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Zeig, Jeffrey k. - [1991] Terapia Cortada a La Medida

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Terapia cortada a la medida

Un seminario ericksoniano con Jeffrey K. Zeig

Instituto Milton H. Erickson de la ciudad de México Editorial México. 1991

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Introducción

Conocí a Jeffrey K. Zeig durante el Cuarto Congreso Ericksoniano realizado en la ciudad de San Francisco en diciembre de 1988. Jorge Abia y yo habíamos editado el video de mi operación de vesícula sin anestesia. Lo llevé a San Francisco, se lo presenté al Dr. Joseph Barber, especialista en control de dolor, y él organizó que lo mostrara a un pequeño grupo fuera de programa. Por otro lado, los latinoamericanos que asistíamos al Congreso nos reunimos para salir e intercambiar ideas. Entre ellos estaba Mirta Ghiorzy Volek, argentina radicada en Phoenix, que en ese momento era terapeuta de la Clínica de la Fundación. Ella nos presentó, a Marta Fernández, Rosemary Eustace y a mí, que íbamos de México, con el Dr. Jeffrey K. Zeig, Presidente de la Fundación Milton H. Erickson, y con Michael Liebmann, director de la Clínica. Hablamos de mi operación de vesícula y de las dificultades que los terapeutas americanos tenían para trabajar con las familias mexicanas radicadas en Arizona, porque muchas veces era difícil entender sus valores, sus costumbres, e incluso su relación con el sistema de salud formal. Al terminar el Congreso, nos invitaron a que fuéramos Marta, Jorge y yo, a visitar la Clínica en Phoenix e impartir varios talleres sobre psicoterapia transcultural, junto con Mirta y Guillermo Argueta Bernal, salvadoreño que dirige el Programa de Psiquiatría Externa y la Clínica de Medicina Conductual del Medical College of Ohio, gran amigo desde entonces. Esto sucedió en mayo siguiente. Presentamos los talleres, tuvimos la oportunidad de revisar los archivos de videos de la Fundación y de ver trabajar a los terapeutas de la Clínica, intercambiar ideas y experiencias con ellos y con Jeff.

Durante esa visita a Phoenix tomamos la decisión de abrir un instituto ericksoniano en la Ciudad de México. Siguieron trámites, la aprobación formal, varias visitas de Jorge y mías a Phoenix, numerosos contactos con Jeff a través de cartas y durante sus viajes a Guadalajara para impartir seminarios, y mucho trabajo de organización para formalizar lo que ya veníamos haciendo. Este Taller constituye la primera visita formal de Jeffrey K. Zeig a nuestro Instituto. Su autorización para transcribirlo y publicarlo es una muestra, entre muchas otras, de su apoyo, su confianza y calor humano. Para mí, es un honor haber realizado este trabajo.

Al hacerlo, respeté la secuencia del seminario. El capitulaje es un intento de ofrecer al lector una guía, aunque el estilo de exposición consiste en ir introduciendo temas que se amplían más adelante. IMS lectores descubrirán cómo el Dr. Zeig va

avanzando en forma de espiral, completando y enriqueciendo más y más los temas que antes se iniciaron. Realicé mi mejor esfuerzo para redactar este trabajo en un español tan fluido y fresco como su inglés. Desafortunadamente, no es posible plasmar en el papel las inflexiones y el tono de la voz, así como lo que transmite mediante el movimiento y la postura de su cuerpo porque, como él dice de Erickson, al estar enseñando está al mismo tiempo hipnotizando y haciendo terapia, envolviendo para regalo las ideas que transmite. Quienes asistimos al seminario podemos dar testimonio de que recibimos una comunicación que nos hizo sentir diferentes.

Aunque su estilo es distinto al de Milton Erickson, Jeffrey Zeig es más orientado al interior mientras que su maestro era más bien externo, tiene incorporadas sus posiciones (ver capítulo 4). Jeff demuestra en su vida cotidiana que la terapia

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empieza en casa, pero en la casa del terapeuta, no sólo envolviendo para regalo las ideas que nos transmite sino cortando a la medida sus interacciones. Respecto a esto último, quisiera contarles una anécdota. La segunda vez que Jorge y yo visitamos Phoenix, en noviembre de 1989, llegamos al estacionamiento de la Fundación cuando Jeff estaba bajando de su coche con el saco y el portafolio en la mano. Al verlo, corrí con los brazos abiertos y gritándole con mucho gusto: "¡Hola Jeff, ya estamos aquí!". Lo abracé y lo besé en la mejilla antes de que él pudiera reaccionar. Jorge me regañó diciéndome que mi estilo Latino, o muy personal, estaba fuera de lugar con el Presidente de la Fundación que era un hombre serio, sobrio, callado. Cuando fui a recogerlo al aeropuerto, siete meses después, apenas me vio, se acercó a mí con los brazos abiertos diciendo en un tono de voz más bien alto: "¡Hola Teresa, ya llegué, hagan conmigo lo que quieran!".

En el capítulo 4 Jeff nos habla de la posición humanista de Erickson y de cómo cobraba muy poco por sus enseñanzas. Cuando terminó el seminario y le pagué sus honorarios, me preguntó si habíamos tenido ingresos suficientes para cubrir todos los gastos. Le respondí que no y me devolvió la cantidad que nos faltaba para que el Instituto no perdiera. Esta anécdota es sólo una muestra de los muchos momentos en que hemos recibido su apoyo de distintas maneras.

Yo tenía planeado realizar una entrevista sobre su vida personal para presentarlo en esta introducción. Supe que venía a pasar vacaciones a Puerto Vallarta con su hija y, en un primer momento, se me ocurrió que era la ocasión de tomar el avión eirá entrevistarlo. Sin embargo, recordé su llegada al aeropuerto de la Ciudad de México, a mi estilo, y decidí devolver la cortesía. En lugar de tomar el avión, de acuerdo con lo que me dictaría mi estilo intrusivo, le llamé por teléfono para decirle que me gustaría una entrevista con él para la introducción y me respondió que podríamos utilizar la que le había hecho Michael Yapko, editor del Newsletter de la Fundación, para este periódico. Y así fue. Le agradezco al Dr. Yapko el permitirnos reproducirla en este libro.

Una entrevista con el Dr. Jeffrey K. Zeig

Jeffrey K. Zeig es un psicólogo clínico en su práctica privada. Ha coordinado talleres sobre técnicas ericksonianas en cuatro continentes. Editó Un seminario didáctico

con Milton H. Erickson. (Publicado en español por Amorrortu) en donde también

escribió un comentario. Editó además Ericksonian Approaches to Hypnosis and

Psychotherapy y Ericksonian Psychotherapy (dos volúmenes). Es autor de Experiencing Erickson. El Dr. Zeig ha organizado cuatro Congresos Internacionales

sobre el enfoque ericksoniano y dos Conferencias de La evolución de la Psicoterapia, una en 1985 y otra en 1990.

Michael Yapko Quisiera comenzar esta entrevista pidiéndote alguna información

biográfica anterior al día en que conociste a Erickson. Después iremos desde ese momento, como un punto de transición, hacia cualquier cosa que hayas realizado hasta ahora.

Jeffrey K. Zeig Crecí en la ciudad de Nueva York, en el Bronx. Mi familia se mudó

después a Hicksville, Nueva York, un suburbio del condado de Nassau. De ahí, me fui a la Universidad del Estado de Michigan. Después, trabajé un año en un hospital

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psiquiátrico en Lansing. En 1970 me mudé a Palo Alto, California, en donde hice trabajos de organización política en el Instituto para el estudio de la no violencia, organizado por Joan Baez e Ira Sandperl. Era la época de la guerra de Vietnam y básicamente organizábamos una especie de resistencia contra la guerra, pero también contra la violencia institucional, por ejemplo, contra la medicina institucional. Lentamente fui pasando de la organización política a la psicología. En 1973 obtuve en San Francisco una maestría en Psicología Clínica. Esto fue poco tiempo después de haber ido a Phoenix por primera vez y conocer al Dr. Erickson.

M.Y. Me parece que te saltaste tu infancia. Vamos hacia atrás y haznos algunos

comentarios sobre el pequeño Jeff Zeig.

J.Z. Honestamente, tengo una amnesia bastante grande sobre mi infancia. En este

momento, no tengo en mente muchos recuerdos. Soy el mayor de tres hermanos. Tengo dos hermanas. Una es tres años y medio más chica que yo y la otra nueve y medio años menor. Mi padre era empleado postal y teníamos un departamento de una sola recámara en el Bronx, en el cuarto piso de un edificio de techos altos. Mi hermana y yo dormíamos en la recamara, mis padres en un sofá cama en la sala. Cuando nació mi hermana más chica y yo tenía diez años, nos mudamos a Long Island a una casa. Para entonces, mi padre se había superado dedicándose a ventas.

M.Y. ¿Qué nos puedes compartir sobre tus intereses o lo que acostumbrabas hacer

cuando eras niño? O algo que recuerdes con mucho afecto de tu juventud.

J.Z. ¿Cosas instrumentales que hayan marcado (afilado, grabado) mi vida...?

M.Y. Incluso cosas que no sean necesariamente instrumentales pero que nos

permitan conocer qué clase de niño eras.

J.Z. Creo que una de las cosas que marcó mi vida fue que yo era muy chiquito

físicamente. Esta era una característica que me distinguía mucho. Ingresé a la pubertad muy tarde en mi vida y siempre, en todos lados, era el más chico. Probablemente fui el hombre más bajito en mi grupo al graduarme de high school. Tal vez sea una exageración, pero casi era así. No fue sino hasta los dieciocho años que entré realmente a la pubertad. Tuve un desarrollo muy, muy tardío, pero aún así siempre fui activo y organizador.

En high school fui presidente del Key Club que era algo así como una organización de servicio de los estudiantes. Salíamos a hacer obras buenas en la comunidad. Antes de esto, fui voluntario en un centro para niños con carencias emocionales. Era altruista. Siempre pensaba en hacer cosas altruistas, dar algún tipo de servicio. No recuerdo que mi familia me haya orientado especialmente en este sentido, sin embargo, tenía como valor hacer obras buenas.

Crear la Fundación Erickson fue una extensión de esta orientación al servicio. Erickson fue mi maestro durante seis años y medio, entre mi primera visita a Phoenix en 1973, y cuando murió en 1980. Fue altruista en su manera de enseñarme. Yo no tenía dinero y me dio entrenamiento gratuito. De manera similar, durante más de siete años encabecé la Fundación Erickson sin ninguna

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remuneración. Sólo durante los últimos dos años he recibido como pago un salario equivalente al que recibe una secretaria en la Fundación.

M. Y. Es toda una vuelta pasar del activismo político a estudiar con Erickson. ¿Cómo

hiciste esa transición?

J.Z. Organización y altruismo han sido siempre un eje central en mi vida. Ahora,

más que hacer organización política, organizo eventos relacionados con la psicología. Yo organizaba cosas en el College. Fui muy activo en las organizaciones estudiantiles. Era parte de un grupo que estableció uno de los primeros centros de intervención en crisis, "El oído que escucha", que todavía existe. En este lugar conocí a Stephen Lankton que también era muy activo. Mi entrenamiento en ese momento era rogeriano, un entrenamiento que desarrolla la habilidad para escuchar. Eso reforzó mi interés en la psicología.

Cuando fui a ver a Erickson en 1973, estaba saliendo de mi período de protesta. Tenía el cabello muy largo; si lo restiraba hacia abajo, llegaba a la mitad de mi espalda. Usaba camisas flojas fuera del pantalón, que era de mezclilla, y huaraches. Así fui a visitar a Erickson por primera vez. Probablemente traía puesta una camiseta larga, como vestido. Cuando regresé a verlo por segunda vez, me corté el pelo como lo traigo ahora y cambié mi forma de vestir. Recuerdo que fue una transición abrupta.

Cuando visité a Erickson en 1973 estaba estudiando análisis transaccional con Bob y Mary Goulding. Resulta que una semana hice análisis transaccional, con su modelo de Redecisión, y la semana siguiente, terapia ericksoniana, justo cuando visité a Erickson.

En 1974, presenté uno de los primeros trabajos que hice sobre Erickson en el Instituto occidental para la terapia familiar y grupal que dirigían Bob y Mary Goulding. Parte del entrenamiento como analista transaccional consistía en hacer presentaciones a los compañeros de grupo. En esa época, todavía no tenía claro si me iba a mover hacia el enfoque ericksoniano o si iba a permanecer en el análisis transaccional. El trabajo de Bob y Mary me había impresionado muy favorablemente y había aprendido muchas cosas valiosas de ellos.

M.Y. Dices que no estabas seguro si te ibas a quedar con Erickson o con los

Goulding. ¿Cuándo tomaste la decisión de enfocarte al trabajo de Erickson y qué fue exactamente lo que hiciste o dijiste que lo convenció de tomarte seriamente como su estudiante?

J.Z. En el libro de Experimentando a Erickson (Experiencing Erickson, publicado por

Brunner Mazel), describo cómo lo conocí. No vas a querer que lo repita aquí, ¿verdad?

M.Y. Sí, sí quiero.

J.Z. Déjame agregar algunos detalles que no he contado antes. Estaba estudiando para obtener mi grado de maestría; era un programa muy bueno en la Universidad Estatal de San Francisco. Durante el primer año, pasabas cuatro días en clases y uno realizando trabajo de campo; durante el segundo año, pasabas cuatro días en

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trabajo de campo y uno en clases. Mi lugar de trabajo de campo estaba en el Hospital Sequoia en Redwood City, dentro de la unidad de internamiento psiquiátrico. Yo ya había trabajado con pacientes psiquiátricos internados y quería continuar haciéndolo. Estaba ahí medio tiempo y el otro medio tiempo en la "Casa" de Redwood que era parte del Sistema de Salud Mental del Condado de San Mateo. Ahí pasaba dos días a la semana haciendo terapia con pacientes externos.

El supervisor de los pacientes internos en Sequoia era un psiquiatra, Charles O'Connor, que también era jefe de la unidad. Sabía algo de hipnosis. Yo quería aprender hipnosis, porque no sabía nada. Le pregunté si me podía enseñar como parte de nuestra supervisión. Me invitó a su oficina y me hizo una inducción hipnótica que me asustó muchísimo. Yo tenía miedo de la hipnosis. Empezó haciéndome fijar la mirada y tuve visión de túnel. Esto me puso en alerta inmediatamente porque nunca creí que la visión de túnel fuera algo que me pudiera ocurrir. No sabía qué hacer con mi visión que se iba poniendo negra. Nunca antes había tenido visión de túnel; fue un poco traumático para mí.

El era un buen practicante de la hipnosis. Recuerdo que estaba moviendo mis dedos con impaciencia. El fue el primero en introducirme, en forma experiencial, a la idea de utilización. Me dijo que a medida que movía los dedos, empezaría a ver su movimiento... a poner atención a su ritmo... que el ritmo cambiaría... primero incrementándose y después disminuyendo... y que entonces entraría en un estado de trance. Me sorprendió la forma en que utilizó mi comportamiento.

Como quería aprender más de hipnosis, le pregunté qué podía leer. Me dijo que leyera el único libro que se había escrito sobre Erickson hasta ese momento, el compendio de Haley: Técnicas avanzadas de hipnosis y terapia (Advanced

Techniques of Hypnosis and Therapy). Conseguí una copia y me puse a leer los

diferentes artículos. ¡Me pareció increíble! Empecé a comparar entre lo que Erickson hacía y lo que yo había estado aprendiendo sobre las técnicas rogerianas y los enfoques psicoanalíticos. Me quedé mesmerizado por lo que Erickson estaba haciendo. Se encontraba años luz de todo lo que me era familiar o había conceptualizado.

Rápidamente escribí una carta a una prima que estudiaba enfermería en Tucson. Le dije: "Ellen, empecé a estudiar hipnosis. Si vas a Phoenix, Arizona, por favor visita a Milton Erickson. Ese hombre es un genio. Acabo de empezar a estudiar su trabajo". Mi prima Ellen me contestó la carta diciéndome: "¿Recuerdas a mi antigua compañera de cuarto, Roxanna Erickson?" Ellen había vivido con Roxanna, una de las hijas de Erickson. Habían estado estudiando Antropología en México. Se conocieron, se cayeron bien y se fueron a vivir juntas a San Francisco. Le escribí una carta a Roxanna y otra a Erickson, junto con la copia de un artículo que había enviado al "American Journal of Clinical Hypnosis" sobre el uso de una técnica ericksoniana naturalista para curar alucinaciones auditivas en esquizofrénicos. Este fue mi segundo artículo. Antes, había publicado otro sobre análisis transaccional junto con Ellyn Bader, pero fue mi primer artículo sobre hipnosis. Le pregunté a Erickson si podía ir a verlo y convertirme en su estudiante. El me escribió diciéndome que en ese momento no estaba tomando estudiantes. Fue una carta muy linda, que inspiraba mucho. La publiqué en Experiencing Erickson. Le respondí: "Entiendo que no está tomando nuevos estudiantes a su cargo, pero ¿puedo ir a

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visitarlo?". En noviembre de 1973 asistí a una reunión de la Sociedad de Hipnosis Clínica y Experimental para obtener algún entrenamiento y de ahí manejé del Sur de California a Phoenix para encontrarme con Erickson. Pasé con él tres días, como huésped en su casa. Llegué sin tener idea de lo que iba a hablar con este hombre; estaba intimidado, pensaba que tenía visión de rayos X y que iba a ver mis "neurosis" inmediatamente. Esa era mi fantasía en ese momento. Ni siquiera sabía qué le iba a decir, pero dentro de mí sentía que era importante ir a Phoenix a conocer a Milton Erickson.

Esta forma de actuar no era característica mía, yo no era tan asertivo, era más bien tímido. Fui a Phoenix y pasé esos tres días con Erickson. Los narro en Experiencing

Erickson. Pienso que en alguna forma le caí bien porque cuando regresé a casa

recibí una invitación para la boda de Kristi. Esto me impactó mucho porque apenas había pasado unos días en Phoenix y me estaba invitando a la boda de su hija. ¡Y fui! En ese momento era más bien incompetente, no sabía mucho de psicoterapia. Erickson debió ver en mi algo que le gustó, porque me integró a su vida invitándome a un acontecimiento familiar. Después de esto, viajé a Phoenix tres o cuatro veces al año, aprovechando cualquier oportunidad de pasar más tiempo aprendiendo de él.

Al principio, sólo estábamos él y yo, ya que en ese momento todavía no era tan popular; estaba retirado y no había tanta gente que viniera a visitarlo. Por esa época se publicó el libro de Haley Uncommon Therapy (Terapia no convencional, en Amorrortu, Eds.) y con él creció la popularidad de Erickson. Después salieron los libros de Bandler y Grinder, y tuvo más popularidad. Pero en un principio éramos solamente Erickson y yo.

En marzo de 1979 le escribí una carta proponiéndole organizar al año siguiente el Primer Congreso Internacional sobre el enfoque ericksoniano en hipnosis y psicoterapia. En esa época la palabra "ericksoniano" no se oía mucho. Tal vez la primera vez que apareció impresa fue en el título de ese Congreso. Erickson estuvo dando vueltas a la idea desde marzo hasta junio. Yo, regularmente le preguntaba: "¿Quieres tener ese Congreso?". En junio me dijo "Sí". Empecé a organizarlo.

Sherron, que era mi esposa en ese tiempo, escribió a máquina la carta de propuesta para Erickson. Era el regalo de cumpleaños que yo quería darle por tantos años que me había dado entrenamiento gratuito. En realidad había hecho conmigo una terapia de autodesarrollo, porque al mismo tiempo que me daba entrenamiento, estaba haciendo terapia conmigo. Yo quería agradecerle con un regalo, que era la organización de este Congreso que iba a coincidir con el momento en que cumpliera setenta y nueve años. El congreso se convertía así en una oportunidad para que viera a sus amigos y para que sus amigos lo vieran. También quería que Erickson se diera cuenta del impacto de su trabajo.

Erickson murió nueve meses antes de la reunión, pero para ese momento ya teníamos 750 personas inscritas. Nunca en la historia se habían inscrito 750 personas en un evento sobre hipnosis. Así que al menos recibió parte de su regalo de cumpleaños.

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M. Y. ¿Qué hubiera pasado si tú no hubieras hecho todo eso? ¿Qué crees que habría

pasado con el trabajo de Erickson, con su memoria, con su familia, si tú no hubieras tenido ese gran empuje organizador? Es una pregunta hipotética...

J.Z. Yo creo que Erickson era bueno criando hijos. Tenía práctica en esto, porque

tuvo ocho. Todos sus hijos son individuos únicos que siguen cada uno su propio camino. Los ayudó a desarrollar su propia individualidad y, de la misma manera, tenía colegas como Bob Pearson, Kay Thompson, Ernie Rossi, Herb Lustig, Joe Barber, Stephen Gilligan y Stephen Lankton a los que ayudó a desarrollar su individualidad. Tenía a Ernie Rossi, por ejemplo, que es extraordinario para tomar la esencia del conocimiento de Erickson y ponerlo en papel. Me tenía a mí que pude organizar y estructurar la Fundación. Otros fueron grandes maestros y grandes clínicos. Cada uno de nosotros tiene un área propia en la que es experto. Si yo no hubiera estado, no creo que habría una gran diferencia. No existiría la Fundación Erickson, pero habría muchos expertos enseñando los métodos ericksonianos.

Otros grandes maestros contemporáneos de Erickson no tuvieron la capacidad de promover y hacer surgir las características individuales de sus estudiantes. Incluso creo que algunos de sus métodos terapéuticos podrían olvidarse, perderse, por la falta de este talento.

M. Y. Tu respuesta es muy interesante. Es una manera de entender tu papel. Desde

afuera, una de las críticas más frecuentes a los "ericksonianos", a la gente que abiertamente se identifica y se alinea con Erickson, es que no son individuos únicos, sino que, por el contrario, son todos iguales. Se les conoce colectivamente como la "Plaga Púrpura", se les ve como fanáticos, como una bola de gente folklórica de la costa oeste que cabalga de un lado a otro en sillas de ruedas moradas imitando a Erickson, actuando en forma extraña, y que realmente no están haciendo muchas contribuciones. ¿Qué es lo que pasa con esas gentes, qué les falta que deberían saber?

J.Z. Por supuesto he oído esa crítica, pero yo no lo puedo ver como un culto.

Algunas personas sí copian realmente a Erickson; copian aspectos de su estilo comunicacional.

Erickson era muy claro con respecto a su individualidad. La maximizaba. Maximizaba su individualidad por la forma en que se vestía, la manera en que hablaba, y en que daba terapia. También animaba a sus hijos, a sus estudiantes y sus pacientes, a sacar adelante su individualidad. Siempre enviaba, con mucha fuerza, el mensaje de desarrollar esa característica que es la esencia particular de cada quien.

Ahora bien, desde Freud, todo gran movimiento en psicoterapia ha tenido una figura paterna o materna fuerte. Así que, me imagino, podrías decir que hay un culto freudiano o un culto jungiano, pero creo que esta es una perspectiva muy estrecha. Podrías derogar (echar por tierra) una cantidad enorme de cosas poniendo a estos movimientos la etiqueta de cultos. Y yo creo que hay muchas cosas buenas que derivan del hecho de tener una figura fuerte que abre brecha y construye el camino para una nueva perspectiva.

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Erickson era una figura fuerte que tenía un mensaje importante y, por supuesto, hay grupos que se rebelan contra él y señalan cualquier incorrección o inadecuación. Es importante oír estas críticas porque hay cosas que se pueden tomar de ellas; representan una fuerza que puede equilibrar y evitar sesgos.

M.Y. Esto es verdad cuando las críticas tienden a ser racionales. Ahora, permíteme

hacer dos o tres muy específicas y quiero que me respondas en forma concreta: Herbert y David Speigel en un taller al que asistí, voy a citarlos textualmente, dijeron: "Si quieres ser ericksoniano tienes que vestir un turbante y ponerte una perla en la frente". Tu comentario.

J.Z. Spiegel tiene un enfoque estandarizado que es muy fácil de aplicar y de usar en

investigación. Usa su método con un estilo dramático; es casi como ver a un gran shakespeariano actuar Hamlet. Aunque lo haga en forma repetida, parece fresco y vibrante como si fuera la primera vez. Si vas con Spiegel para dejar de fumar, hará contigo la "técnica de Spiegel" que aplica a todo mundo. Erickson comparaba este tipo de enfoques con un ginecólogo que recibiera a todos los bebés con fórceps.

M.Y. Ernest Hilgard hizo el comentario de que a Erickson le faltaba objetividad

científica. André Weitzenhoffer decía que la gente se sentía atraída por el trabajo de Erickson porque ellos no tenían que hacer nada, era sólo "dejar que el inconsciente hiciera el trabajo". William Kroger dijo que el trabajo de Erickson había sido analizado tan detalladamente y distorsionado que quedaba irreconocible; agregó que había estado revisando a Erickson durante años y años y nunca lo vio hacer el montón de cosas que los ericksonianos escribieron sobre él. Todo esto te pone a ti, Jeff, en una posición de líder de un campo rebelde. ¿Cómo ves tu papel como fuerza que configura la hipnosis moderna?

J.Z. Bueno, yo no veo esto como un campo rebelde. El movimiento ericksoniano es

mucho más amplio y goza de más renombre que los enfoques de los críticos que tú has mencionado. En este momento, tenemos en la lista de correo de la Fundación 14 000 profesionales que reciben nuestro periódico en forma regular. Las más grandes sociedades de hipnosis tienen unos cientos de miembros. Las personas que se interesan en la terapia ericksoniana son un grupo muy variado. Entre ellas hay trabajadores sociales, psicólogos, consejeros, psiquiatras y gente de campos muy diferentes, no sólo de la hipnosis. El trabajo de Erickson se ha extendido a la terapia familiar, la terapia estratégica, el enfoque interaccional del Mental Research

Institute, la programación neurolingüística, etc. De modo que me interesa escuchar

estas críticas pero no siento que tenga que defender a Erickson de ellas. Les puedo poner un poco de atención, son interesantes, aunque no pienso gastar mucho de mi tiempo defendiéndolo contra ellas. Yo creo que Erickson hizo contribuciones muy importantes y me gustaría que la gente las viera y las evaluara por sí misma. Por esta razón, continuamos organizando reuniones. En ellas mostramos lo que hizo Erickson, mostramos cómo utilizamos y hemos desarrollado sus métodos extraordinarios. Tenemos un mensaje que transmitir y salimos a enseñarlo. Por supuesto que habrá gente que nos tire rocas y uno puede evaluar su éxito por el tamaño de los proyectiles que le tiran. Hay críticas legítimas que deben ser respondidas, no obstante, críticas como "es un culto" o "tienes que usar un turbante para ser terapeuta ericksoniano" son el tipo de cosas que no tiene caso comentar o responder. Son cuestiones irrelevantes que se quedan a un lado.

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El trabajo de Erickson es un cuerpo importante de conocimiento. Algunas de las cosas que hizo no se le habían ocurrido antes a ninguna otra persona. Erickson exploró nuevos lentes para entender las respuestas humanas y métodos para desarrollar la capacidad humana de responder, que antes ni siquiera habían sido soñados. Este conocimiento debe ser preservado, entendido y desarrollado, y es lo que trata de hacer la Fundación Erickson.

M.Y. ¿Cuáles crees tú que sean el mayor o los más grandes malentendidos sobre

Milton Erickson?

J.Z. Uno es sobre su investigación. Yo pienso que Erickson era más un antropólogo

que un científico acorde con la tradición de la química y la física. La investigación en psicología y psicoterapia como disciplinas en las ciencias exactas, ha sido clásica y empírica. Erickson era como un antropólogo que va al campo y después reporta los resultados. Esta era una forma maravillosa de aprender sobre las interacciones humanas. El arte de hacer experimentos de campo se dio por descontado, porque su trabajo no era del tipo que podía someterse a una prueba T. Recientemente, gente como Bill Matthews está haciendo este tipo de investigación, con experimentos de campo en comunicación. Yo pienso que Erickson sabía lo que estaba haciendo. Pero no estaba haciendo investigación empírica para definir, por ejemplo, la naturaleza de la hipnosis como un evento que ocurre adentro del individuo, como hicieron Theodore Barber, André Weitzenhofer o Martin Orne. La investigación que

Erickson hacía era desde una perspectiva diferente. Haley puso esto en claro cuando dijo: "Hiciera lo que hiciera la psiquiatría tradicional, Erickson estaba haciendo lo contrario". Fue un hombre que tuvo una visión singular. El iba a seguir su visión, a desarrollar a Milton Erickson. La gente podía aceptarlo o no, pero él se mantenía seguro de su visión. Tenía una forma extraordinaria de confiar en sus propios juicios y en sus propias habilidades. En la mayoría de las cosas, yo creo que estaba en lo cierto. Hoy en día, muchas de las perspectivas que él promovió y que en su momento parecían muy revolucionarias han pasado a ser parte de la corriente principal de la psiquiatría.

M.Y. En forma sucinta, ¿crees que la gente está equivocada al considerar que no

era investigador cuando en realidad sí lo era?

J.Z. Sí, es un mal entendido. En sus primeros años fue más conocido como

investigador que como clínico.

M.Y. Yo recuerdo que hace varios años me dijiste que el movimiento ericksoniano

había llegado a la cumbre.

J.Z. Te dije que llegaría a su climax en diez años, pero estaba equivocado. Nuestras

reuniones se llenan. Esto es fuera de lo normal en psicoterapia. Las reuniones generalmente no se llenan. La Conferencia sobre la Evolución de la Psicoterapia en 1985 se llenó. La Conferencia para celebrar los Diez Años de la Fundación estuvo totalmente vendida desde dos meses antes. Originalmente la habíamos pensado sólo para unos cientos de asistentes. Se trataba de tener un pequeño seminario que tendría lugar fuera de la programación de nuestros congresos, pero también se vendió. Registramos 450 gentes y teníamos una lista de espera de 50 más. Esto

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muestra realmente el interés que hay por aprender los métodos ericksonianos. Pienso que la Fundación debe continuar ayudando a la gente a aprender más sobre Erickson.

Hay muchos proyectos que pueden realizarse a través de la Fundación. Por ejemplo, tenemos las cartas de Erickson. El escribió algunas cartas extraordinarias. Era un corresponsal muy prolífico e incluso tal vez escribió con la idea de que sus cartas serían algún día documentos históricos.

Tenemos correspondencia histórica con Margaret Mead, con Gregory Bateson y con otras figuras como André Weitzenhoffer así como con algunos analistas renombrados, como Lawrence Kubie. Justo ahora, mi colega Brent Geary y yo estamos editando algunas de estas cartas. Se van a leer como una historia de la hipnosis del siglo XX. Queremos que esa información salga a la luz.

Yo he grabado muchas entrevistas para hacer una biografía de Erickson e ilustrar algo de su vida profesional. Tenemos otros proyectos de publicaciones que son más eclécticos. Otro colega, Michael Munion y yo coeditamos un libro que se llama What

is Psychotherapy? (¿Qué es la psicoterapia?, publicado por Jossey Bass). Le pedimos

a diferentes expertos que definieran la psicoterapia desde su punto de vista personal, único. Queremos ramificarnos, extendernos, en el espíritu de la Conferencia próxima sobre la Evolución de la Psicoterapia e integrar los métodos ericksonianos a la corriente principal de la psicoterapia. Erickson nunca fue partidario de tener una escuela específica de psicoterapia ericksoniana. Creía que las escuelas eran limitantes. Hay muchos proyectos de publicaciones que van a salir de la Fundación.

Tenemos un archivo de cientos de horas de cintas de video y de audio, de Erickson. Quisiéramos difundir más algunas de ellas para que la gente conozca mejor las contribuciones de este gran hombre. Queremos tener un centro de entrenamiento en Phoenix adonde la gente pueda acudir y aprender realmente los métodos ericksonianos y no solamente tener una muestra, como en los congresos, sino tener un lugar en donde puedan pasarse un tiempo. Esperamos desarrollar este centro en el futuro. Como verás la cantidad de proyectos que tenemos que realizar para continuar transmitiendo este mensaje es enorme. Seguiremos haciendo congresos y seminarios. Muchas organizaciones pierden dinero en sus reuniones anuales y obtienen sus ingresos de sus cuotas de membrecía. Nosotros no somos una organización de membrecía. Nuestros ingresos provienen de los congresos y seminarios. Utilizamos estos fondos para impulsar nuestro trabajo, incluyendo publicaciones y otros proyectos.

M.Y. ¿Nos podrías compartir un poco de tu vida personal?

J.Z. Soy una persona muy privada y en este sentido, mantengo mi vida profesional

y mi vida privada separadas. Yo no creo que Erickson fuera diferente en esto, también era un individuo privado. Incluso gente como Haley que lo conoció muy bien, no sabía mucho de su vida personal.

M.Y. Gracias por la entrevista, Jeff.

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INTRODUCCIÓN AL SEMINARIO.

Estoy muy contento de estar aquí y de haber sido invitado por Jorge, Teresa y los demás miembros del Instituto Milton H. Erickson de la Ciudad de México. Me parece que están realizando un trabajo muy importante para difundir las técnicas de hipnosis moderna más recientes entre los profesionales de la salud, en México. Me da mucho gusto que ustedes apoyen su trabajo. De esta manera, podrán traer a otros expertos y difundir más en México la práctica de las técnicas creadas por Milton Erickson. Los miembros de la American Psychological Association buscan más entrenamiento en estas técnicas que en otros tipos de terapias. Las técnicas ericksonianas son actualmente, con las de terapia familiar, las más populares en los Estados Unidos y su popularidad está creciendo en todo el mundo.

Durante este Seminario espero hacer algo muy sencillo con ustedes. Quisiera infectarlos con las técnicas ericksonianas como si fueran un virus viral, pasarles este virus e infectarlos con algo del entusiasmo que yo siento por Milton Erickson, por el trabajo que él inició y que han continuado algunos de sus seguidores. Les presentaré un enfoque general de psicoterapia. Vamos a definir lo que distingue a las técnicas ericksonianas de otros tipos de terapia y trataré de ofrecerles una visión general que les permita integrarlas a su propia práctica profesional.

Jeffrey K. Zeig.

1. TERAPIA CORTADA A LA MEDIDA Y ENVUELTA

PARA REGALO

Hace poco fui entrevistado por una reportera que estaba preparando un artículo para un periódico local sobre los propósitos de Año Nuevo. Por alguna razón pensó que la hipnosis estaba relacionada con ellos, y me preguntó por qué la gente no sigue sus propias sugestiones. Por qué si promete, por ejemplo, dejar de fumar, bajar de peso, hacer cambios en sus relaciones importantes, no cumple sus propósitos. Por qué no escucha los buenos consejos que se está dando. La hipnosis es una manera de que la gente escuche sus propios consejos. La reportera me preguntó: "Dr. Zeig, ¿qué es la hipnosis?" y yo le contesté que, estructuralmente, quizá no esencialmente, la hipnosis es una manera de envolver ideas como si fueran regalos. Es una forma de tomar las ideas, envolverlas como regalo y presentarlas al paciente en forma muy atractiva, como algo muy valioso, para ayudarlo a hacer surgir las potencialidades que tiene escondidas. Todas las personas tienen fuerzas y recursos que desconocen y el trabajo del terapeuta consiste en presentar al paciente ideas que le ayuden a llegar a algunas de esas potencialidades, por sí mismo.

Yo estudié hipnosis porque es un modelo de comunicación, un modelo de cómo presentar ideas con un máximo valor terapéutico sin necesidad de usar un trance

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formal. Y como sólo es un estilo de comunicar ideas, no creo que ninguno de ustedes necesite aprenderlo formalmente, sino tomarla como algo que hará que su terapia sea más efectiva y más divertida.

Así que les voy a dar un modelo de terapia, no de hipnosis. Un ejemplo de cómo pueden aplicar elementos de hipnosis en cualquier psicoterapia. Los médicos, por ejemplo, pueden usar estas técnicas de comunicación para hacer sus prescripciones más efectivas.

En un estudio que se realizó en los Estados Unidos se pidió a un médico que en un período de diez minutos prescribiera tres veces los medicamentos. Cuando los pacientes salían del consultorio, un entrevistador les preguntaba: "¿Cómo te dijo el doctor que tomaras tus medicinas?" El 50% no pudo contestar lo que le había dicho el médico.

Con la hipnosis, nosotros podemos aprender a lograr que nuestra comunicación sea más eficiente que el 50%.

Ahora, permítanme ofrecerles una panorámica general.

Esto es lo que yo llamo el diamante de Erickson. En sus cuatro aristas y el cruce de sus dos ejes podemos ubicar los cinco principios que constituyen la base de este seminario.

El primer principio se refiere a tener una meta, de modo que sepamos hacia dónde dirigir la terapia. La meta también permite saber al terapeuta que si logró tal cosa, tuvo éxito. Parece muy sencillo pero a menudo puede ser muy complicado.

Una vez que el terapeuta tiene una meta, necesita una forma de envolver como

regalo las sugestiones. Puede hacerlo usando una metáfora, una anécdota,

hipnosis, la prescripción de un síntoma, un símbolo, una intervención no verbal, la ilusión de alternativas, entre otras muchas técnicas.

Es muy bonito tener una meta y envolverla, pero esto no es suficiente para obtener éxito. Si ustedes quieren agregar poder a la terapia es necesario cortar a la medida del paciente la meta para que encaje dentro de su estilo particular.

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Es muy agradable recibir un regalo, y más aún si está bien envuelto, pero si el regalo está pensado en forma individual, es decir, si el que regala ofrece algo que tiene un valor único para el que recibe, ese regalo es mucho más significativo.

Ya tienen una meta cortada a la medida, ya la envolvieron, pero también queremos

establecer un proceso en el tiempo de manera que el regalo, bien cortado como

está, bien envuelto como está, no sea simplemente entregado a la persona, sino que se le presente con cierta ceremonia para que tenga más sentido.

Ahora bien, el punto central en el trabajo de Erickson es el concepto de utilización. Utilización significa que sea lo que sea lo que el paciente traiga, lo usen: si el paciente trae un estilo de vestir, úsenlo; si trae una orientación religiosa, úsenla; si trae un problema, úsenlo; si trae resistencia, también úsenla. Cualquier cosa que el paciente traiga, puede ser usada. La utilización es como la fuente de la juventud para los terapeutas. Es quizá mejor para el terapeuta que para el paciente porque lo mantiene vivo, dentro de lo que está sucediendo en cada instante.

Yo sé que para ustedes éstas son meras palabras, pero espero poder darles oportunidad de experimentarlas. Personalmente creo tener una buena comprensión vivencial de los primeros cuatro conceptos, aunque tal vez en menor medida de la utilización, que Erickson tenía tan integrada a su vida. Aun cuando la conozca y la comprenda, no la siento tan integrada a mí.

Para ver con más claridad este modelo, permítanme contarles brevemente el caso de una paciente limítrofe muy perturbada, Clara, que me fue derivada a través de un hospital. Había sido internada y dada de alta varias veces. Mantenía con la institución una relación hostil y dependiente. Cuando estaba internada, no participaba en los programas, no se curaba ni se sentía mejor por todo lo que le daba el hospital. Cuando estaba fuera, se cortaba las venas para ser readmitida. Me llamaron un martes, ella había salido el viernes y temían que intentara suicidarse de nuevo. El hospital estaba harto de las readmisiones. Me buscaron como experto en terapia breve y me preguntaron si tomaría a esta paciente difícil.

Hice una cita para que la familia la trajera. Aunque era una persona adulta vivía con su padre y con su madre. Vinieron a una sesión de emergencia el miércoles en la noche.

Mi meta era que Clara se comprometiera a entrar a terapia conmigo. Por supuesto, no vino contenta a mi consultorio, quería que se la llevaran al hospital de donde la habían corrido el viernes. Clara se portó hostil, solemne, y cuando entró en el consultorio se veía muy agresiva. Hablé con toda la familia unos minutos nada más mientras tenía en mente la pregunta ¿qué valoraba Clara? Necesitaba saber qué era valioso para ella para así cortar a la medida la forma de alcanzar la meta de involucrarla en la terapia. Sabía que ella valoraba los objetos punzantes puesto que le gustaba cortarse las muñecas; bueno, no sé si le gustaba, pero lo había hecho varias veces. En su mentalidad, estaba bien cortarse las venas, así que era algo que ella valoraba. Después hablé con su padre cinco minutos y descubrí que era militar, que recientemente había tenido una afección coronaria triple y, a pesar de esto, fumaba. Ya sabía también lo que valoraba él. A continuación vi a Clara sola y supe que ella quería a su padre y odiaba a su madre, vivía una disociación a través de la cual "papá era bueno y mamá era mala". Descubrí que Clara valoraba su palabra. Si

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prometía algo, lo cumplía. Además, era una trabajadora muy responsable. Pasé también cinco minutos a solas con su madre, nada más como cortesía, porque en ese momento no iba a interactuar mucho con ella dentro del sistema familiar para alcanzar la meta que me había fijado. Pedí a la señora que saliera para hablar con Clara y su padre. Le dije a ella: "Tú siéntate calladita en el sofá y no digas nada". A Clara le gustó lo que le dije, porque no quería decirme nada ni estar en el consultorio. Entonces me dirigí con dureza a su padre. Le dije "Vamos a hablar de hombre a hombre". Como era militar, sabía lo que era hablar de hombre a hombre. Hablar de hombre a hombre era cortar el diálogo a su medida y utilizar. Continúe: "¿Cómo se atreve a ser tan hipócrita? ¿Cómo quiere usted que le dé terapia a su hija para que no siga cortándose las venas si usted tuvo hace poco una enfermedad coronaria y sigue fumando? ¿Cómo se atreve a ser tan hipócrita?" Clara empezó a moverse en su asiento. No le gustaba que le hablara así a su papá. Ya había llamado su atención. Le dije: "Bueno, estoy de acuerdo en tomar a su hija como paciente con una condición. La condición es que usted me prometa en este momento, de hombre a hombre, que dejará de fumar definitivamente. Por supuesto que si su hija vuelve a cortarse las venas usted quedará en libertad para volver a fumar". Clara me miró y llorando me dijo: "Yo no puedo hacer esa promesa. En el hospital han tratado de que deje de cortarme las venas y yo no puedo hacer esa promesa". Le respondí: "Clara, no te estoy hablando a ti, estoy haciendo un trato con tu padre". Ya había hecho un trato con el padre, así que hice otro con ella. Clara pagaría la terapia. Pero como no tenía dinero, pagaría con trabajo. Ella sabía hacer muy bien costuras de medio punto, que a mí me gustan. En uno de sus mejores empleos le pagaron diez dólares por hora. Yo cobro sesenta dólares la hora, así que ella tendría que pagarme con seis horas de trabajo cada hora mía. Era muy responsable y llevaba un registro de tiempos en un cuaderno. Empecé a verla dos o tres horas por semana, me debía muchas horas, tenía que pasar mucho tiempo con un objeto punzante, lo cual le gustaba. Pero con este objeto punzante estaba haciendo algo para mí en lugar de cortarse las venas. Si ustedes visitan la Fundación Milton H. Erickson en Phoenix, verán cuatrocientas horas de costura. La Fundación está decorada con el trabajo de Clara. Esto no era su curación, por el momento habíamos alcanzado la meta de que continuara en terapia conmigo. Mucha gente le había estado diciendo que se dejara de cortar las venas. Yo le presenté la idea de que podía hacerlo, correctamente envuelta para regalo y cortada a su medida, dentro de un proceso dramático que hizo que esa idea fuera mucho más valorada y así se lograra la meta.

La psicoterapia debe ser un "Acto Emocionalmente Significativo". Debe tener drama, como las telenovelas. Y con el drama le damos poder a las ideas. Milton Erickson era uno de los terapeutas con mayor poder dramático que he conocido. Tomaba ideas muy simples, las envolvía y las cortaba a la medida para crear procesos dramáticos en los que el paciente podía cambiar.

Quiero compartir con ustedes otro caso que tiene que ver con el fumar. Algunas personas, tal vez varias de las que están aquí, son fumadores, juegan con la idea de dejar de fumar y se han dicho muchas veces a sí mismos "deja de fumar", mientras sacan el cigarro de la cajetilla y se lo llevan a la boca.

Yo era fumador. Fumaba pipa que iba bien con mi imagen de psicólogo joven. En una de mis visitas a Milton Erickson, en 1975 ó 1976, estaba sentado en el patio de

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su casa, fumando mi pipa, cuando la Sra. Erickson pasó por ahí, empujándolo en su silla de ruedas y él me vio.

El Dr. Erickson estuvo confinado a una silla de ruedas, debido a secuelas de polio, durante los últimos trece años de su vida. El inició la sesión con una historia, la historia de un amigo suyo que era fumador de pipa, y la historia trataba de cómo su amigo era torpe fumando su pipa. Captó mi atención, hablando de fumar. Su amigo era torpe porque no sabía en qué lugar de su boca poner la pipa, ¿debía ponerse la pipa en el centro de la boca?, ¿a un centímetro del centro hacia la derecha?, ¿a un centímetro del centro hacia la izquierda?, ¿debía poner la pipa en la comisura de la boca? Era torpe. Era torpe porque no sabía cómo sostener la pipa, ¿debía sostener la pipa arriba?, ¿debía sostenerla abajo?, ¿debía sostenerla a un lado? Era torpe, pero era torpe porque no sabía echar el humo, ¿debía echarlo hacia la derecha?, ¿debía echarlo hacia abajo?, ¿debía echarlo hacia arriba? Era torpe. Y era torpe porque no sabía en dónde dejar la pipa, ¿debía dejar la pipa sobre la mesa?, ¿debía sostener la pipa en su mano?, ¿debía dejar la pipa sobre el escritorio? Era torpe porque no sabía manejar el tabaco, ¿cómo tenía que meter el tabaco en la pipa?, ¿cómo tenía que vaciarlo?, ¿debía usar un instrumento?, ¿debía hacerlo con un lápiz? Era torpe.

Les juro que esta historia duró una hora con frases similares. Nunca pensé que hubiera tantas formas de ser torpe al fumar una pipa. Por fin, la historia terminó y Erickson pasó a otro tema, mientras me quedé pensando: "Yo no soy torpe... he estado fumando pipa durante años... ¿por qué me contó esta historia?"

De regreso a mi casa en California, al pasar por la ciudad de Bakersfield, me dije con seriedad: "Ya no voy a fumar pipa, ya no quiero fumar pipa, nunca más", y me prometí a mí mismo: "No lo haré". Nunca me eché para atrás porque conscientemente quería hacerlo e inconscientemente también. Se acabó en ese momento. Y no dejé de fumar porque Milton Erickson me dijo que lo hiciera, ni lo hice por mi salud, sino porque quería dejar de fumar y es mi mérito. Yo lo hice. Milton Erickson no lo hizo, él no me hipnotizó. Yo lo hice. Lo que él hizo fue tomar una idea muy simple y encontrar la forma de envolverla dentro de una historia cortadita a mi medida.

En ese momento de mi vida yo era muy fácil de impresionar y si había una persona ante quien no quería parecer torpe era Milton Erickson y él asoció: Pipa-torpe, pipa-torpe, pipa-torpe y se divirtió muchísimo haciéndolo. Y no fue su mérito. El no ganó. Gané yo. El mérito es mío.

¿En dónde entra y queda situada la hipnosis dentro de este esquema de terapia? Pues bien, la hipnosis es sólo una forma de envolver una idea. Al terminar este seminario, quiero que ustedes tengan veinte formas distintas de envolver ideas, técnicas que podemos aprender de la hipnosis. También quiero que aprendan a cortar a la medida una terapia y algunas ideas sobre el proceso. Vamos a hacer esto a través de mi exposición, pero también con ejercicios vivenciales para que aprendan estos conceptos practicándolos más que oyéndolos y después vamos a ver a Milton Erickson haciendo terapia (capítulo 6). Esto, al mismo tiempo que es muy interesante, es deprimente, porque ustedes van a ver la forma tan elegante en que él podía hacer las cosas, cómo establecía el proceso.

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Tengan en cuenta que se trataba de un hombre muy enfermo haciendo terapia. Erickson tenía muchos impedimentos por sus problemas de salud. Cuando lo vi en 1973 ya estaba confinado a una silla de ruedas, con un dolor constante, por las secuelas de su polio; su visión era doble, su oído fallaba, sus labios estaban en parte paralizados, su forma de respirar era difícil porque sólo respiraba a través de unos cuantos músculos intercostales y medio diafragma. Y él que llegó a desarrollar el habla en forma magistral, como un actor, tuvo que volver a aprender a hablar. Sus músculos llegaron a un deterioro tal que no podía utilizar dientes postizos y también tuvo que reaprender a pronunciar con claridad. Y, a pesar de que estaba enfrentando tantos problemas físicos, Erickson era lo que llamaría una llama iluminadora, afirmante.

Hace dos semanas estuve en Viena con Víctor Frankl, el creador de la logoterapia y terapeuta existencial. Al igual que Erickson, Víctor Frankl tomó las experiencias que vivió en el campo de concentración e hizo alquimia, es decir, las transmutó en la misma forma en que la alquimia convierte un metal base en oro. Erickson también transformó la experiencia de la polio en oro puro. Para Milton Erickson y para Víctor Frankl, la utilización de las experiencias negativas no es sólo una técnica terapéutica, sino un estilo de vida. Erickson decía desde el fondo de su alma que la psicoterapia empieza en casa, en la casa del terapeuta. Era un hombre que realmente inspiraba y no hablaba con hipótesis ni con hipocresías. Cuando hablaba de disfrutar la vida a pesar de las limitaciones, él lo estaba haciendo frente a tus propios ojos. Cuando hablaba de superar el dolor, lo estaba haciendo frente a ti. No hablaba de dientes para afuera, sino con su propia experiencia. Y era muy agradable estar cerca de él, inspiraba tantas cosas sentir cómo podía disfrutar la vida en medio de sus incomodidades y dolores. Yo creo que esa fue su mayor genialidad, la forma en que vivió su propia vida. La imagen de un hombre sumamente enfermo, puede ser muy distinta a la imagen mental que tal vez ustedes tengan de este gran genio. Si leen los libros que hablan sobre él: Terapia no

convencional de Jay Haley y Un seminario didáctico con Milton Erickson que yo

publiqué, y que se encuentran en español, quedarán muy impresionados por su técnica, pero su poder surgía de su propia persona, más que de su técnica.

Erickson tenía cuatro áreas geniales. En primer lugar está la hipnosis. No es exagerado decir que él inventó la hipnosis moderna. Inventó la levitación de la mano, la técnica de entremezclado, la de confusión, la amnesia estructural. Tenía una mente muy fértil y se dedicaba en serio a la hipnosis. Fue famoso como investigador y como clínico.

Su segunda área genial fue su terapia estratégica. En 1973 Jay Haley publico

Terapia no convencional, una introducción a la terapia estratégica de Erickson.

Haley escribió: "La psicoterapia es un problema, no es una solución". El problema es que el paciente esté en terapia. Ese es el problema. La solución es sacar al paciente de la terapia lo más pronto posible para que viva su vida en forma independiente. Haley escribió acerca de técnicas derivadas de la hipnosis que pueden aplicarse sin necesidad de un trance formal. Haley no utiliza trances formales.

La tercera área de la genialidad de Erickson fue su forma de enseñar. Enseñaba contando historias, proponiendo tareas, utilizando vínculos terapéuticos y símbolos. De hecho, si nos ponemos a observar, podremos darnos cuenta de que la hipnosis

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ericksoniana, la terapia estratégica y su forma de enseñar son muy semejantes. Al mirarlo, es difícil decir ahora está enseñando, ahora está hipnotizando, ahora está haciendo terapia, porque en las tres áreas Erickson tenía el mismo propósito: hacer surgir recursos y potencialidades que estaban dormidos. Erickson no enseñó contenidos. No enseñó nada, ni siquiera de esta complejidad. Hablaba para estimular a la gente. Y yo, con una disculpa, les digo que básicamente les voy a enseñar contenidos. Aún cuando fui alumno de él durante más de seis años, nunca me enseñó a hipnotizar. Es como si hubiera asumido que yo ya lo sabía y lo único que él tenía que hacer era ayudarme a acceder a eso que yo ya sabía. Esta es una filosofía muy poderosa.

Implica, por ejemplo, asumir que todo paciente esquizofrénico puede hablar en forma directa, que todo paciente esquizofrénico puede hacer cosas semejantes a las que hacen otras personas. La esquizofrenia es un asunto de diferencias. Los esquizofrénicos son verdaderos artistas para establecer diferencias. Algunas personas hacen cosas semejantes. Si les dices: "Tengo un hermano", empiezan a hablar de su hermano. Otras, hacen cosas diferentes. Si les dices "rojo", contestan "negro, verde". Si uno dice "blanco", responden "negro". Los esquizofrénicos son personas que hacen cosas diferentes. Parpadean diferente, se visten diferente, comen diferente, se mueven diferente, respiran diferente. Simplemente hacen cosas de manera diferente. Sin embargo, cada esquizofrénico sabe cómo actuar igual y como actuar diferente. Dentro de este modelo, la meta de la terapia no es enseñar al esquizofrénico a comportarse de manera "sana" sino establecer situaciones en las que pueda hacer surgir los recursos que tiene dormidos: el saber actuar de manera similar. Del mismo modo, cada fumador sabe cómo estar cómodo sin el cigarro. Tiene años de experiencia en este sentido. Y todo paciente deprimido tiene años de experiencia estando contento, activo, y cambiando del mal al buen humor. La meta terapéutica es establecer una situación en la cual el paciente descubra sus recursos internos por sí mismo.

Para lograr esto, a menudo Erickson envolvía las ideas utilizando métodos indirectos1 y por esta razón el estilo ericksoniano se ha relacionado con lo indirecto. No obstante, Milton Erickson era un hombre muy directo. Decía las cosas en forma brutalmente directa, cuando correspondía, y en tales situaciones ese estilo funcionaba.

Si viene a verlos una persona que quiere dejar de fumar, ustedes lo miran y le dicen: "Deja de fumar", y si lo hace, no necesitan hacer ninguna otra terapia. Pero ¿qué sucede cuando dan una sugestión directa y no funciona? Se vuelven más indirectos en su abordaje utilizando, por ejemplo, asociaciones, ilusiones, y otras técnicas que les presentaré.

Ahora, permítanme hablarles, un poco en broma, de diferentes tipos de terapia. Una mañana, me desperté temprano y me dirigí al MacDonalds en Phoenix, Arizona. Entré al restaurant en mi auto. Cuando llegué al micrófono en dónde se hace el pedido, el dependiente me dijo: "Su orden, por favor". Yo le contesté: "¿Sabe? acabo de descubrir el secreto de la vida". A las siete de la mañana, este hombre no estaba muy interesado en descubrir cuál era el secreto de la vida y me dijo de nuevo: "Su

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orden, por favor". Le respondí: "Acabo de descubrir el secreto de la vida y quiero un jugo de naranja". Contestó: "79 centavos, por favor". Cuando llegué a la ventanilla para recogerlo, el dependiente me miraba ya en forma sospechosa: "Aquí está su jugo de naranja". "Sí, gracias, pero descubrí el secreto de la vida". Finalmente me vio y me dijo: "Bueno, ¿cuál es?". Contesté: "Se puede hacer psicoterapia sin metacomentar". Mi descubrimiento no lo impresionó demasiado.

Se puede hacer psicoterapia sin metacomentar. ¿Qué quiere decir esto? La mayoría de las psicoterapias ocurren a través de un proceso de metacomunicación en donde el terapeuta hace metacomentarios sobre los sentimientos del paciente, su actitud, sus patrones de interacción. La terapia ha sido un proceso de exploración, confrontación e interpretación. Los terapeutas explican, confrontan e interpretan algunos aspectos del paciente o del sistema al que pertenece y eso es lo que consideramos terapia. Sin embargo yo pienso que los terapeutas hacen metacomentarios cuando ponen su cerebro en neutral y dejan de "utilizar". Metacomunicación es lo opuesto de utilización. Esta es una idea original, nunca antes lo había expresado así. Metacomunicación es lo opuesto de utilización. Después de veinte años de hacer terapia, puedo hacer metacomentarios hasta dormido.

Lo que me había impresionado antes de ir al MacDonalds esa mañana, era que había estado observando un video de Erickson que tenemos en los archivos de la Fundación en donde durante una hora no hizo ningún metacomentario directo sobre el paciente. Erickson hacía terapia sin hacer metacomentarios directos, ¡ni uno solo durante una hora! Al darme cuenta me dije: "¡Qué fabuloso!, voy a tratar de hacer lo mismo; con el primer paciente que vea después del jugo de naranja no voy a metacomunicar durante una hora". Lo intenté y sólo duré cinco minutos. Me parecía imposible hacer psicoterapia de esta manera porque estaba muy inoculado por mis años de entrenamiento. Cuando no metacomunicamos hacemos una terapia vivencial y esto es la psicoterapia ericksoniana. Es la psicoterapia de la experiencia. Está enfocada a crear experiencias para que el paciente perciba sus recursos internos. En la actualidad, mi desafío frente a mí mismo es, en cada sesión, crear una experiencia. Mi limitación es que no puedo pasar toda una hora de terapia creando experiencias.

La terapia es mejor cuando se vuelve la psicoterapia de la experiencia porque cambia su enfoque a cómo, cómo ser diferente; las experiencias tienen como imperativo ser diferente. El imperativo de las metacomunicaciones es porqué, por

qué estás como estás. El imperativo de la metacomunicación es entender. El

terapeuta y el paciente se encuentran ahí para comprender. El imperativo de la psicoterapia de la experiencia es "tú y yo estamos aquí para que seas diferente, a través de estas vivencias".2 Me parece que ésta es una verdadera revolución en la orientación de la psicoterapia, muy difícil de lograr.

Si ustedes observan videos de Erickson, podrán ver horas de terapia sin metacomentarios directos. Por supuesto que sí hay metaperspectivas. La

2 "Diferente" respecto a cómo es él mismo en el momento actual, que él considera

problemático. No diferente a los demás en el sentido de la esquizofrenia. [N. de Teresa Robles]

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metaperspectiva es el objetivo que quiere lograr el terapeuta y lo puede comunicar en forma indirecta.

Ahora, vamos a jugar un poco mentalmente con distintos estilos de psicoterapia. Imaginen un paciente que entra en un consultorio y dice algo. Por tradición, el papel del terapeuta es hacer un metacomentado de acuerdo con sus propios lentes, de acuerdo con la orientación teórica que le ha sido implantada a través de su formación, como con una cirugía. Pongamos por caso que los lentes del terapeuta son el psicoanálisis. Si el paciente entra y dice: "Es un día precioso", el psicoanalista se pone a pensar: "¿Qué quiere decir realmente?". El paciente entró y dijo: "Es un día precioso" y el psicoanalista dice: "¡Aja! me pregunto ¿por qué me está hablando en una forma tan familiar? Tal vez me esté confundiendo con una figura significativa de su infancia, tal vez me esté confundiendo con su padre". Los lentes del psicoanálisis llevan a examinar la transferencia. Quien los trae puestos mira la comunicación, encuentra la distorsión transferencial y hace un metacomentario para corregirla.

Si ese paciente va a ver a un analista transaccional, los lentes son distintos. El paciente entra y dice: "Es un día precioso". El analista transaccional responde: "Hablemos de adulto a adulto". Y piensa o dice: "Me estás viendo desde mi estado de padre; yo sé cuál es tu pauta de interacción, que viene del pasado; nos encontramos en una transacción cruzada que conecta con el patrón de tus sentimientos negativos, de cómo te sientes lastimado. Podemos decir que te encuentras dentro de un juego en el que pides: patéame y que es parte del libreto de tu vida, en el que eres un perdedor. Así que hablemos derecho". La lente del análisis transaccional es el análisis estructural y éste se transforma en la meta de la terapia.

Si el paciente va con un terapeuta gestáltico, entra y dice: "Es un día precioso". El terapeuta piensa: "¡Aja! esta es una gestalt incompleta" y le dice: "Sé el día", "pon el día sobre la silla", "ámate a ti mismo", "sé tú mismo", "háblale al día". En este caso la meta es traer a la conciencia gestalts incompletas para cerrarlas.

El terapeuta escucha lo que dice el paciente y, de acuerdo con los lentes que trae puestos, extrae "lo que está detrás" y después metacomunica. Alguien que trabaje con terapia racional emotiva fijará su atención en las falsas creencias; un terapeuta familiar verá reglas o secretos familiares y después hará metacomentarios sobre estos.

Erickson afirmaba que si el paciente es capaz de decir una sola cosa con tantos significados, el terapeuta debe ser tan ingenioso y listo como él y poderle responder con una sola cosa que también tenga muchos significados. Así, en lugar de seleccionar una parte de la comunicación, el terapeuta utiliza la comunicación en múltiples niveles, puesto que siempre nos comunicamos de esta manera. Y entonces, la terapia se convierte en una especie de cortesía: el paciente habla en muchos niveles, el terapeuta habla en muchos niveles.

A la gente por lo general no le gusta que le hagan metacomentarios sobre sus procesos y su comportamiento, aunque sean positivos. Se siente mal, agredida.

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Erickson nunca los hacía en forma directa, en forma indirecta tal vez, pero directamente no. Cuando uno se mueve de un nivel a otro y metacomunica en forma indirecta, se va creando una experiencia y el paciente necesita llenarse de energía para procesarla. Es una forma diferente de ver las cosas. La terapia se convierte en una manera de utilizar lo que el paciente hace. Si éste se comunica en múltiples niveles para ser ineficiente, el terapeuta le responde en múltiples niveles para ser eficiente. Cuando hablemos de cómo envolver para regalo, veremos técnicas de comunicación múltiple que nos enseñan cómo encontrarnos con el paciente en su propio nivel de experiencia para unirnos a él más que para enfrentarlo, interpretarlo y explicarle.

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2. CÓMO TOMAR LAS MEDIDAS: PRIMERA PARTE.

CATEGORÍAS DIAGNOSTICAS DE ZEIG

Un diagnóstico es, por lo general, una descripción psiquiátrica que nos dice lo que esa persona es, pero no nos indica qué hacer con ella.

El diagnóstico debe ser un plan de tratamiento, un plan de acción. Una vez que lo tenemos, funciona como los señalamientos en la carretera: nos dice cómo viajar. El diagnóstico es como un señalamiento en la carretera.

En la psiquiatría tradicional podemos diagnosticar a alguien con 395.6 de esquizofrenia paranoide. Esto nos dice qué es. Pero si le ponemos esa etiqueta médica, ¿qué podemos hacer? Lo único que nos queda es darle antipsicóticos, porque estamos dando por hecho que se trata de un problema físico (médico). Si ustedes hacen un diagnóstico de depresión, éste no les muestra qué hacer. Simplemente recetan antidepresivos porque hay una enfermedad dentro de ese paciente. El diagnóstico en términos tradicionales es un diagnóstico médico.

Por el contrario, si ustedes dicen que un esquizofrénico es una persona muy bien entrenada en hacer cosas diferentes, la meta de la terapia puede ser que el paciente haga surgir de su interior estrategias para hacer cosas similares, que concuerden unas con otras, e incluso también estrategias para hacer cosas discordantes. Cuando hacemos diagnósticos más de acuerdo con el sentido común, sabemos qué tenemos que hacer. Por lo tanto, vamos a crear una estructura de diagnóstico que nos ayude: 1) como un señalamiento de carretera, que nos diga cómo conducir la terapia; 2) como un recurso, porque con esta mentalidad de utilización cualquier cosa que el paciente traiga es un recurso. De hecho, el paciente se nos presenta con un "regalo". Nos trae un problema que nosotros podemos aceptar como regalo. Nos trae su síntoma que también podemos aceptar como regalo. El diagnóstico debe ser un recurso que podemos utilizar; y 3) también puede ser una manera de motivarlo.

Vamos a utilizar nuestro diagnóstico para cortar a la medida la terapia. Si sabemos, por ejemplo, que este paciente hace cosas diferentes y este otro, cosas que no corresponden y aquél hace lo que corresponde, nuestras intervenciones con cada uno de ellos tienen que ser distintas porque tienen estilos psicológicos y de relaciones interpersonales diferentes. Así, usamos el diagnóstico en tres formas: 1) como un señalamiento en la carretera, 2) como un recurso y 3) como una motivación. Poco a poco les iré explicando cada una de ellas.

Por el momento les propongo un ejercicio que pueden hacer en grupos de dos para empezar a pensar en el diagnóstico desde este punto de vista. Elijan a un compañero. Es mejor si no lo conocen. Uno de ustedes va a representar el papel de terapeuta y el otro el de paciente. El trabajo que va a realizar el terapeuta es escuchar para hacer un diagnóstico. No es intervenir. El trabajo del paciente va a ser contar una historia, una historia verdadera, una historia agradable, sobre su propia infancia. Una historia que puede tratar de las fiestas de Navidad, de cuando iba a la escuela, de cuando visitaba a algunos parientes, una historia placentera de

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cinco minutos. Esto es parecido a lo que sucede en la terapia: el paciente llega y nos cuenta una historia sobre su pasado. Nuestro papel como terapeutas es diagnosticar su estructura actual, los patrones que existen ahora en el paciente. Y el terapeuta puede escucharlo teniendo en mente estas preguntas: ¿Qué cosas valora?, ¿qué posiciones toma?

Ahora bien, vamos a emplear una serie de categorías para determinar cuáles son los valores del paciente. Estas categorías pueden ser, por ejemplo: frío o cálido. El terapeuta tiene que diagnosticar si esa persona tiende más a ser cálida o a ser fría. Les pido a los que van a desempeñar el papel de terapeutas que traten de diagnosticar si la otra persona tiende a ser alguien cálido o alguien frío. Para hacer el ejercicio un poquito más interesante, no voy a decir a los terapeutas con qué otras categorías van a diagnosticar, hasta que hayan terminado. Lo único que tienen que hacer es escuchar, podrían hacer preguntas pero no vale la pena porque no van a saber qué preguntar ya que no van a conocer las categorías hasta que terminen de escuchar. Es importante que no conozcan a la otra persona a fin de que no tengan ideas preconcebidas. Siéntense espalda contra espalda de modo que los terapeutas no puedan ver a los pacientes y tengan sólo información auditiva. Este es un ejercicio para desarrollar las habilidades del terapeuta, quien deberá escuchar con mucha atención. Como estará privado de su visión, podrá utilizar mejor su oído para aprender los patrones del paciente. Vamos a hacer el ejercicio sólo una vez, sin cambiar papeles. Todo lo que tienen que hacer es: mover sus sillas, encontrar a alguien con quien trabajar, sentarse espalda contra espalda y luego el paciente cuenta una historia placentera de cinco minutos sobre su infancia y el terapeuta solamente lo escucha. Pueden tomar notas. Yo les aviso dentro de cinco minutos.

Después de los cinco minutos.

Ahora vamos a revisar las categorías diagnósticas y luego, cada uno, el terapeuta y el paciente, escriban lo que consideren verdadero del paciente de acuerdo con ellas.

Para comenzar, tenemos categorías intrapsíquicas. Las primeras son perceptuales. Tienen que ver con la forma en que cada persona percibe el mundo inmediata e inconscientemente. Tienen que ver con su estilo de atención. La manera en que una persona dirige su atención puede ser diagnosticada en dos formas: ¿Este paciente es más interno o más externo en lo que se refiere a estilo de atención? Una persona externa pone toda su atención en el medio ambiente. Está muy interesada por todo lo que sucede alrededor. Está pendiente del afuera con su vista, su oído y su tacto. Una persona interna está más pendiente de sucesos internos: fantasías, sueños, sentimientos, lo interno. La persona externa parece un gato observando. La persona interna parece una tortuga, está adentro. Y, por supuesto, si se casan una con otra esto va a causar algunas dificultades.

Ustedes juzguen en qué lugar dentro de este continuum está el paciente. Algunas personas son extremadamente internas. Yo tuve un supervisor junguiano que es la persona más interna que he conocido. Estaba interesado en mirar su psique y aprender acerca de todos los pequeños detalles y rincones en su mente. Si le preguntaran de qué color tenía los ojos su esposa, probablemente no hubiera sabido, porque era información externa y él estaba interesado en el mundo interior.

Referencias

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