Moreno. Ley Nº 26657 y sus decires

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Texto completo

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

CÁTEDRA

LINGÜÍSTICA y DISCURSIVIDAD SOCIAL

Serie: Estudios del Lenguaje

Cuaderno: La palabra de la ley en el campo de

la Salud Mental. Sobre la Ley Nº26657 y sus

decires – 2014/2015

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1 La palabra de la ley en el campo de la Salud Mental

Sobre la Ley Nº26657 y sus decires

Tatiana Moreno

Las palabras no tienen origen, tiene historia.

Se escuchan historias en las palabras no reduciéndolas al uso y significado habitual.

Los diccionarios imponen condiciones no siempre confiables, pero pueden avivar la imaginación

No se trata de constatar qué significan las palabras, sino de pensarlas.

Hablar en contra de la inercia que dice sin pensar lo que se está diciendo.

Los sentidos de una palabra flotan en el aire desprendiendo vapores.

En cada vocablo llaman multitudes de bocas que suenan en lenguas diferentes.

La palabra se mira y se escucha deseándola, aunque no se vea ni oiga nada.

La palabra se piensa leyendo a sus amantes.

Marcelo Percia (2014)

Introducción. Marco de formulación de la Ley Nº 26657

La sanción de la Ley Nº 26657 es producto de un proceso de reforma de la

atención psiquiátrica que se inicia en América Latina con la Declaración de Caracas en

1990.1 La Organización Mundial de la Salud –OMS– y la Organización Panamericana

de la Salud –OPS– impulsan esta reestructuración al advertir el hecho de que la atención

psiquiátrica convencional y por consiguiente el hospital psiquiátrico como principal

modalidad asistencial no permitían el logro de objetivos fundamentales para la atención

comunitaria, integral y preventiva.2 Esta situación se veía agravada ya que se

profundizaban las condiciones de vulnerabilidad de los sujetos mediante la exclusión y

el no favorecimiento de la autonomía en las actividades cotidianas, tales como trabajar,

1. La Ley Nº 26657 se fundamenta en una serie dedocumentos y tratados internacionales enmarcados en los Derechos Humanos, enumerados en el art. Nº 2 de dicha Ley. Entre tales documentos se destaca la Declaración de Caracas, adoptada por la Conferencia sobre la reestructuración de la atención psiquiátrica en América Latina dentro de los Sistemas de Salud convocada por la Organización Mundial de la Salud/ Organización Panamericana de la Salud que se desarrolló en Caracas, Venezuela, el 14 de noviembre de 1990.

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2 decidir sobre la distribución de su tiempo, el gasto de su dinero, entre otros. Se

considera a partir de este momento a la Atención Primaria de la Salud –APS– como

estrategia primordial para la práctica en salud, por la cual se debe fortalecer la atención

en la comunidad.

Este proceso de transformación fue impulsado tanto por el entusiasmo que

atravesaron algunos países de América Latina por la reconstrucción democrática a partir

de la década del ‘80, como así también por algunas experiencias que comenzaban a

concretar otra práctica posible en Salud Mental, no ya centrada en el encierro que

generaba estigmatización y profundización del estado de vulnerabilidad de los sujetos.

En este sentido, el psiquiatra italiano Franco Basaglia se constituye en uno de los

principales exponentes de la Lucha Antimanicomial. En Argentina, la provincia de Río

Negro ha desarrollado una de las experiencias más importantes en cuanto a

reformulación del sistema de Salud Mental, teniendo como eje la

desmanicomialización.3 Este movimiento implica (Amarante 2006) un proceso de

revisión y desarmantelamiento del manicomio en tanto no sólo se apunta a terminar con

este tipo de establecimientos sino también a revisar las prácticas que constituyen al

manicomio como institución total:4 encierro, aislamiento, estigmatización, borramiento

de las diferencias, entre otros. A la vez se propone la construcción de nuevos

dispositivos, sustitutivos al manicomio, para la atención en Salud Mental: residencias

compartidas, cooperativas de trabajo, entre otros.

¿Qué se entiende por Salud Mental?

La Ley se sustenta en la noción de que aquello que suceda en relación al

padecimiento psíquico de un sujeto implica complejidad y por lo tanto necesidad de un

abordaje que permita la lectura de esta complejidad. Dicho contenido es anunciado en el

artículo Nº 3:

En el marco de la presente ley se reconoce a la salud mental como un proceso determinado por componentes históricos, socio-económicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos

3. Para un tratamiento particular de este tema, cf. Cohen, H y G. Natella (2013). La Desmanicomialización: Crónica de la reforma del Sistema de Salud Mental de Rio Negro. Buenos Aires: Lugar Editorial.

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humanos y sociales de toda persona. Se debe partir de la presunción de capacidad de todas las personas. [Ley 26657, artículo Nº 3, p.14]5

Desde esta concepción se vuelve inadmisible continuar sosteniendo el abordaje en

Salud Mental planteado en el Modelo Psiquiátrico convencional. En este modelo se

sostiene que para el tratamiento en Salud Mental sólo es necesaria la intervención de un

médico psiquiatra, una intervención conforme al discurso psiquiátrico que en caso de

incluir la participación de otros discursos/saberes (tales como Psicología, Trabajo

Social, entre otros), les asigna un rol complementario y accesorio. La Ley se expide

especialmente en este tema, marcando una clara posición, lo cual es tratado en la

reglamentación del artículo Nº1 de dicha Ley:

En los establecimientos de salud mental, están habilitados para disponer las estrategias de intervención clínica y su direccionalidad, los equipos interdisciplinarios que se constituyan a este efecto en conformidad con este reglamento. Los mismos estarán integrados por enfermeros, psicólogos, psiquiatras, abogados, trabajadores sociales, médicos generalistas, psicopedagogos, terapistas ocupacionales, pediatras, estimuladores temprano, sin perjuicio de la participación activa de otras profesiones vinculadas a la producción de salud. [Anexo I. Reglamentación Ley Nº 26657, art. Nº 1, p. 59].

Definir el padecimiento en relación a la Salud Mental implica tomar posición

teórico-académico-ideológica en tanto se debe conceptualizar y configurar qué se

considera enfermedad y por lo tanto qué profesionales están autorizados a intervenir. La

Organización Mundial de la Salud define: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Si

bien es una definición controversial, en tanto deberíamos interrogar qué implica

“completo bienestar”, se torna ineludible remarcar aquello que se introduce en cuanto al

padecimiento, en tanto éste no se define a través de una sola dimensión, por ejemplo la

dimensión física. Si así se definiera sería, probablemente, la medicina el discurso

autorizado. A la vez, la salud es entendida no como un estado sino como un proceso

dinámico. En este sentido, Alicia Stolkiner (2009) sostiene que el campo de la salud se

constituye como un espacio complejo determinado por influencias epistemológicas,

políticas e ideológicas. Lejos de conformarse como campo de armonía se conforma

como un territorio de confrontación en inestable equilibrio en el que confluyen y

antagonizan cuerpos conceptuales y paradigmas distintos, dado que cada momento

histórico establece una particular representación de hombre y su relación con la

naturaleza, por lo tanto del proceso de salud entre sus prácticas sociales.

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4 Al considerar la Salud Mental como un proceso influenciado por múltiples y

diversos factores, se confirma el cuestionamiento al discurso de la psiquiatría como

discurso hegemónico, otorgándole también participación a otros discursos en relación a

la salud. La Ley insiste en la necesidad de la interdisciplina, incluyendo como

disciplinas competentes no sólo la psiquiatría y la psicología (si bien las considera

necesarias para el diagnóstico, la evaluación, etc.) sino también el trabajo social, la

enfermería, la terapia ocupacional y otras. Se apunta indudablemente al abordaje en

equipo.

Paradigma asilar vs Paradigma sustitutivo

Enmarcada en un enfoque de Derechos Humanos, la Ley Nº 26657 propone un

cambio de Paradigma en Salud Mental en tanto cuestiona ciertos criterios y principios

que vienen determinando este campo específico. En este punto la Ley se constituye

como escenario discursivo que define sus categorías y alcance en clara oposición con el

Modelo Psiquiátrico,6 en particular con el modo de abordaje centrado en la internación y

la figura del psiquiatra como única voz autorizada.

En la actualidad se hace evidente la coexistencia de los dos paradigmas en salud mental: a) El asilar, centrado en la visión de las personas con padecimiento mental como objetos pasivos de tratamiento y del hospital psiquiátrico como su espacio de atención; b) El sustitutivo, centrado en el reconocimiento de las personas con padecimiento mental como sujetos de derecho y de la organización del proceso de atención a través de la Red de Servicios basado en la comunidad.7

Durante estos últimos años en Argentina se han producido hechos que colocan a

la defensa de Derechos Humanos como principio rector: el Matrimonio Igualitario, la

Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual Nº 26522, el reinicio de los juicios a las

Juntas Militares, entre otros. Este contexto contribuye en la creación de un escenario

que fortalece el proceso de reforma psiquiátrica. Es en este sentido que la Ley Nacional

de Salud Mental en su primer artículo plantea:

La presente ley tiene por objeto asegurar el derecho a la protección de la salud mental de todas las personas, y el pleno goce de los derechos humanos de aquellas con padecimiento mental que se encuentran en el territorio nacional,

6. La Psiquiatría se constituye a partir del siglo XIX como práctica médica especializada cuyo imperativo es el control y ordenamiento de los sujetos. Para ampliar información sobre el nacimiento de la psiquiatría se recomienda: Foucault, Michel. (2006 [1964]). Historia de la locura en la época clásica. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

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reconocidos en los instrumentos internacionales de derechos humanos, con jerarquía constitucional, sin perjuicio de las regulaciones más beneficiosas que para la protección de estos derechos puedan establecer las provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. [Ley Nº 26657, art. Nº1, p. 7].

El cambio de paradigma se proclama en relación a sostener no ya un paradigma tutelar

sino uno enmarcado en los DDHH que promueva un modelo asistencial centrado en la

integración y no en la exclusión. A la vez, esta transformación pretende incidir en las

prácticas concretas en tanto se intenta un deslizamiento del espacio institucional cerrado

a lo comunitario abierto.

Distintas voces se han opuesto tanto durante el período de formulación de la

Ley Nº 26657, en el que se constituyeron distintos equipos interdisciplinarios de trabajo

para su concreción y posterior aprobación. Estas voces se encuentran representadas, en

general, por Asociaciones de Psiquiatría que han visto en peligro sus intereses y

posiciones establecidas sostenidas desde la tradición médica. La Asociación Argentina

de Psiquiatría, por ejemplo, en varias oportunidades ha manifestado su desacuerdo en

relación a la implementación de la Ley. Durante el año 2009 dicha Asociación realizó

un análisis del proyecto:

…Art. 7º.- Dice “las personas con padecimiento mental,…”; debería decir “…con trastornos mentales”.

Conclusión.

“Todo el proyecto adolece de desconocimiento de la ciencia y práctica psiquiátrica”.8

Por su lado, la Asociación de Médicos Municipales de la ciudad de Buenos Aires

publicó, durante la discusión de la Ley:

[En relación a reuniones sostenidas entre asociaciones médicas en el Senado de la Nación] Como consecuencia de estas reuniones y de las gestiones anteriores, el Senado finalmente no aprobó el anteproyecto de Ley de Salud Mental; se escuchó así la voz de las instituciones en defensa de la atención del paciente que padece trastornos psiquiátricos y de la salud mental.9

En otra revista de circulación médica, Intra Med, se hace referencia al tema de la

sanción de la ley del siguiente modo:

8. Marchant, N. (noviembre 2009). “Por un plan nacional de salud mental”, Diario del Mundo Hospitalario, Argentina.

9. AMMCBA. (diciembre 2009). “Gremiales: El Senado no aprobó el anteproyecto de salud mental”,

Revista Mundo Hospitalario Año XVIII Nº 158.

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Psiquiatras rechazan una ley. Les quitaría atributos “exclusivos”. Dejarían de ser fundamentales para internar y medicar pacientes. ¿Salud pública vs. corporaciones? ... las asociaciones de psiquiatras están en pie de guerra; dicen que no fueron consultadas para elaborar la norma y que “posee muchas falencias”, como no contemplar la prevención y la rehabilitación de los trastornos mentales.10

El enunciado de la Ley Nacional de Salud Mental y sus presupuestos

La Ley Nº 26657 desde el comienzo instala un nuevo modo de pensar el campo

de la Salud Mental: se refiere al sujeto que recibe la asistencia en Salud Mental como

persona con padecimiento mental. Dicha nominación no es ingenua sino que pretende

instalar la concepción de un sujeto de derecho con capacidad para ser incluido en la

decisión de su tratamiento. La Ley también nombra usuarios (de los Servicios de Salud

Mental) a esos sujetos remarcando con este término cierta posición activa que les

supone y ya no, como entendía el Modelo Psiquiátrico, enfermos mentales en posición

pasiva, de espera para ser atendidos. Por primera vez, en cuanto a una Ley de Salud

Mental en Argentina, distintas asociaciones constituidas por familiares y usuarios fueron

consultadas para suformulación.

En el art. Nº 2 se señala explícitamente aquellos tratados y documentos

internacionales que funcionarán como marco ampliado. El eje en común entre estos

documentos es la defensa de los Derechos Humanos. A la vez se remarca la necesidad

de transformar el sistema de atención en Salud Mental proponiendo un desplazamiento

desde el hospital psiquiátrico como centro de atención hacia la asistencia en la

comunidad. Esto implica entender que aquello que funcionó como modelo de asistencia

hasta el momento –el encierro y la exclusión como modos de abordaje terapéuticos– ya

no deben sostenerse por resultar iatrogénicos.

En el mismo sentido la Ley Nacional propone la conformación de equipos

interdisciplinarios para abordar los problemas de Salud Mental, a partir de entender a la

Salud Mental como un proceso complejo y determinado por múltiples factores. Este

punto también se constituye como respuesta a las prácticas llevadas adelante hasta el

momento, en las que se privilegia la voz del médico psiquiatra. En esta cuestión la

formulación de la Ley fue muy resistida por las Asociaciones de Psiquiatría, en tanto

10. Ballarino, F. (26 de septiembre de 2010). “Psiquiatras rechazan una ley”, Intra Med, Argentina.

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7 entienden que su posición es desplazada desdibujando la especificidad de la Salud

Mental: el ámbito de la medicina.

Acerca del sujeto de atención en Salud Mental

La Ley Nº 26657 propone como modo de nominar a aquel sujeto a quien se

dirige la atención en Salud Mental persona con padecimiento mental. ¿Qué decimos

cuando decimos persona con padecimiento mental? ¿Desde qué posición en el discurso

disciplinar se sostiene este modo de nominar?

Bajtín (1982) sostiene que la palabra es neutra en tanto unidad de la lengua pero

en tanto palabra dicha inmediatamente se orienta en un contexto particular

constituyéndose como enunciado y solo así adquiere la plenitud de sentido. Esta

orientación imprime en esa palabra significaciones que no pueden reducirse al

significado que la lengua fija. La propuesta teórica de Bajtin presta especial atención a

la dimensión social de lo dicho (y lo no-dicho) en el enunciado. En este sentido,

Voloshinov (1976) afirma que toda forma lingüística se presenta para el hablante en un

contexto ideológico específico:

Nunca decimos u oímos palabras, sino lo que es verdadero o falso, bueno o malo, importante o intrascendente, agradable, desagradable, etcétera. Las palabras siempre están llenas de contenido y de significado tomados de la conducta o de la ideología.11

El enunciado es un fenómeno complejo y no se lo puede analizar de forma aislada. No

es una instancia armónica sino que se constituye en arena de lucha, las voces que allí

aparecen de algún modo responden a otros enunciados anteriores, ajenos. Para poder

comprender un enunciado será necesario reconocer no sólo la parte realizada en

palabras sino también la situación extraverbal, aquello que no está dicho pero es

determinante: la parte presupuesta.

De este modo, aquellos términos que conforman la Ley (por ejemplo: persona

con padecimiento mental, usuario, etc.) en tanto elementos integrantes de enunciados

deben ser analizados teniendo en cuenta su carácter de productos históricos. En este

sentido Pérez y Rogieri (2012):

[En cuanto a la mediación entre el sujeto y el mundo basada en la lógica de la no identidad.]… los términos, los conceptos, son puntuales e históricos y significan en una red de significaciones específicas, entendidas como

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instituciones verbales que organizan los modos de decir, los modos de narrar, los modos de argumentar. Organizan entonces los decible y lo pensable en un momento histórico particular para un grupo particular.12

Entonces, ¿qué decimos cuando decimos persona con padecimiento mental?, ¿qué

voces aparecen allí?, ¿a qué enunciados responde?, ¿cuáles son los presupuestos en

juego?

La Ley Nº 26657 se refiere al sujeto a quien están dirigidas las prácticas en

Salud Mental como persona con padecimiento mental. ¿Nos referimos al mismo sujeto

cuando nombramos a alguien como enfermo mental o persona con padecimiento

mental?13, ¿es lo mismo nombrar a alguien como enfermo mental o persona con

padecimiento mental? Podemos advertir que en el primer caso se hace referencia a la

cuestión del ser, lo cual determina la existencia de alguien por lo que es y no por lo que

padece. Esto conlleva efectos en la constitución subjetiva (ser esquizofrénico, ser

bipolar, por ejemplo). En cambio, concebir a las personas por su padecimiento, mental o

cualquier otro, sugiere que ese puede ser un momento particular en el que alguien

necesite de atención y tratamiento específico, sin que eso implique una definición en la

lógica del ser.

Desde la lógica de este par ser/tener podemos hacer alusión a la opresión que se

ejerce sobre un sujeto en tanto se determina su ser. En cuanto al tener, su contrario es

no tener, pero si la existencia de un sujeto se dirime en tanto al ser, allí aparece su

opuesto, el no ser. Esto puede volverse intolerable: mejor ser enfermo a no ser nada.

Emiliano Galende (1994) analiza un caso de un paciente al que atiende por unos meses

cuando este ingresa por primera vez a un hospital psiquiátrico. Lo reencuentra luego de

quince años en una Colonia del interior del país: “Finalmente, Santiago mismo ha

encontrado en su condición de loco institucionalizado una identidad que lo exime de un

tormento que ya no soportaba. Su solución es patológica, sin dudas”.14

12. Pérez, L y Rogieri, P. (2012). Retóricas del decir. Rosario: FHUMYAR Ediciones, p.19.

13. Se recomienda la lectura de la Ley 6976 (1999) de la provincia de San Juan disponible en

www.legsanjuan.gov.ar. Dicha ley sugiere cierta posición más conservadora que aquella que refleja la Ley Nacional, ya que privilegia el discurso psiquiátrico sobre otros. A lo largo de su cuerpo podemos encontrar modos de nombrar donde lo “psiquiátrico” se utiliza como ordenador privilegiado: paciente psiquiátrico, hospital psiquiátrico. Si nos dirigimos, entonces, a aquel sujeto que recibe las prácticas en Salud Mental como un paciente psiquiátrico, lo que se impone es que la psiquiatría es el discurso/saber que se encuentra autorizado para intervenir. Así también es necesario estar advertidos en los modos de nombrar al efector de salud que creemos debe asistir a estos sujetos: ¿es lo mismo nombrar a dicha institución como Hospital Psiquiátrico o Centro Regional de Salud Mental?

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9 En el artículo Nº 43 se señala otro cambio que propone la Ley en relación a la

lógica estar/ser. En dicho artículo se establece como criterio para decidir una

internación involuntaria el riesgo (estar en riesgo) y no ya la peligrosidad (ser

peligroso):

Art. 43. - Sustitúyese el artículo 482 del Código Civil, el que quedará redactado de la siguiente manera:

Artículo 482: No podrá ser privado de su libertad personal el declarado incapaz por causa de enfermedad mental o adicciones, salvo en los casos de riesgo cierto e inminente para sí o para terceros, quien deberá ser debidamente evaluado por un equipo interdisciplinario del servicio asistencial con posterior aprobación y control judicial.

Las autoridades públicas deberán disponer el traslado a un establecimiento de salud para su evaluación a las personas que por padecer enfermedades mentales o adicciones se encuentren en riesgo cierto e inminente para sí o para terceros… [Ley Nº 26657, art. Nº43, p.47]

En la consideración de este par (ser peligroso/estar en riesgo) la Ley propone revisar,

como en el caso anterior (ser enfermo/tener un padecimiento), aquellas prácticas que

tienden a estigmatizar a quien sufre y constituir como irreversible el padecimiento

mental. A partir de esta Ley lo que debe ser evaluado por el Equipo Interdisciplinario

(no el Juez a través del Médico Forense) para indicar una internación es si ese sujeto se

encuentra en riesgo para sí o para terceros y ya no si es peligroso. Si se opera con la

categoría de peligrosidad, la presunción de esta remite inmediatamente al campo de la

delincuencia y lo jurídico, de este modo la internación se constituye como encierro para

controlar el peligro y garantizar, sobre todo, la seguridad de los otros; y por lo tanto, se

desdibuja lo que debería ser el objetivo principal de una internación: el cuidado de un

sujeto que padece para favorecer su recuperación terapéutica y su inclusión social.

En el marco de una marcada defensa de los Derechos Humanos, la Ley

considera entonces a toda persona con padecimiento mental no ya como objeto de tutela

o asistencia, sino como sujeto de derecho. Se supone, desde el comienzo, capacidad de

estas personas, y por lo tanto una participación activa del usuario de los Servicios de

Salud Mental en cuanto a su atención y tratamiento. En el artículo Nº 16, punto C, la

Ley expresa la necesidad de un consentimiento informado, que debe ser firmado por el

usuario o su representante, en lo que respecta a internación y tratamiento. En el

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10 fundamental en la escritura de la norma para la que fueron consultadas las asociaciones

y asambleas por ellos constituidas (Gorbacz 2011).15

¿Qué decimos cuando decimos usuario? Vasconcelos (2000) refiere que si bien

los primeros grupos de usuarios datan de la década del ‘40 en los Estados Unidos en el

contexto de posguerra, dicho término cobra trascendencia a partir de un movimiento que

–en el auge de varios movimientos sociales– se inició en las décadas del ‘60 y continuó en el ‘70 en América del Norte y varios países de Europa. Desde la Ley, al nombrar al

sujeto como usuario, se destaca su carácter de sujeto activo cuya palabra debe ser

escuchada, no sólo en cuanto al tratamiento singular de su padecimiento sino también

como participante fundamental en los lineamientos de las políticas en Salud Mental.

Los usuarios se constituyen en actores sociales que intentan diferenciar su voz de la de

los profesionales y familiares, marcando la importancia de hablar en nombre propio.

Vasconcelos (2000) explica que de este modo se cuestionan las relaciones de poder

instituidas y aquellos puntos de vista reconocidos como “de autoridad” en el campo de

la Salud Mental que han profundizado una cultura paternalista por parte de

profesionales y el Estado. En general, en los países latinoamericanos, los profesionales

de salud mental tienden a sostener una cultura terapéutica muy acentuada, que enfatiza

el papel del profesional en el proceso de tratamiento y cura, en detrimento de

dispositivos que tiendan a fortalecer la autonomía en los usuarios, centrados en la

perspectiva de “empoderamiento”,16

ciudadanía, autogestión y soporte mutuo.

Ahora bien, el término usuario es un término controversial. Este se vuelve

ineludible si orientamos nuestras prácticas desde una perspectiva de reconocimiento del

sujeto y su capacidad para decidir. Pero al mismo tiempo genera preguntas tales como

¿la utilización del término no desdibuja cierto contrato terapéutico necesario para que

pueda constituirse un lazo que apunte al tratamiento de cierto malestar? Del mismo

modo, referirse al paciente como usuario, ¿no presentifica la idea de la salud como

mercancía?

15. Ex Diputado de la Nación Argentina (2005-2009), psicólogo y autor del proyecto de la Ley Nacional de Salud Mental 26.657.

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11 Referencias bibliográficas

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