^ GALERIA DRAMATICA CENTRO ȣ ADMINISTRACION,
COMPUENDIENDO
i>' f-h -vw'(í-<i?;í=^ir)TfiÁ ih\V>T/' f\
A
DEL
TEATRO
ESPAiOI. Y ESTEAieERO.
DE'
LOS
PRlflGIFALESAUTORES.
Maris G ra u
yPorta
Siidiíot* propielíirio
M.
I*. i5eSga<lo.Tvp)^ CALLEDEJESDSYMARIA, 11. 4. r-<')45^^'
61
CATÁLOGO
UE LAS OBRAS QUE SOIV PROPIEDAD DE ESTA GaLERÍA, publicadashasta i.°de EnerodeAbadía deCastro.
—
Abuelito.—
Abuelo.—
Abuela.—
Acazarme
vuelvo.—
AcertarerraiAcciónde Villalar.—AdelelZegrí.
—
Adolfo.—Afán defigurar.—A
launa.—A
laZorra ca zo.—Alberoni.—Alberto.—
AlcaldeRonquillo.—AlCésarloquees del César.— A
lo hecl cho.—
AlfonsoelCasto.—AlfredodeLara.—
Alfonso Munio.—
Alonso Cano.—
Amanteprest;AmantesdeTeruel.
—
Ambición.—Ambicioso.— Amigoencandelero.—Amigomártir.—Am
do.
— Amor
demadre.—Amordehija.— Amor
ydeber.—Amor
ynobleza.— Amor
yamisAmor
vengasus agravios.—
Amoríosdei7í)0.—
Angelo.—
Ango.—
Antony.—
Antonio Pe Apoteosisde Calderón.—
Aragón yCastilla.—
Ardides deun cesante.—A
riorevuelto.—A iconspirar.
—
Artede hacerfortuna.—
AstrólogodeValladolid.—
Atrás.—
AvisoálascoqueA
un cobardeotromayor.—
Aurorade Colon.—
Ayudadocámara.—
Anillodeladuquesa.- porelempleo.—
Amoresánieve.—
Amarsindejarse amar.—
Antañoyogaño.—
Acuerd nicipal.— Andujar.BachillerMondarias.
—
BaltasarCozza.—Banderablanca.—
^Banderanegra.—Bárbara]bcrg.
—
Barberode Sevilla.—Bastardo.—Batelerade Pasages.—
Batilde, óAméricalibre,tuecas.— Blanca deBorbon.
—
Beltranelnapolitano.—
Bodas dedoñaSancha.—Borrase. „ corazón.—
Bruja de Lanjaron.—
Brunoel tejedor. "Caballero de industria.—Caballero leaL—Caballo delrey donSancho.—Cada cual c
razón.-Cadacosaensiitiempo.—Calentura.—Calígula
—
Calumnia—
CampanerodeS.Pal Capas.—
CapitándeFragata.—Carcajada.—
Carcelero.—Cárlos Ilelhechizado.— CárlosVe frin.—
Casada, virgenymártir.—
Casamientonulo.—
Casamientosinamor.—
Casamientos dianoche.—Cásateporinterés.—
Castigodeunamadre.—
CastillodeS.Alberto.—
CasualidaíCatalinadeMédicis.
—
CatalinaHowar.—
Cazarenvedado.—
Cecilialacieguecita.—
Celos,losinfundados.
—
Cerdan,justiciade Aragón.—
Chiton.—
CisternadeAlbi.—
Clubrevoluc,rio.
—
Cobradoresdelbanco.—
Cojayelencogido.—
ColegialasdeSaintCyr.—
Colonyel >errante.
—
CómicosdelreydePrusia.—
Comodín.—
Compositorylaestrangera.—
Condede tiHan.
—
Conjuración deFiesco.—
Conspirarporno reinar.—Conamor ysin dinero.—
Contigycebolla.
—
Copa demarfil.—
Corazóndeunsoldado.—
Corsario.—CortedelBuenRetiro,i .te.
—
CortedelBuen Retiro,2.*parte.—CortedeCárlos11.—
Cortesanos de don JuanII.—
(
delalealtad.—Cristiano, ólasmáscarasnegras.
—
Cristóbalelleñador.—
Cromwell.—
Cnoro.
—
Cuandoseacabaelamor.—Cuarentena.—
Cuartode hora.—Cuentasatrasadas.—
G
do conlasamigas.
—
Cuñada.—
Cuna no dá nobleza.—Celosdeunalma noble.—
Caja deta.—Corazónyeldinero.—CelosdeMateo, isarsiteía.—Calderón.—Cartay guardapelo, nicienta.
—
Cerros deUbeda.—
Cortesanosde chaqueta.— Cuadrosalfresco.Danieleltambor.
—
Degollación delosinocentes.—
Delmalelmenos.—
Desban.—
Descído.
—
Desengañoenun sueño.—Detrásdelacruzeldiablo.—De un apurootromayor.—
D
Cojuelo.
—
Diamasfelizdelavida.—DianadeChivri.—
Djos mejorasus horas.—
Dioslosc ellossejuntan.—
Diplomático.—Disfraz.—
Disfraces.—
Dómineconsejero.—
DonAlvarodna.
—
DonAlvaroólafuerzadelsino.—Don Crisanto.—Don Fernando eldeAntequera.- FernandoelEmplazado.—
Don Jaime elConquistador.—DonJuandeAustria.—
DonJuainorio.—DonJuandeMaraña.— DonRodrigoCalderon.—DonTrifon,ótodoporeldinero.- .luanTrapisonda
—
DoñaBlanca de Navarra.—
DoñaGimenadeOrdoñez.— Doña Maríadel na.—
Doña Mencía.—
Doña Urraca.—
Dos amospara un criado.—
Dos hijas casaderas.- doctores.—
Doscoronas.—
Dosvalidos.—
Doscelosos.—
Dosgranaderos.—
Dospadrespara hija.—
Dossolterones.—
Dos vireyes.— Dos venganzas y uncastigo.—
Dostribunos.—
Duiycompañía,
—
Duque de Braganza.—Duquede Alba.—
Duquesita,—
Dote deMaría.—
Dios iiga sin palo.—
Duendedelmesón, zarzuela.—
DeEspaña áFrancia.—D. Quijote.E.11,—Ecodeltorrente.— Editorresponsable.—Egilona.—Elisa, óelprecipicio.—Elc
casapor todopasa.—ElviradeAlbornoz.—Ellaes.—Ella esél.—Ellasynosotros.
—
EmilEmpeñosdeunavenganza —Encubierto de Valencia.—Encantos de la voz.—Engañarc vordad.-Entremetido.—Entrada enelgran mundo.—Ernesto.—Erroresdel corazón.—
E
lerademano.
—
Escuela de lascasadas.—
Escueladelas coquetas.—
Escuela delos perií tas.— Escueladelosviejos.—Espadademi padre.— Espada de uncaballero.—Españoless todo.—Estaba deDios.—Estáloca.—Estreliadeoro.—Errar la vocación.—Es un bandic Estupidezyambición.—
Escomulgado.—El diabloestá en todas partes.—Enpalacioyí calle.— Escenasdel siglo de lasluces.—Espulsion de losjesuítas.—
Escuelade las amigí EspiaciondeundeUto.—Entodas parteshaydetodo.—
Entredosmundos.—Encapuchac El quédirányelquéseme
daá mí.Fabioel novicio.
—
Familiadelboticario.—Familia deFalklan.—
Familia improvisada.-«áticoporlascomedias.
—
Farsa, ómentirayverdad.—
Felipe.—
Felipeel Hermoso.—
Feri Mairena.—
Fernán González, parte.—
Fernán González, 2.' parte.—
Finezas contravíos.— Flaqueñas ministeriales.— FlavioRecaredo.—Floresinda.
—
Fortunacontra fortuiFray LuiscíeLeón.—Frenologíaymagnetismo.
—
Frontera de Saboya.—
Función de bodiboda.ii-Fé, esperanza yosadía.
LA PENA DEL TALION.
Comedia en un aclo
,
ESCRITA EN FRANCÉS POR M. SCRIBE,
Y ARREGLADA A LA ESCENA ESPAÑOLA
l>OI\í RAlIOIl DE HAYARRETE.
Estrenada enel teatro del Príncipe el \ de Junio de 1847.
Estacomedia fuéaprobada para su representación por la Junta de censura de losteatros del Reino en 4 de Juniode 4849.
c-^l
II. a*.».
|^í=í<3la G rau
yF
MADRID,
IMPRENTA DE DON
CIPRIANO LOPEZ.Cava-baja, n.** 19, bajo.
Febrero 1856.
PERSONAS. ACTORES.
DON ELIASDE iiNESTRosA, ge- neral
RICARDO, SU sobrino. . .
GABRIELA, esposa de
Ri-
cardoLAMALQUESA DE PINO-ALTO,
madre
de Gabriela. . .JUANAAGRAMüNT, arrenda- dora
Don
Julián Romea.Don
FlorencioRomea.
Doña
Teodora Lamadrid.Doña
GerónimaLlórente.Doña
Matilde Diez.La escenaesen unaquinta enlas inmediaciones de Tarragona.
Estacomediapertenece álaGaleríaDramática, que comprendelosteatros
moderno
, antiguo español yes- trangero,y
espropiedad de sueditorDon Manuel Pe-
dro Delgailo, quien perseguirá antelaley, para que se leapliquenlaspenas (jue marca la
misma
, al que sin su permiso la reimprima ó represente en algún teatro delReino, ó enlos Liceos ydemás
Sociedades sosteni- daspor suscricion de los Socios, con arreglo á la ley de 10 de Junio de 1847,y
decreto Orgánico de teatros de 28 deJulio de 1852.DOS PALABRAS DEL TRADUCTOR.
El gran éxito que ha alcanzado esta comedia es debido principalmente á la ejecución inimitable por parte de todos los actores;
M.
Scribemismo,
si la hubierapresenciado, les habría aplaudido sin duda,como
el público, con entusiasmo, por la verdad, porel talento, por la exactitud con que han caracteriza- do los diferentes personages. Permítaseme, pues, que aquí consigne
mi
gratitud á tan distinguidos artistas,yo
que tanta les he debidoya
en otrasy
no pocas ocasiones; y acepten ellos este sincero testimonio de mi amistad , demi admiración,
y
demi
aprecio.Ramón de Nav
arrete.Marta G ra u
yPort
ACTO mía).
DECORACION.
A
la izquierda, en primer término,un
pabellón elegan- te al estremo deun
jardin, con una puertecilla que sale alcamino.En
el primer piso del pabellón,un
granbalcóndepiedra, sostenidopor doscolumnas.—
A
laderecha la entrada de una granja.—En
el fondo el caminoreal; á lo lejos se divisan las casas y el campanario deun
pueblo.— A
laderecha, y junto ála puerta de la granja,un
árbol, á cuyo pié hayun
banco de césped.ESCENA PRIMERA.
DON ELIAS, hablando hacialapartede adentro.
Sí, señor,torpey
muy
torpeIHacerme
volcará dospa- sosde laquinta,y enun
camino escelente! [Después de escucharalpostillón.)Habiaunazanja?Puesbien, tuobligación eraverla, envez demirar á lasmusa-
rañas.
—
Cómo!bestia! Quieres levantartúsoloelcar- ruage?Habrá
animal!Ruega
queteayuden
álasgen-tesde esa granja! Entre tanto yo
me
iré ápié á la quinta.—
Este es,sinome
equivoco, el pabellón queestáalestremodeljardin; y en
un
cuartodehora, si-guiendo las tapias, podré llegar al patio principal.
[Viendo quese abrelapuerta delpabellón.)
A menos
que no pudiese atravesarlahuerta, encuyocasose- ríamucho mas
corto.Justamenteparecequeesapuer-tecillase abre deintento para mí.
6
ESCENA
ir;^^-^
DON ELÍAS. JUANA, (¡neSale delpabellón con una caria.
Juana. Pierda usted cuidado, señor; se entregará su cartasegúndesea,ysindecirdepartede quién.Jua- na
Agramunt
noesninguna tonta!Hitas. [Acercándose.) Hola, señoraJuana
Agramunt!
Juana.
Ay
Dios!Cómo
sabe ustedmi nombre?
Elias.
No
es ese jardineldelacasadondevivedon Ri- cardode Inestrosa?jJuana.
Don
Ricardonovive enlacasa.Elias.
Eh?
Juana. Quiero decir, que no vive yaen ella.
Elias. Desde cuándo?
Juana.
Há un mes
que habitaelpabellón.Elias.
Vaya
una ocurrenciaí
- .^tnníífíjfoj ic:,í;'ii>oiqsi;
^^iHíoi'h
¡á- ESCENA
1f!i^ "'
: , j'^P JDIGflOS. RICARDO.
Ricardo. [Desde /ms.)
Qué
haces ahí de palique con ese caballero ?[Lanzandoun
grito, yarrojándoseen losbrazos de donElias.) Tiodelalma!Juana.
Toma!
Es sutio! [Sorprendida.) Elias. Ricardillo!Ricardo. Cuánto
me
alegrodeverleáusted! (A Juana.)Y
la carta?...Juana.
Ya
voy, yala voy á llevar! [Aparte yéndose.)Qué
lástima!Marcharme
ahoracuandopodriasaber...[Gesto deRicardo.) Repitoque voy corriendo. [Vase de
mala
gana.)ESCENA
IV.'' Hr,ÍH Hfí DON ELIAS. RICARDO
.
Ruar
do. Queridotio, cuán largosme
lum parecidolos tresmeses desu ausencia de usted!Elias. Esa es otra pruebadel cariñocasi íilial que
me
tienes; y la apreciotanto
mas
cuanto quedebías es- tar un poco quejoso de mí.i?¿carí¿o.
Yo
quejoso?Elias. Sí, porque no pude seftifte de padreal veriíi-
i
7
carse tucasamiento. Pero perdóname;losasuntosdel servicio militar...Ricardo.
Ya
lo sé, ya lo sé!Elias. Aprovechando algunos dias de descanso, vengo ahoraá abrazará
mi
nuevasobrina...lacualdebesermuy
bonita, picaruelo, pues tú siempre has tenidobuen
gusto.Ificardo. (Confuso.) Si, sí, ciertamente...
Elias.
Y
nole falta á quien parecerse, porquelamar-
quesa de Pino-alto era antiguamente célebre por su hermosura, soberbia, y por sugenio... idem.Ricardo.
Con
que ustedla conoce?Elias.
Cuando
yo eracoronel,estuveparacasarme conella! Solo aquel carácter dominante é imperioso fué lo que
me
retrajo.Ricardo. Hizo usted
muy
bien.Elias. Por fortuna túnotehascasado conlamadre,si- no conla hija, y todosponderanla dulzura yla
bon-
dad deesta.Ricardo. [Turbado.] Asi es, tio mió, que yo la adoro, la idolatro
!
Elias. Desdeelprincipio lo conocí en lasepístolas de cuatro páginas, llenasde ponderacionesy de puntos de admiración que
me
escribias diariamente.Te
lo confesaré ahora; aquellome
alarmó.Ricardo. Por qué?
Elias. Porque siempre he temidolos escesos.
Ricardo. Acaso puede uno
amar
demasiadoá su esposa?Elias. Sí tal. Mira, en elmatrimonio,esmenester eco- nomizarlotodo, hastaelcariño... sino, álalarga los
mas
enamorados sequedaríanexhaustos.Ricardo, Habla usted
como
solterón...Elias.
No
,como hombre
prudente que sabepreverel porvenir. Desde elprimer día, desdelalunademiel, debemostrarseelmaridocualserásiempre.Pobre delue
es demasiado amable, demasiado complaciente, emasiado dócil!La
mujer se persuade de que esto hade durar eternamente, y si sucede lo contrario, esclama: [Imitando la voz femenina.)«Qué
cambia- do estás!Ya
nome
amas! »Ricardo.
De
veras?Elias. Puesesclaro!Perositusistematehasalido bien.
8
yo tedoy la enhorabuena. Conque vamosá verá tu bellamitad.
Toma!
ytequedasparadoyconfuso?Por venturala violencia'de tu pasión fe hará tener celos hasta de tu tio?Ricardo. No, noseñor...Es que... es que... no sé
cómo
decirleá ustedque ya no habito la quinta, sinoesc pabellón... donde estoy solo.
JSlias. [Sorprendido.)
Ya
entiendo...poreldia...habrás puestoahí tu gabinetede estudio...Micardo.
No
, no, por lanocheigualmente.Elias.
Eh?
Ricardo. Usted pensaba hallar aquí el
emblema
de la felicidad terrestre, y se equivoca...Mi
matrimonio esun infierno!
~Elias. Esplícate, querido.
Tú me
asustas![Yendoasen- tarseen el banco de césped.)Ven
á contármelo todo.Ricardo. [Conagitación, y sentándose.)
Ya
sabe usted que cuandome
casécon Gabriela,llevábamosun
año de amores, un año de locurapormi
parte, puesme
parecíaella
un
ángel superiorámí, queme
dispensa-ba un honor insignealcorresponderme. Así, juzgué que no pagaríamifelicidad sino á fuerzade abnega- cióny de ternura
.
Elias. [Friamente, ytomando un /)o/üo.)Primerafalta.
Ricardo. Todos sus caprichoseranámis ojos justos, y no
me
costaba nadaacceder á ellos; al contrario, ehelimperio queGabrielaejercía sobremí, hallaba yo
un
encanto inesplicable; yme
consideraba feliz en obederla, en ser suesclavo, y enpasar mivida á sus piés.Elias. [Lo mismo.) Segundafalta
!
Ricardo. Es
muy
posible...Mas
era tan bella, tan se- ductorami
consorte1empleabaunacoquetería conyu- gal tan deliciosa! Usted ignora, tio mío, loque pue- de una mujerjoven ybonita, cuando apoyada en elseno de uno, ledicemedio risueña y mediosuplican- te: ((Si
me
amas, querido mío,sime
amas...»Elias. {Imitando la voz femenina.) «Serás un tonto, serásun estravagante. r.—iEnsu voz natural.)
Ter-
cera falta.Ricardo. Ay!
No
lascuente usted, porque sería nunca acabar. Alsegundomes
únicamentefuécuandocono-9
cí queGabriela (áquien antes habia creido perfecta) podia tener algunos...algunosligeros defectos.
Jüias.
Toma
! Tenia todos losquetú lehabíasdejado!Ricardo.
Y
elmismo
diaquemanifestéotraopiniónquela suya, se escapó de sus labios esa frase fatal que usted pronunció poco há, y que
me
hizo estremecer:«Ricardo, ya no
me
amas!»—
«Yo?
respondí.—
Ah!Haz todo loque quieras,
manda,
dispon, ordena...»Elias. Seacabó!Anarquíacompleta!
Ya
nohaygobier- no posible!
Ricardo.
Su
madre, queladaba siemprelarazón, habia venido á pasar algunosdiascon nosotros...Elias. [Asustado ylevantándose.)
Con
vosotros?Ricardo. Desde entoncesya nohubo medio de enten- dernos. Avergonzadoal fin de mi debilidad, resolví aprovecharlaprimeracoyunturafavorablepara
mos-
trar carácter yrecobrar mi autoridad.
Elias.
Buena
idea!
Ricardo.
Muy
mala, tío!—
Estábamos convidados á unbaile, al quedebía asistir la señora de Osorio, mujer jovenylinda, de quien tenia celos Gabriela... gra-
ciasá su
madre
, porqueá mi nime
habia ocurrido mirarla. Negóse, pues, Gabriela áasistirádichafun- ción...yme
prohibióque yo fuese á ella!Elias. Estaba enelórden! bofí .
Ricardo. Pero yo
me
mantuvefirme.. .Elias. Bravo!
Ricardo. Diciendoquefaltarlosdos á aquel convite se- ría unaimpolítica; que miesposa era dueña de que- darse, sigustaba;
mas
que enese caso iría yosolo.Elias. Bravísimo!
Ricardo. La marquesa
me
llamó tirano, añadiendoque mataríaásuhijaá disgustos.Elias. Lasfrases de cajón!
Ricardo. [Colérico.)
Y
yo, conmucho
respeto, envié á pasear álamarquesa".Elias.
Yo mismo
nome
hubiera portado mejor!Ricardo.
Cuando
llególa noche,me
vestí.Elias. Bien
!
Ricardo. Gabriela no desplegaba suslabios, y ápesar
^mío,aquel silencio
me
inquietaba.Elias. [Volviéndolela espalda.) Bah! Collón!
10
Ricardo.
La
prueba deíjueuo lo íui, es queá la hora señaladame
dispuseá marchar. EntoncesGabrielase arrojó hácia elbalcón, queabrió de golpe,yme
di-jo friamente quesidaba
un
paso mas...HÍias. {Riéndose.)Setiraba por él?
Ricardo.Justo; y antesdeque pudieradetenerla, (Mo- vimiento dedonElias.) se precipitó;ysinunacasua- lidad... providencial, sin
un montón
de heno que habian dejadolavíspera debajodeesebalcón...Elias. {Sonriéndose con ironía.)
Un
montón de heno!Ah
!Con
que cayó encima?Ricardo. Sin hacerse daño, graciasá Dios!
Elias. Esoes diferente.
Ricardo. No, tio; es exactamentelo mismo.
Elias.
Bueno
;mas me
ocurreunaidea.Ricardo. Cuál?
Elias.
Puedo
engañarme sin embargo, y... Prosigue, prosigue.Ricardo. La marquesase llevó ásu hija álaquinta; yo corríallá ensu busca, y noconseguí nada.
Mi
sue- gra,mas
altaneray mas
soberbiaquenunca,me
de- claróquepor respetoalhonor de sucasa, ocultaríaá todo elmundo
losucedido; pero quecomo mi
pre- sencia podía matar á Gabriela,me
prohibía que la viese, si nodeseabaser dos veces suasesino.Elias.
Y
luego?Ricardo. Desdeaqueldia,
un mes
hace ya, [Suspiran- do.) no hevueltoá ver ámi
mujer.Elias. Lo que noes
un
mal.Ricardo.
Lo
es, porque yo siemprela idolatro.Elias. Bien.
Ricardo
Y
soloanhelo arrojarme ásus plantas,y
pedirla perdón.Elias. Altoahí!Esoesloque nopermitiré,porque ella tiene laculpa de todo. Si realmente quería matarse;
sipormotivotanfrivoloquería condenar á un mari- do quelaadora aldolor
y
álosremordimientoseter- nos, esimperdonable.Mas
si,cualespero, esaescena dramáticaera unacomedia...Ricardo. [Conindignación.) Supondría usted?...
Elias.
A
mi edad se dudadetodo,como
álatuya, so- brinomío, no seduda de nada.11
KSCENA
V.DICHOS.
JUANA.
'-^Ricardo. [Aparle confuso.) Cielos! Juana!
Juana. Uf!... cuántohecorrido!
Lo
queme
ha hecho tardar, esque he encontrado...Ricardo. (Haciéndola señas de que secalle.) Bien... ya hablaremosde eso. . . luego..
.
Elias.Hola! lachicadeesta
mañana!
Juana. Sí, chica... soy grande,porqueestoycasadacon
mi
marido JaimeYuncadella...Hace
ya un año que somos marido ymujer. Pormas seiW,
hoyeselani- versario de la boda, y queríamos celebrarlo en la granja... Teníamos convidados á nuestros amigos y^parientes; habíamosdispuestounamagnííicacomida.. .
Elias. Así
me
gusta, que lagente se divierta.Juana.
Su
sobrinode usted no piensadelmismo
modo;porque está triste y noveánadie,noquiereque na- die Deba, cante, baile, ni haga nada...
Vaya una
ocurrencia!...
Y
lo peor de todo esque va teníamos unapavita cebada, que vaá enflaquecer áel disgusto de que no lamaten
!
Elias.
Con
queteopones á lósplaceresde tusarrenda- dores?Ricardo. No, tio; pero
me
fastidia el ruido... seoyeto- do desdeahí... y luego,Juana está haciendosiempre carocas á su marido...Juana.
Toma!
para esome
he casado... esmi
hombre,como
yo soy su mujer... y además, el señor cura lo permite, loautoriza.Elias. Tiene razón! ya que noseas feliz, no impidas á otrosserlo.
Yo me
encargodetodo, Juanita;mi
sobri- noconsentirá, y vome
convidoalbanquetey
albaile.Juana. [Saltando de gozo.)
Qué buen
señor!... Cuánto se lo agradezco á usted!...Y
ya he encontrado á al- gunos amigos en elcamino, alir állevarlacarta ála quinta.Ricardo.(Conimpaciencia.)
No
tehedichoquetecalles?^lias. (Frunciendoel gesto.) Puesqué, has llevadouna cartade mi sobrinoallá?
Juana. Por qué
me
hace usted señas?(ildon Ricardo.)12
Qué
tiene esode particular?[AdonElias.) Si señor, ha escritoá sumujer, queesmi
madrina.Elias, Habráimbécil!...
Con
que es cierto?Ricardo. [Bajando lacabeza.) Tio!
Elias.
Y
sin duda,como
deciaspoco há, para pedirla perdón?Juana. [A'^arte.) Es posible!
Ricardo. Usted noesbuenjuez enelparticular.
Yo amo
á Gabriela... hace pocotiempo queestamosunidos...
Ves tan joven, tan bonita! Pregúnteselo ustedsino á íuana... Desde que noshallamos reñidos,
me
parece quelaquierodoble... Sí: estemes
de guerrame
ha parecidoun
siglo!prefierolapaz, lapaz á todotrance!Perousted,tiomió,nocomprenderá jamástalescosas!
Elias. Sí, sí; yo noentiendo nada dematrimonios;
mas
entiendomucho
de motines y rebeliones.Vamos,
y qué tehanrespondido? (A Juana.)Juana. Nada; mi madrina no estaba sola, sinoconsu madre, la cual se apoderó de lacarta.
Ricardo.
Qué
infamia!
Elias. Loves?
Juana. «Señora, la dije, es del
amo,
que escribeá su esposa, y no áotra alguna.»Elias.
Muy
bien, Juanilla!Juana,
Mas
ella, sinresponderme,me
lanzóuna desus miradas deseis piésy mediodealtura, yabrió elbi-llete. Alleerlo seencogiódehombros, sonriéndosede
un modo
tal, que siyome
atrevieraá sonreirme de lamisma
manera delantedemi
Jaime,me
quedaríanmucho
tiempolasseñales para memoria... porque mi marido esmuy
fuerte,muy
fuerte!
Ricardo. Acabarás.^
Juana.
En
seguidala marquesase sentó delante de su bufete, y allígarrapateó en un pliegode papel, queme
entregó luego, diciéndome: «Ahí vami... líltimo fl^im.'»—Yo me
lo guardé enel bolsillo,y
aquí estáelúltimo atúnde la señora.
Elias. Calla!... Tiemblas solo de ver suletra? (A
Ri-
cardo.)
Ricardo.
No,
sinoqueme
parece queesa carta contie- ne"misentencia.Elias. Si
me
lo permites,no sentiré conocerelestilode13
la marquesa, y ({ue Juanilla llama su líltimo atún.
(Cogiendo la carta.)
Juana. Este señornotiene miedoánada! (Aparte.) Elias. (Abriéndola.) Hola, hola!:..Juanilladecia bien!
(Leyendo.) «Este es nuestro ultimátum:
mi
hija se dignarárecibirle áustedconunasolacondición;yes, c|uereconociendo usted sus faltas, venga álaquinta ádisculparse enmi
presencia...Ricardo. (Indignado.)
A
disculparme?Juana. Disculparse
un
marido!
Elias. (Xei/enao.) «Entonces, acaso
perdonaremos.—
La
marquesa de Pino-alto.»Ricardo.(Apoderándose de lacarta yrecorriéndola.)No, no puedocreer...
Juana. (Furiosa.) Quién havistocosa igual?
Elias. Conocesahoraloque segana conceder?... Esta nueva humillaciónla debes átu debilidad de antes.
Juana. Ciertamente!
Elias.
Y
cuantomas
hagas,mas
exigiránde tí.Juana. Esverdad!
Elias. Lo que teprueba que el jefe de la familia es el únicoque debe mandar...
Juana.
Muy
bien!Elias.
Y
hacerse obedecer!
Juana. (Conenergía.) Síseñor,el tiotiene razón! Ay!...
perdone usted... (Ricardose dejacaerenel banco de césped.)
Elias. (Sonriéndose.)
Ño
hay de qué.Con
que piensascomo
yo,Juanilla ?Juana. Sí á fé.
A
los principios de nuestro casamiento,me
gustaba tantodivertirmey
tener lujo, quelohu-
biera gastado todo endenguesy
baratijas; luegomi
marido estabamuy
enamorado, y yopensaba que no se opondríaá miscaprichos. Buenas ygordas!— Un
día
me
dijo: «Alto ahí, señoraJuana: á tí te obede- cerá todo elmundo
enla granja,porqueeres elama;perotú
me
obedecerás á mí, porque yo soy el amo, y elamo
es el primero.»Entonces, bajé lacabeza, le respondí: «Está bien...»Y
nohemos
vueltoá tenermas
contestaciones.Ricardo.
De
veras?Juana. Jaimees
muy
buen muchacho, tanlaborioso, tan14
alegre...
No
piensa sino ensumujer y ensu trabajo;perocuando dice sí, no hay que replicarle nó.
De modo
que todos le respetan'y le estiman; pues del que cedeánuestroscaprichos, solemosreimos ybur- larnosdespués por detrás.Bicardo. (Dejando caer lacarta quetenia enlamano.) Cielos
!
Elias.Bravo, chiquita!... Has pronunciado
un
discur- so sublime por su moralidadysensatez!Yen
ádarme un
abrazo!
Juana. (Queriendodetenerle.)
Y mi
marido?Elias.
No
estáaquí, ymi
admiración á tu talento no ofrece peligro! (Zaa&rííZí*.)Juana.
Me
gusta este viejo por lo campechano que es!(Aparte.)
Elias. Mira, Ricardo, siquieres delegarme por algún tiempotusderechos,que notesirvende nada;siquie- res dejarme obrar,
y
fiarte enteramenteenmi, yote respondo de que antes demucho
tu matrimonio se pareceráen todoal de Juana!
Juana.
Qué
honorpara nosotros!
Ricardo.
Haga
ustedloquele acomode, tio, con tal de queme
devuelva ámi Gabriela.Elias.
Te
ladevolverédulce, amable, y loquees mas, sumisa.Tú,
Juana...Juana,
Qué me manda
usted?Elias.Yéteádesplumartu pavita; preparalacomida y
elbaile, y no te olvidesde que
yo
pago la música/Juana.Milgracias. Antes iré ver á mishijos.
Elias. (Sonrténdose.)Hijos?...
En un
año de matrimonio?Juana. Es quevinierondos ála vez, tan robustos
como
su padre, elcual es elhombre mas
robusto...jEte. Con
que dos?Juana.
A
Jaime nolegusta perderel tiempo.Elias. Mira, dileátu maridoque sinconocerle le pro- fesola
mas
altaestimación.Juana. Se lo diré.
Elias,
Y
que luego tendréelhonor de apretarlelama-
no y de echarun
trinquis en su compañía.Juana.
Lo
aceptará consumo
gusto; porque él no nieganunca á compartir conotro suporrón.Elias, Su porrón nada
mas?
15
Juana. Pues es claro! [Sonriéndofie.)Coa
que, hastadespués.(Vase corriendo. )
ESCENA
Vi.DON ELÍAS. RICARDO.
Elias.
Vamos
,ahoracuéntame quées loquehashecho enun
mes.Ricardo.
Me
he fastidiado enese pabellón, rehusandolosconvites demis vecinos...
Hoy mismo
estoy invi- tadoparaunacacería magnífica.Elias.
Y
no piensas ir?Ricardo
No
, porque quien la ha organizado es esa se- ñora de Osorio^ delacual tiene celosGabriela,y no quieroesponermeá queella ósumadre
juzguen."..Elias.
Y
qué nos importa? Al contrario, es menester quevayas.Ricardo. Para aburrirme?
Elias
Me
hasprometido dejarteguiar por mí; así,an-
tesde marcharte ácazar, necesitoquedésuna vuelta por la granja.
Ricardo.
No
se acuerda usted de quehabrábroma?...^te.
Mejor!Ricardo. Comida, baile...
Elias. Escelentel
Ricardo. Exige ustedque
me
presente enuna fiesta entales
momentos? Y
siGabriela lo sabe?Elias. Eso es lo quedeseo.
Ricardo.
Y
sumadre?
Elias. Tienes óno confianzaen
mí? Yo
terespondo de todo.Ricardo.T\Q,su seguridad de ustedcomienzaá animarme.
Elias. Gracias á Dios! Wwdi. [Señalando á lagranja.) ves cuántasguapas chicas?
Ricardo. (Animándose.)
A
laverdad, yo no puedopasar mi vida entre cuatroparedes, porque se le antoje á lamarquesa.Elias.
Que
noes tu mujer.Ricardo. Luego, no es ningún pecado del otro
mundo
divertirse uno
un
poco...Elias.
Es
claro!
16
Ricardo. Conque, tio, yo
me
abandono enteramenteá usted.Elias.
No
lepesará.Ricardo. Quiero aturdirme, hacer locuras... y achis-
parme
en lacaza, sipuedo.Elias. Pues nohas de poder?
Ricardo.
De
estemodo
olvidaré mis penas, olvidaré hastaque soy casado...Elias. Perfectamente.
Ricardo.
Y
para compensar el tiempo perdido, voy á enamorará cuantas muchachasencuentre.Elias. Así, así!
Ricardo.
Conque,
queridotio, adiós: le aseguro áus- tedque quedarácontento de su sobrino. (Vase cor- riendo y cantando.)ESCENA VIL
DON ELÍAS, Después LAMARQUESA y GABRIELA.
Elias. Poríin se lanzó!
No me
ha costadopocotrabajo!Ahora vamosála quinta á verála marquesa...
Ten-
dréel gusto de combatir conun
adversario digno de mí. Diantreü Ella se acerca!... Elenemigo seme
ha adelantado! (Mirando hácialaizquierda.)No hay
du- da; esla mismísima, algo ajada, perosiempre fresca- chona, ysobretodo siempreorgullosa,porquelaher- mosurapasa, yelcarácter queíja. Quién seráesajo- ven que laacompaña?
Gabriela sin duda! Es bonitacomo un
ángel! Ahora comprendoladesesperación de Ricardo: la penitenciahasidodura. [LaMarquesa
y Gabrielasalen seguidas deun criado que llevaun li- bro.) SeñoraMarquesa! (Acercándose.)Marquesa.
(En
tono dulce.) General!
Elias.
Qué
feliz casualidad!Marquesa. Ibamos á laiglesia del pueblo... (Hace una seña alcriado, el cualsevapor laderecha.)Permíta-
me
usted quele presente mi hija Gabriela.Elias.
Que
estambién mi encantadorasobrina.Marquesa. Espero que se dignará usted hospedarse en nuestra casa.
Elias. (Suspirando.)
De
buena gana aceptaria;mas
es17
imposible!Yo
noabandono alosamigosenladesgra- cia, y debo compartir el destierro de Ricardo^aleuai acabo de very abrazar.Gabriela.
Ah
1 Ustedle ha visto?Marquesa. (ConaUanerkt.)
Y
le ha dicho á usted?...Ji!lias.
Todo me
lo ha contado; y hastame
enseñó su MÍíiíWíííwwdeusted, señora.Marquesa.
Ha
cometidograndes faltas!
Gabriela.
Muy
grandes!Elias. Grandísimas!
Marquesa.
Mas
ya que pide perdón... \Elias.
No
lo merece, no; yomismo
lehehecho compren- derque es indignodesu clemencia de ustedes, yasí, ha renunciado á implorarla.Gabriela. Cómo?...
Elias. Sí, renuncia para siempre!
Marquesa. Sin embargo, si bajolas condiciones pro- puestas nosdignamos absolverle.
Gabriela Sí, sinos dignamos...
Elias.No, Marquesa, no. Usted hasidodemasiadobue- na, demasiado indulgente, porquees mujer, y está tododicho. Pero nuestra culpa fuégrande, y debe-
mos
castigarnosy espiarla.Gabriela. Es que yahace
un mes
qué la espía.Elias.
Y
qué esun mes?
Gabriela. Yaya!
No
estan poco!Marquesa. (Éajo á su hija.) Silencio
!
Elias.(Aparte.) Bravo! Eltribunalno se halladeacuer- doacerca de laduracióndelapena! (Alto.)
Yo
voy to^davía
mas
lejos, y creoque para arrepentirsede ta-mañas
ofensasno esbastante lavida entera.Gabriela. Cuántorigorismo! (Se oyen cornetas de caza dentro.) Dios mío!
Qué
será eso?Elias.
Nada
, no hagan ustades caso; esqueRicardo va áunapartidadecaza con algunos amigos... conlase- ñora deOsorio...Gabriela.(Conviveza.) Espero que no irá; y sino.,.
Elias.
Ha mandado
ensillar sucaballo para'reunirseáloscazadores. (Suspirando.)
Qué
importaque sea á iosbosquesó á otracualquier parteadondelleveeles- pectáculode su tristeza? (Se oye dentrotocarguitar- ras y bandurrias.)18
Juma.
[Dentro,] V<imos, ábailar, á bailar! Tú, Jai-me
, enfrente demí.Ricardo (Dentro.)
Empecemos,
empecemos!alias. Repito que no hagan ustedescaso.
Hoy
eselani- versario dela bodadeJuanaAgramunt
...
Gabriela.
De
mi ahijada?^/¿a5. Yellatienequeabrirelbaileconsu maridodeusted.
Gabriela.
[Mirando
hácialaderecha.)Y
será capazde bailaresehombre?
Elias.
De
desesperación!Gabriela. Atreverse ádivertirse
!
Marquesa.
Y
con esagentuza!Qué
indecencia!Ricardo. {Dentro.)
A
lasaluddeJuanilla!Elias. Le oyenustedes?
Ricardo. [Dentro.)Porlosbuenosmatrimonios![Gritos dentro de: Yiva elseñor
amo
!)
Elias.Allí está,allí; en medio delasmuchachas...(Mi- rctndo háciadentro.)
Marquesa. [Mirandotambién.)
Y
trincando conJaime!Jesús, Jesús!
Gabriela.
No me
engaño!... AhoraabrazaáJuana! [Dáun
pasohácia lagranja.)Marquesa. [Deteniéndola.) Hijamia,quéquiereshacer?
Gabriela. Confundirle
!
Marquesa. [Amediavoz, y trémula decólera.)
Y
indig- nidad?Mírame
; yo estoytanfuriosacomo
tú, y na- dieme
lo advierte: asiaebe serla cóleradelasper- sonas ilustres.Gabriela.
Mamá,
accedo á todo!Marquesa.
Huyamos
deese espectáculorepugnante.Elias. Sedignará usteddecirmelo quepiensa hacer?
Marquesa. Caballero, notengoque dar á usted cuenta de misacciones! [Las dosle saludan, y sevan por el
fondo.)
ESCENA
VHI.DON ELÍAS, poniéndose elsombrero.
Qué
provectos serán los suyos? Losignoro,mas
debo aguardarun
gran golpe, porque laMarquesa esmu-
jer terrible.Felizmente, yeneso consistenuestrasal- vación, enlacóleradeGabrielase revelaaunelamor.
En
la de sumadre
solo se descubrelanecesidad de19
combates y de discordia. Hola! Quiereguerra? Pues bien, se la haremospara conseguir la paz; y ya que nosha enviado su ultimátum,voyáprepararlaelmió, que no valdrámenos
queel otro.[Sesientaenelban-co, y escribe en unahoja de papel que arrancade su cartera, conellápiz de esta.)
ESCENA
IX.'DICHO. RICARDO.
Ricardo. Vaya!
Me
hedivertido yme
he alegrado!...Pedro acabade decirme que está yalistomi caballo, y
me
voy á la cacería. Peroantes he querido decirle á ustedque tenia razón, tio. El júbilo de esabuena genteme
ha contagiado...Han
bebidoá mi saludconun
entusiasmo, y conun
vinillo tanagradable!Ade- más,
habia allíalgunos palmitos regulares; algunas chicas tanfrancas, tandespreocupadas, tan...Locier- toes que yo perdíla cabeza, ybailécon todas, y las abracé átodas! Si yo no soy vanidoso!Lo
único que siento es quemi suegra noíuehayavisto!Elias. [Acabando de escribir.)
De
veras?Bicardo. [Riéndose.) Hubieradadomildurosporquees- tuviese ahí
!
Elias.Anda, que notecostará tancaraesa satisfacción.
Ricardo.
Cómo?
Elias. PorquelaMarquesa estaba aquí...gratis.
Ricardo.
La
Marquesa?Elias.
Con
tumujer!
Ricardo. Soy perdido!
Elias. Al contrario; se han marchado furiosas, lo cual esde buen agüero; y para acabarloque túhas
em-
pezado tan bien, preparo...Ricardo. El que, tio?
Elias.Nuestro último atún; porqueesmenester que ca- dacualtengaelsuyo...
Toma,
tú lofirmarás!Ricardo.[Leyendo rápidamenteelpapel queledásutio.)
Firmar yo esto? Jamás! Jamás!
No
lo espereusted!Elias. Sin embargo...
Ricardo. Repitoguenunca! Quiere usted quedespués de lo que ha visto
me
aborrezca?Deseaustedalejar- nosmas
todavía?20
£lias. Alejaros!... Mira, conocesaquella quehablaallí
con Juana?
Ricardo. Cielos! Esella! (Vaá correr hácia Gabriela, pero su tioledetiene.)
Elias.
Adonde
corres?Ricardo. Aesplicarlaporquéantes...
me
divertía aquí...sin sabercómo.
Elias.No, esofueraecharlo todoáperder. Vas á
mar-
charte ácaza.Ricardo. No, no!
Elias.
Y
la promesa queme
hiciste? Es queámí nadieme
faltaásu palabra!Ricardo. Vero,tio, si
me
es huposiblealejarme...cuan- doséquemi
mujerestátan cercade mí!^Elias.
En
esecaso, contaldeque nola hables...Ricardo. Se lojuro á usted!
Elias. Entonces, éntrate ahí... enel pabellón; ynosal- gas sinorden mia.
Ricardo. Tio!
Elias. (Enfadándose.)
Ó me
marcho... te abandono,y
te entrego á tu suegra... Escoge.
Ricardo.
Oh
\ no! no!... esa amenazame
hará entrar hastaenel infierno!
Elias. No,únicamentequieroqueentresenel pabellón.
Ricardo. Le obedezco á usted!
En
cuanto á firmareste papel,eso nunca, lo repito!Elias. Lo veremos! (Empujándole.)Anda! (Viendosalir á Gabriela.)
Ya
era tiempo! (Vase con susobrino.)ESCENA
X..GABRIELA. JUANA. DcspUCS DONELIAS.
Gabriela. (Sale hablando animadamentecon Juana.)
Y
porque bailabasconél?Juana.Caramba! Madrina, el
amo me
sacó, ycomo
era para mí una honratan...Gabriela. Debiste rehusarla
!
Juana.
Yo
vacilé un instante; peromi
maridome
dijo:acepta!
Gabriela.Luego, dejarteabrazar por él
!
Juana. Mi marido
me
dijo...Gabriela,
Tu
marido! tu marido!... Debiascontestarle que notedabalagana.Juana.
No
se hubieraenfadado poco!Gabriela. Gran mal
!
Juana. Ciertamente, porque cuandose enfada...
Gabriela.
Qué
sucede?Juana. Soy yoquien tiene que ceder... lo quesiempre esdesagradable.
Gabriela.Ah! Erestú?
Y
si no cedieras?/mííwíi.
Me
abandonaria!Gabriela. Esposible?
Juana. Sí, madrina, sin remedio.
Gabriela
Lo
senliriasmucho
? Juana. Mucho.Y
usted?Gabriela.Yo... (DonJulias abre la puerta y la cierra, fingiendo que llegaahora.) Cielos!Mi tio!
Julias. (Acercándose.) Sobrinita! dóndese halla la se- ñora
Marquesa?
Gabriela. Acabade salir...ha ido á consultará
un
abo- gado, ycomo
mi presencia era inútil...Elias.Tieneustedrazón.
Gabriela. (^Comobuscando á alguien en derredor.)
Y
yome
volviaála quinta.Elias.
Qué
buscausted?Gabriela. Nada.
Temia
encontrar ámi
marido.Elias. Tranquilícese usted:está ausente.
Gabriela. Ausente? Entonces
me
quedo, querido tio.[Con emociónydespecho.)
Y
se fué sindudaá esa ca- cería ?Elias.
Lo
supongo.Gabriela.
A
encontrará lade Osorio?Elias. Quizás!
Gabriela.
Yo
estoy seguradeello... porquela tal mujer quedebiapartirparaItalia...Y cómo
esque nosemar-
cha?Elias.
No
puedocontestarlaá usted.Gabriela.'í^ocrea ustedqueámí
me
importa nada...An-
tiguamente, cuando yo quería ámi
marido, hubiera podido... pero después delo que he visto pocohá...después de eseolvido completo, no diré de mí, sino detodaslas consideraciones..
.
Elias. Tal vez tieneunadisculpa...
22
Gabriela. Él?
Un hombre
casado?Elias. Casado?
Ya
no loestá!
Gabriela.
Cómo?
Elias. Casi, casi! Éltienecorazóny ojos...
Gabriela, Sinembargo, lacartaque
me
dirigió estama-
ñana...
Elias.
Yo
se la dicté, yme
costó infinito lograrque la escribiese.Gabriela. Usted ladictó?Pero,tio
, porqué no
me
tu- teausted?Elias. Es verdad...
como
ya estamos casi separados...En
íin, te tutearé.— Debo
decirteque ya searrepen- tiade haberte enviadoelbilletito,cuandolarespuesta de tumamá
vinoá sacarle delapuro, yá dejarle otra vez libreyfeliz.Gabriela. {Conespanto.) Dios mió! Felizmenteque us- ted está ahí, y
como
ustedestanbueno...ycomo me ama
tanto.,, porqueestoy segura dequeme ama
us- ted ya!
Elias.\Aparte.) Pobre chica!
Me
enternece!Gabriela. Aconsejará usted á susobrino, segúnhizo es- tamañana... paraque ceda.
Elias. (Aparte.) Iba ádejarme embaucar1 [Alto.)
Que
ceda?Gabriela. Sí... que dé algunospasos...eníin...quenos pidauna especie... de perdón...Esdecir,enlostér- minos queguste.
Elias.
Él?
Gabriela. Contaldeque parezcaqueesélelquesebaja primero, nose le exige mas.
¿
Elias.De
veras? Pues, sobrina, sientomucho
confesár-^
telo...Tú
noconocesá tumarido!Gabriela.
Vava
! Si es tanbueno!Tan
amable!Tan
dó-cil!
Elias. Antes, nolo dudo.
Mas
sisupiesescuánto agria el carácterla soledad! Ahoraes ridículo, exigente...Gabriela. (Asustada.) Semejante cambio en un
mes?
Elias. Pasantantas cosas en un mes! Luego, el susto quellevócuando... (Señala al balcón.)
Gabriela. Es
muy
gracioso! Puesme
parece queyofui laque...Elias. Sí,
mas
aquelloinfluiría en su parte moral; y23
ahora padece una monomanía:ladequererserelamo
de su casa.Gabriela.
Qué
ocurrencia!£!lias.
Y
paracomenzar, quiere, exige...Gabriela. {Asustada.)
Qué? Qué
exige?Elias.
Que
leescribasuna carta cariñosa.Gabriela.
[Con
alegría.) Cariñosa? Sí... creo que bien puedopermitirme... sí, si, si!...Elias. [Tomándolalamano.) Ingiriendo enellaalgunas disculpas...
Gabriela. [Cambiandodetono.)
Yo?
Elias. Acercadelo pasado.
Gabriela. Pediryo perdón? Confesar quehice mal?Eso nunca
!
Juana.
Qué
dice usted,madrina?Gabriela. {A losdos.)
Mamá me
lo harepetidocienve- ces!Va
en ello mi dignidad de mujer! Cuando una cedela primera vez, es perdida!
Elias.Hola!
Con
que esosson losprincipiosdelaMar-
quesa?Gabriela.
Y
losmios!
Elias.
Y
laobediencia quese debeal esposo?Gabriela.Laobediencia?Esas son palabras vanas. [Re- primiéndose.)
En
fin, tio, yo noquieroenfadarme con usted,y ensu obsequio accéderéá nacer.. .concesiones.Juana. Bien, bien,madrina!
Elias. Cuáles?
Gabriela. Todas lasque mi marido quiera...
Juana.Perfectamente.
Gabriela.Esceptuandoelser yolaquese baje.
Elias. [Aparte.) Eso lo veremos! [Yéndose.) Gabriela. Se marchausted?
Elias.
Como
embajadorque harecibido sus pasaportes, porqueestoyseguro de quemi
sobrino se negará.Gabriela. Habrá terco!
Elias. Repitoquese negará. [La saluda yse va.)
ESCENA
XI.GABRIELA. JUANA.
Gabriela. [Furiosa.)Pues siseatreveá tanto...
Juana. Madrina!
u
Gabriela.
Es
que no hayejemplo de obstinaciónseme-
jante! Parece que enla familia todos son así! El tio, elsobrino...
En
fin, yalohasvisto...Yo
soylaúnica razonable, puesto que hacia concesiones.Juana.
Y
se enfureceusted?Gabriela.
Cuando me
tratancomo
áunachiquilla, cuan- dome
hablande ceder, de obedecer...Juana.
Y
qué mal hayen eso?Es
preciso obedecerásu marido;delocualnoresultajamásvergüenza...(Ju- gandoconeldelantal.)ysíalgunas vecessatisfacción.Gabriela. Cállate! Si
mamá
te oyese!...Juana.
Y
qué importarlaqueme
oyese?LaseñoraMar-
quesa essuegray noesposade don Ricardo; tampoco puede saber lo queustedpiensa,lo queusted siente.A
ella no la cuesta nada hacerlaguerra, y áustedsí... á
menos
que noame
usted á sumarido.Gabriela. Alcontrario; lequiero
mas
quenunca... y eso esloqueme
pone furiosa./wíííicí.Entonces...
Gabriela. Pero humillarme, ceder la primera...
Mamá
no loconsentirla.
Juana. Eseesasunto deusted.
Gabriela.
Me
despreciarla, y conrazón.Juana. Sin pizca de ella; porque usted se ha formado unaidea terrible delasumisión... que no es nadaen
el matrimonio.
Gabriela.
Cómo!
noesnadasometersecualunaesclava?Juana.Bah!
Yo
no hagootra cosa...me
sometotodoel dia, y nolo paso tanmal: en cuantoJaime manifies- tasuVoluntad, yolaejecuto enseguida... loque nome
impide hacerla mia... sin queéllosospeche.Gabriela. [Concuriosidad.) Qóim'l
Juana. (Después de mirar enderredor.)
En
primerlu- gar, no digo nunca «quiero,»sino procuro queme mande
loque deseo, y entonces obedezco... con una presteza quele encanta...Asíquedamoscontentoslos dos... y yo hago cuantome
acomoda.Gabriela.
De
veras?Juana. Desengáñeseusted, madrina, loshombres son
como
lasfieras; solo se necesitamaña
para domesti-carlos. ' '
Gabriela. Diosmio!
Mi
madre! (Se sientaenelbanco.)í>5
ESCENA
Xll.DICHAS. LA MARQUESA. RICARDO, oculío cíi elpabellón.
Marquesa. (Dentro.) Sí,señorJaime;esosjuegos yesas diversiones
me
parecenindecentes./liana.(Corriendo álagranja.) Pobreespositomió! (La
Marquesa
figura escuchar á Jaime que está enlaiz- quierda:Juana
procuraapaciguar á laMarquesa.) Marquesa.Eh?
Selo hanpermitidoáusted?Y
quién?Ricardo. [Saliendo delpabellón.) Por
mas
quediga mitio, no firmaréeso... Mimujer! (Dá un paso liácia Gabriela, ysedetiene.)
Ah!
Está con ellasumadre!Esperemos. (Seesconde detrás de lapuertadel pabe-
llón.)
Juana.
Le
dió licencia el señor donRicardo.No
esasí,Jaime? (Entra enlagranja.)
Marquesa. Ah!
Con
que mi yernoeselquepermitióque ustedesse divirtiesen?Pues yoloprohibo, entienden ustedes?y mihijatambién. (Alejándose delagranja.) Gabriela. Sin embargo,mamá, mi
marido es dueño...Marquesa.
De
qué?l)e esa granjaprocedente de tu do- te, y que nosotraslehemos
dado?Gabriela. Precisamente, unavezque usted se laha da- do, es suya.
Marquesa. Por esacuenta, túlo eres también.
Gabriela.
Puede
sostenerlo.Marquesa.
No
tal; vengo de ver al abogado, y opina que lacausa es escelente...Gabriela.Siempredicenlo
mismo
losabogados.Además, yo he encontrado al general, yme
ha hecho propo- siciones ennombre
de susobrino.Marquesa.
Cuando
te lo decía yo!No
se necesita sino tiempo yfirmezapara amansará loshombres!Gabriela.'^i... peroexigen... únicamente que escribaá mimarido... unacartaafectuosa.
Marquesa. Eso nunca
!
Gabriela.Lo
mismo
herespondido...Luego, queríanque intercalasealgunassúplicas... esto es, disculpas...Marquesa. Disculpas?
Y
lehasescuchado?Y
lehas de- jado acabar?Gabriela. No,