Las mujeres en el Oriente cuneiforme TEXTOS UNIVERSITARIOS HUMANIDADES UAH

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Las mujeres en el

Oriente cuneiforme

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Las mujeres en el

Oriente cuneiforme

Josué J. Justel

Agnès Garcia-Ventura

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ISBN: 978-84-16978-60-1 Depósito legal: M-5907-2018 Impresión: Cimapress

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Índicegeneral

Mapa general 12

Prólogo 13

Presentación 17

Parte i: introducción 21

1. Las mujeres en el Oriente cuneiforme. Una aproximación desde la Historia de las Mujeres y los Estudios de Género

(Agnès garcia-Ventura – Josué J. Justel) 23

1. ¿Qué es el Oriente cuneiforme? 24

2. Mujeres y género en el Oriente cuneiforme 26

3. Historia de las Mujeres y Estudios de Género en el Próximo Oriente Antiguo 28 4. La Historia de las Mujeres y los Estudios de Género en la academia 34

5. El presente volumen 38

6. Bibliografía 38

Parte ii: laVidaintelectualycultural 43

2. La salud de las mujeres en la Mesopotamia antigua: una aproximación

desde las fuentes escritas (M. Erica couto-Ferreira) 45

1. Género y medicina en los textos cuneiformes 46

2. La salud femenina en Mesopotamia a través de las fuentes escritas 48

3. Fuentes especializadas 48

4. Información en fuentes documentales de la vida cotidiana 52 5. Terapeutas y pacientes: algunas reflexiones sobre los espacios sociales de la salud 58

6. Bibliografía 61

3. Mujeres escribas y mujeres que escriben en Mesopotamia (Brigitte lion) 65

1. Las escribas 67

2. Las administradoras 73

3. ¿Mujeres que escriben? 76

4. A modo de conclusión 82

(6)

4. Las mujeres y la música en el Próximo Oriente Antiguo

(Regine Pruzsinszky) 89

1. Introducción 90

2. Fuentes 91

3. Designaciones dadas a las músicas 93

4. Voces poderosas… 95

5. Las músicas y sus instrumentos 96

6. La formación de las músicas 97

7. Música para deleitar y música en el harén 99

8. Extranjeras en la corte 105

9. Músicas en el templo y en el culto 107

10. Otros ámbitos de trabajo 109

11. En los márgenes de la sociedad 111

12. …hasta la muerte 112

13. Bibliografía 113

5. Retratos y semblanzas: mujeres en la literatura sumeria (Lluís Feliu) 117

1. Consideraciones preliminares 118 2. La chica casadera 120 3. La madraza 124 4. Las especialistas 126 5. La distinta 129 6. Bibliografía 136

6. La imagen de la esposa ideal según la literatura didáctica sumeria

(Jana Matuszak) 141

1. El corpus de textos 143

2. La imagen de la mujer ideal 145

3. Conclusiones 153

4. Bibliografía 156

7. Mujeres y diosas en la literatura en lengua acadia (Adelina Millet albà) 159

1. Las diosas paredras 160

2. Las diosas madres o de carácter maternal 162

3. Diosas y medicina 165

4. La diosa Ištar 166

5. Lamaštu y otros espíritus malignos femeninos 173

6. Otras diosas 175

7. Mujeres de carne y hueso en la literatura en acadio 176

8. Sexo 190

9. Conclusiones 193

(7)

9 Índice general

Parte iii: laVidaeconóMicayJurÍdica 197

8. “Para cada trabajadora, 5 litros de dátiles”. Mujeres trabajadoras

en el Próximo Oriente Antiguo (Agnès garcia-Ventura) 199

1. El estudio de las mujeres trabajadoras: consideraciones teóricas y metodológicas 200 2. Las ocupaciones y profesiones de las mujeres en el Próximo Oriente Antiguo

a finales del tercer milenio a. n. e. 205

3. Tablillas “con caras”: algunas reflexiones sobre el estudio de las mujeres

de carne y hueso del pasado 210

4. Bibliografía 213

9. Las niñas ante los procesos legales en el Oriente cuneiforme

durante el Bronce Reciente (Daniel Justel Vicente) 219

1. Introducción 220

2. Las edades de la vida en el Bronce Reciente 221

3. Abandonos de niñas y abortos 223

4. Niñas y matrimonio 225

5. Adopciones de niñas 228

6. Niñas esclavas 229

7. Conclusiones 236

8. Bibliografía 237

10. Prostitución secular y prostitución sagrada en la antigua Mesopotamia

(Stephanie L. budin) 241

1. La venta de sexo a cambio de dinero 242

2. Un vocabulario para la prostitución: la kar-kid/ḫarimtu 245

3. La prostitución sagrada 256

4. Problemas persistentes 262

5. Conclusiones 263

6. Bibliografía 264

11. Las mujeres en el periodo presargónico en Lagaš: una visión de conjunto

(Fumi karahashi) 267

1. Introducción 268

2. El corpus E2-MI2 del Lagaš presargónico 268

3. Mujeres de la elite 269

4. Sirvientas de las casas reales 278

5. Barberas/peluqueras, cordeleras y porteras 288

6. Trabajadoras no cualificadas 281

7. Músicas 281

8. Trabajadoras dependientes de bajo estatus social 281

9. Conclusiones 283

(8)

12. ¿Mujeres al poder? El caso de las mujeres con estatus jurídico masculino

en Mesopotamia (Josué J. Justel) 293

1. Introducción 294

2. Definición, localización y ejemplo 295

3. La esposa como “padre y madre” 300

4. La hija como “mujer y hombre” 301

5. Implicaciones jurídicas, históricas y de género 303

6. Bibliografía 305

Parte iV: laVidaPolÍtica 311

13. Imágenes, visibilidad y agencia de las mujeres de la realeza

en la Mesopotamia arcaica (Claudia E. suter) 313

1. Interpretaciones diversas 314

2. Imágenes de individuos históricos en el segundo milenio 317 3. La agencia de las mujeres en la Mesopotamia del tercer milenio 320 4. Escultura en relieve con mujeres de la realeza en contextos narrativos 322

5. Conclusiones 332

6. Bibliografía 334

14. Mujeres reales entre lo instituido y lo instituyente: alianzas

matrimoniales y política estatal en la Mesopotamia paleobabilónica

(María Rosa oliVer – Luciana urbano) 347

1. Sociedad, Estado y prácticas políticas 348

2. Género, poder y resistencias. Aportes para la reflexión 349 3. La naditum: el matrimonio como ficción del vínculo social 352 4. La reina Šiptu: el acuerdo matrimonial y el ejercicio del poder político 356 5. Las hijas y hermanas de Zimrî-Lîm: la posibilidad de resistencias 360

6. Reflexiones finales 366

7. Bibliografía 367

15. Reinas, magas y madres. Las mujeres en el mundo hitita (Alberto bernabé) 375

1. Escasa presencia de mujeres en los textos hititas 376

2. Reinas 376

3. Magas 384

4. Madres y mujeres en el “Código”: algunos problemas 385 5. Situación legal de la mujer en diversos ámbitos del “Código” 386

6. Colofón sobre el “Código” 394

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11 Índice general

16. Las mujeres en el archivo diplomático de Amarna (Jordi Vidal) 397

1. Introducción: buscando mujeres en el archivo de Amarna 398

2. El envío de sirvientas a Egipto 401

3. Matrimonios interdinásticos 404

4. Conclusiones 408

5. Bibliografía 410

17. Las mujeres de la elite en las fuentes neoasirias (Saana sVärd) 413

1. Las mujeres neoasirias en las fuentes textuales 414

2. Las reinas neoasirias 415

3. Las mujeres de la elite en la administración 422

4. ¿Quiénes eran las sekretū? 423

5. Conclusiones 426

6. Bibliografía 427

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200 km Ugarit Kani š Mari Mar Mediterráneo Mar Roj o Mar Negro Golfo ANA T OLIA PERSIA río Éufrates río Tigris río Orontes río Nilo

río Kızılırmak (Halys)

lago Urmia lago V an lago Sevan río Kura río Araks

río Gran Zab

río Diyala río Karkheh mar Muerto río Jordán ELAM Menfis Mar Caspio Susa EGIPT O Pérsico T uttul Emar Ekalte Alalaḫ Nuzi Aššur Nimrud Nínive Sidón CHIPRE Ḫattuša Ebla Karkemi š Ekallatum Alepo Qaṭna ASIRIA BABILONIA MITT ANI SINAÍ N Arrapḫe Amarna Biblos T iro Damasco Ashkalon Ḫazor Der Sippar Ešnunna Kiš Uruk Nippur Ĝirsu Lagaš Ur Babilonia Larsa Isin Kār -T ukultī-Ninurta Chagar Bazar Urke š T il Barsip Puzriš-Dagan ARZA W A Gezer Laquish SUMER

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Abstract

Due to the nature of sources from the Neo-Assyrian Empire, the elite women that we know about are mostly women who were connected with the palace. This article concentrates on the hundreds of texts that attest to the social reality in which they lived. Queens were the most prominent and influential actors. In many respects their actions were similar to those of the king and different from those of other elite women. The women involved in royal administration — first and foremost the šakintū — are well attested. They and some of their staff clearly had positions of authority in the palaces, while the court women (sekretu) engaged in financial activities in those palaces. All in all, it seems that female administrative officials engaged in activities similar to those of their male counterparts, and that the social class of an individual was even more relevant to that person’s activities that gender.

Saana svärd

University of Helsinki

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Las mujeres de la elite en las fuentes neoasirias

Cómo citar este artículo

Saana svärd, Las mujeres de la elite en las fuentes neoasirias, en J. J. Justel – A. Garcia-Ventura (eds.), Las mujeres en el Oriente cuneiforme, Servicio de Publicaciones de la Uni-versidad de Alcalá: Alcalá de Henares, 2018: 413-431

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1. l

asmujeresneoasiriasen lasfuentestextuales1

El reinado del primer monarca considerado neoasirio (Aššur-dan II) comenzó en el año 934 a. n. e., si bien habitualmente se considera que esta continuidad cultural se remonta desde la época paleoasiria (ca. 2000-1750 a. n. e.) hasta la neoasiria. Asiria se expandió enormemente durante los años 744-612, de modo que el imperio neoasirio se convirtió en uno de los mayores del Próximo Oriente Antiguo.2 Este imperio nos ha legado una notable cantidad de textos cuneiformes, redactados en tablillas de arcilla, muchos de ellos publicados en la serie State Archives of Assyria (abreviada SAA). Estos textos incluyen di-ferentes géneros, como cartas, tratados, juramentos de lealtad, oráculos, tran-sacciones jurídicas, registros administrativos, informes astrológicos y textos literarios.

De manera general, las mujeres neoasirias intervinieron en muchas de las mismas situaciones que contemplan a los hombres. Escribían y recibían cartas; poseían propiedades; prestaban y tomaban prestado; compraban y vendían; avalaban deudas; actuaban como testigos; intervenían en empresas comerciales; y usaban sellos (Svärd 2008: 88-98). Sin embargo, no se debe asumir por ello que eran autónomas en el sentido moderno de la palabra, pues actuaban como miembros de un grupo familiar, habitualmente dirigido por un varón. Es más: comparadas con el gran número de textos en los que aparecen hombres, las mujeres constituían una minoría en los textos neoasirios. Menos del 5% (ca. 700) de los nombres propios conocidos en las fuentes neoasirias son femeninos, y de hecho el nombre de muchas mujeres es mencionado sólo porque fueron objeto de una venta.3

Aún así, el corpus neoasirio nos ofrece información acerca de las mujeres, en muchos tipos de géneros textuales y en diferentes situaciones. Cuando in-tervienen en operaciones económicas, las mujeres suelen aparecer como pres-tamistas, compradoras y propietarias. También aparecen como testigos y ava-listas, aunque de manera extremadamente excepcional. Sólo nos constan tres casos de mujeres actuando como testigos en los textos neoasirios (Edubba 10 16, StAT 2 32, CTN 2 19), y sólo conozco un caso en el que una mujer hubiese

1 Las traducciones que se ofrecen en esta contribución son de la autora, aunque se basan en los trabajos de otros, como se indica en cada caso. En las traducciones no se suele indicar la posible reconstrucción de palabras; para informaciones adicionales, se remite a las publi-caciones indicadas en cada caso. Mis añadidos y clarifipubli-caciones se indican entre paréntesis en las traducciones.

2 Van de Mieroop 2007: 201-246, Kuhrt 1995: 82, 348-349, 478-501. 3 Teppo 2007: 385-386, PNA I-III.

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s. svärd, Las mujeres de la elite en las fuentes neoasirias 415

actuado como avalista (StAT 2 278-279). Hay nueve ejemplos de mujeres que usaban sellos.4 Sin embargo, parece que las mujeres no necesitaban permiso explícito de un tutor varón para intervenir en operaciones económicas. Como es habitual en lo que atañe al conocimiento de las mujeres en la Antigüedad, estamos por completo a merced del material conservado. Buena parte del material arqueológico y la mayoría de los textos tratan exclusiva-mente con los asuntos de la gente rica y poderosa. Para el periodo neoasirio, la mayor parte de los textos proceden de contextos palaciales. De esta manera, el conocimiento que poseemos acerca de las mujeres neoasirias de la elite es, en fin, el conocimiento de mujeres que se encontraban vinculadas al sistema palacial.5

Las mujeres de palacio pueden ser distribuidas en diferentes categorías. La mayor parte de las evidencias textuales están relacionadas con las reinas neoasirias. Las mujeres podían desempeñar servicios oficiales en la tración del imperio o los templos, aunque la inmensa mayoría de los adminis-tradores eran hombres. El personal administrativo femenino incluía a la im-portante administradora de palacio (šakintu), así como a otras mujeres —por ejemplo, mujeres escribas—. Otros papeles vinculados a la vida de palacio incluían: hijas y parientes del rey, mujeres de la corte (sekretū), músicas y otras profesionales de palacio (Svärd 2015: 39-143).

2. l

asreinasneoasirias

El imperio neoasirio era dirigido por el rey, representante del dios nacional, Aššur. Aunque el rey es presentado ideológicamente como la única fuente de poder del imperio, en la práctica los altos funcionarios del país —los magna-tes— desempeñaban un papel clave en la dirección de la administración de las provincias asirias y del ejército. De manera separada de los magnates, la reina (literalmente “la mujer del palacio”, mi2-e2-gal, segallu) y el príncipe

herede-ro (literalmente “el hijo del rey”, mār šarri) contherede-rolaban departamentos que representaban importantes partes de la administración del reino. En concreto, la reina era mucho más que la esposa del rey. Cualitativamente, sus actos y

4 Suzanne Herbordt indica cuatro en Herbordt 1992: 159, siendo Ninive 42 (SAA 6 257), Ninive 111 (SAA 6 142), Ninive 134 (SAA 14 144) y Nimrud 27 (Postgate 1976: 103-107). Otros casos de Assur se encuentran en StAT 2 44, StAT 2 46, StAT 2 267 y StAT 3 77. Véase también Fales – Jakob-Rost 1991 n.º 39.

5 Los trabajos más recientes sobre las mujeres neoasirias son Melville 1999; Macgregor 2012; Svärd 2015. Este capítulo se basa en mi reciente monografía (Svärd 2015), y se remi-te a los lectores a dicha obra para más información.

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representaciones eran similares a los del rey; entre las mujeres de la elite, era una clase en sí misma.

La reina poseía recursos económicos considerables, lo que se evidencia no sólo en los textos, sino también en los tesoros encontrados en las tumbas de las reinas en Kalḫu (moderna Nimrud). Bajo el palacio noroeste, en un área que probablemente albergaba mujeres de alto rango de la corte, se encontraron varias tumbas de reinas. La más antigua era la tumba de Mullissu-mukannišat-Ninua, reina del rey que construyó el palacio Assurnaṣirpal II (884-859 a. n. e.). También se encontró en su tumba un sello de oro de Hamâ, reina de Salmanasar IV (784-773 a. n. e.); es posible que también ella hubiese sido enterrada allí. En el sarcófago bajo la habitación 49 fueron enterradas dos mujeres. Parece probable que el primer enterramiento fuera el de las reinas conocidas como Iabâ y Banitu, la reina de Tiglat-Pileser III (744-727 a. n. e.) y Salmanasar V (726-722 a. n. e.). Posteriormente Atalia, reina de Sargón II (721-705 a. n. e.), fue enterrada aquí.6 No se ha identificado con seguridad a los ocupantes del resto de tumbas que se encuentran bajo palacio.7

En cualquier caso, las tumbas de las reinas y otras evidencias sugieren que el palacio había venido siendo la residencia de la reina desde que fue cons-truido, al menos hasta el reinado de Tiglat-pileser III. Con toda probabilidad, durante y después del reinado de Tiglat-pileser III los reyes no residían en el palacio noroeste. Hay dos posibles razones para que las reinas fueran enterra-das allí durante estos periodos. O bien la reina siguió viviendo en el palacio noroeste —sin importar que el rey ya no lo hiciera—, o este espacio continuó siendo el lugar tradicional de enterramiento de las reinas. Me inclinaría por esta última posibilidad, sobre todo porque los restos de la reina de Sargón II, Atalia, fueron incinerados a 150-250 ºC tras su muerte. Esto podría haberse hecho para preservar el cuerpo y transportar sus cenizas a una tumba apropia-da en el palacio noroeste. Desde que los reyes comenzaron a ser enterrados en Aššur, sin tener en cuenta los nuevos palacios o capitales que construían, se hizo lo mismo con los enterramientos de las reinas (Svärd 2015: 117-118).

2.1. Las reinas en las fuentes textuales

En términos de evidencia textual, la reina o la reina madre es mencionada en ciento setenta y siete textos. Como regla general, parece que sólo había

6 Banitu podría ser la traducción al acadio del nombre semítico noroccidental Iabâ (Dalley 2008: 171; Svärd 2015: 40-41).

7 Sobre las tumbas de las reinas en Kalḫu véanse Oates – Oates 2001: 78-90 y Curtis et al. 2008. Para las inscripciones encontradas en las tumbas de las reinas, véase Al-Rawi 2008.

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s. svärd, Las mujeres de la elite en las fuentes neoasirias 417

una reina en el reino neoasirio en cada momento. La evidencia indica que la posición de la reina como cabeza de su administración era vitalicia, o bien duraba hasta que el rey la apartaba de dicha posición. Algunas pruebas cir-cunstanciales sugieren que la reina podría haber continuado como cabeza de su administración incluso después de que su marido fuera remplazado por un nuevo rey (Svärd 2015: 40-48, 177-223, 240-242).

El convertirse en reina no era el resultado de proporcionar un heredero al trono. Existe poca información respecto a la manera en que se elegía a los herederos. El príncipe heredero era el hijo del rey, pero no necesariamente el mayor ni necesariamente el hijo de la reina (mi2-e2-gal). Sin embargo, es

plausible que el alto estatus de la madre proporcionase a sus hijos una ventaja a la hora de elegir al sucesor (Svärd 2015: 39-85, 117-223).

La reina dedicaba joyas a los dioses y mantenía las instituciones templa-rias, recibía oráculos divinos e intervenía en rituales y en la toma de deci-siones políticas. Tenía palacios, su propia administración servicio y siervos por todo el imperio. De acuerdo con la correspondencia que se le enviaba, claramente suscitaba el respeto de de un buen número de altos funcionarios. La administración de la reina poseía extensas parcelas de terreno y oficinas por todo el territorio, empleando a cientos de personas. Esta administración no era ninguna propiedad personal de la mujer en cuestión; más bien se puede decir que el título de reina implicaba una inmensa oficina de gobierno. En muchos aspectos, las acciones de la reina eran comparables con las del rey. Es especial-mente destacable que durante y después del reinado del rey Sargón II (721-705 a. n. e.), la reina también pasó a tener sus propias unidades militares. Es más: ciertas pruebas relacionadas con las reinas Sammu-ramat y Naqiʾa (véase a continuación) indicarían que la reina podía intervenir en acciones militares (Svärd 2015: 39-85, 117-223).

2.2. Las reinas Sammu-ramat y Naqiʾa

Todavía existe debate acerca de si la reina Sammu-ramat, madre del rey Adad-nirari III (810-783 a. n. e.), fue corregente con su hijo. En cualquier caso, fue a una campaña militar con él, y ambos erigieron un monumento para conme-morar su victoria (Grayson 1996: 204-205). Sammu-ramat es conocida casi exclusivamente por textos procedentes del reinado de su hijo, pero parece claro que era reina del padre del rey Šamši-Adad V (823-811 a. n. e.), padre de Adad-nirari III (véase Svärd 2015: 48-61). Además de en su propia estela en el patio de las estelas de Assur (véase abajo), Sammu-ramat es también

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mencio-nada en dos inscripciones en el templo de Nabû, en Kalḫu. El gobernador de Kalḫu dedicó allí dos estatuas “por la vida de Adad-nirari, rey de Asiria, su se-ñor, y (por) la vida de Sammu-ramat, la reina, su señora”.8 Finalmente, se debe recordar que, con toda probabilidad, Sammu-ramat fue la reina que prestó su nombre a la leyenda griega de Semiramis (Heródoto, Historias 1.184). Desde luego se recordaron sus logros más adelante en la historia asiria (Bernbeck 2008: 358-364).

La reina Naqiʾa (en arameo), también conocida por su nombre acadio, Zakûtu, fue la cabeza de la administración de la reina durante los reinados de tres reyes consecutivos: Senaquerib (704-681 a. n. e.), Esarhaddon (680-669 a. n. e.) y Assurbanipal (668-ca. 630 a. n. e.). Durante el reinado del hijo de Naqiʾa, Esarhaddon, la esposa de este último —llamada Ešarra-ḫammat— asu-mió el título hasta su muerte en el 672 a. n. e. Después de esto, Naqiʾa recuperó de nuevo los deberes de la reina al menos hasta la primera parte del reinado de su nieto, Assurbanipal. Aproximadamente un tercio de todos los textos relacio-nados con las reinas neoasirias se refieren a ella.9

Probablemente la reina Naqiʾa es más conocida por el texto denominado “el tratado de Zakûtu”. El texto (SAA 2 8) indica que Zakûtu obligó a los her-manos de Assurbanipal, a toda la corte e incluso a toda la nación a jurar lealtad absoluta al nuevo rey, Assurbanipal, a quien llama “nieto favorito”. Es el único tratado asirio que fue impuesto por una persona diferente al rey, y aunque no es la única evidencia que tenemos acerca del importante papel desempeñado por Naqiʾa en la toma de decisiones de gobierno, es sin duda la más clara. He traducido el comienzo y el final del texto:

(Este es) el juramento de lealtad de Zakûtu, la reina de Senaquerib, rey de Asiria, madre de Esarhaddon, rey de Asiria, (que ha realizado) con šumu-ukin, su hermano favorito (de Assurbanipal), con Šamaš-meru-uballiṭ y el resto de sus hermanos, con los descendientes de la lí-nea real, con los magnates, los gobernadores, los cortesanos con barba, los eunucos, el entorno real, con aquellos exentos de tasas y aquellos que entran en palacio, con los hijos del país de Assur, los grandes y pequeños. (SAA 2 8: 1-9)

Si oís y conocéis que hay tropas preparadas para atacar, o acerca de conspiradores entre vosotros —sean cortesanos con barba o eunucos, o sus hermanos, o descendientes de la línea real, o tus hermanos o tus amigos, o cualquiera entre la gente del país—; si oís acerca de ello y

co-8 La traducción es mía, basada en Grayson 1996: 227; véase Svärd 2015: 4co-8-61. 9 Véanse Svärd 2015: 40-48, 177-223; Melville 1999.

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nocéis acerca de ello, los tomaréis y mataréis, y los traeréis ante Zakûtu, su madre (de Assurbanipal), rey de Asiria, vuestro señor.

(SAA 2 8, rev.: 18-27)

Naqiʾa estaba implicada en otras actividades excepcionales. En dos inscrip-ciones se indica que construyó un palacio para su hijo, Essarhaddon (RINAP 4 2003, 2004). El estilo y contenido de estas inscripciones se centran en la construcción del palacio por parte de la reina y en la conmemoración del tra-bajo, con el apoyo de su hijo, el rey. Al menos uno de los objetivos de esta inscripción debió de haber sido el mostrar a Naqiʾa como un personaje autori-tario, que apoyaba de manera enérgica el gobierno de su hijo (Melville 1999: 40-42). Ambos textos son fragmentarios, pero hay un pasaje bien conservado que describe el trabajo como sigue:

(El rey Essarhaddon) me entregó, como parte de mi dominio, gentes de tierras conquistadas, enemigos tomados como botín por su arco. Les hice llevar azada(s) y canasta(s) para el barro, e hicieron ladrillos de barro.

(RINAP 4 2003: ii 5’-14’)

Su correspondencia incluye numerosas cartas en las que aparece organizando rituales y contribuyendo a la economía de los templos. Recibía cartas muy educadas y aduladoras de parte de altos funcionarios. Pudo haber tenido una autoridad especial en los asuntos relacionados con Babilonia, aunque no se conoce ningún nombramiento formal más allá de su situación como reina y madre del rey. En una extraordinaria carta enviada por Naʾid-Marduk (SAA 18 85) a la reina madre, se le solicita el envío de refuerzos a la parte sur del im-perio. El emisor explica que ha rehusado recibir mensajeros del rey de Elam, y hace hincapié en que su lealtad pertenece “a la casa de mi señor” (Svärd 2015: 52-59).

Además, Naqiʾa es la destinataria de un número de profecías relativas a la guerra civil que Essarhaddon tuvo que mantener con su hermano antes de acceder al trono de su padre. En muchas ocasiones, las actividades de Naqiʾa son un fiel reflejo de las de su hijo (Svärd 2015: 48-61). Incluso en dos cartas se elogia que tenía atributos habitualmente solo reservados a los reyes. Un pasaje de la carta SAA 10 17, enviada a ella, indica: “[El veredicto de la madre del rey, mi señor], es tan concluyente como el de los dioses. Lo que bendices, queda bendito; lo que maldices, queda maldito”. Además, se indica que la madre del rey es “tan capaz como (el antiguo erudito) Adapa” (SAA 10 244).10

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Sarah Melville (1999: 91-92) ha indicado que la extraordinaria autoridad de Naqiʾa en la corte neoasiria pudo haber sido el resultado de un plan ideado por Essarhaddon para reforzar el estatus de su madre, de manera que ella pu-diera facilitar el camino al trono para Assurbanipal. Éste es sin duda un factor que hay que tener en cuenta, pero las relaciones de poder entre personas casi nunca son simples. Una carta enviada por Essarhaddon a su madre sirve para demostrar su compleja relación:

La orden del rey a la madre del rey: estoy bien. ¡Que la madre del rey tenga buena salud! En cuanto al siervo de Amos, acerca del que me es-cribiste, he ordenado lo mismo que la madre del rey. Como dijiste, está bien. ¿Por qué se fue Hamunayu?

(SAA 16 2, texto completo)

La “orden del rey” que encabeza la carta indica claramente que el rey se en-cuentra más arriba que su madre en la jerarquía oficial. Sin embargo la si-guiente frase, en la que el rey le desea buena salud a su madre, es muy rara en las cartas enviadas por el rey.11 Aunque el rey ordena que se haga exactamente como su madre había sugerido, la autoridad de esta última sería limitada, pues-to que ha tenido que consultar a su hijo para que proceda con este tema. Las relaciones de poder entre personas no se pueden explicar por simples cadenas jerárquicas de mando. En mis propios trabajos anteriores, he propuesto que existía una relación de respeto beneficiosa en ambos sentidos, e incluso afecto, entre la madre y el hijo (véase Svärd 2005: 48-61).

Finalmente, este asunto puede ser analizado desde la perspectiva de los asirios, para quienes quizá no era siquiera relevante el preguntar si Naqiʾa estaba actuando egoístamente. En muchos sentidos, los intereses de la familia

eran los intereses de la persona. Se podría esperar que esto fuera evidente en

el caso de Naqiʾa puesto que, al intervenir en la agenda política de su hijo, se habría visto beneficiado todo el grupo familiar.

Aunque los casos de reinas como Naqiʾa y Sammu-ramat son fácilmente catalogables como excepciones, las evidencias textuales e iconográficas sugie-ren que la reina desempeñó un papel importante y oficial durante todo el perio-do neoasirio. Naqiʾa y Sammu-ramat no eran, en esencia, diferentes de otras reinas neoasirias, aunque es posible que su ciertas condiciones excepcionales contribuyeran a su excepcional visibilidad (Svärd 2015: 39-85).

11 El rey solo desea este tipo de cosas a los destinatarios de estatus muy elevado (e. g. SAA 16 1, una carta enviada al rey de Elam).

(19)

s. svärd, Las mujeres de la elite en las fuentes neoasirias 421

2.3. La imagen de la reina

Solamente existen tres representaciones de reinas neoasirias en el arte de gran formato: las de las reinas Liballi-šarrat y Naqiʾa. En estas tres imágenes, las reinas portan la corona mural, que implicaba un dominio político.12 En dos ocasiones, la reina Libbali-šarrat es representada entronizada, lo que indica reverencia en la imaginería mesopotámica en general. De estas tres imágenes, una presenta a la reina Naqiʾa mientras sigue al rey en una procesión ritual. Por su parte, la reina Libbali-šarra, esposa y reina del rey Assurbanipal, es mostrada en su propia estela, así como en un relieve del palacio principal del reino, en Nínive.13

Las fechas de las ciento cuarenta estelas encontradas en Aššur van desde

ca. 1400 a ca. 600 a. n. e. Las estelas nombran reyes y altos funcionarios del

reino, así como a tres mujeres del entorno real (Miglus 1984: 133). Las reinas Sammu-ramat, Libbali-šarrat y otra mujer no identificada poseían una estela erigida en este lugar. La estela de šarrat dice: “Imagen de Libbali-šarrat, reina de Assurbanipal, rey del universo, rey de Asiria”.14 De las ciento cuarenta estelas, solamente la de la reina Libbali-šarrat contiene una imagen, haciéndose difícil valorar su significado. Se ha sugerido que el propósito ori-ginal de estas estelas fuera el de actuar como representaciones de sus augustos patrones y rezar por ellos (Miglus 1984: 137-138). Sin embargo, fuera cual fuese el propósito de estas estelas, la inclusión de reinas en este selecto grupo indica su elevada posición.

Un fragmento de relieve de bronce (AO 20185) representa a la reina Naqiʾa siguiendo a un rey (presumiblemente su hijo Esarhaddon) en una ceremonia religiosa.15 El texto inscrito en el relieve describe el ritual que hacía posible que la deidad residiese en la imagen. Parece probable que el relieve fuese originalmente parte de la base de un altar, o posiblemente la tarima del trono divino. Algunas evidencias sugieren que el relieve provendría de algún templo en el centro de Asiria, quizá incluso de la propia ciudad de Assur (Macgregor 2012: 111-112, 116-117).

El denominado “relieve del banquete” (BM 124920) se mostraba en el palacio norte en Nínive. Su composición, así como el tema del relieve, son

ab-12 Sobre la corona mural véase Ornan 2002: 474-477.

13 Para las imágenes y detalles de estas representaciones véanse Svärd 2015: 74-80; Macgre-gor 2012: 87-93, 109-118.

14 La traducción es mía, basada en Andrae 1913: 6-8, n.º 1.

15 La reina representada es sin duda Naqiʾa, pues su nombre se encuentra inscrito en el vestido de la figura (RINAP 4 2010).

(20)

solutamente únicos. No sólo la reina es un tema raro, sino que incluso más in-usual es la representación del rey reclinado en un diván. En contraste, la reina está sentada en alto, en una silla con forma de trono. Tanto el rey como la reina portan flores en una mano y beben de unos tazones en la otra. Muchos autores han discutido acerca de la identidad de esta reina,16 pero la candidata mejor posicionada parece ser Libbali-šarrat. Cerca se muestra la cabeza cortada del rey enemigo, Teʾumman, mientras que una inscripción en el relieve confirma que la pareja está celebrando la victoria sobre los elamitas (Macgregor 2012: 89-93). Uno de los objetivos de la escena habría sido hacer hincapié en el alto rango e importancia de la reina, y mostrar al espectador la buena vida que sigue a una campaña militar exitosa (Svärd 2015: 74-80).

3. l

asmujeresdelaeliteenlaadministración

Más de setenta textos neoasirios se refieren al personal administrativo femeni-no de palacio. Sin embargo, las mujeres ocupadas en asuntos administrativos son claramente sobrepasadas en número por los hombres. Ninguno de los “magnates”, los funcionarios más importantes del reino, eran mujeres.17 La mano derecha de la reina, su administradora, se conoce mejor (cin-cuenta y cuatro textos). Su título en acadio era šakintu, traducido aquí como “administradora”. Estas mujeres estaban presentes en muchos palacios reales, y contaban con considerables recursos administrativos y un extenso personal. A lo largo de la historia neoasiria se registran šakintū empleadas en un total de veintitrés administraciones diferentes. Había administradoras presentes en las capitales de Aššur, Kalḫu y Nínive. En Kalḫu y Nínive, el oficio de šakintu está atestiguado en varios palacios. Además, la administración de muchas ciu-dades de provincias (por ejemplo Tušḫan, Til-Barsip, Kilizi Arbail, Adian, Ḫaurina y Kasappa) estaba encabezada por una šakintu. Es claro, por tanto, que las šakintū no sólo eran activas en la proximidad de la reina, sino que probablemente hacían funcionar estas administraciones de manera autónoma. Parece que las administradoras se encontraban presentes en aquellas ciudades en que la reina tenía cierto interés económico (Svärd 2015: 91-105).

La mayor parte de las evidencias textuales registra a las administradoras participando en transacciones económicas. Principalmente compraban escla-vos (hombres, mujeres y niños) o tierras, como en el siguiente pasaje, proce-dente de un contrato encontrado en Nínive y datado en el año 692 a. n. e.:

16 Véase recientemente Roobaert 2012.

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s. svärd, Las mujeres de la elite en las fuentes neoasirias 423

(El hombre) Nabû-naʾid (y la mujer) Akbarâ, en total dos personas, son esclavos de estos hombres (= los vendedores). La šakintu de la Ciudad Central ha realizado el contrato y (los) ha comprado por una mina de plata —(pesada) según la mina real— de la autoridad de estos hombres. El dinero ha sido pagado; estas personas han sido compradas y vendi-das. No hay (posibilidad de) revocar (el acto, ni) litigio ni acción legal (posibles). (SAA 6 85: 4-13)

Una šakintu también podía prestar y tomar prestadas propiedades. Poseía su propio personal, incluyendo personal administrativo masculino y femenino, así como trabajadores domésticos. Una de las principales tareas en estas ad-ministraciones podría haber sido la producción de textiles para su uso en los palacios reales, pero quizá también para su intercambio comercial. La šakintu y su personal eran el brazo ejecutor de la economía de la reina (Svärd 2015: 91-105).

Además de la šakintu, había otras mujeres que trabajaban en palacio, bien en tareas administrativas o desarrollando otras profesiones. Una profesional administrativa que al menos en una ocasión trabajó para la šakintu fue deno-minada laḫḫennutu (Parker 1954: 39, véase ND 2309). Puesto que existen po-cos datos acerca de sus deberes, es difícil proporcionar una traducción exacta, pero quizá “empleada económica” sería apropiada. Además, hay varios casos de escribas mujeres. La existencia de escribas mujeres no es desconocida en Mesopotamia, y hay varios documentos de época neoasiria que las mencio-nan. El primero es una lista administrativa de personal, procedente de Nínive (SAA 7 24), una de cuyas entradas parece referirse a seis escribas mujeres arameas (Nissinen 2013: 38). En segundo lugar, la šakintu en Kalḫu tenía a su disposición una “escriba de la reina”, cuyo nombre era Attar-palṭi. Los dos documentos que la mencionan se datan en el año 615 a. n. e. y, en ambos, un hombre tomó prestado dinero de Attar-palṭi (CTN 3 39, 40). Finalmente, la mujer Saraya escribió al escriba de palacio (SAA 16 49) llamándolo “mi se-ñor”, lo que sugeriría que estaba trabajando de alguna manera para él (Svärd 2015: 123-126).

4. ¿q

uiéneseranlassekretū

?

El término comúnmente transcrito como sekretu (pl. sekretū) aparece en las inscripciones de los reyes neoasirios, de manera más habitual, refiriéndose a

(22)

mujeres tomadas como botín de las regiones conquistadas.18 La raíz verbal que se encuentra tras la palabra sekretu (sekēru) significa “confinar” (CAD S 210-213). Este hecho se ha tomado en ocasiones como prueba de que las sekretū vivían en cautividad. Sin embargo, la etimología no es prueba suficiente para confirmar tal extremo, y desde luego no explica qué significado exacto habría tenido dicho confinamiento. Los textos respaldan la idea de que estas muje-res vivían en el palacio principal de la capital, pero no se indica en ningún momento que estuviesen confinadas.19 Tampoco las evidencias arqueológicas ofrecen conclusiones finales en cuanto a las maneras de habitación de los pa-lacios neoasirios.20

Parece probable que el grupo de sekretū incluía a muchos tipos de mujeres: aquellas procedentes de los hogares de reyes derrotados, mujeres relacionadas con el rey, compañeras de princesas extranjeras, concubinas y rehenes de gran valor. De esta manera, el término sekretu designaría a una mujer que vive en palacio y no es la reina (Melville 2004: 40). En mis propios trabajos empleo la traducción “cortesana” para el término sekretu; es lo suficientemente flexible para ajustarse a la amplia variedad de mujeres que eran denominadas sekretū, pero conserva la connotación de exclusividad y alto rango (Svärd 2015: 105-109).

Las sekretū eran vistas claramente como cautivas de gran valor, lo sufi-cientemente importantes como para ser mencionadas cuando los reyes daban cuenta de sus hazañas en las inscripciones. También aparecen frecuentemente en las llamadas “Listas de vino de Nimrud”, que se confeccionaban para dis-tribuir el vino para la población de palacio. Este archivo se extiende aproxi-madamente durante dos décadas, los ochenta y setenta del siglo viii, aunque

unos pocos textos pueden ser datados durante el reinado de Tiglat-pileser III (744-727). La presencia de sekretū en estas listas indica su alto rango, pues el vino en Asiria era un producto de lujo.21

18 La mayoría de las inscripciones reales neoasirias se encuentran publicadas en dos series:

The Royal Inscriptions of Mesopotamia: Assyrian Periods (abreviado como RIMA) y The Royal Inscriptions of the Neo-Assyrian Period (abreviado como RINAP). Véanse Svärd

2015: 127-130 y Melville 2004: 40.

19 Acerca de las sekretū y su possible segregación, en general, véanse Svärd 2015: 109-120; Melville 2004: 39-42; para una vision enfrentada véase Parpola 2012.

20 Véase por ejemplo Kertai 2014, quien ha propuesto que la dicotomía entre lo privado y lo público tenia poco significado para los asirios. Para una discusión más profunda acerca de este tema véase Svärd 2015: 109-120.

21 Véase Kinnier Wilson 1972 para una edición de las “Listas de vino de Nimrud”. Véanse también Svärd 2015: 130-133; Fales 1994: 366, 370.

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s. svärd, Las mujeres de la elite en las fuentes neoasirias 425

Se describe a las sekretū como participantes activas en transacciones eco-nómicas en tres textos procedentes de Nínive, la capital del reino en el mo-mento en que fueron redactados. En el año 687 a. n. e., la sekretu Aḫi-ṭalli compra una muchacha de la autoridad de su madre (SAA 6 88). Más adelante, en el año 681 una sekretu realiza una operación económica importante al com-prar veintisiete personas —con sus propiedades— por la sorprendente suma de veinte minas de plata (SAA 6 91), que corresponde a unos veinte kilos.22 En tercer lugar, durante el reinado de Senaquerib (704-681), podría haber ocurrido que una “sekretu del rey” comprase propiedades inmuebles (SAA 6 99).23 Los contratos de compraventa SAA 6 96 y de préstamo SAA 6 97 probablemente se refieren también a sekretū, aunque este título no es mencio-nado explícitamente.24 Un cuarto documento procede del palacio noroeste de Kalḫu, y fue encontrado en la habitación ZT 16, que probablemente contenía los archivos de una šakintu. En el texto —datado en 638— la sekretu llamada Mullissu-šarru-uṣri compró una esclava (Parker 1954: 40, véase ND 2314).25 De manera significativa, un año después de ser nombrada sekretu en SAA 6 88 (véase arriba), la misma mujer, Aḫi-ṭalli, compra esclavos por cuatro minas de plata (SAA 6 89). En este último texto, sin embargo, es denominada

šakintu de la Ciudad Central. Su ascenso al puesto de šakintu proporciona otra

perspectiva sobre la posición de las sekretū, en concreto que era un estatus que podía variar.

Finalmente, las inscripciones de las tumbas de las reinas Iabâ y Mullissu-mukannišat-Ninua (Al-Rawi 2008, n.º 1-3) mencionan a las sekretū. La rei-na Mullissu-mukannišat-Ninua prohíbe que cualquier cortesarei-na o reirei-na fuera colocada dentro de su sarcófago. La inscripción de la reina Iabâ es todavía más explícita: nadie podía perturbar su descanso eterno, fuera “la reina que se sienta en el trono o una cortesana querida por el rey”.

Cualquier traducción que se refiera a las sekretū como “mujeres del harén” es completamente errónea. El término “harén” está cargado de significados culturales que no son transferibles al Próximo Oriente Antiguo. En general, se han empleado demasiado una serie de conceptos etnocéntricos, no

sufi-22 Asumiendo que la mina “pesada” se corresponde aproximadamente a un kilogramo (Powell 1990: 515-516).

23 El pasaje en cuestión se encuentra fragmentado y la transliteración se basa en buena medida en una reconstrucción.

24 Véase también Melville 2004: 41 (escribe SAA 7 96 y 97, pero parece claro que se refiere a SAA 6 y no a SAA 7).

25 El texto se encuentra datado por el epónimo de Aššur-gimilli-tere (en el sistema de datación neoasirio, cada año recibía el nombre de un alto funcionario). Véase Svärd 2015: 105-109 sobre las sekretū.

(24)

cientemente explicados, en los estudios sobre las mujeres en Mesopotamia. Por tanto, las críticas se han dirigido, de manera justificada, contra el uso del término “harén” y las suposiciones apriorísticas relacionadas con el Oriente y las mujeres.26 Elna Solvang (2008: 417) ha sugerido que el término “ha-rén” podría ser empleado, pero solamente cuando sea definido con claridad, y cuando se tengan en consideración las evidencias respecto al harén otomano. Sin embargo, incluso cuando el término sea definido con cuidado, considero imprudente su uso, y prefiero simplemente utilizar otras traducciones, como “cortesanas”. Puesto que no hay forma de conocer exactamente qué tipo de vidas tenían las sekretū, el bagaje cultural vinculado al término “harén” se integraría fácilmente en nuestros debates para “rellenar huecos”.

5. c

onclusiones

Debido a la naturaleza de las fuentes del imperio neoasirio, las mujeres de la elite que conocemos son mujeres que estaban vinculadas con la institu-ción de palacio. Cientos de textos dan cuenta de la realidad social en la que vivían. Las reinas eran las actrices más prominentes, y parecen haber sido una categoría en sí misma, incluso entre las mujeres de la elite. En muchos aspectos, sus actos eran similares a los del rey y diferentes de otras mujeres de la elite. Son bien conocidas las mujeres involucradas en la administración real —principalmente las šakintū—. Disfrutaban claramente de una posición de gran autoridad en los palacios, como hacían algunos miembros del personal que trabajaban a sus órdenes. Las funcionarias administrativas se encargaban de actividades similares a las de sus equivalentes varones. En muchos senti-dos, los actos y la realidad social de las mujeres de la elite emulaban las de los hombres de la elite. En general, me da la impresión de que pertenecer a la elite era más relevante, al menos a nivel de la realidad social, que el género. Aunque activas en las esferas económica, administrativa, cultual y política, estas mujeres sin embargo formaban una clara minoría. Sería simplista, no obstante, tomar esto como prueba de la “opresión” de las mujeres. En vez de realizar juicios de valor acerca de los roles de género en Asiria (por ejemplo, con la contraposición entre poderosos y oprimidos), encuentro más fructífero intentar entender los procesos de construcción de género en el seno del impe-rio.

Este capítulo se ha centrado estrictamente en los géneros no literarios, que

26 Para una crítica sobre estos usos véanse Bahrani 2001: 7-27, 161-179, Van de Mieroop 1999: 138-160, Asher-Greve 1997 y Westenholz 1990.

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s. svärd, Las mujeres de la elite en las fuentes neoasirias 427

proporcionan una vívida imagen de la realidad social de las mujeres de la elite neoasiria. He evitado entrar en la espinosa cuestión de cómo los textos que no describen directamente esta realidad social reflejan el papel de las mujeres de palacio. El primer problema que encontramos al emplear la “literatura” como medio de acceder a la realidad social se refiere a la continuidad de la tradición literaria mesopotámica. El usar unas fuentes, que fueron copiadas y editadas durante cientos de años, como guías acerca de las posiciones de las mujeres en una era específica de Mesopotamia, está cebado de complicaciones. Incluso en los raros casos en que sabemos con certeza cuándo fue compuesta una obra literaria, tampoco ésta puede ser tomada como una descripción fiel de la rea-lidad social. Al mismo tiempo, la literatura no se encuentra ajena a la cultura que la ha generado. Mientras que en este punto hay más preguntas que res-puestas, me parece claro que una simple aproximación descriptiva, centrada en la realidad social, no es suficiente si queremos respuestas a preguntas más complicadas, por ejemplo sobre cómo se construyó el género en el imperio neoasirio. Un estudio centrado en la realidad social debería ser complementa-do por trabajos acerca de las representaciones de la masculinidad y feminidad y los procesos de construcción de géneros masculinos y femeninos en la so-ciedad neoasiria.

6. B

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Los editores del presente volumen agradecen a Routledge su permiso para traducir e incluir en la compilación este artículo, publicado originalmente en inglés como:

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