Colegio Privado Concertado San Francisco de Asís Bachillerato
Proceso de desamortización y cambios agrarios
1.
Introducción
2.
Las desamortizaciones
2.1 Definición
2.2 Objetivos generales
2.3 La desamortización de Mendizábal
2.4 La desamortización de Madoz
2.5 Resultados generales
3.
Cambios agrarios en la España del siglo XIX
4.
Conclusión
1. Introducción
En este tema, me dispongo a desarrollar las características y las transformaciones más importantes sufridas en el campo español a lo largo del siglo XIX donde mostraremos especial hincapié en los dos procesos desamortizadores por excelencia: la desamortización de Mendizábal y la de Madoz. Para una mejor comprensión del mismo, me apoyaré en el documento A que…
2. Las desamortizaciones 2.1 Definición
Hasta el siglo XIX, una gran parte de la tierra era de manos muertas, es decir, eran tierras que, además de no tributar, no podían ser vendidas por sus titulares. Estas tierras pertenecían a la Corona, los municipios, la Iglesia, la nobleza y a propietarios particulares. En muchas casas nobiliarias se había establecido el sistema de vinculación del mayorazgo, en virtud del cual los bienes estaban ligados al título y, en consecuencia, el poseedor del mismo debía transmitirlo íntegramente a su heredero.
La Iglesia poseía una gran cantidad de propiedades vinculadas, tanto de parroquias y obispados (clero secular), como de conventos y órdenes religiosas (clero regular). Y en cuanto a los municipios, éstos eran poseedores en régimen de vinculación de bienes de propios (que eran arrendados a particulares) y de los bienes comunales ( que eran aprovechados por los vecinos).
El acto de liberar los bienes de ese régimen de propiedad es lo que conocemos con el nombre de desvinculación o también, desamortización. La palabra desvinculación se aplicaba a los bienes seglares, y la de desamortización, a los bienes eclesiásticos. Aunque, este hecho no se aplicó de la misma manera a todos los bienes vinculados, puesto que en el caso de la nobleza se llevó a cabo un simple proceso de desvinculación, que permitió a sus poseedores disponer libremente de sus propiedades, mientras que en el caso de la Iglesia y de los municipios, dicha desvinculación estuvo acompañada de una expropiación, consistente en que los bienes pasaban a ser propiedad del Estado, el cual los vendería en pública subasta.
fueran totalmente dueños de sus tierras, con plena libertad para vender, comprar y cultivarlas, se trataba de establecer un sistema de relaciones propias del capitalismo liberal.
La primera medida adaptada fue la abolición de los señoríos. Se promulgó por primera vez en 1811 y fue implantada con grandes dificultades a lo largo de todo el siglo. En general los nobles aceptaban sin protestar la renuncia a sus derechos señoriales, siempre que pudieran conservar su propiedad sobre la tierra y cobrar rentas a los campesinos que las explotaban. El resultado fue que, en general, las grandes familias nobiliarias lograron hacerse con la propiedad de todos los antiguos señoríos.
La segunda medida fue la supresión de los mayorazgos. La primera ley que la recogía se aprobó en 1820, durante el Trienio Liberal, pero quedó definitivamente establecida en 1836. El mayorazgo había sido la fórmula por la que las casas nobiliarias en los siglos anteriores habían podido mantener una gran parte de sus propiedades: el primogénito de la casa recibía toda la herencia patrimonial de la que no era propietario, sino usufructuario, y que podía aumentar con compras, pero nunca vender, manteniendo el deber de transmitirlo a su heredero. La abolición de los mayorazgos autorizaba a sus propietarios a vender, comprar y arrendar las tierras, según su libre decisión.
La tercera y más importante fue la desamortización, primero de los bienes eclesiásticos y luego de los bienes de los Ayuntamientos.
La desamortización, aunque considerada una medida liberal-progresista, ya había empezado a ser aplicada en el siglo XVIII, cuando se pusieron a la venta los primeros bienes de los jesuitas – expulsados de España por Carlos III en 1767-, siguió realizándose con Carlos IV, obligado por los gastos de la guerra y continuada por las Cortes de Cádiz.
2.2 Objetivos generales
Para comprender los procesos desamortizadores de Mendizábal y Madoz debemos encuadrar unos objetivos generales perseguidos por ambos. En primer lugar, las desamortizaciones se incluyen dentro de la propia idea de liberalismo, ya que éste tenía como objetivo la búsqueda de la felicidad del ciudadano donde se asocia con el derecho a la propiedad privada. Así, la libre circulación de las tierras conseguiría tanto este fin como el de poner dentro del mercado una serie de tierras que fomenten la libertad de producción y comercialización.
Desde el punto de vista socioeconómico, también era necesario realizar una transformación del Antiguo Régimen en una nueva organización liberal en cuanto a la estructura de la propiedad de la tierra, ya que recaía prácticamente en la Iglesia, en la nobleza y el Estado.
Otro aspecto a destacar será la de la creación de una base social de propietarios que apoyen al régimen, pues al invertir su capital en la compra de tierras los convertirían en defensores del mismo.
2.3 Desamortización de Mendizábal
La desamortización eclesiástica de Mendizábal estuvo desarrollada durante los años 1835 y 1837, bajo la Regencia de María Cristina.
Para comprender los objetivos perseguidos por Mendizábal en su desamortización debemos tener en cuenta el contexto histórico en el que nos encontramos, donde los liberales viven una fase crítica de la guerra carlista ya que éstos se encuentran en las proximidades de Madrid y se teme por su victoria.
de ser amortizada y colectiva pasaría a ser libre e individual. Además, se pretendía la transformación de la Iglesia, que se vería privada de su fuerza económica; a cambio, el Estado se comprometía a mantener a los clérigos y a subvencionar los gastos del culto.
Por esto, el decreto desamortizador, publicado en febrero de 1836 puso en venta todos los bienes del clero regular –frailes y monjas-. De esta forma quedaron en manos del Estado y se subastaron no solamente tierras, sino casas, monasterios y conventos con todos sus enseres – incluidas obras de arte y los libros-.
Al año siguiente, 1837, otra ley amplió la desamortización, al sacar a la venta los bienes del clero secular – los de las catedrales e iglesias en general-, aunque la ejecución de esta última se llevó a cabo unos años más tarde, durante la regencia de Espartero.
2.4 Desamortización de Madoz
El contexto histórico que envuelve la desamortización de Madoz es crucial para entender su desarrollo. Durante el reinado de Isabel II, Espartero se encontraba al mando del bienio progresista (1854-1856) que veía como la industrialización se estaba desarrollando en Europa desde principios de siglo y que en España se iba generando un atraso en cuanto a la falta de maquinaria y de innovaciones.
En 1855, el ministro de Hacienda, Pascual Madoz, también progresista y amigo de Mendizábal, promulgó la denomina Ley de Desamortización General. Se llamaba “general” porque ponía en venta todos los bienes de propiedad colectiva: los eclesiásticos que no habían sido vendidos en la etapa anterior y los de los municipios, ya fueran bienes propios (tierras que arrendaban los Ayuntamientos y que servía para costear servicios básicos) o bienes comunales (tierras destinadas a los sectores más desfavorecidos del municipio).
También en este caso uno de sus objetivos principales fue obtener ingresos para Hacienda. Pero, además, se intentó consolidar una clase media favorable al régimen liberal y fomentar el desarrollo de la economía a través de las obras públicas y la construcción del ferrocarril, a cuyo fin se dedicaron una parte de los ingresos obtenidos. Los ingresos obtenidos fueron muy superiores a los procedentes de la desamortización de Mendizábal. La venta de los bienes eclesiásticos suscitó nuevamente la ruptura de relaciones con la Iglesia, en tanto que la desamortización de los bienes municipales, de donde provenían los recursos de los Ayuntamientos y de los campesinos más pobres, encontró una fuerte oposición no sólo de los moderados, sino también de algunos diputados progresistas.
2.4 Resultados generales
El proceso desamortizador produjo importantes consecuencias:
Desde el punto de vista económico, nos encontramos con unos resultados positivos pues debido al aumento de la superficie cultivada se produjo un aumento de la producción, favorecida a su vez por la supresión de la Mesta, la mejora de los transportes, las políticas proteccionistas y el aumento de población. Incidir que, si bien es cierto, que se aumentó la producción fue relativamente escaso el aumento de productividad En cuanto a los resultados negativos nos encontramos con una grave explotación forestal favorecida por el aumento de superficie cultivada y por el desarrollo del ferrocarril.
mano de obra eventual y sujeta a precarias condiciones de trabajo. Estos protagonizarán los principales conflictos sociales en los años siguientes.
Aumentó el número y la extensión de los latifundios que sustituyeron a los antiguos señoríos ya que las tierras fueron subastadas públicamente y fueron adquiridas por quienes disponían de títulos de Deuda Pública o dinero en efectivo. Lo que significó que, salvo excepciones, compraran las tierras quienes ya las tenían y aquellos con recursos para adquirirlas.
Salieron perjudicadas dos importantes instituciones: la Iglesia y los municipios. La Iglesia porque perdió su sustento económico, en el que había basado parte de su poder durante siglos; y los municipios que vieron como se perdía su principal fuente de ingresos, la procedente del arrendamiento de los bienes de propios. Además la pérdida de los bienes comunales perjudicó gravemente a los vecinos más pobres que aprovechan comunalmente estas tierras para el pasto del ganado, la recogida de leña o la recolección de productos silvestres.
Transformó la fisonomía de las ciudades, ya que la privatización de los bienes conventuales y municipales posibilitó cambios urbanísticos, ensanches y la aparición de nuevos edificios públicos.
Por último, es digno de tener en cuenta, el impacto de la desamortización en la pérdida y el expolio de una gran parte del patrimonio artístico y cultura español.
3. Cambios agrarios en la España del siglo XIX
En este apartados procederemos a explicar los distintos aspectos del sector del agrícola para los que, antes de analizar los cambios agrarios que se produjeron en el siglo XIX, debemos destacar cómo con las desamortizaciones se perdió la gran ocasión de realizar una reforma agraria, es decir, una transformación de la estructura de la propiedad de la tierra.
En el panorama que ofrece la economía española durante el reinado de Isabel II y en general durante todo el siglo XIX, el primer fenómeno que llama la atención es el de estancamiento. No quiere esto decir que la economía española no creciera durante este período, pero a pesar de progresos como el crecimiento demográfico o industrial si lo comparamos con la de otros muchos países de Europa, la economía española se estancó visiblemente. Es decir, hay un desfase creciente entre la renta española y la europea.
En relación al punto que nos atañe, los cambios agrarios que se produjeron lo centraremos en cuanto a la producción, la propiedad de la tierra y la sociedad que la trabaja.
La producción sufrirá una serie de cambios a partir de la segunda mitad del siglo XIX cuando empiece a orientarse a una economía de mercado en vez de autoabastecimiento. En esta nueva forma de producir se busca la especialización. En concreto los cultivos más destacados serán los cítricos, el arroz, la caña de azúcar, los frutos secos, el aceite de oliva y el esparto. Cabe destacar que la producción de la vid será el cultivo que más se desarrolle entre los años 1850 y 1875 debido al ataque de la filoxera a la producción de Francia.
fundamentalmente castellanos, impidió la modernización de las explotaciones y la bajada de los precios del trigo que ésta hubiese permitido.
Con respecto a los cultivos modernos (favorecidos por la expansión del regadío), destacan la producción de viñedos y frutales, estos últimos desarrollados en la zona mediterránea (olivar, cítricos y viticultura) que presentó un enorme dinamismo desde los a os , pese a que no se modernizaron los métodos de producción porque los propietarios de viñas y olivares tenían escasos ahorros y estaban obligados a vender rápidamente sus cosechas para subsistir, siendo imposible que invirtieran en tecnología. Las causas del desarrollo fueron la calidad de las tierras, la proximidad de ciudades (mercado) y la preparación de los agricultores. La naranja valenciana se con irtió en una de las principales e portaciones con lo que aumentó el poder adquisiti o de los pequeños y medianos propietarios valencianos y nació una industria local diversificada (muebles, cerámica, piel...). También el arroz fue objeto de exportación.
Sólo en Cataluña y La Rioja aparecieron bodegas destinadas a la producción de vinos de calidad, aunque todo se perdió con la llegada de la plaga de filoxera a finales de siglo.
La desamortización y la revolución liberal también supusieron la decadencia de la cabaña ganadera, en parte porque muchas de las tierras que habían servido de pastos se cultivaron, pero también porque se introdujeron especies laneras que eran m s rentables y productos te tiles m s competiti os. l resultado ue que la ganadería lanar e perimentó un decrecimiento importante, tanto en número de cabe as como en las tierras dedicadas a pastos. ambién disminuyó el abono natural aportado a la tierra, lo que contribuyó a acer descender los rendimientos.
A la hora de analizar los distintos tipos de propiedad que se generaron, el mapa productivo español mostraba que en la Submeseta norte y Galicia la mala calidad de la tierra y el minifundismo limitaba la capacidad de ahorro de los agricultores para modernizar sus propiedades y limitaba los e ectos de las in ersiones en tecnología, lo que obligó a muc os a emigrar. n la Submeseta Sur y Andalucía el latifundismo provocaba unas pésimas condiciones de vida de la mayoría de los que trabajadores del campo, que habían pasado, debido a la Desamortización, a la condición de jornaleros, lo que provocaba enormes protestas (subían los alimentos y no había salarios para comprarlos porque no había trabajo en el campo) y cada vez se hizo más frecuente la reivindicación de tierras, que se ir progresivamente radicalizando.
4. Conclusión
Para finalizar este tema, destacar como el proceso desamortizador desarrollado en el siglo XIX generará dos terribles problemas. Por un lado la ocasión perdida de una transformación real de la estructura de la propiedad de la tierra, que arrastrará a una gran capa de la población generando una radicalizándose que, a lo largo del XX, explotará por su situación de miseria.