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El asno y el príncipe - literatura y política

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EL ASNO Y EL PRÍNCIPE: LITERATURA Y POLÍTICA

POR: JUAN SEBASTIAN CASALLAS REINEL

DIRECTOR: FELIPE CASTAÑEDA, DOCTOR EN FILOSOFÍA

TESIS PARA OPTAR POR EL TITULO DE MAESTRO EN

FILOSOFÍA

UNIVERSIDAD DE LOS ANDES, DEPARTAMENTO DE

FILOSOFÍA

(2)

A mis padres, por su apoyo incondicional,

(3)

AGRADECIMIENTOS

Este trabajo es el resultado de una intersección de puntos de vista. Es el producto de

múltiples fuerzas que se afectan entre sí y de las que me siento beneficiado por aparecer

como difusor. Estas fuerzas proceden de muchos lugares y se encuentran en este punto

en particular, cuyo valor consiste en las líneas que genera más que por su existencia

misma. En este sentido agradecer no es una formalidad sino un reconocimiento de la co-

autoría de los involucrados.

En primer lugar, agradezco a mis padres, por su constante e incondicional apoyo en la

búsqueda y desarrollo de mi carrera representado hoy en este trabajo.

A Felipe Castañeda por su paciencia y dedicación, por sus martillazos demoledores de

contradicciones y sus aportes invaluables. A Alberto Bejarano, quien me presentó el

mundo nuevo de la filosofía francesa contemporánea. A Julieth Medrano por su

disponibilidad para discutir tanto intelectual como existencialmente. Finalmente a la

Universidad de los Andes y en concreto al Departamento de Filosofía, por haberme

formado como lector crítico, por enseñarme a ser autónomo y riguroso.

A todos les debo este producto y mucho más.

(4)

INDICE

Introducción………..……….5

Capítulo 1: fortuna y naturaleza humana en el asno…………...10

Capítulo 2: la naturaleza humana como condición y la complejidad de la

fortuna………...28

Capítulo 3: el

príncipe

a la luz del

asno

o el devenir bestia en

política………...43

Perspectivas, puentes y proyectos………60

(5)

INTRODUCCIÓN

La obra política de Maquiavelo es una de las más conocidas y leídas del renacimiento

italiano, basta tan sólo con revisar cuántas críticas y elogios ha suscitado, además de

quiénes los han llevado a cabo para comprobarlo. Desde la iglesia romana hasta Quentin

Skinner, pasando por Napoleón, Federico II de Prusia, Antonio Gramsci, Althousser y

Pocock, la voz del autor florentino ha tenido interlocutores de enorme reputación y

calibre. Pero estos renombrados hombres han limitado su interés por la obra de

Maquiavelo a las dos principales obras, a saber, el Príncipe y Los Discursos a la

primera década de Tito Livio.

Algunos de ellos sólo conocían la existencia de la primera, lo cual los llevó a

satanizar y rechazar radicalmente su contenido, como es el caso de los autores cristianos

que hicieron una lectura que acusaba al pensador florentino de un anticristianismo

inmoral al tiempo que, por debajo de cuerda, implementaban algunas de las ideas más

poderosas propuestas por Maquiavelo1; o a ensalzar su visión del mundo de la política (como lo hace Napoleón en el comentario por capítulos que escribió al Príncipe).

Algunos otros conocieron ambas obras y pudieron realizar estudios rigurosos sobre la

propuesta política de il Machia2, estudios3 estos que articulan ambas obras y se

alimentan de algunas otras como La historia de Florencia o El arte de la guerra. Por

último encontramos a otros pocos autores que tratan o discuten con Maquiavelo muy

brevemente y que reconocen su importancia y genio, pero que no profundizan en su

estudio por una u otra razón4. Algo que comparten todos estos autores y hombres de política es su desconocimiento, o al menos su silencio, frente a la obra literaria del autor

florentino.

Esta parte de la producción ha sido reducida al carácter de simple mordacidad o

comedia, alegando que sólo trata de nimiedades y/o perífrasis de la obra política5. Pero comparte muchas semejanzas con la producción más leída y conocida del florentino de

1 Es el caso de Rivadeneira y Federico II. Ver: Fernando Alvia de Castro. Verdadera Razón de Estado; y

El antimaquiavelo.

2 Como era conocido Maquiavelo por sus amigos más cercanos y compañeros en la cancillería.

3 Ver, por ejemplo, el estudio de Gramsci titulado Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el

Estado moderno. En: Ediciones Nueva visión; o el monumental Momento maquiavélico de Pocock.

4 Aquí encontramos como sobresalientes, aunque existen otros, los comentarios de Althousser en su

ensayo La soledad de Maquiavelo y los apuntes de Merleau Ponty en Signos.

5 Así lo sostiene Villari, reconocido biógrafo de Maquiavelo. ver: Villari. Maquiavelo, su vida y su

(6)

las que se podrían percibir en primera instancia. Todas las obras, tanto las de literatura

como las de política, fueron escritas durante o después del periodo de exilio y

aislamiento que sufrió Maquiavelo en la finca de Santa Andrea que hacía parte de su

herencia. Allí, en los márgenes de la vida política del Renacimiento, el autor italiano se

dedicó a trabajar y relacionarse con su nuevo entorno de día y a estudiar los autores

clásicos de noche. Maquiavelo habla de esta caída en desgracia como producto de la

fortuna que lo ha dejado caer desde lo alto para así divertirse y expresa que su único

consuelo es el diálogo que logra entablar durante cuatro horas nocturnas con los grandes

nombres de la política6. Este revés de la fortuna que afectó al florentino representa entonces una figura irónica con respecto a su obra, ya que sólo gracias a la acción de la

fortuna podemos hoy, y hemos podido durante quinientos años, disponer de las obras

maestras del secretario.

Así pues, la obra de Maquiavelo, tanto política como literaria, tiene la doble

condición de ser un producto de la fortuna y una nueva manera, o al menos un intento,

de relacionarse con la política. Producto de la fortuna porque de no haber sido por el

cambio de situación y la caída en desgracia probablemente no conservaríamos la obra

de Maquiavelo como la conocemos, y una novedad en la manera de relacionarse con la

política en cuanto se presenta como la salida, la alternativa, que escoge Maquiavelo ante

la muerte política, como su resurgir del infierno.

Una vez fijada esta doble condición que une a los dos tipos de obra cobra

importancia ahondar en la obra literaria como objeto de estudio. Antes de comenzar vale

la pena preguntarse cómo hablar de esta obra, la cual se caracteriza por ser casi

desconocida, cómo tomarla en serio sin conocerla. Existen múltiples títulos en la obra

literaria, pero apenas uno es conocido y asociado al nombre del autor florentino, me

refiero a La Mandrágora. Los demás títulos no se citan, no se han traducido a tantos

idiomas como el Príncipe o los Discursos, son las obras que jamás se relacionarían con

el nombre propio Nicolás Maquiavelo en un espontáneo preguntar. Pues bien, esta

faceta de desconocimiento nos lleva a horizontes poco explorados, pero no imposibles

de vislumbrar, terrenos difíciles por falta de tránsito, sendas por recorrer. Para

emprender este esfuerzo de exploración, aunque sea mínima, me acojo a la propuesta de

Gilles Deleuze y Felix Guattari con relación a la literatura menor.

(7)

Maquiavelo y la literatura menor

Como vimos hace poco la obra de Maquiavelo, casi en su totalidad, es un hecho que

pudo no haber ocurrido. Esta particularidad nos pone de manifiesto la contingencia de la

obra, sus ser es un ser que pudo no ser. La obra se presenta como el esfuerzo de un

hombre que no soportaba verse privado de la vida activa en la política de su patria. Así

la vida de Maquiavelo transcurrió en dos niveles de expresión, la acción política y la

composición ardorosa fruto del studium. Es posible que esta manera de vivir del

florentino le enseñara a plantear los problemas y las circunstancias de forma bifocal. En

este sentido podemos recordar la visión particular y detallista del Príncipe en cuanto al

gobierno y el actuar del soberano, visión que se contrasta con el enfoque más amplio y

comprensivo de los Discursos. Otro ejemplo de este tipo de aproximación se da al

interior de la dedicatoria del Príncipe, que aunque iba dirigida al heredero Medici, se

puede leer también como una propuesta que no encaja en la típica literatura de los

consejos para los príncipes.

[A]l igual que quienes dibujan el paisaje se sitúan en la llanura para calibrar la naturaleza de los montes y de los lugares elevados, y sobre los montes para calibrar la del llano, del mismo modo es menester ser príncipe para conocer a fondo la naturaleza de los pueblos, pero ser del pueblo para conocer a fondo la de los príncipes.7

En este texto Maquiavelo habla en dos niveles, uno de los cuales corresponde

ciertamente al consejo para el príncipe; el otro corresponde a un mensaje dirigido al

lector no perteneciente a la nobleza, al ciudadano de la república que puede y debe

aprender tanto como el príncipe acerca del mundo de la política y el poder8. Este análisis susceptible de una lectura de doble enfoque ha sido estudiado por Claude Lefort

en su Maquiavelo: lecturas de lo político, donde rescata que el Príncipe no se trata sólo

del análisis de la vida política como proceso complejo al que se enfrentan los

gobernantes, sino también del germen de la democracia que está allí mismo bajo la idea

del motor de la república como el conflicto entre las clases. La reacción que motiva, y

ha motivado, la obra de Maquiavelo es, como se sugirió arriba, también bifocal, y por

ello queda resaltado el dramatismo de su contingencia, es una obra que ha pervivido

durante quinientos años y que pudo no haber existido en absoluto.

7 Maquiavelo, Nicolás. EL Príncipe. En: Obras Completas. Gredos, Madrid: 2011. p. 4

8 Esta tesis ha sido defendida por Spinoza en el capítulo 5, sección 7 del Tractatus politicus; y por Rousseau en el Contrato social libro 3, capítulo 6.

(8)

La contingencia y la precariedad que caracterizan la génesis de la obra del

florentino pueden leerse en consonancia con el mensaje de conocimiento del mundo del

poder que hace Lefort para posicionar la obra de Maquiavelo como una literatura

menor, por lo menos en cuanto a su capacidad de plantear un pueblo posible. Como

explica Deleuze en Crítica y clínica: “La salud como literatura, como escritura, consiste

en inventar un pueblo que falta.”9 La escritura mantuvo vivo y cuerdo a Maquiavelo, que sirvió además como conducto de comunicación de un pueblo silenciado/reprimido

por el dominio Medici. El espíritu republicano habla en las páginas del florentino.

En este mismo sentido aparece el poema inacabado titulado el Asno, obra en la

que es casi tangible la inestabilidad de Maquiavelo como individuo fuera del mundo de

la vida política activa. En el poema se encuentra la posibilidad de un nuevo mundo en

cuanto reificación del ciudadano de a pie en la república, aquel que nacía sin la

posibilidad de proyectarse en la vida política o comercial de la ciudad, pero que estaba

completamente impelido por ella. Así, Maquiavelo a una vez establece un paralelo entre

el asno como el trabajador no reconocido por el mundo de la política y la posibilidad de

una reificación a través del devenir bestia, de reconocer su animalidad, del mismo

ciudadano. Esto puede entenderse mejor recordando el objetivo que Deleuze y Guatarri

identifican en la literatura menor:

Objetivo último de la literatura: poner de manifiesto en el delirio esta creación de una

salud, o esta invención de un pueblo, es decir una posibilidad de vida. Escribir por ese

pueblo que falta («por» significa menos «en lugar de» que «con la intención de»10).

En última medida “la capacidad de expresar otra comunidad potencial”11, es decir, la república florentina durante el dominio Medici. Esta comprensión de la literatura menor

como la creación de una pequeña salud que permite sobrevivir a la adversidad que

parece insoportable nos permite proponer la existencia de los textos literarios como la

causa del resurgimiento de Maquiavelo de aquél infierno político del exilio. Es en esta

intersección de la vida y el pensamiento, en este cruce violento que muestra frágil al

autor, donde encontramos las razones para estudiar y profundizar esta obra literaria.

Antes de entrar a considerar la obra literaria como tal cabe aclarar que después

de esta breve introducción no es posible pensar que esta es reductible a la obra política

por cuanto nos enfrenta a escenarios diferentes, como la angustia, lo animal, etc. Y

9 Deleuze y Guattari. Crítica y clínica. Editorial Anagrama, Barcelona, 1996. p 15 10 Ibíd. 16

11

(9)

además, sería desproporcionado pretender abordar la totalidad de la obra y la pluralidad

de los conceptos y temas que encontramos tratados en ella. Por lo tanto la lectura que

inicia a continuación y sus subsecuentes propuestas y desarrollos se limitan sólo a dos

conceptos que considero centrales dentro de la obra de Maquiavelo, a saber, Fortuna y

Naturaleza humana.

Por ello abordamos desde aquí la obra literaria más bien como un complemento,

un correlato que corre subterráneamente bajo el camino que va construyendo la obra

política y que es susceptible de darnos nuevas luces o áreas de enfoque sobre las ideas

presentadas en la obra política. Para ello es necesario un comentario detallado del

poema el Asno que permita ver la relación del texto literario con la obra y los problemas

de la política, este ejercicio corresponde al capítulo 1. Además del comentario detallado

es posible realizar un estudio de posibles fuentes e inspiraciones para construir el

mundo posible del que nos habla el poema, estas fuentes permiten ahondar en el

contenido y relación del poema y la obra política, en especial con el Príncipe, este

estudio se da en el capítulo 2. Finalmente es posible revisar algunos de los apartes más

conocidos y estudiados del Príncipe con relación a los conceptos estudiados y a partir de

este ejercicio plantear en qué medida es posible completar o mejorar la comprensión de

los conceptos a partir de la inclusión de la obra literaria como elemento hermenéutico

(10)

CAPÍTULO 1: FORTUNA Y NATURALEZA HUMANA EN EL ASNO

Estos dos conceptos son centrales en el pensamiento político de Maquiavelo. Sobre la

primera sabemos que tiene un protagonismo en la vida humana pues bajo su control

están “la mitad de las circunstancias o casi”, esto resulta especialmente importante si no

se tiene virtud suficiente para hacerle frente a su volubilidad, ella toma también el

nombre de la “divinidad” o los “cielos” en los escritos del autor florentino. En cuanto a

la segunda sabemos que cumple un papel central en el juego de la política puesto que

posibilita o limita a los hombres en su actuar político y militar, ya que “no es posible

variar tan fácilmente como los tiempos o las circunstancias”. Este capítulo tiene como

propósito la enunciación y exploración del uso que hace Maquiavelo de los dos

conceptos que nos atañen, esto para obtener tanto la seguridad de que existe una

relación entre la obra política y la obra literaria más allá del tiempo de composición (en

el sentido especificado en la introducción), como para establecer los puentes que se

construyen entre ambas. Como punto de encuentro se tomará el poema titulado el

Asno12, que sirve como hilo conductor, y a través del cual se intentará dilucidar la clase

de relación entre los dos tipos de obra. Al finalizar el capítulo contaremos con un

diagnóstico de los principales aspectos y usos que se hacen de la obra política en el

poema.

Como punto de partida para la lectura del poema propongo tener en cuenta tanto el

estado de ánimo en que se escribió el texto como la situación de inopia en la que se

encontraba Maquiavelo, para esto retomo lo que dice Maurizio Viroli en su Sonrisa de

Maquiavelo:

A veces la fortuna inflige heridas que ya no cicatrizan. El relato de la vida se divide en un antes y un después. Quien las ha sufrido advierte, a partir de cierto día, que ya no es la misma persona: padece angustias nunca experimentadas antes, descubre en sí mismo recursos que no creía poseer, ve el mundo y a los hombres bajo una luz más fría. Puede descubrir que es más fuerte o más vulnerable, y en todo caso se ve a sí mismo diferente. Los grandes dolores son como el viento que barre las cosas pequeñas, y dejan el ánimo capacitado para recibir las grandes si antes no se resecan las raíces de la vida. Algunos logran volver a reír, incluso tras haber perdido lo más importante que tenían. Es una sonrisa de desafío que muere en los labios sin tener el calor de atenuar la pena que oprime el corazón.13

12 Poema incompleto que consta de 8 capítulos y que fue escrito por Maquiavelo durante el año 1517 13

Viroli, Maurizio. La Sonrisa de Maquiavelo. Tusquets Editores, Barcelona: 2000. p. 159. El resaltado es mío.

(11)

En este sentido el poema puede leerse como un punto de quiebre, en el cual la Fortuna

ha golpeado con fuerza, del que se desprenden dos posibilidades, o sucumbir abatido

bajo la fuerza e impiedad de la diosa o hacer frente a los golpes y reveses de la Fortuna

y aprovecharlos como un nuevo horizonte de acción, una nueva perspectiva desde la

cual ver y relacionarse con el mundo. Dado este cambio de visión, donde la luz fría

toma el mando del devenir intelectual y aprovechando la apertura a recibir las cosas

grandes, considero interesante tener en cuenta, a lo largo de la búsqueda de puntos de

encuentro entre una obra y otra, la distancia que aquella sonrisa volátil que muere en los

labios puede dar a lo literario frente a lo político, donde la literatura, quizá, permite

discutir y enunciar asuntos y posiciones, de Maquiavelo, con respecto a la política y la

vida en general que no pueden ser explícitamente tratados en las obras políticas (sonrisa

de desafío).

El Asno o los avatares de la fortuna son la mitad de la condición humana

Antes de comenzar con la lectura del Asno y para contextualizar el poema es

provechoso retomar las palabras de Nora Hebe Sforza, quien nos recuerda el fuerte

carácter autobiográfico de este breve escrito, donde los versos se transforman en los

vehículos a través de los cuales “Maquiavelo logra poner en palabras su nueva

condición de hombre forzado por las circunstancias políticas a alejarse del negotium

para el que creía haber nacido.”14 Así las cosas, el primer capítulo abre con una aclaración relacionada a la nueva situación del antiguo secretario acerca del limitado

control que el individuo tiene sobre sus proyectos, hasta aquellos que son puramente

comunicativos, pues depende de la adecuación de sus pretensiones a las circunstancias,

es decir, del guiño de la diosa, el narrador nos dice: “Si la Fortuna así lo quiere,/ cantaré

aquí los variados casos, la pena y el dolor,/ que sufrí bajo la forma de un asno."15 En esta primera frase quedan sentadas las condiciones bajo las cuales se compone el

poema. Un Maquiavelo, víctima de los reveses de la Fortuna, se dispone a

comunicarnos qué tanto ha aprendido con respecto a ella durante sus disimiles y

penosas aventuras. Esto sin pompa y sin pretensión de belleza o adorno, porque “para

rebuznar no es necesaria un cítara.”16 Esta obra, entonces, no busca el reconocimiento ni la acogida de un príncipe, ni tampoco va dedicada a los amigos que son “príncipes sin

14 Sforza, Nora. Nicolás Maquiavelo: Textos Literarios. Introducción. Colihue, Argentina: 2010. 15 Maquiavelo, Nicolas. El Asno, En: Escritos Literarios. Editorial Colihue, Argentina. 199

16 Ídem. La condición de asno no necesita de ropajes que la hagan interesante o bella, ella misma tiene valor y su conciencia invita a hablar sin tapujos.

(12)

reino”. Ésta es una composición personal y auto-dedicada, no apela a la gratitud de los

que se han beneficiado del trabajo de Maquiavelo ni pretende un lugar en la mesa de

nadie. Aquí se trata de la distancia que el punto de quiebre le brinda al autor, quien

ahora se sabe convertido en el asno del que canta y comprende qué significa ser asno,

ser animal.

El poema continúa tratando la primera y gran característica de nuestro narrador-

protagonista que es el sentimiento de frustración que se experimenta debido a los golpes

y derrotas provocados por la ambición, que a pesar de ser connatural a los seres

humanos afecta con diferencia de grado a cada individuo, nos dice: “quiso [el asno]

hacer beber en la fuente Branda/ ya a toda Siena; y luego le puso en la boca/ apenas una

gotita de agua.”17 Este pasaje es un claro ejemplo de la visión y perspectiva propia de Maquiavelo con respecto a su propia suerte, la cual lo ha arrojado en el vacío de la vida

no activa. Pero es interesante ver cómo, a la vez, Maquiavelo tiene conciencia de sus

limitaciones propias como ser humano, es decir, que puede desear [hacer] muchas

cosas, pero no las puede conseguir todas, su capacidad de deseo es ilimitada, pero no así

su capacidad de consecución. Se encuentra aquí, aunque de manera resumida, una de las

ideas más importantes en la obra política, a saber, la ambición que caracteriza la

naturaleza humana y sobre la cual volverá el poema con recurrencia.

Seguida de esta alusión encontramos una prueba de la distancia que recién se

mencionó, la conciencia del enorme poder de la Fortuna y de la limitación humana se

hace patente en los versos siguientes: “mas si el cielo nuevos desdenes no vierte/ contra

mí, él se hará escuchar/ solo con un rebuzno, y jugará a los dados con quien le toque”.

Maquiavelo nos propone una lectura donde las situaciones de desgracia, como la suya,

corresponden a los giros de la Fortuna o los cielos contra los individuos, en este caso él

mismo y además introduce la idea de que una vez comprendida la situación propia, y si

la Fortuna lo permite, puede jugar a los dados, puede desafiar a otros (o mejor jugará

con quien le toque) en el terreno de la diosa.

Luego de estas breves líneas sobre la Fortuna y la naturaleza humana situadas sobre

la individualidad propia de Maquiavelo nos topamos con una historia. Un muchacho

enfermo, enfermo de exceso de movilidad que fue víctima de un proceso de

normalización; su padre lo entregó a la medicina, a los sabios y a la violencia; todo sin

(13)

resultados. Por fin se presentó un “charlatán” que prometía curar al muchacho, cosa que

el padre aceptó a través de una promesa. Una vez sometido el muchacho al tratamiento

y pasado algún tiempo, este caminaba por la “Vía Larga”, calle conocida por albergar el

palacio de los Medici, y al pisar esta calle ya no pudo más que abandonarse a su

naturaleza y volvió a correr. Este retorno del muchacho, quizá Maquiavelo mismo, es

explicado con una nueva alusión a la naturaleza humana y su estado natural de

conflicto, “pues la mente nuestra, siempre en guardia/ detrás de su naturaleza, no nos

permite/ contra el hábito o la naturaleza, su defensa.”18 Maquiavelo nos sugiere aquí que luchar contra la naturaleza es en extremo difícil, además es imposible “curarse” de ella

por completo, como si fuese una enfermedad, y nuestra mente resulta en muchas

ocasiones más bien un obstáculo que una ventaja, por ello el niño aparentemente curado

recayó. Las limitaciones humanas nos llevan a creer que podemos dominar nuestra

naturaleza, aunque en general no tengamos éxito en la tarea y quizá estas medidas no

sean las más apropiadas siempre.

Como elemento adicional a esta toma de conciencia de las limitaciones humanas a

través de la reflexión sobre su propia situación nos comunica Maquiavelo ahora una

característica más de la naturaleza, el horizonte de visión, la limitación de nuestro

conocimiento de las circunstancias. “Pero este tiempo despechado y pérfido/ hace que,

sin que nadie tenga los ojos de Argos,/ vea siempre más el mal que el bien;/ donde si

ahora algo de veneno derramo,/ aunque me esté prohibido decir mal,/ me obliga el

tiempo de ejemplos rico.”19 Aquí, además, se nos presenta una visión del mundo y de su naturaleza bajo una luz pesimista, pues el mal prepondera y nadie tiene los ojos divinos

del discernimiento (la capacidad de conocer todas las circunstancias) pero es necesario

que alguien denuncie aunque le esté prohibido hacerlo, esto nos hace recordar la

propuesta de Viroli acerca de la luz fría bajo la que se ve a la humanidad y al mundo, y

el desafío que se plantea subsecuentemente.

Maquiavelo insiste en que no podemos escapar de nuestra naturaleza y en que es

más sano conocerse para tomar conciencia de las circunstancias propias, él no podía

dejar de ser asno, y apropiada/aceptada esta posición nos dice que “no le impediría el

cielo que rebuznase,”20 para así expresar, desde su propia condición lo que ha aprendido

18 Ibíd. 202 19 Ídem.

(14)

en sus correrías, por eso cierra con las siguientes palabras: “y se verá cómo el mundo

está corrompido,/ pues yo querré que pinte todo un velo,/ antes de que me vuelva loco

de atar;/ quien se lo quiera tomar a mal, que trate de liberarse [¿de su naturaleza?].”21

En el segundo capítulo nuestro narrador-protagonista nos cuenta que caído en un

bosque oscuro oye a alguien y percibe una silueta que se acerca con una lámpara y un

cuerno en las manos, esta figura, saluda a Maquiavelo y le invita a aceptar su Fortuna y

a unirse a ella para no perderse por toda la eternidad en la espesura de los bosques.

Maquiavelo la sigue mientras reflexiona sobre su suerte y se lamenta por su pasado.

Además se insiste en que la luz de la doncella y su compañía guiarán a nuestro asno a

retomar aire y a encontrar sentido en una tarea diferente, la de pensar la vida política

desde la teoría, luego de su forzoso retiro de la práctica política activa. Aquí nos

encontramos con un punto muy discutido actualmente sobre la posición de Maquiavelo

con respecto al género22 de la Fortuna, su feminidad, el cual toma importancia una vez se entiende, que la doncella de Circe lleva a su cargo a las bestias a las que cuida y

alimenta, bestias que fueron hombres poderosos en la política y que ahora, sumisos, se

acogen al cuidado de una mujer.

En este punto encontramos la aparición más concreta de la Fortuna, que actuando

con su imprevisibilidad y gran capricho, como diosa o diva, manda a Maquiavelo a lo

más oscuro del orbe dejándolo en estado de shock. “No sé bien deciros cómo entré allí,/

ni sé bien la razón por la que caí/ allí donde toda libertad dejé”23 nos dice el autor ya en dominios ajenos al poder y control de los hombres. La extrañeza que embarga a nuestro

protagonista lo pone en una posición de vulnerabilidad bastante incómoda como

podemos apreciar en las siguientes líneas. “No podía mover mis pasos/ por el gran

temor y por la noche oscura,/ tanto que no veía por donde iba/ (...) el camino de las

piedras, lleno de zarzas y ramas,/ habían ya postrado y vencido mi fuerza.”24 Los dominios de la Fortuna son demasiado para el abandonado; se requiere de una ayuda

adecuada, de la virtù que conoce los terrenos y persuade a la Fortuna para restablecer la

libertad, en este punto nos encontramos con la doncella, quien será la razón de

supervivencia de nuestro protagonista.

21 Ídem.

22 Existen por lo menos dos maneras de abordar esta discusión, una es la del análisis de la relación que guardaban los romanos con la diosa Fortuna, recogida por Skinner. La otra corresponde al trabajo de Derrida que se encuentra en La Bestia y el Soberano.

23

Ibíd. 204 24 Ídem.

(15)

La doncella, que llama a nuestro protagonista por su nombre, pregunta cómo ha

llegado a aquellos valles fuera del control humano. A lo que Maquiavelo no responde,

pero hubiera querido responder: “Mi poca razón,/ mi esperar vano y mi vana opinión/

me han hecho caer en este lugar.”25 Esta es otra clara muestra de la conciencia de situación ganada por nuestro protagonista, pues sabe que ha sido su falta de adecuación

a las circunstancias del mundo (falta de razón para actuar, inacción y confianza en la

opinión) lo que ha provocado su caída en desgracia. La doncella le informa que los

valles pertenecen a Circe y que ella los fundó “huyendo de toda humana unión y de toda

ley,”26 pero además nos da una pista al catalogarla como “enemiga de los hombres”27. Esta enemistad trazada con los hombres que la doncella nos comunica recuerda mucho

el pasaje del prólogo al Príncipe donde Maquiavelo presenta su obra a Lorenzo el

Magnífico solicitándole su atención, pues ha sufrido “la larga e incesante malignidad de

la fortuna.”28 Este eco se repite en el poema De la Fortuna, donde se la presenta como injuriosa e inoportuna, como ineludible para los hombres y como incumplidora de su

palabra29. También resulta apropiado mencionar que sólo pueden colaborar en la tarea otras mujeres, similares a la naturaleza de Circe y de la Fortuna, lo cual nos plantea la

cuestión de ¿qué representa la doncella, es una figura de la Fortuna o es una aliada que

distribuye la misma y concuerda con ella?

En el tercer capítulo, llegados al palacio de Circe, Maquiavelo y la doncella

entablan conversación acerca del destino del florentino. Ella le explica que “entre la

gente moderna y antigua/ nadie sufrió jamás/ ingratitud mayor ni más fatiga”30 que él debido a que su buen actuar ha sido con miserias pagado, pero además le dice que es la

Fortuna la causante de su miseria, porque jugó en su contra, el poder de la Fortuna le

permite saber quién cae en sus dominios y por ello debía llegar escondido entre las

bestias. La doncella se presenta pues como un agente ajeno al poder de la Fortuna, a ella

parece no afectarle de igual forma la acción de la diosa, lo cual le permite exponer

algunos consejos para enfrentar a la diosa, como “girar el rostro de lágrimas seco” ante

su actuar, es decir, no permitirle percatarse de los efectos que provoca.

25 Ibíd. 205 26 Ibíd. 207 27

En el libro X de la Odisea Circe también aparece en cierta medida como enemiga de los hombres, esto recordando cómo transforma en cerdos a los compañeros de Ulises.

28

Maquiavelo, N. EL Príncipe. En: Obras Completas. Gredos, Madrid: 2011. p. 4

29

Maquiavelo, Nicolás. De la Fortuna, En: Escritos Literarios. Editorial Colihue, Argentina. p. 240

(16)

A continuación recopila rápidamente, a manera de enseñanza para su huésped, la

presencia de la Fortuna en el mundo como motor del cambio en este: “Mira las estrellas

y el cielo, mira la luna,/ mira los otros planetas que van errando/ ora en lo alto, ora en lo

bajo, sin paz alguna;/ cuando el cielo ves tenebroso y cuando/ lúcido y claro; y así nada

en la tierra/ va en su estado perseverando. De aquí nace la paz y la guerra.”31 La Fortuna es el origen de los conflictos y de las desgracias de Maquiavelo y así mismo de todos

los seres humanos puesto que es el motor que mantiene al mundo en movimiento y no

permite que descanse nada ni nadie. En el Príncipe encontramos un pasaje para entender

cómo se da este proceso, se trata del libre albedrío. “Con todo, y a fin de preservar

nuestro libre albedrío, juzgo que quizá sea cierto que la fortuna sea árbitro de la mitad

de nuestro obrar, pero que el gobierno de la otra mitad, o casi, lo deja para nosotros.”32 Cuando nos enfrentamos con la Fortuna sólo podemos controlar algo así como la mitad

de las circunstancias, por ello es imposible fijar un curso de acción que resulte efectivo

en todos los casos, de este pasaje se han sacado una enorme cantidad de ideas sobre el

pensamiento de Maquiavelo, el cual creo aquí nos propone una política que no puede

ser abordada desde los modelos metafísicos y normativos monolíticos, se trata más bien

de la construcción de las herramientas necesarias y adecuadas a cada contexto político

concreto. Lo máximo que podemos lograr es adecuar nuestra voluntad a los tiempos

cambiantes y azarosos33, Maquiavelo nos dice “creo además que prospere aquel cuyo proceder concuerda con la calidad de los tiempos, y que, de manera similar, caiga aquel

que no actúe en consonancia con ella.”34 Dada la volubilidad y el carácter de impredecible de la Fortuna es imposible para un ser humano con deseos determinados

variar conforme varía la Fortuna, pues tanto la costumbre como la experiencia35 dirigen su forma de actuar, la cual, no podrá ser tan flexible como para seguir los radicales

cambios de la Fortuna. Esta condición humana hace que se encuentren y enfrenten los

intereses de diferentes humanos, pues queriendo cada uno realizar sus deseos gozará

alguno de la Fortuna durante algún tiempo, pero cuando esta cambie, cuando la rueda

gire, el otro tomará ventaja y así el conflicto, la competencia que surge de la ambición

de cada involucrado, podrá superarse por la victoria transitoria de alguno o se

31 Ibíd. 211 32

Maquiavelo, N. EL Príncipe. En: Obras Completas. Gredos, Madrid: 2011. p. 83.

33 Considero apropiado señalar el uso del plural en tiempos que Maquiavelo sostiene, lo cual nos comunica que para él no existe una necesidad ni un único devenir de la Historia, sino una suma de posibilidades que se van concretando en el juego dinámico de la voluntad de los hombres que chocan contra los designios de la Fortuna.

34

Ibíd. 84 35

(17)

profundizará debido a la intervención igualatoria de la Fortuna. Maquiavelo estaba

experimentando el lado desfavorable de la rueda, y la doncella le aconseja que para

lograr un retorno de los buenos tiempos, “conviene ir buscando el mundo bajo una

nueva piel”36, la transformación en animal es un paso necesario para salir y superar su actual miseria y aprender de ella.

En el capítulo cuarto el semblante de Maquiavelo retoma fuerza, la cual le permite

expresar el conocimiento, que ha recolectado a lo largo de su constante correr, acerca

del poder de la Fortuna: “haga, pues, la Fortuna, de mi vida todo/ aquello que debe y

que le parece,/ que bien sé que de mí jamás tuvo piedad.”37 Ante la decisión de Maquiavelo la doncella invita una vez más a la virtud diciendo: “Gocemos, pues; y,

como los sabios hacen,/ piensa en los bienes que ahora pueden llegar;/ y quien es

derecho, finalmente conviene que cambie./ y cuando llega el mal, que llega siempre,/

trágalo como a una medicina,/ pues loco es quien la prueba o se relame.”38 Con esta exhortación da a entender que la disposición al cambio es necesaria, pues la Fortuna

varía y en orden a no perder sus beneficios es necesario poder adaptarse a lo que el

momento exige y tener una perspectiva temporal más amplía que la del momento

presente. Tomar el mal como una medicina, necesaria pero incómoda o de mal sabor,

significa ser capaz de medir y aprovechar incluso las situaciones de mal para aprender

sobre el proceder de la Fortuna y sus designios. Aquí es posible plantear otro puente con

el Príncipe, si recordamos el capítulo XVIII: “debe ser capaz de hacer el mal cuando sea

necesario.” Pues si tomamos en cuenta este nuevo aspecto, el de soportar los malos

momentos al tiempo que se extrae aprendizaje de ellos, se introduce también una

especificación sobre el proceder del gobernante, pues este no puede guiar su acción

como una huida al mal, sino más bien como una administración apropiada de la

situación, se trata entonces de conseguir el bien para el estado y los habitantes, no de

proveer instituciones o riquezas determinadas que impidan el mal tiempo.

Luego de comer, la doncella invita a Maquiavelo a su lecho y él, turbado y tímido

por la incertidumbre de hasta dónde pueda llegar con ella, necesita que ella lo aliente

para recobrar la confianza en sí mismo del todo. La doncella le anima diciendo: “tú,

suspirando, puedes tener eso que/ algunos, para tenerlo, han debido emitir/ ya más de un

36

Maquiavelo, Nicolás. El Asno, En: Escritos Literarios. Editorial Colihue, Argentina. p. 212 37 Ibíd. 213

(18)

41 Maquiavelo, Nicolás. De la Ocasión, En: Escritos Literarios. Editorial Colihue, Argentina. 261

grito,/ y hecho mil cuestiones y mil riñas.”39 Aquí asoma un carácter especial de Maquiavelo, el cual ya había mencionado la doncella cuando comenzaba su diálogo,

prometiéndole que sería reivindicado. Una vez que la doncella le increpa esta

peculiaridad, pierde toda cautela y procede a bendecir la cadena de eventos que lo

trajeron hasta allí: “bendita sea la hora, en que puse en la selva el pie…” Este

acontecimiento, considero, nos permite hablar de un nuevo puente, me refiero a que

figurativamente nos permite pensar en el famoso pasaje del capítulo XXV del Príncipe:

Es mejor ser impetuoso que cauto, porque la fortuna es mujer y, es necesario, si se la quiere poseer, forzarla y golpearla. Y se ve que se deja someter más por éstos que por quienes fríamente proceden. Por ello, es siempre, como mujer, amiga de los jóvenes, pues éstos son menos cautos, más fieros y le dan órdenes con más audacia.40

Maquiavelo insiste en que hay que confiar en la virtud propia para hacerse con los

favores de la Fortuna, aquí la doncella es una figura que le permite restituir su virtud y

abandonar la timidez (ser cauto), la cual evita que use su virtud para seducir y domar su

Fortuna. Claro está que esta situación sólo es posible una vez que la Fortuna hace

propicia esta relación extraordinaria, es decir que se trata de seducir, usar la virtud, para

hacerse con los favores de la Fortuna cuando ella lo permite, cuando da la ocasión. En

este sentido es oportuno citar algunas palabras del poema De la Ocasión:

¿Quién eres tú, que no pareces una mujer mortal,/ de tanta gracia el cielo te adorna y dota?(…) -Soy la ocasión, por pocos conocida;/ y la razón por la que siempre me afliges,/ es porque tengo un pie sobre una rueda.(…) Tengo sobre la frente mis cabellos dispersos;/ con ellos me recubro el pecho y el rostro,/ para que no me conozcan cuando llego. (…) más tú anota y comprende:/ quien no sabe tomarme a mí, se la retiene [la penitencia]./ Y tú, mientras gastas el tiempo hablando,/ ocupado por muchos vanos pensamientos,/ ya no te das cuenta, ¡desgraciado!, y no comprendes/ cómo yo me he fugado de entre tus manos.”41

De estas líneas podemos extraer algunos de los aspectos principales que nos permiten

leer a la doncella como representación de la Ocasión, que debido a su concordancia con

la Fortuna (siempre tiene un pie en una rueda) hace que Maquiavelo se relacione de

nuevo de manera positiva con la Fortuna. Primero encontramos el carácter

extraordinario y volátil de la ocasión, que es además de divina (supra-humana), también

poco conocida y siempre mantiene un pie en la Fortuna, siempre amarrada a sus

designios, como doncella cumple las funciones de cuidado de las bestias que la diosa le

ha encomendado. Se encubre con sus cabellos y belleza para desconcertar a aquellos

39 Maquiavelo, Nicolás. El Asno, En: Escritos Literarios. Editorial Colihue, Argentina. p. 216

(19)

ante los que se presenta, no es fácil de reconocer, “la fortuna ciega el ánimo de los

hombres cuando no quiere que éstos se opongan a sus designios.”42 Por último advierte que aquellos que no la toman deben sufrir las consecuencias a modo de penitencia, y

que sólo aquellos que no pierden su tiempo con palabras vanas y la descuidan pueden

relacionarse con ella. La ocasión es entonces una situación extraordinaria en que se abre

la puerta hacia los favores de la Fortuna, pero si no se la reconoce implica una desgracia

aun mayor a la que se sufría previa al encuentro. Es posible leer el encuentro de nuestro

protagonista con la doncella de Circe como un aprovechamiento de este escenario

especial, de esta ocasión, lo cual le permite la restitución de su virtud y así su

preparación para encontrarse con la Fortuna misma. Pues en última medida la ocasión se

da sólo a hombres virtuosos: “cuando la fortuna quiere que se realicen grandes cosas,

elige un hombre de tanta inteligencia y tanto valor, que comprenda y aproveche la

ocasión que le presenta.”43

En el quinto capítulo Maquiavelo narra cómo luego de su feliz encuentro con la

doncella (Ocasión) ella parte a realizar su tarea diaria, el cuidado de una manada de

bestias de todo tipo. Al quedarse solo comienza a pensar en cómo funciona la Fortuna y

en el “variar de las mundanas cosas” y la naturaleza humana, y llega a la conclusión de

que la ruina de los reinos se da a causa de la ambición de los poderosos, a su condición

humana que supone un desfase entre el deseo y la posibilidad de saciarlo. De estos

pensamientos podemos extraer unas líneas que nos servirán para hacer explícita esta

idea, Maquiavelo nos dice:

De esto nace que jamás están contentos/ los que han perdido, y que se despiertan los humores/ para arruinar a aquellos que han vencido,/ por lo que uno surge y el otro muere;/ y aquel que ha surgido, siempre se atormenta/ por una nueva ambición o por temor./ Este apetito a los estados destruye:/ y es tanto más admirable que todos/ conocen este error, mas nadie lo rehúye.44

Aquí podemos apreciar una confirmación de algunos pasajes de las demás obras, por

cuanto la condición de ambición de la naturaleza humana se expresa a través del desfase

de deseos, los cuales al hacer entrar a sus depositarios en el juego de la fortuna, por

envidia u ocio, son el motor del conflicto y eventualmente de la guerra. En el capítulo

titulado De la Ambición nos dice: “a todas partes llegan la ambición y la avaricia. Estas,

42

Maquiavelo, N. Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio. En: Obras Completas. Gredos, Madrid: 2011. p. 495

43

Ibíd. 496 44

(20)

en el mundo, desde que vive el hombre, nacen aun; y si no existiesen, muy feliz sería

nuestro estado.”45 Ésta ambición como constitutiva de la naturaleza humana afecta nuestro comportamiento de tal manera que es el origen del conflicto, el cual, al hacerse

más incluyente y más complejo puede derivar en la guerra46. Maquiavelo continúa con un lamento: “¡oh, mente humana, insaciable, altiva, engañosa y cambiante, y sobre todo

maligna, inicua, impetuosa y feroz, dado que, por tu ambicioso apetito, se hizo la

primera muerte violenta en el mundo47, y la primera hierba ensangrentada!”48 Cabe destacar que Maquiavelo relaciona la violencia directamente con la naturaleza humana,

pues:

Cuando los hombres no combaten por necesidad, combaten por ambición, la cual es tan poderosa en el alma humana, que jamás la abandona, cualquiera que sea el rango a que el ambicioso llegue. Causa de esto es haber creado la naturaleza al hombre de tal suerte, que todo lo puede desear y no todo conseguir; de modo que, siendo mayor siempre el deseo que los medios de lograrlo, lo poseído ni satisface el ánimo, ni detiene las aspiraciones. De aquí nacen los cambios de fortuna, porque, ambicionando unos tener más y temiendo otros perder lo adquirido, se llega a la enemistad y a la guerra, motivo de ruina para unos Estados y de engrandecimiento para otros.49

La contingencia de los tiempos y la guerra son productos de la condición humana, los

desequilibrios y desfases propios del deseo humano dan lugar primero a los

desacuerdos, luego a los conflictos y terminan en las guerras. Aquí podemos establecer

paralelos muy interesantes entre la obra política y la obra literaria en cuanto a la

resolución de conflictos que se plantea en ella, como por ejemplo la importancia que

Maquiavelo da al conflicto entre los pocos y los muchos que fue causa de la grandeza de

Roma. El deseo humano es uno de los resortes más poderosos para la acción, el cual

debe ser tenido muy en cuenta en el mundo de la política.

Si el desfase del deseo representa un factor delicado en la vida política y

posiblemente un peligro, es debido a su relación con la potencia del orden político del

que se trate. Así Maquiavelo continúa sus pensamientos enfocándose en el problema de

la potencia, es decir del poder de los estados para mantenerse, problema medular en la

obra política, sobre el cual nos dice que: “Verdad es que una potencia durar suele/ más o

45 Maquiavelo, N. De la Ambición, En: Escritos Literarios. Editorial Colihue, Argentina. 254 46 Cabe aclarar que la Fortuna es la plataforma sobre la cual la ambición cuenta como catalizador del conflicto, por tanto podemos decir que la ambición es una pieza clave en el juego de la Fortuna. 47

Posible referencia a la narración bíblica de Caín y Abel. 48 Ibíd. 256

49 Maquiavelo, N. Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio. En: Obras Completas. Gredos, Madrid: 2011. p. 350

(21)

menos, según que más o menos/sean buenas y ordenadas sus leyes”50 esta frase es un eco del capítulo I de los Discursos, según el cual, “se comprende la virtud del fundador

y la fortuna de la fundación, más o menos maravillosa según la mayor o menor

habilidad y prudencia de aquél, conociéndose por la elección del sitio y por la

naturaleza de las leyes que han de regir.”51 La primera medida para obtener poder es la correcta elección del terreno sobre el cual fundar la ciudad52; la segunda, la implantación de leyes que sirvan como herramienta que complemente el poder militar y

aproveche la fertilidad de la tierra de la ciudad. La figura del fundador es clave, porque

de su propia virtud se deriva la del reino al que da inicio, en otras palabras, la

posibilidad de pervivencia del orden político, pervivencia que debe tener muy en cuenta

el tratamiento del deseo que mencionamos recién:

El reino aquel que impulsado a actuar está/ por la virtud, o por necesidad,/ siempre se verá ir hacia arriba;/ y lo contrario será esa ciudad/ llena de zarzas silvestres y malezas,/ que de lugar cambian del invierno al verano,/ tanto que al fin conviene que se consuma/ y yerre siempre su meta,/ pues tiene buenas leyes y malas costumbres.”53

Con respecto a la importancia fundamental que tiene tanto el acto de fundar la ciudad

como el fundador mismo es interesante tomar en cuenta la proposición de Maquiavelo

en los primeros capítulos de los Discursos en cuanto a la importancia del concepto de

origen, el cual tiene gran peso sobre el destino del orden político que inicia con él.

A continuación se liga a los pensamientos del florentino justamente la importancia

de la historia que surge del origen del orden político y cita el comienzo de los estados

por Nino, gran guerrero y estratega militar, y su final (quizá el del ciclo de crecimiento

o su entrada en decadencia) por Sardanápalo, hombre de letras y propulsor de la cultura.

Esta idea puede ser considerada como un eco de las teorías históricas tomadas de

Polibio que ya ha expresado en los Discursos y que han sido tratadas por los

comentaristas. De estos dos ejemplos de gobierno Maquiavelo concluye la idea del

ciclo en toda su extensión:

La virtud hace a las regiones tranquilas:/ y de la tranquilidad luego resulta/ el ocio: y el ocio hace arder países y ciudades./ Luego, cuando una provincia un tiempo ha sido/

50 Maquiavelo, Nicolás. El Asno, En: Escritos Literarios. Editorial Colihue, Argentina. 220 51 Maquiavelo, N. Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio. En: Obras Completas. Gredos, Madrid: 2011. p. 254

52

Cfr. Ibíd. 255

(22)

envuelta en los desórdenes, regresar suele/ la virtud a habitarla una vez más./ Este orden así permite y quiere/ quien nos gobierna, para que nada esté/ o pueda estar quieto bajo el sol./ Y es , y siempre fue y siempre será/ que siga el mal al bien, el bien al mal,/ y que el uno siempre razón del otro sea.55

El ciclo se caracteriza por su tránsito entre opuestos, de la virtud se llega

eventualmente al desorden, al vicio, a través de la corrupción. Una cita que nos da una

visión más concreta sobre el periodo del ciclo que va del mal al bien se encuentra en los

Discursos, donde se rastrea como la virtud de Roma se dio gracias a los tumultos, al

desorden del estado de inconformidad:

[L]os buenos ejemplos nacen de la buena educación, la buena educación, de las buenas leyes, y éstas de aquellos desórdenes que muchos inconsideradamente condenan. Fijando bien la atención en ellos, se observará que no produjeron destierro o violencia en perjuicio del bien común, sino leyes y reglamentos en beneficio de la pública libertad. 56

El ciclo de Roma es uno de los más grandes y duraderos, de allí que todo el proceso de

constitución de sus instituciones comprenda sólo el periodo de tránsito de mal a bien. El

ciclo genera tanto los desórdenes del reino como sus instituciones, y de cuando en

cuando su libertad. La Fortuna no es malvada de por sí, ni malintencionada, sino más

bien caprichosa, inconforme y juguetona. Que viva en constante cambio quiere decir

que no soporta el tedio de la continuidad y estabilidad. No en vano Maquiavelo habla

del cambio como de un ciclo, que se repite, pero cuya presentación siempre nos aparece

diferente debido a los actores, momentos y lugares con los cuales relacionamos la

percepción que de ella tenemos. Además resulta aquí adecuado señalar que la Fortuna

también es representada como el río, aquel que cada cierto tiempo puede y se desborda,

como en un ciclo, donde no se conforma con sus límites actuales y juguetón destroza

todo lo que encuentra a su paso.

Aquí queda resumido el pensamiento cosmológico de Maquiavelo, que considera a

la Fortuna como el actor principal en el drama de la vida humana y que en ocasiones se

confunde con la naturaleza57, nos gobierna y nos encierra en sus ciclos, nos mantiene en movimiento, desafía nuestra comodidad y tienta nuestra ambición con la posibilidad de

la novedad. Esta imagen se corrobora en el capítulo De la Fortuna el cual nos habla de

55 Ídem.

56 Maquiavelo, N. Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio. En: Obras Completas. Gredos, Madrid: 2011. p.268

57 Efectivamente en el capítulo titulado De la Fortuna se la caracteriza como “reina de todo el mundo” de “natural poderío” que como “torrente” destruye a quien le place.

(23)

una diosa que asusta a Júpiter mismo, que invita a todos a entrar en sus aposentos con

visiones maravillosas y que una vez dentro dispone de los capturados según su capricho,

su poder ha hecho caer a los imperios más grandes (Babilonia, Troya, Cartago,

Jerusalén, Atenas, Esparta y Roma) y elevando a unos los engaña haciéndoles creer en

su falsa grandeza para dejarlos caer desde la altura y quebrarlos. La fortuna es dueña de

todo si no se le ofrece resistencia, Maquiavelo lo pone de manifiesto al decir “No hay en

el mundo nada eterno:/ Fortuna así lo quiere, y con ello se embellece,/ para que su poder

más se pueda discernir.”58

Frente a una compañera de viaje tan potente la pregunta que nos podemos hacer es

entonces ¿cómo nos relacionamos con ella? ¿Cómo la enfrentamos? Existe un pasaje

que nos habla de las puertas que llevan a la Fortuna y del peso del ocio para mantener o

perder un estado, asunto central al hablar de la necesidad de no abandonarse a los

caprichos de la Fortuna, sino a saber tratar con ella:

Creer que sin ti, por ti luche/ Dios, estándote ocioso y de rodillas,/ ha echado a perder muchos reinos y estados./ Bien necesarias son las oraciones:/ y totalmente loco es aquel que al pueblo prohíbe/ las ceremonias y sus devociones,/ porque de aquellas verdaderamente parece que se cosecha/ unión y buen orden: y de eso depende luego/ la buena y feliz fortuna.”59

Aquí sale a flote tanto el análisis de la religión como aglutinante social que hace en los

Discursos como también los apuntes sobre la inacción como gran enemigo de la

consecución de Fortuna. En los Discursos nos dice:

Los príncipes y las repúblicas que quieren vivir sin que se corrompan las costumbres, deben cuidar, ante todo, de la pureza de la religión y sus ceremonias, y de que siempre sean veneradas, porque el indicio más seguro de la ruina de un Estado es ver despreciado en él el culto divino.60

La religión es tanto un factor de cohesión social como de generación de poder. Dado

que una ciudad que respeta la religión, adopta ciertos valores con la singular voz de la

divinidad, estas normas no son obligaciones que imponen otros hombres, por lo cual no

se asocian con intereses particulares, pero no carecen de un componente de autoridad,

pues un consejo dado por un dios no es cosa fácil, ni prudente, ignorar. Una ciudad

religiosa está mejor protegida contra la desconfianza y por ende contra la corrupción,

sus costumbres se forman a partir de una relación con lo superior, lo cual en su

58

Maquiavelo, N. De la Fortuna. En: Escritos Literarios. Editorial Colihue, Argentina. 242 59 Maquiavelo, N. El Asno, En: Escritos Literarios. Editorial Colihue, Argentina. 222

60 Maquiavelo, N. Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio. En: Obras Completas. Gredos, Madrid: 2011. p.296

(24)

impersonalidad, asegura una relación más sana de los habitantes con su(s)

gobernante(s).

En cuanto a la inacción cabe destacar que la Fortuna “aprieta a aquel que yace

debajo de su rueda”, lo cual significa que aquel que se limita a rezar, no evita, como

quisiera, entrar en el juego de la Fortuna, sino que la ofende. La Fortuna se abalanza con

mayor fuerza sobre aquel que considera que la inacción es un remedio contra ella, como

ya vimos en el caso de no tomar la Ocasión. En términos de la metáfora favorita de

Maquiavelo: no hay peor forma de ofender a una mujer que siéndole indiferente.

En el capítulo sexto, la doncella regresa de su tarea diaria y saca a Maquiavelo de

sus pensamientos recordándole: “-Ya te prometí conducirte/ al lugar donde comprender

podrías/ toda la condición de nuestro estado.”61 Maquiavelo es llevado primero a las habitaciones donde se encuentra con todos los animales, donde con la frase: “y, como

variada era la suerte,/ varias eran sus habitaciones,/ y cada uno está con su consorte”62 la doncella comienza a mostrarle todos los animales del bestiario y le sugiere que a unos

corresponden los favores de la Fortuna y a otros su cólera. La doncella envía a

Maquiavelo con las siguientes palabras “y si en apariencia bestias te parecen,/ bien

conocerás a algunas de ellas/ por los modos, los gestos, los ojos, la presencia.”63 El bestiario consta, según se dice explícitamente, de leones que fueron hombres de corazón

magnánimo y cortés, Osos que fueron hombres de vida violenta e incivil64, presos de la furia y la rabia. Lobos que fueron hombres hambrientos y voraces, a los que ningún

alimento los sacia (ambiciosos). Búfalos y bueyes: hombres potentes y decididos.

Carneros de buen talante, aunque malos vigilantes. Otros muchos animales como:

ciervos, panteras, leopardos, etc., cerraban el grupo de los que nuestro protagonista nos

comunica vio rápidamente.

En el capítulo séptimo la doncella conduce a Maquiavelo a una habitación en

particular, la cual alberga “más de dos mil animales”, en ésta algunos animales llaman

la atención por sobre los demás. Un gato que por mucha paciencia pierde la presa y

queda humillado, aunque es prudente y de buena raza. Un dragón que no logra

61 Maquiavelo, Nicolás. El Asno, En: Escritos Literarios. Editorial Colihue, Argentina. 223. El resaltado es mío.

62

Ibíd. 224 63 Ibíd. 226

64

Esta parece una posible referencia a la familia Orsini y su violenta participación en la Italia del renacimiento. La cual tiene su origen en la figura de Ursus de Paro. El juego estaría en que la palabra latina para oso es justamente ursus.

(25)

comodidad, ora sobre su diestra, ora sobre su izquierda. Una zorra que inoportuna y

maligna, no hay red que la coja, esto como eco de la caracterización del mismo animal

en el XVIII del Príncipe. Un león que se quitó los dientes y garras, debido a que dio “no

buenos y no sabios consejos”. Algunos animales incompletos llaman la atención de

nuestro protagonista: una jirafa que hacia todos inclina el cuello (reverencia). Un pavo

que orondo se marcha. Un Asno mal dispuesto, ya no podía cargar la montura. Un ratón

que mordisquea a uno y otro. Un lebrel que olisqueando a todos iba. Un ciervo asustado

de la muerte. Un armiño que no quiere ser visto ni tocado.

Ante el espectáculo de los animales y la advertencia de la doncella de ver más allá

de su apariencia, Maquiavelo exclama: “¡cuántos me parecieron Fabios y Catones/ que,

luego de saber de su existencia allí,/ me resultaron ovejas y carneros!”65 El hecho de que estos animales sean mantenidos en un grupo aparte de los demás sugiere que una vez se

da la transformación, la relación con la Fortuna puede hacerse un poco más amena, pues

al conocer la naturaleza propia se pueden juzgar con mayor claridad los designios de la

Fortuna en cada situación.

El capítulo octavo, y último que conservamos, pone a Maquiavelo frente a la tarea

de convencer a un cerdo que antes fue hombre para que vuelva a serlo; esta tarea parece

ser un eco de un texto de Plutarco titulado Grilo, con el cual el filósofo griego intenta

exponer sus argumentos acerca de cómo la vida de los animales, contraria a las

consideraciones tradicionales, tiene aspectos racionales y es incluso más feliz que la de

un ser humano. En este sentido es posible entender este último capítulo como el paso

final antes de la transformación definitiva, y a través de la argumentación ver si es

posible convencer a uno que ya conoce su naturaleza de que regrese a un estadio

anterior, un estadio de ignorancia. El proceso de aceptar la Fortuna y la naturaleza

humana como fundamentalmente relacionadas llega en este punto a su más alta claridad,

pues de la resolución que la conversación tenga depende el futuro de nuestro

protagonista.

Maquiavelo intenta convencer al cerdo aduciendo argumentos como que los dioses

lo han salvado a él mismo del barro y la miseria que ahora se le presentan en su

interlocutor. El cerdo se niega enérgicamente, y le dice que está en un error en el que él,

cuando era todavía humano, mucho tiempo estuvo, así le expresa que el amor que los

(26)

hombres tienen hacia lo humano los ciega, al punto de no creer que exista otro bien

“fuera de la humana esencia y el valor.”66

El cerdo se dispone a persuadir a Maquiavelo

y hacerlo caer en cuenta de su error. Para ello hablará de varias virtudes que compara

entre humano y animal. Estas corresponden a una tradición humanista que se remonta a

Cicerón67.

La primera virtud que trata es la prudencia, la cual define como la capacidad de

“seguir el propio bien, y evitar el daño.” Este mecanismo de promoción y conservación

se asocia a la capacidad que poseen los animales tanto de distinguir el alimento

apropiado y provechoso del perjudicial (saber distinguir la hierba buena de la mala),

como también la disposición al movimiento necesario para asegurar el alimento

apropiado, todo ello sin disciplina, sin adiestramiento. En este sentido se es prudente si

se tiene la capacidad para distinguir entre lo provechoso y lo perjudicial, lo cual no se

reduce a la alimentación sino que se puede aplicar a la vida animal en general. Por el

contrario, los hombres no se mueven buscando el clima ni la alimentación adecuada,

sino más bien por ambición, ya que no pueden satisfacer su apetito sus prácticas obligan

al transporte de los alimentos y en ocasiones causan más daños que bienes, incluso para

los animales mismos, aquí podemos apreciar cómo mientras los animales se adaptan

perfectamente a la naturaleza y encajan en un cierto ambiente, el ser humano violenta

tanto el ambiente como a sus habitantes en su búsqueda de satisfacer sus deseos

desaforados. El cerdo nos dice que los animales migran buscando “unos el aire frío

otros el cálido”, es decir aquel ambiente al que pertenecen, por otro lado los hombres

migran en búsqueda de riquezas, violentando al ambiente y dejando muerte a su paso.

La segunda virtud de la que se ocupa el cerdo es la fortaleza, sobre la cual arguye

que existe una superioridad animal, pues de darse un combate cuerpo a cuerpo entre los

animales más poderosos y los seres humanos, tendrán las de ganar los animales. Cuando

los humanos están en peligro, sigue el cerdo, prefieren perder su libertad y no su vida,

prefieren la humillación de la sumisión y la dominación a la dignidad de una muerte

como seres libres. Por otro lado los animales prefieren morir a cambiar su libertad, su

fortaleza no depende de la situación, no depende de condiciones, ni escenarios más o

menos ventajosos, tampoco de una finalidad de fama o gloria, sino que es parte de su

naturaleza. Esta cobardía frente a la situación adversa caracteriza a tal punto al ser

66 Ibíd. 232

(27)

humano que sólo la promesa de la fama o la gloria pueden mover a algunos hombres a

la guerra, a defender aquello que es suyo y que depende de su propia fuerza.

La tercera y última virtud que se trata es la templanza, para iniciar su intervención

el cerdo nos informa que los hombres son esclavos de los impulsos sexuales, y que estos

se han constituido en un espacio dominante de la vida humana, los seres humanos se

ven constantemente distraídos de sus responsabilidades y metas por las mieles de

Venus. Los animales apenas pierden tiempo en este aspecto y se concentran más en

otras actividades, lo que les permite buscar con mayor facilidad su verdadera felicidad.

Pero el deseo sexual no es el único exacerbado en la naturaleza humana, el cerdo acusa

al hombre de querer aquello que la naturaleza no puede producir, de allí su gusto y

despilfarro en alimentos extranjeros, debido a su ambición, al deseo que no puede ser

saciado a cabalidad, no puede estar a gusto con lo que su propio ambiente le ofrece. Los

animales, por el contrario, son seres perfectamente naturales en la medida en que

pueden vivir en y de la naturaleza; también son superiores en cuanto a los sentidos, pues

ven mejor (águila), oyen mejor (murciélago), olfatean mejor (perro) e incluso tienen

mejor tacto, en resumen se conectan mejor con su ambiente y por ello no tienen más

necesidades que las que pueden satisfacer con ayuda de la naturaleza. Los animales

nacen equipados para sobrevivir en su ambiente, mantienen una relación sostenible con

la naturaleza; mientras que los hombres nacen desnudos e indefensos: “el hombre

comienza su vida miserablemente, con llanto” y debe violentar a otros huéspedes de la

naturaleza y a ella misma para hacerse con lo necesario para sobrevivir. La naturaleza

de los hombres es por tanto la avaricia, la ambición, vicios que contrarrestan las

ventajas que suponen las manos y el habla, el trabajo y la comunicación. Entre la

Naturaleza y la Fortuna se somete al hombre a enfermedad, llanto y miseria. El cerdo

cierra su argumento, al menos en el texto que conservamos, diciendo: “Otro animal no

se encuentra que más frágil vida/ tenga, y de vivir más deseo,/ más confuso temor, o

mayor rabia.”68 Sólo el hombre a otro hombre mata. No escuchará el cerdo a Maquiavelo, porque privado como está ahora de la miseria y el dolor de la

incertidumbre y ambición humanas, puede ser feliz revolcándose en el barro, en su sino,

contrario a lo que su interlocutor, agobiado por preocupaciones como la fama y el éxito,

piensa de él. Este final hace pensar, suponiendo que este sea su final, que lo importante

68

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