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Academic year: 2022

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica

José Luis Blanco Luque

MONOGRAFÍA

LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA Y SU EXPRESIÓN SIMBÓLICA

Dedico este trabajo a todos los que desean a través de la Celebración Eucarística hacer una intima comunión con Dios y con la vida de los hermanos.

Agradezco al Señor dueño de mies y Pastor del rebaño que me llamó a la vida y a la vocación religiosa; a mis hermanos que me ayudaron en la caminada y a todas las demás personas que me ayudaron directa o indirectamente a producir este trabajo; de manera muy especial a mi orientador P. Cleto. por su dedicación y prontitud durante el tiempo de elaboración del mismo.

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica RESUMEN

El símbolo pertenece a la categoría de los signos y señales. Cuanto señales, constituyen una unidad con aquello que significan. En su etimología original, el símbolo es un objeto cortado en dos, cuyas partes reunidas permiten reconocerse a quienes la poseen.

Nuestra relación con Dios necesita de signos y símbolos. En la religión, el símbolo representa el rostro oculto de las cosas de este mundo y del hombre siendo el camino que indica para el mas allá. Permite “ver” como que por un espejo una parte de lo que está escondido. Toda la creación se presenta al hombre religioso como símbolo, como vestigio de Dios, como un medio a través del cual podemos entrar en contacto con Él.

La iglesia en el sacramento de la Eucaristía siempre es y será un camino para llegar y estar con Cristo, el Hijo de Dios. Ella expresa su misterio a través de un lenguaje simbólico en cada celebración, por un conjunto de signos. Toda la vida eclesial es simbólica. Los fieles alimentan su fe y se unen a Cristo a través de símbolos.

ABREVIATURAS Y SIGLAS

CIC Catecismo de la Iglesia Católica

DV. Dei Verbum

IGMR Introducción General al Misal Romano.

LG Lumen Gentium MR Misal Romano

OGMR Ordenación General del Misal Romano OT Optatam Totuis

Ph Revista Phase

SC Sacrosanctum Concilium.

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica 1. INTRODUCCIÓN

Erick Fromm, un autor no cristiano dice: “Considero el lenguaje simbólico el único lenguaje extraño que cada uno de nosotros debería estudiar. Verdaderamente, él (símbolo) nos proporciona acceso a un nivel de la experiencia específicamente humana porque, según el contenido y estilo, es común a toda la humanidad”. Es un error pensar que el lenguaje simbólico se pueda sustituir por el discurso científico. Por eso queremos proponer aquí un des-pretensioso estudio sobre el lenguaje de los símbolos e signos en la vida de la comunidad cristiana específicamente en el sacramento de la Eucaristía. Pues, el misterio de la vida y de la fe cristina se expresa y se manifiesta a través de símbolos.

Toda la cultura es una producción de símbolos, a través de los cuales los hombres se expresan, y cambian su riqueza interior. Si no conseguimos conocer el hombre en su intimidad, a no ser por medio de sus gestos y de sus palabras, mucho mayor es la necesidad de los símbolos, para que podamos aproximarnos a la intimidad de Dios.

Las realidades que Dios nos quiere revelar y comunicar en la liturgia son tan grandes, tan profundas e inefables que el hombre no consigue exprimirlas por palabras. Por eso, él recurre a un lenguaje más profunda, a los signos sagrados, a los símbolos. Dios se nos puede revelar a través de los símbolos.

En la liturgia no interesan tanto los conceptos como las realidades. Nos se trata de realidades pasadas, sino de realidades presentes que acontecen siempre de nuevo, como dice el grande liturgista Romano Guardini, realidades que acontecen en nosotros y por nosotros.

En la Eucaristía encontramos un acontecer de realidades sagradas y ocultas en forma terrena.

Es necesario, por tanto, antes de todo, transformar en acción vivencial aquella acción mediante la cual el hombre de fe comprende, acoge y realiza los signos visibles y sagrados de la gracia invisible.

Lo más importante en todo eso es que dejemos que los símbolos hablar, que demos vida a ellos, pues ellos pueden hablar de Dios, de Cristo, de nosotros mismo y de nuestros hermanos.

Pero no quieren solamente hablar de esas realidades, y si comunicarnos con ellas. Esa es la tarea de “La celebración Eucarística y su expresión simbólica”

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica JUSTIFICACIÓN.

A cuarenta años del Concilio Vaticano II, centro de la gran reforma litúrgica donde se pasa de una celebración estática a una más dinámica, de unos ritos más bien preocupados de lo riguroso a unos de signos, donde la vida misma debe ser sacrificio espiritual, alimentado y expresado con los signos de la fe con participación positiva de los fieles como expresión del sentido mismo de su vida, donde pasamos a una liturgia de asamblea Eucarística, centrada en su celebración como culmen y fuente de toda la vida cristiana. Donde considero la liturgia como “la fuente primera y necesaria del genuino espíritu del cristiano”(O.T. 16)…en la que han de beber los fieles el espíritu (…) y por lo mismo los pastores de almas deben aspirar a ella con diligencia en toda su actuación pastoral por medio de una educación adecuada”( S.C.

14, encontramos en nuestro alrededor y en repetidas ocasiones expresiones de católicos, al referirse a las celebraciones litúrgicas, tales como “: fui a misa”, “voy a escuchar misa”. O

“la misa estuvo Chévere”, "estuvo aburrida la misa". Ignorando por completo el sentido de la palabra CELEBRAR que nos hace participes, no solo de la Eucaristía, sino de todos y cada uno de los sacramentos de nuestra vida de cristianos. Surge entonces un interrogante: Es que acaso nuestros pastores no cumplieron o no están cumpliendo con lo dispuesto por la reforma conciliar “formen con diligencia y paciencia la educación litúrgica y la participación activa de los fieles, interna y externa (…) cumpliendo así una de las funciones principales del fiel dispensador de los ministerios de Dios” (S.C. 19). O es que se ha descuidado en los últimos años esta labor, reduciendo las celebraciones a meramente verbalistas, donde la riqueza simbólica y gestual está perdiendo su verdadero sentido, corriendo entonces el peligro de caer en unas celebraciones “aburridas” donde el sacerdote las toma por deber y el fiel por obligación.

Medellín, Puebla y Santo Domingo, estas últimas tres Conferencias del Episcopado Latinoamericano, desarrolladas después de la reforma conciliar han continuado la línea de acción, en el sentido de realzar el valor de la liturgia “como acción de Cristo Cabeza y su cuerpo que es la Iglesia (Medellín 9) y dando una serie de fundamentos partiendo desde un Jesús liturgo Mt. 11 (13). En Puebla los Obispos presentan la liturgia como “el ejercicio del sacerdocio de Cristo, es cumbre y punto de la vida eclesial, encuentro con Dios y con los hermanos…” (DP 918) resalta al hombre como ser sacramental que a nivel religioso “expresa sus relaciones con Dios en un conjunto de signos y símbolos, Dios igualmente los utiliza cuando se comunica con los hombres” (D.P.918).

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica En las Conclusiones de Santo Domingo, la celebración litúrgica “es acción de Cristo Total cabeza y miembros y como tal debe expresarse el sentido más profundo de su oblación al Padre (DSD.34) Hace hincapié en promover “una liturgia que en total fidelidad al espíritu que el Concilio Vaticano II quiso recuperar en toda su pureza busque dentro de las normas dadas por la Iglesia, la adopción de las formas propias de las culturas de América Latina y del Caribe (DSD53), más explícito aun en las Líneas Pastorales: Evangelización Inculturada, ofrece la promoción y acogida en la liturgia, de los símbolos, ritos y expresiones religiosas de las culturas indígenas, compatibles con el claro sentido de la fe, manteniendo el valor de los símbolos universales en armonía con la disciplina general de la Iglesia(Cf. DSD. 248)

El Papa Juan Pablo II en discursos, cartas y encíclicas ha resaltado el valor de la inculturación en la liturgia y sobre todo el valor y vitalidad que “puede despertar la celebración eucarística en contacto con las formas, los estilos y las sensibilidades de las diversas culturas” (Ecclesia de Eucharistia 52)

Darían estos documentos, respuesta a las exigencias del Magisterio post conciliar puesto que abre nuevas perspectivas, siempre y cuando se adapten a las reglas establecidas que de por sí contienen una riqueza simbólica y gestual que hacen de una celebración una realidad amena, gustosa y sobre todo evangelizadora donde la riqueza de la Palabra que lleva a una buena utilización de los símbolos, puede producir más frutos, teniendo siempre como guía a Jesús el gran Maestro de la pedagogía simbólica.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS

1.-Presentar la Eucaristía como el centro sacramental donde el lenguaje simbólico nos permite entrar en contacto con lo inaccesible.

2.- Resaltar el contenido y la riqueza de los signos y símbolos eficaces en la celebración y adentrarnos en la comprensión del papel que juegan en el universo litúrgico

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica 2. CONCEPTOS

En esta primera parte trataremos de conceptualizar los primordiales términos que desarrollaré. No se trata de profundizar ni entrar en detalles sobre la evolución del concepto, simplemente teniendo como fuente los diccionarios de Liturgia y Teología al igual que el Magisterio, en algunos casos, nos darán la luz para la interpretación de los mismos.

2.1. SIGNO

El diccionario de Liturgia lo define “como una realidad sensible que revela en sí misma una carencia y remite a otra realidad ausente o no presente de la misma manera” 1 Se puede concebir el signo como todo aquello que, con una base histórica, permite el conocimiento del misterio creando las condiciones para la relación interpersonal. El signo y el lenguaje expresivo son fuentes de comunicación, pero, por su naturaleza ambigua, requiere la intervención de la palabra para explicarlo.

Tradicionalmente los sacramentos se han definido como signos eficaces de la gracia. Tal vez el concepto más tradicional eclesiásticamente es el de San Agustín: “El signo es una realidad que, más allá de la imagen de sí mismo, que imprime en los sentidos, lleva al conocimiento de otra cosa”. Entendido así, diríamos que el signo hace presente esa otra cosa.

Cuando se usa en un sentido más especifico (y sobre todo en relación a símbolo), con él, normalmente se entiende una realidad sensible que se remite a un significado preciso pero de carácter convencional: mas determinado pero más limitado; y por tanto entre el significante y el significado no hay una relación de comunión y presencia; otros hablan de una relación inmotivada (no fundada naturalmente) y por tanto no necesaria (como convención).

Pero hay muchos estudiosos que prefieren conservar para el término signo una acepción general, e introducen, para indicar el sentido más específico de la palabra, otros términos de significados no siempre unívoco, como señal, índice, icono, imagen, emblema, etc.

El mismo diccionario citado, trata de igual manera el signo que el símbolo. Sin embargo en la Biblia apenas se usa el termino símbolo en Os. 4,12; Sb. 2,9; 16,6. Mientras que signo se emplea 80 veces en el Antiguo Testamento y 70 veces en el Nuevo Testamento.

Pero, al margen de los términos, el lenguaje simbólico, profundamente connatural a la mentalidad semita, es una de las características de la Sagrada Escritura, por lo demás la pedagogía de los signos es una constante en la acción del Dios vivo en medio de su pueblo.

1 SARTORE. D. Sinal/Símbolo. En: Sartore. D. - Triarca. A. (Org.) Dicionário de Liturgia, São Paulo: Paulinas, 1992, p. 1143.

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica Para el evangelio de San Juan, signo es lo que una vez visto, mueve a creer. Por eso los que desconfían de Jesús dicen: “¿Que signos haces para que los veamos y creamos en ti?” (Jn.

6.30) El signo permite ver y creer porque es la intersección de la intervención divina en la visibilidad humana. El signo indica un lugar y un momento de la intervención de Dios por medio de Cristo, en el mundo de los humanos. Diríamos entonces que signo es la dimensión visible de la intervención libre de Dios para curar, rehacer y santificar a las criaturas humanas.

San Juan presenta en su evangelio siete signos prodigiosos:

-El agua cambiada en vino (Jn. 2,11)

-La curación del hijo del oficial real “Si no veis señales y prodigios no creéis” Jn. 4,48) -La curación del Paralítico de la Piscina (Jn 5,1-18)

-La Multiplicación de los panes, cuando la gente al ver el signo que había hecho Jesús dice

“Este es el profeta que había de venir al mundo” (Jn. 6,14) -Jesús camina sobre las aguas (Jn. 6,16-21)

-La curación del ciego de Nacimiento (Jn. 9)

-La Resurrección de Lázaro (Jn 11). Este milagro mueve a decir a quienes no creen “Este hombre realiza muchos signos prodigiosos”

Estos signos por el hecho de causar admiración en quienes los contemplan llevan el pensamiento más allá del hecho puntual producido por la intervención divina.

2.2. SÍMBOLO

Es poca la diferencia que hace el diccionario de Liturgia entre signo y símbolo. Otros diccionarios lo toman desde diferentes aspectos. Como expresamos al principio de este capítulo, trataremos de tomar su etimología para una aproximación conceptual.

Como toda realidad fundamental y envolvente del hombre, parece escapar a cualquier intento de definición. Etimológicamente “symbolom” es un objeto cortado en dos trozos cada uno de los cuales queda en posesión de una persona. Dos personas que se quieren, dos huéspedes, dos peregrinos, dos compañeros que tienen que separarse, se quedan cada uno con una parte, mas tarde al juntar las dos partes reconocerán los lazos que les une. De esta manera el símbolo es el operador de un reconocimiento mutuo, es mediador de identidad. En este sentido primigenio, la Iglesia se reconoce a sí misma en el credo o símbolo de los Apóstoles.

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica En la Introducción al Diccionario de los símbolos se reconoce con claridad “El estudio general de los símbolos no está aun lo bastante avanzado, como para permitir una teoría capaz de dar cuenta satisfactoriamente de todos los hechos acumulados”2

A partir de la etimología ya señalada, el símbolo puede calificarse como una realidad- puente.

Tiene, en efecto, la propiedad de juntar, de sintetizar en una misma expresión un componente pre-racional, con sus raíces en el estrato síquico del inconsciente cargado de resonancias cósmicas, y otro componente racional, perteneciente al estrato de la conciencia, del “logos”, de la palabra.3

Podríamos agregar algo más. El símbolo es el lazo que une el ser del hombre con el ser total. El símbolo permite al hombre “la libre circulación en todos los planos de lo real” 4

En definitiva, la función del conocimiento simbólico, será revelar la realidad total, inaccesible a los demás medios del conocimiento; su eficacia presentificadora consiste en su facultad de tornar presente de forma más plena una realidad que ya está en él de manera más perfecta.5

De aquí que la presencia de los símbolos resulte indispensable en el universo religioso, cuando se trate de expresar lo inexpresable, y de comulgar con lo absolutamente otro. De esta manera, queda patente la pertinencia, o mejor dicho, la necesidad de los signos para la vida litúrgica.

En conclusión, aunque algunos autores consideren signo y símbolo como siendo sinónimos, podemos ver en ellos algunas diferencias; podemos decir que el signo es una unidad capaz de trasmitir contenidos representativos, es decir, es un objeto material, llamado significante, que se percibe gracias a los sentidos y que en el proceso comunicativo es portador de una información llamada significado. Y cuando un este signo no sólo informa de un significado, sino que además evoca valores y sentimientos, representando ideas abstractas de una manera metafórica o alegórica, se conoce como símbolo. Este símbolo es una imagen, figura u objeto con que se representa un concepto abstracto, moral o intelectual. Un símbolo es más que su significado inmediato, puede incluso el concepto representado ser diferente según el receptor que lo considera.

Como signo, una bandera representa un país, pero como símbolo es imagen de la nación, su gente, el estado, su tradición, historia, instituciones y emociones y sentimientos no racionales de forma más bien ambigua. Es una total abstracción.

2 BECKER, U. Prefácio En: Becker. U. (Org.) Diccionario de los Símbolos São Paulo: Paulus 1999. p. 5.

3 BOROBIO Dionísio. A celebração na Igreja I. São Paulo: Loyola. 1990. p. 330.

4 MIRCEA Eliade, Imágenes y Símbolos, Madrid 1974, p 178 .

5 BOROBIO Dionisio. A celebração na Igreja I. São Paulo: Loyola. 1990. p. 331.

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica 2.3. CELEBRACIÓN:

El termino celebración (del latín celebratio) puede significar, de acuerdo al diccionario, gentío, afluencia numerosa de personas, solemnidad, etc. En el contexto litúrgico, usamos el termino celebración para indicar el cumplimiento ritual del sacrificio eucarístico, o bien la celebración solemne de uno de los misterios de la salvación, mediante la eucaristía que es el rito eclesial por excelencia.6

Celebrar es siempre realizar una “acción pública” ligada a una comunidad y hecha con cierta solemnidad. Se asocia celebración con fiesta o solemnización. El objeto de la fiesta de la Iglesia es, desde el principio el acontecimiento Cristo; y de la celebración de su memorial nacen y se desarrollan las fiestas cristianas.

El Concilio Vaticano II recuerda que cada vez que los ritos suponen una celebración comunitaria, caracterizada por la presencia y la participación activa de los fieles, ésta debe preferirse a la celebración individual y casi privada. Esto vale sobre todo para la misa y para los sacramentos.7

2.4. EUCARISTÍA

Es el sacramento central de la Iglesia. Centro de culto y de la vida Cristiana. En su etimología griega, significa acción de gracias, agradecimiento; el Nuevo Testamento lo utilizara para traducir el termino hebreo berakah (bendición) que se basa en el recuerdo de los beneficios extraordinarios recibidos de Dios, y celebra el encuentro entre Dios y el hombre en Cristo, en la nueva alianza que Él conquistó para siempre en la cruz.8

La Eucaristía es el sacramento central del septenario sacramental que hace presente al mismo Cristo.

“La celebración de la Misa como acción de Cristo y del Pueblo de Dios ordenado jerárquicamente es el centro de toda la vida cristiana para la Iglesia Universal y Local y para todos los fieles individualmente”. Es esta la afirmación clara y solemne con que se inicia el primer capítulo del nuevo Misal (OGMR, 1) haciéndose eco de tantas tomas de posición del Vaticano II. No es difícil de justificar si en la celebración de la Misa se toma la presencia dinámica e irradiante del misterio de Cristo en singular, esto es, la globalidad del acto en su redención; o en plural, como presencia de los misterios de Cristo, o sea de los aspectos o momentos del único acontecimiento salvífico.

6 SODI. M. Celebração. En: Sartore. D. - Triarca. A. (Org.) Dicionário de Liturgia, São Paulo: Paulinas, 1992, p 185.

7 CONCILIO VATICANO II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, “Sacrosanctum Concilium, n 27.

8 BOROBIO Dionísio. A celebração na Igreja II. Sacramentos. São Paulo: Loyola 1993. p. 145.

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica Es así la Eucaristía un sacramento complejo, ya que la cena del Señor es ante todo el memorial eficaz de su único sacrificio el rito sacramental que actualiza la Pascua. Pero ha sido instituida para la Iglesia para permitirle recibir, mediante la comunión el fruto del sacrificio del Señor, uniéndose a Él en la ofrenda al Padre.

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica 3. LA EUCARISTÍA SÍMBOLO DEL BANQUETE DEL REINO.

Coinciden muchos autores, al hablar de la Eucaristía, en que es el sacramento por excelencia, pues en ella de manera notable se cumple todo aquello que se puede decir sobre los sacramentos. Ella, no es apenas sacrificio, más también banquete9 en el que volvemos a vivir el Misterio de la Redención Culminante en el Sacrificio del Señor.

Hablar de la Eucaristía, es verla como fuente y centro de la vida de Dios ofrecida a los hombres, ya que ella hace la Iglesia y constituye el pueblo como Iglesia de Dios ungido por el Espíritu Santo. Es el eje vertebrador de la Pastoral de la Iglesia y de su misión evangelizadora, el sacramento por excelencia del misterio pascual colocado en el centro de la vida eclesial10. Es la cima de la vida cristiana porque es la comunión más plena con Cristo Nuestra Vida.

La Eucaristía está situada en nuestra tierra, en nuestro tiempo11, es el pan amasado por la gente de nuestro pueblo, el vino procedente de los racimos estrujados por los pies de nuestros campesinos. Pero, más que signos de la tierra, están apuntando a Cristo glorificado, eterno e invisible y Cristo glorioso se sirve de este pan y de este vino para comunicarnos realmente su presencia entre nosotros.

En esta parte del trabajo queremos que los contenidos queden claros y se encuentren dentro de la perspectiva simbólica de la sacramentalidad y de la Iglesia. El orden del tiempo, como lo presentan muchos autores, se da comenzando por el futuro, porque desde esa perspectiva se entiende lo que es la Eucaristía como prenda, pregustación y símbolo real de los bienes posteriores, centrados en Cristo. Nosotros aquí trabajaríamos a la inversa dividiendo este capítulo en tres partes:

1. Un memorial del pasado 2. Un presente de Gracia 3. Una anticipación de futuro

Porque si rememoramos la Pasión del Señor ocurrida en el pasado, y contemplamos y agradecemos en el presente la gracia de Cristo, es precisamente para alcanzar los bienes

9 Cardeal. SARAIVA, José, Martins. Eucaristia. Lisboa: Universidade católica, Editora, 2002. P. 233.

10 JUAN PABLO II. Ecclesia de Eucharistia. p. 4.

11 Cf. CONCILIO VATICANO II, Constitución Dogmatica sobre la Iglesia, Lumen Gentium, n. 48

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica futuros que esperamos, su venida gloriosa12. Así, este Señor (Cristo) que rememoramos, contemplamos y esperamos se hace presente en la iglesia través del sacrificio eucarístico; de esta manera finalizaremos este capítulo viendo la Eucaristía como palabra y presencia de Cristo, a la luz de la encíclica Mysterium fidei del papa Pablo VI, tomaremos algunos puntos que nos ayudarán a comprender mejor.

3.1. Un memorial del pasado

¿Cómo puede ser anticipación si es un memorial que asume y rememora la pasión de Cristo? Un tema profundamente teológico que trataremos de expresar en cortas líneas. Tanto el Principio como el Fin son divinos, presididos por el Verbo encarnado, crucificado y resucitado de entre los muertos. La comunidad cristiana, reunida como nuevo Israel, interpreta este acontecimiento como siendo la realización de la antigua promesa. La comunidad se mueve a partir de esa experiencia funcional. Todo en ella comienza a reflexionar la presencia de Cristo pascual: su vida, sus reuniones, su celebración, sus gestos etc. Todo en la iglesia pasa a comunicar esta presencia13; y el mismo Cristo es quien culmina y sostiene todas las intervenciones de Dios en la historia. El Verbo hecho carne, muerto y glorificado como el Cordero del Apocalipsis, es el principio y el término, el primero y el último que permanece eternamente. Puede hacerse memoria, porque Cristo mismo ha asumido personalmente una historia pasada de Pasión, Muerte y apertura a la vida divina para Él y para nosotros. Así, este Evento continúa siendo actual para los que lo celebran. Su memoria hace con que él se realice aquí y ahora para los que lo viven en la fe14.

Las lecturas inherentes de manera intrínseca a la celebración de la Eucaristía rememoran con fe y con gozo una historia que, en la persona del glorificado, se ha hecho eterna; por eso el sacramento memoriza y anticipa, porque todo lo centra en la persona de Jesucristo, “el mismo ayer, hoy y por los siglos” (Hb 13,8).

La Eucaristía, como memorial de la muerte y de la resurrección del Señor, es mucho más que un recuerdo de un evento del pasado; representa sacramentalmente un acontecimiento siempre actual, ya que la ofrenda de amor de Jesús en la cruz fue aceptada por el Padre y glorificada por el Espíritu Santo. En consecuencia, esta ofrenda trasciende el

12 Cf. ROVIRA, Josep. “Os Sacramentos” Símbolos do Espírito. São Paulo. Paulinas, 2005. p. 186.

13 Cf. CALIMAM, Cleto. Eucaristía, memorial do Senhor. En Rev. De catequese 5. Belo horizonte 1979.

14 Ibíd.

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica tiempo y el espacio y, a causa de la voluntad explícita del Señor, permanece siempre disponible para la Iglesia en la fe: “Haced esto en memoria mía”. Cuando la Iglesia celebra el banquete eucarístico, no lo hace “como si” fuera la primera vez. La Iglesia acoge el evento definitivo y escatológico, “el acontecimiento único de amor” que siempre está realizándose para nosotros. Este banquete de Amor, saca su sustancia inagotable del sacrificio de amor del Hijo de Dios hecho hombre, quien ha sido exaltado y quien intercede siempre en nuestro favor15.

La Eucaristía es memorial porque es lo que permanece de Jesús y nos hace recordar su pasión. En una sola palabra tradicional y expresiva: Cristo nos ha dado su cuerpo glorificado por el Espíritu, con su sangre derramada y gloriosa, símbolo de la vida divina.

3.2. Un presente de Gracia

El Señor del tiempo es el mismo, ayer, hoy y siempre. “La redención humana y la perfecta glorificación de Dios, Cristo la realizó principalmente por el Misterio Pascual” (SC 5), y la Iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar este misterio, leyendo lo que se refiere a Él en toda la Escritura, celebrando la Eucaristía, en el cual se hace de nuevo presente la victoria y el triunfo de su muerte” (SC 6).

El memorial nos arraiga en el pasado. La prenda del futuro nos lanza hacia el Reino de Dios. La celebración ultrapasa el marco histórico de la cena de Jesús. Ella va revivir su figura terrena, expresa en la despedida, pero sobretodo la pascua de la resurrección. En el signo de la fe, se hace presente, de ahora en adelante, el Vencedor de la muerte16.

¿Qué tenemos en el Presente, en el hoy de la Eucaristía? En primer lugar tenemos el pan vivo que nos baja del cielo, como anticipación del banquete celestial, en síntesis la mente llena de gracia que nos viene de la presencia pascual del Señor. A la Eucaristía la hemos de contemplar como signo y como realidad al mismo tiempo, es decir como Cristo en la gloria del Espíritu, entregado a la comunidad eclesial y oculto bajo el velo del pan y del vino como signos. En el Antiguo Testamento encontramos como una preparación de Cristo entregado por el Padre a los hombres:

15 Mons. Pierre-André Fournier. La Eucaristía, memorial del misterio pascual. Meditaciones del Documento teológico de base para el Congreso Eucarístico Internacional de Québec. Disponible en:

http://es.catholic.net/aprendeaorar/835/337/articulo.php?id=37177 . Acceso: 13 de Noviembre de 2011.

16 Cf. CALIMAM, Cleto. Eucaristia, memorial do Senhor. En Rev. De catequese 5. Belo horizonte 1979.

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica

“La sabiduría ha edificado una casa, ha labrado siete columnas, ha hecho su sacrificio, ha mezclado su vino, ha preparado su mesa, ha enviado a sus criados a anuncia en la cima de los montes de la ciudad:

“Si alguno es sencillo que venga aquí”. Y al que es sabio le dice:

“Venid y Comed de mi Pan, Bebed de mi vino que he mezclado; Abandonen la ingenuidad, y vivirán, y sigan derecho por el camino de la inteligencia”

(Prov. 9,1-6)

En la eucaristía esta realidad, es la unión de los que participan con Cristo y con sus hermanos;

así, la celebración y el culto (prolongado en otros momentos), son formas… de respuesta de fe y amor a Cristo que se entregó por nosotros, respuesta que se hace más practica en nuestro modo de vivir según el Evangelio17.

3.3. Una anticipación de futuro

El Cristianismo es la religión que anticipa simbólicamente las realidades divinas en las cuales creemos y confiadamente esperamos de Dios mismo. La fuerza de la Eucaristía consiste en anticipar la presencia de Cristo, termino final de toda historia humana. Si Cristo es el Señor del tiempo, la Eucaristía es la anticipación de la plenitud divina que nos ha prometido y que esperamos con fe. Es Él, en su infinita bondad que ha querido anticipar entre sus amigos su presencia y su gracia.

Así, Sto. Tomás presenta la Eucaristía como consecución de la gloria:

“En este sacramento se pueden considerar aquel de quien procede el efecto, y es el mismo Cristo contenido, y su pasión representada; y aquello por lo que el efecto se produce, el acto sacramental y sus especies. Por las dos cosas le compete conducir a la consecución de la vida eterna... La comida del alimento espiritual y la unidad significada en las especies de pan y vino se obtienen imperfectamente en el presente y de manera perfecta en el estado de gloria”

Sintetizamos que la Eucaristía es la presencia anticipada de Jesús glorioso que se entrega a la comunidad reunida y a cada uno de los comensales en el banquete del pan y del

17 ALDAZABAL José “A Eucaristia” Petrópolis. Vozes 2002. p. 374-375.

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica vino. La comunidad cristiana se hace signo de la presencia de Dios en el mundo, pues con el sacrificio Eucarístico pasa con Cristo al Padre.18

3.4. “Eucaristía, palabra y presencia” según mysterium fidei.

Esta encíclica es una buena síntesis de la enseñanza del Magisterio sobre el Misterio Eucarístico; ella considera, siguiendo los pasos del concilio vaticano II, la presencia eucarística a la luz y en el contexto de los diversos modos de presencia de Cristo en su Iglesia19. Se presta a una actualización que, lejos de adulterar los contenidos los pone con el relieve debido.

Tomamos algunos puntos de la parte teológica de la encíclica:

1. La Eucaristía es un Don otorgado por Cristo a la Iglesia (n.1)

2. En la vida de la Iglesia, la Eucaristía ocupa el primer lugar: el centro y el Corazón (n 2)

3. El sacrificio Eucarístico representa el Sacrificio de Cristo en la Cruz; es la esencia de la Eucaristía (nn 5 y 27) y es la ofrenda de la Iglesia (n. 6)…El sacrificio no se puede separar del sacramento, por el cual Cristo se hace presente de manera especial en la Eucaristía (n 34)

4. El fruto de la devoción eucarística es la unidad de la Iglesia (n.6). El Misterio de la fe es el misterio de la unidad. En efecto, Cristo dejó la Eucaristía a su Iglesia “como símbolo de su unidad y caridad por medio de la cual él quiere ver a todos los cristianos, unidos entre ellos”20

5. La iglesia se ofrece ella misma con Cristo Sacerdote a Dios, el Padre (n 31). En este ofrecimiento se encuentra la raíz de la santidad humana. El encuentro del hombre con Dios siempre supone el dinamismo de la ofrenda. Después que el Padre ha entregado (ofrecido) su Hijo a la Iglesia y a la humanidad, ahora, en la Eucaristía se realiza la ofrenda de afecto y de servicio de toda la Iglesia, Cuerpo de Cristo y de sus miembros al Padre y a todos los seres humanos.

18 ALDAZABAL José “A Eucaristia” Petrópolis. Vozes 2002.., p.131.

19 Cardeal. SARAIVA, José Martins. Eucaristia. Lisboa: Universidade católica, Editora, 2002. p. 131.

20 CONCILIO DE TRENTO, Proemio, citado en Mysterium Fidei Nº. 40.

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica 6. La Eucaristía es la acción de Cristo y de la Iglesia (n32). Es la acción Pública y social de la Iglesia entregada al Padre y a todos los humanos. Quiere decir que la presencia Pública de la Iglesia en la sociedad tiene su centro y culminación en la Eucaristía.

7. Los sacramentos son acción de Cristo porque suponen su presencia. En la Eucaristía,

“Cristo está presente como alimento espiritual de los fieles bajo las especies del pan y el vino” (34 .38)

La presencia de Cristo en la Iglesia que ora y en la Iglesia que predica la Palabra de Dios, es subrayada por la encíclica que sigue fielmente Sacrosanctum Concilium (n 7). Además, esta presencia es una exigencia del amor de Cristo para con los hombres. Él los amó hasta el fin, con un amor infinito y profundo, porque solo el amor lleva, por naturaleza misma, a estar presente en cuanto posible, a la persona amada. Por eso Cristo, debiendo volver al Padre, quiso permanecer con los hombres hasta el fin de los tiempos21.

Finalmente, la presencia eucarística de Cristo es mismo, una exigencia de los tiempo mesiánicos, que son tiempos de plenitud, de realismo etc. mas, no de figuras, de símbolos.

Esto es propio de sobre la economía vétero-testamentaria; no de la nueva economía definitivamente instaurada por Cristo22.

21 Cf. Mt 28,20.

22 Cardeal. SARAIVA José. Martins. Eucaristia. Lisboa: Universidade católica, Editora, 2002. p. 134.

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica 4. EL SÍMBOLO DENTRO DE LA CELEBRACIÓN LITÚRGICA

La Liturgia es la expresión del hombre total, en su dimensión natural y cultural, en su vertiente cósmica y social. El hombre es radicalmente cuerpo, y como ser corporal es propio del hombre expresarse tanto con el lenguaje oral como con el lenguaje gestual.23 La palabra habita la liturgia en su múltiple variedad de registros: clamor, lamentación, ruego, narración, proclamación; pero la acción cultural utiliza también gestos y acciones corporales: la marcha, la posición de pie, la inclinación y la genuflexión, el beso del libro o del altar, la elevación de las manos, de los ojos, el apretón de manos, el abrazo fraterno, el comer…. El canto, síntesis original de palabra y gesto corporal, puede ser considerado como el corazón mismo de la liturgia.

A la liturgia se ha incorporado una serie de símbolos cósmicos fundamentales, profundamente arraigados en el inconsciente colectivo y en la memoria histórica de la humanidad: la luz, el agua, la tierra o la ceniza, el pan etc. símbolos que no han perdido su poder de evocación y resonancia tampoco para el hombre de nuestro tiempo a pesar de los adelantos de la informática; se convierten así, en la liturgia, en parte de nuestra corporeidad cósmica, y nos remiten, quizá a un nivel no consciente pero real.

Toda la Biblia de la que se nutre directamente la liturgia y de forma particular el libro de los Salmos, evocan constantemente estos símbolos cósmicos a un nivel literario; así la luz, arquetipo universal de la alegría, de la verdad y de la felicidad; las tinieblas, su realidad antagónica, que simboliza la tristeza, la mentira y la opresión; el cielo que evoca la morada divina, la nube que señala la manifestación ocasional de Dios, el monte, el lugar de la presencia y eventual actividad divina dentro de la esfera humana, etc.24 así como también las alteraciones de día y de la noche, el paso regular de las estaciones, que se prestan a tantas evocaciones en el plano de la experiencia humana, individual y colectiva.

4.1. NOVEDAD CRISTIANA

En régimen cristiano los símbolos no son meramente cósmicos, son portadores de un nuevo proyecto de existencia, ligado a la Palabra reveladora de Dios en la historia. Ya Israel había efectuado esa transposición de los ritos cósmicos a un nivel histórico. Con la llegada del Nuevo Testamento, se traspasa un nuevo umbral y se verifica una cristologización total del

23 VERGOTE, Antoine. Gestos e ações Simbólicas na Liturgia. Em Concilium n. 62 (1971)., pp. 168, 169.

24 J MATEOS, Art. “Símbolos” en Conceptos Fundamentales de Pastoral, Madrid 1983, p. 966.

(18)

La celebración Eucarística y su expresión simbólica culto. En consecuencia, todos los símbolos cristianos asumen un sentido nuevo. La Pascua, símbolo cósmico del nacimiento de la primavera, fiesta de la liberación del pueblo de Dios, será ahora, celebración, presencia y comunión con la muerte y resurrección de Cristo.25

A la luz de la investigación neotestamentária actual vemos que la eucaristía cristiana encuentra su suelo primigenio en la comensalidad de Jesús. Varios autores, partiendo de allí, hablan de una triple raíz constituyente de la eucaristía en el Nuevo testamento, formado por las comidas comunitarias del Jesús histórico, la ultima cena y las comidas pos-pascuales de Cristo ya resucitado. Ahora bien, si Cristo eligió el Pan y el Vino para simbolizar el don de la vida, podríamos arriesgarnos a decir que cualquier ser humano es capaz de ver simbolizado en el alimento diario lo que le fortifica y sustenta su vida.

4.2. EXPRESIÓN DE LOS SÍMBOLOS

Para nosotros la historia de la salvación tal como ha quedado plasmada en la Biblia, y sobre todo en Cristo Jesús y su evangelio es toda una enciclopedia del símbolo; Dios nos ha alcanzado con su salvación por medio de la Palabra y la Acción26. En la Vigilia Pascual damos gracias a Dios porque tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento nos ha hecho conocer y nos ha comunicado su salvación con acciones simbólicas, por ejemplo a través del agua.

Como decíamos anteriormente, en nuestra liturgia las acciones simbólicas tienen una base antropológica (comer y beber juntos, bañarse en agua, ungirse con perfumes), que reciben su pleno contexto cuando las entendemos desde la Biblia y las resonancias que de ella reciben. En Vaticano II ya decía que los signos de la liturgia reciben su significado de la Biblia.27

Esta (la Biblia) nos muestra que es el mismo Cristo el que se ha manifestado como el gran sacramento, como icono y símbolo del Padre. Él es el signo eficaz por excelencia de la cercanía de Dios, de su amor y de su perdón. Además el mismo modo de actuar de Cristo para transmitirnos los valores de su reino, ha sido siempre de género simbólico:

 Quiere comunicarnos la luz; le devuelve la vista a un ciego.

 Quiere ser alimento para el camino; y da de comer a una multitud.

 Quiere asegurarnos la vida, y resucita a Lázaro.

25 TABORDA. F. O memorial da páscoa do Senhor. São Paulo. Loyola, 2009. P. 84.

26 BOROBIO. D. La Liturgia como expresión simbólica: en Phase nº. 107 (1978) p. 408.

27 Cf. Concilio Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia “Sacrosanctum Concilium nº. 24.

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La celebración Eucarística y su expresión simbólica

 Convierte el agua en vino.

 Se deja bautizar en el Jordán

 Lava los pies a sus discípulos

La Palabra y la acción simbólica, complementariamente, son su modo de realizar el Reino.

Pues bien, este lenguaje tiene en la liturgia una realización privilegiada. La liturgia es una acción simbólica continuada, además de anuncio verbal, oración y alabanza.28 Celebramos con la palabra, el canto y el silencio, ya que son en rigor lenguaje simbólico. Pero además lo hacemos con ritos simbólicos no verbales, que llegan muchas veces más lejos que las palabras.29 Son precisamente a estos ritos no verbales a los que tenemos que rescatar y realzar, pues constituyen parte del objetivo de este trabajo.

4.3. ENTRAR EN EL MISTERIO POR LOS SÍMBOLOS

El titulo del trabajo nos remite a esta parte del Misterio; pero queremos hacerlo desde la perspectiva de sintonizar lo sagrado en el misterio que celebramos, que es la actuación salvadora de Cristo y de su Espíritu. Como lo expresamos anteriormente, siguiendo las leyes de la Historia de la salvación y de la Liturgia, es precisamente el símbolo el que nos facilita este acceso y este encuentro con el misterio de Dios.

A través de los símbolos cósmicos, basados en lo más primario de nuestra humanidad corpórea, el agua, la luz, el pan, el vino, el aceite, el incienso, etc. Dios se expresa y nosotros nos expresamos y se produce el encuentro. El Símbolo nos ayuda a salvar el abismo de lo visible a lo invisible.

Se trata entonces, desde esta perspectiva de que por medio de los símbolos sacramentales consiga el Pueblo de Dios un acceso más eficaz al misterio que celebra. O sea, que el símbolo sea mediador del misterio, facilitando una celebración profunda, que es la finalidad de toda la liturgia bien entendida.

El símbolo no apunta solo o primariamente a la notificación de un concepto, sino a la comunicación de un sentimiento y a la dinámica del encuentro. No afecta solo a la mente sino a la totalidad de la persona humana: nos introduce y nos pone en relación con un orden de cosas que ya el mismo símbolo contiene de alguna manera.30

28 ALDAZABAL. J. “El Lenguaje de los Símbolos” en Phase n 160 (1987) p. 298.

29 Ibid. P 299.

30 Ibid. P 276.

(20)

La celebración Eucarística y su expresión simbólica En el concepto de símbolo decíamos que significa precisamente unir dos partes de una misma realidad; es decir, une, agrega, reúne. Tomándolo desde la liturgia podríamos afirmar que el hombre queda integrado con su historia, con sus orígenes31. El símbolo da sentido y unidad al pasado, al futuro y al presente. Hace presente lo que pasó, adelanta lo que será y todo lo concentra en el “hoy”. El símbolo, al modo también del “memorial”, nos ayuda a encontrarle el sentido a la existencia y al tiempo.

La EUCARISTÍA, nuestra acción simbólica principal, es condensación del ayer pascual del éxodo de Cristo, el mañana definitivo de su reino y el hoy de su comunicación a nosotros como alimento y bebida.32

Del mismo modo el domingo, nuestro sacramento en el tiempo semanal, símbolo hecho tiempo de nuestra salvación es convergencia y confluencia del día primero, la Pascua del Señor, pero también del día octavo, el día definitivo de su aparición gloriosa ,33 y todo ello en el día que adquiere sentido pleno la reunión eucarística de la comunidad del Señor Resucitado.

4.4. EL ACTUAR DE LOS SÍMBOLOS

En los símbolos litúrgicos hay una continuidad con la vida y su lenguaje, pero hay también una discontinuidad, y debe hacerse un esfuerzo para que en la celebración cristiana se dé el salto a lo trascendente, sin quedarse solo en lo humano. Por eso la dinámica del símbolo litúrgico requiere una iniciación y en ella se debe tomar en cuenta toda la serie de

31 El rito de la Cena Judía que aun se mantiene, dentro de su simbología al momento de relatar la historia de la opresión y de la liberación (HAGADA), distintos participantes intervienen en las lecturas “mi padre fue un arameo errante” (Dt 26,6). La revelación de Dios a Moisés “Yo Soy el Dios de tu padre...” (Ex 3,6-10), luego el guía habla sobre los diez signos que el Santo envía sobre Egipto y va enumerando cada uno para continuar con un himno. Previo a esto cuatro niños o jóvenes preguntan ¿Por qué esta noche es diferente a las otras

noches?..¿Por qué comemos solamente matzá, pan ázimo? ¿Por qué comemos hierbas amargas esta noche? Cada respuesta es un pasaje de la Historia de la Salvación, de lo que Dios obró en ellos para liberarlos. Cf. Guía de Celebraciones, Umbrales n 50. Y Jorge Boran. Ceia Pascal. São Paulo: Paulinas 1988. pp. 8-10.

32 Cf. J. ROVIRA “Os Sacramentos” Símbolos do Espírito. São Paulo. Paulinas, 2005. p 73.

33 En la Iglesia primitiva no hay indicios de otra celebración del tiempo celebrativo que el domingo, día de la Pascua Semanal y, en un segundo momento, de la Pascua anual de los cristianos. El ritmo semanal es por lo tanto, el más antiguo en la liturgia cristiana “todos los días se reunían en las casas y partían el pan” (Hch 2,46), el

“primer día de la semana” se destacó en paralelo al sábado de los judíos como día consagrado por la resurrección de Jesús. Los primeros cristianos consideraban el domingo “Día del Señor” como el día de Fiesta Semanal, celebrando en él desde el principio, la Pascua de Cristo (Cf Apuntes tomados de las Clases del profesor Jacir de Freitas, en la materia de introducción al antiguo testamento en el primer semestre del curso de teología en el instituto Ista, Belo Horizonte del 2009. También en Sacrosanctum Concilium se destaca el domingo como la Fiesta Primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles de modo que sea también un día de alegría y de liberación del trabajo” (S.C. 106).

(21)

La celebración Eucarística y su expresión simbólica resonancias y connotaciones bíblicas, históricas, eclesiales, que de alguna manera hay que aproximar con una catequesis mistagógica.34

Si a una acción simbólica le falta la fe interior puede quedar vacía. Los símbolos litúrgicos, sobre todo los centrales, están pensados para que sirvan de puente al misterio, pero esto sucede dentro de un contexto de fe. Podemos ver como otro peligro del símbolo que nos quedemos en su materialidad externa, sin llegar a la realidad profunda que comporta. Los judíos se quedaron con el becerro de oro, y a él le dedicaron sus cantos y su fiesta:35 el simbolo no les llevo al Dios que les había salvado.

En este adentrarse al lenguaje de los simbolos se pueden caer en exageraciones a veces demasiado extremistas, pero la solucion esta en el simbolo bien entendido. Se debe entender que es algo nuestro, expresión nuestra, lenguaje humano. Pero a la vez es accion de Cristo y participacion de su misterio.

4.5. ALGUNOS SÍMBOLOS EN LA CELEBRACIÓN

Hemos tratado de presentar el sentido de los signos partiendo de que el conocimiento del significado concreto de los diferentes gestos, ritos y símbolos litúrgicos es fundamental para que los misterios que la Iglesia celebra puedan ser plenamente comprendidos y vividos por todos los que participamos en ellos.

El Catecismo de la Iglesia, resalta el significado de los signos desde la Antigua Alianza. En el concepto de signo, resalta la visión del evangelista Juan sobre los signos prodigiosos de Jesús y resalta que desde Pentecostés, el Espíritu realiza la santificación a través de los signos sacramentales de su Iglesia. “Los Sacramentos de la Iglesia no anulan, sino purifican e integran toda la riqueza de los signos y de los símbolos del cosmos y de la vida social. Aun mas, cumplen los tipos y las figuras de la Antigua Alianza, santifican y realizan la salvación obrada por Cristo y prefiguran y anticipan la gloria del cielo” (CIC 1145-1152)

En el siguiente cuadro trataremos de presentar algunos de los símbolos mas usados con su referencia bíblica mas importante. Algunos, tienen más citas e interpretaciones.

34 Se toma aquí el término en su significado etimológico es decir como iniciación en los misterios, aquí, aplicado a la iniciación en la liturgia eucarística y su lenguaje simbólico.

35 Cf. Éxodo 32,3-10.

(22)

La celebración Eucarística y su expresión simbólica ELEMENTOS Y

SÍMBOLOS

LOS SIGNIFICADOS

REFERENCIAS BÍBLICAS

USOS LITÚRGICOS

PAN Y VINO

ALIMENTO OFRENDA UNIDAD- CUERPO

MUERTE- RESURECCIÓN

Gn.14,18;Sal 104,14- 15

1Co. 10,16-17 Jn. 12,24

EUCARISTÍA

LUZ PRESENCIA DIVINA

CRISTO LUZ ETERNA FIESTA

Ex.27,20; Ap. 4,5 Lc. 2,32; Jn.8,28 Hch 20,8

LA LUZ ESTA PRESENTE EN

TODAS LAS CELEBRACIONES

.

INCIENSO ORACIÓN SACRIFICIO DE

ALABANZA HONOR

Sal 141,2 Lc. 1,10-11 Ap. 8,3-5

EUCARISTÍA, PROCESIONES, DEDICACIÓN DE

UN ALTAR, EXCEQUIAS.

AGUA MUERTE VIDA NUEVO NACIMIENTO

ESPÍRITU SANTO

Rom. 6,3 ss Jn. 3,5 Jn. 7,37-38

EN EL BAUTISMO, LA

EUCARISTÍA, ASPERSIONES, BENDICIONES, EXCEQUIAS.

FUEGO RESURECCIÓN

ESPÍRITU SANTO

Mt 3,11 Hch 2,3

VIGILIA PASCUAL, DEDICACIÓN DE

UN ALTAR.

Para la elaboracion del cuadro, he tomado algunos de los símbolos resaltados por el Padre Aldazabal,36 y de otros autores lo refernte a las citas biblicas. Es de hacer notar que el Pan y el Vino, que se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor Resucitado, es el gesto simbólico que mas ayuda a entender la Eucaristía, que ademas de signo de unidad fraterna

36 J. ALDAZABAL “Gestos y Símbolos, Centro de Pastoral Litúrgica, Barcelona 1986.

(23)

La celebración Eucarística y su expresión simbólica reconciliada y festiva, en ella se nos da el mismo Cristo como comida y bebida para el camino.

Si el Antiguo Testamento comienza con el “no comais”, en el Nuevo Testamento se escucha el encargo de “tomad y comed”. Si entonces la consecuencia sería “el día que comieras de él, moriras”, ahora la promesa es lo contrario: “el que come este pan vivira para siempre”. El Catecismo de la Iglesia expresa: “Lo que el alimento material produce en nuestra vida corporal, la comunion lo realiza de manera admirable en nuestra vida espiritual. La comunion con la carne de Cristo Resucitado, conserva acrecienta y renueva la vida de gracia recibida en el bautismo” (CIC N. 1392)

4.6. COLORES LITÚRGICOS

En esta parte trataremos de señalar los colores mas usados en la celebración de la Eucaristía a lo largo del año litúrgico. El Misal Romano resalta su importancia:

“La diversidad de colores en las vestiduras sagradas tiene su sentido, pues por un lado tratan de expresar lo caracteristico de los misterios de la fe que se celebra, y por otro lado, exteriorizan con mas eficacia externa el sentido progresivo de la vida cristiana a lo largo del año litúrgico” (MISAL ROMANO- IGMR 307)

(24)

La celebración Eucarística y su expresión simbólica COLOR

LITÚRGICO

SIGNIFICADO USO

BLANCO PUREZA- INOCENCIA

CELEBRACIÓN DE PASCUA , NAVIDAD, DEL SEÑOR (EXEPTO LA

PASIÓN), DE LA VIRGEN, LOS ÁNGELES Y DE LOS SANTOS NO

MARTIRES

ROJO SANGRE Y FUEGO (ESPÍRITU SANTO)

DOMINGO DE LA PASIÓN (RAMOS), VIERNES SANTO, PENTECOSTES,

FIESTA DE LOS APOSTOLES, EVANGELISTAS Y MARTIRES.

VERDE ESPERANZA

CELEBRACIÓN DEL TIEMPO ORDINARIO

MORADO PENITENCIA

CELEBRACIÓN DE ADVIENTO, CUARESMA.

4.7. GESTOS EN LA LITURGIA.

Desarrollaremos en esta parte algunos de los gestos que realizamos en nuestras celebraciones eucarísticas. Muchos de estos se utilizan también en los demás sacramentos. El conocer el sentido de los mismos y su adecuada utilización, serian elementos para hacer cada celebración más participativa, mas interactiva, manteniendo siempre el sentido de lo sagrado.

Fuente principal es el Misal Romano en sus notas prenotandas y el Instructivo General del Misal Romano.

4.7.1. La señal de la Cruz

El primero que hizo la “Señal de la Cruz” fue el mismo Jesús. “Extendió sus brazos en la Cruz” (Plegaria Eucarística segunda”, y “sus brazos extendidos, dibujaron entre el Cielo y la Tierra, el signo imborrable de su Alianza” (Plegaria Eucarística primera de la Reconciliación) De allí la Señal de la Cruz es parte de nuestra vida.

(25)

La celebración Eucarística y su expresión simbólica Cuando damos inicio a la celebración Eucarística, cuando vamos a escuchar la lectura del Santo Evangelio, cuando recibimos la bendición final, nos signamos con la cruz. Es un movimiento sencillo y expresivo, por una parte hacemos con nuestras manos un gesto que recuerda la cruz, signo más característico de los cristianos; y las palabras dichas nos recuerdan que no estamos reunidos en nuestro propio nombre, y si en nombre de Dios Trinidad: es Él que nos convoca.37

Empezar la Eucaristía con la señal de la Cruz grande, es como un recuerdo simbólico del bautismo. Vamos a celebrar en cuanto somos bautizados, pertenecemos al pueblo de los seguidores de Cristo, y la Eucaristía apunta precisamente a la cruz: es memorial de la muerte salvadora de Cristo y quiere hacernos participar de toda la fuerza que de esa cruz emana.

Al momento de la lectura del Evangelio, hacemos la Señal de la Cruz en forma triple, sobre la frente, la boca y el pecho. En rigor del Misal (IGMR 95) parece indicarlo solo al lector ya sea el diácono o el sacerdote, pero es costumbre que toda la comunidad lo haga en ese momento. El sentido es bastante claro, queremos expresar nuestra acogida a la Palabra que se va a proclamar.

En la bendición final, el sacerdote la envía a todos en forma de Cruz y cada uno de nosotros nos la apropiamos con una cruz grande.

4.7.2. Golpes de pecho

Es uno de los gestos penitenciales más clásicos. Nos golpeamos el pecho con nuestra mano abierta o cerrada indica humildad. Es lo que hacia aquel publicano humilde que cuando oraba en el templo “se golpeaba el pecho diciendo: oh Dios, ten compasión de mi que soy un pobre pecador” (Lc. 18,9-14). Cuando rezamos “yo confieso” hacemos nosotros lo mismo mientras decimos “Por mi culpa…” Golpearse el pecho, desde el evangelio es entonces reconocerse débil y pecador, apuntando a nuestro mundo interior, que es donde sucede el mal.

4.7.3. La genuflexión

El Sacerdote que preside la Eucaristía hace tres genuflexiones: Después de la Consagración del Pan, del Vino y antes de comulgar. Si hay sagrario hace también una genuflexión antes de llegar al altar y al retirarse, finalizada la celebración. Es uno de los gestos también más clásicos para expresar la adoración y el reconocimiento de la Grandeza de Cristo, también la actitud de humildad y penitencia.

37 SCOUARNEC. Michel. Símbolos cristãos. Os sacramentos como gestos humanos. Paulinas, São Paulo 2001, p. 74.

(26)

La celebración Eucarística y su expresión simbólica 4.7.4 Besar el altar

Es uno de los gestos de la vida humana que también tiene su pedagogía de lenguaje en la liturgia. Es un gesto de reverencia. Al iniciar la celebración y al finalizarla. Se hace en silencio. Parece ser este el simbolismo más evidente que tuvo el altar desde el principio38 (Cristo como el altar, como la piedra). Este beso es Reverencia a Cristo.

4.7.5 Besar el libro de los Evangelios

Al hacerlo, el Sacerdote o el diácono dice en voz baja, “Las Palabras del evangelio borren nuestros pecados” Esta frase expresa el deseo de que la palabra evangélica ejerza su fuerza salvadora perdonando nuestras culpas. Es un gesto de fe en la presencia de Cristo que se nos comunica como Palabra Verdadera.

4.7.6. Imponer las manos

Hay dos momentos en la Celebración Eucarística en que este gesto simbólico tiene particular énfasis: Ante todo cuando el presidente en la Plegaria Eucarística, invoca por primera vez al Espíritu (epiclesis), extendiendo sus manos sobre el pan y el vino “santifica estos dones sobre la efusión de tu espíritu”

El segundo momento es la bendición final. Este gesto nos habla también del Don de Dios y la mediación eclesial: Unas manos extendidas hacia una persona o una cosa y unas palabras que oran o declaran. Las manos elevadas apuntando al don divino y a la vez mantenidas sobre estas personas o cosas, expresando la aplicación o atribución del mismo don divino a estas criaturas.

4.7.7. Gotas de agua en el vino

Con este signo el sacerdote le pide a Dios que una nuestras vidas a la suya. Al momento de preparar sobre el altar el pan y el vino, el sacerdote dice en secreto estas palabras

“el agua unida al vino, sean signo de nuestra participación en la vida divina de quien ha querido participar nuestra condición humana”

38 ALDAZABAL José “A Eucaristia” Petrópolis. Vozes 2002. P. 393.

(27)

La celebración Eucarística y su expresión simbólica 4.7.8. Lavarse las manos antes de la consagración

Lo hace como un gesto de purificación interior. El presidente se lava las manos para pedirle a Dios que lo purifique de sus pecados39.

El lavabo es un acto de humildad y de purificación de parte del sacerdote, que va a elevar esas manos al Padre, que va pedir con ellas la venida del Espíritu Santo y va tomar con ellas el cuerpo y la Sangre de Cristo para ofrecerlo a sus hermanos40.

4.7.9. Fracción del pan

El origen de este gesto en la Eucaristía lo conocemos todos. La cena judía, sobre todo la pascual, comenzaba con un pequeño rito; el padre de familia partía el pan, para repartirlo a todos, mientras pronunciaba una oración de bendición a Dios.41

Cristo también lo hizo en su ultima cena: “Tomó el Pan, dijo la bendición, lo partió y lo dio…” Es más, fue este el gesto que mas impresiono a los discípulos de Emaús en su encuentro con Jesús Resucitado42 y fue este rito simbólico que vino a dar nombre a toda la celebración Eucarística en la primera generación.

El Misal Romano explica "por la fracción de un solo pan se manifiesta la unidad de los Fieles” (IGMR 48). El gesto de la fracción del pan que era el que servía en los tiempos apostólicos para denominar la misma Eucaristía, manifestara mejor la fuerza y la importancia del signo de la unidad de todos en un solo pan y de la caridad por el hecho de que un solo pan se distribuye entre los hermanos (IGMR 283)

39 consultamos a algunos Padres y profesores sobre determinados gestos y concretamente este de lavarse las manos, algunos coincidían que esta es una costumbre muy antigua cuando los dones o las ofrendas se

presentaban en especies, frutas, animales, el sacerdote se lavaba las manos antes de presentar el pan y el vino.

También, en el ritual de la Cena Judía, encontramos que “el guía” se lava las manos con agua o con una toalla mojada y pronuncia las siguientes palabras “purifica mi corazón, será más blanco que la nieve” y rezan todos esta bendición: “Bendito seas Señor Dios Nuestro, Rey del Universo que nos has santificado con tus preceptos y nos invitas a la purificación interior” (Cf Guía de la Celebración de la Cena Judía, Umbrales No. 50).

“Luego de las Ofrendas, el sacerdote se lava las manos. Con este rito se expresa el deseo de purificación interior (OGMR n 52).

40 ALDAZABAL José “A Eucaristia” Petrópolis. Vozes 2002.. P. 427.

41 En el ritual de la Cena Judía, son tres los panes ázimos que se comen, símbolo de la novedad de corazón. La harina de trigo es amasada solo con agua (sin levadura, símbolo de lo viejo) para simbolizar la salida apurada de la tierra de la esclavitud. Ese pan es al mismo tiempo pan de la aflicción y pan Don de Dios. La Oración de Bendición que el guía pronuncia, es igual a la de nuestra eucaristía “Bendito seas, Señor, nuestro Dios, Rey del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu bondad y ahora te presentamos. El será para nosotros, el Pan de la Liberación” (Ob cit).

42 ALDAZABAL José “A Eucaristia” Petrópolis. Vozes 2002. p. 449.

(28)

La celebración Eucarística y su expresión simbólica 4.7.10. Comer el pan (Comunión)

Al comer el pan estamos convencidos de que nos alimentamos con el Cuerpo de Cristo. Su palabra (“Esto es mi Cuerpo”) sigue eficaz y su espíritu es el que ha dado a este pan que hemos depositado sobre el altar su nueva realidad: ser el cuerpo del Señor glorificado que ha querido ser nuestro alimento. Este es el primer sentido que Cristo ha querido dar a la comida Eucarística: “mi carne es verdadera comida”

También hay otros valores y gracias que Cristo expresa en el Evangelio con este simbolismo de la comida: el perdón, la alegría del reencuentro, la fiesta, la plenitud y la felicidad del reino futuro. Basta ver: El Hijo Pródigo, la multiplicación de los Panes y peces, etc.

Pablo, mas tarde entenderá la “comida” como símbolo de fraternidad eclesial…

4.8. A MANERA DE CONCLUSIÓN DEL CAPÍTULO

En el desarrollo de esta parte, hemos resaltado la importancia de conocer el símbolo, el signo, el gesto. En la celebración el símbolo no se explica, no se habla de él, es él que nos habla; es quien nos sirve de puente para conocer lo trascendente.

Es esencial que los gestos que hacemos o la forma con que disponemos nuestros cuerpos en el espacio hablen por sí mismos. Si en cada una de las celebraciones Eucarísticas se trataran de explicar los símbolos o gestos, se volverían interminables; no obstante al participar en la celebración hay que vivir el símbolo. Que el símbolo pueda hablar por sí mismo en el corazón mismo de la acción simbólica, antes de que intentemos hablar de él. Así es como en los primeros siglos de la Iglesia, entendían las cosas nuestros padres en la fe. En el camino de Emaús, no fue por la narración de la historia de la salvación por lo que los discípulos reconocieron al Maestro. (Cfr. Lc. 24,25-27), Si no al partir el pan (Lc. 24, 31) pues el símbolo les recordó el obrar de Jesús en la ultima Cena.

(29)

La celebración Eucarística y su expresión simbólica 5. CONCLUSIÓN

El símbolo no lo es todo en la celebración, claro está. Por una parte está la invisible acción de Cristo y de su Espíritu, y por la otra nuestras invisibles actitudes interiores de fe, de alabanza o de conversión. Y en medio, la palabra, el canto, el silencio. Y también, como lenguaje muy característico de la celebración litúrgica, la acción simbólica. Todo resulta complementario para expresar globalmente el encuentro entre lo trascendente y lo humano. Si el símbolo da corporeidad a la palabra, la palabra ilumina y quita equívocos al símbolo.

En la celebración los símbolos tienen una función muy densa; no solo representan una realidad invisible sino que la contienen. Tienen capacidad de mediación. Cuando realizamos los gestos simbólicos, no son solo los otros que llegan a conocer lo que queremos decir, somos nosotros mismos los primeros que tomamos conciencia de algo, y con la acción simbólica nos realizamos, ahondando en la actitud que sentimos en ese momento.

En el cristianismo es muy importante la palabra. El Evangelio es Buena Noticia. Pero la acción simbólica, a partir de la misma persona de Cristo, símbolo denso del Padre, da fuerza a la palabra y hace accesible la realidad mistérica de la presencia de Cristo en nuestra existencia.

En la liturgia, lo fundamental es la acción invisible de Dios y la respuesta también invisible de nuestra fe y nuestra sintonía interna. Pero la acción simbólica, lenguaje característico de la liturgia nos ayuda a expresar y comprender vivencialmente este encuentro íntimo con Dios.

Jesús, fue un gran maestro de la pedagogía simbólica. También en el A.T. muchos profetas lo fueron. Nuestros presidentes de celebración deben renovarse cada día en la liturgia. No se puede caer en el mero simbolismo sin sentido o para decirlo de otra forma en el ritualismo, cumplir rito por rito olvidándose de todo aquello por lo que está hecho y sobre todo de aquellos para los que está hecho.

Tampoco se puede caer en la observancia escrupulosa, pero superficial, de las rubricas, esas pequeñas notas escritas en rojo que indican en los libros litúrgicos lo que hay que hacer y cómo hay que hacerlo. Es decir, ejecutar materialmente las prescripciones sin espíritu, sin comprometer en ellas, no ya la propia fe o la propia piedad, sino ni siquiera el cuerpo.

Extender los brazos, porque lo dice el ritual, pero no es ese verdaderamente mi intención gestual.

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