigidez del sacro, rigidez de la nuca; punzadas en la nuca. Miembros
Dolor en el músculo deltoides al levantar el brazo; entorpecimiento del brazo al echarse sobre él; adormecimiento de los dedos; estirones y dolor penetrante en las piernas; úlceras en las piernas; sudor fétido de los pies; hinchazón dolorosa del dedo gordo del pie.
Piel
Verrugas. Sueño
Delirio mientras se duerme. Síntomas generales
Estremecimiento del cuerpo durante el día; convulsiones en los músculos de todo el cuerpo durante la noche; sudores nocturnos; pesadez de todo el cuerpo; falta de fuerzas; debilidad general; gran disposición a resfriarse. He observado que, para calmar los efectos demasiado violentos de esta sustancia, era necesario hacer oler una disolución de alcanfor, y también que la olfación de una disolución muy dinamizada de zinc apaciguaba aquellos síntomas que eran demasiado incómodos.
Belladonna
Fácilmente podrá demostrarse, según el cuadro completo de los síntomas de la belladona, que ésta corresponde a un sinnúmero de estados morbosos
que frecuentemente se observan en el hombre, y que, por consecuencia, también se presenta ocasión frecuente de aplicarla homeopáticamente; es en cierto modo policresto.
Sin recurrir a los medios de la antigua escuela, pueden curarse en algunas horas, por una sola de las más pequeñas dosis de belladona, enfermos atacados, por ejemplo, de graves especies de anginas, sobre todo de aquéllas que van acompañadas de hinchazón del cuello al exterior.
Guiado por repetidos ensayos en los enfermos, me he resuelto en fin a no emplear más que la dilución al decillonésimo, de la que la más pequeña parte de una gota es una dosis suficiente para llenar todas las indicaciones curativas que pueden tener relación con este medicamento.
A esta dosis, cuando la belladona es homeopática, cura también las enfermedades más agudas (en las cuales su acción se ejerce igualmente con una rapidez subordinada a la naturaleza del mal). Por otra parte, no tiene menos indicaciones en las enfermedades más crónicas, en las que, aún en dosis muy débiles, dura su acción más de tres semanas.
La propiedad que he reconocido en la belladona, administrada a la más pequeña dosis cada siete días, de ser un preservativo de la escarlatina verdadera, tal como la describe Sydenham, Plenciz y otros, ha sido puesta en ridículo durante diez y nueve años por una multitud de médicos que, desconociendo esta enfermedad propia de los niños y confundiéndola con la miliar purpúrea importada de Bélgica desde 1801, querían también aplicar a esta última un medio, que, naturalmente, no tenía acción sobre ella. Me felicito de que otros médicos hayan observado en estos últimos años la antigua y verdadera escarlatina y comprobado la virtud preservativa de la belladona en esta enfermedad, haciendo de este modo justicia a mis trabajos por tanto tiempo desconocidos.
Casi todos los autores citan el vinagre como antídoto de la belladona, y la experiencia enseña, por el contrario, que el vinagre exaspera todavía los funestos efectos de las altas dosis de belladona.
El opio calma los accidentes paralíticos y los dolores de vientre que causa la belladona, pero no lo hace mas que de una manera antipática y paliativa. También es muy probable que disipe la somnolencia que produce la belladona, cuando se la administra a dosis muy pequeñas.
Esto no obstante, el medio más seguro y más pronto de hacer cesar homeopáticamente el estado de estupor, la enajenación mental y la rabia, provocados por la belladona, consiste en tomar una o dos cortas dosis de hiosciamus: la embriaguez cede también, como lo he experimentado, a la vez que Tragus y Moibanus.
Cuando una pequeña dosis de belladona, dada en los casos en que no es homeopática, ha producido gana de llorar, con frío y dolor de cabeza, se prescribe con buen éxito una dosis también débil de pulsatilla.
Pero lo más indispensable es emplear medios convenientes cuando un hombre ha comido mucha belladona, por ejemplo las bayas de esta planta. En este caso se alivia haciéndole beber mucho café fuerte, que quita, aunque sólo antipáticamente, la sobreexcitabilidad y los espasmos tetánicos. Sin embargo, lo más seguro es provocar el vómito, titilando la campanilla con una pluma.
El hígado de azufre calcáreo hace desaparecer prontamente las hinchazones erisipelatosas provocadas por la belladona. También el alcanfor es un poderoso antídoto en varios de los accidentes morbosos que determina.
El efecto siguiente de la belladona: "Flujo de sangre por la boca (Cullen)," termina por la muerte. Aún después de la muerte, los cadáveres de las personas muertas por la belladona dan sangre por la nariz, la boca y los
oídos; se ponen de un color violado negruzco, o se cubren de manchas gangrenosas, sea en la cara únicamente, sea en un lado del cuerpo, sea por todo él; la epidermis se desprende bien pronto, el bajo vientre se hincha, y algunas veces la putrefacción se apodera de ellos en el espacio de doce horas, como dicen E. Gmelin y Faber.
Por poco numerosos que sean los síntomas que indico de la acción pura del bismuto sobre el hombre sano, bastarán para probar que puede usarse homeopáticamente esta sustancia en estados morbosos graves. Así, por ejemplo, el síntoma 26 (Presión en el estómago, sobre todo después de comer) y el 43 (Dolor presivo, constrictivo en la región del diafragma, a través del pecho, al andar) demuestran que los elogios prodigados al óxido de bismuto por Odier, Carminati, Bonnat y otros, en una especie de dolor y presión en el estómago, se apoyan enteramente, sin saberlo ellos mismos, en la homeopatía; y que la propiedad que Odier atribuye a esta sustancia de curar las palpitaciones de corazón, se refiere únicamente a la que tiene que excitar los latidos del órgano central de la circulación en las personas que gozan de salud. (Síntoma 46: Fuerte palpitación de corazón). Paso en silencio otras indicaciones del mismo género.
La más escrupulosa observación hace afirmar que, cuando el bismuto está indicado, sea en las circunstancias expresadas, sea en otras, es suficiente administrarle en una sola dosis de la más pequeña parte de la dilución preparada, según el método ya descrito.
Bryonia alba
La semejanza de los efectos de la bryonia con los de zumaque no pueden desconocerse. La brionia además cambia la disposición de la moral; su fiebre
consiste principalmente en frío, y sus síntomas aparecen o aumentan de un modo especial durante el movimiento el cuerpo, aunque no es raro observar sus efectos alternantes con el alivio de sus accidentes por el reposo. De aquí el que con el uso de la brionia en las enfermedades, se presenten casos en que el remedio, por más homeopáticamente que sea elegido, y dado a dosis suficientemente pequeña, no produzca, sin embargo, en las primeras veinticuatro horas, los efectos que se esperaban de él, porque no había mas que una serie de síntomas que correspondiese a sus efectos alternantes; en este caso, una segunda dosis, administrada al cabo de veinticuatro horas, alivia y provoca el efecto opuesto, del mismo modo que por lo que respecta a cualquier otro medicamento, una segunda dosis, dada inmediatamente después de la primera, destruye la acción de ésta. Muy pocas sustancias presentan este fenómeno, pero no es raro observarlo en la brionia.
Según la larga lista de los síntomas que la brionia provoca en el hombre sano, pueden construirse varios estados morbosos artificiales que corresponden con bastante exactitud a ciertas enfermedades comunes, especialmente a algunas fiebres y a varias especies de espasmos abdominales en las mujeres, en las cuales con fundamento pueden esperarse buenos resultados de la brionia. Sus virtudes curativas tienen por consecuencia gran importancia.
En las enfermedades agudas y violentas, en que es grande la excitación, un muy pequeño glóbulo de la dilución al decillonésimo puede solo ser eficaz; la olfación de un glóbulo más grueso no lo es menos, cuando la elección ha sido perfectamente homeopática.
Pueden notarse durante una quincena de días los efectos de una dosis un poco fuerte de este zumo vegetal.
Cuando la brionia no ha sido elegida homeopáticamente, los efectos nocivos que provoca son en general suprimidos por el zumaque o por algún otro medicamento apropiado a las circunstancias, al menos por el alcanfor. El efecto primitivo de la brionia parece ser frecuentemente estreñir el vientre, y más rara vez provocar el efecto contrario. Puede, por lo tanto, cuando los otros síntomas la indican, curar la constipación de un modo durable, propiedad que, si se exceptúa la nuez vómica y el opio, no pertenece más que a un pequeño número de medicamentos. La brionia indica el síntoma siguiente. "Las reglas sobrevienen al cabo de algunas horas, a veces ocho días antes." (F. Hahmann).
Este es un efecto primitivo; la brionia conviene por lo tanto con mucha frecuencia en la metorragia.
Se combate con la brionia el estado de sufrimiento del estómago con fiebre gástrica, calosfríos y frío.
Calcarea carbonica
La Calcarea carbónica es uno de los más poderosos antipsóricos, especialmente en los casos en que predominan los síntomas siguientes: Moral
Abatimiento; propensión a derramar lágrimas; morosidad con pesadez de piernas; ansiedad con sudor; ansiedad contínua; ansiedad y calosfríos a la aproximación de la noche; ansiedad producida por pensamientos; ansiedad por la narración de crueldades; sobreexcitación nerviosa extrema; gran disposición a asustarse; accesos de desesperación a causa de la falta de salud; gran susceptibilidad; egoísmo; indiferencia; dificultad de pensar. Cabeza
Aturdimiento y temblor antes del desayuno; vértigo al subir las escaleras; vértigo al subir a una elevación, por ejemplo a un tejado; cabeza habitualmente turbada, como si estuviera comprimida por delante con una plancha; pesadez y presión en la frente que obligan a cerrar los ojos; dolores como si horadaran la frente que parece va a estallar; cefalalgia pulsativa en el occipucio; dolor de cabeza causado por la lectura y la escritura; pulsaciones en medio del cerebro, cefalalgia como de martilleo después de haber andado al aire libre y que obliga a acostarse; cefalalgia y ruido en la cabeza, con calor en las mejillas; frío glacial al lado derecho de la cabeza; sudor de la cabeza por la tarde; caída de los cabellos.
Ojos
Presión en los ojos; ardor y dolor incisivo en los ojos al leer con luz artificial, punzadas en los ojos; prurito en los ojos; supuración de los ojos; supuración de una fístula lagrimal; lagrimeo al aire libre o por la mañana; ardor y escozor en los párpados; dolor incisivo en los párpados; estremecimientos en los párpados; oclusión de los párpados, por la mañana; oscurecimiento de la vista, leyendo; oscurecimiento de la vista, después de comer; confusión de la vista y moscas volantes; vista empañada y como cubierta con un velo; nubecilla delante de los ojos, al mirar con atención y leyendo; ceguera producida por una luz viva; presbicia.
Oídos
Punzadas en los oídos; flujo de pus por los oídos; chasquido en el oído, al tragar; pulsación en los oídos; ruido en los oídos; tintineo, zumbido de oídos; zurrido en los oídos con dureza; ruido estrepitoso en los oídos; los oídos se obstruyen frecuentemente; dureza de oído.
Nariz
Dolor en la nariz; obstrucción de las narices por un pus amarillo y fétido; epistaxis; fetidez de la nariz; olor de estiércol en la nariz.
Cara
Dolor en la cara, prurito y erupción en la cara; manchas como pecas en las mejillas; prurito y granos pruritosos en la barba; erupción en la boca; dolor en las glándulas submaxilares.
Muelas y dientes
Dolor de muelas después de beber un líquido frío; odontalgia de estirón, con punzadas día y noche, que el frío y el calor renuevan; escarbamiento y escozor en las muelas; dentición difícil en los niños; sensibilidad dolorosa de las encías; punzadas en las encías; hinchazón de las encías; salida de sangre por las encías.
Boca, garganta
Sequedad de la lengua, por la noche o por la mañana al despertarse; ránula; acumulación de mucosidades en la boca y en su cámara posterior; constricción de la garganta.
Apetito
Amargor de boca por la mañana; inapetencia; inapetencia con sed continua; hambre, poco después de haber comido; hambre urgente, por la mañana; insaciabilidad; repugnancia a la pipa, a la que estaba acostumbrado; repugnancia a los alimentos calientes; aversión prolongada a la carne. Estómago
Calor después de comer; eructos después de comer; eructos amargos; debilidad de la digestión; pesadez de estómago, en ayunas y después de haber comido; pesadez, por la noche, en el epigastrio; peso y punzadas en el estómago, después de comer; espasmo de estómago; pesadez de estómago, con presión de dentro afuera, por debajo de la última costilla; dolor punzante e incisivo en el hueco del estómago; imposibilidad de soportar los vestidos apretados sobre el estómago; hinchazón del epigastrio con dolor previsivo; epigastrio doloroso al tacto.
Vientre
Tensión en los hipocondrios; dolor de vientre previsivo, lancinante, sin diarrea; pesadez y pinchazos en el vientre; retortijones en el empeine, después del medio día, y vómito de la comida; frío en el bajo vientre; hinchazón y dureza del bajo vientre; cambio de lugar de los gases, que se acumulan hacia el anillo inguinal, como para producir una hernia. Cámaras
Constipación, cámaras poco abundantes y duras; dos deposiciones por día; vientre con frecuencia o de continuo suelto; salida involuntaria de excrementos líquidos; al deponer salida de las hemorroides, con dolor urente; después de la deposición abatimiento y sumo cansancio; prurito en el ano, ascárides en el recto.
Orina
Ardor en la uretra; emisión muy frecuente de orina; flujo de sangre por la uretra; hematuria.
Partes viriles
Pensamientos lascivos; falta de apetito venéreo; debilidad de la potencia genital; falta de poluciones; erección poco persistente durante el coito; punzadas y ardor en las partes genitales del hambre durante la eyaculación. Reglas
Prurito en las partes genitales y en el ano, varices en los grandes labios; punzadas en el hocico de tenca; dolor previsivo en la vagina; presión sobre la matriz; hemorragia por la matriz; las reglas se anticipan o son muy abundantes; retortijones durante las reglas; flores blancas que ocasionan ardor y comezón.
Coriza, laringe
Estornudos frecuentes; sequedad desagradable de la nariz; reuma de cerebro continuo; romadizo; coriza, por la mañana; obstrucción de la nariz;
ronquera; pecho cargado; tos, por la tarde en la cama; tos, por la noche, durmiendo; tos, por la mañana; tos seca; esputos amarillentos y fétidos; pesadez en el estómago al toser; fatiga al hablar.
Pecho
Opresión de pecho; falta de respiración al bajarse; punzadas en el lado del pecho durante el movimiento; punzadas en el lado izquierdo, al echarse de este lado; ardor en el pecho; palpitaciones de corazón, hasta por la noche. Tronco
Hormigueo en los músculos pectorales; dolor de riñones; rigidez de la nuca; hinchazón de las glándulas del cuello; papera.
Miembros superiores
Dolor presivo en el brazo derecho; dolores reumáticos, durante la noche, en los brazos; laxitud en los brazos; las manos no tienen fuerza para coger los objetos; entumecimiento de las manos; sudor en las manos; tofos artríticos en las manos y en los pies; hormigueo y adormecimiento de los dedos; entorpecimiento de los dedos, aún al calor.
Miembros inferiores
Punzadas en el muslo estando de pie; varices en los muslos; punzadas en la rodilla estando sentado y de pie; punzadas y dolor desgarrante en la rodilla; dolor de tirantez en la rodilla estando sentado y al andar; hinchazón de las rodillas; manchas rubicundas en las piernas; úlceras en las piernas; pesadez de las piernas; rigidez de las piernas; calambres en las piernas; entorpecimiento de las piernas estando sentado; ardor en la planta de los pies; hinchazón de la planta de los pies; frío en los pies, por la tarde; sudor de pies; entorpecimiento de los pies, por la tarde; sensibilidad de los dedos gordos; callos en los pies; dolores en los callos; tofos artríticos en las manos y en los pies.
Piel
Sequedad de la piel; aspereza de la piel; piel cubierta de escamas furfuráceas; forúnculos; verrugas.
Sueño
Deseo de dormir durante el día; deseo de dormir temprano, a la entrada de la noche; se despierta frecuentemente por la noche; insomnio; agitación en la cama durante la noche; sed durante la noche; peso en el epigastrio durante la noche; asma durante la noche; palpitaciones de corazón durante la noche; dolor, por la noche, en el dorso y en los brazos; calor y agitación durante la noche; ensueños que causan inquietud.
Fiebre
Frío, por la mañana, al salir de la cama; frecuentes llamaradas de calor; bocanadas de calor, con palpitación de corazón; sudor durante la noche; fiebre terciana, por la tarde; primero calor en la cara, después frío. Síntomas generales
Entorpecimiento de los miembros; calambres en los brazos y en las piernas; dolores contusivos en los brazos y en medio de los muslos, al subir escaleras; dolores reumáticos en los miembros, en los brazos y en las piernas; gran propensión a las torceduras, con rigidez del cuello y dolor de cabeza; obesidad en los jóvenes; falta de fuerzas, abatimiento; postración por la mañana; laxitud después del más pequeño ejercicio; fatiga al hablar; gran cansancio de resultas de un corto paseo al aire libre; sudor abundante a la menor fatiga; gran sensibilidad al frío; accesos de epilepsia durante la noche. La cal dinamizada tiene una acción que dura mucho tiempo; se la administra ordinariamente con buen éxito cuando el ácido nítrico, dado antes que ella, no ha obrado favorablemente, aún cuando estuviese indicado en la apariencia.
El ácido nítrico también hace cesar los efectos de la cal, cuando son desfavorables. Es igualmente antídoto de las náuseas y de otros accidentes que aquella determina: algunos de estos, sin embargo, exigen la nuez vómica. La cal se halla frecuentemente indicada después del uso del azufre, y
cuando las pupilas tienen una gran tendencia a dilatarse.
Si las regla acostumbran a adelantarse algunos días y son demasiado abundantes, la cal es frecuentemente útil, y tanto más cuanto más abundante sea el flujo. Pero casi nunca produce buenos efectos cuando las reglas se presentan a su debido tiempo o se retardan, aunque, en este último caso, sean copiosas.
Es raro que pueda repetirse con ventaja la cal en las personas ancianas, aún después e otros medicamentos, y casi jamás se la repite inmediatamente sin dañar al enfermo. Mas en los niños, si los síntomas la indican, puede repetirse varias veces, y con tanta más frecuencia, cuanto menos edad tengan.
Camphora officinalis
Al colocar aquí la lista de los síntomas del alcanfor que se han observado hasta el día, no me propongo incluir en ella la totalidad de los efectos que pueden esperarse de esta sustancia, sino que la consigno como una especie de cuadro en bosquejo al que se referirán aquéllos que se vayan descubriendo.
La acción del alcanfor es muy enigmática y difícil en extremo de estudiar, hasta en el hombre en pleno estado de salud, en razón a que el efecto primitivo de esta sustancia alterna frecuentemente de una manera tan rápida con las reacciones de la vida, que en muchos casos apenas puede
determinarse lo que debe considerarse como efecto primitivo y como efecto consecutivo.
El alcanfor no es menos enigmático y maravilloso respecto al resultado de su acción, porque calma los efectos violentos e un gran número de medicamentos vegetales muy diferentes, hasta los de las cantáridas y de otras muchas sustancias minerales y metálicas.
Debe por lo tanto ejercer una especie de acción patológica general, a la que sin embargo no trataremos de darle nombre, por no perdernos en el imperio de las tinieblas, donde la observación no tiene lugar y donde la imaginación acepta ensueños por realidades.
Así es que la experiencia nos dice que el alcanfor acalla los efectos demasiado intensos de un gran número de medicamentos administrados, sea en casos donde no convienen, sea a dosis fuertes. Sin embargo, generalmente no lo hace más que en virtud de su acción primitiva, y como simple paliativo. Por esta razón, cuando se le emplea en este sentido, es menester darlo con mucha frecuencia, pero a pequeñas dosis, de cinco a quince minutos; y si el caso urge, cada dos o tres minutos, se da próximamente una gota de disolución alcohólica saturada (un octavo de grano) mezclado con dos dracmas de agua pura, o bien se hace oler la disolución saturada cada tres, cuatro, seis, diez o quince minutos. Yo no he encontrado conveniente al alcanfor en los casos que el haba de San Ignacio ha producido efectos demasiado fuertes.
La rapidez con que se disipa la acción de esta sustancia y con la que sus síntomas alternan, la inutilizan para que pueda servir en la curación de la mayor parte de las enfermedades crónicas.
Como la inflamación de la piel, llamada erisipela, que se extiende bajo la forma de radios, ofrece un tinte rojo claro y desaparece momentáneamente bajo la presión del dedo, jamás es, cuando proviene de causas internas, más