DesDe el muelle mAntArAs
memoriAs De un trAbAjADor Del mAr
DesDe el muelle mántaras
memorias De un trabajaDor Del mar
Walter Marín Patricia lePratti
Proyecto seleccionado Por Fondos concursables para la Cultura-MEC
Edición realizada con el apoyo de Fondos Concursables para la Cultura-MEC Primera edición: agosto de 2014
ISBN: 978-9974-99-564-2
Imagen de Portada: Muelle Mántaras tomada por Patricia Lepratti Impreso en Zona Libro
Quedan prohibidos, dentro de los límites establecidos en la ley y bajo los aper- cibimientos legales previstos, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier forma de cesión de la obra sin la autoriza- ción previa y por escrito del titular del copyright.
IMPRESO EN URUGUAY PRINTED IN URUGUAY
agraDecimientos
Queremos agradecer en primer lugar a los Fon- dos Concursables para la Cultura y al Ministerio de Cultura, por su financiamiento a nuestro pro- yecto.
Al SUNTMA (Sindicato Único Nacional de Trabajadores del Mar) por apoyar nuestro trabajo y difundirlo.
A todos los trabajadores del mar con los que conversamos en el muelle y se interesaron por el proyecto.
Y finalmente, queremos agradecer a nuestras familias y amigos por acompañarnos y apoyarnos permanentemente.
Los autores
ÍnDice
Primera Parte
el Proyecto. desde el Muelle Mántaras
Presentación ...13
La pesca industrial en Uruguay ...17
Los trabajadores del mar en Uruguay ...21
Uno entre tantos ...23
segunda Parte las Memorias de un trabajador del mar
Desde el litoral ...29Montevideo problemático y febril ...35
Del otro lado del río ...39
De regreso ...47
Los primeros viajes ...51
Los ochenta ...57
Navegando en barcos chinos ...65
Los noventa ...71
Los años en el espadero ...77
Otra vez en el Mántaras ...85
Anecdotario ...89
Terminando el siglo ...99
Ya en el siglo XXI. ¿Una nueva era? ...107
Poemas de altamar ...115
Otros habitantes del Mántaras ...123
Versos para el final ...127
Epílogo ...129
Bibliografía ...131
Primera Parte
el Proyecto
DesDe el muelle mántaras
Presentación
Con el objetivo de transmitir sus experiencias y dar a conocer el enigmático mundo del trabaja- dor del mar, Walter Marín, un viejo tripulante de buques pesqueros nacionales y extranjeros, escribió sus memorias con relatos de su vida y de sus viajes por el mundo; y recolectó decenas de documentos sobre la pesca industrial (recortes de diarios, revis- tas, videos, etc.) en Uruguay.
En el año 2012, como parte de las actividades de investigación para mi tesis de maestría en Cien- cias Humanas sobre trabajadores del mar peruanos en Montevideo1, encuentro que la mayoría de los videos existentes en Internet sobre la pesca indus- trial en Uruguay habían sido publicados por Walter Marín a través de su canal de Youtube homónimo2. Tras acceder a una entrevista y facilitarme el acceso
1- Dicha tesis que se encuentra en fase de redacción, se realiza en el marco de la Maestría en Ciencias Humanas, Opción Estudios Latinoa- mericanos de la Facultad de Humanidades de Ciencias de la Educación, Universidad de la República. El título de la misma es: “Fronteras Líqui- das.” Trabajadores del mar peruanos en Montevideo. Contextos, sujetos y trayectorias de la inmigración en el Uruguay del siglo XXI.
2- https://www.youtube.com/channel/UC9QscrOvUaZq9oDHs- FN9lGQ
al muelle Mántaras (muelle destinado a los buques pesqueros uruguayos en el Puerto de Montevideo), Walter me entrega el material de archivo junto con el manuscrito de sus memorias, esperando que sean útiles a mi investigación y de esta forma dar mayor difusión a la realidad del trabajo en el mar.
La lectura del manuscrito además de llevarme a navegar hacia los más diversos puertos, relata la his- toria del Uruguay durante los últimos 50 años desde una mirada distinta, en la que se conectan la historia local y mundial, en un mundo de viajeros permanen- tes y fronteras difusas.
Surge así el proyecto Desde el Muelle Mánta- ras. Memorias de un trabajador del Mar, buscando salvaguardar el material de archivo y así difundir y poner en valor el trabajo y las experiencias de los pescadores tripulantes de buques de pesca indus- trial.
En 2013 el proyecto fue presentado y seleccio- nado por los Fondos Concursables para la Cultura del Ministerio de Cultura, gracias a los cuales he- mos podido financiarlo.
Entre las actividades propuestas por el proyecto se encuentran la corrección, edición y publicación de las memorias de Walter Marín en formato tradi- cional (papel) y digital. La edición digital se puede
Desde el muelle Mántaras
descargar gratuitamente desde la web: www.desde- elmuelle.com, donde además se publica periódica- mente el material de archivo recolectado (videos, artículos de revistas, etc.); Asimismo, ejemplares en papel de las memorias se distribuirán gratuitamen- te en centros educativos y culturales.
la Pesca inDustrial en uruguay
Hasta la década del setenta, la pesca industrial presentaba escaso desarrollo en el país. Fue por im- pulso del Estado a través de la ley 13.833, titulada Riquezas del Mar3 (1969) y del Plan de Desarro- llo Pesquero (1974); que esta actividad productiva tuvo un importante crecimiento.
Mientras la mencionada ley, extendía la Zona Económica Exclusiva de Uruguay (ZEE) a 200 millas desde la costa y regulaba la explotación de los recursos marinos dentro de la misma; el Plan de Desarrollo Pesquero otorgaba diversos apoyos crediticios y exoneraciones a quienes invirtieran en el sector. El principal objetivo de esta política pesquera era potenciar la exportación de recursos naturales poco aprovechados hasta ese momento, en un contexto globalización de la economía, así como del progresivo agotamiento de los recursos pesqueros en los mares del norte y de expansión de
3- Texto disponible en: http://www.rondauruguay.gub.uy/LinkClick.as px?fileticket=KbKfOHlGoj0%3D&tabid=264&mid=872
la comercialización de pescado y otros frutos del mar como productos congelados4
En la actualidad, la flota pesquera uruguaya está compuesta por5 33 barcos, seis de ellos son conge- ladores y cuatro son factoría6.
El modelo productivo en la pesca industrial ha tenido desde sus inicios un marcado carácter ex- tractivo y exportador, lo que ha determinado, en- tre otras cosas, la sobreexplotación de las especies exportables: merluza (Merluccius hubbsi), corvina (Micropogonias furnieri), pescadilla (Cynoscion guatucupa) y calamar (Illex argentinus)7.
Por otra parte, la técnica o arte de pesca utili- zada por la gran mayoría de las embarcaciones es la red de arrastre. Esta técnica, que consiste, preci- samente, en capturar al pez mediante el arrastre de una red, es altamente depredatoria y genera impor-
4- Ver: MENDY, Mariana; et al. 2011. Modelo agotado, trabajadores explotados: el caso de la pesca en el Uruguay.
5- Ver: GALLI, Oscar.2007 “La pesca en el Uruguay: un modelo ago- tado”.
6- En los buques congeladores se procesa y congela la captura de modo tal que es posible conservar la carga por más tiempo y solo es necesario llegar a puerto una vez que la carga ha sido completada. Los buques fac- toría, por su parte, son embarcaciones en las que no solo se pesca sino que también se acondiciona el producto para su distribución.
7- GALLI, Oscar.2007. Op. Cit.
Desde el muelle Mántaras
tantes niveles de descartes: se estima que por cada tonelada de pescado desembarcado por la flota in- dustrial, otra tonelada es descartada al mar8.
8- GALLI, Oscar. 2007. Op. Cit.
los trabajaDores Del mar en uruguay
No nos ha sido posible recabar datos sobre cuántos trabajadores se emplean en la pesca en la fase de captura. Según datos de la Comisión Sec- torial de Extensión y Actividades en el Medio de la Universidad de la República, entre ambas fases del complejo pesquero: captura y plantas de proce- samiento en tierra (18 en la actualidad), se estima una ocupación de 3.850 trabajadores9. Sin embar- go, según dirigentes del Sindicato Único Nacional de Trabajadores del Mar y Afines (SUNTMA), el número ascendería a ocho mil. Suponemos que la condición zafral de trabajo en ambas fases determi- na la diferencia en las estimaciones.
Iniciado en tiempos de la última dictadura cívi- co-militar uruguaya, el Plan de Desarrollo Pesque- ro, si bien significó un aumento considerable del empleo en el sector, desconoció durante años los derechos de los trabajadores. Si consideramos ade- más que en América del Sur, la normativa laboral
9- MENDY, Mariana; et al. 2011. Modelo agotado, trabajadores explo- tados: el caso de la pesca en el Uruguay.
referente al tripulante pescador aparece tardíamente respecto a otras actividades industriales o comer- ciales, podemos decir que no ha sido sino recien- temente, y luego de incansables reclamos, que los trabajadores del mar han equiparado sus derechos con los de otros trabajadores (seguro de paro, des- pido, aportes a la seguridad social)10.
La conquista de derechos laborales, la salud de los trabajadores así como la defensa del recurso pesquero, la renovación de la flota, el cambio de modelo productivo, etc., han sido durante décadas los temas que han movilizado a los trabajadores del mar y por los que han buscado hacer visible al resto de la sociedad su problemática. El Proyecto Desde el muelle Mántaras. Memorias de un trabajador del Mar, pretende ser un espacio más para la difusión y la puesta en valor del trabajo pesquero en Uru- guay.
10- Ver: NOVOA GARCÍA, Lepoldina. 1989. Peculiaridades del tra- bajo pesquero.
uno entre tantos
Pero, ¿por qué acercarnos al mundo de la pesca industrial a través de la autobiografía de un pesca- dor en particular? Por varias razones.
Primero, porque la misma, en su particulari- dad, nos permite conocer a uno de entre los tantos hombres y mujeres que trabajan en esta actividad industrial. Consideramos que hacer explícitas las condiciones de trabajo en la industria pesquera a través de un caso particular, representa una forma de profundizar en los aspectos humanos de la pro- ducción: su incidencia en la vida social y familiar de los trabajadores, su salud, su historia personal, etc.
En segundo lugar, la elección de un relato au- tobiográfico para la difusión y puesta en valor del trabajo pesquero se debe a la fuerza expresiva de los mismos. Como señala Bertaux11, la autobiografía engendra el placer inherente a toda forma narra- tiva: es de lectura fácil, despierta la curiosidad de saber la continuación y tiene la simplicidad de la
11- BERTAUX, Daniel. 1989. “Los relatos de vida en el análisis so- cial.”
lógica temporal. Además, hace posible la identifica- ción con el narrador: el lector puede experimentar emociones y revivir sus propios recuerdos mientras la lee.
Por supuesto, las memorias aquí publicadas - como todas las memorias - no son neutrales ni objetivas. Sin embargo, este aspecto en lugar de re- presentar una limitante, resulta enriquecedor para las mismas, pues aporta vivencias y puntos de vista particulares a la descripción de hechos históricos12. Sin embargo, es necesario aclarar que un rela- to autobiográfico no significa la descripción de los hechos tal y como ocurrieron en su momento en la vida del narrador; sino que representa un texto generado en un tiempo y en condiciones diferen- tes a las originales. No estamos frente a la historia de un individuo, sino ante los fragmentos que éste destaca de su vida desde la actualidad. Los hechos son recordados desde el presente y expresados con un motivo: transmitir las propias experiencias a las futuras generaciones, al resto de la sociedad, etc.
Pero además, este relato específicamente, ha sido intervenido, procesado y corregido en cuanto a su ortografía, sintaxis, orden, etc. Todas estas ac-
12- BERMUDEZ, Laura. 2010. Aporte de las técnicas orales en la comprensión del fenómeno migratorio.
Desde el muelle Mántaras
tividades implican una nueva resignificación de los hechos, otra versión de los mismos.
Teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente, solo nos resta decir que no todos los trabajadores tienen la posibilidad de hacer llegar su testimonio y comunicar su experiencia personal de esta for- ma. De ahí el valor de publicar estas memorias que pretenden testimoniar el modo de vida de sectores sociales que no siempre son reconocidos como pro- tagonistas del tiempo en que vivimos.
Lic. Patricia Lepratti
segunDa Parte
las memorias De un trabajaDor Del mar
A mis hijas:
Laura, Lorena y Valeria W.M.
DesDe el litoral
El pueblo donde nací era pequeño… Hoy aún lo es… Aunque se ha extendido por las nuevas vi- viendas que se han hecho a su alrededor. Está a me- dia hora de la ciudad de Paysandú yendo hacia el norte de nuestro país.
Crecí en una familia fiel a sus tradiciones. Mi padre era del Partido Colorado, de la línea de un tal General Gestido. Mi madre, al contrario, era blan- ca de pura cepa, pero no recuerdo quienes eran sus candidatos; supongo que sería del herrerismo. Mi abuela, era batllista; su marido, es decir, mi abuelo, había peleado en la Guerra de 190413 contra los blancos… guerra en la cual se mataban entre her- manos, cada uno defendiendo sus divisas.
Mi abuela siempre nos contaba cuentos sobre la guerra. Contaba con naturalidad como se dego- llaban entre los que pelaban, contaba del hambre, de la miseria, las viudas… y todo el caos que puede producir una guerra. Los más pequeños lo tenía-
13- La Revolución de 1904 fue la última guerra civil que se libró en Uruguay. La misma marcó el fin del caudillismo en Uruguay y la con- solidación del poder central del Estado.
mos al abuelo como a un héroe y crecimos con esos relatos que en realidad eran unas atrocidades.
La casa donde vivíamos fue una de las primeras en el pueblo. Era muy grande y tenía un hermoso jardín que mi madre cuidaba mucho, con árboles de ciruelos, damascos, naranjos, y todo lo que la naturaleza puede dar. Mi padre trabajaba en las co- sechas y mi abuela era jubilada.
Por los años sesenta, mi pueblo - a pesar de ser pequeño como dije - no era muy tranquilo. En tiem- pos de cosecha venían a los campos peones para tra- bajar desde varias partes del país. Se cosechaban el trigo, la remolacha azucarera, el lino, y por supuesto también, había ganadería.
Contaba el pueblo con una estación ferroviaria.
Los trenes que pasaban de Montevideo a Artigas o viceversa lo hacían en la mañana, en la tarde y por la noche. Los sábados había bailes y los domingos fútbol. De vez en cuando en la escuela se hacían ker- meses. También se hacían carreras en bicicleta con competidores de otros pueblos.
Había dos fondos, como los llamaban mis pai- sanos, es decir, dos hospedajes donde servían tam- bién comidas. Había canchas de bochas y un bar
Desde el muelle Mántaras
llamado Queguay (como mi pueblo)14, donde tam- bién había timbas, peleas a facón y muertes.
Como si fuera poco a orillas del pueblo esta- ba el quilombo: La Beba Negra. La dueña era una mujer oriunda de Rosario, provincia de Santa Fe.
Nadie sabe cómo vino a parar allí y menos yo. En aquellos tiempos las mujeres que trabajaban en el quilombo no podían circular por el pueblo.
Como les decía, a pesar de ser tan pequeño, el pueblo tenía muchas actividades. ¡Aún recuerdo los bailes y los corsos de carnaval!
Había una sola calle iluminada con energía eléctrica gracias a un almacén que tenía generador propio. El resto del pueblo se iluminaba con lám- paras a kerosene y candiles.
Por las noches de verano jugábamos al fútbol con pelotas de trapo que nos hacían nuestras abue- las; y los días calurosos de verano los pasábamos en la cañada que está cerca del pueblo. ¡Los inviernos eran de terror! No solo por los fríos, sino por los cuentos de guerra o desaparecidos que nos conta- ban nuestras abuelas en los fogones de las cocinas.
14- El pueblo Estación Queguay, también llamado Lorenzo Geyres, se encuentra a 30 km de la capital departamental de Paysandú. En 1963 contaba con una población de 517 habitantes. Actualmente, los resi- dentes en el pueblo son 774 personas. (Datos del Instituto Nacional de Estadística)
También teníamos el cine. El dueño era un ruso de apellido Blaxiax (no sé si escribe así). Funciona- ba sábados y domingos con películas de cow boys, de Sandrini, Cantinflas, etc.
En la escuela no éramos buenos alumnos…
más bien, éramos un poco salvajes. Tanto los niños como las niñas, les hacíamos la vida imposible a los maestros que venían de la ciudad. En la escuela en aquellos tiempos seríamos unos cien niños en total. Cuando terminaban las clases se hacían gran- des fiestas. Bailábamos el Pericón o hacíamos obras de teatro con títeres creados por nosotros mismos.
Las maestras y los maestros se iban para la ciudad donde vivían, pero los niños seguíamos viéndonos por las tardes de verano en la placita o en la cañada.
Con los que más andaba era con: Horacio, hijo de un jornalero; Rosita, hija de un capataz de estancia;
Elvira hija de un ferroviario; Maximiliana también hija de un ferroviario; Martín hijo de un carnicero, mi hermano y yo que aún ni llegábamos a los 11 años.
Aunque éramos niños, recabábamos mucha in- formación de los diarios que llegaban al pueblo: El
Desde el muelle Mántaras
Día, El País, El Telégrafo y algunas revistas cuyos nombres no recuerdo.
Por lo general en las radios los mayores escu- chaban lo que ellos querían: ¡muchos radioteatros!
Hasta que un día llegó la fantástica televisión. Pero sólo las tenían quienes tenían energía eléctrica pro- pia. El club del pueblo tenía una y allí íbamos a mirarla. El canal que mirábamos era el 9 de Argen- tina.
Sabíamos de la existencia del Movimiento Tu- pamaros, sabíamos del Partido Comunista y sabía- mos del miedo que tenían nuestros mayores en esos días. Incluso en los alrededores de nuestro pueblo se descubrieron algunas de las llamadas tatuceras que eran los refugios de los guerrilleros. Para mu- chos niños del pueblo ellos eran como Robin Hood, que repartía a los pobres lo que le robaba a los ri- cos. Pero nuestros mayores (blancos o colorados), tenían miedo… Tal vez sería lo justo, creo que a nadie le gusta la idea de una guerra o guerrilla.
Pero nosotros más miedo le infundíamos al pueblo... Con los demás niños y niñas nos ingeniá- bamos para dibujar y pintar logos del Movimiento Tupamaro y del Partido Comunista en las noches.
Mientras nadie nos veía los dibujábamos por los árboles o surtidores de agua. Cuando los paisanos al amanecer del otro día los veían, todo era un des-
concierto. Creo que hasta el día de hoy no saben que éramos nosotros…
monteviDeo
Problemático y febril
Siendo casi un niño de golpe me encuentro en Montevideo. Viajé en un camión de carga. Sabía que tenía una hermana en Punta de Rieles y ella me estaba esperando. La muerte de mi madre me em- pujó a alejarme del pueblo. Ella murió joven, muy joven, aún la recuerdo… con su cutis blanco, el pelo muy negro hasta la cintura, los ojos negros…
Si, era muy linda.
¡Cómo podría yo describir ese Montevideo en el que viví con sus calles sucias y ruido de sirenas todo el día! La ciudad era un caos. Al poco tiem- po de haber llegado a Montevideo, los Tupamaros tomaron la ciudad de Pando15. Las movilizaciones obreras y estudiantiles eran impresionantes: cho- ques con los militares, gases lacrimógenos, balas de goma…algunas….otras no…Así fue que llegamos a tener mártires estudiantiles y obreros.
15- El 8 de octubre de 1969, varios integrantes del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros tomaron por asalto la comisaría, el cuartel de bomberos, la central telefónica y varios bancos de la ciudad de Pando, distante a 32 kilómetros de Montevideo.
Me hice de amigos en el barrio con los que nos juntábamos en la terminal del trolebús en Punta de Rieles. Vivía allí con mi hermana, pero ella nun- ca sabía dónde yo andaba… con el tiempo algunas cosas le contaba. Repartía con mis nuevos amigos panfletos contra el gobierno pachequista y hacía- mos lo mismo que con los niños del pueblo: en los muros de la ciudad pintábamos las estrellas de los tupamaros. Seguían siendo mis ídolos.
Debido al toque de queda, pocos andaban en las noches. Algunos de esos pocos éramos nosotros que íbamos al Centro desde Punta de Rieles y vi- ceversa caminando… Algunas veces caíamos, pero como éramos menores, los milicos nos bajaban a patadas de sus vehículos.
Una de esas veces que nos agarraron los mili- cos ¡más de una patada o un culatazo recibimos! Y para infundirnos miedo amartillaron sus fusiles en nuestras cabezas. Yo pensé: “Bueno ya está”. Pero miedo no tuve...
Conocí a Gladys, una tarde que aterrizó a mi lado en una manifestación, cuando los militares ve- nían dando palo a todos los que se encontraban en su camino. Gladys era estudiante, rubia y de ojos verdes, su cutis blanco… pero las rodillas le que- daron rojas del garrotazo que le pegó un milico.
¡Valiente el hombre! La levanté y la llevé hasta su
Desde el muelle Mántaras
casa en la calle Uruguay. No quería entrar a la casa.
Estaba enfrentada con sus padres que eran pache- quistas pero lo tuvo que hacer…y yo entré como escudo, aguantando unas mil puteadas. Un año es- tuvimos de novios con Gladys. Soñábamos con co- sas lindas… A la larga sus padres aceptaron nuestro noviazgo, tal vez sabían que mucho no iba a durar.
Teníamos solo 16 años…
Julio era un cura que apoyaba al Movimiento Tupamaros. ¡Y así le fue! Le sacaron los hábitos, quedó sin parroquia y en la calle. De repente se vio en Villa Constitución cortando caña de azúcar.
Jamás había hecho ese trabajo -que debe ser muy duro-, pero pronto se fue para Brasil (San Pablo) y allí empezó otra vez a ejercer su fe.
Como era amigo de mi familia, y mi hermana ya no sabía qué hacer conmigo lo convencieron de que me llevara con él. Su parroquia estaba en un ba- rrio llamado Carandirú (creo que era así el nombre).
Estuve con él como monaguillo, más o menos ocho
meses. No me gustaban mucho, ni la parroquia, ni el barrio, ni la ciudad.
De esa época recuerdo solo que San Pablo era una ciudad grande, con un idioma que poco enten- día y sin amigos ¡Lo peor de todo es que ni siquiera me había despedido de Gladys!
Cuando regresé a Montevideo, Gladys ya no vi- vía más en la calle Uruguay… En la capital seguía el caos. Los Tupamaros se fugaban de la cárcel de Punta Carretas16 y había nacido una nueva fuerza política: el Frente Amplio. Yo había cumplido los 18 años. Por supuesto, la primera vez que voté no ganó el Frente Amplio17. Quien ganó las elecciones fue Juan María Bordaberry.
16- El lunes 6 de septiembre de 1971, 106 guerrilleros presos en la Cár- cel de Punta Carretas (que era entonces, la cárcel de máxima seguridad del país), lograron fugarse a través de un túnel de 45 metros.
17- En 1971 el Frente Amplio logró el 18,3% de los votos válidos es- crutados obteniendo el 3° lugar en unas elecciones acusadas de fraudu- lentas por el Partido Nacional que perdería por un margen del 0,8% de los sufragios.
Del otro laDo Del rÍo
Una mañana de abril de 1972, cuando el otoño hacía que sus días fueran como melancólicos, viajé otra vez a mis pagos, en Paysandú. ¡Tanta melanco- lía me vino cuando llegué a mi pueblito! Mi abuela y mi madre ya no estaban… Solo quedaba mi padre que veía pasar el tiempo… Se estaba construyendo el puente Paysandú-Colón. En Argentina, precisa- mente en Rosario, Provincia de Santa Fe, tenía a dos de mis hermanos.
Me decidí y pasé para el otro lado en una lan- chita que atravesaba el río Uruguay hacia Colón en Argentina, donde parecía que la vida era mejor…Y así fue. Trabajaba en obras como pintor. Ganaba y vivía bien.
Aún en el país hermano había democracia. Es- taba Isabelita Perón en la presidencia, pero también duró poco… en 1976 los militares darían un golpe de estado.
Vivía en el barrio en Rosario Norte con mis hermanos, cerca de la estación de trenes. Un barrio que no era precisamente el más paqueto de la ciu- dad y en el cual pululaban los prostíbulos y los ma-
leantes de todo tipo. Allí también fuimos testigos de grandes tiroteos entre montoneros y militares.
Nosotros también empezábamos a tener problemas y éramos llevados continuamente detenidos. Cada vez que nos detenían por averiguaciones, los milita- res nos tenían encerrados dos o tres días.
Ahí conocí a Claudia. Claudia tenía el cabello negro como sus ojos, era delgada y de cutis blanco.
¡Era preciosa y pasamos tres años hermosos! Aún no sé porque un día nos separamos. Tampoco sé porque me vine de nuevo a Uruguay… Era más de lo mismo… Pero esta vez no crucé en la lanchita, crucé por el puente Paysandú-Colón, que ya estaba terminado18. 19
18- El puente Internacional General Artigas que une las ciudades de Paysandú (Uruguay) y Colón (Argentina), atravesando el Río Uruguay, fue inaugurado el 10 de diciembre de 1975.
19- Nota publicada en El Timón (Mayo 2000:6) revista del Sindicato Único Nacional de Trabajadores del Mar-SUNTMA.
Desde el muelle Mántaras
El horror de los perros autoritarios 163 Detenidos-desaparecidos
Por Walter M. y Pedro Marino19 1966
Con la muerte del Gral. Gestido, al poco tiempo de haber asumido, se instaura en el Uruguay el período del “Pachecato”. Ese mis- mo año entra en vigencia la Reforma Cons- titucional “Naranja” (color de la papeleta con que fue plebiscitada), siendo uno de sus redactores el actual Presidente Jorge Batlle y por la cual se le otorgan más poderes al Poder Ejecutivo, tales como las Medidas Prontas de Seguridad, suspensión de las garantías indivi- duales, etc.
Culmina el proceso de unificación sin- dical en una sola Central al aprobarse en un Congreso los estatutos de la CNT y elegirse su Mesa Representativa Nacional.
1968
Pacheco gobierna bajo permanentes Me- didas Prontas de Seguridad. Se generalizan las
huelgas y movilizaciones obrero-estudiantiles, siendo salvajemente reprimidas las manifesta- ciones. A las reivindicaciones por Presupuesto justo, salarios y trabajo, se le unía la solida- ridad con Cuba y Vietnam agredidas por el imperialismo norteamericano.
Caen bajo las balas del Pachecato las primeras víctimas estudiantiles: Liber Arce, Hugo de los Santos, Susana Pintos, Julio Es- pósito e Ibero Gutiérrez. Cada entierro de las víctimas es acompañado por decenas de miles de personas en medio de Paros Generales.
Los comunicados oficiales llegan a conta- bilizar más de treinta enfrentamientos con las fuerzas represivas en un mes.
Comienzan las clausuras de Prensa, siendo una de sus víctimas el diario Extra, que a poco de salir es censurado y luego clausurado.
Los trabajadores de la carne se enfrentan con la policía en plena calle, en la zona del Cerro y el Movimiento Sindical contesta con un paro y manifestación de que sale desde el Palacio Legislativo y llega hasta el Cerro lle- vando la solidaridad de miles y miles de tra- bajadores.
Desde el muelle Mántaras
Simultáneamente, se suceden acciones y enfrentamientos armados entre el MLN (Tu- pamaros) y la policía.
1969/70
Se profundiza la represión, en el intento de acallar las protestas obreras y populares, llegándose a la “militarización de los gremios”
del Estado y al gremio bancario, siendo sus dirigentes internados en cuarteles.
(…)
Se suceden los ataques de la JUP (Juven- tud Uruguaya de Pie), organización parami- litar fascista, que opera principalmente en atentados contra estudiantes, locales y mili- tantes de izquierda.
(…)
Los senadores Zelmar Michelini y Amil- car Vasconcellos se alejan del Batillismo. El ejército toma acciones represivas contra los grupos armados. Se organiza y sistematiza la tortura en los lugares de detención.
1971
Los senadores Alba Roballo, Zelmar Mi- chelini, Enrique Rodríguez y otros, denun- cian torturas y malos tratos a detenidos en la Jefatura y centros de detención.
Se constituye el Frente Amplio, contan- do entre sus firmantes con el PDC (Partido Demócrata Cristiano), lista 99 que lideraba el Senador Zelmar Michelini, el grupo Pregón de la Dra. Alba Roballo, el FIDEL, el Partido Comunista (PCU), el Partido Obrero Revo- lucionario (POR-Troskista), los Grupos de Acción Unificada (GAU) del dirigente textil Héctor Rodríguez, entre otros, junto a perso- nalidades independientes. Posteriormente, se incorpora la Unión Popular de Enrique Erro y el PSU (Partido Socialista Uruguayo) que había sido proscripto por Pacheco Areco.
(…)
En lo que respecta a los cargos de Gobier- no, habían sido ocupados por la “rosca” finan- ciera; es decir, banqueros y terratenientes ocu- paban los ministerios claves de la economía del país.
Desde el muelle Mántaras
En medio de una feroz represión y de un clima enrarecido por los atentados, detencio- nes arbitrarias y “operaciones rastrillo”, que mediante las Medidas Prontas de Seguridad, Suspensión de las Garantías Individuales y el
“Estado de Guerra Interno”, permitían verda- deros saqueos en la viviendas de miles de mo- destos ciudadanos, con el cuento de la “bús- queda de sediciosos”.
Nunca se podrá contabilizar los bienes y valores robados en las casa de pacíficos ciu- dadanos durante estos operativos, más allá de la violencia y el terror que causaban, cuando a cualquier hora entraban a nuestra casa. En medio de este clima, se llega las elecciones de noviembre.
1972 (…)
Nuestro gremio sufre la pérdida de un pescador: Alcides “Peluca” Pintos, a manos del armador pesquero y empresario naval Ar- mando Regussi durante la ocupación del B/P CECILIA R.V.
1973
La escalada que desemboca en el Golpe de Estado no se detiene, pese a las movilizacio- nes y denuncias como la del Senador Amilcar Vasconcellos alertando sobre el golpe o de las enérgicas declaraciones de la CNT denun- ciando atropellos e irregularidades.
Así, cuando el 27 de junio de 1973 se consuma el golpe, esa misma madrugada el movimiento sindical cumpliendo una reso- lución tomada desde 1964 y refrendada por sus congresos, contesta al golpe con la Huel- ga General con ocupaciones de los lugares de trabajo (…). No es casual que las primeras medidas de la Dictadura hayan sido declarar ilegal a la CNT.
Comenzaba allí el “horror de los perros au- toritarios” que se adueñaron del país, siguiendo las órdenes de sus amos extranjeros. Fueron años de terror, de torturas, violaciones, desaparecidos, muertos, saqueos, exilios, etc. Como para no ol- vidar jamás.
De regreso
¿Qué puedo decirles de Montevideo por el año 1975, donde ya la dictadura cumplía dos años? Na- die hablaba, no se podía andar en grupos, seguían las detenciones y a mí me parecía que todos cami- naban como robots.
Al volver a Montevideo también trabajé como pintor de casas y a veces en la construcción. Los salarios eran bajos… tampoco había mucho traba- jo… y por supuesto: ¡Nada de protestar!
Los sábados iba a bailar al club Sudamérica o a otros bailes como los que se hacían en el primer piso del Palacio Salvo. También en ocasiones iba al Club Colón o Casa de Galicia en 18 de Julio.
Éramos - entre muchachos y muchachas - unos 15 amigos que íbamos a todos lados juntos. Pero nos reuníamos sólo en los bailes, porque en las calles teníamos que andar de a dos personas, ya que en tiempos de dictadura no podíamos caminar en gru- pos más grandes.
En la zona donde vivía (Parque Rodó), conocí a Carmen. Ella recién volvía de Paraguay, donde ha- bía estado viviendo dos años. Era divertida y alegre.
Íbamos juntos a todas partes. Aunque tampoco ha- bía muchos lugares donde pasear en este Monte- video que a pesar de tener lindos colores, en esa época se veía muy gris...
Andaba yo por los 23 años y ella era diez años mayor. Yo aún soñaba a veces con Claudia…
Salimos con Carmen solo dos años. Un día me dijo que era mayor que yo... todas esas cosas de la diferencia de edad… bla, bla… y me dejó. Al tiem- po supe que se había casado…
En la Ciudad Vieja - zona que yo frecuentaba mucho - comencé a conocer gente que trabajaba en barcos pesqueros. En los boliches donde iban a be- ber contaban de la mar y de sus faenas… Hombres barbudos, tatuados en el cuerpo, con pieles curtidas por el sol, acostumbrados a pelear con temporales, bebedores de bebidas fuertes que fumaban tabacos picantes, con las manos callosas por las faenas de su trabajo… Hablaban de cosas que a mí siempre me atrajeron: los barcos, la mar… Ahí quería ingresar yo… a ese mundo… Muchos de ellos parecían ha- ber estado en la cárcel, ¡vaya a saber por qué deli- tos! Yo tampoco era un novato en la vida - todo lo contrario - como les he contado fui un muchacho de la calle y había vivido en otros países en tiempos difíciles… Estos hombres de mar tal vez me lleva- rían a una nueva aventura…
Desde el muelle Mántaras
Por intermedio de un pescador apodado Tofi ingresé al mundo de la pesca. Pero antes había te- nido que pasar por algunos trámites. En primer lugar, mi nuevo compañero pescador me llevó a una empresa naviera en la cual me dieron una car- ta que tenía que presentar en prefectura para que me hicieran un permiso de embarque. La carta era de solicitud de Grumete para un barco pesquero de nombre Atenea. ¡Y así fue!
Ya íbamos entrando en los ochenta y muchos compatriotas se reunían en la clandestinidad bus- cando el regreso de la democracia. Una democracia que los militares no querían restaurar, en un país con presos políticos, torturas, emigración… y tan- tas otras terribles heridas que aún hoy no hemos podido cerrar.
Antes de subir a mi primer barco (Atenea) andu- ve deambulando por el muelle pesquero de nombre Mántaras. Cuando había reuniones de pescadores hablando entre ellos yo me quería integrar a esos grupos pero era completamente ignorado. En ese momento era un intruso. Muchos de ellos tenían una larga trayectoria en la mar. También padecían
el régimen dictatorial y en sus conversaciones año- raban otros tiempos. A ellos la dictadura les había cercenado sus derechos y los dueños de los barcos hacían y pagaban lo que se les antojaba.
El mundo de la pesca ha sido muy similar en todos los tiempos: jornadas largas, duras faenas, naufragios, peleas a bordo y luchas sindicales…
Poco a poco me fui integrando a ese mundo y a sus historias.
los Primeros viajes
Finalmente llegó el día de mi primer viaje…
Recuerdo haber llegado una mañana de junio con neblina ¡y un frío terrible!
El muelle Mántaras, ese pequeño espacio donde atracan los pesqueros uruguayos, estaba rodeado de árboles y galpones viejos de la Administración Na- cional de Puertos. Muchos de esos galpones eran talleres.
La flota de barcos no era muy grande. Había tres categorías: los barcos de costa, que pescaban hasta a doce millas de la costa especies como cor- vina y pescadilla; los barcos de media altura que tenían permiso para pescar hasta unas 100 millas más allá de la costa y llegaban hasta el lado argen- tino del Río de la Plata, cerca de la zona sur de San Clemente del Tuyú; y los barcos merluzeros que lle- gaban más al sur, cerca de la zona marplatense.
Diferentes categorías de barcos y también de tonelajes, pero el arte de pesca que más se utilizaba era y sigue siendo hasta ahora el de redes de arras- tre.
Por los años setenta y ochenta había mucho pescado y los viajes duraban pocos días. A veces, en dos o tres días cada barco llenaba unas 1000 cajas o bandejas de 25 kgs cada una. Incluso los barcos de costa, llenaban unas 400 cajas.
Aquellos barcos costeros de madera pura ya han desaparecido. En la costa no quedan casi peces para ellos. Los buques llamados de media altura subsis- ten arando el Río de la Plata en busca de la preciada corvina; y los merluzeros están siendo sustituidos por los congeladores: barcos de más tonelaje y con capacidad de pasar muchos más días en altamar20, causando mayor depredación junto a la pesca indis- criminada que se viene dando desde hace décadas, sin ningún tipo de control por parte de nuestras autoridades.
Bueno, allí estaba yo… en uno de los barcos pesqueros que salen del muelle Mántaras trabajan- do como grumete.
Los grumetes son los aprendices y, en los buques pesqueros, no teníamos sueldo fijo. Los demás tri- pulantes nos hacían una colecta con lo que sacaban de la venta de la valija. La valija es una parte de
20- Los buques congeladores pueden 302 días al año. (Colombo, Gui- llermo. 2008. Hasta que el recurso nos falló… Crisis de la merluza y pro- testa obrera. La dinámica de los enfrentamientos en el puerto marplatense.
1997-2002)
Desde el muelle Mántaras
la captura que se lleva cada tripulante y que nor- malmente se vende a los feriantes que se acercan al muelle a comprar esta mercadería. Aún hoy, los grumetes no tienen sueldo y reciben solo una beca de diez dólares por día, además, por supuesto, de su valija de pescado. Pero en los setenta y ochenta, además, los tripulantes debíamos pagarnos la comi- da, así como la ropa de agua; y no teníamos ningún tipo de beneficio.
Salimos una noche de frío al mar. Una gran luna blanca plateaba las aguas, la noche estaba muy estrellada y calma. El barco iba a pescar por la zona del Cabo San Antonio, en costas de Argentina a unas doce horas de viaje. También recorrería la zona de pesca de Samborombón. Ni dormí ese viaje, no me lo permitía el ruido de los motores al que no estaba acostumbrado.
El barco era pequeño, con una tripulación en la cubierta de seis marinos y yo, dos maquinistas y el patrón de pesca. Éramos nueve tripulantes en total.
Nuestro barco trabajaba con otro barco. Cuando dos barcos trabajaban en conjunto de esta forma se le llama trabajar en pareja. Ambos arrastraban la red pesca. Cuando uno viraba su red, el otro calaba la suya y así sucesivamente… Cuando se viraba la red, esta quedaba en la popa del barco y el túnel
con el pescado caía en la cubierta, hasta vaciar el túnel.
Mi trabajo consistía en ayudar y aprender. Es- tando el pescado en la cubierta los marineros los ponían en las cajas. Yo como grumete les iba pa- sando cajas vacías cuando era necesario. Posterior- mente, cuando todas estaban llenas, las bajaban a la bodega, en la cual trabajaban tres marineros, que les ponían hielo y las iban estibando en filas de diez o doce de altura según el tamaño. Yo comencé a trabajar con este sistema, pero los más viejos lleva- ban el hielo en barras y con una maceta lo picaban.
Las artes de pesca eran viradas a pulso y no con máquinas… un trabajo mucho más duro aún.
¡Este primer viaje me pareció estupendo! ¡Y aún más el trabajo! Pero claro, durante todo el viaje la mar estuvo muy calma… Así que en el segundo viaje salí contento a la mar. El cielo estaba oscuro, una leve brisa poco a poco se hacía más fuerte y muchas gaviotas volaban hacia los puertos o las is- las. Un viejo pescador murmuró:
-“Tenemos baile - ¡Y lo tuvimos!
El temporal que agarramos me hizo vomitar creo que hasta las tripas; y el mareo o abolladura como decimos los pescadores, hasta el día de hoy lo recuerdo. ¡Maldije y juré no volver a embarcarme
Desde el muelle Mántaras
más! Los viejos pescadores se burlaban de mí mien- tras tomaban mate con ginebra como si estuvieran en tierra firme. Me sentía humillado, indispues- to… pero aguanté. ¡Cómo no iba a aguantar yo que había crecido en la calle!
Así fueron transcurriendo los meses y más fuerte me hacía junto aquellos rudos de la mar, hasta que aprendí el oficio y fui yo también uno de ellos.
Esa fue mi formación como marinero pescador en el Atenea. Estuve seis meses trabajando en ese barco y guardo un grato recuerdo de quienes fue- ron mis maestros y compañeros.
los ochenta
Al aproximarse los años ochenta conocí a quien sería la madre de mis hijas. Flaca, de cabello ne- gro casi hasta la cintura y ojos marrones. Fue una tarde de primavera. En esos años participábamos de reuniones clandestinas en una iglesia del Par- que Rodó y en secreto repartíamos panfletos en el barrio. En varias zonas de la ciudad otros hacían lo mismo en otras iglesias.
Lorens hacía poco había llegado de Buenos Ai- res, en donde había estado viviendo. Un día armó sus maletas y regresó a Uruguay.
En 1980 Washington Cataldi, dirigente de Pe- ñarol, organizó el Mundialito21 y ganó el No22.
El 30 de noviembre de 1982 Peñarol consiguió su cuarta Copa de América contra el Cobreloa de
21- El Mundialito o copa de Oro de Campeones mundiales, fue un tor- neo internacional de fútbol amistoso que se disputó en Montevideo en- tre el 30 de diciembre de 1980 y el 10 de enero de 1981 con motivo del cincuentenario de la disputa del primer campeonato mundial en 1930.
22- El domingo 30 de noviembre se realizó el plebiscito, en el que el NO a la reforma constitucional propuesta por los militares, triunfó con el 56.83% de los votos.
Chile en el Estadio Nacional de Santiago, gracias a un gol de Fernando Morena en el minuto 89.
Un año después, en el Parque Batlle un actor de apellido Candeau, hacía un discurso por la de- mocracia en un acto en el Obelisco. La convocato- ria fue inmensa y los diarios lo titularon como Río Humano23.
Ese mismo día bautizaban en una iglesia de Pocitos a la más pequeña de mis hijas. Había tres bautismos ese día. El cura en diez minutos les tiró un poco de agua bendita, murmuró algo y todos salimos como volando para la convocatoria. ¡Creo que fueron los bautismos más rápidos del mundo!
23- A partir de 1980, se fueron abriendo espacios para la acción co- lectiva: cooperativas, gremios estudiantiles y sindicatos. Un grupo de sindicatos organizó un acto el 1º de mayo de 1983, donde se dio origen formal al Plenario Intersindical de Trabajadores que un año después consolidaría la unión con la CNT (proscripta desde 1973), bajo con la consigna: “Un solo movimiento sindical”. Se inauguraban nuevas prác- ticas para manifestar la disconformidad con la situación vigente: “cace- roleadas”, “apagones”, entre otras. Durante este año se conformó la “In- tersectorial”, integrada por los partidos tradicionales y organizaciones sociales (cooperativas, sindicatos, etc., en las que también la izquierda desarrollaba sus acciones). A través de la “Intersectorial” se convocaría a una movilización el 27 de Noviembre de 1983. En esa fecha se congre- garían más de 400.000 personas, bajo la consigna “Por un Uruguay sin exclusiones” (Porrini, R. 2008. “La sociedad movilizada”. Pp 285-316.
En Frega, A. et al.: Historia del Uruguay en el siglo XX 1890-2005.
Montevideo. Ediciones de la Banda Oriental).
Desde el muelle Mántaras
En nuestro gremio nacía la revista El Timón.
También se editaba la Del Pescador que difundía toda la temática de la pesca. En enero 1984, con un militar de apellido Bolentini en la dirección del Ministerio de Trabajo, los pescadores decidíamos ir a la huelga24.
24- El 2 enero de 1984 entraba en vigencia el Decreto Ley 15.523, referido a la relación laboral de los tripulantes de buques de pesca de bandera nacional. En su artículo 7º el Decreto Ley establecía que: “Los tripulantes que hayan convenido la forma de remuneración a la parte no estarán sujetos a limitación de jornada ni tendrán derecho a indem- nización por despido en el caso en que éste ocurra.” Además, según el artículo 4º de la misma ley, se exoneraba a los empleadores de su obli- gación de alimentar a la tripulación.
Frente a esta resolución, la entonces Asociación de Trabajadores Ma- rítimos (ATM) pro SUNTMA, con el apoyo de destacados abogados laboristas, llevó adelante el reclamo de que este Decreto Ley violaba claramente la Constitución, al negar a este grupo de trabajadores su igualdad ante la ley (Artículo 8º); y al contrariar el Artículo 56º de la misma, que establece la obligación del empleador de proporcionar alimentación adecuada al trabajador que deba permanecer en el estable- cimiento laboral. Además del inicio de los procesos legales para lograr que dicho decreto fuera declarado inconstitucional, la totalidad de los buques de pesca nacionales estuvieron paralizados durante meses por una huelga masiva del sector; que incluyó medidas como una huelga de hambre por parte de 19 trabajadores (SUNTMA, 2011).
A 27 años de la gran huelga de hambre de la pesca25
Walter M.
El Timón, Febrero 2011
Nuestro país vivía bajo la tormenta de la dictadura fascista reprimiendo fuertemente todos los movimientos sociales y populares existentes (…)
En ese marco nuestra querida organiza- ción sindical fue cruelmente golpeada, sufrió la clandestinidad como tal y la de sus afiliados, la persecución, la tortura y hasta la desapari- ción de nuestro dirigente Julio Correa.
Las condiciones en las que los trabajadores del mar realizaban sus tareas eran realmente penosas, el recorte de las libertades y la demo- cracia impedían obtener derechos elementales para los marinos.
Para salir a trabajar había que pagarse la comida, comprarse las botas, la ropa de agua, ropa de cama, jabón, etc., etc.
25
25- Nota publicada en El Timón, Febrero 2011, p3.
Desde el muelle Mántaras
Por supuesto que casi nadie podía hacerlo y por tanto trabajaban a mano pelada, moja- dos todo el día y en condiciones infrahuma- nas.
………..
Hoy no solamente queremos recordar y hacer un poco de historia al cumplirse un nuevo aniversario de la huelga del 84, sino que también homenajear a quienes participa- ron de la misma:
Antonio Munúa Agustín Silva
Julio González “Verruga”
Julio Martínez “Largo”
Daniel Ferreira “Zurdo”
Dante Iparraguirre “Abuela”
Dante Rodríguez José Arce
Miguel Sanabria Elbio Viana
José Porto “Gallego”
Alexis Rodríguez Jorge Pérez Víctor Pintos Oscar Leal Mario Perret Roberto Alfonso Julio Ramírez Osmar Viera
Después de la huelga las puertas del sindicato en la calle Lindolfo Cuestas se habrían nuevamen- te. Comenzaron las negociaciones y se logró que los convenios de los trabajadores del mar incluyeran que se entregara ropa de agua, provisiones y otros beneficios… que hasta el día de hoy se continúan incorporando: indemnización por despido, seguro de paro, jubilación especial, etc.
Guzmán Díaz, defensor de la gente del mar, nos apoyaba en esta lucha a través de su audición radial en CX 40 Radio Fénix: Por los Caminos del
Desde el muelle Mántaras
Mar, todos los domingos de 9 a 10 de la mañana26. Más tarde, Helias Sarthou, abogado y defensor de los derechos humanos, también se sumó a nuestra lucha.
Volvía la democracia y los presos políticos eran liberados después de largos años de prisión y tor- turas. La lucha en la clandestinidad daba sus frutos y regresaban los exiliados que también desde lejos habían luchado y pregonado por una nueva demo- cracia.
Con partidos políticos proscriptos y líderes po- líticos en el exilio, en 1985 se hicieron las primeras elecciones presidenciales después de 13 años. La democracia volvía a nacer. Sanguinetti fue electo por un país totalmente desinformado. Su período de gobierno duró hasta el año 1990.
Nos mudamos con Lorens al Centro, en un vie- jo edificio que en la planta baja tenía un bar con mucha tradición: El Capitol. Mis hijas de pequeñi- tas iban al jardín en la iglesia donde antes hacíamos las reuniones clandestinas. Yo seguía navegando…
26- El programa continúa al aire actualmente por la misma emisora y en el mismo horario.
naveganDo en barcos chinos
Por el año 86, después de una segunda huel- ga, había cinco barcos chinos en Uruguay. Ya ha- cía años que estos buques pescaban atún por estas aguas. Pero ese año cambiaron su bandera por la nuestra27.
Aún nuestro sindicato estaba en la calle Lin- dolfo Cuestas y se negoció un convenio con estos barcos para que embarcaran el 50% de tripulantes uruguayos como dice la ley28. Entonces, una tarde nos visitó un señor buscando marineros para esos
27- De acuerdo a lo establecido desde 1947 por la ley Ley nº 10.945 (SUNTMA, Noviembre 1983), denominada Ley de Enarbolamiento del Pabellón Nacional, es posible matricular buques civiles extranjeros como pertenecientes a la flota uruguaya, con la condición de que arri- ben al puerto de Montevideo por lo menos una vez al año y que por lo menos el 50% de su tripulación sea de origen uruguayo. Esta mo- dalidad es utilizada sobre todo por países con una escasa o inexistente flota marítima. A través de un sencillo trámite, los buques abaratan sus impuestos y esquivan controles, pues generalmente el país de matrícula no tiene poder ni recursos para imponer los reglamentos nacionales o internacionales. Otras banderas de conveniencia de uso corriente son:
Bermudas, Bolivia, Panamá, Sierra Leona, Togo, entre otros.
28- Ley nº 10.945. Texto disponible en: http://www0.parlamento.gub.
uy/leyes/AccesoTextoLey.asp?Ley=10945&Anchor=
barcos con algo de experiencia en sus artes… y ahí estaba yo…y me ofrecí para embarcar. ¡Cualquiera que tuviera un poco de inteligencia jamás tripularía esos barcos! Yo era el único del 50% de uruguayos en ese barco. En otros cuatro también tenían a un loco como yo. Nunca hubo un 50 % de tripulación uruguaya en estos pesqueros, por más bandera de nuestro país que tuvieran. En esos años, los barcos de nuestra flota aún pescaban bien, a pesar de la pesca indiscriminada que venía haciéndose desde la dictadura…
Aunque tuviera convenio con el gremio y utili- zara nuestra bandera, todo era de origen chino en ese barco: la comida, las costumbres, el idioma…
solo era un barco chino con la bandera y un tripu- lante uruguayos. La marea era por seis meses.
Llego a casa y le digo a Lorens:
-“Mañana me voy a navegar”
-“¡Qué bueno!”- contestó.
-“Pero por seis meses y en un barco chino…
Ahora tenemos convenio” - dije para justificar.
Las niñas eran pequeñitas aún. Me miró largo rato con esos lamparones que tenía y me dijo:
-“¡Estás loco! ¡Otra vez!”
Desde el muelle Mántaras
Lo hablamos mucho… Sin embargo al otro día yo estaba a bordo del barco, pronto para zarpar.
Zarpamos del puerto una noche de primavera, con una luna ideal para una pareja de enamora- dos besándose en una plaza cualquiera. Yo miraba como se alejaba más y más Montevideo… por seis meses no vería a Lorens, no haría el amor con ella, no pasearíamos por la rambla con las pequeñitas y pasaría otro tiempo más sin verlas crecer… Pero no extrañaría… o tal vez si… ya estaba acostumbra- do a esa vida… Mi piel estaba curtida por mares y tempestades.
Puedo descifrar las faenas y las rutinas en un barco chino, porque son todos iguales.
Los barcos chinos hasta el día de hoy son –y queda feo decirlo- sucios. Las tripulaciones son de más o menos unos 25 hombres. En los que yo he navegado estaban: el capitán, un oficial, el segundo oficial, el contramaestre, el segundo contramaestre, y en la cubierta unos veinte marineros, además del telegrafista.
No había llevado ningún tipo de cubiertos, así que tuve que recurrir a los palitos, aunque me acostumbré rápido. Ellos no usan colchones, solo esteras en sus cuchetas, beben y fuman mucho. El promedio de edad de los marineros que fueron mis
compañeros era muy bajo. Creo que pocos de ellos llegaban a los 18 años. Provenían de las zonas más pobres de Taiwán y sus salarios eran pésimos.
El arte de pesca que utilizamos era al palangre es decir, con anzuelos. Solo pescaban un tipo de atún: la albacora.
La comida era todo los días igual: arroz, pesca- do, sopa de aletas de tiburón y todo tipo de panes que hacían en canastos de mimbre y cocidos al va- por.
En este, como en los otros barcos chinos que tripulé, trabajábamos 17 horas diarias. Durante las siete que nos quedaban libres dormíamos unas seis horas. El trato de los que tienen mando con la tri- pulación en esos barcos es espantoso: abusan de su poder y son comunes los malos tratos.
Son comunes también las discusiones y peleas a bordo entre los tripulantes -yo he tenido unas cuantas - pero todas a causa de las largas y fatigan- tes jornadas, ya al final de la marea éramos todos amigos y nos alegraba volver a casa.
Con mareas de seis meses y jornadas agotado- ras es difícil pensar o extrañar. Solo me entraban melancolías cuando pasaba navidad o fin de año en la mar trabajando. El barco tenía un telegrafista
Desde el muelle Mántaras
por medio del cual yo me comunicaba con Lorens.
Hasta hace poco guardaba los mensajes…
Muchas veces solo y en altamar, soñaba con Lorens, soñaba que hacía el amor con ella, que abrazaba a mis pequeñas y cuando me despertaba me encontraba con ruidos de motores, máquinas, tempestades y el regreso a la cubierta del barco para las duras faenas. Muchas veces pensaba que la mar me había robado muchos años para ella; una mar que amaba y maldecía… una mujer a la que nunca pude dominar y que tantos secretos guarda.
Arribamos una tarde de febrero de 1987 al puerto de Montevideo. Nadie me esperaba… ¡A quién se le ocurre esperar un pesquero chino! El sol se estaba ocultando… Vi como unos buques zarpa- ban hacia su zona de pesca desde el Mántaras y una nostalgia tremenda me recorrió el cuerpo… Me despedí de mis compañeros como pude, porque aún no dominaba bien el idioma (que no me que- daba otro remedio que aprender). Cuando llegué a casa Lorens me esperaba más linda que nunca, me abracé con ella y las pequeñitas.
-“Las amo”- les dije.
Ellas respondieron que también. Conversamos mucho rato…Cuando las niñas se fueron a dormir a su cuarto, otra vez le dije:
-“Te amo”- a Lorens y el amor se estrechó en nuestros cuerpos desnudos. Luego de un silencio, casi murmurando me dice:
-“¿Cuál será tu próximo destino?”
No contesté nada, la abracé, una lágrima corrió por mis mejillas.
Volvió a decir:
-“Te amo, pero sos como un fantasma que apa- rece y desaparece de nuestras vidas.”
No contesté nada, solo la abracé y así nos dor- mimos.
los noventa
En el 88, si mal no recuerdo, finalizaban los convenios que habíamos firmado. Cada vez que esto sucedía había un conflicto. En este conflicto como en el del año 1986, teníamos una carpa con olla popular donde hoy es la terminal de Río Bran- co y otra en la calle Colombia y la Rambla.
Terminado el conflicto me fui a Malvinas en un pesquero español. Ya habían pasado cinco o seis años de la guerra entre argentinos e ingleses por la soberanía de las islas, pero aún las heridas seguían y siguen abiertas.
Duro fue el trabajo en este buque. Era un pes- quero congelador, o factoría. Capturábamos merlu- za y toda la fauna acompañante de esta especie. ¡No teníamos turnos y las jornadas eran interminables!
¡Había días que dormíamos solo dos o tres horas!
No recuerdo haber tenido un día lindo trabajando en ese barco: temporales, nieves, lluvias, nos azota- ban de continuo. Durante esos meses nunca pude conectarme con mi familia… ¡Peor que en los bar- cos chinos!
La tripulación se componía de rusos, peruanos, chilenos, españoles, y yo que era el único urugua- yo.
En Puerto Argentino o Stanley, no había nada en esos tiempos. Era sólo un poblado desolado.
Claro, la guerra había dejado sus huellas.
¡Pasé los fríos más intensos de mi vida en esa faena de pesca! Las manos se me congelaban de continuo, pero tuve que aguantar porque la paga era buena.
Durante ese viaje se desprendieron cinco tém- panos debido a los temporales y navegábamos jun- to a ellos. ¡Fueron los más grandes que vi en mi vida! Parecían edificios de treinta pisos… Ahí note que el pesquero parecía una cáscara de nuez en el inmenso mar.
Cuando regresé juré nunca más pisar esa isla y así fue. Hay amigos míos que dicen que cambió mucho, que ya hay bares, lugares de diversión, etc.
¡Pero creo que ni a visitarla volvería!
En 1989, año en el que Sanguinetti era pre- sidente, yo juntaba firmas como voluntario de la Comisión de Referéndum para revocar la Ley de
Desde el muelle Mántaras
Caducidad y que hubiera castigo para los dictado- res que asolaron nuestro país29.
El voto verde fue derrotado por el amarillo que era apoyado por quien era el presidente en esos años y por los partidos políticos de la derecha30. La deso- lación fue grande en gran parte de la población.
Pasadas las elecciones por el referéndum, un avión me llevaba a Sudáfrica. Durante gran parte de los noventa mis viajes serían interminables. Para cada campaña tenía que volar lejos y las mareas
29- En diciembre de 1986 fue aprobada por el Parlamento uruguayo La Ley N° 15.848 de la Caducidad de la Pretensión Punitiva de Estado (conocida como “Ley de impunidad” o “Ley de caducidad”). Esta ley (aún vigente) establece la caducidad del “ejercicio de la pretensión puni- tiva del Estado respecto de los delitos cometidos hasta el 1º de marzo de 1985 por funcionarios militares y policiales, equiparados y asimilados por móviles políticos o en ocasión del cumplimiento de sus funciones y en ocasión de acciones ordenadas por los mandos que actuaron durante el período de facto” Apenas fue aprobada la ley se comenzó una cam- paña para interponer contra ella el recurso de referéndum. Para ello era necesario obtener más de 500 mil firmas (el 25% del padrón electoral de aquel entonces). Con ese objetivo, el 22 de febrero de 1987 se instala la Comisión Nacional pro Referéndum. Durante diez meses, miles de voluntarios recorrieron todo el país recolectando firmas de ciudadanos que apoyaran el llamado a Reférendum. En diciembre de 1987 se en- tregaron 634.702 firmas (más del 28% del padrón). La Corte Electoral convocó a plebiscito para el 16 de abril de 1989. Los partidarios de dejar sin efecto la Ley de Caducidad votarían con una hoja de color verde, mientras que los partidarios de confirmarla lo harían con una papeleta amarilla.
30- 57% del electorado votó amarillo y el 43% lo hizo por la papeleta verde.
eran de 4 o 6 meses31. Lorens ya estaba acostum- brada y para las pequeñas yo era más bien una visita en casa.
En Noviembre de 1989, nuevamente hubo elecciones en Uruguay y yo estaba en Montevideo.
Fue electo entonces Luis Alberto Lacalle del Par- tido Nacional. Su período de gobierno fue desde 1990-1995. ¡Fueron los peores años del país y al- gunos funcionaros de aquel gobierno terminaron en la cárcel!
En la pesca en el noventa volvíamos a tener otro conflicto... Cada vencimiento de convenio era un conflicto y todos duraban cuatro o cinco meses.
En esos años se alentaba a los trabajadores a ar- mar cooperativas de servicios, pero para nosotros eran cooperativas truchas. Era otra forma de evadir el pago de los aportes por parte de los empresa- rios.
El Instituto de Pesca seguía dando permisos a barcos extranjeros para depredar y sin pagar nin- gún aporte a los organismos del Estado.
31- La existencia de agencias marítimas en todo el mundo, proveedoras de servicios portuarios, así como de personal para los buques, facilitan la contratación de tripulaciones internacionales. De esta forma los ar- madores pueden acceder a mano de obra más barata y eludir el pago de aportes a la seguridad social en el país de origen del buque, así como cualquier tipo de indemnización.
Desde el muelle Mántaras
Pescadores en barcos peligrosos32 Walter M.
El Timón 1997
En el año 1983 llegó a nuestro país una flota de barcos atuneros japoneses a los cuales les pusieron el pabellón nacional.
Los pescadores y el público en general ese año tuvieron que soportar los discursos a tra- vés de la prensa, de los jerarcas de turno de ese año, que anunciaban entradas de divisas al país. Por supuesto: ¡mentiras! Los pescadores nunca vieron nada porque todo fue evasión y robo. (…)
Como ha querido hacer la flota coreana con barcos calamareros hoy en el año 1997, que también poniéndoles Pabellón Nacional explotan las riquezas de nuestro país.
Mientras tanto el director del INAPE, Sr.
Calante, el 2 de mayo en un artículo de pren- sa en Crónicas Económicas, decía que con la
32
32- Nota publicada en El Timón, Agosto 1997.
llegada de estos barcos no existirían marineros sin embarcar.
Quizás no le erró mucho. Lo que tendría que decir es que habría que pagarles bien a nuestros compatriotas, darles seguridad, y el Instituto debería controlar más. Porque lo que él no quiere saber es que en estos barcos esclavistas corre peligro la integridad física, hay mala alimentación, abusos de autoridad y gol- pes a tripulantes chinos y vietnamitas.
(…)
los años en el esPaDero
Ya con varias cicatrices y batallas encima, de- cepcionado por todo lo que pasaba en el país con esta nueva democracia, le dije a Lorens:
“Voy al puerto a reunirme con unos compañe- ros”.
A esa altura del partido y conociéndome, con una sonrisa, me dice:
“No te vayas lejos”.
Aun nos amábamos y de verdad. Con las ni- ñas ya grandecitas no dejábamos de pasear por la rambla, ir al teatro o al cine… y cuando podíamos al estadio para ver al club de nuestros amores: Pe- ñarol.
A los cuarenta, como quien dice yo era un ve- terano de guerra que quería seguir en el campo de batalla. Pero ¿por qué siempre tenía que viajar? ¿Es que no podía ser como otros y estar todos los días con mi familia? ¿Qué hacía Lorens cuando yo no andaba por ahí? ¿Qué pensaba ella que hacía yo en otros puertos? Todavía me lo pregunto.