LAS HORAS MUERTAS
MªJOSÉ CONTADOR
Pinturas
Pinturas
LAS HORAS MUERTAS.
El tiempo pasa, cobra su tributo, se esfuma, y nosotros envejecemos, nos doblegamos a ese implecable compañero de nuestras vidas que a veces nos impacienta con su lentitud y casi siempre nos castiga con su rapidez.
Asomarse a la ventana y disfrutar del paisaje, de la historia, de la brisa del mar, de la explotación de sugerencias que nos ofrece la contemplación del paisaje urbano reflejado en ese espejo salino difuminado por el devenir de los botes amarrados al muelle, es como pasar las horas muertas.
Detenerse en el más mínimo detalle, saborear el momento más insignificante, la conversación más superficial o la más profunda, una mirada, un gesto, una expresión, una lágrima o un llanto desesperado. Recrearnos en lo trivial, lo cotidiano, lo de todos los días, lo que hemos comido o bebido, el tallo de la planta silvestre que crece en esa esquina o el vaso que hay sobre el aparador, es vivir las horas muertas.
Mª José Contador nos ha regalado unos trabajos ejemplares donde el color, el dibujo, la composición magistralmente elaborada y la utilización de formas arquitectónicas que caracterizan la esencia de esta ciudad, resultan objetos de su trabajo y convierten lo trivial y lo cotidiano en lo trascendental de la obra. Por eso, a veces, lo mejor es detenerse, dejar el tiempo que haga su trabajo y contemplar nuestro entorno y a nosotros mismos, para entender lo que somos y lo que somos capaces de ser, lo que vemos y lo que somos capaces de ver, lo que hacemos y los que somos capaces de hacer
Entender el Mundo en el transcurso de las horas muertas.
“Alóe”
Oleo sobre lienzo
(120 x 60 cm). 2007
“Crásula”
Óleo sobre lienzo
(120 x 60 cm). 2007
“Tintero”
Óleo sobre lienzo
(60 x 60 cm). 2007
“Plato”
Acrílico, técnica mixta
(40 x 40 cm). 2007
“Semillas” (fragmento)
Acrílico sobre lienzo
Las Horas Muertas. Poética.
“El artista está perpetuamente tratando de arrebatar al tiempo el momento pasajero y construir un monumento al instante que se va”.
Luis Racionero.
Aquello que nos rodea, los objetos y las cosas que están en nuestro entorno, nos definen de alguna manera como ser. Hablan de nosotros, se convierten en la presencia de nuestra propia esencia.
El tiempo ensimismado, detenido en un instante infinito, hace inmutable lo mutable desafiando la auténtica inmutabilidad, que es la muerte. Las horas muertas nos habla de este tiempo que desafía y se aproxima en su quietud a ese momento trascendental en que lo que es abandona ese estado. Solo es aquello que cambia, pues solo en la muerte el ser es eterno.
El tiempo inexorable no deja vestigio de si mismo, son las cosas, las que en su continuo cambio delatan su rastro.
Los objetos siempre evocan en su devenir la cercana o lejana presencia de quienes somos en el tiempo de un minuto, como el hilo del humo de un cigarrillo, o de la eternidad, como las capas de polvo acumuladas en la memoria perezosa, o en la superficie de un pecio.
Las ventanas abren nuestro espacio individual, aquel al que pertenecemos , a otro sistema que contemplamos y que sabemos mayor. La visión del mundo que nos rodea es subjetiva, equivoca, parcial. La ventana es esa pupila que relaciona el mundo propio del yo y el colectivo que puede sernos ajeno o no.
En mis cuadros siempre están presentes estas preocupaciones, pero en esta exposición he intentado dejar más patente esa idea representando el trabajo constante del artista y las cosas que le rodean e inspiran como objeto y sujeto del tiempo.
“Vaso y gafa”
Boceto a carboncillo
(40 x 40 cm). 2007
“Enclave”
Boceto a carboncillo
(40 x 40 cm). 2007
“Interiores”
Pastel
“Hojas en azul”
Gres con esmalte/alta
temperatura
(217 Ø mm).2007
“Pecera”
Gres con esmalte/alta
temperatura
“Paisaje”
Barro rojo con esmalte/baja
temperatura.
(328 x 228 x 7 mm.). 2007
“...tal vez es cierto...que todo camino es circular, y que no lleva a ninguna parte, sino al interior de uno mismo, porque muy densa es la niebla de nuestro miedo, e ilusorias las calles que parecen llevar a otro lugar.”