Orientaciones - Sociologia - UBA XXI

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SOCIOLOGÍA

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

Rector Rubén Hallu

Vicerrector Alberto Edgardo Barbieri

Secretaría de Asuntos Académicos María Catalina Nosiglia

Subsecretaria de Innovación y Calidad Académica Marilina Lipsman PROGRAMA UBA XXI

Directora Claudia Lombardo

Vicedirectora Diana Mazza

Coordinación Desarrollo Pedagógico María Alejandra Codazzi

Coordinación Producción Multimedial Liliana Castillo

María Alejandra Batista Ariadna Pou

Patricia Bucich Ariel F. Guglielmo

Coordinación Comunicación Integral Marcela Gamberini

GUÍA DE ESTUDIO Equipo Docente

Profesora titular de Sociología Sara Lifszyc

Coordinador de contenidos Juan Bustos

Autores de Orientaciones Liliana Alegre

Emiliano Álvarez Juan Bustos Sara Lifszyc Sebastián Puente Florencia Schkolnik Claudio Zusman

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Orientaciones para el estudio de la bibliografía obligatoria : Sociología . 1a ed. -Buenos Aires : Eudeba, 2012. - (UBA XXI; 0)

E-Book.

ISBN 978-950-23-2031-1

1. Sociología. 2. Guía de Estudio. 3. Enseñanza Superior. CDD 301

Eudeba

Universidad de Buenos Aires Primera edición: agosto de 2012

© 2009, Editorial Universitaria de Buenos Aires Sociedad de Economía Mixta

Av. Rivadavia 1571/73 (1033) Ciudad de Buenos Aires Tel.: 4383-8025 / Fax: 4383-2202

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¿QUÉ ES UBA XXI?

UBA XXI es el Programa de Educación a Distancia de la Universidad de Buenos Aires, dirigido a alumnos

interesados en adoptar esta modalidad de enseñanza para cursar algunas materias del Ciclo Básico Común. Es una propuesta multimedial que brinda distintos materiales y recursos para organizar el estudio de modo autónomo, sin la obligación de asistir a clases.

En la página web institucional (http://www.uba.ar/academicos/uba21) se encuentra la información sobre esta propuesta de estudio y las primeras orientaciones para incorporarse al Programa.

Además, UBA XXI cuenta con un Campus virtual, (http://www.ubaxxivirtual.uba.ar), un entorno en el cual los alumnos interactúan con docentes y compañeros, así como también acceden a actividades, materiales didácticos y recursos multimediales para acompañar el cursado de las asignaturas elegidas.

SOCIOLOGÍA EN UBA XXI

Para abordar los contenidos de la materia Sociología en esta modalidad, el estudiante cuenta con los siguientes materiales y recursos didácticos:

- Textos impresos de lectura obligatoria: Orientaciones para el estudio... y Bibliografía.

- Un espacio en el Campus virtual desde el cual podrá acceder al correo electrónico para consultas sobre la materia, actividades de aprendizaje como foros de discusión y de orientación pedagógica y a otros recursos didácticos que lo acompañarán en el estudio.

- Tutorías presenciales que son encuentros optativos para abordar los temas del programa, aclarar dudas sobre los contenidos y sobre las actividades de aprendizaje.

- Sala de lectura en la que se puede consultar la bibliografía obligatoria para el estudio de la materia, en la Sede Central, Pte. J. E. Uriburu 950, piso 1; correo electrónico: bibliotecaubaxxi@rec.uba.ar

Orientaciones para el estudio de la bibliografía obligatoria de Sociología es una herramienta didáctica que

acompaña la lectura de la bibliografía obligatoria de la asignatura.

El objetivo principal es el de guiar a los alumnos en la comprensión de la materia. Está organizado siguiendo el desarrollo del programa. En cada unidad se anticipan los temas y la bibliografía, se sugieren preguntas y orientaciones para el aprendizaje y se incluyen los Documentos de Cátedra, que son textos elaborados por los profesores en los que se hace referencia a las ideas principales de los autores tratados en la bibliografía obligatoria. Se posibilita y estimula, de esta manera, la reflexión y el análisis, así como la adquisición de conceptos, categorías e

interpretaciones teóricas propias de la disciplina. Este material didáctico es de lectura obligatoria.

Recomendamos ingresar con frecuencia al espacio que la materia tiene en el Campus virtual para participar de los foros y de otras actividades que allí se proponen.

Damos una cálida bienvenida a los estudiantes que se incian en el estudio de Sociología.

El objetivo de estas líneas es sugerirles el camino a transitar por los diferentes materiales didácticos que la materia brinda.

Consideramos que la lectura de la Introducción a la materia, en Orientaciones para el estudio de la

bibliografía obligatoria de Sociología, es un comienzo apropiado en la medida que contextualiza

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elaboración de su programa.

Luego, es conveniente adoptar para cada unidad la siguiente secuencia de lectura: comenzar por la

Introducción a la unidad, con el fin de tener una visión global de los objetivos que persigue la misma y la

manera en que se organizan los contenidos teóricos en su interior.

Acto seguido, proponemos avanzar con la primera lectura de los textos obligatorios. Esta lectura tiene por horizonte una exploración de las obras y un acercamiento inicial a los conceptos y vocabulario específico que cada autor presenta.

Una vez abordados los textos de la forma antes mencionada, sugerimos que se vuelva a las Orientaciones. para guiarse en un segundo abordaje. El apartado Guía de lectura de los textos organiza el contenido de cada uno de ellos, señalando sus puntos centrales y orientando la lectura en la medida que pone énfasis en aquellos conceptos que nos interesa subrayar en cada autor.

Por último, presentamos dos tipos de Documentos de Cátedra: un grupo constituido por los documentos incorporados en las Unidades 1, 3 y 4, que se deben considerar como un apoyo a la lectura de la

bibliografía, y el documento incluido en la Unidad 2, dedicado a la conceptualización del capitalismo y su significación histórica.

Deseamos a todos mucho éxito en la cursada y quedamos a disposición para responder a las preguntas, inquietudes y sugerencias que puedan surgir durante la misma.

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PROGRAMA DE LA MATERIA

Unidad 1: Sociología y vida cotidiana

Lo social y lo natural. La vida cotidiana como fenómeno social y campo de conocimiento. Estructura de la vida cotidiana y su relación con la dimensión histórica, social e individual. Relación entre vida cotidiana y sociología. La acción social y su significación.

Unidad 2: Tres perspectivas sociológicas.

Las matrices fundamentales del pensamiento sociológico

Las diferentes concepciones de la sociedad a través del concepto de hechos sociales de Émile Durkheim, de acción social y relación social de Max Weber y de relaciones sociales de producción de Karl Marx. Interpretación del legado de estos autores.

Unidad 3: Poder

Poder, dominación y relaciones sociales. Poder y reproducción social: Estado y aparatos de Estado. Relaciones de dominación social y legitimidad. El poder como tecnología. Poder y vida cotidiana.

Unidad 4: Ideología y producción social en la vida cotidiana

El concepto de ideología. La elaboración de dicho concepto en la obra de Marx y de Althusser. La función de la ideología en la construcción de la subjetividad (concepto de sujeto). Su estructura material y simbólica. La ideología y su modo de plasmarse en la vida cotidiana (tesis material). La ideología dominante y la reproducción social (interpelación). La crítica ideológica: las ideologías populares, su estudio histórico.

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BIBLIOGRAFÍA OBLIGATORIA

(Citada según el orden sugerido de lectura)

Unidad 1: Sociología y vida cotidiana

- Unidad 1 en Orientaciones para el estudio de la bibliografía obligatoria de Sociología, producido por UBA XXI y editado por Eudeba, 2009.

- Marqués, Joseph Vincent, No es natural - Para una sociología de la vida cotidiana, Barcelona, Anagrama, 1982, capítulo 1: "Casi todo podría ser de otra manera".

- Mills, Charles Wright, La imaginación sociológica, México, Fondo de Cultura Económica, 1961, capítulo 1: "La promesa".

- Elías, Norbert, Sociología Fundamental, Barcelona, Gedisa, 1982, Introducción.

- Heller, Ágnes, Historia y vida cotidiana. Aportación a la sociología socialista, México, Enlace-Grijalbo, 1985, capítulo II: "La estructura de la vida cotidiana".

- Berger, Peter y Luckmann, Thomas, La construcción social de la realidad, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 2001, parte II: "La sociedad como realidad objetiva" y parte III: "La sociedad como realidad subjetiva".

-Documento de Cátedra: Schkolnik, Florencia, Un acercamiento a la vida cotidiana desde los conceptos de

Agnes Heller, en estas Orientaciones..., 2009, y en el Campus virtual de UBA XXI.

Unidad 2: Tres perspectivas sociológicas.

Las matrices fundamentales del pensamiento sociológico

- Unidad 2 en Orientaciones para el estudio de la bibliografía obligatoria de Sociología, producido por UBA XXI y editado por Eudeba, 2009.

- Durkheim, Émile, Las reglas del método sociológico y otros escritos sobre la filosofía de las ciencias

sociales, Madrid, Alianza, 1988, capítulo I: "¿¿Qué es un hecho social?".

- Marx, Karl, "Introducción General a la Crítica de la Economía Política de 1857", en Introducción General a la

Crítica de la Economía Política de 1857, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 1997.

- Weber, Max, Economía y Sociedad, México, Fondo de Cultura Económica, 1997, Primera Parte, sección II: "Concepto de la acción social".

- Wallerstein, Immanuel, El Legado de la Sociología, la promesa de la ciencia social, Caracas, Nueva Sociedad, 1999, "El legado de la sociología, la promesa de la ciencia social".

- Bauman, Zygmunt, Pensando Sociológicamente, Buenos Aires, Nueva Visión, 1994, "Introducción: Sociología, ¿para qué?".

- Documento de Cátedra: Lifszyc, Sara, "El capitalismo", publicado originalmente en Lifszyc, Sara (comp.),

Sociología. Los hechos sociales, Buenos Aires, Gran Aldea Editores, 2001; e incluido en estas Orientaciones...,

2009, y en el Campus virtual de UBA XXI.

Unidad 3: Poder

- Unidad 3 en Orientaciones para el estudio de la bibliografía obligatoria de Sociología, producido por UBA XXI y editado por Eudeba, 2009.

- Althusser, Louis; Ideología y aparatos ideológicos de Estado, Buenos Aires, Nueva Visión, 1988.

- Weber, Max, Economía y Sociedad, México, Fondo de Cultura Económica, 1997, Primera Parte: capítulo I, sección II: "Poder y dominación", pp. 43 a 44; capítulo III: "Los tipos de dominación", pp. 170 a 181 y pp. 193 a

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202 (4. "Dominación carismática").

- Foucault, Michel, Historia de la sexualidad I. La voluntad de saber, México, Siglo XXI, 1987, capítulo IV, punto 2, "Método".

- Foucault, M., "Las redes del poder", en revista Fahrenheit450, Buenos Aires, año 1, N° 1, 1986.

- Documento de Cátedra: Zusman, Claudio, En torno al concepto weberiano de dominación legítima, en estas

Orientacione..., 2009, y en el Campus virtual de UBA XXI.

Unidad 4: Ideología y producción social en la vida cotidiana

- Unidad 4 en Orientaciones para el estudio de la bibliografía obligatoria de Sociología, producido por UBA XXI y editado por Eudeba, 2009.

- Lefebvre, Henri, Sociología de Marx, Barcelona, Ediciones Península, 1969, capítulo III: "Sociología del conocimiento e ideología".

- Ricoeur, Paul, Ideología y utopía, Barcelona, Gedisa, 1994, capítulo 5: "Marx: La ideología alemana". - Althusser, Louis, Ideología y aparatos ideológicos de Estado, Buenos Aires, Nueva Visión, 1988.

- Pécheux, Michel, "El mecanismo del reconocimiento ideológico", en ZiZek, Slavoj (comp.), Ideología, un mapa

de la cuestión, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2008.

- Duby, Georges, "Historia social e ideología de las sociedades", en Le Goff, Jacques y Nora, Pierre (comps.),

Hacer la historia, Barcelona, Laia, 1978, vol. I.

- Documento de Cátedra: Bustos, Juan, El concepto de "Ideología" en el pensamiento de Louis Althusser, en estas Orientaciones..., 2009, y en el Campus virtual de UBA XXI.

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INTRODUCCIÓN A LA MATERIA

En principio proponemos, como un primer acercamiento a esta materia, un breve recorrido histórico por los inicios del pensamiento científico en general, y por el surgimiento de la Sociología como disciplina teórica en particular.

Es apropiado señalar que el pensamiento científico tal como lo conocemos hoy en día no ha existido desde siempre y hasta podemos decir que es reciente si uno tiene en cuenta la cantidad de siglos de pensamiento racional en occidente.

Ubicamos como mojón histórico el siglo VI antes de Cristo, como el momento en el que se inicia el pensamiento griego antiguo y con él una historia de reflexión que desemboca en la conformación de la ciencia moderna en el siglo XVII.

Aclaremos esta proposición: la decisión de tomar el siglo VI a.C. como el momento de inicio del pensamiento antiguo entraña una posición filosófica determinada y es la que sostiene que el nacimiento de la filosofía en Grecia se produce en relación con determinados acontecimientos históricos, políticos y sociales. Es decir que no surge como una especulación ante la muerte ni como una reflexión vinculada a episodios metafísicos que reclamaban explicación. Insistimos, nace asociada a precisos acontecimientos políticos y sociales que caracterizan la Grecia antigua y la conformación de la polis.

Estamos afirmando que hubo reflexión, pensamiento, conocimiento, pero es recién entrado el siglo XVII que dicho conocimiento toma determinadas características y se constituye en pensamiento científico como tal. Dicho nacimiento no se produjo por salto ni espontáneamente, es el resultado también de diversas determinaciones filosóficas, políticas y sociales. Dice Koyré: "La ciencia moderna no ha brotado perfecta y completa de los cerebros de Galileo y Descartes, como Atenea de la cabeza de Zeus. Al contrario. La revolución galileana y cartesiana -que sigue siendo, a pesar de todo, una revolución- había sido preparada por un largo esfuerzo del pensamiento. Y no hay nada más interesante que la historia de este esfuerzo, la historia del pensamiento humano que trata con obstinación los mismos eternos problemas, encontrando las mismas dificultades, luchando sin tregua contra los mismos obstáculos y forjando lenta y progresivamente los instrumentos y herramientas, es decir, los nuevos conceptos, los nuevos métodos de pensamiento, que permitirán por fin superarlos".[1]

En términos filosóficos, "se trata de la sustitución del teocentrismo medieval por el punto de vista humano; de la sustitución del problema metafísico, y también del problema religioso, por el problema moral; del punto de vista de la salvación por el de la acción".[2]

Se han nombrado dos autores importantes: Galileo Galilei (1564-1642) y René Descartes (1596-1650). El primero es sumamente relevante porque se considera que la física moderna nace con él y acaba con Albert Einstein (1879-1955), y el segundo, Descartes, es el filósofo que permite, a partir de su razonamiento, la inauguración de la ciencia misma.

Aquí nos detendremos unos instantes. Descartes es un filósofo que propone el famoso cogito, denominado justamente cogito cartesiano (dubito, ergo cogito, ergo sum, léase: "dudo, luego pienso, luego existo") y que trata de fundamentar el conocimiento en la exclusiva operación racional.

El proyecto cartesiano consiste en una reforma absoluta del saber que se inicia con la "duda" como método. La duda, llamada hiperbólica, va a recaer sobre todo lo que puede darse en el sujeto como representación; es la experiencia más evidente que confirma la certeza del sujeto como pensante. Es decir, todo el mundo (sensible, por ejemplo), todos los conocimientos, pueden ser puestos en "duda", pero de lo único que no se dudará es de que se está justamente "dudando", es decir, pensando. He allí la certeza del pensamiento independiente de cualquier instancia (léase, fe, religión o Dios) que es necesaria para la formulación de un cuerpo teórico racional y científico y, por ende, para el establecimiento de la cadena demostrativa de la ciencia.

En definitiva, el famoso cogito (pienso, luego existo), aparte de sostener una existencia cuyo fundamento es el "pensar" (existe porque piensa, podríamos decir), sirve de base para fundar un pensamiento (una sustancia pensante) que no necesite otra instancia que la propia razón para su articulación y su coherencia.

Hasta aquí hemos esbozado sintéticamente el momento llamado moderno y el surgimiento de la ciencia también llamada moderna. La física, la astronomía, la matemática, y luego la biología, son ciencias que se constituyen en esta época y cuya consideración es ineludible a la hora de entender la especificidad con que nacen las teorías sociales en el siglo XVIII y las ciencias sociales en el siglo XIX. Por ejemplo, será de sus métodos (método de observación y clasificación en la biología) de los que deberá, según Norbert Elías (Unidad 1), desembarazarse la Sociología para

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arribar a un pensamiento sobre lo social que no esté afectado por la especificidad propia de objetos y métodos de otras ciencias. La oposición individuo-sociedad no da cuenta de la verdadera conformación de "lo social" ni de su especificidad. Esta distinción arrastraría, para el autor mencionado, los "vicios" de observación y clasificación propios de la biología.

El Iluminismo (siglo XVIII) y el surgimiento de la teoría social

El siglo XVII fue el siglo de la consolidación de las monarquías absolutistas y del desarrollo de las ciencias exactas (física, astronomía, óptica, mecánica). En el siglo XVIII se inicia la crisis del orden absolutista (y la emergencia de la burguesía como clase social en ascenso), lo cual conllevará el surgimiento del moderno

pensamiento político y social, pero fuertemente marcado por la influencia de las nuevas ciencias en auge, las ciencias naturales. Al siglo del racionalismo lo sucede el Siglo de las Luces bajo el signo de una corriente de pensamiento conocida como Ilustración o Iluminismo.

El Iluminismo, que se reconocía como heredero tanto del racionalismo francés como del empirismo inglés del siglo anterior, partía de una fe absoluta en la razón y la observación científica, y denunciaba las verdades inspiradas en la autoridad establecida, la revelación divina o la mera tradición. La razón y la ciencia aportaban los elementos fundamentales para que los hombres alcanzaran niveles de libertad y perfectibilidad ilimitados; los progresos de "las luces" (entendimiento) allanaban entonces el camino para que los hombres en constante proceso de mejoramiento fueran felices, es decir, libres de las tinieblas de la ignorancia y la opresión.

Razón y observación eran para estos pensadores la base de todo método científico, su arraigada "profesión de fe". A la vez, mantenían en grados diversos, según los autores y las circunstancias, una postura -al decir de Zeitlin-"crítico-negativa": "mantenían siempre una actitud crítica frente al orden existente, el cual, según opinaban, ahogaba las potencialidades del hombre".[3]

Un impacto de enorme trascendencia causó la publicación, en 1735, del libro de Carl Linneo (1707-1778)

Systema Naturae (Sistema de la Naturaleza). En él, el botánico sueco estableció una sistematización y clasificación,

según criterios racionales, de todas las especies vegetales conocidas hasta el momento, a la cual posteriormente sumó el reino animal. Al establecer una moderna nomenclatura botánica normalizada (basada en los sistemas reproductivos de las diversas especies), Linneo ofreció un método ordenador que no tardaron en imitar los demás sabios y que fue tenido muy en cuenta por los filósofos y economistas que reflexionaban sobre el origen y desarrollo de las sociedades y los regímenes políticos. Estos pensadores se convencieron de que el hombre era parte del sistema natural y, por lo tanto, el comportamiento humano para ser explicado, debía ser sometido a la misma rigurosidad científica que se comenzaba a aplicar a los fenómenos naturales.

La naturaleza aparecía como un caos, era necesario entonces ordenar ese caos a través de la clasificación, presupuesto para su conocimiento. Linneo llamó a su sistema "el hilo de Ariadna de la clasificación, sin la cual sólo existe el caos".[4] Una de las premisas del Iluminismo fue la de "dominar la naturaleza", pero dominio entendido en el sentido de conocer sus leyes; y este conocimiento a su vez redundaría en beneficio del hombre. Se hizo evidente la necesidad de conocer, asimismo, las leyes que regían el surgimiento, desarrollo y caída de sociedades y estados para poder contribuir al establecimiento de un orden social basado en principios racionales que permitiera el libre desarrollo del progreso (concepto que procede del Iluminismo, así como el de civilización) y las potencialidades humanas. El modelo naturalista aportaba la base para formular estas leyes estableciendo clasificaciones y

comparaciones y prescindiendo de razones divinas o ultraterrenas, lo cual significó una concepción profundamente revolucionaria. Recordemos que las monarquías justificaban su dominación y el mantenimiento de determinado orden social, basándolos en la "voluntad de Dios".

Discípulos de Linneo y muchos otros viajeros y naturalistas europeos salieron en el Siglo de las Luces a recorrer el mundo (especialmente América y Oceanía), no ya como en tiempos precedentes para conquistar y colonizar, sino más bien para conocer y estudiar la naturaleza, hasta entonces desconocida para los ojos europeos. De esta

manera, pensaban contribuir al avance de la ciencia y el progreso de la humanidad. Claro está, que las motivaciones políticas nunca fueron del todo ajenas. Célebres fueron los viajes de La Condamine, Bouganville, J. Cook,

Malaspina y, ya en los albores del siglo XIX, Humboldt y Bonpland, Darwin y Fitz Roy.

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minerales y fenómenos climáticos, volcánicos y geográficos, sino que también aportaron una gran cantidad de observaciones sobre culturas y pueblos, costumbres y formas de organización hasta entonces desconocidas para el público europeo. En estas culturas consideradas como inferiores o incivilizadas se creyó ver, sin embargo, algo así como la infancia de la humanidad. Es decir, una matriz más o menos común a partir de la cual habían evolucionado en mayor o menor medida todas las sociedades. Pero, a gusto con la época, se consideró a estas culturas primitivas como más cercanas a la naturaleza, lo que intensificó aún más el interés sobre ellas, y, ya veremos cómo, eso influyó en el surgimiento de la moderna teoría social.

John Locke (1632-1704) sostuvo que "en el principio, todo el mundo era América", con lo cual quiso expresar la importancia que tenía la observación de las sociedades primitivas para la comprensión de los orígenes de la vida social. Los economistas y filósofos del siglo XVIII tuvieron, como sostiene Meek, "un interés común, aplicar al estudio del hombre y de la sociedad esos métodos científicos de investigación que habían demostrado,

recientemente, su valor e importancia en el campo de las ciencias naturales".[5] El criterio de clasificación y compresión del desarrollo de las sociedades por estadios sucesivos fue entonces establecido a partir de la manera en que los hombres se agrupan para obtener alimento y subsistir. Lo que el historiador escocés William Robertson (1721-1793) denominó modos de subsistencia (caza, ganadería, agricultura, comercio) y que es claramente la prehistoria del concepto modo de producción, de tan fructífera utilización por parte de Marx en el siglo siguiente (autor que analizaremos en la Unidad 2).

Los contractualistas, filósofos políticos, sostenían que el origen del Estado se encontraba en una suerte de pacto originario que los hombres hacían para defenderse entre sí, delegando sus derechos "naturales" en una autoridad. Este contrato social sacaba a los hombres del estado de naturaleza y los arrojaba de lleno a la vida social. Aunque las posturas políticas variaban según los autores contractualistas (autoritaria y monárquica en el caso de Hobbes, liberal en Locke y democrática en Rousseau), todos ellos coincidían en la hipótesis de un contrato fundante no sólo del Estado, sino, también y simultáneamente, de la propia sociedad. La sociedad era entonces una ruptura con el orden natural y esto era necesario para la propia existencia de la humanidad, según sostenía Thomas Hobbes (1588-1679) en el siglo XVII, porque en el estado de naturaleza el hombre era según su célebre fórmula, "lobo del hombre" (homo lupus homini), es decir, luchaba contra su semejante hasta la mutua destrucción. En un sentido inverso, para el ginebrino Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), la sociedad, al alejar al hombre de la naturaleza, lo corrompía y degradaba. Este pensador creía ver en las sociedades primitivas, que en ese momento los europeos comenzaban a estudiar, hombres puros, no degradados e integrados a la naturaleza; lo que se popularizó como el mito del "buen salvaje". No creía, empero, que los civilizados pudieran volver a estado prístino, por lo tanto,

deberían fundar un nuevo orden por medio de un nuevo contrato social, basado en la "voluntad general", base de las posteriores teorías democráticas.

Según Charles Louis de Montesquieu (1689-1755), padre de la teoría de la separación de poderes y el moderno constitucionalismo, el clima y la topografía determinaban el carácter de los pueblos y, por lo tanto, las características de sus instituciones, o más bien, las instituciones y las leyes debían adaptarse a ese carácter y a esa determinación natural.

En definitiva, para los teóricos del Siglo de las Luces, la reflexión sobre la relación de la naturaleza y la sociedad bajo el método de las ciencias naturales era fundamental para desarrollar un pensamiento social y político. La fundación de una teoría social y de una sociología sobre nuevas y propias bases será la obra del siglo XIX.

El Siglo XIX y el nacimiento de la Sociología

Las últimas décadas del siglo XVIII y la primeras del XIX estarán signadas por lo que el historiador británico Eric Hobsbawm llamó la "doble revolución", que en realidad, son dos revoluciones casi simultáneas, una de corte económico-tecnológico y otra político-social: la Revolución Industrial Inglesa y la Gran Revolución Francesa. La primera con la introducción del maquinismo y múltiples innovaciones técnicas y la producción de mercancías a gran escala; la segunda con la destrucción del antiguo régimen absolutista y la fundación del Estado-Nación moderno. Ambos movimientos barrieron con las supervivencias del feudalismo en Europa y crearon las condiciones para la consolidación del capitalismo y su posterior expansión hacia todos los rincones del planeta. Dice Hobsbawm: "El período histórico iniciado con la construcción de la primera fábrica del mundo moderno en Lancashire y la

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Revolución Francesa de 1789 termina con la construcción de su primera red ferroviaria y la publicación del Manifiesto Comunista".[6]

Estos cambios tan acelerados y abruptos, fundacionales del mundo moderno, conllevaron un profundo

trastrocamiento de los estilos de vida tradicionales y sus valores asociados, las relaciones sociales y las formas de dominación. Nuevas clases sociales, nuevas ideologías y nuevos conflictos implicaron un renovado desafío intelectual. La necesidad de explicar el nuevo orden, de justificarlo o cuestionarlo según los casos, marcaron el nacimiento de una nueva ciencia, la ciencia de la sociedad o sociología.

Tal vez, el primer exponente de esta nueva ciencia sea el francés Claude-Henri de Saint-Simon (1760-1825), particularmente con su obra Catecismo Político de los Industriales de 1823. Saint-Simon no entiende por industriales solamente a los propietarios de industrias, sino que incluye en esa categoría tanto a capitalistas como a obreros y a todos los que participan de actividades productivas, contraponiéndolos a las clases ociosas, rentistas o improductivas. Si bien no advierte el conflicto de intereses entre las distintas "clases productivas", su intento es pionero en el análisis de las clases del nuevo sistema industrial y el papel que en el mismo le cabe a los valores como fuerza organizadora y cohesionadora junto con la ciencia y la planificación racional de las actividades productivas.

La preocupación saintsimoniana por el orden social cobrará un perfil netamente más conservador en la obra de su discípulo Auguste Comte (1798-1857), quien acuñó, precisamente, el término sociología. Comte postulará un "método positivo": el desarrollo humano es resultado de una evolución intelectual plasmado en la ciencia o "espíritu positivo" que supera los estadios anteriores, teológicos o metafísicos; el reordenamiento necesario de la sociedad presupone un reordenamiento intelectual (base de todo progreso) inspirado en los avances de la ciencias naturales y físicas. La sociología, a la que ocasionalmente llama "física social", imbuida de "filosofía positiva", tiene el papel de predecir, subordinándose a la observación objetiva, para prevenir el desorden. El análisis de clases sociales se diluye en el planteo comtiano; todos los seres vivos presentan dos órdenes de fenómenos distintos (los relativos al individuo y los que afectan a la especie). Los individuos deben aceptar el lugar que ocupan en el todo y someterse a ese todo que es la sociedad misma, como los individuos en la propia naturaleza para la supervivencia de cada especie. Persiste entonces, el rechazo a toda distinción metodológica entre ciencias naturales y ciencias humanas o sociales.

En un sentido similar, pero remarcando la autonomía de los individuos, Herbert Spencer (1820-1903) tomó la teoría de la evolución de Charles Darwin (1809-1882) y, sobre todo, las ideas de "supervivencia de los más aptos" y "selección natural", para conformar una sociología de fundamentos fuertemente biológicos; básicamente, lo que luego se conoció como "darwinismo social". Conviene remarcar, empero, que Darwin no es responsable por las consecuencias teóricas de dicha corriente, ya que su trabajo se circunscribió a la evolución biológica de las especies, y de ninguna manera, como él mismo se encargó de aclararlo, pretendió dar una explicación de la sociedad.

De este modo, el modelo naturalista aplicado a la teoría social, que había tenido un sentido revolucionario en la época del antiguo régimen (legitimado por el "derecho divino"), devino en un recurso claramente conservador en la primera etapa de consolidación del nuevo orden capitalista.

Con la segunda mitad del siglo XIX emergerán las tres figuras fundamentales de la sociología moderna, los tres modelos clásicos: Karl Marx (1818-1883), Max Weber (1864-1920) y Émile Durkheim (18581917), aunque sólo este último se autodefinirá como sociólogo y será pionero en la fundación de la sociología como disciplina

académica.

En estos tres pensadores encontramos planteados los problemas fundamentales de lo que constituye hasta el presente el núcleo de la mirada sociológica actual, tema que será desarrollado en detalle en las Unidades 2 y 3 del presente programa.

El paradigma de la vida cotidiana

La sociología como ciencia, desde su fundación hasta nuestros días, ha desplegado diversos marcos teóricos que ubican distintos objetos de estudio. Pero esta diversidad implica que, como en toda ciencia, son posibles múltiples perspectivas de abordaje.

Consideramos, a grandes rasgos, que la sociología se propone el estudio de las relaciones sociales, es decir, cómo se regulan dichas relaciones entre los hombres y el modo en que se fundan las normas, las instituciones y las

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formas organizacionales.

Ahora bien, dicho estudio puede abordarse desde diferentes perspectivas, como ya dijimos.

Es objetivo de esta cátedra elegir, como eje de análisis de las problemáticas sociales, la perspectiva de la vida cotidiana.

Ubicar a la vida cotidiana como objeto de estudio de la Sociología es un acontecimiento relativamente reciente. Podemos decir que es en tiempo de la posguerra que se instala como objeto de preocupación para los

investigadores sociales la esfera de la vida privada de los hombres, vale decir, la vida cotidiana.

Nos dice Norberto Lechner que para el pensamiento clásico la vida cotidiana, en tanto ámbito de lo doméstico, representaba "una existencia inferior respecto del mundo público, la polis".[7]

Luego, entrado el medioevo, será el cristianismo quien ofrezca una visión de la vida cotidiana como "la existencia carnal-materialista del hombre, es decir, el ámbito del pecado".[8]

En el marco de los estudios actuales, la vida cotidiana se sitúa "[...] en el cruce de dos relaciones. Por un lado, la relación entre procesos macro y microsociales. En lugar de reducir los procesos microsociales al plano del individuo en contraposición a la sociedad, habría que visualizar la vida cotidiana como una cristalización de las contradicciones sociales que nos permiten explorar en la 'textura celular' de la sociedad algunos elementos constitutivos de los procesos macrosociales. Desde este punto de vista, la vida cotidiana es fundamentalmente el campo de análisis de los contextos en los cuales diferentes experiencias particulares van a reconocerse en identidades colectivas. Ello remite, por otro lado, a la relación entre la práctica concreta de los hombres y su objetivación en determinadas condiciones de vida".[9]

La vida cotidiana, entonces, es entendida como un sedimento de determinaciones sociales, políticas e ideológicas que aparecen "ocultas", mientras el hombre vive condicionado por los límites del "sentido común" y que se hacen "visibles" cuando la reflexión científica puede discernir la génesis y el horizonte de dichas determinaciones.

Decimos que el denominado paradigma de la vida cotidiana es producto del trabajo teórico realizado por la Escuela de Budapest, escuela fundada por Georg Lukács (1885-1971), pero fundamentalmente es el aporte teórico de Ágnes Heller (nacida en Budapest, Hungría, en 1929) que sitúa a la vida cotidiana como objeto de estudio. Tendremos oportunidad de acercarnos a su obra a partir de uno de sus más importantes escritos[10] en la Unidad 1 del programa.

Partimos de nombrar como vida cotidiana al conjunto de acciones, motivaciones, pensamientos del hombre concreto, tal como se manifiestan en la singularidad e irrepetibilidad que le son propias. Decimos que son acciones y pensamientos que el hombre realiza sin percatarse plenamente de ellas, sin percibir acabadamente el horizonte de determinaciones que opera "detrás" de dicha realización.

El hombre ejecuta diferentes actividades y elucubra distintos pensamientos sin reflexionar sobre ellos. Es justamente ese carácter "irreflexivo" lo que caracteriza al hombre que vive su vida cotidiana.

Será objetivo de esta materia analizar la divisoria entre lo irreflexivo y lo reflexivo que se plantea en el individuo en el ámbito de la vida cotidiana, puesto que ésta representa "lo visto pero no registrado", al decir de Lechner.

"Al enfocar la vida cotidiana aludimos a las experiencias que hacen aparecer la construcción social de las pautas de convivencia social como un orden natural. El estudio de la vida cotidiana apunta pues, en buena medida, a la crítica de la producción y el uso de aquellas certezas básicas que llamamos 'sentido común'".[11]

Será en las diferentes unidades que nos abocaremos a enfocar la intersección de la vida cotidiana con distintos conceptos provenientes de diversos marcos teóricos con el objetivo de poder argumentar de qué manera, por ejemplo, la vida diaria de un individuo encuentra su sentido en la significación colectiva.

Queremos, por último, transcribir una definición de vida cotidiana que Heller plantea en su texto Sociología de

la vida cotidiana: la vida cotidiana es "[... ] el conjunto de actividades que caracterizan la reproducción de los

hombre particulares, los cuales, a su vez, crean la posibilidad de la reproducción social". Esta definición nos servirá como orientación para abordar las diferentes problemáticas que iremos planteando a lo largo de las unidades.

Juan Bustos Claudio Zusman

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UNIDAD 1

SOCIOLOGÍA Y VIDA COTIDIANA

Temas de la unidad

Lo social y lo natural. La vida cotidiana como fenómeno social y campo de conocimiento. Estructura de la vida cotidiana y su relación con la dimensión histórica, social e individual. Relación entre vida cotidiana y sociología. La acción social y su significación.

Bibliografía

(Citada según el orden sugerido de lectura)

- Unidad 1 en Orientaciones para el estudio de la bibliografía obligatoria de Sociología, producido por UBA XXI y editado por Eudeba, 2009.

- Marqués, Joseph Vincent, No es natural - Para una sociología de la vida cotidiana, Barcelona, Anagrama, 1982, capítulo 1: "Casi todo podría ser de otra manera".

- Mills, Charles Wright, La imaginación sociológica, México, Fondo de Cultura Económica, 1961, capítulo 1: "La promesa".

- Elías, Norbert, Sociología Fundamental, Barcelona, Gedisa, 1982, Introducción.

- Heller, Ágnes, Historia y vida cotidiana. Aportación a la sociología socialista, México, Enlace-Grijalbo, 1985, capítulo II: "La estructura de la vida cotidiana".

- Berger, Peter y Luckmann, Thomas, La construcción social de la realidad, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 2001, parte II: "La sociedad como realidad objetiva" y parte III: "La sociedad como realidad subjetiva".

-Documento de Cátedra: Schkolnik, Florencia, Un acercamiento a la vida cotidiana desde los conceptos de

Agnes Heller, en estas Orientaciones..., 2009, y en el Campus virtual de UBA XXI.

Introducción

El conocido sociólogo británico Anthony Giddens afirma que "la sociología es el estudio de la vida social humana, de grupos y sociedades" aludiendo de esta forma, al problema de la manera en que construye su objeto la sociología y cuáles son los métodos propios de esta disciplina, temáticas que serán abordadas al menos en su formulación clásica, en la Unidad 2. No obstante, la expresión "vida social", que puede sonar acaso un poco enigmática, requiere de un tratamiento previo. Vida social presupone existencia (vida) de seres humanos en interrelación con otros seres humanos.

En esta Unidad 1 nos dedicaremos, primero, a analizar una paradoja fundamental que enfrenta el pensamiento sociológico: lo social no es natural pero en su existir se naturaliza. Tenemos entonces, por un lado, lo social y, por el otro, lo natural.

Comencemos a pensar la primera parte de la paradoja: lo social no es natural. Como veremos en el texto inicial de Joseph Vincent Marqués, el primer movimiento que debe realizar una mirada sociológica es el de la

desnaturalización. Desde el sentido común, se suele entender desnaturalización como deformación o tergiversación: desnaturalizamos algo cuando le cambiamos su forma original o desviamos su objetivo o cumplimos su función de manera opuesta a la que fue concebida. Desde ya, no usamos aquí el término en ese sentido. ¿Qué significa

desnaturalizar, entonces? En primer lugar y fundamentalmente, significa señalar que existe una diferencia radical entre el orden de la naturaleza y lo social. El ser humano es un ser biológico y social a la vez. Biológico en tanto que está

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sujeto a leyes de la naturaleza: nacer, alimentarse, reproducirse, morir, etc. Éstas son funciones que están inscriptas en la estructura biológica del hombre, que comparte con los seres de su misma especie y básicamente, aunque de manera más compleja con el resto de mundo natural. Sin embargo, lo distintivo de los humanos es la capacidad de organizarse socialmente para satisfacer esas necesidades, de maneras que no son inmutables, sino que se modifican según las circunstancias y a lo largo de la historia. Estas formas de agruparse y organizarse para satisfacer las necesidades no están determinadas por la estructura biológica o instintiva, sino que responden a una lógica propia y ésa es la lógica de lo social. Nótese que decimos "formas de agruparse y organizarse" y no, el impulso o tendencia a agruparse, que no pondremos a discusión aquí. Agreguemos además, que a las necesidades que responden a un origen estrictamente biológico, se les suman una serie de necesidades construidas socialmente, como ser la de acceder a la educación, a la cultura, a determinados servicios percibidos como básicos (agua corriente, gas, luz eléctrica, transporte, salud pública, etc.), diversos hábitos de consumo, y el acceso al trabajo mismo.

No podemos prescindir de lo biológico que se nos presenta como un algo ineludible para seguir viviendo, pero satisfacemos esas necesidades biológicas en interrelación con otros hombres y en gran medida condicionados por esa interrelación. No podemos prescindir tampoco de lo social en tanto que nos definimos como seres humanos. Repetimos entonces, "el ser humano es por definición, biológico y social".

Sin embargo, cuando pensamos en fenómenos que se derivan de la forma de organización social, es decir, de este orden, como ya indicamos, que es radicalmente diferente de lo natural, creemos o tendemos a percibirlos habitualmente, como si se tratara de cuestiones que son tan inmutables como aquellas que surgen de nuestras necesidades y formas biológicas.

Se podrá objetar que casi todos los seres vivos se agrupan con semejantes y, en algunos casos, lo hacen en formas de organización complejas, con aparentes jerarquías y división del trabajo (las hormigas, las abejas, etc., son los ejemplos habituales). Pero esas formas que adquieren están determinadas por su propia biología, orientada por su estructura instintiva y se presentan como invariables, a pesar de las distintas estrategias adaptativas que

desarrollan las diversas especies. Las que no se adaptan a los retos y desafíos del ambiente, sencillamente desaparecen, pero esa adaptación, cuando funciona, es instintiva. En el caso del ser humano, su capacidad de adaptación es aún mayor, ya que al instinto se le suma la conciencia y la cultura, o sea que la abstracción y el sentido que les atribuimos a nuestras acciones abren una gama de posibilidades, aparentemente, nunca agotadas; es decir, la posibilidad de imaginar y ensayar alternativas.

Pensemos en un ejemplo que nos es cercano y que nos habla del elevado grado de naturalización de nuestra propia existencia social: nos alimentamos porque así lo dispone la naturaleza, de no hacerlo, moriríamos, pero las diversas maneras en que lo hacemos, qué comemos, dónde y cómo, son muy distintas en el conjunto de los

hombres, dependiendo de las costumbres, hábitos, culturas, clases sociales y disponibilidad de alimentos. Lo social en este caso, como en tantos otros, está atravesado por un universo de significados, por una dimensión simbólica y regulada por normas, valores y costumbres que, insistimos, varían de un lugar y un tiempo a otro, no permanecen siempre iguales como sí lo hacen el régimen dietético de los leones, la forma de agrupamiento de los insectos o los hábitos migratorios de las aves. La misma invención del fuego para cocinar los alimentos y modificar materiales es un logro del ser humano producto de su evolución no sólo física y mental, sino también intelectual (la capacidad de abstraer y transmitir por medio del lenguaje esas abstracciones). Pero cuando cotidianamente nos alimentamos, no nos planteamos estas cuestiones, simplemente, lo hacemos. De la misma manera, tomamos como dadas, es decir, no cuestionadas, nuestras formas de relacionarnos, de interacción social, como si siempre tuvieran que ser así y no fueran a cambiar. Como si estuvieran determinadas por una fuerza ajena o superior a nosotros mismos en tanto seres sociales, pudiendo ser un mandato divino o simplemente la naturaleza: es natural que así suceda y, por lo tanto, invariablemente, seguirá siendo de esa manera.

Otro de los rasgos distintivos del ser humano es el trabajo. Pero no debe entenderse por trabajo el mero desgaste físico-energético para satisfacer una necesidad (en ese sentido todos los animales lo hacen), sino más bien como la acción consciente para modificar nuestro entorno, cambiar de forma la materia y transformar la naturaleza, actividades todas que requieren de un grado significativo de abstracción, de ejercicio intelectual. Es una tarea por lo tanto, que, si bien puede tener como objeto la satisfacción de necesidades naturales, se lleva adelante desde un plano no instintivo; por eso mismo adquiere formas variables e históricamente determinadas. Pensemos por ejemplo, en nuestro desarrollo civilizatorio, desde las actividades de los pueblos cazadores-recolectores hasta la revolución industrial, pasando por la agricultura y el comercio y las distintas formas de organización social que los hombres se

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han dado a partir de la necesidad de garantizar la subsistencia.

La segunda parte de la paradoja consiste en desentrañar las razones por las cuales naturalizamos y los tres primeros autores de la unidad (Marqués, Mills y Elías) apuntan desde distintas perspectivas y estrategias

conceptuales a fenómenos similares, que aparecen como un obstáculo para la sociología a la hora de transmitir su mirada hacia el hombre común. La naturalización, la falta de ejercicio de esa cualidad mental que Charles Wright Mills llama imaginación sociológica o la cosificación en Norbert Elías, son no solamente un obstáculo para esa transmisión, sino que también el sociólogo, o el científico social en sentido más amplio (como no deja de señalar Elías, insistiendo en un cambio en el lenguaje o la manera en que construye su discurso la propia ciencia de la sociedad), está sujeto a los mismos fenómenos en tanto su vida cotidiana es la de todos los hombres. Ésa es una de las razones fundamentales por las cuales comenzamos nuestra materia tomando a la propia vida cotidiana como objeto de estudio sociológico. otra razón es que en la vida cotidiana es donde internalizamos (incorporamos a nuestra conciencia, transformamos en motivo propio e interior) las normas que rigen nuestra vida social y adquirimos las habilidades imprescindibles para la misma.

El obstáculo al que hacemos referencia no es a una debilidad mental o un desinterés intrínseco para la mayoría de los seres humanos, sino que responde a las características en que se desarrolla la vida cotidiana y a partir de la cual se producen las categorías de pensamiento con las que esos mismos seres humanos orientan sus acciones y les dan sentido a las mismas (y a la propia vida): el llamado "sentido común". El sistema de categorías, el esquema de referencias, los presupuestos que llamamos sentido común nos permiten orientarnos, esperar ciertos resultados, llevar adelante determinadas actividades fundamentales para poder seguir reproduciendo nuestra vida, es decir, para poder seguir viviendo en una determinada sociedad. Por ejemplo: sabemos o al menos esperamos, que si

levantamos nuestro brazo en la parada de un transporte público, éste se detendrá para que podamos subir, o que si abrimos una canilla saldrá agua, o que si nos dirigimos a un semejante, las palabras que utilicemos, al menos en un vocabulario básico, tendrán un mismo significado para él y para nosotros. Esta reciprocidad de perspectivas, para utilizar los términos del sociólogo alemán Alfred Schütz, es una suerte de idealización compartida, construida en interrelación de hombres con otros hombres y constituye el marco del sentido común. Y funciona. Más aún, es imprescindible.

No obstante, deviene en un fuerte impedimento en la medida en que se absolutiza, que impide trascender los límites de lo estrictamente necesario para reproducir nuestras vidas. El sentido común, como lo dado, como lo que "es así" y no se cuestiona, se transforma en el obstáculo al que varias veces hicimos referencia. Imponiendo un repliegue sobre lo individual, impide comprender entonces, nuestra vinculación con circuitos más amplios que lo inmediato; el mundo social se nos presenta como ajeno o extraño o cosificado. Por lo tanto, las posibilidades reales de desarrollo de nuestra personalidad (en el contexto de las relaciones sociales) quedan sumidas en las tinieblas de lo rutinario. Los problemas, temores y asechanzas no encuentran palabras que los expliquen y eso aumenta nuestra desazón. La sociología no es una "medicina social", no trae recetas ni remedios infalibles; en principio pone palabras, y señala posibles cursos de acción.

Thomas Luckmann, Peter Berger y Ágnes Heller intentan explicarnos las condiciones y los elementos sociales y psicosociales de este proceso que constituye acaso, el desafío más complejo de la moderna sociología. Dicho desafío es también su (nuestro) compromiso, que no lo es sólo con el mero conocimiento, sino que lo es también con la propia sociedad a la que estudia.

Guía de lectura de los textos

La apertura de nuestras lecturas se hace a partir del texto No es natural. Para una sociología de la vida

cotidiana, en el que Marqués nos ubica en distintas instancias de la conducta, pensamiento y motivaciones de los

hombres que, vinculados a otros hombres, desarrollan acciones, establecen relaciones, se someten a normas, sostienen costumbres a las que están ligados por sus creencias, intereses y afectos. La preocupación del autor es demostrar que, "espontáneamente", atribuimos a estas vivencias, en cada a momento de nuestra vida y en cualquier etapa de la historia, el carácter de "natural". Por consiguiente, tal carácter nos lleva a pensarlas como "únicas" e "invariables", como si fueran determinadas por la biología, más ampliamente, como si estuvieran "dadas" de un modo no susceptible de modificación o cambio. Este fenómeno, característico del pensamiento cotidiano que "no incluye la

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reflexión", sustenta una conciencia desprovista de datos que no derivan estrictamente de nuestra experiencia particular y que apela frecuentemente a causas trascendentes o "mágicas" para justificar fenómenos de alcance diverso. Algunos de estos fenómenos expresan relaciones de desigualdad y exclusión y llegan a privar a los hombres de sus derechos naturales, que son aquellos ligados a la satisfacción de necesidades básicas, no sólo en referencia a la autopreservación física, sino también al derecho a una vida digna, a la educación, al cuidado de la salud física y psíquica y a la posibilidad de sostener relaciones afectivas que les provoquen placer y eleven la estima de sí mismo.

Percibir este fenómeno de naturalización significa simultáneamente, distinguir efectivamente lo natural de lo social en un "movimiento" que permita desestructurar la cristalización de las percepciones cotidianas y acceder al

conocimiento científico de lo social; en otras palabras, iniciarnos en el estudio de la sociología.

En el ámbito de las acciones humanas, siguiendo el planteo de Mills, aun percibiendo que no se trata de actos y situaciones determinadas por la naturaleza, es frecuente y propio del conocimiento espontáneo de los hombres no disponer de la posibilidad de vincular la experiencia individual (aquella que a lo largo de nuestra vida conforma nuestra biografía) con el contexto social en que se despliega tal experiencia. Este contexto, además, está sometido al desarrollo de la historia, que determina las características propias de cada una de sus etapas, a partir de la actividad de los hombres, individualmente o en grupos. Ellos se organizan en un nivel superior y necesario y así constituyen las instituciones, organizaciones que expresan de forma inmediata y necesaria la división social del trabajo que aquellos establecen cuando buscan satisfacer sus necesidades. La promesa de las ciencias sociales, más puntualmente de la sociología, es dotar a los hombres de la facultad mental que posibilite dicha reflexión acerca de la relación entre experiencia individual y contexto. Echar luz sobre los, a veces, opacos vínculos, que recorren el camino que va de la biografía (la propia historia del individuo) con la Historia (en el sentido más amplio del término), el lugar que por múltiples razones ocupa cada individuo en la sociedad y la estructura de esa misma sociedad. En otras palabras: vincular lo individual con lo colectivo y sus mediaciones: a esta facultad Mills la denomina imaginación sociológica.

La contribución de Elías a los problemas de campo y objeto de la sociología está relacionada con una rigurosa advertencia acerca de los riesgos que las palabras desencadenan cuando, a partir de su semántica, producen efectos cosificadores (cuando las figuras sociales parecen como "cosas", es decir, como objetos ajenos a los individuos) determinantes de frecuentes tendencias egocéntricas, que ubican al individuo en el centro del análisis y a su alrededor, en sucesión concéntrica, a la familia, la escuela, la empresa, la sociedad. La sociedad misma es representada mentalmente como opuesta a los individuos. Simultáneamente, Elías denuncia el fetichismo de la tecnología propia de la sociedad moderna como una forma más de cosificación, que coexiste con la pervivencia de "fantasmas", es decir de problemas que afectan al hombre corriente que al no percibirse correctamente en su vinculación con la sociedad, es arrastrado a aventuras irracionales: el semejante es concebido como distinto y amenazador y potencialmente peligroso. El individuo cosificador (y a la vez cosificado) es, entonces, sujeto de manipulaciones regresivas (Elías está pensando fundamentalmente en el nazismo).

Por el contrario, afirma este autor en su Sociología Fundamental, que las personas se hallan ligadas entre sí de diversos modos y constituyen "entramados de interdependencia", con equilibrios de poder más o menos inestables y de variados tipos como lo son las familias, las escuelas, las ciudades, las capas sociales, el Estado, etc. La

"revolución copernicana" (alude al impacto que en el siglo XVI tuvo la teoría del astrónomo polaco Nicolás Copérnico, que estableció que los planetas no giran alrededor de la Tierra, sino que es esta última uno más siguiendo su órbita alrededor del Sol) que, según Elías, la sociología debe encarar consiste en romper la imagen egocéntrica, reemplazándola por una concepción de la sociedad como configuración o entramado de individuos interdependientes.

Las conceptualizaciones básicas de la sociología tienen en el desarrollo del programa de la materia la posibilidad de vincularse con la vida cotidiana. Heller es la autora que estudiamos para conocer la estructura de la vida

cotidiana; para ello sugerimos que como primera aproximación se lea atentamente el capítulo "La estructura de la vida cotidiana" en su libro Historia y vida cotidiana..., luego recomendamos leer el Documento de Cátedra referido a esta problemática, Un acercamiento a la vida cotidiana desde los conceptos de Agnes Heller de F. Schkolnik en estas Orientaciones... y en el Campus virtual de UBA XXI.

Es importante detenerse a reflexionar en los conceptos abordados allí, ya que permitirán organizar la lectura y encontrar ciertos ejes que desde el programa de la materia se consideran relevantes. En este sentido, es importante que para una mayor comprensión de la temática se tenga en cuenta que se requiere del abandono de ciertas significaciones atribuidas desde el conocimiento del sentido común a este concepto, al que habitualmente

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interpretamos como lo diario o rutinario.

La vida cotidiana es una esfera en la que pueden ser comprendidas las interrelaciones del mundo económico-social y la vida de cada persona. En palabras de Heller, es "la vida de todo hombre" que, a partir del nacimiento, cada uno debe preservar satisfaciendo las necesidades que en particular son propias de la autopreservación. Este hombre particular (el que es cada uno de nosotros), como miembro del género humano, tiene, a partir de su particularidad concreta, la posibilidad de desarrollar acciones, sustentar conocimientos, sentir motivaciones genéricas. Sin embargo, las determinaciones proyectadas desde la jerarquía socialmente impuesta por la división social del trabajo pueden provocar en su conciencia una cristalización total de las características de la particularidad, impidiéndole el desarrollo humano específico que le permite acceder a su condición de individuo como hombre entero (relación consciente entre particularidad y especificidad).

El hombre concreto que estudiamos en la esfera de la vida cotidiana es, entonces, particular y específico. Es necesario que tomemos en cuenta que tal particularidad no es la singularidad de un hombre aislado, sino la del individuo cuya maduración se produce en la posibilidad creciente de asimilar las relaciones a través de la manipulación de las cosas y de las formas de comunicación social. ¿Acaso al aprender el hombre a vestirse, calzarse, emplear utensilios para comer, no está asimilando relaciones sociales? Esta particularidad de creciente complejidad, es una particularidad social y, a partir de ella, más allá de que el hombre perciba sus necesidades como necesidades del "yo", se produce el movimiento que integra al particular en el sistema de necesidades de la comunidad, que hace posible las motivaciones y acciones en nombre del "nosotros". Teniendo en cuenta que no se trata de comunidades naturales, sino de la sociedad capitalista (que imprime a la esfera de la vida cotidiana una jerarquía determinada por la división del trabajo y las relaciones sociales que establece), se hace necesaria la ética, a fin de que el individuo someta su particularidad a lo específico a partir de un mandato exterior. Más allá de su poder de veto, la ética significará, en su concreción a través de la moral, la función de transformación y culturización de las aspiraciones de la particularidad. Recordamos repasar el Documento de Cátedra ya que proporciona algunas herramientas más para el abordaje del texto.

Las características de la vida cotidiana (espontaneidad, probabilidad, economicismo, pragmatismo, analogía, mímesis, entonación, fe y confianza arraigada en juicios provisionales, precedentes que afianzan los prejuicios) están presentes en la heterogeneidad de acciones, las múltiples actividades que nos vemos obligados a llevar adelante en la vida cotidiana, estructurada por la jerarquía propia de la formación económico-social vigente y, por consiguiente, histórica (relativa al tiempo en la cual se desarrolla). Tal jerarquía que se reproduce en la vida cotidiana puede provocar la cristalización de estas características, impidiendo el movimiento que posibilite el desarrollo hacia lo humano específico. Este bloqueo genera en la conciencia el fenómeno de la extrañación, en el sentido de que lo específico se presenta como algo extraño a la particularidad. Por el contrario, la homogenización (concentración de toda la energía o atención en un solo punto) es el proceso que mediante la abolición momentánea de tal

heterogeneidad, sustenta las acciones y motivaciones de la genericidad (en la lectura de Heller deben tomarse los términos genericidad y especificidad como sinónimos) propias del individuo. Aun en su relación con el mundo determinado jerárquicamente por la división del trabajo, puede este individuo en dicho proceso, desarrollar una jerarquía autónoma y, desde esta autoconciencia, conducir su vida. Esto nos permite afirmar que la vida cotidiana no es necesariamente extrañada.

Berger y Luckmann aportan una perspectiva teórica sobre la construcción social de la realidad. Desde esta perspectiva, la sociología puede recuperar dos de sus "consignas" más influyentes (y por nosotros abordadas en el desarrollo de la Unidad 2). Una de ellas es la propuesta por Émile Durkheim (en Las reglas del método

sociológico) y ésta refiere a considerar a los hechos sociales como cosas; y la otra es la desarrollada por Weber

(en Economía y Sociedad) al definir como objeto de estudio de la sociología a la acción social por considerar que ésta es portadora de significado subjetivo y, por lo tanto, susceptible de una comprensión.

De este modo, Berger y Luckmann entienden que estas dos propuestas no se contradicen, sino que se

complementan y en esa intersección conforman a la sociedad; entendiéndola a ésta como existencia real objetiva y como producto de las actividades y acciones humanas. Es este carácter dual de la sociedad, justamente lo que constituye su realidad, por lo que la pregunta central de la sociología deberá ser: ¿Cómo es posible que los significados subjetivos se vuelvan existencia objetiva?, o ¿cómo es posible que la actividad humana produzca un mundo de cosas?

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estructuras sociales, por un lado, y las interpretaciones simbólicas e internalización de roles, por otro. La

autoproducción del hombre es siempre una empresa social, pues los hombres producen juntos el ambiente social. El orden social es, así, un producto humano (producto de la actividad humana).

En el análisis del proceso de construcción de la sociedad como realidad objetiva, los autores van a priorizar el momento de la institucionalización: las instituciones tienen una historia de la cual son producto, éstas controlan el comportamiento humano. (El carácter controlador es inherente a la institucionalización, en todas las instituciones y en todos los conglomerados de instituciones -sociedades- existen mecanismos de control -sistema de control social-)

El orden social no es considerado como externo e impuesto al individuo, sino que aparece a través de una relación dialéctica con éste, como producto humano, la realidad institucionalizada tiene su origen o es producto de la construcción humana.

Las instituciones históricas, justamente al adquirir historicidad, adquieren también una cualidad: la objetividad. Éstas cristalizan al punto de que se experimentan como existentes por encima y más allá de los individuos. Por lo tanto, el mundo social es un mundo institucional que los individuos experimentan como realidad histórica y objetiva. Pero esta historia, como tradición de las instituciones, tiene un carácter de objetividad en donde la biografía del individuo conforma un episodio dentro de la historia objetiva de la sociedad.

Dicha objetividad del mundo institucional es una objetividad de producción y construcción humanas. El mundo institucional es actividad humana objetivada. La relación entre el hombre, productor, y el mundo social, su producto, es dialéctica, es decir, interactúan.

En el análisis de "La sociedad como realidad subjetiva" (capítulo III del texto), los autores se centrarán en que la realidad objetiva es asumida -internalizada- por los individuos, allí destacarán el análisis de la socialización. La cual podemos pensarla como un proceso que se da a través de dos niveles: la socialización primaria, atravesada en la niñez y por la cual el niño se convierte en miembro de una sociedad, es decir, donde el niño comprende el mundo como un todo compacto e invariable y a la vida como un sistema en el que uno existe en relación con otros. La socialización secundaria es el proceso posterior que conduce al individuo ya socializado a nuevos sectores del mundo objetivo de su sociedad, acceso que se da en función de su rol y su posición social.

El producto de la actividad del hombre (el mundo social) vuelve a actuar sobre el productor (el hombre). Es el momento de la internalización, por la que el mundo social objetivado vuelve a proyectarse en la conciencia del hombre; esto se da durante el mencionado proceso de socialización o aprendizaje social.

Todo individuo nace dentro de una estructura social objetiva en la cual encuentra a los otros que están

encargados de su socialización. Desde niño, el individuo se identifica con los otros (otros significantes con los cuales existe una conexión de tipo emocional), la internalización se produce porque el niño acepta los "roles" de los otros, o sea, los internaliza, se apropia y así es capaz de identificarse él mismo; esto es adquirir una identidad (yo)

subjetivamente coherente. Recibir y constituirnos una identidad, permite adjudicarnos un lugar en el mundo. La internalización de la sociedad, de la realidad objetiva, implica el establecimiento subjetivo de una identidad coherente. Así, la sociedad, la identidad y la realidad se cristalizan subjetivamente en el mismo proceso de

internalización. Esta cristalización se corresponde con la internalización del lenguaje (siendo el lenguaje el instrumento más importante de la socialización).

En el transcurso de esta unidad intentamos desarrollar algunos elementos significativos de una mirada sociológica que nos permitan pensar "lo social" como algo diferente de lo natural y, a su vez, prestando particular atención al ámbito de la vida cotidiana. Pero será en la Unidad 2 donde se presentarán de una manera más sistemática y ordenada los conceptos centrales de la sociología desde una perspectiva clásica. Es decir, los conceptos más relevantes de los tres pensadores en los cuales abreva la sociología contemporánea.

Documento de Cátedra

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Florencia Schkolnik

"[...] cambiar el mundo en lugar de interpretarlo significa no solamente cambiar el mundo exterior, sino, sobre todo, cambiar la cotidianeidad."

Henri Lefebvre

El propósito de este documento es abrir la posibilidad de reflexionar acerca de la vida cotidiana, pensada ésta como un ámbito donde se conjugan distintas actividades y aspectos del hombre. El análisis de esta dimensión de lo social le permite a Ágnes Heller introducirnos en un escenario que, por un lado, nos tiene como principales protagonistas -cada uno de nosotros es el actor principal de su vida cotidiana- y, por el otro, como actores secundarios. Todos nosotros formamos parte de la vida cotidiana de nuestra sociedad. De este modo somos sujetos de reflexión y al mismo tiempo somos objeto de estudio.

Heller nos invita a través de una serie de conceptos teóricos a analizar, reflexionar y definir esta zona, esta realidad que por más evidente y cercana que sea no deja de ser compleja e importante.

Lo fundamental es que a partir de los conceptos enunciados se pueda:

Comprender la postura de la autora con respecto a este campo de análisis.

Complejizar los textos previamente leídos en la unidad, ya que Heller proporciona una serie de herramientas nuevas que permiten reflexionar acerca de las particularidades de esta dimensión tan próxima a nosotros. Alcanzar una mirada amplia y variada sobre esta problemática.

Poner a dialogar la temática con otras cuestiones presentes en la materia.

Sociología de la vida cotidiana intenta romper con la tradicional manera de abordar el pensamiento

sociológico, en lo que a grandes rasgos o, se considera a los hombres y sus acciones como cosas o, por el contrario, las actividades e intenciones son el punto a reflexionar. Para salir y abandonar ese dualismo y en una sociología más integradora, Berger y Luckmann[12] han intentado analizar acerca de la realidad social en tanto construcción colectiva. Y es Heller quien, a nuestro entender, focaliza su análisis en ese aspecto de la realidad que es la cotidianidad. Aquella realidad que nos envuelve y hasta nos asfixia, que la experimentamos desde que nacemos y que, tal vez por eso, nos es tan dificultoso tomar distancia y analizarla.

La vida cotidiana tiene una gran cantidad de aspectos diversos que nos implican desde nuestros sentidos, nuestras capacidades y habilidades físicas e intelectuales, nuestros sentimientos. Esta diversidad o heterogeneidad de acciones no las expresamos en todo momento, sino que van a depender de la actividad, y de la compañía de la cual gocemos para que algunas se activen más que otras.

"En la vida cotidiana los tipos de actividad son tan heterogéneos como las habilidades, las aptitudes, los tipos de percepción, los afectos; o más exactamente: ya que la vida cotidiana requiere de tipos de actividad netamente heterogéneos, en ella se desarrollan habilidades, aptitudes y sentimientos netamente heterogéneos. La heterogeneidad de las formas de actividad no se evidencia sólo por el hecho de que éstas sean de especie diferente, sino también porque tienen distinta importancia [... ] La importancia de las comidas, la limpieza, del trabajo, del reposo, de la sexualidad, del juego, de la diversión, por citar algunos tipos de actividad, es muy diversa en la vida cotidiana de los individuos según los tiempos y el estrato social."[13]

En este sentido algunas actividades se llevan a cabo y son necesarias más que otras según el momento histórico y el espacio tiempo. De esta manera introducimos otro concepto trabajado por la autora, ya que la heterogeneidad siempre va a estar organizada de modo jerárquico y esta jerarquía se corresponde con el modo de producción existente. En este sentido el concepto de jerarquía está siempre referido a una escala organizada según las estructuras económico-sociales "[... ] la jerarquía no es eterna ni inmutable, sino que se modifica según las diferentes estructuras económico-sociales".[14]

Podemos conectar lo mencionado al concepto de hombre entero, ya que justamente esta noción implica el modo que utiliza la autora para denominar al hombre que participa y actúa en la vida cotidiana en una heterogeneidad de actividades; que debido a ello no se puede focalizar ni prestar demasiada atención a ninguna. Las mismas están organizadas jerárquicamente según el modo de producción existente.

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