El pueblo de San Esteban se encuentra en la margen derecha del río Nancea, al noroeste de la Sierra Sollera, distante 2 km de Cornellana y 10 de Salas, la capital del concejo. Está situado en la carretera de Castillo a San Román de Candamo que parte de la N 634. Forma parte de la comarca de Las Dorigas, que se extiende desde el río Narcea hasta la Sierra Sollera, la Cabru-ñana y el Fresno, marcando el límite con los concejos de Pravia, Candamo, Grado y Belmon-te. Este emplazamiento privilegiado favoreció su poblamiento desde tiempos protohistóricos, según revelan la serie tumular de Sollera y la estela funeraria de la hija de Talavo, creación indí-gena de época romana que se encontró en Castiello, unos de los pueblos pertenecientes a la parroquia de San Esteban, y que actualmente se conserva fragmentada en dos piezas en el pala-cio de los Selgas (El Pito, Cudillero) y en el Museo Arqueológico de Oviedo.
La romanización, ampliamente extendida por todo el entorno -que contó con explotacio-nes auríferas en el territorio colindante de Belmonte y dejó muestras artísticas tan importantes como la estela de Ario Sesti en la localidad de Los Cabos del concejo vecino de Pravia y hue-llas toponímicas como el nombre de la villa de Cornellana-, convirtió el territorio de Las Dori-gas en un importante núcleo de comunicaciones, del que aún se conservan vestigios en la cal-zada tracal-zada por el Camino de la Mesa.
En la etapa de la Monarquía Asturiana, el establecimiento de la corte de Silo en Pravia tuvo su repercusión en los territorios colindantes. Así, la villa de Doriga aparece mencionada en la dotación fundacional del monasterio de San Adriano de Tuñón del año 891. Desde entonces, este territorio ha estado vinculado a algunos de los más poderosos señoríos monásticos de la región. Tras haber pertenecido parcialmente a San Tirso del Nalón (Candamo), por privilegio de Alfonso VII del año 1126 en el que otorga y delimita el coto del monasterio de San Salva-dor de Cornellana, pasa a formar parte de este cenobio que había fundado en 1024 la infanta Cristina y renovado en 1122 sus descendientes Enderquina y el conde Suero Bermúdez, quie-nes ampliaron la dotación fundacional, sometieron el cenobio a la jurisdicción de San Pedro y San Pablo de Cluny y, posteriormente, en 1128, lo donaron a la Iglesia de Oviedo.
Esta situación, unida al paso del Camino de Santiago, favorece el desarrollo de la comarca, que en el siglo XIVconstituía uno de los tres “quartos” en que se dividía el municipio de Salas.
SAN ESTEBAN DE LAS DORIGAS
Iglesia de San Esteban
L
A PRIMERA MENCIÓN DEL LUGAR de San Esteban apa-rece en el documento de 1126, antes citado, que fija los límites del coto de Cornellana “per cordale Sanc-ti Stefani”. En el inventario de don GuSanc-tierre (1385-1386) se menciona formando parte del Arciprestazgo de las Dorigas, que estaba formado por diez parroquias, entre las que ya se nombra como “Santo Estevan de las Dorigas”. A fines del siglo XIV y a comienzos del siguiente también existe constancia documental de la iglesia de San Esteban: en 1395, “Pero Dias fillo de Diego Martines de Santo Este-vano” es testigo en los “autos, traslados y sentencias de lospleitos sostenidos por el monasterio de Cornellana sobre las exenciones tributarias de sus yugeros, prestameros y vasallos”, actuando “Diego Martines de Santo Estevano” como testigo en la “confirmación del conde don Alonso de Noreña del privillejo que los jugueros y prestameros desde monasterio non paguen más de media talla”. El templo también aparece mencionado en el testamento de Diego Alvarez de Cornellana, de 1409.
El estilo románico ha dejado varias muestras dentro del territorio comentado. Además del templo de San Este-ban, en la comarca de las Dorigas existe otro dedicado a
Santa Eulalia, que se consagró en 1121, que conserva su inscripción consecratoria y una sencilla portada dentro de una estructura nueva; y, fuera de esa comarca, en la margen izquierda del Narcea, está San Miguel de Luerces (Pravia), que es un templo monástico donado a la Iglesia de Ovie-do en 1079. San Pedro de Soto de los Infantes, San Juan de Godán, San Vicente de Arcellana y San Bartolomé de Camuño, todos ellos emplazados en el concejo de Salas, son buenos exponentes de la difusión del románico en el entorno, difusión que se vio favorecida por la intensa acti-vidad fundacional del monacato y por el paso de la ruta jacobea a través del territorio.
Las características planimétricas, estructurales y espa-ciales sitúan el templo de San Esteban dentro de las últi-mas manifestaciones románicas del siglo XIII, cuando de modo anacrónico e inercial aún perviven en Asturias las fórmulas románicas degeneradas y empobrecidas. Esta situación explica los rasgos estilísticos del templo de San Esteban, que, dependiendo del monasterio de Cornellana, hubo de tomar como modelo su templo, simplificando las estructuras y reduciendo las proporciones hasta adecuarlas a los medios materiales y a los conocimientos técnicos de los canteros locales que participaron en su construcción. La influencia del monasterio colindante se hace evidente en la existencia del relieve monumental integrado, muy poco frecuente en las construcciones románicas tardías, por trabajar en ellas canteros locales de escasa pericia téc-nica. La presencia de este relieve, así como su iconografía, que únicamente se localiza en Asturias en las mejores crea-ciones del románico regional relacionadas con los talleres ovetenses o derivadas de ellos, da cuenta de la dependen-cia artística existente entre el templo rural de San Esteban y el de San Salvador de Cornellana.
La estructura actual del templo es consecuencia de los añadidos y las reformas sufridos por su fábrica románica a lo largo de la historia. En el siglo XVIII tiene ya añadidas sendas capillas cuadrangulares en los flancos norte y sur de la nave y se le superpone la espadaña, una de cuyas cam-panas es de fundición asturiana. En el siglo XIXse constru-yen la sacristía en el lado sur del presbiterio y un pórtico que envuelve los muros occidental y meridional. En el lado norte tiene adosado el cementerio, que causa las humeda-des que aceleran el deterioro de los restos pictóricos exis-tentes en el interior.
Como otros templos tardorrománicos de la región, el de San Esteban presenta unas trazas de gran sencillez en su nave única y su capilla cuadrada, algo profunda. Esta planta, como muestra de la tendencia regresiva de la arquitectura del siglo XIII, prescindió del ábside semicircu-lar, característico de los templos románicos vinculados al
románico internacional en la centuria anterior, y de la arquería interna que recorría el interior de los muros de las capillas en los templos perrománicos de la región, y que se volvieron a tomar como modelos para los ejemplos del románico tardío.
Dentro del conjunto del templo, la cabecera adquie-re un protagonismo considerable por su tamaño. Mide en el interior 686 cm de largo por 538 de ancho, que, fren-te a los 936 por 671 de la nave, generan una descompen-sación de las proporciones característica de las construc-ciones rurales y tardías, que en este caso han dado origen a un esquema macrocéfalo. El ingreso a la capilla se real-zó con un arco triunfal, que es el elemento constructivo más interesante del conjunto y adquiere considerable desarrollo en proporciones: 469 cm de flecha, 394 de luz, 92 de profundidad y 544 de altura total, incluidas las arquivoltas.
Como materiales constructivos se utilizaron la piedra y la madera. La primera, trabajada en aparejo de mampos-tería, se aplicó en la construcción del conjunto de los muros, sin establecer diferencias entre la nave y el ábside, y fue revocada en su totalidad. Únicamente algunos ele-mentos constructivos esenciales, como el arco triunfal, las portadas y las cornisas se construyeron con sillares. La madera se ha utilizado para la cubrición de la nave con una armadura que hoy permanece oculta por un techo plano que se colocó después de la guerra civil.
Los muros de la nave, compactos y cerrados, carecen de toda articulación y únicamente dejan entrar la luz por sendas ventanas saeteras abiertas hacia sus pies, que origi-nalmente irían acompañadas de otras, desaparecidas cuan-do se acuan-dosaron las capillas laterales; una de esas ventanas aún se puede ver tapiada en la cumbrera del hastial.
La capilla se cerró con una bóveda de cañón que arranca de una sencilla importa moldurada en nacela, siguiendo la solución más frecuente de los templos tardíos del románico regional, aunque aquí se acusa con mayor arraigo el esquema propio del románico pleno, al mante-nerse las trazas semicirculares en el abovedamiento, trazas que en otros ejemplos fueron sustituidas por las formas apuntadas. En el muro de testero de la capilla, una estrecha ventana, que hoy permanece tapada por el retablo barro-co, hacía incidir la luz sobre el altar. El muro de la cabece-ra fue reforzado en el exterior con dos contcabece-rafuertes angu-lares que se debieron de añadir tras la reforma de época barroca, momento en que también debió de colocarse la cruz de piedra que remata la cumbrera del hastial, siguien-do el esquema que toma como referente una solución pre-rrománica aún apreciable en la almena escalonada de San Salvador de Valdediós.
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S A N E S T E B A N D E L A S D O R I G A SPlanta
Sección transversal
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S A N E S T E B A N D E L A S D O R I G A SLa portada románica original no se ha conservado. En su lugar existe hoy una portada de arco escarzano de gran-des dovelas que están envueltas por un guardapolvo en torno a la clave y que debió de sustituir a la portada pri-mitiva cuando fue construido el coro que hoy ocupa los pies de la nave. Éste se apoya sobre bóveda de medio cañón que arranca del mismo suelo y contribuye a mermar el espacio ya exiguo de la nave con respecto al presbiterio. El conservadurismo estilístico es apreciable en el arco triunfal, que está formado por dos arquivoltas semicircula-res concéntricas. Éstas arrancan de unas impostas que adoptan diferente formulación a cada lado y se prolongan a lo largo del muro oriental de la nave introduciendo en ella la única articulación plástica que existe. La imposta correspondiente a la arquivolta del exterior adquiere un perfil en nacela, similar al ya comentado para la del pres-biterio; la correspondiente a la arquivolta interior presen-ta ajedrezado en el lado meridional y se moldura en baque-tones en el septentrional. Las roscas del arco, que carecen de decoración, descansan en unas jambas que tienen sen-das columnas de fuste y collarino lisos y basas áticas, que en la columna septentrional se adaptan a la forma cua-drangular del plinto mediante cabezas de serpientes, y en la meridional por medio de garras o bolas, actualmente muy deterioradas. Los plintos presentan un cuerpo inferior liso bajo un estrecho listel y un remate moldurado con aje-drezado, en el lado norte, y de moldura sencilla, en el sur. La parte más interesante del templo se localiza en los capiteles del arco triunfal, que, aunque están trabajados con talla tosca y gran sintetismo formal, tienen un gran valor iconográfico y son exponentes de la influencia ejer-cida por las mejores muestras del románico regional, que se tradujo en esta obra por medio de un lenguaje formal sintético, aunque no por ello incapaz de comunicar el mensaje de las imágenes. En el capitel de lado norte se representa un Pantocrator que porta el libro abierto en su mano izquierda y bendice con la derecha. A pesar de la temática culta, se evidencia el carácter popular de la obra en la simplificación formal, en la exageración de los gestos y en la desproporción de los miembros. En efecto, se trata de una figura tosca, de rígida frontalidad, en la que las manos se destacan sobremanera para evidenciar la acción, y se enmarcan con unas ondulantes bocamangas que se trabajan con mayor esmero que los rígidos pliegues, dis-puestos en ángulos concéntricos sobre el cuerpo de la figu-ra. Los pies, también de gran tamaño, se disponen perpen-dicularmente sobre el collarino, que sólo tocan con los dedos. El rostro ofrece una expresión ingenua y amable, carente del acusado expresionismo de otras creaciones de carácter rural y popular. La posición de los pies, apenas
unidos al suelo, de la figura triunfante de Cristo y la eleva-ción de sus manos, que destacan por su gran tamaño, acen-túan la sensación de ingravidez, que puede deberse a una simple falta de pericia técnica, pero también puede res-ponder a una intención iconográfica para aludir a la Ascen-sión, que, con similar disposición, aunque al margen de cualquier paralelismo técnico o estético, se representa en un capitel del deambulatorio de Notre-Dame-la Grande de Poitiers. En los lados laterales del capitel esta escena está flanqueada por sendos círculos que llevan tetrafolias inscritas y lazos anudados bajo ellos, carentes de paralelos conocidos en el románico regional.
En el capitel del lado derecho, la cesta se cubre por completo con espigas, que en los ángulos superiores dan paso a apomados y, bajo ellos, a una esquematización de unos cogollos vegetales, también de forma apomada, que tuvieron amplia difusión en el románico ovetense. En el frente, emerge de las espigas una máscara humana con barba, grandes ojos redondos y abultados arcos superci-liares.
Si en el interior es el arco triunfal el elemento cons-tructivo que concentra la mayor riqueza y complejidad, en el exterior destaca fundamentalmente la línea de cornisas, que se apoya sobre canecillos esculpidos en el lado sur de la nave y desornamentados en el lado norte y en la capilla. En los meridionales predominan los repertorios zoomórfi-cos, sucediéndose, desde los pies del templo, una cabeza de jabalí de grandes fauces y afilados colmillos, una cabe-za de cuadrúpedo indeterminado, un canecillo liso, otro muy deteriorado, una cabeza zoomórfica, un tonel y una cabeza de animal de largo cuello, que repite otro existen-te en un canecillo procedenexisten-te del monasexisten-terio oveexisten-tense de San Vicente y que actualmente forma parte de los fondos del Museo Arqueológico de Asturias.
En el siglo XVI, el espacio de la capilla de San Esteban se vio enriquecido con un programa pictórico reciente-mente restaurado que suplió la ausencia de articulación plástica y de relieve monumental. De la pintura que cubrió la bóveda, aún se conservan restos significativos, pero lo son más los que se pueden ver en los muros perimetrales de la capilla, especialmente destacados en el lado meridio-nal. Estos muros estaban recorridos por arquerías, siguien-do un sistema heredasiguien-do de la Antigüedad para la distribu-ción ordenada de las figuras, y que en el plano simbólico resulta idóneo para traducir en imágenes el orden impe-rante en la Jerusalén celestial. Los restos de estas arquerías se hacen evidentes incluso en el lado septentrional de la nave, que es el más dañado por la humedad del cemente-rio. Los arcos están decorados con motivos florales y enmarcan las figuras de los apóstoles, que formaron parte
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de una visión de la Gloria, que presidiría Cristo en Majes-tad desde el muro frontal de la capilla, con los astros en la bóveda, de los que aún se conservan la luna y el sol.
El enmarque arquitectónico de estas figuras presenta dos arcos concéntricos; uno exterior, que se apoya en los capiteles de la columnata pintada, y otro interior, de defi-nición menos clara, entre los que se colocan rosetas de ocho pétalos y botón central. La técnica de las pinturas es dibujística. No existe gradación tonal para sugerir el volu-men; los plegados se definen por medio de netos trazos negros que enmarcan superficies de color plano dentro de la gama de los tonos terrosos. A pesar de estos rasgos arcaizantes, que nuevamente se relacionan con la inter-vención de talleres itinerantes y populares, la pintura no se corresponde estilísticamente con la estructura
arquitectó-nica, y parece reproducir fórmulas góticas que cuentan con paralelos también de carácter popular en varios tem-plos del entorno, como Santa María de Quinzanas.
Texto: MSAM - Fotos: DMF - Planos: CFS/MCLF
Bibliografía
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