Oxfam en la Cumbre del G20 en México:

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NOTA INFORMATIVA DE OXFAM

Junio 13 de 2012

Oxfam en la Cumbre del G20 en México:

El G20 debe mantener su compromiso de lograr un crecimiento

más fuerte y justo.

En 2009, los líderes del G20 lanzaron una estrategia marco para conseguir un "crecimiento fuerte, sostenible y equilibrado". Sin embargo, han fracasado a la hora de obtener resultados. Tres años más tarde, la desigualdad de ingresos a nivel mundial aumenta peligrosamente mientras las reservas de los países pobres se agotan al mismo tiempo en que éstos deben hacer frente a recortes de la ayuda al desarrollo, a un gasto insuficiente en sanidad y educación, y a la volatilidad de los precios de los alimentos. Mientras, las personas más pobres sufren los devastadores efectos. Así, 18 millones de personas en la región del Sahel, en el África Central y Occidental, se ven amenazadas por una grave crisis alimentaria. A pocos días de la Cumbre del G20 en Los Cabos, México, Oxfam urge a los líderes mundiales a que emprendan acciones inmediatas para proteger a las personas más vulnerables del mundo y se aseguren de que los beneficios del crecimiento se distribuyen de una manera más justa. El G20 debe idear un plan integrador para hacer frente a la pobreza, el hambre y la desigualdad. Para ello, debe centrarse en cuatro áreas clave:

Sistemas alimentario y financiero rotos;La evasión de impuestos y la transparencia;

Fuentes de financiación innovadoras para la lucha contra el cambio climático e impulsar el desarrollo;El gasto social.

Los países pobres han llegado al límite de sus capacidades financieras para defenderse de una crisis mundial causada por los países ricos. Además ahora, con las reservas agotadas, los países pobres deben hacer frente a los recortes de la ayuda al desarrollo, a un gasto insuficiente en sanidad y educación, y a precios de los alimentos muy elevados.

El año pasado, el flujo de capitales hacia los países en desarrollo disminuyó hasta los 170,000 millones de dólares, en comparación con los 309,000 millones de dólares de 20101.

En 2011, la ayuda proporcionada a los países en desarrollo por los principales donantes se redujo en 3,400 millones de dólares: los primeros recortes en ayuda al desarrollo en más de 14 años. También en 2011, el G8 incumplió en al menos 16,000 millones de dólares el compromiso adquirido de incrementar la ayuda al desarrollo en 50,000 millones de dólares para el año 20102.

1 Global Economic Prospects, 2012, Banco Mundial.

2 Cálculo de Oxfam realizado a partir del informe de rendición de cuentas del G8 de Camp David: Actions, Approach

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En 2009, los países en vías de desarrollo perdieron 903,000 millones de dólares en flujos financieros ilícitos al exterior3. Los fondos que les habrían permitido impulsar sus economías y

reducir la pobreza. La Organización de las Naciones Unidas ha recaudado menos de la mitad de los 724 millones de dólares que necesita para llevar a cabo una respuesta efectiva a la crisis alimentaria en el Sahel. Hoy, casi 1000 millones de personas en el mundo, -una de cada siete-, se va cada noche con hambre a la cama.

En 2009, los líderes del G20 se comprometieron a hacer frente a una crisis que ellos mismos definieron como "el mayor reto al que se ha enfrentado la economía mundial en nuestra generación". Prometieron prestar apoyo financiero a las personas más pobres y vulnerables del mundo, acabar con los paraísos fiscales que privan a los gobiernos de los ingresos que necesitan desesperadamente, y lanzar una estrategia marco para alcanzar un "crecimiento fuerte, sostenible y equilibrado".

Pero estas promesas no se han cumplido. El G20 está fallando a quienes, sin culpa alguna, sufren los daños colaterales de esta crisis: aquellas personas que corren el mayor riesgo de perder sus medios de vida y verse sumidas en la pobreza. Los líderes del G20 se reúnen una y otra vez con la crisis económica como telón de fondo pero sin nada que aportar, sino vagas promesas de lograr una economía mundial mejor, más fuerte y más equilibrada.

La posible salida de Grecia del Euro y la amenaza de la crisis de la deuda europea a la estabilidad financiera mundial probablemente acaparen la próxima Cumbre en Los Cabos. Sin embargo, es vital que los líderes mundiales no se olviden de las personas más vulnerables y menos responsables de la actual crisis.

Ahora más que nunca, el G20 debe hacer frente a los problemas sistémicos que ahogan la recuperación económica e imposibilitan un crecimiento sostenible e inclusivo, y que tienen, además, devastadoras consecuencias en las vidas de quienes ya viven en la más absoluta pobreza. Para mantener su credibilidad como principal foro de la economía mundial, el G20 debe demostrar su compromiso por lograr un crecimiento fuerte, sostenible y equilibrado para todos:

• Comprometiéndose a emprender acciones para arreglar los sistemas alimentario y financiero rotos;

• Acabando con la evasión de impuestos y mejorando la transparencia fiscal;

• Recaudando fondos para incrementar el gasto público y ayudar a las personas más pobres mediante la aplicación de una tasa al sector financiero y al precio del carbono del transporte marítimo y aéreo internacional, e

• Invirtiendo en políticas que, por ejemplo, promuevan un sistema de salud y de educación públicas y gratuitas, a fin de reducir la desigualdad y crear un sistema más justo para todos, ahora y en el futuro.

3Illicit Financial Flows from Developing Countries Over the Decade Ending 2009; Diciembre de 2011, Global

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Qué es lo que Oxfam espera del G20

El G20 es el motor que impulsa la toma de decisiones económicas a nivel mundial. Su agenda para lograr un crecimiento fuerte, sostenible y equilibrado requiere idear un plan integrador para hacer frente a la pobreza, el hambre y la desigualdad. Para ello, Oxfam considera que el G20 debe emprender acciones urgentes en las siguientes áreas:

1. Volatilidad de los precios de los alimentos y seguridad alimentaria.

A menudo, las personas pobres destinan más de la mitad de sus ingresos a la compra de alimentos. Así, en muchos países en desarrollo, la fluctuación de los precios de los alimentos se convierte en una cuestión de vida o muerte. A pesar del plan de acción aprobado por el G20 en 2011, la volatilidad y los elevados precios de los alimentos amenazan la seguridad alimentaria de millones de personas. El G20 continúa fracasando a la hora de hacer frente a los principales factores causantes de la crisis de los precios de los alimentos: una mayor demanda de biocombustibles, la especulación financiera con productos alimentarios y el cambio climático. Además, 18 millones de personas en el Sahel sufren una grave escasez de alimentos. Casi mil millones de personas en todo el mundo pasan hambre debido a un sistema alimentario fallido.

Las sequías son un fenómeno natural pero el hambre, es causada por el hombre. Invertir ahora en la capacidad de recuperación de las personas frente a las crisis ayudará a romper el círculo vicioso del hambre, no sólo en el Sahel sino en todo el mundo. El G20 debe hacer frente a las necesidades más inmediatas de las personas, ayudarles a recuperarse e invertir en ellas para lograr que sean menos vulnerables y prevenir, así, futuras crisis y garantizar un desarrollo sostenible.

El G20 tiene la responsabilidad de hacer frente a los principales problemas económicos mundiales que hacen que las personas sigan pasando hambre: la falta de inversión en la agricultura a pequeña escala, vital para millones de personas pobres; la volatilidad de los precios de productos alimentarios básicos; y el creciente fenómeno del acaparamiento de tierras en países pobres por parte de empresas extranjeras.

En Los Cabos, los líderes del G20 debatirán sobre cómo incrementar la seguridad alimentaria y regular los precios de los alimentos y los mercados a fin de protegernos ante futuras crisis alimentarias. Para garantizar un suministro de alimentos más estable para quienes más desesperadamente lo necesitan, el G20 debe:

• aumentar la transparencia de los mercados de productos básicos y de futuros, • promover un sistema de reservas de alimentos para emergencias,

• regular la actividad de los especuladores financieros para poner freno a una excesiva especulación,

• descartar políticas dañinas sobre biocombustibles y aprovechar la agricultura para producir alimentos en lugar de combustibles,

• emprender acciones para hacer frente al fenómeno del acaparamiento de tierras que perjudica a las personas más pobres, privándolas de compensación alguna y seguridad alimentaria, e

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El director de Oxfam México, Carlos Zarco, afirmó: "Para el G20, proteger a las personas frente al

alza de los precios de los alimentos debe ser una prioridad esencial. Los elevados e inestables precios de los alimentos impiden que millones de personas logren escapar de la pobreza, además de tener un impacto negativo a largo plazo en la sanidad y la educación. Ningún padre o madre debería verse obligado a escoger entre alimentar a sus hijos o enviarlos a la escuela”.

2. Un crecimiento que funcione para las personas

La desigualdad de ingresos aumenta peligrosamente en todo el G20. La denominada "economía de goteo" ha demostrado ser ineficaz y la desigualdad de ingresos adquiere cada vez más prioridad en la agenda política. De todos los países del G20, sólo cuatro han logrado reducir la brecha de la desigualdad en las dos últimas décadas.4 La OCDE ha advertido de que la brecha entre las personas

ricas y pobres ha alcanzado su nivel máximo en más de 30 años y de que, sin una sólida estrategia para lograr un crecimiento inclusivo, esta brecha puede incrementarse aún más. Pero esta tendencia no es inevitable. Los gobiernos pueden y deben actuar5.

Ahora, las políticas del G20 deben centrarse en asegurar que el crecimiento sea justo, promueva la igualdad, y que sus beneficios lleguen también a las personas que viven en la pobreza. Y puede lograrlo emprendiendo acciones para regular el sistema financiero, asegurándose de que el sector financiero pague los costos de una crisis que él mismo ha causado, y dando prioridad a las inversiones en sectores como la salud y la educación. Estas políticas contribuirán a lograr un crecimiento equitativo, fuerte y equilibrado.

• Primeramente, los países del G20 deben convertir la reducción de la desigualdad en un indicador de progreso, como lo es el crecimiento del PIB, e informar de forma anual y pública de los progresos realizados. Asimismo, deberán instar al FMI a que haga lo mismo.

Además, el G20 debe promover un crecimiento fuerte y equitativo:

• apoyando políticas para crear sistemas fiscales más justos, en los que las empresas y las personas ricas paguen la parte justa que les corresponde, y

• apoyando una mayor inversión en servicios sanitarios y educativos de alta calidad, que no sólo contribuyen a crear redes de seguridad claves para las personas más pobres sino, también, a incrementar la futura productividad y a lograr una sociedad más justa. Carlos Zarco señaló: "Si el G20 pretende lograr un crecimiento distribuido y sostenible, debe

invertir más en salud y en educación, cimientos de una sociedad más justa y equitativa. Algunos países como Brasil han logrado reducir la pobreza y la desigualdad. Por lo tanto, el G20 sabe que, con la voluntad política necesaria, es posible lograrlo".

4 ¿Olvidados por el G20?; Enero de 2012, Oxfam.

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3. Evasión de impuestos

Cada año, los países en desarrollo pierden miles de millones de dólares que podrían proporcionar un impulso vital a sus economías y contribuir a reducir la pobreza. A causa del flujo ilícito de capitales, por cada dólar de ayuda al desarrollo que reciben, los países en desarrollo pierden entre siete y diez dólares. Sólo en 2009, los países en desarrollo perdieron 903,000 millones de dólares en flujos financieros ilícitos. El flujo ilícito de capitales es producto del crimen, la corrupción, la evasión de impuestos y otras actividades ilegales. Entre el año 2000 y 2009, los países en desarrollo perdieron 8.4 billones de dólares debido a estas actividades ilícitas6.

Cuando las empresas y las personas físicas evaden sus obligaciones fiscales, privan a los gobiernos de unos ingresos que necesitan de forma desesperada para construir escuelas y hospitales, y proporcionar otros servicios públicos vitales. Los paraísos fiscales compiten para atraer estos flujos financieros ilícitos, agudizando la desigualdad y la pobreza, corroyendo la democracia, minando la regulación existente, frenando el crecimiento económico y promoviendo la corrupción y el crimen en todo el mundo.

En 2009, el G20 acordó acabar con el secretismo que rodea a los paraísos fiscales mediante nuevos acuerdos de cooperación en materia fiscal más transparentes. Pero, hasta el momento, la ofensiva del G20 contra los paraísos fiscales no ha terminado de materializarse. Apenas existen evidencias que indiquen que algún país, ya sea rico o pobre, haya logrado recuperar los ingresos fiscales perdidos gracias a los casi 700 acuerdos bilaterales de cooperación en materia fiscal firmados desde 2009, bajo el auspicio del Foro Global de la OCDE.

Ahora, el G20 debe terminar esta tarea adoptando nuevas normas que exijan que los paraísos fiscales informen del dinero que entra en su jurisdicción. Además, el G20 debe exigir a las empresas multinacionales que mejoren el cumplimiento de sus obligaciones fiscales y paguen los impuestos correspondientes en cada uno de los países en los que operan.

A este respecto, Carlos Zarco declaró: "Nuestros líderes no pueden quedarse de brazos

cruzados mientras los paraísos fiscales roban de los bolsillos de las personas de los países ricos y de los pobres. Este dinero perdido podría contribuir a mejorar los servicios de salud y educativos y a proteger a las personas de los graves efectos de la crisis económica, asegurando redes de seguridad que ayuden a quienes han perdido su trabajo".

4. Fuentes de financiación innovadoras para el desarrollo

Este año, con los cada vez más escasos fondos para la ayuda al desarrollo como telón de fondo, el Banco Mundial ha advertido de un descenso drástico de los fondos disponibles para los países más pobres. Mientras, el Fondo Verde para el Clima, diseñado para canalizar hasta 100,000 millones de dólares al año destinados a ayudar a los países pobres a hacer frente a los devastadores efectos del cambio climático, permanece prácticamente vacío.

6Illicit Financial Flows from Developing Countries Over the Decade Ending 2009; Diciembre de 2011, Global

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El año pasado en Cannes, el G20 señaló la necesidad de asegurar nuevas e innovadoras fuentes de financiación, como, por ejemplo, a través de la aplicación de una tasa al sector financiero (medida que cuenta con numerosos partidarios que, además, fue recomendada por Bill Gates al G20 el pasado año), instando a los ministros de economía a poner en práctica las recomendaciones sobre financiación de la lucha contra el cambio climático.

En Europa, este mes de junio, se votará un acuerdo sobre la aplicación de una tasa a las transacciones financieras (TTF). Tanto Francia como Alemania se han mostrado partidarios de destinar parte de los ingresos obtenidos al desarrollo y a la lucha contra el cambio climático. En EE.UU., mientras el presidente francés, François Hollande, debatía la TTF con el presidente Obama en la reunión del G8 en Camp David, miles de personas se manifestaban en Chicago reclamando la aplicación de una tasa al sector financiero. A punto de lograr una TTF a nivel europeo, y con un apoyo cada vez mayor a nivel mundial, los líderes que ya se han mostrado partidarios de la TTF deben mostrar de nuevo su apoyo.

Las fuentes de financiación innovadoras son claves para realizar progresos en materia de desarrollo. Y el tiempo se agota.

Ahora, el G20 debe:

Liderar la coalición de países partidarios de la tasa Robin Hood (TTF) con el objetivo de recaudar 400,000 millones de dólares al año, apoyando los planes europeos de establecer una tasa a las transacciones financieras e insistiendo en que los fondos recaudados se destinen a impulsar el desarrollo y hacer frente a los efectos del cambio climático en los países pobres.

• Aplicar un precio a las emisiones de carbono del transporte marítimo y aéreo internacional, contribuyendo a reducir las emisiones y, a la vez, recaudando 25,000 millones de dólares al año.

"Debemos preguntarnos por qué los gobiernos continúan ignorando unas soluciones obvias que contribuirían a mitigar un déficit financiero cada vez más elevado. Las fuentes de financiación innovadoras, como la aplicación de una tasa al sector financiero o de un precio a las emisiones de carbono del transporte marítimo y aéreo internacional, proporcionarían fondos vitales para ayudar a las personas más afectadas por la crisis a nivel global”. Concluyó Carlos Zarco

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