ME QUEJABA DE NO TENER ZAPATOS, HASTA QUE VI UN HOMBRE SIN PIES

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Año LVIII - Nº 525 Enero 2021

Comunidades dignas

Entendemos el Bien Común como el esfuerzo solidario colectivo por cons-truir un entorno humano digno que nos permita, sin exclusión, disfrutar en realidad de nuestros derechos. Papa Francisco habla de “cultura del descar-te” para defi nir nuestro actual modo de vida que antepone el “consumir y tirar” al “reducir o reutilizar” y que busca el confort, el placer inmediato, potencia-do por la publicidad y la industria de la obsolescencia programada. Basta mirar algunas cifras para ver la magni-tud del problema: Los 1.300 millones de personas que había a principios de 2020 sufriendo pobreza multidimen-sional (de los cuales, el 84,5% vive en Asia del sur y África subsahariana), po-drían aumentar este año en 500 millo-nes a causa de la pandemia.

Desglosando

Alimentación: se podría alcanzar la ci-fra de 1000 millones de personas con hambre, frente a los 821 millones in-formados en 2020 por FAO. Salud: en Latinoamérica y Caribe hay 21,4 mé-dicos y 15,8 enfermeras cada 10.000 habitantes. Y en África subsahariana, hay cinco camas de UCI por cada mi-llón de habitantes. Agua potable y sa-neamiento: Naciones Unidas informa de que 3.000 millones de personas no tienen en su casa agua para el lavado de manos, una medida elemental con-tra los virus. Vivienda digna: Según ONU Hábitat, en los asentamientos marginales de las grandes ciudades, alrededor de 1.000 millones de

perso-nas, diariamente, se enfrentan al ha-cinamiento y a graves carencias de ali-mentos, agua, saneamiento, gestión de residuos o asistencia médica.

Crisis medio ambiental y sanitaria Manos Unidas promueve un desarrollo humano integral y sostenible y una eco-nomía del Bien Común, que antepone la dignidad humana y el cuidado del planeta, y que implica el acompaña-miento de las comunidades empobre-cidas desde la defensa y protección del medioambiente, donde encuentran su sustento: alimento, agua, hábitat, plan-tas medicinales, referentes espirituales. Esta experiencia dramática del corona-virus nos lleva a reafi rmar la dignidad de todo ser humano y sus derechos; la necesidad de generar nuevos estilos de vida más solidarios; la urgencia, des-de la política y la economía, des-de crear condiciones de vida más humanas, centradas en el bien común. Leemos en Laudato Si´: “En las condiciones ac-tuales de la sociedad mundial, donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables,

priva-das de derechos humanos básicos, el principio del Bien Común se convierte inmediatamente, como lógica e inelu-dible consecuencia, en un llamado a la solidaridad y en una opción preferen-cial por los más pobres”.

Sin dejar nadie atrás

El Bien Común no excluye el bien parti-cular y exige la justa distribución de los bienes disponibles, cada persona debe tener lo sufi ciente para vivir; surge de la propia naturaleza de la persona huma-na como ser social; no es uhuma-na suma de bienes individuales; y obliga a personas, instituciones y, especialmente al Estado que debe velar por su defensa y promo-ción. En palabras de Francisco: presu-pone el respeto a la persona humana

en cuanto tal, con derechos básicos e inalienables ordenados a su desarrollo integral; reclama el bienestar social y el desarrollo de los grupos intermedios, especialmente la familia.

Acompañamos comunidades Solo con la participación de todos es posible caminar hacia un mundo don-de los don-derechos humanos don-dejen don-de ser una declaración de intenciones para convertirse en justa realidad. Porque: No basta hablar de las nociones de So-lidaridad y Bien Común. Hay que creer en ellas. Y no es sufi ciente creer en ellas. Hay que trabajar para conseguirlas.

Manos Unidas

ME QUEJABA DE NO TENER ZAPATOS,

HASTA QUE VI UN HOMBRE SIN PIES

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Desde África

Colombia: país lleno de contrastes Llegamos a Co-lombia en 1975, país lleno de contrastes por la inmensidad y va-riedad de su fl o-ra, fauna, mares, ríos y montañas y su gente acoge-dora y diversa como son las diferentes culturas que existen entre negros, in-dios y mestizos. En Buenaventura, en la costa del pacífi co comenzó nuestra andadura, el obispo Heriberto Correa nos asignó la parroquia El Sagrado Co-razón en el barrio El Firme. De esta parroquia ha salido el primer javeriano colombiano Gerardo Pretel que ha tra-bajado en el Congo.

“La carretera vieja”

En 1984, el obispo pidió una mayor atención a la periferia de la ciudad, iniciando la creación de la parroquia Cristo Redentor que abarca barrios problemáticos y el cuidado de algunas aldeas en zona rural conocida como “la carretera vieja”. Este ha sido un trabajo difícil llevado por un grupo de Javeria-nos de diferentes nacionalidades: italia-nos, brasileños, españoles, mejicaitalia-nos, congoleños y cameruneses. Objetivo: implementar “el sistema integral de nueva evangelización” (SINE), un no-vedoso plan pastoral que ha buscado la creación de comunidades de base en este bello puerto de Buenaventura.

De Buenaventura a Cali

Cali, sucursal del cielo, donde llegamos en 1984 a petición del obispo Pedro Ru-biano para abrir en el distrito de Agua-blanca, donde la población procede de la costa del pacifi co y con fuerte referen-te violento y pobreza extrema. Sufrimos las inclemencias del tiempo: barro, lluvia, sin alcantarillado, caminos sin asfaltar, falta de escuelas, ni siquiera un centro médico. Pero allí, comenzó a fl orecer una nueva comunidad parroquial

hacien-do frente a tantas necesidades y constru-yendo un colegio que hoy da capacidad a cerca de 1200 alumnos, trabajando en la promoción social, incentivando una economía solidaria, promocionando la mujer y trabajando con niños y jóvenes de alto riesgo cercanos a las pandillas y a la delincuencia común.

Bogotá: 1996

En 1996 llegamos a Bogotá, adqui-riendo una casa en el barrio Florencia, se trata de una presencia que facilita la acogida para misioneros y de formación permanente y animación misionera. En el 2001 el obispo Octavio Ruiz nos pidió

aceptar la parroquia de la Encarnación, atendiendo pastoralmente a los habitan-tes de la diócesis de Engativá. El desafío pastoral consiste en salir al encuentro de tantos que viven en esta macro ciudad asumiendo la pastoral urbana a través de la formación del laicado, fomentando las pequeñas comunidades samaritanas en comunión con la Iglesia local.

Medellín: 1998

En 1998 llegamos a la hermosa ciudad de Medellín, la eterna primavera, en el barrio Calasanz. Trabajamos para trans-formar nuestra casa en centro de espiri-tualidad misionera. Fruto de esta presen-cia misionera ha sido la ordenación del P. Alex Román García que actualmente se encuentra en Sierra Leona. En Colom-bia animamos a la Iglesia Local para que se abra a la misión ad gentes. Propone-mos a los jóvenes un camino vocacional para que respondan a la llamada misio-nera y trabajamos con un grupo de laicos que forman la Fraternidad de San Guido María Conforti, ellos se comprometen a orar por la Iglesia Misionera y la tarea evangelizadora de los Misioneros Jave-rianos en todos los rincones del mundo. P. Iñaki Larrea Múgica, sx

YO CREO QUE FUIMOS NACIDOS HIJOS DE LOS DÍAS,

PORQUE CADA DÍA TIENE UNA HISTORIA Y NOSOTROS SOMOS

LAS HISTORIAS QUE VIVIMOS (EDUARDO GALEANO)

Misioneros

Javerianos

Boletín de información misionera www.javerianos.org Administración: C/ Nª Sª de la Luz, 40 bis. 28025 MADRID Tel.: 91 466 16 50 misioneros@javerianos.org Director:

Redactores: (Este boletín es gratuito para los amigos y bienhechores, todas las colaboraciones económicas son voluntarias)

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Imprime: Villena Artes Gráfi cas Depósito legal: M 545-1963 Franqueo Concertado n.o: 0l/402 Benjamín Gómez Salas sx

Rolando Ruiz sx Robertus Kardy sx Ivanildo de Sousa sx

Carlos Collantes sx

Javier y los Javerianos

equivalen a dos itine-rarios misioneros que se entrecruzan en la experiencia que vivió S. Guido Maria Conforti con la fi gura y testimonio de S. Francisco Javier. Ya fundador, Conforti oriento’ su Familia misionera hacia una asimilación con Javier que forjase el perfi l apostólico de sus misioneros. Este Año Jubilar, y al inicio de nuestra nueva presencia en Marruecos, queremos reactualizar este relato vivido por Conforti. Parti-mos del hecho que cuando hablaParti-mos de Javier, no hablamos del itinerario de un apóstol que ha viajado por Cris-to, sino del itinerario de un apóstol que ha sido conquistado por Dios.

Fases de su itinerario

Dios lo arranca de la búsqueda de la gloria “humana” con la fuerza de su Palabra (París 1533): “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si, al fi nal, pierde su alma?”. Le hace nacer “en el secreto de la noche” (¡cuántas horas de oración paciente y dócil!) el amor apasionado por las “almas”. La consa-gración, según Mons. Conforti, nace de la contemplación de Cristo crucifi -cado y del amor que manifi esta y sus-cita: “así se ama”.

Javier ha plantado la cruz en los últimos confi nes del mundo porque primero la cruz había sido plantada en su corazón. El misionero es el que ha contemplado a Cristo que señala a los apóstoles el mundo a conquistar… y ha quedado seducido.

Descubre en su familia religiosa una comunidad en la que ve el rostro

de la Iglesia, y cuenta con la comuni-cación con sus hermanos para enten-der cómo proceenten-der para “convertir a la santa fe” a los pueblos que encon-traba. Fascinados por el Señor Jesús y ayudados por el Espíritu Santo, esta-mos llamados a vivir nuestra vocación en koinonía, conscientes de que la co-munidad, en sí misma y por sí misma, es ya testimonio misionero y que el sujeto misionero más idóneo no es el individuo, sino la comunidad.

Nace a la misión (Lis-boa 1541) y descubre el sentido de la itinerancia y del ser para los demás.

«El ad extra nos pide un éxodo espi-ritual, cultural, afectivo que nos haga capaces de aculturarnos en un nuevo ambiente y de no tener más segurida-des que el Evangelio que anunciamos. Viviendo como extranjeros y huéspe-des en otros pueblos, somos signos y fermento de aquella nueva familia hu-mana que abraza a todos y realizamos la misión en la debilidad.

Experimenta que los retos y sacri-fi cios de la misión, “cuando se viven con amor, se convierten en alegría y en fuentes de grandes y numerosas consolaciones”. Se descubre a sí mis-mo comis-mo imitador de Cristo pobre para servir a los pobres, emprende-mos el camino de la kénosis que pide que nos hagamos todo a todos.

Ante los retos iniciales del aprendi-zaje de las lenguas, se siente como frá-gil criatura, pero su debilidad, vivida

en Cristo, se ve sostenida con la fuerza del Evangelio.

Se reconoce impulsado por el Espí-ritu para ir hacia lo desconocido (1545: planes para Japón).La misión es obra del Espíritu y el misionero lo es en la medida en que se deja guiar por Él, transformándose en su colaborador.

Ante la prospectiva de China (1551), Javier se interroga profundamente y vive la soledad de (en) la debilidad has-ta entregarse tohas-talmente a Dios, con-fi ando solamente en Él (3 de diciembre de 1552).Decimos: consagrados para la misión, nuestro permanecer en ella es ad vitam, es decir, es algo relacionado más con el ser que con el hacer.

Javier ha sido un hombre apasionado de Cristo, de gran humanidad y en crecimiento permanente (en cons-tante búsqueda), capaz de cultivar deseos fuertes y audaces, y de gozar en las tribulaciones, sostenido por una fe robusta y probada, impulsado por el ansia de anunciar a Cristo.

Antonio Flores, sx

JAVIER Y LOS JAVERIANOS

JAVIER Y LOS JAVERIANOS

JAVIER Y LOS JAVERIANOS

JAVIER Y LOS JAVERIANOS

JAVIER Y LOS JAVERIANOS

JAVIER Y LOS JAVERIANOS

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Desde América Latina

LAS MUJERES QUE HACEN FLORES

LAS MUJERES QUE HACEN FLORES

LAS MUJERES QUE HACEN FLORES

Ganarse la vida

María Teresa Gargiulo, Misionera Jave-riana, lleva ya muchos años trabajando en el campo de la promoción de la mujer indígena en la Misión de Stª Cruz, Hue-jutla, Hidalgo. Ella está en continua rela-ción con las mujeres más necesitadas de las diferentes comunidades, que trabajan en colaboración en el taller de bordado

“Tixochichihuane”.

Como la Guadalupana que depositó sus flores, en armonía de vida y verdad, en el manto de Juan Diego, así la mujer Náhuatl

trasmite vida y cultura con sus bordados simbólicos de varios colores. Las mujeres Náhuatl saben individuar y socorrer las si-tuaciones difíciles de las comunidades: un enfermo que necesita asistencia, una casi-ta que reconstruir, niños que llevar a la escuela y ayudarlos a aprender.

Son mis ojos

Con años de trabajo lo que se ha ido formando en estas mujeres y sobre todo en las tres coordi-nadoras de la Cooperativa, es un corazón bue-no, la disponibilidad, el sentido de la compa-sión para con la gente y el compromiso en hacer lo posible para responder a las necesidades. Estas mismas mujeres son mis ojos, mis oídos y mi corazón; ellas me indican estas necesidades: signo de que el sentido de la misericordia y la

solidaridad está dentro de su corazón. ¡Esto es para mí el Reino de Dios!

Ellas no son todas católicas, algunas son pro-testantes, otras se han adherido a nuevas igle-sias que se han difundido, pero la solidaridad va

más allá de las diferencias religiosas.

Estoy contenta y agradecida porque Dios me da todavía fuerzas para continuar mi servicio y el tiempo de vida que Dios me quiera dar, soy fe-liz en gastarlo con mi gente entre las cuales me siento en casa.

Hna. Olivia Lomeli, mms Misioneras de María (Javerianas)

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Se cumplen cien años desde que San Guido Maria Conforti, pre-sentaba a los Misioneros Jave-rianos “presentes y futuros”, las Constituciones de la Institución, con un texto que se denomina La Carta Testamento.

La intención expresa del Padre Fundador de que esta carta tam-bién tuviera un signifi cado y una

utilidad para los futuros misione-ros, nos lleva a releerla con aten-ción, a la luz de nuestra propia vivencia y en nuestro propio tiem-po, para recibir ese apoyo que el Santo quiso dejar a los Javerianos. Esa intuición inicial suya se ha desarrollado a lo largo de los años transcurridos, hasta extender el espíritu javeriano a una familia más amplia que incluye religio-sos, religiosas, laicos y laicas. Como personas laicas que com-partimos el espíritu javeriano, queremos abordar la relectura de la Carta Testamento con nuestra visión presente. Como en otros textos en los que se sostiene la Fe de la Iglesia, y que fueron escritos en un tiempo concreto y para per-sonas concretas, queremos ver en

ella el mensaje que el Espíritu, a través de la inspiración del San-to, nos envía al día de hoy, con un mensaje vivo, siempre vigente para quien haga una lectura aten-ta y refl exiva.

Consejos evangélicos

Laicos y laicas, insertos en el mundo y sus quehaceres

cotidia-nos, nos preo-cupamos por las cosas materiales que se precisan para nuestra subsistencia y la de nuestras familias. El es-píritu de po-breza nos lleva a distanciarnos de los esquemas actuales de con-sumismo y acú-mulo de rique-zas materiales. Esa pobreza que Monseñor Con-forti veía como oportunidad para dejar a Dios como la po-sesión prin-cipal, un es-pacio para la actuación de la Providen-cia, la inten-tamos man-tener viva llevando una vida austera, con desapego de los bienes materiales,

recibiéndolos como un don y una herramienta y no como posesión merecida, sin que signifi que que renunciemos a buscar salarios justos por el trabajo de cada día,

por el nuestro así como el que de-berían recibir en justicia el resto de hermanos y hermanas.

La castidad se presenta como par-te de la exigencia de la entrega completa a Dios, y Mons Conforti dice que en la medida que se viva con alegría esa consagración, así se creerá el testimonio que se da al mundo. El compromiso y la en-trega del laico, y la fi delidad a la familia y al proyecto común, son testimonios explícitos de nuestra fi delidad a Dios. Dar ejemplo de distintos tipos de familia cristiana en el mundo de hoy, aspirando a ser mejores cada día son el testi-monio de nuestra consagración.

Disponibilidad laical

Laicos y laicas no abandonamos el mundo para entrar en la comuni-dad, sino que ésta entra en nues-tras vidas de forma permanente y transversal. Así, no debiendo obediencia de forma expresa, sin embargo, mantenemos la misma

disponibilidad para aceptar las ocupaciones que se nos asignen

desde la Comunidad, cuando ésta busca la voluntad de Dios me-diante la lectura de los

aconte-REFLEXIÓN DEL LAICADO MISIONERO

J AVERIANO EN ESPAÑA (LMJ)

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cimientos y en la oración, como Mons. Conforti expresa.

La tarea de evangelización de los no cristianos, el cuarto voto que se añade a la familia javeriana, for-ma parte de nuestra vida como eje fundamental. Esa exposición de los valores evangélicos que llevamos a

cabo dentro del ámbito cotidiano en el que vivimos inmersos, es una faceta reservada a la vida laical, y la mantenemos como valor primor-dial allí donde estemos, como par-te de la acción misionera, tanto en nuestro lugar de origen como cuan-do compartimos la acción directa en tierra de misión, ad gentes y ad extra, fi eles al espíritu javeriano.

Afrontar lo inédito

Sumergirse en el mundo en el que vivimos, abandonando los valores evangélicos, resume y engloba las tentaciones a las que nos expone-mos a diario. El riesgo de acomo-darse, de adoptar como propios los usos y costumbres de nuestra socie-dad, es el peligro que debemos en-frentar cotidianamente, puesto que es al mismo tiempo nuestra forma de vida. Aquí el consejo del Santo, recurrir a Dios con la oración, redo-blando la fi delidad a nuestros pro-pósitos, sigue estando vigente de forma literal.

Espíritu de fe y familia

Las responsabilidades de la vida laical conllevan mucho esfuerzo, muchos inconvenientes y tareas, que interfi eren y difi cultan el cuidado frecuente de la vida es-piritual. Mantenemos vigente el consejo del Fundador de incluir

la fe como parte de nuestra con-ducta, nuestros pensamientos, nuestras inten-ciones y nues-tras obras, para

no apartarla a

un lado en nues-tro quehacer co-tidiano. En nuestro caso, como para el resto de herma-nos y hermanas en la fe, la ora-ción, la lectura de la Palabra y la Eucaristía deben ser los ejes principales que ali-mentan nuestra vida de fe.

Dentro del laicado misionero ja-veriano tenemos el aporte espe-cial de una vida comunitaria que ha ido bebiendo de la experiencia del espíritu de familia

javeriano. El compar-tir ideales, fatigas, pro-yectos, experiencias de enfermedad, de educa-ción de hijos, de relacio-nes laborales, de todo aquello que acontece en una vida laica inser-ta en nuestros tiempos, forma parte de nuestra riqueza y es caracterís-tico de nuestra vida lai-cal. Tarea concreta de las personas laicas será trabajar, inspirados por el Espíritu, para cons-truir un mundo más hu-mano, misericordioso y justo desde la

dimen-sión sociopolí-tica al servicio de

los más pobre y alejados.

Características propias

Por último, también los laicos es-cuchamos el consejo del Santo de buscar a Dios en todas las cosas, dentro de la riqueza de la vida lai-cal inserta en el mundo, con una fe que queremos viva, buscando la voluntad de Dios de forma perso-nal y comunitaria. La obediencia pronta, generosa y constante a esa Voluntad en nuestro día a día cotidiano de trabajo y familia es nuestra característica particular. También lo es nuestro compartir comunitario, con ese amor in-tenso a todos los miembros que la componen, que indica el fun-dador, y que hacemos extensi-vo a toda la familia javeriana. La carta Testamento de San Guido Mª Conforti presenta el techo de perfección adonde debemos aspi-rar de forma constante y aun hoy cien años después de su redacción mantiene mensaje vivo y vigente para todos los que compartimos ese mismo espíritu.

Raquel Ruiz (LMJ)

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Fratelli tutti es la última actualización del pen-samiento social de la Iglesia que ha escrito el papa Francisco. La Encíclica se sitúa en continuidad con la enseñanza no solo del papa Francisco, sino de los papas precedentes y del Concilio Vaticano II. El texto afi rma el compromiso creyente en la defensa de los

derechos humanos al servicio de la fraternidad uni-versal. Sostiene que pisotear la dignidad humana y los derechos humanos entraña pisotear a Dios. La Encíclica aplica la metodología propia de la doc-trina social: ojos abiertos, corazón sensible y mano pronta. Parte de una mirada creyente hacia la reali-dad iluminada a través de la parábola del buen sama-ritano. Por último, despliega distintas aplicaciones en diferentes ámbitos.

El punto de partida y de llegada de la Encíclica es la relación familiar entre Dios y la humanidad, que fundamenta la fraternidad humana. El anhelo divino de generar un mundo fraterno es el deseo de un Dios apasionadamente comprometido con la suerte de la humanidad. El documento nos invita a recuperar va-lores espirituales que no son patrimonio de ninguna confesión religiosa pues pertenecen a la esencia tras-cendente del ser humano.

Ejercicio efectivo de la coherencia

El lenguaje del texto, profundamente religioso, se di-rige a todo el mundo y está recibiendo grandísimos elogios más allá de la Iglesia, en los ámbitos civiles,

ecuménicos e interreligiosos. Nos convoca a una vida con sabor a Evangelio. Nos llama a oler, a contagiar los valores evangélicos mediante el ejercicio efectivo de la coherencia. Nos empuja a recuperar la impor-tancia de la ética, una ética en la que podamos en-contrarnos el conjunto de seres humanos, una ética caracterizada fundamentalmente por la tensión en-tre lo que somos y lo que debemos ser en el ámbito personal, comunitario y público.

Fratelli tutti nos propone recobrar el sentido de la res-ponsabilidad. Nos insta a edifi car puentes de justicia y de paz para tener esperanza. Nos invita a construir la esperanza desde abajo, desde la solidaridad y la justicia con las personas más vulnerables, desde la acción del personal sanitario, de limpieza, de especialistas en el traba-jo social, de transportistas, de docentes, de todas las profesiones vitales que con tanta frecuencia sufren y padecen la pre-cariedad y que han sostenido y sostienen nuestra esperanza.

Reciprocidad, horizontal

En la mirada del texto, quienes sufren y padecen no son objeto de atención sino

protagonistas de su propio destino, capa-ces de su empoderamiento. La caridad no se contempla como una relación vertical,

OJOS ABIERTOS, CORAZÓN SENSIBLE Y

MANO PRONTA: FRATELLI TUTTI (FT)

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más bien se considera una relación de reciprocidad, horizontal, donde quien da recibe y quien recibe da. Francisco no separa la caridad de la justicia, de los de-rechos humanos, de la cercanía con los rostros del su-frimiento, del dolor, viviendo con compasión y con la capacidad de conmovernos con quien sufre. Fratelli tutti urge a construir la esperanza desde arriba, des-de el amor divino que es la fuente des-de una esperanza que no defrauda. Es la divinidad quien nos inspira la

indignación ética. Debemos bajarnos de la serenidad cuando están en juego los derechos de las personas vulnerables. Debemos conmocionarnos por el sufri-miento ajeno y movernos cuando peligran los dere-chos esenciales de las personas más pobres.

Francisco afi rma el imperativo ético de vivir la proxi-midad con la persona vulnerable. Es un imperativo moral universal que debe ser traducible

jurídica-mente en derechos. Esta traduc-ción del imperativo ético a lo

jurídi-co eleva los listones morales de la sociedad desde el principio de la responsabilidad. La precariedad nos conduce a un juicio de dignidad con quienes convivi-mos, a experimentar la fraternidad, a situar al próji-mo copróji-mo enclave creyente y copróji-mo condición de posi-bilidad de encuentro con la divinidad.

Apartando las diferencias

Fratelli tutti nos emplaza a rehabilitar la política por-que es una vocación altísima y una de las formas pre-ciosas de la caridad en la búsqueda del bien común. Es necesario construir una política que piense en ob-jetivos comunes apartando las diferencias. La Encí-clica apunta hacia proyectos integrales e inclusivos, nos llama a ser ciudadanía comprometida, refl exiva, consciente y unida tras un objetivo de proyecto co-mún. Francisco apuesta por una política mediadora del bien común donde este es un horizonte de discer-nimiento para pensar un mundo abierto e inclusivo

con las personas más débiles y en el que convivan las

distintas culturas.

El papa Francisco pide construir un mundo abierto,

intercultural, que se expresa como la ofrenda recí-proca de las distintas culturas, que se intercambian en un proceso de mutua fecundación. Nos convoca a apostar por el diálogo, la alteridad, la comunión, la sociabilidad, la plenitud de derechos y deberes de quienes conviven en un espacio geográfi co con un proyecto de futuro sostenido.

Fco. Javier Alonso Rodriguez Presidente, CG Justicia y Paz

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Identidad transformada

Pastores y magos, habitantes de las periferias, serán capaces de ver la gloria de Dios en la fragilidad de un niño que nace ignorado por los grandes. Gentes sencillas y gentes cultivadas que, tras haberse en-contrado con la luz, llenos de gozo se vuelven misioneros o vuelven a su tierra por caminos nuevos, con una identidad transformada. El encuentro con el Salvador nos hace buscar nuevos caminos que nos llevan a nuestra verdadera tie-rra, a nuestra identidad soñada. Jesús mismo, según el relato de Mateo, comienza su misión en la periferia, en la despreciada Galilea de los gentiles: “… País de Zabulón y Neftalí… El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande…”.

Damos un salto y nos situamos ya en los relatos pascuales. Los dos discípulos de Emaús tras encontrarse con la luz del Resu-citado, desan-dan el camino de la decepción para reencon-trarse con la c o m u n i d a d ; desandan el viejo camino de la desesperanza, de la soledad, de la derrota, de las expectativas iluso-rias y junto con los otros discípulos de la primera hora saldrán a las pe-riferias del mundo con la mirada teñida de audacia y de esperanza: “Hemos visto al Señor”.

Hay maneras de mirar que enri-quecen la propia identidad porque uno descubre su verdad más com-pleta en el encuentro con el rostro del otro. Por eso, hay que saber mi-rar pero, ¿para qué sirven los ojos si el corazón está ciego o si per-manece insensible?

Corazón descontaminado

El samaritano -de la misma estir-pe que los pastores y los magos- al igual que ellos aunque de for-ma distinta, será capaz de ver ese

mismo rostro de Dios -un rostro desfigurado- en un hermano he-rido al borde del camino, sin caer en la trampa de una mirada preci-pitada y superficial, prisionera de las propias ocupaciones, prisas, miedos o legítimos proyectos. Su mirada, su actitud de fondo, sus gestos son el antídoto frente a la cultura de la indiferencia.

“Dichosos los limpios de co-razón…” La bienaventuranza nos estimula a dejar ensanchar nuestro corazón por la luz de Jesucristo, por la invasión de su amor y, de esta manera, descon-taminarlo, descolonizarlo. “Sólo se ve bien con el corazón” (A. de Saint-Exupéry). Descontaminar la mirada y el corazón para saber vivir descentrado de sí mismo y poder detenerse ante los heridos por la vida que ocultan y desve-lan el rostro de Dios.

“… como todos estamos muy con-centrados en nuestras propias ne-cesidades, ver a alguien sufriendo

Una de las insistencias del Papa Francisco desde el comienzo de su pontificado está siendo el invitarnos a salir a las periferias para llevar la luz del evangelio, sentirnos siempre Iglesia en

salida, peregrina por los caminos de la humanidad.

La periferia, como símbolo teológico-espiritual y como innegable realidad social, ocupa un lugar significativo en los relatos evangélicos. Jesús nace en las afueras de una aldea sin

esplendor y muere fuera de la ciudad. Los pastores –grupo social de dudosa moralidad y considerado impuro- habitan la periferia y serán los primeros destinatarios del anuncio del

ángel; lo cual está indicando a las claras la sensibilidad del evangelio. Y los magos, sabios que vienen de una lejana periferia excluida de la salvación, caminan hacia esa luz singular y única que surge también en la periferia y llena de gozo el corazón. Intuían algo grande, pero

su descubrimiento fue mayor de lo imaginado: un Dios vulnerable.

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nos molesta, nos perturba, por-que no por-queremos perder nuestro tiempo por culpa de los proble-mas ajenos. Estos son síntoproble-mas de una sociedad enferma, porque busca construirse de espaldas al dolor”. (FT 65)

O construimos nuestras socieda-des de espaldas al dolor o reinte-gramos a los sufrientes. Este es el desafío. “La historia del buen sa-maritano se repite: se torna cada vez más visible que la desidia social y política hace de muchos lugares de nuestro mundo un camino de-solado, donde las disputas inter-nas e internacionales y los saqueos de oportunidades dejan a tantos marginados, tirados a un costado del camino. En su parábola, Jesús no plantea vías alternativas, como ¿qué hubiera sido de aquel malhe-rido o del que lo ayudó, si la ira o la sed de venganza hubieran ga-nado espacio en sus corazones? Él confía en lo mejor del espíritu hu-mano y con la parábola lo alienta a que se adhiera al amor, reintegre al dolido y construya una sociedad digna de tal nombre”. (FT 71)

¿Qué felicidad?

El herido caído al borde del cami-no es el símbolo concreto de todos los descartados, los “invisibles”, las que no cuentan, las despoja-das de su rostro, de su identidad,

de sus sueños, de sus esperanzas, de sus derechos, de un futuro digno y humano. La indi-ferencia nos invi-ta a mirar solo lo nuestro, nuestros intereses, sin im-plicarnos ni com-plicarnos la vida. Frente al sufri-miento, la búsque-da de la felicibúsque-dad se convierte en una tarea sospe-chosa y parece perder su sentido. ¡Cuántas veces viendo los dramas de nuestro tiempo, uno se pregun-ta honradamente! ¿Tengo derecho a ser feliz? Y ello es claro cuando esta búsqueda tiene como motiva-ciones o se apoya en el egoísmo, en la indiferencia frente al hermano. Sin embargo creemos que existe una verdad misteriosa y profunda: la felicidad es y puede ser lo bas-tante fuerte como para integrar y asumir el sufrimiento, al menos parcialmente porque existe una felicidad singular, escondida, ex-traña que conocen y experimentan quienes han descubierto y viven la sabiduría de la cruz, la sabiduría de la entrega de la propia vida, la sabiduría evangélica; sabiduría de la que Jesús es maestro, modelo y fuente. “Quien quiera salvar su propia vida la perderá, sin embar-go quien la pierda por mi causa, la encontrará”. El amor de Dios des-borda todos los diques, también el del sufrimiento.

Dios haciéndose fragilidad asume nuestras fragilidades. Si queremos ver y encontrar a Dios tenemos que mirar y buscar en la dirección de lo pequeño y vulnerable porque para entrar en relación con noso-tros Dios recorre ese mismo ca-mino, el de la vulnerabilidad, des-pojándose de su omnipotencia se reviste con la impotencia del amor

desarmado, de la bondad paciente.

Sin miedos

A eso nos invita también el Papa Francisco a hacer propia la fragi-lidad de los demás, a levantar y rehabilitar al caído, para hacer po-sible el bien común e impedir el establecimiento de una sociedad de exclusión. (FT 67) Nos invita a hacernos cargo de la realidad que nos corresponde sin miedo al do-lor o a la impotencia, porque allí está todo lo bueno que Dios ha sembrado en el corazón del ser humano… porque “la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fra-ternidad…” (87)

Dios recorre los caminos huma-nos de la vulnerabilidad. Ese niño que nace en la periferia y mue-re excluido por amor fuera de la ciudad, es el verdadero Buen Sa-maritano; es el Dios encarnado inclinándose sobre nuestra hu-manidad herida, para que noso-tros no pasemos de largo y tam-bién nos inclinemos ante tanto hermano herido. Es el Dios que atraviesa fronteras y muros para llegar hasta nosotros y hacer po-sible la esperanza de un mundo más reconciliado y fraterno, más justo y solidario. Más humano.

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PIE NIYIBIZI

PIE NIYIBIZI estudia teología en nuestra comunidad javeriana de Parma. Aquí está Pie, de Burundi.

Queridos amigos de los “Misio-neros Javerianos, aprovecho este espacio para presentarme. Mi nombre es Pie Niyibizi y soy de Burundi. Somos 11 en la familia: además de mis padres, tengo 5 hermanos y tres hermanas. ¡Soy el primogénito!

Mi camino formativo comenzó

con un año de discernimiento en el que pude conocer mejor a los javerianos y su misión en el mun-do. A esto le siguió un año prepa-ratorio como preparación para los estudios de fi losofía realizados en Bujumbura. El primer salto cultu-ral fue tener que salir de Burundi para ir a Kinshasa, en la República Democrática del Congo. Allí con-tinué mi formación con el año de postulantado y noviciado, que son la puerta para entrar ofi cialmente a la familia javeriana.

Llegué a Italia el 2 de agosto de 2019 para continuar con el estu-dio de teología, al que asisto en el seminario de Reggio Emilia,

después de haber estudiado el idioma italiano. Siempre me han llamado la atención las palabras del evangelista Lucas que tuve la oportunidad de meditar en el gru-po vocacional en el que participé: «La mies es mucha pero los obre-ros pocos» (Lc 10, 2). Mi vocación comienza con el encuentro con un animador vocacional que vino a vi-sitar mi escuela. Me sentí llamado

a contribuir al anuncio del Evan-gelio a los no cristianos y a los que ya lo han olvidado, con amor com-partido y desinteresado, imitando a Jesús siervo.

Me gusta ser misionero testi-fi cando y anunciando el amor de Jesucristo, que nos amó hasta la

cruz. Nos urge a servirle no sólo con palabras, sino con toda la vida (Lc 6, 43-49). Siento mi lla-mada al servicio en las pequeñas cosas, contemplando e imitando a Cristo siervo, pobre y trabaja-dor (Mt 25, 31-46)entre cristia-nos y no cristiacristia-nos, entre pobres, extranjeros y marginados ... Me identifi co con el modo javeriano de vivir la vida comunitaria en fraternidad. “La comunidad es como un espacio en el que el co-razón aprende lentamente a amar sin poseer, a servir sin esperar el reconocimiento, un lugar que nos obliga a aceptar al otro y su nece-sidad”. Digo esto porque la vida fraterna en comunidad vivida con sencillez y alegría es la mejor for-ma de evangelización. ¡Gracias por acompañarme con sus oracio-nes y su recuerdo!

Refl exión personal:

L a vocación es una inspi-ración o moción interior por la que Dios llama a una persona para una misión. Supone siempre la absoluta libertad de Dios que llama y la liber-tad humana que reaccio-na ante esta llamada.  ¿Qué tal tú? ¿Qué vas a

ha-cer tú?¿Tengo vocación misionera? ¿Cómo lo puedo saber?

ME ENCANTA SER MISIONERO

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Nuestra experiencia en el Curso Intensivo de Formacion Misionera UN NUEVO PERFIL MISIONERO

Este perfi l misionero ha sido elaborado en varias reuniones con la recogiendo las aportaciones de los alumnos partici-pantes (¡un total de 72!) Una palabra de gratitud a cuantos en este tiempo nos han formado, ocupado y preocupado para que llegáramos a buen puerto: ¡GRACIAS!

¿Vino nuevo en odres viejos?

En este año tan especial hemos visto que, de todas las mane-ras posibles hay que sembrar y descubrir la semilla del Verbo, que es la semilla que hay que expandir por todo el campo: la

comunidad a la que tenemos alcance de llevar la Palabra. Los continentes presentados, África, América y Asia, nos han abierto (descubierto) nuestros propios

continentes preconfi gurados y los han puesto boca abajo. Nuestros conceptos eurocéntricos no son el todo, ni lo único que deben servir o ser tenidos en cuenta; al entrar en contacto con las otras cultu-ras y vivencias religiosas el uso adecuado de las palabras y hasta el silencio, será una gran riqueza misionera.

Tratar la tierra

Esta tierra que se pensaba conquistada y conquistadora, que se decía iba “ad gentes” se ha de descubrir como Jerusalén. Los misioneros y misioneras debemos subir al Calvario para

resembrar la tierra que en muchas ocasiones no fue sembra-da, o no fue debidamente adecuada para recibir. Los granos no cayeron en tierra abonada, ynos encontramos que siguen esperando a que les demos de beber para saciarse del Único que calmará su sed. Hay que aprender a tratar la tierra e inte-riorizar el respeto a todos, de ahí el “inter gentes”, ese que en el ir y venir ha descubierto que antes de ir, ya el Espíritu Santo estaba, y que todos pueden llegar a ser hijos/as de Dios. Tam-bién abiertos a los nuevos ambientes, a los nuevos areópagos: Internet espacios culturales…

Nos han cambiado las preguntas

No hay que olvidar, sin embargo, los nuevos factores que conquistan a la sociedad moderna: el alejamiento y el distan-ciarse, no sólo de Dios, sino de las preguntas transcenden-tes, las de los valores espirituales. Un volverse hacia dentro marcando fronteras hedonistas, donde el crecimiento de la fe no cabe. Ni tienen sitio la misericordia, la compasión o el perdón. El encuentro con el otro es prescindido, y converti-dos, ambos sujetos, en objetos de una causa material y fi nita. Las preguntas han saltado por los aires, han sido secuestra-das. Al más allá se le ahoga en el aquí y el ahora. La ideología y el “buenismo” suplantan la razón y la ética. Y a su vez las

respuestas que teníamos preparadas ya no sirven, porque nos han cambiado las preguntas. Pero el hombre y la mujer de hoy que viven aislados no pueden dejar de estar conectados. Son heridos y orillados, usados y denigrados, pero buscan vi-vir y compartirse. Se siguen enamorando.

Cualidades humanas del misionero

Nos han mostrado, con evidencias, que la mirada del misio-nero deberá partir de un profundo conocimiento de sí mismo. Como elementos básicos para el misionero: la escucha, el res-peto, el descalzarse ante cada una de las personas que nos en-contremos, será camino obligatorio por el que la misión de-berá transitar. Será la base de la parte escondida del iceberg, la capacidad de asombrarse frente al misterio, que le guiará, en el servicio a los demás, hasta Dios.

El misionero se encuentra entre el pasa-do de fábulas y el presente ausente, sin saber si el MISTERIO podrá ser ofrecido como futuro y valor de vida en el presente. Volver a los orígenes se convierte en nece-sario e imprescindible, alejándose de los tiempos y ofreciendo ante el egoísmo, la construcción del nosotros. Y, ante la in-mediatez sin frustración, la oferta del tra-bajar para el mañana.

El misionero puede y debe construir comunidad, siendo el acompañante de cada hombre y mujer que se encuentra en la periferia.El sufrir con el otro, ponerse sus zapatos, ser capaces de que se sienta persona por sí y acogido en los demás, abre las puertas de las semillas que germinarán en esa tierra que se sentirá abonada y regada.

Preparación espiritual

La profundidad del iceberg también estará marcada por la de la oración personal y comunitaria. El encuentro personal con Cristo deberá ser diariamente puesto sobre la mesa de la cari-dad. Sin sumarnos al otro no podremos ser en Cristo.

Debemos aprender una cosa desde el silencio y la contem-plación: que las palabras mejor pocas y adecuadas, y acom-pañadas con el testimonio de vida y así mostrar la locura del amor de Dios por su criatura predilecta. Otro elemento del perfi l básico del misionero y de la misionera, es el abrazo consciente a la Cruz de Cristo. Saber ser pacientes, aprender de la historia recorrida de tantos hermanos y hermanas que pisaron la tierra por donde ahora andamos. Y para ello no hay más que contemplar a Europa, nuestra casa, nuestro hogar, nuestra Galilea.

José Sánchez Pérez Director de Misiones de Cádiz y Ceuta.

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CONFER Y LA REALIDAD DE LA MIGRACIÓN EN ESPAÑA, EDUCACIÓN Y SENSIBILIZACIÓN Nada de lo que pasa alrededor puede ser ajeno

Hablamos con Jennifer Gómez, responsable de migraciones en CONFER y doctoranda en Migra-ciones Internacionales y Cooperación al Desarrollo por Comillas. Nos habla de la campaña “+hos-pitalidad. Encuentros que transforman vidas” que pone a disposición de los docentes un material educativo valioso para sensibilizar a los alumnos y promover una “cultura de la hospitalidad” en los centros escolares. Educar y educarnos para acoger, abriéndonos a la los más vulnerables y margina-dos. La población inmigrante representa el 16,3% de la población española.

¿Cómo sensibilizar sobre la realidad de la migración?

Es necesario acercar escuela (educación) y realidad, a esta realidad migratoria concreta tan evidente en el país pero de la que creo nos cuesta hablar y nombrar. Es importante que trabajemos juntos, con esto quiero decir, que lo educativo no puede desvincularse de lo social, mucho menos de lo político.

CAMPAÑA: la campaña “+hospitalidad Encuentros que transforman vidas”, nace del Consejo Asesor de CONFER Migraciones y nace del acompañamiento diario de muchas personas, comunidades y colectivos que trabajan por socie-dades más inclusivas, permitiendo sentarse juntos a la misma mesa. Entendemos que la hospitalidad es un signo profé-tico, una virtud a proponer y potenciar en nuestras comunidades eclesiales, religiosas y en el ámbito de la sociedad civil.

Un material para la pastoral en los centros educativos

Hemos diseñado con mucho cariño y cuidado una serie de materiales que pueden ser muy útiles para la clase de reli-gión, incluso para otras asignaturas. Los profes podrán encontrar en las unidades didácticas (infantil, primaria, ESO y Bachillerato) una gran variedad de refl exiones, informaciones, vídeos, canciones, lecturas y materiales para trabajar con sus alumnos en el aula o en espacios grupales.

El material de la campaña se puede descargar aquí: https://www.confer.es/que_hacemos/recursos/migracio-nes/campa

Desde nuestras comunidades de Madrid - Murcia - Marruecos agra-decemos vuestra mano tendida

Queridos amigos colaboradores: Gracias a vuestra cercanía, en medio de la pandemia hemos podido con-tinuar nuestra actividad misionera. Sentimos no haber podido contac-tar con todos y cada uno de vosotros pero aseguramos vuestros nombres en nuestra oración diaria. Sin vo-sotros, sin duda, la Misión se haría más difícil.

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