El patrimonio de Jaeger-LeCoultre Los Oficios Exclusivos e Inauditos de la Manufactura: del arte a la excepción

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El patrimonio de Jaeger-LeCoultre

Los Oficios Exclusivos e Inauditos de la Manufactura:

del arte a la excepción

Diez relojes de excepción, elegidos entre las piezas históricas del patrimonio de Jaeger-LeCoultre, simbolizan el saber hacer artesanal y la libertad de crear de la Manufactura. Dichos guardatiempos revelan el dominio de los oficios exclusivos e inauditos que la Grande Maison del Valle de Joux custodia y practica desde hace más de 180 años. Tanto ayer como hoy –y la nueva colección Hybris Artistica, que se inscribe en el linaje de estos conocimientos especializados ancestrales, lo manifiesta maravillosamente–, las “pequeñas manos” de Jaeger-LeCoultre perpetúan su arte respetando estrictamente la tradición de la Alta Relojería suiza. Más allá del instrumento de lectura o de la medición del tiempo, un reloj Jaeger-LeCoultre incorpora una fascinación que invita a viajar. Ya se trate de un reloj de la colección actual o de uno que pertenece a la colección histórica de la Manufactura, así sea simple o complicado, este concentra en su cuerpo y en su corazón un legado de excepción que resuena en cada uno de los movimientos de su rodaje.

Desde hace 180 años los artesanos de la Grande Maison hacen perdurar su saber hacer, velándolo primorosamente cada día para reinventarlo, nutrirlo con técnicas antiguas y abrirlo a la novedad. Así se conjugan el pasado y el presente, inextricablemente, a imagen del dúo inseparable que forman la estética y la técnica. Entre los 40 oficios que cohabitan en el seno de la Manufactura, los talentos del Maestro Relojero están sublimados por aquellos del grabado, el esmaltado y el engaste de piedras preciosas. Estos oficios exclusivos e inauditos constituyen los principales métodos de ornamentación de los relojes desde el siglo XVII y aún hoy se siguen dominando perfectamente en los talleres de Jaeger-LeCoultre.

Alta Relojería

Para encarnar el talento del Maestro Relojero se eligieron dos piezas raras e inauditas. Presente en cada etapa de la concepción y de la producción, el relojero debe hacer prueba de una sensibilidad particular por la creación, sin olvidar, naturalmente, su total dominio de la técnica relojera. La inquietud por el detalle se eleva al extremo, desde la elección de los materiales hasta el arte de la decoración y de la miniaturización, para garantizarle al guardatiempos una precisión acompañada de perfección estética.

Antoine LeCoultre (1803-1881), fundador de la Manufactura Jaeger-LeCoultre, contribuyó ampliamente al desarrollo de la Alta Relojería con inventos capitales, como el Micrómetro en 1844 o el remontoir de báscula en 1847. Gracias al reconocimiento internacional de la Casa

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2 LeCoultre en el ámbito de la precisión y de la miniaturización, el hijo mayor de Antoine, Elie LeCoultre (1842-1917), hace progresar la Grande Maison mediante la creación de las primeras complicaciones de la Manufactura. Este relojero de altos vuelos jugó un papel preponderante en el desarrollo del arte relojero en el Valle de Joux, pues se especializó en la producción de repeticiones de minutos y cronógrafos desde 1870, y, a partir de 1890, de grandes complicaciones.

Convertida en una de las especialidades de Jaeger-LeCoultre, la repetición de minutos no solo requiere el dominio de todas las técnicas relojeras, sino también de la metalurgia para la realización de los timbres y los efectos de la resonancia y la propagación del sonido. Con más de 200 calibres de repetición diferentes al día de hoy, Jaeger-LeCoultre sigue siendo protagonista en el desarrollo de esta complicación, una de las más raras y exclusivas en el ámbito de la relojería. Asociada a un cronógrafo y a un calendario perpetuo, el reloj con repetición de minutos se convierte en una Gran Complicación. Solo una larga formación y una gran experiencia permiten que un relojero sea capaz de ensamblar un instrumento como este. Circa 1895. Gran Complicación – Calibre LeCoultre 19/20 RMCSQ

Homenaje a la bella relojería del siglo XIX, esta pieza asocia su repetición de minutos con un cronógrafo dotado de escala taquimétrica y un calendario perpetuo. Indica el tiempo en una esfera compuesta por seis partes en esmalte Gran Fuego: las horas y los minutos, el día y la fecha, el mes y los ciclos de los años bisiestos, sin olvidar las fases de la luna, se hacen visibles sobre su esfera en un equilibrio perfecto, que acentúa la óptima legibilidad del reloj.

1928. Gran Complicación – Calibre LeCoultre 17 JSMCCRVQ

Este reloj de bolsillo, considerado como uno de los más prestigiosos de la colección del Patrimonio, constituye una vibrante ilustración de técnica acompañada de una estética irreprochable. Muy moderna para su época, la esfera calada se instala en una caja de oro y esmalte que alberga la vuelta de las horas con números romanos. El artesano también esmaltó el anillo del pendiente y la corona; ambas operaciones extremadamente delicadas de efectuar. El esqueletizado de la esfera permite entrever los rodajes del mecanismo, que activan tres complicaciones principales: una repetición de minutos, un cronógrafo de ratrapante y un calendario perpetuo instantáneo.

Grabado

Primera forma de impresión en la materia misma, el grabado remonta a las primeras edades de la humanidad. Aplicada a la relojería, esta ornamentación ofrece una riqueza ilimitada de decoración. Con las mismas herramientas que se empleaban antaño –buriles, limas, martillos–, el artesano grabador da vida a la materia que hiende y modela con una precisión asombrosa. Como muestran los guardatiempos seleccionados, los grabados de relojes de bolsillo del siglo

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3 XIX presentan con frecuencia motivos vegetales y florales. Inspirados en el Art Nouveau, los artesanos realizan ricas ornamentaciones en forma de lis, de iris, de hibiscos y otros follajes que se entrelazan en los fondos y en las tapas de los relojes, y algunas veces en las esferas y los movimientos.

Circa 1892. Saboneta Repetición de minutos – Calibre LeCoultre 19/20RMS

La finura de los motivos vegetales manifiesta la destreza del artesano. El grabado talla plena se despliega en la caja y libera minúsculas partículas del metal de la tapa para personalizar el reloj. Este estuche grabado y cincelado a mano disimula una repetición de minutos y un doble fondo en el que se alberga un autómata erótico, esmaltado a mano y pintado. Esta pieza ilustra la alquimia de los oficios exclusivos e inauditos de la Grande Maison.

Circa 1860. Reloj femenino de secreto – Calibre LeCoultre 10CY

Íntegramente cincelado, calado, grabado y guilloché en el fondo, este reloj de secreto exalta de feminidad. El brazalete de oro amarillo está realizado de modo que un pequeño reloj femenino de cuerda por llave se pueda albergar en él. También puede ser llevado como colgante en la muñeca, según las circunstancias. La finura de la labor del artesano se puede apreciar incluso en el anillo del pendiente, que también está íntegramente grabado. El brazalete marquise, ingeniosamente articulado, dispone de un cierre ajustable, muy raro en aquella época.

Circa 1895. Reloj de bolsillo con jaquemarts – Calibre LeCoultre 19/20RMS

Este reloj saboneta ofrece a su movimiento con repetición de minutos con jaquemarts un estuche de excepción. La caja tallada en oro rosa está labrada con arte, grabada y cincelada con motivos florales extremadamente finos. Un medallón permite una eventual personalización del grabado. Para empezar, el material debe ser empujado para dar volumen; seguidamente, debe ser cincelado y satinado para acentuar el relieve. El motivo grabado sobre el contorno de la caja se despliega en un efecto arrugado sorprendente. El doble fondo también está grabado con las indicaciones de las complicaciones del reloj. Los jaquemarts están ejecutados en tres colores de oro recortado y cincelado –blanco, rosa y amarillo– y se asocian para dar vida a dos Amores autómatas animados por el mecanismo de repetición de minutos: uno tras otro, ambos golpean las campanas de oro, a medida que tocan las horas, los cuartos y los minutos.

Esmaltado

Atemporal por el carácter inalterable de sus colores, la miniatura en esmalte se beneficia de un gran valor artístico. Debido a la sucesión de las delicadas operaciones de horneado –los distintos colores se funden a distintas temperaturas–, el resultado final de una obra esmaltada es muy difícil de imaginar. Es un arte que requiere de una paciencia absoluta: la reproducción de un cuadro en muy pocos centímetros cuadrados exige semanas de ardua labor y de concentración. Además, cada nueva cocción puede dañar la integridad del trabajo realizado anteriormente.

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4 El esmalte forma parte de las artes ancestrales más exclusivas y milenarias. Los primeros vestigios de objetos esmaltados datan del siglo V antes de J. C. y fueron encontrados en el perímetro del Mediterráneo, en particular en la isla de Chipre y en Egipto. Los escultores de la Grecia antigua también decoraban sus estatuas con incrustaciones de esmalte. La técnica de esmalte tabicado, que presenta segmentos de esmalte separados por tabiques, se difunde a partir del siglo VI. El esmalte champlevé se impone en Occidente en el siglo XII: se aplican sobre una placa de metal dotado de asperezas, con las que se solidarizan durante el horneado. En este mismo período se difunde el uso de esmaltes transparentes, pues hasta aquel entonces eran opacos.

La miniatura en esmalte se emancipa en el siglo XVIII. Los colores se aplican ya sea con un pincel fino, con un cabello o un pelo, mediante toques sucesivos sobre una base de esmalte blanco. Esta técnica se divulga en Suiza, y muy pronto Ginebra se impone como la capital de este arte difícil y sutil. El esmaltado se asocia entonces con el arte relojero. El encuentro de estas dos expresiones artísticas permite la producción de las creaciones relojeras más refinadas de los siglos XVIII y XIX. Su técnica es tan compleja y difícil de dominar que, antaño, los artesanos se especializaban en las distintas fases (esmalte blanco de fondo, decoración, horneado, acabado con fundente), del mismo modo que los relojeros se especializan en la producción de los componentes del movimiento.

Circa 1890. Reloj de bolsillo – Calibre LeCoultre 19/20RMS

Reloj de bolsillo con la efigie del maharajá de Porbandar (1867-1908), esta pieza presenta un realismo sobrecogedor. El retrato, una miniatura en esmalte, despliega una profundidad y un brillo sorprendentes, que hacen resaltar hasta el más mínimo detalle de la pintura. La caja de oro amarillo está grabada y cincelada con maestría, además de lucir un contorno de flores de colores destellantes, igualmente esmaltadas.

1936 – Reverso esmaltado Belleza india – Calibre Jaeger-LeCoultre 410

Personalizada con el retrato de una mujer india, cuya historia permanece como un misterio hasta el día de hoy, esta pieza de 1936 revela la belleza intrínseca de la duración del esmalte. La pintura en miniatura polícroma, de frescura fascinante, incluye hasta el más mínimo detalle del rostro, de los cabellos y de la tela del traje. Los colores, destellantes, son un himno a la riqueza ornamental de la cultura india. La esfera también está realizada en esmalte Gran Fuego.

Circa 1900. Reloj colgante esmaltado Lépine – Calibre LeCoultre 9HPV

Reloj-joya, esta pieza colgante de oro amarillo dispone de un broche móvil en forma de lazo, cuya decoración cincelada aparece bajo el esmalte translúcido. La decoración de la caja alía sutilmente los talentos del engastador, del grabador y el esmaltador. Delicadamente elaborada, alberga un grabado modelado que permite acentuar el relieve de las volutas, mientras que el retrato femenino realizado en esmalte en miniatura está decorado con diamantes talla rosa finamente engastados. La esfera de oro cincelado también está elaborada con esmalte

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5 opalescente. Puntuada por agujas estilo Luis XVI, la vuelta de las horas está compuesta por cartuchos de esmalte blanco sobre los cuales están pintados los dígitos arábigos en esmalte azul. Engaste

Vínculo luminoso entre la Alta Relojería y la Alta Joyería, el arte del engaste existe desde épocas muy antiguas. Distintas técnicas permiten destacar las piedras preciosas y la especificidad de su talla, acentuando el destello, el brillo y el centelleo. La talla, obra del lapidario, acentúa el color de la piedra a través del juego y el número de las facetas. Esta práctica antigua se desarrolla fuertemente en el siglo XVII en las ciudades europeas. La talla rosa, conocida desde 1520, tiene forma de domo, presenta una base plana y un número variable de facetas. Muy utilizada en los relojes del siglo XIX, ya no se usa hoy en día debido a que su destello es relativamente bajo. La talla redonda, moderna, aparece en el siglo XIX. En 1919, el diamantista belga de Amberes, Marcel Tolkowsky, da vida a la talla brillante, que actualmente es la más difundida.

Los primeros relojes de pulsera engastados vieron la luz en la Manufactura durante la primera mitad de la década del treinta. Desde 1925, gracias a su remontoir oculto bajo la caja, el reloj Duoplan fue designado para recibir un engaste esmerado y equilibrado. Los calibres de forma redonda dotados de remontoirs situados bajo la caja también fueron objeto de múltiples interpretaciones artísticas desde la década del treinta hasta la del sesenta.

Circa 1910. Colgante Alta Joyería – Calibre LeCoultre 13UMPV

Íntegramente pavé y con 450 diamantes de talla brillante, para un peso de aproximadamente 16,2 quilates, este reloj colgante de platino presenta la originalidad y la modernidad de poseer una corona, bisagras y un anillo tallados en oro amarillo. El corte de la caja estilo nido de abeja para recibir las piedras engastadas en grano ofrece un destello y una transparencia excepcionales. Y como en una hermosa caja se alberga un hermoso mecanismo, detrás del destello de las gemas se oculta una repetición de minutos.

1945. Reloj de pulsera con tapa – Calibre Jaeger-LeCoultre 460

Joya de pleno derecho, este reloj de secreto disimula su esfera bajo una tapa perfectamente integrada, delicadamente abombada y engastada. Su traje de platino, íntegramente pavé, juega con los diamantes talla brillante, cuadrada y baguette, y adopta una variedad de técnicas de engaste que aún hoy siguen estando de moda: cerrado, garra o riel.

La Manufactura Jaeger-LeCoultre. Los inventores del Valle de Joux.

Protagonista de la historia relojera desde 1833, en el Valle de Joux, Suiza, la Manufactura Jaeger-LeCoultre alberga en la actualidad 180 conocimientos especializados, necesarios para la concepción y la producción integral de los más prestigiosos guardatiempos. Construida sobre la base de un espíritu de inventiva único, Jaeger-LeCoultre perpetúa la tradición de las grandes complicaciones, que ilustra a través de creaciones extraordinarias y relojes legendarios, como el Reverso, el reloj 101, el Geophysic, el Memovox, el Master Control, el Gyrotourbillon y el

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6 péndulo Atmos. Con un inmenso patrimonio compuesto por 1249 calibres mecánicos y coronado con aproximadamente 413 patentes registradas, Jaeger-LeCoultre es y sigue siendo la referencia de la gran relojería.

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