LOS BOSQUES Y LA ECONOMIA FORESTAL ARGENTINA
Pon ni. Ac a d é m i c o Ing° Agk° FRANCO ENRIQUE DEVOTOLOS ÁRBOLES Y LA NATURALEZA
E l panteísm o es la más m odesta de las r e lig io n e s ; el hom bre, al re c o nocer sil incapacidad orgánica para in terp reta r a D ios, adm ira y venera al autor en sus obras. E ste amor por la N a tu ra le za es, p or sí mismo, tan grande, que in clu ye el am or al hom bre, a los anim ales, sus hermanos in feriores, las plantas, el am or a la tie rra m adre y, por lo tanto, a la p a tria en su significado moral, sen tim en tal y racial. E ste sen tim ien to tan am plio de adm iración e in tegra ción del hom bre por la N atu raleza tien e ven tajas morales como m a te ria le s ; así hemos podido v e rlo en el pueblo japonés, por ejem plo, donde no e x is te solución de continuidad en tre la adoración por la N atu raleza, los árboles, el paisaje, las aves y el am or a la p a t r ia : sus consecuencias infin itas lle ga n al arte, el arte chino-japonés, que en representaciones p ictóricas y escultóricas ha sobre pasado en vario s siglos al arte de occid en te : los prim eros viajero s cuya entrada fué perm itida al Japón fueron los portugueses y holandeses, quienes quedaron sorprendidos ante el arte de aquellos pueblos que h a bían descu bierto y representaban al paisaje de su país, las aves, las llores, los árboles, con una gracia y una com prensión tan íntim a del afecto que le producían, que quedaron admirados. P o r una casualidad agrad ab le concurrí a la prim era exposición de arte que un gran potentado in du s tria l h izo en el P a rq u e U y en o de T o k io e n jillió de 1928 y, a pesar de
que últim am ente los japon eses se han dado cuenta d e q u e gran parte de los obras m aestras de sus grandes paisajistas, anim alistas y costum bris tas están en las colecciones extranjeras, precisam ente en esa exposición se exh ibía, en un despliegu e retrosp ectivo, una serie de aqu ella valiosa colección que com prendía obras desde el siglo x i v hasta el presente,
(') Conferencia pronunciada el 25 de junio de 1934 en el aula Wenceslao Esca lante de lji Facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires.
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incluyendo cuadros origin ales que representan la llegad a de los prim e ros barcos con los descubridores portugueses y holandeses a que hacía referencia.
En el arte, ese panteísm o de la N atu raleza ha producido la decoración de las cerámicas, las pequeñas esculturas en terracota, en bronce y en madera, el arte de la jard in ería lleva d o al grado más alto, y que se basa en resolver el problem a de la fa lta de espacio y producir perspectivas inesperadas en lugares de pocos metros cuadrados, han llegado a hacer poesía con sus ja rd in e s ; tales son los sentim ientos delicados que des piertan y que hacen o lvid a r distancias y proporciones.
Tam bién así, han producido el arte de los árboles enanos, m aravillas de la arboricultura que todos ustedes conocen y que presentan dos diferentes géneros : el « bonzai » , creación del paisaje de árboles enanos y el « lia c liiu y e » o producción de árboles enanos.
Esta adm iración de la N aturaleza, cuyo elem ento prin cipal es la de los árboles, hace rodear los tem plos japoneses con añosos alcanforeros, pinos, criptom erías, etc., y puede verse en los parques gen te sentada abstraída en la contem plación de los árboles o de los estanques sagra dos, m ientras que la concurrencia en los tem plos es mucho menor.
Tam bién los árboles enanos tienen, además, un significado poco cono cido para el o c c id e n ta l; no siem pre el árbol enano ha sido creado en un criadero y sujeto a una técnica de distorsiones, vendajes y podas de raíces y ramas, que es toda una.cirujía arbórea, con sus abonos m inera les y animales dosificados, sino que originalm ente, y aun en la época actual, árboles y arbustos crecidos entre las rocas casi desnudas son cuidadosam ente trasplantados en varias etapas; su significado para el pueblo y los niños es entonces el ejem plo de la lucha victoriosa del pe queño árbol contra la esterilid ad del suelo, el frío, la n ieve o el v ie n t o ; va lo r mayor, más que su va lo r d ecorativo, es el ejem plo de tenacidad y su p erviven cia en la lucha por la vida. A s í todo está unido en la m enta lidad de los pueblos orientales : los dioses, la patria, ios héroes, la tierra, los árboles, las flores, el hombre y los animales.
U na am plitud de sentim ientos y de conceptos que incluyen a los gu e rreros, a los sabios, a la fam ilia, la religión , y el amor al país y al próii- m o ; ello da también, al oriental, su fatalism o, no siem pre pesimista, y el sentido de sus deberes im prescriptibles con el país, con la fam ilia y con la sociedad.
Estos sentim ientos, que no contrarían nuestras ideas y modalidad, son la base de una educación moral y sentim ental que sería indispensable gen eralizar entre nuestros jó ve n es que concurren a las escuelas, a g re gando el criterio económico, que es igualm ente im portante, y form ar con todo este com plejo el sentim iento nacional de la juventud.
LOS BOSQUES ARGENTINOS
A l ocuparme «le nuestros bosques no podré hacerlo, p or razones de tiem po, con el sistem a an a lítico del fito geógrafo , sino en su aspecto fo res tal : la selva continental se extien d e hacia el sudoeste hasta el te rrito rio de M isio n es ; y a.l P a ra gu a y, su lím ite sudoeste, es la form ación que lla man la « rain forest » , el « bosque llu vio so » , caracterizad o p or num erosas especies latifoliad as, en un am bien te húmedo denso de in d ivid u os, n atu ral Jardín Botánico, donde lo único que hay que hacer es a b rir cam inos al hom bre y a la luz, y colocar etiqu etas (si e llo no sign ificara v u lg a riz a r su poesía y armonía v iv ie n te ).
M e perdonarán ustedes si no trato de superar las descripciones, o r ig i nales unas y trivia le s otras, d é la flora subtropical.
E sta flora m isionera que se e x ten d ía hasta C orrien tes, y en parte cubriendo el P ara gu a y, pasa el río de este nom bre, lle g a hasta la selva del río de Oro, en el Chaco, que con tien e varias especies m isioneras, como el virá-p itá ( Peltophorum V ogelianum ), aleorin, laurel negro, el am arillo, el pindó, el viraró, el tim bó colorado, el canibó-atá, el tem be- tary, catiguá, e t c . ; el número de fam ilias que com prende es de 50. y el número de especies aproxim adam ente de U00.
L a rep etid a y tan conocida frase, que hasta los period istas la usan y abusan de ella « l a gran riqu eza flo r e s ta l», tien e un sentido p rin cip a l m ente b otán ico y florístico ; lo de la gran riq u eza florestal es. hay que hacerlo notar, un error, pues si sign ifica riqu eza tíorística, no s ig n i fica riqu eza forestal : es decir, que los bosques más valiosos no son. por re g la general, los que más especies contieneu, sino los que, den tro de cualidades propias de las especies que contenga el bosque, su núm ero es más bien restrin gid o.
Y no es que querramos qu ita r v a lo r y m érito a nuestros bosques sub tropicales, sino que deseamos p lan tear el problem a o problem as que del mismo se o rigin an en sus propios térm inos claros y concretos. E sta situación, por otra parte, es la misma en todos los bosques trop icales y subtropicales del m undo; a así, sobre varias decenas de m illares de es pecies arbóreas de los países situados en esas region es, sólo una mino ría es m otivo de exp lotación y com ercio intern acional. H em os preparado, con fines de in form ación general, como una base com parativa y tam bién para nuestro propio uso, una lis ta com pleta de las especies, y el to tal de los países del mundo, incluyendo países y colonias por separado, que son 111, y no pasan de 570 especies las que son m o tiv o de com ercio in ternacional: así es el caso con nuestro país, que no exp orta sino cuatro o cinco especies, aunque cuenta con un to tal aproxim ado de 370 esp e cies forestales.
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-Es indudable que la abundancia de especies de muy distinto valor industrial e intrínseco cada una de ellas, y la falta de conocimiento de sus propiedades físicas e industriales, la forma del fuste y su diám e tro. etc., hace que numerosas especies carezcan, por el momento, de valor económ ico; y son, precisamente, funciones de las oficinas técnicas oficia les, buscar aplicación a estas maderas.
E l número de especies va dism inuyendo rápidam ente a medida que nos apartamos del máximo de tem peratura y humedad. P uede decirse que las menores tem peraturas producen una elim inación rápida de mu- clias especies; así, pasando el río P ara gu a y y entrando en el Chaco en las selvas de río de Oro, el número de especies arbóreas se reduce a unas 50: míis al oeste, en zona semihúmeda, Presidencia, de la P la za (100 k i lóm etros del río Paraguay), su níimero es de 35 especies ; y en Sáenz Peña (1(50 kilóm etros), ya en zona seca, su número es de 13 especies, predominando el tipo xerófilo de las leguminosas espinosas. En plena zona seca, al oeste, cerca de la frontera con Santiago (a 280 kilóm etros), unas 10 u 11 especies. Este ejem plo basta para dem ostrar que los lím i tes mínimos de humedad elim inan una cantidad de especies, y que la riqueza florística está a menudo en contradicción con la riqueza forestal. P o r otra parte, en el mismo territorio de M isiones se comprueba que la elevación elimina rápidam ente gran parte de las especies, y así, con una diferencia de 300 metros se llega a la asociación pinoyerbam ate, que los brasileños conocían muy bien y m ejor que nosotros, pues, por lo q u e llam aremos una suerte para ellos, puede decirse que nuestros lím ites actuales empiezan, precisamente, donde aumentan notablem ente los p i nares y yerbales. ¡C u án to ha habido que hacer en nuestras fronteras, hace cuarenta años, aunque más no fuera para conservarlas! O tro grupo nuestro de selva tropical, la del noroeste, hace « p en d a n t» a la misionera, y su riqueza en especies es, aunque algo menor, no menos im portante forestalm ente que M isiones. Sobre 200 especies qtie posee M isiones, sólo llegan unas pocas a los mercados de Buenos A ires , R osario y Santa Fe, que son : cedro m isionero (Cedrela fis s ilis ), usado como flotador de las jan ga d a s: los lapachos negro y am arillo (Tecoma ip é y Tecoma ochracea) ; incienso oca b riu b a (M yrocarpus frondonus) y el peteribí-hu o loro negro (C ordia hypoleuca), que desde mucho tiem po llegan a estos mercados y son am pliam ente conocidos por los industriales; pero de las 200 especies forestales referidas, quedan sólo (in clu yén d olas cuatro citadas llamadas de ley), unas 45 especies que tienen valo r forestal y que merecen ocupar se de e lla s ; su número es, asimismo, elevad o desde el punto de vista eco nómico. Todas las especies llam adas de le y merecen, tanto por su segura aplicación y demanda como por su crecim iento, que no es lento, sobre todo en el cedro, p eterib í y lapacho, sean sembradas o plantadas. E xisten en el P aragu ay, según informes, unas pequeñas plantaciones de cedro de
26 años, que tratarem os de estudiar, porque in du dablem en te darán datos de crecim iento, etc., muy interesantes. D e este to tal pueden citarse, por orden de im portancia económ ica, después de las indicadas : Y b ir á pita (P eltop lioru m T ogelianum ), anchico col orado ( P ip ia d eni a ríg id a ), guatam- bú ( BaIfourodendron R ie d elia n u m ), gu aicá (Persea membranacea), y b irá peré (A p u le ia p ra ecox), yb irá pitá, fR vprechtia polystachya ), lau reles f Oco- tea, Phocbe sp.), m arm elero (R u p rcc h tia la x ifio ra ), tarum á ( Vitex m on tcri- densis), cancliarana (Cabralea o b lo n g ifo lia ), cambó atá (M atayba eleag- noides), canela do brejo ( M achaerium brasiliensis, M achaerium p a r agita rensis). pacará (E n terolobium tim bouva), am bay gu azii (Jhydymopanax m o ro to to n i) y gu ayaibí (P atagonula am ericana).
E sta abundancia de especies es el in con ven ien te m ayor que p resen tan estos bosques en su exp lo ta ció n ; otras especies, como el pino m isio ñero y el palo rosa, son de distribu ción m uy restrin gid a en el n ordeste el prim ero y en el norte el segu n d o ; y, finalm ente, la yerb a mate, que no puede ya casi considerarse como foresta l sino como producto del bosque, y que está rápidam ente con virtién dose en árbol cu ltivad o.
Podem os resumir, pues, que las tem peratu ras elevad as perm iten la p roliferación de numerosas especies, m ientras que este número se red u ce en region es de mínima tem peratu ra o hum edad; además de las esp e cies citadas actualm ente, se encuentran en el m ercado de Buenos A i r e s : caña fisto la (Peltophorum vogelianum ), laurel (O cotca sp.), mora (Chlo- rophora tin c to ria var. xa ntoxylon), palo rosa (Aspidosperm a polyncuron ). guatambú (B a lfou rod end ron R ied elia n u m ), yb irá peré {A p u leia p ra ecox). cancliarana ( Cabralea oblongifolia).
H acia el sur, lo mismo sucede gradu alm en te para, ciertas zonas in te r m ediarias entre el bosque y el monte bajo, C orrien tes, para lle g a r a E n tre K íos y costa de Santa Fe, con predom in io del m onte espinoso de legum inosas. Sólo el borde de los cursos de agua m antienen toda una ceja de bosques por donde descienden las especies su btropicales de valor forestal de p rim er orden.
L a región chaqueña, con sus características de zona húmeda costera, in term edia y seca, com prueban que el clim a en nuestro país, y la flora forestal, están íntim am ente relacionadas con la distribu ción de las llu vias, siguiendo en zonas paralelas a los m eridianos y no a la latitu d. La zona chaqueña húmeda con la especie de más va lo r forestal, por mucho, más valiosa que todas las demás especies reunidas, puede decirse, es el quebracho colorado chaqueño (Schinopsis B alansac), especie que crece en suelos bajos arcillosos im perm eables y que se caracteriza por su lento crecim iento, apreciado en 2,50 a 3 m ilím etros en diám etros anuales, ju n to con el urunday (A s tron iu m Balansae), 4,2 m ilím etros; tam bién el gu a yib í (Patagonula americana) y el lapacho y la mora, por demás esca sos, son las más valiosas del Chaco, pero es el prim ero el que tien e el
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mayor va lo r económico, habiendo dado lugar a una industria especial y característica, la del extracto de quebracho, por su alto contenido de e x tracto en la madera de corazón, 31 por ciento, térm ino medio, superior a cualquier otra especie arbórea, lo han consagrado como la principal especie curtiente del mundo, y tanino ha desalojado a numerosas otras curtientes análogas; carecemos de datos oficiales sobre el costo de ela boración y, por ahora, la im portancia económica de esta especie exige la preferencia en la determ inación exacta de su zona de distribución, su densidad y tonelaje por hectárea, principalm ente en Formosa.
Tod o lo que se refiere, pues, al quebracho colorado chaqueño, tiene suma im portancia; así hemos preparado un estudio de los porcentajes de tronco, ro llizo principal, ro llizo secundario o trocillo, leña y cepa. P osib lem en te el 90 por ciento de los decretos y resoluciones oficiales sobre bosques se refieren a este valioso tanífero, pero to d avía hay mu chísimo que hacer en este sentido; baste saber que los métodos de ex p lo tación desperdician alrededor de un 25 por ciento de tanino que queda en la cepa y ramazones, y por métodos más cuidadosos, como lo hacen ya algunas compañías particulares con sus propios quebrachales, podría generalizarse, con el evid en te beneficio para el fisco nacional y su costo de producción.
L a región central norte, que com prende desde el lím ite con B o liv ia hasta la p rovin cia de Salta por el oeste, incluyendo Santiago del Estero, que in clu ye el quebracho santiagueño cuyo contenido, aunque menor en tanino, no im pide que más adelante sea explotado con ese fin, como lo han sido ya el guayacán, urunday y el jacarandá o itin o barba de tigre (P rosopis K u n tzci) ; estas especies, ju n to con el quebracho blanco, los algarrobos y el palo santo, constituyen las especies de más represen ta ción forestal de esta zon a; el quebracho colorado santiagueño para dur m ientes y leña; el jacarandá, que no es exp lotado ni aun en pequeña escala, y del que e xiste una extensa zona que, ju n to con la del quebracho colorado santiagueño y el palo santo, determ inará con m ayor d etalle una com isión de la Sección T écn ica de Bosques que saldrá próxim am ente.
E l palo santo (Bulnesia S a n n en tii), que ocupa la parte seca de Formosa hasta el lím ite con Salta, tampoco se ha explotado m ayorm ente y su explotación está ¡»rohibida actualm ente; no existe en bosque denso, y su madera, llamada palo sauto, tiene analogías con la madera de sándalo (de ahí posiblem ente su nombre palo sándalo : palo santo), una especie de la misma fam ilia zigofiláceas, produce el guayacán (Guayacum offici- nalis) de Centro A m érica, una de las maderas más buscadas y e x p lo ta das, desde el descubrim iento de A m érica, en las A n tilla s , Venezuela, Colom bia, Cuba, etc. E l quebracho blanco, que a pesar de su hermosa madera de grano fino sólo es usada para hormas de zapatos, tornería, y prin cipalm ente para carbón de buena calidad, tien e una am plia zona de
difusión en todo el centro d el país hasta E n tre R íos, y lle g a b a a R ío Cuarto y hasta R osario de Santa F e . L o s algarrobos, valiosos com o pra- ductores de m adera, in clu yen d o el b lan co; el n egro, que algunos con si deran como una varied a d d el a n terio r; el am arillo (P ro s o p ix ju liflo r a ), tien en im portancia para com bustible, y sobre todo para adoqu ines de madera. L a im portancia de estos algarrob os está aum entada por el fruto, tan valio so alim ento humano como para el ganado, y con vien e recom endar su cu ltivo, sobre tod o el de la especie blanca y de la variedad sin espina; su crecim ien to en terren os cu ltivad o s no arcillosos o, p or lo m enos no asentados, ha sido una sorpresa para n o s o tro s ; y si a e llo se a g reg a que producen numerosos círculos anuales, puede asegurarse que su c re c i m iento es tan rápido como puede ser el de algunas especies de su misma densidad. N o vacilam os en acon sejar su siem bra d irecta, de p referen cia en las regiones arenosas, en surcos sigu ien do los alam brados o en m on tes. pues represen taría una segura in versió n y el recurso in apreciable de sus frutos forrajeros.
El bosque del noroeste con tien e numerosas especies arbóreas de e x c e le n te desarrollo, y los más valiosos de im p ortan cia foresta l s o n : el urundel (A stron iu m urundeuva), lapacho rosado (Tecom a Avellanedae) y el am a rillo (Tecoma ochracea), que tam bién se extien d e por todo el norte desde M ision es al Chaco, no en mucha abundancia, son otras especies que m ere cen ser plantadas, pues reúnen tales condiciones de dureza, resistencia a la humedad, al sol, al suelo y a la s aguas saladas que d ifíc ilm en te [ Hi e d e n
ser superadas; su crecim ien to es muy v ig o ro so para una esencia de tal d u reza; el n ogal argen tin o (Juglans a ustralis), e x tra v ia d o represen tan te único de las ju glandáceas, recu erdo de una relación p retérita entre norte y sur; es tam bién por su irnpoi’tan cia económ ica, la calidad de su madera y su rápido crecim iento, d ign a de c u ltiv o en gran escala. H a c e ya poco menos de d iez años, obsequié al colega in gen iero G ru n b erg algunas nueces de esta especie, que han crecido en igu ales condiciones que el n ogal europeo de esta F acu ltad . H a sido ensayado tam bién en el Neu- quen, en el N a liu el H u apí, pero a llí se h iela m uy fácilm en te y resiste menos las heladas que el europeo y el nogal n egro y el cinerea de los E sta dos U nidos. L a quinaquina tam bién de va lio sa madera ; el cebil colorado (curnpay en el este) (P ip ta d en ia m acroca rpa), y el cebil blanco (Piptade- nia excelsa) ; el roble del país, por su madera parecida a los robles v e rd a deros (Torresea cearensis) o palo tréb ol (por su olor a cam arina), el vira ró o tip a colorada (Pterogyne nitens), que lle g a a resistir los frío s de L a P la ta y tam bién se encuentra en el P a rq u e de P e re y ra Ira ola, según se lia com probado hace pocos días, llegan do a florecer; lu tip a blanca (T i- puana tipa) que don Carlos T h a ys difu ndió desde el Jardín B otán ico, hermoso árbol de plazas y parques, cuyo único d efecto es el de m antener el follage en in viern o y perderlo en prim avera, y el cedro de Tucum án
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-y Salta (Cedrela L illo i). L a mora (Chlolophora tin ctoria var. pol-yneura) cuyas especies típicas y las próxim as son de las maderas más valiosas de las regiones ecuatoriales de A m érica y Á fric a , exportándose de varios países, con el nombre de mora o fusteque, de Colombia, M éjico, N icara gua, Jamaica, Venezuela, P aragu ay, San Salvador, Brasil, Cuba, G ua temala, Guayanas; y las especies regia y excelsa, con el nombre d eiro k o o teak de A fric a y roble de A fric a , en el Congo francés, Costa de Marfil, Lib eria , N ige ria , Tan gan ika y Togolan dia, usadas en los países im por tadores como maderas de lujo y como colorante amarillonaranja, especie que no lia sido substituida por las anilinas. E l liorcom olle ( Bleplmroca- lyx giganteus) y el palo blanco ( Calicophylum m u ltiflo ru m ), todas ellas especies valiosas y que merecen se estudie su reproducción natural y se fom ente luego su siembra o plantación. Salta, Tucumán y Jujuy presen tan, como se ve, m ayor número de especies forestales explotadas indus trialm ente. Hacia el sur de Catamarca y L a R ioja no presentan, salvo raras excepciones, sino los algarrobos, como especie de m ayor valor eco nómico, que m erezcan ser explotadas industrialm ente. Los palos b orra chos o yuchanes o samuhú con sus dos especies, ocupan todo el norte del país, ya citado, pero 110 son abundantes; su cu ltivo futuro será posi ble, su madera liv ia n a y su rápido desarrollo los indican como produc tores de pasta de papel, maderas livianas, fibra de sus frutos y aceite de sus semillas.
H e visto las plantaciones de J ava con el kapok (B om bax m alabaricum ) y especies que desde hace mucho tiem po cu ltivan los holandeses y los javaneses, y del cual he introducido semillas en 1926 al via ja r por esos países. Córdoba es un apéndice de S an tiago del E stero en su formación y economía forestal, pero el Schinopsis L o re n tz ii, que según inform es llegab a a R ío Cuarto, sólo se encuentra en el norte de la p rovin cia; su superficie en bosques se lia reducido enormemente, pues casi toda la parte este de la sierra era boscosa a base de quebracho blanco, algarro bos y quebracho colorado, y han sido desmontados dando lugar a la ag ricu ltu ra; pero es necesario previsión y fa vorecer la plantación de algunas especies introducidas y algunas de las indígenas, sobre todo los algarrobos. San Juan, M endoza, como San Luis y L a Pam pa, están en plena zona del monte espinoso de leguminosas, como E n tre Ríos, salvo el bosque ribereño que contorna toda la p rovin cia con algunas especies subtropicales y los hermosos palmares que deben ser declarados parques o reservas. El ñandubay es el principal árbol de monte, siendo de esta madera los postes de los antiguos alambrados. Su delta tien e una inmensa y próxim a im portancia forestal que, salvo la parte sur y la zona fluvial, pertenece al mismo tipo de monte, sólo produce leña, carbón y p o s te s ; San Luis y la Pam pa otros prosopis, como el caldén usado para leña y durmientes. L a p rovin cia de Buenos A ires , salvo el delta que
com parte con E n tre R íos, única región donde se lia hecho s e lv ic u ltu ra '; en E n tre R íos van rápidam en te desaparecien do los m ontes, quedando restos del de M on tiel, para postes, leña y carbón; la zona de rie g o de San Juan, M endoza, San L u is y R ío N e g ro no tien e m onte de v a lo r e co nóm ico; Buenos A ir e s , salvo los pocos talares de la cuenca in fe rio r del río Salado, llegam os a los bosques húmedos de los te rrito rio s del sur. cuyas principales especies, las H a y a s A u s tra le s o N o th o fa g u s : C oh igué ( Nothofagus D om beyi), la especie más abundante en N euquen, R ío N e g ro y norte de Chubut; L e n g a (N oth ofa gus p u m ilio ) en todas las zonas norte a sur y en las alturas arriba d el C oh igu é: R a u li (N oth ofa gus p rocera ) y el rob le pellín (N othofagus obliqita) sólo en elN eu qu en , y en poca cantidad en Ñ ire (N othofagus a nta rctica ) en tod a la cord illera, en los valles pan tanosos y casi todo quemado, y el G uindo (N othofagus betuloides) en T ie rra del F u ego y todo el E strecho de M agallan es. D e estas especies, in te resan en este momento, p rin cipalm en te, el C ohigué, Len g a y G uindo, para tonelería.
D e las coniferas : el Pehuen (A ra u c a ria im brica ta ), el C iprés (IAboce- drus chilensis), el Cedro (Libocedru s tetragona) y el A le r c e (F itz ro y a pa ta gón ica ). Tod as estas especies, sa lvo posiblem en te el L en ga. el Ñ ir e arbu stivo, de crecim ien to lento, form an en gen era l bosques puros, como tam bién el Ciprés, el A le r c e y las H a y a s en gen eral. E n este rápido esbozo de nuestras especies forestales de v a lo r económ ico, liemos redu cido a un m ínim o su número, no porque muchas de ellas no ten gan una im portancia rela tiva , sino porque hay una ten den cia inn ata al d eta lle y a la com p lejid a d ; be tratado de dar a las especies realm en te de prim era im portancia económ ica un lu gar de p referen cia en los estudios e c o ló g i cos, b iológicos, de reproducción y p osib le cu ltivo. Com o deducim os de esta b rev e descripción, podemos d e c i r : prim ero, que nuestra flora fo res ta l se caracteriza por un número de especies que encarece la e x p lo ta ción, y que por su cantidad no perm iten e x tra e r en M isiones, p or ejem plo, más de cinco árboles exp lota b les de las especies más comunes, y sólo uno para las de le y ; y en conjunto, de todas las especies existen 80 árboles, térm ino medio, de más de 40 cen tím etros de diám etro, pero la m ayor parte de ellos sin aplicación, por ahora, fuera del mismo territo rio, con una producción de 100 m 3 de m adera en rollizos, o sea alred ed or de 40.000 pies de madera aserrada. E n la regió n d el Chaco, el ton elaje exp lota b le en quebracho colorado chaqueño, en térm ino medio, es en la zona húmeda de 15.000 k ilogram os por hectárea, en la zona in term edia 10.000 kilogram os y en la zona seca 4000 kilogram os de santiagueiio por hectárea, en térm in o m edio 10 toneladas por hectárea. E n conjunto con otras maderas de m enor valor, in clu yendo lapacho, urunday, gua- yaibí, guayacán, térm ino m edio alred ed or de 80 a 100 toneladas. P o r < taita de agua, en la zona semiseca el número de árboles de
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clio colorado dism inuye y se calcula aproxim adam ente en 10 toneladas. D e los bosques del noroeste carecemos de datos concretos, por ser de propiedad particu lar la m ayor parte. E xisten, en cambio, interesantes estudios de fitogeografía que lian hecho L illo , Hauman-M erck y Parodi, además de los estudios clásicos, pero no han sido estudiados forestal mente. E l número de esencias valiosas en el mercado de maderas indica y a su im portancia y es de lam entar que no se haya extendido hasta ahora la acción de la sección técnica a las provincias por falta de ele mentos indispensables, por lo que un estudio en conjunto, de carácter netam ente forestal y económico industrial, sería de interés para la eco nomía de cada p rovin cia y de la nación en general.
Los bosques del sur, con un 30 por ciento destruidos por los incendios en zonas de 1000 a 4000 m ilím etros de llu via anual, y que son tan raros en la zona de Santiago del Estero, Chaco y Form osa (parece un contra sentido) necesitan vías de acceso para extraer sus maderas y ensayar la aplicación de las más abundantes. En cuanto se refiere a la llora fores tal. lo prim ero que llam a la atención es el número reducido de especies y, lo que es más im portante, la igualm ente reducida superficie ocupada por coniferas, de las cuales sólo tenemos ocho o nueve especies, siendo la más im portante la A ra u c a ria im bricata.
Lu ego sigue el Ciprés (Libocedrus chilensis) distribuido en varias zo nas y en m ezcla con el Cohiué, el A le rc e (F itzroy a patagónica), los M ainiú (iSaxegothca conspicua y Podocarpus chilensis y nubigena), el Cedro (L ib o cedrus tetrágono). Carecemos, pues, de los principales géneros de con ife ras de gran im portancia económica que existen en otros países, casi todos del hem isferio norte : Tsuga, Picea, Chamaecyparis, Cupresus, P i- nus. L a r ix , Juniperus, Taxodium , Thuya, Abies, Sequoia, casi todas espe cies que crecen en grupos puros y característicos de climas templados, i ríos y húmedos en su m ayoría. Las leguminosas están muy bien repre sentadas en nuestra zona forestal con 38 géneros y 80 especies, de las cuales 23 de prim era y segunda im portancia forestal económ ica; los g é neros más im portantes de que disponemos son : M yrocarpus, M y roxy lon , Peltophorum , Piptadenia, con cuatro especies todas im p o rta n tes; Proso- pis con 1] especies más o menos, de las cuales dos son im portantes; Torresea, Tipuana, Pterogine, E n terolobium , Caesalpinia, Gleditschia; de las lauráceas, tres géneros con tres especies de segunda importancia. D e las oupulíferas y betuláceas, otra fam ilia de im portancia forestal, no disponemos sino del género Nothofagus con 6 ó 7 especies y una especie de A ln u s, y carecemos de géneros de tanta im portancia como el Quercus, Castanea, Fagus, etc. D e las m eliáceas, fam ilia im portante por el cedro y la caoba, poseemos cuatro géneros, dos de ellos im p o rta n tes : Cedrela con dos especies notables y Cabralea con una especie de segunda im por tancia. D e las mirtáceas, que tienen poco va lo r forestal, salvo ciertos
eucaliptus australianos, sólo tenem os de cierta im p ortan cia el horcomo- lle (B lepharocalyx giganteus L illo ). D e las m oráceas, cuyo p rin cip al g é n e ro forestal es la Chlorophora, 6 gén eros con 10 e s p e c ie s ; quedan como im portantes las A n a ca rd iá cea s y la fam ilia del qu ebracho colorado, con 5 géneros y 3 especies de prim era im p o rta n c ia ; las B ign on iáceas, fa m i lia d el lapacho, con 5 géneros y 3 especies de p rim era im portancia, y las A p ocin á ceas, fa m ilia del palo rosa, con 3 gén eros y 2 especies im p o rta n tes, y las B orragináceas, fa m ilia d el loro n egro con 3 géneros y 2 esp e cies im portantes. Las demás fam ilias, en un to ta l de unas 40, sólo por excepción contienen algunas especies de im portancia forestal económ ica.
E C O N O M Í A F O R E S T A L
¿Cuál es el v a lo r forestal de nuestros bosques? S ería im posible calcu la rlo con e x a c titu d ; no disponem os de un m apa forestal, ni de un estudio com pleto de las form aciones forestales con c rite rio económ ico : carecem os de una estad ística forestal, y tam bién de un censo fo r e s t a l: sólo sabemos que nuestra superficie boscosa dism in u ye rápidam ente, aunque esto no debe alarm arnos en p rin cip io sino cuando la destru cción a fecte solam ente el m onte bajo espinoso para d ed icar el suelo a la a g ii cultura o a la g a n a d e ría ; pero h ay que ten er en cuenta, sin em bargo, qu e los bosques están lejos de ser cu ltivo s anuales, es d ecir, que en s il vicu ltu ra y econom ía foresta l no se piensa para el año que v ien e sino para 10, 20, 30, 50 ó 60 años después.
E n un país donde todo se qu iere ten er en seguida, es lógicam en te el estado el que más debe cum plir su fun ción de p revisión ; es decir, que en 1935 deberían se p rev e r las necesidades de maderas duras, blandas y resinosas y pasta de papel que se pueda produ cir en 1950, 1960, 1980, 1995...; n aturalm ente que no es una p o lítica de que « el que v e n g a atrás qu e arree » , que se necesita todo lo c o n tra rio ; pero volvam os a las cifras, según la única estadística oficial existen te, que me gu ardaré de certificar como exacta, pues disponem os de cerca de un m illón de k ilóm etros cua drados de bosques, en to ta l así repartidos :
— 378 — Provincias o territorios Superficie total en kilómetros cuadrados Superficie aproximada de .bosques en kilómetros cuadrados Quedaría reducida dentro de 30 años Buenos A i r e s ... 305.000 1.700 17.000 E ntre R í o s ... 75.700 49.000 10.000 Santa F e ... 171.400 59.000 30.000 C ó r d o b a ... 175.000 138.000 40.000 T u c u m á n ... 24.200 19.800 12.000 C o r r i e n t e s ... 86.700 47.200 22.000 M e n d o z a ... 161.000 77.400 30.000 J u j u y ... 38.400 18.400 9.000 S a l t a ... 125.000 107.000 40.000 Santiago del E s t e r o ... 143.000 107.000 50.000 95.400 51.500 35.000 L a R i o j a ... 98.000 78.000 35.000 San Juan ... 98.000 62.000 30.000 San L u i s ... 75.000 60.000 20.000 F o r m o s a ... 107.000 40.000 32.000 C h a c o ... 136.000 82.000 .35.000 M is io n es ... 30.000 25.700 4.000 L a P a m p a ... 14J3.000 19.000 — N eu q u e n ... 105.000 3.000 22.000 Río N e g r o ... 207.000 1.300 1 . 1 0 0 C h u b u t ... 242.000 10.000 9.800 Santa C r u z ... 283.000 2.000 1.500
Tie rra del F u e g o ... 21.500 8.400 8.000
T o t a l e s ... 2.949.300 1.067.700 508.400
es decir, que la superficie boscosa era en 1915 de algo uiás del 30 por ciento de la superficie según estas cifras. Considero que la superficie boscosa quedará reducida, en los próxim os 30 años a un 17 ó 18 por ciento.
P a ra lle g a r a este porcentaje lie ten ido en cuenta, como principio, que la agricu ltu ra y la ganadería substituirán la m ayor parte del monte espinoso por el va lo r reducido del bosque y por el m ayor valo r de la tie rra para aquellos fines : las partes que, según el cuadro referido, están ocupadas por tierras altas con más de 300 m ilím etros de llu v ia anual o sujetas a posible irrigación lib res de montañas o de pendientes excep cionales, pedregales, salitrales, bañados, serán desmontadas. En algunas regiones, a medida que la población se intensifique y se abarate la mano de obra, pasará lo mismo en variable proporción. A s í lia sucedido en la zona este de las sierras de Córdoba, salvo una parte al norte que va en el mismo camino, exp lotán d ose para durmientes, leña, carbón, postes y
v a r i l l a s; otro tan to ha pasado en E n tre R íos, retirán dose poco a poco el m onte espinoso de M on tíel, y así pasará en el resto del país, y a lg o sem ejante tam bién en S an tia go del E stero.
E n M ision es la exp lota ción in ten siva, si no se tom an medidas, redu cirá la superficie boscosa al 10 ó 12 por ciento. A l l í e x is te el p e lig ro de las tierras, en pendientes y superficiales.
En otros puntos, como la cord ille ra d el sur, los incendios se in te n sifi carán con la m ayor población, si no se crea la p o lic ía forestal. Casi todas las especies del sur se quem an con facilid a d , d eb id o a los coliliu es secos, menos la len ga (N~. p u m ilio ) que p ro te g e las alturas y que no se quema. E n resumen, la superficie boscosa puede qu edar redu cida a 500.000 k iló metros cuadrados, es decir, al 11 ó 18 p or ciento, más o menos. E l plazo para esta reducción depende de la ra pid ez con que el país se pueble ; y aquí recu erdo a Juan B. A lb e rd i, cuyo cincuen ten ario del fa llecim ien to se ha recordado en estos días. T a l v e z sea porque no se lia cum plido su consejo la có n ico : «G o b e r n a r es p o b la r ». E sperem os que en su cen ten a rio ese concepto y la frase de S arm ien to : « 100 m illon es de argen tin os » , no sigan siendo una esperanza y una frase litera ria . H a c e pocos días, en un telegram a de confraternidad, los jó v e n e s escolares brasileños se d irigía n a los argentinos expresando que d iez m illon es de niños b ra s ile ños saludaban a sus hermanos argentinos. E sperem os y trabajem os para que la población de nuestro país crezca como necesitam os, y no nos alarmemos con la desaparición de 50.000.000 de hectáreas de bosque, si éste es substituido por cu ltivos y pastoreos cuando la tie rra sea apta y en condiciones agrológicas y de re lie v e apropiado. P e ro no debem os o lv i dar que la silvicu ltu ra argentina, en las region es boscosas que por sí subsistan, debe efectuar una intensificación de la capacidad p ro d u ctiv a de madera p o r unidad de superficie. A s í, p or ejem plo, en M ision es una hectárea de m onte ligeram en te rozada para dar lu z al suelo, e vita n d o la destrucción de su cubierta v iva , puede lle g a r a produ cir mucho m ayor número de árboles de varias de las especies valiosas. E n esa form a, una h ectárea de bosques adm inistrada técnicam en te puede su b stitu ir fá c il m ente de d iez a doce hectáreas, si se calcula que en este te rrito rio e x is ten 240 árboles de más de 15 centím etros de d iám etro por hectárea, y que de éstos pertenecen cinco o diez a especies de las más valiosas, in cluyendo la yerb a mate, cuando actu alm ente no se encuentran más de 20 árboles por hectárea, term ino medio, es decir, que en una hectárea en tales condiciones se pueden producir maderas de especies de v a lo r p or
10 ó 12 hectáreas de bosque virgen . P o r lo tanto, pues, en M isiones, con diez veces menos de m onte que el que actualm ente posee, suponien do que pudiera reducirse tanto la superficie boscosa sin p eligro de ero sión, podría producir 10 veces más maderas de va lo r industrial. A lg o idén tico puede decirse de otras provin cias y territorios, siem pre que
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oportunam ente se tomen las m edidas necesarias y se encuentren los g o biernos en condiciones de hacerlas cumplir.
Pasarem os a ocuparnos, para plantear más am pliam ente los términos en que deben ser considerados nuestros bosques y la silvicu ltu ra argen tina, de los productos forestales y manufacturas que importamos.
Consultando el A n u a rio de la D ire cció n General de Estadística de la N a ción , nos hallamos con la siguiente lista de productos forestales im portados :
Papelcartón y sus artefactos.
Rollizos de cedro.
Rollizos de maderas duras sudamericanas.
Vigas de cedro.
Vigas de maderas duras sudamericanas.
Vigas de coiline, roble o álamo.
Postes de madera dura, incluso medios postes o estacones.
Postes para telégrafo y teléfono no tari fados.
Maderas de araucaria o acacia sudamericana en tablas o tablones.
Cedro en tablas o tablones sin cepillar.
Fresno en tablas o tablones sin cepillar.
Maderas de guindo, maple, Jacaranda, en tablas o tablones.
Nogal en tablas o tablones.
Pino blanco sudamericano en tablas o tablones.
Pino spruce en tablas o tablones.
Pino de tea en tablas o tablones.
Pino blanco, excluido el sudamericano.
Maderas de pople y hayas, en tablas o tablones.
Maderas de raulí o pino rosado, en tablas o tablones.
Maderas terciadas.
Chapas de caoba.
Chapas de nogal.
Chapas de roble y otras clases.
Cascos o toneles armados.
Cascos o toneles no tarifados.
Duelas de madera para cascos.
Varillas de madera para cercos.
Alcornoque en sus varios estados.
Pasta de madera para la fabricación de papel.
Bastones de varias clases.
Baúles.
Distintas clases de cabos para herramientas.
Cajones armados y desarmados.
Carruajes.
Embarcaciones a remo para regatas.
Heladeras de madera.
Manceras para arados.
Máquinas para lavar.
Sillas de madera en general.
Muebles de madera.
Palitos o mondadientes.
Parquets.
Com o podemos com probar, im portam os m uy varia d o s productos que podem os clasificar en tres grupos :
1* M aderas, sean en b ruto o aserradas;
2o P a s ta de papelcartón, papel y otros productos an álogos: 3o O tros productos forestales : resina, aguarrás, etc.
H e ten id o oportunidad, con m o tiv o de dos com isiones oficiales, de v i sitar varios países y colonias, entre ellos In g la te rra , donde e x is te el In s titu to F o re sta l Im p e ria l para el estudio de los productos forestales de todo el Im p erio B ritán ico , y pude v e r reunido en la célebre e x p o s i ción de W e m b le y , en 1924, los productos foresta les de las colonias b r i tánicas en ambos hem isferios. Conozco a lg o de los bosques de F ra n cia y las repoblaciones forestales de España; varia s de las especies cu ltivad as a llí pueden ser útiles para nuestra zona semiseca. P u e d e n ad qu irirse en España sem illas baratas de pino, rob le, encinas, alcornoques, especies éstas que es necesario plan tar y que se desarrollan m uy bien en nuestro país. España es actualm ente un esqueleto casi descarnado, después de m illares de años de erosión, ejem plo v iv ie n te de la destrucción de los bosques de las region es semisecas por el abuso d el pastoreo y la fa lta de com bustibles m inerales en muchas regiones.
Los bosques de Ita lia son redu cidos; pero, como en España, los g o biernos han dado gran im pulso a las repoblaciones, en zonas alpinas principalm ente. T u v e la satisfacción de encontrarm e en el museo fo res ta l D e lle Cascine, en F loren cia, con una colección de maderas a rg e n ti nas preparadas personalm ente por mí en la S ociedad R ural, la que el in geniero G iró la lle v ó a la exposición de Tu rín .
En A lem a n ia , así como en A u stria , cuna de la ciencia forestal, he v is to hermosos bosques de pino en las costas arenosas del norte.
En D inam arca y Suecia la ciencia forestal es antigua, y desde hace más de un siglo es la que gobierna los bosques.
H olan da tien e pocos bosques, pero bien adm inistrados; contienen abedules y otras especies en la regió n seca p róxim a a las Arden as.
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de Bom bay, donde v i por prim era v ez la Tectona granáis, de la que in troduje, en 1926, 200 kilos de sem illa de B irm ania; los bosques de B e n gala al pie de los H im a la ya s; los de Pun jab al noroeste, cerca de A f g a nistán, y los de las fronteras del T ib e t con el hermoso jard ín botánico de D arjeelin g. A l l í encontré nuestro conocido y vigoroso Ccdrus deodara, y la elegante Criptom eria ja pón ica, introducida allí, y que se la ha plan tado bastante. Tam bién crece aquí en la zona apropiada. En la región central, en el Dekán, la A ca cia catechú, conocida como productora de un kino o extracto colorante curtiente muy apreciado; y que podríase aclim atar en la región seca de San Luis, oeste de Córdoba, Catamarca y Ln R io ja ; el bien conocido sándalo (Santalum álbum) de la misma región, es en la presidencia de M adras m onopolio del Estado británico. V is ité las plantaciones de los montes N ilg e ris H ills, con sus grandes planta ciones de quina, té y plantaciones artificiales de Eucaliptns globulus, exclu sivam en te para la destilación del aceite esencial; las casuarinas, entre ellas la Cunníngham i, es plantada en las costas marítimas con e x celen te resultado, y los cocoteros (Cocos nucífera) productores de co pra. exportados en enormes cantidades para aceite a Europa. Una de las pocas especies que crecen en form aciones puras es el Sal (Shorea robusta), de la cual hay grandes plantaciones; el Sisu (D a lb ergia Sisoo). del cual introduje también sem illas: existen asimismo plantaciones de la palma llam ada Borassus Jiabclífer en la región más seca de la costa del mar In dico, desde las U n ited P ro vin ces hasta M adras; y es muy in tere sante saber que esa herniosa y alta palmera es usada como productora de azúcar y a lc o h o l; recién a los vein te años se recoge la savia de los espádices tiernos despuntados, en vasijas de barro, por hombres de una subcasta que se ocupan exclusivam ente de ello y trepan con una a g ili dad simiesca. Cada mañana se recoge el ju g o que, ferm entado natural mente, se vende como bebida alcohólica, que es muy agradable y pare cida a la aloja de algarrob o; gran parte también se concentra en pailas al aire libre, se defeca ligeram en te y se con vierte en azúcar negra que se ven de en panes envueltos en hojas de la misma palmera.
V is ité tam bién un ingenio de azúcar en M asulipatán, que compraba este azúcar y lo refinaba, produciendo azúcar blanca (sacarosa c rista li zada) que no se distingue de la de caña o remolacha.
Pasando a Ceilán, la isla del Paraíso T erren al según una leyenda, pues e x is te un P u e n te de A d á n (fila de islotes entre las costa y la isla), el P ic o de A d án , y tam bién nuestro hermosísimo árbol, cuando no se le poda, pero despreciado por abundante : el paraíso (así se exp licaría su nom bre común): al v ia ja r a K a n d y y Annaradapura, en el centro de la isla lo encontré en el bosque a 1200 .metros de altura. L a In d ia exporta pocas maderas de sus numerosas y ricas especies, pues su población densa consume la m ayor parte de ellas, fuera del sándalo, nogal de la
In d ia (A lb iz z ia Lebelc) y fibra de sim al ( B om ba * insignis y M a la b a ricu m ), y un poco de cedro deodara ( H im alaya n Cedar).
C eilán exp orta ébano, satin w ood (C h lo ro x ilo n su-ietenia) p arien te de nuestra m ora; roble de C eilán (Schleichera triju g a ) y palo rosa del Ceilán (A Ib iz z ia oáoratissim a).
Pasando a Java y Sumatra, lo que llam a la aten ción en asuntos fo res tales son sus bosques fiscales de T e k (T ecton a g ra n á is ), especie que fué in trod u cida en la In d ia y B irm an ia por los conquistadores hindúes en el siglo x i i
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' se a clim ató; y fueron los in gen iero s agrónom os holandeses, con su m ayor capacidad y eficien cia, que me hago un honor en recon o cerles, los que lo han m u ltip licad o en los bosques del Estado. L o h ic ie ron p lan tar en miles de hectáreas por los ja van eses, por un sistema muy económ ico que puede aplicarse, con excelen tes resultados, en nuestros bosques fiscales. Estas dos grandes islas de la In d ia holandesa exportan « teck » e « ironw ood » . A u n q u e 110 e x p lo ta d a s por su madera, son d ig nas de m encionarse las plantaciones de h evea, productoras de caucho, que los holandeses, como la de quina (C hichona succirubra y Lcd gcrian a. y variedades de éstas), han lle v a d o a la perfección.Basta d ecir que el ren dim ien to en lech e (látex) es anotado in d iv id u a l m ente por cada árbol, y que son sangrados diariam en te (iba a d ecir o rd e ñados) en un sistema de acuerdo con la técn ica más p erfecta que de largos y minuciosos estudios en las estaciones exp erim en tales de Java se han deducido.
H asta las mismas usinas de coagulación y prensado son idén ticas a una fábrica de queso, sólo que, en vez de prensarse en panes, esta esp e cie de albúm ina v e g e ta l es prensada en bandas ( crepe rubber). P a s é luego a los E stados M alayos (M alav States), donde prosperan las plantaciones de hevea, pero no tan perfectas como las holandesas; v is ité el Jardín B otán ico de B u iten zo rg en Java, que m erece hacer el v ia je sólo por v e r lo ; tam poco les he hablado del de P era d en ya , que es otra m aravilla de la F lo ra tropical.
Siam, a pesar de contar con un departam ento de agricu ltu ra, no ha resuelto to d a vía sus problem as forestales, y p rin cip alm en te el del « teck » ( Tectona granáis). A h ora , los ejem plares de esta especie va lio sa están río arriba, en region es donde se puede perd er fácilm en te la cabeza (m a te rialm ente). A llí rein a to d avía el sistem a p rim itiv o de los rozados, y la m itad de los bosques se han quemado para sem brar arroz (se entien de que no de riego, sino de lo que se llam aría aquí, en las provin cias d el norte, « de tem poral » , es decir, con las llu v ia s ; basta constru ir los bordes para contener el agua llo vid a ). R econ ocí al pasar, en plena floración, grandes L agerstrem ias con sus hermosas flores, especies que alcanzan proporciones inesperadas para los que consideram os a este gén ero como arbustos floríferos de jardín.
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P E R D I D A 5
D E L A E C O N O M I A N A C I O N A L
Q U E l ? F P I ? t S E N T n E-N $m/n. E L C O M E f? C I O DE I M P O R T A C I O N DE P R 0 D U C T 0 5 F O f ? E 5 T F I L E S E N 5 U 5 P R I N C I P O L E S R U B R O S k m/ n . 9 7 1 o o o 'L.b i 5 o o o \ 3 . 5 4 "Z o o o 6 .0 9 5 .0 0 07/1 02. <700
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( i r á l i c o 1D esd e Siam hasta la In d och in a fran cesa no se v en bosques. E n la C ochincliina h ay llanuras dedicadas exclu sivam en te a arroz y b ú fa lo s; sólo recuerdo los frutos de un árbol, Pith ecolob iu m , que crece cerca de los pueblos, y cuyas arilas de las sem illas son com estibles. C h in a p re senta poquísim os bosques sobre la costa, tan densam ente p ob lad a; sólo en las montanas de la costa de H o n g -K o n g se ven algunas plan tacion es de pinos.
P asan do a F ilip in as, existen grandes selvas v írge n e s en el sur, p r in cipalm en te en M indanao e Is la de N egro s, etc. E l rasgo p rin cip al de su flora son las dipterocarpáeeas y una serie de m aderas duras y sem iduras, de las cuales obtu ve una herm osa colección en el S e r v ic io F o re sta l y que la tenem os en nuestra sección té c n ic a ; m uy b ien orga n izad o, p or cierto, con in genieros agrónom os filip in os recib id os en la F a c u lta d de A g ro n o m ía de Los Baños. F ilip in a s exp o rta m aderas de varias e s p e c ie s ; entre ellas, las principales son : M o la v e (V ite x p a rv iflo ra ), p arien te de nuestro tarum á; el lagua colorado (Shorea negrocensis); el marra-, h e r mosa m adera rojo-obscura (P teroca rp u s species). V is ité tam bién el norte de la is la de Lu zón (In d ian P ro v in c e s ) y v i las form aciones puras de pino filip in o a los 1500 metros, en grupos puros (P in u s in su la r i x), de los cua les obtu ve semillas. A r r ib a de los pinos, a los 2000 m etros, aparece un quercus de hojas de lau rel; en el sub-bosque de éstos me sorpren dió encontrar especies de té s ilve stre (verd ad ero té), Camelia chiuensis o Camelia tliea, según lo confirm é en el h erbario del M in is te rio de A g r i cultura de M an ila; tam bién en el lím ite de los mismos, una azalea en plena floración en ese momento. S orpren d erá a muchos de ustedes que una especie de té crezca en un clim a frío cerca de las n ieves, y sin em bargo es necesario hacerlo saber : el té no es una planta trop ical, tan to que la Camelia Assamica, que se ha plantado mucho en C eilán y Java, crece en region es frías y con n ieve, y así me sorpren dió encon trar plantaciones de té en las laderas del H im a la ya , cerca de D a rjee lin g , en plena n ie v e ; y si y o les hubiera dicho a ustedes que puede cu ltivarse té en la zona fría, es posible que se hubieran sorprendido. P o r lo menos así ha sucedido hasta ahora en nuestro país. T ra je algunas plantas del .Japón; la especie Camelia Assamica es la más p rod u ctiva y ha d esalo ja d o a la Tea en las grandes plantaciones. L a isla de F orm osa es in te re sante, desde el punto de v is ta forestal, por su v eg e ta ció n subtropical, y principalm ente por contener hermosos bosques con La u ru s cam phora, el alcanforero verdadero. V i las plantaciones del gob iern o japon és, y de lejos la fáb rica ; los japon eses son m uy corteses, pero... no lo muestran todo; por lo demás, fu i m uy bien atendido. E ste valio so árbol es p lan tado en gran cantidad para com pensar los añosos ejem plares del bosque virgen . E l alcanfor sólido y el a ceite son destilados de la madera, y a menudo en las cavidades del tronco se encuentran grandes concreciones
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-de este producto. Los salvajes prem alayos, que ocupan la mitad oriental de la In d ia y que aún 110 lian podido ser dominados, practican la desti lación por alambiques de barro, madera y bambú, y venden el producto en bruto a los japoneses, haciendo intercam bio de especies. Fu é muy curioso para mí ver cómo los minuciosos japoneses llevaban una cuenta corriente con los salvajes, no precisam ente de alcanfor, sino de cabezas cortadas. Iín ese momento los japoneses tenían a su favor varias cabe zas. Tam bién se exporta cedro (un Chama’cyparis).
Japón es también un país perfecto en cuanto a silvicu ltu ra y bosques: casi todos los bosques van siendo repoblados con roble, pino (llamados en Japón « Matsu »), (P in u s densiflora), cipreses, inoki, cedro del Japón. (Chaniwcyparis obtusa), el Sugi (C riptom eria japónica) , fresnos y varios robles indígenas, abetos (Abies Yeichi y Sa-lcalinensis) principalm ente para pasta de papel y fósforos; v isité varias estaciones forestales y laboratorios, donde una organización también perfecta produce por m i llones los arbolitos para venta al costo o para plantaciones en los bos ques fiscales. Una característica de la silvicu ltu ra japonesa es, entre otras, el cu ltivo de los bambúes, de los cuales tienen especies de valor económico cuyos centenares de aplicaciones los hacen insubstituibles. H e sabido que sus brotes tiernos son allí hortalizas de uso diario. H e deseado introducir rizomas de algunas de estas especies, pero una dis posición de carácter sanitario v egeta l lo ha impedido.
Ila w a ii presenta poca im portancia en sus bosques ralos, pues sólo son interesantes para el botánico y el fitogeógrafo. Presentan las extrem as de llu viosidad en distancias de pocos centenares de m etros; regiones de 50 m ilím etros de llu via anual y de 4000 a 5000 m ilím etros; todo es cuestión de orientación por los vien tos de lluvia, y así los ingeniosos y tenaces norteam ericanos han perforado montañas para lle v a r a la pen diente árida el agua que sobra en l a ‘pendiente lluviosa. E l D eparta mentó Forestal ha cultivado plantaciones con casuarinas, g re v ilea r o busta y varias especies de eucaliptus, con muy buen resultado. En la isla de Oaku encontramos en ¡os parques de H onolu lú un árbol muy parecido al algarrobo blanco, pero de, legum bres más largas y delgadas, muy abundantes por cierto, y que se ha aclim atado; se me inform ó que es una especie del norte de Chile.
D e H aw aii pasé a California, donde llama la atención en una región seca el Quercus Chrysolepis ( « liv e oak » ) en su follaje denso, verde-obs- curo y perenne. La región de los árboles gigan tes (Seqxioias) es muy conocida de ustedes por referencias, y me excusaré de hablarles de ella,
N o inten taré tampoco describirles la parte visitad a de los bosques norteamericanos, pues no pude ver muchos de ellos ni recorrerlos. Fué en gran parte de las regiones secas donde recuerdo haber visto el m ez
qu ite (P rosop is ju lif lo r a ), el mism o a lg a rro b o am arillo ele E n tre R ío s y otras region es d el país.
Después de ese v ia je a tierra s de region es foresta les lejanas, v o lv a mos la vista a lo que podem os h acer en nuestro país, con volu n tad , con técnicos, con ganas de trabajar, lab oratorios y elem entos, y sobre todo, y tan to como lo demás, estab ilidad y continuidad en la obra de gobiern o.
¿Q u é estamos haciendo actu alm en te en la S ección T éc n ica de la S e c ción Bosques de la D irecció n de T ierras, y qué precisa h acer el país en cuestiones de bosques ?
H em os obtenido la creación de una Sección T éc n ica de Bosques, cuyas funciones son : estu d iar técnica y económ icam ente nuestros b o s ques y la fito geog ra fía forestal, e inten sificar, por orden de su m ayor im p ortan cia com ercial, el estudio de todas las especies com erciales y com erciables, industriales e in d u strializab les; propon er un censo n acio nal, p ro vin c ia l y p articu lar de las especies in dígen as y aclim atadas. P a ra la fito ge o g ra fía forestal conocemos los estudios botánicos parciales, que son la base para los fo re s ta le s ; pero éstos deben ten er el carácter p articu lar y especial de toda ciencia ap licad a a la econom ía. N os in te resa prin cip alm en te todo d etalle de v a lo r econ óm ico: no podem os darle la misma im portancia al Schinopsis B a lm m e E n g ie r, que a la Mim osa carinata G risel) o a la Fuchsia maerostemma R . y P ., porque las tres sean válidas, pongo por caso. D ebem os dar a cada una la atención que cada una m erezca en S ilvicu ltu ra.
H a y que estudiar los productos del bosque : maderas, taninos, etc., y subproductos. H a y que asesorar al E stad o sobre las m edidas de p r e v i sión que se deben tomar para con servar los bosques que deban con ser varse para m antener la demanda del consumo n acion al: asesorar qué tierras deben desm ontarse y cuáles no; estudiar expresam ente las re p o blaciones y la regeneración (esta es la palabra) de los bosques nacionales, para d ecu p licar la ren tab ilid ad que com pense la dism inución en super ficie, que in evita b lem en te se está produciendo, considerando que una cosecha de madera no es anual.
Estudiar las posibles aplicaciones in du striales para que de 300 esp e cies industriales, por lo menos, dar aplicaciones a 30 ó 40 especies más sobre las 40 ó 50 que se usan poco, o muy poco muchas de ellas. E stu d iar las especies que deben aconsejarse en las region es de llanuras sin bosques, como Buenos A ire s , Córboba, Santa F e , y tod a la región llana. E stu d iar la plantación de bosques artificiales como negocio, y no como hasta ahora, únicam ente como elem ento d eco ra tivo o accesorio. P r o y e c ta r una le y forestal, como ya la ha aprobado el B rasil hace muy poco tiempo.
C rear laboratorios de maderas, estab lecer arboretos y v iv e ro s foresta les de repoblación, prin cip alm en te la plan tación de con iferas en gran
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escala, con un plan económico bien estudiado, como inversión segura de capitales. Que este punto es de principal im portancia para el país, lo demuestra lo siguien te : anualmente importam os más de 35 m illones de pesos moneda nacional de pino únicamente (pinus echinata,pinus caribea, pinus tonda, pinus lon gifolia , pinus strobus, Psepdotsuga D ouglasii, pinus sitkfcnsisj etc.). Como liemos hecho notar anteriorm ente, nuestros bosques carecen de los principales géneros de valor económico. ¿Qué debemos hacer o segu ir haciendo? ¿S u frir un d éficit en el com ercio de productos forestales de alrededor de 170 m illones de pesos moneda nacional, que equ ivale a las tres cuartas partes de nuestra cosecha de trigo, el mismo año en que ésta llegó a 211 m illones de pesos moneda nacional? ¿H a n pensado alguna v ez nuestros agricultores, y principalm ente nuestros grandes propietarios, que teniendo las tierras apropiadas, que no necesi tan ser precisam ente las más ricas ni, por consiguiente, las más valiosas, podríamos, con un plan razonado y bien estudiado, detener esta sangría de m illones?
H ace por lo menos 00 años que el país importa maderas de pino en gran cantidad. Vam os a suponer, a falta de estadísticas exactas, y con la exclusión de otro renglón, que se haya im portado hace 60 años por valo r de 10 m illones de pesos y que la escala haya ido creciendo. R e sulta, térm ino medio, que en 60 años hemos im portado 3600 millones de pesos de productos forestales, que en su enorme m ayoría podían haber sido producidos en el país. Es una cantidad telescópica, pero no por ello menos cierta. Podem os asegurar que la in versión de dinero en plan tacio nes forestales es un negocio seguro y cuyas rentas pueden asegurarse por una acumulación de intereses superior a la bancaria.
Los Bancos, y no sólo el Estado, pueden asegurar su renta por medio de plantaciones forestales efectuadas, naturalm ente, en suelos apropia dos, del punto de vista del capital in icial. H a y que determ inar con pleno conocim iento las especies forestales adecuadas a cada región, resisten cia a las enferm edades y plagas, langosta, granizo, vientos, etc.; com probar si su demanda está asegurada, así como su alto va lo r económ ico y el volum en que e x ig e el consumo, distancia y m étodo de plantación o siembra, etc., conservación, lim p ieza y aclareos y explotación parciales, para am ortizar parte del capital in icial. (Tierra, más intereses fundia- rios, más costo de la planta, más costo de plantación y conservación, etc.).
Y a ha pasado, o debe pasar, el tiem po de los consejos indeterm inados : ¡P la n ta r árb oles! ¡P a u ta r árboles! H iz o mucho Sarm iento al aconsejar nos, pero don D om in go Faustin o Sarm iento agregó una frase muy exp re siva, como acostumbraba hacerlo. E sa frase final, que todos ustedes conocen, me perm ito tradu cirla ahQra al lenguaje técnico, indicando, en los térm inos que perm ite una conferencia, cómo debem os hacerlo.