El despoblado de Vesolla se encuentra enclavado en el concejo del Valle de Ibargoiti y perte-nece al Partido Judicial de Aoiz y a la merindad de Sangüesa. Dista unos 30 km de Pamplona que pueden recorrerse por la N-240 hasta el alto de Loiti. Desde este punto hemos de tomar un agradable camino rural, bastante regular y en parte empedrado, que nos conducirá al lugar. En 1093 Aznar López de Vesolla, su dueño, dona la iglesia y todas sus tierras –viñas, cam-pos y bosques– al monasterio de Leire. Poco tiempo después, a comienzos del siglo XIILeire
deberá pleitear, al igual que ocurría en Lizaberría, por la propiedad del lugar, en este caso con el obispado de Pamplona que también alegaba sus derechos; pero lo cierto es que el asunto terminó de manera muy similar al de la citada Lizaberría, la razón cayó del lado del cenobio legerense. Durante los siglos XIIy XIIIla vinculación con el cenobio resulta efectiva desde el
punto de vista espiritual, de modo que varios jóvenes nacidos en Vesolla profesaron como monjes en Leire.
A mediados del siglo XIVtenía únicamente tres fuegos de labradores y un sacerdote
aten-día la parroquia de la Purificación de Nuestra Señora. Durante la guerra civil de Navarra, en el siglo XV, entre Juan II y su hijo Carlos, príncipe de Viana, éste último donó la localidad a Juan
Martínez de Úriz, recayendo finalmente en la familia y marquesado de Elio en el siglo XVIII.
VESOLLA
L
A IGLESIA SE ENCUENTRA EN UN DESOLADO, en unpai-saje bucólico, rodeada de vetustas construcciones, algunas en ruinas, que funcionaron y funcionan –esporádicamente– como corrales de ovejas.
La planta presenta dos tramos de nave única rectan-gular más la cabecera, semicircular al exterior y al interior. El ábside se cubre mediante bóveda de horno, mientras que la nave lo hace con medio cañón ligeramente
apunta-Iglesia de la Purificación de Nuestra Señora
Ábside
Planta
Alzado sur
Sección longitudinal
0 1 2 3 4 5 m
do. A pesar de la horrible capa de pinturas de colores extremadamente vivos que la cubren por completo, no se nos escapa su estructura original. Los tramos se articulan mediante gruesos fajones ligeramente apuntados que des-cansan, en el caso del arco triunfal, sobre medias columnas adosadas al muro. Las citadas columnas presentan basa clá-sica con toro y escocia en tanto que en la parte superior vemos dos grandes capiteles decorados a base de grandes hojas a modo de pencas superpuestas, con líneas incisas en la parte baja, dispuestas de modo que las inferiores se vuel-ven en pico con bolas gallonadas y las superiores se deco-ran mediante volutas en las esquinas y bolas más sencillas en el centro, todas toscamente labrado. El fajón del tramo de los pies descansa, en el muro del evangelio, sobre idén-tico soporte que las anteriores, pero en su capitel aprecia-mos esquematizaciones vegetales resueltas en tallos que se
vuelven en forma de “báculos”, o bien se organizan en ro-leos o sucesión de arquillos; además, vemos en las esquinas una figura humana de gran cabeza humana muy esquemá-tica y una sucesión de formas ovaladas en decrecimiento. En el lado de la epístola, el fajón descansa en una ménsula en cuarto bocel con cimacio liso.
Junto a la cabecera, en el lado del evangelio, se adosa una sacristía posterior de fábrica mucho peor que la de la iglesia. En la actualidad, aunque el Catálogo Monumen-tal de Navarra y la profesora Domeño citan retablo, Monumen-tallas y pila bautismal, todo el mobiliario se encuentra destro-zado, incluidos retablo, cajoneras y muebles de la sacris-tía, incluso la tarima de la iglesia y del coro. La sensación es bastante triste y se asemeja a un asalto, no aprecián-dose rastro de tallas ni de la pila bautismal, sino caos y desorden.
Al exterior, el sillar utilizado es de buena calidad, el ábside presenta ocho hiladas hasta la pequeña ventana de medio punto de enmarque achaflanado y flanqueado por líneas incisas. Las tres primeras hiladas, miden más de cua-renta centímetros de altura, descendiendo bruscamente, en la cuarta y siguientes, a la mitad. Esta característica nos recuerda poderosamente a las ruinas de la iglesia de Liza-berría, que comparamos –con toda prudencia–, por su monumentalidad y por su filiación con la abadía de Leire, en concreto con los ábsides del mismo cenobio. En el caso de Vesolla ya hemos visto como las relaciones con Leire son también bastante evidentes y su cercanía con Lizabe-rría innegable, por lo que nos atreveríamos a sostener una hipótesis muy parecida a la de aquel despoblado, si bien mientras en Lizaberría todo nos llevaba a fechas tempranas en el siglo XI, en cambio la decoración de los capiteles de
portada e interior de Vesolla evidencian una cronología muy posterior, en la segunda mitad del siglo XII. El ábside
culmina con una cornisa de canecillos lisos convexos que sostiene las lajas de piedra del tejado donde, posterior-mente, se practicó un pequeño recrecimiento.
La pequeña iglesia se encuentra adosada a una casa en el muro de los pies. En el muro de la epístola, realizado también en buena sillería y culminado en cornisa de cane-cillos lisos, apreciamos una segunda ventana de medio punto similar a la del ábside, igualmente enmarcada por una pequeña incisión decorativa, y una tercera abierta tor-pemente intentando imitar a las otras dos.
En la misma zona, al pie del muro, se abre la portada con unas dimensiones de más de tres metros de frente y 1,20 m de potencia de muro. Se compone de dos arqui-voltas constituidas por un baquetón central flanqueado
por otros dos de sección algo menor y un guardalluvias decorado con puntas de diamante. Las arquivoltas en tri-ple baquetón son más frecuentes en el último tercio del siglo XII. Las citadas arquivoltas descansan sobre columnas
provistas de basas clásicas muy desgastadas y capiteles decorados de manera tosca con motivos propios del romá-nico tratados con torpeza. Su ordenación, de Oeste a Este,
es la siguiente: el primero con volutas, cabeza de esquina, “báculos” y aves sobre ruedas; el segundo con “báculos”, círculos superpuestos en la parte alta y cabezas de esquina; el tercero parecido al segundo, con sucesión de “ruedas” en el frente; y el cuarto con “báculos”, cabeza de esquina y aves afrontadas. Recordemos que los pajarillos afrontados con una esquematización de un motivo habitual en el pleno románico y que los colocados sobre ruedas remiten a las aves sobre hojas visibles en portadas de mayor empe-ño. Los rostros humanos esquemáticos en las esquinas se repiten en iglesias cercanas (Guerguitiáin) y abundan en talleres navarros del pleno románico. Y el tema de los tallos rematados en volutas a manera de “báculos” deriva de la esquematización del bode de las hojas lisas vueltas en voluta, que tan frecuentes fueron en el pleno románico y en el románico tardío. En conjunto, los modelos aquí repe-tidos de manera ruda e inercial son reconocibles en Leire, la catedral de Pamplona, el Crucifijo de Puente la Reina, etc., donde pudieron ser vistos, al estar situados en edifi-cios emblemáticos, por este maestro “menor”. Por último, en el centro de la portada vemos el tímpano presidido por un crismón trinitario (con las habituales X, P con travesa-ño a manera de cruz, S, alfa y omega, enmarcadas por cír-culo) y apoyado sobre dos grandes ménsulas decoradas con rollos.
Texto y fotos: AAA - Planos: LCC
Bibliografía
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