Una curiosidad histórica: las primeras reseñas de las Obras sueltas de José María Luis Mora (1839)

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PRIMERAS RESENAS D E LAS

OBRAS

SUELTAS

D E JOSE M A R I A LUIS

M O R A (1839)

^ l i d i a d CoSTELOE UmveTsity of Bnstol

E N T R E LOS PENSADORES POLÍTICOS m á s importantes de M é x i c o

en el siglo X I X se encuentra el doctor J o s é M a r í a Luis M o r a , reconocido ahora como uno de los padres del liberalismo. Su l ú c i d a exposición de la ideología liberal pronto llegó a ser fuente de i n s p i r a c i ó n para muchos de sus c o n t e m p o r á n e o s y sustento intelectual para buena parte de la Reforma. Pero la obra de M o r a no siempre tuvo esa acogida. Sus Obras sueltas

—publicadas en P a r í s en 1837— se recibieron en M é x i c o , en la p r i m a v e r a de 1839, con crítica agria y hostil. Quienes fue-r o n blanco de sus ataques pefue-rsonales se apfue-resufue-rafue-ron a fue- refu-tarlo; se le c o n d e n ó como clérigo renegado, alimentado por la amargura, la envidia y el odio irracional a la Iglesia cató-lica, a la cual p e r t e n e c í a , nominalmente por lo menos.1 Se ridiculizaron sus ideas políticas, y su explicación y defensa del llamado partido progresista o liberal se desechó como

des-' P o r ejemplo, Cartas dirigidas por B. Arrillaga al Doctor D.J. Ai, L . Alora,

citándolo ante el tribunal de la sana crítica, de la religión católica, y de la verdadera política, a responder por los fundamentos y resultados de sus opiniones sobre bienes eclesiásticos, producidas en el tomo primero de sus obras sueltas, M é x i c o , 1839; y E p i g m e n i o J o s é V l L L A N U E V A , " R e s p u e s t a del D r . D . . . . c a n ó n i g o de l a catedral de M é x i c o , a las i m p u t a c i o n e s que le hace el D r . D . J o s é M a r í a L u i s M o r a " , en Diario del Gobierno, 21 d e j u n i o de 1839; existe aparte como folleto.

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preciable ficción. Se le calificó de " c h a r l a t á n despreciado en su p a í s y que lo será de todo el m u n d o " .2

Las p o l é m i c a s que despertaron sus Obras sueltas comenza-ron con las primeras r e s e ñ a s aparecidas en la prensa mexi-cana, poco d e s p u é s de que se consiguieron en la capital los primeros ejemplares. Presento a q u í esas reseñas, en parte por-que son curiosidad histórica, en parte porpor-que ilustran diver-sos aspectos de la política mexicana durante el decenio de 1830. M u e s t r a n , por ejemplo, la severidad del conflicto político y en especial la división entre liberales y conservadores que pre-d o m i n ó en M é x i c o en los pre-decenios posteriores a la inpre-depen- indepen-dencia. A d e m á s , los historiadores han prestado mucha aten-ción a los liberales, y en este caso encontramos la reacaten-ción de los c o n t e m p o r á n e o s de M o r a quienes c r e í a n sinceramente que el liberalismo por él preconizado d e s t r u i r í a la herencia, religión y sociedad del p a í s . E l lenguaje del debate político era particularmente extremoso en esa d é c a d a ; no acongojaba a los políticos de todos los partidos acumular injurias contra sus oponentes, y M o r a no era excepción en darlas o recibir-las. Este y otros aspectos de la " e r a de Santa A n n a " están bien documentados en las primeras r e s e ñ a s de Obras sueltas.

Las circunstancias por las que la obra de M o r a se publicó en Francia explican su recepción hostil en M é x i c o . M o r a era sacerdote, h a b í a participado activamente en la f o r m a c i ó n de la r e p ú b l i c a en el decenio de 1820 y h a b í a sido m i e m b r o de varios cuerpos legislativos, incluso del que r e d a c t ó la primera c o n s t i t u c i ó n . C o n t r i b u y ó con frecuencia en la prensa polé-mica, se le conoció pronto por sus ideas liberales, se compro-m e t i ó con el partidiscompro-mo y la compro-m a s o n e r í a que d o compro-m i n ó la polí-tica mexicana, y cuando en abril de 1833 a s c e n d i ó al poder el gobierno encabezado por el vicepresidente V a l e n t í n G ó m e z Farías, M o r a destacó como uno de sus miembros m á s influen-tes. D u r a n t e el a ñ o en que detentaron el poder (1833-1834), los reformadores procuraron transformar la sociedad mexi-cana. I m p u s i e r o n —o intentaron imponer— cambios esen-ciales en lo político, social, e c o n ó m i c o y cultural; su ambi-c i ó n , o esperanza, era ambi-clara. L a soambi-ciedad, herenambi-cia de tres

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siglos de dominio español, con sus instituciones privilegiadas, sus clases y sus fragmentados valores sociales, d e b e r í a desa-parecer para que la remplazara u n nuevo orden basado en la igualdad de derechos civiles, libertad de expresión y credo, y u n gobierno d e m o c r á t i c o en el cual se garantizara m á s la libertad individual que la corporativa. Se decretaron o pro-m o v i e r o n grandes reforpro-mas en la e d u c a c i ó n , en el ejército y sobre todo en la iglesia católica, cuya profunda influencia debía desaparecer, requisito indispensable para que surgiera la socie-dad activa y laica que avizoraban. L a reforma legal de las ins-tituciones era sólo parte del cambio; los liberales estaban abso-lutamente conscientes de que las leyes no cambiaban opinio-nes, y que su nueva sociedad no se c o n s o l i d a r í a a menos que se suprimiera la influencia y separara del poder a quienes d e f e n d í a n el statu quo y se beneficiaban con él.

J u n t o con ese programa para cambiar las instituciones, los liberales procuraron evitar la reacción mediante una purga administrativa total de sus oponentes. Cientos, si no miles, en toda la n a c i ó n perdieron sus trabajos y q u i z á lo que fue peor, su puesto en la sociedad.

L a reforma de la iglesia y el ejército, incluso la d e s t i t u c i ó n de b u r ó c r a t a s , pudo haberse tolerado; pero la lucha de cla-ses, la r e d i s t r i b u c i ó n de la riqueza, alentar al populacho y entregar el poder a lo que Zavala l l a m ó "baja democracia" era demasiado para la élite de terratenientes que controlaba la n a c i ó n desde la independencia. Los extremistas, los sans¬ culottes de G ó m e z F a r í a s y sus huestes amenazaban sus valo-res fundamentales, su creencia en la sacrosanta propiedad pri-vada y en la fe católica, en la familia y en la e d u c a c i ó n tradi-cional.

Cualquiera que fuera su credo político, la "gente de orden" —liberales o conservadores— t e m í a el extremismo y la diso-l u c i ó n sociadiso-l, adiso-lgo inevitabdiso-le, decía diso-la prensa, si diso-los extremis-tas p r e v a l e c í a n . Así pues, como otras veces desde la indepen-dencia, los "hombres de b i e n " del sector medio de la socie-dad — a l que M o r a p e r t e n e c í a — se aliaron contra esa ame-naza y, con Santa A n n a a la cabeza, sacaron del poder al gobierno liberal.

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F a r í a s —no p e r t e n e c í a a su gabinete o al congreso—, pero su influencia tras bambalinas era grande. A m i g o í n t i m o de G ó m e z F a r í a s y otros líderes y, haciendo uso de su talento como escritor, explicó el programa liberal en el periódico El Indicador de la Federación Mexicana (1833-1834). Así pues, los afectados por los cambios —en especial la alta clerecía— lo catalogaron como eminence grise de los extremistas, y respon-sable directo de lo que, en su o p i n i ó n , eran d a ñ o s irrepara-bles para ellos y la n a c i ó n . N o es de sorprender que, a causa del ambiente saturado de odios personales que h a b í a n pro-vocado esos acontecimientos, M o r a y varios colegas creye-ran que M é x i c o no les ofrecía seguridad d e s p u é s de la caída del gobierno de G ó m e z F a r í a s ; M o r a escogió el exilio y, con el t i e m p o , se estableció en P a r í s .

L a derrota de los liberales no dio lugar a la estabilidad como h a b í a n supuesto los "hombres de b i e n " . D e s a p a r e c i ó el sis-tema federal remplazado por u n a c o n s t i t u c i ó n centralista, Texas se rebeló y consiguió la independencia defacto. Los libe-rales expulsados del gobierno y simpatizantes del federalismo se dedicaron a conspirar contra los nuevos r e g í m e n e s centra-listas. Los pronunciamientos se volvieron cosa c o m ú n y tam-b i é n sin sentido porque t e n í a n escasas positam-bilidades de éxito, pero fueron útiles para conservar el ambiente de inestabili-dad y la fama de ingobernable que M é x i c o comenzó a adquirir en el exterior y entre los mismos mexicanos. S u s t i t u y ó a la rivalidad m a s ó n i c a del decenio anterior u n confuso partida-rismo, en el que innumerables grupos procuraban el poder político para defender sus intereses y su riqueza. L a anar-q u í a política afectó, como era inevitable, la e c o n o m í a del país y las inversiones de inmigrantes europeos y estadunidenses. A causa de la insolvencia del gobierno, afloraron problemas de la deuda externa, sobre la que Francia p r e s i o n ó para con-seguir u n acuerdo en los primeros meses ole 1838. F r u n c í s o f e n d i ó la dignidad nacional con sus amenazas v el sitio a los puertos mexicanos en abril de 1838, lo que a c e n t u ó el frenesí del ambiente político. A pesar de las instancias en pro de la u n i d a d nacional, hubo levantamientos pro federalistas en M i c h o a c á n Puebla TamDico Sonora v otros lusares El

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fuerte de San J u a n de U l ú a , en noviembre de 1838, alimen-t a r o n el p á n i c o y el repudio a los franceses, que llegó en oca-siones hasta la histeria. E n marzo de 1839 se logró un acuerdo con Francia, pero en el í n t e r i n Santa A n n a consiguió reco-b r a r su r e p u t a c i ó n y su c r é d i t o —que h a reco-b í a perdido en San J a c i n t o , en 1836— con una p e q u e ñ a victoria sobre los

solda-dos franceses en Veracruz.

Pocas semanas d e s p u é s de firmado el acuerdo, llegaron a M é x i c o los primeros ejemplares del libro de M o r a . A u m e n -taba la t e n s i ó n en la capital mientras el gobierno —sobre el que llovían ataques a causa de su comportamiento durante el sitio de los franceses— luchaba por conservar el poder. Incluso antes de que se la adoptara (diciembre, 1836) era evi-dente que la c o n s t i t u c i ó n centralista no resolvería los proble-mas del p a í s , y pasados tres caóticos a ñ o s , la desilusión se a b a t i ó sobre los "hombres de b i e n " que la h a b í a n apoyado. E n 1839 se especulaba con todo tipo de posibilidades, incluso m o n a r q u í a , dictadura elegida, t r i u n v i r a t o , autocracia m i l i -tar, pero la que t e n í a m á s adeptos, por la que abogaba la prensa y reclamaban los rebeldes en todo el territorio, era el regreso de la república federal. Empero, el federalismo se rela-cionaba invariablemente con liberalismo y éste con el gobierno de G ó m e z Farías; desde su caída, la prensa conservadora, apo-yada por líderes del gobierno, ejército e iglesia, h a b í a hecho u n a gigantesca c a m p a ñ a para poner en ridículo y despresti-giar al partido progresista y su ideología.

Esa propaganda contra el partido y su particular tipo de liberalismo estaba viva a ú n cuando llegaron las Obras sueltas.

M o r a h a b í a publicado en 1836 u n estudio en tres tomos, México y sus revoluciones} que no p r o v o c ó mayor r e a c c i ó n , pero, por

el m o m e n t o en que llegó, este nuevo libro fue recibido con deleite por los radicales y con h o r r o r por sus contrarios. Ber-nardo C o u t o , distinguido político y amigo de M o r a , le escri-b i ó el 29 de mayo de 1839: " l a nueva oescri-bra de usted ha sido l e í d a con avidez. Q u é i m p r e s i ó n haya causado en cierta clase de personas, V d . la c a l c u l a r á . L a prudencia dicta ahora con-servarse en seguro por largo t i e m p o " .3 Pronto se manifestó

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la i m p r e s i ó n de "cierta clase de personas", extremadamente hostil. N i n g u n a parte del l i b r o se criticó m á s que la primera, titulada "Revista política de las diversas administraciones que ha tenido la r e p ú b l i c a hasta 1837", en la que M o r a presenta con detalle el manifiesto del partido progresista, y señala las reformas que se h a r í a n en las instituciones, la Iglesia y el ejér-cito en especial, a las que se les r e d u c i r í a buena parte de su poder y prestigio. En pocas palabras, es el programa de las acciones y su justificación intelectual ofrecido a la a t e n c i ó n futura de sus colegas liberales. Casi todo el programa de cam-bios políticos, sociales y culturales es u n ataque directo a indi-viduos e instituciones que controlaban el poder a finales del decenio de 1830, quienes, como es natural, no estaban de acuerdo con esas ideas y procuraron desprestigiarlas en sus r e s e ñ a s críticas. Perdura hasta hoy la disputa que acerca de la obra de M o r a c o m e n z ó hace 150 años —verano de 1839—; los escritores mexicanos ven aun en él a u n " d i a b l o de hom-b r e "4 o a " u n o de los m á s lúcidos cerebros de su t i e m p o " .5

L A S R E S E Ñ A S

Estas r e s e ñ a s de Obras sueltas aparecieron en la prensa mexi-cana en j u n i o y j u l i o de 1839; u n análisis m á s extenso se encuentra t a m b i é n en el Diario del Gobierno de los días 24 y 29 de j u l i o . En la siguiente r e p r o d u c c i ó n se ha modernizado la o r t o g r a f í a de los textos.

A ) El Mexicano, 1 de j u n i o de 1839, reimpreso en Diario del Gobierno, 3 de j u n i o de 1839.

México. Papeles inéditos del Dr. Mora ( P o r r ú a , v o l . 60, M é x i c o , 1975), p . 534.

4 M a r i o M E N A , Un clérigo anticlerical. El Doctor Mora ( M é x i c o , 1958),

p . 27.

' J . N a t a l i c i o G O N Z A L E Z , p r o l o g o a J . M . L . M O R A , Revista política de las diversas administraciones que la República Mexicana ha tenido hasta 1S37 ( E d i -t o r i a l G u a r a n i a , M é x i c o , s.f.), p . X I I I

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D o n J o s é M a n a L u i s M o r a , D r . en sagrada t e o l o g í a , abo-gado por dispensa, sacerdote para e s c á n d a l o , na publicado en P a r í s con el t i t u l o de Obras sueltas, algunos de sus delirios políti-cos, y u n a serie de venenosas calumnias contra aquellas perso-nas Cjue c o n t r i b u y e r o n mas o menos directamente a derrocar la a d m i n i s t r a c i ó n inmoral y b á r b a r a de D . V a l e n t í n G ó m e z F a r í a s . U n a r á p i d a lectura de esta apasionada p r o d u c c i ó n , nos ha sido bastante para calificarla: es u n escrito de é p o c a , en cjue se pre-tende dar u n barniz a la m á s desatinada de nuestra historia; u n escrito inventado para crear celebridad en países remotos al extra-vagante autor, con sacrificio de la v e r d a d , del h o n o r de nuestra p a t r i a , y de la r e p u t a c i ó n de muchos mexicanos.

rVlora, para cjuien la bilis es una fuerza m o t r i z e impulsiva, la descarga sobre todas las personas cjue destruyeron el sistema l l a m a d o de progreso, porque b u r l a r o n sus deseos de progresar con los bienes del clero, con los del duque de M o n t e l e o n e , de que se declaro heredero, c o n v i r t i e n d o en su palacio el hospital de J e s ú s Nazareno, para enfermar las almas con la e n s e ñ a n z a de la moral del B a r ó n de Holbach, donde mismo quiso H e r n á n Cor-tes que se curasen las dolencias del cuerpo.

E r a ya sabida la influencia que D . J o s é M o r a se gano sobre el a n i m o del Sr. Farias, y que era el p r i n c i p a l agente de las pros-cripciones, particularmente del clero; pero el m i s m o confirma esta v e r d a d , y pretende justificar medidas a n á r q u i c a s y desor-ganizadas que tanto m a l causaron y aun causan a esta infeliz n a c i ó n . E l ilustre general Santa-Anna es tratado, por este cínico desvergonzado, con todo el furor de u n a p a s i ó n miserable. N o perdona las cosas n i las personas: establece como principios de a d m i n i s t r a c i ó n , doctrinas que h u b i e r a condenado el mismo Miarat, y t a m b i é n el f u r i b u n d o Saint-Just. Los Sres. A l a m á n , B o n i l l a , L o m b a r d o , R o d r í g u e z Puebla, y muchos otros ciudadanos, son objeto de su rabiosa c r í t i c a , y en especial el Sr. T o r -nel, porque no ha podido o l v i d a r rivalidades de colegio, h u m i l l a -ciones de escuela, y las miserables intrigas que j u g ó veinte y siete a ñ o s para conseguir que lo igualasen cuando m á s con el que ahora declara que es absolutamente incapaz. Gotean todavía san-gre las heridas que r e c i b i ó en las aulas su amor propio; y es pre-ciso que el m u n d o sepa que a b o r r e c i ó constantemente al que no p u d o arrancar la palma de M i n e r v a en los primeros d í a s de su j u v e n t u d .

Recomendamos a los que saben escribir y conocenbien nues-tros sucesos, que no dejen pasar sin i m p u g n a c i ó n una obra de

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tanto d e s c r é d i t o para M é x i c o ; que den al retrato del D r . D . J o s é M o r a los coloridos que merece para que los extranjeros no sean sorprendidos por u n c h a r l a t á n despreciado en su p a í s , y que lo s e r á de todo el m u n d o . Nuestra historia es m u y desgraciada: Zavala y M o r a se han apoderado de sus anales, y novelas r i d i -culas son las que se transmiten a la desgraciada posteridad. A ú n es tiempo de recomendar una o b s e r v a c i ó n de salud. Zavala t r a i -c i o n ó a su patria y M o r a a su -creen-cia religiosa: luego es indigno de c r é d i t o lo que escriben, como es indigno de e s t i m a c i ó n cuanto hacen. ¡ P o b r e M é x i c o en tales manos!

Las obras del D r . M o r a se expenden, donde m i s m o se halla-r á n las V i n d i c i a s de la B i b l i a , menos los tomos que se quema-r o n : las llamas acabaquema-ron con lo bueno y quema-respetaquema-ron lo malo.

¿Risum Teneatis?. . .

B) Diario del Gobierno, 11 de j u l i o de 1839.

Hemos l e í d o con la m a y o r a t e n c i ó n , y s e g ú n nos lo han per-m i t i d o nuestras ocupaciones, las Obras sueltas de José Alaria Luis Adora, impresas en P a r í s , en la librería de Rosa. E l autor es dema-siado conocido en la r e p ú b l i c a , y especialmente en esta capital, y sus obras, o al menos la revista política con que comienzan, y abraza la tercera parte del p r i m e r tomo, no contiene m á s que una p u b l i c a c i ó n de los planes y proyectos de r e g e n e r a c i ó n de nuestra r e p ú b l i c a , acordados y comenzados poner en ejecución por el p a r t i d o que llama del progreso, en que el autor se atribuye una parte m u y p r i n c i p a l , sin advertir que habiendo sido sus pla-nes de progreso, precipitado, y contrario a los sentimientos p a c í -ficos, religiosos, y si se quiere fanáticos de la n a c i ó n , los que le han causado los males g r a v í s i m o s que hoy resiente, viene en sus-tancia a confesarse uno de los promovedores m á s principales de esos mismos males, de esas desgracias dignas de llorarse con lágri-mas, y del verdadero retroceso que ha padecido la r e p ú b l i c a .

Es, sin embargo, m u y de agradecerse al D r . M o r a la fran-queza y candorosa i n g e n u i d a d con que refiere todos los planes y miras del p a r t i d o del progreso, pues aunque su fin ha sido cier-tamente el recomendarlos, y prestar auxilio por medio de la i m p r e n t a a la causa de los titulados federalistas de 1833, en la realidad les ha hecho m u c h o perjuicio, y ha abierto los ojos a cuantos han leído sus obras, para que no les quede d u d a de lo que se quiere, para qué se quiere, y cómo se quiere, por los s e ñ o r e s del progreso; y por consiguiente, no les s e r á fácil e n g a ñ a r , n i

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apa-rentar respeto y c o n s i d e r a c i ó n al clero, al ejercito, a los propie-tarios y a los ciudadanos todos, Cjue por su e d u c a c i ó n , ilustra-c i ó n , amor al orden, a la paz y a la r e l i g i ó n , son enemigos de cambios y trastornos, que en ú l t i m o resultado vienen a p r o d u -c i r el engrande-cimiento y riqueza de unos -cuantos, el empobre-cimiento de m u c h í s i m o s , dejando a las masas en peor estado que el que t e n í a n antes de que se i n t e n t a r a n tan avanzados como r i d í c u l o s progresos.

El D r . M o r a , que extremoso siempre, y exaltado en sus o p i -niones, paso del exceso de los e s c r ú p u l o s de conciencia y de u n asceticismo extravagante, a u n liberalismo i l i m i t a d o , que siendo u n sacerdote entusiasta por su sagrada profesión, v a r i ó repenti-namente de principios, y es el enemigo m á s declarado del clero, p e r t e n e c i ó al p a r t i d o escocés desde que c o m e n z ó a figurar en asuntos políticos: fue uno de los principales que conspiraron con-t r a el Sr. I con-t u r b i d e ; fue con-t a m b i é n el m a y o r y m á s encarnizado ene-migo de los yorkinos, hasta el a ñ o 1833, en que apoderados éstos del mando, lo atrajeron a sus banderas, le dieron una buena colo-c a colo-c i ó n , y t r a t a r o n de aprovecolo-charse de sus incolo-cansables tareas en promover la d e s t r u c c i ó n de los fueros y privilegios del clero y del ejército, de apoderarse de los bienes del p r i m e r o , y destruir al segundo para crear o t r o de cívicos que apoyasen las fuertes medidas que m e d i t a b a n para sostenerse y hacer que su p a r t i d o dominase enteramente la r e p ú b l i c a .

Por fortuna de la p a t r i a vino abajo en momentos el coloso que en u n solo a ñ o h a b í a n levantado los progresistas, o mas bien u n edificio construido sobre cimientos de arena, o una estatua de bronce con pies de b a r r o . Luego que los pueblos encontra-r o n u n apoyo solido en el d i g n o geneencontra-ral Santa-Anna, comenza-r o n a pcomenza-ronunciacomenza-rse contcomenza-ra los pcomenza-rogcomenza-resistas, y nuestcomenza-ro D comenza-r . Miocomenza-ra t u v o que dejar su l u c r a t i v o empleo, hermosa y lujosamente amueblada h a b i t a c i ó n que h a b í a tomado en el hospital de J e s ú s , y marchar fuera de la r e p ú b l i c a , creyendo, aunque sin r a z ó n , que los hombres que i b a n a gobernar s e r í a n tan intolerantes y tan perseguidores como los progresistas.

Ntarcho, pues, aparentando que lo hacia por no presenciar los males que su adorada, patria d e b e r í a sufrir d o m i n a d a por los militares, clérigos y grandes propietarios. Parece que d e s p u é s de haber viajado algo, ha fijado su m a n s i ó n en P a r í s , y se ha dedicado a la p r o f e s i ó n de escritor de obras sueltas, en que des-figurando los hechos y desacreditando a la inmensa m a y o r í a de los mexicanos, es preciso que entre nuestros enemigos tengan

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si no mucha salida, al menos la bastante para hacerse de u n caudalito con que v i v i r libre en u n p a í s donde no tiene q u i e n lo obligue a c u m p l i r con sus deberes sagrados.

U n análisis ligero de la revista p o l í t i c a , una r e l a c i ó n exacta de las ocurrencias que desfigura el D r . M o r a , y u n a e x p l i c a c i ó n de la verdadera o p i n i ó n y de los sólidos fundamentos en que se apoya el partido moderado, que injustamente se llama del retro-ceso, b a s t a r á n para desimpresionar a los incautos y poco refle-xivos, de las ideas perniciosas que puedan inspirarles los escritos de M o r a . Y a el Sr. A r r i l l a g a en las cartas que está p u b l i -cando, rebate victoriosamente muchas de esas especies, y nosotros, sin embargo de conocer y confesar ingenuamente nues-t r a falnues-ta de nues-t a m a ñ o s para banues-tirnos con u n gigannues-te, haremos lo posible, sirviendo de disculpa a nuestros errores, el noble fin que nos proponemos, que es ú n i c a m e n t e el de vindicar a nuestra amada patria de los agravios que le hace u n hijo suyo, supo-n i é supo-n d o l a p o s e í d a de la m á s crasa igsupo-norasupo-ncia, sólo porque supo-no ha querido, n i q u e r r á j a m á s , Dios mediante, abandonar la religión de sus mayores, n i entregarse a una libertad desenfrenada, segura precursora de la a n a r q u í a y de la esclavitud.

L a p r i m e r a obra suelta con que ha obsequiado a sus compa-triotas el D r . D o n J o s é L u i s M o r a , es l a que llama Revista polí-tica de las administraciones que la república mexicana ha tenido hasta 1837. N o es ciertamente m u y exacto este t í t u l o o idea de la tal obra, que todo p o d r á ser, menos una revista de esas administraciones. L a palabra revista, que antes sólo se usaba en lo forense para designar la r e v i s i ó n o segunda vista de los pleitos, que h a c í a n las audiencias y tribunales superiores, y que en lo m i l i t a r equi-vale a u n reconocimiento del estado de los regimientos, el n ú m e r o de soldados, su ropa, armas, & c , aplicada por a n a l o g í a a otros objetos, debe contener una relación en extracto, pero m u y exacta, de los hechos que se revistan o presentan de nuevo a la vista para hacer sobre ellos las observaciones que se consideren útiles o nece-sarias. A s í es que la revista del D r . M o r a , supuesto que es de las administraciones que ha tenido la r e p ú b l i c a hasta 1837, d e b i ó comenzar h i s t o r i a n d o é s t a s o poniendo a la vista las ocurrencias m á s notables de ellas, las personas que figuraban, sus p r i n c i -pios p o l í t i c o s , el m o t i v o y m o d o de la c a í d a de unas para dar l u g a r a otras, y todo lo necesario para dar idea de los hechos.

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Pero nada de eso se encuentra, y los extranjeros, a quienes d e b i ó dirigirse principalmente la revista política., es imposible que entien-d a n u n a palabra, cuanentien-do los mexicanos, que hemos estaentien-do a la vista de los sucesos, apenas podemos c o l u m b r a r algo de lo que quiso decir el revistador, y deducir p o r ello que con el nombre de revista política, p r e t e n d i ó el D r . M o r a hacer u n a v i n d i c a c i ó n de la malhadada y p e r n i c i o s í s i m a a d m i n i s t r a c i ó n intrusa del a ñ o de 1833, y manifestar los m é r i t o s y servicios incomparables que ha hecho el propio D o c t o r a la que l l a m a causa o partido del progreso, de que se hace o quiere, hacer, uno de los principales corifeos, o a lo menos de las m á s respetables notabilidades.

E l gobierno de la regencia bajo el p l a n de I g u a l a y tratados de C ó r d o b a , fue una a d m i n i s t r a c i ó n que tuvo la que hoy se llama r e p ú b l i c a y entonces i m p e r i o mexicano; c o m e n z ó en Septiem-bre de 1821 y t e r m i n ó en M a y o de 1822, en que fue proclamado emperador el S e ñ o r I t u r b i d e . Esa é p o c a , o m á s bien ese corto periodo de ocho meses, fue a b u n d a n t í s i m o en acontecimientos remarcables; fue (para usar una de las voces favoritas del D r . M o r a ) el núcleo de todas las cuestiones que se p r o m o v i e r o n des-p u é s sobre formas de gobierno; en ella t r a b a j ó el des-partido del pro-greso, en ella se i n t e n t a r o n levantar a la vez dos edificios, que

al f i n v i n i e r o n a reducirse a escombros, resultando los males, los trastornos, los disgustos, la d e s a z ó n , la miseria, las guerras civiles, y t o d o , todo cuanto ha padecido y p a d e c e r á la r e p ú b l i c a mexicana.

A s í pues, u n escritor i m p a r c i a l y no u n entusiasta por u n par-t i d o , que escribiese la revispar-ta p o l í par-t i c a de las adminispar-traciones de la r e p ú b l i c a , d e b e r í a referir francamente las ocurrencias, expli-car los fundamentos en que se a p o y ó el plan de I g u a l a , los obje-tos con que se le hicieron algunas reformas m u y notables en el tratado de C ó r d o b a , y con especialidad el l l a m a m i e n t o del p r í n -cipe de L u c a , debido solamente a los s e ñ o r e s del progreso; las diferencias que se suscitaron entre I t u r b i d e y la m a y o r í a de la j u n t a g u b e r n a t i v a , las miras y planes de los borbonistas, o sean promovedores del i m p e r i o del mencionado p r í n c i p e , de los i t u r -bidistas que intentaban y al fin consiguieron, elevar a aquel a l i m p e r i o que le costó la vida; las cuestiones sobre el modo de con-vocar al congreso constituyente, y tanto tanto como se q u e d ó en el t i n t e r o o en la cabeza de nuestro doctor, y cuya falta h a b r á dejado a los lectores de E u r o p a y de las otras A m é r i c a s , en la m i s m a o m a y o r c o n f u s i ó n en que antes estaban, e n c o n t r á n d o s e con una revista política de administraciones que presuponen hechos

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y ocurrencias i m p o r t a n t í s i m a s , de que o no se hace m e n c i ó n absolutamente, ó se indican tan por encima, tan de carrera, y como quien pasa sobre ascuas, que n i los mismos mexicanos podemos penetrarlas.

M a s como el p a r t i d o del progreso no q u e d ó m u y l ú c i d o en esa é p o c a ; como su e m p e ñ o fuerte y decidido a favor del p r í n -cipe de Luca y contra los íturbidistas y republicanos, todo lo tras-t o r n ó , no era prudencia ocuparse en hacer una revista de esa a d m i -n i s t r a c i ó -n , -n i era tampoco obra que pudiera d e s e m p e ñ a r el D r . M o r a , aprendiz entonces de los progresistas, y que no f i g u r ó , m i n t e r v i n o , n i era entonces capaz de figurar e i n t e r v e n i r en asuntos que ocuparon a los hombres m á s sabios y a los mejores patrio-tas de la n a c i ó n , que por desgracia se dividieron con buenas miras e intenciones, y alucinados unos por los monarquistas extranje-ros, otros por los monarquistas nacionales, embarazaron el esta-blecimiento de u n gobierno representativo, sólido, independiente y m i x t o , que h u b i e r a proporcionado aquella clase de progresos que eran compatibles con el estado de la n a c i ó n , con su religión, con sus costumbres con sus elementos & c .

C o m o para el D r . M o r a nada hay en política digno de aten-ción que no se refiera al progreso retroceso, n i puede ser feliz una n a c i ó n , n i tener comercio, n i a g r i c u l t u r a , n i i n s t r u c c i ó n , n i gobierno, n i adelanto alguno, mientras no destruya al clero y al e j é r c i t o , no es e x t r a ñ o q'ie en su revista se ocupe exclusiva-mente de todo lo que dice r e l a c i ó n al m i s m o progreso, y que haya i n c u r r i d o en el grave defecto que le hemos notado de callar las ocurrencias m á s notables siempre que le perjudiquen a su programa.

De la p r i m e r a a d m i n i s t r a c i ó n de M é x i c o independiente, que adoptando la moda que tanto a g r a d ó a nuestro doctor, llamare-mos administración Iguala, por haberse creado a v i r t u d de este plan, n i de la segunda que titularemos administración Iturbide, que e m p e z ó en M a y o de 1822, y a c a b ó en A b r i l del a ñ o siguiente, por la a b d i c a c i ó n que hizo el m i s m o I t u r b i d e , y por el decreto declaratorio de la n u l i d a d de su p r o c l a m a c i ó n de emperador, n i de la tercera, a que no se acomoda d e n o m i n a c i ó n alguna, y fue la del supremo poder ejecutivo, elegido por el congreso, y que g o b e r n ó hasta el a ñ o de 1824, en que o c u p ó la presidencia el Sr. V i c t o r i a : no dice en sustancia otra cosa el D r . M o r a , sino

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Cjue el partido del progreso estaba representado por las logias

escocesas; cjue estas t r a b a j a r o n c o n e m p e ñ o en su favor; Cjue los

obispos, los cabildos, los frailes y hasta las monjas, se e m p e ñ a -r o n po-r el -ret-roceso; pe-ro Cjue todo no salía de la esfe-ra de u n deseo, y que la sociedad Cjue se f o r m ó no era realmente sino el v i r r e i n a t o de Nueva-Kspaña con algunos deseos vagos de que aquello Juese otra cosa.

Esto, mezclado con ocurrencias posteriores a esas é p o c a s , y expresado de la manera mas confusa y desordenada, es cuanto contiene la revista desde la pagina l a . hasta la 14, y ya se ve cjue de ello n i n g u n a idea favorable o adversa puede formarse de la política cjue rigió a la n a c i ó n en cinco a ñ o s corridos desde 1821, hasta 1826, cjue fue cuando dice el D r . M o r a , que el partido yorkino se apareció como por encanto, fulminando amenazas, anunciando

riesgos. . . y creando un poder formidable, que empezó por desencajarlo todo de sus quicios y acabo cubriendo de ruinas la faz de la república, sin haber establecido un solo principio de progreso.

Asi se hace una revista de cinco a ñ o s en cinco minutos, y asi se sale de los apuros y dificultades cjue p r e s e n t a r í a la relación v e r í d i c a y circunstanciada de la sabia y a c e r t a d í s i m a combina-ción del plan de Iguala, que concillando todos los intereses, pro-porciono lo principal, lo mas importante, lo absolutamente nece-sario, el mayor bien de la patria que era la independencia nacio-nal, i Ya se ve! ¿ C o m o meterse en esas cuestiones, como recordar ocurrencias en que el c o r t í s i m o partido del progreso fue el ú n i c o que resistió y contrario aquel sabio p l a n , trato de denunciarlo y procuro de todas maneras i m p e d i r sus efectos? N o h a b r í a menos embarazo en explicar la conducta de ese partido, soste-niendo d e s p u é s el plan que h a b í a contrariado, porque esperaba que v i n i e r a a ser emperador el principe de L u c a , contrariando los proyectos del establecimiento de u n gobierno republicano, y la e l e v a c i ó n del caudillo que h a b í a hecho la independencia, y todo, todo lo que no m a n t u v i e r a a la n a c i ó n mexicana pen-diente aunque fuese sólo con una hebra, de su antigua madre p a t r i a , o al menos de la culta E u r o p a . Y ¿ c ó m o finalmente p o d r í a n disculparse las intrigas para poner en choque abierto al jefe de la independencia con los antiguos patriotas, llamados insurgentes, que casi todos eran republicanos, que resistían la v e n i d a de los Borbones, y que f á c i l m e n t e se hubieran avenido con los í t u r b i d i s t a s , arreglando sus diferencias y formando u n gobierno puramente nacional, liberal, moderado, m i x t o , y que sin perseguir n i a n i q u i l a r al clero y al ejército mexicano que

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h a b í a n hecho la independencia, h u b i e r a n proporcionado poco a poco, con prudencia y c i r c u n s p e c c i ó n aquella clase de progreso, que solo c o n v e n í a , que solo conviene, que solo c o n v e n d r á a la r e p ú b l i c a mexicana? E l p a r t i d o e s c o c é s , que como confiesa el D r . M o r a , era el que representaba entonces el del progreso, y cuyos directores y jefes principales pertenecen los m á s a la his-t o r i a , por haber m u e r his-t o , y ohis-tros d e s e n g a ñ a d o s de los errores en que i n c u r r i e r o n , no piensan m á s que en repararlos, trabajando p o r la u n i ó n y la paz; ese p a r t i d o , d e c í a m o s , fue el que preci-p i t ó a I t u r b i d e , el que lo e n g a ñ ó , el que d i o el preci-p r i m e r ejempreci-plo d e s p u é s de la independencia, de sublevar al ejército contra el gobierno, y el que sacrificó en Padilla al Sr. I t u r b i d e .

T o d o esto s u c e d i ó en las é p o c a s a que se refiere el D r . M o r a , y de todo ello d e b i ó encargarse si q u e n a escribir una revista polí-tica verdadera, e imparcial. Pero no era este el objeto, sino reco-m e n d a r el progreso y adular al p a r t i d o que quiso d o m i n a r contra la v o l u n t a d manifiesta de la n a c i ó n , que apelo hasta al medio i n d i g n o del ostracismo y la o c u p a c i ó n de las propiedades, y que ha hecho derramar la sangre mexicana a torrentes, en guerras civiles y extranjeras, desde el ano de 1834 hasta la fecha. . . Seguiremos otro d í a , y no dejaremos de la m a n o al D r . M o r a , hasta no haber fijado en su verdadero p u n t o de vista la c u e s t i ó n del progreso, y demostrado que nuestro clero, nuestro ejercito, y sobre todo, la gran m a y o r í a de la n a c i ó n , tienen las luces, la p r u -dencia, la m o d e r a c i ó n y el patriotismo que les niega el D r . M o r a , y que aspiran ai verdadero y sólido progreso.

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