• No se han encontrado resultados

Juan Vicente Gómez Un fenómeno telúrico

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2020

Share "Juan Vicente Gómez Un fenómeno telúrico"

Copied!
10
0
0

Texto completo

(1)Universidad Católica Andrés Bello Centro de Investigación de la Comunicación Red Venezolana de Comunicación y Cultura. Sala Virtual de Investigación Ramón José Velásquez. Autor: Velásquez, Ramón J. Título: Juan Vicente Gómez. Un fenómeno telúrico Publicación: Signo Fecha: jueves 20 de septiembre de 1951 JUAN VICENTE GÓMEZ. UN FENÓMENO TELÚRICO Una fuerza desatada de la naturaleza José Rafael Pocaterra llegó a calificar a Juan Vicente Gómez como la sublimación del instinto. Para el autor de "Memorias de un venezolano de la decadencia" se trata de una fuerza desatada de la naturaleza, incapaz de distinguir el bien del mal, de establecer la escala condicional de los valores morales, de actuar, en fin, conforme a las normas y principios, de entender o aplicar elaboradas teorías políticas y sociales. Como las avalanchas de sus páramos nativos, arrastró todo -hombre, cordero, piedra o árbol- cuanto se interpone en su camino. Como el mismo paisaje, algunas veces se dibuja en su rostro o en su acción -ante los ojos sorprendidos del espectador- una serenidad risueña y bondadosa. La única escuela Juan Vicente Gómez se asomó tarde al mundo de las ciudades y de la política. Tenía cuarenta y dos años de edad, cuando en 1899 emprendió la aventura revolucionaria que lo habría de conducir al más largo e incontrolado poder que hombre alguno haya ejercido en Venezuela. Los primeros ocho lustros de esta vida singular transcurren muy cerca de la raya fronteriza colombo-venezolana, en pleno ambiente rural, entre campesinos y negociantes, hablando siempre de cosechas y ganados y acercándose a los pueblos vecinos de San Cristóbal, Capacho y Cúcuta, sólo en los días de fiesta o de mercado. La vida del campesino tachirense es lenta y difícil. De pocas palabras y largas pausas. Hay tiempo para pensar y meditar las palabras y las acciones. Contra el engaño, nunca sobra la malicia. El patrimonio es escaso y no hay que dejarse sorprender. El campesino que se siente desamparado y amenazado es ladino, desconfiado. Es su única fuerza de defensa. Su trinchera. Va midiendo la intención ajena y la trayectoria de sus propias afirmaciones con gran cuidado y disimulo. Ni el fruto madura más pronto, ni el animal crece más rápido, porque en su impaciencia así lo quiera el hombre. Para cosechar frutos y ganados hay que saber esperar. Frente al peligro de los bandidos en el camino real, frecuentes son las ocasiones en que es necesario echar por atajos y veredas. No buscar UCAB/CIC/RECOM/SVI/Ramón José Velásquez. Página 1 de 10.

(2) dependencias, saber conservar amigos y no mostrar miedo al enemigo, son reglas de conducta que el campesino no olvida. Estas actitudes crean todo un sistema para entender la vida, imposible de olvidar y fácil de aplicar. Esta fue la única escuela que en su vida frecuentó Juan Vicente Gómez. Maneras de entender la política Gómez nació un día de julio del año 57, el último de la dinastía monaguera. 0 de la oligarquía liberal, como llaman a este tiempo los historiadores. Pronto va a estallar la guerra larga. Pero la tormenta federal pasa lejos de estas montañas en donde vive sus años de infancia y juventud. Las noticias sobre el cataclismo que abrasa al resto del país llegan en boca de los fugitivos godos barinenses que buscan refugio en las alturas de la cordillera o en labios de los jefes o partidas federales que tratan de alcanzar la frontera colombiana. Serenado el tiempo nada ha cambiado en apariencia. Para los campesinos de la cordillera la política continúa siendo cosa lejana y misteriosa, profesión de doctores y generales. Ellos la reducen a simple enunciación de apellidos: Guzmán, Linares, Andueza, Crespo, sin complicaciones, ni diferencias. "Se fue Guzmán", "volvió Guzmán", "huyó Andueza", "se alzó Crespo", son los comentarios tardíos que en veredas y ventas traducen todo un proceso de confusión y personalismo. El problema está en ser amigo o enemigo de quien manda en Caracas. Y como Gómez ya es amigo de Cipriano Castro y éste a su vez lo es del Presidente Andueza Palacios. Cuando Joaquín Crespo entra triunfante a Caracas y Andueza huye, a los anduecistas tachirenses Castro y Gómez no les queda otro camino que imitar la fuga del Presidente derrocado y atravesar, en son de exiliados la cinta del río Táchira. Es el año de 1892. Es éste el único destierro en la vida de Gómez y su única experiencia internacional. Experiencia de quince kilómetros, dentro del mismo paisaje, mirando siempre desde su nueva casa, las montañas familiares. Usted manda y yo acato En 1899, muerto Joaquín Crespo, fracasados sus intentos revolucionarios José Manuel Hernández y Ramón Guerra, gobernando el país Ignacio Andrade, debilitado el gobierno por las conspiraciones y el descontento, juzgó Cipriano Castro propicia la ocasión para emprender su aventura guerrera. El Capitolio Federal, era su frase, su sueño y promesa. Escaso de recursos, sin razones para sostenerse y vencer, su audacia y su valor iban a ser sus armas secretas para triunfar en un momento nacional sin norte, con un Ejecutivo vacilante y un Presidente sin autoridad. Al lado de Castro, viene en la invasión Juan Vicente Gómez. Cuando en su fundo de "Bella Vista", Castro lo invitó a la aventura, Gómez le dijo por toda respuesta: "Usted manda y yo acato". Sin pedir explicaciones, ni poner condiciones. Gómez no ha sido guerrillero, no tiene ninguna clase de antecedentes militares, pero sin embargo, ocupa puesto principalísimo. Es el hombre del dinero, el encargado del parque y de las provisiones. El que sabe encontrar las alpargatas y la carne. El empresario de la Revolución. Cuando llegan a Valera, Castro lo designa sucesor para el caso de muerte, haciendo caso omiso de brillantes oficiales. El caudillo, pequeñín, nervioso y autoritario, prefería entre todos a este hombre alto, lento, sumiso. Como mi hermano Castro continuó avanzando sin encontrar serias resistencias y entre tácitas complicidades. Después del desastre de Tocuyito, en septiembre llega a Valencia, para empezar allí el más raro juego entre un gobierno y una revolución. El temor al nacionalismo y al Mocho paralizaba a Andrade. Castro, enfermo, no disponía el avance. Y empiezan las idas y venidas de miguel Antonio Matos, personaje de mucha influencia económica y política, empeñado ahora en lograr un acuerdo entre el gobierno y los facciosos. En estas andanzas, cuenta Matos en sus memorias, un día fue a Valencia, a visitar a Castro. Cuando llegó a su cuarto e iba a comenzar la conferencia, vio en una cama a un hombre blanco, de bigotes, enfermo. Frente al desconocido guardó silencio y Castro, ansioso de conocer las. UCAB/CIC/RECOM/SVI/Ramón José Velásquez. Página 2 de 10.

(3) respuestas del Presidente a sus proposiciones de entrega, le dijo: "Hable, es Juan Vicente, como mi hermano". La tarde del 22 de octubre En la tarde del 22 de octubre de 1899, después de cinco meses de campaña, entra Castro triunfante a la capital. Andrade había huido el día anterior por el cerro del Ávila y el poder había quedado en manos del General Víctor Rodríguez, quien ahora espera al vencedor en la estación de Caño Amarillo. Es el atardecer. La multitud sorprendida y curiosa quiere conocer a los vencedores, habitantes de una remota región venezolana. En el coche, a la derecha de Castro, viene Matos. Gómez entrará al día siguiente, con el grueso de las tropas. Ya comienza la noche, cuando Castro aparece en los balcones de la Casa Amarilla, para proclamar sus propósitos: "Nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos". Rodeándolo en su primera aparición están, severos y dominadores, los hombres del liberalismo, los Ministros y Generales de Alcántara, de Andueza, de Crespo. Mientras el pueblo aplaude, las tropas empiezan a acampar. La ciudad ha sido ocupada. Es la última invasión de la Venezuela campesina. Tropiezos del ascenso En la primera organización gubernamental que establece la Revolución triunfante, Castro es Presidente de la República y Gómez Segundo Vicepresidente. Luego marcha al Táchira, como Jefe Civil y Militar del Estado, para imponer el nuevo orden en su propia tierra, que cinco meses después del triunfo de Castro, permanece en manos del régimen derrocado. A poco regresa al centro, para intervenir entonces en su carácter de Jefe del Ejército, en las operaciones militares que bajo la dirección de Castro, el nuevo gobierno realiza contra la Revolución Libertadora, última coalición de caudillos contra el grupo regional triunfante. En estas empresas conoce y recorre Gómez todo el país. Combate en Falcón y en Lara. Va a tierras de Sucre y Monagas, y llega a Guayana. Castro al pie del telégrafo, en la Casa Amarilla, lleva siempre el control de los pasos y maniobras de su segundo, ahora primero en campaña. Gómez sabe que Castro es hombre vanidoso y siempre que logra un triunfo, por pequeño que sea, le dice a su Jefe: "He seguido sus instrucciones, he cumplido sus órdenes y he triunfado". Cuando pierde la acción, no tiene reparos en decirle a Castro: "Olvidé algunos de sus sabios consejos. La suerte ha sido adversa". Liquidada la Revolución Libertadora, sin enemigo visible por delante, empieza el cuarteamiento de la vieja alianza. Es una separación, un distanciamiento que tiene su origen, su base y su explicación, en la manera distinta que tienen estos dos hombres de entender el mundo. Castro ha sido estudiante en el Seminario de Pamplona, ha venido a los Congresos como Diputado por el Táchira, ha hecho en otro tiempo amistades en Caracas con figuras de la política y de las letras, ha vivido la vida del desterrado en Curazao, se siente vinculado a la gente del gastado liberalismo, es hablador, amigo del baile y premia un discurso ampuloso con un Ministerio. Gómez, en cambio, mira con desconfianza la ciudad y sus hombres, pulidos y complicados. Ama su paisaje campesino. No es bailarín. Habla poco y cuando lo hace repite como en un estribillo, la misma frase. No gusta prodigarse y se encuentra cómodo y tranquilo entre sus viejos conocidos. Tiempos de la Conjura A medida que pasan los días, la división interna es más profunda. Hay castristas y gomecistas. Gómez se ve amenazado en su silenciosa ambición. Los políticos que rodean a Castro -Ramón Tello Mendoza, Linares Alcántara, Eduardo Celis, Carnevali Monreal, Torres Cárdenas, Delgado Chalbaudle han hecho comprender el peligro que significa la presencia y la obra del Vicepresidente. Las relaciones entre los socios de la Restauración, están casi rotas. Los amigos de Gómez están excluidos de todas las prebendas y gajes de la Administración. Ser amigo de Gómez es un riesgo. Al propio. UCAB/CIC/RECOM/SVI/Ramón José Velásquez. Página 3 de 10.

(4) Gómez lo acorralan y le hacen efectivos pagarés vencidos y que en el momento no puede recoger. En 1906, Castro enferma y el grupo de políticos adverso a Gómez, organiza una conjura para desconocer al Vicepresidente en caso de fallecimiento de Castro y proclamar Presidente al General José Antonio Velutini, a quien luego reemplazan por Francisco Linares Alcántara. La indecisión del elegido hace que en el plan fracase y que Castro, una vez restablecido e informado de los manejos de sus amigos, le devuelva temporalmente la confianza a Gómez. Pero la pugna vuelve muy pronto a cobrar fuerza. Gómez se muestra muy poco en los saraos y convites con que la sociedad capitalina regala constantemente al Restaurador. Anda metido en las haciendas que ya ha adquirido en tierras de Aragua, entre vacas, siembras. Muchos hombres de su provincia que son despedidos de la tropa o de la Administración, encuentran seguro amparo en estos fundos e irán a formar los núcleos de su oficialidad de 1908. Cuando el aliado a quien conquista es un doctor y puede haber ocasión de que se tropiecen en Miraflores, su primera advertencia es: "Si me ve en Palacio, no me salude". Se vive bajo el constante temor del asesinato. Es un duelo de disimulo y de violencia. Una noche Eustoquio Gómez, ebrio y amenazante, recorre la ciudad mientras proclama a gritos su adhesión a la causa de su primo y cuando el Gobernador de Caracas, Luis Mata Illas, lo invita al orden, le dispara y lo mata. Otro día, Castro decide tentar definitivamente la ambición de Juan Vicente, poner en evidencia su traición y le entrega la Presidencia mientras se retira a La Victoria y desde allí le escribe, ofreciéndosele como Secretario. Gómez le respondió viajando a La Victoria para decirle: "Compadre, yo no nací para esto, usted es el que sabe mandar", desorientando la desconfianza de Castro, quien regresa en medio de los arcos, de los himnos y de los discursos de La Aclamación. En esta situación, Castro interesado en los íntimos propósitos de Gómez por sus amigos, les responde: "Ya lo sabía. Hay que tratarlo bien y no ponerle obstáculos, pero tampoco hay que facilitarle el trabajo para que no sospeche don Cipriano que nosotros sabemos". Y cuando ve cerca al espía, simula confidencias y entrevistas en las cuales proclama su devoción fanática por Castro. 1908 Así transcurren los dos últimos años del poderío castrista. La gente cansada o resentida con El Restaurador, quiere ver en Gómez su contrafigura. Como no baila, como es silencioso, como se permite íntimos comentarios acerca de la ingratitud de don Cipriano con quienes lo sentaron en la silla, los descontentos, los defraudados, los desdeñados por Castro, lo rodean como a una esperanza. Cuando la enfermedad de Castro hace indispensable su salida del país, empiezan las intrigas por la sucesión. Castro piensa en Velutini. Doña Zoila, la esposa de don Cipriano, tiene desconfianza de Velutini, y coloca todo el peso de su influencia del lado de su compadre Juan Vicente. En los años anteriores, cuando la mayoría de los políticos de la Restauración halagaban las inclinaciones donjuanescas de Castro, Gómez se había puesto de lado de la esposa, quien ahora, en el momento decisivo, le limpiaba de enemigos la última etapa del camino. La mujer logra el entendimiento entre los dos hombres y desde entonces, Gómez no abandona la cabecera del enfermo. En noviembre de 1908, Castro emprende el viaje. Gómez lo acompaña hasta la mitad del camino de La Guaira. Se embarca en el "Guadaloupu", vapor francés. En su despedida, pide a sus amigos ver en Gómez su propia figura y obedecer sus órdenes como si fueran dictadas por el propio Castro. Desde Carúpano le telegrafía: "Mar sereno. Buen presagio". Mientras la caravana castrista se aleja, los políticos que rodean a Gómez, encabezados por Leopoldo Baptista, preparan los detalles del golpe de Estado. La agitación popular comienza el 13 de diciembre, con el pretexto de un crucero holandés que en son de amenaza ha llegado a La Guaira. Las manifestaciones que principian condenando el acto de Holanda, se transforman muy pronto en una hoguera política. Elías Toro, desde la Plaza Bolívar, proclama la necesidad de liquidar el sistema castrista. Gómez deja obrar, pero todavía tiene sus dudas. El 19, está definitivamente decidido. Acompañado por su Secretario y consejero, Leopoldo Baptista, se presenta en la mañana en la Casa Amarilla. Ya se han hecho reconocer por los jefes de. UCAB/CIC/RECOM/SVI/Ramón José Velásquez. Página 4 de 10.

(5) los cuarteles de Caracas. Apenas uno o dos permanecen fieles al ausente. Cuando Gómez llega al despacho presidencial, el problema se reduce a detener a Pedro María Cárdenas, Gobernador de Caracas y a Rafael López Baralt, Ministro del Interior. El patio del Palacio lo ocupa la "sagrada", que comanda su aliado Félix Galavís. Ha terminado el gobierno de Cipriano Castro. Mientras el pueblo se entretiene en los saqueos, los políticos colaboran con el General, en la organización del nuevo gobierno. Todos son ahora anticastristas y se reparten Ministerios y Presidencias. Los amigos caudillos A Venezuela comienzan a regresar los políticos que vivían en el destierro. Muchos de los hombres de la Libertadora. Gente con prestigio nacional o regional, con antecedentes de lucha y de figuración, Peñaloza, Rangel Garbiras, Tellería, Rolando, Ayala, Morales, Solaigne, Pulido aceptan constituir el Consejero de Gobierno, organismo que pronto la despiadada malicia caraqueña ha de denominar "el potrero". La mayoría de estos hombres -Gómez los llamaba "los amigos caudillos"- era superior a Gómez en cuanto a cultura general y a conocimiento de los problemas políticos nacionales. Ellos lo sabían y confiaban precisamente en esta circunstancia como el mejor aliado para la pronta liquidación del nuevo Presidente. Linares Alcántara afirmaba enfático a sus amigos: "En un trimestre lo liquidamos". Baptista, trabajaba en igual sentido. Cada uno de estos hombres pensaba en utilizar a Gómez para liquidar a los otros y luego liquidarlo a él. Nadie pensaba en formar un frente contra el naciente poder gomecista. Cada quien buscaba la alianza de Gómez, contra los otros. Las diarias intrigas le permitían a éste estar al tanto de los manejos y cabildeos de "los caudillos". No había secreto posible. Y esta mutua vigilancia impedía que prosperara ningún plan distinto de los que Gómez se había trazado. Los llamados partidos tampoco actuaban en forma distinta: Los nacionalistas afirmaban que Gómez en su tierra había sido godo y trataban de ganárselo para su causa; los liberales, encabezados por Tosta García, andaban en lo mismo, organizando banquetes en su honor, en los cuales brindaban por el Gran Partido Liberal, alzando Gómez a su turno la copa y brindando "por la paz y el trabajo". Así transcurre el primer año y cuando piensa que el doctor Baptista, su Secretario de la hora conflictiva, anda muy adelantado en sus devaneos conspirativos y que ya no lo necesita le dice: "Doctor, pídale la renuncia a los Ministros; esos bueyes ya están muy cansados". A lo cual le responde Baptista, que quiere probar el grado de confianza de que aún goza en el ánimo de Gómez: "General, yo también deseo descansar unos días, si usted no dispone otra cosa" y cuando Baptista espera que Gómez le pida que lo siga acompañando, éste le responde "¿y quién me aconseja en su reemplazo?". Baptista, que se ve cogido en el lazo, piensa rápidamente en un amigo de Gómez, iletrado y ajeno a estos menesteres de política y oficina, y le dice: "General, salvo su mejor opinión, el hombre sería don Antonio Pimentel". "Pues mañana lo nombro", le respondió Gómez. Así cayó Baptista y se liquidó la primera etapa en la consolidación del régimen gomecista. Gómez único Tras la corta permanencia de Pimentel en la Secretaría Presidencial, aparece al lado de Gómez como Gran Válido, Ezequiel Vivas, un médico tachirense, de muy mal carácter. Vivas había sido enemigo de Castro y desde el año de 1908 había proclamado en tierras del Táchira, la fórmula política de "GOMEZ UNICO". Vivas acentúa las características que han de definir realmente el régimen, tanto en el manejo de los hombres, como en el manejo del Tesoro Público. Coloca en primer plano de figuración nacional, hombres que siempre habían permanecido en una discreta penumbra administrativa y desata su persecución contra quien no acepte sin reservas su teoría del gomecismo. Como Vivas no tiene ambiciones de jefatura, ni es hombre de prestigio nacional, Gómez lo deja hacer y deshacer a su leal entender. Por este tiempo el problema es Román Delgado Chalbaud, gran figura de la situación y quién desde la UCAB/CIC/RECOM/SVI/Ramón José Velásquez. Página 5 de 10.

(6) Presidencia de la Compañía de Navegación Fluvial y Costanera, está haciendo política que todos sus enemigos se atreven a calificar de anti-gomecista. Goza Delgado de la confianza de Gómez, quien lo distingue entre todos. Por las oficinas de Navegación hay un diario desfilar de gente "Oficiales de Delgado", dicen en la jerga política venezolana. Las cosas se complican y Delgado se ve en la necesidad de adelantar sus planes. Le dice a sus amigos que va a ir a Miraflores dispuesto a matar a Gómez si por algún motivo comprueba que está descubierto. En la mañana de ese día entra a Palacio como de costumbre, saluda a Gómez en su dormitorio y sale seguro de que todo es nerviosismo, pues Gómez lo ha recibido con la misma confianza y cordialidad de siempre. Pocos momentos después, dos edecanes lo detienen y lo conducen a La Rotunda, en donde ha de permanecer catorce años. Era el mes de mayo de 1913. Liquidación de dos problemas Pero los planes de continuismo, acariciados por Gómez y alentados por Vivas, tropiezan con dos problemas cuya liquidación trae preocupados a los consejeros jurídicos. El primero, tiene que ver con la propia Constitución. La sancionada en el primer Congreso de Gómez (1909) prohíbe expresamente la reelección. El Consejo de Gobierno está dispuesto a hacer respetar la vigencia de las disposiciones antireeleccionistas. El segundo problema lo crea don Rafael Arévalo González, cuando desde las columnas de "El Pregonero" el 11 de julio del mismo año 13, recuerda al país que se acerca un nuevo período presidencial y lanza a la consideración de los venezolanos, la candidatura del abogado y profesor universitario Félix Montes. Para liquidar a los componentes del Consejo de Estado que se han convertido de pronto en una piedra en los rieles del tren gomecista, se inventa el lío del protocolo francés. Pero la situación planteada por Arévalo González, sigue en pie. Se acerca un nuevo período presidencial. La reelección está prohibida. Hay teórica libertad para el lanzamiento de candidatos. La salida la encuentran César Zumeta y José Rosario García, el tío de Gómez y es la siguiente: León Jurado simula, engañando a Simón Bello, una invasión de castristas por las costas de Falcón. Se declara turbado el orden público y Gómez sale en campaña, quedando liquidado por lo pronto todo ordenamiento constitucional. Gil Fortoul se encarga de la Presidencia de la República y Gómez, Comandante en Jefe del Ejército, se establece en Maracay. Félix Montes ha tenido que huir del país. Arévalo González está preso en La Rotunda. Y muy pronto aparece la convocatoria de un Congreso de Plenipotenciarios que ha de reformar la Constitución y ha de ratificar el nombramiento de Gómez como Jefe del Ejército y designar a Victoriano Márquez Bustillos como Presidente Provisional de la República. Dos años más tarde, reacomodada ya la Constitución, el Congreso elige a Gómez Presidente para un período de siete años: 1915-1922, permaneciendo sin embargo durante seis años la dualidad presidencial: Gómez en Maracay con los títulos de Presidente Electo y comandante en jefe del Ejército y Márquez Bustillos en Caracas, despachando en Miraflores, con el titulo de Presidente Provisional. Doctores y Generales A lo largo de todas estas alternativas, aparecen como funcionarios del Gobierno, las principales figuras intelectuales del país. Con escasas excepciones los hombres de letras colaboraron en algún momento con el gomecismo. César Zumeta, José Gil Fortoul, Pedro Emilio Coll, Felipe Guevara Rojas, Manuel Díaz Rodríguez, Pedro Manuel Arcaya. Ladislao Andara, Samuel Darío Maldonado, Jesús Muñoz Tébar, Esteban Gil Borges, Antonio Alamo, ltriago Chacín. Diego Carbonell, Carlos F. Grisanti, Cabrera Malo, Santos y Pedro César Dominici, Abel Santos, Laureano Vallenilla Lanz, fueron en alguna ocasión, miembros del Gabinete Ejecutivo, Presidentes de Estado, miembros del Congreso o funcionarios diplomáticos.. UCAB/CIC/RECOM/SVI/Ramón José Velásquez. Página 6 de 10.

(7) Pero estos hombres carecían de una verdadera influencia en cuanto a la orientación del régimen. Su papel era en el mejor de los casos, según el decir de Mariano Picón Salas, el de poner en la mejor prosa los caprichos del Jefe, escribir los documentos oficiales, los discursos de ocasión y elaborar las teorías Sociológicas que hacían de Gómez una necesidad nacional. Quienes sí representaban y definían el sistema gomecista eran los Generales, gente de confianza de Gómez, cuyos métodos crearon todo un sistema caracterizado por el nepotismo, por la confusión del peculio privado con el Tesoro Público y por la ausencia de todo interés por el bien comunal. Eran los hombres de acción, los que "se quemaban el pecho" y que se reían de los pulidos doctores, flojos y aprovechadores. Para esta clientela eran las Presidencias de Estado, las aduanas, los resguardos, las rentas de licores y los remates de juego, es decir, cuanto producía poder y fortuna. Cada uno de estos personajes, tenía a su vez su clientela "los oficiales de Fulano" se decía y con ellos marchaba al sitio en donde iba a ejercer funciones de Gobierno. Cuando no tenían cargo, pasaban largas temporadas en Maracay, jugando gallos y concurriendo en las tardes a Las Delicias, hasta que por fin un día se corría la voz: "Hoy sale Fulano", "ya salió Perencejo", queriendo explicar que ya la espera había terminado. Cerca del Dictador, cada uno de estos hombres tenía su defensor, algún personaje de la intimidad familiar a quien le giraban mensualmente una gruesa suma de dinero, a fin de que los defendiera del ataque de enemigos y rivales. El hombre La expedición de la "Angelita", ha fracasado. La conspiración de los jóvenes oficiales del año 19, ha sido delatada y cruelmente castigada. Los intentos de Peñaloza, Arévalo Cedeño y Ducharne, repetidos y audaces, no han encontrado eco nacional y se han extinguido en medio de la más implacable persecución. La Rotunda y los castillos de Puerto Cabello y Maracaibo están abarrotados de presos, entre los cuales se encuentran, civiles, militares y clérigos. Las colonias de desterrados en Curazao, Cuenta, Trinidad, Barranquilla y New York, van en aumento. El chiste gradillero es castigado corno el peor delito. La gente teme conversar. Es el año de 1924, el Dictador tiene cincuenta y seis años y está en plenitud de su poderío. Como siempre, vive solo en su casa, apenas acompañado por sus oficiales de confianza. La casa de sus hijos, la visita en horas del día. En la puerta de su habitación, duerme su sirviente y confidente, el indio colombiano Eloy Tarazona. El dormitorio es extremadamente sencillo: Una cama de hierro, dos sillas de vaqueta, una hamaca. Detesta el lujo y vive y viste con gran sencillez. Su comida es igualmente simple, a través de los años sólo acepta los platos de la cocina andina, "porque así me acuerdo de mi tierra", dice. Nunca eleva el tono de la voz y apenas se advierte que está contrariado porque mueve con rapidez maquinal, sus poblados bigotes. Conversa poco, repite lo que dice y cuando en las tardes se reúnen en Las Delicias los doctores y generales que lo adulan, le gusta hablar en parábolas, encontrando siempre sus puntos de comparación en la naturaleza. Se muestra afectuoso y cordial con sus viejos compañeros de campaña, con sus compadres y amigos del Táchira, pero recela un tanto de sus "amigos doctores". Refiriéndose a uno de ellos, decía un día: "Yo no sé como Fulano que ha leído y estudiado tanto, no es capaz de penetrar en mis intenciones". Quien le servía incondicionalmente, era un amigo, no importa cuáles fueran sus antecedentes políticos. En una ocasión, un antiguo enemigo suyo, convertido luego al gomecismo y ya en funciones de Ministro encontró que otro político había hecho llegar a Gómez un libro que este había publicado en el exterior, en sus días de opositor, y ante el nerviosismo del Ministro, quién veía el libro en la mesa de Gómez, éste le dice: "No se preocupe, esto lo escribió cuando era usted mi enemigo, ahora es mi amigo y eso basta. Pero a la mayoría de los doctores que le escribían largas cartas adulonas y sociológicas, nunca les daba entidad de políticos, los llamaba "buscadores de puestos" y decía, mientras agitaba en la mano alguna de aquellas pulidas misivas universitarias: "Estos buscadores de puestos están creyendo que yo me duermo".. UCAB/CIC/RECOM/SVI/Ramón José Velásquez. Página 7 de 10.

(8) Era cruel en grado sumo: Impasible y despiadado. Quien iba a la cárcel culpable o inocente no podía pensar en regresar pronto a la libertad. Todas las influencias se estrellaban frente a una negativa. Ya anciano, el día en que una de sus hijas quiso lograr la libertad de unos estudiantes, utilizando al nieto preferido. Gómez borró al niño del número de sus afectos visibles. Como si se tratara de gente extraña a su mundo, cuando por casualidad se refería a sus prisioneros, lo hacía en términos de una frialdad impresionante. "El amigo Román creía que yo no sabía en lo que andaba y yo le salí alante al Román". Cuando alguien quiere interceder por un hombre que ha sido hecho prisionero por equivocación le responde que no es posible "porque como estuvo preso, ahora sí es mi enemigo". Igual sufre el clérigo, que el militar o el campesino. Es el primer latifundista del país. Los mejores hatos, el mejor central azucarero del país, la mejor hacienda cafetalera, son suyas. Es el primer ganadero y los precios de la carne los fija él, como amo que es en el negocio del ganado. Las compañías petroleras que empiezan a llegar al país, lo hacen partícipe de concesiones, aumentando su riqueza. No establece separaciones ni distingos entre el Presupuesto Nacional y sus rentas personales y en una confusión permanente y costosa se pagan casas, negocios y viajes con dinero del Tesoro. En política internacional, aleccionado por la experiencia de don Cipriano, sus métodos son simples: "Que cada quien mande en lo suyo" y así elude la presión que tanto alemanes como franceses le hacen el año 16, para que Venezuela rompa su neutralidad y se coloque al lado de alguno de los bandos en pugna. A Caracas la mira con suma desconfianza y cuando el Secretario le dice que algún personaje capitalino lo solicita para saludarlo, le dice, confiado: "Pregúntele qué busca, porque ese viene buscando negocio". Sus proyectos jamás los consultó con nadie, ni compartió verdadera intimidad con ningún hombre o mujer. En los años de poder, la persona más allegada dentro del círculo de los personajes fue Antonio Pimentel, sin que esta amistad determinara ninguna clase de influencia política. Arcaya apunta que en cuanto a la solución de los asuntos de gobierno, siempre consultaba a sus Ministros, preguntaba, oía, para tomar a la postre una determinación muy personal. El amor no ocupa capítulo de importancia en la historia de sus pasiones. Tampoco el juego, ni el baile. Todas sus potencias anímicas están al servicio de su insaciable ambición de poder y de su afán de poseer tierras y rebaños. Frente al posible rival no da cuartel, ni lo detiene en su propósito de eliminación del adversario escrúpulos de ninguna naturaleza. Cuando su hijo José Vicente se transforma en su amenaza, lo lanza de su cariño y de su tierra, sin aceptar, ni oír razones de excusa. Y cuando su tío, José Rosario García, su fiel consejero de treinta años, un día cae en un lazo que la malicia de Gómez le tiende y le recomienda la candidatura de José María García para la Presidencia a raíz de la caída de Pérez, no vuelve a recibirlo y le hace sentir todo el peso de su repudio. Con un gran sentido del mando, aplicando en la administración de la República, las ideas y métodos de sus días de hacendado, Gómez convirtió la paz "que era una condición, en un fin", condenando al país a la más completa e infecunda quietud. Petróleo y marxismo En 1922 había vuelto a ser elegido Presidente Constitucional, por otros siete años. En esta oportunidad la calidad nepótica del régimen alcanzó su más alta expresión. Su hermano, Juan Crisóstomo es el Primer Vicepresidente; su hijo José Vicente, el Segundo Vicepresidente.. UCAB/CIC/RECOM/SVI/Ramón José Velásquez. Página 8 de 10.

(9) Hasta entonces la vida nacional se desarrollaba simple, semirural, sin complicaciones mayores. Impuesta la paz armada, silenciadas todas las formas de expresión política y de interés social, desterrados o presos todos los jefes conocidos de la oposición, la vida económica del país reducida a la venta de ganado, a la importación de mercancías y a la exportación del café, los únicos acontecimientos dignos de comentarios se reducían en la capital, principal centro urbano del país, a la llegada de los toreros, de los cómicos o de los jugadores de pelota, con quienes tan espléndido era el régimen. La aparición del petróleo y su inmediata explotación por parte de los trusts inglés y americano, empieza a complicar la vida del país y a crear problemas de gobierno y administración totalmente desconocidos. La pugna por las concesiones, las intrigas por la modificación de leyes, el respectivo aumento en las entradas del lánguido presupuesto nacional, el abandono de los campos por parte de los trabajadores que marchan al Zulia atraídos por la leyenda dorada, la aparición de las primeras concentraciones obreras, son factores que van modificando, a grandes pasos, la dormida y casi paralítica vida nacional. Coincide esta etapa con la aparición de una nueva generación, interesada en buscar solución al problema de la libertad, pero escéptica frente a las posibilidades de mejoría y curación que podía traer al país la vuelta de los viejos caudillos, ahora en el destierro, pero tan llenos de prejuicios y de resabios como el mismo Gómez. Quieren estos jóvenes trabajar sobre el nuevo material que la transformación petrolera está creando: Las masas obreras. Estos años de 1928 y 30 son revueltos. Va perdiendo el país la quietud que ya parecía eterna. Cumpliendo el rito venezolano, una nueva generación va a las cárceles y al destierro. Gómez, que bajo la influencia de Baptista Galindo había suavizado sus métodos, vuelve ahora a reprimir con mano durísima. Empieza a hablarse de "comunismo" y cuando alguien le dice que en Caracas están repartiendo un folleto de unos sacerdotes contra el comunismo, llama al Prefecto Sayago y le dice: "Que los curas no repartan más esos libros. Porque yo no quiero que se hable mal del comunismo, sino que no se hable. Es que de los enemigos como de los muertos no se debe hablar". El doctor Pérez En 1929 se vuelve a plantear el problema de la elección presidencial. El Congreso lo elige por otros siete años. El renuncia, el Congreso se aterra y se traslada a Maracay. Idas y venidas, ruegos para que acepte, hasta que por fin los recibe en El Trompillo y ante los Senadores y Diputados silenciosos y anhelantes, pronuncia el único discurso de su vida. Les dice que está dispuesto a dedicarse a la agricultura porque esa es su vocación. Afirma: "Encontré a este país como una casa de escombros, y dejo una casa sólida. Ahora, qué se necesita para mantener una casa?. Un hombre que la cuide, pero no mi presencia para cuidarla". Luego les dice que lo único que puede aceptarles es el nombramiento de General en Jefe del Ejército y que se atrevería a buscarles un candidato para la Presidencia, "que marche de acuerdo conmigo y de esta manera todo saldrá perfectamente bien". El Congreso en medio de aplausos y expresiones de aprobación, sí, sí, se marcha, decidido a cumplir con la voluntad de Gómez. A poco, éste les señala el candidato: El abogado caraqueño Juan Bautista Pérez, muy honorable en su vida privada y miembro de la Corte Federal y de Casación. Gómez decía: "Les tengo que recomendar un central para que no digan que uno se quiere coger siempre el coroto. El doctor Pérez es muy bueno y es de ellos". Y el doctor Pérez fue Presidente Constitucional y marchó muy de acuerdo, hasta una mañana de 1931, cuando el Senador Aurelio Beroes, en breve discurso, después de reseñar "la inquietante situación del país, la inseguridad social, el avance del comunismo, la crisis económica" pidió la destitución de Pérez y el retorno de Gómez, quien conocedor de las maniobras que a sus espaldas venían desarrollando sus parientes José Rosario y José María García, no se negó a regresar. La tarde de su nuevo juramento (1931) la multitud caraqueña llevó en andas su pesado automóvil, desde el Capitolio hasta. UCAB/CIC/RECOM/SVI/Ramón José Velásquez. Página 9 de 10.

(10) Miraflores. En estos últimos años de su vida, gobernaba más el sistema que el hombre. Pese a la crisis agrícola y comercial, la situación del Presupuesto era magnífica con la ayuda del creciente tributo petrolero. La máquina funcionaba a maravilla. Ya Gómez era un anciano, con unas cuantas manías y una grave enfermedad. Se vivía pendiente del estado de su próstata. Cuando los médicos tenían que practicarle sondeos, la zozobra se dibujaba en innumerables rostros y unos y otros temían el desenlace. Está en Caracas, en noviembre de 1935, cuando se le declara la crisis que lo ha de conducir a la tumba y abandona precipitadamente la capital para buscar su refugio y su gente de Maracay. Cuando sobreviene su muerte el 17 de diciembre, no hay problema alguno de sucesión, porque todos los grupos del expirante gomecismo, reconocen como jefe de circunstancias y Presidente de la República, al Ministro de Guerra, Eleazar López Contreras. Balance Frente a este hombre no hubo en el país ninguna fuerza de control Y así, a lo largo de treinta años, Gómez fue conformando una nación a su imagen y semejanza. Las generaciones ya maduras para la hora de su aparición, se borran sin dejar huellas. Y las que van surgiendo encuentran frente así el grave dilema. El dolor o el silencio o la complicidad. Porque la gran división que Gómez ha hecho de los venezolanos en buenos o amigos y malos o enemigos, corresponde a dos situaciones: La cárcel, el destierro y la persecución, para los malos; la privanza, el auge social y el éxito económico para los buenos. Existía un tercer camino: Convertirse en espectador sordo y mudo de la tragedia nacional. Como liquidó todos los medios de formación y expresión de la opinión pública, -elecciones, prensa libre, parlamento, partidos, asociaciones- la gente empezó a creer que eso era lo natural, que la suerte del país era algo ajeno a sus deberes y que quienes abordaban tales temas eran suicidas irremediables. Aisló al país de todo contacto con las corrientes de la cultura universal y evitó el conocimiento, estudio y discusión de los grandes temas sociales y políticos, dando ocasión a la formación de una clase directora, pacata, asustadiza, incapacitada por comprender y resolver las necesidades de Venezuela en los nuevos tiempos. ¿Hasta dónde, en el desarrollo político y social del país, Juan Vicente Gómez, más que un hombre, es una situación? ¿Hasta dónde fueron sus condiciones personales -instinto o inteligencia- la causa de su largo mandato? ¿Cuánta culpa tienen los tradicionales vicios de nuestra vida pública -desorganización, egoísmo, adulación, peculado, envidia, ambiciones localistas, etc.- del entronizamiento de este hombre y de las consecuencias que sobre la patria trajera tanto poder sin control? La respuesta sólo puede darla el estudio del tiempo político y social venezolano, comprendido entre la Revolución Federal y la caída de Cipriano Castro. © Copyright Ramón J. Velásquez Todos los derechos reservados. UCAB/CIC/RECOM/SVI/Ramón José Velásquez. Página 10 de 10.

(11)

Referencias

Documento similar

4 Uruguay no ofrece datos de entradas de capitales.. de tipo social, particularmente Brasil y Paraguay, como de tipo productivo, económico, de promoción de las

García Rodicio, Antonio Gómez Pardo, José Luis Jeremías López, Ana Ladra González, Manuel López López, Mª Purificación Majadas Soto, José Javier Pedreira Pérez,

García Rodicio, Antonio Gómez Pardo, José Luis Jeremías López, Ana Ladra González, Manuel López López, Mª Purificación Majadas Soto, José Javier Pedreira Pérez,

José Manuel Peula García; José Manuel Hierrezuelo Osorio; José Antonio Molina Bolivar; Juan Aguiar García; Cristóbal Carnero Ruiz. "Book

Cuando en nuestra época se puede incluso festejar el fin del humanismo, este libro, se dice en el prólogo, es como una serie de “variaciones sobre el mismo tema: el hombre

Viuda de José Paradells Enrique Gómez Ribes Pedro Soler García José Gavarra Martínez Tejidos -Salvador Rebollar. Viuda de Francisco Boldó Elías

María del Carmen Marín Queral, de José y Natalia.- Rosario Prades Tena, de Vicente y Regina.-Día 6.. Celestino Cuevas Edo, de Vicente y

Investigar esos procesos puede enseñarnos a poner en valor el camino más que el resultado, encontrando convergencias entre lo que Le corbusier observa en sus estancias en India y lo