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Agua Mineral. fuente del Indio. Q dililo jta JUNOL PRODUCTOS PRODUCTOS. Rejuv'enecen dan al otitis JUNOL LOS. ff ^"1. PRU^BELOS-J UNO L-PRPiBELOS

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(1)
(2)

Agua Mineral

fuente del Indio Q diLilO jT A ff—^"1

Sana,

Agr&dsble, Digestiva

La

mejor para acompafiar

las corpidas.

Impoeiblepasarsin ella

despu^s de

haberla probado una

sola

veas*

Jabones

PRODUCTOS

JUNOL

Esencfa

-9Q€-

tfSELOS UD. TAMBI&N

JUNOL

.—«©«-

LOS PRODUCTOS

Rejuv'enecen dan al otitis

una

trasparencia verdacte-

ramente envi-

i K

Polvos

Idiable. :

:

:

Cremas

PRU^BELOS-J UNO L-PRPiBELOS

Imprenia

S11J Americana, Aituro Prat 1122

(3)

Crema de Oro

Vea Ud. lo que dice

la Ciencia Universal:

<<Nada siipera su efi-

cacia

a

esta maravillo-

sa

Crenia para la con-

servaeidn del Cutis,

concluir con los gra- I

11

os, senales de virue- |

las, grietas, los paiios, 1

etc. Una niujer que i

iisa

la Crema de Oro se

encuentra preparada

para competir en lier-

inosura

con las

mas

bellas...»

>

Boticas y Ferfumerias

Francois Saint Bonnet

Parfumerie, PARIS

Zinzano

El

Profesor.—Bueno;

en

conclusion:

,j'Cual

es

la economi'a?

Alumno.—Sabido

es que una

mala digestion...

El

Prof.—jPero que digestion ni que

nino muerto... que

tiene

que

ver.

Alum.—Senor, quiero decir

que una

mala

digestion,

acarrea

gastos

como ser de

medico, medicinas

y

demas enjuagues,

lo que se

evitarj'a tomando antes de cada

comida una

copita de

He ahi la economi'a.

—iAprobado!

(4)
(5)

ANO I SANTIAGO, VIERNES 19 DE JULIO DE 1912 NUM. 1

ADMINISTRADOR

ARTURO'D'ALENgON

DIRECTOR FERNANDO SANTIVAN

SECRETARIO DEREDACCION DANIEL DE LA VEGA

DIRECTORARTISTICO

CRIST6BAL FERNANDEZ

OFICINAS:1

MORANDE 432 CASILLA 2443

NUESTRA RE VI STA

m

Estas

hojas,

que caen a

lavida, aprisio-

nadas en las

paginas de "Pluma

y

La¬

piz,"

no

provienen arboles de otofiales, ni

eselftiodel invierno el que

las desgajo de

la rama;

han sido arrancadas de

un

arbol

de perenne

verdor,

en

eterna primavera,

para

ofrecerlas

a

los

que

"han hambre

y

sed de

belleza"...

"Pluma y

Lapiz"

no

llega

en

[son de

combate. Es un florido

mensajero,

como

aquellostrovadores de la

epoca

caballe-

resca,—que

viene

a

entretener el hastio

de un rudo castellano

yasaciar las

vagas

nostalgias de

unas

fragiles prisioneras de

hierros y

muros,—cantando hazanas de

esta vida

contemporanea: el

amor y

el odio, el dolor

y

la alegria, eterna arcilla

en que se

modela la humana existencia.

Esto en cuanto al

publico. Para la

mo-

derna

generacion de artistas chilenos, pretende

ser un

hogar

comun, un

lazo de fraternidad,

una

tribuna de amplia fran-

queza, como

aquellas modestas revistas

que

dirigieron Cabrera Guerra

y

Augus-

to Thomson. Su mismo

titulo, "Plu¬

ma y

Lapiz" pretende

ser una

evocacion

de ese

pasado de

sana,

de alegre

cama- raderia intelectual.

No admitimos

jefes, ni credos religio-

sos,

ni credos politicos, ni credos artis-

ticos. Caravana de transeuntes en el de- sierto de nuestra

patria, cada soldado

sera un

general

y

cada general

un

solda¬

do. "Pluma y

Lapiz" pretende

ser

apenas

una carpa comun que nos

cobije del hie-

lo de las

noches,

tan

pobre

que su

techo

estara abierto y

desgajado,

y

tan rica

que por esa

abertura contemplaremos las

estrellas y

el infinito.

Y

pueda

que

nuestros cantos, unidos

en una misma admiracion y

separados

por su

marcada personalidad, formen

una

poderosa sinfonia orquestal, salvaje

y

ruda,

como nuestros

bosques

y nues- tras

costas; solemne

y

religiosa

como

las

montanas andinas que nos

han ensenado

a orar;

placidamente dulces

como

los

paisajes idflicos de las campinas chilenas!

(6)

VASO DE DULZURA

(Deestelibro

EL BOSC

Elbosque exhalabaun aromavirgen, Con elverdeencanto de las hojasnuevas.

Desdeuncielo pdlido, muypdlido,un sol Muysuave tendla sus rayosde seda.

Cogidos delbrazo, Ibamos^callados,

En el tierno encanto de lashojas nuevas, A travds de rustico senderito,bajo Aquel cielo pdlido yaquel sol de seila.

De pronto ella tiemblay detieneel paso:

«Mira, mira, exclama con dulcesorpresa;

jJacintos! jOh, cudntos jacintos! iOh cuantos Jacintosazules entre ladureayerba!»

jMaravilla! maravilla! maravilla!

Dirlase una nevasca deestrellas, Y sobre las tiernas corolas flotantes Y casivisibles, sus almas: la esencia.

preparacion)

[E AZUL

Lista, ella se curva con sumaeleganc'ia

Isu mano nivea,tal abeja inquieta

Va de fioren flor. Y yo contagiado,

Imito subello gesto de doncella.

iQud encantoescoger laflormds hermosa, Oprimir el tallo, tirarcon viveza,

Y alzarse, en la manola varaflorida, Cual dngel deun viejo pintor deFlorencia.

Subito,yopienso. Digo: «jQudprodigio!

De nuestros espiritus huy6 la tristeza:

Tucaraestdrosa, mis labiossonrien...

jOh, qud nifios somos! Una flor nosllena!»

Francisco CONTRERAS.

Bosque de Meudon, Paris, 1911.

EL MANTO DE LAS COMPATRIOTAS

Nadame placecomo vuestro encanto lindas devotas, cuando vais a misa,

en la clara mafiana, andandod prisa, pareceis golondrinas, bajo el manto.

El manto hace adorable vuestro llanto yhace tambien temible vuestrarisa.

Si cuando vais dorar, vais de tal guisa serd difieil que os resistaun eanto.

i,Porque cobran mds fuerza los sonrojos,

laseduccidn, la suplica, el reproche, bajo el negrordel manto en vuestrosojos?

^Porqud de manto pareceis mds bellas?

Porqueel manto, lo mismoquela noche, Cae...paraque brillen las estrellas!

VictorDomingo SILVA.

<£)•

LO

INOLVIDABLE

Consuelo de mis agrias depresiones

cuando creoenemigos losmortales,

son tus memorias llenasdeemociones, llenasdebesos y de llantos reales.

Es un consuelo tu recuerdo. Vivo

ese trozodetiempo extraordinario

paraobtenerel hondo

lenitivo

como laazul virtud del incensario.

Resucito las horas distraidas donde el cansadoesplritu se embarque:

cuando con nuestras manosreunidas forjabamos provectos en

el

parque.

Con losojos cargados de

visiones

nosamainos sin goces, sin

alarde,

sin mds certezas ni otrasconfesiones que ver dos paraisosen latarde.

Dialogos lentos,roces extenuados, querellas y locura perdurable;

espectros delDestino entrelazados

parael fin descompuesto, abominable:

Tusfiestas, tus perfumes, tu organismo,

se consumieron cornobuenas flores

en el escalofrlo del abismo donde setransfiguran los amores.

Moriste con lainmensa poesia de los que van consu pasiondivina

ytu vida la llevael

alma

mia

como sol, amuleto y medicina.

Alberto MORENO.

(7)

AF79

«ANTONIO y Pacomio tuvieron apariciones que esnecesariono confun-

dircontentaciones... La hija de Satan

no se manifestb & ellos encarnada, sino unicamente en estadode fantasma. Los textosson formales acercade este punto.»

Leia ellacon vozarrastrada, sin infiecciones, y las palabras fluian

de

sus

labios

como un

hilo de

agua

que nose rompe.

«Noes un serreal como enlahistoria de Efren, dePolicarpo, de Serapio, 6 de los

innumerables soli¬

taries que vieron venir

hdcia ellos

a

la tentadora.»

Echadosobre la mesa atestada de papeles, segula

e\las lineascon la pluma,tarjando letras y palabras,

haciendosignos y llamadas,

demorandoseji

veces en intercalaruna frasecompletaqueel cajista paso por alto. Entoncesel hilo parlante cort&base de prontoy el ruidointerior de las m&quinas se derramabaen e\

silenciodel cuartito.Hasta que la lectura recomen.

zaba y volvia la pluma a correr

sobre las lineas im-

presas.

No haciamucho tiempoqueAntonio trabajaba con lahijadel regente enlacorrection

de pruebas. Antes

tenia deayudante & un muchachito timido y docil,

tanto, quejamds pusomal gesto a las

observaciones

de Antonio 6alas reprimendas del regente, hombre

que,aunque

aparentaba

ante su

clientela

una

dulzura

empalagosa, aparecia lleno

de brusquedades

v

exijen-

ciasen sus relaciones con los empleados. Contento estaba Antonio conaquel muchacho; pero desgracia- damente, unapulmonia se lo llevben mbnos de una

semana.Fu6 entonces cuando don Enrique decidio

que suhijaPaulinaayudara a

Antonio

en

la

mono"

tona labor.

A1 principio, el cambio de companero produjo un hondo malestaren elanimo del correctorde pruebas.

Sesentiamolesto, cohibido,en presenciadeesosojos tranquilos,de esos labios gruesos, a ratos estriados

de tinas arrugas y&ratos lisos suaves, humedos. Le incomodabala vista de esoscabellos negros y abun- dantes, de esas manos regordetas, de ese corpifio ajustadoy sin adornos,de esasfaldas largas y opre- soras, demasiado largaspara laedad de Paulina, pero

no tanto que alcanzasenaocultarunas botitas de alta

eafiay torcidos tacones. Molest&bale la presencia de

todo aquello, n6 porquefueradesagradablede mirar, sino porque tales detalles formaban un conjunto

temible para su espiritu

apocado:

porquetodoesoconstituiauna

mujer.

Tenerunamujer frente& 61, verla

dia &dia, trabajar con ella en aquel encierro, hablarla, oirla & cada mo- mento, pareciale un suplicioinsopor.

table. Bien sabla 61 que Paulina, por

suaspecto y sus modales, mas pareciaun

muchacho

que unanina. Perocontodo, esode pasarse las

horas

encompaniade unamujer, le encojia el animo,como

unamalaespectativa.

En Paulina no hizo efectoalguno la nuevaocupa- cion. Desde pequefia habiase acostumbrado al roce

con los empleados de la imprenta. Los hombres tra-

tdbanlacomo a un camarada y ella fraternizaba con todos, afanandoseeneltrabajo. Su almasehabia mol-

deadoen aquel medio,y su figura no erasino el tra-

suntc de sualma. Viviacomo ignorante de su sexo, agena a esospudores caprichosos de las muchaclias,

queno suelensersino llamamientos & la malicia,se- nalesdisimuladas paraatraerla atencibn de los hom¬

bres. Eraunamujerporque mujerhabia nacido;pero

no tenia la intentionfemenina,no sabiasermujer.

«LaImprentaCatolica» pasaba por una epocade

mucho movimiento. Como laimpresibn de Obras re-

ligiosas—y era la especialidad de la casa—nodiera

mucho que liacer, por la escasez de encargos, don Enrique habia hecho propuestas para la edicibn de

unaobra delMinisterio de Hacienda, un larguisimo

informe sobre elSalitre,muyadornado de apbndices,

notasydocumentos. Obtuvo la aceptacibnde tal pro- puestai seempenb en terminarprontb la numerosa tirada.

Lautilidaddel negocio serla buena, pero era me- nester un gran esfuerzo de actividad para salir a

tiempo con laedicibn. Antes de que se concluyera Octubre—y yaera pasada la primera quincena,— la

obra deberia ser entregada. Se trabajaba,pues,febril-

mente. Como los empleados no dieranabasto,^hubo

necesidad de contratar otros. Desde las primeras horas de la manana hasta el comienzo de lanoche, los talleres trepidaban sincesar. No tenian descanso lasmaquinas ni los hombres. Un sonoro zurabarde rodajes llenaba la imprenta constantemente, alto

rumor al cual se mezclaba a veces la voz de don Enrique gritando brdenes 6 lanzando reprimendas.

(8)

Todo era movimiento en el interior. Corrian las

poleas enbuscade losejes, giraban las rnedas denta- das calzando sus engranajes; los brazos de acero subi'anybajaban cadenciosamente;avanzaba el papel haeta colocarsebajo las formasylos pliegos impresos, hiimedos y olientes d aceite, seabatlan con suavidad

unos sobre otros, formando montones que crecian

con rapidez.

Esta actividad inusitada no lleg.6, sin embargo, al retirado cuartito de la correccibn de pruebas. Entre

losempleados recien contratados contabansedos co- rrectores, los que fueron encargados de atender el trabajo extraordinario que demandaba ia impresibn

de laobra ministerial.

Antonio y Paulina quedaronrelativamentetranqui-

los en medio de aquella ardorosa1 bor.

La impresion desagradableque un principiocausa-

rad Antonio la presencia de la nina, habiaido desa- pareciendo poco d poco. Se habituaba d lacompafh'a

de Paulina yhastaseatrevia d mirarla furtivamente.

Larodeaba primero conlosojos y luego, ya unpoco mdsconfiado, posaba breves instantessumiradasobre aquel rostro sin belleza,pero Jlenodesuavidad.

Una

vez, sin embargo,al levantarlavista del papelimpre-

so, su miradase entrb porlos ojos de ella,que tam-

l)ien lo miraba. Fub un calofrio lo que experimentb Antonio, unasensacibn que le replegb el alma d lo

mds hondo,como se encoge la antenadel caracol al

contactode algun objeto quebl, en su rudo instinto, juzga, sin duda, peligroso.

Ahora,entre las eternas pdginas

religiosas—publi^

caciones catblicas. vidas de santos, folletos

misticos?

libro de oraciones—habia algo que ponia en

aquel

cumulo de producciones monbtonas y graves una notanueva, interesante. Eran las pruebas deuna re- vista literaria que, aunque redactada por

jbvenes

conservadores, de laAcademia de San Ignacio, solia

deslizar en sus columnas algunos articulillos con vistas dlavida exterior, algunos versos ingenuamen-

te amorosos, algun cuento con olor de

humanidad.

La voz blancade Paulinase coloreaba a veces,ad- quiria infiecciones.

acentuando algunas frases; inter-

pretaba,enfin,con

modulaciones

que no

poseia antes,

los diferentes pasajes de la lectura

Antonio,

porsu parte, no atendia

casi

a

la hoja impresa

pov

oir lo

que

decian aquellos labios gruesos,

humedecidos conti-

nuamente como en un saborearde las palabras.

El plazo para la

entregade la edicibn oficial tocaba

dsu fin. La actividad en la imprenta adquiria, pues mayor pujanza.

Los operarios, sudorosos, hacian

su trabajo en

silencio, las mdquinas forzaban

su

marcha

v en los talleres el aire

recalentado

por

la labor

pro- longada, y porque ya

la primavera echaba sobre la

ciudad las primeras

ondas de calor,

era

fuerte,

ener-

vante.

Desde que les fuera

encomendada la correccibn de

pruebas

de aquella revista literaria, Antonio y Pauli¬

na seempefiaban en despachar rdpidamente las pagi-

nas religiosas, como si esa incesante repetition de frases terriblesyquejumbrosas les produjera fastidio.

—Veinte pdginas del «Camino Recto para llegaral Cielo*. iQuiereque veamos esto primero?

Antonio preguntaba:

—que mas?

—Un pliego de la revista.

—Despachemos el «Camino Recto»—deciaAntonio

con su vozdesacristan—y enseguida veremosla re¬

vista.

Paulina leiaprecipitadamente, sin esperar queAn¬

tonio concluyera de hacer sus garabatos.

Terminaronen un momento las veintepdginas del

libro mistico.

—Ahora larevista.

Se acomodaron en sus asientos, como disponibndo-

se d recibir ygustar mejor aquelgoce.

Estaban frente d frente, separados por la angosta cubierta de la mesa. Paulina tomb losoriginales dela revista, los puso ante si, b igual cosa hizo Antonio

con el pliego impreso. Y comenzo la lectura.

Eraun artfculoalgo soso acerca de la moral en el teatro, que el autor exigia d los dramaturgo como condition indispensable para hacer obra duradera.

Lavoz de Paulina, lentay calida al principio, em-

pezbahacerse rdpidanuevamente.Aquellonocorres-

pondi'aa su espectativa.

En seguida vino un cuento traducido del francbs, yluego unos versos, del italiano.

—r«<iQuees amor?»

- Era el.titulo de la composition.

La voz de Paulina temblb un pocoal deciresto.

Antonio se inclinb sobre la mesa.

Segufan los versos, musicales y profundos:

Caras virgenes:

Quees amor, como logra suspalmas preguntais afanosasy en serio...

Ah! el tirano senor de lasalmas

es misterio, esmisterio, es misterio.

Paulina callb, mientras Antonio hacia una correc-

cion al margen. Hubo necesid^d de volver a leer la

estrofa. Ycuando volvia d leer, la voz de Paulinase cortb depronto. Su pib, desasosegado, inquieto, aca- babadetropezar con el de Antonio,suavemente, en blandoroce, quele produjoun desmayo interior.

Se miraron. Los ojos de la muchachase posaron sobre los del hombre, tranquilos, con un creciente fulgor, muyal fondo. El bajb lossuyos, turbado. Le temblaba la barbaimperceptiblemente.

Paulina continub:

Cual relampago

en el pecho quealtivo lo impetra

rbudo cae sussenosturbando;

b rateroavisado penetra

muy callando, callando, callando.

(9)

Lavoz volvi6 k enmudecer.Leia el laahora para si, removiendo apenasloslabios. Antonio

esperaba,

con la pluma clavada a1 papel y sin atreverse

k levantar

lavista. En suesienes comenzb kaparecer el serpen- teode dosvenillas.A1 fin,cuando se resolvibamirar, encontrb los ojos de Paulina fijos en £1. Aunque no hizo el menor raovimiento, tuvo lasensacion deque

se echaba para atrds, para no caerk un

abismo. La

nifiasonrei'a. Era una sonrisa forzada, casiun gesto de dolor. Su mano regordeta avanzo, arrastrdndose sobreel papel, yfub aoprimir de lleno lade

Antonio.

Siempre mirandoselosojos, ella

sonriendo

con

dolor,

el con la expresion de un

hipnotizado, fueron alar-

gando suscuellos hastaque sus

bocas

se

juntaron

en

un beso desfallecedor, en un largo beso que les puso

unanube enla vista y un placer infinito en

todo

su sbr.

Cuando pasoaquel vbrtigo,la voz de don

Enrique,

entre el complicado estruendo de lasmaquinas,

grita-

ba furiosamente.

M. MAGALLANES MOURE.

TIERRA

DE RELIQUIAS

La CasaSemperey C.a ha publicado un belh'sirno

libro de Francisco Contreras. Se llama Tierrade Rdiquias. Es unviaje d Espana,pero viaje de poeta, pobladode emociones, lleno deversos y de atarde-

ceres...

Tierra de Reliquias esta escritoen un prosatraba- jada, prosade orfebre, precisa, loca, chispeante,y siempre impregnada en una musica delirantede es- piritualidad.

Suspaisajes son vivosy nerviosos, saltan,juegan,

rien. Contrerassabe decir con unasola nota delica- da, el tonode un paisaje, el alma deuna ciudad 6 el

cardcter de un artista.

Abre el librocon unartfculo titulado «Hacia Es- pafip». El poetadeja Francia sin pena, mirandoen lasorillas del «Garona, las risuenas colinas envueltas

en el oro moribundo de la tarde quedeclina»...Du¬

rantetodo el viaje siente la imraciencia juvenil de llegard Espafia, y cuandopasaYrum, primeraesta- ci6n espafiola, por sobre las paginasaletea un sus-

piro desatisfaccibn. Este arti'culoesbreve y musical.

Alegra. Agrada. Me parece unjuguete...

En todo ellibro vibra el amor a Espanay a su len'- gua. A1 final de «E1 solar del Cid® el poetadice:

«jLengua de Castilla,armoniosa campana de hie- rro! jReina de los idiomas hispanos, tu imperas hoy

sobre la peninsula unifieada, massin conseguir des-

terrarlosdialectosregionales,tusbmulos! En cambio, alld, tras el ocbano, mas de veinte paises te tanen

con amor,orgullosos de tu belleza. Quienes lesacu- san de maltratarte, no saben lo quedicen. Celosos de tuvida, ellosse esfuerzan porrenovarte,pordarte

un nuevo brillo. Ello* te tratan asi,amorosamente.

|Ellos te aseguran el porvenir!»

Este librono es sblo de impresiones. A1 finaltrae algunos estudios sobre literatura y literatos moder-

nos:Rueda, Canedo, ValleIncldn yVillaespesa.

Cuando Contreras describe una corrida de toros

loencuentro frio. No florece ningiin entusiasmoen 61,ante los redondeles enarenados, manchadoscon sangre tibia... Ni ungrito ardiente mirando los tra- jesde los toreros, los abanicos, y la lluvia fabulosa

de sol que sederrocha porlos tendidos. El poeta no aplaude. Permanece frio. Le interesa mas hablar

sobre el arte arquitectbnico.

En elcapitulo en quehabla de los editores, Con¬

treras nosmuestra la puerta de la gloriacerrada.

Madrid no tieneeditores. Fernando Fb no editaun volumen desde hace veinte anos! Barcelona—el cen- tro editorial—edila libro barato, libro malo. De ma- neraque los jbvenes escritores que sonaron hacer

editarsusobras en Madrid, pueden pegarse un tiro.

En «costumbres e ideas® pinta maravillosamente

elcaracter meridional, vivo y expansivo. Alia todos

son amigos. En dos dias conocib k Salvador Rueda, Enrique Diez Canedo, Eduardo Marquina, Antonio Machado, B'asco Ibanez, Rambn del Valle Incldn,

Pio Baroja, Mariano Miguel de Val, Francisco Villa¬

espesa, Antonio Zozaya, RobertoCastrovido, Felipe Trigo, Andres Gonzalez Blanco y atantos mas... En

eDmismo articulo apunta una escena chispeanteen

un cafe, sabrosamente espanola. A111 se discute el modernismo ylas ideas progresistas. Un canbnigo,

retrogrado y porflado como buen canbnigo, los ataca kgritos, culpando k Ambrica... Esta escenatieneun ambiente encantador.

En todo el libro de Francisco Contreras se vb la llamarada delarte yde la espiritualidad. Todas las paginas vibran ardientes y agile* en ellask veces solloza mansurrona la nostalgia de la patria lejana;

a ratosel incendio del entusiasmo llena las frases de nerviosos arranques; pero en todas cantael aleteo lf- rico del estilo. Contreras, como buen poeta moder- nista, siente la musica de la forma.

Daniel DE LA VEGA.

LA NAVE

VIEJA

ElsefiorAntonio Orrego Barros, acaba de. publi-

car un cuaderno de versos—un poema original y bello, escrito enjergadel bajo pueblo, que siempre

estepoeta hamanejado correctamente,

«Lanave vieja® se llama el poema.Esuna hermo-

sa narracibn del combate de Tquique, hecha por un

viejo marinero de la «Esmeralda, con su lenguaje

rudo y picaresco, perointensamente claro®

l.os versos son fluidos y armoniosos, tienen emo- cibn. En ellos se retrata maravillosamenteel alma gallarda vaventurerade nuestro roto, que ante la muer'tesblotiene un frio encogimiento de hombros.

En todo el poema vibra el patriotismoreal que aun

seaferra k todos nosotros.

A nuestrohumilde juicio, «La nave rieja® es la

mejor obra del senor Orrego Barros: Desde el co- mienzo hay interbs, y al terminar, en las ultimas es-

trofas, solloza la nostalgiaque sienten los viejos]ma- rinerosq)or su nave perdida para siempre.

«Pobre «Manearrona!»

Hizo todo lo que puo»...

Estaobra no es de las nuevas del senor Orrego, al

contrario. Ya conocimos este poema en los pri-

meros numerosde «Zig-Zag» alia porel ano de 1901,

mas tarde lo vimos reproducido «La Unibn®.Pero el poeta ha hecho bien imprimiendoen un cuaderno la obraentera. No es obra volandera ni de orasibn.

Merece quedaren las bibliotecas. Nuestras siuceras felicitaciones al autor.

E. de la V.

(10)

na introduction al inaugurarestas charlas? Dospalabras?

Dn prologuito? Casino hay necesidad. Dire tan sdlo que

al escribir estasection, no pienso ni quiero que tengaca- racter de crltica sinomasbien de charla. Esta tien) varias

ventajas: eludiruna responsabilidad directa, cierta como- didad para tratar los asuntos y mas dmplio marco para encuadrar.

Ademas, cuando unafrase 6 unaapreciacidn moleste a personadeter-

minada tiene ella la garanti'a de poder decir:

''Bah! Es eso unasimple apreciacidn, sin consecuencias, niparael que escribeni paraelque lee".

Y esto ultimo,"sin consecuencias",es lo que mediceacharlar.

La vida deteatro, tan encantadoracomo ingrata, tiene laventaja sobre

laotra vida, decomponer losacontecimientos & gusto propio. Todo de- pende deun telon mds 6menos, de un trasto de utileria, deunasonrisa

6 unafraseque el apuntador corrijaa tiempo. Losmalosratosdependen

entonces de torpeza del apuntador, sobre quidn hacemos pesar toda la responsabilidad. Es cosa sabida que del traspids de un cdmico, tiene siempre^la culpael apuntador.

En laotravida, fuera debastidores, hay tambien su apuntador,y dste

es el talento, cosa, por desgracia, poco visible para propinarle un palo y hacerlo culpable de nuestra torpeza.

Deci'a que en la vida deteatro todo puede componerse, exceptoel ros- tro feo de unatipie, ysiendo asl, los empresarios nuestros,tienden & la descompostura.Y venga un ejemplo. (.Cu&nto tiempo haceque no tene-

mosentre nosotros unabuena Compama de zarzuela? Pienso, y apenas si recuerdo dEmilio Carreras,que ensuCompania, si no completa,habia

dos magnificas figuras; dl y la Isaura. Luegohemos visto muchas Compa-

nias, y ninguna ni semi completa. LTn primeractor,unatiple, dveces un baritono, celebre en los carteles, y nadamas.

(.Deque provieneesto?En primer lugar de la tacafieria de

'los

empre¬

sarios, y en segundolugar, de laexajerada celebridad de los cdmicos.

Y nadiese extranede la frase.En nuestra vida hay hombres cdlebres

y otros que no loson; pero en el teatro todos son cdlebres

6

estdn en camino de serlo. Y doscelebridades nocabenen cualquier escenario.

Juzgarsecdlebre, creo yoqueha deser una cosa muy agradable; pero al mismo tiempo, incdmoda. Suelen aquellos afortunados equivocarse,

cantar mal, hacer el ridiculo; y luegbqud dificil defender el adjetivoen circunstancias asi.

Cuando los empresarios accedena contratar buenos elementos, luego

viene lalucha entre ellos,una lucha despiadiada,infantilycruel a lavez.

El elemento masculino se odia; el femenino se sonrie y se besa.

Nadie es mascruel y fino en la ironlaquelas tiples, que

los

actoresen general.

Preguntadles:

—ConoceUd. dFulana?

—Esta muybien haciendo "LaRevoltosa".

Y luegoviene la sdtira; despiadada, entre

sonrisas,

entre

chistes,

y laaludida resultaun pingajo. Porquehay queconvenirque nadie esmds

cruel que unatiple para satirizar, como

tambidn nadie sabe

aplicarcon

mas eficaciauncalificativo galante.

Los criticos,jamasdeben temer alos actores. A lo mds,

£stos llegan alaingenuidaddel insulto y encasos especia-

lesal palo,que tiene elinconveniente de poder,serdevuel-

to. La actriz, es m&s refinada, espera, estudia, elige la ocasibn, y cuando menos lo pensais, os v^is en el ridiculo

m&s espantoso.

Me contaban en diaspasados, la venganza que la tiple Lafont, ejercid sobre un

critico de

la

Habana.

Era dste

muy desaseado, hasta el punto que se

murmuraba de

el

que no teniatratos con el agua

desde

tiempo muy largo.

Esteindividuo escribia muy bien,—lo que nos demuestra

que se puedeescribir muy

bien

y ser muy

desaseado—y

le dijo dlaLafont, que paraser

buena tiple tenia

que acor- tarse lanariz. La Lafontsonrid, y debe haber sonreido de.

nsi'ido' cuandoenvi6al critico un

trozo de jabdn bruto, un ladrillo y una peineta, con la precaucidn de

'tes

esto en conocimiento

de \arios admiradoree, que se encargaron de conta-«"io a todo el mundo.

Llegd una

noche el critico al teatro, v todos los asistentes lo miraron, lo exami ron y resolvieron por

(11)

decir, "Hd ahi al quela Lafont oblig6 al aseo", y la

frase corri6 de boca enboca,y la Lafont encautada y

siempre sonriente...

Ni palos, ni insultos, ni bofetadas, sino tan solo aqnel paquetito con utiles de lavabo.

Yestoi seguro, que la Lafont, cuando estuvo de

nuevo al frente del cntico, le diria con una de sus mejores sonrisas:

—No mehaga Ud. caso; fud una locura.

A falta deespectaculos teatrales, en estos ultimos

di'as hemos sido sorprendidos por tree noticias dolo-

rosas. Lamuertede Enrique Gil, la primera. No nos

extrafid; pero nos impresiond. Aunque hacfa tiempo, esperabamos que Gil abandonara el escenario de la vida, aunque al despedirnos de dl, en la calle,antes de marcharse, tuvimos la conviocion queestrecharia-

mos porultima vezsu mano; sin embargo la noticia

de su muerte, nosemociond.

EraGil, ademas de actor de clara conciencia del arte, uncumplido caballero.

Nunca lo vi satirizara sus companeros, yqud raro

es esto en el mundo de la escena, en donde se vive

en perpdtua lucha, en donde la gloria es una mujer

un poco livianaa la que hay que conquistar muchas

veces, en una luchade malas pasiones.

Gil era muy querido de sus companeros. No fud

para ellosundirector: fud casi un hermano.

Vayan estas lineas como un recuerdo al artistay al hombre bondadoso.

El cable nosanunciden diaspasados queel primer

actor de zarzuela, Emilio Carreras, babia sido victi-

made un ataque de paralisis, mientras estabaen

escena en e" «GranTe*tro», de Madrid.

Otra dolorosa noticia que lamentar, tanto mas cuantoque Carreras dejd/entre nosotros, recuerdos inolvidables de su brillante temporada.

Carrerasme fud muysimpatico. Ademas de admi-

rarlo comoactor cdmico, me agradaba su trato senci-

1lo,su casi inconciencia de lo que valia dentrode su arte. Mt parece verloen laintimidad de su camanr,

unpoco triste siempre,con la trist^za que tienen los comicosque en las tablasnos hacen reir, caldndose las gafas,como un buen cura de aldea, para leer un

original. Hubo veces en que se alegrd. Pero fugaz- mente, paravolvera esa tristeza de siempre. Quien

al verlo asi,jamas podia imaginarlo entrando en es¬

cena en «Pobre Balbuena» y diciendocon tanto rego-

cijolas frases aquellasdel conquistadorridlculo: «Ay!

querido sastre, cudn inconsciente y cudn futil eres, que mal conoces al bellosexo. Lasmujeressoncomo la cola, cuandopegan, es que empiezan aestar en su punto».

La gracia deCarreras,es solode dl, y por lo tanto tiene derecho el simpdtico actor, d lagloria que le otorgaEspana en su gdnero.

Haceinosvotos por su prontamejoria.

gran nota teatral de la semana, ha sido el es-

compafn'ade Enrique Bonds, en el San- La

trenode la tiago.

El eminenteactor vuelve d nuestro pais en la ple- nitud de sus facultades artisticas. Vigoroso, jdven,

lleno debriosv entusiasmos.

Suestreno fue un lleno completo,unafiesta so¬

cial, ademas deartistica.

Se estreno con el hermoso drama de Marquina,

«En Flandes seha puesto el sol». Teniamos curiosi- dad deveral eminentecreador de «Tierra Baja» y, al mismo tiempo, temor, en el dramadeMarquina.

Con toda la admiracidn que sentimos por Borrds, juzgamosqne no estabien su temperamento artIsti-

co en ese dr-ma lirico. Sir dejar de aplaudirlo en ciertas escenas, la interpretacidn total de la obra nos

deja unasensacibn de cosaincompleta,ddbil.

La senorita Adamuz, primera dama de la Compa-

nia, nos hizounaMagdalenamuy parecida a la de la Guerrero. Mu- cho desuentonacibnnosrecorda- bad la gran actriz espafiola

La obra, en total, resultb, sin

pasarlos h'mites de lo bueno.

El triunfocompleto, definitivo, de Borrds. fud en- «EI Gran Ga- leoto», haciendoelJulian. Cudnta novedad, cudntaintensidad, enla concepcibn! Vimos dJubdn, con un relieve no conocido. La muer¬

teenel ultimoactofud magnlfica.

Veiamos alBorrds.de lasgrandes noches de «E1 Alcaide de Zala- mea», de «Tierra Baja», de «Bue-

na Gente».

Codina muybien En Flandes

se ha puestoel Sol; y en El Gran G leoto, haciendo Ernesto, con bastante cualidades.

Hemos de aplaudir a la senori¬

ta Adamuz; en El Gran Galeoto tiene momentos muy tiernos.

N. YANEZ SILVA.

(12)

Benito Rebolledo Correa

ALLA lejos, en Provi- dencia afuera, donde laat- mdsferatomaazules ylirn- pias amplitudes marioas y donde el alto y grave edi-

ficio de una f&brica 6 de

un molino, con su hilera de ventanas mudas, se da

un apretdn de manos con las primeras casitas rura-

les, fue don le fuimos a visitar a esteartista rebelde como un Rava- chol y humilde y suave cjmo un Cristo en oiacibn.

Ahl vive, en una vieja quinta, que m&s semeja vivienda depreladooctoge- nario, que "garconni^re" de bohemio.

El trailvianos dej6 casi a la puerta.

Llamamos.

—<,Esta Benito?...

La criada que nos ha abiertoparece dubitar. Pensamos, que,acaso esta des- orientada por lafamiliaridaddenuestra pregunta 6 quizas por el fin quealii nos lleva.

—Avisele que de la Redaecion de

Pluma y Lapjz...

A1 decirle a la famula nuestra cali- dad de redactores de una revista, nos

guia

simplemente el deseo de

no

perder nuestro

via- je, pues,la

psicologia

nos

ha ehsefiado,

que pocas

veces se niega una

entrevista A la

persona que mur-

mura al oidu de un lacayo, la magica frase: «De la

Revista tal...» «Del diaiio cual...», que tiriie la po-

derosa virtud,antelas puertas hermeticasy las personalidades inabordables,del maravilloso «Sesamo &brete» de las Mil yUna Nochee.

Pero delante de la puertade Benito Rebolledo Correa, este

santo y sefiano tiene objeto,essup^ifiuo.

Y laprueba de ello es que, el pintor," que ya ha conocido

nuestra voz, se acerca por el zagu&n, adelantando, por sobre el

hombro de lasirviente, su rostromoreno y expresivo, rodeado

deuna barba-negrisima, rizosa y enmaranada de evangelista.

La criada ha dejado la puerta franca, y nosotros nos sor- prendimosdeno ver al artistadescalzo, en lamano el alto ea-

yadc, vistiendo el pardoy dspero sayal del liermitano, como complementodeesa cabeza de Bautista, que parece arrancada

de algiin fresco de vieja catedral espanola.

—jAh!... £Eres tii?... Entra...—nos dice, echdndonos una mi-

rada risueiia porel angulo de los pdrpados fruncidos, como si apreciarael valor de una pincelada recien puestasobre la tela.

Entramos,ydesubito, casi sin transicibn, pasa-

mosde la opaca claridad del pasadizo, al taller,

iluminado con todas las violentas y cdlidas lumi-

nosidades del sol,que el artista ha robado para

suscuadros.

Aquello nos da lasensacibn imaginativa de en-

contrarnos en el misterio del laboratorio de un

Cagliostro, que por un conjuro milagroso, hubiera

abiertoen lasparedes, ventanas hacia todos los paisajes denuestra hermosa tierra.

Cada

tela col- gada del muro,

corresponde

aun

pedazo

de natu- roleza,borracha de luzy vibrante de color, pero

en la que existeeiempre la notatipica del alma

del artista.

Yesta nota caracteristica la constituye siempre

la rebeldiadesuespiritu y de su temperamento fogosode lmhador.

Desde muchacho,

cuando

in-

greso a laAcademiade

Bellas

Artes,—por

poquisi-

motiempo,—sucaracter

ardiente

y

revolucionario,

lo Uev6 A pelearse

con sus maestros, que lo querian un- cir al arado de la rutina. Eldiscipulo

no queria 6 no po¬

diaverel colory la

lineaatraves dela retina de losmaes¬

tros. La luz tamiza- da yfalsa del taller

lo desesperaba, le despertaba sensa- ciones diferentesen

su cerebro y para marchar solo porla

naturaleza no le hacian falta lazarillos que lo lleva-

ran de la mano. «Dejadme solo,—exclamaba—vo

tambiGn tengo dos ojos y no

necesito guias...» y

abandonando laAcademia,en losratos que le dejaba

libre suoficio de pintorde lisoo

de brocha gorda,

se

Referencias

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