TRISTAN PLATT
estado boliviano
y
ayllu andino
T IE R R A Y T R I B U T O E N E L N O R T E D E P O T O S I In s t i t u t o d e Es t u d i o s Pe r u a n o s© IE P ediciones
Horacio U rteaga 6 9 4 , Lima Telfs. 3 2 -3 0 7 0 - 2 4 -4 8 5 6 Impreso en el Perú 1* edición, agosto 1 9 8 2
Contenido
Pr e s e n t a c ió n d e H eraclio Bonilla I
INTRODUCCIÓN 11
1. Los ANTECEDENTES DEL DEBATE REPUBLICANO 23
2. El“a n t i g u o r é g i m e n ” t r i b u t a r i o ; GOBIERNO INDIRECTO Y AUGE COMERCIAL,
1 8 2 5 - 1 8 8 0 3 6
3 . Pr o c e s o y f r a c a s o d e l a p r i m e r a r e f o r m a
AGRARIA 7 3
a. “El “nuevo sistema rentístico”, 1874-1902 73
b. La resistencia de los ayllus de Chayanta,
1882-1885; dos perspectivas sobre la
a. La expansión de la propiedad privada de
la tierra en el Norte de Potosí, 1881-1918 114
b. El “Pacto” renovado: antecedentes de la
sublevación indígena de Chayanta de
1927 132
5 . Ep i l o g o; Lo s a y l l u s f u e n t e a l a s e g u n d a
REFORMA AGRARIA DE 1953 148
An e x o s :
1. Los linderos de los ayllus de Macha (1719) 173
2. Proyecto para propender el desarrollo de la
agricultura en la Provincia de Nor-Chayanta 182
3. Litigio sobre indios residentes en Cantón Po-roma, Departamento de Chuquisaca, que son tributarios de Cantón Tinguipaya, Depar
tamento de Potosí 187
Una de las instituciones esenciales de la sociedad rural andina es la llamada “com unidad de indígenas”. Con un pasado prehispánico, pero reestructurada por las au toridades coloniales alrededor d e 1550 com o un m eca nismo para facilitar la asignación de la fuerza de traba jo a las principales unidades productivas, esta institución atravesó por profundos cam bios durante todo el perío do colonial. Las expresiones d e estos cam bios fueron la intensificación de la diferenciación cam pesina, la al teración de sus vinculaciones con el m ercado, la trans form ación del p apel político de sus miem bros, el nue vo contenido y significado de la cultura andina. L os estudios antropológicos realizados en el área andina a partir d e la década de 1940 perm iten detectar la pre sencia de estas instituciones cum pliendo aún roles sig nificativos, pese a que sus estructuras internas fueron
m odificadas com o consecuencia del incremento de la mercantilización de sus economías.
En esta larga trayectoria histórica, constituye toda vía un enigma la estructura y el funcionamiento de es tas com unidades de indígenas en el siglo XIX. L a id eo logía que animó la acción de los Libertadores era in com patible con la persistencia d e instituciones que fr e naran la líbre circulación de la tierra y que impidieran
la constitución d e una sociedad, de pequeños propieta rios. De ahí que la legislación agraria de los primeros años de la R epública apuntara directam ente a la can celación de este tipo de com unidades. Ciertam ente que no es menos cierto qu e decisiones de esta naturaleza prepararon el camino, al romper la protección otorgada por el estado colonial, para la expansión de los grandes latifundios aledaños t¡ para la constitución de un m er cado más o m enos libre de fuerza de trabajo. En lo esencial es éste un proceso que adqu iere sus ribetes más precisos en el último tercio d el siglo XIX. Es este proceso el que fundam enta el juicio de algunos obser vadores, quienes sostienen que la condición social del in dio fue mucho peor en e l siglo XIX que durante el con junto de la época colonial.
H acia 1920-1930, por otra parte, la profunda altera ción de los fundam entos de la sociedad rural andina, la pérdida de los recursos esenciales por parte d e las comunidades, provocó un form idable estallido de la re belión campesina. H abría en realidad que remontarse hasta 1780 y Tupac Amaru para encontrar una hogue ra cam pesina de tal magnitud. Este fue el escenario social donde surgió lo mejor de la plástica, de la músi ca, d e las artes, de la literatura indigenista. Carente de una expresión política adecuada, los indios y sus luchas pasaron a convertirse de sujetos de la historia en o b je
tos d e una d e las reflexiones más genuinas sobre su con dición y posibilidades. Fue la misma fuerza de esta movilización, conjuntamente con el m iedo que inspi raran en las capas mestizas y blancas de los Andes, la que obligó a que el Estado oligárquico se decidiera a levantar una barrera de contención.
En la transform ación que lleva a que comunidades creadas bajo el mismo patrón en el siglo XVI ter minen siendo instituciones diferenciadas en el primer tercio d el siglo XX, probablem en te el siglo XIX encie rra las mayores causalidades. L a historia económ ica y social de la región andina, todavía en un estado muy incipiente, ha privilegiado con razón el estudio del re nacimiento d e sus econom ías de exportación, proceso que en general ocurre a partir de 1870. El desdén por las décadas anteriores estaría basado en la creencia de que fueron décadas con una econom ía estancada y con un profundo inmovilismo social, cortada solamente por los sucesivos “cuartelazos” de rústicos caudillos. Esta im agen probablem en te tenga algún grado de certidum bre en ciertos niveles, pero no elimina la posibilidad de qu e existieran profundas transformaciones dentro de la sociedad rural y, d e manera más precisa, en las comu nidades andinas. E l hecho decisivo d e que, con una econom ía estancada, los campesinos y sus recursos eran lo único relevante justifica am pliam ente esta suposición. Aún más, probablem en te este proceso contiene una de las claves para entender más adecuadam ente el m e canismo de disolución de una estructura colonial y el montaje de un mecanismo regional y nacional mucho más com patible con las nuevas dem andas del m ercado y d el capital internacional al despuntar el siglo XX.
El libro d e Tristan Platt Est a d o Bo l iv ia n o y Ay l l t j
mués-tra las innovaciones introducidas por el siglo XIX en la condición cam pesina y porque descubre los tensos m e canismos de subordinación y rechazo establecidos en tre el “Estado” boliviano y la base campesina.
Es t e t r a b a j o se limita a presentar algunos elementos
para una futura historia republicana de los grandes ay- llus de la región boliviana hoy conocida como el Norte de Potosí. La elaboración de esta historia tropieza —co mo toda empresa en sus comienzos— con grandes dificul tades. Los pocos estudios existentes sobre la historia boliviana del siglo XIX raras veces se ocupan de aque lla “otra sociedad”, creada y reproducida por los indios de los ayllus dentro del contexto mercantil y cristiano de la formación colonial, vigente aún en 1825, cuando un pequeño grupo criollo decidió lanzarse a la aventura de un proyecto nacional altoperuano. Incluso cuando los historiadores han optado por tomar en cuenta las llama das “comunidades originarias de indios libres”, la au sencia de un componente antropológico en el análisis —debidamente arraigado en el trabajo de campo con temporáneo y en la etnohistoria andina y colonial— lle vó frecuentemente a errores de interpretación de la es casa información documental a nuestra disposición.
La exposición siguiente no está a la altura de los requerimientos citados. Constituye tan sólo un inten to de “centrar” la discusión futura en torno al eje de partida constituido por las relaciones ideales y mate riales entre los ayllus y el Estado criollo durante el siglo pasado. Si el presente trabajo tiene algo nove doso que ofrecer es la extensión temporal considera da. Limitándonos a este “hilo maestro”, hemos queri do seguir las vicisitudes de la relación ayllu-Estado en términos muy generales, desde un punto de partida situado en la herencia andino-colonial y prolongado du rante la época “proteccionista”, de las primeras déca das de la República, hasta la crisis precipitada por las políticas agrarias librecambistas después de la década de 1870, al consolidarse la apertura del país hacia el mercado mundial. Luego se sigue con el replanteo in
dígena de la relación “tradicional”, a principios del si glo XX, y se termina con una breve consideración del vacío jurídico surgido en las últimas décadas con pos terioridad a la Revolución de 1952. Por el momento, se ha omitido el lapso comprendido entre 1927 y 1952. Omisión que, sin afectar la coherencia de nuestro ar gumento central, debe tenerse en cuenta en futuras in vestigaciones.
Las desventajas de nuestro procedimiento son ob vias: sólo podemos esperar detectar los contornos más generales de la dinámica conflictiva de intereses, a costa del minucioso engranaje de desconfianza, miedo, obstinación, oportunismo, engaño y combatividad apa sionada, que constituye la trama de la vida política nor- potosina. Tampoco debe buscarse aquí un análisis de la estructura interna del ayllu andino ni del Estado bo liviano. Por el momento, debemos contentarnos con una caracterización algo burda de los principales actores sociales en el escenario regional. Caracterización que se justifica en la medida que otorga coherencia a los cambios en la estructura regional de poder que se ma
nifiestan en una perspectiva histórica larga. De ahí nuestro énfasis en los ayllus y sus caciques, los peque- ños productores mestizos, los terratenientes con sus siervos, y el aparato estatal a través de sus represen tantes regionales; grupos cuya composición interna sólo se tendrá en cuenta cuando sea relevante para captar sus interrelaciones más significativas.
Por su peso demográfico y por las superficies te rritoriales bajo su control, los ayllus representan has ta hoy el grupo social preponderante en el Norte de Potosí. Lejos de restar importancia al sector minero, cuya larga historia argentífera ha culminado en este siglo con el nacimiento del gran complejo estañífero de Llallagua-Uncía (Siglo X X ), esta afirmación sólo busca rectificar un desequilibrio en las ideas corrien tes sobre la región. Para establecer las bases de una historia económica regional, debe reconocerse la im portancia paralela de la antigua producción mercantil de los ayllus, en especial de trigo, maíz y harina. Gran parte de nuestro argumento girará en torno a la rui na de este comercio de exportación bajo el efecto de las políticas librecambistas en la segunda mitad del siglo XIX. De ahí que la imagen “metalocéntrica” que actualmente ofrece el Norte de Potosí deba conside rarse como producto de las políticas gubernamenta les favorables a la libertad de comercio y el aumento consiguiente en las importaciones trigueras, y no —co mo generalmente se supone— como resultado de una agricultura atrasada y tradicional, siempre orientada principalmente a la producción para la subsistencia. La marginación de los ayllus regionales ha sido obra del gobierno boliviano; no representa un estado origi nario de pobreza premercantil.
La ruina del comercio triguero de los ayllus nor- potosinos debe comprenderse como parte de la crisis más generalizada de otras economías regionales, origi
nada en la derrota de las políticas proteccionistas por ciertos sectores de la oligarquía minera y terrateniente de Sucre y Potosí desde 1870. El Estado boliviano, al borde de la bancarrota durante las primeras décadas de la República, decidió sacrificar el mercado interno here dado de la Colonia en aras de su propia supervivencia. Sólo con los ingresos procedentes de las exportaciones mineras, y la consiguiente apertura del país a las impor taciones extranjeras, llegaría a sanearse el presupuesto nacional. Los avatares de la economía regional deben atribuirse, en gran medida, a esa causa inicial. Los ay- llus norpotosinos, junto con otras regiones, fueron sacri ficados para asegurar la superviviencia de la “nación” (identificada con el Estado) y el predominio de las ca pas criollas que manejaron el débil aparato estatal.
Supervivencia “nacional” a costa del país: sea cual fuere la utilidad de semejante paradoja para explicar la génesis de cierto tipo de sicología colectiva, el re sultado fue el desplazamiento en las luchas estatales del “enemigo interno”, representado por los indios, quie nes con su tributo sustentaron durante los primeros cincuenta años de vida republicana el presupuesto na cional, por el “enemigo externo”, representado por los intereses transnacionales que buscaron acaparar gran parte de las utilidades mineras. Durante las primeras décadas del siglo XX, las aspiraciones “nacionalistas” de las capas criollo-mestizas se dirigirían, principal mente, a derrumbar el “superestado minero” y bloquear el escape de divisas, tratando de reorientarlas hacia el erario nacional, dejando a su retaguardia rural la ta rea pendiente respecto a la “indiada”.
En la década de 1870 los primeros gobiernos libre cambistas todavía no estimaban necesario prescindir totalmente del sector agrario. Más bien soñaban con una transformación capitalista del campo, a través de lo que ahora podemos reconocer como una primera re
forma agraria. A partir de la Ley de Exvinculación, de 1874, se propuso la extinción definitiva de los ayllus, la privatización de la tenencia y la creación de un mer cado de tierras que permitiera la formación de grandes propiedades agrícolas. Al quedar marginados del mer cado nacional, deberían eliminarse definitivamente esas formas “primitivas” de organización social. Algunos criollos de la época incluso comentaron con optimismo la inminente extinción de la “raza”, debido a las epi demias que azotaron las comunidades indígenas entre 1856 y la Guerra del Pacífico. Debe haber sorprendi do la poderosa resistencia de los indios ante la prime ra reforma agraria, que culminó con una movilización general durante la Guerra Federal, a favor de las fuer zas de Pando, y que en 1902 forzó el abandono definiti vo de las operaciones exvinculatorias en el Norte de Potosí.
Es a partir de entonces que puede detectarse los ini cios de un lento proceso de reovdenamiento en la balan za de fuerzas en el Norte de Pote-i. Para el Estado oligárquico, el enfrentamiento de las últimas dos déca das del siglo X IX se planteó entre las “fuerzas del pro greso” —los criollos— y un grupo “semisalvaie” —los av- llus que defendían tenazmente una forma “anacrónica” de organización y propiedad. Los pequeños producto res mestizos fueron marginados de la batalla: el Esta do los consideraba simplemente como “usurpadores” de tierras de los ayllus, concebidas a su vez como propie dad pública. Amenazados con la venta de sus parcelas en subasta pública, los mestizos no vacilaron en aliar se con los ayllus en su lucha contra el Estado. Sin em bargo, desde comienzos del siglo XX las operaciones
catastrales de tierras narticulares permitieron la exten-í
sión de numerosos títulos a ios productores mestizos, que de esta forma fueron separados de sus antiguos alia dos, y adscritos al bloque terrateniente y estatal.
Queda por aclarar nuestro uso de las palabras in dio, mestizo y criollo. A mediados del siglo XIX es po sible asociar cada una de estas categorías étnicas, tal como aparecen en el contexto rural norpotosino, con tres tipos de propiedad agraria. Indio es quien vive dentro del régimen del ayllu, salvo cuando se encuen tra incorporado a las haciendas como siervo. Criollo es el terrateniente con acceso a fuerza de trabajo ser vil. El mestizo, si bien desde la Colonia había logra do insertarse en los márgenes del régimen del ayllu, en el siglo X IX había empezado a reclamar un dere cho particular a las tierras “usurpadas”, que cultivaría con mano de obra predominantemente familiar desde su residencia en los pueblos regionales, crecientemen te abandonados por los indios desde fines del siglo XVIII. En la medida que los pueblos podían contar to davía con las prestaciones laborales de los indígenas ( como sirvientes del Corregidor y del Cura, por ejem plo, o para atender las postas, el tambo, las escuelas y la iglesia), los mestizos de los pueblos empezaron a considerarse como patrones colectivos de los ayllus —una especie de hacendado multipersonal—, relación que persiste en los últimos treinta años, como veremos en
el último capítulo.
Naturalmente, estas categorías no pueden delimi tarse sin ambigüedades. Aparte de constituir la fuer za de trabajo servil de las haciendas, en las pocas zo nas donde éstas habían desplazado al régimen comu nitario, el indio también pudo participar como trabaja dor permanente o estacional en el sector minero. El hacendado criollo también sería dueño de minas, co merciante mayorista, o representante regional del apa rato estatal como subprefecto, diezmero, recaudador del tributo indígena “ o de impuestos mineros. Final mente, el mestizo se dedicaría también al transporte
(como arriero) o al comercio minorista; ocuparía el cargo de Corregidor o Cura; la falta de tierras inclu so lo llevaría a solicitar parcelas en los ayllus, some tiéndose en este contexto a los curacas indígenas pa ra el pago del tributo correspondiente. Sin embargo, para nuestros fines ( que aquí conciernen exclusiva mente al sector rural) hemos encontrado conveniente aferramos al uso de la época para calificar a los dis tintos tipos de agricultor y a los tres sistemas de pro piedad en los que generalmente se inscribían. Este uso, todavía persistente en el Norte de Potosí, permi te expresar la dinámica larga de los intereses econó micos y políticos sin excluir la dimensión étnica, pro fundamente arraigada en la realidad boliviana. A tra vés de una situación en la que las variables asociadas con etnía y clase se encuentran relativamente coinci dentes, pensamos que es posible llegar a algunas hipó tesis sobre su interrelación profunda en un plano más general.
De ahí que la adscripción de una masa de pequeños productores mestizos al bloque terrateniente-criollo, a comienzos del siglo XX, representa no sólo un proceso de “racionalización” de la propiedad agraria mediante el catastro, y de la consolidación de la “iniciativa priva da” como móvil sicológico más apropiado para la espe rada “transformación capitalista” del país, sino también una victoria táctica, aunque pírrica por sus consecuen cias, por parte de los criollos en su lucha contra la “cultura alternativa” de la mayoría “autóctona”. Par tiendo de una postura de benevolencia paterna, las ac titudes criollas frente a los indios se transformarían en desdén autoritario cuando éstos se mostraban reacios a participar en un “proyecto nacional”, cuya realización presuponía la destrucción de sus propias organizacio nes tradicionales. Cuando el Estado oligárquico logró salvarse de la quiebra crónica mediante el desarrollo de la “economía mono-exportadora de metales”, las ac
titudes empezarían a suavizarse, por lo menos en cier tos círculos intelectuales. Sin embargo, cuando los ay- llus norpotosinos volvieron a sublevarse en 1927 fren te a los intentos expansionistas del bloque mestizo- criollo, no faltaría una voz entre los terratenientes que lamentaría la imposibilidad de repetir en Bolivia la solución “heroica” adoptada por los Estados Unidos pa ra resolver su “problema indio”. Cualesquiera fuesen las actitudes asumidas, de hecho sumamente variadas, hay un factor constante: después del fracaso de la pri mera reforma agraria se consolidaría una unidad aje na, opuesta, impenetrable, que permitió a los criollos, y progresivamente a los mestizos, construir su propia “identidad nacional” en contraposición al grupo “autóc tono”.
La adscripción de los mestizos al grupo criollo, en el plano de la propiedad privada de la tierra, prepara ría el terreno a una solución ideológica del problema indio, esta vez emergente de las filas mestizas del triun fante Movimiento Nacionalista Revolucionario (M N R). Colocado en 1952 a la cabeza de una masiva insurgencia popular, el MNR se vio obligado a nacionalizar las prin cipales minas de estaño y decretar una segunda refor ma agraria, que prometía entregar las tierras de las ha ciendas a los colonos y restituir a los ayllus sus tie rras “usurpadas”. Sin embargo, en la práctica la refor ma agraria que desde 1953 se realizaría en el Norte de Potosí sólo buscó la creación de una multitud de pequeños productores particulares, con títulos de pro piedad privada. Esta práctica regional, a favor del ré gimen mestizo de propiedad, subyace en la solución propuesta a los problemas raciales del país. Para los caudillos del MNR, en cuanto representantes de un na cionalismo mestizo, la palabra indio no era sino una mera supervivencia “feudal”, originada por la conquista española. El mestizaje racial era de tal naturaleza, se gún ellos, que el país debía admitir su propio mestiza
je. No habría indios ni blancos. Todos se asimilarían al grupo mestizo, en cuanto denominador común de am bas castas. Por decreto los indios se convertirían en “campesinos”. ¿Acaso no eran “trabajadores del campo”? Así, en el MNR una corriente de pensamiento “racista pequeño-burgués” intentaba resolver un problema emi nentemente cultural por simple negación. Recuperada la lucidez histórica, el país reconocería como un hecho con sumado la homogeneización corporativista de los com ponentes étnicos de la Nación, y podría dedicar sus es fuerzos multi-clasistas, alimentados por el aporte racial
tanto ibérico como americano, a la construcción de una patria moderna. E l planteamiento hábilmente identifi caba “mestizaje racial” (fenómeno genético) con “homo geneidad étnica” (mito nacionalista).
En este trabajo buscamos contribuir al análisis crí tico que debe realizarse en torno a aquella magistral neblina de ambigüedades que fue el movímientismo; so bre todo por el modo como ejecutó la segunda reforma agraria en relación a los ayllus que acabamos de men cionar. Una perspectiva histórica larga permite reco nocer en ella un grado significativo de continuidad con los objetivos originalmente planteados por los gobier nos oligárquicos del siglo pasado a través de la pri
m era reforma agraria. Ambas reformas propugnaron la extinción de los ayllus, la propiedad privada de la tierra y un nuevo sistema impositivo (predial rústico o impuesto único) que se aplicaría en base a operacio nes previas de agrimensura y catastro. La diferencia más importante radicaba en que así se consolidaban ahora los pequeños productores mestizos en la pose sión de las tierras usurpadas a los ayllus. Los mesti zos aparecían entonces como la “vanguardia” del régi men de propiedad rural. Desde esta perspectiva, el en sanchamiento de la pequeña propiedad entre los indios, iniciado con cierto éxito entre los colonos de las ex ha ciendas, puede conceptuarse no como una simple
poli-tica agraria que buscaba instaurar un régimen “mer cantil simple” en el campo boliviano, sino también —y no menos importante— como parte de una ofensiva ét nica que buscaba la asimilación de las dos antiguas “castas” en un “mestizaje universal”.
Desde esta perspectiva deben comprenderse dos pa trones contrastados de sindicalización entre los ayllus y las ex haciendas del Norte de Potosí. Por una parte, algunos dirigentes mineros, partiendo de un análisis ex clusivamente clasista de la situación, buscaron la for mación de sindicatos cam pesinos (sic), dispuestos a plegarse a las luchas proletarias. Por otra parte, los mestizos de los pueblos (conscientes o no de las reali dades étnicas de la situación) también buscaron esta blecerse como dirigentes oficialistas, esperando llevar a los indios (sic) a colaborar con el gobierno en la atomi zación de sus propios ayllus. Aunque se logró cierto éxi to en la sindicalización de los valles norpotosinos (más afectados que la ¡ouna por la penetración de la propie dad privada), ambas tácticas tropezaron con el hecho no enteramente sorprendente que los indios comune ros de la puna vieron con profundo recelo una revo lución que amenazaba convertirlos en pequeños propie tarios, a costa de la destrucción de su organización tradicional y obligándolos a pagar un nuevo impuesto único. El MNR, como los criollos del siglo XIX, pre sentó su reforma agraria como una medida en favor de los intereses campesinos. Para los ayllus esta refor ma significaba una prolongación de los intentos secula res de diversos gobiernos de desconocer el antiguo “pacto de reciprocidad” que en las primeras décadas de la República regía las relaciones ideales entre ayllus y Estado. La esencia de este pacto consistía en la obli gación del Estado no sólo de reconocer los derechos colectivos de los ayllus a sus tierras, sino también de aceptar como contraparte los servicios tradicionales y la tasa, antiguo tributo indígena pagado por los indios.
Este recelo de los indios comuneros sobre los ver daderos propósitos del MNR, que constituye la interro gante inicial del presente estudio, condujo en la déca da de 1960, y no solamente en el Norte de Potosí, al resurgimiento de un planteamiento “indio” de la situa ción. Aquí no entraremos en las ramificaciones actua les y las proyecciones futuras de los “movimientos in dios” del país. Será suficiente constatar una quiebra importante en el planteamiento “mestizo”, heredero a su vez del “nacionalismo blanco” del siglo XIX, sugi riendo que los problemas derivados de la composición multiétnica de Bolivia difícilmente se resolverán por simple negación. Nuestro examen de la historia de las relaciones entre los ayllus norpotosinos y el Estado bo liviano espera lograr una comprensión más adecuada de la situación actual del indígena de esa región. Sin embargo, aunque nuestro análisis parecerá circunscri to a una experiencia local, y en particular a una expe riencia “Macha-centrista”, no debe olvidarse que los indios comuneros 0 de toda la sierra boliviana siguen pagando voluntariamente el antiguo tributo. Es urgen te un sondeo de opiniones y un examen de la experien cia histórica no sólo en los otros ayllus norpotosinos sino, también, en los otros departamentos del país. Es posible que la tasa tradicional deba mantenerse como parte de un replanteo de las relaciones entre ayllus y Estado. En este replanteo será imprescindible tomar en cuenta la experiencia .uorpotosina resumida en estas páginas.
Debo hacer público mi agradecimiento a Angel Ro bles, Director del Proyecto de las Naciones Unidas de Apoyo al Programa Nacional de Desarrollo Rural In tegrado ( BOL/78/017), quien consideró justificable el financiamiento de tres meses de investigación, esencial
* E n B o l i v i a e l t é r m i n o g e n e r a l m e n t e e m p l e a d o e s ‘ c o m u n a -r i o ' .
para la preparación de este trabajo. Una primera ver sión del mismo fue presentado en 1980 como un Infor me a dicha institución. E l presente texto representa una revisión del informe original, preparado en el mar co de los Estudios Comparativos del Area Andina, pa trocinados por el Instituto de Estudios Peruanos. La edición de las partes correspondientes al Informe cuen ta con la gentil autorización del Departamento de Coo peración Técnica para el Desarrollo (D C T D ) de Na ciones Unidas. Deseo también agradecer particular mente a Christine Hünefeldt y Heraclio Bonilla por sus comentarios críticos al texto inicial, y por el aliento necesario para que me anime a publicarlo. Entre las per sonas que han colaborado de una manera u otra en su preparación quisiera mencionar a Xavier Albó, Raúl Cal derón, Mario Chacón, Daniéle Démelas, Gunnar Mendo za, Winston Moore, John V. Murra, María Elena Orihue- la y Antonio Rojas, como también al equipo del IEP (L i ma), del Grupo Avances (L a Paz) y del Programa Na cional de Desarrollo Rural Integrado (L a Paz). Final mente, quiero agradecer de manera muy especial al cura ca de Macha (Aransaya), don Agustín Carvajal, y a sus hijos Santiago y Gregorio, por la confianza depositada en mí a través de los últimos diez años, y el acceso brin
dado al Archivo Cacical de los ayllus bajo su jurisdic ción, tanto en la puna como en el valle del Norte de Po tosí. Sin embargo, la responsabilidad por las opiniones aquí vertidas y los errores de concepto o hecho deben atribuirse exclusivamente al autor.
Tr is t a n Pl a t t
1
Los antecedentes del debate republicano
“ C h a y a n t a o C h a r c a s , e s e l ú l t i m o p a r t i d o d e l o s d e e s t e g o b i e r n o I n t e n d e n c i a . . . T i e n e 2 0 c u r a t o s e n l a p u n a y v a l l e s , c o n l a b e l l a p r o p o r c i ó n d e q u e s u s n a t u r a l e s n o t i e n e n q u e s a l i r e n n i n g ú n t i e m p o d e l p a r t i d o p a r a s u s s i e m b r a s y r e c o j o d e g r a n o s , p o r q u e p o s e y e n d o t i e r r a s e n u n o s y o t r o s t e m p e r a m e n t o s d e s u p r o v i n c i a , e n e l l a s c o s e c h a n c u a n t o n e c e s i t a n . P o r e s t o s o n l o s i n d i o s m á s a c o m o d a d o s d e t o d o s l o s p a r t i d o s , l o s q u e c o n m á s f a c i l i d a d c o n t r i b u y e n e l t r i b u t o , y e n t r e l o s q u e s e e n c u e n t r a n a l g u n o s n o r a r o s d e m á s c i v i l i z a c i ó n q u e e n o t r o s ” . J u a n d e l P i n o M a n r i q u e ( 1 7 8 7 ) En 1825 e l g o b e r n a d o r d e c h a y a n t a escribía al Inten
dente General de Potosí, general Guillermo Miller, ofreciéndole un resumen de la situación económica de la provincia a finales de la Guerra de la Independencia. El cuadro presentado muestra que, a pesar de los des trozos de los soldados y la crisis reinante en el sector minero, las bases de su comercio tradicional en trigo y harina se mantenían todavía intactas. En 1787 el In tendente de Potosí, Juan del Pino Manrique, había co mentado cómo los indios del pueblo de Chayanta
. .bajan a los valles de Micani, San Pedro y Ca- rasi, en que poseen tierras, y con las harinas y granos que conducen a La Paz, Yungas y Oruro, retornan coca, algodón y agí, extendiéndose algu nos hasta la costa, de donde regresan con aguar dientes” (Pino Manrique 1836 [1787]: 18).
Lo significativo es que este comercio floreciente fue llevado a cabo, no sólo por los hacendados, que en es ta provincia eran pocos, sino también por los indios de los ayllus.1
¿Cómo es que los indios de los ayllus chayanteños lograron establecerse en esta ventajosa posición mer cantil? La respuesta es compleja, y nos obligaría a exa minar los términos precisos de la incorporación de la región a la economía colonial durante el siglo XVI. Aunque no podemos ofrecer aquí un análisis de la es tructura socioeconómica de la confederación preinca de los Charka y Karakara,2 es necesario señalar que, a diferencia de las otras regiones conocidas hasta la fe cha, los indios de Chayanta se ubicaban en una provin cia colonial que cubría todas las principales zonas eco lógicas que habían sustentado a la antigua confedera ción. 3 Cuando Pino Manrique quiso explicar la eviden te prosperidad de los ayllus norpotosinos, encontró la razón en el acceso que tenían a tierras de puna y valle dentro de su propia jurisdicción:
“Tiene 20 curatos en la puna y valles, con la be lla proporción de que sus naturales no tienen que salir en ningún tiempo del partido para sus
siem-1 . E n u n e s t u d i o p i o n e r o , E r w i n P . G r i e s h a b e r h a l l a m a d o l a a t e n c i ó n s o b r e l a e s c a l a d e l m e r c a n t i l i s m o c l i a v a n t e ñ o , o f r e c i e n d o i m p o r t a n t e s l u c e s s o b r e l a t r a y e c t o r i a e c o n ó m i c a d e l a r e g i ó n h o y l l a m a d a N o r t e d e P o t o s í ( G r i e s h a b e r 1 9 7 7 ) , y c i t a n d o e l I n f o r me d e l G o b e r n a d o r d e C h a y a n t a d e 1 8 2 5 . 2 . E n c o l a b o r a c i ó n c o n T h i e r r y S a i g n e s e s t a m o s p r e p a r a n d o u n a c o l e c c i ó n d o c u m e n t a l c o n e n s a y o s i n t e r p r e t a t i v o s q u e p r o m e t e a c l a r a r , e n a l g u n a m e d i d a , l a e s t r u c t u r a s o c i o e c o n ó m i c a d e l a a n t i g u a c o n f e d e r a c i ó n , q u e d o m i n ó t o d a l a v e r t i e n t e o r i e n t a l d e l M a c i z o B o l i v i a n o ( M e n d o z a 1 9 5 7 [ 1 9 3 5 ] ) e n t r e S a c a c a y C h i c h a s , c o l i n d a n d o h a c i a e l o e s t e c o n l a c o n f e d e r a c i ó n a l t i p l á n i c a d e l o s Q u i l l a c a s y l o s A s a n a q u e s . 3 . L a a f i r m a c i ó n e s a p r o x i m a d a : p o r l o m e n o s l o s c o c a l e s d e l o s C h a r k a y K a r a k a r a , u b i c a d o s e n l a s Y u n g a s d e S a n t a C r u z ( T i r a q u e ) , f u e r o n s e p a r a d o s t e m p r a n a m e n t e d e l c o n t r o l d e l o s c u r a c a s d e l a p u n a n o r p o t o s i n a .
bras y recojo de granos, porque poseyendo tie rras en unos y otros temperamentos de su pro vincia en ellas cosechan cuanto necesitan”.4 Lejos de desestructurarse las bases prehispánicas de la prosperidad andina, en esta zona el antiguo patrón del “control vertical de un máximo de pisos ecológicos” (Murra 1975: 59-115) se mantuvo como un elemento ins titucionalizado dentro de la formación colonial. Es más, los ayllus regionales consistían en franjas continuas que bajaban desde las alturas hasta los valles cálidos o en dos zonas discontinuas, cada una situada en uno de los dos polos climáticos. Dado que la mita potosina se aplicó a través de los curacas de cada ayllu, la misma economía minera funcionó asegurando la persistencia de las condiciones verticales de reproducción de su pro pia fuerza de trabajo rotativa.
Frecuentemente suele suponerse que los pueblos de reducción temprana lograron desarticular las identida des étnicas precolombinas, al reagrupar la población indígena en torno a un nuevo centro administrativo y religioso. La experiencia de Chayanta sugiere que és ta no es una explicación suficiente. Los cinco reparti mientos reconocidos por el virrey Toledo —Moromoro, Karakara, Macha, Chayanta y Sacaca— aumentaron a sie te cuando Pocoata y Aymaya insistieron en separarse del repartimiento de Macha (Platt 1978b). Sin embar go, los indios de Macha, Pocoata, Aymaya, Chayanta y Sacaca fueron distribuidos en pueblos, tanto en la puna como en el valle, manteniendo su afiliación étnica pre colombina. Si bien los diversos ayllus tuvieron a ve ces que compartir un solo pueblo, particularmente en la zona de valle donde la formación de “archipiélago” era más acentuada, las identidades étnicas se mantu
4 . V er Pino Manrique (1 8 3 6 [ 1 7 8 7 ] ) : la antigua provincia de C h ayan ta coincide, precisam ente, con el área hoy dividida en cinco provincias y llamada N orte de Potosí.
vieron al asignarse “calles” específicas a cada ayllu.5 Este patrón de asentamiento puede detectarse en las fuentes coloniales y se mantiene en mayor o menor grado hasta la fecha.
La distribución “vertical” de la población, conocida durante la Colonia como “doble domicilio”,6 fue comen tada nuevamente por el Gobernador en 1825. Resumien do su Informe, Grieshaber señala cómo los indios de Sacaca se desplazaban durante los meses de verano ha cia sus maizales y trigales en Santiago y Acacio; los de Chayanta a los valles de Micani, San Pedro de Bue na Vista y Carasi; y los de Pocoata a Chayala, Mica ni y Carasi (Grieshaber 1977: 167). Agregamos que los de Macha tuvieron su asentamiento de valle en San Marcos de Miraflores, y también compartían el pueblo de Carasi con los indios de Chayanta (Laymis) y Po coata. E l control de tierras én puna y valle permi tió que la subsistencia familiar fuera asegurada den tro de la misma provincia, y sirviera de base para el cultivo de excedentes comercializables, probablemente (como sugeriremos en el próximo capítulo) en tierras “de la comunidad”, al margen de los predios familiares. En este caso, la administración de la producción y la comercialización de los cereales habría estado a car go de los curacas de los ayllus.
Estamos empezando a reconocer la importancia de este “modelo cacical” de mercantilismo agrario para de terminados momentos de la época colonial (ver, por
5 . P a r a l a p r á c t i c a d e l s i g l o X V I , v e r Los yndios d e tacobam-
ba contra los quillacas i asanaques sobre q u e sean Lechados d e las tierras d e g u a ch e y sarotala, e n : “ T i e r r a s e I n d i o s ” ( E A ñ o 1 6 1 1 , N 9 8 ) , A r c h i v o N a c i o n a l d e B o l i v i a ( A N B ) , S u c r e . H a s t a h o y , l o s p u e b l o s m u l t i - é t n i c o s s i g u e n d i v i d i é n d o s e e n b a r r i o s c o r r e s p o n d i e n t e s a c a d a a y l l u , e s p e c i a l m e n t e d u r a n t e l a s p e l e a s r i t u a l e s (tinku) q u e s e c e l e b r a n d u r a n t e d e t e r m i n a d a s f i e s t a s . 6 . V e r l o s c o m e n t a r i o s d e l C u r a d e S a n M a r c o s d e M i r a f l o r e s e n 1 7 9 7 c i t a d o p á r r a f o s m á s a b a j o . P a r a e l u s o a c t u a l d e l c o n c e p t o , v e r H a r r i s 1 9 7 8 a .
ejemplo, Murra 1977; Rivera 1978a). E l modelo se in serta, como una estructura productiva específica de los ayllus, dentro del vasto circuito mercantil generado por Potosí, y el resto del sector extractivo, en cuanto pro ductor de moneda-circulante y mercado principal para bienes de consumo e insumos para la producción mine ra (Assadourian 1982). Es importante contrastar esta estructura productiva con la que se desarrolló en las zonas de haciendas. En Cochabamba, por ejemplo, el otro gran centro altoperuano de producción de cerea les, la expansión de la producción señorial se encontró
en conflicto con el sector de subsistencia de los vana-j
conas, determinando que durante la larga crisis del si glo X V III la producción se entregara a arrendatarios aislados, con el retiro consecuente del hacendado de las actividades de producción y comercialización (Larson 1978, 1980). Es posible que el florecimiento del comer cio triguero de Chayanta, a fines del siglo X V III y du rante la primera mitad del XIX, guardara relación con el repliegue cochabambino frente a un mercado en con tracción. En este caso el “modelo cacical” de produc ción mercantil puede haber tenido ventajas relativas en épocas de baja demanda. Pero todavía no sabemos cuándo se inició la exportación regional de Chayanta, aunque ya en 1628 Vázquez de Espinosa había comen tado la importancia de la producción regional de trigo y maíz (Vázquez de Espinosa 1948[ 1628] ).
Como recaudador del tributo y “enterador” de los mitayos, el curaca colonial tuvo que asumir el papel de intermediario entre los ayllus y el Estado español. Frente a sus ayllus, el curaca se presentaba como el encargado del Estado de confirmar a cada unidad do méstica en la posesión de sus tierras, y de asegurar la cancelación del tributo (a veces a través de la comer cialización de los excedentes producidos en las tierras “de la comunidad”) y las demás obligaciones exigidas por el Estado colonizador. A través del curaca, el rey
de España podía presentarse ante los indios como el sucesor legítimo del Inca: ambas jefaturas reclama ban un derecho eminente sobre todas las tierras culti vadas, y Wachtel (1973) ha mostrado cómo las estruc turas ideológicas precolombinas fueron reacomodadas dentro del aparato colonial de dominación. Es así co mo los curacas pudieron mantener su acceso a las pres taciones laborales, que por tradición se les otorgaba en su condición de “señor natural” de los ayllus bajo su jurisdicción. Su capacidad de movilizar la fuerza de trabajo indígena, mediante los tradicionales mecanis mos de la reciprocidad andina, debe considerarse como la base de su éxito como mercader dentro de la econo mía colonial —en determinadas coyunturas y regiones que todavía no han sido definidas con precisión—, un éxito que (como Silvia Rivera ha propuesto) podía ser vir para proteger a sus ayllus del peso desintegrador de las exacciones coloniales. Existen algunos indicios de esta práctica en Chayanta durante el siglo X V II.7 Y es- en este contexto que debe comprenderse la poca evidencia existente sobre la suerte del “modelo caci cal” durante las Guerras de la Independencia.
La creciente diferenciación entre curacas e indios comunes, representada nítidamente en Chayanta por el caso del cacique-hacendado de Moscarí, don Florencio Lupa, fue acentuada por el fortalecimiento de una capa mestiza probablemente procedente de las capas indíge nas más pujantes, cuyos miembros desde la primera mitad del siglo X V III ocuparon algunos cargos impor tantes dentro de los ayllus, iniciando así la expulsión de los indios de sus antiguas reducciones. Es en este proceso que debe buscarse los orígenes del núcleo
m estizo d e los pueblos hoy conocido como los “vecinos” o “mozos”. En 1731 los indios del repartimento de Ma
7. P latt 19 7 8 b ; cf. la denuncia de su caciq ue por los indios de Pocoata en Ram írez del Aguila 1 9 7 8 [1 6 3 9 ].
cha denunciaban la presencia de los mestizos en el pue blo de ese nombre, citando las leyes de la Recopilación de Indias en las que se prohibía la entrada de “mesti zos, cholos ni otras mixturas” a los “pueblos de indios”, “por el motivo que da la mesma ley de que no se con taminen en los costumbres”.8 La usurpación de los ca cicazgos por mestizos fue uno de los motivos de la gran sublevación encabezada en Chayanta por don Tomás Katari, de Macha. E l mayor control español sobre es tos cargos, ejercido después de la derrota de Katari, parece que nuevamente se diluyó en el curso de las Guerras de la Independencia.
La persistencia de la antigua organización vertical en la puna y valles de la provincia de Chayanta, que se había integrado a los mecanismos de reclutamiento de la mita minera, significó una ausencia relativa de ha
cendados en la mayor parte de la región. De ahí que en Chayanta no se dio esa lucha entre mineros y ha cendados por la mano de obra indígena que ha sido do cumentada por Thierry Saignes para la región de La- recaja (Saignes 1978). E l conflicto que surgió a fines del siglo X V III fue más bien entre los intereses mine ros y los de la Iglesia. Frente a la crisis potosina, el intendente Paula Sanz intentó instituir una “nueva mi ta” entre los indios de Chayanta para su aplicación a los decadentes ingenios de Potosí. Esta política trope
zó con el hecho que los indios tenían que participar en las cofradías y fiestas de las parroquias de ambas zo nas ecológicas, para asegurar su acceso a las tierras de puna y valle. Durante el largo debate suscitado por este conflicto, los indignados azogueros de Potosí re clamaron contra los curas de Chayanta que “para el
8. V er “Tierras e Indios” ( E Año 1 7 3 1 , N9 5 1 2 8 ) , Archivo Nacional de Bolivia, Sucre. Los indios de M acha volvieron a que jarse, esta vez de un usurpador mestizo del cacicazgo, en 1 7 2 2 : ver “Tierras e Indios” ( E Año 1 7 7 2 , N9 2 2 3 ) , A N B, Sucre.
Rey cada yndio es una sola persona: mas para el cura hace las veces de dos yndibiduos, por que la comunidad que pasa fiestas en Chayanta las pasa tambéin en Ca- rasi”. 9 Efectivamente, la documentación disponible so bre las responsabilidades de las cofradías y el ritmo intenso de las fiestas celebradas en cada Doctrina, mues tran el tiémpo de trabajo ocupado por los indios en el suministro de bienes y servicios a la Iglesia. 10 Pue de suponerse que a fines del siglo X V III la prosperi dad visible de Chayanta se expresó a través del es plendor y lujo de las celebraciones religiosas, que de esta manera lograron absorber buena parte de los ex cedentes comercializables de los ayllus regionales.
Para preparar el escenario, aunque sea de manera todavía hipotética, sobre la riqueza sorprendente de los indios de Chayanta en los albores de la vida repu blicana, será necesario analizar tres conflictos surgidos entre los ayllus de Macha y los curas de una Doctrina, para lo que se dispone de un “Libro de Fábrica” que co rre desde 1779 hasta 1823.11 Se trata de la parroquia de San Marcos de Miraflores, iglesia en el valle del gran ayllu de Macha. En la información incompleta pro porcionada por esta fuente creemos poder entrever una estrategia cacical para la recuperación de los exceden tes previamente absorbidos por la Iglesia, pero ya no en provecho de los azogueros potosinos (la mita se
abo-9 . V e r Recurso de Curas de Chayanta contra la Mita de Potosí, e n : I n t e n d e n c i a J u s t i c i a A ñ o 1 7 9 5 ( f . 3 8 ) , A r c h i v o d e L a P a z ( U n i v e r s i d a d M a y o r d e S a n A n d r é s ) . A g r a d e z c o e s t a r e f e r e n c i a a R e n é A r z e . C o m p á r e s e l a d i s c u s i ó n d e l a “ N u e v a M i t a ' ’ e n B ü c h l e r 1 9 7 7 , A r z e 1 9 7 8 . 1 0 . V e r p a r t i c u l a r m e n t e l o s e s t a t u t o s d e l a s c o f r a d í a s d e S a n M a r c o s d e M i r a f l o r e s , r e s u m i d o s p o r e l d o c t o r G e r ó n i m o d e C a r d o n a y F a g l e d , e n Libro de la Fábrica de esta Santa Iglesia de
San Marcos de Miraflores que corre desde el día siete de sep
tiembre del año de 1779. . . C o n s u l t a d o e n l a B i b l i o t e c a P a r r o
q u i a l d e S a n P e d r o d e B u e n a V i s t a ( P r o v i n c i a C h a r c a s ) e n 1 9 7 1 . 1 1 . Ibid.
lió definitivamente en 1812) sino para ensanchar la prosperidad indígena a través de una ampliación del comercio triguero, y probablemente maicero, cuya es cala en 1825 llamó la atención del Gobernador de la provincia. Será de gran importancia la investigación de las posibles estrategias cacicales correspondientes a los otros ayllus del Norte de Potosí.
Las consecuencias institucionales del “control ver tical” de los indios de Chayanta de las tierras de puna y valle habían producido perplejidad entre los admi nistradores blancos desde las visitas toledanas del si glo XVI. En 1797 el cura de San Marcos de Miraflores, deseoso de emprender la reconstrucción de una capilla en un anexo alejado de la Doctrina, obra que requería la colaboración de los indios “locales”, se encuentra la mentando “la poca espiriencia que tube de trabajar se mejantes obras con yndios de aillos que tienen doble domicilio en puna y valle”:
“los de este anexo lejos de hacer la menor demos tración de regocijo. . . concurrían casi forsados con una lentitud y tibieza los unos cerca del me dio día y otros a tiempo de la chicha o comida, y esto por un día y dos o tres cuando mas, y lue go se retiraban o fingían viaje a la puna”.
Vemos que los mismos indios consideraron excesivo el peso de las obligaciones eclesiásticas que los obliga ban, en palabras de los azogueros, a dividirse en “dos yndibiduos”.
La renuencia de los indios de la puna a colaborar en las obras religiosas del valle al parecer se agravó en el curso de las Guerras de la Independencia, como pue de verse en un nuevo conflicto surgido en 1823 entre el cura y los curacas de Macha, residentes éstos a va rias leguas de distancia en la puna. En esa época crí tica los cofres doctrinales del valle se encontraban ca
si vacíos debido a los “desgraciados tiempos de gue rras” y “las urgentísimas necesidades del Exercito del Rey y de la Nasion”. Además, el cura lamentaba la abo lición de ciertos servicios tradicionalmente prestados por las cofradías de San Marcos, señalando como res ponsables a las mismas autoridades indígenas:
. .estos Curacas, por su propia autoridad abusi va, han abolido aún las funciones o prosesiones que comunmente denominan Tuta Alférez, que habían sido sinco, las han quintado.. . y las acos tumbradas heran de dose pesos.. . ”. 12
Sin embargo, en las otras doctrinas de los ayllus se se guía pagando la suma tradicional,
“sin atender que de este Curato tienen sus ali mentos por los sembradíos de maíz y trigo, con cuios frutos pagan sus tributos y demás pensio nes que tienen en los Curatos de Macha, Chaira- pata y Surumi por la doblada residencia”. 13 Se trata, aparentemente, de una reducción sistemá tica de los servicios prestados en la doctrina del valle, buscada por los curacas del mismo modo que había si do hecha por los azogueros de Potosí. El cambio pare ce consistir en eliminar la autonomía doctrinal a los valles del ayllu, reduciéndolos a la posición de un sim ple apéndice perteneciente al grueso de la población re sidente en la puna. El maíz y el trigo de San Marcos debían canalizarse directamente hacia la puna, en lu gar de ser absorbidos por la Iglesia local.
Otra evidencia de este conflicto se encuentra en los intentos del cura de reconstruir la misma Iglesia de San Marcos en el mismo año. Ya se ha señalado el de sinterés de los indios de la puna, en 1797, por la refac
12. Ib id., ver nota 10.
ción de la capilla. Pero en 1823, frente al derrumbe aparente del orden colonial, la negativa es tajante: el cura denunció que la Iglesia fue refaccionada “todo a mi costo, sin que ningún Curaca, ni vesino de este pue blo me haiga ayudado con un centavo”. Su acusación a los curacas va más lejos todavía:
. .son tan yndevotos dichos mandones, que solo consultan por sus propios yntereses, como son Tarachi, el Curaca de Majasaya, y su compañero de la Parcialidad de Anansaya, Pirapi, que solo para sus utilidades con empeño y abusivas cos tumbres yntroducidas por ellos los hazen trava- jar [a los indios] sin atender que en las leyes y recopilación de Yndias expresamente mandan que paguen sus respectivos jornales en presencia de sus párrocos quando los ocupan a los naturales de sus parcialidades, pero estos han derogado es tas leyes”. 14
Se trata, visiblemente, de un desconocimiento de la re lación asalariada, promovida por la legislación colonial, por parte de los curacas de Macha, quienes preferían movilizar las tradicionales prestaciones de fuerza de tra bajo que les correspondían dentro de las reglas de la “reciprocidad” andina. Nuevamente presenciamos el re tiro de los servicios indígenas a la Iglesia y su empleo para propósitos definidos por los mismos curacas.
¿Cuáles serían estos propósitos? Lamentablemente, la fuente no informa al respecto. Pero en vista de los logros anteriores del “modelo cacical”, debemos pregun tamos si no se trataba de un “proyecto indígena” en manos de los curacas, aislado de las aspiraciones crio llas salvo en la medida que ambos grupos rechazaban la opresión virreinal, y que buscaba fortalecer el “mo delo cacical” de mercantilismo andino para que los in
dios pudiesen enfrentar el mercado republicano en con diciones más favorables. En todo caso, Bolivia nació con su demanda interna de cereales y harina entera mente abastecida por una producción regional centra da en Cochabamba y Chayanta, que incluso pudo reba sar los límites de la nueva República para integrar en su circuito las regiones colindantes del sur peruano. A mediados del siglo X IX esta autosuficiencia empezó a destruirse por la lenta penetración de productos extran jeros. En 1866, el subprefecto de Chayanta, Matías Ar- teche, comentaba los efectos desastrosos que la impor tación de productos foráneos causaba en el comercio provincial:
“Las harinas de castilla [de Chayanta] no sola mente se consumían en los pueblos del Norte de la República: su estracción era aún más activa a todo el Departamento de Puno, territorio del Pe rú. Hoy con motivo de la internación de las ha rinas de la República de Chile, por la vía de Tac na, hasta el Departamento de La Paz, por medio de arrías, ha desaparecido aquel consumo acti vo de granos, que antes era la vida de la Provin- c ía .. . . 5
En los próximos capítulos, veremos el contexto y las consecuencias de la ruina del mercantilismo indígena de Chayanta, consumada en aras de las aspiraciones “nacionalistas” del Estado oligárquico, cuyas políticas en el plano más general desembocaron en una larga “guerra étnica” (la Guerra Federal) como expresión definitiva de la pérdida de fe experimentada por los in dios frente al Estado “traidor”.
1 5 . A r c h i v o H i s t ó r i c o d e P o t o s í , Prefectura Departamental N Q 1 1 8 0 , A ñ o 1 8 6 6 , n o . 5 4 - 5 .
El "antiguo régim en ” tribu tario :
gobierno indirecto y auge com ercial,
1 8 2 5 - 1 8 8 0
. .solo por solucionar nuestros Tributos consegui mos aquella cantidad que nos está asignada por nuestra clase con un imponderable trabajo, vendien do el poco fruto que recogem os de nuestras c o r tas posesiones en un presio el mas ín fim o .. . ”
Agustín Billegas, R ecaudador de Chayantacas, y otros, al Subprefecto de C hayanta, M osca-rí, 5 de agosto de 1 8 2 9 (A rchivo Nacional de Bolivia, M inisterio d e H acienda, P refectu ra Potosí recibidas, T. 1 6 , no. 22 ).
“Los cereales por lo com ún se venden y consumen en el mismo departam ento que los produce. Salen de esta regla C ochabam ba y la Provincia de C ha-yanta correspondiente a Potosí, que proveen de tri go y maíz a los departam entos de L a P az y O ruro”.
José M aría D alence ( 1 9 7 5 [1848]-. 2 7 6 ) .
D u k a n t e e l p e r í o d o que se extiende desde la fundación
de la República, en 1825, hasta los años previos a la Guerra del Pacífico, el debate económico criollo se ca racterizó por una pugna entre una corriente de pensa miento “proteccionista” (cuyo representante más elo cuente fue José María Dalence), y los protagonistas de un programa “librecambista” que llegarían a consoli dar su modelo de “progreso” desde el principio de la década de 1870. Los efectos del desarrollo de este mo delo fueron previstos en gran medida por los proteccio nistas: la eliminación de las barreras aduaneras, la anu lación del monopolio estatal sobre la exportación de pastas de plata, la construcción de ferrocarriles hacia
los puntos de exportación, en desmedro de la integra ción vial interna. Todos estos factores contribuirían a crear una crisis del mercado interno, cuyo fomento había sido la base de las políticas proteccionistas. En el Norte de Potosí los efectos del programa liberal se expresaron a través de la crisis de la producción regio nal de trigo y el renacimiento paralelo de la gran mine ría argentífera de exportación en el antiguo asiento mi neral de Aullagas (Colquechaca).
Pero los primeros gobiernos librecambistas no qui sieron excluir totalmente de sus proyectos al sector agrario. La década de 1870 se caracteriza también por la elaboración de una nueva política agraria a través de la “Ley de Exvinculación” de 1874, que buscaba “moder nizar” la producción agropecuaria del país mediante la disolución de los ayllus y su reemplazo por un nuevo régimen de “capitalismo agrario”, en los términos de la época. Esta transformación del sector rural debería ser la contraparte de la gran minería exportadora, y se suponía que iba a poder competir con los productos ali menticios importados. En la práctica, la política agra ria liberali6 fracasó rotundamente, lo que constituyó un factor clave en el desarrollo desenfrenado de la eco nomía monoexportadora de metales, cada vez más de pendiente de la importación de insumos mineros y de
ciertos artículos de consumo de primera necesidad. En los capítulos siguientes se examinará algunas de las razones de este fracaso, a través de un análisis del
proceso de aplicación de las nuevas políticas agrarias en el Norte de Potosí. Frente a la masiva resistencia
16. Usamos la palabra “liberal” en el sentido de una corrien te de pensamiento económico librecam bista, asociado con la ideo logía “positivista”, y no com o el nom bre de un partido político. Desde esta perspectiva, tanto el Partido Conservador como el P a r tido L iberal se dejaban orientar por el liberalismo económ ico, y sus diferencias versaron más sobre la sede del gobierno y los términos de la paz con Chile.
indígena, el Estado boliviano nunca llegó a movilizar los recursos necesarios para desarrollar sus propósi tos por la fuerza. Sería incorrecto suponer que la mo vilización de los indios constituyó una explosión ciega, desprovista de objetivos claros. Se trataba más bien de una defensa crecientemente airada de un orden “tradi cional”, que no solamente regía las relaciones normati vas entre el Estado y el ayllu, sino que también brinda ba las garantías necesarias para el desarrollo del gran comercio triguero de la región. Para comprender la ló gica de la resistencia indígena debemos partir de una consideración de este orden “tradicional”, cuyo eje cen tral fue el sistema del tributo indígena.
La conversión de un excedente comunitario en el di nero necesario para cancelar el tributo requería parti cipar en el mercado de trabajo o de productos. Para la provincia de Chayanta la comercialización del trigo pa rece haber sido la base tradicional del tributo. Dado que las exigencias estatales recaían sobre la persona del “cacique recaudador”, no hay ninguna razón para su poner que cada unidad doméstica se encargara indivi dualmente de la venta de su propio excedente trigue ro. La generalización del comercio triguero para fines impositivos resultaría, en todo caso, imposible fuera de las zonas apropiadas para su cultivo, y podría inte rrumpir la circulación de diferentes productos entre ecologías especializadas dentro de la comunidad. Aquí vuelve a presentarse la posibilidad de un “modelo caci cal” de tributo, basado en la movilización de la fuerza de trabajo colectiva para el cultivo de ciertos produc tos en tierras “de la comunidad”, encargándose el mis mo curaca de la comercialización de las cosechas, a la vez que se devolvía una porción a los cultivadores en señal de redistribución. Este modelo está documentado mediante testimonio oral para el ayllu Jukumani, del norte potosino, en el período previo a la Revolución de 1952 (Godoy s/f). Una variante para el caso del ayllu
Macha fue el descenso anual del curaca recaudador a los valles para el cobro del tributo, en maíz, de las fa milias individuales, antes de proceder a su comerciali zación (Platt 1978a). Estos indicios etnográficos de muestran que si bien el monto del tributo se calculaba sobre el total de las unidades domésticas en edad de tri butar, los mecanismos precisos por los que cada uni dad participaba en su pago podían variar notablemente entre ayllus.
No se dispone aún de las fuentes documentales que permitan aclarar la situación dentro del ayllu de Cha- yanta durante las primeras décadas de la República. Debe tenerse en cuenta esta advertencia, puesto que en lo que sigue consideraremos predominantemente las obligaciones tributarias en cuanto responsabilidades in dividuales de cada unidad doméstica. Aparte de algu nas sugerencias para futuras investigaciones, las fuen tes utilizadas nos obligan a enfatizar la función del cu
raca cara el E stado en perjuicio de su papel económico y político dentro de la comunidad.
En 1848, José María Dalence, en su B osquejo Esta
dístico d e Bolivia, señalaba nuevamente el florecimien to del comercio cerealero en la provincia de Chayanta:
“Los cereales por lo común se venden y consu men en el mismo departamento que los produce. Salen de esta regla Cochabamba y la provincia de Chayanta correspondiente a Potosí, que pro veen de trigo y maíz a los departamentos de La Paz y Oruro” (Dalence 1975).
El mismo autor atribuye una producción de trigo al de partamento de Potosí más alta que la de Cochabamba. Puede inferirse que en las primeras décadas republica nas Chayanta fue el centro de producción triguera más importante del país.
En 1846 el valor real del tributo fue equivalente a aproximadamente una o dos fanegas de trigo. Entre 1816 y 1877 el monto del tributo se mantiene constante a 9 pesos 6 reales por originario, 7 pesos por agrega do y 5 pesos por forastero. Por otra parte, Dalence en 1846 indica un precio de 4 pesos por fanega de trigo. La relación fluctuante entre el precio del trigo y el tri buto permitiría establecer un lím ite inferior al comer cio de trigo, de acuerdo con la población tributaria de los ayllus trigueros. El monto realizado mediante esta participación “forzada” en el mercado lo recuperó el Fisco, que buscaba la capitalización del Estado sin la destrucción de las condiciones de producción de los ay llus. En este sentido podemos considerar la percepción tributaria como una vía fiscal de “acumulación primiti va permanente” (Bartra 1974), con la diferencia de que aquí el principal beneficiario sería el Estado. Sin em bargo, este límite inferior no excluye la posibilidad si multánea de un proceso de expansión mercantil por par te de los curacas encargados de recaudar el tributo de sus ayllus, en la medida que llegaron a vender una can tidad mayor al valor exigido por el Estado.
El acceso a una parte de los excedentes campesinos fue decisivo para la reproducción del débil aparato es tatal, pese a que la palabra “tributo” y su resabio colo nial fueron repugnantes para el oído republicano. Du rante la Colonia, la corona española había mantenido la convergencia entre “impuesto” y “renta”, característica del Estado Inca. Los indios pagaban el tributo o tasa a la corona, en cuanto ésta gozaba de un derecho emi nente sobre la tierra; pero lo consideraban parte de lo que llamaremos un “pacto de reciprocidad”, que les ga rantizaba el acceso seguro a sus tierras. E l Estado re publicano, en cambio, prefirió enfatizar que los ayllus eran simples usufructuarios de las tierras del Estado —más tarde se diría que las tierras habían sido “se cuestradas”— y que el tributo era en realidad un