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Cuentos didácticos de Física

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Cuentos didácticos de Física

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El autor:

Hernán Gonzalo Verdugo Fabiani (chileno, 1955), Profesor de Matemática y Física, residente de la ciudad de Limache en la Región de Valparaíso, preocupado por la enseñanza de la física ha creado una serie de cuentos didácticos acerca de sus principios y leyes; constituyéndose estos en nuestro país en el primer libro de cuentos de este tipo. Hernán, además, es un gestor de diferentes asociaciones científicas y participante activo en los eventos relacionadas con el mundo de las ciencias. Sin duda, se puede destacar su interés y esfuerzo sistemático por la divulgación de la ciencia a los largo de su carrera.

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Propiedad Intelectual, Registro: N°132238 Fecha 25 de abril de 2003

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P Peeqquueeññaa ccoolleecccciióónn ddee ccuueennttooss,, 1155 eenn ttoottaall,, ccoonn l looss qquuee ssee rreeccrreeaann ccoonncceeppttooss bbáássiiccooss ddee llaa f fííssiiccaa,, eenn eell áárreeaa ddee llaa mmeeccáánniiccaa.. L Looss ccuueennttooss ssuurrggeenn ccoonn llaa mmoottiivvaacciióónn ddee c coollaabboorraarr ccoonn eell aapprreennddiizzaajjee ddee llaa ffííssiiccaa ddee m maanneerraa aammeennaa yy llúúddiiccaa.. L Looss ccuueennttooss eessttáánn ddeessttiinnaaddooss ppaarraa qquuee aappooyyeenn l laa ttaarreeaa ffoorrmmaattiivvaa ddee llooss nniiññooss yy nniiññaass,, eessttáánn s suuggeerriiddooss ppaarraa uunnaa eeddaadd mmíínniimmaa ddee 1122 aaññooss.. SSuu u ussoo ccoonn mmeennoorreess ddeeppeennddeerráá ddee llaass eessttrraatteeggiiaass d diiddááccttiiccaass qquuee uussee llaa ppeerrssoonnaa qquuee llooss a addmmiinniissttrree.. E Essppeerroo qquuee ssiirrvvaann ppaarraa qquuee nniiññooss yy nniiññaass ssee m moottiivveenn ppoorr eell ccuullttiivvoo ddee llaass cciieenncciiaass nnaattuurraalleess..

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Dibujos: Francisco Álvarez Flores

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Dedico este libro a mis hijos Daniela y Gonzalo que, sin ser gemelos, a veces son como los gemelos Acción y Reacción.

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Prreeffaacciioo

Los cuentos contenidos en el presente libro constituyen un aporte para la divulgación y enseñanza de la física.

En quince cuentos, el autor, nos relata diversas historias acerca de las peripecias y hazañas de entretenidos personajes que recrean las leyes y los principios de la física.

En ellos, personajes como la elegante Reina Masa, el testarudo señor Peso, el elocuente señor Gravitón, los inquietos y juguetones gemelos Acción y Reacción, la gran atleta Inercia, entre otros, nos dan a conocer su importancia y rol en la naturaleza.

La creación de estos cuentos ha sido posible fruto de la interacción entre algunas profesoras y profesores de enseñanza básica y Hernán, en el espacio de conversación virtual de Internet, ellos en el marco de las reflexiones y precisiones sobre problemas de física llevaron a Hernán, a exponer y esclarecer dudas a través de cuentos.

Cuentos que con el tiempo adquirieron significación y sentido.

María Teresa Santander Gana Universidad de Santiago de Chile

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L Luunnaa ... 9 L Laa RReeiinnaa MMaassaa yy eell SSeeññoorr PPeesso ... 13 o F Fuueerrzzaass ddee rroocce ... 20 e A Acccciióónn yy RReeaacccciióónn ... 27 G Grraavveeddaadd ... 34 I Inneerrcciia ... 41 a E Ell rreeiinnoo ddee llaa RReeiinnaa MMaassaa ... 50 C Caammiinnaar ... 60 r C Coommuunniiddaadd FFoorrttiiffiiccaadda ... 72 a E Ell SSeeññoorr PPeesso ... 82 o E Effeeccttooss ddee llaass FFuueerrzzaass ... 93 F Fuueerrzzaa EEmmppuujjee ... 104 U Unnaa mmaassaa mmoolleessttaa ccoonn eell SSeeññoorr RRooccee ... 115 E Ell ddííaa eenn qquuee eell rreeiinnoo ddee llaa RReeiinnaa MMaassaa c caassii ssee ddiivviidde ... 128 e E Ell pprriimmeerr ddííaa ddeell rreeiinnoo ... 145

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abía una vez un famoso vec tor, aburrido porque no se le co nsider aba el sentido decidi ó viajar a la Luna, para ver si ahí, en es e lug ar, s i ha bían seres que lo co nsider aran e n plen it ud. Y se encontró con unos enan itos verdes, fo rtachon es y simp áticos , que le hicieron mi les de preg untas ac erca

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de cómo era q ue en la Ti erra h abía seres que n o le enco ntrara n sentid o al sentido, s iendo qu e es tan i mport ante ya que si así fu era no se sab ría h acia dónde l a Tie rra a trae a la Luna o h acia dónde la Luna a trae a la Ti erra.

Los enani tos ver des le dijero n al vector: "no te of endas, p ero aqu í tamb ién h ay sere s que se parecen a ti,

pero noso tr os los ll ama mos

si mple men te "f lechas", así n adi e se conf unde".

El v ector s e miró a sí mismo y se quedó pensan do un rato y ¡claro! , dice el vector , si to da la c onfusi ón nac e de una tontera , yo nací pa ra deleit a r la matemátic a (un p lato de comida muy rico qu e se sir ve e n la Tier ra) y bu eno llegaron un os que se de cían físi c os y me empez aron a util izar y a u sar. Ahí fue cuando alg unos, que n o eran físicos, no com prendie ron mi naturalez a y no m e ent endier on y me quitaron parte de mi razón de ser.

Sin emba rgo, h e vist o que hast a el terrícola más simpl e, me uti liza

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siquiera me conoce , ni sabe de mi existenci a. Pe rmanez co ocu lto para miles y miles de perso nas, gran des, más grandes, ch icos y más chico s, sin embargo, me usa n y abu san. Mira enanito ver de, por ej emplo: a un niño terrícola lo en vía su mamá terrí co la a comprar un cré dula ( algo n uevo, que recién aparec ió en el mercado) y le dice: ándate en la dire cción del vi ento y cuando lleg ues a la e squina tom a el sentido de la a urora bo real pue s ahí está lo que te p ido, y el ni ño ente ndió muy bien el men saje y no se perdió . Yo, como soy un vecto r, me pon g o a reflexion ar y dig o: si no hubier a un sentido ¿habrí a lleg ado e l niñ o a buscar lo que s u mamá le pi dió?

Ves, hasta u n niño pue de usarm e con facilidad , no sé por qué ahora, algu nos terrícola s gran des me quiere n igno rar, esto me entristec e y ya no sé que hacer.

El enan ito v erde le di jo: “ no te ape nes, ver ás c o mo aquí e n l a Lun a te v amos a

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muy entu siasma do, s e que dó a vivi r en la Luna

Y no pasar on más d e dos ec lipses y ta ta ta tan .

Las campana s doblar on, el vect o r se prendó d e la Luna y ac eptó v ivir con ella para el res to de s us días o par a la eternidad , lo que l legue primer o, y así el vecto r y l a Luna fuero n fel ices para siempre.

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abía una vez una M asa que, creyéndos e Rein a, anda ba por casi todas partes de l mundo para que t odos la conocie ran y sup ieran lo i mport ante

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que era. No existí a ter ritori o alg uno que no su piera d e su ex isten cia. Est aba en todas parte s.

Por ento nces, en una aldea cerc ana, surgió sin explic ación algu na un señor que se hiz o pront amente conoci d o y llegó a oíd os de tod a la gen te por to das partes de la Tierra. Se hiz o llama r el Señor P eso. Fue t anta su po pulari dad que la gente lo empezó a usar para muchas co sas de su vi da cot idiana . Las perso nas cu ando ib an a l a feri a le decían a l ven dedor que le pe sara n la fruta y la verdur a. Cuan do iba n al médico, la en fermer a lo primer o que hacía er a pes arlos. Cuan do ju gaba n en el parque de en treten ciones e l que pesaba más ganab a en el juego del balancín.

El Señor Peso pr onto s e hizo más popular qu e la famos a Masa y no f altó quien con certó u n encue ntro e ntre ellos y toda la gente se dispus o a verlos y a escuch arlos, tal era la f ama de ellos que n o hub o rein o en la Ti erra que no estu viera a tento a este

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La Masa, cuand o vio llegar al S eñor Peso no se movió de su l ugar esperando qu e el recién lleg ado se acercara a rend irle hono res. Por ci erto que el Señor Pes o hizo caso om is o de tal situación y se coloc ó pront o a disposici ón de l mod erador , el famo so y prestigia do ani mador Gravit ón.

Gravitón les p idió que s e iden tific aran y dieran a conocer su s cualidad es más atractiva s que tenían .

Ent onces el Señ or Pes o dijo: Yo e stoy en todas partes de la Tierra , la g ente me usa para muc has cosas y, me cambio de ro paje cuand o qu iero , la gente me valora de di versas forma s, a veces soy más gran de otras vec es más pequeño. N o hay cos a en la Ti erra donde y o no esté . Yo siem pre miro hacia ab ajo, nunca miro hacia el l ado ni hacia arriba , ¡no! , la ge nte y las cosas se ha n dado cu enta qu e no necesito m irar hac ia arrib a pues n adie más hay.

Le llegó el turno a la Masa y d ijo, muy pausadame nte: Miren todos , yo sí que estoy en todas partes , no s olo e n la

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Tie rra, yo e xisto en t odas partes y más aún, no me ando cambia ndo de vestuario , la g ente q ue me conoce en un lugar siemp re me verá de la mi sma forma, nun ca sufri rá un des engaño , yo jamás los defra udo. No impor ta que vaya al p olo o a l ecua dor, si go sie ndo la misma. Con la h umilda d que m e da el saber que soy la Rein a de tod a la naturalez a no nece sito an dar mira ndo para aba jo, y o miro de f rente de costado, para arrib a, par a aba jo, para todas par tes mi ro yo.

El S eñor Pe so, vie ndo que l a gente que estaba present e en el encue ntro empezó a apl audir más a l a Mas a, sacó de entre su rop aje su bast ón de mando, qu e pare cía un a flec ha, y por más que que ría l evanta rlo no po día , no dejaba de señala r el centro de la Tie rra.

La Masa, no po día con tenerse d e la risa y siguió: El Se ñor Peso dic e qu e es important e y popula r, má s bien lo que sucede e s que la g ente no se ha d ado cuenta d e lo enfer mizo q ue es , se ha hecho cono cido po r ser un se r de

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en esta ciudad se ve de una forma, pero en ot ra ciud ad del s ur o en otra del norte, cambia d e perso nalida d y se muestra de o tra f orma. No como yo, insisto, me mu estro en t odas p arte s de la misma form a. Y vier an usted e s lo que le s ucede cuand o viaj a a otro planeta o a nuest ra amad a Luna , su forma s e va empe queñec iendo e incluso desa parece a cier ta distan cia, solo cuan do va a l legar a otro l ugar nuevament e adq uiere una fo rma visible. Parece que p or sí s olo n o se puede prese ntar, par ece que su fo rma depende d el lug ar don de se encuen t re. Ya, a es tas al turas, el S eñor Peso estaba solo escuc hando a l a M asa, igual c omo l a gen te q ue h abía concurrid o a es te esp erado encuen t ro. El Se ñor Peso, co ntinuó la Ma sa, no puede c aminar sol o y mira r al fre nte, quizás no se ha dado cu enta pero donde él va me encuentr a a mí y por más que se sacud e no p uede deshacers e de mí, le soy indispens able. No se de jen enga ña r, a veces él les pide que le llam en por un seudónimo , el kilog ramo, per o ¿no

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saben que ese es mi ap ellido ? y ¿qué este que s e hace l lamar Señor m e lo quiere qu itar?

El Señor Peso quiso pronun ciar u nas palabras y só lo alcanz ó a decir: “y a ves Masa, que todo el mu ndo me cono ce y me usa más que a ti... ”. Mas a lo interrump ió: “cla ro, per o tú has us ado publicida d engaño sa, ya es hor a qu e la gente se d e cuent a que e n reali dad cuando t e men cionan , se refier en a mí y no a ti ”.

La Masa, d irigié ndose a todos los espectado res: señ ores y señ ores, ni ñas y niños del mundo, sepa n ust edes que yo soy qu ien es tá en todas l as co sas, independi ente d el luga r en qu e me encuentre , que cuand o van a la fer ia y piden que les pe sen la frut a, en realidad e stán pi diendo que les den cierta masa de v erdura . No confun dan mi apelli do, el mío es “kilo gramo” , el del Seño r Peso es “ Newton ”. No se dejen eng añar c on pal abras bonit as y sonantes, la ve rdad l a teng o yo.

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fueron ba stante s, per o tod avía quedaron u nos cuan tos seg uidore s del Señor Pes o.

Al otro día, en tit ulares de t od a la prensa, escri ta, radial , televis iva, números extra s de casi todas las revistes, e n fin, tod os los medi os de comunicac ión, d ecían: “La M asa e s la Reina de la N atural eza: La Masa dominó mej or la situ ación y p udo demostrar que est á en tod as part es y no engañ a a n adie, que e n tod as pa rtes es la misma, sin emba rgo el S eñor Peso tuvo q ue reco nocer qu e su existenci a dependí a de la misma Masa y de estar o no en u n Planet a o una estrella o un s atélit e”.

A partir del bulla do encuent ro es que la Masa es rec onocid a como la R eina de la naturale za y el Señor Pe s o, a petición expres a de l a Rein a, si guió llamándos e así.

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sta es la his toria del ti empo, que empieza cua ndo la famil ia de las fuerzas de r oce n o exi stía. Incl uso, dicen, que la p rincesa G raveda d aún

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Hace tie mpo. Mejor dich o: ha ce mu cho tiempo, c uando el rel oj aún no marcaba el tie mpo había n solo Est rellas y, en tre el las, el Señor Sol . Las estre llas va gaban l ibreme nte p or el espacio sin fin, nada ni n adie las detenía e n su apa rentem ente l ento avanzar, todas s e iban a lug ares reservado s por la Sa bia Na tural eza. Nada obsta culiza ba el cam ino de e stas habitante s qu e inu ndaban lo finit o y lo infinito, lo ex tendib le y lo inext ensi ble. No había contac to entre ella s, las estrellas , de tal form a qu e si n m ayor esfuerzo pe rseguí an un des tino preestabl ecido, t ampoco h abía air e que las obligara a tomar fo rmas extra ñas para desp lazars e.

Las est rellas vagab an p or un extr año fluido que no era f luido: e l espa cio. Eso , el espac io qu e no ha si do, aún, conquista da p or l a Rei na M asa. En este esp acio las e strella s va gan, alumbránd ose p or sí solas el ca mino por andar .

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Pero, s ucedió lo que n adie esper aba, algo impr evisto .

El Seño r So l ve ía q ue el tie mpo transcurr ía y si endo a legre y diná mico estaba a burrid o de estar solita rio, veía con pesa r el h echo d e que los integrant es de su familia se esta ban alejando entre sí. Y d ecidió un día desprende rse de pa rte d e su cue rpo. Lo hizo y lo di spersó en su entor no y así nació l a famili a de los P laneta s. Y para qu e no tuvie ran s u pr opia experienc ia, a los Plan etas que estaban más al ejados l es dio acompañan tes q ue no les hi ciera n la vida tan trist e. Así nacie ron las Lu nas. Y para jugue tear, de v ez en cua ndo, dispersó pequ eñas part es de su cuerpo creando los Come tas y los Asteroi des. Así fue que nació s u propi a fam ilia, que hoy los homb res le llam an el Sistema S olar.

Pasó el t iempo y una ve z, en la Tie rra, tercero de lo s Planeta s en su cerc anía al Señor Sol, se p rodujo un a avalan cha y las piedras y rocas empez aro n a rodar y nada n i nad ie las dete nía,

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perderse en l as aguas qu e adorna ban su superf icie.

Una de las rocas que roda ba go lpe ó un árbol y este salió despre ndido en lí nea recta e igua l que las estr ellas adq uirió un movimient o de alejamie nto y se fue perdiendo hac ia lo fini to e infi nito del espacio. Y así , much as ot ras r ocas golpearon otros árbo les qu e tam bién tuvieron la mis ma sue rte.

Y así fue qu e la Tie rra se fu e queda ndo sin habit antes.

La Tie rra pensó así mism a: “si esto sigue su cediend o tod o se v a per der, taparé el océano de pie dras y los árboles se m e esc aparán , ¡al go te ngo que hacer !”.

Fue dond e su padre, el S eñor Sol y le contó su dra ma, per o el Seño r Sol nada le pudo rec omenda r ya que no entendía lo que la Tierr a le estaba contando.

Por cons ejos d e su Padre, la Ti erra fue donde la Sabia Nat uralez a y ésta, después de e scucha rlo, le dijo:

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“querida Ti erra, yo te so lucion ar é el problema, vuelve a tu l ugar, n ada temas, pronto verá s que tod o ob jeto que quie ra mo verse del l ugar que ocupa en tu superfic ie será reconveni do y llama do a no alej arse demasiado ”.

Y así fu e que la Sa bia Na turale za le dio a la Tie rra una extr aña famil ia qu e la habría de aco mpañar pa ra siempr e : la familia d e las Fuerza s de R oce.

A partir de entonc es, los c uerpos que querían mo verse e n la Tier ra, te nían que hacer u n esfue rzo par a inicia r el movimient o, era la F uerza de Roce Est ática la que imped ía que se empezaran a mover , no se sab e a ciencia cierta que s i la Estátic a er a la mayor de las h ermana s Fuerz as de Roce.

Tam bién oc urrió q ue los c uerpos que ya estaba n en mo vimien to en l a Tie rra, tenían q ue hac er un esfu erzo permanent e para no per der el movimient o, era la F uerza de Roce Cinética l a que ll amaba a l os cue rpos

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ésta, la Cin ética, e ra la herm ana menor de las Fu erzas de Roc e.

Y los cuerpo s a los que s e le ocu rría tener p arte de s u ser en conta cto con el aire, hal o miste rioso qu e rodeab a la Tie rra, tam bién ten ían que hac er un esfuerzo p ara no d etener se, y era muy curioso, mi entras má s rápido i ban, más esfuerzo de bían hace r. Era la Fuerza de Roce c on el A ire la que quería im pedir q ue los cuerpo s se movieran.

Y así f ue qu e los habit antes tuvi eron que aprender a convi vir, día a día, noche a noc he, con l as herma nas Fuerza de Roce.

Los habi tantes de la Ti erra, no encontrar on for ma al guna d e eng añar a las Fu erzas de Ro ce, s iempre se hicieron p resente s, nunc a dejaro n que un cuer po de la Tierr a se mov iera librement e como las e strella s.

Y así fue que los habitan tes d e la Tie rra tuvi eron que r econoc er a la Sabia Natura leza como la más gra nde entre todas las gran des. Por fi n la

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Tie rra y sus habit antes no se iba n a alejar y pe rderse en algún lu gar, estarían siem pre c ercas entr e sí, y los obligaría a t ener que vi vir c omo familia. Y así s e crea ron la s fami lias de habita ntes d e la Ti erra.

Y, entr e las fami lias, estab a la fa milia de los Ho mbres.

Y los Hom bres d ijeron : “grac ias S abia Naturalez a, por ser t an sabi a”.

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ace alg ún tiempo , en un lugar no muy esc ondido suce dió q ue l a se ñora Fuerza c ontraj o matr imonio con uno de los here deros de l trono del rein o de

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los reino s, cuyo nombre no revelarem os por ahora .

El m atrimo nio se fu e a vivir e n el universo que ab arca to do lo c onoci do y también l o desc onocid o.

Como regal o, los p adres de l here dero le dieron a la señora Fu erza y su esposo un via je de luna de mi el a uno de los lugares má s hermos os del universo: el Si stema Solar o tam bién llamado e l “jar dín de l unive rso”.

De entre to dos los lugares del ja rdín del unive rso, s e qued ó a vi vir e n la casa más hermos a de t odas: la Tier ra. Desde la Ti erra l a señor a Fuerz a su puso a c ultiva r su jardín : las estre llas y los pla netas.

No pasó mucho tiemp o y l a se ñora Tie rra em pezó a tener hijos e hija s. Ent re los hijo s e hijas que tu v o la señora Ti erra estab an: G raveda d, P eso, Roce, y l os gem elos A cción y Reacc i ón.

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Cada uno de los hijos e hijas se preocupó, junto a su madre Fuerza , de cuidar el u nivers o y todos sus habitante s. Su esposo , el he reder o al reino de lo s reinos , gracia s al afortunad o casamie nto con la se ñora Fuerza au mentó sus responsab ilidad es. Y como señal de gratitud dejó en manos de su s eñor a la administr ación y c uidado del movimient o de todo s er que habit aba en el uni verso.

Cada hij o tení a su p artic ular personali dad. Pe ro es dig no dest acar que como bue nos geme los, Acc ió n y Reacción s e parec ían en to do, eran del mismo tama ño, del m ismo c olor, vestían la mism a ropa, en fin , eran iguales.

En un princi pio l os hi jos Acció n y Reacción e ran muy unidos y alegr es y andaban siempre junto s. Ha cían jugarreta s a to do el mundo.

Cierta v ez, u n dí a que anda ban jugando po r el patio de la cas a , la Tie rra, A cción g olpeó u na par e d y

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Reacción le devolvi ó el golp e a la p ared y así a l a pare d nada le su cedió.

Otra vez, Acción quiso c hutear una pelota y Reacción dev olvió el chute a la pelota y así la pelot a no se movió .

Acción y Reacció n con sus jugarr etas empezaron a c rear proble mas s erio s en la famil ia de Fuerz a y e l here dero del reino de los re inos.

Un día la señora Fuerza le pidi ó a Acción que le abrier a la puerta y vino Reacción y la cerró . Y cada vez que Acción que ría abri r la puer ta Reac ción se la cer raba.

La señora Fuerza se moles tó much o de sus hijos gemel os Acción y Reac ci ón y decidió repr enderl os y enseña rle s a modificar su co nducta .

Les dij o: “q uerido s hij os, ya e stán trayendo mucha s dif iculta des a mi enorme t area de ma ntener en orde n el universo, de ahor a en ade lante ya no podrán tocar al mismo c uerpo o cosa a la vez. Ade más, par a que pue dan

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las cosa s. Y, para finali zar, si Ac ción toca a Reacción, Re acción toc ará, d e la misma for ma, a Acción .”

Dicho y h echo.

Un día, A cción se per sonifi có en una niña y Reacció n en un niño. La niña empujó a l niño , y e l niño , debi do a que Reacción es taba en él, emp ujó a la niña.

La seño ra Fu erza vio l o qu e est aba sucediend o con Acción y Reac ció n y pensó que ya ha bía creci do lo suficient e y de cidió l lamarl os Fu erza de Acción y Fue rza de Reacc ión.

Y así fueron vivien do Fuerza de Ac ción y Reacció n.

Ante los ojos de todo s eran igua les, tenían el mismo tama ño, pero sie mpre actuaban sobre cuer pos di feren tes, actuaban en una misma línea pero siempre e n sent idos c ontrar ios.

Otro día, A cción s e perso nificó e n la Tie rra y Reacc ión e n la L una. La Ti erra atrajo a la Lun a y Luna, po r Reacc ión, atrajo a la Ti erra. Desd e ento nces que

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la Ti erra y la Lun a se atrae n co n la misma fue rza.

Y, bueno, así fue pa sando el ti em po y ocurría que cada vez q ue F uerza de Acción actu aba, tam bién lo h acía Fuerza de Reacc ión.

La señora Fue rza vien do que Fuer z a de Acción y Fuerz a de Reacci ón se comportab an digna mente y qu e ya no entorpecí an su tarea de ad minis trar los movimie ntos del un iverso u n día los mandó a reco rrer e l unive rso, para que cono cieran los a mplios y va stos paisajes qu e eran de do minio de e l la y del hered ero de l rein o de l os rein os . Fuerza de Acc ión y Fuerz a de Reac ción fueron por el un iverso y, jugan do c omo ya habían aprend ido a hacerlo, di eron más armo nía a ún a esa gran casa que cobija to do lo existe nte.

Al cabo de cie rto ti empo Fuerza de Acción y Fuerza de Reacc ión volvi eron a la Tie rra y sigui eron s us ap acibl es y dichosas vidas.

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Desde entonce s es que Fuerza de Acción y Fu erza de Reacció n so n p arte de todas nuest ras acci ones. Sig uen siendo ins eparab les. Sol o se les p uede diferenci ar viendo que si Fue rza de Acción va en un sen tido, Fue rza de Reacción va en el ot ro. Y , com o lo dispuso Fuerza, la h ermosa madr e de ellos, s iempre actú an cad a uno en uno de los cu erpos que es tán en acció n.

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hecho co nocido por invent ar c osas inútiles. Le ll amaban el s eñor Deschavet ado.

Un día, v iendo que la lluvia inund aba su entor no y que no te nía c ómo impedirlo in ventó un dis positi vo que hacía que las got as de lluvi a en ve z de caer haci a abaj o caía n haci a arrib a . Los demás ho mbres e studiar o n y analizaro n el nuevo inve nto d el s eñor Deschavet ado y v ieron q ue con ese dispositi vo los avio nes se podí an el evar más rápid o y si n difi cultad.

Con el mismo disp ositiv o, los homb res, hicieron volar vacas y elef antes.

Lo usaron con ello s mismos y empezaron a viaja r de un lado a otro sin nece sidad de us ar el auto móvil , ni los trenes, n i los avio nes. Muc has empresas de t ranspo rte s e fuer on a la quiebra con el in vento del s eñor Deschavet ado.

Algunos hombre s us aron exagerada mente el dis positiv o y viajaron a la L una, otr os se

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equivocar on de rumb o y se perdi eron en el esp acio.

Un día un afam ado hom bre, fa moso por sus acrobac ias en paraca ídas f ue a hacer u na d e sus gra cias, pero se dio cuenta que no pudo pract icar el paracaidi smo. Las alas delta se elevaban y s e perdí an sin re tornar , los futbolist as no p odían patear la pe lota sin que s aliera de lo s esta dios.

Un señor que se hacía lla mar Gravi tón, y que t ambién era un co nocido loc utor de radio y televisi ón, encon tró qu e el nuevo inve nto del s eñor Des chavet ado era inc ompren dido y ha cía que l a g ente se conf undiera y tambié n se perd iera en el espac io. Lla mó a tod a la población y les in vitó a un concu rso, aquel qu e enco ntrara un di sposi tivo que anular a el dis positiv o del s eñor Deschavet ado ser ía prem iado co n la mano de s u hija , la h ermosa Grave dad. Y pasaba el t iempo y la gente no p odía ya levan tar un pié sobre la Ti erra p ues terminaba elevá ndose en el aire.

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Los que m ás se alegra ron de l inv ento del señor Des chavet ado fuero n los dueños de la ún ica em presa que vendía mo tores para b ajar.

Otros q ue g anaron con el ya discu tido invento f ueron l os fabr icante s de cordeles, pues la g ente t enía que amarrar todas las c osas p ara q ue n o se les arran caran hacia arriba .

Los inve ntores de m otores para baj ar y cuerdas para amarr ar l as co sas que suben reclam aban la man o de la hija de Gravi tón, pero el de cía: ¡no señores!, el inv ento de be ser tal qu e la gente y las c osas se c omporte n en forma natural , como siempre so lían hacerlo. A demás u stedes i nvent aron esas co sas para ganar din ero, pensaron solo en como llenar sus bolsillos y no en cómo hac er feliz a la gente.

Y fue ent onces que ap areció un s eñor que se ha cía ll amar L eydela .

Leydela ideó un di sposit ivo q ue h acía que todo cuerp o que tuvier a mas a se atrajera entre sí.

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Primero l o aplic ó con u na manz ana que había en un árbol . Convo có a t oda la gente y a todo s los medi os de difusión para que v ieran el u so d e lo que había idead o.

Ent onces, tom ó una tije ra, cort ó la ramita que sosten ía l a ma nzana y, ¡OH sorpresa! , la manza na ca yó pa ra a bajo y no para arrib a como ya se h abía hecho nor mal.

El pode r de los inven tores de los motores para b ajar y de las cuer das para amarrar era tan gra nde que lograron de tener la ap licació n del invento d el seño r Leyde la dur ante mucho tie mpo.

Pero, poc o a p oco la gente se empobrecí a y ya no pod ía com prar motores p ara baj ar y cu erdas para amarrar. Y n uevame nte empe z ó a perderse gente que se iba al espac io y otras cosas que seguí an el mismo camino. Muc has espec ies anim ales empezaron a ext inguir se.

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Y no sabemos si fue al c omienz o o al final de los tie mpos c uando por fi n la gente s e dio cue nta de qu e el inv ento del señor Descha vetado no resu ltó ser todo lo b ueno qu e al c omienzo se creyó.

La gente prote stó, hací an reuni on es y sacaban d eclara ciones . La ge nte y a no resistía más.

Las autorid ades vie ndo que po dían perder la co nfianz a de l pu eblo convocaro n a l os leg islado res a que estudiara n la s ituaci ón.

Al cabo de cierto tiempo apar eci ó la llamada Le y de la Antigr avedad . En ella se impe día e l uso de cualq uier dispositi vo que hi ciera e levarse las cosas sin uso d e moto r o al as.

Ent onces Leyde la fu e con vocado po r la autoridad y a pet ición de e lla a plic ó el dispositi vo, p or él diseñ ado, a tod o el mundo.

La gente al fin pudo salt ar sin perderse en el c ielo, las vacas dej aron

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de volar y la ll uvia vol vió a moj a r la Tie rra.

Gravitón ll amó a Leyd ela y le ent regó la mano de Gra vedad en una her mosa ceremonia . Desde entonc es Leyde l a y Gravedad empez aron a ser conoc idos como Ley de la Gravedad. Y la humanidad volvi ó a se r feli z.

Los inven tores del mo tor pa ra ba jar, rediseñar on el apa rato y lo r ehici eron como moto res pa ra sub ir. D esde entonces se han hecho más r icos a ún. Ahora, el ho mbre no puede vivir s i no es por la bue na acció n de la pa reja llamada L ey de la Gra vedad.

Ley de la Graved ad se hizo ta n y tan famosa en t odo el u niverso , que a hora se le conoce como la Gr avita ción Universal .

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o dos cre en que l as prim eras Olimpiada s se realiz aron en Gr ecia hace mu chos años atrás , y que de allí surgiría la prim era Marató n. Pero nadie sabe que en real idad la hist oria es otra.

Mucho tiempo an tes de la supu esta primera Olim piada, se rea lizó la verdadera pri mera Olimpi ada. Se realizó en los ca mpos del Jar dín d e lo

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Inf inito y lo Fini to, en terren os del Sistema S olar.

Los particip antes más de staca dos, según se recue rda en los an ales histórico s de la e ternid ad, fu eron : el Roce Cinét ico, q ue part icipó e n el juego de bo chas; la Fuerza d e Reac ción que parti cipó e n el p rimer p artid o de tenis q ue se ten ga re cuerdo y jug ó la final c on s u af amado rival , su ge melo Fuerza de Ac ción; la F uerza de Roce con el Aire, que c ompitió en el tor neo de elevaci ón de c ometas ; la Fu erza Imp ulsiva , que pa rticip ó en el s alto alto y después en el sal to con garrocha. En fin, fuer on mucho s los atletas que dier on realce a esa Olimpiada que se re alizó en lo s ca mpos del Jardí n de l o Infi nito y lo Fin ito. Pero, lo que más se recue rda, y por cierto que me rece la pen a, es la carrera eter na en el escal afón femenino, en d onde compit ieron las atletas: Velo cidad, Ac elerada , Rápi da e Ine rcia.

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Tod as las atletas se ubic aron en uno de los pl anetas exteri ores d el Sist ema Solar.

El árb itro de la compe tencia , la Reina Masa, dio la p artida y las atl etas partieron como era su costu mbre:

Velocidad , part ió con un eno rme ri tmo inicial con l a int ención de m anten erla durante t oda la carre ra.

Acelerada , pa rtió del reposo y fue aumentand o su ritmo a medida que avanzaba en la compet encia.

Rápida, par tió con un ri tmo pare cido al de Vel ocidad .

Ine rcia, s in emba rgo, pa rtió co n un lento rit mo ini cial.

Salieron del p laneta y com o éste no tenía atmó sfera, t anto Vel ocidad c omo Rapidez f ueron dismin uyendo su ri tmo debido a que la at racció n grav itaci onal del planeta lo s atraía. A celera da, en cambio, fue a umentan do pr ontam ente su ritm o de ava nce y pro nto dio alcance a V elocid ad y Rap idez. Iner cia,

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que se habí a dado u n ritmo s ufici ente para no ser afecta da por la atrac ción gravitaci onal, avanz aba le ntame nte, pero avanzab a, aunque al poco a ndar sus comp etidor as la había n dej ado bastante atrás.

Ya cuan do e staban en el espa cio, Velocidad al canzó a salir co n un ritmo todavía grande del plane ta que fu e el punto de p artida , y se en caminó con ese ritmo ha cia el pun to final d e la competenc ia. Rá pida, igual que Velocidad alc anzó a s alir con un b uen ritmo de l pla neta y ya fuera de él, siguió con el mism o ritmo e n la búsqueda de la me ta. Ac elerad a en cambio, ya ib a en terce r lug ar, pero muy cerca de Velo cidad y Rápi da que iban más adelant e, pero iba aumentand o su ritmo . Inercia , sin embargo, ib a lentame nte ya bast ante atrás, pe ro no perdía el rit mo.

Y así siguieron la com petenc ia. La partida de es ta car rera se da ba in icio con el inici o de la Olim piada, p o r lo tanto mien tras se desarro llaba, los demás atl etas pa rticipa ban en las

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Cuando las corre doras ha bían recorrido ya la mitad de la carr era, Fuerza de Acción estaba ganan d o a Fuerza de Reac ción en el part ido de tenis. Ro ce Cin ético seguía hacie ndo puntos en las Bo chas, C aída L ibre seguía sa ltando en par acaída s, Fu erza Imp ulsiva domi naba ampliam ente los saltos al tos y l os sal tos en garro cha. En fin, to do tran scurrí a con gran entusiasm o y al egría.

Ya cuand o est aban l as at letas por llegar a la Tierra, empez aron nuevament e la s dif iculta des para algunas d e las atleta s, espe cialm ente para Velo cidad, Rápid a y Ac elerad a . Acelerada y a iba prim era y al ent r ar a la atmós fera empezó a c alent arse enormemen te, debid o a ello debió disminuir su ritmo para no quema rse. Est aba e n eso, cuan do Ve locida d y Rapidez, que ve nían junt as, la sobrepasa ron, éstas, debi do a la atracción gr avitac ional de la Ti erra pronto fu eron a umenta ndo su s rit mos. Ine rcia, tardo un poco m ás, pero

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también lleg ó a la entrada de la atmósfera terre stre.

Y, la carre ra no te rminaba llegan do a la super ficie de la Tierr a, te nían que, además, dar una v uelta comp leta hasta arribar al est adio olímp ico del Jardín de lo In finito y lo F inito.

Como era de esperar se, lleg aron primero, y j untas, a la supe rficie d e la Tie rra, las at letas Veloc idad y Ráp ida, luego ll egó Ac elerad a y p or últ imo Ine rcia.

Por entonc es, Roc e Cinéti co y Fu erza de Roce co n el Air e ya ha bían terminado sus re spect ivas competenc ias y, claro e stá, las ha bían ganado y ya lucía n sus herm osas medallas en el pecho.

Roce Cinétic o y Fuerza de Roc e co n el Aire, inmedi atamen te supiero n que las atletas de la espec tacula r carr era, que daría tér mino a las Ol impia das, estaban lleg ando a la Tierr a y fuer on a impedirle s todo movi miento ya q ue esa era su mi sión e n la e xisten cia ete rn a.

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Velocidad tomó una lí nea rec ta, s obre la superfi cie de la Ti erra, q ue la llevaría a la meta, y lo hizo con gran ritmo. Rápid a tomó un camino sin uoso que rodeab a montañ as, cerr os y val les, más bien prefe ría corre r por las planicies . Aceler ada, tom ó cualq uier camino. In ercia, s e dejó l levar po r el ritmo en que vení a y siguió los p asos de Veloci dad, e s deci r, en l ínea r ect a. La Fuerza de Roce con el Aire inmediata mente s e enfren tó a Velocidad y cada v ez le h acía disminuir el ritmo de su com peten cia, pero Vel ocidad decí a: no impor ta l levo ya bastant e ventaj a a Inerc ia y Acelerada y Rápida serían “ ataca das” por el Roce Cin ético, y a que ella s n o se despegan de l a supe rficie de l a Ti erra como lo h ago yo .

Cierto, Ace lerada y Rá pida fu eron prontamen te imp edidas de av anzar con el mismo ritmo que traían debi do a que Roce Ciné tico l es imp edía su corre r . Ine rcia, sin e mbargo , segu ía últ ima pero nada le afe ctaba, parec e que Roce Cinético y F uerza de Roce con el Aire

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no se hab ían da do cue nta qu e tam bién estaba co mpitie ndo.

Más pron to de lo que se p ensab a el ritmo d e Rá pida, que junto a Aceler ada hacían el c amino má s largo, fue disminuye ndo y dism inuye ndo. Acelerada ta mbién dis minuía su ri tmo y ya no p odía aument ar m ucho su ritmo, notaba que Fue rza de Roce con el Aire, l e afect aba más cuanto más ritmo le imponí a a su andar. Iner cia, seguía últim a pero ya más ce rca de sus compe tidora s.

Y faltaban un os cuant os metros para llegar al final y se ve ían ent rando a la recta, primera iba Velo cidad, segu nda iba Aceler ada, te rcera i ba Rápi d a y última ib a Iner cia.

Y era tanto el empeñ o de Roce Ciné tico y Fuerza d e Roce c on el A ire, qu e al final logr aron que Rápida n o avan zara más cuando sol o le faltaba n unos 10 metros pa ra lleg ar al final, Aceler ada que ya se veía afec tada por sus dos opositore s su cumbió falt ándole sol o 2 metros pa ra cru zar la meta, Veloci dad

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Fuerza de R oce con el Aire, que disminuyó a t al extre mo su ritm o que al final, faltan do sol o 10 ce ntíme tros fue sobrepa sada por Inercia , que jamás dis minuyó su an dar.

E Iner cia ganó la última y más val iosa medalla de las primer as Olimpia das que se tengan en e l recuent o de los anales de la e ternid ad. Dice n que después parti cipó en o tras competenc ias en d istint os lugar e s y jamás fue derrota da. La glori a y reconocim ientos alcan zados por Ine rcia jamás se ol vidarán y perdurará n por siempre , hasta qu e el tiempo ya deje de mar car la hist oria pasada y futura .

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n el re ino de la R eina M asa, c omo ha de suponer se, los hab itante s son masas.

Hay masa s tan grande s com o nue stro Señor Sol, y más gran des aún, tam bién hay masa s tan pequeñ as co mo gra nos de arena, y las hay más pequeñ as aún, hay masas en fo rma de pelot a y también en f orma de c uadrad os, hay masas que s e mueve n y otras que están q uietas , hay mas as qu e se v en y otras que no se ven, en fin, ser ía muy largo enum erar tod os las fo rmas, t ipos y tamaños de la s masa s del reino.

La Rein a Mas a gob ierna sin luga r a dudas el unive rso d e lo finito y d e lo infinito. Es la Sabia Nat uralez a la que le ha dado tal misió n. Y ella, la re ina, cumple su ta rea desd e que empe z ó el tiempo y seg uramen te lo es tará haciendo cuand o el tiemp o lleg ue a su fin.

La Reina, pa ra poder realiz ar su misión ti ene a su pri ncesa: la b ella Materia, y ella, tiene a tres de los súbditos más fiele s de l re ino: Elect rón,

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Protón y Ne utrón. Ele ctrón era el más pequeño de lo s tre s, Pr otón y Neu trón eran muy pareci dos de tamañ o.

La prin cesa Mater ia, sin p erder ni un instante d e su exi stenci a envía , de masa en masa del re ino, a sus fi eles súbditos Ele ctrón, Pr otón y Neut rón, para ver el es tado e n que se encuentra n. Ello s se incor poran a c ada una de las masa s del unive rs o y prontamen te envía n reporte s a su ama, la prince sa.

Al poco t iempo d e que Electró n, Pr otón y Neutró n empe zaron a and ar ju ntos por el rein o, empez aron a co rrete arse unos a otros, no h abía quié n detuv iera sus jugar retas. Electr ón sie mpre quería l legar prime ro a las disti ntas masas que iba n a visitar , pero tam bién quería lo mi smo P rotón, y, a v eces , se ponían a disc utir. Ne utrón, qu e era muy ami stoso, siem pre h acía que Ele ctrón y P rotón se r econci liara n y volvían a las j ugarre tas.

Un día fuero n Electr ón, Pro tó n y Neutrón a u nas masas extra ñas que

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tenían unos tr oncos gra ndes y se adornaban con l indas hojas que colgaban de su s ramas. Y no pod ía ser menos, Electró n, Pr otón y Neu trón empezaron a c orretea rse u nos a otr os y corrían de r ama en ra ma, de ho ja en hoja y con e llo log raron qu e las h ojas se movier an de un lad o a ot ro.

Había u nas m asas móvile s qu e de cían que eso era el v iento, p ero no sa bían que era n los súbd itos fieles de la princesa Mate ria q ue a ndaban juga ndo por ahí.

Otro día, se sub ieron a una m asa l arga y angosta, parecí a una lí nea y t enía color metáli co. Protón y Neut rón se marearon y les dio p ánico m overse, sin embargo El ectrón , que era e l más pequeño y travi eso, se puso a cor re r de un lado a otro, y u na masa m óvil grande que s e dio cuen ta del jue g o de Ele ctrón, le llamó – al jueg o – electrici dad. Y a Electró n le gust ó el juego, pue s podía produc ir efe ctos luminosos en un as masas frág ile s y transpare ntes, que la s masa s móv iles le llamab an ampo lletas, y tam bién

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efectos ruido sos e n un as ma sas que las masas móvil es le llamaba n radi o. De entonces que Elec trón no p uede abandonar el jue go y las masas móviles tie nen la elect ricida d en sus casas.

Una vez, Elect rón, P rotón y Neu trón estaban pl ácidam ente des cansan d o a la sombra de un á rbol y de rep ente vieron p asar a una masa muy pequ eña, parecía u na simp le par tícula. La partícula iba muy rápi da p ero no p udo escapar a la buena vi sta de los ami gos. Y, algo le s llam ó la at ención, la partícula a m edida que a vanzab a, su tamaño i ba aum entand o. Ent onces , se paró Elec trón y la lla mó. Par tícul a se detuvo b ruscam ente volvien do a su tamaño norma l. Electró n y sus amigos le pregu ntaron a q ué se debía qu e su medida aume ntaba mie ntras se mo vía. Partícula r espond ió: “mir en yo soy casi igual a ustedes, pero ocu rre que cuando via jo muy, mu y rápid o, mi cuerpo se infla y se i nfla, por eso me ven más grand e, lo que me o curr e es relativo, de pende de la rapid ez con que

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experimen tar lo mismo si lo h icier an”. Ele ctrón, jug uetón como siemp re, hizo la prueba y se dio una vu elta a la Tie rra a cas i la veloc idad de la lu z, y cuando pa só fren te a su s amigo s y Partícula , que aún no se i ba, l o vi eron más grande, se detu vo y volvió a su forma or iginal . Enc ontró que el j uego era muy divert ido. Y, así fu e como Ele ctrón, P rotón y Neut rón hici eron una amistad enor me con Partícu la, que no estaba en su s plane s, y la llam aron “masa Rel ativa” .

Las masa s móvi les gr andes se di eron cuenta de la exis tencia de l a masa Relativa y la examin aron cuidadosa mente y así logr aron comprende r mejor a lgunos s ecreto s del reino de la Rei na Mas a.

Y, bueno, Materi a, la pr incesa a la cual servía n Elect rón, Pro tón y Neutrón, decidi ó acom pañarl os en un viaje por las m asas d el rein o.

Materia, igual que sus súbd itos, se empezó a intro ducir en tod os los cuerpos que te nía e l rein o de la R eina Masa. Y logró entra r a todos, sin

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faltarle uno siq uiera. Tanto le gus tó a la princes a Materi a entra r a las m asas que ahora en tendía l a felici dad permanent e de Elect rón, Pro tó n y Neutrón.

Desde enton ces se dic e que todo s los cuerpos d el rein o de la Reina Masa tienen a la Mater ia en su inter ior. Las masas mó viles dicen que u n cu erpo tiene masa si en su inter ior se encuentra la pr incesa Mater ia.

Otra cosa qu e suced ió cuand o la princesa Mate ria se introd ucía en los cuerpos del re ino de la Reina Ma sa , es que mientra s más entr aba en el los, más difíci l era par a las ma sas móv iles el poder mo verlos . Las mas as móv iles se dier on cu enta que mientr as me nos se intro ducía Mater ia en los cuer pos, más fácil era mo verlos d el lugar do nde se encontraba n. Igual cosa suce día con masas que se mov ían, las m asas móviles se dier on cuenta qu e era más difícil ca mbiar el m ovimie nto de e llas mientras la prin cesa Mate ria má s se introducí a en e llos.

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Una mas a mó vil le pr eguntó a la princesa M ateria el por q ué suc edía que su entr ada a lo s cuerpo s del r eino hacía más f ácil o má s difíci l cambi ar el movimient o de los cuerp os. Y la princesa respo ndió: “lo que s uced e es que yo, cua ndo entro a una m asa , la masa me confun de con una prim a mía, Ine rcia, entonc es, las masas dicen que si In ercia es tá con ell os, a ello s les dificulta cambi ar el movimie nto”.

Desde ento nces es q ue las m asas móviles di cen que u n cuerpo con Materia en su inter ior tie ne tambi én a Ine rcia m etida en su interio r.

A todo esto, Electr ón, Pr otón y Neu trón seguían, a hora con la prin cesa Materia, met iéndos e en cuánto cu erpo con masa encont raban en su camin o. Ha de saber se, tamb ién, qu e Elect rón, Protón y Neu trón tenía n inn umera bles hermanos e n el rein o de la R eina Masa, que per tenec ían, respectiv amente , a las fam ilias d e los Ele ctrone s, Pro tones y Neut rones.

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Una vez, los amigos Elec trón, Prot ón y Neutrón llamar on a sus h ermano s, y se metieron much os d e ell os e n un cu erpo y vieron q ue el cu erpo s e hacía más grande, l uego s e meti eron u nos p ocos en otro cuer po y este cue rpo se h acía más pequeño . Desde af uera una masa móvil mi ró la entre tenció n de los amigos y sus herma nos y ded ujo: “mientras má s electro nes, prot on es y neutrones t enga un cue rpo, la me dida de la masa del cue rpo don de está n se hace más grande ”.

Y pasó el tie mpo y aho ra, tant o la princesa Materi a como sus fi eles súbditos El ectrón , Protón y Neu tr ón y todos sus herm anos, se i ntroduc ía n a todos los cu erpos y le s iban da ndo forma y medid as divers as. Las m asas móviles, que casi no podían ver a los hermanos d e Electr ón, Prot ón y Neutrón, los co nfundí an con la princesa Materi a.

Desde ento nces es q ue las m asas móviles dice n que los cuerp os con masa tien en a Ma teria en su i nteri or y que, a su vez, la princ esa Mat eria

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Y, Electró n, Protó n, Neutr ón y la princesa Materi a, sig uen has ta el día de hoy jugando, fe lices y unid os, en todas la s masa s del reino de R eina Masa.

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ace mucho tiemp o, cas i en los inicios del ti empo de las m asas móviles. Una de e llas, que se h acía denominar Raz a Hum ana iba caminando t ranqui lament e por el bosque c uando uno de los á rbole s lo llamó y l e preg untó:

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- Dime Raza Humana , ¿có mo es que puedes camin ar y nosotros, los árboles n o?

La Raza Huma na, h asta entonc es, sólo había camina do y caminad o pero jamás se había hecho esa preg unt a, y por más que lo inten tó, no lo gró dar con una respu esta sati sfacto ria a la demanda d el árb ol. Só lo pud o deci r :

- Mira herm oso árb ol, yo s iempre he caminado, y creo qu e es la Sabia Natu raleza l a que me ha dado esta virtud , pero más no sé al respecto.

Y la R aza H umana sigu ió su cam ino, luego se encon tró con una gra n ro ca y ésta le hizo l a misma p regunta , y la respuesta de Raz a Humana fue la misma.

Y fueron mu chos má s los s eres inanimado s los que interro gaba n a Raza Humana pero éste jam ás tuvo una respu esta c oheren te que dar.

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Y Raza Huma na se pu so a ind agar acerca del extraño fen ómeno qu e lo diferenci aba de l os demá s seres del reino de la Reina Masa . Y nada, no conseguía obten er ni si quiera una hipótesis razon able.

Cansado la Raz a Humana de bu sc ar y buscar re spuest a a una preg unta aparentem ente senc illa, con vocó a todos aquel los sere s que pudi eran brindarle r espues ta a semej ante inquietud que ya lo e mbarga ba y n o lo dejaba do rmir t ranqui lo.

El Señ or Peso escuch ó la convocat oria de Raza Hu mana y f ue a res pond erle. Tam bién acudió Grave dad, l a her mosa esposa de Leyd ela. Incl uso Inerc ia fue a intent ar sat isfacer la d emanda de Raza Huma na.

Cuando Raza Hu mana vio qu e eran varios los que que rían sol uciona r su interroga nte, los inv itó a una reu nión a su casa , leva ntada a oril las de un hermoso r ío.

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ver cuá l era la respue sta a cerca de cómo es que l a Raz a Huma na p odía caminar.

Raza Hum ana di spuso que l a reu nión se reali zara al a ire l ibre, de t al fo rma que todos pu dieran e scucha r las sabias pa labras de lo s invi tados.

Y empezar on a p ropone rse re spuest as: - El S eñor Pes o dijo: La R aza

Humana, y otro s seres, pue den caminar pues el pes o de ellos los obliga a perma necer sobre la superfici e de la Tierra. Y cua ndo intentan avanza r, ele vando uno de los pies, es el pe so el que lo obliga a av anzar y a sí p uede dar un paso , y luego otro y o tro m ás, logrando, entonc es, que pu eda caminar.

- Ine rcia escuc hó a tentam ente las palabras del Señor Peso y agre gó: lo que dice el Seño r Peso es cierto, pero s oy yo la encarg ada de que la Ra za Huma na, y ot ros seres, da ndo el p rimer p aso después contin úen av anzand o o

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retrocedi endo, si n o fuera po r mí, darían el pr imer pas o y ahí quedarían sin pod er avanz ar o retrocede r.

- Gravedad, que tambi én ha bía escuchado al Se ñor Peso y a Ine rcia, dij o: cierto lo que di cen ustedes, per o deberán to mar en cuenta, espec ialmen te el Señor Peso, que s i no exis tiera y o, el Señor Peso no p odría act uar sobre la Raza H umana y ot ros seres que p ueden ca minar. Yo le soy muy necesa rio, p ues yo me encargo de emp ujar a l pie de Raza Humana y otros se res animados a la su perfic ie de la Tie rra.

De entre los a sisten tes algu nos quisieron opinar . La Raz a Humana , no satisfech o aún por los ar gument os que escuchaba accedi ó a que o tros participa ran.

Fue así que otros emiti eron su opinión:

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y agregó , cier to lo que di cen todos ust edes, p ero deb erán te ner en cuenta q ue si no f uera po r mí, la Raza Hum ana s e hu ndiría en la Tie rra, yo soy la encar gada de equilibra r el peso que tiene y dejarlo so bre la sup erfici e de la Tie rra. Si yo no ex istier a no habría ser en l a Tierra qu e no se hundiera bajo s u supe rficie .

- Fuerza Muscu lar, que tamb ién andaba po r ahí, despué s de ha ber escuchado ta n brillan tes participa ciones del Se ño Peso , de Ine rcia, de Gra vedad y su antecesor , la Fuerza Norm al, no pudo más que agregar, muy cie rto lo que dicen todos us tedes, pe ro, ¿podría camin ar la Raz a Hum ana y otros seres a nimado s si yo no hiciera e l inten to de m over el pie de ellos? Verán que mi presen cia es indispen sable, s in mí es imposible cualq uier i ntento de caminar, si no fue ra por mí, lo único q ue su cederí a es que la Raza Humana es taría igu al que los árboles y las ro cas, esta ría parado y solo gr acias al Se ñor

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Peso, Graved ad y Fuerza Nor mal no se ele varía ni se hundir ía. La Raza H umana ya cre ía que tení a la respuesta a la pr egunta que ta ntos seres le habí an h echo y par a la cuá l no tenía argu mentos q ue justi ficara n una buena res puesta .

Les agrade ció a todo s los part icipa ntes y a los asistentes y les pidió qu e se retiraran pu es ya tenía la respu esta que neces itaba.

Tod os se estaba n reti rando cuand o de entre el tumult o surg ió una fuerte voz. - ¡Hey!, Raza Huma na, lo que has escuchado es aún ins uficie nte para que pu edas dor mir tranquilo .

Raza Humana , que ya creía te ne r la respuesta , le d ijo:

- ¡No!, ya no neces ito escuc har más, ya tengo lo q ue necesi to, gracias d e toda s form as.

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Raza Hu mana, fue entonc es a dar un paso para encami narse a su casa y se resbaló qued ándose en el mismo lu gar, intentó da r otro pa so y no po día. Ent onces, pidió q ue le ayu daran para lograr avanza r. Fu erza Impuls iva, que aún no se retir aba, le dio u n pequ eño empujón y la Raza Hum ana salió ra uda sin poder detener se, afortu nadam ente para él se le interpuso un árb ol y chocó con él y quedó con va rias magulladu ras. No enten día lo que sucedía.

Ine rcia le dij o: Raz a Hum ana, y o so y la responsab le de que no te haya s po dido detener, per o sugiero q ue escuch es las palabras de ese que q uiere hablar . Ent onces, Raza Huma na se par ó y llamó a q uien q uería opinar tambié n. Era Fuerza de Roce q uien qu ería hablar. Y dijo:

- Ya ves Raza Human a, a hora que te hice fa lta y q ue quer ías ignorarme no has p odido siqui era sostenert e en un luga r, no pudiste empez ar a cami nar por más que el Se ñor Fue rza

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Muscular lo in tentó, y ni siqui era con el Señor Pe so y Grave dad pudisteis hace rlo, t ampoco te ayudó la que rida Fue rza Norm al, solo Ine rcia colabo ró y lo ún ico que con seguis te fu e ch ocar con ese árbol .

Bueno, dijo Raza Huma na, y qué ti enes que decir me ent onces:

- Verás, cua ndo tu ap oyas tus p ies en la super ficie de la Tierra, y el Señor Fuerza Mus cular inte nta mover t u pie , tu pie neces ita donde afi rmarse para im pulsar se, y ahí est oy yo, permit iendo que no te re sbales en l a supe rficie de la Tierr a. ¿ Entiende s aho ra? Bueno, ahora que quisi ste escucharm e pu edes volver a caminar s in dif iculta d.

Raza Huma na iba a int entar camin ar y tampoco p udo ha cerlo, no se resbal aba pero tam poco avanza ba. P idió al S eñor Imp ulso que lo empu jara, ést e lo hizo, pero aún así no logró move rse un milímetro .

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La multit ud que estaba aún observand o lo que p asaba a Raza Humana, no pod ía conten er la ri sa y las car cajada s se escu chaban de la do a lado en e l rein o de l a Rein a Masa.

Ent onces, ent re lo s asi stente s su rgió una voz i mponen te:

- Est imada Ra za Human a, ¿te dignarías escuc har un a voz más? Tod os dirigie ron la vista haci a quien había hablad o, y se dieron cue nt a de que eran lo s gemel os Fuerz a de Ac ción y Fuerza de Rea cción.

Raza Human a, ya mole sto con lo q u e le estaba suce diendo y c on ser moti v o de las risa s de la m ultitud . Ac eptó escucharl os.

- Tom ó la p alabra Fuerza de Acción. Qu erida R aza Huma na, cuando la F uerza Muscu lar intenta m over tu pie yo soy qu ien me personif ico en ell a y soy la responsab le de inic iar l a acc ión de inte ntar mover tu p ie,

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transmiti endo la fu erza sob re el suelo.

- Inm ediata mente con tinuó Fue rza de Reacc ión. Y yo, apenas veo que intentan m overte , mi herm ano hace el inten to, me per sonifi co en el suelo, y gracia s a Fuerz a de Roce que impid e que te resbal es, yo ejerzo mi Fuerza de Reacc ión sobre tu pie. Y gracias a ello puedes mo verte.

Y ahora, la Raza Humana int entó moverse, y al fin pudo hacerl o. F ue a dar la mano, por agra decimie nt o, a todos los que c olabor aron dá ndole los argumento s necesari os para la respuesta a l a pre gunta que t anto s le habían fo rmulad o.

Y así es que , desde entonc es, la Raza Humana y otr os sere s anima dos, pueden cam inar gra cias a la gran familia d e las fuerza s y otr os ami go s. Raza Hu mana se di o cue nta que para caminar tenía que agrad ecer al S eñor Peso, a Graveda d, a Inercia, a Fu erza

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de Roce y a los geme los F uerza de Acción y Fuerza de Re acción .

Y así la Raza Hu mana si guió caminando por las cal les, cami nos, sendas y vereda s de l a Tier ra.

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n el reino de la Re ina Masa la vida transcurr ía plá cidame nte, la prin cesa Materia i ba y v enía d e masa en m asa,

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los fiele s súbdi tos de la Rei na ha cían su vida a legrem ente.

No había ser en el rei no que no contempla ra la grandio sidad de su Reina y que no ma nifes tara agradecim iento a la p rinces a Mat eria por visit arlos perman enteme nte.

Cierto día, en una de la s co munid ades más impo rtantes del reino, la Comunidad Fo rtific ada, las famil ia s de las Fuerz as se habían reunid o a festejar un ani versar io más del matrimoni o entre Leyd ela y Grave dad, que por entonc es ya se habían he cho conocido c omo Grav itació n Unive rsal por todas part es de la comuni dad y del reino de la Rei na Mas a.

Gravedad e n sus vi ajes por el esp acio finito e in finito ya había vis itado a casi todos los habi tantes , incluye nd o a todas las masas, y había lograd o en muchas de ellas dota rles de la cualidad de s er no solo he rmosas sino que tambié n las h abía he cho atractiva s.

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A las masas má s grande s les dio m ayor capacidad de atr acción que a las menos g randes , y así es c omo los cuerpos del unive rso s e or ganiza ban en torno a masa s gran des.

La familia de l Sistema S olar se h abía agrupado alre dedor del Señ or Sol, que era una d e las masas más gr andes del espacio y por e llo podí a atraer a c ada uno de los planetas, come tas y otros objetos que in tegrab an su fam ilia. Inc luso la Tierr a y otro s plan etas atraían s us pro pias L unas.

Las Fuer zas hi cieron dive rsas competenc ias y ac tivid ades recreativ as, un as hac ían má s tra bajo que otr as, p ero a l fin al to das participa ban de la ce lebrac ión.

Algunas f uerzas eran más extrovert idas q ue otra s, ent re las más extrovert idas es taba la Fuerz a de Acción, que a veces golpe aba la mesa para que le sirviera n más bebida, y la Fuerza del V iento no l o hacía m a l ya que emitía ruid os ensorde cedore s, que incluso hac ía que las hoja s de los

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Una Fuerz a que er a bast ante silencios a se encarg aba de tene r a todos los imple mentos so bre la superfici e de la Tie rra y que no se hundieran en ella, se tratab a d e la Fuerza Norma l, mientra s que el Señor Peso se enc argaba de que n o se elevaran al aire y se per dieran e n el espacio.

Las her manas Fuer zas de Roce impedían que l os com petid ores alcanzara n grandes ve locida des e n el intento de g anar algun a com peten cia, los tenían co ntrola dos a todos d e tal forma que nadie se perd iera el espectácu lo que brind aban.

Ent re las fuer zas intro vertid as, se destacaba n Fu erza de Reacci ón, que nunca to maba i niciat ivas p ara a lgo, siempre actuab a un a vez que su hermano ge melo, F uerza d e Acción , lo hacía. Otra fuerz a que siempre pas aba desaperci bida er a Fuerza M agnét ica, que incluso no se most raba, sie mpre actuaba o cultam ente.

Referencias

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