El Ballet de Stuttgart representa Romeo y Julieta en el Teatro Real

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El Ballet de Stuttgart representa Romeo y Julieta en el Teatro Real

Equipo artístico

Coreografía y dirección de escena John Cranko Escenografía y figurines Jürgen Rose

Dirección musical Wolfgang Heinz (días 11, 14, 16) Glenn Prince (13, 15)

Reparto

Julieta Alicia Amatriain (11, 16 noche) Sue Jin Kang (13, 15)

Maria Eichwald (14, 16 matinal)

Romeo Friedemann Vogel (11, 16 noche) Filip Barankiewicz (13, 15)

Jason Reilly (14, 16 matinal)

Mercucio Filip Barankiewicz (11, 16 noche) Alexander Zaitsev (13, 15)

Arman Zazyan (14, 16 matinal)

Benvolio William Moore (11, 16 noche) Attilo Bako (13, 15)

Roland Havlica (14, 16 matinal)

Tebaldo Jirí Jelinek (11, 13, 15, 16 noche) Nikolay Godunov (14, 16 matinal)

Paris Douglas Lee (11, 16 noche) Nikolay Godunov (13, 15)

Alexander Jones (14, 16 matinal)

La Condesa Capuleto Sonia Santiago (11, 13, 15, 16 noche) Oihane Herrero (14, 16 matinal)

Los Capuletos y los Montescos Cuerpo de baile Orquesta Titular del Teatro Real

(Orquesta Sinfónica de Madrid) Edición musical:

Musikverlag Hans Sikorski, Hamburgo Duración aproximada:

Acto I: 50 min. Pausa de 20 min. Acto II: 30 min. Pausa de 20 min. Acto III: 40 min. Mayo:

11, 13, 14, 15, 16 (dos funciones)

Una vez iniciado el espectáculo no está permitido, en ningún caso, el acceso a la sala hasta que tenga lugar el intermedio

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Acto I Escena 1

Amanecer en Verona. Romeo le declara su amor a la bella Rosalinda. Cuando la ciudad se despierta, el mercado se llena de gente y estalla una pelea entre las familias rivales de los Capuleto y los Montesco. El príncipe de Verona advierte a las familias: si sigue reinando el enfrentamiento entre ellos, tendrá que castigarlos, en el peor de los casos incluso con la muerte.

Escena 2

La madre de Julieta, la condesa Capuleto, le entrega a su hija su primer traje de baile. Al día siguiente se encontrará por primera vez con su prometido, el conde Paris. Ahora tiene que despedirse de su infancia.

Escena 3

Los Capuleto ofrecen un gran baile. Los invitados aparecen, entre ellos Rosalinda. Romeo, el hijo del conde Montesco, y sus amigos Benvolio y Mercucio, le siguen –disfrazados y enmascarados– a la reunión.

Escena 4

En el baile, Julieta se encuentra con el conde Paris y danza con él. Ve a Romeo y ambos se enamoran a primera vista, aunque sólo están juntos un momento. Tebaldo, un sobrino del conde Capuleto, sospecha la identidad de Romeo e intenta provocar un enfrentamiento, pero el padre de Julieta lo impide.

Escena 5

Asomada al balcón, Julieta sueña con Romeo; el amado se cuela en el jardín. Se declaran su mutuo amor y se prometen fidelidad eterna.

Acto II Escena 1

Época de cosecha. En el mercado se festeja un gran Carnaval. A Romeo la fiesta no le apetece. El ama de Julieta le entrega una carta en la que Julieta le pide que vaya al convento de clausura donde se encuentra el padre Lorenzo.

Escena 2

El padre Lorenzo casa en secreto a Romeo y Julieta. Escena 3

El Carnaval está en pleno apogeo cuando Romeo vuelve de la boda. Tebaldo le reta, pero Romeo se contiene. En cambio, Mercucio inicia un duelo con Tebaldo y le mata. A continuación, Romeo mata a Tebaldo.

Acto III Escena 1

Romeo y Julieta han pasado juntos la noche. Al amanecer, Romeo debe abandonar Verona. Los condes de Capuleto presentan a su hija al conde Paris. Julieta lo rechaza como futuro marido.

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En su desesperada situación, Julieta corre a ver al padre Lorenzo. Éste le da un bebedizo que la sumirá en una muerte artificial. El plan es que sea conducida a la cripta familiar para que Romeo pueda reunirse con ella allí y huir juntos.

Escena 3

Julieta confiesa haber dado su consentimiento a la boda con el conde Paris y luego se toma el bebedizo. Su cuerpo inerte es hallado el día que debería haber sido el de sus esponsales. Escena 4

Romeo no ha recibido noticia alguna del padre Lorenzo. Cuando se entera de que Julieta está muerta se cree la terrible noticia. Corre a la cripta de los Capuleto, se encuentra allí al conde Paris y le mata. Y luego, Romeo se clava su propia espada en el corazón y muere junto a su amada. Julieta se despierta y encuentra a Romeo a su lado. Incapaz de soportar la vida sin él, se suicida abrazada a su esposo.

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La hora del nacimiento del Ballet de Stuttgart: Romeo y Julieta de John Cranko

Horst Koegler

En la historia reciente del teatro hay muy pocas compañías que, durante años e incluso décadas, hayan sido identificadas con una producción específica. En el mundo del ballet, se podría calificar la creación de Maurice Béjart, La consagración de la primavera, como objeto de imagen e identificación de la compañía de ballet del siglo XX que adoptó ese mismo nombre. Aún hoy, a pesar que de la compañía haya cambiado de nombre, actuando actualmente como Ballet Béjart de Lausana, esa asociación con la obra mencionada sigue existiendo.

¿Y el Ballet de Stuttgart? El Romeo y Julieta de Cranko, estrenado el día 2 de diciembre de 1962 en el Grosses Haus del Württembergisches Staatstheater y representado en 1965 en el Festival de los Dos Mundos de Spoleto, ya era la tarjeta de visita del Ballet de Stuttgart cuando, dos años y medio más tarde, se estrenó Oneguin. John Cranko asumió el 16 de enero de 1961 el cargo de director del Ballet de Stuttgart. Durante los primeros meses, Cranko vivió en Stuttgart momentos muy intensos y llenos de vicisitudes desde el punto de vista artístico, fundamentalmente debidos a la acogida muy escéptica de una serie de importaciones de su repertorio londinense y al éxito indiscutible de Catálisis sobre el Concierto para piano nº 1 de Shostakóvich. Se puede decir que con su producción de Romeo y Julieta, finalmente, había aterrizado en Stuttgart. Con su impetuoso dinamismo de cambio, Romeo y Julieta conquistó enseguida la simpatía del público, convirtiéndose en el nacimiento de lo que hoy conocemos como el Ballet de Stuttgart.

Cranko, que a mediados de los años cincuenta aún no había cumplido los treinta años y que se educó en la elegante tradición anglosajona del Ballet (aún no Royal) de Sadler’s Wells, con la marcada influencia de Ninette de Valois y Frederick Ashton, estaba entusiasmado con el furor dramático de los rusos y la rabia de Look back in anger (Mirando hacia atrás con ira) de la joven generación inglesa en su rebelión contra los grupos dirigentes anclados en el pasado. Si se consiguiera unir en Stuttgart las sinergias de los rusos (sin su patetismo sentimental, considerado totalmente anticuado) y de los británicos (adaptadas al temperamento teatral alemán más discreto), se podría crear una variante específicamente alemana del ballet de acción de sesiones de ballet enteras. Conviene recordar que, doscientos años antes, Stuttgart representó con Noverre la punta de lanza internacional del Ballet d’action.

De forma igual o parecida se habrá imaginado la versión, producida en Stuttgart, de Romeo y Julieta de Prokófiev (tras su primer acercamiento al ballet de Prokófiev con una puesta en escena como director invitado en 1958 en Venecia para el Ballet de la Scala de Milán). Finalmente, fue una versión con la que logró convencer no sólo al director general de la Ópera de Stuttgart, Walter Erich Schäfer.

La representación de la tarde del primer adviento de 1962 disipó rápidamente todas las dudas. Karl Heinz Ruppel, uno de los pocos críticos musicales alemanes con una gran sensibilidad por el ballet, constató en el Süddeutsche Zeitung: “Son asombrosas las imágenes, representadas a través de la danza, que Cranko sabe extraer, con su imaginación, de la música. Entusiasma no sólo la brillantez deportiva de la escena de esgrima, sino que la evolución y la intensificación de esa escena, partiendo de un juego casi de flirteo que se convierte en una lucha seria y, finalmente, encarnecida, son una obra maestra de la coreografía. Así mismo, el baile en la sala

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de fiesta de los Capuleto… El coreógrafo hace gala de un gran sentido de la dinámica del espacio y de grandes secuencias de movimientos dinámicas y variadas, encajándolo perfectamente en el decorado realista del Quattrocento, excelentemente logrado por Jürgen Rose (anunciando su gran talento para los decorados de ballet, incluido el vestuario). No hay ningún invento sorprendente, pero el dominio de su profesión y la brillantez de su trabajo cautivan en cada momento las miradas del público. En Stuttgart se puede ver un cuerpo de ballet perfectamente preparado con un grupo de buenos solistas, capaz de cumplir con las exigencias tanto mímicas como técnicas de los distintos papeles. En las partes puramente de baile, nos demuestra su experiencia en la comprensión de las formas”. Con esas palabras, Ruppel adelanta el denominador común de casi todas las críticas acerca de la nueva producción de Romeo y Julieta, representada en Stuttgart. En sus memorias, Schäfer escribe entusiasmado: “Esa coreografía de Cranko se levantó como el sol en un horizonte oscuro, dejando palidecer, ante esa luz, a muchas estrellas menores. De golpe, se desvanecieron todas las dudas”.

Ese mismo sol brilló en todo el mundo del ballet alemán. Otras ciudades alemanas querían formar parte de la primavera del Ballet de Stuttgart, intentando conseguir a Cranko. Sin embargo, ni siquiera lo logró Berlín. En cambio, Múnich compartió a Cranko durante un tiempo con Stuttgart. En la capital bávara, Cranko eligió, en 1968, como su primer montaje, el ballet Romeo y Julieta que, hasta la fecha, se ha mantenido en el repertorio del Bayerisches Staatsballett. En general, el Romeo y Julieta de Cranko ha resultado ser un montaje especialmente longevo, no sólo en Stuttgart, Múnich y Viena, sino también en el repertorio del Joffrey Ballet americano, donde el Romeo y Julieta de Cranko figura desde 1984 en el programa.

Las generaciones de bailarines se miden, debido a su vida profesional activa más breve, en lapsos de tiempo más cortos, por lo que se puede decir que, en la actualidad, ya la tercera, si no la cuarta generación de bailarines se ha apoderado de la coreografía de Romeo y Julieta de Stuttgart. Nadie se atrevería a declarar que, con los años, la obra hubiera perdido su frescura e ímpetu espontáneo. Incluso cabe preguntarse si en la historia del ballet alemán ha existido otra creación que, renovada una y otra vez, haya permanecido durante tanto tiempo en los programas. Teniendo en cuenta lo efímero que es nuestro tiempo y que ya llevamos viviendo algunos años en el nuevo siglo, los que quedan para el quincuagésimo aniversario del Romeo y Julieta de Stuttgart pueden parecernos un tiempo sumamente corto.

Anna Kisselgoff, comentarista de danza del New York Times, decía en 1984 sobre la presente producción: “Se trataba de un proyecto arriesgado que agotaba todos los recursos del Joffrey. No obstante, marcó un cambio de rumbo, elevando a la compañía a un nuevo nivel mundial”. Como vemos, el Romeo y Julieta producido en 1984 por Cranko en Nueva York tuvo las mismas consecuencias que en 1962 en Stuttgart. E incluso en el año 2002, es decir, cuarenta años después de su estreno, Clive Barnes, el número uno entre los críticos internacionales, calificó en su columna del Dance magazine americano la producción de Stuttgart de John Cranko del año 1962 como “perhaps the best” de las versiones de Europa occidental.

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JOHN CRANKO COREÓGRAFO

Nació en 1927 en la sudafricana Rustenburg y se trasladó a Londres en 1946, donde terminó su formación en la Escuela del Sadler’s Wells Ballet, al que se incorporó como bailarín en la compañía, embrión del futuro Royal Ballet. A partir de 1949 se concentró exclusivamente en su carrera como coreógrafo, que transcurrió con gran éxito creando obras para el Sadler’s Ballet, la Opéra de París, La Scala de Milán y el Royal Ballet. En 1961 fue nombrado director del Ballet del Staatstheater de Württenberg. Cranko se rodeó de un grupo de bailarines de excepcional talento con los que consiguió la consagración de público y crítica en 1962. A ello siguieron numerosas invitaciones en todo el mundo. Con ocasión de una estancia en Nueva York, el renombrado crítico de ballet Clive Barnes acuñó el concepto de “el milagro del Ballet de Stuttgart”. En los pocos años que se sucedieron hasta su prematura muerte en 1973, Cranko creó para la compañía un extraordinario repertorio de coreografías propias, entre ellas Oneguin y Der Widerspenstigen Zähmung así como obras maestras de un solo acto como Jeu de Cartes, Initialen R.B.ME. y Brouillards. Con la fundación en 1971 de la Escuela John Cranko, éste vio realizada su máxima aspiración en su afán por impulsar nuevos valores.

JÜRGEN ROSE

Escenografía y figurines

Ningún otro escenógrafo y figurinista estuvo tan implicado en el “milagro del Ballet de Stuttgart” de los años 60 como Jürgen Rose. El triunfo del Romeo y Julieta se situó al principio de la carrera extraordinariamente exitosa de Jürgen Rose. Tras estudiar en Darmstadt y Berlín, Rose obtuvo su primer contrato como escenógrafo y actor en 1959 en Ulm, antes de trasladarse a Stuttgart, donde conoció a John Cranko quien, tras Romeo y Julieta, le confió el montaje de muchas de sus coreografías más importantes. Para él creó Oneguin, El lago de los cisnes, Initialen R.B.M.E., Poème de l’extase y Spuren. Su polifacético saber es apreciado internacionalmente, por lo que ha realizado la escenografía de ballets para numerosos teatros. Activo también en el mundo del teatro y la ópera, ha colaborado con centros como el Schauspielhaus de Hamburgo, el Schillertheater de Berlín y el Residenztheater de Múnich, ciudad a la que ha estado vinculado durante cuarenta años. Numerosas han sido sus intervenciones en teatros de ópera como los de Viena, Milán, Nueva York y Londres, así como en los festivales de Bayreuth y Salzburgo. Hasta su jubilación ha sido también profesor de Escenografía en la Academia de Bellas Artes de Stuttgart. Actualmente reside en Múnich y sigue trabajando para la ópera.

Ballet de Stuttgart Fundador: John Cranko Staatstheater Stuttgart

Sobreintendente Hans Tränkle Director artístico Reid Anderson

Administración y dirección general Fränzi Günther Director musical James Tuggle

Director artístico asociado Tamas Detrich

Coreógrafo residente Christian Spuck, Marco Goecke Asistente de la dirección del Ballet Sonja Richter

Desde hace más de cuarenta años, el Ballet de Stuttgart es una de las compañías más importantes y reconocidas del mundo. Su gran renombre internacional no se basa únicamente

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en la legendaria versatilidad y el alto nivel técnico de sus bailarines, sino también en el potencial artístico de sus profesionales, una y otra vez, insuflan nuevos impulsos al mundo del ballet. En el Ballet de Stuttgart comenzaron sus carreras como bailarines grandes coreógrafos y directores de ballet, como William Forsythe, John Neumeier, Uwe Scholz y Jirˇí Kylián. El elevado número de estrenos demuestra la importancia que concede a las coreografías contemporáneas. Desde que en 1996 Reid Anderson asumiera el cargo de director, se estrenaron en el Ballet de Stuttgart más de sesenta nuevas obras de coreógrafos de todo el mundo, con la intención de promocionar, especialmente, a coreógrafos jóvenes. La larga historia del Ballet de Stuttgart se remonta al siglo XVII, alcanzando su primer punto culminante en el siglo XVIII con el trabajo del reformador de la danza, Jean-Georges Noverre. Una nueva era se inició en 1961 con el nombramiento de John Cranko (1927-1973) como director de ballet. Con sus tres geniales nuevas creaciones, Cranko se convirtió en el renovador más importante del género de ballet de acción: como Romeo y Julieta (1959/1962), Oneguin (1965/1967) y La fierecilla domada (1969). Los críticos americanos acuñaron en aquella época el término de “el milagro del ballet de Stuttgart“. Entre 1976 y 1996, la compañía fue dirigida por Márcia Haydee. Reid Anderson, canadiense de nacimiento, que actuaba como solista bajo la dirección de Cranko y que, entre 1989 y 1996, fue director del National Ballet of Canada, sigue escribiendo, desde 1996, la historia de éxito del Ballet de Stuttgart como director de ballet, ofreciendo un programa que da cabida a las nuevas generaciones de coreógrafos, a la vez que se conserva y se cuida el rico legado de Cranko.

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