• No se han encontrado resultados

Chocolate-Caliente Para El Alma de Los Adolescentes- J. Candfield y Otros

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Chocolate-Caliente Para El Alma de Los Adolescentes- J. Candfield y Otros"

Copied!
99
0
0

Texto completo

(1)

CHOCOLATE CALIENTE

PARA EL ALMA DE LOS ADOLECENTES

Contenido

Introducción

1. Acerca de las relaciones

Después de un tiempo Verónica A. Shoffstall

Almas afines FranLeb

La pérdida de una bella oportunidad JackSchiatter.

Mi primer beso, y algo más MaryJane West-Delgado

Cambios en la vida SheilaK.Reyman

Un inolvidable amor de bachillerato Diana L.Chapman

2. Sobre la amistad

Una sencilla tarjeta de Navidad TheresaPeterson Ella me dijo que si quería, podía llorar Daphna Renán En los tiempos de las cajas de cartón EvaBurke 3. Sobre la familia

Ella jamás se desesperó conmigo SharonWhitley

Una madre incondicional Sarah].Vogt

El cumpleaños Melissa Esposito

La carrera completa TerriVandermark

Mi hermano mayor LisaGumenick

La voz de un hermano James Malinchak

Clases de béisbol ChíckMoorman

Te quiero, papá NickCwrylíí. De vuelta en casa jennieGarih

4. Sobre el amor y la bondad Tigresa judithS.johnessee

Corazón luminoso JenniferLoveHewitt.

El secreto de la felicidad

The Speaker'sSourcebook

Procurando tocar el alma de un extraño Barbara A. Lewis

La señora LalitaSusan DanielsAdams

Recuerdos de un paseo en mi infancia CliftonDavis

Un regalo para dos Andrea Hensley La vida no se trata de eso Katie Leicht

(2)

Cuéntale esto a todo el mundo jonnPoweil,S.J

Ante todo debemos querer a la gente KentNerbum

Las lilas florecen cada primavera Revista Bluejean 5. Sobre el aprendizaje

Lecciones a base de huevosKimberlyKirberger

Una larga caminata a casa JasonBocarro

El precio de la gratitud Randal jones

Sra, Virginia DeView, ¿dónde está usted? Diana L.Chapman

¿Qué sucede? The Speaker's Sourcebook El obsequio eterno JackSchiatter

Yo soy AmyYerkes Sparky Bits & Pieces

Si hubiera sabido Kimberly Kirberger.

6. Sobre las situaciones duras Sólo una copa Chris Laddish La danza Tony Arata

Bajo tierra a los diecisiete JohnBerrío

Ganador de medalla de oro RickMetzger Desiderata Max Ehrmann

7. Marcando la diferencia

¿En qué consiste el éxito? Ralph Waldo Emerson Fresco... ¡quédate en e! colegio! Jason Summey

Valor en el fragor de la acción Bill Sanders Haz brillar tu luz EneAllenbaugh

Valor en medio de una conflagración Barbara A. Lewis Con un ala rota Jim Hullihan

8. Buscando tocar el firmamento

La chica de la casa vecina Amanda Dykstra

Volveré JachCavanaug

Simplemente yo TomKrause

HelenKeller y AnneSullivanHelenKeller

Los sepultureros del colegio Parkview Kif Ánderson

El niño que hablaba con los delfines Paula McDonald

Siguiéndole la pista a mi sueño AshleyHodgeson

De inválido a marquista mundial The Speaker'sSourcebook

Si RudyardKipling

Día descabellado Jennifer Rosenfeid y AlisonLambert (LO logré! MarkE.Smith

Estoy creciendo BrookeMueUer Nueva vida Paula Qiachkda)Koshey

¿Quién esJackCanfield?

(3)

¿Quién es KimberlyKirberger?

Licencias

Introducción

Querido adolescente:

Por fin, un libro para ti. Este libro está lleno de historias que te harán reír y te harán llorar. Será como el mejor amigo, presente cuando lo necesitas, siempre dispuesto a cont arte una historia que efectivamente te haga sentir mejor. Cuando estés solo este libro te hará compañía, y cuando estés pensando en tu futuro te dirá: "Sí. tú puedes, no importa lo qué te propongas". Aquí hay historias sobre sueños hechos realidad y sobre amores perdidos; sobre la manera de superar la timidez y de sobrevivir a un suicidio. Hay historias de triunfo e historias tan tristes que te harán llorar".

Cómo leer este libro

Lee este libro como quieras, de principio a fin, o saltando de una parte a otra. Sí encuentras un tema que tiene que ver contigo de una manera especial o que te interesa mucho, comienza por allí.

Es un libro que nunca terminarás de leer, y que nosotros esperamos que leas y revises cuando tengas un problema o necesites inspiración u orientación.

Kara Salsburg, una adolescente, nos envió el siguiente comentario sobre los otros libros de la serie Chocolate caliente para el alma: "Los leí una y otra vez. Chocolate caliente para el alma es la lectura que más he disfrutado". Shannon Richard, una niña de 14 años de edad, nos escribió esto: "Me gusta leerlas ¡las historias de la serie Chocolate caliente], "y después de hacerlo le encuentro un nuevo sentido a la vida".

Comparte estas historias

Nosotros le pedimos a un grupo de lectores que calificara las historias. Uno de ellos nos dijo que al final del ejercicio sus amigos comenzaron a ir a su casa todos los días después del colegio, y que hacían tumos para leerse las historias del libro los unos a los otros.

Tú descubrirás, a medida que avances en la lectura, que es imposible no sentir deseos de compartir estos relatos con un amigo. Sabemos de un sinnúmero de adolescentes que se los leen por teléfono entre ellos y que se quedan hasta tarde con sus amigos leyendo "sólo una historia más". Alguien nos contó, también, que un grupo de amigas se sentó una vez alrededor de una fogata en una excursión a leer las mejores historias y que, después de hacerlo, se sintieron tan inspiradas (y creativas) que se pusieron a escribir ellas mismas y leyeron la noche siguiente entre todas lo que habían escrito.

Estas historias, nos han dicho los adolescentes, son útiles para comunicar esas cosas que a ellos les cuesta trabajo expresar.

(4)

Este libro es tuyo

Para nosotros era fundamental que el libro se tratara e xactamente de lo que implica ser adolescente. Nos esforzamos mucho para asegurarnos de que realmente tuviera que ver con los asuntos que les interesan a los muchachos y que éstos se abordaran abiertamente. Si considerábamos que una historia daba sermón o era demasiado sentimental, la sacábamos. Después de que los estudiantes del colegio JohnR Kennedy nos ayudaron a calificar las historias, recibimos, literalmente, cientos de cartas. Nos emocionó ver que habíamos logrado nuestro objetivo:

Definitivamente éste es un libro que compraría no sólo para mi sino también para mis amigos.

—JasonMartinson

Si alguna vez llegara a comprar un libro, compraría éste. —Regina Funtanilla

Lo que más me gustó son los poemas. Tienen mucho significado. —Richard Niño

Aprecio sinceramente que a ustedes les importe qué pensamos nosotros [los estudiantes de bachillerato].

—Edward Zubyk

Comparte tus opiniones con nosotros

Nos encantaría saber qué opinas del libro, qué efecto tienen en ti estas historias y cuáles son tus favoritas. Y por favor, envíanos los relatos que quieras poner a conside ración nuestra para el Segundo chocolate caliente para el alma de los adolescentes. Nos puedes mandar tanto aquellos relatos y poemas que tú mismo has escrito, como los que has leído y te ha n gustado.

Esperamos que disfrutes la lectura de este libro tanto como nosotros disfrutamos el trabajo de reunir las historias, editarlas y escribirlas. Hacer este Chocolate caliente fue un verdadero acto de amor.

Envíanos tus historias a la siguiente dirección:

KimberlyKírberger PO. Box 936

PacificPalisades,CA 90272

(5)

1

ACERCA DE LAS RELACIONES

Las relaciones —de todo tipo— son como un puñado de arena. Si se tiene sobre la palma de la mano entreabierta, la arena se queda ahí. Tan pronto como la mano se cierra y se aprieta duro, la arena comienza a deslizarse por entre los dedos. Es posible que retengas cierta cantidad, pero la mayor parte se regará. Una relación se comporta de la misma forma. Si se sostiene suavemente con respeto y libertad para la otra persona, es posible que permanezca intacta. Pero si la estrujas mucho, con demasiada posesividad, ésta se desvanecerá hasta perderse.

KALEELJAMISON,La teoría del mordisqueo

Después de un tiempo

Después de un tiempo, aprendes la sutil diferencia entre tomar una mano y encadenar un alma,

Y aprendes que el amor no significa recostarse y que estar acompañado no significa seguridad,

Y comienzas a entender que los besos no son contratos y que los regalos no son promesas,

Y comienzas a aceptar tus derrotas con la cara en alto y los ojos abiertos, con el donaire de un adulto, y sin la pesadumbre del niño,

Y aprendes a construir todas tus carreteras sobre el hoy porque el terreno del mañana es demasiado incierto para planificar.

Después de un tiempo aprendes que hasta el sol quema. Si recibes demasiado.

Así que siembra tu propio jardín y decora tu propia alma, en vez de esperar a que te traigan

flores.

Y aprende que en verdad puedes resistir... Que en verdad eres fuerte,

(6)

Verónica A. Shoffstall Escrito a los 19 años de edad

Almas afines

Con frecuencia le he contado a mi hija Lauren cómo nos conocimos su padre y yo, y la forma como se dio nuestro noviazgo. Ahora que ya cumplió dieciséis muestra cierta preocupación, porque se da cuenta de que su alma gemela bien podría estar sentada junto a ella en clase y hasta podría hacerle una invitación para salir, aunque ella todavía no está lista para afrontar un compromiso semejante al que sus padres asumieron muchos años antes. Yo conocí a Miguel el 9 de octubre de 1964. Nuestras tímidas miradas se encontraron a través del patio durante una fiesta en casa de Andrea, una amiga mutua. Nos sonreímos y terminamos ensimismados y envueltos en una conversación que nos duró toda la noche. Él tenía doce años y yo once. Nos hicimos novios tres días después, y terminamos al final de un mes desastroso.

Sin embargo, meses más tarde Miguel me invitó a su suntuosa fiesta de bar mitzvah y hasta me sacó a bailar. (Años después me confesó que a pesar del ferrocarril que yo llevaba en la boca, de mis piernas de fideo y de mi cabello rizado, él pensaba que era bella.)

Como Miguel y yo teníamos amigos mutuos y compartíamos el mismo grupo social, nuestros caminos se cruzaron con frecuencia durante los anos siguientes. Cada vez que yo terminaba con un novio o alguno me rompía el corazón, mi madre me decía; "No te preocupes, terminarás enamorada de Míguelito Leb". Yo le contestaba con un grito: "¡Jamás! ¿Cómo puedes decir semejante cosa?". A su vez, ella me recordaba que su nombre aparecía a menudo en mis conversaciones, y que además él era una bella persona.

Por fin me encontré cursando bachillerato, en un salón repleto de chicos buenos mozo s. Yo estaba lista. A mí no podía importarme que Miguel comenzara a enamorar a mi mejor amiga. Pero... ¿por qué esta situación comenzó a enloquecerme poco a poco? ¿Por qué empezamos a entablar conversación mientras esperábamos el bus del colegio? Nunca olvidaré sus zapatos azules, porque nadie que yo conociera tenía un par de zapatos tan bellos. Las palabras de mi madre me mortificaban con frecuencia, pero yo me empeñaba en borrarlas de mi mente.

Al llegar el verano que siguió a nuestro décimo año escolar, Miguel y yo habíamos compartido más tiempo juntos — en compañía de su novia, conocida como mi mejor amiga, y otros compañeros. Ese verano Miguel se matriculó en un programa de español en México. Me di cuenta de que me hacía mucha falta. Cuando regresó, en agosto, me llamó y vino a visitarme. Llegó adorable, curtido por el sol y con cierto aire mundano. No había aprendido una palabra de español, pero se veía muy bien. El 19 de agosto de 1968, cuando nos miramos a los ojos en la puerta de mi casa, nos dimos c uenta de que debíamos estar junios. Desde luego teníamos que esperar hasta después del compromiso que esa noche yo tenia con otro chico. Le dije a mi amigo que iba a comenzar una relación con Miguel, de manera que debía regresar a casa temprano. Miguel también le dijo a su novia de ese entonces que el momento había pasado para siempre.

Mantuvimos nuestra nueva relación en secreto hasta que pudiéramos anunciarla

(7)

oficialmente a todos nuestros amigos que estábamos de novios. Nadie pareció sorprenderse. Todos decían: "¡Al fin!".

Después del grado de bachillerato, yo me fui a la universidad. A las diez semanas pedí ser transferida a otra universidad para estar más cerca de Miguel. Nos casamos el 18 de junio de 1972. Yo tenía diecinueve años y Miguel veinte. Establecimos nuestro nido de amor en las residencias universitarias para casados, mientras ambos terminábamos nuestras carreras. Yo me gradué en pedagogía especializada mientras Miguel estudiaba medicina.

Ahora, veinticinco años después, le sonrío a nuestra bella hija Lauren y a nuestro apuesto hijo Alex. Aunque el legado de sus padres les hace mirar las relaciones sentimentales del bachillerato con una óptica un poco diferente, jamás tendrán que preocuparse de que sus padres vayan a decir: "No lo tomes tan en serio, ¡eso sólo es un amor de niños!".

Fran Leb

La pérdida de una bella oportunidad

Jamás pierdes al amar. Siempre pierdes al dejar de hacerlo.

BARBABA DE ANGEUS

Nunca olvidaré el primer día que vi "un sueño ambulante". Su nombre era Alejandra

Ravasini (nombre ficticio para proteger a un ser fantástico). Su sonrisa, que brillaba bajo dos ojos resplandecientes, era eléctrica y hacía que la persona favorecida con ella (especialmente si se trataba de un chico), se sintiera en el séptimo cielo.

Aunque su belleza física era deslumbrante, yo siempre recordaré su belleza invisible. Su aprecio por las personas era genuino y, además, tenia el gran talento de saber escuchar. Su sentido del humor podía iluminarle a uno el día entero, y sus sabias palabras eran exactamente lo que uno necesitaba escuchar. Alejandra no sólo era admirada, sino también sinceramente respetada por ambos sexos. Tenía todas las características para ser la persona más vanidosa del planeta y, sin embargo, era en extremo humilde.

Sobra decir que ella era el sueño de todos los mucha chos. Y en especial el mío. Una vez tuve la oportunidad de acompañarla hasta su clase, y en otra ocasión pude almorzar con ella a solas. Me sentía el dueño del mundo.

Yo me decía: "Si llegara a tener una novia como Alejandra Ravasini, jamás volvería a mirar a otra mujer". Pero llegué a la conclusión de que una persona tan sobresaliente ya tenía que estar saliendo con algún tipo mucho mejor que yo. Aunque era el presidente del consejo estudiantil, daba por hecho que no tenía la más leve posibilidad de conquistar a Alejandra. De modo que el día del grado le dije adiós a mi primer amor.

Un año después me encontré con su mejor amiga en un centro comercial y almorzamos juntos. Con un nudo en la garganta, le pregunté por Alejandra.

(8)

"Pues al fin pudo reponerse de su amor por tí" , fue la respuesta.

"¿De qué hablas?", inquirí. "Tú fuiste demasiado cruel con ella. La ilusionaste, acompañándola a clase a cada rato y haciéndole pensar que te interesaba. ¿Te acuerdas de la vez que almorzaste con ella? Pues la tuviste sentada junto al teléfono todo el fin de semana. Ella estaba segura de que la ibas a llamar para invitarla a salir".

Temía tanto su rechazo que nunca me atreví a manifestarle mis sentimientos. Supongamos que la hubiera invitado a salir y me hubiera dicho que no. ¿Qué sería lo peor que me habría sucedido? Pues que no hubiera salido con ella. ¿Y adivinen qué? ¡DE TODAS FORMAS NO TENÍA CITA CON ELLA! Lo que me hace sentir peor es que probablemente sí hubiera podido concertar una cita, si al menos lo hubiera intentado.

Jack Schlatter

Mi primer beso, y algo más

Yo era una adolescente muy tímida, y también lo era mi primer novio. Cursábamos el bachillerato en una ciudad pequeña, y llevábamos seis meses de novios. El noviazgo consistía sobre todo en tener las manos húmedas de tanto tomárnoslas, realmente ver películas en vez de besuquearnos, y hablar beberías- En muchas ocasiones estuvimos a punto de besamos —ambos teníamos unas ganas tremendas de hacerlo— pero ninguno tenía el valor de tomarla iniciativa.

Por fin él decidió lanzarse al ruedo un buen día, mientras estábamos sentados en el sofá de la sala de mi casa. Cuando decidió arrimarse estábamos hablando del calor que hacía (¡en serio!). Como me tapé la cara con un cojín para bloquear el avance, ¡él terminó besando un pedazo de tela floreada!

Yo deseaba mucho ser besada, pero estaba demasiado nerviosa para dejar que él se acercara. De modo que me corrí hacia el otro extremo del sofá y él siguió mí ejemplo. Luego nos pusimos a hablar de la película, y él hizo su segunda intentona. Lo volví a bloquear.

Llegué al final del sofá. Él también. Volvimos a entablar conversación. Cuando hizo su tercera intentona... me levanté. Parecía tener resortes en las piernas. Me fui al portón de entrada, me recosté contra la pared, crucé los brazos y le dije con impaciencia: "Bueno, ¿al fin me vas a besar, o no?".

"¡Claro!", contestó. Así que me paré derechita, cerré los ojos, fruncí los labios, y levanté el rostro. Esperé... y me quedé esperando. (¿Por qué no me besaba?) Abrí los ojos; en ese momento se me venia encima. Sonreí.

¡ME BESÓ LOS DIENTES! Pude haberme muerto. Él se fue.

Muchas veces me pregunté si él le habría contado a sus amigos acerca de nuestro infortunado encuentro romántico. Como yo era extremada y dolorosamente tímida, terminé escondiéndome durante los siguientes dos años, lo que dio por resultado que no volviera a salir con ningún muchacho durante el resto del bachillerato. De hecho, si llegaba a verlo a él o a cualquier otro chico buen mozo mientras caminaba por los pasillos del colegio, me

(9)

escondía en el primer salón que encontraba, hasta que hubiera pasado. ¡Y eso que los conocía a todos desde el jardín infantil!

En mí primer año de universidad decidí dejar de lado la timidez de una vez por todas. Deseaba aprender a besar con desenvolvimiento y donaire. Lo logré.

En la primavera regresé a casa. Decidí concurrir al café bar que estaba de moda, y al entrar me encontré ni más ni menos que con mi antiguo amigo del beso en los dientes, sentado en una de las butacas del bar. Me acerqué a él y le di una palmadita en el hombro. Sin remilgo alguno, lo tomé entre mis brazos, lo recosté sobre el espaldar de la butaca y le di un apasionado beso. Enderecé la butaca y lo miré victoriosamente a los ojos, diciéndole al mismo tiempo: "¿Y qué opinas de eso?".

Él se limitó a señalar a la mujer que estaba a su lado: "Juana María, te presento a mi esposa", dijo.

Mary JaneWest-Delgado

Cambios en la vida

Tenía dieciséis años y estudiaba bachillerato cuando me sucedió lo peor que podría imaginarme: mis padres decidieron trasladar nuestro hogar de Texas al estado de Atizona. Antes de comenzar en mi nuevo colegio, tuve exactamente dos semanas para liquidar todos mis "asuntos" y colaborar en la mudanza. Dejé atrás a mi primer novio y a mi mejor amiga y traté de comenzar una nueva vida. Anuncié a voz en cuello que no quería vivir en Arizona y que estaría de regreso en Texas tan pronto como pudiera. Al llegar a Arizona le advertí a todo el mundo, sin remilgo alguno, que mi novio y mi mejor amiga me aguardaban en Texas. Estaba empeñada en mantener las distancias. Después de todo, yo sólo estaba de paso.

Durante el primer día de colegio me deprimí muchísimo. Solamente podía pensar en mis amigos texanos, y soñar que pronto estaría con ellos. Durante algún tiempo pensé que mi vida había llegado a su fin. Sin embargo, con el paso del tiempo las cosas mejoraron un poco.

Lo vi por primera vez durante una clase de contabilidad, en el segundo período de la mañana. Era alto, fornido, buen mozo y dueño de los ojos azules más bellos que jamás había visto. Estaba sentado tres asientos de por medio, en la misma fila que yo, al frente de

la clase. Como no tenía nada que perder, decidí dirigirle la palabra.

"Hola, mi nombre es Eleonora. ¿Cómo te llamas?" , le pregunté con un acento marcadamente texano.

El muchacho junto a mí pensó que me estaba dirigiendo a él.

"Miguel", me contestó.

"Hola Miguel", le respondí dándole gusto. "¿Cómo te llamas tú?", pregunté una vez más, concentrando mi atención en el joven de los ojos azules.

Él miró hacia atrás, convencido de que yo le hablaba a otro. "Gerardo", me respondió en voz baja.

"Hola", le dije sonriendo, y proseguí con mí trabajo.

Gerardo y yo nos hicimos amigos. Nos encantaba charlar en clase. Él era deportista y yo miembro de la banda de música. Una inveterada costumbre del bachillerato hacía imposible

(10)

toda relación social entre deportistas y músicos. Nuestros caminos se cruzaban ocasionalmente, durante el desarrollo de nuestras diversas actividades escolares. Pero en términos generales, nuestra amistad se limitaba al entorno de las cuatro paredes de nuestra clase de contabilidad.

Gerardo se graduó ese mismo año y durante un tiempo nuestra vidas tomaron diferentes rumbos. Hasta que cierto día me visitó en el almacén donde yo trabajaba, en un centro comercial. Me alegró mucho volver a verlo. Siguió visitándome durante mis descansos y así retomamos nuestras conversaciones. Las presiones de sus compañeros de deporte disminuyeron sustancialmente y en consecuencia nos convertimos en muy buenos amigos. La relación con mi novio de Texas se volvió menos importante. Como mi amistad con Gerardo florecía, esta relación comenzó a reemplazar la que tenía con mi novio.

Había transcurrido un año desde que nos mudamos de Texas y comenzaba a sentirme como en casa en Arizona. Gerardo fue mi edecán durante nuestro baile de gradua ción. Salimos con dos de sus amigos deportistas y sus novias. La noche del baile de gala cambió nuestra relación para siempre, porque al ser aceptada por sus amigos,

Gerardo se sintió más a gusto. Nuestra relación por fin se hizo pública.

Gerardo fue alguien muy especial durante un período sumamente difícil de mi vida. Con el

pasar del tiempo, nuestra relación se convirtió en un amor grandioso. Recién ahora entiendo que mis padres no trasladaron nuestra familia a Arizona para herir mis sentimientos, aunque a veces así me lo pareciese. Ahora creo firmemente que la forma como se dan las cosas tiene su razón de ser, pues de no habernos mudado jamás habría conocido al hombre de mis sueños.

SheilaK.Reyman

Un inolvidable amor de bachillerato

Cuando Mateo atravesaba los jardines del colegio, la mayoría de los estudiantes no podían sino observarlo. Era alto y delgado; el retrato viviente de James Deán, aunque más delgado- Llevaba el cabello peinado hacia atrás y sobre la frente. Cuando se enfrascaba en conver-saciones intelectuales, sus cejas se arqueaban sobre los ojos. Era cariñoso, considerado y profundo, jamás hería los sentimientos ajenos.

Yo le tenía miedo.

Me encontraba a punto de terminar con mi novio, quien era poco inteligente y el típico ejemplar con el cual uno se pelea y se vuelve a arreglar unas treinta veces por puro masoquismo, cuando Mateo se atravesó por mi camino una mañana, mientras caminaba por los jardines del colegio. Se ofreció a llevarme los libros y me hizo reír nerviosamente una docena de veces. Me cayó bien; me cayó muy bien.

Su genial capacidad intelectual me asustaba. Pero al final entendí que estaba más asustada de mí misma que de Mateo. Comenzamos a pasear juntos con mayor frecuencia.

Lo miraba de soslayo desde mi casillero atiborrado, y con mi cora zón palpitando aceleradamente me preguntaba si algún día me besaría. Llevábamos varias semanas

(11)

viéndo-nos y todavía no había intentado besarme. En cambio, me tomaba de la mano, me abrazaba y me mandaba a clase con uno de sus libros. Al abrirlo encontraba un estilizado escrito, que me hablaba de amor y de pasión en términos que sobrepasaban la capacidad de entendimiento de mis 17 años.

Me enviaba libros, tarjetas y notas; se sentaba junto a mí en mi casa, mientras escuchábamos música durante horas. Su canció n predilecta era Me has traído algo de felicidad en medio de mis lágrimas, cantada por Stevie Wonder.

Un día, recibí en mi trabajo una nota suya que decía:

"Te extraño cuando estoy triste. Te extraño en mi soledad. Pero sobre todo, te extraño cuando estoy feliz".

Recuerdo que recorrí la calle principal de nuestro pueblo, mientras los vehículos pitaban y las cálidas luces de los almacenes le hacían guiños a los transeúntes para que entraran a guarecerse del frío, con un solo pensamiento revoloteando en mi cabeza: Mateo me extraña, sobre todo cuando está feliz. ¡Qué tipo tan extraño!

Me sentía terriblemente incómoda con un muchacho tan romántico junto a mi. En realidad era un hombre de diecisiete años que meditaba con sabiduría cada una de sus palabras, que escuchaba los puntos de vista de cada participante en un argumento, que leía poesía hasta bien entrada la noche y sopesaba cuidadosamente sus decisio nes. Yo presentía que una profunda tristeza embargaba su alma, mas no comprendía su alcance. Hoy pienso que su tristeza se debía a que su personalidad no encajaba dentro del esquema académico de nuestro colegio.

Mí relación con Mateo era totalmente diferente de la que tuve con mi novio anterior. Aquélla sólo había consistido en charlar sobre beberías y ver películas mientras comíamos críspelas de maíz. Esa relación terminó por el mutuo deseo de iniciar otros noviazgos. A veces parecía como si la vida del colegio girara alrededor del drama de nuestros continuos rompimientos, siempre muy intensos, y que servían para divertir a nuestras amistades. En resumen, una telenovela inacabable.

Cuando le comentaba estas cosas a Mateo, él se limita ba a pasar su brazo sobre mi hombro mientras me aseguraba que esperaría a que ordenara mis pensamientos. Acto seguido se dedicaba a leerme algún libro. Me regaló un ejemplar de El principito, que traía la siguiente frase subrayada: "Sólo se ve bien con el corazón".

Yo le respondía de la única forma que sabía: escribiéndole cartas y poesías de amor con una intensidad que jamás había sentido. Sin embargo, me parapetaba tras mis murallas para mantenerlo alejado, porque siempre temía que descubriera que yo era una impostora, que no era tan inteligente ni profunda como yo lo percibía a él.

Yo añoraba retornar a los viejos hábitos de la s charlas intrascendentes, el cine y • las

crispetas. Así todo era mucho más fácil. Recuerdo bien el día, mientras nos congelábamos de frío, cuando le dije a Mateo que nuevamente había decidido entablar relaciones con mi novio .anterior: "El me necesita más que tú", le dije con mi vocecita de niña consentida. "Es difícil deshacerse de los viejos hábitos".

Se quedó mirándome con tristeza, más por mí que por él mismo. Mateo sabía, y así lo entendí yo también, que cometía un gran error.

Los años pasaron. Mateo emprendió camino a la universidad antes que yo. Cuando regresaba a casa para las Navidades, me ponía en contacto con él e iba de visita a su casa.

(12)

Siempre le tuve un gran cariño a su familia. Me recibían con una calurosa y cariñosa bienvenida, y por eso me di cuenta de que Mateo había perdonado el error que cometí. En una de esas ocasiones. Mateo me dijo: "Eres una magnífica escritora. Siempre has escrito bien".

"Estoy de acuerdo" dijo su madre, "escribías bellamente. Espero que nunca dejes de hacerlo".

"Pero, ¿qué sabe usted de mis escritos?" le pregunté. "Pues mira. Mateo siempre los compartía conmigo"

dijo. "Él y yo jamás dejamos de maravillamos de la belleza de tus escritos".

Pude observar que su padre también asentía con la cabeza. Me recosté sobre el espaldar de mi asiento y me sonrojé intensamente. ¿Qué habría escrito yo en esas cartas?

Hasta entonces jamás me había enterado de que Mateo admiraba mis escritos tanto como yo admiraba su inteligencia.

Con el pasar de los años perdimos contacto. La última noticia que escuché de él, por boca de su padre, era que se había marchado a San Francisco con la intención de volverse cocinero. Yo entablé docenas de malas relacio nes hasta que finalmente me casé con un hombre maravilloso. A la sazón ya tenía la suficiente madurez como para manejar la inteligencia de mi marido, especialmente cuando me hacía caer en cuenta de que yo tenía la propia.

Mateo es el único novio a quien recuerdo con nostalgia. Ante todo espero que sea feliz. Se lo merece. En muchos aspectos, fue el artífice de mi formación. Me ayudó a aceptar una faceta de mi personalidad que yo rehusaba ver entre los chismes, el cine y las crispetas. Me enseñó a percatarme de mi espíritu y de la escritora que tenía adentro.

Diana LChapman

2

SOBRE LA AMISTAD

Algunas personas entran en nuestra vida para desaparecer rápidamente. Otras se quedan algún tiempo y dejan sus huellas sobre nuestro corazón. Y después.Jamás volvemos a ser

los mismos.

FUENTE DESCONOCIDA

(13)

La tímida y reservada Catalina inició su noveno grado en un colegio grande situado en el

corazón de la ciudad. Jamás se le ocurrió que la soledad la abrumaría. Sin embargo, muy pronto se encontró añorando a sus antiguos compañeros del año anterior. El nuevo colegio era frío e impersonal.

Para nadie parecía ser importante hacer que Catalina se 5intiera bienvenida. Era una persona muy solícita, pero su timidez le impedía hacer amigos fácilmente. Desde luego que se relacionaba con esos compinches de ocasión que sin misericordia se aprovechaban de su

bondad.

Recorría los pasillos del colegio como un ser invisible; nadie hablaba con ella, y por esto su voz jamás se escuchaba. Llegó a convencerse de que sus pensamientos no valían lo suficiente como para ser tenidos en cuenta. Se encerró en su silencio, como si fuese muda. Sus padres sufrían por ella, pues pensaban que jamás llegaría a tener amigos, y como se habían divorciado sentían que a ella probablemente le hacía falta conversar con alguien. Hacían todo lo posible para que se adaptara y satisfacían todos sus caprichos en lo referente a vestuario y discos de su música predilecta, sin ningún resultado.

Por desgracia, tampoco sabían que Catalina estaba pensando en quitarse la vida. Con frecuencia se dormía llorando, pensando que jamás encontraría una persona que la quisiese lo suficiente como para ser su amiga.

Laura, su nueva amiga por interés, la utilizaba para que le hiciera la tareas, pero la excluía de sus programas de diversión. Esta actitud hizo que Catalina se acercara todavía más al precipicio.

La situación empeoró durante el verano, Catalina, más sola que nunca, llegó a convencerse de que su actual situación era lo mejor que la vida podía ofrecerle y de que no valía la pena seguir viviendo así.

Al comenzar el décimo grado se vinculó a un grupo de jóvenes cristianos de la parroquia vecina, con la esperanza de hacer amigos. Conoció personas que de dientes para afuera parecían darle la bienvenida, pero que realmente no la querían como miembro de su grupo. Para la época de Pascua, la perturbación de Catalina llegó a tal punto que necesitó tomar pastillas para poder dormir. Parecía como si se estuviera desprendiendo de este mundo.

Por último, decidió que se tiraría al río desde el puente vecino, la víspera de Navidad, mientras sus padres estaban en una fiesta. Al salir del cálido ambiente de su hogar para emprender la larga caminata hasta el puente, decidió dejar una nota para sus padres en el buzón del correo. Al abrir la portezuela del buzón encontró varias canas y decidió sacarlas para averiguar su procedencia. Había una de sus abuelos, unas cuantas de los vecinos y otra dirigida a ella. Era una tarjeta de uno de los muchachos de la asociación juvenil.

Querida Catalina:

Quiero pedirte excusas por no haber hablado contigo antes.

Mis padres están en la mitad del proceso de divorcio y no he tenido la oportunidad de hablar con nadie. Quisiera de hacerte algunas preguntas sobre jóvenes como nosotros con padres divorciados. Creo que podríamos ser amigos y ayudamos mutuamente.¡NOSvemos

en la reunión del domingo! Con afecto, tu amigo, Mauricio Cuesta

(14)

Se quedó mirando fijamente la tarjeta, leyéndola una y otra vez. "Creo que podríamos ser amigos". Sonrió al darse cuenta de que su vida le interesaba a alguien y que e se alguien quería ser el amigo de Catalina Caballero, la tímida y cándida. En ese momento se sintió un ser muy especial.

Dio media vuelta y entró nuevamente en su casa. Tan pronto estuvo en el interior llamó a Mauricio, Se podría decir que él era un milagro navideño, pues la amistad es el mejor regalo que se puede dar a otro ser.

TheresaPeterson

Ella me dijo que si quería, podía llorar

Se requiere de mucho entendimiento, tiempo y confianza para entablar una amistad con alguien. Al llegar a una época de mi vida colmada de incertidumbre, mis amigos son mi

posesión más valiosa.

ERYNNMILLER,18 años

Anoche la vi por primera vez en muchos años. Parecía desdichada. Se había teñido e! cabello para esconder su verdadero color, de la misma forma que su aspecto descuidado escondía una infelicidad profunda- Necesitaba conversar de modo que nos fuimos a caminar. Mientras yo pensaba en el futuro y en los formularios de admisión a diversas universidades que me habían llegado recientemente, ella pensaba en el pasado y en el hogar recién abandonado. Me contó sobre su enamorado y yo percibí una relación dependiente con un hombre dominante- Me contó que consumía drogas y yo deduje que ese consumo era una vía de escape. Me habló de sus metas y yo vi que sus sueños eran poco realistas. Me dijo que necesitaba una amiga y yo me llené de esperanza, pues al menos eso le podía dar.

Nos habíamos conocido en segundo de primaria, A ella le faltaba un diente, a mí me hacían falta mis amigos. Yo acababa de atravesar todo el continente para encontrarme en la inhóspita puerta de mi nuevo colegio, con unas caras frías y burlonas y unos columpios metálicos igualmente fríos. Le pedí prestado su cuento de Archi, aunque poco me gustaban los cuentos. Ella me lo prestó aunque poco !e gustaba compartir. Tal vez ambas buscábamos una sonrisa- Y la encontramos. También hallamos con quién bromear hasta la madrugada, con quién sorber chocolate caliente en los fríos días de invierno cuando suspendían el colegio y nos sentábamos juntas frente al ventanal, para ver caer incesantemente la nieve.

Un buen día de verano, mientras nos bañábamos en la piscina, me picó una abeja. Ella me tomó de la mano y me dijo que no me dejaría sola, y que si quería, podía llorar. Y yo comencé a llorar.

En otoño amontonábamos hojas y nos turnábamos para saltar sin temor alguno, pues sabíamos que el multicolor colchón amortiguaba nuestras caídas.

Sólo que ahora ella se había caído sin que hubiese alguien para sostenerla. No habíamos hablado en meses, no nos habíamos visto en años. Yo me trasladé a California, y ella se había ido de la casa. Nuestras experiencias, ' que se fueron dando a cientos de kilómetros de distancia, habían hecho que nuestros corazones se apartaran a más distancia que la que nos

(15)

había separado. Sus palabras me alejaban de ella, pero en sus palabras percibía sus anhe los. Ella necesitaba apoyo en su búsqueda para renovar fuerzas e iniciar de nuevo su vida. Ella, ahora más que nunca, necesitaba de mi amistad. De modo que la tomé de la mano y le dije que no la dejaría sola, y que si quería, podía llorar. Y así lo hizo.

Daphna Renán

En los tiempos de las cajas de cartón

¡Disfruta! Éstos son los viejos tiempos que vas a extrañar en los años venideros. ANÓNIMO

En mi niñez, las cajas de cartón desempeñaro n un importante papel. No me entiendan mal; los juguetes también eran maravillosos, pero nada podía superar la magia de una caja de cañón acompañada de unos cuantos muchachos, sobre todo si ellos eran los hermanos Nicolás y Cristóbal, mis dos mejores amigos del barrio, que vivían a tres cuadras de mi casa.

El verano era la época ideal para tener una caja de cartón. Sus largos y apacibles días nos aportaban el tiempo suficiente para saborear la verdadera esencia de una caja y establecer con ésta unos nexos profundos. Sin embargo, para establecer un significativo vínculo con la caja, primero era necesario encontrar una. Los tres nos subíamos precipitadamente al platón de la camioneta familiar, compitiendo por un rato por nuestro asiento preferido: la rueda de repuesto. Mientras mi madre encontraba sus llaves, nos dedicábamos a cantar "Na Na Na", nuestra canción favorita, o sea cualquier canción de la que sólo sabíamos parte de la letra. A nadie se le ocurría sugerir que fuéramos en la cabina. ¡Montarse en la cabina era para los cobardes!

Por fin, después de muchísimas versiones de nuestro tema "Na Na Na", mi madre nos llevaba al "nido" de las cajas, y ¡allí estaba! La caja más bella que jamás había mos visto. Era el envase de un refrigerador, definitivamente el mejor tipo de caja que uno pudiera tener, porque es mejor que cualquier otra para viajar muchísimo a los lugares más apetecidos, y además, su capacidad para convertirse en cualquier cosa es simplemente fenomenal. La bodega de muebles y electrodomésticos había descartado este maravilloso tesoro en su puerta trasera, como si fuera un estorbo. Habíamos llegado justo a tiempo para rescatarla de las insaciables mandíbulas del camión de la basura.

Primero observamos con emoción cómo mi madre colocaba la caja sobre el platón de la camioneta. Después nos metimos en su interior para protegemos, durante el viaje de regreso a casa, del viento y de los insectos que pretendían posarse sobre nuestras amígdalas mientras ejecutábamos otra versión de "Na Na Na".

La llegada al barrio fue una experiencia que nos colmó de orgullo. Todos los que estaban jugando en la calle nos observaban, y muy rápidamente corrió la voz de que Cristóbal, Nicolás y Eva eran dueños y señores de una caja de refrigerador. Poseer una de este tipo equivalía a tener una sobresaliente posición en el barrio. Estábamos a punto de convertimos en leyenda. En nuestra caja iríamos a lugares donde Jamás había llegado chico alguno. Descargamos nuestro valioso tesoro y con sumo cuida do lo llevamos al jardín trasero. Cristóbal propuso otorgamos unos minutos de silencio y tranquilidad para aclarar nuestros

(16)

pensamientos, y luego intercambiar ideas sobre qué haríamos con este magnífico tesoro. Así lo hicimos durante unos cinco segundos. Y de pronto, como sí una extraña fuerza hubiese abierto nuestra cajas sonoras, comenzamos a cantar:

Na Na Na

Nuestra caja está súper bien

Na Na Na

(Y nosotros también!

De acuerdo, era una canción muy breve, pero también era bella. Y estoy segura de que conmovía el corazón de todos los que tuvieron la buena fortuna de escucharla.

En otra ocasión llegó el momento de tomar decisiones. "Vamos a Zo en nuestra caja" dije yo.

"¿Adonde?" preguntaron al unísono Nicolás y Cristó bal, mirándome fulminantemente. "Adonde ir y adonde no ir, he ahí la pregunta", repliqué.

Nicolás dijo que yo hablaba sandeces, y yo contesté que realmente lodo era muy sencillo, y que ellos tan sólo tenían que aprender a pensar al revés. Ante semejante aseveración, Cristóbal y Nicolás estuvieron de acuerdo en que yo estaba hablando sandeces.

"Zo es O z al revés", grité yo, pues sabía que ellos tenían mucho más sentido común del que mostraban.

Cristóbal me miró y después miró la caja, mientras analizaba mi brillante idea. Yo comencé a pensar que ellos estaban gravemente enfermos, pues ya debían saber, a la luz de nuestras pasadas experiencias, que las cajas, y en especial ésta, nos podían llevar al lugar que quisiéramos, y que podíamos ser o hacer lo que deseáramos gracias al poder omnipotente de la caja para refrigeradores.

"Eva tiene toda la razón" dijo Cristóbal. "Jamás hemos hecho algo al revés, de modo que ésta será nuestra primera vez. Claro que podemos ir a cualquier parte al revés, no solamente a Zo".

En ese preciso momento de nuestra vida infantil nos dimos cuenta de que estábamos a punto de pasar a la historia. El mundo entero hablaría de "los tres chicos encajados al revés". Desde luego, otros chicos intentarían igualar nuestra hazaña, pero jamás lo lograrían porque su imaginación era inferior a la nuestra.

Declaramos solemnemente que nuestra caja sería una máquina del tiempo. Juramos sobre helados de chocolate que esta idea "al revesada" haría carrera y perduraría en el tiempo, por lo menos hasta la llegada de la próxima caja. Quedaba sobrentendido que quien faltara al

juramento hecho sobre un helado de chocolate, sin duda era un inmoral.

Después de viajar hacía atrás durante unos años, nos encontramos ante un dilema. Estábamos visitando a un cantante llamado Elvis, que deseaba saber cómo habíamos

llegado hasta Graceland, su casa. Le contamos acerca de nuestra máquina del tiempo, de la idea al revesada, del ¡juramento sobre los helados de chocolate, y de nuestra entrada a la historia. Elvis, maravillado, nos dijo que en verdad éramos unos chicos increíbles. pero... "Pero ¿qué?", le preguntamos. Pues que él deseaba , saber cómo regresaríamos a casa, si sólo podíamos viajar hacia atrás.

A lo largo de todas nuestras aventuras jamás nos habíamos encontrado en semejante encrucijada. Tampoco habíamos violado nuestra palabra, empeñada sobre un helado de

(17)

chocolate. Nos encontrábamos, como se dice, en un callejón sin salida, Pero no nos podíamos rendir. La vida siempre tenía sus altibajos, y éste era uno de esos grandes "bajos" que requeriría de una larga : noche de meditación. Por fortuna, nuestros padres impidieron que pasáramos la noche en nuestro imaginativo juego.

De repente mi madre nos llamó desde la puerta trasera, sacándonos de nuestro mundo de ensueño para aterrizarnos sin miramientos en nuestro patio trasero. N icolás y Cristóbal debían regresar a su casa. Hicimos planes: nos encontraríamos a las ocho de la mañana siguiente para debatir las soluciones al desastre que se cernía sobre nuestras cabezas. Mientras yo daba los tres pasos para entrar en mi casa, ambos hermanos arrancaron a correr las tres cuadras hasta su casa. No había tiempo que . perder. Tan sólo teníamos hasta el amanecer para regresar nuevamente a la realidad de nuestro imaginario mundo.

A las 7:33 de la mañana el timbre del teléfono rompió el silencio de nuestra casa, y yo me deslicé de la cama con la tremenda resaca que me produjo pensar tanto. Al contestar el teléfono, Nicolás quiso saber si yo había cubierto la caja con un plástico, como era nuestro deber, para protegerla de la lluvia. Cuando me asomé a la ventana, comprobé que la noche anterior había llovido copiosamente. Con profunda tristeza le dije que no, pero que como la responsabilidad era de todos, la culpa no podía ser sólo mía.

Nicolás y Cristóbal llegaron, y entonces el silencio reemp lazó nuestras usuales bromas. Sólo habíamos tenido la caja por un día. Ahora nos encontrábamos en el mundo real — nuestra caja había muerto.

El cartón, empapado por el agua, no podía quedarse en el patio hasta pudrirse. Había sido una buena caja y merecía respeto, así que la arrastramos hasta la calle lateral por donde pasaba el camión de la basura. El día anterior la salvamos de una muerte prematura; ahora le había llegado su hora final. Aunque fue una muerte natural, se habría podido evitar. Esta realidad seria un peso que cargaríamos durante toda nuestra infancia.

Los tres nos sentamos junto a la caja para estar con ella cuando llegara el camión de la basura. Hasta nos inventamos una canción mortuoria, que cantamos a todo pulmón cuando el camión se llevó la caja- Nadie habría podido poner tanto sentimiento en una canción como lo hicimos nosotros aquel día. Aunque estábamos de luto por nuestra caja, también sabíamos que teníamos que seguir adelante. Debíamos encontrar otra caja para poder construir con ella otro mundo imaginario.

Recuerdo con nostalgia esa época de las cajas de cartón. Sin embargo, de la misma forma como nos tocó afrontar el mundo real después del fallecimiento de nuestra caja, yo tuve que crecer. Pero la imaginación de la niñez siempre será parte de mí ser. Siempre creeré en las cajas de cartón.

(18)

3

SOBRE LA FAMILIA

La familia —ese querido pulpo de cuyos tentáculos jamás podemos escapar totalmente y del que, en el fondo de nuestro corazón, en realidad tampoco deseamos escapar.

DODIESMITH

Ella jamás se desesperó conmigo

Ella nunca se rindió. Mi madre es mi heroína.

KIMBERLYANNEBRAND

Ronca de tanto gritar, yo pataleaba como enloquecida tirada sobre el piso, por la sencilla razón de que mi madre adoptiva me había pedido que guardara los juguetes.

"Te odio", le dije dando alaridos. Tenía seis años y no podía comprender por qué me sentía tan iracunda la mayor parte del tiempo.

Desde los dos años había vivido con padres adoptivos. MÍ verdadera madre no estaba en capacidad de damos, a mis cinco hermanas y a mí, e! cuidado que merecíamos. Como no teníamos padre ni parientes que quisieran hacerse cargo de nosotros, nos habían conseguido diversos padres adoptivos. Yo me sentía muy sola y confundida. No sabía cómo hablar con los demás acerca del dolor que me carcomía por dentro. Los berrinches eran la única forma de expresar mis sentimientos.

Mi errático comportamiento tuvo como consecuencia que mi madre adoptiva de ese momento me devolviera al centro de adopciones, de la misma forma como lo habían hecho todas mis madres adoptivas anteriores. Me consideraba la niña menos digna de cariño del mundo entero.

En ese entonces conocí a KateMcCann. Cuando ella vino de visita, yo tenía siete años y estaba vi viendo con mi tercera familia adoptiva. Mi madre adoptiva me contó que Kate era soltera y que quería adoptar un niño; pensé que no me escogería a mí. No podía imaginarme que alguien quisiese vivir conmigo para siempre.

Aquel día Kate me llevó a un cultivo de sandías. Nos divert imos juntas, pero no esperaba volver a verla.

Unos días después, una trabajadora social vino a casa para informar que Kate quería adoptarme. De inmediato me preguntó si yo tenía algún inconveniente en vivir sólo con una mamá, sin papá.

(19)

Kate vino de visita al día siguiente. Me explicó que los trámites de adopción se demorarían casi un año, pero que pronto me podría ir a vivir con ella. Yo estaba ilusionada, pero al mismo tiempo asustada. Kate y yo éramos totalmente extrañas la una para la otra, y me preguntaba si cambiaría de parecer cuando tuviera la oportunidad de conocerme.

Kate presintió mis temores. "Sé que has sufrido mucho" me dijo mientras me abrazaba. "Comprendo que tengas miedo, pero te prometo que jamás te echaré de nuestro hogar. Desde ahora en adelante, tú y yo somos una familia".

Me sorprendí al ver sus ojos llenos de lágrimas. En ese momento me di cuenta de que ella, al igual que yo, sufría de soledad.

"De acuerdo... mamá", le respondí.

A la semana siguiente conocí a mis abuelos, tía, tío y primos. Tuve una sensación extraña pero a !a vez agradable, al estar con extraños que me abrazaban como si ya me tuvieran cariño.

Cuando me fui a vivir con mamá, ella me arregló una habitación propia con cortinas y edredón haciendo juego, y amoblada con un tocador antiguo y un armario grande. Yo sólo tenía unas cuantas prendas de vestir que había traído en una bolsa de papel.

"No te preocupes", me dijo, "yo te compraré muchas cosas lindas".

Esa noche me acosté sintiéndome protegida. Recé pidiéndole a Dios que no me tuviera que ir nuevamente.

Mi madre se dedicó a cuidarme con esmero- Me llevaba a la iglesia los domingos. Muy pronto me regaló mascotas y me matriculó en clases de equitación y de piano. Todos los días me hacía saber lo mucho que me quería. Pero el amor no era suficiente para sanar ese dolor que tenía adentro de mi ser. Todos los días yo presagiaba su cambio de parecer hacia mí, y me decía a mí misma: "Sí me comporto lo suficientemente mal, me abandonará como lo hicieron las demás".

De modo que me dediqué a herirla antes de que ella me hiriera a mí. Le buscaba pelea por cualquier cosa y hacia berrinches cuando no me daba gusto. Azotaba las puer tas, y si ella trataba de controlarme le pegaba. Pero ella jamás perdía la paciencia. Me abrazaba y me decía que me quería a pesar de Lodo. Cuando me daba una rabieta, me mandaba al jardín a brincar sobre el trampolín.

Cuando me fui a vivir con ella yo andaba muy mal académicamente, de modo que mi madre era muy estricta en lo referente a mis deberes escolares. Un día que yo estaba viendo televisión, entró y la desconectó.

"Puedes ver televisión cuando hayas hechos tus tareas escolares", me dijo. Me puse a dar alaridos. Arrojé mis libros al otro lado de la habitación. "¡Te odio y no quiero seguir viviendo contigo!", grité a todo pulmón.

Me quedé esperando que dijera que había llegado la hora de empacar mis cosas. Como no lo hizo. le pregunté:

"¿No me vas a devolver al centro de adopciones?".

"No me gusta como te estás comportando" me dijo, "pero jamás te irás de aquí. Tú y yo somos una familia y los miembros de una familia jamás se abandonan los unos a los otros".

(20)

En ese preciso momento comprendí. Esta mamá era diferente. Ella no me iba a abandonar. Ella me quería de verdad. Entonces me di cuenta de que yo también la quería a ella. Me puse a llorar y la abracé.

En 1985 toda la familia celebró mi adopción formal, con una cena en un restaurante. Me sentía muy bien al saber que pertenecía a una familia. Pero todavía me invadía el miedo. ¿Sería verdad que mi madre me querría para siempre? Mis rabietas no cesaron del todo, pero a medida que pasaban los meses se hicieron menos fre cuentes.

Hoy tengo 16 años. Todas mis calificaciones están por encima de cuatro. Tengo un caballo que se llama Relámpago, cuatro gatos, un perro, seis palomas y un sapo que vive en el estanque del jardín de la casa. Tengo una ilusión: llegar a ser médica veterinaria.

A mi mamá y a mí nos gusta hacer cosas juntas. Salimos de compras y montamos a caballo. Nos da risa cuando la gente nos dice lo mucho que nos parecemos. Nadie cree que. soy adoptada. Nunca me imaginé que podría llegar a ser tan feliz. Cuando sea mayor me gustaría casarme y tener hijos. Pero si eso no sucede, adoptaré un niño como hizo mi mamá. Escogeré una niña triste y asustada, y jamás, jamás me daré por vencida en lo referente a ella. -Vivo feliz porque mi mamá nunca perdió la fe en mí..

SharonWhitley

Condensado de la revista Woman's World

Una madre incondicional

A mi madre le tocó lidiar mucho conmigo, pero creo que a pesar de todo lo encontró divertido.

MARKTWAIN

Reconozco que fui un desastre como quinceañera. Desde luego, no era la quinceañerita de! montón, consentida, incapaz de mantener su habitación presentable y con actitud rebelde. No, yo fui un monstruo manipulador, mentiroso y con lengua viperina, que aceleradamente se dio cuenta de que las cosas se podían amoldar a su voluntad mediante unos pequeños ajustes. Ni el más imaginativo de los guionistas de telenovelas hubiera podido crear jamás una peor "arpía" que yo. Todo me salía a las mil maravillas con sólo unos cuantos comenta-rios desagradables aquí, un par de mentiras allá, y tal vez una mirada iracunda para redondear la actuación. O por lo menos así lo creía.

En términos generales, y en apariencia, yo era una buena chica. Una niña retozona, de nariz respingada, aficionada a los deportes en forma muy competitiva (un giro literario para describir a una chica agresiva y exigente). Me imagino que ésta fue la razón por la cual la mayoría de la gente me permitió darme el lujo de "salirme con la mía", utilizando lo que hoy denomino "táctica de comportamiento de tractomula", o sea una total indiferencia por los sentimientos y valores de los demás. Así fue por lo me nos durante algún tiempo.

Como yo era lo suficientemente perceptiva para doble gar a ciertas personas a mi voluntad, no puedo sino asombrarme al pensar lo mucho que me demoré en darme cuenta del daño que le estaba causando a los demás. No sólo logré espantar a muchos de mis mejores amigos; también tuve gran éxito en sabotear la situación más preciosa de mi vida: la relación con mi madre.

(21)

Hoy, diez años después de mi "reencarnación", cada vez que escudriño mi comportamiento pasado en mi memoria, no dejo de abismarme. Comentarios hirientes que repartía cual latigazos sobre las personas que más quería. Actos colmados de furia y confusión que parecían dominar toda mi vida, encaminados a garantizar el cumplimiento de mi santa voluntad.

Mi madre, quien había dado a luz a los treinta y ocho años en contra de la voluntad del médico familiar, me decía con una tremenda pesadumbre: "¡Por favor no me ahuyentes! ¡Te he esperado tanto tiempo! ¡Yo sólo deseo ayudarte!".

Asumiendo un semblante de estatua de piedra, yo le contestaba: "¡Nunca te solicité; jamás te he pedido que te preocupes por mí. Olvídate de mí y déjame tranquila!".

Mi madre comenzó a pensar que yo hablaba en serio. Mi comportamiento así lo indicaba. Para conseguir a toda costa lo que quería, me volví desconsiderada y manipuladora. Al igual que tantas chicas jóvenes, sólo bastaba que algún muchacho fuera mal visto y díscolo para que de inmediato yo quisiera salir con él. Me ausentaba de la casa a cualquier hora del día o de la noche, para demostrarle al mundo que a mí nadie me detenía. Me volví una malabarista de mentiras complejas, que cual bombas de tiempo siempre estaban a punto de explotarme en la cara. De manera permanente buscaba formas de llamar la atención, a la vez que procuraba volverme invisible.

Desearía poder decir, irónicamente, que era una droga-dicta consumada, que tomaba pastillas causantes de desequilibrios mentales y que fumaba sustancias que alteraban la personalidad. Así podría explicar la razón de las terribles palabras corto punzantes que cual cuchillos salían de mi boca- Pero no se trataba de eso Mi única adicción era el odio; mí único estimulante era inflingir dolor.

Con frecuencia me preguntaba, ¿por qué? ¿Cuál era la necesidad de herir a otros, y sobre todo a aquellos que más quería? ¿Había alguna razón valedera para decir tantas mentiras? ¿Qué me impulsaba a atacar a mi madre? Hasta que, un buen día, el castillo de naipes se derrumbó en un demencia! intento de suicidio.

Después de un intento fallido y poco convincente de lanzarme desde un automóvil que se desplazaba a 120 kilómetros por hora, algo se destacaba todavía más que mis tenis sin cordones. Despierta, en el lecho de la habitación de mi "refugio veraniego" (nombre que le puse al hospital), llegué al convencimiento de que no que ría morir.

Además, estaba segura de que no quería seguir causándole daño a los demás buscando encubrir lo que verdaderamente quería esconder: el odio que me tenía a mí misma. Ese odio que yo había desencadenado sobre los demás.

Por primera vez en muchos años pude observar la cara angustiada de mi madre. Sus cansados ojos color castaño sólo reflejaban agradecimiento por esta nueva oportuni dad que se le brindaba a su hija bien amada, que había traído al mundo a los treinta y ocho años. Éste era mi primer encuentro con un amor incondicio nal. Una experiencia emocional poderosísima. A pesar de todas las mentiras, ella me seguía queriendo. Una tarde lloré sobre su regazo durante horas, y entre sollozos le pregunté por qué me seguía queriendo a pesar de todas las maldades que había padecido. Mirándome a la cara mientras me quitaba el cabello de los ojos, contestó: "En realidad, no lo sé".

En medio de las lágrimas, una sonrisa bondadosa inundó su arrugado rostro dándome a entender todo lo que necesitaba saber. Yo era su hija, pero por encima de eso, ella era mi madre- No todos los hijos descarriados son tan afortunados. No todas las madres pueden

(22)

seguir amándonos incondicionalmente, resistiendo que se las empuje hasta los límites de toda tolerancia, como yo lo había hecho de manera constante con la mía.

El amor incondicional es el más preciado regalo que podemos obsequiar. Ser perdonados por nuestras transgresiones pasadas es la más preciosa dádiva que podemos recibir. No me atrevo a pensar que no es posible recibir esta manifestación de verdadero amor más de una vez en la vida.

Yo he tenido esta suerte. No me cabe duda. Quisiera hacer extensivo este obsequio que mi madre me dio, a todos los "quinceañeros descarriados y confundidos" que andan por el mundo.

No tiene nada de malo sentir dolor, necesitar ayuda, sentir amor: simplemente siéntelo, sin esconderle- Quítate el cubre lecho protector, no te escondas detrás de una rígida pared o una máscara sofocante, y así podrás aspirar el perfume de la vida.

Sarah J.Vogt

El cumpleaños

Sentada junto a la ventana mientras recibía el cálido sol de junio sobre un brazo, tuve que hacer un esfuerzo para obligarme a recordar dónde estaba. Era difícil imaginar que tras esos estéticos gabinetes de caoba se escondía toda una variedad de equipo médico, o que en un abrir y cerrar de ojos las láminas del cielo raso podían desplazarse para dejar al descubierto una batería de lámparas de cirugía. Salvo la evidencia de algunos instrumentos quirúrgicos y la unidad intravenosa junto a la cama, el lugar casi no parecía una habitación de hospital. Mientras observaba el amoblamiento del aposento y el papel de colgadura, la memoria hizo su peregrinar a la época, más bien reciente, cuando toda esta aventura se inició.

Todo comenzó un frío día de octubre. Nuestro equipo de hockey acababa de vencer al

Saratoga por 2 a 1. Emocionada y rendida, me dejé caer en un asiento de nuestro automóvil. Mientras salíamos del colegio mi madre comentó que esa tarde había tenido una cita médica. "¿Qué te pasa?", inquirí, mientras temerosa, hacía un inventario de todos los posibles padecimientos que podrían aquejar a mí madre.

"Pues...". Este titubeo me puso todavía más alerta. "Estoy embarazada".

"¿Estás qué?", pregunté.

"Embarazada", volvió a repetir.

Sobra decir que me quedé muda de sorpresa. Atornillada en mi asiento, lo único que se me ocurría pensar era que esta clase de cosas no le suceden a los padres cuando uno está cursando el último año de bachillerato- Y fue en ese momento cuando comprendí en forma fulminante que muy pronto tendría que compartir a mi madre. Compartir la madre que durante 16 años sólo había sido mía. Se desbordó un enorme resentimiento hacia esa criatura que estaba anidada en las entrañas de mi madre. Yo jamás había deseado que ella tuviera otro bebé cuando se volvió a casar. Desde luego que mí sentimiento era muy egoísta, pero en lo referente a mi madre no deseaba compartirla en lo más mínimo.

Al ver la conmoción y la emoción que le produjo a mi padrastro la noticia de que pronto sería padre por primera vez, no pude sino contagiarme. Me era casi imposible aguantar el deseo de contárselo a todo el mundo, y ¡mi emoción se notaba a leguas de distancia! Pero por dentro procuraba manejar mi desasosiego y temor.

(23)

Mis padres me involucraron en todos las preparativos, desde la decoración de la habitación hasta la selección del nombre, la asistencia a clases de adiestramiento para el parto, y hasta en la decisión de permitirme estar en la sala de partos cuando naciera el bebé, Pero a pesar de toda la felicidad y emoción que el embarazo de mi madre trajo a nuestra casa, me era difícil escuchar a los amigos y parientes hablar permanentemente de la nueva adición a la familia. Temía ser relegada a un segundo plano cuando llegara mi nuevo hermanito. En ciertas ocasiones, a solas, el resentimiento hacia ese pequeñín que me privaría de lo que era mío sobrepasaba la felicidad que su llegada me auguraba.

Sentada en la sala de partos ese 17 de junio, sabiendo que el bebé estaba por llegar, todas mis inseguridades estaban a flor de piel- ¿Cómo sería mi vida de aquí en adelante? ¿Me convertiría en una niñera permanente? ¿De qué me tendría que privar en un futuro próximo? Pero ante todo, ¿perdería a mi madre para siempre? El tiempo para cavilar sobre estos temas se esfumaba. El bebé estaba en camino. Estar allí, en la sala de parto, acompañando a mi madre, fue una de las experiencias más extraordinarias de mi vida, pues el nacimiento verdaderamente es un milagro- Cuando el médico anunció que tenía una

hermanita, me deshice en lágrimas.

Todas mis inseguridades y temores se han desvanecido con la ayuda de una familia cariñosa y comprensiva. Es difícil explicar ese sentimiento tan especial que llena mi corazón al tener a un ser tan pequeñito que me acompaña mientras espero el bus del colegio, y que se despide de mí agitando su pequeña mano, mientras mamá la sostiene junto a la ventana. Es maravilloso no tener tiempo ni para quitarme el abrigo cuando llego del colegio, pues ya estoy sintiendo el jaloneo de su manita invitándome a jugar.

Ahora comprendo que en mi hogar hay suficiente amor para Emma. Mi resentimiento por lo que ella supuestamente me iba a quitar, se ha desvanecido al percatarme de que nada me ha quitado y que, por el contrario, ha traído muchas cosas bellas a mi vida- Jamás pensé que podía llegar a querer a un bebé de esta forma, y por nada en el mundo cambiaría el placer que me produce ser su hermana mayor.

MelissaEsposito

La carrera completa

El 18 de junio fui a ver a mi hermanito menor jugar al béisbol, como de costumbre. A la sazón, Carlitos tenía doce años y llevaba jugando unos dos años. Cuando me di cuenta de que se preparaba para salir a batear, decidí acercarme y darle algunos consejos. Pero al

llegar tan sólo le dije, "Te quiero".

Él, a su vez, me contestó: "¿Eso quiere decir que deseas que yo haga una carrera completa?". , Sonreí y le dije: "Haz lo mejor que puedas".

Al acercarse al plato, observé que lo rodeaba una cierta aureola- Se veía seguro y confiado de lo que se proponía hacer. Le bastó un solo golpe, y el hombre logró hacer su primera carrera completa. Los ojos le brillaban y el rostro se le iluminó, mientras sonriente y orgulloso corría de base en base. Pero lo que más me llegó al alma sucedió cuando regresó al cobertizo de espera. Me buscó con la vista y, con una sonrisa de oreja a oreja, me dijo:

(24)

No recuerdo si su equipo ganó o perdió el partido, cosa sin ninguna importancia en ese veraniego día tan especial del mes de junio.

TerriVandermark

Mi hermano mayor

Primero decide lo que quieres ser, y luego haz lo que tienes que hacer.

EPICTETUS

Jamás pensé que la ausencia de medias sucias y música a todo volumen me haría sentir tan

triste. Pero resulta que tengo catorce años y mi hermano se fue de casa para ingresar a la universidad, y me hace mucha falta. Tene mos una afinidad inusual entre hermanos, pero no cabe duda de que él es un personaje poco usual. Por supuesto, es un tipo cariñoso e inteligente y además todas mis amigas dicen que es hermoso y cosas por el estilo. Pero lo que más me enorgullece de él es su interés por los demás, su manera de manejar las cosas y de tratar a sus amigos y familiares. Así quisiera ser yo. Permítanme explicarles lo que quiero decir....

Se inscribió en catorce universidades. Lo aceptaron en todas, excepto en la que él quería, la Universidad de Brown. Así que se fue a la segunda que escogió, donde tuvo un año sin novedades. Al llegar de vacaciones ese verano nos informó que tenía un plan. Consistía en hacer lo que fuera necesario para lograr su ingreso a la universidad de Brown. Quería saber si contaba con nuestro apoyo.

Decidió trasladarse al estado de Rhode Island para estar cerca de esa universidad. Conseguiría un empleo y haría todo lo posible para hacerse conocer en el vecindario.

Trabajaría de sol a sol, nos dijo, para sobresalir en todo. Alguien se percataría de su esfuerzo, de eso estaba seguro. Ésta era una decisión magna para mis padres, pues implicaba que mi hermano se retiraría de la universidad durante un año, lo cual les preocupaba mucho. Pero le dieron su confianza y lo apoyaron para que lograra convertir su sueño en realidad,

En poco tiempo logró ser contratado, asómbrense, por la Universidad de Brown para producirles sus obras de teatro. Se le había presentado la oportunidad de destacarse, y eso hizo. No había oficio grande o pequeño al que no se le midiera. Puso todo su empeño en el

trabajo a su cuidado. Conoció a los profesores y administradores universitarios, y hablaba con todo el mundo acerca de su sueño, sin el menor remilgo, para decirles qué era lo que deseaba.

Sobra decir que al final del año, cuando volvió a solicitar ingreso a Brown, fue aceptado. Todos estábamos de pláceme, pero para mí la felicidad era especialmente profunda. Mi hermano me había inculcado una enseñanza muy importante; algo que jamás habría aprendido a base de palabras, pues era una enseñanza que entraba por los ojos. Si trabajo con ahínco por lo que quiero, y sigo insistiendo después de que me hayan cerrado la puerta en la cara, mis sueños también pueden volverse realidad. Éste es un regalo que todavía llevo en mi corazón. Mi hermano me enseñó a confiar en la vida.

Hace poco fui a Rhode Island sola, a visitar a mi hermano. Durante una semana la pasé de maravilla en su apartamento, sin mis padres- La noche anterior a mi regreso a casa, nos

Referencias

Documento similar

Petición de decisión prejudicial — Cour constitutionnelle (Bélgica) — Validez del artículo 5, apartado 2, de la Directiva 2004/113/CE del Consejo, de 13 de diciembre de 2004, por

o esperar la resolución expresa" (artículo 94 de la Ley de procedimiento administrativo). Luego si opta por esperar la resolución expresa, todo queda supeditado a que se

1. LAS GARANTÍAS CONSTITUCIONALES.—2. C) La reforma constitucional de 1994. D) Las tres etapas del amparo argentino. F) Las vías previas al amparo. H) La acción es judicial en

La oferta existente en el Departamento de Santa Ana es variada, en esta zona pueden encontrarse diferentes hoteles, que pueden cubrir las necesidades básicas de un viajero que

Tras establecer un programa de trabajo (en el que se fijaban pre- visiones para las reuniones que se pretendían celebrar los posteriores 10 de julio —actual papel de los

b) El Tribunal Constitucional se encuadra dentro de una organiza- ción jurídico constitucional que asume la supremacía de los dere- chos fundamentales y que reconoce la separación

Volviendo a la jurisprudencia del Tribunal de Justicia, conviene recor- dar que, con el tiempo, este órgano se vio en la necesidad de determinar si los actos de los Estados

La heterogeneidad clínica de esta patolo- gía hizo que se considerasen a numerosos genes de pro- teínas de la matriz extracelular (elastina, fibronectina, genes de los colágenos de