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El Arte de Horacio Carochi

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U n a C a n g er

El Arte de Horacio Carochi

Antes de que saliera el Arte de la lengua M exicana con la declara­

ción de los adverbios della de H oracio Carochi en 1645 se habían

escrito seis gram áticas de la lengua náhuatl.

En 1532, el A rte de Francisco Jim énez (franciscano), llegado a N ueva E spaña en 1524.

En los años treinta del siglo X V I, el A rte de A lonso R engel (fran­ ciscano), (?? - 1546), llegado a N ueva E spaña en 1529.

En 1547, el Arte de Andrés de O lm os (franciscano) (1491 - 1571), llegado a N ueva E spaña en 1528.

E n 1571, 1576, el A rte de A lonso de M olina (franciscano) (ca. 1513 - 1579), llegado a N ueva E spaña en los años veinte del siglo XVI.

E n 1595, el A rte de A ntonio del R incón (jesuíta), (nacido en Puebla, 1556 - 1601).

En 1642, el A rte de D iego de G aldo G uzm án (agustino). En 1645, el A rte de H oracio C arochi (jesuíta), (1579 - 1662). El franciscano, A ndrés de O lm os, term inó en 1547 el A rte m ás viejo que todavía conocem os, A rte p a ra aprender la lengva m exicana; pero — com o m uestra la lista — este A rte no fue el prim ero. Según fray Gerónimo de Mendieta (1971: 550) «el que prim ero puso en A rte la lengua mexicana y vocabulario, fué Fr. Francisco Jim énez». D espués M en d ieta nom bra varias doctrinas, y sigue: «Fr. A lonso R engel hizo una Arte muy buena de la lengua mexicana, y en la m ism a lengua hizo serm ones de todo el año, (...)». Y entonces llega M endieta a O lm os, diciendo: «Fr. A ndrés de O lm os fué el que sobre todos tuvo don de lenguas, porque en la mexicana com puso el A rte m as copioso y prove­ choso de los que se han hecho (...)».

R ecién en 1571 fue im preso el prim er A rte, el del franciscano Alonso de Molina, quien es m ás conocido por su vocabulario castella­ n o -m ex ican o y m exicano-castellano del m ism o año. En 1595, siguió

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el Arte del jesuita Antonio del Rincón; en 1642, salió el A rte del agus­ tino Diego de Galdo Guzmán; y finalmente, en 1645, el tem a para esta ponencia: el A rte del jesu ita H oracio Carochi.

Si nos causara adm iración la aparición de tantas gram áticas de la m ism a lengua en el curso de poco m ás de cien años, la explicación m ás sencilla sería que había una necesidad de gram áticas del náhuatl (lo dem uestra la segunda im presión del A rte de M olina que salió apenas 5 años después de la prim era), porque el náhuatl fue, com o dice M endieta (1971: 552) «la [lengua] general que corre por todas p rovin­ cias de esta N ueva España, puesto que en ella hay m uchas y diferentes len g u as particulares de cada provincia, y en partes de cada pueblo, porque son innum erables. M as en todas partes hay intérpretes que entienden y hablan la m exicana, porque esta es la que p o r todas partes corre, com o la latina por todos los reinos de Europa».

A l darse cuenta de que no podían aprender todas las lenguas que se hablaban en N ueva España, los frailes se propusieron enseñar la d o c trin a en náhuatl que aprendieron los varios grupos de indios m ás fácilm ente que el español. T uvieron gran éxito con esta idea; y en 1570 bajo presión, Felipe II declaró al náhuatl com o la lengua oficial de los indios de N ueva España, el instrum ento de la conversión (H eath

1972: 26).

A q u í quiero tocar brevem ente un tem a que ha surgido continua­ m en te en este coloquio: el m otivo — o los m otivos — para escribir gramáticas. Estamos en la época de la explosión de gram áticas, se p ro ­ ducen tanto en Europa com o en todas partes del m undo adonde llegan los europeos, pero con m otivos distintos. H ay dos cam inos paralelos. En su ‘H istoria de la lingüística’, R obins explica la explosión con las siguientes palabras: «The rise o f national states, patriotic feeling, and the strengthening o f central governm ents m ade for the recognition o f a single variety o f a territorial language as official; m en felt it a duty to foster the use and the cultivation o f their ow n national language.» P arece ignorar el trabajo que hacían en esa época los europeos fuera de Europa.

E n un artículo sobre gram áticas de los siglos X V I y X V II R ow e com en ta que las gram áticas de las lenguas am ericanas y filipinas fueron escritas en español, contrariam ente a las lenguas europeas que recibieron su descripción en la propia lengua. Sobre la finalidad de las gram áticas, R ow e dice:

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El A rte de Horacio Carochi 61 the early grammars, with few exceptions, were written for pedagogical purposes rather than for scholarly use. The purpose of many of them was to teach one language to speakers of another, most commonly to teach missionaries the languages of the areas where they were assigned to work. In the case of European languages, a common motivation for grammar writing was to reform, purify, and standardize the literary dialect. D espués de este coloquio, considero apropiado ubicarlo en estas perspectivas m ás am plias.

R eg reso a la necesidad de las gram áticas del náhuatl que ahora debe parecer obvia. ¿Pero porqué tantas? La lista parece dem ostrar que tal cantidad de gramáticas se explica por las diferentes órdenes relig io ­ sas; cada orden tiene la suya. El m otivo es evangelización y la m eta pedagógica empapa las gram áticas m ism as, lo que se desprende de las aprobaciones introductoras:

M olina: L icencias y A probaciones, Juan de Tovar:

Y lo que siento della sometiendo me a mejor juyzio y parecer es, que es tal que no solo los principiantes mas aun los muy bien aprouechados en la lengua Mexicana, sacaran della mucho prouecho.

R incón: Pedro P once de León:

[Vi el arte que a compuesto el padre Antonio del Rincón, en lengua castellana y Mexicana, y no ay en ella cosa contra nuestra fe catholica ny buenas costumbres, antes] es libro muy necessário, y prouechoso para los que administran los sacramentos a los naturales, y para los que perfecta­ mente quisieren aprender a hablar la dicha lengua [por lo qual el autor merece muy bien se le de la licencia que pide (...)]■

G aldo G uzm án: A probación, Pedro de Barientos:

será vtil, assi a los Ministros antiguos, como a los que de nueuo la estudian, y aprenden a hablar la dicha Lengua Mexicana, con propiedad, y tener facilidad en ella (284).

L os m ism os autores argum entan con la necesidad de enseñanza. Galdo Guzmán dice: «Para hablar con perfección la L engua M exicana, y escrilla, se ha de aduertir (...)».

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C arochi está frecuentem ente citado por escribir: «quise com poner vn A rte, tan claro, y adornado de exem plos, que pudiesse qualquiera por si con sufficiente estudio aprender esta lengua» («Al Lector», p. 400).

Quedan en cuestión las relaciones entre las gram áticas: si hay trad i­ ciones características dentro de cada orden, si los artes tardíos crecen incorp o ran d o inform ación a los anteriores, o si son com pletam ente ind ep en d ien tes. En esta ponencia quiero tratar de poner el A rte de H oracio C arochi en relación a sus antecesores.

1 Generalidades sobre Horacio Carochi

Horacio Carochi nació en Florencia en 1579, «entró a la C om pañía de Jesús en 1601 (L eón-Portilla 1983: XIII), term inó el noviciado, y en 1605 pasó a la provincia de M éxico en la N ueva España, donde fue ordenado sacerdote al term inar sus estudios en 1609» (Nagel B ielicka 1994: 4 3 4 ). V ivió la m ayor parte de su vida en N ueva E spaña en T epotzotlan, en el C olegio de los jesuitas que fue «planeado com o escu ela de idiom as para los sacerdotes de la orden» (Nagel B ielicka 1994: 430). Tam bién A ntonio del R incón residía en T epotzotlan entre 1585 y 1601, cuando m urió.

S egún los cronistas, H oracio C arochi hablaba tanto otom í com o náhuatl, y aparte de varios otros libros, escribió un A rte de cada una de estas dos lenguas; el del náhuatl salió en 1645. M urió en T epotzo­ tlan en 1662.

M ás interesante es la historia que ha tenido su A rte. B ajo el n o m ­ b re de «C om pendio del A rte de la lengua m exicana del P. H oracio Carochi de la Compañía de Jesus», su A rte fue redactado p o r el je su íta Ignacio de Paredes y publicado en 1759. Ignacio de Paredes explica que el Arte de Carochi «[es] tan celebre que fúé universalm ente aplau­ dido en todo este reyno», pero ya no se consigue, y com o algunos se quejan de que es dem asiado largo, por eso ofrece «un puro com pen­ dio». D ebido al cam bio de unos de los ejem plos y del texto, Paredes ha producido una obra diferente del Arte original, por eso yo no lo voy a incluir en la discusión de hoy. Pero hasta que salió otra edición, fiel al original, en 1892, el C om pendio de Paredes ha sido lo a que han referido los investigadores, com o R ém i Sim éon, etc. A fines del siglo

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El A rte de Horacio Carochi 63 X IX , el M useo N acional de M éxico publicó una «C olección de gram áticas de la lengua M exicana» en suplem entos a los A nales del M useo N acional de A rqueología, H istoria y Etnología; la edición del

A rte de C arochi que salió en esta serie en 1892 no está exenta de

errores, pero no está redactada. En 1983, M iguel L eón-Portilla publicó una edición facsim ilar con un estudio introductorio.

H oy la m ayoría de los estudiantes del náhuatl conocen el A rte de Carochi sólo por interm edio de las interpretaciones que se encuentran en cualquier gram ática del náhuatl de este siglo. En las gram áticas contem poráneas se tropieza hasta con m uchos de sus ejem plos sin saber que provienen de C arochi, porque los gram áticos suelen no dar referencias.

A unque el m érito del A rte de H oracio C arochi queda así fuera de duda, hay que preguntarse si ha tenido éxito solam ente por haber sido el últim o de los m uchos artes escritos sobre el m exicano. ¿H an sido b a ra to s los laureles que está cosechando C arochi? ¿H a recopilado él sim plem ente todas las observaciones de sus antecesores?

El A rte de Carochi se conoce sobre todo por los signos diacríticos que m arcan la cantidad vocálica y el cierre glotal. Frances K arttunen (1 9 8 3 ) ha basado todo un diccionario sobre el uso de estos signos diacríticos de Carochi para sacar inform ación fonética, que no es acce­ sible de form a tan rica en otras fuentes de los siglos X V I y XVII.

En un estudio reciente sobre el «círculo» de H oracio C arochi, John F. Schw aller eleva el uso sistem ático de signos diacríticos usado por C arochi com o el m érito m ás im portante; dice «The m ost im portant feature o f C arochi’s N ahuatl gram m ar, w hich distinguishes it from all others — [tal vez quiere decir ‘from all p revio u s o n es’, U .C .] — is the use o f diacritics to show long vow els and the glottal stop» (Schw aller 1994: 390).

C on esta contribución quiero dem ostrar que no es por percibir y m a rc a r la cantidad vocálica y el cierre glotal que el A rte de H oracio Carochi es excepcional; los signos diacríticos son sólo síntom as, unos de los síntom as de la precisión, del rigor analítico y del deseo p eda­ gógico de m ediar su entendim iento de la lengua que im pregna toda la obra de Carochi. Antes de precipitarm e en este esfuerzo quiero llam ar la atención al «Estudio Introductorio» de la edición facsim ilar del A rte en donde Miguel León-Portilla discute la riqueza, las fuentes y el valor de los ejem plos, y tam bién quiero llam ar la atención a la descripción

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y apreciación digna que ofrece M ichel Launey en su m onum ental tesis doctoral, «Catégones et opérations dans la gram m aire náhuatl» que por su tiraje de sólo 30 ejem plares es una obra de las m ás raras y desgra­ ciadamente inaccesible para los dem ás. M ichel Launey le rinde ju stic ia a C arochi no sólo en alabanzas; describe los m éritos generales de la obra en palabras p recisas.1

2 Las cinco

U n rep aso superficial de las cinco prim eras artes existentes no revela diferencias pertenecientes a las tres órdenes representadas; ten e­ m os a dos franciscanos (O lm os y M olina), dos jesu itas (R incón y C arochi) y G aldo G. com o el único agustino.

Entre las artes de Olmos y M olina se ve poca afinidad; no se pare­ cen en la organización. El A rte de M olina es m uy tradicional: la p rim e ra p arte se divide en ocho capítulos, uno para cada parte de la o ración. Los dos no utilizan las m ism as palabras com o ejem plos. Lo que com parten es la term inología especial para la lengua náhuatl,

vetativo, reverencial, pero el térm ino com pulsivo para causativos que

em plea O lm os, y que se encuentra en las A rtes de R incón, G aldo G. y Carochi, no está en el A rte de M olina. Sólo O lm os y M olina hablan de pronom bres prim itivos (los independientes y los prefijos verbales) y pronom bres derivativos (prefijos nom inales/posesivos), pero O lm os hace una clasificación adicional de los prim itivos, nom brando abso­ lutos los pronom bres independientes. Las descripciones que ofrecen son fundamentalmente diferentes. P or ejem plo, las reglas que presenta O lm os para describir la form ación del plural de los nom bres:

los que acabaren en tli, li por la mayor parte tomaran tin\ los que aca­ baren en ti o en otra terminación los mas tomaran me (Olmos 1547: 32). no las repite Molina. Al contrario, M olina no sabe hacer generalizacio­ nes adecuadas, trata nom bres según la vocal final, un factor que es sin significación en la form ación del plural; dice: «el num ero plural tiene com unm ente diferentes y varias term inaciones (conuiene a saber) en

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El A rte de Horacio Carochi 65

a, en e, en i, en o, y en «» (M olina 1571 (1886): 135). D a pocos

ejemplos y tiene que repetir los mismos sufijos en varios lugares. Entre los substantivos que acaban en i incluye unos por el sufijo del singular,

tli. E sta diferencia fundam ental en las dos descripciones sugiere que

M o lin a o no conocía el A rte de O lm os, o no entendió el análisis de O lm os.

3 Antonio del Rincón

Tampoco es obvia la influencia de las artes franciscanas en el A rte de Antonio del R incón. Su A rte es la m ás corta, m uy sistem ática, con pocos ejem plos y con pocas explicaciones, pero es la m ás innovativa. N o habla de las partes de la oración, divide su A rte en cinco libros: 1) las declinaciones, 2) las conjugaciones, 3) las derivaciones de n o m ­ bres y verbos, 4) las composiciones y 5) la pronunciación. Esta organi­ zación refleja el hecho de que el náhuatl es una lengua rica en deriva­ ción y com posición. En otras palabras contem pla la lengua no según algún modelo, más bien conforme a la lengua m ism a. R incón introduce com o el prim ero — según sabem os — los signos diacríticos que des­ pués adopta C arochi. Pero no los utiliza, solam ente los presenta en la discusión de la pronunciación. En su lista de pares de palabras que se diferencian sólo por cantidad vocálica o por cierre glotal éstas están escritas sin diacríticos. R incón explica con palabras cual es la diferen­ cia entre las dos en cada par; y en las form as plurales de los verbos, por ejemplo, que exigen el cierre glotal final, lo escribe con h, que fue la letra para el cierre glotal según otra tradición que nadie siguió consecuentemente. Rincón ha introducido el térm ino de aplicativo para verbos derivados que requieren otro com plem ento «en cuyo beneficio o peijuicio se realiza el proceso» (Launey 1992: 187).

4 Diego de Galdo Guzmán

L a in flu en c ia del A rte de R incón es obvia en el A rte de G aldo Guzmán: hay párrafos enteros que ha copiado de R incón (p.ej. p. 304); com o en el A rte de R incón, el prim er libro trata de «las declinacio­ n es», el segundo — que llam a segunda p a rte — de conjugaciones;

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pero no h a podido m antener el sistem a de R incón, en la tercera parte incluye todo lo que le sobra: la form ación de los tiem pos, derivación, p rep o sicio n es, y hay capítulos sobre las tradicionales partes de la oración; sobre la pronunciación ofrece solam ente una — com o él la llam a — «A dvertencia im portante para inteligencia deste A rte » de 12 líneas. Se siente m enos la influencia del A rte de M olina.

Com o ejemplo de la conjugación del verbo, G aldo G uzm án em plea el m ismo verbo que Olmos (pia ‘guardar’), un verbo que utilizan sólo estos dos; M olina utiliza tlaçotla ‘am ar’, y R incón y C arochi prefieren

p õ h u a [põwa] ‘contar’. Las listas de exclam aciones en el A rte de

Galdo G uzm án se parecen algo a las del A rte de O lm os. En cuanto al uso especial de los núm eros (G aldo G uzm án 1642: 389) se refiere al vocabulario de A lonso de M olina.

5 Horacio Carochi

Llegamos finalm ente a C arochi en esta serie de gram áticas. ¿Cual es entonces su deuda a sus antecesores? N o se dem uestra si ha cono­ cido el A rte de Olm os.

Pero su conocim iento del A rte de M olina se m anifiesta en varios lugares. M olina explica que:

los varones, no vsan de v consonante, aunque las mugeres Mexicanas solamente la vsan. Y assi dizen ellos ueuetl, que es atabal o tamborín, con quatro sillabas; y ellas dizen vevetl con solas dos sillabas (Molina [1571]

1886: 133).

A esto C arochi responde:

los varones no pronuncian la v, consonante, como en la lengua Castellana se pronuncian las dos v, v, de la palabra viuo, porque toca vn poco en la pronunciación de la v, vocal: pero tan poco que no haze syllaba de por si; y assi esta palabra veuéil, que significa atabal, ò tamboril, es de dos syllabas y no de quatro: y para que no se pronuncie esta v, consonante como en Castellano, se le suele anteponer una h, como huehuetl, y

huéhué, viejo (Carochi 1645: 401, f. Ir).

También lo veo com o una respuesta a M olina cuando C arochi dice lo siguiente:

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El A rte de Horacio Carochi 67 vsan del o. algunas vezes tan cerrada, y obscura, que tira algo a la pro­ nunciación de la u. vocal: pero no dexa de ser o. y assi no tengo por acertado escreuir, Teütl, sino Teõtl, Dios (Carochi 1645: 402, f. lv). E scoge la palabra teõtl com o ejem plo porque es precisam ente la palabra teõtl que M olina tiene com o ejem plo de nom bres «que tienen la term inación en u» (M olina 1571: 136).

Sabemos con seguridad que Carochi ha conocido tres artes, que de­ ben ser las de Molina, de Rincón y de G aldo G uzm án, y que considera el A rte de R incón com o el superior. En su introducción, «Al lector», Carochi dice: «A viendo salido à luz tres artes desta lengua, sufficien- tes, y doctos, en particular el del P. A ntonio del R incon, que cõ tanto m agisterio la enseña parecerá supérfluo este» (C arochi 1645: 400).

6 Carochi y Rincón

No obstante, las artes de R incón y de C arochi son desde un punto de vista superficial m uy diferentes. C om o ya he anotado, R incón casi no da ejem plos, no explica, y tiene todo un libro sobre la pronuncia­ ción, m ientras que C arochi m ism o dice que quiso «com poner vn arte, tan claro, y adornado de exemplos» (Carochi 1645: 400), tiene explica­ ciones largas y en vez de ju n tar toda inform ación sobre la pro n u n ­ ciac ió n en un libro separado, m enciona y utiliza la pronunciación dondequiera que sea necesario; en lugar de un libro sobre la pro n u n ­ ciación tiene uno sobre adverbios.

Q uiero sugerir que cuando C arochi alaba a R incón y subraya que enseña «tanto magisterio», es por la organización de su A rte y tam bién porque R incón analiza la lengua no según algún m odelo latino, sino conform e a la lengua m ism a.

Lo que ha adoptado C arochi de R incón es precisam ente la organi­ zación del Arte. Tiene cinco libros com o R incón, y la estructura de los cuatro prim eros se parecen bastante; pero C arochi es m ás exacto que Rincón en todo. Por ejem plo, el prim er libro que R incón nom bra «De las declinaciones» se llam a en el A rte de C arochi «De los nom bres, pronom bres, y preposiciones»; es un detalle, pero característico. C aro ­ chi tam bién se lim ita m ás a descripciones form ales, no aludiendo al sentido. C om o ejem plo he escogido el m anejo de los pronom bres y

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sufijos personales en las dos artes. C arochi ha adoptado de R incón el térm ino sem ipronom bre para los prefijos personales.

Rincón empieza su capítulo «del pronom bre y su declinación» así: Ay semipronombres, y pronombres enteros; los semipronombres se decli­ nan, por números y casos; los pronombres no tienen variación de casos, sino de números solamente.

Siguen iguales paradigmas de las otras personas y de unos indefinidos. E xplica que:

Estos cinco se llaman semipronombres, porque aunque se ponen en lugar de nombres, no tienen en si entera significación, sino juntándose a otras partes de la oración (Rincón 1595: 236).

En su presentación paralela, C arochi no m enciona casos ni significa­ ción. Se lim ita a lo formal:

Distinguimos en este Arte semipronombres, y pronõbres, y llamamos semipronombres à los q siempre se componen con nombres, preposiciones, aduerbios, y verbos, y corresponden à los q en el Arte de la lengua He­ brea se llaman affixos, aunque los affixos Hebreos se posponen à los nombres, y verbos, y estos semipronombres se anteponen. Pronombres lla­ mamos los que se vsan fuera de composición (Carochi 1645: 409, f. lOr). C aro c h i ha aceptado una peculiaridad de la organización del A rte de Rincón. Los dos tienen en el libro «De las com posiciones» un capítulo sobre — según R incón — «la variación de los nom bres en sus finales quando se ju n tan a los genetiuos de los sem ipronom bres» (R incón 1595: 261), y en la de Carochi «C om o los nom bres suelen alterar sus finales quando se ju n tan con los sem ipronom bres no, mo, & c.» (C a­ rochi 1645: 485, f. 81v). ¡Noten que C arochi evita la palabra genitivo!

Nominatiuo ego. Nomi. ni, nie, nino. Genitiuo no. Datiuo nech. Accusatiuo. nech

Nominatiuo. tu. Nomi. ti, tic, timo. Genitiuo mo. Datiuo mitz. Accusatiuo mitz. Voca. xi. xic. ximo. Ablatiuo Moca. Ablatiuo, noc.

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El A rte de Horacio Carochi 69 C on estos pocos ejem plos he querido dem ostrar la afinidad entre el A rte de R incón y el de C arochi, pero al m ism o tiem po he probado señalar la independencia y rigurosidad analítica de Carochi.

7 Horacio Carochi

C on algunos otros ejem plos quisiera sugerir que C arochi fue lin ­ güista estructuralista anterior a su época. H ablando de la cantidad vocálica y el cierre glotal distingue la pronunciación — m ás precisa­ m ente los fonemas — del m odo de notarlos en su ortografía; dice: «De quatro accentos [y estos pertenecen a la ortografía] vsarem os en este

A rte para distinguir quatro generos de tonos con q se pronuncia la

v o cal de cada syllaba» (Carochi 1645: 402, f. 2r). O tros — antes de C arochi — han discutido la cantidad vocálica y el cierre glotal, pero no lo han tenido en cuenta en la descripción de la m orfología.

Como ejemplo de su entendim iento de la función del cierre glotal y de su perspicacia voy a presentar su descripción lúcida de la form a­ ción enredada del pretérito. Según C arochi, hay una regla, a saber: «que el pretérito se form a del presente perdiéndose la vltim a vocal» (Carochi 1645: 430, f. 30v); después de ejem plificar esta regla trata de un caso excepcional. Luego explica cóm o este proceso tiene conse­ cuencias por el m odo de escribir la forma del pretérito. P or ejem plo, «Si la dicha letra antecedente a la vltim a vocal fuere u. quedase; pero se escriue, y pronuncia con aspiración, y h. pospuesta, com o nitlapõ-

hua, õnitlapouh». T am bién incluye aquí la consecuencia por la canti­

dad de la vocal en la últim a sílaba.

H abiendo anotado las consecuencias ortográficas y la cantidad de las vocales, procede a las diez excepciones sistem áticas de la regla «ordinaria». U na excepción encierra «los verbos, que después de su p en ú ltim a syllaba, o en ella tienen dos consonantes» (C arochi 1645: 431, f. 3 Ir). P resenta ejem plos y sigue

Diras, que nõtza, llamar, tiene dos consonantes, y con todo esto pierde la vltima a. Respondo que no tiene más de vna consonante, que en el aphabeto castellano se suple con dos (Carochi 1645: 431, f. 31v).

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O tra excepción comprende «los verbos, que en la penúltim a syllaba tien en saltillo (C arochi 1645: 431, f. 31v) que quiere decir el cierre g lo tal. En otras palabras, no generaliza y trata el cierre glotal com o consonante, pero lo incluye com o factor en las causas tras las excep­ ciones. Después de las diez reglas de excepciones, discute unos verbos que forman dos pretéritos diferentes. C on este análisis, C arochi ha p re­ sentado una descripción com prensible, con la que se puede form ar el pretérito de todos los verbos en la lengua.

S obre «La quantidad de la penúltim a syllaba de los verbos passiuos» tiene Carochi todo un párrafo, m ás de una página. C onsidera este tem a com o m uy difícil, parcialm ente porque hay casos en donde «se duda si [su penúltima] es larga, o si es breue» (C arochi 1645: 434, f. 34r). Sigue, diciendo que

muchos destos passiuos la tienen larga, y muchos la tienen breue. (...) DifFicil es reducir esto a regla; y qualquiera que se de tendrá muchas excepciones: con todo esto daré vna, que de ordinario es verdadera, aunque no siempre, y es, que la penúltima syllaba del passiuo es breue, quando la antepenúltima que la precede es larga, o tiene dos consonantes (Carochi 1645: 434, f. 34v).

Después de los ejemplos de esta regla aclara que «Si la antepenúlti­ m a syllaba del passiuo destos passiuos fuere breue, será de ordinario larga la penúltim a» (C arochi 1645: 434, f. 34v).

R eglas fonológicas tan detalladas y rigurosas no se encuentran en las o tras gram áticas del náhuatl de ese tiem po. O lm os trabaja dentro de una tradición: «es de notar que en todos los plurales, que no se d iferen cian en la boz ni pronunciación de sus singulares, pondrem os una h, y esto no porque en la pronunciación se señale la h, sino sola­ m ente para denotar esta diferencia del plural». Pero C arochi integra su en ten d im ien to superior de la fonología en todas las partes del A rte, trata de fenómenos que nadie antes había tocado y em plea la fonología para las reglas de la form ación, por ejem plo del pretérito. A sí que, en cu a n to a la fonología, C arochi hace una contribución esencial con m uchas nuevas inform aciones.

Igualm ente precisas y com pletas son sus descripciones de los p ro ­ cesos de derivación y composición. «El libro quinto. D e los adverbios, y conjunciones de la lengua M exicana», presenta en 47 páginas adver­ bios y conjunciones bien categorizados, ejem plificándolos con contex­

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El A rte de Horacio Carochi 71 to s largos. De cada uno de los adverbios y conjunciones, C arochi ofrece muchos ejemplos y además una descripción de su uso y sentido. Para m ostrar en detalle cóm o logra hacer esto, tom aré com o ejem plo el ad v e rb io cecni del náhuatl: «Cecni, en vn lugar, en cierto lugar:

occecni, vel ocnõcecni, en otro lugar»; lo acom paña con dos ejem plos

y prosigue:

Sirue este cecni, como también cecean, con el nombre substantiuo compuesto con preposición, de lo que sime ce, vno, con los que no la tienen; verbi gracia: ce icnõxàcalli, t s vna casa pajiça pobre; pero para dezir en vna casa, &c., no está bien dicho: c ê icnãcàcalco, sino cecni, o

cecean icnãcàcalco õmotlãcatili in Totêmãquiziicãtzin: en vn pobre

portal nació Nuestro Saluador (Carochi 1645: 496, f. 92r).

En otras palabras, cecni es la form a de la palabra ce ‘u n o ’ que se usa para substantivos de localidad.

Conclusión

P ara sintetizar y concluir, voy a repetir la cuestión: ¿con qué ha podido contribuir C arochi com o el quinto (o posiblem ente el sexto o séptim o) de los gram áticos de la época colonial?

C arochi com parte con sus antecesores la term inología particular p a ra el náhuatl: com pulsivo para causativo, vetativo y reverencial conocem os ya de Olm os; aplicativo viene de Rincón.

A parte de M olina todas las artes tienen un capítulo — o algu­ nos — con «m exicanism os» — fenóm enos especiales para la lengua náhuatl — o con «algunas maneras de hablar con que suplen los m ex i­ canos las que no tienen» (C arochi 1645: 443, f. 41v), es una cuestión del infinitivo español, por ejem plo.

Hay un fenómeno particular para la lengua náhuatl, un distributivo que encontramos en el Arte de Olmos y en él de Carochi, pero general­ m e n te h a recibido poca atención en caso de adjetivos descriptivos. O lm os (1547: 58) dice en su capítulo sobre adjetivos:

Y es de notar que no es muy usado a todos estos adjectiuos, agora sean verbales o no verbales, quando están absolutos, darles plural; pero para saber quando le tuuieren como se le an de dar assi en cosas animadas como ynanimadas, es de notar que, quando son ynanimadas, redoblan

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sillaba y les dan plural. Ex.: quauhtic, grande; plural, quaquauhtic, cosas grandes; — xalo, cosa arenosa; plural, xaxalo, cosas arenosas. Pero quan­ do las cosas son animadas tomaran una destas partículas tin, que, me, sin redoblar sillaba,

Carochi (1645: 473, 70v-71r) lo trata en un capítulo de «los verbos, y algvnos nom bres que doblan su prim era sillaba, con saltillo en ella». Explica:

doblando los verbos la primera syllaba con saltillos sobre ella, connotan de ordinario pluralidad, y distinción de agentes, o parientes, o de actos, o de lugares, o tiempos: no obstante que el verbo sea singular, por perdirlo assi el nombre de cosa inanimada. Añado, que aunque el nombre sea singular en quanto a la declinación, si supone por mucos indiuiduos, suele en algunas ocasiones doblar su primera su primera syllaba, con saltillo el ella, y el tal nombre es plural en quanto a la significación; verbi gracia hablando de muchos que estauan juntos, después de idos a sus casas, se dize: inchàchan õyàyàquê, que quiere dezir, que se fueron a sus casas, y cada vno a la suya, yendo cada vno por su parte; y si se dixera inchãn

õyàquê, diera a entender, que la casa era vna, y que fuero a ella. Otro

exemplo: In huèhuey tlàtòcãcalli inic quàquáuhtic, inic huèhuècapan (...) Esto dize vn autor de vna Ciudad de muchos, y altos palacios: aquellas primeras syllabas dobladas de los adjetiuos, los multplican, y dan a entender que tlàtòcãcalli en la significación plural aunque no en la declinación.

Carochi contribuye con algo en que nosotros apenas nos fijam os: es el prim er arte que tiene un índice.

Finalm ente quiero acentuar que Carochi tiene su fam a entre espe­ cialistas de la lengua náhuatl no por apuntar la cantidad vocálica y el cierre glotal, sino por incorporar sus observaciones fonéticas en todas sus descripciones; no sólo por la riqueza de sus ejem plos, sino, tam ­ bién p o r su presentación y sus explicaciones de los ejem plos; y final­ m en te p o r su m ente analítica y pedagógica y sus descripciones com ­ pletas.

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El A rte de Horacio Carochi 73

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