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SANTA CLARA DE AVEDILLO

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Academic year: 2020

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Santa Clara de Avedillo es una de las localidades que forman parte de la Tierra del Vino. Se localiza a 20 km al sur de Zamora, ocupando un altozano que emerge en medio de amplios campos de cereal, entre los que el viñedo que dio nombre a la comarca es mucho más escaso que en siglos pasados.

Nombrado en origen simplemente como Avedillo, o más bien como Viadello oAviadello –sin confundir con Avedillo de Sanabria–, el lugar entra en la Historia en el siglo XII.

Justinia-no Rodríguez encuadra su origen dentro de la política institucional de Fernando II y de Alfon-so IX de reforzar el eje estratégico que suponía la antigua Vía de la Plata, una tarea en la que encontrarán un excelente colaborador en el obispo zamorano Guillermo, quien el día prime-ro de abril de 1176 concede un fueprime-ro a los pobladores y heredeprime-rosde villa que vocatur Aviadello. Debía hallarse esta fundación en territorio real, según señala el mismo autor, pues un mes des-pués el mismo rey Fernando II, conjuntamente con su hijo y heredero Alfonso, hacen dona-ción a la catedral y al obispo de esa villa, a la vez que exime de todos los derechos reales. Unos años más tarde, en 1193, surge un pleito sobre la propiedad de la villa, que reclamaba María Vélez y sus hermanos, aunque finalmente, con intervención de Alfonso IX, se resuelve a favor del cabildo catedralicio, admitiendo la parte contraria la donación realizada por Fernando II. En otro documento, suscrito ese mismo año, los hermanos María y Pedro Vélez acaban cediendo al obispo todos los derechos que tenían en Santa Clara de Avedillo y a cambio los canónigos ofrecen a la señora un pago anual y vitalicio de diez áureos anuales, a entregar el día de San Martín.

Desde esa fecha de 1193 Santa Clara de Avedillo se constituye en “villa cameral”, es decir, un lugar en el que el cabildo ejerce no sólo jurisdicción eclesiástica sino también civil y cri-minal, bajo la férula de un alcalde mayor que dirimía los distintos asuntos en la audiencia pública del pórtico de la catedral.

En 1210 de nuevo Alfonso IX exime a los habitantes de la villa del pago de comestión, pecho y pedido, pero serán precisamente los distintos tributos que genere el lugar los que se convertirán en objeto de algunos litigios en los años siguientes. Así, de nuevo en 1219 el mismo rey ordena al cabildo zamorano que no muevan pleito con los hombres de Santa Clara de Avedillo, una vez que se ha llegado a un acuerdo entre los vecinos de Venialbo y el citado cabildo sobre los diezmos y primicias de Avedillo. En 1222 es el obispo Martín II quien dicta sentencia en el pleito que mantienen el canónigo F. de Juan y Eviardo, prior de la Orden del Santo Sepulcro, sobre los diezmos de esta villa y de Fuentespreadas, concluyendo que no se saquen diezmos de Avedillo aunque sus tierras sean cultivadas por forasteros, mientras que los habitantes de Santa Clara que trabajen en Fuentespreadas deben dar la mitad de los diezmos a la parroquia de la que proceden.

La villa sigue apareciendo con cierta frecuencia en la documentación catedralicia a lo largo de todo el siglo XIII, bien en distintos contratos de compra-venta o donaciones, bien con

algún pequeño conflicto sobre los derechos que generaba la iglesia. En 1251 el chantre Gar-cía Peláez dona una cuba y un corral que tenía aquí a la iglesia de San Giminiano del Oyolo, de Gema; en 1270 el obispo don Suero debe mediar entre el cabildo y el clérigo Pedro de Saltu a causa de los derechos espirituales y temporales de la iglesia; en 1284 se ejecuta una sentencia a favor del judío Habrafán Catalán sobre la deuda que con él tenía contraída el difunto Fernán Potas, vendiendo las propiedades de éste en Santa Clara de Avedillo al arce-diano de Zamora Pedro Anáez, quien a su vez, en 1289, dona al chantre Pedro Pérez, al deán Alfonso Pérez y al cabildo todo lo que tiene en esta villa y en Carrascal. Otros documentos suscritos en los siglo XIV,XVo comienzos del XVItienen ya menor interés.

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Apenas a 5 km de aquí se encontraba el monasterio cisterciense de Santa María de Val-paraíso, por lo que cabía esperar que tal casa tuviera numerosas posesiones en la villa, pero sólo tenemos constancia de una donación, llevada a cabo en el año 1238, siendo el benefac-tor un tal don Alfonso y el objeto una heredad que llaman Melgar. Sin embargo a fines del medievo algunos vecinos de Avedillo o el propio cura firman como testigos en algunos docu-mentos de ese monasterio.

L

A IGLESIA, EN PLENO CASERÍO, ocupa la cota más alta,

con pendientes hacia el este y norte, donde existe un abancalamiento, cerrándose por los lados con-trarios con un atrio cuyas piedras proceden de los restos de la iglesia de Fuentelcarnero y del monasterio de Valpa-raíso. El edificio, de sillería arenisca fina y dorada, de can-teras cercanas, tiene cabecera cuadrada, con dos sacristías

contiguas adosadas al sur, gran nave de cuatro tramos y muros revocados, con portada a mediodía y espadaña a los pies, una fábrica que prácticamente en su totalidad puede fecharse a partir del siglo XVI. Así, los Libros de Fábrica, regis-tran la construcción de la cabecera y de la sacristía nueva entre los años 1628 y 1632, por manda testamentaria de un clérigo indiano fallecido en 1620, cuyos restos fueron

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

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Planta

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trasladados al muro del evangelio de la capilla mayor una vez finalizada la obra. A pesar de tan profundas modificaciones la portada reutiliza en su construcción piezas de otra ante-rior románica y la espadaña pudiera remontarse también a aquel momento, mientras que en la sacristía vieja volvemos a encontrar algunos restos del más antiguo paramento.

La portada se halla a mediodía, en el tercer tramo de la nave, flanqueada por contrafuertes y a paño con el muro, aunque lo que en origen parece que fueron tres arquivoltas de medio punto que aportaban abocinamiento a la entrada, son hoy tres líneas de dovelas superpuestas, casi al mismo nivel. La interior es lisa y las otras dos aparecen decoradas con grandes dientes de sierra de aristas recorridas por bocel, descansando todas conjuntamente en simples jambas.

En el interior de la sacristía vieja, adosada al muro de la epístola del primer tramo de la nave, se conserva el muro románico, hecho en perfecta sillería. Conserva dos saete-ras, una inferior in situ y otra más alta que debe ser con-temporánea pero que parece desplazada de su lugar origi-nal. Del alero se mantienen cinco canes, aunque sólo dos completos, uno con cabeza de suido y otro de bóvido, ambos de buena factura, mientras que una puerta cegada, inscrita en medio del muro, sería la que comunicaba esta dependencia con la iglesia y por tanto es posterior. Tam-bién son originales los restos de un contrafuerte, con pre-sencia de bocel, inscrito en el muro donde se abre la puer-ta occidenpuer-tal de espuer-ta sacristía.

Otro de los elementos que creemos que puede ser románico es la espadaña, de casi 2,5 m de espesor y que ocupa el hastial de la nave. Tienen un alto cuerpo macizo –con ventanal posmedieval– que en su parte alta remata lateralmente a chaflán y se quiebra para dar paso a un pequeño sector ligeramente más alto y rematado a piñón. Presenta dos sencillos vanos de medio punto para las cam-panas sobre los que se dispone otro más pequeño del mismo tipo, mientras que aparecen restos de numerosos canzorros repartidos por todo el muro. No es fácil adscri-bir una pieza de estas características a época románica, dado que el tipo constructivo es utilizado de forma casi permanente en muchas iglesias zamoranas del mundo rural, especialmente en la comarca sayaguesa. Si en este caso nos decantamos por datarla en aquel momento es por la presencia de numerosas marcas de cantero en sus silla-res –aunque no son iguales a las que conservan los silla-restos del muro que hemos visto dentro de la sacristía vieja– y por el hecho de que su fábrica es claramente independien-te del resto de la nave y anindependien-terior a la misma, si bien ambos son argumentos en modo alguno concluyentes.

En cuanto a su cronología, los únicos elementos sus-ceptibles de ser valorados son prácticamente los arcos de la portada, cuyos característicos chevrons siguen una fór-mula que se repite en incontables edificios de toda la Cris-tiandad en el entorno de 1200, y que en tierras zamoranas encontramos en la benaventana iglesia de San Juan del Mercado y en la capitalina de Santa María de la Horta.

En el interior del templo se conserva un Cristo de hacia 1300, una pila bautismal tardogótica y una pila aguaben-ditera de difícil clasificación, aunque pudiera ser medieval.

Texto y fotos: JNG - Planos: BGL

Bibliografía

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-TÍN, Á., 1981, p. 167; ENRÍQUEZ DE SALAMANCA, C., 1998, p. 134;

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Referencias

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