DELFINAACOSTA
Q DELFINA ACOSTA Querido mío:
LIBRO
25 de Mayo esq. México Telefax: (595-21) 444 770
E-mail: [email protected] Plaza Uruguaya
Asunción - Paraguay
Diseño de tapa: Claudio López Ilustración de tapa: Enzo Pertile
Diseño y diagramación de interior: Caudía López Edición: 1 .000 ejemplares
Edición al cuidado de la autora Asunción - Paraguay
Mayo de 2004
Hecho el depósito que marca la ley NQ 1328198
Mis agradecimientos sinceros a
Emilio Piris yj. R. Rauskin
DESDE EL MUELLE DEL VERSO
Sobrecogedoras e intimistas, las cartas que Delfina Acosta dirige en verso a un
"Querido mío", son las que la mayoría de las mujeres quisiéramos escribir: las percibimos como ñuestras porque sus contenidos arquetípicos muestran la victoria del espíritu sobre la fuerza bruta
de esta civilización de pocas luces.
Hay que ser paradójicamente atrevida e inocente como la autora, para hablar -en una época de consumos baratos, despiadados, de plástico- con la flor y la estrella, lúdica y violenta al indignarse ante usos hipócritas, alzada contra el veneno del odio, paciente para aguardar al amor aunque no exista, llena de frases mágicas y besos.
Y todo como un cuento de esos que
transcurren plácidamente en largas siestas
pueblerinas, en una suerte de autopsia
sensible de las entrañas de hombres y
mujeres, cuyos destinos se entrelazan en las
ideas vislumbradas por la escritora. Las
palabras se deslizan atadas a tradiciones
clásicas y a la par incendiadas de
atemporalidad, porque a quién no le ha
ocurrido alguna vez, a quién no le ocurrirá lo que ella pinta con metáforas limpias, tan sencillas como aves que alzan vuelo hacia ninguna parte.
Esta frescura ya se dejaba ver en
"Todas las voces, mujer. . ." y se acentuaba en su habilidad narrativa del "Romancero
en claves persistentes de su capacidad de registro de de mi pueblo",
sensaciones, emociones y sentimientos propios y ajenos.
Los nombres de antiguos hechos y sus resonancias contemporáneas adquieren en este poemario signos reveladores del crecimiento artístico de Delfina, a veces exasperante en su búsqueda de perfección lingüística, cuando la soledad es soledad absoluta sin ningún otro espacio, y no hay
limites para la soberana alianza que establece con el idioma. Su castellano de pronto devora en una hoguera lo que dice, y tanta luminosidad nos hace perder de vista lo que cuenta. Lo que cuenta, si, porque aquí ella no trata de divagar metafísicamente, sino, cual Sheherezade, entreteje historias que agitan las profundidades insondables de las relaciones entre enamorados, sus esperanzas y
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desventuras, las perversiones y la pureza de un vinculo cuyas formas e imágenes perduran.
En este puerto del amor hay penas y alegrías divinizadas por el humor tierno y a veces sardónico de una mujer paraguaya que vigila el horizonte existencial desde unatorre de nubes, y además de pedirle a su querido que la lea en cartas que son como panes recién salidos del horno, nos convoca a
escucharla en
silencio, a entenderla en el ruido donde el canto parece retenido en los nuevos barcos "fenicios" de la puerilidad,Delfina Acosta, testimonial, entera, ha modelado esta arcilla nostálgica con los ojos abiertos, arrojándose desnuda a las tinieblas del amor.
Nila López
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LA ROSA DURA
El gallo soy de la veleta roja
que mira al Norte porque Norte soy.
A mi pueblo lo barre el mismo pueblo:
un viento malo con que al río voy.
La saeta del Este cuando gira
da vuelta al pueblo, al lirio y al convoy del caballo al que subo al ser el dia
para saber al irme en dónde estoy.
He plantado una estrella en el Oeste que bajará a la noche. Te la doy
porque subes al Este cada tarde.
Yo te amarla, mas veleta soy.
El gallo fu+ de la veleta roja
que al Sur apunta pues al Sur me voy.
En su frió se templa mi poesía:
la rosa dura que ha de abrirse hoy.
ENEMIGO
Mi peor enemigo, tú que me amas como una ciega lluvia que al caer
escampa, arrecia, escampa. Mi enemigo, yo te corono amante, pueblo y rey.
Con una hiedra mis cabellos atas y sabes del lunar que es mi clavel.
Cuando el jazmín de su rocío cuelga y huele a flor pisada antes de ayer,
con la ronda impaciente de tus pasos bajo tu sombra vengo a florecer. . Si no te amara, nunca te odiarla.
No te vaya, enemigo, yo a perder.
¿Quién me perdonará? ¿Por quién mis versos caerán de mi tristeza en el papel?
Tú, mi enemigo. Yo, enemiga tuya.
La muerte no helará nuestro querer.
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CUARTO AZUL
Somos amantes. Suelen los poetas con infantiles coplas y sonetos
celebrar el tañir de las campanas
como la hora nupcial de nuestro encuentro . Dirían más, pero se callan porque
se abrevia así el relato en dulce cuento.
Es la sombra que atiende el buen negocio, madama de aire triste; los dineros
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pagados por el cuarto azul agrandan sus ojos apagados, mas los juegos de los amantes en las escaleras
no la dejan dormir. Se siente el cielo cuando en la calle oscura y sin un ánima ya somos de la acera dos silencios
por una tos la culpa de un ladrido.
¡Qué accidente! ¿Quién más irá a saberlo?
Es el mar mi ropaje: as( desnuda como una enorme ola a ti yo llego.
Mi ocasión la tormenta y los relámpagos, y es la montura de mi amor el viento.
No retorno: yo voy pues son mis pasos como a la hierba la pasión del fuego.
Soy la bestia de larga cabellera
que lame la otra lengua que es el beso.
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En la forma de piedra me hallo a gusto porque es asftan duro mi silencio
que no lo vencerá el dolor del mundo, ni del odio la gota de veneno.
Es el mar mi ropaje: así desnuda como una enorme ola a ti yo llego.
Brotaron en mis manos de agua sucia las flores venenosas de estos versos.
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ESTATUA EN LA
PLAZA VERDE
Te esperaría. Yo seria, amado, la primera en llegar hasta la vía,
y la última en volver, con un paraguas, de la estación del tren que te traería.
Iré hasta el mar como la lluvia, a veces, y pasaré del mar a la otra cita,
en el muelle del puerto, frente al río.
Seré la gris silueta que tirita.
Inmensamente sola como novia saldré a buscarte y volveré tardía.
Del balcón a la plaza partiré.
Seré una estatua de melancolía.
Y a la hora puntual de nuestras muertes, si llegara primera a nuestra cita,
te estaré ya aguardando para darte mi amor en una blanca margherita.
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DIENTES
Estrella que es error, yo soy los dientes, y solamente dientes, no la boca
que yerra, miente, injuria, a Dios calumnia, y cuando su áspid guarda queda roja.
Ay, pobres bocas, lenguas enredadas con las malas palabras que hablan solas.
Yo soy los dientes que castañetean
cuando filosos muerden a las rocas.
La bocas son carmín que en la intemperie pierden su fuego; en su lugar, las rosas en las muy frías noches, de sus frentes dejan caer sobre el amor sus gotas.
Soy como Hefesto, dios que cojo y feo, pelea doy, mas llama que se llora,
no sé qué frase mágica invocara para una vez besarte oscura boca.
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EL BESO
Voy a contarte un cuento que otras saben.
Las menos como tú jamás supieron.
Era un juego de a dos pues se enfrentaban
un rey hermoso y una reina a besos.
Y érase que ella alegre se moría
como última tecla en cada beso.
Y él riendo tomaba con su boca
un poco de su lengua y de su aliento.
Pasó el verano bajo el puente chino, sopló el otoño y garuó el invierno, volvió la primavera y se marchó
detrás de un par de niños aquel juego.
Y érase esa mujer que aún lo amaba, y moría de pena, pero en serio.
Y érase la tristeza en el ciprés
la hora en que llovía en ese reino.
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La primera señal: te salen lágrimas, y escribes, sin querer, mejores versos.
Se apagan los faroles de la cuadra,
pero tus ojos brillan más atentos.
Y hay dos señales: si con él te cruzas es como si te diste vuelta a verlo.
La cerrazón que cae sobre tu alma
te lleva a presumir que ya es invierno.
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Si habré escuchado historias en mi vida:
Érase una que bajó al infierno,
donde perdió a su amante. Y hubo un ánima por siempre enamorada de un espectro.
Y hay más relatos. Y éste es muy contado:
Dirá que al bosque irá por un momento.
Te besará como quien va por más cerillas. Nunca volverás a verlo.
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NIÑO BELLO
En tu día de bodas, niño mío, arrancaré las flores de tu herida.
Tu cutis sobre el mío hará caer del cielo en esa noche lozanía.
Te limpiaré a la aurora con mi lengua y me odiarás fielmente cada día.
Mi nombre harás rodar del río al mar.
No le amarás aunque su amor le pidas
a la mujer que dejará alargar por ti su cabellera de llovizna, y a la otra también, que trenzará sus bucles con malezas y gramillas.
Deja niño que sea yo quien cause
el mal irreparable en ti. Que digas
que te he querido y que te quise más
de lo que por quererte me querías.
(000
PERO TAN CONTENTA
Si yate ha amado alguna, y luego otra a quien llevaste con su hermana a fiestas, y aquella a cuyo rostro te arrimaste
del lado en que asomó la luna llena,
¿por qué me distrajiste si me hallaba cuando muy sola anduve tan contenta?
Era una triste, azul mirada fija.
Un beso me quitaste y me entró pena.
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Que ya no quiero amarte bienamado
porque mejor amante es el poema:
rondando como un lobo, si la luna
florece entre las ramas, me despierta.
Que ya no quiero amarte bienamado porque mejor amante es el poema.
Los versos tras las aves alzan muelo.
Mi alma incendiada en el papel gotea.
DESOLADA
A Gabriela Mistral
Antes de echar mi cuerpo al ebrio río, muy ebria ya, entré por las abiertas puertas del templo; oí« a una rata huir.
El atrio era una vieja madriguera,
Y le dije a mi Dios, en cualquier parte, que pecar, no peque, y ni siquiera...
Un relámpago atroz iluminó las pocas velas y tronó la iglesia.
No supe qué decir, mas las palabras fluían de mis lágrimas, sinceras.
Los santos parecían escucharme con esa educación de gente vieja.
Y por si ahí estaba, a Dios le dije,
que amar, amé. Mis huesos di a las fieras.
Jesucristo en la cruz olía a herrumbre.
El río me aguardaba entre las piedras.
Serátal vez el alma lo que duele porque siendo verano paso frío.
Como una gota se cayó y rodó mi alma en la escalera de un altillo.
Ayer estaba alegre y contagiosa.
Hoy mi ojo triste en el espejo espío.
Por la salud de todas tus amantes hago sonar mi copa contra el piso.
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¡Noches de amor y ni una medianoche!
Las penas se me van con los vestidos, mi maldición en balde y el veneno que bebo de mi cáliz los domingos.
¡Rodó la gota por las escaleras!
No se me pasa e! alma con suspiros.
La pena es ese pájaro que trina
sobre una rama y canta, a Dios, divino.
UNIGÉNITA DEL SUR
Tal vez es culpa mía que haga frió, que rija ya el otoño, y que las hojas se borren de las ramas como pájaros, o se largue a llover a cualquier hora.
o es sólo culpa nuestra. Por querernos un fuerte viento por las calles sopla.
¿Cuál mariposa recibió una piedra
y mana sangre limpia de paloma?
Un trébol por un beso, y un poema para quedarse triste en tu memoria.
Me diste lo mejor de tu tristeza
y te clavé en el pecho una
amapola.
Los pasos de la lluvia suenan lentos.
Acaso quien camina es tu persona.
Soy hojarasca que otro paso esparce.
A mi favor tan sólo el viento sopla.
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VUELVO PRONTO
Tras un hombre que amé en la primavera se marchó mi vestido, enamorado.
El me abrazó diciendo "vuelvo pronto".r
La flor que me dejó arrugó
mis
manos.Mi chal de Cachemira se llevó
quien me acostó a la sombra del verano, y mudó a sus mejillas mi color,
y la sal de sus besos a mis labios.
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Mi abrigo beige que calentó un otoño me lo quite, sobre el sofá, jugando, el hombre de otra, que me dijo hallar de soledades llenas nuestras manos.
Que todo se llevaron. Fue muy fácil bajar el cierre de mis dos leopardos, arrugar mis vestidos, deshojar...
A veces me sangraban los costados.
gro, QTELo
Te celo de las niñas imposibles,
rostros de brasa y lágrimas de nieve.
Me encuentras a tu madre parecida, y de razón mudable cuando llueve.
Te quiero y tú me quieres, mas no basta, ni esta promesa de quererse siempre.
Mi amor lleva mi letra simple y triste .
El tuyo es una carta que se enciende.
A veces miras sin notar el cielo
y dices, por ejemplo, que me quieres.
Yo juego a que estoy muerta y me distraigo mirando cómo el pasto se oscurece.
Y por amarme y por besarme tanto, y por morderte y luego por lamerte, cayó el adiós, cayó después la lluvia,
en esta última tarde de diciembre.
Que no sea en otoño, ni en verano.
Yo querría que fuese en primavera;
dará setiembre entonces sus primicias y los jazmines abrirán las rejas.
Caerán besos de adiós en mis mejillas.
Mis ojos como lágrimas abiertas se cerrarán en boca de mi amado.
¡Que no será velorio, sino fiesta!
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Un tocador con mar confeccionado hará rodar sobre mi sien realeza.
En la brumosa esquina del salón, cualquier pedido tocará la orquesta.
Y sonarán las notas de Gardel.
Se oirá este coro: "El día que me quieras...
Me iré a casar. Empezará a llover y los jazmines cerrarán las rejas.
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COSECHA
Descalza peregrino debajo de la lluvia.
Lloro por dentro un agua de oro.
Cuéntame, bienamado.
¿Dónde tu reino, tus lacayos,
tu ángel de la guarda, y tu bufón?
Mas, ¿do` ndetu victoria, tu cicatriz profunda,
tu esclava, tu corona, y tu cabeza amada?
Mi corazón en llamas
es la señal callada de que aún vivo.
También si me dijeras palabras que no hablan
en esta tarde que se va deprisa
por una puerta abierta hacia otro dia.
o si me permitieras ver tus ojos,
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para encontrar en ellos lo que busco:
mi corazon,
mi propio corazón perdido.
Yo me imagino, a creces, convertida sobre tu pecho en medallón de plata.
Yo me contemplo, página ya escrita,
quemándome en tu cuerpo lentamente, para brotar después,
para rehacerme
en lágrimas de un rostro maquillado.
Si me dijeras,
mejor, si no dijeras,
y yo supiera igual que tú también...
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LOS MODOS DE
MARCHARSE
Hay modos de marcharse de la vida:
poco a poco
se van de tu memoria
los versos más hermosos de Rimbaud.
Te ocurren dos fatalidades juntas:
se te muere la rosa que al mirarla quisiste con suspenso de niño,
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con el amor de Dios,
y se entierran, también, en el jardín, las hojas amarillas de tu alma.
Para llenar las horas de la tarde vas y vienes del tiempo
en que quedó el recuerdo
de aquella boca tibia ayer besada;
Hay modos de marcharse de la vida:
poco a poco
se van de tu memoria
los versos más hermosos de Rimbaud.
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LA NODRIZA
Me quieres por ser triste y por mayor.
Me quieres pues no tienes aún edad para llevar a una mujer a misa.
Te permito morder, lamer, sanar.
Tú bebes de los ríos de mis senos el agua de las rocas frente al mar.
Me pides que te muerda, y al besarte,
te pinte mi boquita de labial.
Te dejo susurrarme en el oído lo que otro día a otra le dirás:
"i Ay, triste mía, mía, sólo mía!"
El amor como el vino habla demás.
Ninguno como tú, entre todos dios.
Te enseño a ser varón y te me das.
Aprende niño hermoso que el amor lleva en su tibia sangre la maldad.
ANTES DEL OLVIDO
Acaso es tarde.
No importa ya
que con favor del diablo
coloque mis jazmines en la acera, mi zapato de tierra
en la ventana, y me quede en cuclillas,
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aguardando,
que alguien golpee de una vez mi puerta.
No importa ya que con las gotas
de un día que en la fiesta fue lluvioso, yo moje mis cabellos y mejillas,
y me quede sentada, parpadeando,
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sobre el sillón de mimbre, en la penumbra.
Acaso es tarde.
Acaso el tiempo me llegó de golpe
por andarme de madre,
por andarme de hija,
y este fuego nocturno
que sube por mis huesos,
este aullido feroz
que levanta mi sangre,
ya no son señales
para llamar a nadie.
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LOS PASAJEROS
Amigo, vamos a abordar un tren.
Desde la ventanilla miraremos a los lobos cercándole a la luna,
y a la lluvia apagando al firmamento.
Tomaremos un breake en la campiña donde grazna al Señor un triste cuervo.
Lloverá y volveremos a subir.
Me habré marchado de tu abrazo lejos.
Sin darme cuenta de que te has quedado debajo del ciprés que arquea al viento, te contaré las cosas que he callado, y te diré en la boca que te quiero.
El tren habrá parado en la comparsa
que de esquina en esquina va hasta el puerto.
Después de un rato pitará, y entonces me iré con él para pasar de lejos.
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No se lo muestres nunca a nadie, ni se lo digas
a tu mejor amigo
haciéndole jurar con muchas copas que nunca contará.
Escucha:
ya maduró la luz
en la primera fruta de} parral
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y quiero que te asombres.
Ni siquiera te nombro,
y sin embargo,
sus versos que poseen el color de mis venas
te cuentana través de los vientos y del agua que a ti me lleva el blanco
de la virginidad
que te debí en las noches consteladas, el verde de las hojas de tu pueblo
donde fueron a misa los vestidos, y el rosado prudente
de la amante que finge ser la esposa en la fiesta.
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ANGELUS
Quién pudiera aprender los largos versos que saben las oscuras golondrinas;
ellas retornan al oír el canto
de lo que fue un lejano Ave María,
Quien dijera de pronto al recordarme:
delante de una lámpara encendida dejaba en cada línea de papel
los versos que las páginas perd ian.
Solía al ver crecidas su melena, su lágrima y su uña andar sombría.
Y le han crecido por andarse triste en vez de cualquier cosa., margaritas.
Y que se diga un dulce cuento al niño:
bajó la muerte a ella cierto día en que la lluvia se volvió una gota sobre la rosa que perdió la vida.
¿ Qué historia cuenta, si el ciprés se arquea, y la higuera se rompe, el loco viento ?
¿ Si las puertas se cierran de repente, es que ha estallado su terrible genio ? Ya sufrir pareciera cuando el lobo
aterra con su aullido, desde lejos,
mientras latos despierta al moribundo, y ladra sin dejar dormir el perro.
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Si las campanas suenan espantando del viejo campanario a los murciélagos, se diría que él sale de un garito
donde ha apostado el alma de los muertos.
En ocre caracol arrinconado
a nuestro oído sopla muy enfermo.
Como él ninguno, de los libres dios, y espíritu, quién sabe, de los muertos.
Me voy a maquillar para morir.
Por la luna sabrán si estaba loca.
"Era llena de lluvia", contará
quien cambia los amores de mi alcoba.
Me voy a maquillar para morir.
Por la luna sabrán si estaba loca.
Jugando a que me muero, muero.
Ay, camalote que en el río flota.
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Sabré yo entonces quiénes me han amado, no por llorarme bajo lluvia en contra,
ni por callar, o por decir de mí
por estar muerta y buena, o tantas rosas.
Alumbrarán mis noches los relámpagos.
La cruz mayor proyectará mi sombra.
Un rió largo y limpio escribiré.
Mi verso crecerá en las verdes hojas.
MIL
Se llega a mil, señora, con la verja
que cerca a su jardín, de doce metros.
Las estrellas que el ojo no ha contado nada quitan ni añaden a estos versos.
Porque casada cambia de maridos:
un Dios te salve y nueve Padrenuestros.
A tanta cifra agrego aquí" los guiños
romances, citas, y piropos cientos.
Es siempre doce el número mejor Morenas doce rosas, por ejemplo.
Un paraguas abierto y una lluvia no dejan ver a una mujer de duelo . El resto es saldo de ochocientas perlas, así corno cincuenta y dos dineros,
pañuelo con que abulto mi corpiño.
A rail llegué, señora, y firmo el verso.
Defna Acosta
SE VI LIBRO
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