La Vega Central: Del Lugar al No Lugar. – Revista El Topo - Sociología Cultural y Urbana ISSN: 0719-3335

Texto completo

(1)

Revista Eltopo. No.2. 2014 ISSN:0719-3335

La Vega Central de Santiago de Chile. Un mercado reconocido por los santiaguinos como mercado popular, compuesto por personas de distintos orígenes tanto sociales como étnicos. Para comprender la importancia de este sector comercial, es necesario hacer un recorrido histórico que muestre cuál es el origen de La Vega y cómo el lugar que ocupa le otorga un significado en el mundo popular para así entender los nuevos procesos emergentes relativos a la multiculturalidad.

Desde la teoría de los No Lugares, se intenta entender cómo La Vega logra constituirse como un Lugar en la medida en que es habitado y construido por las personas, y como, a su vez, la temporalidad a la que es sometida logra generar un pliegue que transforma a este mercado en un No Lugar. Por lo tanto, la hipótesis que dirige este artículo tiene relación con que el horario de funcionamiento de La Vega permite el pliegue o la trans -formación entre este mercado como un Lugar y como un No lugar.

Palabras claves:

Lugar – No Lugar – La Vega – Pliegue

Abstract

This paper focuses in a particular place, the Vega Central in Santiago de Chile. This is a marketplace known for santiaguinos as a people’s market, composed of people from different backgrounds, both social and ethnic. In order to understand the importance of this commercial sector, it is necessary to do an historical overview showing La Vega’s origin and how the place gives it a meaning in the popular world.

From the Non-place theory, we try to understand how La Vega does constitute a Place to the extent that it is inhabited and built by people, and how, in turn, the temporality to which is subjected to achieves to generate a fold that transforms this market in a Non-place. Therefore, the hypothesis that runs this article is related to La Vega’s operating hours that allows the market’s transformation as a Place and a Non-place.

Keywords:

Place – Non-place – La Vega - Fold

(1) |Este artículo ha sido desarrollado den-tro del proyecto de investigación que lleva por título “Del No-Lugar al Lugar en la

di-dáctica del Proyecto Arquitectónico”, finan -ciado por el concurso de Investigación FAU, de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, realizado en los años 2012-2013.

(2) | María Teresa Herrera Urrutia.

Licenciada en sociología de la Universidad de Chile.

E-mail: mtherrerau@gmail.com

61

(2)

Los mercados como objeto de estudio están saliendo cada vez más a la luz, ya que a pesar de ser espacios que generalmente se asocian sólo a intercambios comerciales hoy en día se han comenzado a observar desde una mirada más social, enfatizando en las relaciones intersubjetivas que conllevan y la impor-tancia que tienen para el espacio urbano en el cual se despliegan. En esta dirección, se están llevando a cabo en diversos países proyectos relacionados con los mercados de Abastos. Como ejemplo, en la Unión Europea se está rea-lizando un proyecto llamado URBACT market, el que empezó a desarrollarse el 1 de Mayo del 2012 y que tiene como fecha de término el año 2015. Este proyecto tiene como objetivo la promoción de los mercados urbanos, debido a que se consideran importantes espacios de intercambios económico y social, además de ser lugares que concentran turismo y reúnen a la comunidad más

próxima3. Por otro lado, en Septiembre del año 2012, se realizó en Estados

Unidos la 8va Conferencia Internacional de Mercados Urbanos con el fin de discutir el rol vital que tienen estos tipos de mercados en las economías locales y en la comunidad, buscando indagar también en cómo la comunidad puede desarrollar redes de mercados que generen lugares dinámicos, estimulen el desarrollo económico, la promoción de la salud comunitaria acercando a la

población a un espacio común4.

Sin embargo, los mercados como eje de preocupación teórica y práctica no son algo nuevo. Ya en 1921 Max Weber planteaba la importancia de los mercados para la ciudad en la que se establecían. De hecho, Weber (1987) señalaba que se habla de una ciudad en términos económicos, cuando una población resi-dente de una localidad lograba satisfacer gran parte de sus necesidades por la compra de productos en el mercado local. De esta forma, el autor manifiesta que toda ciudad es un lugar de mercado, es decir, toda ciudad tiene como centro económico el asentamiento de un mercado. Este mercado se debía ca-racterizar por ser fuerte y dinámico, pudiendo fomentar el surgimiento de un sector comerciante. Si bien este planteamiento surge desde el pensamiento de los mercados medievales, hoy también lo podemos aplicar en un sentido más urbano-social y no tan económico. Aún sigue siendo importante el esta-blecimiento de estos mercados, ya que permiten que el sector en donde están emplazados experimente mejorías.

Si bien este estudio se concentra en un mercado de abastos en particular: La

1. Introducción

(3)| http://urbact.eu/en/projects/urban-renewal/urbact-markets/homepage/

(3)

Vega Central de Santiago de Chile, no nos enfocaremos en la relevancia econó-mica asociada, ni tampoco nos detendremos en su posible regeneración. Consi-deramos que estos aspectos ya han sido desarrollados en trabajos precedentes de arquitectura o en proyectos internacionales. Aquí hay un interés particular por comprender a este espacio desde la teoría de los lugares, ampliamente co-mentada por el antropólogo Marc Augé. Miramos el mercado en su condición de Lugar y de No Lugar, conceptos que abordaremos a lo largo del artículo. Desde este particular enfoque surge la pregunta ¿Cómo La Vega puede ser compren-dida como un Lugar y como un No Lugar al mismo tiempo? Esta pregunta se plantea en base a la hipótesis de que La Vega, como espacio urbano, logra constituirse como Lugar gracias a las relaciones sociales, a los vínculos, a las identidades que surgen dentro de ella, pero al mismo tiempo La Vega suspende sus características de Lugar para transformarse, dentro de un periodo de tiem-po, en un No Lugar. Esta hipótesis surge de la idea de que la temporalidad de La Vega, en cuanto a sus actividades, condiciona la comprensión de este mercado como Lugar o como No Lugar. No existe un marco definitorio y temporal.

Con el fin de adentrarnos en esta problemática, se discutirá en un primer mo

-mento el desarrollo histórico de La Vega en cuanto su contexto espacial, ya que la historia de este mercado permite comprender la importancia que tiene tanto para las personas que trabajan en él como para los que van solamente a comprar. Desde este contexto histórico y espacial, podremos dar cuenta de la particularidad de las relaciones que se constituyen en La Vega, los vínculos que surgen en sus dinámicas internas y externas, y los procesos identitarios que se juegan entre este mercado y las personas que lo habitan.

2. Breve historia de la Vega y su contexto espacial

(4)

la vivienda de los indios –mano de obra barata-, entre otras cosas (Bastías de la Maza et al, 2010). Como se ve en el siguiente croquis de Santiago de 1600, la Chimba era considerada como tal desde mucho antes de la Independencia de Chile:

No sólo por la complementariedad entre ambos lados del río es que surge la necesidad de generar una conexión entre ellos, sino que, además, la ribera norte era parte de un importante cruce de caminos, siendo el más significativo el llamado “Camino del Inca”, camino que hoy conocemos como la Avenida Independencia. En términos estrictos, esta calle podría ser catalogada como la más antigua de Chile, ya que en 1540 los conquistadores llegaron por este ca-mino, llamándolo “Camino de Chile” (Romera, 2010). Fue así como el “Camino de Chile” se convirtió en un punto importante de conexión no solo para la ciu-dad de Santiago, sino que también se transformó en un camino que conectaba a ésta con otros puntos del país. Esto significó que por el sector hubiese un alto flujo de viajeros, dando como resultado un mayor dinamismo económico y social al sector norte del río Mapocho.

“A pesar de la importancia económica, cultural y social que fue adquiriendo con el paso del tiempo, La Chimba, mantuvo una condición bastante marginal

en relación al resto de la ciudad” (Bastías de la Maza et al, 2010, p.23). Una de las causas de esta condición de aislamiento se debía a las crecidas del río

Figura 1:

Croquis realizado por Tomás Thayer Ojega en el Siglo XIX de la Ciudad de Santiago de 1600.

(5)

Mapocho, provocando que este sector quedara muchas veces desconectado de la capital, ya que su único puente de conexión era un puente de madera, llama-do Puente de los Carros. Además, se constata en el espacio físico la condición de aislamiento del sector debido a la falta de conexión efectiva entre la Chimba y la ciudad. Incluso el trazado rígido que se podía observar en el lado sur del río no logró traspasar hacia la ribera norte, lugar donde se generaron de forma espontánea caseríos en los que se instalaron indígenas que se dedicaban a servir en la capital. Fue un espacio que intentaba conservar las tradiciones en un proceso inevitable de extinción cultural (Romero, 2010).

Debido a su condición de extrarradio, la Chimba se caracterizó por ser una zona eminentemente rural con plantaciones de viñas, hortalizas y frutales, destinada a abastecer de estos productos a la capital. Asimismo, surtía de mano de obra a la naciente ciudad de Santiago. La Chimba antigua:

“[…] era una barriada tranquila, compuesta de casas modestas de piso único,

de quintas frondosas y huertos caseros que dominaban alguna palmera […] eran tranquilos campos de labranza, donde no llegaban alborotos de la vecina

capital, de quien apenas se sentían los variados toques de las campanas de sus iglesias y conventos” (Rosales, 1888).

Como solución al problema de conexión que existía entre ambas riberas se decide canalizar el río Mapocho, permitiendo una mejor delimitación del sector.

Figura 2:

Vista de La Chimba.

(6)

De esta forma, en 1772 se construyó el puente Cal y Canto y, posteriormente, entre 1888 y 1891 se creó el parque Forestal. Si bien la construcción de este puente resolvió el problema de conectividad entre ambos sectores, no generó un proceso de urbanización al sector norte de la ribera, sino hasta bien entra-do el siglo XIX, por lo que la Chimba permaneció con marcadas características rurales. Fue recién a comienzos del siglo XX cuando, producto de los procesos de modernización y urbanización que vivía el país, se observa en La Chimba un cambio tanto en su apariencia como en sus características. Sin embargo, gracias a este relativo aislamiento que vivió el sector, se logró desarrollar un ac-tivo mundo de cultura popular que iba más allá de la venta de frutas, verduras y animales, consolidándose, de esta forma, una naciente cultura popular con reminiscencias campesinas (Bastías de la Mazo et al, 2010). De esta forma:

“Junto a las carretas de los vendedores se instalaban ramadas, chinganas,

burdeles y quintas de recreo, donde se desarrollaba un submundo

carna-valesco que se desplegaba y fusionaba con el comercio, y que expresaba vívidamente la cultura popular del Chile tradicional […]” (Bastías de la Maza

et al, 2010, p. 25).

Debido al “desorden” urbano que existía en el sector, el Estado hizo grandes intentos para normalizar la gran actividad comercial de las riberas del río

Ma-Figura 3:

Mercado popular a orillas del río Mapocho. Imagen ambiental de Santiago 1880-1930.

(7)

pocho. Es así como se construyó, en 1873, el Mercado Central ubicado en la ribera sur como reemplazo de la Plaza de Abastos que venía desde la época de O’Higgins. Sin embargo, el Mercado Central no logró “ordenar” la actividad comercial del sector, generando más bien una gran cantidad de comercio no establecido y desregulado. Fue por ello que el gobierno trasladó a estos comer-ciantes al sector de la Chimba, posteriormente conocido como “La Vega Mapo-cho”; lugar que se fue nutriendo del crecimiento urbano y de las obras públicas que se estaban realizando en la ciudad (Divin, 2010).

En esta dirección, se funda “La Vega” -llamada en sus comienzos “Gran Merca-do de Abastos de la ciudad”- en 1895 por Agustín Gómez García, vecino de la zona que se dedicaba a comerciar con frutas, verduras y hortalizas. En 1916, luego de su construcción y de la ampliación de sus terrenos, La Vega ocupaba ya más 6.000m2 (Divin, 2010).

Entrado el siglo XX, Santiago se fue expandiendo hacia lo que eran sus márge-nes. Producto de este crecimiento, el sector de la Chimba se fue integrando len-tamente a la capital, cubriendo la demanda de otras comunas en conformación que veían en ella un punto de conexión y acceso a productos. Al mismo tiempo, la Vega comenzó a crecer por el aumento en la demanda de productos frescos, generando un incremento en las solicitudes de los vecinos y comerciantes que demandaban mejores y mayores instalaciones para este mercado. Es así como en 1972 había más de 8.000 personas trabajando en La Vega, y alrededor de

60.000 personas iban a comprar diariamente. A finales de los años 80 se con

-formó la Inmobiliaria Vega Central, constituida gracias a un decreto presiden-cial que les permitía a los comerciantes comprar los locales. Actualmente, La Vega es un recinto privado cuya propiedad pertenece a la comunidad “Mercado de la Vega S.A.”, contando con 9,5 hectáreas de extensión, 2.000 comercian-tes minoristas y 150 mayoristas que manejan el 20% de las ventas que tienen lugar en Santiago (De la Maza, 2010, pp.25-29)

3. La Vega como lugar

(8)

sin planificación, generando que su expansión fuera absorbiendo sin discrimi -nación todo lo que encontró en su camino. En esta dirección, la elección de La Vega como caso de estudio no es antojadiza, ya que responde a la relevancia histórica y social que tiene este mercado de abastos para la ciudad de Santia-go. Aquí conviven diariamente personas de distintas clases sociales, de diferen-tes profesiones u oficios e, incluso, de distintas nacionalidades. Todos quienes habitan y deambulan por esta singular realidad santiaguina comparten el gusto por la frescura de los alimentos y por el ambiente popular de sus pasillos. En este sentido, la “teoría de los lugares” nos permite un acercamiento más prolijo para comprender la importancia que tiene La Vega como lugar de interacción. ¿Por qué podemos decir que La Vega se constituye como un ‘Lugar’? La Vega es un espacio abierto a la ciudad pero a su vez se retrae, lo que produce que sus movimientos internos, las personas que la recorren y sus caminos internos se desliguen de la vorágine citadina (De Certeau, 2000). Este mercado se plantea y dialoga con la ciudad como un espacio de permanencia, en donde los sujetos pueden entrar y permanecer. Estos caminantes o, como los llama De Certeau, Wandersmänner son personas que experimentan la ciudad y que van escribien-do, sin darse cuenta, en sus recorridos los trazos finos y gruesos de este texto urbano.

“[…] Las redes de estas escrituras avanzan y se cruzan componen una histo

-ria múltiple, sin autor ni espectador, formada por fragmentos de trayecto-rias y

alteraciones de espacios: en relación con las representaciones, esta historia

sigue siendo diferente, cada día, sin fin” (De Certeau, 2000, p.105).

Para De Certeau estos recorridos, los pasos que realizan los transeúntes en su marcha, van construyendo lugares. Es decir, los lugares emergen en la medida en que los sujetos van ocupando el espacio con algún tipo de significado para ellos. En consecuencia, podemos señalar que la Vega se constituye como Lugar gracias a que es apropiada por sujetos, ya sean los vendedores, compradores, cargueros, transeúntes; quienes le otorgan un sentido, no solo comercial, sino también de identidad a este Mercado (De Certau, 2000, p. 105).

(9)

imaginarios a viajes transformados en metáforas” (De Certeau, 2000, p.117).

Estos nombres generan significantes, ideas y sentido en los sujetos, en la es

-pera para guiar recorridos en el espacio físico, es decir, el nombre logra llenar un espacio vacío. En este sentido, nuestro espacio de estudio, La Vega, posee un nombre propio que circula en el inconsciente colectivo de los santiaguinos. Su nombre constituye un espacio de sentido para las personas; en otras pala-bras, el que su nombre esté institucionalizado para un grupo importante de la población permite que se transforme en Lugar, ya que implica un sentido que genera significados.

De esta forma, es sumamente importante lograr diferenciar la noción de

“espa-cio” de la de “Lugar”, ya que para nosotros ambas palabras tienen un significa

-do distinto. Al respecto, Heidegger señala que el espacio [Raum], Rum, es aquel sitio que se encuentra libre para ser colonizado, es decir, un espacio es algo que está espaciado, liberado en un límite. El filósofo advierte que no hay que entender el límite como el fin de algo, sino que hay que comprenderlo en el sen -tido de los griegos: el límite sería entonces donde algo comienza su ser. Para Augé, espacio es un concepto más abstracto que el de lugar, ya que la noción de espacio “[…] se aplica indiferentemente a una extensión, a una distancia en-tre dos cosas o dos puntos […] o a una dimensión temporal” (Augé, 2008, p.87). El Lugar, por otra parte, es el que localiza espacios, el espacio es localizado y tramado por medio de lugares, es decir, los espacios son localizados por los lugares. Estos lugares, según Heidegger, se producen por medio del construir. La palabra para construir proveniente del alto alemán medieval [bauen], ‘buan’, tiene por significado habitar, es decir, permanecer, mantenerse (Heidegger, 2007). “Habitamos no porque hayamos construido, sino que construimos y he-mos construido, en cuanto habitahe-mos, esto es, en cuanto sohe-mos los habitan-tes” (Heidegger, 2007, p.212). De esta forma, un Lugar emerge en la medida en que es habitado, es construido por medio de los sujetos sociales.

(10)

transformándo-lo y transformándose a sí mismos por este diátransformándo-logo constante entre el habitante y el Lugar. De esta manera, un Lugar puede ir mutando a lo largo de los años, incluso la visión que tiene el sujeto sobre ese Lugar puede ir cambiando por medio de la memoria.

En este sentido, La Vega se constituye como Lugar debido a que este mercado es “lugarizado” en la medida en que hay vida en su interior, en que los sujetos lo habitan, lo construyen como parte de su vida cotidiana al pasar gran parte de

su tiempo en su interior5. Es un Lugar porque existe una identidad propia de los

“beguinos”, ya que tienen hábitos asociados y un lenguaje en común. De esta forma, los sujetos que pertenecen a La Vega la van transformando y, a su vez, La Vega los transforma a ellos gracias a las dinámicas internas que se generan. Un Lugar como La Vega tiene la capacidad de generar sentido, configurando y afectando a los sujetos que la habitan.

4. El pliegue de lugar a no lugar: El caso de la Vega

Central.

Los No Lugares son espacios contemporáneos, no simbolizados, es decir, no son habitados ni construidos, no poseen identidad. Tal como señala De Cer-teau, el No Lugar sería la ausencia de lugar. Para Augé los no lugares designan dos realidades que son complementarias: los espacios que tienen ciertos fines como el transporte, comercio, ocio, y la relación que los sujetos mantienen con estos espacios. Los No Lugares se caracterizan por ser espacios solitarios en donde las personas no generan vínculos ni se identifican entre sí ¿Pero cómo podemos decir que La Vega se desenvuelve como un No Lugar si hemos defen-dido lo contrario? Esto es posible, porque coincidimos con Augé en el sentido de que los lugares y los No lugares son tipos ideales que no existen de forma separada en la realidad. De esta manera, nosotros planteamos que La Vega se despliega en un No Lugar durante el horario en que no funciona ¿Esto por qué? Puntualmente porque consideramos que los lugares solamente existen en la medida en que son habitados por las personas y es en este uso en donde los lugares emergen. Es por lo anterior que consideramos que durante el periodo de cierre de La Vega, ésta pierde su calidad de Lugar para transformarse, por

(11)

un breve espacio de tiempo, en un No Lugar.

Los no lugares serán considerados aquellos espacios en donde no hay un reco-nocimiento de los sujetos con el espacio, no se identifican entre sí ni pueden es -tablecer vínculos (Sáenz, 2009). No es que La Vega pierda sus características de Lugar, sino que estas características quedan en una especie de suspensión temporal. De la misma forma, La Vega se transforma durante su horario de no funcionamiento en un espacio de tránsito, ya que sólo se permanece en estos no lugares por un corto periodo de tiempo (Bettini, 2011). Debido a que las condiciones de seguridad de La Vega prácticamente desaparecen de noche, se genera un sentimiento de inseguridad que hace de este espacio un lugar vacío – a diferencia del constante movimiento y de la variedad de relaciones sociales que ocurren durante el día-, siendo habitado sólo por algunos vagabundos que deambulan por el sector. Es así como La Vega pierde su identidad por un pe-queño espacio de tiempo, quedando sólo el espacio, sin personas que hagan de este un Lugar, donde no hay vínculo ni tampoco es habitado. Es la tempora-lidad de las actividades que se dan al interior de La Vega las que permiten que emerja como un Lugar o como un No Lugar. En definitiva, sin las interacciones sociales que se dan en su interior este mercado sólo es un espacio vacío y sin contenido.

Con respecto a los No Lugares, Augé señala que un espacio que no se puede

identificar como un Lugar de identidad, relacional e histórico, se debe conce

(12)

Por lo tanto, podemos señalar a modo de conclusión, que la temporalidad en la que está inmersa La Vega funciona como una piel, como un límite entre el interior –Lugar– y el exterior – No Lugar –, no siendo posible separar La Vega diurna de la nocturna, sino que vinculándolas: “ambas se vinculan en una sola superficie única que se pliega y deviene exterior, y al plegarse de nuevo se convierte en interior, sucediéndose o seduciéndose exterior e interior en un vaivén, ligado a un ciclo que se podría asociar a la continua danza en una cinta de Möbius, tal como se suceden el lugar y el no-lugar” (Gallardo, 2011, p. 9)

5. Conclusiones

Como se ha podido ver a través de estas páginas, La Vega Central es un mer-cado de abastos que ha sido reconocido a nivel nacional e internacional como un uno de los mercados urbanos más importantes que ha logrado reflejar las características populares de la población chilena. Es así como un ranking inter-nacional ha ubicado a La Vega dentro de los 5 mercados más importantes del mundo (The Daily Meal, 2013).

Sin embargo, la importancia que tiene La Vega Central no responde a un reco-nocimiento internacional, sino que al significado que le han otorgado las perso -nas que lo habitan y lo transitan cotidianamente, emergiendo como un Lugar de sentido para los sujetos. De esta forma, este mercado con nombre propio se constituye como Lugar en la medida en que es apropiado y nombrado por quienes lo han hecho parte de su cotidianidad. Es por ello que no hay que confundir La Vega con un Espacio, pues ya fue colonizada y posee límites tanto de sentido como espaciales, es habitada, construye hábitos y está cargada de significados.

(13)

Es así como este mercado está en un constante diálogo entre la identidad y la falta de identidad, entre el sentido y el no sentido. Pasa permanentemente de un Lugar a un No lugar y esto ocurre sólo en la medida en que las personas usan, habitan, otorgan significado a un contexto espacial en particular.

BIBLIOGRAFÍA

Augé, M. 2008. Los no lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. Gedisa editorial. Barcelona

Bastías de la Maza, C. et al. 2011. Mujeres de la Vega: género, memoria y tra-bajo en la Vega Central de Santiago. Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Santiago, Chile.

Bilbeny, N. 2007. La identidad cosmopolita. Los límites del patriotismo en la era global. Editorial Kairós, Barcelona

De Certeau, M. 2000. La invención de lo cotidiana. 1 Artes de hacer. Universi-dad Iberoamericana. México D.F:

Deleuze, G. 1989. El pliegue. Leibniz y el Barroco. Editorial Paidós, Barcelona.

Dívin, C. La cultura popular local, expresada a través de la conformación del es-pacio público: principios de configuración del eses-pacio público de Barrio Mapocho La Vega. Tesis para optar al grado de arquitecto de la Universidad de Chile. 2010 (Consultado el 10/10/2013), Disponible en http://biblio.uchile.cl/client/en_ US/sisib/search/detailnonmodal/ent:$002f$002fSD_ILS$002f627$002fSD_ ILS:627210/ada;jsessionid=68E8E5AE4B44D0B5B64F96A5C2CA34EF?qu= Patrimonio+cultural+--+Chile&ic=true&ps=300

Duque, F. 2008. Habitar la tierra. Medio ambiente, humanismo, ciudad. Abada editores. Madrid.

(14)

Gallardo, L. Vínculo interior-exterior. Una reflexión sobre la arquitectura, el lugar y el no lugar. En la Revista R180 (ISI).Universidad Diego Portales. No 27. Agosto 2011. p.2-5. ISSN 0718-2309. http://www.revista180.udp.cl/

Heidegger, M. 2007. Filosofía, ciencia y técnica. Editorial Universitaria, Santiago.

Romera, F. Informe de prácticas y seminarios de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile, 2010, Junio, Santiago. Barrio Mapocho, La Chimba: análisis y propuesta.

Rosales, A. 1888. Historia y tradiciones del Puente Cal y Canto. Manuel A. Muji-ca (ed.), Imprenta ‘Estrella de Chile’, Santiago.

Sáenz, R. 2009. El concepto de control de Michael Foucault y los No Lugares de Marc Augé. En Creación y Producción en Diseño y Comunicación [Trabajos de estudiantes y egresados] Número 25. Universidad de Palermo, Buenos Aires.

(15)

Figure

Actualización...

Referencias

Actualización...