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El psicólogo y el adulto mayor

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Academic year: 2020

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(1)Enseñanza e Investigación en Psicología. Consejo Nacional para la Enseñanza e Investigación en Psicología [email protected] ISSN: 0185-1594 MÉXICO. 2004 Zoila Edith Hernández Zamora LA PARTICIPACIÓN DEL PSICÓLOGO EN LA ATENCIÓN A LA SALUD DEL ADULTO MAYOR Enseñanza e Investigación en Psicología, julio-diciembre, año/vol. 9, número 002 Universidad Veracruzana Xalapa, México pp. 303-319.

(2) ENSEÑANZA E INVESTIGACIÓN EN PSICOLOGÍA VOL. 9, NUM. 2: 303-319 JULIO-DICIEMBRE, 2004. LA PARTICIPACIÓN DEL PSICÓLOGO EN LA ATENCIÓN A LA SALUD DEL ADULTO MAYOR Participation of the psychologist in attending to the aged adult’s health Zoila Edith Hernández Zamora Universidad Veracruzana1. RESUMEN En el presente trabajo se enumeran, a manera de recomendación y con su respectiva justificación, algunas de las diversas tareas y campos en los que el psicólogo puede desempeñarse dentro del área de la atención profesional a personas adultas mayores, con la finalidad de elevar su calidad de vida. Se hace hincapié en la dificultad de dedicarse a todas las actividades mencionadas y la pertinencia de seleccionar las tareas o funciones más acordes a las capacidades y/o intereses del psicólogo, además de que el trabajo que se haga con este grupo etario debe ser, en gran parte, de tipo multinterdisciplinario. Indicadores: Papel del psicólogo de la salud; Adultos mayores; Equipos interdisciplinarios en la atención a la salud.. ABSTRACT This work lists, as a form of recommendation duly justified, some of the diverse tasks and fields in which the psychologist can perform within the area of gerontology, that is, in his/her professional attention to aged people, in order to elevate the quality of their lives. It emphasizes the difficulty in dedicating oneself to all of the mentioned activities and that the most pertinent thing would be to select that or those activities or functions most in accordance with the psychologist’s aptitudes and/or interests. It also points out that the work done with this elderly group should be mostly multi-interdisciplinary.. Instituto de Investigaciones Psicológicas, Apartado Postal 478, 91000 Xalapa, Ver, México, tel. 2288-125740, fax 2288-128683, correo electrónico: [email protected]. Artículo recibido el 25 de julio de 2003 y aceptado el 21 de mayo de 2004. 1.

(3) LA PARTICIPACIÓN DEL PSICÓLOGO EN LA ATENCIÓN A LA SALUD DEL ADULTO MAYOR. Key words: psychologist, aged adult, multi-interdisciplinary team, attention, health.. 304. INTRODUCCIÓN El crecimiento de la población senescente en el mundo ha originado la necesidad de preparar personal en el campo de la gerontología (Conde, 1998), lo cual quiere decir que, principalmente, los profesionales de la salud deben preocuparse por su formación para una atención de óptima calidad hacia las personas de la tercera edad. Para enfrentar los problemas de la vejez, se hace necesaria la participación de un equipo multidisciplinario formado por médicos geriatras y gerontólogos, psicólogos, enfermeras y trabajadores sociales, entre otros. De manera particular, el psicólogo tiene una función importante en el equipo gerontológico: se ha convertido en una herramienta esencial en la atención del adulto mayor dado que en los últimos años las investigaciones clínicas demuestran que en ese grupo de edad las enfermedades mentales tienen una prevalencia del 40 al 45%, estadística que incluye toda una gama de problemas psicogeriátricos reversibles e irreversibles (Conde, 1998). Una de las transformaciones que experimenta el organismo humano en la última etapa de la vida es un cambio en sus funciones mentales (De la Fuente, 1999). El tratamiento y preve nción de tales padecimientos es una de las tantas funciones que el psicólogo puede desempeñar en el cuidado de la salud de las personas de la tercera edad, pero, como se verá más adelante, todavía queda un amplio campo de trabajo para este profesional de la salud con el referido grupo etario. En cuanto al tratamiento de las quejas de tipo somático y/o emocional, después de los 60 años de edad muchos trastornos que motivan la consulta médica están vinculados más al envejecimiento que a la en-fermedad. Existe, de hecho, una limitación evidente impuesta por las afecciones crónicas, lo cual debe recibir una atención considerable del profesional de la salud, teniendo presente el componente psicológico del vivir en esta edad. Los trastornos de la memoria, de la atención, las modificaciones del sueño y las dificultades de relación con el entorno matizan con un tono característico las quejas so-.

(4) ENSEÑANZA E INVESTIGACIÓN EN PSICOLOGÍA VOL. 9, NUM. 2: 303-319 JULIO-DICIEMBRE, 2004. máticas. Si a ello se suma cierto sentimiento de minusvalía y dependencia que existe frecuentemente en el anciano por la pérdida de sus ingresos, el cierre de las perspectivas de vida y la conciencia de todo ello, se entenderá la aparición de una enfermedad depresiva de tipo reactivo y, en otras circunstancias, la de una enfermedad melancólica (Caetano, 1993). Son muchas las actividades y tareas que el psicólogo, dentro de su ramo y en coordinación con el equipo de salud, puede hacer en la mayoría de las ocasiones por mejorar la situación actual de las personas de la tercera edad. Dentro de ellas, por ejemplo, se hallan la investigación sobre los cambios cognitivos que se producen en el envejecimiento, lo cual forma parte de los esfuerzos no sólo para conseguir alargar la vida, sino también para dotarla de la más alta calidad posible; conocer cómo operan los procesos de conocimiento en la vejez y cuáles son las alteraciones mentales prevalecientes en esta importante fase de la vida, o diseñar e instrumentar programas de intervención cuyo objetivo prioritario sea mejorar la calidad de vida de las personas mayores. Dentro del cuerpo de este trabajo se mencionan otras quehaceres que el psicólogo puede ejecutar dependiendo del ámbito donde se encuentre, de los apoyos de que disponga, de sus intereses, de sus capacidades, de las áreas de conocimiento en que labore, los cuales pretenden servir de guía para lograr una mayor penetración de la labor de este profesional dentro de la gerontología. El psicólogo y el adulto mayor hospitalizado En México, en los hospitales generales, el 60 por ciento de todas las camas están ocupadas por ancianos; en los de especialidad, el 80 por ciento son personas de más de 60 años de edad (Bravo, 1999). Una persona que cubre los criterios generales de internación es aquella que es mayor de 60 años, que tiene una enfermedad aguda o que muestra agudización de una enfermedad crónica, que dicha enfermedad tiende a la incapacidad, que presenta otras enfermedades asociadas y que la enfermedad está condicionada por factores psicológicos y sociales. La experiencia clínica diaria muestra que una persona es internada por padecer una patología determinada: diabetes, desnutrición,. 305.

(5) LA PARTICIPACIÓN DEL PSICÓLOGO EN LA ATENCIÓN A LA SALUD DEL ADULTO MAYOR. 306. depresión, accidentes cerebro-vasculares, cáncer, consecuencias traumatológicas por caídas y otros, resultando tentador ponerle el rótulo de “diabético” “ desnutrido”, “depresivo”, etcétera, y bajo esa etiqueta suprimir su condición de sujeto único y darle un tratamiento generalizador. Es más, cuando se les entrevista, con frecuencia refieren ser “diabéticos”, “hipertensos”..., como si la enfermedad fuera una carta de presentación al otro, como un sujeto equivalente a la enfermedad. A este registro imaginario le corresponderá un devenir en registro simbólico, un registro a través de la palabra, tarea a ser realizada en el encuentro entre el paciente y el psicólogo. El psicólogo ofrece un dispositivo de escucha, facilitando así el hablar del paciente, quien irá reconociendo la operatividad del lenguaje, así como el hecho de que puede tomar distancia con respecto de su enfermedad. Se le invitará a que relate su historia, y allí se desplazarán las modalidades vinculares con sus familiares y parejas, sus posibilidades para resolver conflictos, mecanismos de defensa, pérdidas y ganancias, alegrías y tristezas, sueños y fantasías, olvidos y recuerdos; en fin, se logra que se vea a sí mismo como a una persona y no como a una enfermedad. A través de las sucesivas entrevistas, se hallará a un sujeto que construye en el presente su historia, ya que muchos viejos acceden por primera vez al psicólogo, por lo que será necesario explicarles claramente cuál es la función de éste. Queda explícito que en una unidad de internación son los psicólogos los que van hacia el paciente bajo el principio de asistirlo desde un enfoque multicausal y junto con las otras especialidades (Daverio, 1999). El psicólogo, durante sus intervenciones, evitará las respuestas acabadas; por el contrario, abrirá la interrogante por la causa ya que sólo así se podrá sostener la posibilidad de concienciar a un sujeto que no sabe ?conscientemente? el porqué de su enfermedad y de lo que la causa (Daverio, 1999). Además de las entrevistas, el psicólogo puede utilizar otras herra-mientas diagnósticas para evaluar el nivel cognitivo, emocional y hasta físico ?en cuanto a las actividades que es capaz de hacer por sí mismo? del adulto mayor hospitalizado, aplicando determinadas pruebas. Ya aplicadas, resulta interesante evaluar los resultados obtenidos en una primera administración con respecto a una posterior,.

(6) ENSEÑANZA E INVESTIGACIÓN EN PSICOLOGÍA VOL. 9, NUM. 2: 303-319 JULIO-DICIEMBRE, 2004. e investigar qué variables intervinieron para la modificación, si es el caso, de los resultados. Observando que la mayoría de los añosos son sujetos insertos en un medio familiar en el que influyen, a la vez que son influidos por éste, la labor del psicólogo debe dirigirse también al grupo familiar evaluando sus características, mismas que se manifestarán en diferentes modalidades de quejas y reclamos por la calidad de la atención recibida. Dichos reclamos podrían volverse problemáticos en la relación institución-familia. Con una intervención que permita explicitar lo que aquí subyace ?conflictos vinculares, prejuicios, temores, desconocimiento de tratamientos o alternativas de ayuda?, se logra alcanzar vías de solución que, por añadidura, contribuirán a disminuir la situación de an-siedad que se genera en el personal médico y de enfermería, así como en la institución hospitalaria en general. Juntos, geriatras, enfermeros, asistentes sociales, nutricionistas, kinesiólogos y psicólogos abordarán tareas de prevención, asistencia y rehabilitación de cada viejo y de su familia en el modo singular y particular de la situación de enfermedad-internación. En lo que atañe a la atención de la enfermedad del senecto, puede surgir el agotamiento del cuidador, ya que si se ha de atender la enfermedad de manera integral, la familia será un punto básico donde enfocar los esfuerzos y buscar el apoyo necesario para proteger la salud. Aunque el cuidado no es por supuesto una enfermedad, es un problema de la vida que requiere adaptación; es de tal complejidad que es deber del profesional de la salud (en este caso podría ser el psicólogo) conocerlo a profundidad y desarrollar empatía. El psicólogo debe ser hábil en atender a todos los integrantes de la familia o cuidadores del enfermo añoso, tanto jóvenes como viejos (Mendoza, y Rodríguez, 2000). Los ancianos hospitalizados que se encuentran en su fase terminal necesitan manifestaciones de afecto y apoyo, del contacto humano al que valoran. Muchas veces los viejos expresan su miedo de morir solos y en un hospital. Es necesario que el psicólogo tenga este punto en cuenta. Es importante también llegar a un acuerdo con el equipo de salud y con la familia para que el viejo, si lo desea, conozca. 307.

(7) LA PARTICIPACIÓN DEL PSICÓLOGO EN LA ATENCIÓN A LA SALUD DEL ADULTO MAYOR. 308. todo lo relacionado con la gravedad de su situación a fin de poder dejar arreglados sus asuntos no concluidos, tanto afectivos como materiales. Podría, pues, ser una misión del psicólogo hablar de estos temas con el senecto moribundo, además de ofrecerle la paz y la tranquilidad que necesita para poder tener una muerte digna. El psicólogo y el adulto mayor institucionalizado Son pocos los países que han logrado una eficaz administración de los recursos para la atención y el servicio de los ancianos, y ha quedado demostrado que cuanto más variados son dichos recursos y mayor su cantidad, más posibilidades hay de mantener a los ancianos fuera de las instituciones, con lo que se ahorra dinero y personal. Muchas veces se tiende a aumentar indiscriminadamente los servicios sin efectuar una planificación general, olvidando que no hay nada que pueda reemplazar las relaciones afectivas y personales, y que un anciano pue-de estar mejor en su hogar rodeado de sus amigos y familiares, que en un edificio carente de sus relaciones afectivas cotidianas. La mayor parte de las personas mayores no desea vivir en instituciones; con frecuencia consideran que vivir allí es un abierto rechazo por parte de sus hijos, y éstos llevan ahí a sus padres disculpándose al hacerlo y con grandes sentimientos de culpa. Sin embargo, debido a las necesidades de la persona mayor o a las circunstancias de la familia, tal ubicación parece ser en ocasiones la única solución (Papalia y Wendkos, 1990). Por otra parte, en algunas familias hay un rechazo y una tendencia a aislar a las personas ancianas, a las cuales se les ve frecuentemente como un estorbo del que tratan de deshacerse, por lo que se les interna en instituciones donde se cree que vivirán mejor y más cómodamente. Ello es consecuencia de que las familias, debido al ritmo de vida que les impone la misma sociedad, dedican poco tiempo a la atención y cuidado que aquéllos requieren, con lo que los priva de estímulos muy importantes para que conserve n su salud mental ?como el afecto, la seguridad y el respeto?, creándoles un sentimiento de inutilidad que aumenta fuertemente al momento en que se les ingresa a una institución..

(8) ENSEÑANZA E INVESTIGACIÓN EN PSICOLOGÍA VOL. 9, NUM. 2: 303-319 JULIO-DICIEMBRE, 2004. También parece que existe muy poca preocupación en la comunidad hacia el hecho de que un gran número de personas ancianas están siendo encauzadas hacia hospitales psiquiátricos y asilos, lo que crea necesidades adicionales para una buena protección, guía, supervisión y custodia, pues no reciben asistencia ni tratamiento adecuados en tales instituciones. En la mayoría de los asilos hay personal médico, de enfermería y de trabajo social; el psicólogo rara vez forma parte de este personal, cuando resulta ser un profesional de gran importancia precisamente por las condiciones emocionales por las que atraviesan las personas que se encuentran internadas en tales lugares, pues algunas de ellas lo están por decisión propia, pero otras lo deben al abandono de sus familiares, al desamparo económico en que se hallan y, en algunos casos, al sobrecupo en los hospitales psiquiátricos. Dadas estas condiciones, es indispensable la existencia de los asilos, pero no hay que perder de vista que, en primer lugar, un asilo es un establecimiento de beneficencia para los menesterosos, y, en segundo, que deben respetarse los derechos humanos de los internos (Martínez, 1998). En muchos de estos lugares no existen verdaderos programas para la atención integral, no se permiten a los asilados manifestaciones afectivas y hay represión sexual, pues un adulto mayor también tiene tales necesidades. Hay en muchas ocasiones ?y quizá sea el origen, en parte, de estas fallas? carencia de presupuesto, razón por la cual no es posible integrar al menos a un psicólogo dentro del personal de trabajo. La labor del psicólogo en un asilo resulta indispensable, pues no sólo consiste en atender las necesidades emocionales, afectivas y terapéuticas de los senectos residentes, sino también de impartir a todo el personal que allí labora los conocimientos referentes a las relaciones humanas para que conviva con esos pacientes y les ofrezca no sólo una atención física sino también emocional, pues suele suceder que labore en estos sitios personal no capacitado que puede abu-. 309.

(9) LA PARTICIPACIÓN DEL PSICÓLOGO EN LA ATENCIÓN A LA SALUD DEL ADULTO MAYOR. sar o maltratar al paciente (Rodríguez, Morales, Encinas, D’hyver y Trujillo, 2000).. 310. Además, hace falta crear conciencia en los familiares que tratan a los senectos como estorbos, a los cuales abandonan en asilos sin volver a verlos más que muy ocasionalmente o nunca. “Cuando los internos llegan, se sienten abandonados o que no le importan a nadie. Se deprimen y se vuelven apáticos, pues se sienten muy tristes” (Ruiz y Moreno, 1998). Dentro de las alteraciones psicosociales se encuentran la pérdida del papel social y de la autoestima, una deficiente autopercepción y el miedo a perder el control de la propia vida. Las necesidades asistenciales de los institucionalizados son com-plejas. Componen a este vulnerable grupo quienes padecieron aislamiento social y que cuentan con limitaciones económicas; también quienes enfrentan patologías múltiples y cuyo deterioro es, por lo mismo, más acelerado, además de que carecen de capacidad de respuesta orgánica a las agresiones externas (Vidal, 1998). El abordaje de estos pro-blemas hace imperativo el establecimiento de programas de rehabilitación psíquica, nutricional y general, en que intervenga un equipo multi e interdisciplinario, lo que implica, por lo tanto, un incremento en los costos de su atención. La atención de los institucionalizados se realiza, en gran parte, bajo los modelos caritativos que es tiempo ya de modificar para ofrecer una atención multi e interdisciplinaria que tenga a la gerontología como ciencia rectora. Así se ofrecerá una calidad de vida o la posibilidad de mejorar la atención en tales centros (Vidal, 1998). En una institución donde vive gente de la tercera edad ?llámese asilo o estancia? , se considera a la terapia ocupacional como parte vital del programa psicológico, utilizándose para ello dive rsas técnicas (recreativas, educacionales, funcionales, de sostén y autoayuda) que tratan de readaptar al anciano a su ámbito social y combatir su dependencia. La terapia ocupacional y recreativa busca que el senecto esté mejor y se acerque a los atractivos de la realidad que aún puede gozar. Se utilizan para ello una serie de actividades coordinadas que aprovechan el tiempo libre, mejoran la independencia en las actividades de la vida diaria y logran una mayor movilidad. Es, pues, un método activo que tiene una profunda justificación psi-.

(10) ENSEÑANZA E INVESTIGACIÓN EN PSICOLOGÍA VOL. 9, NUM. 2: 303-319 JULIO-DICIEMBRE, 2004. cológica, pero las actividades programadas deben cumplir ciertas características para que surta el beneficio que se pretende. Este tipo de actividades deben ser valoradas por personal profesional y técnico capacitado en el proceso de envejecimiento (Groues, 1997). Una de las últimas modalidades introducidas y encaminadas al logro del bienestar de las personas que viven en asilos es llevar a grupos de niños y jóvenes para que convivan con ellos durante un día, aportándoles, además del contacto afectivo, algún elemento de tipo material que les sirva para aliviar un poco el difícil estado económico por el que atraviesan. Si esto se hace de manera continua y programada, rendirá grandes frutos en el bienestar emocional de los ancianos institucionalizados, tarea que bien podría coordinar el psicólogo en conjunto con las autoridades de las instituciones educativas. El psicólogo y su labor con adultos mayores asociados En los últimos años, las personas de la tercera edad ?ya sea por iniciativa propia o mediante programas institucionales? se han agrupado en asociaciones de jubilados, clubes, grupos de barrio y otros; cada uno de tales grupos funciona de acuerdo a políticas establecidas en parte por sus mismos miembros y en parte por las instituciones a las que pertenecen, pero coinciden en un objetivo principal, que es elevar la calidad de vida de sus integrantes. Esos grupos tienen una serie de actividades, como terapia ocupacional, ejecución de bailes y coros, cursos, talleres o conferencias sobre diversos temas, etcétera; precisamente es en las últimas actividades mencionadas donde el psicólogo desempeña una función trascendente al elaborar e instrumentar programas para el apoyo a la salud integral de las personas de la tercera edad, programas que incluyen temas de diversa índole, pero todos ellos encaminados a elevar dicha calidad de vida. No se trata de que el psicólogo aborde todos los temas que incluye el programa, sino de inve stigar cuáles son de interés para la población hacia los que van dirigidos, seleccionarlos y seleccionar asimismo al personal idóneo para tratarlos mediante la invitación a otras instituciones; el psicólogo se encargará de planear, organizar, operar y controlar tales programas. En cuanto a las asociaciones de jubilados y a los jubilados en ge-neral, el psicólogo debe hacerles reflexionar acerca de que la edad. 311.

(11) LA PARTICIPACIÓN DEL PSICÓLOGO EN LA ATENCIÓN A LA SALUD DEL ADULTO MAYOR. 312. de la jubilación, que para muchos suena amenazante, no es una edad estéril; que es una edad de realización, de productividad, de fecundidad artística, de cumplimiento de aspiraciones que posiblemente nunca se pudieron llevar a cabo; que es una edad de libertad para desligarse de muchas co-sas y compromisos que impedían la autorrealización, y que es una edad de retos. Existen muchas personas que esperan esta etapa para encontrar el sentido de su vida como voluntarios en diversas instituciones, con gente marginada, hospitalizada o desahuciada que necesita de comprensión y apoyo (Rage, l997). Otras actividades que el psicólogo puede promover dentro de estos grupos son la puesta en escena de obras de teatro; la exhibición de películas mediante la modalidad de cine-debate, cuyos personajes centrales sean personas de edad; la impartición de conferencias, cursos y talleres; la creación de clubes de abuelos, de centros de jubilados y pensionados y clubes de barrio; la elaboración de folletos educativos sobre di-versos temas (sexualidad, depresión, ansiedad, estrés, etc.) y otras más. El psicólogo y la atención individual a personas de la tercera edad Con frecuencia, el psicólogo atiende a las personas mayores en forma individual a través de un tratamiento psicológico o de psicoterapia. A menudo, para entender mejor al paciente y para que éste se entienda mejor, es bueno hacer una revisión de su vida. Este proceso de recordar es comúnmente acompañado por la reaparición de conflictos no re-sueltos, y es aquí donde el psicólogo reconocerá el efecto de problemas anteriores que han persistido y que se manifiestan a través del estrés provocado por el envejecer (Groues, 1997). Problemas reales en la terapia de estos pacientes pueden ser económicos, de salud, emocionales, afectivos o de dependencia, y es posible aliviarlos con una intervención activa por parte del psicólogo, el cual podría apoyarse en agrupaciones o en familiares para continuar con sus esfuerzos terapéuticos. Como parte de la tarea del psicólogo, es necesario que trate de manera particular la presencia de los síntomas depresivos, que suelen ser muy frecuentes en esta etapa de la vida; de hecho, se observan en los senectos cuadros clínicos de angustia y depresión (A.A., l999). El psicólogo puede enseñar técnicas del relajamiento que pro-.

(12) ENSEÑANZA E INVESTIGACIÓN EN PSICOLOGÍA VOL. 9, NUM. 2: 303-319 JULIO-DICIEMBRE, 2004. ducen muy buenos resultados en aquellas personas que padecen depresión, ansiedad, estrés, hipertensión arterial, diabetes y otros (Díaz, 2001). Tratar temas delicados como la sexualidad, sobre los que muchas veces los vi ejos no se atreven a hablar con sus médicos, podría ser otra de las tareas del psicólogo, ya que, como apenas se les imparte enseñanza ni se les prepara convenientemente, no es sorprendente que muchos carezcan de información sobre los cambios fisiológicos que afectan su función sexual en esta etapa. A veces interpretan equivocadamente esta normal desaceleración de los procesos fisiológicos y creen que su caducidad sexual es cuestión de días (Masters, Johnson y Kolodny, 1987). Existe la tendencia a ignorar, subestimar y, en la mayoría de las veces, malinterpretar las capacidades, deseos y necesidades que tienen los senectos en la esfera sexual (Anzola, 1994). Una de las técnicas más utilizadas para el tratamiento de problemas emocionales en el senecto es la psicoterapia, que es un tratamiento basado en la relación interpersonal entre el terapeuta (que puede ser el psicólogo) y su paciente. Este tratamiento tiene como finalidad aliviar la tensión emocional mediante la verbalización y expresión de los sentimientos, modificación de conductas inadecuadas o mal adaptadas y promoción del crecimiento y desarrollo de la personalidad. Puede ser conducida en diversas modalidades dependiendo de las necesidades específicas del paciente: individual, grupal, con la pareja o la familia. Los tipos de psicoterapia usados en la gente de edad avanzada han sido muy variados, y, según el caso, se pueden considerar los siguientes: terapia de grupo, terapia individual, orientación a la realidad, terapia de resocialización, psicodrama, técnicas de modificación de con-ducta, remotivación, terapia de actitudes y prevención de soledad, ansiedad y aburrimiento (Groues, 1997), combate de pensamientos defor-mados, detención de cadenas de pensamiento, desensibilización siste-mática y solución de problemas (McKay, Davis y Fanning, 1998). Se ha visto que estas técnicas psicológicas pueden retardar el desarrollo de la senilidad y resultan en una vida más rica y placente-. 313.

(13) LA PARTICIPACIÓN DEL PSICÓLOGO EN LA ATENCIÓN A LA SALUD DEL ADULTO MAYOR. 314. ra tanto para el paciente como para los que viven con él. Todas estas técnicas tienen como objetivo enfrentar al individuo de edad avanzada con la realidad del mundo que lo rodea, mejorar su conducta, ayudarlo a socializar mejor con la gente con la que tiene contacto y favorecer el que se dedique a realizar más actividades. Así, una serie de medidas se toman de manera ordenada, con ritmo y periodicidad, adaptadas al estado físico y mental del paciente, con el fin de proporcionarle las técnicas terapéuticas para limitar la progresión al deterioro. En relación con la entrevista psicológica, el psicólogo debe tomarse el tiempo necesario y asumir una actitud cordial y comprensiva, pero no paternalista. Tendrá en cuenta que es frecuente que estos pacientes se sientan psicológicamente disminuidos por la dependencia, por lo que evitará tratarlos con sobreprotección o compasión. Se deberá ser claro en las explicaciones e introducirlas en el diálogo de una manera comprensible, nunca como una orden (Caetano, 1993). La familia debe constituirse en un punto importante de referencia del relato con la sutileza necesaria a fin de no crear enfrentamientos entre el paciente y su medio. No debe olvidarse que el paciente permanece sólo un tiempo limitado y esporádico en el consultorio, y que el resto de su tiempo transcurre en su entorno familiar (Caetano, 1993). La atenta observación de la apariencia del paciente se torna imprescindible, específicamente de aspectos tales como su aseo, aliño, actitud, mirada o forma de sentarse y caminar; con ello, se logra muchas veces la mitad del diagnóstico. Se considerará al paciente el centro de atención, no permitiéndose que quien lo acompaña interrumpa el diálogo para rebatir, afirmar o modificar lo que está diciendo. Todos estos detalles en la conducta del psicólogo le harán ganarse la confianza de aquél y facilitará su tarea. Al despedirse, el psicólogo no debe de olvidar invitarlo nuevamente a concurrir, haciéndole notar que está interesado en sus problemas. Todo ello requiere de tiempo, paciencia y tolerancia, lo que no es fácil con tal tipo de pacientes. El psicólogo y la atención primaria de la salud física y mental en la tercera edad.

(14) ENSEÑANZA E INVESTIGACIÓN EN PSICOLOGÍA VOL. 9, NUM. 2: 303-319 JULIO-DICIEMBRE, 2004. La salud mental de los senectos está determinada por aspectos de su historia clínica y la incidencia de padecimientos que generan incapacidad y que afectan el funcionamiento cerebral. Factores de riesgo son los estilos de vida nocivos, la muerte de personas significativas, la pérdida de autonomía o de bienes y status social, la pobreza y el aislamiento. La magnitud de trastornos como las demencias y la depresión en la población anciana de México es prácticamente desconocida. De la Fuente, Medina y Caraveo (1997) afirman que poco se ha hecho en el campo de la salud mental de los senectos, pero que mucho se puede hacer en el futuro: promoción de la salud, asistencia, rehabilitación, investigación y enseñanza. Los tratamientos médicos y psicoterapéuticos son generalmente caros y requieren mucho tiempo; para llevar a cabo estas terapias y tratamientos y la investigación correspondiente hacen falta grandes cantidades de recursos que sólo pueden ser aportados por instituciones oficiales, estatales, regionales o particulares, ya que la mayoría de los adultos mayores dependen de la seguridad social o de la ayuda familiar. Para no llegar a tener que hacer uso de estos recursos, es necesario instrumentar programas de prevención para la salud integral del adulto mayor, lo que ahorraría dinero y mantendría a este grupo en un mejor estado de salud. Es tarea del psicólogo acompañar el planeamiento estratégico del proceso de envejecimiento revirtiendo los prejuicios que actúan como inhibidores para el logro de la identidad personal y como barreras en todo el espectro social, que incluye además al propio adulto mayor y a los profesionales que lo tratan; así, los planes de preve nción deben responder a las necesidades sentidas por la población a la que se desea llegar, conforme a sus realidades y características psicológicas, sociales y geográficas; es decir, atendiendo a su perfil epidemiológico (Bárbara y Pereyra, 1999). Se estima que la obra social debería guiar las acciones de promoción y prevención de la salud, incluyendo más prestaciones (incremento vertical) y cubriendo a más personas (incremento horizontal), aumentando de esta manera la cobertura asistencial.. 315.

(15) LA PARTICIPACIÓN DEL PSICÓLOGO EN LA ATENCIÓN A LA SALUD DEL ADULTO MAYOR. La realidad obliga a aceptar este reto, lo que implica un acrecentamiento de los costos de atención, pero, por otra parte, también debe plantearse como alternativa la utilización de los recursos ya existentes optimizando su eficiencia. 316. La propuesta es entonces el aumento de los recursos destinados a la tercera edad en el renglón sanitario y la utilización racional de los recursos existentes (humanos y materiales) al servicio de una mejor calidad de vida. Quienes se ocupan de los problemas de la vejez ?geriatras, psicólogos, psiquiatras, asistentes sociales, etc.? tienen ante sí el problema de la relación del añoso con la comunidad y la responsabilidad de obtener para los ancianos habitación apropiada, lugares para su esparcimiento, oportunidades de trabajo y atención médica. Desde luego, para conseguir mejorar la calidad de vida y decrementar las enfermedades asociadas a la edad es necesario incluir en el estilo de vida la dieta y el ejercicio. Entre otras ventajas, el ejercicio trae consigo una sensación de bienestar, disminuye la tensión arterial y el peso corporal (Ramiro, 1999). Igualmente, es necesaria la puesta en práctica de programas para la supresión del alcoholismo y el tabaquismo para favorecer estilos de vida saludables (González, 2001). De entre los principales objetivos de dichos programas sobresale el trabajar desde la salud y no en la enfermedad. La metodología que se propone es el trabajo interdisciplinario con utilización de todos los recursos existentes, facilitando su interrelación a fin de que constituyan una red, un soporte institucional capaz de llevar a cabo tareas de prevención de enfermedades y factores de riesgo, así como acciones recreativas y solidarias.. COMENTARIOS La sociedad moderna impone con frecuencia una serie de obstáculos al proceso de ajuste durante los últimos años de vida, aun en los casos en que los factores físicos son favorables. Una sociedad donde predomina el espíritu de competencia, en que se adjudica gran importancia al valor de la persona en relación con el trabajo que realiza,.

(16) ENSEÑANZA E INVESTIGACIÓN EN PSICOLOGÍA VOL. 9, NUM. 2: 303-319 JULIO-DICIEMBRE, 2004. a los logros productivos y donde la inactividad es motivo de un desplazamiento social, no constituye un ambiente favorable para un envejecimiento tranquilo y, lo más importante, placentero. Los ancianos representan una carga para la sociedad porque no tienen una base material económica que los sostenga; además, son rechazados porque se desconoce el proceso de envejecimiento como una parte del desarrollo biopsicosocial del hombre, todo lo cual provoca que los viejos estén desadaptados y funcionen como elementos de desintegración social. De ahí la necesidad de crear una cultura sobre el envejecimiento como elemento de sensibilización y movilización de nuestras sociedades, tanto en los ámbitos de los gobiernos como en los de las comunidades y familias. La observación confirma que el mantenimiento del interés en lo que se hace protege a los viejos de la declinación intelectual. Muchos adultos mayores que no sufren enfermedades incapacitantes y que llevan una vida emocional saludable preservan su inteligencia, sus estructuras lógicas y sus habilidades verbales, enriquecidas por la experiencia y, sobre todo, conservan sus motivaciones y sus compromisos y llegan al final con una excelente calidad de vida. Casi todos los cambios psicológicos producidos por el envejecimiento tienen un carácter depresivo. Los viejos, unos más que otros, experimentarán por lo mismo una sentimiento de pérdida de autoestima, una creciente y devastadora impresión de frustración y una grave pérdida de satisfacciones. Viven experimentando tristeza y soledad (Reyes, 1996). El psicólogo, en conjunto con el resto del equipo de salud, tiene la importante función de reorganizar en los senectos su manera de ver y sentir la vida para que esos cambios, si surgen, no alteren su salud integral y bienestar emocional. Para contrarrestar las pérdidas y sentimientos de minusvalía, al anciano hay que ofrecerle todo el afecto, la preocupación y compañía que necesite. Habrá que tratarlo con todo cuidado tanto desde el punto de vista médico como psicológico, alentar su incorporación en la familia o, en su ausencia, en los grupos de apoyo que pueden funcionar en su lugar.. 317.

(17) LA PARTICIPACIÓN DEL PSICÓLOGO EN LA ATENCIÓN A LA SALUD DEL ADULTO MAYOR. 318. La posibilidad de adaptación y ajuste a la vejez y sus concomitantes dependen en gran medida de los antecedentes de la persona, de lo pronunciado y brusco del cambio de su situación, pero estriban también en la disposición de la comunidad para proporcionar servicios de apoyo antes de que se produzcan mayores desventajas. El que la sociedad cree una imagen de la vejez en la que introduce por anticipado a los ancianos en un grupo problemático dentro de la misma, los empuja al aislamiento y a la inactividad. Es necesario que se estructure otro género de vida distinto al impuesto, de acuerdo con sus capacidades, condiciones y medios; pero para ello el anciano necesita del apoyo en todos los ámbitos que le rodean: familiar, económico, político, psicológico, social y educativo. Si la niñez puede definirse como un periodo de adquisición y ampliación de fortalezas y experiencia, la función principal de la vejez es aclarar, profundizar y encontrar utilidad lo que se ha logrado en el tiempo del aprendizaje y la adaptación. Los ancianos deben aprender a conservar su fuerza y sus recursos cuando resulta indispensable hacerlo, y adaptarse en la mejor forma posible a los cambios y pérdidas que ocurren como parte de la experiencia del envejecimiento. La habilidad de la persona mayor para adaptarse y prosperar depende de su salud física, personalidad, experiencias tempranas en la vida, apoyo social que recibe, bases económicas adecuadas, seguridad, cuidados para la promoción y mantenimiento de su salud integral, papel social y recreación. Algo que debe recalcarse es que, como en el caso de los niños, los adolescentes y las personas de mediana edad, es imperativo que las personas mayores continúen desarrollándose y cambiando de manera flexible, si se quiere promover y mantener su salud. Los trastornos en la adaptación en cualquier edad y circunstancia pueden conducir a la enfermedad física o emocional, pero el crecimiento y la adaptación óptimos pueden suceder durante todo el ciclo de la vida cuando en el medio en el que se vive se reconocen, refuerzan y estimulan las capacidades y potencialidades del individuo..

(18) ENSEÑANZA E INVESTIGACIÓN EN PSICOLOGÍA VOL. 9, NUM. 2: 303-319 JULIO-DICIEMBRE, 2004. La realidad es que la gente mayor tiene necesidad de hallar nuevas metas y reorganizar la vida sin caer en la inutilidad y el ocio rutinario. Es indispensable que encuentren satisfactores vitales que les proporcionen alegría de vivir y metas que los conduzcan a una verdadera estabilidad (Ladrón de Guevara, l994). El psicólogo y otros profesionales de la salud deben preocuparse por la búsqueda de tales alternativas, toda vez que es de vital importancia que los senectos reorganicen su tiempo y su vida en general. En los principios a favor de las personas de edad que fueron adoptados por la Asamblea General de las Naciones Unidas se exhortó a los gobiernos a que incorporasen estos principios en sus programas nacionales cuando fuese posible. Entre algunos puntos sobresalientes, las personas de edad deberán tener, entre otros, el acceso a servicios de atención de salud que les ayuden a mantener o recuperar un nivel óptimo de bienestar físico, mental y emocional, así como a prevenir o retrasar la aparición de la enfermedad (Comisión de Derechos Humanos del Estado de Veracruz, 1999). Con base en los puntos abordados en el presente trabajo, se recomienda la participación del psicólogo como un elemento importante en la promoción, mantenimiento y tratamiento de la salud integral de las personas de la tercera edad. Si bien es cierto que las funciones propuestas para este profesional ocupan una amplia gama, ello no significa que deba abarcarlas en su totalidad; debe, eso sí, y antes que nada, nutrirse de todo lo relacionado con el campo del envejecimiento, empaparse lo más posible de conocimientos gerontológicos que lo lle-ven a una mejor comprensión del problema, y, a partir de allí, selec-cionar las áreas más atractivas o acordes con sus capacidades para ocu-parse de ellas. Para finalizar, un terreno en el que falta mucho por trabajar y donde el psicólogo tiene las herramientas y la formación necesarias para realizarla es la investigación sobre el envejecimiento, sus relaciones con otras esferas y sus implicaciones, tarea que con seguridad se realizará en los próximos años.. 319.

(19) LA PARTICIPACIÓN DEL PSICÓLOGO EN LA ATENCIÓN A LA SALUD DEL ADULTO MAYOR. REFERENCIAS. 320. Anzola, E. (1994). Sexualidad en los ancianos. En E. Anzola, D. Galinsky, F. Morales, A. Salas y M. Sánchez (Eds.): La atención de los ancianos: Un desafío para los años 90 (pp. 302-308). Washington: Organización Panamericana de la Salud. A.A. (1999). Ejercicios de relajamiento. Gerusia, 10: 28-30. Bárbara, E. y Pereyra, N. (1999). Algunos paradigmas institucionales en salud mental. Primeras Jornadas Internacionales para una Mejor Conciencia Gerontológica. Buenos Aires: AMAOTE: 39-43. Bravo, S. (1999). Familia, vivienda y ocupación hospitalaria. Gerusia, 10: 20-21. Caetano, G. (1993). Conceptos generales y orientaciones terapéuticas en el envejecimiento normal y patológico. Psiquis, 2(5): 99-103. Comisión de Derechos Humanos de l Estado de Veracruz (1999). Situación de las personas de edad. Revista de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Veracruz: 13-18. Conde, J. (1998). La gerontología y sus acciones e interacciones del equipo multiinterdisciplinario. En vv.aa. (Eds.): Gerontología 2000 (pp. 30-33). México: Praxis. Daverio, C. (1999). Inserción del psicólogo en una unidad de geriatría. Primeras Jornadas Internacionales para una Mejor Conciencia Gerontológica. Buenos Aires: AMAOTE: 35-38. De la Fuente, R. (1999). El envejecimiento: una etapa del ciclo vital. Salud Mental, 22(5): 1-2. De la Fuente, R., Medina M., A.M. y Caraveo, J. (1997). Salud mental en México. México: Instituto Mexicano de Psiquiatría/Fondo de Cultura Económica. Díaz, E. (2001). Hipertensión arterial. Consideraciones generales. Gerontología y Geriatría del IMSS, 3(8): 24-25. González, J. (2001). Contra mitos y cortinas de humo. Gerontología y Geriatría del IMSS, 3(8): 3-7. Groues, l. (1997). La tercera edad: mito, fantasía o realidad. Psicología Iberoamericana, 5(2): 4-13. Ladrón de Guevara, B. (1994). Antropología de la vejez. Literal, IV(20): 45-47. Martínez, A. (1998). El asilo, sinónimo de cárcel. El Medio, 17: 42..

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Referencias

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