• No se han encontrado resultados

Los animales son parte de la clase trabajadora y otros ensayos de Jason Hribal

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2022

Share "Los animales son parte de la clase trabajadora y otros ensayos de Jason Hribal"

Copied!
5
0
0

Texto completo

(1)

ensayos de Jason Hribal

Resenha de os animais são parte da classe trabalhadora e outros ensaios de Jason Hribal

Animals are part of the working class and other essays review by Jason Hribal

Enviado: 29/08/2021 Aceptado: 16/12/2021

Gustavo Medina Pose

Licenciado en Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República (Uruguay).

Email: [email protected]

(2)

95

Que los demás animales tengan sintiencia es algo cada vez más aceptado, incluso para el especismo (de ahí, por ejemplo, los desvelos bienestaristas por una muerte más aséptica,

“humana” e indolora en los mataderos). Por otro lado, que posean conciencia es algo más reconocido (un avance importante en este sentido y en el ámbito científico lo constituye la Declaración de Cambridge1). Ahora bien, que posean agencia, esto es, la capacidad de realizar acciones intencionales para obrar en el mundo, es algo aún más resistido.

Precisamente, la obra de Jason Hribal que aquí se presenta contribuye a argumentar por la afirmativa en esta última controversia.

En 1903 la elefanta Topsy, secuestrada para trabajar en un circo, fue asesinada por electrocución como castigo por haber matado a su cuidador, luego de que este le quemara la trompa con un cigarro (la electrocución fue realizada con un prototipo ideado por Thomas Edison que luego derivaría en la creación de la silla eléctrica usada para ejecutar la pena capital en humanos). Más recientemente, Tilikum, una orca del parque acuático Seaworld, asesinó e hirió a algunos de sus entrenadores. En los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, la alemana Annika Schleu fue descalificada por golpear a su caballo, quien se negaba a saltar en la prueba ecuestre del pentatlón moderno. Podrían reseñarse infinitos casos más como estos, algunos mediáticos y otros no, pero todos ellos tienen algo en común y Hribal nos aporta la clave conceptual para entenderlo: no son actos fortuitos, no son casos de desequilibrio mental o problemas genéticos de los animales, como suele aducirse. Son muestras de resistencia frente a la opresión humana.

Los animales son parte de la clase trabajadora y otros ensayos (2014) abona con evidencia histórica aquello que la etología viene constatando desde hace décadas: los animales son capaces de una pluralidad de conductas que no son exclusivas del homo sapiens. En efecto, se ha observado que los animales juegan —solos, entre sí y con humanos—; hacen regalos, exploran el mundo, planifican acciones, usan herramientas para modificar el ambiente, etcétera. Además —y este es el singular aporte del autor— son capaces de luchar para defenderse contra los humanos cuando estos los explotan.

La compilación que aquí se presenta, traducida al español por ochodoscuatro ediciones —editorial antiespecista— reúne los siguientes textos: “Los animales son parte de la clase trabajadora. Un desafío a la Historia del Trabajo”, “Animales, agencia y clase:

escribiendo la historia de los animales desde abajo” y “Los animales son parte de la clase trabajadora, revisitado”.

La primera sección aborda el estatus de los animales en la teoría política (especialmente la marxista) y la historia (ensayando así una historia no antropocéntrica). En resumidas cuentas, su tesis es la siguiente: en la sociedad capitalista, además de ser mercancía y biotecnología, los animales son, esencialmente, trabajadores. Las revoluciones agrícola, industrial y urbana no hubiesen acontecido de no ser por los animales que trabajaron en

1 The Cambridge Declaration on Consciousness.

(3)

granjas, fábricas y ciudades. En definitiva, la “cuestión social” —esa expresión con que la burguesía nombró a la pauperización del proletariado— y la cuestión animal están profundamente entrelazadas, por lo cual, el concepto de clase social debe ser reformulado para que quepan en ella también los animales trabajadores.

Como prueba de su profundo trabajo empírico, el autor cuantifica que, bajo el capitalismo del siglo XIX, las vacas lecheras de Estados Unidos aumentaron su producción anual per cápita de 5300 a 13 627 litros. En lo que refiere a la producción cárnica, “entre 1700 y 1800, la media de peso del ganado casi se había duplicado”; “entre 1850 y 1900, el número de vacas que trabajaban en los Estados Unidos se triplicó de cinco a diecisiete millones” (Hribal, 2014: 18). Esto es, “bajo el capitalismo, las vacas tenían que trabajar más duro que antes” (Hribal, 2014: 24).

En cuanto a los caballos —para nada azarosamente elegidos por James Watt como unidad de medida de potencia— señala el autor que, junto a mulas, burros y vacas, habían sido los principales proveedores de energía durante un milenio —así fue en la agricultura, la molienda y el transporte— (Hribal, 2014: 27). De hecho, agrega, fue la introducción del trabajo de bueyes y caballos lo que catapultó las industrias dominantes transatlánticas del azúcar y del algodón durante los siglos xviii y xix. Estos trabajadores hacían turnos de doce horas para trazar, cardar, tejer, trasquilar y terminar productos de algodón; en las fábricas de cerveza molían la malta y bombeaban el mosto; acarreaban los cañones para la industria armamentística; prensaban y destilaban aceite; prensaban la sidra y devanaban minerales; batían barro, pisaban los curtidos, molían y trituraban de todo; estiraban la seda y tejían el lino, además de trasladar mercancías y personas (Hribal, 2014: 31). Estas condiciones de trabajo determinaron que la vida promedio de los equinos se viera reducida de entre 25 y 30 años a entre 4 y 7 años.

Además de una profunda labor cuantitativa, el ensayo también realiza un análisis cualitativo acerca de cómo ha sido tratado el problema de la subjetividad de los animales en la filosofía, la cultura y el discurso político. Como muestra de ello, menciona, por ejemplo, que “el botánico del siglo xviii Peter Kalm admitió a regañadientes que siempre había una parte del ganado en todo rebaño ‘muy revoltosa (...)’, tanto ‘que no había cercado lo suficientemente fuerte como para resistirla si tenía la idea de atravesarlo’”

(Hribal, 2014: 36). Para decirlo claramente, esto no es otra cosa que resistencia frente a la dominación humana y un modo de expresión de la capacidad de agencia animal. Esta resistencia puede ser individual o colectiva, violenta (atacando mediante mordidas, coceos y embestidas) o no violenta (negándose a trabajar simulando ignorancia o rechazando órdenes, disminuyendo la velocidad y la producción, tomando descansos sin permiso, robando abiertamente o en secreto, destruyendo equipamiento o fugándose, entre otros métodos de lucha de acción directa).

Precisamente, en el período de intensificación de la producción capitalista a partir de la explotación animal, el autor identifica una serie de perfeccionamientos de los

(4)

97

instrumentos de castigo para hacer frente a la resistencia y al potencial emancipatorio animales: espuelas, bocados, riendas, látigo, castración, muerte.

Por su parte, no es sorprendente que, obnubilado por las ideas modernas y antropocéntricas como la del Progreso, el socialismo mayoritario —declarado defensor de la libertad de los oprimidos— haya ignorado y rechazado la cuestión animal.

Curiosamente, Hribal señala que la comprensión de los animales como trabajadores fue más acertada en la teoría del valor de Adam Smith que en Karl Marx y que la causa animalista fue principalmente defendida por algunas confesiones protestantes como los anabaptistas y cuáqueros (que también se opusieron a la esclavitud humana), antes que por el proletariado propiamente dicho. Quizá una excepción dentro del pensamiento socialista sea la del anarquista Proudhon, de quien Hribal cita: “el caballo que tira de nuestros carruajes y el buey que tira de nuestros carros producen con nosotros, pero no están asociados con nosotros; cogemos su producto, pero no lo compartimos con ellos.

Los animales y los trabajadores a quienes empleamos mantienen la misma relación con nosotros” (Hribal, 2014: 40).

En este recorrido, Hribal concluye que, en el momento exacto de formación de la clase trabajadora, puede observarse la formación del primer movimiento por los derechos de los animales, por lo cual puede decirse que el antiespecismo emergió tanto de la proletarización de humanos como de no humanos.

La segunda sección profundiza en los nexos históricos entre animales, agencia y clase, y se subdivide a su vez en tres partes. La primera es una crítica del estado actual de la historiografía de los estudios sobre animales. La segunda considera el modo en que los animales han dado forma por sí mismos a sus propias vidas y a su trabajo. La tercera explora cómo se desarrollaron las relaciones de clase entre humanos y otros animales.

Resalta en esta segunda sección el recorrido histórico que el autor hace del

“pitagorismo” que, en cierta medida, puede tomarse como sinónimo del antiespecismo.

Aquí sostiene que la educación de los pitagóricos puede dividirse en tres períodos: el de la Revolución Inglesa, el de la Revolución Americana y el de la Revolución Francesa. Las protagonistas de esta toma de consciencia radical en torno a la cuestión animal habrían sido ciertas confesiones protestantes (cuáqueros, familistas, ranters, anabaptistas y otros) que compartían en sus doctrinas otras ideas radicales tales como el rechazo del Estado, de la esclavitud, la propiedad privada y la ley moral. Los cuáqueros, por ejemplo, “no sólo boicotearon el uso de ron y azúcar en sus protestas contra [la esclavitud humana]:

boicotearon el uso de ron, azúcar, carne, grasa y el carruaje llevado por caballos” (Hribal, 2014: 85). El apartado finaliza con la idea de que se puede crear una solidaridad entre humanos y animales2, argumentando que “fue [la] resistencia combinada por parte de caballos, mulas y humanos lo que hizo que ocurriera la transición desde la energía animal

2 En otro trabajo propuse el neologismo zoolidaridad para referirse a este tipo específico de solidaridad. Ver “1º de Mayo: la explotación invisible”, en Semanario Brecha, 30/4/2021.

(5)

a la de vapor” durante la Revolución Industrial (Hribal, 2014: 93).

Finalmente, en la tercera sección el autor pasa revista a las principales críticas que se le han hecho a su trabajo, refrendando nuevamente cada una de sus ideas y agregando nuevas evidencias. Aquí da una fuerte discusión con Marx y el marxismo en torno al trabajo animal ya que, para estos, “el trabajo es una característica exclusivamente humana”

(Karl Marx, citado en Hribal, 2014: 113). De la misma teoría se confrontan conceptos clave como tecnología, plusvalía, esclavitud, clase y la sutil pero fundamental distinción entre trabajo y fuerza de trabajo. El final del texto es optimista e instituyente: “Los animales han tenido una larga y profunda comprensión del bien común. Deberíamos aprender de ellos y descubrir cómo encajamos juntos en el futuro” (Hribal, 2014: 170). Un final que, asimismo, parafraseando y actualizando a Marx, bien podría haber sido: “¡Animales del mundo, uníos!”.

Referencias

Hribal, J. (2014). Los animales son parte de la clase trabajadora y otros ensayos. España:

ochodoscuatro ediciones.

GUSTAVO MEDINA POSE

Su recorrido de pensamiento se desarrolló en torno a las líneas de amistad entre antiespecismo, anarquismo y psicoanálisis. Ha publicado diversos artículos en prensa y también, en coautoría, el libro Aportes al pensamiento anarquista y a la filosofía contemporánea (Montevideo: Parrhesia, 2020).

Referencias

Documento similar