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Caminar - objeto y método : el espacio de la ciudad caminable en Bogotá D.C

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(1)

Hernán Alberto Ortiz Ramírez El espacio de la ciudad caminable en Bogotá

(2)

colectivo. El colectivo es un ente eternamente despierto, eternamente en movimiento, que vive, experimenta, conoce y medita entre los muros de las casas tanto como los individuos bajo la protección de sus cuatro paredes. Para este colectivo, los brillantes carteles esmaltados de los comercios son tanto mejor adorno mural que los cuadros al óleo del salón para el burgués, los muros con el “Prohibido fijar carteles” son su escritorio, los quioscos de prensa sus bibliotecas, los buzones sus bronces, los bancos sus muebles de dormitorio, y la terraza del café el mirador desde donde contempla sus enseres domésticos. Allí donde los peones camineros cuelgan la chaqueta de las rejas, está el vestíbulo y el portón que lleva de los patios interiores al aire libre; el largo corredor que asusta al burgués es para ellos el acceso a las habitaciones de la ciudad. El pasaje fue para ellos su salón. Más que en cualquier otro lugar, en el pasaje se da a conocer la calle como el interior amueblado de las masas, habitado por ellas.”

Walter Benjamin

Paris, Capital del siglo XIX El libro de los pasajes

(3)

CAMINAR: OBJETO Y MÉTODO.

EL ESPACIO DE LA CIUDAD CAMINABLE EN BOGOTÁ D.C.

HERNÁN ALBERTO ORTIZ RAMÍREZ

Trabajo de tesis para optar al título de Magister en Arquitectura

Director

D. Arq. CAMILO SALAZAR FERRO

UNIVERSIDAD DE LOS ANDES

FACULTAD DE ARQUITECTURA Y DISEÑO

DEPARTAMENTO DE ARQUITECTURA

Bogotá D.C.

(4)
(5)

Tabla de contenido

Índice de ilustraciones 5

Lista de Tablas 7

CAPÍTULO 1 8

Introducción 8

Identificación y formulación del problema 11

Delimitación 19

Justificación 21

Hipótesis de trabajo 25

Objetivos 25

Objetivo General 25

Objetivos Específicos 26

Metodología 26

CAPÍTULO 2 29

Marco Teórico 29

El gesto de caminar 29

Teoría General de la Caminabilidad 32

Espacio público: espacio humano 49

Espacio colectivo de la ciudad 57

El espacio público de la movilidad 61

Construcción colectiva de lo público: Urbanismo táctico 76

CAPÍTULO 3 81

(6)

Conclusiones Preliminares 81

Los 96 criterios 90

CAPÍTULO 4 97

Estudio de casos 97

Revisión preliminar de casos 98

Aplicación de modelos 118

Documentación de la puesta en marcha del modelo 125

Comparación de casos 142

Estrategias para la caminabilidad en Bogotá 143

Estrategias de orden estructural 143

Estrategias de orden formal 144

Estrategias relativas a movilidad sostenible 144

Estrategias relativas a edificaciones 145

Conclusiones 146

Futuras Investigaciones 148

Bibliografía 149

Capítulos de libro 152

(7)

Índice de ilustraciones

Ilustración 1 A pesar de cumplir con lineamientos dimensionales y de uso de piezas y mobiliario

urbano para alamedas, hay deformación de las piezas prefabricadas, lo cual genera empozamientos,

tropiezos y por ello se evade el tramo. Fuente: Foto del autor, Carrera 15 Calle 106, Bogotá 2015. .. 14

Ilustración 2 La acera de lozas prefabricadas se deforma generando fracturas en las piezas. Hay un

uso incorrecto de las guías táctiles. Fuente: Foto del autor, Carrera 19 Calle 130, Bogotá 2015. ... 14

Ilustración 3 Franjas funcionales para andenes. Tomado de Secretaría Distrital de Planeación y Taller

del Espacio Público, Cartilla de Andenes, Actualización 2007 (Secretaría Distrital de Planeación y

Taller del Espacio Público 2007, 75) ... 15

Ilustración 4 Andén: 1,20m en franja de circulación, 0,30m en franja de servicio de la calzada, no hay

franjas de amoblamiento ni servidumbre de la edificación. Fuente: Foto del autor, Carrera 19 Calle

128, Bogotá 2015. ... 16

Ilustración 5 Acera invadida por estacionamiento de automóviles, andén deteriorado. Franja de

circulación inferior a 0,80m de ancho y rampa superior a 3,60m de largo. Fuente: Foto del autor,

Carrera 12 Calle 140, Bogotá 2015. ... 17

Ilustración 6 Mobiliario urbano incompleto y deformación de la acera. Fuente: Foto del autor, Carrera

7 Calle 52, Bogotá 2015. ... 18

Ilustración 7 Descripción de Alameda con Ciclorruta en calzada (B-90). Tomado de Secretaría

Distrital de Planeación y Taller del Espacio Público, Cartilla de Andenes, Actualización 2007

(Secretaría Distrital de Planeación y Taller del Espacio Público 2007, 103) ... 24

Ilustración 8 “The Naked City” Cartografía psicogeográfica de París, Guy Debord, 1957, tomada de:

http://www.archdaily.co/co/02-268926/estudios-urbanos-y-ciencias-sociales-conoce-la-revista-urbs/51bb9117b3fc4b01ee00006a ... 31

Ilustración 9 Dimensión: Trabajo en la ciudad. Fuente: Foto del autor, Espacio público frente al Museo

Nacional de Colombia, Bogotá 2015. ... 54

Ilustración 10 Asientos en el marco fijo de la ciudad. Los bordillos funcionan como asiento

suplementario. Fuente: Foto del autor, Espacio público frente al Museo Nacional de Colombia, Bogotá

2015. ... 56

Ilustración 11 Sección de paso pompeyano. Tomado de Secretaría Distrital de Planeación y Taller del

Espacio Público, Cartilla de Andenes, Actualización 2007 (Bogotá: Alcaldía Mayor de Bogotá, 2007),

88. ... 63

Ilustración 12 “Calzada compartida: Prioridad Biciusuarios” Fuente: Foto del autor, Calle 85 Carrera

(8)

Ilustración 13 Isabel Calderón. Palacé Para Todos. 2015. Medellín. Fuente:

http://www.mdeinteligente.co/estrategia/palace-para-todos-espacio-publico/ ...79

Ilustración 14 Isabel Calderón. Palacé Para Todos. 2015. Medellín. Fuente:

http://www.mdeinteligente.co/estrategia/palace-para-todos-espacio-publico/ ...79

Ilustración 15 La prioridad en la calle: Cuando la calle se planea para la movilidad y el tránsito, no hay

lugar para el encuentro social. Cuando la calle se entiende como lugar de encuentro social y

permanencia, también hay espacio para el tránsito. Elaboración propia – adaptación. ...83

Ilustración 16 Ciclo de las actividades. Elaboración propia. ...84

Ilustración 17 Relación entre las 10 Dimensiones de la vida pública y los tipos de actividades que

ocurren en la ciudad. Elaboración propia. ...85

Ilustración 18 Lineamientos y subcategorías del diseño de sectores caminables. Elaboración propia.

...88

Ilustración 19 Distribución de las subcategorías y los criterios de proyección de sectores caminables

...89

Ilustración 20 Comparación en cantidad de metros peatonales exclusivos – prioritarios en cada red

estudiada. ... 117

Ilustración 21 Rango de puntajes obtenidos tras la aplicación del modelo a un caso. ... 120

Ilustración 22 Diagrama de radar según complejidad de las actividades y dimensiones de la vida

pública. El color amarillo agrupa todas las actividades de carácter necesario y sus respectivas

dimensiones, el azul, da cuenta de las actividades opcionales (y resultantes iniciales), y por tanto de

las dimensiones correspondientes, por último, en las franjas de color magenta se ubican todas las

actividades resultantes y las dimensiones que consolida. Elaboración propia, 2015. ... 121

Ilustración 23 Diagrama de radar con cuatro categorías. La línea punteada representa el caso óptimo.

Elaboración propia, 2015. ... 122

Ilustración 24 Ejemplificación de la ubicación de puntajes obtenidos tras la aplicación del modelo de

(9)

Lista de Tablas

Tabla 1 Descripción de franjas funcionales para andenes. Adaptado de Secretaría Distrital de

Planeación y Taller del Espacio Público, Cartilla de Andenes, Actualización 2007 (Secretaría Distrital

de Planeación y Taller del Espacio Público 2007, 75) ... 15

Tabla 2 Objetivos Específicos de la peatonalización en centros históricos, tomado de Heybey (1979,

39) ... 73

Tabla 3 Criterios de diseño de redes en un plan de movilidad sostenible. Adaptado de Herce y

Magrinyà (2012, 93). ... 74

Tabla 4 Criterios de diseño de itinerarios peatonales y para bicicletas. Adaptado de Herce y Magrinyà

(2012, 99). ... 75

Tabla 5 Criterios de diseño de sistemas de estacionamiento para bicicletas. Adaptado de Herce y

Magrinyà (2012, 114). ... 75

Tabla 6 Indicadores ambientales para evaluar el impacto de la intervención del espacio público.

Adaptado de Herce y Magrinyà (2012, 120). ... 76

Tabla 7 Subcategorías y Criterios descritos de lineamientos estructurales de configuración de un

sector caminable. ... 92

Tabla 8 Subcategorías y Criterios descritos de lineamientos formales de configuración de un sector

caminable ... 93

Tabla 9 Subcategorías y Criterios descritos de lineamientos relativos a movilidad sostenible de

configuración de un sector caminable ... 94

Tabla 10 Subcategorías y Criterios descritos de lineamientos relativos a edificaciones de

(10)

CAPÍTULO 1

Introducción

El modelo de ciudad construida en torno al vehículo privado es un desarrollo de naturaleza común en

las ciudades contemporáneas (Herce y Magrinyà 2013), en el cual los límites de la ciudad se

extienden motivados por las nuevas distancias que pueden cubrir los automóviles, ejerciendo sobre

los centros tradicionales, presiones en términos de densidad y ocupación de la infraestructura vial,

que disminuyen notablemente la eficiencia del transporte en las centralidades consolidadas de las

ciudades.

Por otra parte, la misma extensión de los límites de la ciudad, influye en la aparición y consolidación

de procesos de zonificación en los cuales el suelo empieza a fragmentarse de acuerdo a usos

específicos, sean de naturaleza residencial, comercial, industrial, etcétera, desagregando los

componentes funcionales de la ciudad aumentando así la cantidad de recorridos y la distancia entre

estos con lo que los barrios dejan de ser compactos y diversos (Jacobs 1967).

El cambio fundamental en la naturaleza de los barrios influye, a su vez, en la vida pública entre

edificios, ya que un barrio que no brinda soporte a una mezcla de diversos usos en el primer piso de

la ciudad, está generando la desaparición de la función social de la calle debido a la imposibilidad de

estar presente (Gehl 2006) en el espacio público a diferentes horas del día. El soporte a la vida

pública se relaciona a su vez con la composición formal del espacio de la ciudad, y cuando este no

favorece las actividades opcionales1, por falencias arquitectónicas que privilegian la privatización del

espacio con el fin de proveer “recintos seguros” se castiga la permanencia de las personas en la calle

con lo que se reduce considerablemente el contacto2 y terminan por desparecer las actividades

sociales que son la consolidación de la función social de la calle.

También, la planeación del espacio público en la ciudad construida en torno al automóvil particular

modifica la escala urbana ya que cumple con responder a las necesidades de movilidad y ocupación

1 Según Gehl (2006, 19), las actividades en la calle o “actividades exteriores” se dividen en tres: actividades

necesarias, opcionales y sociales. Las primeras son aquellas que deben ser realizadas, como dirigirse al trabajo o al supermercado. Las actividades opcionales, en cambio son aquellas en las que existe el deseo de estar presente y se relacionan directamente con la calidad y buenas condiciones del espacio público, por ejemplo, dar un paseo o tomar el sol en un parque o en un asiento en una plaza. Por último, las actividades sociales, también nominadas como “resultantes”, son aquellas que tienen lugar cuando las actividades necesarias y opcionales se prolongan lo suficiente (debido a muy buenas condiciones de los espacios) y se posibilita el contacto entre personas: conversaciones, saludos, actividades comunitarias y el simple contacto pasivo: ver y oír a otros.

2 Gehl (2006, 82) establece también que “la única manera de generar oportunidades significativas de contacto social en el espacio público es haciéndose presente ‘a pie’”.

(11)

del espacio del tránsito motorizado mientras somete a las personas a sistemas de ordenamiento que

no consideran las necesidades humanas ni de transporte, ya que los sistemas de transporte públicos

reducen su eficiencia a medida que se extienden los límites de la ciudad (Speck 2012), ni de espacio

colectivo, ya que no existe un espacio público que soporte la mezcla (cada vez menor) de usos.

Bogotá es una ciudad que cumple con estas características: Según Peñalosa (2000, 9) la ciudad

obedece a principios de ordenamiento que satisfacen las necesidades de los vehículos antes que las

necesidades de las personas, con lo que se incrementa la suburbanización y se reduce la eficiencia

de los modos públicos de transporte. Castro (2007, 210), corrobora este argumento, estableciendo

que Bogotá ha sido pensada en términos “progresistas”; con esto se refiere a un desarrollo de

infraestructura vial en el que prima un modelo que favorece al vehículo particular con lo cual se

castigan los modos colectivos y no motorizados de viaje, al gestionar un sistema vial que no soporta

las necesidades particulares de estos tipos de transporte.

Además de las consecuencias en términos de movilidad, los impactos negativos en la construcción

social del espacio público se hacen evidentes en Bogotá, donde la calle se ha degradado y

desconectado debido, entre otros motivos, a una cultura temerosa3 en la que se elimina casi

cualquier vínculo directo entre el espacio público y el privado y se implanta una arquitectura que aísla

a las personas y les impide relacionarse directamente con el espacio de la ciudad y hacerse

presentes en éste; esto redunda en la desolación del espacio entre edificios, la reducción de las

actividades exteriores opcionales y por ende, la progresiva desaparición de la función social de la

calle.

Por otro lado, el DADEP4 (2012, 4) sugiere que el espacio público en la ciudad es de carácter residual,

consecuencia de la promoción privada del entorno construido y de la organización de los sectores

centrada en la implantación y ampliación de la infraestructura vial, con lo que se sacrifican las áreas

de circulación peatonal, de encuentro y articulación urbana (Articulación social y recreación) y de

conservación cultural y arquitectónica (Interés general)5 ya que se disminuyen sus dimensiones y se

modifica la prioridad en términos de inversión pública. Esto se evidencia en el indicador de espacio

3 “La manifestación arquitectónica de la búsqueda de la seguridad se materializa a través de diferentes

elementos que en nuestro medio no tardaron en hacerse familiares. Se pueden mencionar, entre otros, parapetos de sólidos muros; control y vigilancia inevitable en cada acceso; cerramientos de antejardines, tanto en vivienda como en edificios institucionales, equipamientos comunales, calles, parques y espacios que por naturaleza son públicos; aditamentos de todo tipo, como alarmas, rejas, serpentines, circuitos cerrados de televisión; escoltas en las calles; vigilancia armada, casi sin excepción, en los conjuntos de vivienda. La ciudadanía, en búsqueda de seguridad, ha propiciado la construcción de una cultura temerosa y afincada en una serie de costumbres que difícilmente dan su brazo a torcer.” (Castro 2007, 210)

4 Departamento Administrativo del Espacio Público.

5 Categorías tomadas de Mecanismos de Recuperación del Espacio Público (Dirección de Sistema Habitacional

(12)

público efectivo en Bogotá que cumple con un 26% del área óptima. También se hace evidente,

según el índice de movilidad (SDP 2013), el impacto negativo generado por la extensión de límites de

la ciudad y la planeación centrada en el automóvil y se plantea desde la administración la necesidad

de motivar los modos alternativos / no motorizados de transporte en la ciudad.

Uno de estos modos es el peatonal. La Teoría General de la Caminabilidad planteada por Speck

(2012, 11), pretende plantear principios de caminabilidad que mejoren las condiciones sociales,

económicas, de movilidad y medio ambientales en las ciudades norteamericanas a partir de

soluciones sencillas a problemas complejos que como objetivo último busca dotar de una naturaleza

más humana a las ciudades contemporáneas.

Respecto a esto, surge una inquietud respecto al papel de la TGC en la generación de estrategias de

caminabilidad en la rehabilitación del espacio público, colectivo y de la movilidad de la ciudad de

Bogotá. Para responder a este cuestionamiento se plantea una metodología de 6 pasos enmarcados

en una investigación exploratoria en la que (1) se verifican antecedentes con el fin de explicar el

papel de la caminata sobre la arquitectura de la ciudad, (2) se describe y profundiza la Teoría

General de la Caminabilidad y se confronta con las teorías de ciudad de Jacobs, Lynch, Gehl entre

otros; (3) se caracterizan los ámbitos de las estrategias de la caminabilidad (Espacio humano,

Espacio colectivo de la ciudad y Espacio público de la movilidad), (4) se describen los conceptos de

urbanismo táctico y placemaking, con el fin de determinar su papel en el desarrollo de planes de

aplicación de principios de caminabilidad, (5) se estudian tres casos de aplicación de peatonalización,

pacificación, atenuación del tráfico o aplicación de principios de caminabilidad en ciudades

latinoamericanas con el fin de contextualizar y revisar los lineamientos obtenidos previamente y (6) se

plantean las estrategias de caminabilidad para un sector particular de Bogotá.

Esta investigación permitirá:

 Definir estrategias de gestión de intervención sobre el espacio público que favorezcan la

regeneración del espacio público, colectivo y de la movilidad en Bogotá.

 Verificar la aplicabilidad de los principios de Caminabilidad en la ciudad latinoamericana,

particularmente en Bogotá.

 Establecer un marco de referencia para la actuación sobre el espacio público de la ciudad con

(13)

Identificación y formulación del problema

Cuando los procesos de planificación de movilidad y de ordenación del espacio público en las

ciudades contemporáneas se ejecutan de manera desarticulada y sin fundamentarse en principios

comunes e interdependientes de organización de los componentes mobiliarios e inmobiliarios,

privados y públicos de la ciudad, toman lugar fenómenos que afectan la vida urbana de los

ciudadanos y la posibilidad de consolidar y usar el espacio colectivo6 al cual tienen derecho. Estos fenómenos inciden en la relación de las personas con los espacios de la ciudad, reconfigurando las

dinámicas de la vida pública y degradando la calidad del entorno urbano.

Estos fenómenos ocurren en el marco de la planeación desarticulada cuyo desarrollo se ha orientado

en torno al automóvil, generando consecuencias perjudiciales para las ciudades y las personas, tanto

en términos de movilidad como de espacio público. Entre estas consecuencias, según Monheim

(1977, 50), se encuentran la destrucción de la arquitectura histórica de la ciudad, la reducción, casi

hasta la eliminación, de las franjas de tránsito distinto al motorizado, la separación de los sectores de

la ciudad por la implantación de grandes vías de tráfico ininterrumpido7, el fenómeno de demanda

inducida8, la suburbanización, como producto de la congestión y de la imposibilidad de andar y

permanecer en las calles de los barrios cercanos al centro de la ciudad, la desaparición de la función

social de la calle, la reducción de la eficiencia del transporte público y la gradual desaparición de

peatones y ciclistas del entramado urbano.

Otras consecuencias, de este tipo de desarrollo, son enumeradas por Jacobs (1967, 359) y Speck

(2012, 65); el zoning9, los cambios de densidad y estructura barrial, tendientes a extender los límites

urbanos, la desaparición de los distritos barriales (fundamentalmente céntricos) caracterizados por

6 El concepto de espacio colectivo, se emplea según la acepción de Cerassi que lo define “como el sistema

unitario de espacios y edificios englobados en el territorio urbanizado que tienen una incidencia sobre la vida colectiva, que definen un uso común para amplios estratos de la población y que constituyen la sede y los lugares de su experiencia colectiva.” (1990, 87).

7 Lynch (1960, 34) establece que este fenómeno favorece además, la desaparición del vínculo mental entre

sectores de la ciudad con lo cual se degrada la imagen de la ciudad como un todo y hace más compleja la ubicación geográfica en el espacio construido de esta.

8 La demanda inducida es definida por Speck como un fenómeno en el que las ciudades que aumentan su

infraestructura para satisfacer la demanda de ocupación del tráfico rodado resultan congestionadas, nuevamente, en poco tiempo, generando la “necesidad” de incrementar la infraestructura vial, que motivará el incremento de viajes en vehículo generando nuevas congestiones e iniciando así nuevamente el ciclo: “Induced demand is the name for what happens when increasing the supply of roadways lowers the time cost of driving, causing more people to drive and obliterating any reduction in congestion” (Speck 2012, 82)

9 El desmantelamiento de las ciudades en sus áreas según sus funciones (zoning o zonificación) rige, según el

autor, la configuración consolidada de las estructuras urbanas, sacrificando en ocasiones la vida cívica en las comunidades ya que como ocurre en las zonas suburbanas la carencia de polifuncionalidad de la ciudad disminuye dramáticamente el uso del espacio público. Frente a esto, el autor propone una drástica recomposición de los códigos y planes urbanos de zonificación, estableciendo “Cities, if they are to become whole again, must not only reform their codes but must earnestly labor to reestablish a proper balance of activities downtown.” (Speck 2012, 106)

(14)

mezcla de usos, inseguridad en el espacio público fundamentalmente debido a la baja densidad de

personas presentes, carencia de identidad comunitaria y de parques y plazas que garanticen la vida

pública. Estas consecuencias son de carácter urbano, y los autores coinciden en establecer que el

actor mayormente afectado es el peatón ya que en términos de movilidad es desplazado y

comprimido bajo normas de ordenamiento e infraestructuras que responden a las necesidades del

tránsito motorizado, y en términos de uso de la ciudad y su espacio público, enfrenta la modificación

de la naturaleza humana de la escala y velocidad de una ciudad donde es el automóvil el elemento

que prima en términos de ocupación del suelo.

Estos fenómenos y sus consecuencias no son ajenos al caso de Bogotá. Enrique Peñalosa (2000, 9),

ex alcalde de la ciudad, sugiere que el espacio público en ciudades como Bogotá, diseñadas para

satisfacer las necesidades de los vehículos impiden el disfrute de la ciudad a las personas, quienes

en busca de espacios descongestionados establecen suburbios que extienden la ciudad a zonas

donde deja de ser viable la implantación de sistemas de transporte público, plazas, parques y

equipamientos, con lo cual se deja de satisfacer la necesidad del ciudadano de encontrarse con otras

personas en el espacio público. De otro lado Blanca Duran, directora del Departamento

Administrativo de la Defensoría del Espacio Público (2011 – 2014), en Sentido Urbano 1 (DADEP

2011, 4), establece que en la ciudad, el espacio público es de carácter residual, producto de la

urbanización privada y no se presenta como debería, es decir, como un “eje central a partir del cual

se debe planear la ciudad”10.

Bogotá es una ciudad con una “centralidad consolidada” (Acevedo et al. 2009; Institut de recherche

pour le développement 2002) en la cual se ha venido intensificando el uso del vehículo privado que

incrementa la congestión en las zonas más densas de la ciudad, motivando la creación de nuevos

sectores de naturaleza suburbana 11 como ocurre en el modelo de crecimiento de ciudad

norteamericana, donde el fortalecimiento de la oferta vial casi garantiza la constante expansión de los

bordes de la ciudad. Esa expansión de bordes, como se mencionó previamente, impide la

implementación de un sistema de transporte público que reduzca la segregación, exclusión e

inequidad en términos de empleo, educación, servicios de salud y esparcimiento y además sus

10 Sentido Urbano 1, Espacio público, Sentido Urbano (Bogotá, D.C.: Alcaldía Mayor de Bogotá, 2011),

http://extranet.dadep.gov.co/publicaciones/sentido_urbano1/sentido%20urbano/.

11 Villarraga (2009, 30) propone que la descentralización en sub-centros regionales, la desconcentración de actividades industriales y el crecimiento en torno a “ejes principales de tránsito” (2009, 7) ha favorecido una tendencia al incremento de los procesos de suburbanización, en lo que el autor denomina primera corona (Soacha: 1983 – 1995), segunda corona (10 municipios aledaños, entre ellos Chía Cajicá, Cota, Tenjo, Funza, Mosquera: 1995 – 2005) y tercera corona (8 municipios, entre ellos Guasca y La Calera: desde 2005). Estos procesos han marcado incrementos poblacionales en las nuevas zonas suburbanas de hasta el 34% por desplazamientos emigratorios, con lo cual se evidencia la relación de la extensión de los límites de la ciudad con la consolidación de nuevos sectores “sub-centrales” en la periferia de Bogotá.

(15)

características impiden ofrecer un servicio que desmotive el uso del vehículo particular a partir de la

oferta de desplazamientos más democráticos.

El espacio público en Bogotá, se encuentra fragmentado y no favorece la presencia de las personas

en la calle de la ciudad; la cultura temerosa mencionada por Castro (2007, 210) resulta en

composiciones arquitectónicas (privadas y públicas) que no favorecen la consolidación de la calle

como espacio de encuentro social por diversas razones. Una de ellas es la aparición de espacios de

transición rígidos y cerramientos que separan la propiedad privada del espacio público impidiendo el

contacto directo de la vivienda con la calle. Otra razón, es la ausencia de lugares de permanencia

que propicien la consolidación de las actividades exteriores sociales, que a su vez facilitan el control

social del territorio. Por último, la desarticulación de los espacios públicos efectivos y no efectivos

disminuye los recorridos a pie y los lugares de encuentro de los peatones se reducen en número,

haciendo que el panorama de la ciudad orientada hacia el automóvil prevalezca.

Uno de los motivos que propician dicha desarticulación corresponde al estado actual de andenes,

alamedas y vías peatonales12 en Bogotá; algunas de las características que dan cuenta del estado13

de los corredores peatonales y de su déficit cualitativo14 están enmarcadas en criterios como

Accesibilidad, Fases peatonales, Zonas de convivencia, Cruces, Coherencia y Espacio público (GSD

2013). En términos de accesibilidad, se establece que además de la ausencia de infraestructura,

existen barreras físicas que obstaculizan los recorridos peatonales y afectan su continuidad, entre

ellos se encuentra el diseño incorrecto de rampas, la instalación y mantenimiento inadecuados de

piezas prefabricadas como sardineles, lozas, tabletas, adoquines, bordillos, remates y cañuelas

(Ilustración 1) y el uso de barreras de seguridad en lugares donde no son necesarios.

12 Estos tres elementos son áreas “destinadas exclusivamente al tránsito de los peatones” (Dirección de Sistema Habitacional 2005, 15). Se definen así, Anden: “área lateral de una vía, destinada a la permanencia y al tránsito exclusivo de peatones.” Alameda: “Franja de circulación peatonal arborizada y dotada del respectivo mobiliario urbano.” (Instituto de Desarrollo Urbano 2007, 9) Vía peatonal: “Zona de espacio público, destinada para el tránsito exclusivo de peatones.” (Dirección de Sistema Habitacional 2005, 16)

13 El estado de la infraestructura peatonal en Colombia está calificada con 2 en una escala de 1 a 5 donde 5 es la mejor posible. (“¿Cómo Están Las Carreteras de Colombia En Seguridad Vial?” 2013)

14 Según el Decreto 1504 de Agosto de 1998, Capítulo 2, “Artículo 13º.- El déficit cualitativo está definido por las

condiciones inadecuadas para el uso, goce y disfrute de los elementos del espacio público que satisfacen necesidades, colectivas por parte de los residentes y visitantes del territorio, con especial énfasis en las situaciones de inaccesibilidad debido a condiciones de deterioro, inseguridad o imposibilidad física de acceso, cuando éste se requiere, y al desequilibrio generado por las condiciones de localización de los elementos con relación a la ubicación de la población que los disfruta.” (Secretaría General de la Alcaldía Mayor de Bogotá 1998)

(16)

Ilustración 1 A pesar de cumplir con lineamientos dimensionales y de uso de piezas y mobiliario urbano para alamedas, hay deformación de las piezas prefabricadas, lo cual genera empozamientos, tropiezos y por ello se evade el tramo. Fuente: Foto del autor, Carrera 15 Calle 106,

Bogotá 2015.

Ilustración 2 La acera de lozas prefabricadas se deforma generando fracturas en las piezas. Hay un uso incorrecto de las guías táctiles. Fuente: Foto del autor, Carrera 19 Calle 130, Bogotá 2015.

(17)

En cuanto a las fases peatonales, se evidencia la aplicación incorrecta de losas táctiles con guías

como se muestra en la Ilustración 2 (Estas lozas son empleadas para alertar y guiar a personas con

movilidad reducida visual), en algunos andenes, no existe uniformidad entre fases debido a

instalación incorrecta o cambios topográficos del suelo, ni se configuran de acuerdo a los

lineamientos de dimensiones mínimas de franjas funcionales (Ilustración 3, Tabla 1) establecidas en

la Cartilla de Andenes (Secretaría Distrital de Planeación y Taller del Espacio Público 2007) y por

este motivo, las dimensiones mínimas de diversos andenes en Bogotá no presentan las condiciones

óptimas para el tránsito peatonal (Ilustración 4).

Ilustración 3 Franjas funcionales para andenes. Tomado de Secretaría Distrital de Planeación y Taller del Espacio Público, Cartilla de Andenes, Actualización 2007 (Secretaría Distrital de Planeación y Taller del Espacio Público 2007, 75)

Franja Nombre Descripción Dimensión

FS Servicio de la

calzada

Protección entre tráfico rodado y peatonal, ubicación

de rampas, semáforos, alumbrado y señalización.

0,50m (min.)

FA Amoblamiento Mobiliario urbano y vegetación, no puede interferir

con la circulación, puede suprimirse si se aplica en la

SE

0,60m (min.)

FC Circulación Circulación peatonal, sin obstáculos, dependiente del

flujo vehicular adyacente, incluye franja táctil.

1,60m (min.)

SE Servidumbre

de la

edificación

Contigua a fachadas, proteger peatón de apertura de

puertas y ventanas, zonas de permanencia, puede

incluir mobiliario, puede ser suprimida

1,00m (min. Si hay uso

comercial)

TOTAL MÍNIMO 2,70m (min., sin franja SE)

3,70m (min., con franja SE)

Tabla 1 Descripción de franjas funcionales para andenes. Adaptado de Secretaría Distrital de Planeación y Taller del Espacio Público, Cartilla de Andenes, Actualización 2007 (Secretaría Distrital de Planeación y Taller del Espacio Público 2007, 75)

(18)

Ilustración 4 Andén: 1,20m en franja de circulación, 0,30m en franja de servicio de la calzada, no hay franjas de amoblamiento ni servidumbre de la edificación. Fuente: Foto del autor, Carrera 19 Calle 128, Bogotá 2015.

Por otra parte, en cuanto a las zonas de convivencia, se evidencia la obstaculización de la circulación,

por invasión de automóviles estacionados en las vías peatonales; esto implica una afectación en la

continuidad de los recorridos a pie y el deterioro de los andenes por el peso y flujo de los vehículos

sobre las zonas exclusivas para las personas (Ilustración 5). Esto ocurre en sectores de diferente

vocación, sin embargo, donde prima el uso industrial, la infraestructura peatonal, sufre los mayores

(19)

Ilustración 5 Acera invadida por estacionamiento de automóviles, andén deteriorado. Franja de circulación inferior a 0,80m de ancho y rampa superior a 3,60m de largo. Fuente: Foto del autor, Carrera 12 Calle 140, Bogotá 2015.

Según el Proyecto de Acuerdo 189 de 2010 del Concejo de Bogotá, se establece que existe una

aplicación incorrecta de piezas en andenes que no corresponden a la vocación del sector, por

ejemplo, cuando se emplean piezas prefabricadas como losetas donde se deben aplicar adoquines

rojos en zonas históricas.

Respecto a los cruces, se evidencia la discontinuidad de los itinerarios peatonales, principalmente por

ausencia de demarcación, ya que cuando estos se encuentran con la calzada, en ocasiones, no se

aplica el tratamiento de esquinas establecido en la Cartilla de Andenes, con lo cual se ve afectada la

movilidad a pie y la percepción de seguridad ya que es difícil identificar el destino seguro y además,

la ausencia de separador hace imposible el cruce por etapas, incrementando el riesgo de accidente.

En cuanto a Coherencia y Espacio público, se evidencian inconsistencias en la planeación de

recorridos en relación a los itinerarios y el emplazamiento de mobiliario urbano que resulta afectando

a todos los actores que hacen uso del espacio de la ciudad directamente. Algunos ejemplos de esto

son las pendientes transversales de alta inclinación, los bolardos y contenedores de vegetación que

interrumpen recorridos peatonales, las áreas con mobiliario urbano incompleto (Ilustración 6), la

implementación de paraderos del servicio de transporte público que reducen las franjas de circulación

a pie a la mitad del mínimo establecido, las franjas de rampa que superan los 3,60m y favorecen la

(20)

Ilustración 6 Mobiliario urbano incompleto y deformación de la acera. Fuente: Foto del autor, Carrera 7 Calle 52, Bogotá 2015.

En cifras se puede notar como en Bogotá, debido a la desarticulación entre la planeación de la

movilidad y el espacio público y el descuido de los andenes, (entre otros motivos), no se satisfacen

los indicadores establecidos por ninguna norma: El decreto 215 de 2005, establecido en el Plan

Maestro de Espacio Público determina que el espacio público efectivo15 debería responder a un

indicador de 10m2/hab., en el cual 6m2 corresponden a parques, plazas y plazoletas y los 4m2

restantes corresponden a estructura ecológica principal recuperada; por otra parte, el artículo 14 del

Decreto Nacional 1504 de 2008 determina un índice mínimo de espacio público efectivo de

15m2/hab16. Si se revisa el indicador de espacio público efectivo de Bogotá a 2013: 3,93m2/hab.,

bajo el decreto de 2005 o 2008 se evidencia el déficit de este tipo de espacio para los bogotanos.

15 El espacio público efectivo corresponde, para fines de la determinación de los indicadores a zonas verdes,

parques, plazas y plazoletas. El espacio público no efectivo comprende alamedas, vías peatonales, andenes, ciclo rutas, sistema de áreas protegidas, zonas de ronda hidráulica, calzada y separadores

16 Sentido Urbano 2, Espacio público, Sentido Urbano (Bogotá, D.C.: Alcaldía Mayor de Bogotá, 2013),

(21)

Según la Encuesta de Movilidad 201117, en Bogotá, el 46% de los viajes entre 3 y 15 minutos y el

28% de los viajes superiores a 15 minutos, es decir casi la tercera parte, se realizan a pie, esto

representa una importante participación de este tipo de desplazamiento en la ciudad; teniendo en

cuenta la necesidad de motivar los modos alternativos de desplazamientos18 y el papel del peatón en

la construcción social del espacio público19, se evidencia la importancia de la consolidación de un

sistema de recorridos que articule el espacio público efectivo y no efectivo, motive la movilidad no

motorizada y favorezca la mezcla de velocidades a través la caminata en la ciudad.

De acuerdo a la evidencia presentada previamente se establece que en Bogotá, existe un déficit de

espacio público efectivo que responde a modelos de organización y planeación de ciudad en torno al

automóvil. Esto genera consecuencias como la priorización del vehículo sobre el ser humano, el

descuido del espacio público, la desarticulación del espacio público efectivo y no efectivo, la gradual

desaparición de la función social de la calle y del espacio colectivo, la extensión de los bordes y la

fragmentación de la ciudad en sectores con nuevas centralidades, entonces,

¿Existen estrategias de diseño y rediseño de la ciudad caminable que puedan ser aplicadas al caso

de Bogotá para regenerar el espacio público y consolidar el espacio colectivo a partir de la

priorización de la caminata como método de transporte alternativo?

Delimitación

La investigación pretende revisar el concepto de Caminabilidad, planteado por Jeff Speck, a la luz de las teorías de ciudad de autores como Jacobs, Gehl, Peters y Lynch (entre otros) con el fin de

ampliar la definición y determinar la relevancia de la teoría de la caminabilidad en la consolidación del

espacio público en la ciudad. Para comprender la manera en que puede ocurrir esta consolidación,

otros conceptos a definir son los de espacio colectivo, espacio humano y espacio de la movilidad en las ciudades, con lo cual se describen los ámbitos de aplicación de los principios de caminabilidad

y se articula una propuesta que permita comprender el papel de la teoría en la planeación del espacio

público.

17Encuesta de Movilidad de Bogotá 2011 (Bogotá, D.C.: Alcaldía Mayor de Bogotá, 2011).

18 Intención declarada por la Alcaldía de Bogotá en Sentido Urbano 1.

19 Tanto Castro (2007, 207) como Gehl (2006, 41) coinciden en determinar que el papel del peatón es vital en la

animación y vitalidad del espacio de la ciudad, ya que las oportunidades significativas para el contacto, ocurren cuando las personas recorren a bajas velocidades los ámbitos públicos de “igualdad y dignidad”; allí se hacen presentes, contemplan, son contemplados y fomentan los lugares de encuentro que brindan soporte a las actividades sociales, fortaleciendo la identidad y la cohesión social, mejorando la calidad de vida en la ciudad.

(22)

El concepto de Espacio colectivo se aborda con el fin de determinar de qué manera un grupo humano

se relaciona en/con el espacio público y cómo crea imágenes de la ciudad y una identidad cultural

relativa a esta. La aproximación al concepto de Espacio humano, se realiza con el fin de describir la

manera en que el entorno construido puede favorecer el desarrollo de actividades humanas en el

espacio público, como caminar o descansar. Por último, el espacio de la movilidad se define, para

describir la relación entre el espacio público efectivo y no efectivo, mientras se caracteriza la

caminata como modo no motorizado de desplazamiento en la ciudad.

Además, de estos conceptos, se define el Urbanismo Táctico, bajo el cual se evalúa la posibilidad de aplicar los principios de caminabilidad de manera alternativa aplicando modos de gestión

ciudadana, diferentes a los tradicionales, de iniciativa pública. Esto, debido a que los principios de la

caminabilidad, al igual que los del urbanismo táctico se fundamentan en la idea de realizar

intervenciones sencillas en la ciudad, que impacten notablemente el espacio colectivo de la ciudad y

la vida social entre edificios.

La definición de la TGC (Teoría General de la Caminabilidad), se desarrolla con el fin de definir

variables de evaluación o lineamientos de tres casos de proyectos de peatonalización o mezcla del

tráfico, exitosos en centros tradicionales en ciudades latinoamericanas, previos al año 2012. Uno de

estos casos se ubica en Bogotá con el fin de comparar el caso local con los otros dos casos

estudiados para responder a la pregunta de investigación y conseguir definir el papel de la TGC en

Bogotá.

El propósito de la investigación es formular una conjunto de estrategias de orden técnico de

intervención del espacio público de la ciudad, susceptibles de ser ejecutadas desde la iniciativa

ciudadana para mejorar la caminabilidad en los barrios centrales de las localidades de Santa Fe y La

Candelaria en Bogotá, con el fin de recuperar el espacio público efectivo, articularlo con el no efectivo,

(23)

Justificación

La implantación de principios de ordenamiento urbano que respondan a las necesidades de movilidad

y ocupación del espacio público propias de las personas antes que de los vehículos motorizados

consigue (entre otros beneficios), según Gotschi y Mills (2008, 12), la reducción de kilómetros

conducidas con lo cual se favorece la movilidad de la ciudad de tres maneras:

La primera, sugiere que las inversiones en la promoción del transporte a pie y en bicicleta favorece la

reducción de viajes cortos en automóvil particular, reduciendo así la congestión empleando itinerarios

igual de convenientes a los motorizados. La segunda, establece que los viajes en vehículo particular

pueden reemplazarse por desplazamientos en el sistema de transporte público, siempre y cuando la

red peatonal y de bicicletas se integre adecuadamente con las paradas y estaciones. La tercera,

plantea que al potenciar la infraestructura para desplazamientos no motorizados, las distancias

recorridas se hacen más cortas, con lo cual los barrios tienden a diversificarse en usos y se hace

posible acceder a pie a servicios a los que antes sólo se podía acceder en automóvil.

Por otra parte, Herce y Magrinyà (2013, 35) sugieren que dichos itinerarios peatonales en la ciudad,

garantizan la consolidación de un sistema intermodal de movilidad realmente significativo que

favorece la articulación de la red peatonal con plazas, plazoletas y parques, mientras mejora la

economía del sector ya que se incrementan las zonas comerciales en el centro del distrito y se

disminuye el uso de zonas comerciales en la periferia. Un sistema multimodal, según Gotschi y Mills

permite “un uso óptimo de recursos limitados, como combustible, suelo, tiempo y dinero, en primera instancia, y mejora la salud pública y el medio ambiente” (2008,17).

Otros beneficios de implantar itinerarios peatonales o de incrementar la caminabilidad en un sector de

la ciudad, según Speck son de naturaleza económica, de salud pública y de carácter sostenible (2012,

17). En primer lugar, respecto a los beneficios económicos de la gestión y diseño de ciudades

caminables, ocurre un fenómeno de atracción de ciudadanos más jóvenes – generaciones más

creativas y emprendedoras – a las ciudades cuya vida en la calle es más evidente20. Este fenómeno,

a su vez responde a factores como el cambio de expectativas generacionales frente a la ciudad: en

primer lugar, las generaciones más jóvenes responden a motivaciones relacionadas con la autonomía

que ofrecen las ciudades (principalmente las caminables) frente a la dependencia hacia un vehículo,

la oferta de tipos y usos de espacio público y el ahorro en gastos relacionados con el transporte

privado. Además, las generaciones más viejas responden a una necesidad declarada de ubicarse en

20 “Surveys show how creative-class citizens (…) vastly favor communities with street life, the pedestrian culture that can only come from walkability.” (Speck 2008, 17)

(24)

ciudades donde encuentren los servicios a su alcance más inmediato, en distancias que se puedan

cubrir a pie.

La concentración de los ciudadanos jóvenes en ciertas zonas de la ciudad, principalmente ocurre en

las zonas céntricas, donde la economía local se ve impactada positivamente debido al incremento de

habitantes con altos índices de formación superior que a su vez son más emprendedores y creativos

(Florida 2009). La agrupación de estos jóvenes favorece la aparición de colectividades creativas que

reorganizan los sectores con el fin de dar lugar a negocios propios, novedosos y diferentes que

potencian el crecimiento económico del barrio e incrementan la diversidad de usos en este,

ampliando la oferta de servicios que reduce los desplazamientos motorizados y así, comienza a

cumplirse el objetivo de consolidar sectores de naturaleza compacta y diversa. Por otra parte, el

crecimiento de la demanda de barrios o comunidades caminables, resulta en un incremento en el

valor de la finca raíz ya que la percepción de la caminabilidad en los grupos mencionados

previamente, está estrechamente vinculada con la calidad de vida, factor decisivo al momento de

adquirir una vivienda21.

En segundo lugar, en cuanto a los beneficios relacionados con la salud de los habitantes de la ciudad,

se establece que los ciudadanos norteamericanos que se ubican en las zonas periféricas de la ciudad

tienen un índice de masa corporal más alto que los ciudadanos que se ubican en la zona más central

de las ciudades, donde pueden caminar para acceder a diversos servicios ofrecidos por la ciudad ya

que no necesitan emplear un automóvil particular para hacer uso de dichos servicios22. Otros

beneficios relacionados con la salud tienen que ver con la descontaminación del aire, con lo cual

disminuyen las afecciones respiratorias de los ciudadanos; se presenta una reducción en los

accidentes de tránsito, se aumenta la seguridad en las calles debido a la presencia de personas

usando la calle (Jacobs, 1967) y por último se evidencia una disminución de la presión arterial y los

niveles de estrés, mientras aumenta la tolerancia a la frustración en relación inversamente

proporcional a la cantidad de tiempo conduciendo un vehículo particular, con lo cual se protege el

corazón (ya en riesgo, por la obesidad) de ataques y accidentes vasculares.

En tercer lugar, los beneficios relativos a la sostenibilidad medioambiental de las ciudades: la

reducción en el uso de vehículos privados en comunidades caminables genera dos tipos de impacto

21 “In a typical example, in Charlotte, North Carolina, Cortright found that an increase in Walk Score from the

metropolitan average of 54 (somewhat walkable) to 71 (very walkable) correlated with an increase in average house price from $280.000 to $314.000.” (Speck 2008, 27)

22 “…a six-year analysis of 100,000 Massachusetts residents found that the lowest body mass index averages were located in Boston an its inner-ring suburbs, while the highest could be found in the “car dependent” outer ring surrounding Interestate 495. The Boston Globe noted that “health officials suggest these higher rates are due, in part, to a lack of opportunities for everyday recreation and the time-squeezed lifestyle of many residents who have long commutes”.” (Speck 2008, 41)

(25)

favorecedor a nivel ambiental: el primero, y más evidente, la reducción de emisiones de gases

invernadero y la segunda, un poco más compleja: la reducción del crecimiento de las zonas de

influencia de las ciudades y la des-densificación de la zona compacta urbana23.

En Bogotá, la evidencia muestra las ventajas de motivar los modos no motorizados de transporte: En

el periodo 2002 – 2012, la cantidad de vehículos particulares se ha triplicado y esta tendencia al

crecimiento se preservará hasta 2040 (SDP 2013, 500) mientras que la tendencia de uso del

transporte público cada vez se reducirá cada vez más. Sin embargo, el indicador de calidad de la

movilidad en Bogotá no se ve impactado negativamente en gran medida, debido a que el somero

incremento en la tendencia de viajes en modos no motorizados compensa el impacto del aumento en

el uso de vehículos motorizados (Bocarejo 2009, 98).

Esto se evidencia en las localidades de la ciudad donde se presenta un bajo nivel de ingresos, allí es

también bajo el indicador de calidad de la movilidad24, sin embargo, dicho indicador en el caso de la

UPZ Patio Bonito, por ejemplo, aumenta debido a la cantidad de viajes realizados en bicicleta. De

acuerdo a esto, se evidencia que los modos alternativos de transporte en Bogotá (la inversión en

infraestructura y su promoción) tienen un impacto directo sobre el mejoramiento de la calidad de la

movilidad, aunque evidentemente existen otros frentes de acción como el incremento de costo de

conducir un vehículo particular y la integración eficiente del sistema de transporte público.

Un ejemplo de la inversión en infraestructura favorecedora de los modos no motorizados de

transporte en Bogotá son las Alamedas25, que surgieron en el marco del Plan de Desarrollo “Formar

Ciudad”26 en el año 1995, como elementos estructurantes de ciudad, promotores de la integración

ciudadana y del uso de modos no motorizados de transporte; los objetivos de este tipo de red, son

complementar el sistema de transporte público, propiciar el mantenimiento y recuperación del espacio

público de la ciudad y desmotivar el uso del automóvil particular (Avendaño et al. 2012).

Los principios de diseño de las alamedas en Bogotá buscan favorecer los recorridos peatonales

empleando recursos como continuidad en el nivel, longitud mínima de 500m, ancho mínimo de 8m,

priorización de la cota peatonal en cruces, uso de adoquines, lozas y losetas antideslizantes y

23 Speck cita a Owen quien en Green Metropolis establece: “The real problem with cars is not that they don’t get enough miles per gallon; it’s that they make it too easy for people to spread out, encouraging forms of development that are inherently wasteful and damaging… The critical energy drain in a typical American suburb is not the Hummer in the driveway; it’s everything else the Hummer makes possible – the oversized house and irrigated yards, the network of new feeder roads and residential streets, the costly and inefficient outward expansion of the power grid, the duplicated stores and schools, the two hours solo commutes” (Speck 2008, 55) 24 Datos obtenidos del informe ÍNDICES DE CIUDAD de la SDP (2013, 514)

25 Según el Instituto de Desarrollo Urbano, IDU, la alameda se define como una franja de circulación

exclusivamente peatonal de 8m de ancho mínimo, en donde se pueden ubicar al menos dos franjas de arborización paralela, “dotada de mobiliario urbano necesario para el disfrute de su recorrido y la recreación”. 26 (Departamento Administrativo de Planeación Distrital 1995)

(26)

mobiliario urbano como sillas, alumbrado público, barreras de seguridad, bolardos (según

indicaciones de las Cartillas de Andenes y de Mobiliario Urbano). Además, en términos de forma, las

alamedas se caracterizan por componerse por una franja de circulación peatonal, una ciclorruta

(opcional), una franja de mobiliario urbano, mínimo dos de arborización y zonas de permanencia

como parques y plazas (Ilustración 7).

Ilustración 7 Descripción de Alameda con Ciclorruta en calzada (B-90). Tomado de Secretaría Distrital de Planeación y Taller del Espacio Público, Cartilla de Andenes, Actualización 2007 (Secretaría Distrital de Planeación y Taller del Espacio Público 2007, 103)

Por último, los objetivos de la red de alamedas son: funcionar como red que envuelve a Bogotá

conformando un límite urbano, generar un límite físico sobre las franjas de protección ambiental,

(27)

áreas de expansión y organizar los sectores consolidados que se han desarrollado sin ninguna

planeación (IDU, 2009). Estos objetivos evidencian el papel de los itinerarios peatonales como

articuladores del espacio público efectivo y no efectivo de la ciudad además de su vocación como

elementos de organización del espacio de la ciudad tanto a nivel arquitectónico como en términos del

sistema de transporte público.

De acuerdo a esto, es útil confrontar la TGC con las condiciones de la ciudad latinoamericana, con el

fin de determinar cuál es el papel que esta teoría juega en el caso particular de Bogotá donde, como

se menciona previamente, el espacio público se presenta como residuo de la gestión privada, y la

planeación de la movilidad se realiza en torno al automóvil particular, a pesar de los esfuerzos en el

diseño e implantación de las redes de alamedas. Esta investigación busca la creación de elementos

de juicio para la toma de decisiones, locales o distritales, de transformación de espacio público con

fines de peatonalización o incremento de la caminabilidad en la capital para dar lugar a los beneficios

mencionados antes.

Hipótesis de trabajo

Un sector caminable en la ciudad latinoamericana, es aquel en el que la organización del espacio

público responde a las necesidades de escala humana y da lugar a diversas actividades exteriores

que favorecen la consolidación de una identidad cultural colectiva.

Objetivos

Objetivo General

Proponer estrategias de regeneración del espacio público en un sector de Bogotá que se

fundamenten en la aplicación de principios de la teoría general de la caminabilidad con el fin de

(28)

Objetivos Específicos

 Revisar el papel histórico de la caminata y su relación con el espacio construido y la

arquitectura de la ciudad.

 Describir y confrontar la Teoría General de la Caminabilidad con teorías de la ciudad

posmodernas con el fin de verificar su pertinencia en la ciudad actual.

 Verificar la aplicabilidad de la Teoría General de la Caminabilidad en la ciudad

latinoamericana, particularmente en Bogotá, a partir de lineamientos construidos tras revisar

la teoría en términos de espacio humano, colectivo y de la movilidad.

 Describir el papel del urbanismo táctico en la aplicación de los principios de diseño de la

ciudad caminable.

Metodología

Partiendo del cuestionamiento referente a la articulación del espacio público, la consolidación del

espacio colectivo de la ciudad y el incremento de los viajes a pie como método de transporte

alternativo, a partir del diseño de la aplicación de principios de la caminabilidad, producto del

planteamiento de una situación problema en torno al Espacio Público Efectivo27 en Bogotá, se

establecen seis etapas de desarrollo del proyecto, que apoyado en tres estudios de caso, pretenden

evidenciar las estrategias que favorezcan la satisfacción de los objetivos mencionados previamente

en un sector específico en la ciudad de Bogotá.

Etapa 1: Determinación de antecedentes. En esta etapa se establece el papel del caminante y el acto

de caminar como gesto arquitectónico de construcción de ciudad, antes del gesto físico de

implantación de la trama urbana, desde un paisaje simbólico que se nutre desde el espacio colectivo

de la ciudad mientras lo consolida, con el fin de evidenciar la relación del caminante con la ciudad y

de argumentar la relevancia del peatón en los procesos de comprensión, inventariado y

reorganización del espacio público de la ciudad. A su vez, se presenta el recorrido histórico que

realiza Francesco Careri en Walkscapes (2002) para describir la manera en que la construcción de

territorios (simbólicos y tangibles) se ha efectuado en diferentes momentos de la historia de la

humanidad a partir del gesto de la caminata.

Etapa 2: Descripción y profundización de la Teoría general de la caminabilidad (TGC). Una vez

caracterizada la relación caminante – ciudad, se presenta la Teoría general de la caminabilidad

propuesta por Jeff Speck (2012) en Walkable City y se describen los 10 pasos que favorecen la

(29)

consolidación de comunidades caminables. Estos pasos se revisan a partir de textos de Jacobs

(1967), Monheim – Peters (1977), Lynch (1970) y Gehl (2006, 2013) con el fin de contrastar la

propuesta de la TGC de Speck, con textos tradicionales del urbanismo postmoderno, para enriquecer,

confrontar y evaluar la pertinencia de la teoría y construir una primera herramienta de evaluación de

indicadores para determinar los factores que favorecen la caminabilidad en una zona de la ciudad.

Etapa 3: Delimitación del ámbito. El ámbito de influencia se define como el espacio público de la

ciudad producto de la suma de tres categorías conceptuales que se describen en esta etapa. Dichas

categorías de espacio son Espacio humano, Espacio colectivo de la ciudad y Espacio público de la

movilidad.

 El primero, se describe desde la teoría de la humanización del espacio de las ciudades

contemporáneas de Jan Gehl (2006; 2013), con el fin de determinar la manera en que las

formas construidas según la escala del ser humano influyen sobre la manera en que se

consolidan las relaciones colectivas de las personas en la ciudad.

 El segundo, se describe fundamentado en la definición de Cerasi (1990), con el fin de

determinar la manera en que se construyen las relaciones en el espacio público entre

personas que interactúan con los bienes muebles e inmuebles comunes de la ciudad.

 El tercero, se describe desde la teoría de la planeación del espacio público y la movilidad

regida por principios comunes e interdeterminados de Herce – Magrinyà (2013) y Peters

(1977), con el fin de determinar la manera en que la construcción social y humana del espacio

público se relaciona con la planeación de la movilidad, garantizando la coexistencia de los

distintos modos de transporte en la ciudad.

De esta caracterización se pretenden evidenciar lineamientos de diseño de espacio público que

respondan a los principios de caminabilidad en cada uno de los ámbitos previamente determinados.

Etapa 4: Determinación de externalidades. Descripción de la gestión e iniciativa alternativas desde la

ciudadanía: Urbanismo Táctico, como promotor de modificaciones en el espacio público con el fin de

establecer el papel que puede desempeñar este tipo de gestión en la consolidación de una

comunidad caminable.

Etapa 5: Formulación de herramienta CBD y Estudio de casos. Según las etapas 2, 3, y 4, se formula

una herramienta de Diseño Basado en Casos, donde se describan tres casos de peatonalización –

coexistencia exitosos en ciudades latinoamericanas y se caractericen de acuerdo a lineamientos

(cuantitativos y cualitativos) definidos en las etapas previas, con el fin de establecer cuáles son las

(30)

peatonalización o coexistencia y revisar de qué manera influye la gestión alternativa en la

implementación de una zona peatonal en ciudades de condiciones similares a Bogotá.

Etapa 6: Definición de estrategias. De acuerdo a los aprendizajes obtenidos en la etapa 5, plantear

las estrategias que respondan al cuestionamiento inicial y que permitan ofrecer unos lineamientos

concretos relativos a la implantación y desarrollo de comunidades caminables en Bogotá desde los

ámbitos de regeneración de espacio público efectivo, consolidación de espacio colectivo e

(31)

CAPÍTULO 2

Marco Teórico

El gesto de caminar

Caminar corresponde a un gesto absolutamente humano, según Peñalosa (2000, 10) equivalente al

vuelo y su inherente conexión con las aves, la posibilidad de caminar hace feliz al ser humano y es

un gesto que crea y recrea la vida social de las personas, quienes consiguen articular en un espacio

simbólico (antes que en un espacio material) su propia identidad y la de los miembros de la

comunidad en la que cohabitan. La creación de este paisaje simbólico, favorecido por los recorridos a

pie tiene sus orígenes, según Careri (2002, 33) en la escisión en la humanidad temprana, entre

nomadismo y sedentarismo, cuya consecuencia es la arquitectura misma.

El nomadismo (el errabundeo28) de los primeros seres humanos29 establece un sistema de recorridos

que modifica la manera de habitar el espacio, respecto a la manera sedentaria, y empieza a

determinar referentes simbólicos, de los sitios en los que ocurre la vida en comunidad, a través del

acto de andar, que “si bien no constituye una construcción física del espacio, implica una transformación del lugar y de sus significados.” (Careri 2002, 51). La creación de los referentes

simbólicos ocurre cuando los sucesos que componen la vida en comunidad son contemplados,

comprendidos e inventariados por el caminante, quien convierte en hitos los lugares en los que

ocurren y al conectarlos por los recorridos realizados, configura los propios paisajes simbólicos.

Dichos paisajes simbólicos, sus hitos y recorridos, son elementos de naturaleza inmaterial y es en la

ciudad sedentaria donde se solidifican los principios y signos que ha intuido el Homo Ludens nómada

a partir de sus caminatas por el territorio; los menhires y los caminos son entonces los componentes

tangibles que materializan en primera instancia la identidad simbólica del espacio como primer gesto

arquitectónico de modificación y consolidación de la ciudad, lo cual demuestra que la construcción del

espacio recorrido precede a la construcción del espacio arquitectónico y que este último es el espacio

de la consolidación material de los significados inventariados por el caminante errabundo: el gesto de

caminar resulta ser la herramienta a partir de la cual el hombre crea los primeros hitos y principios de

ordenamiento de las ciudades.

28 Este concepto aparece nuevamente en los procesos creativos dadaístas, surrealistas y situacionistas.

29 Según Careri, Homo Ludens, dedicado a la contemplación del espacio recorrido y a la construcción simbólica

(32)

Los errabundeos del Homo Ludens, son replicados al principio del siglo XX por los dadaístas, quienes

también recorren el espacio con propósitos contemplativos30 (de la banalidad de la ciudad), aunque

su intención, declarada o no, reside, a diferencia de los primeros hombres, en transformar el espacio

de la ciudad a partir de la ocupación y recorrido a pie en términos que elevan la intrascendencia de

un sitio de la ciudad, a una obra de arte. Estas ocupaciones consiguen entonces elevar lo banal de la

ciudad al plano glorificado del arte o, si se quiere, desmitificar el arte, movilizando el hecho estético

hacia un espacio de la cotidianidad a través de la caminata, evidenciando la importancia del gesto

inmaterial sobre el espacio de la ciudad como reinvención simbólica de la calle.

El grupo de Surrealistas que mutan los principios de Dadá mientras corre el siglo XX, también se

anima a recorrer la ciudad a pie; aunque responde al gesto Dadá con la ocupación deambulatoria, en

esta nueva operación, según Careri (2002, 72) los artistas no salen al espacio público con intención

de ocupar un sitio en particular; por el contrario buscan perderse en el espacio. Esta nueva operación

se ejecuta en los bordes de la ciudad, trasgrediendo constantemente los límites entre lo urbano y lo

rural donde se presenta el espacio de la inconsciencia de la ciudad, el hecho de recorrer y atravesar

esos límites y encontrarse en lugares más o menos agradables permite iniciar mapeos de zonas de

atracción y zonas de repulsión construyendo un lenguaje de la ciudad. La ocupación deambulatoria

en síntesis favorece la consolidación de una imagen de sendas y bordes que en términos prácticos

hacen parte de los elementos que componen la imagen de la ciudad.

En la segunda mitad del siglo XX, la Internacional Situacionista (anterior Internacional Letrista,

“dedicada a explorar nuevas formas de subjetividad revolucionaria”(Andreotti 1996,20)), un

movimiento que pretende ubicarse fuera del plano del arte se apropia del concepto de errabundeo, de

Dadá, y la ocupación deambulatoria, del surrealismo, y en 1957 propone el término “Deriva”, proceso

en el que un grupo de personas recorre la ciudad, particularmente en barrios informales31, en una

30 La intención contemplativa de lo banal e incluso insólito encontrada en los vagabundeos por la ciudad es el

rasgo distintivo del flaneur, quien según Careri, es un personaje que desde finales del siglo XIX vagaba ya por las calles de París, tal como lo empiezan a realizar los dadaístas al iniciar el siglo XX. El flaneur que ya aparecía en textos de Benjamin antes de despuntar el s.XX es el hombre que reconoce en París un “paisaje de pura vida”, con esto pretende hacer énfasis en que no son las calles perfectamente trazadas y las plazas y

plazoletas las que dotan de intenciones de vagabundeo al flaneur, sino más bien la posibilidad de ser actor presente en el paisaje de la ciudad que se abre ante él. En palabras de Benjamin, lo que ocurre con el flaneur

es que “La embriaguez se apodera de quien ha caminado largo tiempo sin ninguna meta. Su marcha gana con cada paso una violencia creciente; la tentación que suponen tiendas, bares y mujeres sonrientes disminuye cada vez más, volviéndose irresistible el magnetismo de la próxima esquina, de una masa de follaje a lo lejos, del nombre de una calle” (Benjamin 2007, 422) y por este motivo el vagabundeo se constituye en una actividad que naturaliza al hombre en el espacio público y lo convierte en un ser extraño en el espacio privado.

31 Andreotti (1996, 19) establece que la naturaleza del derivar incluía hacerlo por barrios obreros donde el caminante puede “saborear el ambiente de ciertas zonas desoladas, tan inapropiadas para vivir como apropiadas para derivar, y donde el régimen acoge ahora a las masas obreras…” (Debord en Andreotti 1996, 21), con el fin de exaltar la belleza de lo marginal, el nomadismo (que previamente se ha definido como el tipo de recorrido que instituye la imagen de territorio simbólico) y la simultaneidad de estados psíquicos en la ciudad.

Referencias

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