EN EL DEBATE
Desindexación del salario mínimo: más buenas noticias están por venir Francisco Javier García Bejos1 Introducción
A lo largo del último año y medio, el tema del salario mínimo y su impacto sobre el poder adquisitivo de los trabajadores mexicanos fue reposicionado en la agenda pública, un logro que se debió en buena parte a la inercia positiva que significó la puesta en marcha de la Reforma Laboral de 2012.
Hay que reconocer que lo que hemos avanzado como sector en esta materia durante estos meses, se pudo dar gracias a la estabilidad económica que ha imperado en México, a pesar de las turbulencias políticas, financieras y cambiarias que han sacudido a la economía mundial desde finales de 2014.
En este sentido, la prudencia macroeconómica y la solidez de nuestras instituciones económicas, consolidadas en las últimas dos décadas, han abierto la posibilidad de discutir temas como la recuperación de los salarios. Esta materia había sido dejada en un segundo plano durante años, pero necesitaba ser analizada urgentemente, tomando en cuenta que los ingresos salariales perdieron casi tres cuartas partes de su poder adquisitivo en cuarenta años.
El debate desde la perspectiva de la política pública estaba fijado en una ruta muy clara: para poder iniciar el camino de la recuperación, necesitábamos en primer lugar dejar de usar el término de salario mínimo como referencia para multas o recargos, y en segundo, dejar paulatinamente a la inflación como factor final para la evolución de los salarios.
Cabe recalcar que, como en los retos más importantes que enfrentamos como sector, las propuestas y programas no pueden ser impuestos por decreto. Cuando hablamos de la calidad de vida de millones de personas, en regiones distintas y con circunstancias muy heterogéneas, el diálogo social entre los factores de la producción debe ser el vehículo fundamental para construir acuerdos que al final beneficien a lo más importante, la clase trabajadora del país.
Este mismo diálogo fue el que permitió empujar la agenda de la desindexación del salario mínimo hasta su aprobación en octubre del año pasado en el Congreso de la Unión, y el subsecuente decreto de constitucionalidad publicado por orden del Presidente Enrique Peña Nieto en el Diario Oficial de la Federación, el 27 de enero de este 2016.
El hecho de que el salario por ley solo haga referencia al precio de la mano de obra, es el primer paso que tomamos como sector en la dirección correcta, con el cual
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podremos trabajar sobre una política integral que incorpore a la formalización del empleo, la capacitación para y en el trabajo, la educación de calidad, así como la innovación organizacional y de procesos, en la fórmula de la productividad para recuperar verdaderamente el poder adquisitivo salarial, dejando de lado decretos o posicionamientos políticos.
Es importante destacar que la desindexación del salario mínimo es solamente una parte de un año histórico para el ámbito laboral. Durante los últimos doce meses, fuimos testigos de la homologación de las zonas geográficas que dictaban el monto del salario mínimo, un logro que tardó casi un siglo en llegar. Asimismo, detuvimos la inercia negativa de cuatro décadas en este mismo tema, y tuvimos el mayor incremento real desde 1976. Estos tres factores son parte de una misma historia: por primera vez en mucho tiempo, los engranes del sector laboral parecen haber tomado ritmo gracias al trabajo de todos los que somos parte de él.
La ruta hacia la desindexación
A finales del 2014, el Ejecutivo Federal presentó una iniciativa ante el Congreso de la Unión para desvincular al salario mínimo de los usos que se le habían impuesto como referencia en multas, sanciones y recargos. De esta manera, por primera vez en el país podremos tener un análisis serio y con la participación de expertos en el tema, con el objetivo de buscar mecanismos que permitan elevar el poder adquisitivo de los trabajadores mexicanos.
Esta iniciativa que logró armonizar los distintos puntos de vista de todos los actores políticos, productivos y sociales del país, fue discutida en la Cámara de Diputados y aprobada para que fuera analizada en la Cámara de Senadores. Durante 2015, el trabajo permanente que realizó la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI), bajo el liderazgo del Lic. Basilio González Núñez, permitió mantener el tema en la agenda nacional y no quitar el dedo del renglón sobre la importancia de acelerar la aprobación de las reformas que permitirían desvincular al salario mínimo.
Así, en octubre de 2015, el Senado de la República aprobó por unanimidad el dictamen que desindexa al salario mínimo de ordenamientos legales a nivel nacional, y posteriormente, la Cámara de Diputados avaló esta decisión. Esta victoria para la clase trabajadora no fue menor: después de varias décadas, el salario mínimo podría empezar un camino de incrementos sostenidos, pero sobre todo, el sector laboral inició un nuevo capítulo para construir políticas coherentes y responsables.
En esta línea, a principios de este 2016 se declaró la constitucionalidad de la desindexación del salario mínimo con el aval de 22 congresos locales. De esta forma, quedaron modificados los artículos 26, 41 y 123 de la Constitución, además de que se creó la Unidad de Medida y Actualización (UMA) para el cálculo de obligaciones legales y administrativas.
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Finalmente, el decreto de reforma fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el pasado 27 de enero. Con ello, el poder legislativo tendrá 120 días naturales para emitir la reglamentación que permita determinar el nuevo valor de la UMA, cuyo monto actual es el del salario mínimo. Además, las legislaturas estatales y municipales tendrán que hacer las adecuaciones correspondientes en sus territorios en un plazo máximo de un año.
Todo este proceso de varios meses pudo llegar a buen puerto gracias a la participación de empresarios, sindicatos, académicos, actores gubernamentales y expertos que pusieron sobre la mesa la importancia de quitarle al salario mínimo las ataduras artificiales que no le permitían tener una evolución favorable. Sin embargo, ahora que la parte legislativa ha tomado cauce, las autoridades laborales tenemos enfrente un importante reto para transformar esta desindexación en la plataforma para mejorar la competitividad y productividad de nuestras sociedades.
Implicaciones en las políticas públicas del Estado de México
Como un principio de gobierno, y con más razón ahora con la aprobación de la desindexación del salario mínimo, el Gobernador Eruviel Ávila Villegas ha tenido como prioridad de su política laboral el tender puentes entre las dependencias del ejecutivo estatal y los factores de la producción para formular estrategias que se traduzcan en beneficios para todos los involucrados.
Por un lado, el congreso estatal, que fue uno de los congresos locales que avaló la aprobación de la desindexación del salario mínimo, ha expresado su afán por redoblar esfuerzos tanto para adecuar las disposiciones legales en menos de un año, como para fortalecer nuestro marco normativo para mejorar las condiciones de los trabajadores mexiquenses.
Aunado a ello, el Comité de Productividad del Estado de México ha tomado un lugar importante en el sector laboral mexiquense, gracias a la participación de empresas, sindicatos, academia y gobierno. En este foro se ha consolidado, a lo largo de dos años de trabajo, el intercambio de ideas y soluciones que permitan tomar el espíritu de la Reforma Laboral e incorporarlo a los temas de mayor trascendencia, como es el caso del salario mínimo.
Desde el 2014, el presidente de la CONASAMI ha participado constantemente en las sesiones extraordinarias del comité, brindando oportunamente estudios a nivel local sobre el número de disposiciones que contenían el concepto de salario mínimo y clarificando los pasos a seguir para las adecuaciones locales que se deberían tomar en el caso de la desindexación.
La experiencia con el Lic. González Núñez dejó una marca importante en los miembros del comité, y motivó la realización de un mayor número de sesiones para analizar mecanismos para incrementar el número de cláusulas de productividad en
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los contratos colectivos sindicales y para impulsar el desarrollo de micro y pequeñas empresas en suelo mexiquense.
Del mismo modo, esta experiencia es solo una parte de lo que hemos emprendido, entendiendo a la transformación laboral que vive el país como una oportunidad única para entrelazar políticas en diversas áreas, principalmente en educación, desarrollo empresarial, capacitación, innovación tecnológica y vinculación laboral. Sin embargo, las sinergias entre las diferentes instancias que participan en el comité están alineadas para alcanzar el mismo objetivo: lograr que la red de colaboración que se ha construido, fomente la recuperación de los salarios, la competitividad económica, genere más empleos de calidad y mantenga la paz laboral que ha caracterizado al Estado de México durante la actual administración.
Así, con la coincidencia y sobre todo el interés de ser parte de un proyecto integral que mejore sustancialmente la competitividad mexiquense, los factores de la producción y el gobierno estatal tendremos la mesa puesta para promover a la productividad y a la formalización del empleo como ejes fundamentales en la recuperación del poder adquisitivo.
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ReflexionesEn este capítulo de la vida laboral del país que apenas empieza, la manera en que podamos promover la innovación tecnológica y emplear una mano de obra capacitada y de calidad, determinará nuestro crecimiento económico, lo que al final del día se reflejará en los ingresos salariales de las personas.
Por decreto no llegaremos a ningún lado. Esta desindexación del salario mínimo es una oportunidad valiosa para enfocarnos en qué nos ha faltado como estado y también como país, porque de ahora en adelante necesitaremos aprovechar el momento que vive México para generar condiciones de competitividad, seguridad para las inversiones y estabilidad económica. Con ello, el efecto será directo: una mayor generación de empleo formal y una estrategia clara de cómo trasladar las mejoras en productividad en mejores salarios, resultarán en trabajadores con mayor ingreso lo que beneficiará toda la economía.
La desindexación es un paso muy importante, considerando que redondea un año donde el poder adquisitivo del trabajador estuvo en el centro de la agenda. La desindexación y homologación del salario mínimo marcaron la pauta para eliminar ataduras artificiales y sentar una plataforma de arranque. Si a ello se suma la mayor recuperación real en cuatro décadas, estamos hablando de que la política salarial en México tiene rumbo y seguirá dando de qué hablar para bien.
El país está comenzando el recorrido para mejorar los ingresos de manera consistente. Con la voluntad y trabajo que el sector laboral ha mostrado en los últimos años, estoy seguro de que avanzaremos responsablemente en la construcción de una nueva política salarial, reafirmando el compromiso que tenemos los mexicanos con el trabajo digno, decente y formal en todas sus dimensiones.