FEDERICO GARCÍA LORCA YERMA

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YERMA

FEDERICO GARCÍA LORCA

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EL ESPACIO.

En Yerma se presenta esta división genérica de los espacios.

Primero, el espacio en el que Juan se desarrolla y pasa la mayoría de su tiempo es el campo, un lugar libre y sin restricciones. Mientras que a Yerma se le adjudica, de una manera arbitraria, el espacio de la casa, un lugar cerrado y lleno de limitaciones. A pesar de que se le asigne este lugar, ella inicia el rompimiento de esta norma a través de sus salidas al campo, el cementerio y la casa de la curandera.

La casa simboliza la cárcel, no sólo por ser un espacio cerrado sino también por la vigilancia que se ejerce en este lugar. Es evidente que la casa dentro de la obra se asocia con esta analogía, ya que Juan y sus hermanas siempre ejercen una continua vigilancia sobre Yerma. Juan siempre está pendiente de todo lo que hace su esposa dentro y fuera de la casa. Cuando ve que no puede vigilarla, acude a sus hermanas para que se

encarguen de esta tarea. “Sí, estaban encargadas de cuidar la iglesia y ahora cuidarán de su cuñada” ; a pesar de todo el control y la vigilancia, Yerma logra romper este espacio asignado de una manera progresiva, a través de sus salidas rutinarias y clandestinas.

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Estas salidas comienzan a incrementarse a media de que la historia transcurre. En el primer acto, Yerma aparece en su casa subyugada a las órdenes de su esposo:

“JUAN. Si necesitas algo me lo dices y lo traeré. Ya sabes que no me gusta que salgas. YERMA. Nunca salgo” .

En el cuadro segundo, la protagonista ya no está en su casa sino en el campo. Esta es una de las razones por las que su esposo se enoja y le dice que su lugar no está afuera de la casa.

“Debías estar en casa... ¿es que no conoces mi modo de ser? Las ovejas en el redil y las mujeres en su casa”.

Juan se da cuenta de que cuando Yerma está fuera de la casa él pierde autonomía sobre lo que pueda hacer o decir ella. Es decir, cuando Yerma logra salir de este espacio Juan empieza a perder el control y la protagonista a fragmentar los espacios genéricos.

En el segundo acto, Yerma no puede quedarse en la casa sufriendo y guardando toda su pena. Ella no se resigna a seguir dentro de este espacio cerrado. Ni tampoco quiere asumir una posición pasiva y aceptar su destino. Al contrario, empieza a salir a la calle y a gritar su dolor.

“Déjame libre siquiera la voz” .

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La protagonista quebranta los límites del espacio físico y los manifiesta de una manera tangible. Ella transita y divaga en las calles buscando respuestas a sus problemas, y exponiendo su dolor.

En el acto tercero y cuadro primero, Yerma se aleja completamente del lugar que se le ha asignado al ir al

cementerio y la casa de la vieja. Con estas acciones la protagonista reta a su esposo y traspasa los espacios que le son fijados.

Todas estas salidas son una ruptura al espacio impuesto y una manera de subvertir las reglas tradicionales. Es decir, la protagonista evoluciona de una manera opuesta a la que la sociedad espera, porque ella no se queda en el espacio que se le impone; al contrario, rompe con lo que se le asigna al ir a buscar la maternidad que su

esposo le niega en lugares a los que ella no debería ir por su condición de mujer.

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