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La derrota moral de Peña Nieto y la restauración precaria

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Academic year: 2020

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La derrota moral de

PeUCL NwlO

AlbertoJ. Olvera

Enrique Peña es el primer candidato presidencial en ser construido

y desarrollado como producto político mediático en la joven historia

de la democracia m exicana.

Su campaña inició seis años atrás, cuando ciertos

ejecutivos de la televisión y algunos tecnócratas visionarios descubrieron en él cualida­

des apropiadas para la competencia electoral en el M éxico del siglo XXI.

A lb e rto J . O lv era es doc tor en S o cio lo g ía por la New S ch o o l for S o cia l R esearch , investigador del Institu to de Inv estigaciones H istó rico So ciales de la t'\ . M iem bro del s.\i, nivel n i, v de la A cad em ia Mt xic ana de C iencias. Vasta ob ra p u blicad a en tem as de sociedad civil, d em o cratizació n y ren d ició n de cu en tas en M éxico v A m érica L atin a.

P

uede p arecer sorpresivo afirm ar que E nrique Peña Nieto y el p r i han resultado derrotados de alguna form a en el pasado proceso electo ­ ral. Sin em bargo, si analizam os el conjunto del pro­ ceso, desde los objetivos que se planteó el candidato triunfador, los recursos y m étodos que se pusieron en ju e g o hasta los resultados obtenid os dadas las circu n s­ tancias políticas, nos darem os cu enta de que, al final, Peña Nieto no logró lo que buscaba. Este h ech o es un elem ento fund am ental en el análisis de los escenarios futuros y en la definición de los retos que en fren ta la sociedad civil m exicana en sus em peños por la dem o­ cratización del país.

Enrique Peña es el prim er candidato presidencial

en ser construido y desarrollado com o producto p o ­

lítico m ediático en la joven historia de la dem ocracia m exicana. Su cam paña inició seis años atrás, cuando ciertos ejecutivos de la televisión y algunos te cn ó cra ­ tas visionarios descubrieron en él cualidades apropia­

das para la com petencia electoral en el M éxico del siglo x x i: juventud, presencia física, la apariencia de p erten ecer a u na nueva g eneración de políticos y los recursos y la visibilidad que le p roporcionaba el hecho de ser g obernad or del estado más poblado y con mayor presupuesto del país. A p artir de ese m om ento, el pro­ ducto Peña fue lenta y cuidadosam ente construido, no sólo en el cam po m ediático (a través de una presencia casi constante en la televisión), sino tam bién por m e­ dio de alianzas con los nuevos g obernad ores priístas en todo el país, cuyas cam pañas contribuyó generosa­ m ente a financiar (lo m ism o aplica para num erosos diputados federales y locales e incluso alcaldes de al­ gunas ciudades grandes).

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Archivos A I O O O O O O O -09- p a r e j a d e s u i c i d a s g u a n a j u a t e n s e s Caso: M A D 2 0 Q G 0 1 6 .Expe d i e n t e : 37 6 0 5 1 6 Sexo: F e m e n i n o y M a s c u l i n o Edad: 22 y 2A años E s t a d o Ci vil: a m a s i a t o O c u p a c i ó n : E s t u d i a n t e s Escol. ridad¡ N i v e l m e d i o s u p e r i o r Relig i ó n : C a t ó l i c a

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---Arelí Vargas: De la serie Axiomas inevitables

El proyecto de Peña Nieto, que adquirió sus con­ tornos más am biciosos luego de la arrasad ora victoria del p r i en las elecciones interm ed ias de 2009, consis­

tió en evitar a toda costa el éxito de los intentos refor­ mistas del presidente C ald erón, fo rtalecer los espacios de acción de los g obernad ores priístas y atraerlos a

un proyecto de reorganización del p r i centrado en su

persona, que d ebería co n clu ir con un triunfo co n tu n ­ dente en las elecciones de 2012. De 2 0 0 9 en adelante se em pezaron a co n stru ir los m ecanism os financieros que p erm itirían co n tar con u na gigantesca suma para la cam paña presidencial, se anuló a los posibles can ­ didatos alternos dentro del propio p r i y se m aniató

al débil gobierno fed eral panista a través del bloqueo p arlam entario de todas sus iniciativas im portantes.

Para fines de 2011 estaba claro que el triunfo de Peña Nieto en las elecciones presidenciales era casi se­ guro, dado el degaste y la ineficacia del gobierno pa­ nista y la posible división de las fuerzas de izquierda ante dos candidaturas viables. L a designación de A n­

drés M anuel López O brad or com o el candidato de las izquierdas fortaleció la posibilidades de Peña Nieto, debido al debilitam iento político del líder popular y su falta de credibilidad en tre el electorad o de clase m e­ dia. B ajo estas circunstancias, p arecía que bastaba una cam paña norm al para g arantizar el triu nfo priísta.

Sin em bargo, el grupo de Peña N ieto decidió apostar por u na victoria arrasad o ra que le garantizara al p r i la mayoría absoluta en la cám aras de senadores

y diputados, de tal form a que el nuevo presidente pu­ diese realizar todas las reform as que con sid erara per­ tinentes sin verse som etido a negociacion es costosas. Esto le d aría tiem po para actu ar con rapidez al princi­ pio de su gobierno, de tal form a que los efectos de los cam bios que se im pulsarían pudiesen percibirse d en­ tro de su p eriod o presidencial. Se trataba básicam en­ te de com p letar las reform as del ciclo n eo liberal que fueron detenidas p or el propio p r i a lo largo de los

dos gobiernos panistas (reform a laboral, ap ertu ra de Pem ex a la inversión privada, reform a fiscal) y algunas reform as políticas sin duda n ecesarias que, sin poner en riesgo la h egem onía priísta, p erm itieran m o d ern i­ zar algunos aspectos del Estado m exican o (reform a del federalism o, reform a penal, reflotam ien to de las agencias reguladoras y tal vez o tra reform a electoral).

Es por ello que el grupo peñista desarrolló una im presionante cam paña electo ral d urante la cual no sólo se hizo un gasto exorbitan te y absurdo, sino que se puso en p ráctica u na innovación en las form as de la com pra y coacción del voto. En efecto, se llevó a cabo la tradicion al p arafern alia de los gigantescos m ítines, el regalo masivo de todo tipo de productos y el clientelism o trad icional basado en program as so­ ciales de gobiernos estatales, pero adem ás se levantó una estructura paralela de operadores electorales cuyo trabajo fue d istribu ir tarjetas b an carias prepagadas a cientos de m iles y tal vez m illones de ciudadanos (¿cóm o saberlo con precisión?), a quienes se les pi­ dieron sus cred enciales electorales y se les m onitoreó cuidadosam ente a lo largo de tres m eses, haciéndoles dos depósitos pequeños (150 y 250 pesos) para en g an ­ charlos, con la prom esa de un pago adicional de 500 a 1 0 0 0 pesos el día de la elecció n, siem pre y cuando tom aran u na foto de su voto con un celu lar (que tam ­ bién se les proporcionó) y lo enviaran a un núm ero 01 8 0 0 donde se reg istraría el acto y se autorizaría el pago final. En algunos casos, la m odalidad fue la tar­ je t a prepagada para com p rar productos en So rian a e incluso u na co m bin ación de am bas form as de pago. Este exceso en la búsqueda de votos ad icionales -q u e d entro de los cálcu los priístas orig inales no eran es­ trictam en te n e c e sa rio s- resultaba indispensable para garan tizar la ansiada m ayoría p arlam entaria. O bvia­ m ente, el despliegue de esta m ega cam pañ a p aralela a

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Jo a n F o n í c u b m a : A t r a v h del esfhjo

la oficial im plicó un gasto m onum ental cuyo financia- m iento fue fran cam en te oscu ro e ilegal.

Por si esto fu era poco, es del conocim iento pú­ blico que la cam pañ a de Peña Nieto contó con un financiam iento masivo y un apoyo logístico integral de parte de los gobiernos estatales priístas. Los apara­ tos com pletos de gobiern o se tornaron en operadores electorales con territorios y m etas de votación clara­ m ente asignadas. Secretario s, subsecretarios, d irec­ tores generales y jefes de d epartam ento de todas las secretarías de los gobiernos estatales priístas fueron responsabilizados del éxito de la votación por zonas, distritos, m unicipios y hasta secciones electorales. Lo mismo pasó con los gobiernos m unicipales. En V era­ cruz, el g obierno casi dejo de fu n cio n ar com o tal dos meses antes de la elección, pues los fu ncion arios esta­ ban operando p olíticam ente. La inversión realizada por esta vía es in cu antificable, pero lo seguro es que, en su conjunto, asciende a varios cientos de m illones

de pesos en cada estado. L a legislación vigente carece de p rescripciones para vigilar este tipo de gastos, cuya absoluta im punidad sólo es exp licable por la más com ­ pleta ausencia de m ecanism os de rendición de cu en ­ tas y por la com plicidad de los congresos estatales y sus respectivos órganos de auditoría.

L a com pra masiva de espacios en la prensa local de casi todo el país y el exceso, rayano en lo absurdo, de esp ectacu lares, bardas pintadas, carteles y todo tipo de m ateriales de publicidad tuvo un costo mayúsculo e inm oral que el i f e fue incapaz de m o n ito rear y, la

Fepade, incapaz de sancionar. El i f e es u na institución

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El p r i y su cand id ato sacaron ventaja abusiva y sis­

tem ática de estas debilidades institucionales y legales del cam po electoral. Es por ello que su triu nfo, para una p arte im portante de la población, es ilegítim o. Con sus propios ojos m illones de ciudadanos han o b­ servado claram ente el rep arto masivo de toda clase de regalos a la p oblación, la com pra de votos (reciente y antigua), la saturación propagandística, el despliegue faraón ico de los m ítines de cam paña, los operativos presidenciales que se otorgaron al candidato en su cam paña y la form a au toritaria y bru tal en que los em ­ pleados públicos, tanto estatales com o m unicipales, fueron obligados a trab ajar com o operadores electo ­ rales en casi todo el país.

Es por ello que el triu n fo de Peña Nieto constituye una verdadera restau ración del viejo régim en, en la form a y en el fondo. En la form a se han bo rrad o las fronteras en tre el partido y el gobierno, com o antaño. Los gobiernos estatales actu aron cín ica y abiertam en ­ te com o operadores electorales en la m ejor tradición priísta histórica. E n el fondo, experim entam os una violación sistem ática y generalizada a los derechos de­ m ocráticos de la ciud ad anía a través de m ecanism os clientelares y de com pra y coacción del voto, cen tral­ m ente diseñados a través de u na ing eniera electoral exhaustiva, en cuyo desarrollo se invirtieron gigantes­ cas sumas de d inero público y/o fondos privados de origen desconocido, pero en todo caso ilegalm ente invertidos en política.

L a restau ración priísta consum ada en las pasa­ das elecciones presidenciales será un proceso legal­ m ente sancionado por las instituciones electorales, pero m oralm ente rechazado por un alto porcentaje de la población. L a victoria de Peña N ieto se logró por m edio de la violación flagrante de los principios político-m orales que n utrieron la transición: equidad en la com p eten cia, no intervención del g obierno en el proceso electoral, prohibición del financiam iento privado, libertad del voto.

Es de fu nd am ental im p o rtan cia en tend er la di­ feren cia entre legalidad y legitim idad. L a legalidad electoral establecida en el código electoral de 2008 ha sido form alm en te respetada, pero sustancialm ente violada. El código vigente fue redactad o de form a tal que las violaciones a sus reglas no im plicaran la desca­ lificación legal de los resultados. Así com o en las elec­ ciones del 2 0 0 0 quedó en claro que los Amigos de Fox y el sindicato petrolero h abían financiad o ilegalm ente las cam pañas de Fox y de Labastida, respectivam ente, sin que esto tuviera n in g u n a co n secu en cia en los re­ sultados, en esta ocasión el p r i y su candidato se per­

m itieron el lujo de fin an ciar ilegalm ente su cam paña sabiendo que lo p eor que p od ían esperar, bajo las le­ yes vigentes, era una m ulta pagable a largo plazo y en

facilidades (con d inero público). Pero el costo sim bó­ lico de esta o p eració n p arece no h ab er sido calculado por los hábiles planeadores priístas. L a som bra de la ilegitim idad no puede ser co n ju rad a por decreto. Tar­

de o tem prano, el i f e term in ará la investigación sobre

los gastos de cam paña del p r i en 2012. Y el partido

dejó tantas huellas de sus fech o rías que es inevitable que salgan a la luz pú blica los excesos.

T anto cálcu lo p olítico y tanto d inero invertido han resultado, finalm en te, en un triu n fo p írrico. Para

em pezar, el p r i no alcanzó la m ayoría p arlam enta­

ria, lo cual obligará a Peña Nieto a n eg o ciar con Elba E sther G ord illo los votos necesarios p ara pasar inicia­ tivas de ley, los que sin duda, com o C alderón pudo com probar, resultarán muy costosos. C am bios cons­ titu cionales (que son requerid os para las “reform as estru ctu rales”) po d rán ser vetados por el p a n y/o por

el p r d, lo cual nos retro trae a la situación de parálisis

p olítica que el propio p r i propició en los últim os años

al to rp ed ear todas las iniciativas de C alderón.

B ajo estas circu nstancias, ¿con qué autoridad m o­ ral puede Peña pro p o n er la creació n de u na Com isión co n tra la corrupción? ¿Acaso no se requ iere dem asia­ do cinism o para acep tar que urge reg u lar la relación entre gobierno y m edios de com u n icación? Aún más cinism o se necesita p ara p ro p o n er el “fortalecim ien ­ to” del i f a i - p a r a que obligu e tam bién a los estados a

“tran sp aren tarse”- , cu and o el p r i p erm itió que C al­

derón m in im izara y sobajara a la institución, además de que en todos los estados los gobernad ores se bu r­ lan de la tran sp aren cia y de la ren dición de cuentas.

¿Con qué bases pueden los peñistas p edir co o p e­ ración al p a n después de que b loq u earon a C alderón

las mism as reform as que ah o ra pretenden impulsar? ¿Q ué pacto pueden h acer con la izquierda después de haberle ganado las eleccio nes presidenciales por m e­ dio de tram pas, viejas y nuevas, m alas y peores?

Peña Nieto qu iere convencernos de que va a llegar al pod er para reform ar, él sí, al Estado m exicano. No p o d ría en co n trarse a un “refo rm ad o r” p eor dotado. C on Peña N ieto se rad icalizó la natu raleza in trín se­ cam ente tram posa del p r i: se m ontó un operativo fi­ n an ciero que im plicó delitos com o fraude fiscal, tal vez lavado de d inero, saqueo de las arcas públicas, uso indebido de los program as gu bernam entales; se for­ zó a m iles de fu n cio n ario s públicos a violar la ley de responsabilidades al usarlos com o operadores electo ­ rales; se establecieron pactos con los poderes fácticos a través de contratos am añados y fran cam en te ilega­ les; y se aseguró a los sindicatos corporativos que sus intereses m añosos serán respetados. ¿Puede un presi­ d ente con estas ataduras y vicios políticos refo rm ar al Estado que lo prohijó?

Peña está rodeado de u na tecn o cracia con

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L.uis M o lin a P a n tin : R o \ a l (M rib b m n

tico espíritu salm ista: creen que pueden refo rm ar al país desde arriba, y que no im portan los m étodos que sea necesario usar para lo g rar el propósito superior de ocu par el pod er y som eter a todas las fuerzas a su ilustrado arbitrio. Los m exicanos ya sabem os en qué term inó un propósito sim ilar h ace 18 años.

Para colm o, en este proceso electoral el p r i no

tuvo contrap arte m oral desde el otro pod er real del Estado. El gobierno federal y el P artido A cción Na­ cional incu rriero n tam bién en múltiples ataques a la dem ocracia. La estru ctu ra b u ro crática dedicada a ad m inistrar los subsidios a la pobreza se volcó por com pleto a la op eración electoral. O tras áreas del gobierno federal in tentaron algo similar, con m ucha m enor eficacia y exp erien cia que el p r i. L a falta de unidad de m ando y de com prom iso real del presiden­ te con su cand id ata cond icion ó el bajo im pacto de la operación electoral del g obierno federal. A h í donde

hubo ad ecuada cadena de m ando y d inero suficiente el p a n tuvo bu enos resultados, com o lo dem uestran

los casos de V eracruz, Nuevo L eó n y Tam aulipas, don­ de Jo se fin a Vázquez M ota ganó la m ayoría de votos. Tristem ente, este hech o nos habla de que la com pra y coacción del voto fu n cio n an para los partidos que tengan los recursos para hacerlo.

Los partidos o p ortu nistas, el P artid o Verde y el Partido Nueva Alianza, consu m aron u na op eración de confusión y d istracción de los votantes flotantes aprovechando la escasa cu ltu ra p olítica de algunos sectores de la ciudadanía.

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1

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Colectivo Estética l ’nisex (Lorena Estrada Quiroga/Fiitmo M ontada Forero): Cronología (Ir lu viaje

neración N acional), no logró cu b rir todas las casillas ni tornarse en un factor de disuasión de la com pra de votos. Fue la sorpresiva aparición del m ovim iento #Yo Soy 132 lo que revivió su cand id atu ra y planteó un reto a la aplanadora priísta.

En m edio de tantos conspiradores y tan escasos defensores, es lógico que la d em ocracia m exicana concluya su brevísim a prim avera d em ocrática con un verdadero p arto de los m ontes: la restauración del viejo orden, con un disim ulo tan p recario que el ver­ dadero rostro priísta ha aparecido frente a nosotros desde el principio de la cam paña.

L a m agnitud e intensidad de la protesta poselec- toral se explica por este sentim iento ju stificad o de agravio que sufre la sociedad m exicana. No se trata solam ente de la n eced ad de un m al perdedor, sino de la resistencia de bu en a p arte de la ciud ad anía a una burla organizad a a sus d erechos políticos. Es por ello que, aunque el triu n fo de Peña N ieto sea legal, es y será ilegítim o para un am plísim o n úm ero de m exicanos.

Un nuevo ciclo de luchas por la dem ocratización de M éxico ha em pezado ya y tien e un largo cam ino por delante. É Jl

Referencias

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