JUAN BAUTISTA HUBO UN HOMBRE, ENVIADO POR DIOS: SE LLAMABA JUAN

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JUAN BAUTISTA

HUBO UN HOMBRE, ENVIADO POR DIOS: SE LLAMABA JUAN Comentario desde el Evangelio de San Juan 1, 6-35

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant ocds

1. EL TESTIMONIO DE JUAN BAUTISTA

Juan da testimonio de él y clama: “Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo”. (Juan (SBJ) 1, 15). Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: “¿Quién eres tú?” El confesó, y no negó; confesó: « Yo no soy el Cristo.” (Jn 1,19). Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: “¿Por qué, pues,

bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia. Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando. (Juan (SBJ) 1, 24-28), Y Juan dio testimonio diciendo:”He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: "Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo." Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios. (Jn 1, 26-32). Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: “He ahí el Cordero de Dios.”(Jn 1,35)

2. NO ERA ÉL LA LUZ, SINO QUIEN DEBÍA DAR TESTIMONIO DE LA LUZ

El Verbo hasta ahora no había ofrecido a los hombres más que una cierta participación de su luz; ahora va a darla con el gran esplendor de su encarnación. Para esto aparece introducida la figura de Juan Bautista en el Evangelio de San Juan, quien había sido discípulo del Bautista.

Juan (Yohannan, abreviatura de Yehohannan = Dios hizo gracia) aparece situado en un momento histórico ya pasado, en contraposición al Verbo, que siempre existe. Juan no viene por su propio impulso; “es enviado por Dios.” Trae una misión oficial. Viene a

“testificar”, que en su sentido original indica preferentemente un testigo presencial Viene a testificar a la Luz, que se va a encarnar, para que todos puedan creer por medio de él. El prestigio del Bautista era excepcional en Israel (Jn 1:19-28), hasta ser recogido este ambiente de expectación y prestigio por el mismo Flavio Josefo. (Historiador Judío). El tema del “testimonio” es uno de los ejes en el evangelio de san Juan que se repartirá multitud de veces y por variados testigos.

Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. (Jn 1, 7-8). El relato evangélico insiste en algo evidente: que Juan no era la Luz, sino que venía a testificar a la Luz.

3. EL BAUTISTA COMO PRECURSOR, ANUNCIANDO LA ENCARNACIÓN DEL

VERBO

En el relato se Proclama Explícitamente la Encarnación del Verbo y El evangelista aporta al misterio de la encarnación del Verbo un segundo testimonio: “El del Juan Bautista. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Y Juan da testimonio de él y clama: “Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto

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delante de mí, porque existía antes que yo.” (Jn 1, 14-15). El Bautista tenía la misión de testimoniar al Verbo encarnado. Acabando de afirmar la encarnación, al punto le brota la escena en que el Bautista testifica que Cristo es el Verbo encarnado. La escena es vivamente descrita. Y Juan Bautista declara “existía antes que yo”. Es la confesión de la preexistencia de Cristo, como en el relato siguiente: “Esta es, pues, mi alegría, que ha alcanzado su plenitud. Es preciso que él crezca y que yo disminuya. El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta”. (Jn 3:30, 33).

4. JUAN DA EL PRIMER TESTIMONIO OFICIAL MESIÁNICO DEL BAUTISTA

También el Evangelio de Juan nos relata el primer testimonio oficial mesiánico del Bautista ante los representantes venidos de Jerusalén: “Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: ¿Quién eres tú?” (Jn 1, 19)

“Este es el testimonio de Juan.” Estas palabras introductorias podrían ser una alusión literaria a la misión del Bautista, que se dijo en el “prólogo” que era la de dar “testimonio” de Cristo (Jn 1:6-8), aunque allí nada se dijo de la forma histórica en que el Bautista cumplió ese “testimonio.”

El momento en que el Bautista hace su aparición en el valle del Jordán, predicando la “proximidad del reino de Dios” y orientando hacia él los espíritus y preparándoles con un “bautismo” que era símbolo de la renovación total, era un momento en Israel de máxima expectación mesiánica.

La figura y predicación de Juan el Bautista era lo que más contribuía a crear esta psicología mesiánica en las multitudes.

5. VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO

El escenario del Bautista era el desierto: Voz del que clama en el desierto: “Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas, apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados.” (Mc 1, 4-5). Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: “Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos. Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.” (Mt 3, 1-3)

Los evangelios sinópticos hablan ampliamente de la persona ascética del Bautista: “Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre.” (Mt 3,4),"Juan llevaba un vestido de pie de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre. (Mc 1,6)

La manifestación del Bautista en la región del Jordán, en aquel ambiente de expectación mesiánica, y anunciando que llegó el reino de Dios:”Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos.” (Mt 3:2), produjo una conmoción fortísima en Israel. Los evangelios la relatan expresamente: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios.

“Decía, pues, a la gente que acudía para ser bautizada por él” (Lc 3, 4-6) o como relata Mateo: Pero viendo él venir muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: “Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? Dad, pues, fruto digno de

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conversión” (Mt 3:7-8). El historiador judío Flavio Josefo se hace eco de esta actividad del Bautista, de su “bautismo” y del movimiento creado en torno a él

6. Y QUIEN ES JUAN BAUTISTA?, “YO NO SOY EL MESÍAS.” Y NO SOY ELÍAS.

Ante esta fuerte conmoción religioso-mesiánica, es cuando el evangelista los fariseos van a interrogarle: “¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia”.Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando. (Jn 1, 24-28)

El diálogo de este interrogatorio, tal como lo relata el evangelista, es esquemático, pero preciso, y acusa la austeridad, y diríase sagacidad, del Bautista. “¿Tú quién eres?” Naturalmente, lo que les interesa no es su genealogía, sino su misión. La respuesta del Bautista es clara y terminante, como lo serán las respuestas a otras preguntas. “Yo no soy el Mesías.” Y No soy Elías. (Jn 1, 19)

Y lo más extraño es que el Bautista niega ser “el Profeta,” Los enviados eran fariseos. 25 Y le preguntaron: “¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?” (Juan (SBJ) 1, 24), cuando, en realidad, su misión era profética. En el Benedictus se le reconoce por tal: será llamado “profeta del Altísimo”: Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos (Lc 1:76). Y Cristo dirá de él mismo que “no hay entre los nacidos de mujer profeta más grande que Juan” (Lc 7:28). Es la “voz que clama en el desierto.” Ante estas reiteradas negativas, le preguntan

autoritativamente, ya que al Sanedrín le incumbía esta investigación, quién sea. Que lo diga positivamente, pues ellos han de llevar una información precisa sobre él a Jerusalén. “¿Quién eres?” y Juan dice que es: Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías. (Jn 1, 19) La cita del Bautista está hecha de modo más libre y matizada. El profeta anuncia la vuelta del pueblo de la cautividad de Babilonia. Es Dios que viene en medio de su pueblo. Y se figura un heraldo que clama: “Abrid camino a Yahvé en el desierto” por donde ha de pasar.

El Bautista se figura que él es el enviado que, estando en el “desierto,” desde él pide a todos que se preparen para la inminente venida del Mesías.

7. JUAN BAUTIZABA CON AGUA

En efecto, a la primera parte de la respuesta del Bautista: “Yo bautizo en agua” (v.26), se esperaría la contraposición que Cristo bautizaría en fuego o en Espíritu Santo.

En efecto, el bautismo de Juan no tenía valor “legal,” “moral,” sino que tenía valor en cuanto, siendo un símbolo externo de purificación, excitaba y protestaba la “confesión de los pecados”; “y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.” (Mt 3:6). Hasta el historiador judío Flavio Josefo destaca esto: este bautismo “no era usado para expiación de crímenes, sino para la purificación del cuerpo, una vez que ya las mentes estaban purificadas por la justicia.”

Pero, en lugar de contraponer a su bautismo el de Cristo, hace el elogio de éste en contraposición consigo mismo. “Yo os bautizo en agua para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” (Mt 3,11)

Esta frase, con pequeñas modificaciones literarias, la traen los tres evangelios sinópticos, y con ello, de forma enigmática, anuncia que él sólo es el “precursor” de una persona cuya

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dignidad anuncia, pero que él no es digno de “desatarle” las correas de la sandalia. Era este oficio propio de esclavos.

8. Y YO NO LE CONOCÍA, PERO HE VENIDO A BAUTIZAR EN AGUA PARA QUE

ÉL SEA MANIFESTADO A ISRAEL.

Este a quien él precede “está en medio de vosotros,” y vosotros “no le conocéis.” Es ello una alusión al tema mesiánico conocido en Israel. Según creencia popular, el Mesías, antes de su aparición, estaría oculto en algún lugar desconocido. Llama así la atención mesiánica sobre Cristo, conforme a la creencia ambiental. Luego dirá el Bautista cómo supo él que Cristo era el Mesías: “Y yo no le conocía”, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel. Y Juan dio testimonio diciendo: He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: "Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo." Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios. (Jn 1:31-34). Por eso, si Cristo está oculto, el que los judíos no le conozcan no es reproche. Precisamente la misión del Bautista es presentarlo a Israel. Así evocaba la creencia ambiental en el Mesías oculto, Cristo, y en Elías “precursor,” cuya función realizaba el Bautista: “hasta Juan profetizaron. Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir. El que tenga oídos, que oiga”. (Mt 11:14).

9. “VIENE DESPUÉS DE MÍ.”

Este Mesías así presentado, aún lo califica más al decir que “viene después de mí.” Es la alusión al pasaje de Malaquías (Mal 3:1), sobre un heraldo y Yahvé, y que la tradición judía interpretó del Mesías y de Elías, el “precursor.” Si aquí el Bautista no usa el nombre del que “viene” como sinónimo de Mesías, fácilmente se piensa en él, y no sólo por exigencia del contexto. Pues el Bautista, cuando manda a sus discípulos a preguntar a Cristo si él es el Mesías, les hará decir: Si eres tú “el que viene” (Mt 11:3). En Malaquías, el que “vendrá” es Yahvé (cf. Mal 3).

El evangelista localiza esta escena “en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.” Sin embargo, el nombre de la localidad en la que Juan bautizaba no es dado uniformemente por los códices, que se dividen entre Betania (casa de la barca) y Betabara (casa del paso). Ya Orígenes atestiguaba que la mayor parte de los códices leían así. Aunque él aceptaba la lección de Betabara, porque en la onomástica de esta región no se encontraban huellas del primer nombre.

10. HE AQUÍ EL CORDERO DE DIOS

Viendo Juan Bautista que Cristo se acerca en dirección a él, aunque podría referirse al momento en que Cristo se acerca para recibir el bautismo, y posiblemente después del mismo bautismo, hace ante el auditorio otro anuncio oficial de quién es Cristo, diciendo: “He aquí el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo.”

También se relata que con él estaban “dos de sus discípulos.” Es conocida por elΝ.Τ. la existencia de un círculo de “discípulos” del Bautista: Entonces se le acercan los discípulos de Juan”. (Mt 9:14). Ante ellos, el Bautista, viendo que Jesús “pasaba” por allí cerca, “fijó los ojos en El,” y testificó ante estos discípulos que era “el Cordero (Siervo) de Dios.” Esta testificación ante estos dos discípulos parece ser un indicio de que éstos no estaban con él cuando testificó lo mismo ante un auditorio innominado, ya que, al mostrarlo así como el Mesías, le hubiesen, probablemente, seguido entonces.

Y sucedió que al punto de “oír” proclamar al Bautista a Cristo como el “Cordero / Siervo de Dios” (Mesías), “siguieron a Jesús.” Conociendo Cristo, “al volverse,” que le seguían, pero

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un “seguirle” que le hizo saber que le buscaban a El, les preguntó: “¿Qué buscáis?”. Le dijeron: “Rabí,” que quiere decir Maestro, ¿dónde moras?” El título de rabí o maestro de la Ley sólo lo tenían oficialmente los “rabís” que lo habían recibido de la autoridad religiosa después de un largo aprendizaje de años. Pero todo el que tenía discípulos era llamado “rabí.”. Se lo usa como título de cortesía. Frecuentemente aparece Cristo llamado así por diversas gentes (Mt 17:24, etc.).

Aquellos discípulos del Bautista requerían tiempo y profunda intimidad en lo que querían tratar con él. No era oportuno tratarlo allí entre las turbas que venían al bautismo de Juan. ¿Sería ello un indicio de ofrecimiento indirecto a seguirle como discípulos? Se diría lo más probable. Pues viviendo en un “círculo” de orientación al Mesías, bajo la dependencia del Bautista, se explicaría bien que, al ser mostrado por éste, se quisieran incorporar a lo que orientaba su vida de “discípulos de Juan.”

La respuesta de Cristo fue: “Venid y ved” Ante esta invitación, estos discípulos fueron y se quedaron con El “aquel día.” Y se señala que era “como la hora décima.” El evangelista da el nombre de uno de estos dos discípulos del Bautista. Era Andrés, hermano de Simón Pedro.

11. “ES PRECISO QUE ÉL CREZCA Y QUE YO DISMINUYA.”

Después de esto, se fue Jesús con sus discípulos al país de Judea; y allí se estaba con ellos y bautizaba. Juan también estaba bautizando en Ainón, cerca de Salim, porque había allí mucha agua, y la gente acudía y se bautizaba. Pues todavía Juan no había sido metido en la cárcel. Se suscitó una discusión entre los discípulos de Juan y un judío acerca de la purificación. 26 Fueron, pues, donde Juan y le dijeron: “Rabbí, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, aquel de quien diste testimonio, mira, está bautizando y todos se van a él.”Juan respondió: Nadie puede recibir nada si no se le ha dado del cielo. Vosotros mismos me sois testigos de que dije: "Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado

delante de él."….Esta es, pues, mi alegría, que ha alcanzado su plenitud… Es preciso que él crezca y que yo disminuya. (Jn 2, 22-30)

La providencia de Dios tiene sus planes. Bien se lo dijo el mismo Cristo al Bautista (Mt 3:15). El hombre no debe intentar arrogarse lo que Dios no le tiene concedido. El Bautista tenía encomendada una misión del cielo. “Hubo un hombre enviado de Dios, de nombre Juan,” que “vino a dar testimonio de la luz” (Jn 1:6.7). En ella debía moverse, y ajustarse sólo a esta obra.

Conforme a este don recibido del cielo actúa. No se arroga poderes que no tiene ni se deja halagar por el triunfo que despierta su misión. El heraldo desaparece a la hora de la visita del rey. Pero desaparece con el más profundo placer al ver cumplida su misión y la presencia del Mesías. “Es preciso que él crezca y que yo disminuya.”

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