Condito y Scenna. Enunciado y sobreentendido

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Texto completo

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

CÁTEDRA

LINGÜÍSTICA y DISCURSIVIDAD SOCIAL

AÑO 2016

Cuaderno: Enunciado y sobreentendido

Serie

Estudios del Lenguaje

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2 Enunciado y sobreentendido

Vanesa Condito y Julieta Scenna

0. Introducción

Sabemos que no el desocupado jardinero Adán, sino el Diablo –esa pifiadora culebra, ese inventor de la equivocación y de la aventura, ese carozodel azar, ese eclipse de ángel– fue el que bautizó las cosas del mundo. Sabemos que el lenguaje es como la luna y tiene su hemisferio de sombra.

J.L. Borges (1928)

Nos miramos y enseguida supe lo que necesitaba”, “dijo una cosa pero todos sabemos en

realidad lo que estaba diciéndonos”, “ahí, en tal situación y con ese tono, es obvio”, “te

das cuenta de lo que va a decir apenas abre la boca” son algunas posibles expresiones que

comúnmente circulan aludiendo a nuestros intercambios verbales –desde los más cotidianos

e informales hasta instancias más complejas y elaboradas– y que tienen como denominador

común evidenciar que no todo lo que decimos está efectivamente dicho y, sin embargo, es

posible comprendernos. Resulta, entonces, que nuestra palabra dice siempre algo “más” de

lo que en apariencia dice y que ello es, con frecuencia, interpretable sin demasiadas

dificultades. De modo intuitivo y preteórico, podríamos preguntarnos: ¿cómo se puede

explicar esta posibilidad del lenguaje? ¿Siempre opera del mismo modo? ¿Cuáles serían los

alcances de aquello que no se verbaliza y que se sobreentiende? ¿Es meramente un “plus”

de sentido que se interpreta a voluntad o, por lo contrario, constituye una base fundamental

de todas nuestras interacciones verbales?

El presente Cuaderno tiene como principal objetivo abordar "lo sobreentendido" en el

lenguaje de acuerdo con los presupuestos de Valentín Voloshinov y Mijaíl Bajtín que la

cátedra de Lingüística y Discursividad Social (Facultad de Psicología, UNR) refiere como

"punto de vista sociológico".

El recorrido que proponemos comienza con el desarrollo de los lineamientos fundamentales

sostenidos por esta concepción del lenguaje (1.). Luego, en el segundo apartado (2.),

presentamos la caracterización del signo ideológico, piedra angular para comprender qué es

el sobreentendido y cómo se suscita. En el tercer y último apartado (3.) focalizamos en la

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entonación. Anexamos, además, un corpus de enunciados a partir de los cuales propiciamos

instancias de análisis desde algunos de los supuestos teóricos formulados.

1. Punto de vista sociológico: lacomunicación discursiva

Los escritos de V. Voloshinov y M. Bajtín producidos entre 1920 y 1950 en la ex Unión

Soviética han suscitado diversas polémicas y discusiones tanto en relación con su autoría e

identidad como en lo que concierne a sus respectivas filiaciones teórico-epistemológicas1. Si bien ello excede el presente Cuaderno, conviene precisar que, más allá de tales disputas,

es posible interpretar en varias de sus formulaciones2 un proyecto teórico común que permite encuadrarlas como parte de un mismo punto de vista, esto es, una consideración

sociológica y cultural del lenguaje orientada por los presupuestos del materialismo

dialéctico.3

Ahora bien, para poder situar sus rasgos centrales, en primer lugar, cabría precisar que

ambos autores sostienen, en distintas instancias, que su posicionamiento teórico supone

alejarse tanto de las lecturas “psicologistas-subjetivistas” –correspondientes a las

perspectivas idealistas y románticas de Humboldt y Vossler4– como de las “formalistas-objetivistas” –cuyo principal referente es Saussure y, posteriormente, los representantes del

punto de vista estructural– puesto que ambas incurren, según su criterio, en el mismo

problema de simplificación y atomización de un fenómeno que es fundamentalmente

histórico, complejo y en permanente dinamismo. En palabras de Voloshinov:

1Cfr. Riestra (comp.) (2010); Silvestri y Blank (1993); Todorov (1991).

2En este escrito nos basamos fundamentalmente en las siguientes publicaciones: Voloshinov. (1999 [1927]);

(1993 [1929 a]), (2009 [1929 b]); Bajtín, (1982 [1953]). Mantenemos la referencia autoral con que las obras fueron publicadas en sus respectivas primeras ediciones.

3 Voloshinov, en El marxismo y la filosofía del lenguaje (1929), subraya fundacionalmente su objetivo de

modo explícito: “la modesta tarea de señalar sólo el sentido general de un pensamiento lingüístico auténticamente marxista, así como aquellas pautas metodológicas a las cuales tal pensamiento habría de sujetarse en su enfoque de los problemas lingüísticos concretos” (2009 [1929 b]: 17).

4 Voloshinov realiza una revisión crítica de los postulados teóricos de ambos autores –en la que presenta el

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4 El discurso es un hecho social; no está autocontenido como una magnitud lingüística abstracta, ni es posible derivarlo psicológicamente de la conciencia subjetiva del locutor considerándola aisladamente. Por lo tanto yerran por igual el enfoque lingüístico formal y el enfoque psicológico (Voloshinov: 1999 [1927]; 184).

Así, lo que esta perspectiva se propone es estudiar el lenguaje en relación con la praxis

social –siempre en tensión, plural y diversa– en cuyo seno éste se produce y circula dado

que el lenguaje es concebido en términos de materialización de la comunicación discursiva:

sumodo de existencia se presenta siempre en forma de enunciados concretos inscritos en

una dinámica interactiva de naturaleza sociocultural. Es decir, el punto de vista sociológico

cuestiona tanto la consideración del lenguaje como un sistema de formas unívocas pasibles

de describirse en términos inmanentes5 como su consideración en términos de expresión de la subjetividad o conciencia individual aislada. Frente a ello, se propone que la realidad del

lenguaje es “el acontecimiento social de interacción discursiva, llevada a cabo mediante la

enunciación y plasmada en enunciados” (Voloshinov, 2009 [1929 b.]: 152).

Dicho de otro modo, para este punto de vista teórico el lenguaje es inescindible de la

realidad social que lo engendra. Esto es así, principalmente, puesto que la relación que se

plantea entre lenguaje y praxis social es concebida en términos dialécticos: “el lenguaje

participa en la vida social a través de enunciados concretos que la realizan, así como la vida

social participa del lenguaje a través de los enunciados” (Bajtín, 1982 [1953], 251).

Como se puede inferir de lo antedicho, es importante subrayar que no se trata de sostener

que el lenguaje es meramente condicionado por el “mundo” o el “contexto circundante”,

como si éste fuera un orden externo y preexistente a la comunicación discursiva: el lenguaje

materializado en enunciados encarna, sintetiza y resuelve –de diversos modos, en mayor o

menor escala y nunca en términos transparentes– determinada esfera de la praxis humana.

Asimismo, dado que la relación entre la praxis humana y el lenguaje es presentada en

términos dialécticos, es también la realidad social, histórica y cultural la que ingresa –de

modo no lineal– en la producción de enunciados. En definitiva, de lo que se trata es de

postular que lo social y lo discursivo no constituyen dos órdenes aislados puesto que no hay

realidad social sin lenguaje y no hay lenguaje sin realidad social.

5 Una descripción inmanente consiste en una descripción autosuficiente llevada a cabo a partir de los

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5

Otro aspecto a precisar es que, para este marco conceptual, el modo de formulación de la

relación entre hablante y lenguaje es de la misma naturaleza, esto es, dialéctica y sin

determinismos lineales ni subordinación de una instancia a la otra.No obstante, dado que el

lenguaje preexiste al sujeto hablante (dicho informalmente: cuando nacemos, el lenguaje

“ya está allí”) es posible sostener que se trata de una instancia primaria para la constitución

subjetiva en tanto orden de mediación. En palabras de Bajtín:

Todo lo que a mí concierne llega a mi conciencia, comenzando por mi nombre, desde el mundo exterior a partir de la palabra de los otros (la madre, etc.), con su entonación, en su tonalidad emocional y valorativa. Yo me conozco inicialmente a través de los otros: de ellos recibo palabras, formas, tonalidad, para formar una noción inicial de mí mismo. (Bajtín, 1982 [1953]: 357)

Es decir, ambos autores parten de una consideración social del sujeto hablante: se plantea

–en íntima consonancia con la propuesta coetánea de Vygotski (1934) en el campo de la

psicología6– que la realidad de la conciencia es fundamentalmente semiótica y, dado que los signos lingüísticos son de naturaleza social e ideológica7 puesto que se conforman y circulan en el seno de las actividades humanas colectivas, la conciencia de los sujetos

hablantes tiene un carácter necesariamente social:

La conciencia se construye y se realiza mediante el material sígnico, creado en el proceso de la comunicación social de un colectivo organizado. La conciencia individual se alimenta de signos, crece en base a ellos, refleja en sí su lógica y sus leyes. La lógica de la conciencia es la de la comunicación ideológica, la de la interacción sígnica en una colectividad. (Voloshinov, 2009 [1929 b.]: 32)

En síntesis, si nos centramos en los participantes de todo acto de lenguaje, esto es, en la

tríada hablante - lenguaje - mundo8, se observa cómo desde este punto de vista se sostiene una interrelación compleja y dinámica entre estas instancias y se propone que el lenguaje es

un orden social fundamental de mediación. Es decir, a diferencia de lo que puede

6

Con el fin de explicar las bases del desarrollo psicogenético (en oposición a las posturas asociacionistas y reflexológicas), Vygotski sostiene que el pensamiento consciente está mediatizado por la actividad formativa del mundo social y sus representaciones semióticas provistas al niño desde su nacimiento e inserción en un contexto sociocultural determinado: “todas las funciones psicointelectivas aparecen dos veces en el curso de desarrollo del niño: la primera vez en las actividades colectivas, en las actividades sociales, o sea, como funciones interpsíquicas; la segunda, en las actividades individuales, como propiedades internas del pensamiento del niño, o sea, como funciones intrapsíquicas. El desarrollo del lenguaje sirve como paradigma de todo el problema examinado” (Vygotski, 2007 [1934]: 36).

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interpretarse en perspectivas funcionales, comunicacionales o pragmáticas9, aquí no se plantea una relación de sumisión lineal según la cual el lenguaje copiaría de modo

transparente la “realidad” preexistente –tanto del mundo como del pensamiento o de las

intenciones humanas–. Por contrario, Bajtín y Voloshinov sostienen la interpenetración

mutua entre los órdenes, de modo tal que no hay pensamiento o conciencia ni realidad

sociohistórica organizadas sin la mediación discursiva puesto que el lenguaje existe, se

organiza, penetra, refleja y refracta todos los órdenes humanos. Por ello, puede afirmarse

que, desde esta perspectiva, el lenguaje deviene escenario en donde se manifiestan de modo

opaco los movimientos y las tensiones propias de las prácticas de los sujetos y las

instituciones sociales:

Las relaciones de producción y la formación político-social condicionada directamente por aquellas determinan todos los posibles contactos de los hombres, todas las formas y modos de su comunicación verbal: en el trabajo, en la política, en la creación ideológica. A su vez, tanto las formas como los temas de las manifestaciones discursivas están determinados por las formas y los tipos de la comunicación discursiva. (Voloshinov, 2009 [1929 b.], 41)

2.El signo ideológico

Considerados los presupuestos esbozados en 1., resulta pertinente indagar cómo

Voloshinov en Elsigno ideológico y la filosofía del lenguaje (1929) critica el concepto de

signo propuesto en Curso de Lingüística General de Ferdinand de Saussure (1916). El

razonamiento puede resumirse de este modo: si se propone que los signos son de naturaleza

social e ideológica dado que se constituyen en el seno de las actividades humanas, que

siempre son sociales e históricas, es necesario asumir que el signo lingüístico existe en y

por la interacción discursiva a la que refleja y refracta:

Todo signo se estructura entre los hombres socialmente organizados en el proceso de su interacción. Por eso las formas del signo estás determinadas ante todo tanto por la organización social de los hombres como por las condiciones más inmediatas de su interacción. En cuanto cambian las formas, cambia el signo (Voloshinov, 2010 [1929 b.] 44)

Desde la teoría saussureana el objeto “lengua” –diferenciado del “habla”, entendida como

su realización individual y material– se conceptualiza como un sistema de signos

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relativamente estable y compartido como promedio por la masa parlante. En el marco de

este sistema, los signos son entendidos como unidades inmanentes con un valor puramente

diferencial (puesto que un signo es lo que los otros no son en el interior del sistema

lingüístico). En este sentido, desde el punto vista sociológico se juzga que el objeto de

estudio delimitado por Saussure –la lengua– margina el estudio de las dimensiones

culturales en el signo lingüístico.10 Voloshinov denomina este punto de vista “objetivismo abstracto” en la medida en que “(...) la lengua como sistema de formas normativamente

idénticas no representa el modo real de la existencia del lenguaje para las conciencias de los

individuos que la hablan” (Voloshinov, 2009 [1929 b]: 113) por lo que la escisión de la

lengua del lenguaje y su diferenciación respecto del habla es tomada como una abstracción

teórica innecesaria: el individuo habla mediante enunciados –siempre situados social y

culturalmente– y no mediante las formas puras inmanentes al sistema.

En consecuencia, el lingüista ruso sostiene que la lengua materna implica para los hablantes

la comprensión de los significados en la interacción verbal y no el reconocimiento de

elementos idénticos. Presuponer que reconocemos siempre el mismo significado es asumir

que el lenguaje es transparente y unívoco en un punto en el tiempo, y que, por lo tanto, los

significados son invariables. En oposición, al sostener que cada significación es única e

irrepetible, se asume la existencia de sentidos11 múltiples y cambiantes.

Como sabemos, cada palabra es una pequeña arena de cruce y lucha de los acentos sociales de diversas orientaciones. La palabra en los labios de un individuo aislado aparece como producto de interacción de las fuerzas sociales vivas. (Voloshinov, 2010 [1929 b.] 73)

Detengámonos, por caso, sobre la palabra “negros”, de uso tan extendido en la zona de

Rosario en diversas esferas de la práctica social. Cabe preguntarnos si comprendemos el

mismo sentido cuando Pablo Lescano, cantante de cumbia villera, en un recital en un

boliche bailable arenga a su público presente: “las manos de todos los negros arriba”, que cuando leemos “Esta republiqueta marron (sic) excremento tiene los lideres (sic) que se merece, negros de mierda (…)” formulado en la sección “Comentarios” de la página web

del diario Clarín por parte de un lector de clase media dirigido a sus presuntos pares

10

Cfr. Mondino (2011).

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8

también lectores del diario, ante la noticia de un incidente policial sucedido en La Rioja.12 Sin duda que no. Mientras que en el enunciado de Lescano, el signo “negros” reivindica

una identidad positiva, en el comentario virtual es un insulto.

Como puede inferirse a partir de los ejemplos, para este marco conceptual las valoraciones

ideológicas de los signos no son producto de una subjetividad individual sino que se

engendran dialécticamente en el proceso singular y objetivo de la comunicación social.13 De esta forma, el signo no puede ser concebido sino en relación con el contexto; contexto

que, desde este punto de vista teórico, implica no sólo una dimensión espacial o temporal

sino también ideológica y cultural. Todo signo, entonces, registra su ubicuidad social en

tanto modo de expresión valorativa, lo que equivale a afirmar que no hay neutralidad

posible en el terreno del lenguaje. Más aún, el signo es ideológico porque no puede

“escapar” de las múltiples orientaciones que representa.

El planteo del punto de vista sociológico, por tanto, sostiene que, dado que la palabra

circula, porta diferentes sentidos cuya comprensión es dependiente de la esfera social, el

momento enunciativo, el interlocutor y el contexto espacio-temporal. Asimismo, se afirma

que para comprender el sentido específico y singular de la palabra es necesaria su

percepción en el marco de la totalidad del enunciado en el que se formula. Nos

detendremos en ello en el siguiente apartado.

3. Del sobreentendido en el enunciado

Grafitien el barrio La Sexta, Rosario: Acá SÍ se alienta Grafiti en el barrio de Arroyito, Rosario: Pecho, pintá tu barrio

Voloshinov caracteriza un enunciado en términos de “un todo significativo [que]

comprende dos partes: 1) la parte realizada o actualizada en palabras, y 2) la parte

presupuesta. Sobre esta base es posible asemejarlo al entimema”. (Voloshinov, 1999

[1927]: 177).

Un entimema es una forma de silogismo en el que una de sus partes (premisas) no es

enunciada sino presupuesta.14 Sin embargo, el autor explicita que si bien el enunciado se

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9

puede comparar con un entimema, la comparación tiene sus límites: el enunciado es un

entimema en la medida en que siempre, como parte de su misma composición, posee una

parte presupuesta o sobreentendida,15 pero deja de serlo en la medida en que este aspecto es siempre de carácter social y objetivo –no psicológico y subjetivo, ni lógico-formal como

podría llegar a creerse–. De ello se desprende el carácter social y objetivo del

sobreentendido. Por un lado, es social puesto que consiste en un conjunto de evaluaciones

compartidas por los interlocutores en determinada esfera de la praxis humana16 y, por otro lado, se caracteriza como objetivo, puesto que tales evaluaciones son engendradas en y por

las condiciones materiales en que surge y se desarrolla la interacción17, esto es, la situación extraverbal.

Pues bien, asumido que el lenguaje se presenta en forma de comunicación discursiva

(apartado 1.) y que el signo lingüístico es inherentemente ideológico (apartado 2.), también,

es posible sostener que toda emisión por mínima que sea (desde una onomatopeya, un

silencio, una palabra o una frase) conforma un enunciado. Desde esta perspectiva se

rechaza la oración como unidad de análisis dado que se la considera una unidad lingüística

puramente formal-gramatical, despojada de las condiciones materiales de producción y

carente de atribución de propiedad o anclaje en la contextura temporal y espacial, por lo

que deviene un constructo artificial desprovisto de valor explicativo. Frente a ello, lo que se

propone como dominio de análisis es el enunciado. En efecto, en estrecha consonancia con

la definición de Voloshinov, Bajtín sostiene que el enunciado es “la unidad real de la comunicación discursiva” (1982 [1953], 259), siempre único e irrepetible.18

14 Por ejemplo: Los vegetarianos no consumen carne. Por tanto, los vegetarianos gozan de buena salud. En

este caso, la premisa que no se explicita sino que se presupone es Todas las personas que no consumen carne gozan de buena salud.

15Alternamos el empleo de “sobreentendido” con el de “presupuesto” dado que en las traducciones de las

obras de Bajtín y Voloshinov al español se utilizan los dos términos para la misma categoría. 16

“Los juicios de valor presupuestos no son emociones individuales sino actos sociales regulares y esenciales. Las emociones individuales solo pueden entrar en juego como resonancias que acompañan al tono básico de la evaluación social. El ‘yo’ sólo puede realizarse sobre la base de un ‘nosotros’” (Voloshinov, 1999 [1927]: 178).

17 “(…) este fenómeno fundamentalmente social es completamente objetivo; consiste sobre todo en la unidad material del mundo que entra en el campo del locutor (…) y en la unidad de las condiciones reales de la vida, que genera una comunidad de juicios de valor” (ibíd.).

18 “La lengua y la comunicación discursiva (como un intercambio dialógico de enunciados) nunca han de ser

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Una de las propiedades constitutivas del enunciado mencionadas por Bajtín19 que nos interesa particularmente retomar –en virtud del tema del presente escrito– es la

“expresividad”: propiedad fundamental al momento de caracterizar el sobreentendido en el

enunciado. En efecto, todo enunciado siempre está dotado de expresividad en tanto

evaluación social de la situación extraverbal en y por la que se produce: es una toma de

posición ante el tema del enunciado, una determinada actitud ante el interlocutor, y un

posicionamiento ante los enunciados ajenos con los que “dialoga”. En definitiva, se trata de

sostener que “no se puede construir un enunciado sin valoración. Cada enunciado es, sobre todo, una orientación axiológica” (Voloshinov, 2009 [1929a]: 168).

Ahora bien, cabría preguntarse de qué manera se manifiesta la expresividad, esto es, si se

halla explícitamente verbalizada a modo de “tema”, o bien, si es parte de esos aspectos –en

apariencia– no dichos. Pese a que, como luego veremos, es posible que en determinadas

interacciones sociales los aspectos valorativos y expresivos del enunciado aparezcan

tematizados, ello no es lo más frecuente y se produce sólo en instancias en que los

participantes del intercambio no comparten o no pertenecen a la misma esfera de la práctica

humana. Lo más usual es que, en efecto, estos aspectos constituyan la parte sobreentendida

del enunciado: una base común de juicios de valor que, en cuanto tales, no necesitan ser

verbalizados por los interlocutores para ser captados. Sin embargo, lo expuesto no pretende

sostener que el sobreentendido constituya un aspecto “secundario” o facultativo, o que no

tenga materialización20 alguna en el enunciado, sino todo lo contrario: los sobreentendidos están en la base de la construcción de todo enunciado –justamente, como uno de sus

componentes– y determinan la totalidad de su organización formal.

enunciado (o su parte), ni una sola oración, aunque esté compuesta de una sola palabra, puede ser jamás repetida: en este caso siempre se trata de un enunciado nuevo” (Bajtín, 1982 [1953]: 296).

19 Como propiedades constitutivas del enunciado Bajtín (1953) propone: su pertenencia a un género

discursivo –en tanto que producido y organizado en una determinada esfera de la praxis humana–, sus fronteras –delimitadas por el cambio de los sujetos discursivos–, el estar dotado de conclusividad –puesto que el enunciado tiene un carácter de totalidad conclusa–, el dialogismo –responsividad y orientación de todo enunciado en relación con enunciados ajenos que lo preceden y suceden–, y la expresividad –actitud evaluativa de naturaleza sociológica–. Para profundizar un tratamiento particular sobre los alcances de esta caracterización del enunciado, recomendamos Piacenza (2016). Cuaderno: Géneros discursivos y enunciación. Serie: Estudios del Lenguaje. Cátedra Lingüística y discursividad social, Facultad de Psicología, UNR.

20“(...) el contenido y el significado de una enunciación necesitan de una forma que los realice, que los

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11

En síntesis, teniendo en cuenta lo antedicho, el sobreentendido es una parte constitutiva del

enunciado, no verbalizada y correspondiente a la valoración, orientación y expresividad de

lo dicho en y por determinada situación extraverbal.

Analicemos, por ejemplo, una frase como “Mi amor, ¿te llevo?”que, aislada como oración

interrogativa, es una mera abstracción teórica. Ahora bien, si contextualizamos el

enunciado como “¡Mi amorrrr!, ¿te llevo?” bajo la suposición de que fue gritado en tono

libidinoso –de ahí el énfasis en la pronunciación de la vibrante múltiple /r/– por un hombre

adulto, desde la ventanilla de su auto a las tres de la mañana por una calle oscura de

Rosario, podemos comprender mejor por qué una mujer que camina sola por la misma calle

apresura su paso como respuesta instantánea al escucharlo. En virtud de los cánones de una

cultura patriarcal/machista, esa mujer se sintió acosada por la materialidad misma del

enunciado.21

Se evidencia, entonces, que desde esta perspectiva se sostiene la no-identidad en el lenguaje

puesto que no existen significados universales y atemporales sino sentidos particulares

relativos a los enunciados, siempre situados, históricos y socialmente orientados. El

enunciado que aquí trabajamos tendrá tantos sobreentendidos como veces sea proferido

dado que cada vez que se pronuncia se actualizan las condiciones en que se engendra y, en

consecuencia, es una nueva expresión: un nuevo enunciado.

Lo analizado también nos permite poner de manifiesto que los tonos, los gestos, las

expresiones lingüísticas, los apodos, los diseños22, no son un “plus” que se agrega sino que son parte constitutiva de la interacción discursiva –siempre social e ideológica–.

A propósito de la relación entre sobreentendido y situación o contexto extraverbal,

conviene precisar que no es en absoluto la de “incidencia” o “influencia” en la medida en

que ello supondría una consideración del contexto en términos de factor externo y ajeno a

la dinámica discursiva. Por lo contrario, en virtud de que desde este punto de vista el

lenguaje se manifiesta como interacción discursiva, la situación –que, como dijimos, no se

reduce a parámetros espacio-temporales sino a la totalidad de los condicionamientos

ideológicos y restricciones sociales que organizan determinado ámbito cultural– es parte

constitutiva del enunciado desde su propia génesis e ingresa, justamente, como

21Para analizar un caso análogo, sugerimos el fragmento del texto “Solas” que se encuentra en el Anexo,

punto II.

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12

evaluaciones sobreentendidas: “el discurso no refleja en absoluto la situación extraverbal

del mismo modo que un espejo refleja un objeto. El discurso resuelve la situación,

llevándola a una conclusión evaluativa (Voloshinov, 1999 [1927]: 176). En concreto, ello

significa que el enunciado antes trabajado presenta una resolución de las condiciones

culturales e ideológicas que atraviesan a los interlocutores –sean o no conscientes de ello–,

esto es, que los hombres pueden abordar a una mujer cuando lo deseen, que la presencia de

una mujer sola habilita ese abordaje y, al mismo tiempo, que tal interlocución en las

circunstancias descriptas puede devenir peligroso para una mujer.

Por otra parte, si bien esta conclusión evaluativa o expresividad ideológica del enunciado

constituye su parte presupuesta, ello no implica que no podamos encontrar sus marcas en el

enunciado. Es decir, aunque en la mayoría de nuestras expresiones este aspecto evaluativo

no se verbalice en tanto que contenido temático, sí es identificable en la organización

formal del enunciado y fundamentalmente en lo que Bajtín y Voloshinov denominan

“entonación”. La entonación expresiva es definida como la expresión sonora de la valoración social: “(…) es un rasgo constitutivo del enunciado. No existe dentro del sistema

de la lengua, es decir, fuera del enunciado. Tanto la palabra como la oración como unidades

de la lengua carecen de entonación expresiva” (Bajtín, 1982 [1953]: 272).

Asimismo, cabe destacar que la entonación se presenta siempre como doblemente

orientada: supone una toma de posición orientada tanto al interlocutor –aliado o testigo–

como al objeto o tema del enunciado –al que la entonación evalúa y califica–.

La pertenencia de los interlocutores a una misma esfera ideológica y su respectiva

comprensión y evaluación común de la situación extraverbal, así, deviene fundamental para

poder captar la entonación expresiva que sostiene la parte sobreentendida del enunciado.

En este sentido, piénsese, por ejemplo, en la dificultad para “escuchar” el tono irónico en el enunciado “No cruces la General Paz corriendo de madrugada y descalzo. Podés desaparecer por cinco años y ocho meses. Respetá las órdenes de la policía”23

si el

interlocutor desconociera la esfera de la práctica en que se formula: una revista de humor

(“políticamente incorrecto” e, incluso, “humor negro”) como es la Revista Barcelona.

Tampoco se captaría tal entonación irónica si el interlocutor no compartiera la misma (o

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13

similar) evaluación negativa respecto del accionar del Estado y de la Policía en relación con

la desaparición forzada de Luciano Arruga a la que alude el enunciado.

Al respecto, Voloshinov plantea que cuando los sobreentendidos pasan de los caracteres

formales –como la entonación– al contenido temático del enunciado –es decir, si se torna

necesaria su “justificación” verbal– es porque hay una reevaluación de los juicios de valor

sobreentendidos en perspectiva, o bien por el hecho de que los interlocutores no comparten

la esfera de la práctica –y, por ende, sus juicios de valor– en que se realiza el enunciado: “la

entonación solo puede ser acabadamente entendida cuando uno está en contacto con los

juicios de valor presupuestos del grupo social, sea cual fuere la dimensión de ese grupo”

(Voloshinov, 1999 [1927]: 180).

Por ejemplo, cuando a Karina Rabolini, esposa del excandidato presidencial, Daniel Scioli,

entrevistada en el marco de la campaña electoral (octubre de 2015) le preguntan “¿Cuándo diría que empezó su interés en la política?” –enunciado cuyo sobreentendido, en este

contexto, es su presunta activa participación en el ámbito público– su respuesta es una

repregunta en la que demandala tematización y ampliación de “interés en la política” de

modo tal que se pone de manifiesto que los interlocutores no comparten por completo la

misma esfera de la praxis humana.24

Por otra parte, y volviendo a la manifestación formal de los sobreentendidos, aunque la

entonación pareciera restringirse a la verbalización propia de enunciados orales, se trata de

una dimensión presente en todos los enunciados, ya sean orales o escritos: “(…) desde

luego la percibimos y desde luego existe como factor estilístico en la lectura silenciosa del

discurso escrito” (Bajtín, 1982 [1953]: 272.). De cualquier forma, es necesario subrayar que

la entonación es, aunque el más evidente, solo uno de los aspectos en que se presentan los

juicios de valor sobrentendidos:

No sólo la entonación sino la totalidad de la estructura formal del habla depende en una medida importante de la relación de la manifestación verbal con la comunidad presupuesta de los valores propios del ambiente social en el que aparece el discurso (Voloshinov, 1999 [1927]: 181).

24 Recomendamos la lectura en el Anexo el fragmento de la entrevista referida puesto que es posible leer el

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14

Lo expuesto y analizado hasta aquí nos permite sintetizar, entonces, que los

sobreentendidos son los juicios de valor o evaluaciones ideológicas constitutivas de

determinada situación extraverbal que componen todo enunciado y determinan su

organización formal –fundamentalmente su entonación expresiva–. Dicho de un modo más

general, el sobreentendido, componente constitutivo de todo enunciado, es siempre

ideología social que emerge de la práctica humana en toda su complejidad; ideología que,

desde este punto de vista teórico, no puede sino ser materia semiótica y, fundamentalmente,

materia verbal. En palabras de Voloshinov y para concluir:

(15)

15 ANEXO

I.

Llegamos los pibes chorros, de Pibes chorros

Llegamos los pibes chorros

queremos las manos de todos arriba

porque al primero que se haga el ortiva por pancho y careta le vamos a dar (…)

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16 II.

III.

Viernes, 4 de marzo de 2016

Urbanidades

Solas

Por Marta Dillon

Éramos tres mujeres fumando en la puerta de un bar a una cuadra de la avenida Corrientes: habíamos tomado unas copas de vino, nos reíamos entre nosotras apoyadas en la pared, alternando carcajadas con ese tipo de charla cómplice que nos obligaba a acercar oídos y bocas para no perdernos nada de esa conspiración fútil y juguetona. Entonces se acercó un taxi, con medio cuerpo fuera de la ventanilla baja, un actor famoso, maduro, aire de galán, grita: “¿solitas, chicas?”

–Solo estás vos, lindo –dijo una y a la vez las risas y mostrar los dientes.

La escena se repite con matices otra noche, otro restorán, esta vez una pareja. Dos minas que se recuestan entre sí hombro con hombro, una manera de tocarse que es una invitación que hace que sus miradas se crucen,

prometiéndose. Entonces el tipo, como si fuera el convidado: “¿Noche de salir solas?” –Estamos juntas ¿no ves?

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17 IV.

V.

–¿Qué siente que le agrega a Daniel Scioli en la campaña?

–Desde lo personal, tratar de resolver los temas domésticos sin llevarle más problemas. –Me refería a la campaña electoral, lo público.

–Me siento con autoridad para hablar de Daniel porque hace treinta años que compartimos la vida y sé cómo es, cómo se ha esforzado, los desafíos por los que ha pasado y todo lo que puede darle a la Argentina.

–En términos electorales, en imagen, ¿hay una complementariedad?

–A nivel electoral no. Creo que la mujer si resulta muy antipática para la gente pude llegar a complicar a un candidato, pero no creo que le ayude a sumar, porque la gente elige a un presidente.

–¿Cuándo diría que empezó su interés en la política? –¿A qué llamás interés en la política?

–A interesarse en las cuestiones públicas

–En ayudar...creo hace ocho años, desde que trabajo en la Fundación y vamos a los lugares donde la gente necesita ayuda.

[Fragmento de entrevista a Karina Rabolini –2015

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18 VI.

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19 Referencias Bibliográficas

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