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HISTORIA DEL ARTE ANTIGUO EN EGIPTO Y PRÓXIMO ORIENTE

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TEMA 1. LOS FUNDAMENTOS DEL ARTE EGIPCIO 1 1. Egipto en su contexto 1

1.1. La cuenca del Nilo: Egipto en su medio geográfico 1 1.2. El poder faraónico y la administración del Estado. 1 1.3. La religión: el panteón egipcio y la vida de ultratumba 2

2. Los fundamentos del arte egipcio: un arte para la eternidad 2

2.1. Las construcciones del Mas Allá y las imágenes de la vida para después de la muerte. 2

3. El papel del artista 2

4. Cronología del arte egipcio 3

TEMA 2. DE LA ÉPOCA PREDINÁSTICA A LOS INICIOS DEL ARTE FARAÓNICO 4

1. La Arquitectura 4

1.1. La arquitectura doméstica y la codificación de las tipologías arquitectónicas predinásticas 4

1.2. Materiales y técnicas de construcción. 4

1.3. Las primeras moradas de los muertos: las mastabas de Abydos y Saqqara. 4

2. Las artes figurativas 5

2.1. Los materiales y técnicas 5

2.2. La importancia de la escritura en el arte egipcio 5

2.3. Los ajuares funerarios de los primeros enterramientos prehistóricos: Los inicios del arte pictórico 6

2.4. Mazas, cuchillos y paletas: La plástica egipcia a finales del Predinástico 6

2.5. Las paletas y estelas conmemorativas de la I Dinastía 7

TEMA 3. EL ESPLENDOR DE LA ÉPOCA DE LAS GRANDES PIRÁMIDES 8 1. Imhotep y el complejo simbóico-funerario de Zoser en Saqqara 8 2. Las tres pirámides de Snefru y su búsqueda de la perfección 9

(2)

4. Dinastías V y VI: las pirámides de Abusir y la creación del Templo solar. 12

TEMA 4. LAS ARTES FIGURATIVAS DEL IMPERIO ANTIGUO (III-VI D.) 14 1. La creación de un canon. Los primeros modelos de la estatuaria exenta.

14

2. Estatuaria real y privada. 15 2.1. La imagen del faraón 15 2.2. La escultura de la corte 16

3. Imágenes para la eternidad. Los relieves de las tumbas 18 3.1. La evolución de la técnica 18

3.2. Escenas y temas: el poder real, la religión y la vida privada 18

3.3. Los modos de representar: convencionalismos compositivos del relieve pictórico 18

4. La pintura del Imperio Antiguo 20

TEMA 5. HIPOGEOS, TEMPLOS DE AMÓN Y COLOSALISMO 22 1. Primeros hipogeos para el descanso de los nomarcas. 22

2. Necrópolis y templos del Imperio Medio 22

3. Los escasos restos del Segundo Periodo Intermedio 24 4. El Imperio Nuevo. 24

4.1. Tebas, la ciudad sagrada de Amón 25

4.2. El paréntesis urbanístico de Amarna y los templos ramésidas 28 4.3. Los speos colosales de Abu Simbel 30

4.4. La necrópolis rupestre del Valle de los Reyes 31 TEMA 6. LAS ARTES FIGURATIVAS 32

1. Las imágenes del Primer Periodo Intermedio 32 2. El clasicismo artístico del Imperio Medio. 32

2.1. El realismo de las imágenes regias y los nuevos modelos privados 32 2.2. El relieve y la decoración pictórica de la XII Dinastía 34

3. La decadencia de las formas. 35 4. El Imperio Nuevo. 36

(3)

4.1. La idealización regia y las estatuas votivas privadas 36 4.2. La revolución de las imágenes de Amarna 38

4.3. El regreso a la tradición figurativa 39

4.4. Tebas: relieves de expediciones y de batallas regias 41 4.5. El esplendor pictórico de las necrópolis. 42

TEMA 7. LA ARQUITECTURA EGIPCIA BAJO DOMINACIONES EXTRANJERAS 44

1. Nuevas y ancestrales formas de enterramiento durante el Tercer Periodo Intermedio 44

2. El renacimiento clasicista saíta y las actuaciones de la XXX Dinastía 45 3. La magnificencia de los últimos templos egipcios bajo dominio griego 46 TEMA 8. LAS ARTES FIGURATIVAS 51

1. El Tercer Periodo Intermedio 51

1.1. Las imágenes de las Dinastías Tanita y Libia 51

1.2. La escultura regia y privada de la Dinastía Kushita 52 2. La Época Tardía 53

2.1. El clasicismo escultórico de la Dinastía Saíta 53

2.2. Las artes figurativas desde la XXVII a la XXXI Dinastías 55 3. El Periodo Ptolemaico 56

3.1. La dualidad estilística de los nuevos modelos greco-egipcios 56 3.2. El ocaso de las artes figurativas egipcias 58

TEMA 9. EL ARTE SUMERIO 59

1. Sumer: Las primeras ciudades y su arquitectura 59

1.1. Arquitectura Religiosa: Los templos elevados y los templos bajos del período dinástico 59

1.2. Los Primeros Palacios 62

2. Las imágenes de los dioses y de los hombres 62

2.1. El Relieve Votivo y Ceremonial. El relieve histórico-narrativo 62 2.2. La Escultura Exenta 64

(4)

2.4. Los Ajuares Funerarios: El cementerio Real de Ur 66 TEMA 10. EL ARTE DE ACADIOS Y NEOSUMERIOS 67 1. Akkad: un arte al servicio del poder 67

1.1. Los Palacios del Reino 67

1.2. La Representación del Poder Real 68

2. El Renacimiento sumerio: Lagash y la Tercera Dinastía de Ur 69 2.1. La Política Arquitectónica de Ur-Nammu. El Ziguratt. 69

2.2. El Templo-Palacio de “Los Gobernadores” de Tell-Asmar 70

2.3. Lagash: Las estatuas de Gudea y la Escultura Neosumeria 71 2.4. El Relieve Histórico-Narrativo en la Tercera Dinastía de Ur 72 TEMA 11. EL ARTE ASIRIO 73

1. Asiria en la historia artística de Próximo Oriente 73 2. Las ciudades-palacio del I milenio a.C. 73

3. El relieve y la expresión del poder 75 TEMA 12. EL ARTE BABILÓNICO 76

1. La Babilonia del II milenio a.C.: el arte en su contexto 76

1.1. La Arquitectura paleobabilónica: Los Templos y el Palacio de Mari 76 1.2. La Babilonia de Hammurabi: El Relieve y la Estatuaria de Bulto Redondo

78

1.3. La Arquitectura Cassita: El Templo de Karaindash 79 1.4. El Relieve Cassita: Los Kudurru 80

2. La Gran Babilonia caldea. 80

2.1. La Ciudad y sus obras: Templos y Palacios en tiempos de Nabucodonosor II 81

TEMA 13. EL ARTE HITITA EN LA PENÍNSULA DE ANATOLIA 83 1. Los hititas en la Península de Anatolia 83

2. El arte del Imperio Hitita 83

2.1. Hattusa: La Capital Imperial y su Arquitectura 83 2.2. La Escultura Imperial 86

(5)

3.1. El Relieve Arquitectónico y la Escultura de Bulto Redondo 87

TEMA 14. EL MEDITERRÁNEO ORIENTAL: EL ARTE DE SIRIOS, FENICIOS Y PALESTINOS 89

1. Sirios, fenicios y palestinos en el Levante asiático 89 2. Ebla y la arquitectura de los palacios sirios: el bit-hilani 89 3. Los templos”in antis”de la arquitectura siria 90

4. Arquitectura en el país de Canaam: el templo de Salomón 91 5. El mundo de las imágenes en el Mediterráneo Oriental 92

6. Los objetos suntuarios 92

TEMA 15. EL ARTE DEL IMPERIO PERSA 94

1. La fundación de un gran Imperio: Medos y Persas en la Meseta de Irán 94

2. Los grandes palacios de la Persia Aqueménida 94

3. Las construcciones de uso funerario: Mausoleos e Hipogeos 96

4. El relieve arquitectónico: la decoración de los grandes palacios y de las estructuras funerarias 96

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El arte egipcio: Egipto desde la prehistoria al Imperio Antiguo

1.

LOS FUNDAMENTOS DEL ARTE EGIPCIO

1. Egipto en su contexto

1. La cuenca del Nilo: Egipto en su medio geográfico

Enclavado geográficamente en la zona nororiental de África, el territorio egipcio estuvo condicionado desde la Antigüedad por dos factores determinantes: el gran desierto del Sáhara y el estrecho y largo valle caudaloso del río Nilo. La región desértica carece de precipitaciones siendo una fuente importante de materias primas (piedra y minerales).

La presencia del Nilo transcurre a lo largo de más de mil kilómetros, determinando la existencia de dos regiones naturales claramente diferenciada: el valle fluvial cultivable entre desiertos o Alto Egipto, y el delta del río o Bajo Egipto. Los arqueólogos también diferencian una zona intermedia entre ambas: Egipto Medio. Egipto contó en su subsuelo con la presencia de numerosas materias primas como el pórfido, el granito, la diorita, el gres, la arenisca o la caliza.

2. El poder faraónico y la administración del Estado.

El natural aislamiento geográfico del país y la suficiencia de sus recursos naturales propició su larga continuidad cultural.

La estructura de la sociedad egipcia fue evolucionando con pequeñas variantes a lo largo de su historia. Durante la fase prehistórica el tipo de vida paso de ser nómada a agrícola y pastoril, mientras que a partir de la unificación política de sus dos grandes regiones comenzaron a crearse grandes aglomeraciones urbanas de carácter fortificado. El sistema político estuvo fundamentado desde sus inicios históricos en la existencia de una monarquía absoluta de carácter divino reuniendo en la persona del faraón el dominio político y las altas funciones religiosas y culturales. Al ser considerado como un dios en la tierra, era el único interlocutor válido entre los dioses y los hombres.

Por debajo del faraón se encontraba la nobleza, estamento formado por una minoría cortesana, la clase sacerdotal y los funcionarios estando algunos de estos vinculados con lazos de sangre con la monarquía. La mayoría de la población forma la clase social baja y en el último eslabón estaban los esclavos.

Administrativamente, el imperio faraónico estaba dividido en cuarenta y dos distritos administrativos o provincias denominados “nomos”. El control de éstos correspondía al visir.

El estado egipcio careció de una economía de mercado en la que existiera el libre cambio entre productores y consumidores, realizándose a menudo por el trueque. La actividad agrícola fue la base de la economía, siendo la ganadería la segunda. El transporte de materias cortas se realizó a lomos de bestias de carga, pero la principal vía de comunicación fue el Nilo.

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El arte egipcio: Egipto desde la prehistoria al Imperio Antiguo

3. La religión: el panteón egipcio y la vida de ultratumba

La religión jugó un importante papel en la concepción del mundo de los egipcios. El panteón egipcio contó con una serie de multiformes divinidades, agrupadas en tres sistemas cosmogónicos, cuyos principios formaron parte de la religión oficial desde los orígenes hasta su ocaso. Algunos de estos dioses tenían carácter principal mientras que otros eran divinidades locales.

Los egipcios también creyeron en la existencia de una fuerza cuya plena potencialidad se alcanzaba tras la muerte. Por ello la personalidad humana estaba compuesta de un cuerpo material (ka) y el segundo era el alma (ba). Para posibilitar el retorno del ba era imprescindible que el cadáver permaneciera incorrupto eternamente por lo que este principio se relacionó con la práctica de la momificación así como con la estatuaria funeraria, que sustituía al difunto en el caso de que la momia sufriera algún daño. Estas figuras se solían esculpir en materiales duros para evitar su fragmentación.

2. Los fundamentos del arte egipcio: un arte para la

eternidad

1. Las construcciones del Mas Allá y las imágenes de la vida para después de la muerte.

El estilo de las obras egipcias, que surgen de la experiencia religiosa de este pueblo creadas en honor de los dioses y faraones, se hallan definidas no sólo por el factor geográfico sino sobre todo por la religión, la monarquía y la tradición. Una gran parte del arte egipcio está motivada por la creencia en la existencia eterna del hombre lo que originó la creación de obras destinadas a perdurar tras la muerte. Así pues, con el fin de lograr la perdurabilidad de los difuntos, especialmente el faraón, la nobleza y sociedad dominante, los artífices egipcios construyeron tumbas en piedra, enterrándoles en el interior de bellos sarcófagos rodeado de un rico ajuar que evidencia el poder alcanzado por ellos en vida. El afán de reproducir en los enterramientos escenas cotidianas de la vida, es el principal responsable del interés de los pintores y escultores de recrear eterna y mágicamente la vida terrenal. En todas estas imágenes el artesano egipcio plasma elementos naturalistas constituyendo la concepción anatómica del cuerpo humano un claro precedente de los caracteres fundamentales que determinarán los inicios de la estatuaria griega.

Este sentido de orden y proporción les llevará a crear un canon de proporciones, casi inmutable, en el que se refleja la inalterabilidad del orden divino. Este canon, estuvo basado matemáticamente en la aplicación de figuras geométricas a las que debían adaptarse todas las creaciones. Esta regularización de las formas es la responsable de que todo el arte egipcio muestre una gran cohesión y continuidad estilística a través del tiempo.

3. El papel del artista

El arte egipcio es un arte colectivo y anónimo. El trabajo de los artífices de este arte, generó en la sociedad egipcia un gran respeto por la labor que realizaban

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El arte egipcio: Egipto desde la prehistoria al Imperio Antiguo

añadiéndose la connotación religiosa de ser éstos los encargados de crear obras destinadas a pervivir eternamente.

Otro concepto que permanece ausente es la noción de la belleza en sí misma, valorándose más que la creatividad e individualidad la pericia en su ejecución. Esta destreza y claridad formal condujeron a apreciar socialmente su trabajo, fabricándose valiosas muestras cuya finalidad principal fue la utilidad y durabilidad. El artesano quiso reflejar lo que consideraba como verdades eternas. A esta realidad debe sumarse la extrema especialización y jerarquización laboral que hizo que cada obrero se formar en campo artístico limitado, con lo que se evitó bruscos cambios estilísticos.

Aún así es posible detectar pequeños cambios iconográficos atribuibles probablemente al maestro artesano, posibilitando la aparición de ejemplares con un toque de originalidad añadido al estilo distintivo de su etapa.

4. Cronología del arte egipcio

1. Período Prehistórico – Predinástico: entre el 7.000 y el 3.000 a.C. Fase preparatoria.

2. Período Dinástico Temprano – Arcaico – Protohistórico… Entre 3.168 y 2.705 a.C., la civilización fue desarrollando logros sociales y artísticos.

3. Imperio Antiguo – Periodo Menfita: entre el 2.705 y 2.250 a.C. Esta etapa coincide con el momento cumbre del poder de la monarquía. A finales del período el poder del faraón se desestabiliza, conduciendo al desmoronamiento de la monarquía. Dinastías III a VI.

4. Primer Período Intermedio: entre 2250 y 2035 a.C. Inestabilidad política, el poder pasa a manos de las noblezas provinciales, desintegrándose el estado y la paralización de las artes. Dinastías VII a X.

5. Imperio Medio: entre el 2035 y 1668 a.C. Se restaura el orden y el prestigio de la monarquía. Dinastías XI a XIII.

6. Segundo Período Intermedio: entre 1.720 y 1550 a.C. Nueva inestabilidad política e invasión de los pueblos hicsos que fundan dos dinastías de la XV a la XVI. De las dinastías XIV a la XVIII.

7. Imperio Nuevo: entre 1552 y 1070 a.C. Invasión de los hicsos, período de máxima riqueza, expansión y arte. Dinastías XVIII a XX.

8. Tercer Período Intermedio: entre 1070 y 664 a.C. Declive político del reino. Surgen dinastías de origen libio y nubio hasta que los asirios conquistan Menfis. Dinastías XXI Tanita, XV Kushita y XXVI Saíta.

9. Período Tardío: entre 525 y 332 a.C. Los faraones no consiguen detener las sucesivas invasiones de pueblos extranjeros, terminando con la expulsión de éstos por Alejandro Magno en 333 a.C., pasando a formar parte del mundo helenístico. 10. Época Ptolemaica, del 317 a.C. hasta el 30 a.C., Egipto termina convirtiéndose

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El arte egipcio: Egipto desde la prehistoria al Imperio Antiguo

2.

DE LA ÉPOCA PREDINÁSTICA A LOS INICIOS DEL

ARTE FARAÓNICO

1. La Arquitectura

1. La arquitectura doméstica y la codificación de las tipologías arquitectónicas predinásticas

En el Alto Egipto, las poblaciones nómadas del Neolítico pleno, levantaron sus viviendas con estructuras endebles, de maderas ligeras y toldos para facilitar su movilidad. Al norte del país, en la zona del Delta, se han hallado estructuras más firmes que evolucionaron hacia una edificación completa de barro con muros reforzados.

Las casas eran sencillas construcciones de planta rectangular y paredes curvas con anchas puertas y pequeñas ventanas. Por las maquetas que se conservan, se deduce que en la I Dinastía estaban cubiertas con techumbres planas (fig. 1)

En cuanto a la arquitectura palacial, sólo se vislumbran las formas tipológicas de los primeros palacios por los muros de adobe de la cámara pintada de Hieracómpolis. Rodeada por una muralla de adobe tenía un templo dedicado a Horus del que poco se sabe. Sólo se puede intuir las características de los santuarios arcaicos por representaciones y escasos restos.

2. Materiales y técnicas de construcción.

El elemento constructivo fundamental en este periodo será el adobe. Se fabricaba con una masa de barro de limo, mezclada con arena y se dejaba secar al sol. El barro también se utilizó en elementos decorativos de las fachadas. La piedra será otro material predominante. Se usaba para pavimentos, muros de carga o fachadas, empleándose principalmente la caliza blanca. Los egipcios fueron adquiriendo progresivamente un dominio mayor en el corte, talla y transporte de la piedra y se reservará para tumbas y templos, mientras que el adobe se destinará a la arquitectura doméstica. La madera también fue utilizada, pero en menor medida debido a la escasez de ese material, para techumbres y revestimiento de paredes.

3. Las primeras moradas de los muertos: las mastabas de Abydos y Saqqara.

Durante el Periodo Arcaico se unificaron los estilos arquitectónicos del norte y del sur del país. La arquitectura funeraria ostentará desde entonces una doble función de propaganda y morada del rey en el Más Allá, donde continuará ejerciendo su poder. En los enterramientos erigidos por los faraones de las dos primeras dinastías existe una dualidad (excepto Narmer) hallándose dos tumbas erigidas posiblemente con la intención de gobernar a su muerte en ambas tierras unificadas. Una primera tumba simbólica en Abydos, como cenotafio, la segunda en Menfis dónde se colocó el cuerpo del faraón.

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El arte egipcio: Egipto desde la prehistoria al Imperio Antiguo

El tipo arquitectónico funerario más utilizado en este periodo es la mastaba, una edificación con forma troncopiramidal con paredes en talud y base rectangular (fig. 2). La mastaba más antigua del cementerio de Abydos es la del rey Narmer y la primera erigida en Saqqara es la de Aha.

Las tumbas más primitivas eran modestas fosas excavadas a pocos metros bajo tierra y divididas en varias salas mediante muros de adobe. La habitación central era la cámara funeraria rodeada de otras salas dónde se depositaban víveres y el ajuar (fig. 3) Sobre la superficie se levantaba la mastaba en adobe. Las paredes de las fachadas de las tumbas de Saqqara, denominadas “Fachadas palaciales”, formaban resaltes con nichos y estaban ricamente decoradas y policromadas (fig. 4). En el interior de la mastaba se ubicaba un nicho en la cara oriental. Estas capillas se concibieron para que los familiares depositaran las ofrendas y se adornaron con una o dos “falsas puertas”, decoradas con relieves policromados por las que el Ka del difunto podía entrar y salir (fig. 5).

Dentro del muro que protegía el reciento se excavaron tumbas más pequeñas para las mujeres y esclavos del difunto. En la Tumba de Udimu en Abydos han aparecido más de 130 enterramientos de sirvientes (fig. 6). Esta costumbre desapareció con la I Dinastía.

Con el paso del tiempo la mastaba se fue enriqueciendo mediante el aumento de salas y decoración, Cementerio de Abydos (fig. 7). A medida que se hicieron frecuentes los saqueos de los ajuares se mejoraron los sistemas de seguridad.

2. Las artes figurativas

1. Los materiales y técnicas

Las piedras blandas se trabajaron con las mismas herramientas que empleaban los carpinteros (fig. 9) mientras que las piedras duras requerían de métodos más complejos, sobre todo en la extracción de los grandes bloques.

Estos bloques una vez arrancados se trabajaban con mazos de pedernal y con guijarros muy duros. Tras alisar su superficie se procedía al pulido final de la obra mediante la utilización de fuertes estregaderas de cuarcita o con fina arena de cuarzo a modo de raspador.

El escultor egipcio creó bellas piezas utilizando el barro, la madera el marfil y los metales que le permitieron liberar los miembros de las figuras dándoles una mayor movilidad. (Ver detalle)

2. La importancia de la escritura en el arte egipcio

En Egipto existieron tres tipos de escritura: la jeroglífica, la hierática y la demótica. La jeroglífica es la más antigua. Basada en un sistema mixto ideográfico y consonántico, puede mostrarse en vertical u horizontal. Dentro de este tipo aparece una variante la jeroglífica cursiva, utilizada en textos religiosos desapareciendo en el primer milenio a.C.

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El arte egipcio: Egipto desde la prehistoria al Imperio Antiguo

La escritura jeroglífica acompañó tanto a las realizaciones arquitectónicas como a las imágenes escultóricas y pictóricas, proporcionado una valiosa información que permite conocer la identidad y significado de cada una de las obras.

La escritura hierática es una adaptación simplificada de los jeroglíficos y se empleó preferentemente en textos literarios, científicos y religiosos.

La escritura demótica fue utilizada sobre todo en asuntos de la vida cotidiana. La belleza con que fueron esculpidos y coloreados los jeroglíficos constituyen por sí mismo una de las principales características de calidad de las obras y completan su significado.

3. Los ajuares funerarios de los primeros enterramientos prehistóricos: Los inicios del arte pictórico

La etapa del Periodo Predinástico, comprendida entre los años 3500 y 3100 a.C., corresponde al desarrollo de la cultura Gerzeense o Nagada II. Los enterramientos fueron de mayor tamaño y albergaron ajuares funerarios más amplios que en etapas anteriores. Los artesanos de este periodo fabricaron numerosas cerámicas como cuencos de color negro con motivos incisos rellenos de pasta blanca, o vasos de forma ovoide decorados con dibujos de líneas rojas. Los temas de estos vasos reproducen escenas de culto, temas vegetales, animales, humanos o embarcaciones.

En la Tumba nº 100 de Hieracómpolis aparece en sus muros escenas de lucha entre hombres armados e imágenes de barcas. También aparece el principio de proporción jerárquica. Este tema originará la concepción del monarca como persona que domina las fuerzas del mal y garantizar el bienestar. Todas estas figuras fueron pintadas con colores planos y formas esquematizadas. También aparecen figuritas femeninas realizadas en arcilla.

4. Mazas, cuchillos y paletas: La plástica egipcia a finales del Predinástico

A finales del IV milenio a.C., periodo Protodinástico, se produce una expansión del Alto Egipto hacia el Bajo Egipto, iniciándose el proyecto de unificación. Narmer fue el fundador de la I Dinastía y se le ha adjudicado la unificación del Alto y Bajo Egipto.

En este periodo aparecen obras de carácter escultórico decoradas con bajorrelieves y ejecutadas en diferentes soportes, como piedra y marfil en cuchillos, paletas o mazas votivas.

Destaca el Cuchillo de Gebel el Arak, de uso ritual y ceremonial. Con mango de marfil y hoja de sílex

También destaca la Maza conmemorativa del Rey Escorpión, en la que se le muestra con el tocado del Alto Egipto. Además de constatar su nombre, su tamaño es mayor que el resto de los personajes.

En la Paleta del Campo de Batalla o León Vencedor, se conmemora la derrota de un pueblo libio. Es una escena guerrera con personajes vencidos de rastros negroides.

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El arte egipcio: Egipto desde la prehistoria al Imperio Antiguo

En esta paleta la cabeza de los personajes se representa de perfil mientras que los ojos aparecen de frente, uno de los convencionalismos más característicos del arte egipcio.

También destacan la Paleta de los chacales o la Paleta de la caza del león.

En la Paleta del Toro, se representa el triunfo del este simbólico animal sobre un enemigo, iniciándose en ella un motivo iconográfico que trascenderá a época faraónica. Los monarcas utilizarán el título de “Toro del Gran Poder”.

5. Las paletas y estelas conmemorativas de la I Dinastía

En escultura se crearon paletas de pizarra que conmemoraban éxitos bélicos. Entre estas destaca por la importancia del tema desarrollado y la perfección de la ejecución del relieve la Paleta del faraón Narmer. En ambas caras se representa al faraón conmemorando una victoria sobre los enemigos (poblaciones que no habían aceptado el proceso unificador). En esta obra además de definir la ideología sobre la que se sustenta el concepto de realeza egipcia, se determinan las características esenciales del arte figurativo faraónico.

De la tumba del faraón Djet, (cuarto de la I Dinastía) procede la parte superior de la estela conocida con el nombre de Estela del Rey Serpiente. Fabricada en piedra caliza. En ella se muestra al monarca como representante de Horus, bajo la forma de halcón posado sobre un rectángulo que alberga en su interior una serpiente y la fachada de un palacio fortificado.

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El Imperio Antiguo

3.

EL ESPLENDOR DE LA ÉPOCA DE LAS GRANDES

PIRÁMIDES

1.

Imhotep y el complejo simbóico-funerario de Zoser en Saqqara

El primer gran gobernante de la III Dinastía el faraón Zoser tuvo a su servicio a Imhotep cuyo nombre es el primer conocido en la Historia del Arte.

Imhotep creó para Zoser, en el primer año de su reinado, en Menfis un complejo funerario propio dentro de la necrópolis de Saqqara. El enorme recinto rectangular estaba rodeado por una muralla de caliza blanca, con más de doscientos bastiones. Emulando a las míticas “Murallas Blancas” de Menfis se levantó un perímetro de kilómetro y medio de largo, con trece falsas puertas y un único portal de entrada, un pequeño vano sin batientes (fig. 1). A través de un estrecho pasadizo se accede a una especie de sala hipóstila formada por cuarenta columnas fasciculadas, enfrentadas en dos filas, y adosadas a muros. Son las primeras columnas en piedra del arte egipcio (fig. 2)

Esta columnata conduce a un primer patio que conduce a otro más grande, limitado por dos piedras en sus extremos, que señalan el recorrido del faraón en la celebración de su doble coronación y la renovación de sus poderes en la fiesta Heb-Sed. Se han hallado en la tumba sur, representaciones del rey ataviado con la corona blanca, corriendo desnudo y empuñando el flagelo. Estos festivales se realizaban para celebrar el rejuvenecimiento del faraón, ciñéndole la doble corona tras haber recuperado la energía tras la carrera.

En el patio se ubicaba la Tribuna de la Coronación, flanqueada por dos hileras de santuarios que contenían los dioses del Alto y Bajo Egipto, con una función meramente simbólica. Casi todas sus fachadas incorporan tres esbeltas columnas que aparentan sustentar la cornisa curva del techo (fig. 3).

El conjunto se ideó como un complejo para celebraciones (fig. 4)

Domina el complejo la Pirámide escalonada de Zoser (fig. 5). Es la primera construcción realizada en piedra tallada y de base casi cuadrada del Antiguo Egipto. El proyectó se fue alterando a medida que avanzaba la construcción, ampliándose sus lados y altura, superponiendo mastabas hasta conseguir una pirámide de piedra caliza pulida de seis escalones, sobrepasando su altura de los setenta metros y siendo visible desde el exterior de la muralla. Los lados de esta pirámide están orientados a los cuatro puntos cardinales.

En su interior once pozos dan acceso a galerías excavadas en la roca, y conducen a salas mortuorias de los familiares. Se han hallado salas ricamente decoradas reproduciendo los interiores de los palacios, y varios almacenes para los vasos canopos y vasijas de cerámica. La cámara del sarcófago de Zoser está situada en el centro de la pirámide, construida en granito macizo recubierto de yeso y sellada con un cierre de rastrillo.

Dentro del recinto se encuentra una mastaba llamada Tumba del Sur, coronada por un friso de cobras, cuya función es desconocida (fig. 6)

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El Imperio Antiguo

Adosado al primer escalón de la fachada norte de la pirámide se encuentra el templo funerario, que reproducía el palacio real de Zoser, con una puerta pétrea abierta permanentemente. En sus inmediaciones se encuentra el Serdab, cámara cerrada de pequeñas dimensiones, con dos óculos que permitían observar el exterior y recibir ofrendas a la estatua sedente del faraón (ka), como caja protectora de la eternidad del alma real (fig. 7).

2.

Las tres pirámides de Snefru y su búsqueda de la perfección

Tras la construcción de la Pirámide de Zoser, la piedra quedó reservada como materia de la morada eterna y de los recintos sagrados, y la tipología de mastaba fue abandonada como enterramiento real.

La siguiente etapa evolutiva en la construcción de las pirámides fue la Pirámide Acodada mandada construir por el primer faraón de la IV Dinastía, Snefru. (fig. 9). Supone un paso intermedio entre la pirámide escalonada y la clásica de caras lisas. En la Acodada, las caras se articulan mediante una doble pendiente, disminuyendo el ángulo en la mitad superior, debido a un cambio en el proyecto de construcción, tras fallar al aumentar la altura.

Posee dos cámaras funerarias a las que se accede por dos entradas, situadas en dos caras diferentes y a varios metros del suelo. Los corredores de acceso a las cámaras están cubiertos con bóvedas escalonadas por aproximación de hiladas. El exterior aún conserva gran parte del revestimiento original.

La Pirámide Acodada pertenece a un complejo funerario rodeada por una muralla, con una pirámide satélite para albergar las vísceras del faraón y dos templos con exuberante ornamentación, comunicados por una larga calzada procesional bordeada con muros laterales.

El primer templo se compone de un vestíbulo con dos cámaras, un patio abierto que da acceso a la sala hipóstila con relieves procesionales y cinco estatuas de gran tamaño de Snefru en nichos en la pared del fondo.

El segundo templo está adosado a la pirámide y es más modesto. Dentro de un recinto acotado de adobe, el templo se abre a un vestíbulo que da acceso a una cámara con un altar de piedra para depositar ofrendas y dos estelas de nueve metros con inscripciones.

Durante el reinado de Snefru se construyeron dos palacios reales y otras dos pirámides: la de Meidum y la Roja. La cronología parece ser que se inició el proyecto de Meidum abandonándose posteriormente y levantándose la Acodada y la Roja.

La Pirámide de Meidum, fig. 11.

Ubicada en El Fayum, fue una transformación de una pirámide anterior escalonada de ocho gradas (Uni), rellenándola con piedra local. Su base es un cuadrado perfecto de 146 metros de lado. Por primera vez la cámara sepulcral dejó de estar excavada en el subsuelo, incorporándose a la estructura maciza de la pirámide, descargando el peso mediante una bóveda de aproximación de hiladas. La entrada

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El Imperio Antiguo

El complejo funerario está integrado por un templo erigido como embarcadero en la orilla del río. Se comunica con un segundo templo funerario de tamaño reducido y adosado a la pirámide (utilizado como taller de los operarios), con una larga calzada ascendente (fig. 12).

Ambos templos, una vez terminada la construcción, asumieron funciones simbólicas. También integran el complejo una segunda pirámide más pequeña y una necrópolis de mastabas para los altos cargos.

La Pirámide Roja, Dashur, fig. 13

Su nombre se debe al paramento de granito rojo utilizado. Es la primera pirámide de forma geométrica de paredes lisas perfectas y es la tercera más grande del arte egipcio.

Se levantó con una pendiente inferior a las anteriores, para prevenir los problemas de estabilidad, construyéndose con hiladas de grandes bloques pulidos. La cámara funeraria, a ras de suelo, precedida de antecámaras está cubierta con una bóveda escalonada de piedra caliza. Se accedía al templo funerario a través de una calzada.

3.

Las grandes pirámides de Gizeh

Tipología de complejos funerarios en el Imperio Antiguo, fig. 15

Pirámide principal con acceso desde la cara norte, rodeada por un reciento amurallado. Otras pirámides satélites destinadas al culto o enterramiento de las esposas reales. Un templo alto funerario unido por una larga calzada procesional cubierta y con paredes decoradas al templo del valle. Las barcas solares enterradas en fosos y una serie de talleres para el abastecimiento de las obras.

Gran Pirámide de Gizeh, fig. 16

Mandada erigir por Jufu, hijo de Snefru. El arquitecto del “Horizonte de Khufu”, fue Hemiunu. Es la más antigua y mayor de la Necrópolis de Gizeh. Jufu centralizó en su enterramiento todos los programas constructivos de sus antecesores.

Su interior, sometido a variaciones, consta de tres cámaras sepulcrales con una única entrada en el lado norte, (fig. 17). Un corredor en rampa ascendente conduce a una primera cámara subterránea excavada en el subsuelo pero un cambio en la planificación la dejo inacabada. Se abrió entonces un brazo ascendente en el corredor de entrada, que se bifurcaba en dos pasadizos. El primero, horizontal, conduce a la Cámara de la Reina situada en el centro de la pirámide, concebida probablemente para albergar la estatua del Ka del faraón. El corredor ascendente continúa ampliándose a la Gran Galería, con paredes de piedra caliza pulida formando una falsa bóveda por aproximación de hiladas, cubierta por losas planas a ocho metros de altura (fig. 18). La Cámara del Rey tiene planta rectangular, orientada a los puntos cardinales, con paredes de granito. Contiene un sarcófago que tuvo que ser colocado durante la construcción y carente de decoración. Sobre el techo se abrió una cámara con cinco compartimentos de descarga a dos aguas. De la Cámara de la Reina y de la Cámara del Rey parten los mal llamados Conductos de Ventilación, cuyo uso es discutido por ser un elemento anómalo.

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El Imperio Antiguo

En el lado este de la Gran Pirámide se levantó el templo funerario que constaba de un patio rectangular rodeado por un pórtico sostenido por pilares, decorados sus muros con finos relieves por el que se accedía a una estancia para ofrendas (fig. 20), actualmente en ruinas.

En el siglo XX se halló oculta bajo uno de los fosos la Barca Solar de Keops (fig. 21) utilizada por el faraón en su viaje al Más Allá.

Rodeando a la pirámide por dos de sus lados se encuentra una extensa necrópolis ordenada por calles de trazado regular. Las mandó construir el faraón para su familia y los altos funcionarios de la corte. Al este de pirámide se levantaron para las esposas del faraón otras tres pirámides satélite, de caras lisas más pequeñas y mastabas para sus hijos. Las mastabas responden a la tipología de la IV Dinastía: volúmenes limpios de caliza en talud sin decoración, con ausencia de capilla para ofrendas y serdab para la estatua del difunto.

Pirámide de Kefrén, fig. 22

Levantada por Kefrén en la IV Dinastía. Está situada junto a la de Keops en una zona más elevada de la meseta. Conserva en su cúspide parte del revestimiento original. Posee dos accesos en la cara norte cuya explicación se desconoce. Se construyó basándose en los cálculos del “triángulo sagrado egipcio”. La cámara mortuoria está excavada en la roca, en la base y eje vertical de la pirámide. Está cubierta con un techo de dos enormes losas de granito colocadas a dos aguas, custodiando un sarcófago de granito negro. Al sur se encuentran los restos de la pirámide satélite.

El templo funerario de Kefrén está adosado a la cara oriental de la pirámide. Planta rectangular con tres zonas públicas: salón de entrada, patio descubierto y cinco nichos para estatuas. Delante de los salones de entrada se encuentran el vestíbulo y las celdas destinadas al depósito de las vísceras y ritos funerarios. Una ancha calzada procesional de 500 metros de largo, techada y decorada con relieves, comunica el templo funerario con el Templo del Valle.

El Templo del Valle de planta cuadrada con muros exteriores lisos y ciegos en talud. El templo inferior contaba con un embarcadero para la recepción, momificación y ceremonias fúnebres. Tenía dos puertas simbolizando el Alto y Bajo Egipto, custodiadas por dos pares de esfinges recostadas, y una naos cuadrada en el medio. Unos vestíbulos daban paso a una antecámara en la que se encontró una estatua del faraón en diorita verde. De aquí se accede a una sala hipóstila con forma de T invertida sostenida por pilares monolíticos de sección cuadrada, revestidos con granito rojo, carentes de capiteles y decoración. El pavimento está constituido por anchas losas de alabastro con veintitrés estatuas de Kefrén rodeando los muros (fig. 23)

La Esfinge de Gizeh (fig. 24) tiene una altura de veinte metros y está tallada in situ a partir de una montaña natura de roca caliza. En la antigüedad estuvo policromada. No tiene ninguna inscripción alusiva al faraón que la mandó construir. Pirámide de Mikerinos, fig. 25

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El Imperio Antiguo

Es la más pequeña de las pirámides de Gizeh. Es conocida como la “Pirámide divina”, posiblemente por su revestimiento polícromo de granito rosa de las canteras de Asuán, basalto negro y el resto de caliza de Tura. Tiene dos cámaras funerarias subterráneas. Los templos funerario y del valle, de adobe, están unidos entre sí por la calzada procesional.

El sucesor de Mikerinos, Shepseskaf, fue enterrado en una mastaba en Saqqara, abandonando Gizeh como lugar de enterramiento real, convirtiéndose éste como lugar de culto y asociándose a la mítica colina primigenia desde la que el alma de los reyes ascendía a los cielos para unirse a Ra. Fig. 26.

4.

Dinastías V y VI: las pirámides de Abusir y la creación del Templo solar.

Durante la V Dinastía se produce un culto progresivo al dios Ra de Heliópolis, al que se dedicaron templos en Abusir y al que se vinculó la imagen del faraón como “Hijo de Ra”. El legado arquitectónico de la V Dinastía se concentra en su “Necrópolis de Abusir” en Menfis.

Las pirámides de esta dinastía son más modestas que las de Gizeh. Sin embargo, aumenta la complejidad de sus cámaras funerarias (profanadores) y del tamaño de sus templos funerarios. La arquitectura irá perdiendo progresivamente la sobriedad de la IV Dinastía y ganará en ornamentación y refinamiento como respuesta a los nuevos rituales. Igualmente aparecen los llamados “Textos de las Pirámides” un conjunto de textos rituales escritos en los muros interiores de las cámaras funerarias.

Pirámide de Sahure, fig. 27

Fundador de esta necrópolis. El templo del valle está casi destruido en su totalidad. Sobresale por su complejidad arquitectónica, la riqueza de los materiales de su construcción y la calidad de sus relieves que reproducían un microcosmos.

Se componía de un vestíbulo cubierto con bóveda que daba entrada a un patio descubierto con columnas, pavimento de basalto negro pulido y altar central, ambos decorados con finos relieves del faraón.

Las columnas reproducen elementos vegetales. Del patio se accedía a una cámara con cinco hornacinas para estatuas y al fondo se ubica un santuario abovedado y adosado a la pirámide para realizar ofrendas funerarias.

La Pirámide de Neferirkare (fig. 28), es la mayor del complejo y escalonada por falta de revestimiento; la de Neferefre, es una mastaba cuadrada; y la de Neuserre, completan la Necrópolis, fig. 29

Los últimos faraones de la V Dinastía abandonaron Abusir y retornaron a Saqqara. Destaca en la pirámide de Unas las primeras fórmulas de invocación en los llamados Textos de las Pirámides, en los muros de las antecámaras y la cámara funeraria, ricamente decoradas.

Las mastabas de los altos mandatarios recuperan la complejidad y esplendor, reproduciendo los interiores de los palacios y la estructura del Serdab. Algunas

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El Imperio Antiguo

superan incluso en tamaño a las pirámides de los faraones de las Dinastías V y VI, fig. 30.

La mayor aportación de la V Dinastía sea la creación de la nueva tipología de Templo Solar. El dios Sol ya no moraba en el oscuro santuario del Primer Templo, sino que era adorado bajo el cielo abierto, en espacios con predomino del vacío frente a lo compacto, construidos con piedras de gran calidad y fuerte policromía. Cumplían a la vez la función de templos funerarios.

Eran edificios descubiertos carentes de naos, alrededor de un patio claustral que contenía su emblema, un gran pilar rectangular llamado ben-ben y culminado por un “piramidón” sobre el que simbólicamente descansaba el sol.

Templo de Neuserre, Abu Gurab, fig. 31

El santuario se enmarcaba en un recinto rectangular en cuyo interior se alzaba sobre un podio en un extremo el ben-ben (C), junto a un altar de alabastro descubierto llamado “heliopolitano”, ubicado en el centro y cerca del emplazamiento para los sacrificios de animales (A). La galería que bordeaba el patio (B), estaba profusamente decorada con relieves rituales. Daba acceso a la “Sala de las Estaciones”, donde se representaban los trabajos agrícolas en agradecimiento a Ra. Una rampa cubierta comunicaba el recinto con el pórtico de acceso (nº1).

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El Imperio Antiguo

4.

LAS ARTES FIGURATIVAS DEL IMPERIO ANTIGUO

(III-VI D.)

1. La creación de un canon. Los primeros modelos de la

estatuaria exenta.

El empleo de la piedra a partir de la III Dinastía potenció la escultura en bulto redondo y en relieve, ejecutándose efigies exentas que se depositaban en el interior de las tumbas en sustitución del ka del personaje enterrado en ella, así como bajorrelieves con escenas alusivas generalmente a su vida terrenal y a la de ultratumba.

Las esculturas exentas buscan intencionadamente representar la esencia de los objetos, creándose un canon ideal del cuerpo humano representado de pie, determinando las pautas escultóricas durante los tres milenios de la historia egipcia. Dicho canon se aplicó igualmente a imágenes bidimensionales y a las tridimensionales.

La estatuaria del I. Antiguo exhibe un marcado carácter cúbico, derivado del concepto de universo y de su ubicación en los muros de templos y tumbas.

Las estatuas individuales de este imperio son casi siempre masculinas con rasgos juveniles y gruesos cuerpos, aludiendo al nivel social alcanzado. Normalmente están dispuestas de pie, en otras ocasiones sentadas en una silla o con las piernas cruzadas como los escribas, llevando en las manos un bastón u objeto alusivo a su rango.

En las estatuas femeninas las mujeres son representadas en la plenitud de su juventud, y cuando están en un grupo escultórico junto a un hombre, su cuerpo refleja la diferencia de masa corporal entre ambos sexos. Frecuentemente en estos conjuntos se las representa a una escala menor que la real, abrazando el torso o una pierna del varón, diferenciándose apenas de la talla de sus hijos.

Durante esta etapa se estableció un número definido de representaciones escultóricas exentas las cuales se componen de dos modelos diferenciados: la estatua sedente y la estatua de pie en actitud de caminar. Existen también variantes del primer tipo, como las estatuas de escribanos, o combinaciones de ambos modelos en las denominas tríadas, así como otras imágenes que adoptan otras posturas como los personajes arrodillados.

Las representaciones sedentes son de proporciones compactas y de carácter estático, al englobarse los contornos dentro del espacio cúbico definido por la base y el asiento. Este estatismo puede romperse mediante asimetrías de la colocación transversal de una de las extremidades superiores, normalmente cruzada sobre el pecho, aunque hay ejemplares con ambos brazos cruzados (fig. 1).

En las estatuas de pie en actitud de caminar, el eje vertical de las efigies masculinas se prolonga desde el pilar dorsal hasta la pierna derecha, al tiempo que la izquierda se alarga para dar un paso adelante en el momento previo al desplazamiento. Esta tensión entre reposo y movimiento también se evidencia en la

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El Imperio Antiguo

expresión del rostro, y sobre todo en la disposición de los hombros y brazos, cuyas manos aparecen con los puños cerrados. Algunas de las representaciones faraónicas se tallan con el puño cerrado pero horadado en su interior, para permitir la introducción en él de un centro de madera u otro objeto independiente.

Las figuras femeninas con actitud de caminar adoptan la misma postura que las masculinas pero suelen ser de menor tamaño y muestran más restringido el movimiento, colocándose inmóviles y con los pies casi juntos.

En la estatuaria del I. Antiguo el escultor tiende a ocultar la espalda del personaje mostrándole sentado en un trono, contra una losa de piedra o apoyado en una columna, utilizando estos soportes para disponer inscripciones jeroglíficas que aluden a la identidad del retratado.

2. Estatuaria real y privada.

1. La imagen del faraón

Estatua sedente del faraón Zoser, D. III, Saqqara, fig. 3

Obra de tamaño natural, esculpida en piedra caliza policromada. De carácter cúbico y monumental, presenta formas cerradas y macizas en las tres caras del bloque que remiten al arcaísmo. El monarca aparece severo y majestuoso, con la cabeza encajada entre los hombres a causa del peso del tocado, que le cubre la peluca, y a la barba postiza.

Los ojos, ahora perdidos, eran de cristal de roca, dando un aire sombrío y distante. El cuerpo de Zoser está cubierto con la capa del jubileo, llegándole hasta los anchos pies, y el brazo derecho lo tiene plegado sobre el pecho con la mano cerrada, mientras que el izquierdo se extiende sobre el muslo con la mano abierta. Es una escultura totalmente frontal, inmóvil y serena.

La estatuaria de la IV Dinastía ofrece un modelo idealizado manteniendo el parecido con el personaje, al estar pensada como su sustituto. Las composiciones empiezan a perder la pesadez en beneficio de una mayor ligereza y naturalidad de las formas, recibiendo especial atención el rostro, como medio de identificación junto con la inscripción jeroglífica.

Estatua sedente del faraón Kefrén, D. IV, fig. 5

Obra cumbre, procedente del valle de Gizeh. Realizada en diorita finamente pulida. Representa la apoteosis de la majestad divina en el antiguo Egipto. El monarca aparece sentado sobre un trono sostenido por dos leones, cuyo respaldo le llega hasta los hombros, teniendo los brazos apoyados sobre los muslos en postura de rígida simetría. Detrás del “nemes” aparece el dios Horus bajo la forma de halcón protegiendo la cabeza del faraón, divinidad de la cual Kefrén es su encarnación. Su cuerpo se viste con un faldellín corto y plisado, el rostro adornado con la barba postiza y se muestra sutilmente sonriente. Es una imagen idealizada, hierática y serena. Transmite una sensación de realismo comedido sin plasmar sentimientos ni emociones.

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El Imperio Antiguo

Obra inacabada en la que el faraón aparece con su reina principal, la cual adopta la misma postura masculina que su esposo. Esculpidas en bulto redondo, se muestran de frente apoyadas en un pilar central, yuxtaponiéndose sus cuerpos gracias al abrazo de la reina que ciñe con sus brazos el tronco del faraón. Los rostros, idealizados y distantes, están más humanizados y la maestría del tratamiento anatómico evidencia el nivel de perfección alcanzado por los escultores reales. Tríadas de Mikerinos, D. IV, fig. 6

Procedentes del templo del valle, realizadas en esquisto. Son el primer ejemplo de representación del faraón en compañía de deidades. Son representaciones frontales, ejecutada en un altorrelieve próximo al bulto redondo, en las que los cuerpos se funden dorsalmente con la losa de esquisto sobre la que se apoyan. En la Tríada del Museo del Cairo, el faraón está tocado con la corona del Alto Egipto, de pie en actitud de caminar, flanqueado por la diosa Hathor a su derecha y por una divinidad local a la izquierda. Ambas le agarran con sus brazos en actitud protectora. El rostro del monarca porta la barba postiza y viste un faldellín plisado mostrando un atlético cuerpo contrastando con la fina anatomía femenina que se trasluce bajo los ropajes de las diosas. Los pies de Hathor se separan ligeramente, mientras que los de la diosa local están juntos.

La Tríada del Museo de Boston, es un audaz intento de unión entre una figura de pie y otra sentada y sirvió como modelo a futuras representaciones de la estatuaria privada de personajes emparejados.

Durante la V y VI Dinastías la estatuaria real se mantuvo sin grandes variantes. Aún así mostró una serie de estacadas innovaciones como la aparición de estatuas colosales faraónicas y la forma de tallar los rostros, con la ceja y la línea cosmética pintada del ojo, que ahora se hacen en bajorrelieve. De esta etapa destaca la Cabeza del faraón Userkaf, D. V, fig. 7.

De la dinastía VI se conservan dos expresivas Estatuas del faraón Pepi I, procedentes del templo de Hieracómpolis. Ambas imágenes se hallaron una dentro del tórax de otra. Están huecas y fueron ejecutadas con planchas de cobre batido. Se utilizaron otros materiales como el yeso dorado para formar la corona y faldellín, o la piedra calcárea y la obsidiana para hacer los incrustados de los ojos.

2. La escultura de la corte

El principal material utilizado es la piedra caliza, que se pinta con los colores convencionales: oscuros para la piel del hombre y más claros para la mujer. Se incorpora la madera que es más moldeable que la piedra y que permite la policromía en su acabado.

En las representaciones masculinas el difunto está sentado en una silla con el torso desnudo, cruzando un brazo sobre el tronco y apoyando el otro en el muslo con la mano abierta o cerrada. Las piernas terminan en gruesos tobillos y grandes pies, mientras que la cabeza que suele ser grande con un detallado peinado se sustenta sobre un cuello corto. Las representaciones femeninas son similares a las masculinas, pero su anatomía se percibe bajo finas vestimentas con las que se cubren, destacando las joyas y otros detalles que la adornan.

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Estatuas sedentes de Rahotep y Nofret, fig. 8

Finales de la III D, comienzos de la IV. Son representaciones cúbicas de piedra caliza policromada con los colores convencionales. Los personajes forman un solo cuerpo con sus respectivos pedestales y asientos de respaldo alto. Rahotep viste faldellín y Nofret una túnica ajustada ambos de color blanco. Los rostros son especialmente expresivos y vivos gracias a los ojos de cristal de roca que están encajados en marcos metálicos. La pesadez de las formas de Nofret está acentuada por la voluminosa peluca y los sus gruesos tobillos, acentuándose con bellos detalles ornamentales como la diadema y el collar.

Estatuas de Ranofer, D. V, fig. 9

Esculpidas en piedra caliza pintada. Muestran al funcionario emergiendo de la losa que las respalda. Se le representa como un gran señor con diferentes semblantes, en una con la cabeza desnuda y atuendo privado; en la otra ataviado con peluca y vestimenta cortesana.

Una de las representaciones más significativas y populares es la del alto funcionario de la corte desarrollando el ejercicio de la escritura. Aparecen sentados con las piernas cruzadas, sujetando generalmente la hoja de papiro con la mano izquierda y el cálamo con la derecha. Las obras más destacas de esta tipología son el Escriba sentado del Museo del Louvre y el Escriba sentado del Museo de El Cairo (fig. 10). Éste último aparece con peluca mientras que el primero no la lleva. Ambos poseen brillantes ojos de cristal de roca y están pintados convencionalmente. Destaca el interés del escultor por vaciar lo máximo posible el espacio de piedra entre los brazos y tronco, aligerando el volumen de la imagen.

También se tallan esculturas en madera, ofreciendo al escultor mayor liberad compositiva. La mayoría se encuentran recubiertas de yeso pintado y muestran al dueño de pie en actitud de andar, con ojos muy realistas encajados en marcos de cobre.

Estatua de Kaaper o el Alcalde del Pueblo, fig. 11.

A pesar de ser frontal, posee una gran libertad y realismo, al plasmar el escultor sus rasgos concretos, desprovisto de peluca y vestido con un sencillo y ancho faldellín en su ambiente cotidiano. En contraposición se encuentra el otro ejemplar de la tumba de Kaaper, con aspecto y actitud diferente, más joven y delgado con peluca y faldellín plisado.

El enano Seneb y su familia, D. VI, fig. 12.

En la escena están integrados ingeniosamente los personajes. La mujer aparece sentada sobre un banco con los pies en el suelo y abrazando a su esposo que se sitúa sentado con sus cortos brazos plegados sobre el pecho y las piernas cruzadas como los escribas con el fin de disimular sus anomalía física. También aparecen los hijos, desnudos y de pie sobre el pedestal ocupando el lugar donde deberían estar las piernas de Seneb.

También se inició una etapa de producción artesanal de multitud de pequeñas estatuillas ejecutando diversas tareas cotidianas para el difunto conocidas con el

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3. Imágenes para la eternidad. Los relieves de las tumbas

En este momento se experimenta un notable desarrollo del relieve al emplearse masivamente para decorar las paredes de los templos y las numerosas tumbas de nobles y parientes del faraón. Esta modalidad decorativa se apodera de la arquitectura reduciendo su función a la de mero soporte.

1. La evolución de la técnica

Los relieves de las tumbas y templos son obras colectivas en las que interviene el dibujante trazando el diseño, el grabador esculpiendo las imágenes y el pintor coloreándolas. Dichos relieves alcanzaron en la V y VI Dinastías sus formas definitivas.

Primero el pintor las dibujaba sobre el muro, perfilando los contornos con tinta roja o negra en el caso de correcciones. Más tarde el escultor las tallaba en relieve, los aprendices desbastando las imágenes y el maestro escultor acabándolas mediante el pulido de la superficie, dejando los relieves listos para ser coloreados.

El relieve plano (fig. 13) estaba destinado a decorar el interior de templos y tumbas, mientras que para el exterior se creó una variante llamada huecorrelieve (fig. 14).

2. Escenas y temas: el poder real, la religión y la vida privada Temas regios: los relativos a las tareas de gobierno del faraón o su relación con los dioses. Entre los primeros sobresalen los concernientes a su coronación, las expediciones extranjeras o las campañas militares. En estas últimas el monarca reafirma su poder y soberanía.

Carácter religioso: se muestra al monarca participando en festividades, en compañía de otras deidades, presentándolas ofrendas, identificándose con ellas etc.…

Tumbas particulares: Aluden a la vida cotidiana y sus quehaceres. Se suele representar al difunto en perspectiva jerárquica, ataviado con vestimenta y objetos alusivos a su escala social. No suele aparecer solo sino con compañía de familiares.

3. Los modos de representar: convencionalismos compositivos del relieve pictórico

Relieves pictóricos de las dinastías III y IV

Las composiciones que decoran el interior de los muros de las tumbas se distribuyen y ordenan en registros horizontales y verticales. En éstos las figuras se diseñan conforme a un rígido canon de proporciones y una serie de convencionalismos compositivos que se fijan a partir de la dinastía III. Estas pautas iconográficas se consolidan plenamente a partir de la IV D. sin apenas variaciones en etapas posteriores. Entre las normas más destacadas está el hecho de que los personajes más importantes siempre se ejecutan en un tamaño mayor al del resto de los participantes. En la ejecución del cuerpo humano sobresale la colocación de la cabeza, de la pelvis y de las piernas de perfil, mientras que los hombros el tórax

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El Imperio Antiguo

y los ojos se colocan de frente (fig. 15). Esta combinación da como resultado la creación de una postura anatómicamente imposible, sin embargo, no resta realismo a la imagen creada.

En las representaciones masculinas y femeninas los hombres muestran solemnidad y mayor tendencia a la acción, las mujeres ofrecen más estatismo. La piel masculina se pinta de un intenso color ocre, mientras que la femenina es de un tono amarillo pálido.

Durante la III D. las paredes laterales de las capillas de las tumbas se decoraban con escenas que muestran al dueño y a su esposa recibiendo las ofendas de parientes y servidores y otros temas alusivos de la vida cotidiana. A finales de la IV D. la figura del difunto se esculpe de frente, con el pie izquierdo adelantado, prácticamente en bulto redondo en el umbral de la falsa puerta.

Relieves de la tumba de Hesiré, Saqqara, III Dinastía, fig. 16.

Destacan dos de los once paneles de madera de las hornacinas de un pasillo de la tumba. En estos paneles se ve a Hesiré provisto de los atributos de su autoridad, en uno de ellos sentado ante la mesa de ofrendas, con una peluca corta rizada y envuelto en una capa, llevando en la mano derecha los útiles de escriba y en la izquierda un fino bastón. En el otro relieve se le esculpe de pie, con la pierna izquierda adelantada, con una larga peluca y una falda corta sujeta con cinturón. El peso del cuerpo recae sobre ambos pies, que muestran en primer plano el dedo gordo, llevando en la mano izquierda una larga vara junto con los útiles de escribe y en la derecha el centro “kherep”, símbolo de poder. El equilibrio en esta figura hizo que el canon de proporciones empleado en ella fuera considerado el modelo clásico para este tipo de representaciones. Las dos escenas se completan con una amplia lista de jeroglíficos, destacando en ambas composiciones la extrema delicadeza, la fina ejecución técnica y el realismo de la talla del personaje.

Los relieves pictóricos de las dinastía V a VI

Los relieves en este periodo ofrecen una mayor libertad compositiva manteniendo la calidad artística de dinastías anteriores. Aparece una amplia variedad temática. En los destinados a decorar las obras regias, destacan las escenas de ritos de coronación y jubileo junto con otras de ofrendas que realizan sus sacerdotes y otros cortesanos ante su mesa fúnebre. Destaca entre estas escenas los Paneles del Faraón Sahure, donde aparece el faraón dedicado al deporte de cazar aves acuáticas y en escenas de guerra. También destacan los del Templo solar del faraón Neuserre, con influencia del culto a Ra, y los Relieves del templo funerario del faraón Userkaf, con escenas de naturaleza (fig. 17).

En los relieves destinados a decorar las tumbas privadas, las escenas más representadas aluden a temas de la vida campestre: controlando las tierras a su cargo, hombres acompañado a sus rebaños o sacrificándolos, actividades de pesca o caza, trabajos de recolección u oficios de producción artesanal de objetos destinados a las tumbas, así como portadores de ofrendas y personajes que participan en escenas de música y baile, estos últimos de finales de la V D.

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El Imperio Antiguo

También es frecuente encontrar escenas alusivas al culto de los muertos como el cortejo fúnebre o la presencia del difunto ante la mesa de ofrendas.

Relieves de la Tumba de Ti, Saqqara, V Dinastía, fig. 18

Exquisitas escenas en las que el dueño de la tumba aparece provisto de todos los elementos que confirman su posición social, dirigiendo la caza de hipopótamos o inspeccionando junto con su esposa las reses destinadas al sacrificio fúnebre. Destacan también los bajorrelieves de la Mastaba de la princesa Idut, con bellas escenas acuáticas, y los relieves de la Tumba de Pta-hotep, con escenas de caza de animales ejecutadas con una incisión más profunda.

Relieves de la Tumba de Ika, fig. 19

En los paneles de la falsa puerta, de madera, la representación del difunto sigue los modelos de la III D.

Relieves de la tumba de Mereruka, VI Dinastía, fig. 20 Se puede observar una pérdida de la calidad artística.

4. La pintura del Imperio Antiguo

Al igual que en la escultura la pintura está supeditada a los preceptos religiosos. Las imágenes pintadas se disponían sobre un fondo plano, preparado exclusivamente para recibirlas. Consistía en una capa de enlucido de cal blanca sobre la que el pintor dibujaba la cuadrícula donde las insertaba, ejecutándolas con pintura de color rojo o negra en caso de que tuviera que corregirlas. Todos los colores son de procedencia mineral, mezclándolos con aglutinante y agua en pequeñas cantidad para formar una pintura al temple que se adhería fácilmente. Se aplicaban mediante pinceles vegetales de diferentes tamaños, estando condicionada su disposición en la obra por el simbolismo ritual y por la finalidad protectora. Los temas pictóricos de los santuarios de los dioses, las capillas funerarias y de los objetos funerarios también estaban sometidos a la aplicación de estrictas normas. La temática coincide con la plasmada en los relieves. En las escenas de carácter regio aparece el monarca a mayor escala en una acción de carácter triunfal. Estos temas estaban destinados a proteger mágicamente al país de los elementos desestabilizadores. En las escenas de la vida cotidiana se pinta al propietario de la tumba en actitud convencional y en una escala siempre superior al de resto de participantes (fig. 21). En numerosas ocasiones éste aparece rodeado de sus familiares mientras realiza actividades relacionadas con la caza y pesca. Todos estos temas se disponen en bandas horizontales superpuestas, separadas entre sí mediante una gruesa línea y se combinan con escritura jeroglífica, aunque puede aparecer un motivo esencial ubicado en un espacio de mayor tamaño y carente de registros horizontales.

En las pinturas de la IV D. de algunas mastabas de Meidum, se encuentran escenas de ofrendas y vida campestre.

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El Imperio Antiguo

En composición de simetría divergente aparecen seis ocas en un campo disponiéndose dos parejas erguidas en el centro y dos aves en las esquinas que inclinan su cuello para recoger alimento con el pico. De apariencia naturalista, aunque son prototipos de estos animales, formaban parte de una escena más compleja en la que los hijos de Atet tiraban de una red en la que había pájaros acuáticos. Las aves están perfectamente ejecutadas al temple mediante el empleo de una amplia gama de colores brillantes aplicados con finas y próximas pinceladas que posibilitan la gradación matizada de sus bellos plumajes, convirtiendo este friso en una obra maestra de la pintura de todos los tiempos.

De esta misma tumba proceden dos fragmentos de pared ejecutados con una refinada técnica de incrustación de los colores que consistía en la talla en hueco relieve de las imágenes para posteriormente rellenarlas con pasta coloreada (fig. 23). Esta técnica tuvo el inconveniente de que al secarse la pintura se desprendían los colores incrustados, razón por la que terminó abandonándose en el I. Nuevo.

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Del Imperio Antiguo a fines del Imperio Nuevo

5.

HIPOGEOS, TEMPLOS DE AMÓN Y COLOSALISMO

1. Primeros hipogeos para el descanso de los nomarcas.

Los enfrentamientos feudales que se mantuvieron durante el Primer Período Intermedio, hicieron que los “nomarcas” no eligieran ser enterrados cerca del faraón en la necrópolis de Menfis. Las tumbas se emplazaron en las capitales de sus pequeños reinos con la tipología de las mastabas y surgiendo una nueva, los hipogeos, ricamente decorados.

Los hipogeos son pasajes excavados con fines funerarios en las laderas rocosas que bordean el Nilo, sin desarrollo arquitectónico externo y que se convirtieron en la práctica generalizada a partir del I. Medio, alcanzando su máximo esplendor en el I. Nuevo (fig. 1).

2. Necrópolis y templos del Imperio Medio

Tebas, la nueva capital, no consiguió imponer un estilo arquitectónico homogéneo al resto del país como había hecho Menfis en el I. Antiguo. El arte menfita sobrevivió al P.P. Intermedio y siguió inspirando a los artífices del nuevo arte. La influencia tebana aportó a la arquitectura espacios abiertos y en terrazas (hipogeos), siendo elegido como lugar de enterramiento por el faraón y altos dignatarios. Del I. Medio se han conservado escasos restos arquitectónicos al estar realizados en adobe o por las reedificaciones posteriores.

Templo funerario de Mentuhotep en Deir el-Bahari, fig. 2, dinastía XI

Construido en el occidente de la nueva capital, está dedicado a la diosa Hathor y orientado al este para honrar el culto a Ra. Supuso un intento de integración del complejo, abierto y simétrico, en el paisaje. El gran templo funerario estaba integrado en centro por una estructura maciza con forma piramidal, rodeada de terrazas con pórticos columnados. El santuario principal se unía a través de una calzada ascendente y descubierta al templo del valle, hoy destruido en su totalidad (fig. 3).

Se accedía en el interior del templo a una sala cuadrada de columnas, que a través de un amplio patio con pilares, daba acceso a una sala hipóstila y al fondo de un largo pasadizo se emplazó la tumba hipogea del faraón, excavada en la pared rocosa con nichos horadados para las princesas reales, sacerdotisas de Hathor. Las dimensiones del patio evocan el recinto funerario de Zoser y a los grandes espacios abiertos de templos solares de la Dinastía V; mientras que la tipología del templo continúa con la tradición de los hipogeos de los príncipes tebanos. En el lado este, junto con la rampa que conduce a la terraza, se plantaron tamariscos y sicomoros. Destaca en este complejo funerario la abundancia de elementos de soporte, lo que implica un aligeramiento de los espacios. Flanqueando la avenida de la entrada aparecen los primeros pilares osiríacos, en los que el faraón es personificado como el dios Osiris, de pie y con los brazos cruzados como una momia, adosado a un pilar. Es uno de los primeros ejemplos de utilización del capitel hatórico.

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