La cultura del ensayo [recurso electrónico]
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(2) LA CULTURA DEL ENSAYO. TRABAJO DE GRADO PRESENTADO POR: MARÍA DEL MAR ESCOBAR MUÑOZ. UNIVERSIDAD DEL VALLE FACULTAD DE HUMANIDADES DEPARTAMENTO DE FILOSOFÍA LICENCIATURA EN FILOSOFÍA SANTIAGO DE CALI, COLOMBIA 2019.
(3) LA CULTURA DEL ENSAYO. María del Mar Escobar Muñoz Código: 1324937- 3250 Trabajo de grado para optar por el título de Licenciada en Filosofía Director: Dr. William Álvarez Ramírez. UNIVERSIDAD DEL VALLE FACULTAD DE HUMANIDADES DEPARTAMENTO DE FILOSOFÍA LICENCIATURA EN FILOSOFÍA SANTIAGO DE CALI, COLOMBIA 2019.
(4) Agradecimientos. Este trabajo se presenta como el resultado de un esfuerzo académico e intelectual por culminar mi pregrado. Inmensa gratitud con la Universidad del Valle y con el programa de Lic. en Filosofía por contribuir con mi formación académica, política, ética y humana; han sido unos seis años y medio de mucho aprendizaje. Gratitud y respeto a mis Maestros: El profesor William Álvarez, por hacerme interesar en la estética y en la filosofía del arte, por responder a mis inquietudes y orientarme durante el desarrollo del trabajo, pero sobre todo por sus clases tan renovadoras y confrontadoras espiritualmente; al profesor François Gagin, por despertar mi gusto por Montaigne y por propiciar en mí cierta contemplación y admiración durante sus clases y al profesor Omar Díaz, por su inigualable personalidad y por sus ganas de re-crear cada vez más los cursos que ofrece el programa. Gracias a mis padres y familiares, por su apoyo, confianza, pero sobre todo, por su paciencia. Gracias a la atenta lectura de Felipe y por ser mi lector más comprometido; a Raúl, por ayudarme a establecer un lector y una claridad en la estructura de mi trabajo de grado; a Fernando, por sus comentarios sobre literatura que me ayudaron a enriquecer la primera parte de mi trabajo; infinitas gracias a Dalia, por sus recomendaciones estilísticas y de sintaxis en la primera parte de mi trabajo. Finalmente, agradezco a mis compañeras Patricia, Alexandra, María Fernanda, Manuela y Luis Gerardo por hacer de mi estancia en la universidad una experiencia amena e inolvidable. Por último, en esta versión en línea se ha incluido el documento de sustentación que sirve como presentación o como una introducción complementaria o alterna al trabajo de grado.. Santiago de Cali, abril de 2019..
(5) Tabla de contenido. Introducción Mi amigo Montaigne. 17 17. Primera parte 1. Definición 1.1. El ensayo. 1.2. Los ensayos: entre la interioridad y exterioridad. 1.3. La Aporía. 1.4. Regreso al ensayo. 1.5. El ensayo como forma.. 24 24 24 28 32 38 42. Segunda parte 2. Desarrollo 2.2. Primera crítica: Desorden. 2.3. La vida como obra de arte. 2.4. La vida. 2.5. Segunda crítica: Ensimismamiento 2.6. Tercera crítica: Frivolidad 2.7. Cuarta crítica: El ensayar, una actividad insoportable para el ser.. 46 46 54 56 59 70 81 88. Tercera parte 3. Conclusiones 3.1. La cultura.. 103 103 103. Anexos. 119. Bibliografía. 122.
(6) Presentación El trabajo de grado La cultura del ensayo permite comprender a partir de una caracterización del género del ensayo, pero más específicamente del ensayar en Montaigne, algunas manifestaciones de la vida y rasgos de nuestra sensibilidad actual. Grosso modo, en el primer capítulo se busca caracterizar este concepto ligándolo a una actividad. Para ello, se parte de qué se entiende por ensayo. Por un lado, tenemos la referencia al género de la literatura reconocido por presentar asistemáticamente un tema libre que alude a citas, experiencias y recuerdos en un tono amistoso. Por el otro lado, a partir de la palabra Essai(s), tenemos una forma peculiar que fue referida por el escritor Francés, Michel de Montaigne. La palabra proveniente del bajo latín exagium traduce balanza; por su parte, ensayar deriva de exagiare que significa pesar. El latín tardío y medieval hace uso del verbo ensayar como la acción de sopesar o ponderar una idea u opinión y, este uso se mantiene durante el desarrollo de las lenguas romances. La modernidad retoma el uso al relacionar el ensayar con el experimentar y el probar; sin embargo, en Montaigne la imagen de la balanza y pesada es entendida como el ejercicio del juicio que pondera opiniones para actuar en la vida.. 1. A partir de algunos críticos y comentaristas de Montaigne se puede analizar sociológica, psicológica e históricamente las razones por las cuales él emprende el proyecto del ensayar; proyecto que arranca en la interioridad. Se presenta de forma general la descripción de un contexto violento de guerras de religión y de disputas entre formas de entender la monarquía. Dicho contexto provoca que Montaigne se retire en su castillo, resguardándose del furor religioso, del desgaste en los tribunales, de la pérdida de su amigo (1563) y de su padre (1568). A partir de Los ensayos sabemos que el retiro en su castillo le genera humores que no reconoce en él, por lo que decide empezar a escribir y se ofrece a sí mismo como argumento y como asunto. La noción de interioridad podría entenderse como el examen atento de sus propios límites y la posibilidad de reconducirse. Pese a que se retira en su propio interior, sigue cooperando con la vida diplomática, doméstica y administrativa. Como escritor, lee sobre diferentes vidas humanas que retoma –a. “No basta con enumerar las experiencias, es preciso pesarlas y asociarlas. Haberlas digerido y destilado para inferir las razones y conclusiones que comportan” (Montaigne, III, 8, p.1390) y “He dedicado todos mis esfuerzos a formar mi vida. Ése es mi oficio y mi obra. (...) Quien valga para algo, que lo dé a conocer en su comportamiento, en sus conversaciones ordinarias, al tratar el amor, o las querellas, en el juego, en el lecho, en la mesa, al dirigir sus asuntos, al administrar su casa” (Montaigne, II, 37, pp. 1173-1174). 1.
(7) través de la cita– para mirarse a sí mismo; por eso, el ensayar no es una actividad que se efectúe en solitario, sino que se presenta y se comparte desde las experiencias del otro y hacia al otro, el lector.. Por consiguiente, se concluye que el género de la literatura no es entendido de la misma forma como lo entendió el escritor francés. El concepto del ensayo –en singular– fue popularizado por Bacon y Locke, al ser traducidos Los ensayos en 1603, el cual fue comprendido como una forma de presentar reflexiones. Actualmente, este género recuerda ejercicios académicos de presentar argumentos de especialistas con una introducción, un desarrollo y unas conclusiones; en algunos casos, la interpretación más o menos profunda del ensayista respecto a un tema. Sin embargo, el ensayo no siguió contando con la misma dignidad, de ser un género que permite –entre otras cosas– el enjuiciar razonamientos, conversar con el lector, indagar sobre lo qué se tiene por decir y pesar experiencias propias e impropias con el propósito de ganar conocimiento de sí mismo y reconducirse. La universidad en el período positivista se encargó de colocarlo en la zona sospechosa de lo no científico o por lo menos a un tipo de ensayos y fomentó una investigación rigurosa, metódica, analítica y concluyente.. Lukács (1975) y Adorno (1962) reflexionaron sobre la forma del ensayo, ya que la mala fama tiene que ver también con la anarquía de la misma. Pese a eso, se reconocen tres tipos de ensayo. El primer tipo, donde predominan los contenidos y se ofrecen relaciones entre las cosas, pero son superados por otros cuyos contenidos contradigan o complementen mejor el anterior; el segundo tipo, que se hacen arte puro al disolver todos sus contenidos en la forma, perdiendo cientificidad; finalmente el último, donde se manifiesta los temperamentos humanos y una forma peculiar de expresar vivencias y experiencias del ser humano, haciéndose preguntas sobre sí mismo y sobre cómo vivir. Que la forma del ensayo sea la vida quiere decir que Montaigne no sólo ofrece su carácter o aspectos de su costumbre, sino sensaciones que son más difíciles de reflejar con palabras, como lo que siente al ser perezoso, indeciso, temeroso, etc. La forma del ensayo no halla necesariamente respuestas y conclusiones, al contrario, abre más interrogantes, donde irónicamente se descarta haber llegado a la compresión de sí mismo y de la vida, por lo que el ensayista sólo habla de sus mismas experiencias o de imágenes y de libros, como si no se tratara de la vida misma..
(8) Es importante mencionar que Montaigne utiliza metáforas tales como la pintura de sí para referir la identidad que tiene con su obra, en la que se muestra el esfuerzo de representar una imagen acabada de lo que es el autor; por lo se podría considerar más que una pintura, un esbozo o un trazado. Utiliza, además, otras metáforas como que la obra es extensión de su existencia, carne de su carne, “un Skeletos” y nos dice que “no he hecho más mi libro de lo que mi libro me ha hecho a mí, un libro consubstancial a su autor” (II,18, p. 1003). La figura de la consubstancialidad nos permite comprender que tanto autor como obra comparten una única substancia, de tal forma que la obra no es el producto de una exposición y representación objetivada del ser de Montaigne, un libro teórico. La obra, por el contrario, se hace inmanente a la existencia y la escritura de la misma tiene implicaciones performativas, de tal forma que no sólo cuenta o narra lo que acontece o lo que hace Montaigne, sino que “el libro hace al autor que hace al libro”. Debido a eso afirma Montaigne “aquí mi libro y yo marchamos al mismo paso (…) quien toca uno toca al otro” (III, 2, p.1203).. En el segundo capítulo se presentan cuatro críticas dirigidas a manifestaciones o modos de vida que pueden darse en el ensayo; no obstante, se realiza también una valoración positiva de las mismas. Para ello se tomará la premisa de que la forma del ensayo es la vida. La noción de vida es recogida a partir de Michel Henry (2010) quien vincula la vida a una ontología, por lo que vivir significa ser. Adicionalmente, el autor nos dice que la esencia de la vida es la autoafección; está es entendida como la capacidad de sentirse a sí misma, de experimentarse y esto no deja de repetirse y actualizarse. Es importante mencionar que Henry (2010) nos dice que en la vida se da una fuerza, que es entendida como la capacidad de actualizar el movimiento o el afecto que son saberes propios de la vida. Tal es el caso, por ejemplo, que la vida pueda actualizar un sinfín de movimientos con el brazo como apretar, rasgar, empujar; y aunque el acto no se ejecute, el poder o la fuerza del movimiento no se alejan del viviente, constantemente se están actualizando; de igual forma sucede con el sentimiento. Por ello, el saber de la vida no se limita al saber de levantar un objeto, sino que es un saber interno, el saber de unirse a la fuerza y reconocerse en ella.. Debido a que la obra de Montaigne no es un mero producto teórico resultado de su pintura de sí, una representación real o “embellecida”, e independientemente de que aparezcan recursos.
(9) retóricos en la obra, ella se presenta con cierta espontaneidad y el autor no sólo piensa y representa su vida, sino que forma su propia vida. Es a partir de la escritura donde se puede ponderar y recomponer la propia vida pesando experiencias acontecidas; ella además, permite entrenar el juicio y nos muestra cualidades de existencia que, en el caso de Montaigne, tienden al perfeccionamiento de su vida. “Estos tiempos son apropiados para corregirnos haciéndonos retroceder, por disconformidad más que por conformidad, por diferencias más que por acuerdo (III, 8, p.1377)>> y << me he encaminado, en la medida de mis fuerzas, hacía mi corrección y mejora cuando podía gozar de ellas” (III, 2, p.1219). La obra a ejecutar es su propia vida que se encuentra en constante mejora; por lo tanto, no terminada.. Primera crítica: desorden. Como en el ensayo prima la forma y la manera peculiar de expresar los contenidos humanos y las vivencias por encima de los asuntos aludidos, no hay necesariamente premisas y conclusiones determinadas; en lugar de ellas, se insertan más preguntas, citas fragmentadas, recuerdos y experiencias. El desorden que se resalta no está en la digresión y fragmentación –que es una constante del ensayo–, sino en la incapacidad del ensayista de ordenar y unificar dichas digresiones, con el propósito de afectar al espectador y hacer que éste se sienta reconocido en una pregunta concreta sobre la vida. Es cierto que Montaigne utiliza en sus ensayos títulos que no reflejan necesariamente lo que él está hablando o lo hacen parcialmente, por ejemplo el ensayo de los carruajes trata sobre “el nuevo mundo”; sin embargo, aunque el autor introduzca experiencias tan variadas y diversas, creemos que provoca el reconocimiento de un afecto o nos muestra un conocimiento acerca del hombre y sus límites. Hernández (2007) lo expresa de la siguiente forma “esa diversidad de experiencias que aparecen desprovistas de sentido o relación aparente, una vez logren ser pensadas en conjunto es posible sacar alguna enseñanza útil para la vida”. La crítica está orientada a aquellos ensayos en los que difícilmente se puede inferir algún conocimiento útil, a casusa del libre ordenamiento dado por el ensayista.. Segunda crítica: ensimismamiento. El ensimismamiento es propio de la vida en su afectarse a sí misma. Sin embargo, no es una palabra que vincule el juzgar sobre sí para actuar, como lo sería en el caso de Montaigne, por lo que en un contexto médico se podría entender como una disposición de apartarse de todas aquellas cosas exteriores, incluso del lenguaje. Cuando la vida es pasiva y se experimenta de esa forma y es incapaz de dejar de sentirse acorralada contra sí, está.
(10) irremediablemente entregada a mostrar este modo. El ensimismado no puede huir de sí, ni de eso que siente, está por ende, lleno de esa afección que no es para nada soportable. Sin embargo, la vida en el ejercicio de actualizar la fuerza puede cambiar de condición e incluso llegar a una más soportable para el ser.. La crítica hace énfasis en presentar un sentimiento que no entable diálogo, reconocimiento y comunicación. En el caso de Montaigne, a partir de ensayos como el arte de la discusión, podemos ver lo importante que es para él compartir y entablar comunicación con el lector. Pues como dirá en otro de sus ensayos, conversa porque quiere llegar la verdad; también, el recurso de las experiencias del otro o de la cita le sirven para dinamizar el conocimiento que tiene de sí mismo, para reflejarse y para pesarse con los otros. En suma, Los ensayos permiten que autor y lector se relacionen, pero esto no se da sólo porque lo muestre Montaigne, afirmando que para él “ningún placer tiene sabor sin la comunicación o que ningún pensamiento lo produce en solitario y sin a nadie que ofrecérselo” (III, 9, p.1470), sino porque efectivamente afectan al espectador quien se reconoce como amigo, hermano o cercano de Montaigne. Aunque en su Carta al Lector afirme como recurso retórico que sus lectores son parientes y cercanos, más adelante reclamará lectores diligentes que no lo lean durmiendo; ya que él espera que el beneficio de su publicación pueda convenirle a algún hombre para que puedan encontrarse y conversar. Montaigne muere, pero la invitación queda abierta: el lector conversa y discute con él.. Tercera crítica: frivolidad. Este proyecto del ensayar puede resultar frívolo en tanto lo que se busca no es el conocimiento de sí mismo para ponderarse y moldearse en su actividad o el procurar constituir una imagen de lo que es la persona misma, sino la vanagloria, la fama, la ostentación y –en otros casos– la obtención de un bien exterior. En sus ensayos, vemos que aunque la fama le pueda llegar por añadidura; justamente en la edición póstuma de Gournay se añade un fragmento de la Eneida de Virgilio el cual afirma: (la fama) “cobra fuerza en la medida en que avanza”, podemos decir que conseguirla no es el propósito de Montaigne, ya que más adelante afirmará que aunque nadie lo lea, él no ha perdido el tiempo dedicándose tantas horas ociosas a ensayarse, pues su propósito es formar su vida. Además, aunque los demás han osado hablar de sí mismos porque les parece un asunto rico y digno; él, en cambio porque lo ha encontrado tan pobre que no puede surgir sospecha de ostentación..
(11) Hay quizás en estas afirmaciones ¿sinceridad?, ¿modestia? o ¿retórica? En todo caso, este apartado se concluye afirmando que Montaigne o sus ensayos no son frívolos porque no buscan ganar la fama de buen escritor o ser buenos escritos– de hecho son muy criticados–, tampoco dinero por sus publicaciones; por lo que es o procura ser coherente en su actividad, en el ensayar. Aunque pueda contradecirse en sus ensayos –ya que no puede asentarse y está en constante ensayo– la verdad no la contradice. Montaigne se instruye más por contradicción que por consentimiento; de forma que cuando siente la violencia se vuelve más indulgente, cuando siente la maldad se vuelve más bueno, por lo que al final nos deja un conocimiento práctico de su vida. La coherencia hace referencia a la sinceridad del ensayarse y buscar siempre la verdad (su imagen y el reconocerse en sus acciones). Por supuesto que puede contradecirse al tomar una acción que desmienta la anterior, por lo que podríamos pensar que se contradice y que nos presenta una frivolidad. Sin embargo, el autor se ha equivocado en su ensayo, más no en su actividad.. Cuarta crítica: el ensayar, una actividad insoportable para el ser. Si partimos del hecho de considerar la vida como repetición, en tanto ella no deja de afectarse y de actualizar la fuerza respecto de sí misma, podríamos pensar que está en una condición que espera ser superada. No obstante, dichas fuerzas pueden acrecentarse de forma que se vuelvan insoportables para el ser que las experimenta; tanto es así, que una emoción que parecería buena como la alegría podría tonarse en un éxtasis que agote al ser. La actividad resultaría agotadora porque 1. el viviente que experimenta y se siente en la actualización de la vida (la vida le pone el páthos) se siente a sí mismo y se dirige contra sí mismo atacándose y atacando a sus semejantes y entregándose en la empresa de la destrucción. 2. La actividad del ensayar no encuentra asidero. Si la analizamos desde el punto de vista de la verdad explicado por Chamizo (2003), el ensayo se ubica en un grado del conocimiento, parte de unas experiencias vividas, pretende cribar y juzgar dichas experiencias para conocerse mejor en su actuar; pero las opiniones son fruto de la ignorancia y de los propios límites del saber, incluso del error; por lo que el deseo e intento de salir de ese error es lo que mueve a dialogar y a ensayarse. “Si mi alma pudiera asentarse, no haría ensayos, me mantendría firme; está siempre aprendiendo y poniéndose a prueba” (Montaigne, III, 2, p.1202). Finalmente, lo que queda no es una razón.
(12) abstracta, sino una encarnada en la propia persona y compartida por los otros en la medida en que el buen sentido es compartido por los demás. En conclusión, Montaigne es –como lo referencia Starobinski (1998)– una voluntad que no se agota en su propia actividad; es decir, en su ensayar. Aun cuando el ensayar sugiera probar y experimentar, él no se arriesga ni se lanza como un curioso que quiere ensayar por ensayar con algo novedoso como por ejemplo, con el protestantismo. Montaigne espera o aguarda para considerarlo “seguro” de probar, pese a que puede encontrarse con conclusiones distintas. Esta actitud conservadora o cautelosa es la que nos hace pensar que para actuar debemos estar fortalecidos interiormente. Por lo tanto, Montaigne reconoce la diversidad de opiniones que tienen los otros y que tiene él mismo pero no se deja anular, agotar o arrastrar por ellas, busca siempre contrarrestarlas en su propio juego.. A manera de conclusión, el último capítulo presenta lo que se entiende por cultura y por cultura del ensayo, donde se cultivan modos de vida que pueden buscar el fomento o el detrimento de la vida. La cultura reviste dos formas. Una inmediata, con su organización social, leyes implícitas, modos de conducta destinados a hacer posible la subsistencia del grupo, sistemas de necesidades y trabajos para satisfacerlas que pueden incluir a todos los vivientes y que pueden ser “cultivadas” y aprendidas, así sea por imitación, aunque otros podrían decir, instinto. La otra –que es la que nos referimos en este trabajo– es una forma propiamente humana, y es la religión, la moral, el arte y la filosofía. Concebir de esta manera la cultura nos hace pensar que no es que haya un estado de naturaleza y luego pasemos a la cultura, pues las formas más rudimentarias de las actividades y organización humana son ya formas de cultura.. Podríamos pensar que la degeneración o la barbarie preceden la cultura, como lo afirma Henry (2010). Sin embargo, en este trabajo concluimos afirmando que la cultura la concebimos como una acción que ejerce la vida sobre ella misma; acción mediante la cual se transforma ella misma, en tanto que ella es quien transforma y lo transformado, es el movimiento por el que no deja de modificarse. Por lo que se esperaría que se llegara a formas de realización más elevadas, que creciera, como lo cree Henry (2010). Sin embargo, como es una fuerza puede tomar diferentes modos en la afectividad y dirigirse contra ella misma y producir del mismo modo, odio y resentimiento. Así, es cultura donde una fuerza se acreciente y se auto-transforme (para mejorar), pero también lo sería –aunque aparecería bajo el modo de una degeneración– la forma en la que.
(13) justamente no se acrecienta para mejorar, por lo que no lleva inscrita en sí esa fuerza de proponerse y experimentarse en esta auto-transformación, que sería el ensayo; para buscar mejores formas de realización.. Finalmente, en una última lectura de mi trabajo analizo una manifestación de esa interioridad de la vida que ha tomado la expresión en las redes virtuales, donde se comparten experiencias, se afirman gustos, opiniones, críticas sobre la política del momento. Bakewell (2017) lo menciona muy atinadamente diciéndonos que: “El siglo XXI está lleno de gente que está llena de sí misma. En una pesca de media hora en el océano de blogs, twits, tubes, spaces, faces, webs y pods sacamos a miles de individuos fascinados por sus propias personalidades y gritando en busca de atención. Todos dan vueltas sobre sí mismos: escriben diarios, chatean y descargan fotografías de todo lo que hacen. Desinhibidos y extrovertidos, miran también hacia su interior como nunca se había hecho. Los blogueros y networkers ahondan en su propia experiencia privada, y al mismo tiempo se comunican con sus semejantes humanos en un festival del <<yo>> compartido” (p.13).. Podríamos pensar que dichas prácticas virtuales pueden conectarse con el ensayo en tanto buscan indirectamente constituirse en sus gustos, comentarios y en la exaltación de su propia experiencia privada que le es compartida al espectador, mirón y seguidor. Por eso podríamos decir “ensayos”, por lo que podríamos aplicarle también las críticas afirmando que algunas son ensimismadas y no convocan ni siquiera a un lector que no se siente reconocido con lo expresado o que ni siquiera lo invitan hacia la acción (tal es el caso de las protestas mediáticas).. También podríamos aplicarle la crítica de que se vuelven banas y frívolas porque con ese constituirse buscan la obtención de otra cosa que la imagen que están mostrando o proyectando. Aquí entran algunos personajes conocidos como los influencers reconocidos como “amigos virtuales” a los que les pides consejos de compras o los youtubers, ciertas celebridades que realizan una especie de videografía o comentario audiovisual y se convierten en una fuente de información, entretenimiento, y por ende marketing, teniendo impacto en lo que las personas piensan y compran. También podrían analizarse que dichos “ensayos” terminan probando con todo lo que ven y se agotan en su ejercicio. Con todo esto, no se busca censurar las prácticas virtuales que han sido utilizadas también por partidos políticos, entidades públicas y privadas para compartir inmediatamente la información y por ello sirven también como pruebas de la gestión y rendición.
(14) de cuentas; mucho menos se busca criticar la existencia de esos canales virtuales que tienen el fin de explicar o compartir una opinión pesando argumentos.. No podríamos determinar si tales ejercicios cambian o no a la persona que los hace, como lo haría el ensayo en Montaigne, ni tampoco se determina que deba de ser así. Menos aún se condena el ensayo y se afirma que “el ensayo virtual” es una degeneración del ensayo de Montaigne. Más bien, si esa interioridad requiere expresarse en ese medio sería bueno considerar las formas de vida que se manifiestan. Por eso la crítica no es una crítica a la cultura actual, sino una crítica a las formas de vida que se están manifestando. Por supuesto se quedan por fuera otras prácticas que podrían darse en la cultura, donde se manifiesten las formas de vida, en este trabajo sólo se analizan laxamente las prácticas virtuales y la expresión de la interioridad en ellas..
(15) LA CULTURA DEL ENSAYO.
(16) Me he esforzado por volverme más agradable en la medida que veía gente molesta, y más firme en la medida que la veía blanda, y más indulgente en la medida que la veía violenta, y más bueno en la medida en la que la veía malvada. Pero me proponía proporciones inalcanzables (Montaigne, III, 8, p.1377). 2. 2. Los ensayos son citados de acuerdo a la traducción realizada y editada por Jordi Bayod Brau. La edición de Acantilado se basa fundamentalmente en la edición póstuma publicada por Marie de Gournay en 1595, con sus adiciones (aunque también recoge la edición de 1580, 1582 y 1588 mostrando las diferencias de estas), y pese a que el siguiente trabajo se presenta de acuerdo a los lineamientos de citación de APA, para el recurso únicamente de nuestra citación en Montaigne, citaremos la obra sin el año, añadiendo el libro en letra romana, el capítulo en letra arábiga, como suele citarse académicamente y la página de la respectiva edición también en letra arábiga. Cabe aclarar que esta licencia se toma con ellos porque citarlos en APA sería insuficiente para ubicar al lector, quien requiere por lo demás una precisión más que del año y de la página; del libro y del capítulo..
(17) Introducción Mi amigo Montaigne El presente trabajo de investigación persigue comprender mediante el ensayo, pero más específicamente el ensayo en Montaigne, algunos rasgos de nuestra sensibilidad y cultura actual. Reconozco que el ensayo es una de las tantas formas que existen de expresar el pensamiento, pero más específicamente la vida. Es mediante él pero no únicamente por él, que podemos comprender una época donde por un lado, se ensayan diversas ideologías y experiencias, de una forma sísificadesgastante, y por el otro, donde “se encuentran miles de individuos fascinados por sus propias personalidades gritando en busca de atención. Todos dan vuelta sobre sí mismos: escriben diarios, chatean y descargan fotografías de todo lo que hacen. Desinhibidos y extrovertidos, miran hacia su interior como nunca se había hecho” (Bakewell, 2017, p.13).. Este documento permitirá entender cómo una determinada apropiación del ensayo puede intensificar en una cultura como la nuestra, formas de vida donde se manifieste el desorden, la apatía, el ensimismamiento, la frivolidad y también una actividad insoportable para el ser; para luego, rescatar algunas características de un tipo de relación diferente con el ensayo, sin caer en una apología idealista. Considero que cada forma de la literatura, del arte y del pensamiento nos permite comprender diversas manifestaciones del individuo y de su cultura. Por la simpatía que tengo con el ensayo me sirvo de él para comprender una época, una cultura o un individuo que considero que recoge sustancialmente algunas de sus características; no obstante, el análisis podría efectuarse –aunque desde una mirada exógena– a partir de la novela (moderna, contemporánea) u otras formas de la literatura que desarrollan el flujo de la consciencia. Éste proyecto –debo admitirlo– surge de una simpatía con el autor de Los ensayos, Michel de Montaigne, por eso mi reflexión y reapropiación será a partir de este autor, porque una relación histórica del ensayo y sus múltiples exponentes da para otro trabajo. 3 Es importante mencionar que. 3. Por ejemplo en un trabajo futuro y de otra índole –más histórica o literaria y en un contexto latinoamericano– se podría tener en cuenta Nuestra América es un ensayo de Germán Arciniegas. En este ensayo se expone y se invita a considerar no sólo las producciones intelectuales –ensayos– que se dieron en este continente, sino que la misma América conocida también como “nuevo mundo” es una prueba y ensayo que desafió la inteligencia, y la desafió. 17.
(18) independientemente de que hayan surgido “cronistas” que utilizaban algunos recursos del ensayo como introducir sus experiencias para presentar sus ideas, así como La historia de las indias escrita por el Fraile Bartolomé de las casas hacia 1527 aproximadamente, diremos que es a partir de Montaigne y de sus ensayos que se despliega esta forma particular de la literatura, como también una forma peculiar de relacionarnos con nosotros y con el mundo.. Considero importante este trabajo de investigación debido a que nos permitirá ampliar los estudios montaignianos desde una mirada ontológica y estética. Aunque la imagen de la cultura del ensayo será un eje fundamental, reconocemos que todavía queda mucho por decir. Comparto con Bakewell (2017) la idea de que “cada lector se acerca a Montaigne con sus perspectivas privadas contribuyendo con su propia experiencia de vida, cada lector significa un nuevo <<ensayo>>” (p. 22). La actividad del “ensayar” la entiendo como una actividad que inmiscuye la vida propia y que no se acaba con la muerte del autor porque como actividad es re-apropiada en la lectura del otro. Es el poder hermenéutico de interpretar Los ensayos y buscar nuevas relaciones, a su uso o abuso, el que muestra uno de los tantos poderes de la literatura, el comunicar, porque Los ensayos todavía tienen mucho por decir.. Trazado el propósito, se debe explicitar cómo se llegará a él: primero, se requiere indagar en la constitución del ensayo para ligar el nexo que nos contacta con Montaigne actualmente, sin desconocer la posibilidad de que sea intemporal al evidenciar una sabiduría humana que por medio del ensayo y error se va adquiriendo; segundo, en un momento posterior, esta concepción del ensayar permitirá provocar algunas defensas ante las críticas impersonales que se le podrían hacer al autor, a sus ensayos (como veremos más adelante hay una consubstancialidad) y al género, pero más precisamente a su forma, ya que ha sido percibida como un producto espontáneo, lleno de meditaciones dispersas y por ende desordenadas. También, se le podría acuñar a Montaigne que es ensimismado y poco comprometido al defender su libertad individual hasta el punto neurótico de no ligarse a otra cosa que no sea él mismo; incluso, la misma noción de ensayo podríamos entenderla de manera pesimista como esa actividad interminable que agota y perturba al ser.. porque no sólo se experimentó con el mestizaje, con los diferentes sistemas políticos y religiosos sino que se plantearon debates acerca de si los indios eran o no animales racionales, si tenían alma, si podían recibir sacramentos, etc.; generándose diferentes ensayos –aunque también manifiestos políticos– sobre este tema. Para Arciniegas el género permitió la libertad y la expresión de estos temas por ser audaz, polémico, paradójico e incitante.. 18.
(19) Adicionalmente, se le podría acuñar a Montaigne que el proyecto del ensayar es frívolo en el sentido en que se mira a sí mismo; pero como procuraremos argumentar su propósito no es ni la contemplación de su ser objetivado, ni mucho menos la gloria que pueda obtener. Por ello, quizás sea bueno a manera de ilustración y contraste remitirnos a ciertos casos o expresiones culturales que si pueden caer en dichas determinaciones.. No nos interesa en este trabajo analizar psicológicamente si las intenciones de Montaigne fueron domésticas y privadas como lo menciona en su carta Al lector,4 por qué entregó sus ensayos a la imprenta y siguió a lo largo de su vida corrigiendo, actualizando y re-imprimiendo e incluso regalando sus ensayos a reyes y funcionarios públicos. Ante nosotros tenemos un libro, que parte de las experiencias y presenta vestigios, pedazos de vida y sombras que ya fueron, que son ausencia porque la realidad siempre será más rica, pero que nos llegan hasta lo más profundo porque contienen los asuntos humanos y la afectividad de la vida. Es la prueba de una existencia que busca ganar conocimiento de sí mismo, es también la muestra de la conformación de un juicio respecto a los ensayos y errores de las elecciones y de las acciones.. Antes de iniciar con esta reapropiación, debemos mostrar que en Los ensayos Montaigne nos ha hecho entender que él no busca enseñar ni impartir doctrina, aunque sus palabras se vuelvan alentadoras y como dice Zweig (2008) basta un rato con su libro para encontrar tranquilidad en una época que amenaza la libertad del individuo; de este modo, “a nadie debemos estar tan agradecidos como a aquellos que, en una época tan inhumana como la nuestra, fortalecen el elemento humano que hay en nosotros” (p.46). Por ello, se requiere diferenciar el tratamiento que puede dársele a este trabajo. Nuestra idea no es exaltar a Montaigne y a su obra para neutralizar nuestras emociones, disposiciones y apatías hacia el mundo, para curarnos terapéuticamente de lo que no podemos cambiar, sin desconocer que puede servir para eso; el acento está en la exaltación. 4. “(…)Lector, éste es un libro de buena fe. Te advierte desde el inicio que el único fin que me he propuesto con él es el doméstico y privado. (…) Lo he dedicado al interés de mis parientes y amigos, para que una vez, me hayan perdido– cosa que les sucederá pronto–, puedan reencontrar algunos rasgos de mis costumbres e inclinaciones, y para que así alimenten, más entero el conocimiento que han tenido de mi. Si hubiese sido para buscar el favor del mundo, me habría adornado mejor, con bellezas postizas. Quiero que me vean en mi manera de ser simple, natural y común, sin estudio ni artificio. Porque me pinto a mi mismo. Mis defectos se leerán al natural (…) en la medida en que la opinión pública me lo ha permitido. De haber estado entre aquellas naciones que, según dicen, todavía viven bajo la dulce libertad de las primeras leyes de la naturaleza, te aseguro que me habría pintado con muchísimo gusto del todo entero y del todo desnudo. Así, lector, soy yo mismo la materia de mi libro (…)” Cfr. Al lector.. 19.
(20) de lo que creemos que podemos cambiar precisamente: nosotros mismos, como trataremos de desarrollar más adelante. Ahora bien, si se es un lector juicioso y comprometido, se juzgará la idea del “supuesto cambio en nosotros mismos”, que se espera que sea en pro de mejorarse. Por lo que inevitablemente surgirá la pregunta ¿cómo reconocernos en nuestras acciones? y ¿cómo saber qué lo que se ha puesto y determinado para sí es lo mejor que nos compete a nosotros como humanos? Hablar de esto presupone llegar a pensar una humanidad, así sea en la escritura. Probablemente esto pueda quedar en el aire con tintes idealistas o desviarse del camino y precisamente lo que se presentó como un proyecto noble se convierte en una actividad (el ensayar) insoportable para el ser. Este “perfeccionamiento ontológico” –por llamarlo también así– que inicialmente propongo, debo de admitirlo, parte de algunas sugerencias y lecturas kantianas con sus matices, pero más propiamente de la concepción de la vida como auto-afectividad en Henry; así como del reconocimiento del ensayar como la actividad que presenta un contenido móvil que se examina a sí mismo, a través de la experiencia. Lo anterior se ampliará durante el desarrollo del trabajo y será la última parte del mismo.. Vemos también que, en medio de todos esos múltiples caminos que se prueban o que se descartan, en Montaigne encontramos una unidad, un hilo conductor, que se traduce como el esfuerzo de mantenerse fiel a lo que es uno mismo. Pero, cabe preguntarnos ¿qué somos? y ¿qué sabemos de nosotros? Con todo esto no se tratará de hacer una metafísica a partir de algunos datos que nos da Montaigne como, por ejemplo, que somos seres crueles, irracionales, etc.; por el contrario, lo que se manifiesta en el ensayo y en nosotros es la vida, la experiencia y el sentimiento de sí, las vivencias de una existencia, de lo que somos; no en vano Lukács (1985) afirma, y lo retoma también Adorno (1962), que “la forma del ensayo es la vida”. 5. 5. Aunque más adelante se precisará qué es la vida, cabe aclarar a qué se refieren Lukács y Adorno cuando afirman que la forma del ensayo es la vida. Ellos quieren referenciar que el ensayo parte de algo que ya tiene forma o que ya ha sido, para ellos le es esencial el no sacar cosas nuevas como lo podría hacer una poiesis, sino que sólo ordena de un nuevo modo las cosas que ya han sido vividas. Es importante esto porque para estos autores el ensayo al estar vinculado con las cosas enunciará la verdad de ellas. En el caso de Montaigne, podríamos pensar, ante la representación o pintura de sí, surge la pregunta por el parecido, dándonos el texto la sensación de una vida y de un hombre que existió de verdad. Muy diferente de otras representaciones en el arte que nos dan la ilusión de vida, de aquello que representan, pero nunca es imaginable a una persona con la cual se pueda medir lo configurado. No obstante, más adelante tendremos que precisar mejor esto y distanciarnos un poco del concepto de la representación.. 20.
(21) Justamente Montaigne en su carta Al lector afirma: “soy yo mismo la materia de mi libro” y en el ensayo sobre la ejercitación expresa:. Mi oficio y mi arte es vivir. Quién me prohíba hablar de ello de acuerdo con mi juicio, experiencia y práctica, que ordene al arquitecto hablar de los edificios no según su criterio sino según el de su vecino, según la ciencia ajena, no según la suya. (…) Describo sobre todo mis pensamientos, objeto informe, que no puede convertirse en producción efectiva. A duras penas puedo inscribirlo en el cuerpo aéreo de la palabra (Montaigne, II, 6, p.546).. El tema de la vida como obra de arte6 se muestra con fuerza, es inevitable no llegar a pensar en esto como lo hicieron mucho después de Montaigne; Foucault y Nietzsche, y como lo han hecho muchas lecturas contemporáneas de Montaigne; incluso, como trata el tema de la vida Michel Henry en su magistral Fenomenología de la vida. Sin embargo, me concentraré en Montaigne y luego en Henry, porque desarrollar y buscar relaciones entre Montaigne y los demás da para otro estudio.. Hace muchos años que mis pensamientos no tienen otro objeto que yo mismo, que no me examino y estudio sino a mí mismo. Y si estudio otra cosa, es para aplicarla de inmediato a mí, o en mí, por decirlo mejor (Montaigne, II, 6, p. 545).. Cuatrocientos veintiséis años nos separan temporalmente de Montaigne y de su obra; sin embargo, durante este tiempo se evidencia igualmente las reuniones y acercamientos que se han tejido entre escritor y lectores durante la conversación, debido a que escuchar a Montaigne es escucharse a sí mismo. Esta identificación sorpresiva de ¿cómo sabe todo eso de mí? es como lo cree Bakewell (2017): El encuentro entre dos personas: lector y escritor. Pero también sigue existiendo una charla paralela entre lectores: conscientemente o no, cada generación se acerca a Montaigne con unas expectativas que derivan de sus contemporáneos y sus predecesores. A medida que avanza la. 6. Hernández (2007) nos dice en su ensayo que “la obra no es distinta de la vida misma, se advierte que el examen que se hace de esta última no es un mero producto teórico que se vea reflejado en una obra escrita, de tal modo que la vida pudiera considerarse disociada de la obra. Al contrario, la obra se hace inmanente a la existencia, pues a la vez que se escribe, aquel que se investiga se piensa y adopta una disposición, en este caso, una actitud de continuo examen que le permite sopesar los distintos pensamientos y acontecimientos de su vida”(p.4). Es así como la vida como obra de arte podemos entenderla en Montaigne como ese estilo o modo de vida del ensayo, que le permite no sólo la invención de una posibilidad vital, sino que –y mediante la escritura– le permite transformarse, ya que al estudiar los movimientos de la propia existencia, no sólo la piensa sino que hace una evaluación y transformación de ella.. 21.
(22) historia, la escena se llena más y más. En lugar de ser una fiesta privada se convierte en un gran banquete lleno de vida, con Montaigne un involuntario maestro de ceremonias (p.22).. Montaigne, que es la materia de su libro como él mismo menciona, impactó notablemente en el desarrollo cultural y social; más aún, engendró una forma particular que sería reconocida como género, tiempo después, por la literatura y a su vez sería objeto de exaltación7 o crítica8 por parte de sus sucesores. No obstante, ¿vale preguntarnos para qué Montaigne hoy? o ¿cuál es la actualización que podría hacérsele? Para responder a estas preguntas se hace necesario mostrar algunos rasgos de su actualidad, de aquello que no sólo sobrevive a través del tiempo, sino que se intensifica en una sensibilidad como la nuestra. Todavía es bueno preguntarnos ¿por qué Montaigne y no otro autor? 9 o ¿por qué tiene que servir hoy y no antes? Creo que hay que reivindicar a Montaigne como la persona que llevó a cabo una acción incomparable, como dicen muchos de sus biógrafos: se conservó a sí mismo con honestidad y honradez, manteniendo imperturbable su yo más íntimo en una época atroz. Puso ante nosotros y ante cualquier hombre la representación de su existencia intemporal, pero más propiamente su vida entera, con un acento confiable y cercano; por eso lo sentimos como nuestro conocido y como nuestro amigo. Él no sólo es nuestro contemporáneo, es el hombre de hoy y de siempre o como diría Stephan Zweig (2008), en su libro inconcluso sobre Montaigne, “es el amigo de cualquier hombre libre” (p.36).. Finalmente, hay algo muy particular que como lectora he sentido en la experiencia de leer y comprender Los ensayos: la sensación de estar escuchando una voz que puede ser la de uno mismo o la del autor. Por las deudas que tiene el ensayo con géneros como: el soliloquio, la disertación, la meditación, el discurso, el diálogo –y en general todos estos que hacen parte de la didáctica– nos da justamente la sensación de estar escuchando una voz; como dice Sarah Bakewell (2017), él te pregunta con ímpetu ¿por qué te dejas provocar por la locura y la bestialidad de la época? que. 7. Por Voltaire, Flaubert, Virginia Woolf, Emerson, Nietzsche, Burke, Lacouture, Zweig, Shakespeare, Walter Bejamín, Dalí, Lévi-Strauss, entre otros. 8 Por Pascal, Malebranche, Locke, entre otros. 9 Cuenta Antoine Compagnon –en el prólogo a la edición de Montaigne que estamos utilizando– que en 1929 André Gide se planteó la pregunta de qué escritor francés poner junto a Goethe como faro de la cultura europea, a lo que el escritor respondió: Montaigne.. 22.
(23) lo externo no puede afectarnos mientras no nos dejemos turbar internamente, 10 así que: ¡no te preocupes! Podríamos objetarle contestándole –gracias por ayudarnos a ser indiferentes–.Espera, sugiero que no debemos añadírselo tan rápido, pues el compromiso y la acción devienen de una fortaleza interior.. Creo que Montaigne como hombre que reconoce que no es perfecto, que tiene pasiones y diversidad de opiniones respecto a un tema, busca fortalecerse interiormente. Digo busca, porque no considero que sea una personalidad que naturalmente posea esa fortaleza, por lo que la adquiere o la va adquiriendo a través de sus ensayos. Es esta fortaleza, entre otras cosas, la que pienso que salva el proyecto del ensayar y la que salvará la forma; una fortaleza o energía jubilosa –como lo dice Starobinski (1998)– que no se agota en su propio juego, en su propia actividad. Pero esto queda por desarrollar. Es –también– la experiencia de esta vocecita la que nos hace pensar que Montaigne en Los ensayos nos está instruyendo, aunque su intención no sea esa. Lo que sí podemos decir es que él mismo es quien se está hablando y quien se refleja en nosotros. No en vano Sarah Bakewell sacó 20 intentos de respuesta, que parecen máximas, a la pregunta de ¿cómo vivir con Montaigne? Un ejemplo de respuesta es: no te preocupes por la muerte, ante lo que es inevitable o sucede exteriormente y no podemos cambiar revolucionariamente debemos mantener y conservar la claridad de ideas, para que los golpes del destino no nos vuelvan débiles y sufrientes. Así podemos concluir que:. La mayoría de los que acuden a Los ensayos buscan o entretenimiento, o ilustración, o compresión histórica, o algo mucho más personal como aconsejaba el novelista Gustave Flaubert a un amigo que se preguntaba cómo acercarse a Montaigne: no lo leas como hacen los niños, por diversión, ni tampoco como los ambiciosos, para instruirse. No, debes leerlo para vivir (Bakewell, 2017, p. 23).. ***. 10 “Si nuestro corazón no está limpio, ¿qué combates y peligros no deberemos afrontar a nuestro pesar? ¿cuántas cuitas. dolorosas y también cuántos temores desgarran al hombre agitado por la pasión? Y la soberbia, la lasciva y la insolencia, ¿cuántos desastres causan? ¿y el lujo y la desidia?” Lucrecio, V, 43-38, citado por Montaigne, I, 38, p. 326.. 23.
(24) Primera parte 1. Definición 1.1. El ensayo.. Cuando pensamos en el ensayo recordamos algunas autoridades como Borges, Wagner, Orwell, José Martí, Octavio Paz, Ortega y Gasset, Vargas Llosa y Ernesto Sábato. Para definirlo nos apoyamos en características como el tema libre, la referencias a citas, recuerdos y experiencias que se presentan bajo un estilo sencillo, amistoso y asistemático. 11 Son estas características las que precisamente exaltan o condenan lo que se entiende por ensayo. Sin embargo, el sentido común antes de remitirse al escrito con tales características mencionadas evalúa la deuda que tiene con el verbo ensayar. Es Starobinski (1998) quien establece este orden de partida, preguntándose si es posible definir el ensayo una vez admitido el principio de que no se somete a ninguna regla. Para ello parte del origen de la palabra, diciéndonos: La palabra “Essai” se conoce en francés desde el siglo XII gracias a la obra de Michel de Montaigne y proviene del bajo latín “exagium”, balanza; ensayar deriva de “exagiare” que significa pesar. (…) La etimología común sería el verbo “exigo”, empujar hacia fuera, expulsar, más tarde exigir(…)está compuesto por el prefijo “ex” (expulsión del interior) y el verbo “agere”: hacer, actuar (p. 31).. En el latín tardío y medieval –nos dice igualmente Starobinski (1998)– se hace uso del verbo ensayar como la acción de sopesar o ponderar una idea u opinión, manteniéndose este valor durante el desarrollo de las lenguas romances. La modernidad recoge esta herencia de la palabra al relacionar el ensayar (essayer) con el experimentar y el probar. Por eso decimos que el ensayo a través de su actividad se vuelve en un sinónimo de búsqueda de pruebas para determinar el valor de algo. Esta imagen de la balanza, que mide y determina el valor de algo, podemos entenderla como el ejercicio del juicio al ponderar las opiniones. Imagen, nos dice Starobinski (1998), que también nos recuerda un título de un texto publicado en 1623 por Galileo: Il saggiatore, nel quale con bilancia esquisita e giusta si ponderamo le cose contenute nella Libra astronomica e filosofica. 11. Adorno (1962) afirma que “el ensayo no empieza por Adán y Eva sino por aquello que quiere hablar; dice lo que a su propósito se le ocurre, termina cuando él mismo se siente llegado al final: así se sitúa entre las di-versiones. Sus conceptos no se construyen a partir de algo primero ni se redondean en algo último” (p. 12).. 24.
(25) de Lothario Sarsi Sigensano (El ensayador, en el que con una balanza justa y precisa se sopesan las cosas contenidas en los Libra astronómica y filosófica de Lothario Sarsi Sigensano).. Como veremos al final de este capítulo el campo de experiencia para Montaigne es la vida. Pero esa pesada no es tan instrumental como lo sería en Galileo, sino que es una ponderación para actuar en la vida. También cabe decir que lo que legitima el título plural de Essais son esos múltiples golpes de prueba de “una energía jubilosa e infatigable que no se agota en su propio juego” (Starobinksky,1998, p.34), que prueba y ensaya las experiencias inagotablemente. Porque, afirma Montaigne, “hemos nacido para buscar la verdad; poseerla corresponde a una potencia mayor” (III, 8, p.1385).. El ensayo como género lo entendemos como un escrito con características más o menos distinguibles, que se traducen en una forma de la literatura que se diferencia de otras formas como por ejemplo de la novela y la poesía. Pero esta palabra que se emplea en el contexto montagniano tendrá un uso peculiar que vale ampliar. En nuestro caso, requerimos mencionar cuál es el uso que hace Montaigne de esta palabra y cómo la liga a una actividad, aunque antes precisamos reflexionar histórica, sociológica y filosóficamente la necesidad que lleva a Montaigne a emprender un proyecto como el ensayar.. El contexto histórico se sitúa en la Francia de finales del siglo XV e inicios del XVI, caracterizándose esta época por albergar una esperanza y confianza en las facultades del ser humano por encima de lo divino; se escuchan exponentes como Erasmo de Rotterdam, Marsilio Ficino y Pico della Mirandola. Es la época del anhelo de humanizar al hombre a través de la imprenta, es la época también del Renacimiento y de conocer y ensanchar terrenos insospechados para el hombre europeo colonizador. Pero, este contexto se oscurece con la violencia de las guerras de religión, 12 recordemos tan solo La masacre de San Bartolomé donde se exterminaron por lo. 12 Tales conflictos además de ser. esencialmente religiosos también fueron de orden político pues se presentaron como dos maneras de entender la monarquía. Por un lado se creía, nos dice Burke (1985), que “el poder del rey procedía del pueblo, que dicho poder era limitado, y que, en determinadas circunstancias, la rebelión contra el «tirano» estaba justificada. Ésta fue la opinión de los hugonotes después de la matanza de San Bartolomé (…) La otra posición consistía en la teoría de que el poder del rey procede de Dios, y no del pueblo; que ese poder no está repartido o limitado sino que es «absoluto», y por consiguiente, que la rebelión nunca está justificada” (p.45) y, esa era la opinión de los liguistas.. 25.
(26) menos a ocho mil personas en un solo día; tal evento exhibió los límites de la razón humana. Por su parte, la imprenta se puso al servicio del furor religioso en vez del humanismo, censurando producciones intelectuales y nuestra historia de América no es otra cosa que el resultado de una bestial conquista que desató la infamia y crueldad, como lo retrata muy bien el libro del Profesor Pablo Montoya (2014).. Tal fue el contexto histórico que le demandó a Montaigne emprender un proyecto que le ayudara a preservarse con el propósito de expresarse y seguir existiendo. “Y entre nuestras enfermedades, la más salvaje es despreciar nuestro ser” (Montaigne,III,13, p.1659). Recordemos que en la época 13 en la que vive Montaigne, Servet es condenado a la hoguera al defender sus ideas en contra de algunos postulados católicos como la negación de la trinidad y la defensa del bautismo en la edad adulta. Luego, ocho años después de la muerte de Montaigne –en 1600– es asesinado Giordano Bruno por defender posturas cosmológicas, de la infinitud del universo y sus posturas teológicas en contra de la encarnación, la virginidad de María, la transubstanciación en la misa, etc.. Es este desgarramiento y desequilibrio político y religioso, como lo afirma Gagin, F. (2002a, p.42), el que lleva a Montaigne a preguntarse ¿cómo vivir en un mundo así? cuando todo lo que parecía justo, natural, razonable parece de repente frágil y amenazado. La respuesta será mirarse hacia dentro, concentrar su atención en el “yo” y procurar no perder el juicio en medio de las inconstancias humanas, y esa atención sobre sí estará vinculada con el acto de escribir. Además, en medio de tantos hombres apasionados, Montaigne deberá prestarse a los demás pero sin hipotecarse y sin perderse.. Por eso una interpretación sociológica podría afirmar que el hecho de que Montaigne llamara a su obra como Los ensayos, parte de una prevención a que estos fueran colocados en el Índex por ser una época de intolerancia y de guerras de religiones. Probablemente al presentarse como pruebas, esbozos, fantasías, imaginaciones, meditaciones dispersas, narraciones y no doctrinas lo libraron. 13. “Los asesinatos de altos personajes se repiten. A título de ejemplos: Condé en 1569, Coligny en 1572, para los protestantes; François de Guise en 1563 y Enrique III en 1589, para los católicos. La intolerancia no deja de crecer y encuentra su expresión más fuerte con la masacre de la noche de la Saint- Barthélémy” (Gagin,F. 2002b, p.172).. 26.
(27) de la censura; más adelante veremos cómo se llega a esta concepción del ensayo, por lo pronto diremos que este preservarse, como procuraremos desarrollar, arranca en la libertad interior.. También se podría analizar psicológicamente las causas del retiro que emprende Montaigne, desde el cuidado de sí, resguardando además su cuerpo enfermo y resguardándose del furor religioso y del desgaste en los tribunales y cargos públicos. Analizando por ejemplo la sentencia14 registrada en su biblioteca –su trastienda– al fechar el momento en el que decide retirarse. Pero eso da para otro asunto, porque sólo nos interesa este hecho para comprender cómo dos años más tarde 15, en 1572, y a partir del retiro16 en la interioridad que engendra –por lo demás– insatisfacción, indecisión, melancolía y delirios frenéticos, como explicará en uno de sus ensayos, “decide emprender el proyecto del ensayar prestándole atención a su propia experiencia, saliendo y entrando en la consciencia” (Bakewell, 2017, pp.48-49). Fue un humor melancólico, y por consiguiente muy hostil a mi temperamento natural, producido por la aflicción de la soledad en la cual hace algunos años me había arrojado, lo que me metió primeramente en la cabeza el desvarío de empezar a escribir. Y después, al encontrarme por completo desprovisto y vacío de cualquier otra materia, me ofrecí yo mismo a mí mismo como argumento y como asunto. Es el único libro del mundo de su especie, y tiene un propósito feroz y extravagante (Montaigne, II, 8, p.554).. Si lo honramos como artista, nos dice Zweig (2008), “es porque nadie se entregó como él al gran arte más sublime de seguir siendo uno mismo” (p. 35). Para comprender un poco mejor el proyecto del ensayar, se precisa exponer una relación indisoluble que se mantiene en el ensayo entre la libertad interior, (que la podemos entender en esta primera parte, como la esfera privada del pensamiento o en la segunda parte del texto, como la autoafección y experiencia de sí) y la esfera de la acción (que somete a ensayo al pensamiento a partir de la escritura y el diálogo con los otros,. 14 “En el año de Cristo de 1571, a la edad de treinta y ocho años, el último día de febrero, aniversario de su nacimiento,. Michel de Montaigne muy cansado de las servidumbres de los tribunales y de los empleos públicos, aún entero, se retira al seno de las vírgenes sabias [Las Musas], donde tranquilo y libre de toda preocupación pasará lo poco que le quede de vida, ahora ya consumida en más de la mitad. Si el destino lo permite, completará esta morada, este dulce y ancestral retiro, y se consagrará a su libertad, tranquilidad y placer” cfr. la versión traducida al inglés por Frame, Montaigne 115, citado en Bakewell, 2017, p. 40. 15 Para una mejor comprensión histórica de la vida de Montaigne remitirse al anexo 1. “cronología extraída de Bakewell”. 16 En su ensayo de la soledad, Montaigne nos habla del retiro, nos dice: “que el resto nos pertenezca, pero no unido y adherido de tal manera que no podamos desprendernos de ellos sin desollarnos y arrancarnos a la vez alguna parte nuestra. La cosa más importante del mundo es saber ser para uno mismo” cfr. I, 38, p.329.. 27.
(28) o más propiamente se puede considerar que se somete a ensayo por ser ella misma cultura; es decir una acción que ejerce sobre sí misma y en la cual se transforma a sí misma), aunque esto lo veremos en la última parte de este trabajo. Es importante tener en cuenta que se presentarán dos interpretaciones pero nos decantaremos e inclinaremos por una, que reforzará la idea de la cultura del ensayo. Por ahora se presenta la siguiente gráfica como guía de comprensión aunque no hayamos explicado aún lo que se expresa. Gráfico 1.. 1.2. Los ensayos: entre la interioridad y exterioridad.. La noción de interioridad en Los ensayos se establece a partir de la intención. Montaigne procura establecer la valoración de sus actos averiguando si el “yo” estaba presente o ausente de sus propios actos. La interioridad, que empieza a aparecer en Séneca y que sigue hasta San Agustín –en sus confesiones–, nos dirá Navarro (2007): Es una herencia fundamental del cristianismo que alteró el modelo de la subjetividad helenística. (…) El estoico helenista procuraba cuidar de sí controlando sus propias acciones y adecuándolas al modelo de virtud que estaba determinado por el destino y por la naturaleza. La finalidad de la introspección era descubrir las reglas adecuadas para regir la propia conducta a partir de lo que depende y no de la propia persona (pp.86-87).. 28.
(29) El cristianismo, por su parte, propuso una noción de interioridad en la interpretación de las propias acciones en términos de culpa o pecado; tras cada acción, el cristiano busca los motivos “ocultos” que lo impulsaron a actuar de determinada forma, expurgando cualquier mala intención. “Por eso una persona no obra bien, para el cristianismo, cuando obra contra su voluntad, aun cuando sea bueno lo que haga”. 17 Montaigne, nos dice Navarro (2007), se inscribe en la línea que lleva de Agustín y Abelardo a Kant, para los cuales “la noción de interioridad recae en la intención debido a que la virtud o el vicio sólo pueden ser predicados de una voluntad y no del acto en sí” (p.97).. No obstante, esta noción de interioridad, aunque tiene el sustrato del cristianismo, se desarrolla de otra forma en Los ensayos. Comparte con el cristianismo la noción de que el valor de los actos recae en la persona que los realiza y en la intención con la que los ha realizado más que en la racionalidad del acto realizado, pero se distancia del cristianismo porque el ensayo no busca revelar el pecado tras la apariencia de la virtud; no hay tampoco un sentimiento de culpa de haber podido actuar de otra forma. El mismo Montaigne lo expresa así: (…) Si tuviese que volver a vivir, volvería a vivir como he vivido. Ni lamento el pasado ni temo el futuro (III, 2, p.1219).. La noción de interioridad en el ensayo buscará el conocimiento de la propia forma, de la vida y de sus límites. De ahí que la auto-exégesis reflexiva-activa permite que el ensayo se convierta en una voluntad de conocimiento y en una posibilidad de transformarse en ese proceso de autocomprensión. Creemos –al igual que Navarro (2007)– que al darle prioridad a la individualidad interior, la facultad que se hará predominante no podrá ser abstracta ni universal, tendrá que ser concreta. El juicio por su peculiaridad de captar lo concreto, se encargará de poner en marcha dicha reflexión.18. 17. Cita de San Agustín en las Confesiones, III, 9, traducción de Pedro Rodríguez Santidrían en Madrid, Alianza 1990 citado en Navarro, 2007, p.89. 18 Nos dice Montaigne que “todo lo que se conoce, se conoce sin duda mediante la facultad del que conoce. En efecto, dado que el juicio procede del acto del que juzga, es razonable que lleve a cabo este acto con sus medios y voluntad, no por constricción ajena, como sucedería si conociéramos las cosas por la fuerza y según la ley de su propia esencia. Ahora bien, todo conocimiento se encauza en nosotros a través de los sentidos (…) A nuestro parecer, no hay absurdo más extremo que defender que el fuego no calienta, que la luz no ilumina, que el hierro carece de pesadez y de dureza,. 29.
(30) Sobre el juicio tenemos además por decir, de la mano de La Charité (1970), que es la facultad con la que la experiencia cambia, con la cual los ensayos aparecen y la sensación de ellos afecta al viviente; por eso está formado por el lado práctico de la vida, pero también por el lado psicológico y moral. En muchos aspectos es la facultad en la que se representa un aspecto no intelectual de la vida, la parte de ella que no es entendida, que es experimentada más que razonada.. Es en su ensayo de la experiencia donde Montaigne expresará que las dos vías para adquirir el conocimiento son la experiencia y la razón. Como veremos más adelante, Montaigne siente su ser por medio de la experiencia y del juicio y no propiamente de la razón. La razón representará la teorización abstracta, mientras que la experiencia constituirá la primera mano del conocimiento práctico en el que se manifiestan los fenómenos físicos, intelectuales, psicológicos y morales; pues como sabemos para Montaigne la experiencia implica el proceso o examen, el ensayo, y éste no se hace para contar con conocimientos demostrables y verificables. El ensayo es un proceso reflexivo y activo de auto-comprensión, pero esta auto-comprensión que es direccionada por la interioridad, se hace textual. Con tal proceso no se busca la inacción o huida, lo que en el capítulo dos llamaríamos ensimismamiento, sino la acción ejercida por el agente sobre sí mismo, que a partir de la escritura y del otro transforma su vida.. De esta forma, Montaigne se toma a sí mismo a la vez como materia y como productor de sus actos. Nuestro autor se retira no sólo en su castillo, como lo afirman algunos de sus biógrafos al criticarle de apático y poco comprometido, sino en su propio interior. Es en el ensayo sobre la soledad (I, 38) donde Montaigne nos pide que dejemos la comparación entre la vida solitaria y la vida activa; nos hace reflexionar que muchas de las personas que están en cargos públicos no están ahí para sacar el máximo bien general sino el particular, así que la vida activa no se salva tampoco de la crítica. El retiro tampoco es despreocupación de lo externo, porque por mucho que se haya retirado Montaigne de la vida pública coopera diplomáticamente en la resolución de un conflicto 19 y no abandona por completo la vida doméstica y la administración del castillo. De igual forma, en. son conocimientos que nos brindan los sentidos. (…) Pero mi primera consideración a propósito de los sentidos es poner en duda que el hombre esté provisto de todos los sentidos naturales” cfr. II, 12, pp.886-888. 19 Colaboró diplomáticamente con la reconciliación de Enrique III y Enrique IV, de Navarra.. 30.
(31) el proceso de conocerse a sí mismo, lee y conoce diferentes vidas humanas que toma prestadas a través de la cita y de los ejemplos para mirarse a sí mismo.. Antes de recurrir al ensayo nos dice que durante el retiro experimenta un carácter que desconoce y que le es extraño, pues “la ambición, la avaricia, la irresolución, el miedo y las pasiones no nos abandonan porque cambiemos de región” (Montaigne, I, 38, p.324). Por lo que no es suficiente en este retiro apartarse del parlamento20 o “del mundo”, tocará por lo tanto apartarse de eso que hay dentro de nosotros. Así concluirá Montaigne que el conocimiento que esta mediado por los sentidos influirá por ende en la relación que tenemos con las cosas. Para entenderlo mejor nos pone el siguiente ejemplo: “los médicos sostienen que hay ciertos temperamentos a los que ciertos sonidos e instrumentos agitan hasta el furor. He visto algunos que no podían oír roer un hueso debajo de la mesa sin perder la paciencia” (II,12, p.899).. El retiro de Montaigne que inicialmente busca la contemplación, en el proyecto del ensayar tendrá otro cometido; como ya lo hemos precisado, buscará el examen atento de sus propios límites, siendo por lo demás un retiro voluntario y no preso de un ataque de pánico, como también lo cree Navarro (2007). Para complementar lo anterior, recordemos una anécdota muy peculiar que narra Montaigne, en ella nos dice que se retira del mundo, cansado de la violencia, con el propósito de concentrar sus ánimos en la conversación consigo mismo y detenerse en sí; pero se da cuenta que durante esta decisión lo apresa la melancolía y se encuentra con “quimeras y monstruos fantásticos que engendró su ánimo, sin orden ni concierto, y que para contemplar a sus anchas su inepcia y extravagancia, ha comenzado a transcribirlos, esperando que con el tiempo avergüencen a su mismo espíritu” (I, 8, pp. 44-45).. Dicho esto, nos preguntamos si es verdad que la acción debería residir en su interioridad y si Montaigne es la materia de su libro como dice en su carta Al lector, él se pondrá a prueba 20. El tribunal francés del siglo XVI, según algunos historiadores y biógrafos de Montaigne, reclamaba una reforma. En las narraciones de Los ensayos se cuentan varias experiencias donde se muestra la injusticia con la que eran tratados los ciudadanos. Como dice Bakewell (2017): “Para Montaigne, el mayor problema de la ley era que no tenía en cuenta el hecho fundamental de la condición humana: la gente es falible. (…) con frecuencia las pruebas eran defectuosas o inadecuadas, y para complicar más las cosas, los jueces cometían errores personales (…) si los legisladores eran propensos al error, también lo eran las leyes que éstos hacían, ya que se trataban de productos humanos. (…) Este paso hacia la duda de sí mismo, la consciencia y el reconocimiento de la propia imperfección, se convirtieron en un una marca distintiva de Montaigne en todos los temas, y no sólo en los legales” (pp. 105-106).. 31.
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