LA MISIÓN COMPARTIDA EN LA EDUCACIÓN
(Germán Chaves A., fms)Artículo aparecido en Revista Testimonio, Conferre, Chile, octubre 2003
1.- Una Advertencia previa.-
Algunos supuestos, al inicio.-
Antes de comentar este aspecto del compartir la misión educativa, queremos referirnos, como temas de fondo, a algunos contenidos importantes de una Pastoral Educativa Renovada.
Es decir, de una Pastoral Educativa que visualizamos y esperamos como fuente de vitalidad, como fuente de renovación y como fuente de vocaciones. La Misión Educativa, vivida en forma COMPARTIDA, es una propuesta en la linea de la refundación.
No se podria vivir una misión compartida entre religiosos y laicos, en fidelidad a los Fundadores, de espaldas a la renovación de esta misma “misión educativa”.
Sería triste y sin mucho sentido, centrarnos en el compartir, sólo como una estrategia para la eficacia, en la gestión del colegio. Lo sustantivo en el compartir es la fidelidad a los llamados del Señor. El nos llama a abrir nuestra tienda, nuestro espacio congregacional, para compartir con otros cristianos un carisma educativo que nos viene del Espirítu, por el cauce del Fundador.
Esta misión que compartimos es el envío que la Iglesia nos hace a realizar UNA UNICA MISIÓN, la de Jesucristo, en la modalidad de dos vocaciones nacidas de la gran vocación del BAUTISMO.
En el Bautismo, nos igualamos y nacemos todos los fieles en la Iglesia. Diferentes y complementarios, los religiosos y los laicos, desde nuestro proyecto de vida, compartimos, cualidades, tiempo, dones, trabajo, sueños, vida de fe, compromisos. Nuestras identidades no se confunden ni se borran: se afirman y se enriquecen mutuamente.
Los temas importantes a los que nos estamos refiriendo, responden a dos núcleos de contenidos: LA IDENTIDAD DEL EDUCADOR CRISTIANO Y EL PROYECTO EDUCATIVO. Ambos pretenden ser vividos en forma COMPARTIDA, entre religiosos y laicos.
Los dos contenidos, “la identidad y el proyecto”, pertenecen a preguntas que han de ser respondidas también, en forma COMPARTIDA:
Aquí están algunas interrogantes:
.- ¡Educador Católico! Tú, quien eres? (La Identidad del Educador Cristiano). .-. ¡Escuela Católica! ¿qué dices de ti misma?.- (La Identidad de la Escuela Católica). .- ¿Cuáles son los pasos en el proceso de formación de un Educador Cristiano?
(El Itinerario o Proceso de Formación de un Educador Cristiano).
.- ¿Es necesario un Proyecto para educar? (El Proyecto Educativo Evangelizador de un Colegio de Iglesia). .- ¿Es posible darle sentido de Dios a la cultura escolar? (El dialogo entre la Fe y la Cultura).
.- ¿Es posible organizar un colegio con criterios evangélicos? (La Gestión Educativa y los Valores Cristianos): .- que Jesucristo y sus valores de vida atraviesen el currículo y que la educación para la justicia y para la solidaridad sean valores transversales en los proyectos de la Escuela,...
2.- Presentamos el tema:
Ahora, presentamos nuestro tema: La Misión Compartida en la Educación, ¿de que se trata aquí?
Nos centramos en reflexionar “qué se entiende por <misión compartida> en la educación” ¿quiénes comparten? ¿qué se comparte? ¿cómo se comparte? ¿cuándo se comparte la misión, el carisma, los bienes? Veamos:
3.- ¿Qué se entiende por Misión Compartida en la Educación?. ¡ LAS PREGUNTAS A LA CARA¡
Aquí nos llega otra serie de peguntas. Andan entre nosotros, en los pasillos del colegio, en los encuentros en los que se sinceran los laicos, en las reuniones comunitarias de los religiosos, de las religiosas.
.- ¿Y cuánto tengo que compartir en mi quehacer educativo, más allá de mi contrato de trabajo? No hay que olvidar que tengo una familia y es mi proyecto principal.
.- ¿De qué carisma compartido me hablan, cuando nosotras las religiosas nos sentimos arrinconadas por los laicos, en la pastoral del colegio?
.- ¿Qué puede compartir de nuestro carisma religioso, una persona que da claras señales de no adherir a nuestros valores, aunque hay que reconocer que hace bien sus clases?
.- Pensando en la misión ¿En qué se diferencian los religiosos de los laicos?.
.- Si todos pueden hacer la totalidad de la misión educativa; si nada en la acción evangelizadora de educar es “privativo” de los religiosos, ¿para qué la vida religiosa?.
.- “Como laico puedo hacer las mismas cosas para el Reino de Dios”, ¿merecerá la pena mi vida de religiosa? .- ¿Cómo hacer misión compartida cuando los encuentros del sindicato y del comité de bienestar les llevan el interés a nuestros profesores?
.- ¿Qué tienen en común los laicos y los religiosos?. ¿Qué tienen de diferente? ¿Qué aporta de específico el religioso a la misión educativa?
¿Qué aporta el laico de especial a esta misión de Jesucristo?
¿Qué es refundar una congregación? Eso será, en todo caso, un tema que compete a los religiosos, pero no a nosotros los laicos, ¿cierto?. Nosotros somos sólo colaboradores...
¿Qué es, realmente, compartir la misión y el carisma de una congregación?
Como se ve, la lista de preguntas nos sobrepasa. No intentamos responderlas, pero nos ayudan. Nos marcan algunos espacios para aportar respuestas que entusiasmen y se puedan llevar a la practica.
Queda claro que la búsqueda de las personas ronda en torno a “por qué compartir”, “qué compartir”, “quién comparte”, “cómo se comparte”. Las hemos traído aquí porque hay quienes se siguen preguntando con toda honestidad; hay quienes ya construyen respuestas muy positivas y tal vez haya quienes aún no se interrogan.
HECHOS DE VIDA.-
1.- Ya tenemos techo.- En un Seminario de “Formación para la Misión Conjunta de Religiosos y Laicos”, se daban a conocer algunos pasos que la Congregación estaba dando, en este tema de la Misión Compartida: “Nosotros, en el
Colegio, por primera vez, hemos logrado que los Padres de los Alumnos se organicen para levantar la planta de un Gimnasio y ya hemos techado el recinto con sus aportes. Nos parece que es un paso en esto de compartir la misión...” ¿...?
2.- Vivimos en una comunidad “mixta”.- Nos llega la experiencia de una educadora, que ha trabajado largos años en un Colegio, con religiosos. Le ha llegado el tiempo de la jubilación este año. Ha decidido optar por doce meses de trabajo colaborativo en otro país, viviendo con la comunidad de religiosos, junto a un matrimonio voluntario y su bebé; éstos últimos venidos de Europa. Junto a los consagrados, los laicos alternan los tiempos de comunidad y de oración, el trabajo educativo - pastoral, las comidas y el descanso.
3.- Mirando juntos, nuevos horizontes.-
Hace poco tiempo, en la Congregación, han llamado a un encuentro de reflexión, a Hermanos y Laicos de distintos países, emparejados por una determinada franja de edad.
En el encuentro, se ha preguntado a los participantes, acerca de “alguna actitud significativa que estás viviendo”, al participar en la misión educativa, junto a los religiosos:
.- Soy exalumna de los Hermanos. Y paso a paso me fui metiendo en las cosas de San Marcelino, nuestro Fundador. Puedo decir que “no va conmigo” lo de “horarios calculados”, en el trabajo con los Maristas. Y seguiré en la misma línea. (María Candia, Educadora Laica del Distrito Marista del Paraguay).
.- El marista es una persona abierta donde vaya. Así lo dicen los jóvenes que se encuentran estudiando en la Universidad. Yo, desde niño, estudiando con los Hermanos, cultivé esa apertura. La descubrí en el Fundador y en los Religiosos que me formaron. Y deseo no defraudar en ello. (Luciano Riveros, Educador Laico, de la Provincia
Marista de Chile).
¿Por qué un encuentro de religiosos y laicos?.
Así se respondían en este encuentro de religiosos y laicos: Porque la presencia de los laicos es la encarnación del carisma, vivido en común con los Hermanos. Porque ayudan a los religiosos, mediante su compromiso como
educadores cristianos, a profundizar su propia vocación. Porque ellos mismos, los laicos, redescubren y se replantean su propia vocación de cristianos. Porque es como caminar por las rutas de Emaús, junto a los religiosos. Porque los laicos, desde su vocación específica, nos ayudan a ver e interpretar los mensajes de Dios.
4.- Reaccionamos:
Frente al listado de preguntas previas, ¿qué se va aclarando?
En primer término, la formulación misma de las preguntas anteriores, nos da a entender una diversidad en las mentalidades: tal vez diferencias respecto al mismo concepto de Iglesia, de carisma, de congregación y de cómo situarse frente al llamado a compartir.
En segundo lugar, los hechos de vida ponen de manifiesto caminos distintos, ritmos distintos, expectativas distintas “para transitar la misión compartida”.
5.- ¿Misión Compartida, tú, ¿quién eres?
Para empezar, eliminemos un visión reduccionista del concepto "misión compartida": "no se identifica ni con el proyecto educativo ni con un conjunto de tareas que desarrolla un grupo de educadores, religiosos y laicos, EN UNA ESCUELA”. Si las tareas y el proyecto fueran la "misión compartida", todo se reduciría a un asunto de "gestión": programación, coordinación, reparto de tareas. A lo más, habría que concretar la manera de democratizar esta gestión, y procurar que se viviera el principio de corresponsabilidad y de subsidiaridad. Sería un aprovechamiento de las habilidades de las personas. ¿Y la identidad de cada educador?. ¿Y el sentido de lo que hacemos?. Y el proyecto de vida, ¿dónde quedaría?.
El término "misión" pertenece al vocabulario de la fe. Hablamos de la educación cristiana en cuanto "misión", en el sentido que creemos que es un "envío" o "encargo" que nos viene de Dios. El origen de la misión está fuera de nosotros mismos, más allá de nuestra libre elección. Aunque sí, sabemos que nuestra libertad entra en esto y nos corresponde aceptar o rechazar la "misión".
Misión es "la obra de Dios", que Él realiza a través de nosotros. Esta misión es "compartida": en ella estamos colaborando religiosos y laicos. ¿Qué compartimos? ¿Sólo habilidades?. No, no sólo habilidades, sobre todo aportamos nuestras identidades, en lo que tienen de común y en sus diferencias.
Pero es "compartida" también porque con ella participamos en la misión evangelizadora de la Iglesia: "El
educador laico debe estar profundamente convencido de que entra a participar en la misión santificadora y educadora de la Iglesia, y por lo mismo, no puede considerarse al margen del conjunto ECLESIAL". (El laico
católico, testigo de la fe en la escuela", Roma 1982. n.24). A la luz de la fe.
Partimos de una situación de hecho: Estamos educando. Demos por supuesto que todos estamos
superando, tanto los religiosos como los laicos, aquellos niveles que llamamos laboral (trabajador de la educación) y
profesional (experto en algunas áreas). No están eliminados estos niveles, sino integrados en la perspectiva vocacional, (educo desde mi dimensión vocacional).
No sólo vivimos nuestra acción como respuesta a las necesidades de los jóvenes, sino que hacemos una lectura de esas necesidades, a la luz de la fe. La fe nos hace sorprendernos a nosotros mismos de ser "ojos y oídos" de Dios: Es Él quien ve por nuestro ojos, quien oye por nuestros oídos, quien se conmueve en nuestro corazón. Y es Él quien nos envía hacia los jóvenes a través de la educación. La clave de fe que hemos introducido hace que esta situación que vivimos a diario nos haga transparente la acción de Dios en nuestro mundo. ¡Y por nuestras propias manos! Tal vez entonces no sintamos ninguna necesidad de hacer más cosas, o cosas nuevas en nuestra tarea educativa. Pero las cosas que venimos haciendo, las haremos de un modo diferente. Es una mirada al mundo iluminada por LA FE. Es una presencia: LA PRESENCIA DE LO TRASCENDENTE, AQUELLA QUE DA SENTIDO A LA VIDA.
5.1. ¿QUIÉNES COMPARTEN?
La misión se comparte valorando y complementando las diferencias entre religiosos y laicos, no reduciéndolas ni ignorándolas.
Religiosos y laicos: son “Dos Vocaciones y una Misión”.Veamos lo que nos iguala y lo que nos diferencia. A partir de ahí, resulta más claro vislumbrar que podemos compartir.
El enorme desafío, permanente, es le de HACER COMUNIÓN, entre nosotros, a partir de nuestra diversidad, con creatividad y consistencia.
Lo que es diferente entre los Religiosos y los Laicos.
Lo que es diferente entre los Religiosos y los Laicos. Lo que es diferente entre los Religiosos y los Laicos. HABLEMOS DE LOS RELIGIOSOS:
Las ACCIONES que caracterizan a los religiosos recuerdan algunos gestos existenciales de radicalidad de Jesús:
Su misericordia, su opción por los pobres y marginados, su oración continua, su actividad evangelizadora, su obediencia al Padre, el celibato de Jesús por el Reino. Es como decir que cada Congregación “casi exagera”, le pone intensidad carismática y fuerza vital a algún aspecto de la vida del Señor.
Las ACCIONES de los religiosos van en la línea de estos verbos, que expresan el carisma y la profecía: inspirar, animar, testimoniar, estimular, hacer creíble, ir más allá (trascender), darle sentido a la vida y a la búsqueda de Dios, significar, anunciar como profecía de un mundo nuevo que ya está entre nosotros, aunque no pleno,...
.- Los Religiosos renunciamos a ciertos valores terrenos, afirmando así la realidad de los bienes futuros. Y las comunidades de los religiosos, invitan a compartir y al amor gratuito y universal. (Cf Constituciones de los HH.
Maristas, 16)
.- Para el religioso, su Congregación asume los roles de una verdadera familia. Se trata de serle fiel en las alegrías y en las penas. A la Congregación se pertenece de por vida y de ella se depende. La Congregación también depende de sus miembros, en la vitalidad que hacemos posible.
.- La comunidad religiosa nos da trabajo y nos pide trabajo. Nos asegura los bienes necesarios para vivir y a la comunidad le entregamos lo que ganamos. La comunidad nos ofrece afecto; es nuestro hogar. Y le damos afecto al hermano más cercano y a todos.
.- En la Misión, que ya hemos dicho que es la misma para todos (Anunciar y vivir la fe de Jesucristo Resucitado),
HABLEMOS DE LOS LAICOS:
Las ACCIONES que caracterizan a los laicos van en la línea de otros gestos del Jesús histórico:
preocupación por la salud poblacional, por la ciudad, por la ciudadanía, por el crecimiento, por la organización política, por la liberación de las personas de lo injusto, por la convivencia concreta de personas y grupos, por la fidelidad al amor matrimonial, por la fecundidad y la paternidad responsable, por la dignidad de las personas en situación concreta, por el avance de los programas y de los sueños para lograr más calidad de vida humana.
Las ACCIONES de los laicos se pronuncian con estos verbos vivos y actuantes: hacer, transformar, curar, crear, desarrollar, concretizar la fe en la creación visible,...
.
- Los laicos viven los valores humanos de acuerdo a los criterios que el Evangelio señala:
“El laico recibe el mandato de Evangelizar, transformando desde dentro los centros de interés, los valores, los modos de pensar, los modelos de vida que estén en desacuerdo con la Palabra de Dios. Es educar la conciencia individual y colectiva. (Cf. Evangelii
Nuntiandi, n. 18)
.- Para el laico casado, SU FAMILIA es la iglesia “doméstica” y como su proyecto importante.
.- Pertenece a ella de por vida, se hace dependiente de ella y a ella aporta. De su compromiso familiar dependen valores importantes de sus miembros.
.- En la Misión, que ya hemos dicho que es la misma para todos (Anunciar y vivir la fe de Jesucristo Resucitado),
Lo que es diferente entre los Religiosos y los Laicos. Lo que es diferente entre los Religiosos y los Laicos. los religiosos aportamos a la misión compartida estos
aspectos fundamentales:
.- El testimonio de nuestra vida consagrada en comunidad es nuestra primera acción misionera: Así nos lo dicen las Constituciones de los HH. Maristas: <Nuestro apostolado es comunitario. Comienza con el testimonio de nuestra consagración, vivida fraternalmente... Cuanto más unida y acogedora sea la comunidad y más animada por el espíritu de oración y por la pasión por Jesucristo, tanto más eficaz será nuestro trabajo. Cuando nuestra vida irradia esperanza y gozo cristianos, suscitamos en los jóvenes el deseo de comprometerse a seguir a Cristo> (n. 82).
IMPORTANTE:
- Desde la identidad del religioso/a, célibe consagrado, la “entrega” respecto de la misión se traduce en una "comunidad total intencional, de proyecto común". En una comunidad de personas que habitan, trabajan y se recrean juntas; una comunidad empeñada en una misión que es anterior a las propias propuestas de cada miembro en particular".
los laicos aportamos a la misión compartida estos aspectos fundamentales:
.- El testimonio de nuestra vida cristiana, como laicos, en el modo de vida que se elige, (casado, soltero, en comunidades cristianas,...), con una intensidad de pertenencia acorde con el proyecto de familia que tienen su prioridad y requiere equilibrio.
.- El trabajo que les pide la familia a los laicos está en relación directa con el amor, la responsabilidad y el proyecto de vida de cada uno de sus miembros. A partir del amor de los esposos, de los hijos y de los hermanos se extiende esa experiencia de amor a muchos otros.
IMPORTANTE:
- Desde la identidad del laico, la “entrega” respecto de la misión que se comparte, se traduce, no en una "comunidad total intencional como los religiosos", sino en una invitación a invertir la cantidad de sí mismos que corresponde, en tiempo, energía y actitudes, al nivel alcanzado en su vocación de educador cristiano, dentro de su proyecto de vida personal y familiar".
5. 2. ¿DÓNDE SE COMPARTE?
Digamos que “la comunidad es el lugar” donde se comparte. ¿Es posible la vivencia comunitaria en un Colegio de Iglesia? La COMUNIDAD es el PUNTO DE ENCUENTRO. La casa de la "misión compartida es la Comunidad: es el punto de encuentro de los que hemos sido "enviados" a la misión. No hay "misión compartida" si falta este lugar de encuentro. La Comunidad es garantía para la misión.
“La voluntad de crear lazos”.
Pero antes de hablar de comunidad, hablaremos de “la voluntad de crear lazos”. Este proceso de creación de lazos, está orientado a la experiencia comunitaria y se desarrolla en algunos planos de la convivencia:
En un primer plano se vive la personalización.
¡Atención!. Esta dimensión es esencial en la pedagogía cristiana: la personalización. “El trato personal” no el trato en masa, impersonal, ha de tomar cuerpo entre los educadores antes de proyectarse sobre los alumnos. Es la valoración personal, la comunión de personas, la corresponsabilidad:
En un segundo momento se trata de “compartir en la fe”.
En la comunidad educadora no todos se encuentran en el mismo nivel de fe. Posiblemente la gama sea bastante extensa: desde los que prescinden conscientemente de la fe en su vida, hasta los que la consideran como una aspecto fundamental. Unos y otros participan en el Proyecto Educativo de la Escuela Cristiana. Pero, por supuesto, para que ese Proyecto sea una concreción de la misión evangelizadora y se mantenga como tal, será necesaria, será imprescindible la comunidad de fe.
5. 3. ¿QUÉ SE COMPARTE ? CADA UNO COMPARTE SUS RIQUEZAS.
Los LAICOS ofrecen sus propias cualidades individuales y su sentido de la vocación: Especialmente
testimonian con su vida personal la posibilidad de encontrar en Jesucristo el significado último de la existencia. De
esta manera, encarnan el Evangelio en el mundo, mostrando no pocas veces valor y compromiso. Los laicos aportan también nuevos acercamientos al propio carisma "ayudando” a interpretarlo de un modo más espiritual y a extraer de él orientaciones para la creatividad en la acción evangelizadora".
LOS RELIGIOSOS, LAS RELIGIOSAS contribuyen con sus cualidades personales y con los dones que provienen del carácter profético de su vida consagrada: su testimonio religioso, su vivencia del carisma, su
experiencia en el acompañamiento espiritual. De manera especial, el sentido de acogida de la comunidad local puede
ser un punto de apoyo, un rostro humano y un refuerzo de esta misión compartida que se desea vivir.
5. 4. ¿Y POR QUÉ COMPARTIR?
A modo de ejemplo.- UNOS MENSAJES CLAROS.-
Se celebraba un Capítulo General de la Congregación de los Hermanos Maristas. Se invitaba por primera vez a los laicos a compartir el proceso de discernimiento en la Asamblea Capitular. El Hermano Superior General, Charles Howard, les daba la bienvenida con unas palabras que sintetizan el sentido de la misión compartida: "Nos
alegramos de vivir en unos tiempos en los que la Iglesia está retornando a una mejor comprensión de sí misma como comunidad de laicos, religiosos y sacerdotes, todos y cada uno llamados a la santidad y a la misión".
Con esta nueva visión de la Iglesia se nos invita a los creyentes a vivir juntos el “Bautismo Común”, compartiendo los dones para el bien de todos los demás.
Un Cambio cualitativo y un signo de primavera:
Compartir la misión de evangelizar por la educación, junto a otros cristianos, está siendo para nosotros, los religiosos, un cambio cualitativo. Es como “un signo de los tiempos”, un signo de esta "primavera de la Iglesia". Lejos de ser una situación lamentable, como cediendo al hecho de la disminución numérica de los religiosos en el mundo, compartir es parte del carisma y de la vocación propia de los consagrados.
Unos años después, en 1999, al entregar el Documento de la “Misión Educativa” a los Laicos, el Superior General siguiente, Hermano Benito Arbués, repetía las mismas actitudes:
“Con mucho gusto pongo este documento en manos de ustedes, Hermanos, Educadoras y Educadores Maristas: El primer sentimiento que me brota al escribirles es de gratitud: gratitud a todos aquellos educadores y educadoras maristas que, con su amor a la infancia y a la juventud, han dado continuidad al espíritu heredado del Fundador. Y no sólo le han dado continuidad, sino que lo han enriquecido. Ha sido un recorrido de casi 200 años de historia congregacional.
¿Qué queda, como contenido significativo, en estos mensajes? Entre otras luces, señalamos las siguientes:
.- La Iglesia vive una mejor comprensión de sí misma, en cuanto a la misión de dar a conocer a Jesucristo, vivida en la diversidad de vocaciones.
.- El “Bautismo común” vivido juntos, religiosos educadores y laicos educadores, en una misma misión, aporta unidad, sentido de comunión y criterios de igualdad entre los agentes de los diversos ministerios en la Iglesia. .- El hecho de compartir la misión con los laicos, lejos de ser una situación lamentable, lejos de ser considerado como un mal menor, obligados por la escasez de personal, es parte de la misión de los religiosos. Compartir el carisma es propio de la vocación religiosa, en su dimensión de consagrados para la misión.
- Se nos está llamando a una comprensión más rica y más profunda de la identidad de los religiosos y de la identidad de lo laicos.
.- Estamos descubriendo la dimensión complementaria de nuestras vocaciones: Se trata de asumir en la práctica esta realidad: “La única misión, que es la de Jesucristo, se expresa en dos vocaciones específicas: la del religioso y la del laico”.
5. 5. FINALMENTE, ¿CÓMO COMPARTIR?
Presentamos algunas pistas del “cómo” compartir, en forma de “fortalezas” y “debilidades”, en este proceso de la “misión compartida”, entre religiosos y laicos.
5. 5. 1. FORTALEZAS.
Para llevar a la practica un proceso de MISION COMPARTIDA, se han necesitado, de parte de la Institución, algunas condiciones que lo han favorecido. Veamos algunas, por vía de ejemplo:
.- La Congregación Religiosa se ha colocado en “actitud” de discernimiento, respecto a su vida, a sus obras, a su realidad histórica, en el lugar cultural en que viven.
.- Se han realizado esfuerzos para sensibilizar a las personas (los religiosos y los educadores) en las llamadas de sus Capítulos Generales, a “renovarse en educación y en espiritualidad”. Sobre todo en este último aspecto. .- Se han elaborado sencillos documentos que van dando identidad a la obra educativa y a las personas que en ella trabajan: el Proyecto Educativo del Colegio: con el Ideario, Las Convicciones Educativas, Los Principios Educativos, El Perfil de un Educador Cristiano y los rasgos del carisma institucional,...
.-Se ha iniciado algún programa de “formación para los educadores”: Por ejemplo, las Jornadas para los Educadores que se incorporan a la Institución, Jornadas de formación en el carisma, Conocimiento y aplicación de los Documentos de la Iglesia y de la Congregación sobre Educación y Evangelización...
.- Algún plan sencillo para la formación de los Padres y Apoderados en la comprensión y compromiso con el carisma de la Congregación,...
.- Implementar, por pasos, algunas estructuras de participación de laicos y religiosos en la conducción y animación de las obras educativas: Rectores, Directores de una Sección del Colegio, Consejo de Dirección del Colegio integrado por religiosos y laicos.
.- Elaborar y echar a andar algún programa básico para la Formación de Profesores en la línea de COMPARTIR LA MISIÓN EDUCATIVA.
.- Intentar en forma sistemática algún proceso para profundizar LA MISIÓN COMPARTIDA.
.- Pensar en “Formación especializada en Pastoral Educativa” para los Educadores, Laicos y Religiosos. 5. 5. 2. DEBILIDADES:
Es bueno también advertir acerca de las fuerzas contrarias al cambio y a la renovación. Las podemos llamar debilidades.
1.- Frecuentemente, la Congregación vive una realidad, en cuanto al personal religioso, en “clara disminución numérica”. Discernir en qué lugar y en qué tarea nos quiere el Señor en tiempos de disminución, no siempre es claro y fácil.
2.- Se dan resistencias, de parte de los religiosos, a causa de la presencia de los laicos en la animación y gestión de las obras educativas. Y hasta se llega a considerar su presencia como “un mal menor”.
3.- Respecto a los laicos, se da una “dependencia poco educadora” respecto a los religiosos: esperan órdenes y se permanece en una floja colaboración, también dependiente, algunas veces, del sueldo.
4.- Hay debilidad en todos, respecto a la comprensión de la identidad de educador cristiano en la Iglesia. 5.- No se vive con fuerza el envío a evangelizar (ministerio de la enseñanza se quiere llamar), que recibimos de la Iglesia, los religiosos y los laicos.
6.- La forma de administrar los bienes resulta a veces una dificultad para el buen funcionamiento de lo que es compartir.
7.- Ritmos distintos, algunos lentos, en este proceso de la Misión Compartida.
8.- Desorientación para hallar nuevas formas de presencia de los religiosos, fuera del aula, para acompañar la misión educativa.
9.- Criterios y hábitos un tanto reticentes al cambio, por ejemplo, en abrir la casa a los laicos.
10.- Riesgo permanente de enfatizar lo académico por sobre la animación cristiana del proceso de enseñanza y aprendizaje.
11.- Lenta asimilación de los documentos de base.
12.- La sensibilidad para optar por los más necesitados, la sensibilidad para compartir los espacios de los colegios, la opción por una vida más sencilla y austera de los religiosos, el afianzamiento de la vocación cristiana de los educadores, es una realidad, en algunos lugares, un poco “en vías de desarrollo”.
7. El acompañamiento personal, como servicio a los educadores, es todavía un deseo. Aunque hay esfuerzos por implementarlo.
Hasta aquí nuestro tema. Repetimos la idea de la necesidad de ahondar en cada uno de los contenidos que subyacen en esta formulación de “MISIÓN COMPARTIDA EN EDUCACÓN”.
El camino está abierto y hay deseos de caminar.
Ni la improvisación ni el apuro ni los decretos pueden hacernos madurar en la experiencia de responder a las llamadas a “ensanchar la tienda del carisma” y a vivir la misión encomendada, en forma compartida.
Pero cuando se ensancha el corazón y se comparten vocaciones en una misión que nos es común, el viento del Espíritu abre las esperanzas y los frutos de ese mismo Espíritu renuevan la faz de nuestra Iglesia, de nuestra tierra, de nuestras escuelas y comunidades. La fertilidad es señal de El, el Señor de la Vida.