DIA 1.
La Adoración es una actitud del espíritu.
Dios busca y le agrada la adoración que proviene de la respuesta de nuestro espíritu a Su Espíritu y es genuinamente sincera, llena de verdad. Fuiste creado a imagen de Dios, por lo tanto, eres un espíritu que está diseñado para tener intimidad con Él.
Tu profundidad y sinceridad al adorar a Dios va directamente ligada a tu intimidad con Él. Por ejemplo, cuando comienzas una relación de noviazgo, no dices “te amo” en la primera cita, esa palabra saldrá espontánea y genuinamente cuando logras conocer la esencia de esa otra persona y no piensas en nada más que estar a su lado. De la misma manera sucede con Dios, no puedes adorarlo en verdad si no le conoces. La oración es el principal medio que te permitirá conocerlo y amarlo.
La palabra “adorar” aparece en la Biblia unas 150 veces y detrás de esos 150 textos hay seis
palabras hebreas, arameas y griegas. El significado de la palabra griega en el Nuevo Testamento traducida más a menudo como “adoración” (proskuneo) es “postrarse delante” o
“arrodillarse delante”, no necesariamente físicamente, pero sí en el corazón.
Entendiendo que la adoración es una actitud del espíritu, deducimos que la naturaleza de la adoración cristiana es de adentro hacia afuera y tiene dos cualidades importantes:
Adorar en espíritu: no tiene nada que ver con nuestra postura física, sino con lo más hondo de nuestro ser.
Adorar en verdad: requiere de una mente centrada en Dios y renovada por la verdad de su palabra.
Es nuestro amor a Dios lo que nos lleva a adorarle, por lo que, si la adoración no fluye como respuesta genuina de nuestro amor a Dios, todo lo que hagamos no pasará de ser simples ritos religiosos, fríos y secos, carentes de significado y que no agradan a Dios
Juan 4:23,24 (RVA2015) Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre busca a tales que lo adoren. Dios es espíritu; y es necesario que los que le adoran, lo adoren en espíritu y en verdad.
Reflexiona:
¿Hay algún paradigma religioso que te impida adorar a Dios en espíritu y en verdad?
¿Reconoces que debes profundizar tu intimidad con Él, para que tu adoración pueda fluir espontáneamente?
Identifica y has una lista de aquellas cosas que debes vencer para lograr una conexión profunda de tu espíritu al Suyo.
DÍA 2.
Adorar es un estilo de vida.
La adoración es un estilo de vida basada en obediencia y gratitud. Dios desea que tengas siempre un corazón agradecido y puedas adorarlo en respuesta por algo que hayas recibido de Él.
Sin embargo, debes cuidar que tu adoración sólo se centre en lo que has recibido y no en la misma esencia de quién es Dios, ya que si condicionas tu adoración sólo a la gratitud, pronto estarás decepcionado por aquellas cosas que aún no has recibido.
Cuando hablamos de Adorar como un estilo de vida debes tomar en cuenta que se trata de dejar de centrarte en ti y concentrar tu atención en Dios. En ese sentido, tu adoración debe ser tanto privada como pública.
La adoración pública debería ser sólo una muestra de lo que vives en privado y es mucho más que cantar. Adorar en privado no es poner un playlist de canciones cristianas en youtube mientras estás encerrado a solas en tu habitación; tiene que ver con una vida de obediencia a Dios e integridad en todos los aspectos de tu vida.
La adoración verdadera involucra tu servicio a Dios. Hacerlo correctamente implica la entrega a Dios de tus energías, tiempo, trabajo, lealtad, amor, todo cuanto eres y también implica el servicio al prójimo.
Hebreos 12:28 (NVI) “así que nosotros, que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios
como a Él le agrada, con temor reverente. Reflexiona:
¿Te consideras una persona agradecida en todo momento?
¿Te cuesta adorar a Dios en los momentos en que no recibes respuesta a lo que has estado pidiendo?
¿Tu actitud pública es realmente un reflejo de tu adoración privada o sólo es una fachada social? ¿Estás sirviendo a otros desinteresadamente?
DÍA 3
Una Respuesta Genuina.
Toda adoración es una respuesta a la verdad y ¿qué mejor medidor de la verdad que la palabra de Dios? Jesús dijo en el evangelio de Juan 17:17 “Tu palabra es verdad”. La adoración es una expresión desde lo más hondo de tu corazón a un Dios que es comprendido a través de su palabra. Así como la oración es el medio por el cual intimamos con Dios y le conocemos en nuestro diario vivir, la lectura y estudio de la Biblia nos hará conocer la esencia y carácter de Dios a través de cómo Él ha actuado en la humanidad desde la creación hasta hoy.
En este sentido, a través de la Biblia podemos definir la Adoración como: “Responder a todo lo que es Dios con todo lo que somos nosotros, responder a todo su ser con todo nuestro ser”.
Cuando adoras, no estás haciendo algo en un vacío, estás respondiendo a Dios, a todo lo que enseña su palabra acerca de Él. Veamos tres ejemplos bíblicos:
Abraham subiendo al Monte Moriah para adorar al Señor, ofreciéndole a su hijo Isaac como sacrificio. (Gen. 22:5)
La adoración de la que habló el profeta Miqueas “…hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios”. (Miqueas 6:6-8).
La adoración enseñada por el Apóstol Pablo: “…que presenten sus cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”. (Romanos 12:1).
El Espíritu Santo dentro de ti es quien vigoriza tu adoración como respuesta, porque en esencia está glorificándose a Sí mismo y toda verdadera adoración glorifica a Dios. Para ello, necesitas tener un corazón puro, abierto y arrepentido.
Salmos 51:16,17 (NTV) “Tú no deseas sacrificios; de lo contrario, te ofrecería uno. Tampoco quieres una ofrenda quemada. El sacrificio que sí deseas es un espíritu quebrantado; tu no rechazarás un corazón arrepentido y quebrantado, oh Dios.” Reflexiona:
¿Estás dedicando suficiente tiempo para conocer a Dios por medio de su palabra? ¿Cuáles son las excusas o los ladrones de tu tiempo de intimidad con Dios?
Te invitamos a tomar el hábito de leer y estudiar la Biblia a diario, separa un tiempo especial a solas para hacerlo. Puedes comenzar con algún plan de lectura prediseñado.
DÍA 4
El abecedario del cielo (1º Parte)
Mientras somos niños, una de las primeras cosas que se nos enseña en la escuela son los números, las vocales y luego el abecedario. Con estos elementos, comenzamos a construir nuestra estructura de comunicación y lenguaje con la cual podremos desarrollarnos e interactuar con el resto del mundo.
De la misma forma, en nuestra vida espiritual, hay ciertos elementos que son parte de la estructura del reino y que debemos comprender y ejercitar desde el inicio. Por lo tanto, en el lenguaje del cielo también tenemos un abecedario y comienza con la letra O… si, así como lees, OBDC.
Tal como comentamos al inicio del 2do día, La Adoración es un estilo de vida basada en Obediencia, éste es el aspecto más importante en la vida del creyente. Todo en la biblia se resume en hombres y mujeres que obedecieron o desobedecieron a Dios.
La Obediencia consiste en hacer lo que Dios diga, cuándo, cómo y con quién Él diga. No sucede de manera espontánea, se aprende y ejerce mediante nuestras actitudes y acciones. No hay espacio para la pasividad en lo relacionado con la obediencia a Dios, requiere un fuerte compromiso para hacer lo que se nos es encomendado.
El primer escenario que Dios usó para enseñarnos sobre la obediencia fue el huerto del edén. Allí Dios no les habló a Adán y a Eva sobre fe y humildad, les dio permiso para comer de todos los árboles del huerto, con excepción de uno sólo. Fue al desobedecer que el pecado y sus consecuencias entraron a este mundo.
Todos hemos fallado ante esa misma prueba, nuestra naturaleza humana nos impulsa a hacer lo que es de nuestro agrado. En ocasiones, incluso nos justificamos creyendo que nuestras necesidades, circunstancias y sufrimientos son razones legítimas para desobedecer a Dios, sin darnos cuenta que, Él hace uso de todo lo que viene a nuestra vida para cumplir su plan.
Dios no nos prometió una vida sin dificultades. No nos dijo que todo sería fácil, libre de dolor y sufrimiento, pero sí nos asegura que bendice a todos los que le obedecen.
Juan 14:23 (NVI) “Le contestó Jesús: el que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra morada en él.”
Reflexiona:
¿Estás viviendo una vida de obediencia a Dios?
¿Entiendes y aceptas que la verdadera adoración que Dios desea de ti, es que le obedezcas sin reservas?
DÍA 5.
El abecedario del cielo (2º Parte).
Jesucristo es nuestro modelo de obediencia. En Hebreos 5:8,9, se nos recuerda que incluso Jesús “por lo que padeció aprendió la obediencia”, en todo momento hizo la voluntad del Padre y pagó el precio de ser obediente hasta la cruz.
Jesús mencionó al hablar con la mujer samaritana en Juan 4:34 “Mi alimento es hacer a voluntad del que me envió y terminar su obra”. Es decir, afirma que el obedecer a Dios era lo que le traía satisfacción a su vida. No buscaba la aprobación de las multitudes que venían a escucharlo sino que su alma se complacía al obedecer al Padre.
¿Cómo aprendemos a obedecer a Dios?
Medita en su palabra cada día: no podremos vivir en obediencia a Dios si mantenemos nuestra Biblia cerrada. En sus páginas encontraremos la guía que
necesitamos.
Decide Confiar en Él plenamente: la desobediencia por lo general proviene de la desconfianza. Debemos confiar en que Dios es quien dice ser y que hará todo lo que ha prometido.
Sigue adelante aunque el camino no esté claro: no podemos ver con anticipación lo que Dios hará, pero nuestra responsabilidad es obedecerle con la seguridad de que nuestro futuro está en sus manos.
Está dispuesto a experimentar conflictos: todos los que obedecen a Dios son candidatos al sufrimiento, puede que no parezca razonable desde nuestro punto de vista, pero Él prometió estar con nosotros todo el tiempo.
Deja las consecuencias en manos de Dios: recuerda que Dios tiene el poder para librarnos y ayudarnos en cualquier situación, sólo debemos observar y contemplar la forma en que su voluntad actúa en nosotros.
Acepta la disciplina: si le culpamos y nos resistimos, demostramos que no hemos aprendido a ser obedientes. Ten un espíritu humilde, reconociendo que la disciplina de Dios es una muestra de su amor.
Hebreos 5:8,9 (NVI) “Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer; y consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen.”
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