EFECTOS PREVISIBLES DEL CAMBIO
CLIMÁTICO SOBRE LAS ESPECIES
MIGRA-TORIAS
José Miguel Montoya Oliver
Asociación para la Defensa del Medio Ambiente Natural y la Caza. Majadahonda. MADRID
INTRODUCCIÓN: LAS CUESTIONES PLANTEADAS
Las especies animales migratorias se verán indudablemente influidas por el más que probable cambio climático. De hecho se ven afectadas con claridad por las simples varia-ciones de los parámetros meteorológicos entre los diferentes años. Parece pues conve-niente el comenzar a reflexionar, desde la perspectiva de la conservación, sobre cuáles pudieran llegar a ser los efectos sobre ellas del cambio climático.
Dentro de la enorme complejidad que reviste el estudio de cualquier especie migra-toria silvestre, sí que pueden realizarse algu-nas observaciones de campo, sobre las que fundamentar esta reflexión. Especialmente en el caso de aquellas que, al ser objeto de aprovechamiento cinegético, están sometidas a un mejor conocimiento, y a una más cons-tante, intensa y directa observación. Dentro de ellas, y desde hace ya siete años, estamos dedicando una especial atención a dos aves migratorias, ambas estivales en nuestro país y de procedencia africana: la tórtola y la codorníz. (Estudios financiados por la Federación Española de Caza).
Las cuestiones principales a analizar y debatir en este artículo son cuatro: ¿Favorecerán o perjudicarán los cambios climáticos a las aves migratorias? ¿Podrán
adaptarse éstas a los mismos, o se verán obli-gadas a desaparecer? ¿Cuáles podrían ser las respuestas adaptativas de estas especies fren-te al cambio climático? ¿Será similar el efec-to sobre las especies que nos llegan en vera-no desde el Sur, que sobre las especies que nos llegan en invierno desde el Norte? Ninguna de estas cuestiones puede calificar-se de «menor» desde la perspectiva de la conservación.
LOS CAMBIOS RECIENTES OBSER-VADOS EN EL COMPORTAMIENTO
MIGRATORIO DE LA CODORNÍZ, y
DE OTRAS ESPECIES MIGRATORIAS
<<serra-lM. MONTOYA «Efectos previsibles del cambio climático sobre las especies migratorias» nillas» (las migratorias o largo-migrantes) y
de codornices «criollas» (las sedentarias o corto-migrantes); estas últimas más pesadas y más oscuras que las migratorias. ¿Qué ha hecho aparecer recientemente a estas fraccio-nes sedentarias, desconocidas hasta hace tan sólo algunas décadas?
La creación de los regadíos del denomina-do Plan Badajoz, permitió que muchas codornices en su viaje de regreso desde Europa hacia África, se detuvieran en tomo al mes de septiembre en los mismos, para entre sus algodonales, tomateras y campos de alfalfa, etc efectuar una nueva cría (lo mismo que se sigue observando actualmente: una entrada tardía de codornices que se quedan para criar). Es más que probable que parte de estas crías no prosiguieran su viaje hasta bien entrado ya el invierno, e incluso que una fracción de ellas mismas acabara por no saltar el Estrecho, efectuando tan sólo cortos desplazamientos hacia regadíos coste-ros andaluces y portugueses. El indudable éxito biológico de estas poblaciones, al amparo del cambio del hábitat que supuso la creación de dichos regadíos, hizo que en tomo a los últimos sesenta y principios de los setenta las codornices abundaran en Extremadura (Vegas del Guadiana) en canti-dades importantes. Se trataba de gruesas codornices sedentarias, o para hablar con mayor precisión «corto migrantes», proce-dentes indudablemente de padres con unas tendencias migratorias mucho mayores que ellas mismas.
Idéntico proceso se produjo algo más tarde en Marruecos, creándose enormes poblacio-nes de codorníz sedentarias en amplias zonas (especialmente en Beni Mellal) que siguen persistiendo allí. Las poblaciones sedentarias españolas han sido prácticamente extingui-das, por las recientes sequías y -tal vez- por el exceso de presión cinegética; pero, indu-dablemente, ambos procesos de sedentariza-ción demuestran la flexibilidad de esta espe-cie migratoria en este sentido adaptativo. (Nota: con posterioridad a la presentación pública de este trabajo, las favorables circunstancias de cultivos y regadíos en Extremadura han restablecido en buena parte dichas poblaciones).
Finalmente la codorníz ha quedado hoy, en la realidad y a consecuencia de los can1bios de cultivo, como una mezcla de componen-tes genéticos «largo migrancomponen-tes» -caracteriza-das por su escaso peso y se dice que por su color más oscuro-, unas componentes «medio migrantes», y finalmente otras muy «corto migrantes» e incluso prácticamente «sedentarias» .
No es ésta la única especie migratoria en la que las componentes genéticas más sedenta-rias -o 10 que es lo mismo menos migrato-rias- comienzan a aumentar. Por ejemplo: el estornino pinto, la paloma torcaz y el pato azulón presentan ya un proceso de sedentari-zación reciente muy acusado en España, y parece ser que también las tórtolas comien-zan a sedentarizarse en algunas zonas de Marruecos.
Puede por tanto afirmarse que las especies migratorias -al menos las antes citadas- son muy adaptables en este aspecto. Más parece pues que el cambio climático les vaya a obli-gar a una adaptación que a una extinción. ¿Pero cómo se producirá esa adaptación?
EL PROCESO GENÉTICO. LA FLEXI-BILIDAD DE LAS ESPECIES MIGRA-TORIAS
de sus diferentes fracciones. La teoría de MESÓN justificaría esos tal vez mortales «errores» que cometen recientemente algu-nas codornices que parecer ignoran sus debe-res migratorios, así los cazadodebe-res son testi-gos de que cada día se abaten más codorni-ces que no han emprendido su viaje de regreso en fechas adecuadas (elIde noviembre de 1996, la fecha misma de este escrito, abatimos una en la fría y continental provincia de Guadalajara; este hecho, que no es excepcional, se va haciendo cada vez más habitual. Nota: con posterioridad a la presen-tación pública de este trabajo se han detecta-do en Toledetecta-do a 10 de noviembre de 1997 abundantes poblaciones sedentarizadas, sin síntomas de migración por escasez de acumulación de grasas), indudablemente son mensajes genéticos equivocados (?) recibi-dos tal vez de padres parcialmente cruzarecibi-dos. En Badajoz ha podido comprobarse la realidad de esta afirmación, como conse-cuencia del tratamiento recibido por esta especie; así, mientras que al principio de los setenta el éxito biológico de las «corto migrantes» provocó su multiplicación e incremento, la aparición posterior de una caza invernal muy intensa, y de las sequías recientes que llegaron a dejar los regadíos sin agua y los cultivos yermos, provocaron recientemente la práctica desaparición de la componente sedentaria que se había hecho ya casi «tradicional» allí. Así si el éxito de reproducción indujo a la sedentarización, el fracaso de su supervivencia generó el que las poblaciones actuales sean sobre todo migra-torias; como hemos comprobado en los muestreos federativos de 1996. Podríamos pensar en una evolución «al revés» que la anterior, y que probaría dicha teoría. (Recordaremos la restauración reciente en 1997 de la población sedentaria).
Por otro lado, es sabido que los compo-nentes más «largo migrantes», no se comportan -como cabría suponer inicialmen-te- con unos recorridos de medida fija, es decir que llegarían más al Norte las que arrancaran para sus migraciones desde zonas situadas menos al Sur; sino que -bien al contrario- son precisamente las poblaciones
que invernan más hacia el Sur las que final-mente se desplazan más lejos hacia el Norte, «saltando» sobre las poblaciones menos VIajeras.
Las componentes más «largo migrantes» de toda población tendieron a predominar ancestralmente sobre las fracciones sedenta-rias por diversos mecanismos; pero muy especialmente porque consiguieron un mayor número de puestas y/o una mayor eficacia neta de las mismas, a base de perse-guir incansables con sus desplazamientos las mejores condiciones de cría en cada momen-to; buscando su clima óptimo en el espacio que no el tiempo: en persecución de la eterna y errante primavera. Probablemente no es ajeno a su éxito biológico la ausencia o esca-sez de parásitos en estas poblaciones largo migrantes, así las torcaces sedentarias sufrie-ron de enormes mortalidades en el verano de
1995 en España, mientras que las más migrantes muy rara vez muestran síntomas de parasitaciones significativas. La migra-ción parece pues conducir -además- a un menor efecto de parásitos y enfermedades, y muy probablemente tenga otras ventajas añadidas que ignoramos aún.
ÉXITO BIOLÓGICO Y CAMBIO CLIMÁTICO
Las fracciones «largo migrantes» conse-guirían finalmente un mayor éxito biológico, si las primaveras se alargaran considerable-mente en el espacio; es decir, si comenzaran pronto en el Sur y terminaran tarde en el Norte. Podría pensarse que el recalentamien-to global del Planeta podría llegar a tener finalmente estos efectos.
1M. MONTOYA «Efectos previsibles del cambio climático sobre las especies migratorias»
En el caso de la tórtola se ha observado con claridad que, al amparo de las particula-res condiciones meteorológicas de 1996, las tórtolas cruzaron mucho antes el Estrecho de 10 que es habitual en ellas. En el gráfico 1, puede observarse que el paso de 1996 tuvo una distribución bien diferente de la media de los últimos años. De hecho el estado fenológico que les conviene para establecer su nidada en esas fechas, parece ser que no estaba en ese año tan singular en el Norte de África; sino ya en España, en razón de la temprana primavera habida aquí. Acabada una primera cría, la segunda se produce en un movimiento similar hacia el Norte a la búsqueda de una «nueva primavera»; si el otoño tardara en llegar, seguirían teórica-mente viajando hacia el Norte, para lograr nuevas crías. Que la orden de reproducción es lumínica, 10 demuestra su habitual concentración en el «Día de la Cruz», que prueba además que ninguna influencia tiene la tradicional «luna»; sin embargo el paso del 96 señala que el estado fenológico de la vegetación tiene también una importancia añadida relevante.
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-En la codorníz hemos descrito su comportamiento migratorio -con migracio-nes separadas entre sexos y
edades-(MONTOYA, 1995). En esta especie los
machos migran, desde que la hembra comienza a incubar los huevos, para buscar nuevas zonas de anidada favorables; las hembras -si el mal tiempo no 10 impide- les seguirán una vez completen la incubación y cría de los pollos. De esta forma una permanente «avanzadilla de machos» va localizando áreas favorables para la repro-ducción; las hembras al llegar se encelan y asientan más fácil y rápidamente, cuanto mayor sea la densidad de machos cantantes en una zona; 10 que señaliza la ausencia de peligros y la presencia de buenas condicio-nes de vida. Por eso cuando el mal tiempo obliga al regreso de estos «pioneros» hacia el Sur, es frecuente que en esos extremos N orte del área de reproducción de la espe-cie la población sea prácticamente sólo de machos. Por esto mismo la relación machos a hembras en un determinado momento y lugar dice bien poco sobre la dinámica poblacional real de la especie (pese a 10
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Gráfico 2.- Años de conteo y año medio
mucho que se ha especulado y escrito sobre esta materia).
Tanto la tórtola como la codomíz mues-tran pues una flexibilidad sorprendente fren-te al clima de cada año -se diría que incluso «prevista» o «programada»-, y una capaci-dad de adaptación, que sin duda no les es exclusiva dentro del marco global de las aves migratorias.
Aparentemente el cambio climático podría incluso llegar a favorecer a las especies migratorias; pues su capacidad de respuesta es indudable, y tal vez consigan encontrar primaveras más prolongadas en el espacio, lo que indudablemente les favorecería.
Sin embargo lo cierto es que -por lo menos en el caso de las migratorias trasaharianas- el cruce del Desierto del Sáhara, es cada vez más dificil a causa de la desertificación y el cambio climático y que los daños que reciben las poblaciones en su travesía, afectan sólo a las fracciones que efectivamente lo atravie-san; es decir, a las «largo migrantes» que son
sólo una parte del total. Consecuentemente es de esperar que el cambio climático, junto con los procesos de desertificación, perjudi-quen finalmente a las fracciones más largo migrantes, y es por eso normal y esperable que estas especies migratorias se reduzcan notablemente en sus zonas de distribución situadas más hacia el Norte y más hacia el Sur de su área de distribución; es decir: en los extremos de sus áreas de distribución. De hecho tanto la tórtola como la codomíz parece que están reduciendo su presencia en sus áreas de distribución situadas más hacia
el Norte (se ignora la situación en el Sur); sin que eso signifique necesariamente un mal estado global de estas especies, sino tan sólo de sus fracciones más migratorias; pues -como hemos dicho- las fracciones que migran más hacia el Sur son también las que llegan más al Norte.
J.M. MONTOYA «Efectos previsibles del cambio climático sobre las especies migratorias»
«largo migrantes» presenten dificultades, no quiere decir que lo hagan las poblaciones «ibéricas». La presión existente ante Bruselas por parte de colectivos conserva-cionistas de los paises del «Norte», para suspender la caza de tórtola y codorníz, no justifica el aplicar dicha protección en los paises ibéricos. La bibliografia nordista no debería de ser cerrilmente copiada en los paises mediterráneos. Tórtola y codorníz precisarán protección al Norte de los Pirineos, pero no al Sur.
Simultáneamente la extensión de los culti-vos en regadíos artificiales está favoreciendo mucho a las fracciones más sedentarias, y provocando un disolución genética añadida, a todos los daños que ya sufren las largo migrantes en razón del incremento de la extensión del Desierto del Sáhara. Por tanto el cambio climático, que va a incrementar más aún los cultivos de regadío, al tiempo que incrementará la extensión del Sáhara, favorecerá indudablemente a las poblaciones más sedentarias frente a las más largo migrantes.
CONCLUSIONES
¿Favorecerán o perjudicarán los cambios climáticos a las aves migratorias?
Todo parece indicar que, al menos en el caso de las migratorias trasaharianas, el cambio climático resultará finalmente perju-dicial para sus fracciones más «largo migrantes»; aunque no necesariamente para cada una de estas especies en su globalidad, y esto no tanto por dificultades de reproduc-ción, sino por la presencia misma de un Desierto del Sáhara cada vez más grande y seco, y por la evolución previsible de las técnicas de cultivo, hacia una mayor presen-cia de los regadíos artifipresen-ciales, lo que favore-cerá a las fracciones más sedentarias.
¿Podrán adaptarse las especies migrato-rias al cambio climático, o se verán obliga-das a desaparecer?
N o parece que el proceso de adaptación sea complejo ni demasiado largo; bien al
contrario, como hemos dicho, parece ser que las variaciones en los comportamientos migratorios tradicionales se establecen de forma muy rápida, al menos tan rápida como pueda llegar a ser el cambio climático.
¿Cuáles podrían ser las respuestas adaptativas de estas especies frente al cambio climático?
El futuro más probable, en el caso de las migratorias trasaharianas, parece ser una reducción de las fracciones «largo migran-tes» que habitan en las zonas situadas al Sur del Sáhara y que llegan más al Norte en sus migraciones, y una potenciación de las frac-ciones más «corto migrantes». En el caso español, por nuestra situación geográfica en zonas intermedias, es muy posible que no se produzcan daños significativos en nuestras migratorias africanas. No obstante nuestras poblaciones parecen compartidas con Marruecos y lo serán en el futuro cada vez más, lo que debe de ser muy tenido en cuen-ta a la hora de la coordinación internacional. De hecho las oscilaciones observadas en las entradas de tórtolas entre los diferentes años, así como la inusual forma de entrada a Europa de 1996, vienen demostrando que la subpoblación que salta a Europa, es tan sólo una fracción variable de una población total que compartimos con el Norte de África. El gráfico 2, presenta oscilaciones entre años que no pueden ser explicadas ni por varia-ciones de la presión de caza, ni por fenóme-nos ligados a la reproducción; sólo una mayor o menor entrada a Europa en función de diversas circunstancias puede explicar estas variaciones que ratifican nuestra inten-sa ligazón con el Magreb.
¿Será similar el efecto sobre las especies migratorias que nos llegan desde el Sur, y sobre las que nos llegan desde el Norte?
de cultivos), similar a la seguida por las especies «africanas», almque probablemente por causas bien diferentes, y también justifi-cables en términos de éxito biológico. Estas especies de siempre han mantenido unas pequeñas poblaciones sedentarias en el Sur -entre nosotros- y una mayoría de migratorias desde el Norte, el diferente éxito biológico actual está también modificando notable-mente este equilibrio tradicional. Como las migratorias que llegan en invierno a España no vienen a reproducirse, los efectos genéti-cos de absorción observados en las estivales (tórtola y codorníz), probablemente no se produzcan tan claramente con ellas, aunque es posible que se produzcan fenómenos de «arrastre de parej a» .
Por otra parte, al llegar habitualmente presionadas por el frío, es posible que España -a causa del recalentamiento global-deje de estar incluida en el futuro dentro del área de invernada de algunas de dichas espe-cies, probablemente las más nórdicas. Su
presencia invernal aquí es pues la más amenazada por el cambio climático.
NOTA: ponencia debatida en la Reunión del Grupo de Estudio sobre el Cambio Climático de la «SOCIEDAD ESPAÑOLA DE CIENCIAS FORESTALES» (4/11/96. Madrid). Revisada ellO de noviembre de
1997.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
MESÓN GARCÍA, Ma . LUISA; 1993. Las razo-nes genéticas en la disminución de las codor-nices migratorias. Revista «Caza y Pesca» nO 608. Agosto 1993. Edita «Caza y Pesca». Madrid. pp 636-637